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Diferencias entre un niño nervioso de un niño hiperactivo

Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil

Muchas son las familias que en algún momento de la infancia de sus hijos se
preguntan: ¿es nervioso o... tendrá hiperactividad? También son cada vez más los
profesores que insisten a los padres para que realicen una consulta con un
especialista, ya que observan que, entre otras conductas, el niño es muy
«movido», se desmotiva rápidamente y le cuesta prestar atención.

Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad en los niños

En el caso de los niños inquietos o nerviosos, no siempre resulta fácil la distinción


entre un estado de nerviosismo como tal, un cierto grado de hiperactividad normal
y un niño con un tras-torno constituido de desatención e hiperactividad,
denominado Trastorno por Déficit de Aten-ción con Hiperactividad (TDAH).

La confusión en la vida diaria entre nerviosismo y TDAH viene dada por la similitud
de ciertas conductas que pueden presentar algunos niños durante la infancia,
entre las que cabe destacar el exceso de movimiento, la irritabilidad, la
desatención, los trastornos del sueño y el llanto frecuente. Ante estas conductas,
muchos padres y profesores se preguntan si su hijo o su alumno tendrán TDAH.
Pero lo cierto es que muchos niños pueden mostrarse nerviosos, ser inquietos o
portarse mal sin que esto quiera decir que tienen TDAH.

Si los padres lo observan más pro-fundamente, pueden encon-trar una causa


probable del nerviosismo de su hijo: cambios de ambiente, problemas en sus
relaciones, celos, temores, cansancio por altera-ciones en el sueño... O quizás,
simple-mente, puede tratarse de un niño más inquieto dentro de una variable
normal del desarrollo. Por todo ello es impor-tante observar detenidamente su día
a día.

Cuándo comienza la hiperactividad

Por otra parte, si un niño presenta sola-mente en un determinado entorno algu-nas


de las conductas antes citadas, por ejemplo en casa o en el colegio, es muy
probable que no padezca TDAH: habrá que averiguar, entonces, si está viviendo
algún problema o preocupación en uno u otro ámbito.
Otro factor que debe tenerse en cuenta para pensar en un posible TDAH es el
mo-mento de aparición de dichas conductas. Mientras que un niño sin TDAH
puede pasar a un estado de nerviosismo de forma rápida o de forma gradual, en
los niños con TDAH la aparición de muchos síntomas se ha detectado ya en la
primera infancia: muchos padres de niños con diagnóstico de TDAH confirman que
sus hijos han sido bebés irritables, llorones, con trastornos del sueño... Hay
madres que los recuerdan muy inquietos incluso durante el embarazo.

Considerando que, dentro de las variables normales del desarrollo, hay niños más
nerviosos, si los padres observan, no obstante, que el estado de nerviosismo del
niño se prolonga e influye negativamente en su vida diaria, es el momento de
acudir a la consulta de un psicólogo.

Qué es la hiperactividad en los niños

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es el trastorno


neu-robio-lógico más frecuente en la infancia. Se estima que lo padece el 5% de la
población infanto-juvenil. Es un síndrome caracteriza-do por la desatención, la
hiperactividad y la impulsividad, aunque no siempre tienen que estar presentes
conjuntamente, pues-to que existen distintos subtipos. Se trata de un trastorno
crónico que puede cam-biar sus manifes-taciones desde la infancia hasta la edad
adulta e interfiere en muchas áreas del funcionamiento normal.

Cómo se diagnostica la hiperactividad

El TDAH suele diagnosticarse en los primeros años de la enseñanza primaria, y es


fundamental que sean los profesionales médicos (neuropediatra o psiquiatra
infantil) los que realicen un diagnóstico precoz y definitivo. Durante el proceso,
serán necesarias entrevistas con los padres y con el niño y análisis de la
in--formación de los profesores, así como exá-menes físicos y pruebas
complemen--ta-rias para descartar otros problemas.

Síntomas de la hiperactividad

Entre los criterios diagnósticos, se pueden contemplar algunas conductas


rela--ciona-das directamente con las dificultades aten-cionales: la falta de atención
suficiente a los detalles, las dificultades para mante-ner la atención en tareas o
actividades lúdicas, la falta de concen-tración en ta-reas escolares (que a menudo
quedan inaca-badas), el rechazo de tareas que exi-jan esfuerzo cognitivo y el
extravío frecuente de objetos.

En el criterio diagnóstico para la hiperactividad-impul-sividad se contem-plan, entre


otras condu-ctas, el movimiento excesivo de manos y pies, la dificultad para
perma-necer en el asiento durante un rato, la necesidad imperiosa de correr o
saltar en situaciones inapropiadas, la dificultad para jugar tranquilamente, ha-blar
en exce-so, la emisión de respuestas antes de ha-ber terminado de oír la
pregun-ta, la dificul-tad para esperar turno y la irrup-ción en las actividades de
otros niños. Para establecer como diagnóstico el TDAH deben cumplirse, al
menos, seis síntomas de cada criterio. Esos síntomas deben es-tar presentes,
como mínimo, durante seis meses, y manifestarse en más de un en-torno.
Además, algunos de los síntomas deben haber aparecido antes de los 7 años de
edad.

Tratamiento para la hiperactividad

El tratamiento adecuado del TDAH debe abordarse, de forma coordinada, desde


dis--tintos campos terapéuticos: farmaco----ló-gico (con la prescripción de un
neurólogo o un psiquiatra), psicológico y psi--copeda-gó-gico; teniendo siempre
presente que ninguno de ellos es único ni puede susti-tuir a los demás.