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Metafísica

Introducción a
la Filosofía

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Metafísica
 Introducción

Si seguimos el esquema elegido, resaltaremos el concepto de metafísica


porque es absolutamente central en cualquier planteamiento filosófico,
como puede advertirse en la bibliografía básica de la materia desde el
comienzo hasta el final. Al tratarse de un tema crucial en la Filosofía, no
será fácil hacer una síntesis histórica y menos un análisis pormenorizado de
la situación contemporánea de la Metafísica. Si bien el contenido de la
Metafísica pertenece a la prehistoria de la Filosofía, el término metafísica
se le adjudica a Andrónico de Rodas que, en el siglo I antes de Cristo, le
había dado ese nombre a los libros de Aristóteles que estaban ordenados
alfabéticamente y aludían a la Filosofía primera, que es el nombre que
originalmente le había dado Aristóteles.

Estos libros fueron colocados detrás de los libros de la Física, por eso, el
nombre: se trata de los libros que están más allá de la Física, que en griego
sería meta-Física. Se estima que, al principio, esta designación tuvo una
mera función clasificatoria y fue muy adecuada, porque con los estudios de
los objetos de la Filosofía primera se constituye un saber que aspira a
penetrar más allá de o detrás de los estudios físicos.

 Algo de historia

A partir de lo expuesto anteriormente, la Metafísica tiene por objeto


aquella realidad que no puede ser percibida por los sentidos, es decir, que
está más allá del mundo físico, sin que esto tenga que interpretarse como
una realidad divina o separada de este mundo. La Metafísica se interroga,
entonces, por las causas últimas de la realidad visible. Es decir, qué es
aquello que hace ser algo. Las causas más universales son las más alejadas
de los sentidos. Por eso, Aristóteles llamó a la Metafísica Filosofía primera,
porque apunta al orden de los principios y aquello que es primero por
naturaleza y anterior a todo lo otro. En este sentido, podrá advertirse en la
bibliografía básica la presencia de esta Filosofía primera ya desde los
presocráticos, cuando se preguntaban por el origen de las cosas (Costa y
Divenosa, 2005; Olivera, 2015). No obstante, la reflexión sistemática en
sentido metafísico se establece a partir de Aristóteles. Según este autor, la
Metafísica (recordemos que no utiliza este término) es la ciencia que
“estudia el ser en tanto que ser” (como se cita en Ferrater Mora, 1994, p.
2380). Ninguna de las otras ciencias considera en general al ser en tanto
que ser, sino únicamente una parte del mismo. La Metafísica, en cambio,
investiga los primeros principios y las causas más elevadas. En este sentido,
todas las otras ciencias son consideradas por Aristóteles como Filosofía

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segunda. Aquello que es en cuanto es tiene ciertos principios, que son los
“axiomas”, y estos se aplican a toda substancia como tal y no a un
determinado tipo. Para ejemplificar: una cosa es preguntarnos por qué un
lápiz es de tal manera o tiene determinado trazo o color y otra muy distinta
es preguntarnos por qué un lápiz simplemente es. Esta segunda pregunta
es metafísica.

Los problemas que aparecieron luego de que Aristóteles sistematizara la


Filosofía primera y se estableciera el término metafísica fueron muchos y
variados. Entre ellos está el objeto de estudio de la Metafísica. Aristóteles
tenía la misma dificultad, porque al considerar que es el estudio del ser en
cuanto ser, sus principios, sus determinaciones, etcétera, se ocupaba de un
algo superior y fundamental, pero un algo al fin. Este ser primero y
superior puede abordarse de dos modos: en primer lugar, como el análisis
de las formalidades y la Metafísica es, así, Ontología y, en segundo lugar, el
estudio del ser separado, primer motor o Dios que convierte a la Metafísica
en Teología. Desde esta doble interpretación la Metafísica tiene dos
sentidos, uno transnatural y otro sobrenatural.

Quienes volvieron al tema del objeto propio de la Metafísica fueron los


filósofos escolásticos en el Medioevo. Y si hablamos de Medioevo y la
escolástica, un personaje clave es santo Tomás de Aquino. Para este autor,
la Metafísica es la ciencia de la verdad, pero no de cualquier verdad, sino
de aquella que fundamenta todas las demás, es decir, el principio primero
de toda verdad. Por ser el principio primero, también es la fuente de toda
verdad. En este punto, santo Tomás, que era teólogo antes que filósofo,
identifica esta verdad primera con la fuente de toda verdad, es decir, con
Dios. Por lo tanto, Dios es el objeto de la Metafísica y no puede haber un
objeto propio de esta disciplina que esté separado o sea distinto al de la
Teología. Ambas ciencias coinciden. Para santo Tomás, como también para
otros teólogos medievales, existían dos modos de abordar la Metafísica:
uno estrictamente filosófico, que consideraba al ente en cuanto ente, y
otro teológico, que identificaba al ser supremo con Dios. Sin embargo, y de
acuerdo con la tendencia medieval, la Metafísica seguiría subordinada a la
Teología.

Con la tendencia de la modernidad de romper de algún modo con la


tradición escolástica y fundar la ciencia y la Filosofía en la razón,
aparecieron enfoques variados y contrapuestos sobre la Metafísica, como
la opinión kantiana de que la Metafísica no es ciencia y no podría serlo
nunca. Como ciencia, la Metafísica sería posible si se apoya en una verdad
cierta a través de la cual las verdades eternas se puedan alcanzar. Si bien la
Metafísica seguiría vinculada con lo trascendente, la tendencia
generalizada en la modernidad fue rechazar el conocimiento metafísico,
incluso lo trascendente. Un filósofo que adhirió a esta postura fue Hume

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con su empirismo. Para él, la Metafísica era imposible porque su objeto
propio no existía.

En relación con la modernidad, se produce una explosión de las ciencias


positivas. Esto tuvo un fuerte impacto en la historia del pensamiento, sobre
todo, en la Filosofía y, en consecuencia, en la Metafísica. nuevamente
aparecieron interrogantes parecidos a los de antaño, aunque ahora con un
nuevo bagaje, por ejemplo, si la Metafísica es posible como ciencia y cuál
es su objeto propio. En este contexto, Kant fue un exponente clave que se
ocupó explícitamente de estas cuestiones metafísicas, sobre todo, de la
posibilidad de fundar la Metafísica para que dejara de ser un mero
“tanteo” intelectual y se convirtiera en ciencia como tal. Los castillos de
naipes que esta construyó hasta ese momento, de algún modo, deben
derribarse para construir una nueva ciencia (Ferrater Mora, 1994). Esto fue
desarrollado por Kant en su obra Crítica de la razón pura, en la que mostró
los alcances y los límites de la razón, como así también, el marco de la
Metafísica. Kant sometió a la Metafísica al tribunal de la razón y sentenció
su imposibilidad como ciencia. Kant desarrolló todo esto de un modo
detallado y complejo, que no puede ser explicado en pocas páginas, pero
su conclusión es que la Metafísica no puede ser ciencia porque su objeto
escapa a la evidencia experimental. La Metafísica aparece con algún
sentido en la crítica kantiana a la razón práctica, en la que se le otorga una
realidad moral.

Esta discusión en torno a la Metafísica tuvo su continuación en la actitud


que los filósofos debieron tomar ante ella. A pesar de Kant y de la
modernidad en general, todavía existen filósofos que sostienen planteos
metafísicos, incluso tomistas. Evidentemente, estos sostienen la posibilidad
de la Metafísica como ciencia y tienen claro el objeto propio: el ente en
cuanto ente o el ser de los entes. La metafísica sufrió un rechazo cada vez
más marcado en aquellos ámbitos en los que las ciencias positivas de
alguna manera “triunfan”. Este rechazo a la Metafísica se traduce, no pocas
veces, en un rechazo a la Filosofía como tal.

En consonancia con el planteo anterior, durante el siglo pasado y este,


aparecieron planteos de defensa de la Metafísica y una crítica
antipositivista hacia la ciencia. Algunos filósofos, por ejemplo, tienen
planteos de corte metafísico, aunque no se ocupen explícitamente de la
Metafísica o se denominen metafísicos. El existencialismo sería un buen
ejemplo de esto. Aquellos que plantean la posibilidad de ejercer un acceso
a la realidad asumen, de alguna manera, un pensamiento metafísico. En
este sentido, Ortega y Gasset proponía que la Metafísica, aunque no es
ciencia, es el espacio del saber dentro del cual se dan los otros saberes. Por
supuesto, también está la tendencia contraria, heredera de Kant, que
considera a la Metafísica una pseudociencia porque no tiene fundamento

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en la ciencia positiva. Entre los que avalan esta tendencia, se encuentran
pragmatistas, marxistas y positivas lógicos. Todos tienen en común, de
alguna manera, una postura parecida a la de Hume, ya que rechazan la
Metafísica por ser una ilusión y, en parte, el lenguaje es responsable de
ella. La Metafísica no puede considerarse ni verdadera ni falsa,
simplemente, carece de sentido.

El filósofo argentino Mario Bunge indicó que la Metafísica es legítima si


cumple con ciertas condiciones de rigor y está estrechamente ligada a la
ciencia. En este sentido, la ciencia, y la ciencia positiva, sigue siendo el
criterio que juzga la posibilidad de la Metafísica; además, la oposición a
esta disciplina, al igual que el reconocimiento de su legitimidad o interés,
dice muy poco acerca de lo que se entiende en cada caso por metafísica.
En efecto, un autor como Carnap se opuso a la Metafísica y lo mismo hizo
Heidegger, pero las tendencias filosóficas de cada uno de estos autores son
tan distintas que podemos permitirnos dudar de que ambos autores la
entiendan de la misma manera. En vistas de esta problemática y de la
variedad de opiniones sobre la Metafísica, es casi obvio que no hay nada
que pueda llamarse “la” Metafísica

Luego de este recorrido, debemos advertir al menos dos aspectos. Primero,


más allá de su defensa o su impugnación, la Metafísica se ocupa de las
causas de las cosas, es decir, de aquello que hace que una cosa sea. Por
eso, Aristóteles la había considerado Filosofía primera, porque va a lo
primero, o sea, al origen de las cosas en cuanto causa. Segundo, cualquier
pensamiento que se erija como único o fundante puede considerarse
metafísico por más que la palabra no esté expresada en el discurso. En la
actualidad, puede encontrarse mucho este tipo de pensamiento fundante
o primero que intenta explicar una realidad. Si la explicación es plausible,
podrá tenerse en cuenta, ya que cuando una idea o un pensamiento tienen
pretensiones de validez universal, pero carecen de plausibilidad, podemos
estar frente a una ideología que degenere en fanatismo y violencia. Por
eso, es importante argumentar y es ineludible la Filosofía.

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Referencias
Aubenque, P. (2009). ¿Podemos hablar hoy del final de la Metafísica?
Laguna, 25, 9-18.

Costa, I., y Divenosa, M. (2005). Filosofía: enseñanza media y polimodal.


Maipúe.

Ferrater Mora, J. (1994). Diccionario de Filosofía. Barcelona: Ariel.

OLIVERA, D. A. (2015). Filosofía Primera: obertura. Córdoba: Editorial


Brujas. Córdoba.

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