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EL DESTINO DE LOS ANIMALES DEL SACRIFICIO Y EL

ECOSISTEMA

¿QUÉ ES LO CORRECTO HACER?

¿TIRAR LAS OFRENDAS?

¿CUÁLES Y DÓNDE?

Cuando hablamos de tirar las ofrendas, nos estamos refiriendo a colocar


algunos elementos que formaron parte de los sacrificios: especialmente
alimentos crudos o cocinados. Ancestralmente, las ofrendas se
colocaban en lugares específicos, apartados de las zonas urbanas, tales
como:

 Cruce de caminos (Oríta Métà)

 Al pie de un árbol, considerado sagrado (Ilè Igi)

 En la orilla del mar (Ilè Òkun)

 En la orilla de una laguna (Ilè Òsa)

 En las corrientes de los ríos (Ilè Odò)

 Enterrados en lugares solitarios o cementerios (Ilè Ibùsùn Òkú)

 En un denso bosque (Ilè Igbó)

 En un escusado (Ilè Nìgbé)

 En caminos solitarios (Ilè Ònà)


 En una loma (Ilè Òkè)

 En un hueco o una zanja sin agua (Ilè Kòtò)

 Al pie de un pozo (Ilè Odó)

Estos lugares (generalmente) retirados de las zonas urbanas, se


encuentran ubicadas las espiritualidades de la naturaleza; las mismas
que personifican a los Òrìşà del panteón Yorùbá.

Los enclaves anteriormente mencionados, son las llamadas “posiciones”


o las doce comarcas, donde las divinidades buscaron refugio durante las
lluvias torrenciales, cuando bajaron del cielo a la tierra e intentaban
repoblar la tierra por segunda vez, la mayoría, renunciaron a vivir en las
casas de sus devotos y en zonas habitadas. (Òyèkún Méjì).

Cuando se arrojan las ofrendas en lugares públicos así como, en una


zona urbana densamente poblada, no podemos contar con la presencia
de nuestras divinidades para que tomen parte de los sacrificios dirigidas
a ellas mismas. Es comprensible que en las circunstancias actuales, por
las carencias de estos lugares sagrados, así como la lejanía de muchos
de ellos, estamos precisados a tirar las ofendas en un sitio inadecuado
que por supuesto, no se cumplirán los requerimientos rituales
establecidos.

Existen otras modalidades de ofrendas tiradas, que se realizan (desde


los primeros tiempos) en zonas urbanas, las cuales no están en contra
de la sanidad pública. Por supuesto, siempre y cuando se hagan a la
rutina de nuestros ancestros. Estas ofrendas van dirigidas, no a las
divinidades sino, a los espíritus guardianes de ciertos lugares,
transfigurados en Èşú Òníbòde.
Estos lugares son:

 La puerta de la casa (Òníbòde Ilè)

 Las esquina de la calle (Ìta)

 La esquina de un mercado (Ìta Ojà)

 La puerta de un mercado (Òníbòde Ojà) y

 La entrada de la ciudad (Eşípèlú).

Las ofrendas dirigidas a los espíritus guardianes, se colocan en


paqueticos de papel estraza, los cuales contienen sustancias religiosas
que no infectan el entorno, tales como:

 Ekú (jutia seca),

 Èjà (pescado seco),

 Àgbado (maíz tostado),

 Oyín (miel de abejas),

 Otí (bebida alcohólica),

 Epó (aceite de corojo),

 Orí (manteca de cacao),

 Efún (cascarilla),

 Owó Métà (tres, cinco u ocho centavos),


En este último ejemplo, es importante esclarecer que los centavos
siempre deben ir acompañados de la ofrenda. En principio, estos son
designados a pagar tributo a la estancia; posteriormente, sirven para
gratificar a los niños que por allí pasen.

Veamos el siguiente Ìyèrè:

TÍTÌ RÍ GBANGBA (KÉJI) OWÓ LÀ MÉJÒ KÍ KÉ YÓ.

Traducción:

Siempre que veas un terreno de siembra (bis) con el dinero dividido en


ocho, deberías retribuir para que haya satisfacción.

Luego, no muy tardíamente, casi siempre son recogidos por


trabajadores de la sanidad pública (barrenderos), que representan,
simbólicamente, a Èşú Etítàn, conveniente para cumplimentar y llevar la
ofrenda al destino final: la basura (Etítàn).

También, esas ofrendas, pueden ser comidas especialmente por pájaros,


considerados sagrados (Àwón Eiyè).

Otra modalidad de ofrendas, es la comida que se coloca fuera de la


casa, en un rincón, la cual es ofrecida a los perros callejeros. Por lo que
se dice:

AJÁ KÓLO KÓRO KÒRÒ (KEJI) APÉTÈBÍ MÚ JEUN ILÈ, IRÉ LÓNA, IRÉ AJÉ

Traducción:

Para un perro, sáquela afuera (se refiere a la ofrenda), en un crisol


hacia un rincón (bis), la esposa de Òrúnmìlà lleva la comida de la casa,
como beneficio al camino, para el beneficio de dinero.
Muchas personas lo colocan en el contén de la acera, pero de cualquier
manera, no dura mucho ese agraciado manjar. De lo contrario, si no
aparece ningún canino, hay que enviar la ofrenda a un camino solitario.
Luego se retira el recipiente vacío.

Las ofrendas tiradas y su contribución a la ecología:

Así como existen cuatro tipos de sacrificios:

1. El que se reparte a los vecinos y amigos (recibir la bendición de la


comunidad para lograr trabajos comunitarios)

2. Para comerlo la divinidad, a cambio nos proporciona sus


potencialidades

3. Para entregarlo a una posición (tirarlo) retroalimentando las fuentes


naturales para armonizarnos con ellas, y

4. Tirarlo en el río con una fuerte corriente, en un basurero, meterlo en


un hueco y taparlo (bosque, cementerio u otros lugares) retirados, para
que se lleven nuestros males.

Mediante las “ofrendas tiradas” en los diferentes sitios ecológicos, se


contribuye al ecosistema y de esa forma, se reciben beneficios
bilaterales.

Dijo Wande (“Ifà enmendará nuestro mundo roto”…) lo siguiente:

“Si pones tú Ebó en un cruce de caminos, los pájaros y los animales,


comerán del Ebó, así como los insectos. De esta forma se envía un
mensaje positivo a nuestros vecinos medio-ambientales que se han
repartido nuestro sacrificio y a los no humanos vecinos también. Ellos
entonces, creemos que llevaran una buena noticia acerca de nosotros a
Òlódùmarè”.
Es así como se establece una comunión entre aquellos que ofrecen y
aquellos que reciben y participan del rito sagrado. De esa forma,
solidariamente, recibimos a cambio los beneficios añorados y en
correspondencia, la madre naturaleza, piadosamente, no nos
sorprendería con un cataclismo devastador. Si tiramos una ofrenda de
comida al mar, por ejemplo, esta se convierte, de hecho, en alimento
para los peces. Òlókun (el dueño del mar), nos compensaría con una
pesca abundante y nos evitaría las terribles consecuencias que provocan
los fenómenos marítimos.

Por otra parte, la mayoría de los elementos sólidos o inorgánicos de un


sacrificio, van directamente al basurero o a un agujero en la tierra. Esos
elementos no contribuyen a alimentar a las criaturas de la naturaleza,
religiosamente deben ser eliminadas en un basurero o en un hoyo y, de
esa forma, eliminamos o enterramos su negativa influencia. Como es el
caso de ciertos elementos objetos: espadas, ratoneras, arcos y flechas,
entre otros, que son necesarios desaparecer de nuestra existencia; de
ser lo contrario, no se tiran, se les colocan a las divinidades, si
necesitamos de su positiva influencia.

La urbanización y la reforestación.

La urbanización ha conllevado a la desaparición de los bosques y de


muchas fuentes naturales y, por ende, se le ha reducido el espacio de
adoración a la mayoría de los devotos, aquellos seguidores de las
tradiciones de origen africano.

En cambio, como digno recurso, la reforestación no solamente ayudará


al ecosistema, sino también facilitará un espacio para que los religiosos
puedan establecer un enlace con las espiritualidades que moran en
todos los elementos naturales.
La reforestación es una excelente oportunidad para continuar
retroalimentando al entorno natural, método éste que, según nuestra
filosofía, evita las devastadoras consecuencias producidas por los
desastres naturales; realidades que, a pesar de formar parte del
equilibrio ecológico, muchas veces no existen razones para que generen
otras pérdidas innecesarias. En eso creemos.

Considero que es una responsabilidad nuestra, como religiosos, el


contribuir a la protección del ecosistema, así como a utilizar nuestros
sistemas de adivinación para prevenir los diferentes desastres que se
manifiestan sorpresivamente y nos toman desprevenidos. No obstante,
necesitamos el apoyo de los medios de difusión masiva para llevar a
cabo estos importantes objetivos. Debemos ser más exigentes con
nosotros mismos, mejorando nuestras prácticas adivinatorias y nuestras
obras resolutivas. A veces, las amargas circunstancias de la vida nos
ponen en una disyuntiva y en una consternación, por ejemplo:

1.- Cuando un hijo se nos enferma de gravedad.

2.- Cuando nos estancamos económicamente.

3.- Cuando la pareja que amamos nos abandona.

4.- Cuando se nos presenta un caso de difícil patología.

5.- Cuando somos cuestionados por la justicia.

Es en ese momento, que comenzamos a reflexionar y a dudar de


nuestras propias posibilidades. Muchas veces el temor nos sobrecoge y
nuestra fe se desvanece. Es entonces cuando debemos, con sabiduría,
seguridad y ahínco, enfrentar temas y pedir soluciones con nuestros
mayores de Ifà Òrìṣà.
IBÒRÚ IBÒJÁ IBÒSISÉ

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