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En el Evangelio del domingo, Solemnidad del

Nacimiento de San Juan Bautista, se nos presenta la


misericordia de Dios hacia la familia de Zacarías e
Isabel, que les da un niño en su vejez y esterilidad; y el
perdón hacia Zacarías, al que le devuelve el habla para
proclamar lo bueno que es Dios. Por otro lado, se nos
presenta a aquel que prepara el camino al Salvador.
Ojalá reconozcamos a Aquel que él ha señalado: al
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
Evangelio de San Lucas 1,57-66.80
En este episodio vuelve Lucas a la fuente relacionada
con el Bautista, que va a ocupar los versículos 57-66b
(“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo
un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le
había hecho gran misericordia, y se congratulaban
con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a
circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su
padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra,
dijo: «No; se ha de llamar Juan.» Le decían: «No hay
nadie en tu parentela que tenga ese nombre.» Y
preguntaban por señas a su padre cómo quería que se
le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su
nombre.» Y todos quedaron admirados. Y al punto se
abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a
Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda
la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
todos los que las oían las grababan en su corazón,
diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»”). La narración
se centra en el nacimiento y circuncisión de Juan, que
se completa ulteriormente con la imposición del
nombre y su manifestación a Israel. Este breve pasaje
cuenta el nacimiento de Juan Bautista y la ola de
regocijo que lo envuelve. Igual que en los dos relatos
anteriores, en los que se anuncia el nacimiento de Juan
y de Jesús, y cuya estructura es, como hemos visto,
exactamente paralela, esta nueva serie de paralelismos,
centrados en el hecho del nacimiento, se abre con la
presentación de Juan. Este primer relato de nacimiento
(Lucas 1,57-58: "Se le cumplió a Isabel el tiempo de
dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y
parientes que el Señor le había hecho gran
misericordia, y se congratulaban con ella") es
notablemente más breve que el segundo (Lucas 2,1-20;
“Sucedió que por aquellos días salió un edicto de
César Augusto ordenando que se empadronase todo el
mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar
siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a
empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también
José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea,
a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de
la casa y familia de David, para empadronarse con
María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que,
mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días
del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,
le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre,
porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la
misma comarca unos pastores, que dormían al raso y
vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les
presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los
envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les
dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría,
que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en
la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo
Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y de
pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército
celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a
Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en
quienes él se complace.» Y sucedió que cuando los
ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se
decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y
veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha
manifestado.» Y fueron a toda prisa, y encontraron a
María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al
verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca
de aquel niño; y todos los que lo oyeron se
maravillaban de lo que los pastores les decían. María,
por su parte, guardaba todas estas cosas, y las
meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron
glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían
oído y visto, conforme a lo que se les había dicho”).
Además, en esta nueva serie de paralelismos, el
sistema de correlaciones aparece mucho más
desdibujado y no tan explícito como en la serie
anterior de los «anuncios». Podría parecer extraña - e
incluso cuestionable - la separación que introducimos
entre el relato del nacimiento de Juan (Lucas 1,57-58:
"Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo
un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le
había hecho gran misericordia, y se congratulaban
con ella") y el episodio siguiente de su circuncisión y
manifestación a Israel (Lucas 1,59-80: “Y sucedió que
al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían
ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su
madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar
Juan.» Le decían: «No hay nadie en tu parentela que
tenga ese nombre.» Y preguntaban por señas a su
padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una
tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos
quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su
lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el
temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de
Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que
las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues
¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del
Señor estaba con él. Zacarías, su padre, quedó lleno
de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el
Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a
su pueblo. y nos ha suscitado una fuerza salvadora en
la casa de David, su siervo, como había prometido
desde tiempos antiguos, por boca de sus santos
profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de
las manos de todos los que nos odiaban haciendo
misericordia a nuestros padres y recordando su santa
alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro
padre, de concedernos que, libres de manos enemigas,
podamos servirle sin temor en santidad y justicia
delante de él todos nuestros días. Y tú, niño, serás
llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del
Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo
conocimiento de salvación por el perdón de sus
pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro
Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a
fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y
sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el
camino de la paz.» El niño crecía y su espíritu se
fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su
manifestación a Israel”). Si hemos optado por esta
división es con el fin de subrayar precisamente ese
paralelismo, que, de otra manera, quedaría totalmente
difuminado. En la narración del nacimiento de Juan
Bautista, Lucas matiza dos aspectos - individual y
colectivo - de la misericordia de Dios. Por una parte,
se manifiesta esa misericordia en favor del pueblo, al
quitar la afrenta de la esterilidad que pesaba sobre
Isabel, precisamente sobre la esposa de un sacerdote
encargado del servicio litúrgico en el templo de
Jerusalén. Por otra parte, el significado del nombre de
Juan (‫ יֹוחָ נָן‬Johanan en hebreo, Ἰωάννης, en griego,
«Dios ha mostrado su favor»), subraya la presencia de
la misericordia divina, que recae no sólo sobre un
individuo particular - Isabel, en este caso -, sino que
alcanza a la totalidad del pueblo. En el nacimiento de
Juan se cumple el anuncio y se hace realidad la
promesa. La esterilidad de unos padres, vencida por el
nacimiento de un hijo, es fuente de alegría que se
contagia a vecinos y parientes, como ya lo había
predicho el mensajero. Ya en el relato del anuncio
resonaban ciertos elementos veterotestamentarios de la
historia de Abrahán y Sara (véase Génesis 16,7-13: "El
Ángel del Señor la encontró en el desierto, junto a un
manantial –la fuente que está en el camino a Sur– y le
preguntó: «Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y
adónde vas?». «Estoy huyendo de Sarai, mi dueña», le
respondió ella. Pero el Ángel del Señor le dijo:
«Vuelve con tu dueña y permanece sometida a ella».
Luego añadió: «Yo multiplicaré de tal manera el
número de tus descendientes, que nadie podrá
contarlos». Y el Ángel del Señor le siguió diciendo:
«Tú has concebido y darás a luz un hijo, al que
llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu
aflicción. Más que un hombre, será un asno salvaje:
alzará su mano contra todos y todos la alzarán contra
él; y vivirá enfrentado a todos sus hermanos». Agar
llamó al Señor, que le había hablado, con este
nombre: «Tú eres El Roí, que significa «Dios se hace
visible», porque ella dijo: «¿No he visto yo también a
aquel que me ve?»"; 17,1-21: "Cuando Abram tenía
noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:
«Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi
presencia y sé irreprochable. Yo haré una alianza
contigo, y te daré una descendencia muy numerosa».
Abram cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le
seguía diciendo: «Esta será mi alianza contigo: tú
serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te
llamarás más Abram: en adelante tu nombre será
Abraham, para indicar que yo te he constituido padre
de una multitud de naciones. Te haré
extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones,
y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y
con tu descendencia a través de las generaciones. Mi
alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y
el de tus descendientes. Yo te daré en posesión
perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de
Canaán, esa tierra donde ahora resides como
extranjero, y yo seré su Dios». Después, Dios dijo a
Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú,
y también tus descendientes, a lo largo de las
generaciones. Y esta es mi alianza con ustedes, a la
que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos
los varones deberán ser circuncidados. Circuncidarán
la carne de su prepucio, y ese será el signo de mi
alianza con ustedes. Al cumplir ocho días, serán
circuncidados todos los varones de cada generación,
tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido
comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu
sangre. Sí, tanto los nacidos en tu casa como los que
hayan sido comprados, serán circuncidados. Así
ustedes llevarán grabada en su carne la señal de mi
alianza eterna. Y el incircunciso, aquel a quien no se
haya cortado la carne de su prepucio, será excluido de
su familia, porque ha quebrantado mi alianza».
También dijo Dios a Abraham: «A Sarai, tu esposa, no
la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara.
Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que
también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de
ella nacerán reyes de pueblos». Abraham cayó con el
rostro en tierra, y se sonrió, pensando: «¿Se puede
tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa,
¿podrá dar a luz?». Entonces Abraham dijo a Dios:
«Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección».
Pero Dios le respondió: «No, tu esposa Sara te dará
un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo
estableceré mi alianza con él y con su descendencia
como una alianza eterna. Sin embargo, también te
escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré,
lo haré fecundo y le daré una descendencia muy
numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él
una gran nación. Pero mi alianza la estableceré con
Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para
esta misma época»"; 18,1-15: "El Señor se apareció a
Abraham junto al encinar de Mambré, mientras él
estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de
más calor. Alzando los ojos, divisó a tres hombres que
estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a
su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó
hasta el suelo diciendo: «Señor mío, si quieres
hacerme un favor, te ruego que no pases de largo
delante de tu servidor. Yo haré que les traigan un poco
de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del
árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan,
para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir
adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!».
Ellos respondieron: «Está bien. Puedes hacer lo que
dijiste». Abraham fue rápidamente a la carpa donde
estaba Sara y le dijo: «¡Pronto! Toma tres medidas de
la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas».
Después fue corriendo hasta el corral, eligió un
ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su
sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo.
Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado,
y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al
lado de ellos, debajo del árbol. Ellos le preguntaron:
«¿Dónde está Sara, tu mujer?». «Ahí en la carpa», les
respondió. Entonces uno de ellos le dijo: «Volveré a
verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces
Sara habrá tenido un hijo». Mientras tanto, Sara
había estado escuchando a la entrada de la carpa, que
estaba justo detrás de él. Abraham y Sara eran
ancianos de edad avanzada, y los períodos de Sara ya
habían cesado. Por eso, ella rió en su interior,
pensando: «Con lo vieja que soy, ¿volveré a
experimentar el placer? Además, ¡mi marido es tan
viejo!». Pero el Señor dijo a Abraham: «¿Por qué se
ha reído Sara, pensando que no podrá dar a luz,
siendo tan vieja? ¿Acaso hay algo imposible para el
Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta época, en
el año entrante, Sara habrá tenido un hijo». Ella tuvo
miedo, y trató de engañarlo, diciendo: «No, no me he
reído». Pero él le respondió: «Sí, te has reído»").
Ahora, la narración del nacimiento refleja el ambiente
que rodea a Rebeca, cuando va a dar a luz a sus dos
gemelos (véase Génesis 25,24: “Cumpliéronsele los
días de dar a luz, y resultó que había dos mellizos en
su vientre”). Una atmósfera de Antiguo Testamento
invade toda la narración. Nace un niño y la alegría se
desborda por toda la comarca circunvecina) A
ISABEL SE LE CUMPLIÓ EL TIEMPO (La frase
es inconfundiblemente una alusión a Génesis 25,24
(“Cumpliéronsele los días de dar a luz, y resultó que
había dos mellizos en su vientre”), por más que no se
la puede considerar como cita exacta, ya que la
indicación temporal del libro del Génesis se refiere a
un parto de gemelos, como es el caso de Rebeca. El
paralelismo de este versículo es mucho más acusado
en Lucas 2,6 (“Y sucedió que, mientras ellos estaban
allí, se le cumplieron los días del alumbramiento”),
con referencia a la situación de María. El verbo que se
emplea es πλήθω («llenar», «cumplirse]») en aoristo
pasivo: ἐπλήσθη. En sentido neutro, su significado
normal denotaría simplemente que se ha «cumplido»
una etapa, que ha llegado a término el período de
gestación. Pero en un relato como el de Lucas, que
tanto insiste en la idea de «cumplimiento», no se
puede negar que el verbo adquiere todo un mundo de
resonancias. Aunque los acentos más fuertes son
veterotestamentarios, no hay que ignorar que también
la literatura griega ofrece ejemplos de construcciones
semejantes) Y DIO A LUZ UN HIJO (Al emplear
aquí el mismo verbo - γεννάω («engendrar», «dar a
luz») - que había usado el mensajero en el episodio del
anuncio (Lucas 1,13: "Pero el ángel le dijo: No temas,
Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer
Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan"), se
subraya la idea de que la «promesa» se ha hecho
realidad «cumplida») SE ENTERARON SUS
VECINOS Y PARIENTES (Según todos los indicios,
Isabel mantuvo su aislamiento (Lucas 1,24: "Días
después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta
durante cinco meses") aun después de que su
maternidad hubiera sido revelada a María (Lucas 1,36-
37: "Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido
un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella
que llamaban estéril, porque ninguna cosa es
imposible para Dios"). De modo que toda la vecindad,
e incluso la familia, no supieron nada del embarazo,
hasta que nació el niño. La exaltación dramática de
Lucas le lleva a rebasar los límites de lo verosímil) DE
LA GRAN MISERICORDIA QUE EL SEÑOR
HABÍA TENIDO CON ELLA (La traducción quiere
expresar el sentido de la frase griega μεγαλυνειν τὸ
ἔλεος («tener misericordia a lo grande»). Como se ve,
el verbo es el mismo que manifiesta la exaltación de
María en el Magníficat: Μεγαλύνει ἡ ψυχή μου τὸν
Κύριον («Proclama mi alma la grandeza del Señor»);
pero hay una diferencia de matices que, sin duda, hay
que atribuir a la diversidad de fuentes. En cuanto a la
ἔλεος («misericordia»), el referente aquí es la
intervención de Dios, que, con el nacimiento de un
hijo, quita la afrenta de la esterilidad que pesaba sobre
Isabel. Mientras que, en Lucas 1,13 ("Pero el ángel le
dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido
oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo
llamarás Juan"), la expresión de esa «misericordia» es
el nombre propio del niño, Juan (‫ יֹוחָ נָן‬Johanan en
hebreo, Ἰωάννης, en griego, «Dios ha mostrado su
favor»). Véase Lucas 1,13 ("Pero el ángel le dijo: No
temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu
mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás
Juan") Y COMPARTÍAN SU FELICIDAD (Una
traducción alternativa podría ser: «la felicitaban».
Personalmente, prefiero interpretar el verbo
συνέχαιρον - del que depende el dativo αὐτῇ (y la) - en
su pleno sentido etimológico: «se alegraban con ella».
En la expansión de esa alegría se cumple lo ya
prometido en el anuncio 1,14: «serán muchos los que
se alegren de su nacimiento». Al relato del nacimiento
de Juan sigue el de su circuncisión, imposición del
nombre y manifestación a toda su parentela e incluso a
los vecinos de la comarca; la referencia conclusiva
(versículo 80: "El niño crecía y su espíritu se
fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su
manifestación a Israel") apunta explícitamente a su
manifestación a todo Israel. Pero antes de que suene el
cántico de Zacarías surge una reflexión de los
familiares y de los vecinos, articulada en una pregunta:
«Pues ¿qué irá a ser este niño?» (versículo 66: "todos
los que las oían las grababan en su corazón, diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la
mano del Señor estaba con él"). La pregunta es
extremadamente importante. Pero hay que notar que,
aunque el referente explícito del texto es sólo Juan, el
lector - no el evangelista - se plantea implícitamente la
misma reflexión, a propósito de Jesús. Éste es uno de
los efectos del paralelismo entre ambos personajes.
Los familiares y los vecinos se dan cuenta de la
actuación de Dios en el nacimiento de un hijo a una
estéril como Isabel, precisamente por el signo
concomitante de Zacarías, que, según la palabra del
mensajero (véase Lucas 1,20: "Mira, te vas a quedar
mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan
estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras,
las cuales se cumplirán a su tiempo"), ha quedado
mudo - y sordo - hasta el momento presente. La
perplejidad de los circunstantes (versículo 66: "todos
los que las oían las grababan en su corazón, diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la
mano del Señor estaba con él") brota no sólo de la
comprobación de que Dios ha vencido la esterilidad de
la anciana, sino, al mismo tiempo, de la evidencia
irrefutable de que una segunda intervención de Dios es
la que rompe el silencio de Zacarías. En ese contexto
de apertura y manifestación suena el cántico del
sacerdote que, por una parte, es himno de «alabanza»
(véase versículo 64: "Y al punto se abrió su boca y su
lengua, y hablaba bendiciendo a Dios"), y por otra,
respuesta al interrogativo de los presentes (véase
versículo 66b: «Pues ¿qué será este niño?»). El
episodio se divide en dos partes: 1) Relato de la
circuncisión, imposición del nombre, y manifestación
de Juan a sus familiares y vecinos (versículos 59-66b:
“Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al
niño, y querían ponerle el nombre de su padre,
Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo:
«No; se ha de llamar Juan.» Le decían: «No hay nadie
en tu parentela que tenga ese nombre.» Y preguntaban
por señas a su padre cómo quería que se le llamase.
Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.»
Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su
boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la
montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
todos los que las oían las grababan en su corazón,
diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»”), y 2) El
cántico de Zacarías, el Benedictus (versículos 68-79:
“Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y
redimido a su pueblo. y nos ha suscitado una fuerza
salvadora en la casa de David, su siervo, como había
prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus
santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo
misericordia a nuestros padres y recordando su santa
alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro
padre, de concedernos que, libres de manos enemigas,
podamos servirle sin temor en santidad y justicia
delante de él todos nuestros días. Y tú, niño, serás
llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del
Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo
conocimiento de salvación por el perdón de sus
pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro
Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a
fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y
sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el
camino de la paz”). Los versículos sueltos, es decir,
los que cierran la primera parte (versículos 66c-67:
“Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y
profetizó diciendo”) y la conclusión de todo el
episodio (versículo 80: "El niño crecía y su espíritu se
fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su
manifestación a Israel"), se deben indudablemente a la
mano de Lucas. Los materiales de la primera parte
(versículos 59-66b: “Y sucedió que al octavo día
fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el
nombre de su padre, Zacarías, pero su madre,
tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.»
Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga
ese nombre.» Y preguntaban por señas a su padre
cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y
escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron
admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y
hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos
sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se
comentaban todas estas cosas; todos los que las oían
las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué
será este niño?»”) provienen de la fuente relacionada
con el Bautista, mientras que el cántico, a excepción
de los versículos 70 (“como había prometido desde
tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas”) y
76-77 (“Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,
pues irás delante del Señor para preparar sus caminos
y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el
perdón de sus pecados”), insertados por el propio
Lucas, deriva de una fuente de origen judeocristiano.
1. El acontecimiento (versículo 59-66b: “Y sucedió
que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y
querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero
su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de
llamar Juan.» Le decían: «No hay nadie en tu
parentela que tenga ese nombre.» Y preguntaban por
señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él
pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y
todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su
boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la
montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
todos los que las oían las grababan en su corazón,
diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»”). La narración
propiamente dicha pone de relieve tres momentos
fundamentales de la vida de Juan: su circuncisión, la
imposición del nombre, y su manifestación pública.
Por la circuncisión, Juan queda indeleblemente
marcado con la «señal de la alianza» (Génesis 17,11:
"Circuncidarán la carne de su prepucio, y ese será el
signo de mi alianza con ustedes"), signo visible de la
incorporación al pueblo de Israel (Josué 5,2-9: “En
aquel tiempo dijo Yahveh a Josué: «Hazte cuchillos de
pedernal y vuelve a circuncidar (por segunda vez) a
los israelitas.» Josué se hizo cuchillos de pedernal y
circuncidó a los israelitas en el Collado de los
Prepucios. Por este motivo hizo Josué esta
circuncisión: toda la población masculina salida de
Egipto, los útiles para la guerra, había muerto en el
desierto, por el camino, después de la salida de
Egipto. Estaba circuncidada toda la población que
había salido, pero el pueblo nacido en el desierto, de
camino, después de la salida de Egipto, no había sido
circuncidado. Porque durante cuarenta años
anduvieron los israelitas por el desierto, hasta que
pereció toda la nación, los hombres salidos de Egipto
útiles para la guerra. No obedecieron a la voz de
Yahveh y Yahveh les juró que no les dejaría ver la
tierra que había prometido a sus padres que nos
daría, tierra que mana leche y miel. En su lugar puso
a sus hijos y éstos son los que Josué circuncidó,
porque eran incircuncisos, ya que no los habían
circuncidado por el camino. Cuando acabó de
circuncidarse toda la gente, se quedaron donde
estaban en el campamento hasta que se curaron. Y
dijo Yahveh a Josué: «Hoy os he quitado de encima el
oprobio de Egipto.» Por eso se llamó aquel lugar
Guilgal, hasta el día de hoy”). Esa marca en la propia
carne hace a Juan partícipe de la bendición prometida
por el Señor a su pueblo elegido (Josué 5,6-7: “Porque
durante cuarenta años anduvieron los israelitas por el
desierto, hasta que pereció toda la nación, los
hombres salidos de Egipto útiles para la guerra. No
obedecieron a la voz de Yahveh y Yahveh les juró que
no les dejaría ver la tierra que había prometido a sus
padres que nos daría, tierra que mana leche y miel. En
su lugar puso a sus hijos y éstos son los que Josué
circuncidó, porque eran incircuncisos, ya que no los
habían circuncidado por el camino”), le capacita para
celebrar la Pascua como fiesta de la comunidad
(Éxodo 12,44-49: “Todo siervo, comprado por dinero,
a quien hayas circuncidado, podrá comerla. Pero el
residente y el jornalero no la comerán. Se ha de comer
dentro de casa; no sacaréis fuera de casa nada de
carne, ni le quebraréis ningún hueso. Toda la
comunidad de Israel la celebrará. Si un forastero que
habita contigo quiere celebrar la Pascua de Yahveh,
que se circunciden todos sus varones, y entonces
podrá acercarse para celebrarla, pues será como los
nativos; pero ningún incircunciso podrá comerla. Una
misma ley habrá para el nativo y para el forastero que
habita en medio de vosotros”) y confirma sus
esperanzas de compartir con todos sus antepasados la
restauración futura y definitiva. El rito de la
circuncisión comportaba igualmente la obligatoriedad
de una escrupulosa observancia de la ley de Moisés
(véase Romanos 2,25-28: “Pues la circuncisión, en
verdad, es útil si cumples la ley; pero si eres un
transgresor de la ley, tu circuncisión se vuelve
incircuncisión. Mas si el incircunciso guarda las
prescripciones de la ley ¿no se tendrá su
incircuncisión como circuncisión? Y el que, siendo
físicamente incircunciso, cumple la ley, te juzgará a ti,
que con la letra y la circuncisión eres transgresor de
la ley. Pues no está en el exterior el ser judío, ni es
circuncisión la externa, la de la carne”; Gálatas 5,3:
“De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida
que queda obligado a practicar toda la ley”). En el
conjunto de la obra narrativa de Lucas, la
incorporación del precursor del Mesías al pueblo de
Israel es de capital importancia, no sólo porque
prefigura la incorporación del propio Jesús a ese
mismo pueblo, sino también porque, en la última parte
del libro de los Hechos de los Apóstoles, Lucas se
esfuerza por demostrar que el cristianismo es una
derivación lógica del judaísmo. Por eso tiene que
quedar bien claro que los pilares de este nuevo modo
de vida, los que inaugurarán esa nueva existencia, son
de raigambre profundamente judía. La imposición de
un nombre como el de «Juan», que rompe
radicalmente con las tradiciones familiares, es un
nuevo signo del favor de Dios. La misericordia divina
no sólo se manifiesta a un matrimonio anciano, de vida
intachable (véase Lucas 1,6: “los dos eran justos ante
Dios, y caminaban sin tacha en todos los
mandamientos y preceptos del Señor”), sino que
alcanza a la globalidad de Israel. Lo que, en definitiva,
pretende la manifestación pública de Juan es dejar bien
clara esa efusión de misericordia. El regocijo que
causa la noticia de su nacimiento (versículo 58:
"Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había
hecho gran misericordia, y se congratulaban con
ella") es fruto de una primera manifestación en el
círculo de la familia y en la vecindad; pero
inmediatamente empieza a correrse el rumor de ese
acontecimiento por toda la serranía de Judea (versículo
65: "Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la
montaña de Judea se comentaban todas estas cosas").
Queda así preparado, narrativamente, el futuro del
protagonista, que se resume en el versículo 80 ("El
niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los
desiertos hasta el día de su manifestación a Israel"):
«Vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a
Israel». La sección narrativa del episodio se cierra con
una consideración sintética: el nacimiento de Juan y la
orientación de su futuro están presididos por la
poderosa mano del Señor (véase versículo 66c:
“Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él)
AL OCTAVO DÍA (Por orden de Dios, comunicada a
Abrahán (Génesis 17,12: "Al cumplir ocho días, serán
circuncidados todos los varones de cada generación,
tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido
comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu
sangre"; véase 21,4: "Abraham circuncidó a su hijo
Isaac a los ocho días, como Dios se lo había
ordenado") y formalizada ulteriormente en la ley de
Moisés (Levítico 12,3: "Al octavo día será
circuncidado el prepucio del niño"), todo niño recién
nacido tenía que ser circuncidado al octavo día de su
nacimiento. El precepto que reglamentaba la fecha de
la circuncisión prevalecía incluso sobre la santidad del
sábado, como se desprende de Juan 7,21-23 ("Jesús
continuó: «Por una sola obra que realicé, ustedes
están maravillados. Moisés les dio la circuncisión –
aunque ella no viene de Moisés, sino de los
patriarcas– y ustedes la practican también en sábado.
Si se circuncida a un hombre en sábado para no
quebrantar la Ley de Moisés, ¿cómo ustedes se enojan
conmigo porque he curado completamente a un
hombre en sábado?") y de las posteriores ordenanzas
rabínicas. Una de las prescripciones de la Misná dice
literalmente: «Se pueden realizar en sábado todos los
trámites necesarios para la circuncisión» (Sabath
18,3) FUERON (La traducción literal - «Y sucedió
que fueron» - descubre la típica construcción lucana:
Καὶ ἐγένετο (y sucedió que) seguido de un verbo en
indicativo ἦλθον (fueron) y –aquí - sin la conjunción
καὶ (y). Presumiblemente, el sujeto de ἦλθον
(«fueron») es el círculo de familiares y vecinos que se
acaba de mencionar en el versículo 58 ("Oyeron sus
vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran
misericordia, y se congratulaban con ella"), y que
deberían ser testigos de la ceremonia (véase versículo
65: "Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la
montaña de Judea se comentaban todas estas cosas")
A CIRCUNCIDAR (Según la interpretación de
Génesis 17,11 ("Circuncidarán la carne de su
prepucio, y ese será el signo de mi alianza con
ustedes"), circuncidar al niño era marcarle con «la
señal de la alianza». En el Antiguo Testamento, el
origen del rito judío de la circuncisión se asocia al
padre de la raza, al patriarca Abrahán, que marcó de
este modo a todos los varones de su familia, como
señal de su pertenencia a un pueblo con el que Dios
había sellado una alianza perpetua) AL NIÑO (En el
episodio anterior - la visita de María a Isabel -, Lucas
ha empleado la palabra βρέφος (niño, criatura, recién
nacido) para referirse al niño en el vientre materno
(Lucas 1,41: "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el
saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e
Isabel quedó llena de Espíritu Santo"; 1,44: "Porque,
apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de
gozo el niño en mi seno"); aquí, en cambio, usa el
término παιδίον (niño, niño pequeño), que volveremos
a encontrar en los versículos 66 ("todos los que las
oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues
¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del
Señor estaba con él"), 76 ("Y tú, niño, serás llamado
profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para
preparar sus caminos") y 80 ("El niño crecía y su
espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el
día de su manifestación a Israel"). Pero en Lucas 2,12
("y esto os servirá de señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre"); 2,16
("Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a
José, y al niño acostado en el pesebre") reaparece
βρέφος (niño, criatura, recién nacido) como
designación de Jesús recién nacido. Es muy probable
que παιδίον (niño, niño pequeño) provenga de las
fuentes que Lucas tuvo a disposición, tanto la
relacionada con el Bautista como la de origen
judeocristiano. Pero eso no impide que el autor siga
utilizando la misma palabra en textos de su propia
composición (Lucas 1,80: "El niño crecía y su espíritu
se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su
manifestación a Israel"; 2,17: "Al verlo, dieron a
conocer lo que les habían dicho acerca de aquel
niño"; 2,27: "Movido por el Espíritu, vino al Templo; y
cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para
cumplir lo que la Ley prescribía sobre él"; 2,40: "El
niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y
la gracia de Dios estaba sobre él") E IBAN A
LLAMARLO ZACARÍAS, COMO SU PADRE (Si
damos al imperfecto ἐκάλουν («lo llamaban») un valor
conativo, la traducción podría ser: «querían,
pretendían llamarlo». De todos modos, la expresión
original de Lucas proviene claramente de los LXX
(Nehemías 7,63: "Y entre los sacerdotes, los hijos de
Jobaías, los hijos de Jacós, los hijos de Barzilai, que
se había casado con una de las hijas de Barzilai, el
Gaaladita, y ἐκλήθη, adoptó, el nombre de este").
Tanto en este pasaje como en su homólogo de la serie
paralela (Lucas 2,21: "Cuando se cumplieron los ocho
días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús,
el que le dio el ángel antes de ser concebido en el
seno"), al niño se le impone el nombre en la
circuncisión. Pues bien, según los datos que poseemos,
no consta que la simultaneidad de las dos ceremonias
fuera una costumbre del judaísmo palestinense de
aquella época, sino que se introdujo siglos más tarde.
Por eso algunos comentaristas interpretan esos dos
pasajes de Lucas como un influjo de la práctica griega,
ya que en la antigua Grecia era corriente la imposición
del nombre a los siete u ocho días del nacimiento. En
este caso, Lucas habría hecho un montaje de dos
ceremonias. La práctica más normal entre los judíos de
Palestina había sido siempre imponer el nombre en el
momento mismo del nacimiento (Génesis 4,1: "El
hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a
luz a Caín. Entonces dijo: «He procreado un varón,
con la ayuda del Señor»"; 21,3: "Cuando nació el niño
que le dio Sara, Abraham le puso el nombre de Isaac";
25,24-26: "Cuando llegó el momento del parto, resultó
que había mellizos en su seno. El que salió primero
era rubio, y estaba todo cubierto de vello, como si
tuviera un manto de piel. A este lo llamaron Esaú.
Después salió su hermano, que con su mano tenía
agarrado el talón de Esaú. Por ello lo llamaron Jacob.
Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años"). Por otra
parte, la imposición del nombre era una cosa reservada
a los padres. Sin embargo, las palabras de Lucas no se
pueden entender aquí como una propuesta de los
familiares y vecinos, sino como algo que ya se da por
descontado; de modo que, entre la gente, ya se llamaba
al niño «el pequeño Zacarías». Pero resulta que esa
presuposición es un tanto extraña, porque, aunque nos
consta que algunos niños judíos llevaban el nombre de
su padre (Tobías 1,9: "Cuando me hice hombre, me
casé con una mujer de la descendencia de nuestros
padres que se llamaba Ana, y de ella tuve un hijo, al
que llamé Tobías"), no parece que eso fuera lo más
corriente. Más bien da la impresión que la práctica
más extendida era poner al niño el nombre de su
abuelo (1 Macabeos 2,1-5: "En esos días, Matatías,
hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de
Joarib, salió de Jerusalén y fue a establecerse a
Modín. Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre
Gadí; Simón, llamado Tasí; Judas, llamado Macabeo;
Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Afús").;
Jubileos 11,15: “Y en el año séptimo de este
septenario, le parió un hijo, al que puso de nombre
Abrán, como el padre de su madre, pues había muerto
antes de que concibiese su hija”. Esa costumbre, por
lo menos, daría una cierta explicación de la réplica de
los circunstantes, versículo 61: «Pero si no hay nadie
en tu familia que se llame así». Hasta qué punto
inciden esas costumbres en la interpretación del relato
lucano, es otra cuestión. En resumidas cuentas, la
única función que tiene en este relato la simultaneidad
de la circuncisión y de la imposición del nombre
consiste en servir de fondo para interpretar un
acontecimiento tan extraordinario como la
transformación experimentada por Zacarías. La
recuperación del habla por parte del sacerdote es una
señal de lo que va a ser ese niño que acaba de
incorporarse al pueblo de la alianza mediante el rito de
la circuncisión e imposición del nombre) PERO SU
MADRE INTERVINO Y DIJO (La traducción
literal -«respondiendo, dijo su madre» - revela una de
las construcciones derivadas del griego de los LXX:
ἀποκριθεῖσα (respondiendo)... εἶπεν (dijo), en la que el
participio de aoristo pasivo tiene claramente valor
superfluo (Lucas 1,19: "El ángel le respondió: «Yo soy
Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado
para hablarte y anunciarte esta buena nueva"; 1,35:
"El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá
sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será
llamado Hijo de Dios"). Para entender la narración hay
que suponer que la madre había sido
convenientemente informada del nombre que debía
llevar el niño; sólo así se puede explicar su reacción
ante la iniciativa de los familiares y vecinos. La
intervención de Zacarías confirma la actitud resuelta
de Isabel, apelando a la autoridad del anuncio que le
había hecho el mensajero (Lucas 1,13: "El ángel le
dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido
escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a
quien pondrás por nombre Juan"). A pesar de que se
había quedado mudo -y sordo - después de conocer el
nombre que debía dar a su hijo, ¿cómo no iba a
habérselo comunicado a su mujer en algún momento
del período de gestación? Con todo, esa clase de
preguntas supone que no se ha entendido
correctamente el significado de la narración lucana,
que nunca pretendió dar una respuesta a esas
cuestiones. Tendremos que dejar que el propio relato
sea el que cuente su argumento) NO; SE HA DE
LLAMAR JUAN Sobre el significado del nombre,
recordemos lo dicho al estudiar Lucas 1,13 ("Pero el
ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición
ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo,
y lo llamarás Juan") [El nombre dado por el ángel
recoge la situación global del episodio, ya que el
significado de ‫( יֹוחָ נָן‬Yóhánán) es «el Señor muestra su
favor». Juan será el signo, y a la vez el depositario, de
una especial benevolencia de Dios. Esto es lo que se le
revela a Zacarías, que será el que tenga que imponer el
nombre a su hijo (véase Génesis 4,26: “También a Set
le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este
fue el primero en invocar el nombre de Yahveh”; 5,3:
“Tenía Adán 130 años cuando engendró un hijo a su
semejanza, según su imagen, a quien puso por nombre
Set”). En consonancia con la tradición del pueblo
(véase Génesis 16,11: “Y díjole el Ángel de Yahveh:
Mira que has concebido, y darás a luz un hijo, al que
llamarás Ismael, porque Yahveh ha oído tu aflicción”;
Isaías 7,14: “Pues bien, el Señor mismo va a daros
una señal: He aquí que una doncella está encinta y va
a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre
Emmanuel”; 1 Reyes 13,2: “y por orden de Yahveh
apostrofó al altar diciendo: «Altar, altar, así dice
Yahveh: Ha nacido a la casa de David un hijo llamado
Josías que sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los
altos, a los que queman incienso sobre ti, y quemará
huesos humanos sobre ti»”), el nombre impuesto por
el Señor prefigura el papel concreto de ese personaje
en el drama de la actuación salvífica de Dios en la
historia de la humanidad]. La repetición de «Juan» en
los versículos 13 ("El ángel le dijo: «No temas,
Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada;
Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás
por nombre Juan") y 63 ("Él pidió una tablilla y
escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron
admirados") contribuye a dar mayor énfasis a la
misericordia y a la generosidad divina, que
caracterizan este nuevo período de la historia de
salvación que comienza a manifestarse con el
nacimiento de ese niño) LE REPLICARON (La
construcción lucana emplea, una vez más, el verbo
λέγειν (decir) - aquí, en aoristo: εἶπαν («dijeron») -
con la preposición πρὸς (le) y acusativo (αὐτὴν: a
ella), en lugar del habitual dativo ) PERO NO HAY
NADIE EN TU PARENTELA QUE TENGA ESE
NOMBRE (En realidad, Ἰωάννης (‫יֹוחָ נָן‬, Johanan,
«Juan») era el nombre de algunos miembros de
familias sacerdotales, en época posexílica, como lo
prueban Nehemías 12,13: "de la de Esdras: Mesulam;
de la de Amarías: Iejojanam"; 12,42: "y Maaseías,
Semaías, Eleazar, Uzí, Iehojanán, Malaquías, Elam y
Ezer. Los cantores entonaron su canto bajo la
dirección de Izrajías"; 1 Macabeos 2,1-5: "En esos
días, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote
del linaje de Joarib, salió de Jerusalén y fue a
establecerse a Modín. Tenía cinco hijos: Juan, por
sobrenombre Gadí; Simón, llamado Tasí; Judas,
llamado Macabeo; Eleazar, llamado Avarán; y
Jonatán, llamado Afús"). La réplica de los
circunstantes se introduce con la partícula ὅτι (pero),
cuyo valor es simplemente explicativo (Lucas 1,25:
"Pero diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el
Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio
entre los hombres»" [aquí el ὅτι inicial, que sigue al
participio λέγουσα, es problemático. Lo más lógico
parece ser interpretarlo como ὅτι «explicativo» -
equivalente a nuestros dos puntos (:) - y no en sentido
«causal», como lo traduce la Vulgata (quia, porque).
Atribuir a ὅτι un matiz de causalidad implicaría
considerar todo el versículo como la razón por la que
Isabel se encerró en casa]) Y PREGUNTABAN POR
SEÑAS A SU PADRE CÓMO QUERÍA QUE SE
LE LLAMASE (La indicación nos hace pensar que
Zacarías no sólo se había quedado mudo, sino también
sordo Lucas 1,20: "Mira, te vas a quedar mudo y no
podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas,
porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se
cumplirán a su tiempo"; 1,22: "Cuando salió, no podía
hablarles, y comprendieron que había tenido una
visión en el Santuario; les hablaba por señas, y
permaneció mudo"). La pregunta indirecta se
introduce con el artículo indefinido neutro (τό), como
en Lucas 9,46: “Se suscitó una discusión entre ellos
sobre quién de ellos sería el mayor”; 19,48: “pero no
encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo
le oía pendiente de sus labios”; 22,4: “y se fue a tratar
con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del
modo de entregárselo”; 22,23-24: “Entonces se
pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que
iba a hacer aquello. Entre ellos hubo también un
altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor”;
Hechos 4,21: “Ellos, después de haberles amenazado
de nuevo, les soltaron, no hallando manera de
castigarles, a causa del pueblo, porque todos
glorificaban a Dios por lo que había ocurrido”; 22,30:
“Al día siguiente, queriendo averiguar con certeza de
qué le acusaban los judíos, le sacó de la cárcel y
mandó que se reunieran los sumos sacerdotes y todo el
Sanedrín; hizo bajar a Pablo y le puso ante ellos”)
CON GRAN SORPRESA DE TODOS (La sorpresa
es perfectamente natural, por dos razones: primero,
porque se supone que Zacarías no habría podido oír las
palabras de su mujer, y segundo, por la coincidencia
en ese nombre) ÉL PIDIÓ UNA TABLILLA Y
ESCRIBIÓ: JUAN ES SU NOMBRE (El texto
original dice, literalmente, ἔγραψεν λέγων: «escribió,
diciendo». El participio presente λέγων (diciendo) es
la fórmula estereotipada con que los LXX traducen el
infinitivo hebreo ‫( אָ מַ ר‬yomar, decir), que introduce una
alocución en estilo directo; Génesis 1,20: "Dios dijo:
«Que las aguas se llenen de una multitud de seres
vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el
firmamento del cielo»"). Sobre el uso de este participio
con una forma del verbo γρᾰ́φειν («escribir»), véase 2
Reyes 10,6: “Les envió una segunda carta diciendo:
«Si estáis por mí y escucháis mi voz, tomad a los jefes
de los hombres de la casa de vuestro señor y venid a
mí mañana a esta hora, a Yizreel.» (Los setenta hijos
del rey estaban con los magnates de la ciudad que los
criaban)”) Y AL PUNTO (Es la primera vez que
aparece el adverbio típicamente lucano παραχρῆμα
(«al instante», Lucas 4,39: “Y acercándose a ella,
reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó; y al instante
ella se levantó y les servía" ; 5,25: "Y al instante se
levantó delante de ellos, tomó la camilla en que había
estado acostado, y se fue a su casa glorificando a
Dios"; 8,44: "vino por detrás y tocó el borde de su
manto; y al instante se estancó el flujo de su sangre";
8,47: "Entonces, viendo la mujer que no se había
ocultado, vino temblando, y postrándose delante de Él
le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le
había tocado, y cómo al instante había sido sanada";
13,13: "Y puso las manos sobre ella, y al instante se
enderezó y glorificaba a Dios"; 18,43: "Y al instante
recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios;
cuando toda la gente vio aquello, dieron gloria a
Dios"; 19,11: "Estando ellos oyendo estas cosas,
continuando Jesús, dijo una parábola, porque Él
estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el
reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro":
22,60: "Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y al
instante, mientras él aún hablaba, el gallo cantó";
Hechos 3,7: "Y asiéndolo de la mano derecha, lo
levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron
fuerza"; 5,10: "Al instante ella cayó a los pies de él, y
expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la
sacaron y le dieron sepultura junto a su marido";
13,11: "Ahora, he aquí, la mano del Señor está sobre
ti; te quedarás ciego y no verás el sol por algún
tiempo. Al instante niebla y oscuridad cayeron sobre
él, e iba buscando quien lo guiara de la mano"; 16,26:
"De repente se produjo un gran terremoto, de tal
manera que los cimientos de la cárcel fueron
sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y
las cadenas de todos se soltaron"; 16,33: "Y él los
tomó en aquella misma hora de la noche, y les lavó las
heridas; enseguida fue bautizado, él y todos los
suyos"). En todo el Nuevo Testamento, salvo en dos
ocasiones (Mateo 21,19-20: "Y al ver una higuera
junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada
en ella sino sólo hojas, y le dijo: Nunca jamás brote
fruto de ti. Y al instante se secó la higuera. Al ver esto,
los discípulos se maravillaron y decían: ¿Cómo es que
la higuera se secó al instante?"), se encuentra
exclusivamente en la obra de Lucas. El uso más
frecuente se da en relación con acontecimientos
maravillosos, Lucas 8,55: "Entonces le volvió su
espíritu, y se levantó al instante, y Él mandó que le
dieran de comer") ABRIÓ LOS LABIOS Y SE LE
SOLTÓ LA LENGUA BENDICIENDO A DIOS
(En nuestra traducción hemos añadido un verbo - «se
le soltó» - que no está en el texto original; literalmente,
la traducción sería: «se abrió su boca (en el acto) y su
lengua». Aunque no hay un verbo explícito que
determine ἡ γλῶσσα αὐτοῦ («su lengua»), se puede
entender que esta segunda parte de la frase depende
también, por elipsis o zeugma, del verbo ἀνεῴχθη («se
abrió»), que rige la primera parte: τὸ στόμα αὐτοῦ («su
boca»). Frente a esa dificultad, el códice D adopta una
postura drástica; sencillamente, cambia el texto y lee:
«y en el acto se le soltó la lengua, y todos se quedaron
sobrecogidos, y se abrió su boca»). Naturalmente, el
problema queda resuelto; pero ¿quién se atrevería a
aceptar esa variante como lectura original?
Obviamente, se trata de una corrección introducida por
un copista. La liberación de las trabas que agarrotaban
la lengua de Zacarías es un nuevo prodigio, un signo
más del carácter y de la misión de ese niño recién
nacido, que acaba de recibir su nombre. Las primeras
palabras de la nueva lengua de Zacarías no son
precisamente el nombre de su hijo, sino un cántico de
alabanza a su Dios, que ha intervenido tan
maravillosamente en la historia humana, Lucas 1,68-
79: "Bendito el Señor Dios de Israel porque ha
visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una
fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como
había prometido desde tiempos antiguos, por boca de
sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros
enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban,
haciendo misericordia a nuestros padres y recordando
su santa alianza y el juramento que juró a Abraham
nuestro padre, de concedernos que, libres de manos
enemigas, podamos servirle sin temor, en santidad y
justicia delante de él todos nuestros días. Y tú, niño,
serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante
del Señor para preparar sus caminos y dar a su
pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus
pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro
Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a
fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y
sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el
camino de la paz") INVADIÓ EL TEMOR A
TODOS SUS VECINOS (La reacción de la gente
ante una maravillosa intervención de Dios se expresa
en los escritos lucanos con la palabra φόβος (temor,
miedo, reverencia), que no significa precisamente
«miedo», sino «respeto», «temor reverencial»,
«sobrecogimiento» (Lucas 7,16: "El temor se apoderó
de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran
profeta ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado
a su pueblo"; Hechos 2,43: "Sobrevino temor a toda
persona; y muchos prodigios y señales eran hechas
por los apóstoles"; 5,5: "Al oír Ananías estas
palabras, cayó y expiró; y vino un gran temor sobre
todos los que lo supieron") Y EN TODA LA
MONTAÑA DE JUDEA SE COMENTABAN
TODAS ESTAS COSAS (Tal vez se pueda ver aquí
la intención de Lucas de proporcionar una cierta base a
la tradición que él mismo explota en este episodio. En
cualquier caso, lo que verdaderamente importa es que
la publicidad del acontecimiento realza la personalidad
de Juan. Sobre la mención de la «sierra», recordemos
lo dicho al estudiar Lucas 1,39 [El texto dice
literalmente: εἰς τὴν ὀρεινὴν («a la región
montañosa»). El historiador Flavio Josefo emplea el
mismo adjetivo, pero sustantivado, para referirse a
Judea. Véase, además, Lucas 1,65: “Invadió el temor a
todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se
comentaban todas estas cosas”] TODOS LOS QUE
LAS OÍAN LAS GRABABAN EN SU CORAZÓN
(Literalmente habría que traducir: «Y todos los que
(lo) oían, (lo) guardaban en su corazón». Véase Lucas
2,19: "Pero María atesoraba todas estas cosas,
reflexionando sobre ellas en su corazón": 2,51: “Bajó
con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su
madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en
su corazón”; 3,15: “Como el pueblo estaba a la
espera, andaban todos pensando en sus corazones
acerca de Juan, si no sería él el Cristo”; 5,22: “
Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué
estáis pensando en vuestros corazones?”. La
expresión proviene claramente de los LXX (1 Samuel
21,13: "Y puso David las palabras en su corazón, y
temió sobremanera a faz de Aquís, rey de Get";
Malaquías 2,2: "Y si no oyereis, y si no pusiereis en
vuestro corazón dar gloria a mi nombre, dice el Señor
Omnipotente, yo enviaré sobre vosotros la maldición;
y maldeciré vuestra bendición, y la maldeciré; y
disiparé vuestra bendición, y no habrá en vosotros,
porque vosotros no habéis puesto rectitud en vuestro
corazón"). Se trata de una reflexión del propio
evangelista exactamente igual que la última frase de
este mismo versículo 66: "todos los que las oían las
grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será
este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor
estaba con él") DICIENDO: «PUES ¿QUÉ SERÁ
ESTE NIÑO?» PORQUE, EN EFECTO, LA
MANO DEL SEÑOR ESTABA CON ÉL (Con este
antropomorfismo decididamente veterotestamentario
(1 Crónicas 28,19: "Todo esto había sido escrito por la
mano del Señor, para dar a conocer los detalles del
diseño"; 4,10: "Iabés invocó al Dios de Israel,
exclamando: «Si me bendices verdaderamente,
ensancharás mis fronteras, tu mano estará conmigo y
alejarás el mal para que desaparezca mi aflicción». Y
Dios le concedió lo que él había pedido") se quiere
decir que Dios mismo garantiza a Juan su protección y
su poderosa asistencia. Con todo, no le va a librar de la
prisión y de la muerte a manos del virrey Herodes
Antipas (Lucas 3,19-20: "Mientras tanto el tetrarca
Herodes, a quien Juan censuraba a causa de Herodías
– la mujer de su hermano– y por todos los delitos que
había cometido, cometió uno más haciendo encarcelar
a Juan"; 9,7-9: "El tetrarca Herodes se enteró de todo
lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque
algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado». Otros
decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros: «Es
uno de los antiguos profetas que ha resucitado». Pero
Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces,
¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?».
Y trataba de verlo"). La expresión χεὶρ κυρίου ἦν μετ’
αὐτοῦ («La mano del Señor con él») es
exclusivamente lucana en toda la tradición del Nuevo
Testamento (Hechos 11,21: "La mano del Señor los
acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron").
Hay que notar que, con la preposición ἐπὶ («sobre»),
en lugar de μετα («con»), el significado adquiere una
matización de orden punitivo (Hechos 13,11: "Ahora,
he aquí, la mano del Señor está sobre ti; te quedarás
ciego y no verás el sol por algún tiempo. Al instante
niebla y oscuridad cayeron sobre él, e iba buscando
quien lo guiara de la mano"; 1 Samuel 5,9: "Pero una
vez que fue trasladada, la mano del Señor se hizo
sentir sobre la ciudad y cundió un pánico terrible,
porque el Señor hirió a la gente de la ciudad, del más
pequeño al más grande, y les brotaron tumores"). El
título Κύριος (Señor) se refiere aquí, naturalmente, a
Dios. Ahora vamos a estudiar el versículo 80 ("El niño
crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos
hasta el día de su manifestación a Israel"), la
Conclusión del episodio. Al perderse las últimas notas
del Benedictus, una breve frase conclusiva pone fin a
la narración. Quemando etapas asistimos al desarrollo
de la personalidad de Juan. El dato de su retirada al
«desierto» prepara ya su aparición en ese mismo lugar
(véase Lucas 3,2: "durante el sumo sacerdocio de
Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de
Zacarías, en el desierto"); «en el desierto» es donde la
palabra de Dios va a venir sobre Juan, cualificándole
para su misión) EL NIÑO CRECÍA (En la
introducción a estos relatos de la infancia,
concretamente al presentar su estructura,
clasificábamos esta frase como «estribillo» (Lucas
2,40: "El niño crecía y se fortalecía, llenándose de
sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él"; 2,52:
"Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en
gracia ante Dios y ante los hombres"). Con esta
fórmula se cierra todo el episodio del nacimiento y
primera infancia de Juan. La formulación sigue de
cerca algunos modelos veterotestamentarios como
Jueces 13,24-25 ("La mujer dio a luz un hijo y le llamó
Sansón. El niño creció y Yahveh le bendijo. Y el
espíritu de Yahveh comenzó a excitarle en el
Campamento de Dan, entre Sorá y Estaol") y 1
Samuel 2,26 ("Cuanto al niño Samuel, iba creciendo y
haciéndose grato tanto a Yahveh como a los
hombres") SE FORTALECÍA EN SU ESPÍRITU
(Tal vez haya que interpretar ε҅ ν pneumati (en el
espíritu) como «en el Espíritu (Santo)», dadas las
anteriores menciones del Espíritu con referencia al
círculo en que se movía Juan (Lucas 1,15: "será
grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará
lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre";
1,41: "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo
de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel
quedó llena de Espíritu Santo"; 1,67-68: "Zacarías, su
padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó
diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel porque ha
visitado y redimido a su pueblo") VIVIÓ EN
LUGARES DESÉRTICOS (El texto griego emplea
aquí el plural: ἐν ταῖς ἐρήμοις («en los desiertos»). R.
W. Funk, opina que esta locución, en ἐν ταῖς ἐρήμοις,
tiene que referirse a un determinado «lugar desértico»,
porque los LXX no usan nunca el plural (ἐρήμοις) para
traducir la palabra hebrea ‫( ִמ ְדבַ ר‬midbar, «desierto»).
Generalmente, tanto en la versión griega (LXX) como
en el Nuevo Testamento, ἡ ἔρημος - en singular -
significa «desierto», y sus referentes son, o el desierto
de Sinaí - impensable en este pasaje - o el desierto de
Judea, es decir, la zona más escarpada de la región,
que comprendía toda la franja este del territorio y
llegaba probablemente hasta el mismo valle del
Jordán. La conclusión de Funk es tajante: «Para
establecer una relación entre la juventud de Juan y el
desierto de Judea [no bastan los datos puramente
gramaticales o de vocabulario; habrá que buscar otros
criterios bastante más sólidos». Ahora bien: para
analizar esta frase, ¿podemos prescindir de Lucas 3,2
("durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la
palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el
desierto") y basarnos únicamente en el estilo de los
LXX? En Lucas 3,2 ("durante el sumo sacerdocio de
Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de
Zacarías, en el desierto") se localiza explícitamente a
Juan «en el desierto» (ἐν τῇ ἐρήμῳ), es decir, se
emplea exactamente la locución que, en los demás
textos - y de manera uniforme -, se usa para designar
el desierto de Judea. Por tanto, el sentido de esta frase
lucana: ἐν ταῖς ἐρήμοις («en los desiertos») tiene que
ser, decididamente: «en el desierto» (de Judea).
Precisamente esa indicación de Lucas, unida a otro
tipo de consideraciones, ha dado pie a una hipótesis
sugestiva que, aunque no se puede probar
convincentemente, tampoco se puede rechazar de
plano. Se ha sugerido la posibilidad de que Juan
pasase algunos años de su juventud entre los esenios
de Qumrán. Veamos los datos. En sus narraciones de
la infancia, Lucas presenta a Juan como hijo de un
matrimonio anciano (Lucas 1,7: “No tenían hijos,
porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad";
1,18: "Zacarías dijo al ángel: « ¿En qué lo conoceré?
Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad»") y
como un niño que crece y vive «en el desierto» (Lucas
1,80: "El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió
en los desiertos hasta el día de su manifestación a
Israel"). A pesar de todos los paralelismos entre la
infancia de Juan y la de Jesús, no hay ningún contacto
entre las respectivas familias después del encuentro de
María con Isabel (Lucas 1,39-56: "En aquellos días, se
levantó María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de
Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto
oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en
su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y
exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las
mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí
que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas
llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el
niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se
cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del
Señor!» Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha
puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso
desde ahora todas las generaciones me llamarán
bienaventurada, porque ha hecho en mi favor
maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su
misericordia alcanza de generación en generación a
los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los
humildes. A los hambrientos colmó de bienes y
despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su
siervo, acordándose de la misericordia - como había
anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y
de su linaje por los siglos.» María permaneció con
ella unos tres meses, y se volvió a su casa"). En Lucas
3,2 ("durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás,
vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el
desierto") se dice escuetamente: «vino la Palabra de
Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto».
Empezando por esta última indicación, ¿no se podría
interpretar como un acontecimiento decisivo, como un
viraje fundamental en la vida del hijo de Zacarías? En
ese momento, Juan habría roto con la comunidad
esenia, en la que había vivido durante cierto tiempo y
se habría marchado a predicar un bautismo de
penitencia para el perdón de los pecados. Una de las
razones en las que se fundamenta esta hipótesis es el
hecho de que Juan, nacido en el seno de una familia
levítica, nunca aparezca relacionado con el servicio
cultual del templo, como su padre, Zacarías (Lucas
1,5: "Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un
sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías,
casado con una mujer descendiente de Aarón, que se
llamaba Isabel"). No resulta descabellado imaginar
que Juan, tal vez después de la muerte de sus padres,
fuera acogido y adoptado por los esenios, que, según el
historiador Flavio Josefo, tenían fama de «recoger
niños ajenos, de carácter dócil y fácilmente
manejables... para formarlos según los principios de su
propia secta». Más adelante, cuando estudiemos el
bautismo proclamado por Juan (Lucas 3,3: "Y se fue
por toda la región del Jordán proclamando un
bautismo de conversión para perdón de los pecados"),
añadiremos algunas consideraciones que abogan por la
plausibilidad de esta hipótesis. Una de las dificultades
que plantea esta hipótesis nace de los recelos que se
abrigaban en la comunidad esenia sobre el sacerdocio
de Jerusalén; un sacerdocio - según ellos - laxo en su
pureza levítica, codicioso de recompensas y
políticamente comprometido. Pero, dadas sus viejas
vinculaciones con el sacerdocio de Sadoc, es de creer
que todavía estuvieran dispuestos a admitir en su
comunidad incluso a hijos de sacerdotes adscritos al
templo de Jerusalén) HASTA EL DÍA EN QUE SE
PRESENTÓ A ISRAEL (La frase es una preparación
del relato evangélico propiamente dicho, es decir, de
Lucas 3,2-6 ("en el pontificado de Anás y Caifás, fue
dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías,
en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán
proclamando un bautismo de conversión para perdón
de los pecados, como está escrito en el libro de los
oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus
sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y
colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las
asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la
salvación de Dios"). Según la descripción de Lucas,
Juan es una figura importante en el plan de Dios; su
destino es participar en la revelación de la gran
novedad salvífica que ahora se ofrece al ser humano.
Pero la palabra griega ἀνάδειξις (mostrarse,
presentarse, aparecer) que es la que se usa aquí, puede
tener también - como aparece en los papiros - el
significado técnico de «presentación» o
«nombramiento». En este caso, la frase sería una
expresión formal y solemne del ministerio público del
Bautista. ¿Se puede suponer que este versículo 80 ("El
niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los
desiertos hasta el día de su manifestación a Israel").
es paralelo al último episodio de las narraciones de la
infancia, es decir, la manifestación de Jesús? Si es así,
es extremadamente breve; tanto, que resulta críptico.

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