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RESISTENCIA E INTEGRACIÓN.

EL PERONISMO Y LA CLASE TRABAJADORA ARGENTINA 1946-


1976. Bs.As. 1990. Sudamericana, 359 págs.

En el estudio del Peronismo, hay ciertos libros que mantienen vigencia con el paso del tiempo. No
pierden actualidad, ni sustancia, y por el contrario su relectura advierte aristas importantes que en
un primer momento pudieron pasar inadvertidas. Es el caso de este libro de Daniel James,
historiador británico. Según él mismo relata en un largo reportaje1 que le hicieron a fines de 1996
su interés por la historia comenzó cuando tenía 18 años y debía elegir una carrera universitaria en
Oxford; pero allí lo que se enseñaba era bastante tradicional y bajo un título que no decía mucho –
“Historia Moderna”- se abarcaba un kilométrico periplo que se iniciaba con la caída del Imperio
Romano hasta nuestros días. Buscó otra alternativa. Su primigenia militancia estudiantil ligada al
trotskismo, en contra de la guerra norteamericana en Vietnam y sumado al antecedente que sus
padres eran comunistas le fue marcando un sendero. En efecto, la familia de su padre era del país
de Gales y la de su madre del norte de Inglaterra. Todos ellos mineros y laboristas, a excepción

1
Universidad Nacional del Comahue. Facultad de Humanidades. Departamento de Historia. Revista de
Historia Nº 6. Noviembre 1996. Reportaje a Daniel James a cargo de Gabriel Rafart y Juan Quintar.
como dije de sus progenitores que eran de izquierda. De algún modo este designio lo llevó a
investigar la historia del movimiento obrero. En tal sentido fue de gran importancia cuando asistió
–siempre en Oxford- al “History Workshop” en el “College” de Roskin, que era un colegio ligado a
los sindicatos. Cuenta que ahí lo escuchó hablar a Thompson2: “Para mí fue algo impresionante,
hablaba de la época de la proto-industrialización, de lo que pasaba con los campesinos, de cómo
vivían y sobre sus sentimientos y era realmente increíble. Yo que venía de una historia tan
tradicional, fría y académica, ninguna emoción ni nada. Y cuando Thompson terminaba ¡era genial!
En su escritorio no tenía nada, solo una pila de papeles. Y era genial porque al final del discurso
había un silencio… era como el final de una gran oración, un silencio sepulcral. Había muchísima
gente, ya con lágrimas en los ojos, porque había mucha emoción y sentimiento en lo que él decía;
para mí fue una revelación”. Daniel James entendió la importancia de conocer lo subjetivo. Por eso
hay algo que llama poderosamente la atención de su producción escrita. La lectura de sus textos
transmite sensaciones sin perder un ápice de rigurosidad histórica. Quizás tenga que ver una vez
más con su aprendizaje de joven militante ya que en Oxford había enormes fábricas de
automóviles y él repartía volantes y panfletos en la puerta de las plantas automotrices y hablaba
con los obreros, sumando así experiencia, saberes y conocimientos: también varias frustraciones.

James viene a la Argentina por primera vez en 1972 –estuvo aquí un año y medio- para hacer un
postgrado en estudios latinoamericanos que concluya en un doctorado. Su mira apuntará a la
clase obrera argentina y a la burocracia sindical en un primer momento. Luego por razones
estructurales que están directamente ligadas a la dificultad para la obtención de fuentes primarias
y secundarias cambia de objetivo. (“Había pocos sindicatos donde vos podías entrar, a la CGT ni
soñar. Y después si vos conseguías entrar no tenían nada, algún acta, algún que otro número de su
propio diario, algo así. Y tampoco el Ministerio de Trabajo… si existían algunos boletines y alguna
información, pero nada que me sirviera mucho. Entonces también me estaba dando cuenta que
este análisis que yo hacía estaba bastante centrado en la experiencia británica y acá eso un poco,
no cabía. Seguramente entre otras cosas, porque en los sindicatos británicos había una solución de
continuidad histórica, en cambio en la experiencia argentina era distinto. Así que busqué otras
fuentes”). Se fue. Releyó a fondo a Gramsci3; asegura que le sirvió de mucho. Volvió a Argentina y
pasó nueve meses entre 1976 y 1977. Paralelamente, sí o sí, tenía que terminar su tesis para
seguir ligado académicamente a lo suyo. La terminó en 1978 y la presentó finalmente un año más
tarde bajo el título de: “Sindicatos y política. La Argentina 1955-1966”.

Pero cuando vuelve a los Estados Unidos en 1981 (profesor en la Universidad de Yale) se ve en la
necesidad de escribir un libro. Ya que cuando en ese país se entra en la carrera, para conseguir el
codiciado “Senior” –es decir una permanencia, es decir no depender de la dificultosa renovación
cada cuatro años- hay que escribir un libro. El mismo será el que nos ocupa y lleva por título esta
nota. Nuestro historiador aclara que “Yo no volví a la Argentina para ampliar mis datos y trabajar

2
Edward Palmer Thompson autor de “La formación de la clase obrera en Inglaterra”.
3
Antonio Gramsci. Teórico marxista. Fundador del Partido Comunista italiano. Dueño de una extensa obra
intelectual vigente hasta nuestros días. Nacido en Ales-Cerdeña en 1891 y fallecido en Roma, en 1937, luego
de sufrir a cargo del fascismo, largos años de prisión por sus ideas.
de nuevo sobre una nueva base. Lo que hice fue una operación intelectual. Yo simplemente fui a
los mismos datos pero con otras intenciones”.

En concordancia con lo expresado anteriormente, en Resistencia e Integración existe la voluntad


de captar ese nivel subjetivo de la clase obrera argentina y darlo a conocer, exponerlo, dejarlo a la
vista, dentro de un estilo menos frío y aséptico, capaz de llegar con intensidad a los sentimientos
del lector. James lo reconoce explícitamente: “Si, esa fue una de mis intenciones. Me di cuenta
que en la tesis, esa faceta no había salido o por lo menos yo había reprimido ese elemento en
favor del análisis de la burocracia sindical en un sentido muy formal. También hay un elemento
muy influyente para mí y son los trabajos de Rodolfo Walsh. Especialmente ¿Quién mató a
Rosendo?, que no es un trabajo de historia, pero que tiene muchos datos y es muy fuerte la
intención de captar la subjetividad, la búsqueda por encontrar la forma de expresar la
subjetividad. Eso en Walsh es muy fuerte, pero bueno, desgraciadamente no todos podemos
escribir como Walsh ni como Thompson, pero igual, hay que tener a nuestros referentes presentes
para que nos incentiven de vez en cuando”.

Desde mi punto de vista el mayor grado de importancia en Resistencia e Integración, la nota


dominante si fuera una partitura musical, está presente en el primer capítulo caratulado como
“Los antecedentes” donde se ocupa del peronismo y la clase trabajadora desde 1943 a 1955, o sea
cuando da cuenta del fenómeno peronista, de la experiencia de gobierno que va desde 1943 a
1955 y que incluye la gestión previa de Perón como Secretario de Trabajo. El autor brinda una
perspectiva diferente que nunca había sido desarrollada hasta entonces en los estudios anteriores,
ya que muy pocas veces la historiografía académica argentina había intentado aprehender y
entender la racionalidad propia que han tenido los trabajadores en función de su adhesión al
peronismo. James lo logra con creces. Incorpora a su trabajo voces olvidadas que son parte de
aquella sufrida clase obrera que sale a la calle el 17 de octubre de 1945. Antes con prohibición
expresa –y detención policial inclusive- de hacerse presentes en el centro de la metrópoli sino
están vestidos correctamente. Ahora a partir de esa magna fecha, con sus ropas de trabajo
marchando a la Plaza de Mayo a rescatar a su Líder en tanto entonan hilarantes y provocativas
canciones del tipo: “Andáte de la esquina oligarca loco, tu madre no te quiere y Perón tampoco”.
Es decir avanzan y se posicionan, ganando los espacios públicos que eran patrimonio de las clases
dominantes. Nada menos…

Lógicamente que en su pormenorizado análisis, James también hace hincapié y destaca como se
manifiestan en el ideario peronista, con fuerza propia, elementos integradores del tipo “armonía
entre clases”, “capital humanizado” y el rol de los sindicatos en el Estado peronista. Sin embargo la
identidad férrea, granítica, indisoluble que se forma entre el peronismo y la clase obrera, permitirá
a esta última a partir de 1955, una vez pasada a la resistencia y muchas veces a la clandestinidad y
al sabotaje a practicar, avalar y reivindicar “la lucha de clases”, quedando parcialmente en el
olvido, por inalcanzable, aquella idea de un Estado protector. Esa es la segunda parte de su libro
en donde desarrolla tres ítems muy interesantes: 1. Supervivencia del peronismo: la resistencia en
las fábricas. 2. Comandos y sindicatos: surgimiento del nuevo liderazgo sindical peronista. 3.
Ideología y conciencia en la resistencia peronista. James apunta acertadamente su mirada hacia la
imbricada relación entre una ideología formal peronista y la conciencia práctica –la praxis
concreta- de los obreros durante aquella primera resistencia que concluye en 1958.

La tercera parte de su obra lleva por título: “Frondizi y la integración: tentación y desencanto,
1958-1962”. Se refiere al período presidencial que sigue, el de Frondizi, que como se sabe, sube
con los votos peronistas proscriptos, pero una vez en el gobierno, sobre todo entre 1959 y 1960
lleva adelante una feroz represión al movimiento obrero que termina con la derrota de éste. Y por
un tiempo, también de la Resistencia. En el seno de la clase trabajadora –explica James- comienza
a gestarse un proceso de burocratización a partir de la recuperación de los sindicatos. La derrota
apuntada observa variables preocupantes: desempleo en alza, “racionalización” patronal para los
que conservan sus trabajos, reducción de los salarios. Esas variables congelan la solidaridad. Se
manifiesta abiertamente un proceso de desmovilización de la resistencia peronista. Hay una
búsqueda de soluciones individuales que le quita fuerza al planteo fabril colectivo y sobre todo a la
lucha directa y que pasa a dar legitimidad al poder negociador de sus dirigentes sindicales. De esta
manera comienza la Integración, lo que se conoce como una etapa integracionista –alentada y
propiciada por el propio frondizismo- que llevará como prototipo, como mascarón de proa, al
metalúrgico Augusto Timoteo Vandor entre 1962 y 1969. “El Lobo”4, como lo conocían a Vandor,
tratará de disputarle el poder sindical al propio Perón, pero esa es otra historia, con un final
trágico para su propia existencia. Precisamente la anteúltima parte del libro, lleva por título “La
era de Vandor, 1962-1966” precisando la importancia que tuvo este metalúrgico y líder sectorial
en la conformación de una burocracia sindical y una ideología propia dentro del movimiento
obrero que llevaría un desprendimiento de su propio apellido: vandorismo. Será con este nombre,
el representante más consumado de una dinámica que “reivindica al sindicalismo solo como la
herramienta que le permite un mayor margen de negociación y fortalecimiento propio. Como
proyecto estratégico busca un gobierno compartido con las Fuerzas Armadas a partir de 1966. Los
burócratas ponen la gente y la representación peronista en tanto los militares organizan un Estado
fuerte. Los vandoristas aseguran un proyecto estable, sin crisis, que permita un dócil manejo de la
cosa púbica” 5 . Para este análisis, Perón debe seguir en su exilio perdiendo paulatinamente
prestigio y preponderancia y sumando años. Eso en los papeles, pero la realidad mostrará otro
escenario político y social que Daniel James agrupa en la quinta y última parte de su obra,
enunciando que los dirigentes sindicales peronistas tradicionales –todos los burócratas entre ellos-
son asediados por nuevos actores y nuevos desafíos hasta el regreso de Perón en 1973.

4
Siempre estuve creído que el seudónimo era un homenaje a su astucia para negociar, su inteligencia para
estar siempre una jugada adelantado, un hombre de mirada penetrante, con el conocimiento exacto para
dar el salto en el momento preciso y quedarse con la presa, metafóricamente hablando. Craso error de mi
parte. Un ex compañero de trabajo de Vandor, cuando éste era un ignoto delegado gremial en la fábrica de
capitales holandeses de lamparitas “Philips”, me dijo cierta vez con una sonrisa cómplice, que el
sobrenombre de “El Lobo” se lo habían puesto sus compañeros de sección en la fábrica, porque cortejaba
insistentemente a una operaria que solía vestirse como Caperucita Roja.
5
Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970”. Roberto Baschetti. La Plata, 1997. Ediciones de La
Campana.
Digo, como para finalizar, que la conclusión que puede exhibirse, como algo concreto e irrefutable,
es que a partir de este libro, Resistencia e integración, están dadas todas las condiciones para
debatir enriquecedoramente sobre la relación entre clase trabajadora, burocracia sindical y
peronismo. El propio historiador inglés así lo cree: “Hoy siento que logré comprender la pasión, la
ambigüedad y la tragedia histórica de la clase obrera argentina”6.

Roberto Baschetti. Enero de 2016.

6
Entrevista al historiador inglés Daniel James a cargo de Cristian Vitale. “Página 12”. 23-10-2011.

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