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El cambiante “status” de la mujer

Desde fines del siglo pasado se ha insistido en la prensa norteamericana sobre los
derechos de la mujer, su influencia en la vida pública, la lucha para la igualdad de los
sexos y los sutiles peligros que acechan a la que se absorber por las faenas caseras.
Existen no pocas pruebas de que el status “social” de las mujeres norteamericanas difiere
hoy totalmente del de las mujeres en la mayoría de los países modernos. Las revistas, las
televisiones, las radios, las columnas de los periódicos, los libros y las conferencias que
tratan de las “cuestión de la mujer” muestran cómo va creciendo el influjo femenino y
como se eleva su posición social. El “status” de la mujer no se debe apreciar si no es en
relación con el del varón. Esto no quiere decir que un cambio de “status” femenino
necesariamente haya de acarrear la masculinización de las mujeres. No es que las
mujeres vay6an a ser menos femeninas en su aspecto físico o en su función biológica. En
realidad la tendencia es hacia todo lo contrario. Las características secundarias del sexo
se van acentuando más que antes.

El cambio de la posición de la mujer norteamericana se puede inferir de las siguientes


observaciones:

a) En las agrupaciones recreativas las mujeres han reclamado y obtenido mayor


libertad de acción. Se les ha abierto la mayoría de los campos de competencia
atlética, incluso los de la lucha profesional. Hay mujeres que son clientes de los
locales de juego, bares y clubes nocturnos. En algunas ciudades más grandes se han
abierto restaurantes, clubes y bares exclusivamente masculinos para contener la
“invasión” de clientes femeninos. Pero en otras diversiones se hacen deliberadamente
esfuerzos para atraer el interés femenino y conseguir una clientela de mujeres
inventando los “días de las señoras” en los locales de bailes o estableciendo tarifas
reducidas en los clubes femeninos.

b) El cambio en el “satus” político de la mujer se hace manifiesto el derecho de la


mujer al voto. Además las mujeres son activas colaboradoras de los partidos en los
distritos políticos y en la política regional y nacional, como también se han presentado
en las asambleas nacionales de los grandes partidos. Han alcanzado el rango de
miembros del gabinete, han conseguidos puestos en embajadas y consulados en el
extranjero y funciones en el congreso. Los políticos miran con respeto a la “liga de
mujeres con voto” y a varios otros grupos cívicos que reclaman reformas sociales.
Gran número de mujeres están empleadas en oficinas del gobierno.

c) Probablemente el cambio de más envergadura reside en el “status” económico de


la mujer. El típico de la incapacidad de la mujer que no entiende nada de finanzas, no
sabe manejar el dinero y depende totalmente del varón para la subsistencia, ha
desaparecido en la realidad, aunque todavía existe en la fantasía. Las mujeres han
llegado a poseer dinero, lo cual es un criterio importante de “status” social. Se calcula
que más de la mitad de las tiendas en los Estados Unidos están registradas a nombre
de las mujeres y que más del 90% de los artículos de consumo se compran por
decisión de las mujeres. A diferencia de la posesión de valores, la realización de
compras al detalle indica el control del dinero. La diferencia que se observa con las
compradoras están relacionadas con este hecho.
d) La elevación del “status” de la mujer suele manifestarse en el hecho de que las
mujeres son a menudo un símbolo de la movilidad social masculina. Es un hecho
corriente en la historia que los hombres que prosperan hagan ostentación de su
posición adornando y exhibiendo a sus esposas, pero esto ha alcanzado en la sociedad
norteamericana unas proporciones sin precedentes. El varón desea que su mujer
“tenga lo mejor” y el resultado es una curiosa mezcla de presión social, movilidad
ascendente, nuevos símbolos de “status”, deseo de confort y respuesta a la
publicidad. El vestido, los utensilios domésticos, los automóviles, la participación
femenina en banquetes y en clubes sociales son no solos demostraciones de la
elevación del “status” femenino, si no al mismo tiempo reflejo del puesto que el
cabeza de familia ocupa en la vida.

e) La utilidad funcional de la mujer en la sociedad es también un indicio de la


elevación de su “status”. Con frecuencia son las mujeres las “portadoras de cultura”
en el sentido de que son ellas las que preservan los valores de la sociedad. Esta
función en la familia y en la comunidad es muy significativa. La utilidad funcional se
ha extendido también a la zona de los empleos lucrativos. Los enormemente
incrementados servicios de nuestra economía industrial son desempeñados en gran
escala por mujeres. La gran mayoría de empleados de teléfonos, secretarios,
taquígrafos, archiveros, dependientes de negocios, maestros y asistentes sociales son
mujeres. Si exceptúa el trabajo industrial pesado, las mujeres han asumido y
desempeñado adecuadamente la mayoría de los empleos lucrativos, reservados
anteriormente a los hombres. Las mujeres no solo se emplean lucrativamente sino
que además desempeñan funciones útiles muy apreciadas en la sociedad. Esta
utilidad es también indicio de la elevación de sus “status”.

f) Se ha elevado el nivel de la instrucción de la mujer lo cual también ha contribuido a


elevar notablemente su “status”.

En Norteamérica nunca habían recibido una educación formal tantas mujeres como ahora;
dedican varios años a la enseñanza superior. La clase de instrucción no es
específicamente femenina; se matriculan y se gradúan en los colegios y en las
universidades tradicionalmente como las mejores del país.

Todos estos cambios han contribuido a una elevación más alta de la mujer en nuestra
sociedad. Esto no quiere decir que anteriormente se tratase a las mujeres
norteamericanas con deshonor y desestima. En realidad la escasez de mujeres y el clima
moral de las colonias contribuía a considerar a las mujeres en una situación especial. Esto
ya es un reconocimiento a su posición. La diferencia fundamental con respecto a la actual
elevación del “status” femenino consiste en habérsele la oportunidad de procurarse su
“status” por sí misma.

Extraído de: FICHTER, J. Sociología, 5ª edición, pp. 66-68, Herder, 1969.

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