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Programa de Formación Profesional

en Derechos Humanos

Fase de inducción

Ética en el servicio público


Directorio cdhdf

Presidenta
Perla Gómez Gallardo

Consejo
José Alfonso Bouzas Ortíz
José Antonio Caballero Juárez
José Luis Caballero Ochoa
Denise Dresser Guerra
Mónica González Contró
Nancy Pérez García
Nashieli Ramírez Hernández
María Isabel Belausteguigoitia Rius
Lawrence Salomé Flores Ayvar

Visitadurías generales
Primera Gabriel Santiago López
Segunda Montserrat Matilde Rizo Rodríguez
Tercera Yolanda Ramírez Hernández
Cuarta Ignacio Alejandro Baroza Ruíz*
Quinta Jorge Ruíz del Ángel*

Contraloría Interna
Hugo Manlio Huerta Díaz de León

Secretaría Ejecutiva
Armando Jesús Meneses Larios

Direcciones generales
Jurídica
Lutwin López López
Quejas y Orientación
José Antonio Garibay de la Cruz
Administración
Jaime Mendoza Bon
Comunicación por los Derechos Humanos
Guillermo Gómez Gómez

Direcciones ejecutivas
Asuntos Legislativos y Evaluación
Ignacio Alejandro Baroza Ruíz
Centro de Investigación Aplicada
en Derechos Humanos
Francisco Javier Conde González
Educación por los Derechos Humanos
Aída Marín Acuapan
Seguimiento
Mónica Marlene Cruz Espinosa
Vinculación Estratégica
Christian Ibeth Huerta Dávila

Secretaria Particular de la Presidencia


Erika Alejandra Solís Pérez

Coordinaciones
Tecnologías de Información y Comunicación
Rogelio Alvarado Vilchis
Vinculación con la Sociedad Civil y de Políticas Públicas
Clara Isabel González Barba
Servicio Profesional en Derechos Humanos
Mónica Martínez de la Peña

* Encargado del despacho


Programa de Formación Profesional
en Derechos Humanos

Fase de inducción

Ética en el servicio público


Contenidos: Alejandro Ordieres.

Coordinadora del Servicio Profesional en Derechos Humanos: Mónica Martínez de la Peña.

Coordinación de contenidos: Héctor Rosales Zarco, jefe del Departamento de Contenidos.

Coordinación académica: Rossana Ramírez Dagio, subdirectora de Formación Profesional.

Editora responsable: Karen Trejo Flores. Cuidado de la edición: Gabriela Anaya Almaguer. Diseño y formación:
Ana Lilia González Chávez. Corrección de estilo y revisión de planas: Haidé Méndez Barbosa.

Primera edición, 2015

D. R. © 2015, Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal


Av. Universidad 1449, col. Pueblo Axotla,
del. Álvaro Obregón, 01030 México, D. F.

www.cdhdf.org.mx

Ejemplar de distribución gratuita, prohibida su venta.

Se autoriza la reproducción total o parcial de la presente publicación siempre y cuando se cite la fuente.
Índice

Ética en el servicio público


Alejandro Ordieres

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

La importancia de la ética en el servicio público. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Módulo i. La ética, la moral, lo público y lo privado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15


Módulo ii. Los valores en la Constitución mexicana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
Módulo iii. El servicio público como parte del Estado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
Ejercicio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
Autoevaluación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110
Clave de respuestas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
Ética en el servicio público*

* Alejandro Ordieres es doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana, profesor-investigador de tiempo completo en el Instituto
Tecnológico Autónomo de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha impartido diferentes conferencias y cursos sobre
la práctica de la ética y los valores en el ejercicio profesional y es autor de diversos libros como Fundamentos para una ética ciudadana,
Formación en el pensamiento crítico y La acción y el juicio moral en David Hume.
Presentación

E
l Servicio Profesional en Derechos Humanos (spdh) fue creado en 2005 con el propósito de res-
ponder a una demanda de especialización en el trabajo que desempeña la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal (cdhdf) como organismo público autónomo.

Desde la creación del Servicio Profesional, la cdhdf ha realizado un esfuerzo significativo para consolidar
los procesos que lo integran, como el de formación profesional en el que se inscribe el Programa de For-
mación Profesional en Derechos Humanos que da marco a la elaboración de la presente guía de estudio.

Es importante referir que el objeto primordial de las guías de estudio del Programa es proporcionar a
las y los integrantes del spdh una investigación adecuadamente documentada, actual y cercana a sus
actividades profesionales. En tal sentido, se ha procurado que la exposición sea reflexiva del quehacer
cotidiano de las diversas áreas de la Comisión, lo que permitirá que quienes integran el Servicio Pro-
fesional participen en la construcción del proceso de aprendizaje mediante el análisis de los diferentes
tópicos y a partir de un contexto que les es común.

La presente guía, elaborada a partir del trabajo conjunto de la Coordinación del Servicio Profesional en
Derechos Humanos con su autor, ha sido preparada con la expectativa de reflexionar sobre la importan-
cia de la ética en la toma de decisiones de las y los servidores públicos. Para tal efecto, en el módulo i
se expone el concepto de ética y se diferencia de otros órdenes normativos como la moral y el derecho;
asimismo, se examina la relación de estos tres órdenes normativos entre sí y de ellos con la estructura
del Estado. En el módulo ii se analizan los principios que orientan el orden jurídico nacional; en este
sentido, se explica cómo el derecho tiene un soporte ético y moral expresado en las normas que guían
el actuar de las y los servidores públicos. Finalmente, en el módulo iii se estudia la importancia de las
virtudes y los valores que guían las acciones de las y los servidores públicos; además, se precisan cuáles
son los antivalores que denigran el trabajo público.

Esta edición constituye un paso importante hacia la consolidación de una metodología ad hoc de ense-
ñanza de los derechos humanos para las y los servidores públicos de los organismos públicos autóno-
mos que los protegen y, sin duda, está encaminada a fortalecer la defensa y promoción de los derechos
humanos en nuestro país.

Coordinación del Servicio Profesional en Derechos Humanos


La importancia de la ética en el servicio público

L
os seres humanos somos por naturaleza seres relacionales que vivimos y actuamos en sociedad.
Nuestras acciones no son hechos aislados que ocurren a mitad de un desierto sin mayor reper-
cusión que una mella interior provocada en la conciencia. Nuestro comportamiento, nuestra in-
dividualidad y muchas de las acciones que realizamos afectan a las personas que nos rodean, a las que
amamos, a las que simplemente conocemos e incluso a aquellas con las que simplemente nos encontra-
mos a lo largo de nuestra vida.

Al vivir en sociedad junto con otras personas, el ser humano es un agente responsable y, por lo tanto se
le exige un comportamiento ético. De esta manera, toda persona, considerada en su dimensión ética, es
por lo menos:

alguien que se preocupa imparcialmente por los intereses de cada uno de quienes se verán afectados por lo
que hace; alguien que distingue cuidadosamente los hechos y examina sus implicaciones; alguien que acepta
principios de conducta sólo después de analizarlos con cuidado para estar seguro de que son firmes; alguien
que está dispuesto a “escuchar la razón”, incluso cuando esto significa que tendrá que revisar sus conviccio-
nes previas, y, finalmente, alguien que está dispuesto a actuar siguiendo los resultados de su deliberación.1

Soy y vivo en el mundo con otras personas y ello me define. El mundo en que vivo y las cosas que me
rodean son para mí, pero también son para las y los demás y debo responder de todo ante las y los
otros que me acompañan en mi peregrinar. Pensar en un ser humano aislado es imposible; así como

James Rachels, Introducción a la filosofía moral, México, fce, 2007, p. 37.


1
10

soy arquitecto de mi propio destino, colaboro también en la construcción del


destino de las y los demás.

Al proyectarme en el mundo, cada una de mis elecciones descarta infinitas


posibilidades, pero también me abre a un sinnúmero de posibles futuros. La
dimensión ética se propone como camino de corrección en la elección y como
la posibilidad de seguir construyendo un futuro cierto y responsable. Con mis
decisiones doy sentido a este mundo y a mi propia vida; con ellas también
construyo el futuro de las y los demás que coexisten conmigo.

La ética no sólo tiene sentido por mi responsabilidad ante los demás sino
también porque me da respuesta de mí mismo, y por ello se presenta como
camino de realización personal. Como Aristóteles sugiere en los escritos que
dirigió a su hijo Nicómaco,2 la ética es el comportamiento que nos lleva hacia
el fin que todos queremos alcanzar: la felicidad. Asimismo, Platón afirmó por
primera vez en el personaje de Sócrates en su obra Critón “que no hay que
considerar lo más importante el vivir, sino el vivir bien”.3

“Es en esta perspectiva que la ética no sólo se presenta como un árbitro en


las relaciones sociales a manera de una Constitución o ley no escrita, sino
como un medio de realización, de encuentro, de felicidad.”4 La ética no sólo es
importante porque nos encontramos en un mundo con otras personas como
nosotros, sino porque nos muestra el camino para lograr lo verdaderamente
humano, lo plenamente humano.

Así, el estudio de la ética es esencial para nosotros como personas, pues un


comportamiento ético es la esencia de toda sociedad civilizada. A partir de
ésta se sustentan y construyen buena parte de las relaciones sociales. Para
Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía, las normas sociales y morales son
convenciones y “la observancia general de dichas convenciones es una condi-
ción necesaria para el orden del mundo en que vivimos, para la capacidad de
encontrar nuestro propio camino”.5

En la ética encontramos herramientas que orientan nuestras decisiones. Las


y los servidores públicos, por ejemplo, ejercen su capacidad de decisión en su
trabajo diario de muchas maneras, ya sea cuando su acción se centra en la
gestión de los recursos públicos y cumplen su papel de interfaz con los ciuda-
danos o en el contexto de su posición de establecer las políticas públicas. “La

2
Aristóteles, Ética a Nicomaquea, trad. de Antonio Gómez Robledo, México, unam, 1954.
3
Platón, Critón, 48b.
4
Alejandro Ordieres, Fundamentos para una ética ciudadana, México, McGraw-Hill, 2010, p. 7.
5
Friedrich Hayek, Los fundamentos de la libertad, Madrid, Unión Editorial, 1998, p. 94.

Fase de inducción
11

ética es un factor vital en la creación y el mantenimiento de la confianza en el


gobierno y sus instituciones”6 y en la manera en que los usan.

Hoy por hoy, cada vez es mayor la discusión del papel del Estado y las res-
ponsabilidades morales en las que éste incurre a través de las instituciones
públicas (centralizadas y descentralizadas) y las autoridades que lo represen-
tan ante las comunidades a las que terminan afectando con sus decisiones.
No basta ya con cumplir con una serie de responsabilidades que las leyes les
asignan, lo cual ya sería bastante; es necesario ir más allá del cumplimiento
mecánico y ciego de la legalidad y dar un paso más allá ante las exigencias de
una sociedad creciente y cada vez más comprometida. Ello implica una visión
ética en la administración pública que no se detiene en la letra de la exigencia
legal sino que va más allá. Significa, sí, integrar la ley en las decisiones de cada
día, pero también proyectarse responsablemente en el futuro de la sociedad.

La ética sirve como medio para juzgar las prácticas y la conducta de las y
los servidores públicos, de tal manera que las y los ciudadanos puedan estar
seguros de que el proceso de la ley y los intereses de la sociedad son respeta-
dos. De esta manera, la ética se convierte en un factor esencial para un mejor
gobierno.

Las preguntas surgen de manera inevitable: ¿de dónde proviene la capacidad


de juzgar éticamente?, ¿dónde se aprende a juzgar y, sobre todo, a actuar
éticamente?

La mayor parte de las y los alumnos reciben a lo largo de su vida una edu-
cación con el fin de prepararse para ejercer una profesión. La universidad, la
última etapa en la formación académica, es en gran medida “una escuela de
formación profesional en aquellos oficios que se supone que requieren pre-
paración académica y título universitario”.7 Las asignaturas humanas como
la ética, los derechos humanos, los valores, la responsabilidad profesional y
social, etc., muchas veces cubren un requisito académico exigido por las cer-
tificadoras, pero en la mentalidad de las y los alumnos y de las y los propios
coordinadores y directivos no son valoradas como esenciales.

La formación profesional de nuestro siglo privilegia los aspectos pragmáticos


al buscar generar trabajadores eficientes y capaces de desarrollar a cabalidad
la tarea que les es encomendada. Tal parece que lo importante es el fin, y para
conseguirlo se necesita de un especialista que se centre en el desarrollo de los
procesos generados por la empresa. De todo lo que hay que saber o se puede

6
Jolita Greblikaite, “Ethical codes in Lithuanian small and medium-sized enterprises. Problems and solu-
tions”, en New Challenges of Economic and Business Development. 2014. Conference Proceedings, Riga,
University of Latvia, mayo de 2014, p. 163.
7
Augusto Hortal Alonso, Ética general de las profesiones, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2002, p. 16.

Ética en el servicio público


12

saber, la o el estudiante contemporáneo y la o el profesionista se centran en


lo útil, en lo que necesitan para realizar su trabajo. Es lo que Ortega y Gasset
llamó “la barbarie del especialismo”.8

En otras palabras, la formación humanística, y en especial la formación ética


y en materia de derechos humanos, aunque existente, permanece como dato
anecdótico, sin hacer mella en la vida práctica de las personas. Lo importante
es la eficiencia productiva exigida por el mundo empresarial.

También el espacio propio de la política, “el espacio público destinado al diá-


logo y la posibilidad de acceder a mínimos acuerdos intersubjetivos, que per-
mitan una convivencia pacífica entre las personas”,9 ha sido avasallado por
la lógica económica que rige lo social. La política ha sido llevada a la mínima
expresión de lo político-estatal donde rigen cada vez más los criterios tecno-
cráticos y las decisiones instrumentales de un representante.10 La búsqueda de
la eficacia por encima de cualquier otro objetivo ha transformado también a
las y los servidores públicos en tecnócratas.

Ante la carencia formativa y la falta de asimilación de los valores ciudadanos,


surge la necesidad de fortalecer la vigilancia para atemperar una actitud efi-
cientista que deja de lado los valores que sustentan toda unión social para
centrarse en una visión egoísta. Esta vigilancia debe centrarse en aquellos
valores esenciales que todo ser humano podría aceptar, por lo menos esen-
cialmente.

El comportamiento ético en el servicio público es una condición sine qua non


para un buen gobierno. No sólo eso; en la actualidad, las y los servidores pú-
blicos y las instituciones públicas se encuentran bajo la vigilancia constante
de un ojo acusador y crítico que les lleva a asumir sus funciones y compro-
misos con responsabilidad y con recursos cada vez más limitados. El interés
por la vivencia de los valores éticos en el servicio público ha dejado de ser una
mera preocupación académica que se transmite en las aulas universitarias
para convertirse en un clamor popular que los gobiernos buscan hacer propio.

Esta necesidad de dotar al aparato administrativo de la flexibilidad suficiente


para responder a los cambios en las demandas de la sociedad lo “obliga, tam-

8
Véase José Ortega y Gasset, “La barbarie del ‘especialismo’”, en Martín Gardner (coord.), Los grandes
ensayos de la ciencia, México, Nueva Imagen, 1998, pp. 91-96.
9
Mónica Petracci, Derechos sexuales y reproductivos. Teoría, política y espacio público, Buenos Aires,
Teseo, 2011, p. 29.
10
Véase Jorge Dotti, “Hannah Arendt y la crítica del juicio. En ocasión de un bicentenario”, en José Sazbón
(comp.), Homenaje a Kant, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras-Universidad de Buenos Aires.

Fase de inducción
13

bién, a reforzar los puntos de referencia, los criterios y los valores que han de
iluminar el camino por el que transitan”.11

En un Estado democrático el contenido de estos valores no puede ser otro


que el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de todo ser
humano y el conjunto de principios constitucionales que una nación adopta
como propios. La o el servidor público no puede contentarse sólo con aplicar
la ley y realizar un servicio para el cual ha sido contratado (lo cual ya sería
bastante) sino que también debe aspirar a mejorar la calidad de su trabajo
y a promover activamente los derechos fundamentales de todas y todos los
ciudadanos. Para ello es necesario que interiorice los valores y principios que
éstos promueven a través de su práctica reiterada.

El servicio público, especialmente en lo que respecta a las y los gobernantes,


está sufriendo de un déficit de confianza alimentado por los escándalos que
día con día nos acompañan en las noticias y que provocan la indignación
de las y los gobernados; estos escándalos van desde actos indebidos de las y
los propios servidores hasta verdaderos casos de corrupción que, para mayor
tristeza, permanecen impunes.

Por la naturaleza de su trabajo, muchas y muchos servidores públicos ejercen


de manera discrecional su trabajo diario en la administración de los recursos
públicos, en la interrelación con la ciudadanía y en el ámbito de su función de
elaboración de las políticas.

“La ética es un importante mecanismo de control de la arbitrariedad en el


uso del poder público, un factor vital para la creación y mantenimiento de
la confianza en la administración y sus instituciones.”12 En otras palabras, la
ética es un factor clave para mejorar la calidad de la administración pública y
garantizar el respeto a los derechos de las y los ciudadanos. La ética, en pala-
bras de Thomson, “es más importante que cualquier política concreta, porque
todas dependen de ella”.13

Cuando la ética desaparece o comienza a fallar, las discusiones públicas dejan


de referirse a temas de política para centrarse en el terreno de las faltas mo-
rales y el comportamiento de las y los servidores públicos. Baste pensar a las
campañas de desprestigio de nuestra última contienda electoral en las que
las propuestas y discusiones políticas pasaron a un segundo término ante las
descalificaciones morales entre candidatos y partidos. La ética pone a salvo la


11
ocde, La ética en servicio público, Madrid, Ministerio de Administraciones Públicas/Secretaría General
Técnica/Ministerio de la Presidencia/Boletín Oficial del Estado, 1997, p. 11.
12
Idem.
13
“Government ethics provides the preconditions for the making of good public policy. In this sense, it is
more important than any single policy, because all policies depend on it.” Dennis F. Thompson, “Parado-
xes of Government Ethics”, en Public Administration Review, vol. 52, núm. 3, mayo-junio de 1992, p. 255.

Ética en el servicio público


14

democracia dejando libre el terreno para el debate sobre el fondo de la políti-


ca pública, de ahí su importancia. Éste es el sentido en el que la ética es más
importante que cualquier otra cuestión específica.14

La ética pública no busca eliminar el beneficio personal de la o el servidor


público. A pesar del rechazo social que el imaginario siente ante el beneficio
personal de éstos, no existe ninguna razón intrínsecamente mala por la cual
una o un trabajador del Estado no podría buscar un beneficio personal en
su trabajo. Lo que está mal con la búsqueda de un beneficio privado es que
normalmente conduce a la inequidad y el trato parcial, causando un daño a
la persona, la vida o los bienes de la ciudadanía en beneficio de unos cuantos
agraciados.

“When ethics are in disorder, or when citizens reasonably believe they are, one should not be surprised
14

that disputes about ethics drive out discussion about policies. Attention needs to be paid to ethics
precisely so that ethical controversy does not distract from matters that would otherwise be more
important. Ethics makes democracy safe for debate on the substance of public policy. That is why it is
so important. That is the sense in which it is more important than any other single issue.” Ibidem, p.
256.

Fase de inducción
Módulo i.
La ética, la moral, lo público
y lo privado
16

La ética
M ódulo

Se define como la ciencia


categóricamente normativa de los actos
humanos de acuerdo con la luz natural
de la razón.
i

De la moral: Del derecho:

Porque ésta atiende al contexto y no Busca promover y defender la pacífica


tiene carácter universal. Tiene un acento Se diferencia coexistencia de las personas en sociedad
coercitivo y una base social. y no el perfeccionamiento del ser
humano como persona, a diferencia de la
moral y la ética.

El privado: Se materializa en El público:

Comprende lo que se hace en un dos ámbitos: Aquello que tiene relevancia social
escenario público, privado o íntimo, pero legítima, independientemente del
que no tiene relevancia social. escenario donde se realice.

El Estado debe ser ético, pues surge


para proteger ciertos valores de todas
y todos los ciudadanos.

Los valores

Se definen como aquello que ¿Cuáles son los valores que un Las cosas valiosas cubren
tienen las cosas que nos hacen Estado democrático debe buscar necesidades y perfeccionan
desearlos. preservar y defender? al ser humano.

La libertad La tolerancia

La igualdad La legalidad

La pluralidad Los derechos de las minorías

Fase de inducción
17

i
M ódulo
La ética y la moral

La distinción entre ética y moral puede resultar algo confusa en el imaginario


social. A lo largo de la historia de la filosofía moderna y contemporánea, am-
bos conceptos han recibido contenidos relacionados aunque no idénticos, por
ello es necesario que nos detengamos un momento para definir estos concep-
tos, marcar sus semejanzas y señalar sus diferencias.

Etimológicamente el término ética se deriva de la palabra griega éthos (η̈θος)


que significa costumbre, hábito. De acuerdo con esta etimología, la ética sería
la ciencia que estudia el modo de ser propio del ser humano, sus costumbres,
sus hábitos. Así, la ética estudiaría los principios que generan determinados
tipos de comportamiento como la búsqueda del bien y el rechazo del mal.

Independientemente de su significado etimológico, podemos definir la ética La ética se define como la


como la ciencia categóricamente normativa de los actos humanos de acuerdo ciencia categóricamente
normativa de los actos hu­
con la luz natural de la razón. Como ciencia, la ética busca encontrar las razo- manos de acuerdo con la
nes de nuestro actuar y las normas que deben iluminar las decisiones de los luz natural de la razón.
actos que realizamos libre y voluntariamente.

Por esta razón, la ética pretende alcanzar un mejor entendimiento de la na-


turaleza del bien y del mal y lo que esto exige de nosotros. En otras palabras,
intenta responder a las siguientes preguntas: ¿existen el bien y el mal o sólo

Ética en el servicio público


18

son una distinción cultural?, ¿cuál es el criterio para distinguir el bien del mal?,
¿por qué debo de hacer el bien y evitar el mal?

Como puede apreciarse, estas preguntas son de carácter filosófico, y a partir


M ódulo

de su respuesta se pretenden justificar las decisiones de carácter moral a las


cuales toda persona se enfrenta. Visto de esta manera, la ética se presenta
como una ciencia que busca verdades universales, más allá de cualquier ex-
presión cultural u opinión personal, en la cual un ser humano pueda hallarse
i

inmerso también por encima de las religiones, las costumbres, las tradiciones
y de cualquier otra expresión social.

Podemos definir a la moral Por otra parte, podemos definir a la moral como un código de normas, creen-
como un código de normas, cias, valores y costumbres que guían la conducta de una persona (en cuanto
creencias, valores y costum­
bres que guían la conducta integrante de una comunidad) o de un grupo. Este conjunto de creencias,
de una persona (en cuanto valores y costumbres, aun siendo de carácter personal, tiene una connotación
miembro de una comuni­ social y, por lo tanto, proviene de una cultura, religión o de la propia sociedad
dad) o de un grupo.
en la que nos encontramos. Estas creencias y valores morales están recopila-
dos en códigos de conducta que guían y sostienen las relaciones sociales de
un grupo. Su validez se circunscribe a todas y todos los integrantes que con-
forman esa comunidad y generalmente se identifican u originan en los prin-
cipios religiosos y éticos que una comunidad acuerda respetar.

Moral proviene del latín mos, moris, que traduce el término griego éthos y que
significa igualmente costumbre o manera de actuar o comportarse. De estas
definiciones podemos colegir que la moral guarda una profunda relación con
la ética y viceversa, y así establecer ciertas semejanzas entre ambas ciencias:

1. Ambas ciencias establecen reglas y códigos de comportamiento, y pre-


tenden que sigamos las normas que establecen.
2. Ambas pretenden calificar las acciones de las personas como buenas o
malas, estableciendo percepciones del deber ser y otorgando una es-
pecie de segunda naturaleza a través del valor moral. Quien actúa de
acuerdo con estas normas será considerado como buena persona; a
quien las viola se le calificará como mala.
3. Ambas ciencias tienen el mismo objeto de estudio, que es el comporta-
miento humano libre, juzgado a la luz del valor moral.
4. De hecho, moral y ética significan lo mismo, etimológicamente ha-
blando, y tradicionalmente no se hacía diferencia alguna entre ambos
conceptos.

Sin embargo, aunque ambas palabras partan de una misma raíz etimológica,
y si bien tradicionalmente no se hacía distinción alguna, en la modernidad y
para efectos de nuestro estudio ambas ciencias, aunque relacionadas, enfren-
tan el valor moral desde un punto de vista diferente. Para poder distinguirlas
de manera adecuada es necesario marcar las siguientes diferencias:

Fase de inducción
19

1. La moral tiene una base social, encuentra su origen en las tradiciones Diferencias entre la ética y
religiosas y sociales que se han ido generando a lo largo del tiempo. Las la moral:

normas morales son establecidas por la sociedad, impuestas en cierta 1. La ética pretende ser el
manera a través de la cultura, la educación y la familia a cada una de resultado de elecciones

i
las personas que integran una sociedad. La ética, en cambio, pretende personales; la moral tie­

M ódulo
ne una base social.
ser el resultado de elecciones personales a partir de las cuales se busca, 2. La ética presenta una
de manera individual, fijar sus propias normas después de un juicio orientación axiológica
crítico, más allá de lo que las reglas morales puedan indicar. mientras que la moral
pone su acento en un
2. Mientras las normas morales ponen su acento en su carácter norma- carácter coercitivo.
tivo y coercitivo a través de la presión social, la ética presenta una 3. La ética pretende ser uni­
orientación meramente axiológica. La norma ética se percibe como un versal; la moral es con­
textual y relativa.
bien personal y se realiza por convicción, mientras que la norma mo-
ral muchas veces es percibida como impuesta, ajena, distante, aunque
también puede ser asimilada y aceptada como propia (que, de hecho,
es lo que normalmente sucede).
3. La ética pretende ser universal. Se presenta a sí misma como un criterio
racional y ponderado que sirve para evaluar decisiones morales con-
cretas más allá de cualquier determinismo social o religioso; y como un
medio de diálogo entre diferentes visiones del mundo, ya que en teoría
todos los seres humanos son capaces de concordar racionalmente en
ciertos puntos esenciales en torno al comportamiento humano, como
en aquéllos referentes a la defensa de la vida, de la verdad, de los de-
rechos humanos, etcétera.
La moral, en cambio, no pretende imponerse (al menos no siempre)
a aquellas personas que no pertenecen a nuestra cultura y que no con-
viven en nuestra sociedad. En este sentido, la moral no es única sino
que existen muchas morales circunscritas a un territorio, a un pueblo,
a una religión o a un grupo social reducido, entre otros.

Así pues, analizar el problema del bien y cómo debe comportarse el ser hu-
mano, independientemente del conjunto de normas que de hecho rijan a una
sociedad en un momento dado, es un problema de la ética. La moral, por su
lado, se ocupa del estudio de la expresión de esas normas dentro de cada
comunidad. Analizar, por ejemplo, si debe y cómo debe respetarse la liber-
tad de expresión religiosa es un problema de carácter ético (que es también
de carácter legal, dada su importancia para la paz y la convivencia sociales);
las costumbres religiosas de una comunidad o país determinado, cómo éstas
afectan las relaciones sociales de una comunidad determinada y cómo deben
comportarse las personas dentro de ella, son problemas morales.

Como podrá notarse en el ejemplo anterior, algunos problemas éticos y al-


gunos problemas morales, por su importancia para garantizar la armonía so-
cial, deben ser abordados desde el punto de vista legal. No es fácil ponerse
de acuerdo. No todos concuerdan con los mismos supuestos éticos y menos
con las mismas normas morales. “Tanto moral como físicamente, sólo hay un

Ética en el servicio público


20

mundo, y todos tenemos que vivir en él”,15 y en ese único mundo en el que
todos vivimos no existe una visión compartida y unitaria sobre el bien y el mal
ni sobre la forma de llevar una vida buena, en armonía con todos los seres que
nos rodean. Vivimos en una sociedad cada vez más globalizada y multicultural
M ódulo

formada por seres humanos que conviven e interactúan constantemente.

No se trata de imponer una visión única. La fuerza de la ética (que de hecho


pretende ser universal) no radica en que sea global ni en que se imponga de
i

manera arbitraria “sino en que sea esencial, fundacional y común a todos los
seres humanos. Y todos los seres humanos se adhieran ya a ella, no una vez
más, debido a su globalidad, sino a que sin ella sus propias sociedades y co-
munidades locales no podrían funcionar”.16

Ética, moral y derecho

Así pues, ética y moral tienen repercusiones en la vida social, son la amalgama
más profunda que da unidad y paz a todo grupo humano. Sin embargo, ante
la variedad creciente de culturas y visiones del mundo que integran las so-
ciedades modernas, los gobiernos buscan normar algunos aspectos de la vida
práctica y la convivencia social. Los campos en que actúan la ética y la moral
no siempre son de carácter privado o íntimo sino que rebasan la esfera par-
ticular y trascienden a la categoría de actos públicos que por su importancia
deben ser normados por el Estado a través de la ley.

Moral, ética y derecho son Moral, ética y derecho son ámbitos cercanamente emparentados, pero dife-
ámbitos cercanamente em­ rentes. Todas son órdenes de la conducta que regulan las relaciones de las
parentados, porque son ór­
denes de la conducta que personas. “La moral, que se refiere a los valores individualmente aceptados, al
regulan las relaciones de volverse parte de la cultura de una sociedad se convierte en moral social”17 y
las personas. tiende a formar parte del derecho que consigna, con la fuerza de su “impera-
tividad, los valores morales que la sociedad considera necesarios para su or-
den, subsistencia y desarrollo. Por ello se ha dicho que el derecho es la moral
social destacada”.18

A diferencia de la moral Pero a diferencia de la moral y la ética, el derecho no tiene como finalidad
y la ética, el derecho no principal el perfeccionamiento del ser humano sino que busca promover y
tiene como finalidad prin­
cipal el perfeccionamiento defender la pacífica coexistencia de las personas en sociedad. Por eso tutela
del ser humano sino que sólo aquellos valores que considera indispensables para ordenar la conviven-
busca promover y defender
la pacífica coexistencia de
las personas en sociedad.
15
Mary Midgley, Heart and Mind, Nueva York, St. Martin’s Press, 1981, p. 72.
16
John Dalla Costa, El imperativo ético. Por qué el liderazgo moral es un buen negocio, México, fce, 2007,
p. 37.
17
Miguel de la Madrid H., “Los valores en la Constitución mexicana”, en Los valores en el derecho mexica-
no, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam, 1996, p. 261.
18
Idem.

Fase de inducción
21

cia humana a través de normas jurídicas establecidas que se hacen obligato-


rias a través de la sanción del Estado.

Se ha asociado la validez del derecho con la moral porque el fin del derecho se

i
dirige hacia una moral, así la moral es el fundamento sobre el que descansa

M ódulo
la validez del derecho, porque de acuerdo con una visión consuetudinaria el
hacer posible la moral constituye una meta del orden jurídico. El derecho tiene
su origen en la moral de un pueblo, pero no se agota en ella y menos aún en
las actuales sociedades multiculturales donde las fuentes de la moralidad a
veces son extremadamente diferentes.

Aun cuando el derecho y la moral pueden coincidir en el contenido de un Aun cuando el derecho y la
mandamiento, difieren en la forma de exigir su realización. El derecho utiliza moral pueden coincidir en
el contenido de un manda­
la coerción a través de penas establecidas y la intervención de un magistrado miento, difieren en la forma
que juzga el acto emitiendo un juicio condenatorio o aprobatorio. de exigir su realización. El
derecho utiliza la coerción
respaldada por el Estado.
En la visión positivista del origen o fundamento de la norma jurídica no existe
un fundamento moral basado en la bondad o maldad de la norma sino en la
conveniencia para la sociedad de lo que la ley necesita mandar. Desde este
punto de vista, el derecho no juzga la bondad o maldad de los actos humanos
sino su legalidad o ilegalidad. Legal no es lo mismo que legítimo. No todo lo
que es lícito es honesto y viceversa, no todo lo que es honesto es legal. De
esta manera en las legislaciones modernas occidentales moral y derecho han
sufrido una cierta separación en cuanto a los fundamentos de cada ciencia,
aunque en el imaginario de la sociedad sigue prevaleciendo la idea de que
ambas comparten las mismas fuentes y, por lo tanto, lo que es legal también
es honesto.

Por otra parte, el derecho no pretende normar, ni puede, toda la actividad


humana de una sociedad. Para comprender mejor cuando un problema ético o
moral escapa de las esferas íntima y privada para convertirse en un asunto de
interés público y, por lo tanto, parte del derecho, es necesario que abordemos
la distinción entre lo íntimo, lo privado y lo público.

El ámbito de lo público

Ernesto Garzón, en su artículo “Lo íntimo, lo privado y lo público”,19 da algunas


pautas interesantes para distinguir tres ámbitos del actuar humano libre:

1. A la esfera de lo íntimo pertenecen los pensamientos y decisiones par-


ticulares, aquellas acciones tan personales que no requieren de la in-

Ernesto Garzón Valdés, “Lo íntimo, lo privado y lo público”, en Claves de Razón Práctica, núm. 137,
19

Madrid, noviembre de 2003, pp. 14-24.

Ética en el servicio público


22

tervención de terceros y que tampoco los afecta. Al formar parte de


un ámbito interno escaparía de toda valoración ética (aunque posible-
mente no moral o religiosa). En otras palabras, lo propio de lo íntimo
es el ser autorreferente, que no trasciende más allá de la persona que
M ódulo

actúa.
2. El ámbito de lo privado, a diferencia de lo íntimo, requiere necesa-
riamente la presencia de por lo menos dos actores. Es el “ámbito re-
servado para las relaciones interpersonales donde la selección de los
i

participantes depende de la libre decisión de cada individuo”.20


3. Lo público, por el contrario, se caracterizaría a partir de la idea de la “li-
bre accesibilidad de los comportamientos y decisiones de las personas
en sociedad, y englobaría las cosas que pueden y deben ser vistas por
cualquiera”.21

De acuerdo con esta clasificación, tal parecería que la vida social sólo com-
prende lo público, eliminando las esferas de lo íntimo y lo privado por no in-
volucrar a la sociedad. De esta manera la religión, por ejemplo, mientras no
tenga expresiones sociales que involucren a terceros, es un tema personal y
privado en el que el Estado no debe entrometerse.

Ahora bien, no parece ser suficiente esta división para la distinción que Ernesto
Garzón se propone hacer. De acuerdo con Isabel Linfante,22 los conceptos de
íntimo y privado van más allá de esa reducida descripción. Es necesario ampliar
ambas esferas con base en dos criterios. “En primer lugar, el escenario (privado
o público) en que se lleva a cabo una acción, y en segundo lugar, la existencia o
no de relevancia social legítima de la conducta”;23 el primer criterio es descrip-
tivo y el segundo valorativo.

Bajo estos nuevos criterios, un acto puede ser privado o íntimo en el sentido
en que se realiza en un escenario que no es público (por ejemplo, la intimi-
dad del hogar) o en el sentido de que carece de importancia social. Existen
actos públicos que, al carecer de relevancia social, pertenecen a la esfera de
lo privado o incluso de lo íntimo. Por ejemplo, si voy a tomar un café con mi
amiga a una cafetería se trata de un acto privado, no obstante que dicha re-
unión se desarrolle en un lugar social o que dicha cafetería se encuentre muy
concurrida en ese momento. Así, no es absurdo afirmar que una conducta
determinada realizada en público “debe tratarse como una conducta privada,
en el sentido de que no consideramos legítima su divulgación”.24

20
Ibidem, p. 15.
21
Ibidem, p. 16.
22
Isabel Linfante Vidal, “Sobre la distinción entre lo íntimo, lo privado y lo público de Ernesto Garzón
Valdés”, en Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, núm. 30, Alicante, 2007, pp. 129-133.
23
Ibidem, p. 131.
24
Ibidem, p. 132.

Fase de inducción
23

Por otra parte, un acto absolutamente privado como es la conversación de un


político, puede y debe ser considerada como pública si tiene relevancia social,
y debe permitirse su divulgación si es realizada por medios lícitos. Como se
puede apreciar, estos dos nuevos criterios cambian radicalmente la definición

i
inicial de lo público, lo privado y lo íntimo. De esta manera, es posible integrar

M ódulo
estas tres nociones (íntimo, privado y público), sólo en dos esferas: la pública
y la privada. Lo privado engloba lo que hacemos en un escenario público, pri-
vado o íntimo pero “que no tiene relevancia social y, por tanto, no debería ser
legítima su divulgación por mucho que sea realizado en un espacio de libre
accesibilidad”.25 En cambio lo público sería aquello que tiene relevancia social
legítima, independientemente del escenario donde se realice (privado, íntimo
o público).

Lo privado debería de escapar de instancias normativas por parte del gobierno, Lo privado engloba lo que
mientras que lo público está sujeto a la investigación y a la regulación por hacemos en un escenario
público, privado o íntimo,
parte del Estado, independientemente del escenario en donde se desarrollen pero “que no tiene relevan­
las conductas a analizar.26 Lo público no es lo que corresponde al Estado y lo cia social y, por tanto, no
privado lo que corresponde a los particulares. Éste es un sentido económico debería ser legítima su di­
vulgación por mucho que
que no debe confundirse con los actos morales que aquí estamos analizando. sea realizado en un espa­
cio de libre accesibilidad”.
El poder político siempre pertenece a la esfera de lo público aunque se ejerza
En cambio, lo público sería
algunas veces de manera oculta, autocrática, en secreto o a espaldas de la aquello que tiene relevancia
gente. Por esta razón, buena parte de las acciones que realizan las y los servi- social legítima, indepen­
dores públicos, incluso fuera de su zona u horario de trabajo, son conductas dientemente del escenario
donde se realice (privado,
públicas.27 íntimo o público).

Por otra parte, los particulares (personas físicas y morales), que en teoría de-
sarrollan sólo conductas privadas, en realidad intervienen a nivel público y,
por ello, pueden y algunas veces deben ser regulados por el Estado en sus
actividades. Lo público puede ser publicitado independientemente de quién
sea el actor (los particulares o el Estado). Quienes no desean salir a la luz y
prefieren ocultar sus actos públicos excusándose en la privacidad del hogar

25
Idem.
26
Existen algunas conductas que podrían pensarse como parte del ámbito privado y que, sin embargo, son
protegidas por los derechos humanos debido a que se presentan como problemas de interés público por
la afectación que implican en lo social. Tal es el caso de la defensa de los derechos de las mujeres y la
obligación que el Estado tiene en cuanto a su protección en el ámbito privado (sobre todo el derecho de
toda mujer a una vida libre de violencia). Como ejemplo podemos señalar la Convención de Belém do
Pará: “Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier
acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicoló-
gico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Véase Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, Convención de Belém do Pará, adoptada por
la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, Belém do Pará, Brasil, 6 de septiem-
bre de 1994, artículo 1º.
27
Véase Norberto Bobbio y Nicola Matteucci, Diccionario de política, México, Siglo xxi, 2005, pp. 17-19.

Ética en el servicio público


24

o de las reuniones personales constituyen una amenaza potencial para los


derechos fundamentales de las personas y de la democracia.

De la misma manera, una sociedad que se transparenta en el ámbito público


M ódulo

debe defender la esfera de lo privado. La publicidad de lo privado violenta


los derechos fundamentales de todo ser humano. Las libertades de pensa-
miento, de expresión, de religión, de tránsito, etc., sólo pueden florecer ahí
donde la intimidad está salvaguardada por la ley.
i

En este sentido, el ámbito de lo íntimo y lo privado parecerían escapar de toda


calificación moral o juicio social. Pero esta separación entre lo privado y lo
público algunas veces no parece ser clara para las y los servidores públicos.
En ocasiones ciertas conductas íntimas o privadas moralmente cuestionables
pueden afectar directamente el trabajo de una o un servidor público o al me-
nos cuestionar sus intenciones y eficacia como cuando, por ejemplo, el secre-
tario técnico de la Comisión Nacional contra las Adicciones tiene problemas
con el alcohol o el tabaco, o cuando una o un servidor público que tiene poder
de decisión en las adquisiciones por parte del gobierno se relaciona mercan-
tilmente con algunos de sus proveedores.28

A medida que el papel que una persona desempeña es cada vez más público,
la esfera de su vida privada se va reduciendo hasta llegar a un punto donde
no es posible distinguir lo público de lo privado. En estos casos es casi inevita-
ble el conflicto de intereses, ya que entran en conflicto los bienes y derechos
privados con las obligaciones y el papel público de la o el servidor público.
Ante este conflicto natural (e inevitable en algunos casos), la sociedad tiende
a pedir actitudes casi religiosas de abnegación y rechazo a las y los servidores
públicos exigiéndoles en la práctica toda renuncia a un sano deseo de progre-
so y superación personal para dedicarse al servicio de la sociedad.

Para tratar de palear este conflicto es necesario adentrarnos en el concepto


de Estado, su fundamentación, objeto y finalidad para comprender su fun-
ción, sus alcances y sus límites, eliminando toda idealización que ve en la o
el líder político a un mesías que viene a rescatar al pueblo de sus dolencias y
necesidades.

“Es verdad que la separación entre la moral pública y la privada no está muy clara como implican los
28

ejemplos. Algunos tipos de inmoralidad que serían considerados privados pueden afectar indirecta-
mente la capacidad de un funcionario para hacer un trabajo. Cuando un fiscal general pertenece a un
club privado que discrimina a los negros y a las mujeres, cuando el titular de la dependencia de drogas
es adicto a los cigarrillos, cuando el jefe de la Comisión de Bolsa y Valores es culpable de golpear a su
esposa, la sociedad lo juzga y se siente indignada justamente. Los funcionarios en estos casos reco-
nocieron, o se vieron obligados a reconocer, que su conducta privada tenía una relación demasiado
cercana con su función pública: Griffin Bell renunció a su club, Bill Bennett evidentemente dejó de
fumar y John Fedders renunció a la sec.” Dennis F. Thompson, op. cit., p. 256.

Fase de inducción
25

Aparición, evolución y finalidad del Estado moderno

El Estado moderno surgió entre los siglos xv y xvii como un proceso para en-
frentar la crisis del feudalismo y las guerras entre reinos a inicios del siglo xv.29

i
La organización política y social de la Edad Media, basada en el vasallaje y la

M ódulo
autonomía política y económica de los territorios o feudos, quedó obsoleta
como resultado de los cambios políticos, sociales y económicos que se gene-
raron a partir del siglo xiii. La estructura piramidal que hacía depender a los
siervos de la gleba del señor feudal evolucionó conforme la base fue cambian-
do. Surgieron cada vez con más frecuencia comerciantes, artesanos, merca-
deres, etc., que se constituyeron en gremios para su defensa y organización.30

Los feudos ya no podían mantener su sistema de aislamiento, los pequeños El Estado moderno surgió
territorios tuvieron la necesidad de organizarse a través de alianzas matrimo- como un proceso para
enfrentar la crisis del feu­
niales que unían, por lazos de sangre o de conveniencia, a los diferentes reinos dalismo y las guerras entre
entre sí. La dispersión del poder político, social y económico, propia del me- reinos a inicios del siglo
xv. Por primera vez y bajo
dioevo, evolucionó en la centralización del poder, en todos sus géneros, en
la guía de monarcas exis­
una sola persona: el rey. tió un Estado que poseía
identidad cultural, unidad
Este proceso en el que los reyes buscaron reafirmar su autoridad más allá de de lengua y un poder cen­
tralizado, y estaba organi­
sus feudos tuvo el apoyo de la burguesía naciente como resultado del sistema zado bajo códigos legales
económico que acompañó a la nueva visión política. Por primera vez, y bajo formales. Todos estos cam­
la guía de monarcas, existió un Estado que poseía identidad cultural, unidad bios convergieron, en los
planos jurídico y político,
de lengua, un poder centralizado y estaba organizado bajo códigos legales en la institucionalización
formales. y normativización a través
del derecho.

Todos estos cambios convergieron en el plano jurídico y político, en la institu-


cionalización y normativización a través del derecho. El nuevo Estado moder-
no se sustentó en la ley y ésta garantizó las transacciones comerciales entre
particulares y países, la paz social, la justicia, etc. El pensamiento común de la
mayoría de las y los pensadores políticos era crear un poder estatal que sacara
al ser humano de la indefensión en la que se encontraba en el estado de na-
turaleza. A partir de este momento, el Estado, su origen y su poder no depen-
dieron de una visión teológica. Se produjo la secularización del poder político
y de todas sus instituciones, buscando el sometimiento de las Iglesias al poder
del Estado y consolidando las lenguas locales como lenguas nacionales.

Posteriormente, durante los siglos xvii, xviii y xix se transformó en una realidad
política en el que las personas se agrupaban con sus semejantes como resul-
tado de su libre elección. Se establecieron una serie de relaciones, intercambio

29
Véase Massimo Severo Giannini, Derecho administrativo, Madrid, Ministerio para las Administraciones
Públicas, 1991, p. 47.
30
El presente apartado se debe en buena parte a los apuntes inéditos de Estanislao de Kostka Fernández
Fernández, Génesis y evolución histórica del Estado.

Ética en el servicio público


26

de servicios y divisiones de tareas basados en una Constitución otorgada por


el propio pueblo, y no por un poder mayor, que garantizaba derechos fun-
damentales y evitaba que el poder se concentrara en las manos de una sola
persona.
M ódulo

El proceso de integración y democratización del Estado moderno fue gradual


y resultado de cambios ideológicos, sociales, religiosos, económicos, y con
ciertas pretensiones de fundamentación científica. Hobbes, por ejemplo, para
i

fundamentar el Estado moderno analizó la naturaleza humana para conocer


la conducta de las personas. Los seres humanos compiten entre sí para poder
satisfacer sus necesidades y “si dos hombres desean la misma cosa, y en modo
alguno pueden disfrutarla ambos, se vuelven enemigos, y en el camino que
conduce al fin […] tratan de aniquilarse o sojuzgarse uno a otro”;31 de ahí
que un agresor no teme otra cosa que más que a otra persona que puede,
por asociación con otras, fuerza propia o astucia, quitarle lo necesario para
la propia subsistencia. La desconfianza, la competencia y el deseo de gloria,32
que esta situación genera, mantiene a las personas en un estado de guerra
permanente de todos contra todos.

La naturaleza de este estado de guerra consiste no en una “lucha actual sino


en la disposición manifiesta a ella durante todo el tiempo en que no hay
seguridad de lo contrario”.33 En tal estado, la única seguridad proviene de
la propia fuerza e inteligencia, y por el temor que esto produce no es posible
progresar. “El temor a la muerte, el deseo de las cosas que son necesarias para
una vida confortable, y la esperanza de obtenerlas por medio del trabajo”, son
las pasiones que inclinan a las personas a la paz. Para lograrla, la razón sugiere
normas adecuadas con las que las personas pueden concordar. Un ser humano
está dispuesto, cuando otros también lo están, a renunciar a su derecho a usar
la fuerza para defenderse y a renunciar a su libertad (mientras otros también
renuncien a ella) a cambio de la paz y seguridad que un periodo de tranquili-
dad le proporciona. Las leyes que regirán a los seres humanos son las leyes de
la naturaleza (“justicia, equidad, modestia, piedad y, en suma, la de haz a otros
lo que quieras que otros hagan para ti”34).

Así pues, el ser humano cede sus derechos y le otorga su fuerza a una persona,
llamada Leviatán, mediante un pacto. La persona que asume la fuerza para
garantizar la paz es el soberano y posee un poder supremo sobre sus súbditos
y sobre su territorio. En palabras de Hobbes, la esencia del Estado se puede de-
finir así: “una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos,

31
Thomas Hobbes, Leviatán, o la materia, forma y poder de una República eclesiástica y civil, México, fce,
1984, p. 101.
32
Véase ibidem, p. 102.
33
Ibidem, p. 104.
34
Ibidem, p. 137.

Fase de inducción
27

realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de
que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno,
para asegurar la paz y la defensa común”.35

i
Por primera vez en la historia registrada de la humanidad, se buscó justificar

M ódulo
el poder y el orden político a través de un pacto libre y soberano entre los
seres humanos nacidos libres e iguales. El Estado moderno se instituye no por
la voluntad divina, sino por el pacto que una multitud de personas realizan
mutuamente otorgando a una sola o a una asamblea, el poder de representar
a todas.36

A pesar de la gran revolución que el Leviatán de Hobbes proponía desde el Hobbes buscó justificar el
punto de vista intelectual, su visión seguía conservando esencialmente el ab- poder y el orden político
a través de un pacto libre
solutismo monárquico, reduciendo el pacto y la libertad humana a un momen- y soberano entre los seres
to inicial en la creación del Estado. Sin embargo, la Revolución gloriosa de humanos nacidos libres e
1688, la guerra de independencia estadounidense, la difusión del protestantis- iguales. El Estado moderno
se instituye no por la volun­
mo por Europa y la Revolución francesa pusieron las bases del derrumbamien- tad divina sino por el pacto
to definitivo del antiguo régimen y establecen el origen del Estado liberal. que una multitud de perso­
nas realizan mutuamente al
otorgar a una sola o a una
Muchos autores también establecen una íntima relación entre el nacimien- asamblea el poder de re­
to del capitalismo, la ética calvinista y el establecimiento del Estado liberal. presentar a todas como un
Max Weber, por ejemplo, parece hacer depender el éxito del capitalismo y del acto de protección frente a
las o los demás.
modelo liberal de la disciplina calvinista.37 Mientras que las demás religiones
motivaban un regreso a las tradiciones político-religiosas, el calvinismo bus-
caba una vía de libertad para el ejercicio de su fe. En Inglaterra se establece la
tolerancia religiosa y la defensa de la libertad individual, eliminando el auto-
ritarismo religioso tradicionalista. Es el Renacimiento de las teorías estoicas y
del iusnaturalismo que defenderá la idea de que son la razón y la naturaleza
humana las que fundamentan la ética, la política y la sociedad. El ser humano El iusnaturalismo defiende
la universalidad de las le­
tiene derechos anteriores a cualquier forma de gobierno que le deben ser re- yes, no porque alguien así
conocidos por el simple hecho de ser una persona. lo haya dispuesto sino por­
que están basadas en la
na­turaleza humana. Así,
El iusnaturalismo defiende la universalidad de las leyes, no porque alguien así la persona y su dignidad es
lo haya dispuesto sino porque están basadas en la naturaleza humana. Así, la el nuevo centro alrededor
persona y su dignidad es el nuevo centro alrededor del cual se construyen las del cual se construyen las
visiones políticas y se elimi­
visiones políticas y se elimina a la autoridad arbitraria y despótica. na a la autoridad arbitraria
y despótica.
Locke condensará esta nueva visión en su Ensayo sobre el gobierno civil.38
Esencialmente, para Locke el hombre es por naturaleza libre y nace en “un
estado de igualdad, dentro del cual todo poder y toda jurisdicción son recípro-

35
Ibidem, p. 141.
36
Véase ibidem, p. 142.
37
Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Madrid, Alianza, 2001.
38
John Locke, Ensayo sobre el gobierno civil, Madrid, Aguilar, 1980.

Ética en el servicio público


28

De acuerdo con la explica­ cos, en el que nadie tiene más que otros, puesto que no hay cosa más eviden-
ción del origen del Estado te que el que seres de la misma especie y de idéntico rango, […] sean también
de Locke, el ser humano se
encuentra bajo la ley natu­ iguales entre ellos, sin subordinación ni sometimiento”.39 Para él, el ser huma-
ral que le guía, le iguala y no se encuentra bajo la ley natural que le guía, le iguala y le garantiza su vida
M ódulo

le garantiza su vida, la de y la de sus semejantes, su libertad y su propiedad. Precisamente para impedir


sus semejantes, su libertad
y su propiedad, precisa­ que las personas atropellen los derechos de las y los demás, que se dañen re-
mente para impedir que las cíprocamente, y para que “sea observada la ley de la naturaleza, que busca la
personas atropellen los de­ paz y la conservación de todo el género humano, ha sido puesta en manos de
i

rechos de las y los demás.


todos los hombres dentro de ese estado, la ejecución de la ley natural”;40 por
esta razón cualquier persona tiene el derecho a castigar a las y los transgreso-
res de esa ley.

El problema es que nadie es buen juez de su propia causa. Para salir del estado
de naturaleza y garantizar la imparcialidad en el castigo de los agresores se
necesita la constitución de una autoridad política que avale la igualdad, la
libertad, la imparcialidad y la seguridad de la aplicación de la ley natural que,
por carencias de la naturaleza humana, como el egoísmo y la parcialidad hacia
su propio interés, puede errar al juzgar y al intentar defender la ley natural.

Esta nueva propuesta introducirá en la realidad del Estado la existencia de li-


bertades civiles previas a la organización estatal y la supremacía de la sociedad
civil por encima de cualquier forma de gobierno. De esta manera, el Estado se
convierte en un instrumento que permite y garantiza la acción de las personas
y que para ello las debe proteger de la injusticia y la opresión de quienes quie-
ran abusar de su libertad.

Podríamos afirmar que Locke marca el nacimiento del Estado liberal moderno
que se fundamenta en tres presupuestos básicos:

1. La eliminación del absolutismo político, basado en un poder arbitrario


concedido por derecho divino para defender el absoluto y total impe-
rio de la ley.
2. La ley, a su vez, se fundamenta en el reconocimiento de derechos fun-
damentales inherentes a todo ser humano, que tendrán su expresión
positiva en la Declaración de Derechos de Virginia en 1776 y que serán
integrados en la Constitución de Estados Unidos en 1789, así como
en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de Fran-
cia en el mismo año. El Estado liberal es un Estado de derecho donde
todo hombre es dueño de su propia vida y destino y el Estado tiene la
función de coadyuvar en los fines particulares de todo hombre.

Ibidem, p. 5.
39

Ibidem, p. 7.
40

Fase de inducción
29

3. Garantizar la seguridad y protección en las relaciones comerciales y


de la propiedad como un derecho inalienable de todo ser humano. El Estado liberal es un Es­
tado no intervencionista. Su
La certeza económica es parte esencial de la nueva clase libre que no función es la de subsidiar
depende de un señor que vela por él. No podría haber verdadera liber- a la sociedad civil allí

i
tad si en lo económico los ciudadanos siguieran dependiendo de un donde ésta no pueda ha­

M ódulo
cerse cargo, es decir que
monarca o gobernante que les protege. debe garantizar el orden
social interno, defender a
El Estado liberal es un Estado no intervencionista. Su función es la de subsidiar la sociedad de agresiones
externas y proporcionar
a la sociedad civil allí donde ésta no pueda hacerse cargo. Es decir, debe ga- aquellos servicios que la
rantizar el orden social interno, defender a la sociedad de agresiones externas iniciativa privada no quiera
y proporcionar aquellos servicios que la iniciativa privada no quiera o no pue- o no pueda proporcionar y
que sean necesarios para
da proporcionar y que sean necesarios para el buen funcionamiento de la el buen funcionamiento de
sociedad. la sociedad.

Como contraparte del Estado liberal económico de corte anglosajón, surge


la propuesta francesa del Estado republicano de Rousseau. Para el pensador
ginebrino, “el hombre ha nacido libre, y en todas partes está encadenado”.41
Rousseau explica la inte­
La necesidad de subsistir hizo que el ser humano, incapaz de generar nuevas gración del Estado a par­
fuerzas, tuviera que asociarse, generando desigualdad y enfrentamiento. tir de la conformación del
contrato social. Éste se pre­
senta como la solución a la
El contrato social se presenta como la solución a la necesidad de asociarse pero necesidad de asociarse,
conservando la libertad y autonomía de cada individuo. A través de este pacto pero conservando la liber­
las personas entregan su libertad a toda la comunidad a cambio de recibir, a su tad y autonomía de cada
individuo. A través de di­
vez, la libertad de todas las demás, produciendo “un cuerpo moral y colectivo cho pacto, cada ser huma­
compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, el cual recibe de no cede su libertad natural
este mismo acto su unidad, su yo común, su vida y su voluntad”.42 Cada ser a cambio de la libertad
política y queda sujeto a
humano cede su libertad natural a cambio de la libertad política y queda sujeto la voluntad general que se
a la voluntad general que se expresa en las leyes. expresa en las leyes.

El pacto social dio existencia y vida al cuerpo político; las leyes le dan movi- El Estado republicano se
miento y voluntad. La esencia de la libertad individual se expresa en la libertad convierte, a diferencia del
Estado liberal, en un cuer­
general que se refleja en las leyes. El Estado republicano se convierte, a dife- po que busca el mismo fin
rencia del Estado liberal, en un cuerpo que busca el mismo fin y se orienta y se orienta como una sola
como una sola persona moral a la consecución de los fines de la sociedad. La persona moral a la conse­
cución de los fines de la
legislación y el poder del Estado se extienden más allá de lo absolutamente sociedad.
necesario y se perfila como el único camino donde el ser humano, como indi-
viduo, puede alcanzar su realización. El Estado, según Rousseau, debe orientar
y gobernar a la comunidad, sometiendo las voluntades particulares a la volun-
tad general cuando éstas difieran. Para vivir bien se requiere de la voluntad
general que gira en torno a la búsqueda del bien común. Por lo que, si las
voluntades particulares prevalecieran sobre la general, ésta nunca podría al-
canzarse.

Jean Jacques Rousseau, El contrato social, Madrid, Aguilar, 1973, p. 28.


41

Ibidem, p. 39.
42

Ética en el servicio público


30

Así pues, la propuesta francesa generará la idea del Estado republicano demo-
crático que supone el mantenimiento de los principios del Estado de derecho
liberal, pero con un aumento de la intervención estatal y con un desarrollo de
los principios democráticos manifestados en el reconocimiento de derechos
M ódulo

económicos y sociales, privilegiando, sobre todo, estos últimos.

La visión inglesa y la visión francesa del Estado tendrán como punto en co-
mún la parlamentarización de la política y la consiguiente aparición de los
i

partidos políticos. A lo largo de todo el siglo xix se forjó un movimiento de-


mocratizador de tendencias revolucionarias. Se busca el sufragio masculino
universal como expresión de igualdad y concreción de los derechos alcanza-
dos. La inclusión de las clases sociales menos favorecidas en la vida política y
la conciencia que éstas adquieren de sus derechos favorecerá el pensamiento
socialista.

La industrialización y la consiguiente transformación del trabajo (largas jor-


nadas de trabajo, bajos salarios, falta de seguridad y de higiene, etc.) forjaron
una nueva clase social explotada por quienes detentaban la propiedad de los
medios de producción. La clase obrera adquirirá conciencia de sí misma y
buscará organizarse en defensa de sus intereses. Con Marx y Engels como
ideólogos, el socialismo concebirá al Estado como un instrumento al servicio
de la clase dominante y por esta razón deberá ser eliminado si se quiere lograr
la justicia y la paz. El Estado debe ser responsable del bienestar social y no un
medio para oprimir a las y los trabajadores en favor de los dueños de los me-
dios de producción. Con el tiempo, el movimiento obrero adquirió más y más
fuerza gracias a una creciente capacidad organizativa.

La crisis del orden internacional que encuentra su manifestación más patente


en la primera Guerra Mundial demuestra que el republicanismo y el Estado
liberal ya no garantizan las relaciones pacíficas entre los Estados. La crisis
política aunada a la crisis económica llevan al Estado liberal a revisar sus prin-
cipios de no intervención. Así, los Estados van a recurrir al gasto público para
reactivar las economías y luchar contra el desempleo y también intervendrán
en la organización social como principal agente económico tratando de lograr
una mejor distribución económica dando inicio a la política social.

El siglo xx fue testigo del nacimiento de tres diferentes tipos de Estado: el fas-
cista, el socialista o comunista y el social y democrático (Estado de bienestar).

Al inicio del siglo pasado, la situación en gran parte de Europa occidental era
diferente y ambigua. Los partidos que dieron origen al nacionalismo y al fas-
cismo fueron el producto de la desmoralización de la primera Guerra Mundial.
Sus dirigentes fueron demagogos y sus llamadas filosofías eran mosaicos de
viejos prejuicios en los que se apelaba a miedos y odios comunes y no a pro-
pósitos bien definidos. Ambas corrientes totalitarias se presentan como una

Fase de inducción
31

tercera vía entre el comunismo y el capitalismo. Su pretensión era integrar


capital y trabajo aunque en la realidad fueron dictaduras del capital que ne-
garon la lucha de clases. Ambas visiones se fundamentan en la imagen de un
líder carismático que, bajo la idea de llevar la salvación a la sociedad, adopta

i
formas de dictadura y fortalece un Estado autoritario. La ley sólo se consideró

M ódulo
la expresión de un ideal de un Estado fuerte, ya sea basado en la raza o en las
glorias de una cultura dominante del pasado. El Estado se fortaleció, lo que
supuso la intervención y control por parte de las autoridades públicas y con
ello la desaparición del reconocimiento de las libertades y de los derechos
civiles, así como la sujeción del Estado de derecho a los intereses de la nación.
De manera natural esta visión comprendió un ideal expansionista de talante
imperialista y de rechazo a los medios pacíficos para resolver los conflictos
internacionales. Se anulan los sistemas de representación política liberales,
desaparece el pluripartidismo, la competencia para el acceso al poder la au-
tonomía de los órganos del Estado y con todo ello la democracia, haciendo
del partido un instrumento de control social y la única expresión viable de la
voluntad del pueblo.

El fascismo suele diferenciarse del nacionalsocialismo pretendiendo que son


dos sistemas de organización política totalmente diversos. Aunque esto en
esencia es correcto, no podemos evitar reconocer que tienen en común todos
los elementos que señalamos en el párrafo anterior. No podemos hablar con
propiedad de un sistema fascista y un sistema nacional socialista, pues en rea-
lidad carecen de un fundamento ideológico. Ambos “fueron elaborados para
apelar emocionalmente a naciones distintas, no había razón alguna para que
sus teorías fueran semejantes”43 ambos sostenían ser socialistas y ambos eran
nacionalistas. El nacionalismo era el único sentimiento con atractivo universal
y, en ambos países, cualquier partido que se afirmara radical y popular tenía
que ser socialista.

El fascismo y el nacionalsocialismo fueron esencialmente gobiernos bélicos y


economías bélicas. Los fines de la nación eran superiores a los de las personas
que la componían y el trabajo en todas sus formas era un deber social. Era la
negación de la ley y la razón, que fueron sustituidas por la voluntad, el heroís-
mo, el sacrificio, etcétera.

La segunda forma de Estado que caracterizó al siglo xx fue el Estado comu-


nista o socialista. A diferencia del fascismo y el nacionalsocialismo surge de
una concepción teórica previa, inspirada fundamentalmente en Marx y Engels.

Aunque Marx propone en El capital que el Estado debe desaparecer; sin em-
bargo, la praxis política lo ha convertido en algo consustancial a los regímenes

George H. Sabine, Historia de la teoría política, México, fce, 1972, p. 632.


43

Ética en el servicio público


32

socialistas. No solamente no lo hizo desaparecer sino que se constituyó en


un elemento esencial del cambio, convirtiéndose en el actor principal de la
defensa del derecho de las clases trabajadoras. Además, es el único Estado
que proviene de una teoría evolutiva que prevé su propia extinción. Una vez
M ódulo

instaurada la dictadura del proletariado el Estado debería de desaparecer, de-


jando una sociedad sin clases y sin estructuras económicas dominantes. Para
llegar a este fin es necesaria la revolución, cuyo fin es instaurar una dictadura
provisional y su objetivo es romper con la estructura capitalista que mantiene
i

las relaciones de dominio sobre la clase trabajadora.

El Estado socialista y sus instituciones se convirtieron en instrumentos para


la consecución de fines políticos y sociales. La ley y el derecho sólo existen en
función de lograr la instauración del Estado socialista y todos los recursos,
incluidos los ciudadanos, deben orientarse a conseguir el máximo estado evo-
lutivo de la sociedad. Para lograrlo de manera más expedita el Estado tiene
una función planificadora, sólo existe un partido único que sirve de columna
vertebral al Estado y, al menos en teoría, el poder del pueblo está por encima
de los poderes Ejecutivo y Judicial.

Tras la caída de los nacionalismos, y como respuesta a la propuesta socialista,


surge el Estado democrático y social de derecho o el Estado de bienestar. La
concepción liberal clásica del Estado como mínimo interventor evoluciona ha-
cia la idea de un Estado que se convierte de organizador social en agente
económico. Es un actor que sirve para hacer frente a las externalidades que
la economía internacional presenta y se presenta como resultado de las teo-
rías keynesianas. Es un intento por tratar de integrar los reclamos sociales en
una visión liberal y garantizar así el desarrollo social, incluso a aquellos que no
tienen las mismas oportunidades de acceso al capital.

El objetivo del Estado de El objetivo del Estado de bienestar es proteger a los sectores más dañados por
bienestar es proteger a los el sistema económico. Se integran políticas sociales a la planeación econó-
sectores más dañados por
el sistema económico. Se mica con la idea de redistribuir la renta y atender programas especialmente
integran políticas sociales sensibles como la educación, el retiro y la salud. En otras palabras el Estado
a la planeación económica liberal hace propias, al menos en cierta medida, las reivindicaciones de la clase
con la idea de redistribuir
la renta y atender progra­ obrera. Este sistema estuvo llamado al fracaso. Los Estados gastaron más de lo
mas especialmente sensi­ que tenían, tratando de llevar a todos los sectores el beneficio del desarrollo
bles como la educación, el que el modernismo y el sistema capitalista habían prometido a finales del
retiro y la salud.
siglo xix y a mediados del siglo xx.

Probablemente el Estado de bienestar está condenado a recurrentes crisis cí-


clicas como las de 1970, 1980, 1988 y la más reciente de todas en 2008. La
visión keynesiana de un Estado intervencionista parece conducirnos inevi-
tablemente a una crisis fiscal de un endeudamiento continuo del Estado. En
cierta manera, es posible que el Estado de bienestar implique un crecimiento
continuo del gasto público. Las conquistas de las y los trabajadores que se han

Fase de inducción
33

transformado en derechos sociales y económicos van imponiendo una carga


creciente al Estado y en apariencia es casi imposible que estén dispuestos a
renunciar a ellos. Las y los teóricos se encuentran divididos entre continuar un
programa de crecimiento de bienestar social a través de una mejor planeación

i
y reducir la intervención del Estado y los beneficios sociales. A esta última se

M ódulo
le conoce como la concepción neoliberal.

Es difícil prever hacia donde nos dirigimos, pero parece cierto que la tendencia
nos lleva hacia una internacionalización donde los Estados ceden autoridad y
poder a organismos internacionales como las Naciones Unidas. Tal parece que
los Estados han entrado en un proceso de internacionalización y globalización
no sólo hacia afuera sino también dentro de sus propias fronteras. Hoy ya no es
posible hablar de un Estado-nación, que hace referencia a una misma cultura,
una misma lengua y un mismo territorio. El continuo desarrollo de los medios
de transporte y de comunicación, especialmente internet, ha ido borrando las
fronteras que dividen a los países. Algunas instituciones parecen escapar de
las leyes y la injerencia de cualquier Estado; en cuestión de segundos grandes
sumas de capitales pueden ser transportadas de un país a otro sin que nadie
pueda evitarlo.

Los movimientos poblacionales que ocurren cada día van modificando la


geografía poblacional, integrando en un mismo territorio varias culturas, a
veces muy diferentes entre sí. Ya no podemos hablar de Estado en el sentido
tradicional del término y esperamos la consolidación de una nueva forma de
organización política.

Lo cierto es que el Estado moderno se presenta definitivamente como una


realidad multicultural e inclusiva, donde diferentes culturas conviven y se in-
terrelacionan buscando un objetivo común que muchas veces varía en las
concepciones particulares de cada persona.

Vivimos en un mundo que se encuentra en constante cambio y donde las di-


ferencias aparecen cada vez más entre los diferentes sectores de la sociedad.
No todos los seres humanos percibimos el mundo de la misma manera ni
todos nos servimos del mismo camino para llegar a nuestros fines. El Estado
moderno trajo consigo la diversidad al acabar con el absolutismo confesional,
político y social. Ni siquiera los valores e instituciones más tradicionales como
la familia son percibidos de igual manera por todas y todos los miembros de
una sociedad cualquiera.

La mezcla de culturas y percepciones puede crear tensión en un Estado que


busca la homogeneidad. Vivimos en un supermercado de valores donde todas
y todos reclaman su autonomía y el derecho divino de determinar qué es lo
bueno y qué es lo malo, que es lo que debemos hacer y que debería prohibirse.
La libertad de expresión, así como el respeto a otras culturas, ha creado una

Ética en el servicio público


34

mentalidad en la que los valores dependen no ya de razones intrínsecas y


objetivas sino de la apreciación de cada individuo humano.

El Estado moderno ha tenido que aprender a respetar las diferentes cosmo-


M ódulo

visiones, pero al mismo tiempo necesita encontrar las vías para un desarrollo
armónico y lograr la unidad en la diversidad. Para ello, el Estado moderno
debe encontrar aquellos valores propios de la sociedad contemporánea que
puedan ser apreciados y respetados por todos sus integrantes. Valores válidos
i

de manera universal, en el tiempo y en el espacio, que permitan el desarrollo


y el crecimiento de una sociedad plural, única y sana.

Para comprender cuáles son estos valores es necesario primero entender qué
son y si es posible que algunos de ellos sean universalmente válidos por toda
cultura y que, por lo tanto, no sean una imposición, sino que sean aceptados
de manera libre y voluntaria por ser compartidos, por ser valores en sí mismos.

Es por eso que necesitamos abordar en este momento la idea del valor y pre-
guntarnos por la objetividad o subjetividad de los valores para después anali-
zar cuáles son los valores que sustentan el Estado moderno.

Los valores en general

Entender los valores es una Entender los valores es una cuestión importante en la medida en que éstos
cuestión importante en la son necesarios para una convivencia adecuada entre las personas, así como
medida en que éstos son
necesarios para una convi­ para el correcto funcionamiento de los sistemas políticos. No se puede avan-
vencia adecuada entre las zar como sociedad si no se comparten ideales y los mismos valores.
personas, así como para el
correcto funcionamiento de
los sistemas políticos. El ser humano no se enfrenta sólo contemplativamente con la realidad. No
sólo la ve, sino que la valora, la estima. A diferencia de los animales, percibe
“la realidad como bella o fea, como buena o mala, como agradable o penosa,
como noble o vil, como santa o no santa”.44 De hecho, buena parte de la vida
humana se encuentra determinada por los valores que muchas veces sirven
como guía en el actuar cotidiano. Los seres humanos constantemente nos
encontramos atraídos hacia cosas o personas sin una razón evidente. Estas
atracciones que mueven nuestro actuar y voluntad carecen no pocas veces de
una explicación racional. El humano es un ser de valores que se siente atraído
por las cosas y al mismo tiempo las rechaza. Sin embargo, si nos preguntamos
qué son los valores encontraremos sobre todo que cuando indagamos por el
valor no podemos señalar algo en concreto. Por ello, no podemos dejar de
cuestionarnos de qué hablamos cuando hablamos de valores, ¿son éstos rea-
les o son sólo una proyección de nuestra mente?

Jozef Maria Bochenski, Introducción al pensamiento filosófico, Barcelona, Herder, 1976, p. 24.
44

Fase de inducción
35

Todas y todos tenemos experiencias de cosas y personas valiosas: la mujer que


sacrifica su vida por el bien ajeno, la belleza de un hermoso paisaje, el valor del
soldado que muere por su patria, la armonía de una bella melodía, etc. Todos
los seres humanos han experimentado a lo largo de su vida valores como la

i
fuerza, la vida, el sacrificio desinteresado, el amor, entre otros y también sus

M ódulo
contrarios como la cobardía, el egoísmo, la mentira, etc., pero nunca los he-
mos percibido en nosotros mismos sino en cuanto encarnados en otros.

Así, podríamos definir de manera inicial el valor como aquello que tienen las El valor es aquello que
cosas y las personas y que nos hace desearlos. No se trata de una cualidad tienen las cosas y las per­
sonas y que nos hace de­
visible a la vista o a cualquiera de nuestros sentidos, tampoco se trata de una searlos.
realidad física que existe por sí misma. Sin embargo, y a pesar de esto, “el valor
se nos presenta como un bien deseado, es decir, como algo bueno en sí mis-
mo, pero que además se presenta como algo que necesito o deseo porque
percibo que me hace falta o me perfecciona”.45

Desde este punto de vista, el valor aparecería incluso en el mundo biológico y


en el área de la sensibilidad. Ante una necesidad cualquiera, como puede ser la
sed, podría considerarse como un valor aquello que puede ayudar a satisfacer
esa necesidad concreta, en este caso sería el agua. Valor sería aquello que vale,
y vale, porque necesito de él. Todas las cosas valiosas lo son porque cubren
mis necesidades y me perfeccionan como ser humano, son valiosas para mí. En
este sentido, los valores no son cualidades concretas, como el color, el olor, el
sabor, etc. Risieri Frondizi afirma que los valores son “cualidades sui generis,
que poseen ciertos objetos llamados bienes”.46

Como las cualidades no pueden existir por sí mismas, los valores pertenecen
a los objetos que Husserl llama no independientes,47 es decir que no tienen
sustantividad. En este sentido, por ser cualidades, los valores son entes para-
sitarios, es decir, no pueden existir por sí mismos sino que necesitan de un ob-
jeto real para depositarse. Su existencia no es real sino virtual y dependen de
la apreciación del ser humano para existir. Los valores no son sino que valen.

Sin embargo, el hecho de que no tengan existencia real no significa que sean
irreales fruto de la fantasía del sujeto o invención de un grupo social. Tampo-
co los colores existen por sí mismos sino que necesitan de un objeto para po-
der existir. Al igual que los colores, los valores no existen por sí mismos, pues
necesitan de un depositario para poder ser: “La necesidad de un depositario
en quien descansar, da al valor un carácter peculiar, le condena a una vida
parasitaria”.48 La belleza por ejemplo, no existe por sí sola flotando en el aire,

45
Alejandro Ordieres, op. cit., p. 74.
46
Risieri Frondizi, ¿Qué son los valores?, México, fce, 2005, p. 17.
47
Véase Edmund Husserl, Investigaciones lógicas 2, México, Alianza, 1982, pp. 385-409.
48
Risieri Frondizi, op. cit., p. 15.

Ética en el servicio público


36

ni la vez caminando por las calles, sino que está incorporada a algún objeto
físico: una tela, un pedazo de piedra, un ser humano, etc. Se nos presentan
como “meras cualidades de esos depositarios: belleza de un cuadro, elegancia
de un vestido, utilidad de una herramienta”,49 y además deben ser percibidos
M ódulo

por un sujeto como un bien deseable o necesario.

La pregunta surge ineludiblemente: ¿tienen las cosas valor porque las deseamos
o las deseamos porque tienen valor?, ¿es el deseo, el agrado o el interés lo que le
i

confiere valor a una cosa, o por el contrario, sentimos tales preferencias debido
a que dichos objetos poseen un valor que es previo y ajeno a nuestras reacciones
psicológicas u orgánicas? Dicho de otra manera: ¿somos nosotros los que con-
ferimos un valor a las cosas, y por eso el valor es subjetivo, o las cosas poseen
un valor en sí mismas y nosotros lo único que hacemos es reconocerlo y, por
lo tanto, los valores son objetivos? Expresado de una manera más sencilla, ¿los
valores son objetivos o subjetivos?

El valor será objetivo si existe independientemente de un sujeto que lo valore


y será subjetivo si debe su existencia o validez a reacciones fisiológicas o psi-
cológicas de un sujeto que valora. En este sentido, el peso es una cualidad ob-
jetiva que no depende en su existencia de que un individuo lo reconozca como
tal o lo mida; siempre estará ahí, independientemente de que un ser humano
lo perciba. En cambio, el color rojo depende de un ojo que lo vea, es decir, si
no existieran ojos en el universo no existiría el color rojo como experiencia.

La primera respuesta natural parece llevarnos del lado del subjetivismo. Nos
parece obvio y parte de la experiencia cotidiana que, por ejemplo, no todas
las personas perciben la belleza de igual manera ni en las mismas cosas. Por
tanto, el valor de la belleza depende de la opinión del sujeto. Este ejemplo se
puede aplicar perfectamente a todos los valores y afirmar que estos dependen
de la apreciación de cada sujeto. Si no, ¿por qué algo vale para mí y no para
otros?, ¿por qué aprecio y valoro cosas que otros desprecian o por qué le doy
más importancia a algunas cosas que a otras? Tal parecería que los valores son
relativos y subjetivos, en cuanto que el valor siempre es relativo a un sujeto y
sus necesidades. Si los valores no fueran subjetivos, entonces todos los seres
humanos apreciaríamos de la misma manera una obra de arte y tendríamos
los mismos gustos y preferencias.

No obstante, “también es parte de nuestra experiencia que los valores parecen


tener una fuerza impositiva que nos obligue a rendirnos incluso por encima
de nuestras preferencias o inclinaciones”.50 Por ejemplo, cuando nos vemos
obligados a reconocer la inteligencia de alguien que nos es antipático o la
belleza de alguien a quien odiamos, no podemos negar que existe algo que se

Ibidem, p. 15.
49

Alejandro Ordieres, op. cit., p. 75.


50

Fase de inducción
37

nos impone y que salta por encima de nuestras preferencias. Visto así, parece
evidente que los valores son realidades objetivas y que no dependen, en esen-
cia, de la valoración de una persona en concreto.

i
Sin embargo, ¿realmente el valor tiene que ser subjetivo u objetivo?, ¿no pue- El valor tiene una doble di­

M ódulo
de tener un poco de uno y de otro? No podemos negar que de hecho el interés, mensión. Una objetiva que
todos somos capaces de
el deseo o el placer que pueda sentir son una condición indispensable para apreciar, porque de una u
apreciar los valores, pero tampoco parece suficiente una apreciación subjetiva otra manera está presente
sin que de hecho de alguna manera, lo que aprecio y lo que busco se encuen- en el objeto, por lo que es
posible que varias perso­
tre ya presente en el objeto o al menos lo presuponga. nas puedan concordar en
sus apreciaciones; y otra
De esta manera, podríamos afirmar que el valor tiene una doble dimensión. Una subjetiva, que depende
de nuestros sentimientos,
objetiva que todos somos capaces de apreciar, porque de una u otra manera necesidades y deseos, y
está presente en el objeto, por lo que es posible que varias personas puedan que nos hace resaltar o dis­
concordar en sus apreciaciones; y otra subjetiva, que depende de nuestros sen- minuir algunos valores de
acuerdo con nuestra visión
timientos, necesidades y deseos, y que nos hace resaltar o disminuir algunos subjetiva de ellos.
valores de acuerdo con nuestra visión subjetiva de ellos.

Nadie puede reconocer el valor ahí donde de hecho no existe, como tampoco
puede apreciar la generosidad donde el egoísmo prevalece. Pero también es
verdad que muchos encuentran belleza donde otros no la perciben, y algunos
buscan ciertas cosas que a otros no les interesan.

Visto de esta manera, la doble dimensión de los valores nos permite defender
su universalidad y al mismo tiempo saber que tienen un elemento que puede
depender del momento histórico, de la cultura, o de la persona en sí. Si los va-
lores dependieran sólo del objeto éstos serían inmutables a lo largo del tiempo,
sólo dependería de la evolución de las culturas y los pueblos descubrirlos en
su totalidad. Así, un valor podría permanecer oculto para una cultura deter-
minada, pero en cuanto ésta lo descubriese no podría más que apreciarlo. En
cambio, si los valores dependieran solamente de la apreciación de las personas,
existiría una cierta similitud en su evaluación, siempre y cuando pertenecieran
a la misma cultura o comunidad. Los valores se heredarían de una generación a
otra, pero perfectamente podrían ir cambiando a lo largo del tiempo y sin duda
variarían de un pueblo a otro e incluso de una generación a otra.

No cabe duda que los valores han sufrido cambios a lo largo del tiempo y lo
que antes era percibido como un mal más adelante puede ser percibido como
un bien y viceversa. También podemos apreciar diferencias en los valores de
diversas culturas que coexisten en nuestro mundo. Sin embargo, existen algu-
nos valores que han sido apreciados siempre, como la veracidad, la perseve-
rancia, la honestidad, el valor, entre otros. Recordemos que las circunstancias
concretas pueden llevar a un pueblo a valorar ciertos elementos más que
otros, percibiéndolos como mejores bienes en su situación concreta. De todas
maneras algunos elementos se presentarán siempre como un valor o como un

Ética en el servicio público


38

antivalor, independientemente de la situación histórico temporal en la que se


desarrollan.

De cara al tema que ahora nos ocupa, las preguntas surgen ineludiblemente:
M ódulo

¿existen valores propios del Estado moderno?, ¿podemos encontrar algunos


elementos o valores que no pueden faltar en ningún Estado?
i

Los valores cívicos y democráticos de la esfera pública

La construcción del espacio público es responsabilidad de todas y de todos. Al-


gunos valores representan derechos inalienables, universales e insustituibles,
y por ello deben ser resguardados por las instituciones públicas, para con ello
garantizar ante todo la vida humana y después la convivencia social.

¿Cuáles son los valores que el Estado democrático debe buscar preservar y
defender? Independientemente de cuáles puedan ser los valores que las dife-
rentes sociedades busquen como esenciales en su desarrollo político, lo cierto
es que todos deseamos el respeto de nuestra libertad (aun cuando podamos
renunciar a ella). Cualquier derecho que el Estado busque promover y defen-
der, deberá, esencialmente, ir orientado por la libertad humana, es decir, la
posibilidad de la libre autodeterminación y el libre movimiento.

A continuación se realizará una exposición, no limitante ni excluyente, de los


valores básicos del Estado democrático:51

La libertad

La libertad es la condición de posibilidad de cualquier otro derecho y de la pro-


pia democracia, es la condición de posibilidad para que cada individuo logre
la realización de sus propios objetivos. Para la democracia, la libertad es un
concepto central, un valor al que no se puede renunciar pues es constitutivo
de todo ser humano.

La libertad personal encuentra su límite en la libertad de la o el otro. El querer


imponer mi deseo a otros implica el querer, de hecho, cancelar la libertad
de otras personas esclavizándolas a mis propios intereses. El ejercicio de mi
libertad en sociedad implica el aprender a convivir, es decir, vivir con otros.
Para ello, es necesaria la búsqueda de un bien común con el cual nos poda-

Para una relación más amplia de los valores propios de la democracia se puede consultar Luis Salazar
51

y José Woldenberg, Principios y valores de la democracia, México, ife (Cuadernos de divulgación demo-
crática, núm. 1), 1997.

Fase de inducción
39

mos sentir identificados y que es, en el fondo, lo que todos queremos. Todos
necesitamos de los demás para poder sobrevivir.

La libertad en sociedad implica la capacidad de dialogar y de buscar consensos

i
que puedan construir opciones para el futuro. La libertad no es imposición que

M ódulo
esclaviza a quien también es libre pero no tiene la fuerza para defenderse.
Como bien estableció Hobbes, el ejercicio de la libertad personal fuera del
Estado de hecho cancela la libertad, pues siempre hay alguien más fuerte a
quien temer y que me puede imponer su querer. La primera función del Esta-
do es garantizar la libertad a sus ciudadanos como camino obligatorio para
cualquier posibilidad futura. No se puede ser sociedad si no existe la libertad
en la ciudadanía.

La igualdad

“La igualdad, como valor supremo de una convivencia ordenada, feliz y civil,
y por consiguiente, de una parte, como aspiración perenne de los hombres
que viven en sociedad, y de otra, como tema constante de las ideologías y de
las teorías políticas, queda emparejada a menudo con la libertad.”52 Mientras
que la libertad es una cualidad o propiedad de la persona, la igualdad es una
relación formal, es decir, depende de un segundo término, que es el término
que sirve de comparación: ¿igualdad con quién y en qué?

Una sociedad democrática “es una sociedad de iguales que entregan su liber-
tad en igualdad de circunstancias y con igualdad de derechos y obligaciones
generales”.53 Igualdad no es sinónimo de igualitarismo o de uniformidad don-
de todos debemos tener lo mismo. La igualdad no debe confundirse con la
idea de que todos los miembros de la sociedad deben gozar absolutamente
de los mismos beneficios y que quien tiene más debe renunciar a ello si los
demás no lo tienen. La desigualdad, vista de esta manera, sería una injusticia
que debería ser eliminada.

Sin embargo, las diferencias son naturales. Los seres humanos somos dife-
rentes: algunos son mejores para los deportes, otros para el estudio de las
ciencias, algunos son altos, otros son bajos, tenemos color de piel distinto y
nacemos en familias y con educación distintas. La uniformidad sólo es posible
en las cosas, no en los seres humanos. Sin embargo, y a pesar de ello, todas las
personas nacemos con los mismos derechos. La igualdad no anula las diferen-
cias sino que se refiere a una condición natural de la que todos participamos
y que nos coloca en el mismo nivel de oportunidades, de obligaciones y de

52
Norberto Bobbio, Igualdad y libertad, Barcelona, Paidós/ice de la Universidad Autónoma de Barcelona,
1993, p. 53.
53
Alejandro Ordieres, op. cit., p. 166.

Ética en el servicio público


40

derechos y que el Estado debe buscar garantizar otorgando los beneficios ne-
cesarios para paliar las diferencias naturales y sociales de un pueblo.

La paz en la convivencia no sería posible sin una igualdad básica para todas y
M ódulo

todos los miembros de la sociedad. Esta igualdad se presenta como posibilidad


de acceso a los servicios públicos, a la educación, al trabajo, etc. Igual opor-
tunidad que no implica que cada individuo acceda a ella o que la aproveche
de igual manera. La igualdad es igualdad ante la ley. Esto implica que todas
i

las personas tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones, indepen-
dientemente de su clase social, raza, sexo o ideología, siempre y cuando se
encuentren bajo las mismas circunstancias.

La pluralidad 54

La pluralidad es uno de los distintivos de las sociedades modernas. La unifor-


midad cultural, religiosa, e incluso de idioma, es cada vez más complicada.
Existe mucha movilidad entre personas de diferentes regiones y culturas que
viajan en búsqueda de mejores posibilidades para sí y sus familias. Al cambiar
de país traen consigo tradiciones y valores propios de su región que pueden
ser muy diferentes a los del país que las acoge.

Antiguamente, estos grupos eran separados, segregados por la sociedad, for-


mando pequeños guetos que no afectaban a la convivencia general. En la
actualidad estos grupos ya no son pequeños y se han multiplicado en casi
todas las sociedades democráticas del mundo desarrollado creando un nuevo
reto para los Estados, sus gobernantes y la sociedad en sí misma: la pluralidad.

Una cosa es cierta, el contacto entre culturas propone un nuevo estilo de convi-
vencia social y modos no vistos de enfrentar nuestra responsabilidad ciudadana.
La movilidad humana y la búsqueda de mejores oportunidades son el medio
perfecto para que este contacto aumente día a día y madure con la convivencia
diaria de varias culturas. Sin embargo, esto crea una tensión, la tensión de un
Estado que busca la homogeneidad y la igualdad, pero que al mismo tiempo
debe respetar la libertad e individualidad no sólo personal sino también cultural
de los pueblos que lo conforman.

Toda cultura, como expresión de un pueblo, merece respeto, debe ser trata-
da con dignidad e igualdad ya que todas y todos sus integrantes son seres
racionales, capaces del diálogo y de autorrealización. El diálogo racional se
presenta como el camino de intercomunicación entre concepciones del mun-

Para plantear el problema de la integración social de las minorías véase Norbert Bilbeny, “La integración
54

social en sociedades pluriculturales con inmigración. Conceptos y límites”, en Margarita Boladoras


(coord.), Ciudadanía y derechos humanos: gobernanza y pluralismo, Barcelona, Horsori, 2009.

Fase de inducción
41

do distintas y como la posibilidad de todo futuro entendimiento. La o el otro,


aunque diferente a mí, también merece el reconocimiento como una o un
interlocutor digno de respeto. Si bien puedo encontrar diferencias, no por ello
debo conservar una visión unilateral en que sólo contemplo mi cultura y mi

i
raza como las únicas dignas de existencia. La o el que el otro sea diferente no

M ódulo
implica que sea inferior o que deba ser temido o rechazado.

La tolerancia 55

En la pluralidad es necesaria la tolerancia. Es uno de los principales valores


que la ciudadanía debe perseguir para la construcción de una sociedad plural.

En un sistema democrático, “la tolerancia consiste en una actitud delibera-


da que nos permite apoyar el pleno derecho que todas y todos los ciudada-
nos tenemos de expresar nuestras opiniones, practicar nuestras costumbres
y discrepar de otros”.56 Es verdad que la tolerancia no es una actitud natural y
que cada sociedad o grupo humano tiende a proteger su propio estilo de vida
rechazando otras costumbres. Por tal motivo, la tolerancia es una actitud deli-
berada y, por tanto, consciente, que se basa en principios superiores de convi-
vencia humana y en la convicción de que todo ser humano es libre de orientar
su voluntad y tomar decisiones sin estar determinado por la voluntad de otras
y otros ciudadanos. Tolerar no es claudicar en las propias convicciones, sino
respetar el derecho de otros y otras a tener sus propias orientaciones.

Una sociedad, donde la igualdad se mantiene como un valor central, reconoce


que todos los seres humanos tienen la misma dignidad y el mismo derecho a
realizar sus vidas de la manera que mejor les convenga. Distamos mucho de los
Estados primitivos donde la unidad de costumbres era esencial para la unidad
del Estado. No se trata de unificar las costumbres y vidas de todas y todos los
ciudadanos, sino de vigilar para que todos y cada uno puedan tener la opor-
tunidad de lograr sus aspiraciones personales sin dañar a otros.

Tolerar no significa claudicar mis costumbres, creencias y preferencias en fa-


vor de otros estilos de vida con los que interactúo, sino de respetarlos y poder
convivir con ellos a pesar de no compartir mínimamente sus puntos de vista.
Esto sólo es posible a través del “reconocimiento mutuo de la dignidad de
cada persona humana y del derecho básico que cada individuo tiene a desa-

55
Para una historia de la tolerancia en el pensamiento moderno véase José Villaverde Rico y John Chris-
tian Laursen (eds.), Forjadores de la tolerancia, Madrid, Tecnos, 2011; y desde el contexto religioso véase
Henry Kamen, Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna, Madrid, Alianza, 1987.
56
Lizbeth Sagols Sales et al., Ética y valores 1, México, McGraw-Hill, 2005, p. 60.

Ética en el servicio público


42

rrollar su individualidad”.57 En otras palabras, se trata de reconocer en la o el


otro su libertad.

Sin embargo, la tolerancia presenta no pocas dificultades y resulta a veces di-


M ódulo

fícil establecer los límites o directrices propias. ¿Hasta dónde llega la toleran-
cia?, ¿debo tolerar la violencia hacia las mujeres sólo porque sus costumbres
se lo permiten?, ¿debo convivir con quien no quiero sólo por ser tolerante?,
¿hasta qué punto debo renunciar a mí mismo para darle espacio al otro?
i

No cabe duda que son preguntas difíciles de responder y que, normalmente,


quien califica a otro de intolerante es porque ella o él también lo es. De lo que
sí estamos seguros es que la tolerancia es un valor indispensable en las so-
ciedades modernas si queremos lograr una convivencia armónica. La sociedad
es esencialmente pluralidad y gracias a eso es que podemos cubrir todo tipo
de necesidades. La diversidad no es una carencia, sino una riqueza que nos
permite crecer y desarrollarnos.

La legalidad

Vivir es coexistir. Las personas en sociedad conviven en un mismo espacio


geográfico, ello implica el establecimiento de una serie de interacciones entre
personas que perciben la vida de modo distinto. Dado que todas y todos per-
seguimos fines particulares diferentes, es necesario que esta convivencia se
vea orientada y garantizada por un conjunto de normas que armonicen estas
relaciones.

Las normas morales no son suficientes en las sociedades plurales y tolerantes


pues pueden variar radicalmente de una cultura a otra, de un grupo social a
otro. Por ello, es necesario encontrar puntos mínimos de convivencia necesa-
rios para interactuar que permitan la coexista de culturas y criterios morales
distintos en una misma comunidad, promoviendo la harmonía y estableciendo
los límites entre lo privado y lo público, además de constituir las directrices
necesarias para el buen funcionamiento práctico de esta convivencia.

A diferencia de las normas morales que pertenecen a grupos sociales deter-


minados, las leyes pretenden ser válidas para todas y todos los integrantes de
un Estado. Al conjunto de normas que regulan el comportamiento de las y los
integrantes de una sociedad se le llama derecho. Esta normatividad debe estar
acompañada de un poder coercitivo por parte del Estado que obligue a las y
los ciudadanos a cumplir con el ordenamiento jurídico.

Alejandro Ordieres, op. cit., p. 165.


57

Fase de inducción
43

La Constitución de un Estado se presenta como la máxima exposición de los


valores y tradiciones que una nación considera como propios. En ella se busca
salvaguardar la libertad y la identidad de los diferentes grupos que la inte-
gran. Se trata del apego al derecho y a la legalidad. Este principio se basa en

i
el respeto a la norma de tal manera que las leyes protejan a las personas ante

M ódulo
las arbitrariedades de otras personas, grupos o instituciones. El seguimiento
irrestricto de las leyes garantizaría, al menos en cierta medida, la convivencia
pacífica y la posibilidad de vivir libremente y buscar los propios fines, indepen-
dientemente de la ideología, religión o cultura a la que se pertenezca.

Los derechos de las minorías 58

Las minorías son grupos de población humana numéricamente minoritarios


que se distinguen de los habitantes de una comunidad mayor a la que perte-
necen.

En casi todas las sociedades existen grupos minoritarios. Tales grupos suelen
ser excluidos o ignorados y no pocas veces son agredidos y menospreciados a
través del trato que reciben. La sociedad mayoritaria muestra hacia estos gru-
pos poca tolerancia y suelen recibir injusticias y estar desprotegidos ante la ley
sufriendo un trato diferente o no adecuado a sus circunstancias.

Para que un grupo sea considerado minoría debe tener un número significati-
vo de integrantes de frente a la población total que le permita tener una cierta
representación e identidad ante el conjunto total de ciudadanas y ciudadanos.
Desgraciadamente, la actitud natural ante quien es diferente a nosotros es la
del rechazo, pero en “realidad, todo ser humano tiene derecho a ser diferente,
a conservar sus tradiciones, a vivir de la manera que él considere más oportuna
mientras no dañe a la sociedad en su conjunto. En un orden democrático, el
Estado debe velar por el derecho de cada ciudadano de autodeterminarse y,
especialmente, el de las minorías”,59 pues es el grupo que se encuentra más
desprotegido.

Debemos recordar todo ser humano, por el hecho de ser un ser humano, posee
una dignidad que nadie le puede arrebatar, dignidad que le da derecho a
ser respetado en su individualidad y le hace igual que los demás hombres. La
igualdad entre las personas es impensable si no tenemos en cuenta su radical
diferencia.

58
Para profundizar en el tema de las minorías véase Arjun Appaduri, El rechazo de las minorías. Ensayo
sobre la geografía de la furia, Barcelona, Tusquets, 2007.
59
Alejandro Ordieres, op. cit., p. 164.

Ética en el servicio público


Módulo ii.
Los valores en la Constitución
mexicana
46

La Constitución mexicana

Contiene en sus disposiciones la expresión


de ciertos valores a los que el país aspira.

Los principios son el punto


La dignidad humana es el Los valores constitucionales se
de partida y fundamento
principio básico del derecho. expresan en forma de principios.
de las normas.

La dignidad implica que el


Los valores fundamentales de la
ser humano es un fin en sí
Constitución son de tres tipos:
mismo y no un medio para la
consecución de otros fines.
M ódulo
ii

Valores personales
Valores colectivos Valores públicos
Son aquellos que posibilitan
Son aquéllos asociados Son aquellos que aseguran
la realización de aspiraciones
con la justicia distributiva. el orden social.
individuales.

No basta la existencia de valores en el texto


constitucional si no existe el compromiso de
las autoridades para cumplirlos.

La vivencia de los valores por parte de las


autoridades se hace patente, entre otros
aspectos, mediante:

La trasparencia, que implica la posibilidad de que La rendición de cuentas, que es el proceso


las personas puedan acceder a toda la información mediante el cual las autoridades explican
referente a la acción del Estado, al ser sometido y justifican sus acciones.
este último al escrutinio público.

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito


Federal debe cumplir con estas obligaciones como
ente estatal que es.

Fase de inducción
47

ii
M ódulo
Los valores como principios del derecho

Las Constituciones modernas contienen en sus ordenamientos la expresión Las Constituciones moder­
de los valores a los que un país aspira. Éstos pretenden ser la guía que oriente nas contienen en sus or­
denamientos la expresión
la vida pública de un pueblo o, mejor dicho, intentan encarnar los principios de los valores a los que
propios de una nación determinada. En este contexto, son llamados valores un país aspira. Existen
superiores en el sentido de que “supone un concepto del derecho como fenó- ciertos principios o valores
superiores que sustentan y
meno cultural, como obra de los hombres en la historia. Los valores superiores dan sentido al resto de las
son los objetivos máximos”.60 normas, aun cuando éstas
no parezcan provenir de
manera alguna de tales
Ahora bien, esto no significa que todas y cada una de las normas y leyes que principios rectores.
rigen una nación provengan, de manera absoluta, de los usos y costumbres
que un pueblo ha ido generando a lo largo de su historia, como si la Constitu-
ción no fuera más que un diario de los eventos que han ido caracterizando el
cotidiano acontecer de un país. Sin embargo, existen ciertos principios o valo-
res superiores que sustentan y dan sentido al resto de las normas, aun cuando
éstas no parezcan provenir de manera alguna de tales principios rectores.

Toda Constitución es sin duda “la síntesis histórica de un pueblo que precisa
de un documento con primacía formal sobre las demás normas, para hacer

Gregorio Peces-Barba, Introducción a la filosofía del derecho, Madrid, Debate, 1990, p. 56.
60

Ética en el servicio público


48

pragmático su contenido programático”.61 Los principios o derechos funda-


mentales en ella contenidos, sin ser la totalidad de las normas propuestas,
“proclaman un determinado sistema cultural, un sistema de valores concretos
que resume el sentido de la vida estatal contenida en la Constitución”.62 Desde
el punto de vista político, esto implica el deseo de una integración material;
y desde el punto de vista jurídico, la legitimación del orden positivo jurídico.
“Este orden positivo es válido sólo en cuanto que representa este sistema de
valores, y precisamente por él se convierte en legítimo.”63

Los principios constituciona­ Los principios y los valores que guían a los pueblos siempre han estado men-
les tienen como finalidad cionados en las normas constitucionales, aun las más antiguas. Aparecen
el logro de los ideales de
justicia de una sociedad. como los ideales de una nación que son recogidos por las y los legisladores.
Incluso desde el punto de vista positivista más radical, la Constitución “no es
sino la expresión condensada de toda una serie de valores respecto de lo que
es presumible un elevado consenso, y que habrían de afectar las dinámicas y
relaciones públicas y privadas”,64 y por ello tendrían que ser preservados de
M ódulo

cualquier vulneración que pudieran tener.

Los principios constitucionales tienen como finalidad el logro de los ideales de


ii

justicia de una sociedad. Al ser el fundamento general de la ley se convierten


en criterios “que el juez debe tomar en consideración para la integración de la
ley”.65 Es decir, no sólo son un relleno en los posibles huecos de las leyes par-
ticulares sino que se convierte en la guía y fuente de nuevas normas y en el
criterio último de jurisprudencia.66 Las leyes y reglamentos sólo existirían para
lograr la realización última de los principios que guían el actuar ciudadano.

Por esta razón, los principios y valores deben ser reconocidos como universa-
les. Se trata de verdades jurídicas universales, equivalentes a principios filo-
sóficos que expresan el elemento constante y permanente del derecho y, por
tanto, el fundamento de cualquier legislación positiva.67

61
Enrique Uribe Arzate, “Principios constitucionales y reforma de la Constitución”, en Boletín Mexicano de
Derecho Comparado, vol. xxxix, núm. 115, enero-abril de 2006, pp. 237-263.
62
Rudolf Smend, Verfassung und Verfassungsrecht, Múnich/Leipzig, Duncker & Humbolt, 1928, p. 164. La
traducción fue tomada de la obra de recopilación de algunos de sus trabajos, Constitución y derecho
constitucional, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1985, p. 232.
63
Idem.
64
Antonio Manuel Peña Freire, La garantía en el Estado constitucional de derecho, Madrid, Trotta, 1977, p. 79.
65
Marta Silvia Moreno Luce, “La importancia de los valores y principios del derecho en la administración
de justicia”, en Letras Jurídicas, vol. 6, julio-diciembre de 2002, p. 3.
66
“No son sólo metanormas materiales para la interpretación de otras normas, sino también para la
creación de otras normas […] Y no sólo suponen criterios materiales para crear nuevas normas en el
supuesto de lagunas, de casos no contemplados por aquéllas, sino en otras perspectivas de ampliación,
o de nueva regulación, de supuestos hasta entonces no regulados por el derecho. Estamos ante una
norma material sobre normas, la norma material básica sobre normas.” Gregorio Peces-Barba, Los va-
lores superiores, Madrid, Tecnos, 1984, pp. 99-100.
67
De acuerdo con Marta Moreno, todos los especialistas coinciden en señalar la universalidad como
característica distintiva de los principios en su sentido actual. Véase Marta Silvia Moreno Luce, op. cit.,
2002, p. 5.

Fase de inducción
49

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de principios?, ¿en qué se dife- Ronald Dworkin indica que
rencian de los valores? Ronald Dworkin los define de la siguiente manera: un principio es “un están­
dar que ha de ser obser­
“Llamo ‘principio’ a un estándar que ha de ser observado, no porque favorezca vado, no porque favorezca
o asegure una situación económica, política o social que se considera desea- o asegure una situación
ble, sino porque es una exigencia de la justicia, la equidad o alguna otra di- económica, política o so­
cial que se considera de­
mensión de la moralidad”.68 En cambio, los valores son ideales a los que aspira seable, sino porque es una
un pueblo. No se presentan como reglas o enunciados sino como objetivos exigencia de la justicia, la
que deben ser alcanzados. Por tanto, son de naturaleza abstracta. Los princi- equidad o alguna otra di­
mensión de la moralidad”.
pios son exigencias que brotan de los valores buscados, se identifican con
ellos y se establecen como mandatos superiores.69

Decía Aristóteles que un principio es el punto de partida y el fundamento


de una cosa.70 Los principios son punto de partida y fundamento de otras
normas. Como faros que guían la conducta, son abstractos en sí mismos y por
ello inalcanzables, irrealizables. A pesar de ello nos mueven a la acción y se
presentan bajo un imperativo deber ser: “si algo vale, debe ser”.71 El deber, tan

ii
M ódulo
sumamente abstracto, que contienen los valores como principios impele a
formular normas más concretas para que puedan ser aplicables en la realidad.
Éstas encuentran su fundamentación y validez en el principio general o valor
que se persigue en última instancia.

El deber ser ideal es una “dimensión del valor y los conceptos deontológicos
provienen de ese plano antropológico y filosófico del cual son inescindibles y
al que se hallan subordinados”.72 “El cumplimiento gradual de los principios
“tiene su equivalente en la realización gradual de los valores”,73 y “la aplica-
ción de criterios de valoración entre los cuales hay que sopesar responde a la
aplicación de principios”.74

A diferencia de las normas comunes que ofrecen soluciones a problemas socia- A diferencia de las nor­
les, políticos o económicos, la finalidad de los principios es de mayor jerarquía, mas comunes que ofrecen
soluciones a problemas
pues pretende fines más altos, justificando de esa manera la propia validez del sociales, políticos o eco­
nómicos, la finalidad de
los principios es de mayor
jerarquía, pues pretende
fines más altos, justificando
de esa manera la propia
validez del derecho.
68
Ronald Dworkin, Los derechos en serio, Barcelona, Ariel, 1984, p. 72.
69
En las normas, en cambio, están determinadas con precisión las condiciones de su aplicación. Aunque
también generales, pretenden determinar todos los elementos que intervienen en una situación real y
en ese sentido no son exactamente universales sino que pueden variar en su aplicación y concreción de
un lugar a otro. Véase Robert Alexy, Teoría de los derechos fundamentales, Madrid, Centro de Estudios
Constitucionales, 1993, pp. 147-148.
70
“Se llama principio, en primer lugar, al punto de una cosa desde donde alguien puede comenzar a
moverse”. Aristóteles, Metafísica, libro v, 1012 b.
71
Samuel Ramos, Hacia un nuevo humanismo, México, fce, 1997, p. 65.
72
Miguel Carbonell y Héctor Fix-Fierro, Estado constitucional, derechos humanos, justicia y vida universi-
taria, vol. 2, t. iv, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam, 2015, p. 644.
73
Robert Alexy, op. cit., p. 138.
74
Ibidem, p. 144.

Ética en el servicio público


50

derecho: “Los principios en sentido estricto suponen la asunción de valores que


se consideran preponderantes frente a cualesquiera intereses”.75

Así pues, los principios y los valores no obtendrían su validez del derecho sino
viceversa.76 Los valores y principios tienen un significado prioritario, que les
confiere un rango superior al de las normas. Este rango superior no se debería
sólo a su contenido, es decir, al hecho de presentarse como valores universa-
les, sino también al hecho de encontrarse ya regulados en las constituciones.
Al constitucionalizarlos, se convierten de ideales puros en normas en sentido
estricto, es decir, más allá de cualquier valoración subjetiva o de cualquier
deseo individual o atracción momentánea.77

Algunos principios son concretos y se convierten en normas cuando se esta-


blecen en la Constitución como el derecho a la educación garantizado en el
artículo 3º de nuestra Constitución. Al ser concretos, dejan de ser un criterio
de valoración general de jurisprudencia. Otros, en cambio, como los princi-
M ódulo

pios de equidad y libertad garantizados en el primer artículo de nuestra Cons-


titución, no se pueden concretar y siempre van a ser criterios de valoración, a
pesar de estar inscritos en la Constitución como leyes.
ii

Por otra parte y de acuerdo con Hartmann,78 el derecho necesariamente posee


una referencia a valores. Todo derecho se basa en exigencias éticas básicas,
valores que se imponen a la sociedad no desde una perspectiva autoritaria y
heterónoma, sino basados en un auténtico valor contemplado y de esta ma-
nera, el derecho no es más que la expresión de una tendencia ética. En este
sentido, todo derecho aspira a ser un derecho ideal, es decir, la encarnación
de lo justo como valor y es por ello que el derecho se encuentra en continuo
cambio. Como ideal, el valor propuesto se presenta como inalcanzable y por
esta razón requiere de la corrección constante de las leyes que buscan ade-
cuarse y orientarse hacia el fin deseado pero nunca alcanzado.

Esta tendencia valorativa forjada en exigencias éticas básicas se manifiesta


como expresión básica de la libertad, propia de la condición humana. Libertad

75
Milagros Otero Parga, Valores constitucionales. Introducción a la filosofía del derecho: axiología jurídi-
ca, Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 2004, p. 25.
76
El establecimiento de un sistema de valores como base del consenso que genera una Constitución
es lo que le confiere su legitimidad y su función de justicia. Véase Gregorio Peces-Barba, Los valores
superiores, op. cit., p. 66.
77
“En nuestra tradición constitucionalista fue el legislador mexicano decimonónico quien advirtió muy
pronto, tal y como lo plasmó en el acta de reformas de 1847, que la determinación y consagración de
los derechos humanos no era suficiente para su respeto, por lo que el concepto inició una evolución
por medio del cual se transformó de manera paulatina para llegar a su caracterización contemporá-
nea.” Rosario Huerta Lara, “Derechos humanos y Estado de derecho en el siglo xix mexicano”, en Letras
Jurídicas, núm. 4, julio-diciembre de 2001, p. 9.
78
Véase Nicolai Hartmann, Ética, Madrid, Encuentro, 2011, pp. 105-108.

Fase de inducción
51

que se revela como la condición esencial de la naturaleza humana y que se


expresa en la práctica en los derechos humanos.

Todo ser humano tiene el derecho a ser tratado como un fin y no sólo como La dignidad humana im­
un medio. La persona no es un ser útil para los demás sino lo que da sentido plica que todo ser huma­
no tiene el derecho a ser
y orientación a las cosas que están en el mundo. La persona, como tal, es en sí tratado como un fin y no
misma un valor que las y los otros deben reconocer y aceptar si quieren, a su sólo como un medio. La
vez, ser tratados como agentes morales, dignos de respeto y reconocimiento. persona no es un ser útil
para los demás sino lo que
En esto se expresa la dignidad humana. da sentido y orientación a
las cosas que están en el
Los valores sólo tienen sentido gracias al ser humano y se puede incluso afir- mundo.

mar que un valor sólo es valor, si realmente conduce a la persona humana


a un desarrollo pleno de sus capacidades. Todos los demás valores se basan
precisamente en este primer valor y lo presuponen: la dignidad de la persona
humana, es decir, en el hecho de ser persona y lo que ello significa.79

ii
M ódulo
Con el tiempo, el concepto de dignidad humana, aunque de origen cristiano,
se ha convertido también en un concepto político y jurídico que se vincula
de manera inseparable a la idea de libertad, igualdad y autonomía que, en su
conjunto, han constituido la esencia de los valores básicos superiores que sir-
ven como referente para inspirar e interpretar las normas y leyes particulares
que conforman el derecho positivo.

La dignidad se convierte en un atributo de un ser racional que no obedece


ninguna otra ley más que la que él mismo se da. A través de su intelecto, el ser
humano es capaz de trascender el mundo en el que vive y de contemplar el
mundo, manipularlo y llenarlo de sentido. El ser humano pertenece al reino de
los fines “como jefe, cuando como legislador, no está sometido a la voluntad
de otro”.80 Por tal razón, la dignidad humana no depende de factores externos
o de la concesión por parte de otro ser racional. La dignidad de la persona
surge en el preciso instante en que ésta empieza a existir. El ser humano no
está al servicio de nadie ni de nada, no está supeditado a factores sociales o
eventos históricos (en lo que a su dignidad se refiere) pues no está sujeto a
ninguna ley que no sea la propia; el ser humano es ante todo libre y respon-
sable de su libertad.

Cabe aclarar que visto de esta manera, para justificar la inclusión de los dere-
chos humanos en el derecho positivo no sería necesaria la postulación del de-

79
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos parte precisamente de la idea de persona
como el requisito único y básico para gozar de la protección “de los derechos humanos reconocidos en
esta Constitución y de los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte”. Consti-
tución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de
febrero de 1917; última reforma publicada el 10 de julio de 2015, artículo 1º.
80
Immanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Madrid, Espasa-Calpe, 2009, p.
114.

Ética en el servicio público


52

recho natural, cuya defensa puede ser, para muchos, discutible. Bastaría acudir
a los principios que deberían seguirse para garantizar la libertad, la igualdad y
la justicia. Lo legal no es lo mismo que lo justo; un orden jurídico existente no
tiene porqué ser de suyo un orden justo. Un orden justo es aquel que permite
la realización de valores que revelan el interés de la persona como persona
aunque nunca se tradujeran en normas positivas, es decir, en derecho.81

Es una realidad que, “en una asociación para la libertad, los derechos humanos
tienen que estar consignados, como exigencias normativas, en el sistema jurí-
dico. De hecho, su declaración forma parte del derecho positivo en los Estados
democráticos y, en la mayoría, suele estar incluida en su Constitución”.82

Los derechos humanos forman parte del ideal de la asociación para la libertad
y pueden verse de dos maneras: como el reconocimiento, en la legislación po-
sitiva, de valores comunes; y, como fines a los que tiende una sociedad. Bajo
este doble punto de vista, los derechos humanos expresan, al mismo tiempo,
M ódulo

las garantías para la libertad que debe consignar el derecho existente y los
valores por alcanzar en una sociedad plenamente justa.
ii

Así pues, los derechos humanos buscarían salvaguardar los valores básicos
superiores de la dignidad de la persona humana.83 Un derecho humano será
básico si cumple las siguientes condiciones que Luis Villoro enumera su obra
El poder y el valor:

1. Son el reconocimiento de los valores fundamentales cuya realización justifica


una asociación para la libertad.
2. Son adscribibles a todos los hombres, en ese tipo de asociación, con indepen-
dencia de la situación que ocupen en ella.
3. No se derivan de otros derechos, pero de ellos pueden derivarse otros.
4. Se distinguen de las regulaciones específicas, necesarias para aplicarlos a di-
ferentes circunstancias y a personas en relaciones distintas.84

Como puede apreciarse claramente, en cada una de estas condiciones apa-


rece la universalidad en el tiempo y en el espacio de los valores y su carácter
fundante de otras normas que adquieren su validez y legitimidad, no tanto
de la aprobación por parte de los constituyentes o de los legisladores, sino de
la dignidad del ser humano. Por esa razón, no pueden estar sujetos a la apro-
bación de la mayoría o a una situación histórica determinada. Los valores
trascienden la historia porque la dignidad humana la trasciende, acompaña

81
Véase Luis Villoro, El poder y el valor. Fundamentos para una ética política, México, fce, 2006, p. 303.
82
Ibidem, p. 302.
83
“El acuerdo –sobre los valores– […] recoge una moralidad basada en la dignidad humana y con la
pretensión de que la organización de la vida social favorezca, profundice y desarrolle esa dignidad
humana.” Gregorio Peces-Barba, Los valores superiores, op. cit., p. 112.
84
Véase Luis Villoro, op. cit., pp. 303-304.

Fase de inducción
53

siempre a cada persona de cualquier época y de cualquier raza, religión, cul-


tura, etc. Como ideales, escapan de las circunstancias concretas, pero sirven
para iluminar las normas prácticas y específicas que deben aplicarse a cada
circunstancia concreta.

De lo anterior, podemos suponer que los valores que guían las diferentes cons-
tituciones nacionales coinciden en lo esencial aun cuando en lo concreto pue-
dan ser muy diferentes. Todos los pueblos buscan la justicia y la igualdad como
valores supremos, pero no todos conciben de igual manera la forma en que
ambos principios deben formularse y vivirse. Por ello es importante referirnos
en este momento no a los valores y principios en general de toda Constitución
democrática sino a los valores y principios que dieron y siguen dando origen y
continuidad a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Los valores en la Constitución mexicana

ii
M ódulo
Es preciso referir que los valores constitucionales tienen una trascendencia
enorme, aunque comúnmente esta frase se usa como simple floritura del dis-
curso jurídico y político. Las implicaciones y las consecuencias de tener una
perspectiva axiológica sobre la Constitución y el resto del sistema jurídico,
condiciona los modos de operar de los creadores y aplicaciones del derecho,
dando lugar a resultados que no se obtendrían con una lógica tradicional, o
que resultan difíciles de justificar.85 Los valores no son simplemente un orna-
mento introductorio, necesario, pero inútil. Muy al contrario, la Constitución
es un sistema de valores global, que al mismo tiempo resulta ser un sistema
lógico-jurídico de derechos.86

Como hemos afirmado anteriormente, y de acuerdo con Francisco Laporta,


la formulación de un derecho humano, en un orden jurídico existente, es la
afirmación de un valor previo a ese orden, es la adscripción a

todos y cada uno de los miembros individuales de una clase [...] de una posición,
situación, aspecto, estados de cosas, etc. [...] que se considera por el sistema
normativo un bien tal que constituye una razón fuerte [...] para articular una
protección normativa a su favor a través de la imposición de deberes u obliga-
ciones.87

85
Rubén Sánchez Gil, “Valores constitucionales”, en Estado constitucional, derechos humanos, justicia y
vida universitaria, t. iv, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam, 2015, pp. 637-660.
86
Véase Luis M. Cruz, La Constitución como orden de valores. Problemas jurídicos y políticos, Granada,
Comares, 2005, p. 23-25.
87
Francisco Laporta, “Sobre el concepto de derechos humanos”, en Doxa. Cuadernos de Filosofía del Dere-
cho, Alicante, 1987, p. 31.

Ética en el servicio público


54

El sistema jurídico es expre­ El sistema jurídico es expresión de un sistema de ética social, no puede darse
sión de un sistema de ética en el vacío, sin un fundamento que le permita orientar las decisiones y la
social, no puede darse en
el vacío sin un fundamento propia legislación. Su contenido es reflejo de una moral pública inspirada en
que le permita orientar las ciertos juicios de valor que proponen un Estado ideal deseable. Sin importar su
decisiones y la propia le­ contenido, una norma jurídica siempre buscará hacer real y asequible algún
gislación. Su contenido es
reflejo de una moral públi­ valor que su autor halló estimable. Cada norma adquiere sentido en la medida
ca inspirada en ciertos jui­ en que hace posible un bien perseguido, el bien o valor que tutela esa ley. No
cios de valor que proponen sólo eso, cada ley, cada norma, cada mandato, no sólo tutela un bien concreto
un Estado ideal deseable.
sino que hace referencia a un valor primario constitucional que justifica la ley
en sí misma. Cada norma presupone, de hecho, un juicio axiológico en virtud
del cual la o el legislador trata de hacer efectivo un valor que reconoce como
tal en determinada situación general.

Las normas no están vacías, no son meros instrumentos regulatorios de la


conducta social, contienen principios generales que responden a valores pro-
pios de un pueblo, a valores propios de la persona humana. A esto se le conoce
M ódulo

como el espíritu de la ley, es decir, aquel principio que inspira y dio lugar a una
norma concreta y que sirve como guía en la jurisprudencia que la o el juez
aplica ante el caso particular. En este sentido la ley no es ciega sino que debe
ii

ser guiada en cada situación particular, buscando que los principios que le
dieron origen florezcan y salgan a la luz en su aplicación.

De manera muy simple y sabiendo que estamos realizando un reduccionismo


injusto, podríamos afirmar que nuestra Constitución puede ser dividida en dos
partes: el Título Primero, compuesto de 38 artículos, habla sobre los principios,
derechos humanos y garantías que guían a la sociedad mexicana; y, los títulos
restantes, que definen la estructura y organización general del Estado mexica-
no. Todos ellos se fundamentan en el primer principio básico contenido en el
artículo 1º y que consiste en la libertad e igualdad de todos los seres humanos
a los cuales nuestra Carta Magna se compromete a proteger.

El contenido concreto responde a las circunstancias históricas y sociales pro-


pias de nuestra nación y busca insertar los valores tutelados a partir de esta
experiencia histórica en el mundo real. En cierta manera, los valores pertene-
cen a un mundo imaginario, ideal; los artículos buscan integrar esos valores
en un entorno dado.88 Los valores contenidos en nuestra Constitución son de
carácter superior y deben regir el contenido de toda ley o norma posterior.
Todo ordenamiento jurídico debe orientarse única y exclusivamente a la bús-
queda de los valores superiores. Como tales, éstos nos presentan un Estado
ideal, deseable.

Véase Luis Villoro, op. cit., pp. 30-31.


88

Fase de inducción
55

Por esta razón, los principios axiológicos fundamentales deben ser promovidos
en cualquier aspecto de la vida social. Es decir, no sólo se debe exigir “respe-
to, entendido como la abstención de cualquier acción que los menoscabe, sino
también protección y promoción al requerir asimismo medidas adecuadas y
acciones positivas para impedir cualquier situación que perjudique su máxima
realización”.89

Los valores, a través de su constitucionalización se convierten en normas ob-


jetivas, es decir, no rigen solamente relaciones subjetivas o personales sino
que, al volverse campo del derecho, son exigibles legalmente. Los principios
y valores se presentan como lo deseable, lo estimable y son exigibles como
orientaciones prácticas de las situaciones concretas presentándose como guía
en la jurisprudencia o interpretación de todas las demás leyes prácticas que
tocan la organización del Estado y de la ciudadanía.

Normas, principios y valores no son aspectos separados de la realidad social.

ii
M ódulo
Los particulares expresan sus valores y los constituyentes los fijan en princi-
pios legales. De esta manera se “impide el desarrollo de una doble ética en la
sociedad, una en las relaciones con el Estado y otra para las relaciones entre
particulares”.90

El conjunto de valores que plasmó la estructura fundamental del Estado mexi-


cano naciente comenzó a formarse desde el inicio de la colonia como el re-
sultado de dos culturas que se encontraron y que dieron origen a una nueva
nación en 1821. Estos valores pueden clasificarse en tres grupos: los valores
personales, los colectivos y los públicos. Cada uno de ellos se encuentra for-
mado por diversos valores específicos que iremos analizando.

Valores personales: la libertad como valor supremo


del Estado de derecho mexicano

Como afirmamos anteriormente, “los valores personales se refieren al conjunto “[L]os valores personales
de intereses, principios, aspiraciones y deseos que, dentro de la dimensión es- se refieren al conjunto de
intereses, principios, aspira­
tatal, pertenecen a los individuos”.91 Los valores personales pueden confundirse ciones y deseos que, dentro
fácilmente con la moral individual pues, de hecho, muchos de ellos pretenden de la dimensión estatal, per­
defender el fuero interno de las personas y suelen ser valores compartidos por tenecen a los individuos.”

la colectividad social, es decir, se reconocen como valores privados, indepen-


dientemente de que estén reflejados o no en la esfera pública.

89
Rubén Sánchez Gil, op. cit., p. 650.
90
Humberto Nogueira Alcalá, Teoría dogmática de los derechos fundamentales, México, Instituto de In-
vestigaciones Jurídicas-unam, 2003, p. 75.
91
Miguel de la Madrid H., Constitución, Estado de derecho y democracia, México, unam, 2004, p. 267.

Ética en el servicio público


56

De hecho, el Estado reconoce estos valores como parte esencial de la vida de


las personas que conforman la sociedad y por ello los integra como parte del
espíritu del Estado y busca no sólo no vulnerar estos valores individuales, sino
que se compromete a garantizarlos y hacerlos posibles por todos los medios a
su alcance. Por esta razón, el Estado es el principal defensor de la libertad de
las personas así como de su seguridad; representan esencialmente la defensa
de la dignidad humana y por ello son valores individuales básicos, que se
presuponen como base para cualquier otro valor. Forman parte generalmente
de todas las Constituciones y son considerados como un elemento esencial de
los derechos fundamentales que aparecen en la parte llamada dogmática. A
pesar de las posibles diferencias, de un Estado a otro, al nutrirse de la misma
fuente, que es la dignidad del ser humano, son esencialmente iguales. Forman
parte de tales derechos subjetivos la libertad de movimiento, de expresión, de
asociación, de trabajo, etcétera.

El Estado mexicano, como Estado liberal, tiene como principal objetivo “pro-
M ódulo

teger el ejercicio de la libertad del hombre en todas sus manifestaciones so-


ciales, políticas y económicas”.92 De hecho, independientemente de cómo se
considere a la libertad, la totalidad de los Estados modernos tienen como ob-
ii

jetivo garantizar la libertad individual, valor que descansa en el principio de


la dignidad del ser humano.93 Un Estado democrático sólo tiene sentido si las
personas que lo componen son libres, con capacidad de elección y, por lo tan-
to, de libre autodeterminación. Sólo donde las personas pueden interactuar
libremente se puede hablar realmente de una sociedad humana.

Desde el punto de vista negativo, la libertad consiste en la ausencia de inter-


ferencias en las decisiones de las personas. Es verdad que el Estado interviene
en la vida cotidiana de sus ciudadanos al prohibir determinadas conductas,
pero tal intervención, para no coartar la libertad, no debe ser excesiva y debe
estar restringida al ámbito de lo público pues el Estado está llamado a garan-
tizar la libertad no de un sólo ser humano sino de todos las personas que lo
conforman. Mi libertad termina ahí donde comienza la libertad de la o el otro;
y el Estado debe garantizar mi libertad, pero también la de quienes coexisten
conmigo.

Esta visión da origen a la idea positiva de la libertad. Desde este punto de vista,
el Estado busca garantizar la posibilidad de que toda persona pueda autode-
terminarse de acuerdo con las potencialidades de realización que cada quien
posea. En otras palabras, se trata de que cada ser humano pueda llevar a cabo
lo que proponga sin que nadie ni nada lo limite, a menos que dañe este mismo
derecho en otras personas.

Ibidem, p. 268.
92

Este principio queda resguardado como fundamento en el artículo 1º de la Constitución Política de


93

los Estados Unidos Mexicanos.

Fase de inducción
57

Para el concepto de libertad en sentido negativo, lo importante en un orden jurí-


dico es el reconocimiento y establecimiento de una lista de derechos o libertades
fundamentales, con el fin de impedir que sean obstruidos u obstaculizados en
sus ejercicios […] Para el concepto de libertad en sentido positivo, lo importan-
te es la creación y formulación de instituciones y mecanismos que promueven
acciones y actividades encaminadas al perfeccionamiento de los individuos y de
la sociedad en general, tales como los sistemas de gobierno y sus instituciones
democráticas.94

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (cdhdf) se presenta


como un camino para defender y garantizar la libertad en sentido positivo de
todos los seres humanos. Por tanto, no le corresponde coartar ni reglamentar
la vida pública o privada de una sociedad, sino vigilar, proteger y denunciar
ahí donde las instituciones, las personas o las organizaciones han dañado la
libertad de un ser humano extrapolando sus propios límites.

ii
M ódulo
La Constitución, en su parte dogmática, registra cuatro grupos básicos de valo-
res personales que conocemos como derechos humanos y sus garantías,95 las
cuales son:96

1. Derechos que garantizan la igualdad: igualdad para gozar de todos


los derechos que otorga la Constitución (artículo 1º); prohibición de
la esclavitud e igualdad sin distinciones (artículo 2º); igualdad entre
el hombre y la mujer (artículo 4º); prohibición de títulos nobiliarios y
fueros (artículos 12 y 13).
2. Derechos que garantizan la libertad: como la libertad de profesión, in-
dustria y comercio (artículo 5º); de expresión (artículo 6º); de imprenta
(artículo 7º); libertad y derecho de petición (artículo 8º); libertad de
reunión y asociación (artículo 9º); libertad de poseer y portar armas
(artículo 10); libertad de tránsito y residencia (artículo 11); libertad
religiosa (artículo 24); libertad de circulación y comunicación (artículo
25) y libertad de competencia económica (artículo 28).
3. Valores de propiedad: prohibición de confiscación (artículo 22) y pro-
tección de la propiedad privada (artículo 27).
4. Valores relacionados con la justicia identificados con seguridad jurídica:
prohibición de extradición de personas privadas de la libertad por razo-
nes políticas y esclavas o cualquier persecución por un valor protegido
por la Constitución (artículo 15); protección contra cateos, interferencia

94
Miguel de la Madrid H., “Los valores en la Constitución mexicana”, op. cit., pp. 269-270.
95
“En México la Constitución de 1857 consideró como sinónimos, de acuerdo a [sic] la terminología
tradicional de origen francés, a los derechos del hombre y a las garantías individuales. Todavía la Cons-
titución de 1917 emplea la terminología tradicional de origen francés.” Rosario Huerta Lara, op. cit., p.
9. En la actualidad, si bien se conserva todavía el término garantía en el Título Primero, Capítulo i, se le
ha colocado el término más propio de derechos humanos.
96
Véase Miguel de la Madrid H., Constitución, Estado de derecho y democracia, op. cit., pp. 270-271.

Ética en el servicio público


58

de la esfera privada y órdenes de aprehensión (artículo 16); prohibi-


ción de cárcel por deudas de carácter puramente civil, prohibición de
hacerse justicia por propia mano, la administración de justicia expedita
(artículo 17); garantías específicas para los detenidos y sentenciados
en procesos penales (artículos 18 al 21 y 23), y prohibición de penas
inusitadas (artículo 22). Todos estos principios son de suma importan-
cia pues la seguridad jurídica garantiza la tutela efectiva de los valores
protegidos por la Constitución.

Valores colectivos: la justicia, valor supremo del Estado mexicano

No basta con garantizar la protección de los derechos de las personas como


individuos. Los seres humanos convivimos en sociedad y necesitamos de los
demás para poder subsistir. Parte de nuestros intereses sólo pueden satisfa-
cerse en sociedad. La vida colectiva no es un añadido artificial o una parte
M ódulo

incómoda de ser demasiados humanos en el planeta. Somos seres individuales


con intereses particulares y con objetivos propios, sí, pero la realización de la
persona humana sólo puede lograrse cuando vive en sociedad.
ii

Las comunidades también


tienen intereses propios Las comunidades también tienen intereses propios llamados colectivos; y ex-
llamados colectivos; y ex­
pre­san principios, aspi­ presan principios, aspiraciones y deseos de las comunidades que integran el Es-
raciones y deseos de las tado. De esta manera surgen también los derechos o garantías sociales como el
comunidades que integran derecho al trabajo, a un hogar digno, a la salud, a la educación, etc. Todas estas
el Estado.
garantías se orientan hacia la justicia social y adquirieron especial relevancia
Mientras que el Estado con las revoluciones sociales del siglo xx. Mientras que el Estado de derecho
de derecho tiene como tiene como valor principal garantizar la libertad, el Estado social o de bienestar
valor principal garantizar
la libertad, el Estado so­
busca, ante todo, la justicia social (sobre todo en su carácter distributivo).
cial o de bienestar busca
ante todo la justicia social El Estado social se propone lograr una mayor igualdad entre las y los ciudada-
(sobre todo en su carácter
distributivo).
nos buscando una mejor distribución de la riqueza entendida en todos sus
sentidos y no sólo como valor monetario. Un Estado de derecho no puede
progresar, y ni siquiera mantenerse, si no busca el bienestar de todas y todos
sus ciudadanos. El papel del Estado ya no es sólo proteger a las personas en su
libertad y apoyarlas en la búsqueda de sus propias necesidades sino que toma
un rol más activo proveyendo a sus ciudadanos y ciudadanas de todos los
medios necesarios para que puedan acceder a las mismas oportunidades a
pesar de las posibles diferencias humanas, culturales, sociales, etcétera.

El Estado de bienestar, propuesto por la Constitución mexicana de 1917, busca


hacer coexistir dos valores propios de la vida social, la libertad y la dignidad
con la justicia social. La justicia social no es vista como una coerción a la liber-
tad humana y a la dignidad del ser humano sino como protección a la libertad
personal protegiendo, precisamente, a las clases más débiles de los poderes
fácticos de toda sociedad. El Estado de bienestar se propone garantizar a las

Fase de inducción
59

clases minoritarias y desprotegidas, y no sólo a una minoría privilegiada, la


posibilidad de una vida humana digna. Cabe mencionar que haciendo esto,
también garantiza un futuro de paz, concordia y respeto para las clases que
aparentemente no necesitan de esta protección en el presente.

Para poder garantizar el Estado de bienestar a todos las y los ciudadanos,


incluso las minorías y los sectores más débiles, las y los constituyentes fijaron
en la Constitución aquellos principios de acción que el Estado debería ir cum-
pliendo gradualmente para otorgarles el acceso a una mejor calidad de vida.
Las y los constituyentes:

1. Por medio del artículo 27 otorgaron a la nación un dominio directo


de ciertos bienes como son el petróleo, la minería, etc., y le dieron el
poder de intervenir en la economía otorgándole un papel más activo
en la planeación social, productiva y monetaria. Con esto, se fija el
papel rector del Estado en el régimen de propiedad y las bases para la

ii
M ódulo
intervención estatal.
2. También garantizaron en el artículo 3º de la Constitución el derecho a
recibir educación. El Estado se encuentra obligado a impartir, de ma-
nera gratuita, la educación básica y superior necesaria para desarrollo
de sus ciudadanos y ciudadanas.
3. Con el artículo 4º se resguardaron el derecho a la protección de la
salud y el derecho de toda familia a disfrutar de una vivienda digna y
decorosa.
4. A través del artículo 123 defendieron a la persona trabajadora. Se es-
tablecieron las bases mínimas de la legislación laboral y los derechos
mínimos de los cuales no se puede privar a ningún trabajador, ni aun
cuando éste renuncie a ellos.
5. Y, finalmente, en el artículo 130 establecieron la separación entre las
iglesias y el Estado instaurada en las leyes de Reforma y que asegura la
libertad religiosa y el Estado democrático.

Como es claro para todos, el hecho de garantizar un derecho social a través


de la ley no implica que, de hecho, las y los ciudadanos gocen de ese derecho.
Conseguir el Estado de bienestar o social implica una serie de acciones positi-
vas que los gobiernos deben adoptar y que no siempre se han mostrado como
las más eficaces o las más convenientes.

Valores públicos: soberanía, representación y democracia

Aparentemente no basta con proteger a los seres humanos como individuos y Los valores públicos se re­
como colectivo garantizándoles el ejercicio de los valores que persiguen de fieren a las actividades que
los órganos públicos o de
manera individual o grupal. A través de la constitución del Estado entró en gobierno deben llevar a
juego un nuevo personaje: el gobierno, el cual sirve de intermediario entre la cabo para asegurar el or­
den social.

Ética en el servicio público


60

voluntad general y la individual. Los valores públicos se refieren a las activida-


des que los órganos públicos o de gobierno deben llevar a cabo para asegurar
el orden social.

El primero y más importante de los valores públicos es el de la soberanía de


un pueblo. Bajo el concepto de soberanía subyace la idea de la libre autode-
terminación de los pueblos. La soberanía es a los pueblos lo que la libertad a
los individuos. De hecho, este valor unifica la libertad individual y la libertad
colectiva. La soberanía significa que todo poder público emana del pueblo y
que sólo éste puede otorgar el poder de actuar a los servidores públicos. “La
soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder
público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene
en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su
gobierno.”97

Con base en este valor se construye toda organización política que da vida al
M ódulo

Estado y es el que da origen a la idea de servidor público y que, por lo tanto,


se convertirá en el eje central cuando hablemos de las obligaciones, derechos
y deberes en el servicio público.
ii

Debido a que la soberanía no puede ser ejercida directamente por el pueblo, es


necesario generar un sistema de representación. El pueblo sigue conservando
la soberanía y la facultad de autodeterminarse, pues no le puede pertenecer a
nadie más, pero la ejerce a través de sus representantes.

El sistema representativo exige, por su misma naturaleza, la pluralidad que es


el resultado propio de la diversidad de las y los ciudadanos. En México, tuvi-
mos el dominio de un partido hegemónico (y de hecho único), durante mucho
tiempo. Con el tiempo, nuestro sistema ha experimentado grandes variaciones
pasando un sistema plural de partidos políticos competitivos. Además, existe
un sistema de representación proporcional que permite dar mayor voz a las
minorías ampliando la competencia entre las diferentes fuerzas políticas y
permitiendo un mayor intercambio de ideas.

Ahora bien, no siempre un mayor número de representantes y más plural sig-


nifica una mejor representación ni un mejor sistema. La democracia es un
sistema en continua perfección y no pretende tener todas las respuestas a
las situaciones presentes y futuras.

En el sistema representativo las autoridades “no tienen un título propio, in-


manente, de poder político, sino solamente las facultades que les otorga el
orden jurídico, son representantes del pueblo y en su nombre ejercen el poder

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, artículo 39.


97

Fase de inducción
61

político”.98 Es el orden jurídico el que establece el alcance y las limitaciones de


las obligaciones de las y los servidores públicos y del poder político. La Cons-
titución crea un régimen legal para organizar a la sociedad y proyectar los va-
lores fundamentales que el pueblo tiene como propios y, al mismo tiempo, fija
las directrices que las y los gobernantes deben seguir en la representación del
poder que les es otorgado. Por esta razón, la Constitución es la norma máxi-
ma, el principio que da unidad y fuerza al Estado, no puede existir una norma
por encima de ella pues ya no sería el principio fundante de todas las demás
normas. La elección de los valores que la ciudadanía desea vivir constituye, de
manera inevitable, un valor superior: la supremacía de la Carta Magna.

El sistema representativo sólo es posible ahí donde existe la democracia. La


representación política es la representación del pueblo y debe ejercerse en
beneficio del pueblo. En una democracia, la mayoría ejerce el poder sin por
ello desatender las necesidades de las minorías. Esto sólo es posible gracias a
que la voluntad general se expresa como búsqueda del bien común y no sólo

ii
M ódulo
de una porción de la sociedad. El bien común va más allá de los intereses par-
ticulares y los garantiza si éstos no dañan al mismo bien común.

Nuestra Constitución consagra en el artículo 39 la democracia como la forma


de gobierno propia de nuestro país, y el artículo 3º recoge el valor democrático
como valor propio del pueblo de México. Este precepto considera “a la democra-
cia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como
un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y
cultural del pueblo”.

Un sistema de vida implica una serie de instituciones políticas, económicas,


sociales y culturales que guían y soportan la vida de una nación. La o el ser-
vidor público se inserta en esta estructura como la fuerza que pone en movi-
miento esta estructura y se encuentra sujeto a la voluntad general ejercida a
través de un sistema democrático.

La importancia de vivir y publicitar los valores del Estado moderno

Hasta ahora nos hemos referido a los valores de manera indistinta, pero mi-
rando más a fondo en el reino del valor nos damos cuenta que existen dife-
rentes clases de valores que dan origen a diferentes tipos de bienes.99 Pueden
ser bienes vitales, sociales o espirituales de toda índole. “Entre estos bienes
hay ya muy altos valores, por ejemplo, varios de los valores de organización
que consiste en una determinada relación de los bienes a las personas. El Es-

Miguel de la Madrid H., Constitución, Estado de derecho y democracia, op. cit., p. 279.
98

Recordemos que un bien se presenta como tal porque contiene dentro de sí un valor que es apreciado.
99

El objeto, al valer, se convierte en un bien para mí.

Ética en el servicio público


62

tado de derecho, digamos, es uno de estos altos bienes para todo el que goza
de su poder protector.”100 Estos bienes pueden adquirir especial importancia
dependiendo del momento histórico en que una nación se encuentra. Su valor
proviene de las situaciones concretas por las que cruza una sociedad y que
pueden estar alterando o poniendo en peligro uno de los principios rectores
supremos de la Constitución.

Debido a que algunos valores adquieren especial importancia en un contexto


histórico y cultural determinado dedicaremos lo que queda de esta sección a
comprender la importancia de la rendición de cuentas en nuestro país.

No es suficiente que exis­ No es suficiente que existan reglas objetivas dentro de un país; también se
tan reglas objetivas dentro requiere que “los hombres de acción –legisladores, jueces, gobernantes en
de un país; también se
requiere que “los hombres general– sepan adecuar sus actos a los principios, es decir, que actúen con
de acción –legisladores, coherencia y que sus acciones sean conocidas por la comunidad”.101 No puede
jueces, gobernantes en existir verdadera responsabilidad y compromiso real si los principios normati-
M ódulo

general– sepan adecuar


sus actos a los principios, vos y las decisiones que las y los gobernantes toman no son públicos. Atentar
es decir, que actúen con contra el principio de transparencia y publicidad es atentar contra la natura-
coherencia y que sus ac­ leza del Estado de derecho; es su propia negación.
ii

ciones sean conocidas por


la comunidad”.
Así pues, una de las exigencias más importantes del Estado de derecho es la
publicidad y transparencia de los actos de gobierno. Sólo ella nos permite ver
con claridad las consecuencias de las acciones de las y los gobernantes y de
las y los ciudadanos. En la medida en que las decisiones gubernamentales se
ocultan a la sociedad reservándose a un pequeño grupo de personas, en esa
medida el Estado de derecho se parece más a un régimen totalitario.102 Pero,
¿qué significa rendir cuentas?, ¿en qué consiste el principio de transparencia?

“[R]endir cuentas significa En principio, sabemos que “rendir cuentas significa literalmente entregar o
literalmente entregar o dar dar cuentas ante alguien. De ahí que rendir cuentas sea siempre una acción
cuentas ante alguien. De
ahí que rendir cuentas sea subsidiaria de una responsabilidad previa, que implica una relación transitiva
siempre una acción subsi­ y que atañe a la manera en que se dio cumplimiento a esa responsabilidad”.103
diaria de una responsabi­ La rendición de cuentas se hace sobre una acción, una decisión o incluso una
lidad previa, que implica
una relación transitiva y
que atañe a la manera
en que se dio cumplimien­
100
Nicolai Hartmann, Introducción a la filosofía, México, Centro de Estudios Filosóficos-unam, 1961, pp.
to a esa responsabilidad.” 152-153.
La rendición de cuentas se
101
Rodolfo Vázquez, “El Estado de derecho: una justificación”, en Miguel Carbonell et al. (comps.), Estado
hace sobre una acción. de derecho: concepto, fundamentos y democratización en América Latina, México, unam/itam/Siglo xxi,
2002, p. 118.
102
“Nada más peligroso para la existencia del Estado de derecho que la reducción de la publicidad de las
medidas gubernamentales, sea dificultando el acceso a la información, sea mediante la práctica de
la sanción de medidas secretas o de conocimiento reservado a un grupo de iniciados, tal como suele
suceder en los regímenes totalitarios.” Ernesto Garzón Valdés, “Acerca de los conceptos de publicidad,
opinión pública, opinión de la mayoría y sus relaciones recíprocas”, en Doxa. Cuadernos de Filosofía del
Derecho, núm. 14, Alicante, 1973, p. 77.
103
Sergio López Ayllón y Mauricio Merino, “La rendición de cuentas en México: perspectivas y retos”, en
La estructura de la rendición de cuentas en México, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam/
cide, 2010, p. 1.

Fase de inducción
63

omisión e involucra al menos dos sujetos: quien realiza la acción y a quien se


le rinde cuentas.

Este concepto ha estado presente desde los orígenes de la democracia. Basta


con pensar en la palabra latina res publica, que literalmente significaría la
cosa pública, era un término que se usaban para designar los asuntos comu-
nes y pasó a identificar la organización política de Roma. La república era la
cosa común que unificaba a todas y todos los ciudadanos, que les daba iden-
tidad y en la cual otros podían participar. Como interesaba a todos, se exponía
en el foro público y ahí cualquiera podía acceder a la información.

La transparencia y la información son esenciales para la justicia y la convi-


vencia armónica, pues quien esconde la información de los asuntos públicos,
difícilmente representa intereses legítimos y honestos. En palabras de Kant:

Son injustas todas las acciones que se refieren al derecho de otros hombres

ii
M ódulo
cuyos principios no soportan ser publicados […] Un principio que no pueda ma-
nifestarse en alta voz sin que se arruine al mismo tiempo mi propio propósito,
un principio que, por tanto, debería permanecer secreto para prosperar y al que
no puedo confesar públicamente sin provocar indefectiblemente la oposición de
todos, un principio semejante, sólo puede obtener la universal y necesaria reac-
ción de todos contra mí, cognoscible a priori, por la justicia con la que amenaza
a todos.104

Todo lo que puede incidir en la vida de las sociedades debe estar sujeto al
estricto escrutinio público y, por ello debe poder accederse a la información
necesaria para comprender la situación o problema. Por esta razón, en un
Estado liberal igualitario de derecho, todas y todos los ciudadanos deben te-
ner el derecho a acceder a la información que les permita juzgar y valorar las
acciones de las y los servidores públicos y así participar realmente como una
o un verdadero elector que elige su derecho de representación escogiendo a
aquellas personas que coinciden con sus intereses.

La transparencia nunca ha dejado de ser esencial en las democracias, pero el


concepto de razón de Estado de los siglos xviii y xix, la fue opacando.105 En la
actualidad, no puede concebirse una democracia sin que el pueblo pueda te-
ner algún tipo de control sobre aquellos que los gobiernan. La o el ciudadano
debe poder acceder a la información que el poder político maneja. Ahí donde
la sociedad no puede acceder a toda la información a la cual los políticos tie-

Emanuel Kant, Hacia la paz perpetua, Madrid, Biblioteca Nueva, 1999, p. 127.
104

Me parece importante recordar que antiguamente se invocaba con frecuencia la razón de Estado
105

como un bien que se imponía al bien de los individuos. La razón de Estado implica secretismo y la pre-
sencia de un grupo de elite que toman las decisiones por el bien del pueblo, independientemente de lo
que opinen las y los ciudadanos. Véase Ernesto Garzón Valdés, “Acerca de los conceptos de publicidad,
opinión pública, opinión de la mayoría y sus relaciones recíprocas”, op. cit., p. 83.

Ética en el servicio público


64

nen acceso, se genera poco a poco una democracia poco confiable e indigna.
De hecho, como bien señala Bobbio, cuando el poder controla la información
y la hace inaccesible al común de las y los ciudadanos, entonces se revierte el
proceso democrático: del control del poder por parte de las y los ciudadanos
se pasa al control de las y los ciudadanos por parte del poder. Para Bobbio, la
mayor parte de los gobiernos han dejado de ser democracias para convertirse
en tecnocracias. La democracia supondría que todos pueden tomar decisiones
sobre todas los asuntos públicos; la tecnocracia presupone, en cambio, que las
decisiones son tomadas por aquellas pocas personas que, siendo expertas en
el tema, son capaces de tomar las decisiones adecuadas.106 El resto de las
personas son consideradas como menores incapaces de tomar las decisiones
correctas, por lo que deben ser guiadas, por su bien, aun cuando no pueden
participar en la elección de sus representantes.

En la actualidad, es imposible pensar en un Estado protector que considera


a sus ciudadanos como menores de edad, incapaces de tomar decisiones por
M ódulo

cuenta propia. Hoy buscamos un modelo de ciudadanía ilustrada, que partici-


pa activamente dentro de las decisiones del poder público y tiene la capacidad
y el poder de sancionar y castigar a las autoridades cuando no proceden de
ii

acuerdo con el interés general sirviendo de contrapeso de las decisiones gu-


bernamentales.

En la difusión de este espíritu ilustrado, que se había ido perdiendo a lo largo


del siglo xx, han colaborado ampliamente las redes sociales que hacen llegar
la información a las y los ciudadanos de manera rápida y sin intermediarios.
Sin embargo, en una sociedad compleja, las y los ciudadanos prefieren reducir
la información al máximo. “Surge, entonces, un conflicto entre la pretensión
de ser racional y el mismo ejercicio del derecho de acceso a información: un
ciudadano racional que pretendiera maximizar su bienestar y minimizar los
costos informarse hoy día representa un costo elevado preferiría no informar-
se y asumir conscientemente los riesgos de la manipulación.”107 Esta situación
está creando un fenómeno curioso: una o un ciudadano que recibe mucha
información breve y, por tanto, muchas veces insuficiente, para poder emitir
un juicio crítico adecuado. Además, esta información adquiere rápidamente un
sesgo social crítico que se enfoca en un solo punto sin atender a la realidad
en su totalidad que siempre es compleja y propagando con rapidez una ver-
dad social que puede o no corresponder con la realidad.

Ésta sería una posición diametralmente opuesta al ideal de la o el ciudadano


ilustrado que buscaba que todo ser humano tomará sus decisiones basado en
la razón que analiza y sopesa sus intereses y las posibles consecuencias de

Véase Norberto Bobbio, Il futuro della democracia, Turín, Einaudi, 1991, pp. 19-27.
106

Rodolfo Vázquez, op. cit., p. 120.


107

Fase de inducción
65

sus decisiones.108 Es verdad, los seres humanos estamos más involucrados con
nuestro entorno que el siglo pasado pero no siempre buscamos profundidad
y certeza por los costos de tiempo y esfuerzo que ello implica. La vigilancia
sobre las y los servidores públicos aumenta día con día pues los medios de
comunicación y vigilancia cada vez son más eficaces, más invasivos y más
difíciles de controlar.

La cdhdf como organismo que promueve la rendición de cuentas

Así pues, “el derecho de acceso a la información es un asunto central, clave


nodal en las democracias. La o el ciudadano no sólo debe informarse para des-
pués decidir sino que debe informarse para vigilar al representante. La publici-
dad une al representante con el representado”.109 El secretismo y el ocultar la
información es un elemento de los gobiernos no democráticos y autoritarios
que no buscan realmente el beneficio público, sino el propio. Un gobierno que

ii
M ódulo
no es transparente violenta el valor fundamental y principio básico de nuestra
Constitución que es la libertad e igualdad. A quien se le oculta la información
no puede elegir, pues la libertad está basada en la capacidad de elegir entre
dos o más opciones la que mejor se ajuste a los propios intereses y ocultar
información es manipular esta elección. Al no existir un principio más básico
que la libre elección, la transparencia y el acceso a la información se convier-
ten en objetivos básicos de toda defensa de la dignidad humana y de los prin-
cipios que dan origen al Estado de derecho mexicano. Por tal razón, cdhdf está
llamada a defender y promover la transparencia y el acceso a la información
como un aspecto básico en la defensa de los derechos humanos universales.

En el artículo 6º de nuestra Constitución quedó establecido que “el derecho


a la información será garantizado por el Estado. Toda persona tiene derecho al
libre acceso a la información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y
difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión”.
Ello implica, como consecuencia que también debe garantizar el acceso “a las
tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de
radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha e internet”.
Queda claro que no es posible asegurar la transparencia y la rendición de
cuentas si antes no se garantiza la autonomía de los medios de comunicación
y el derecho de las y los ciudadanos a su libre acceso.

Como el gobierno no puede ser juez y parte, se debe constituir un organismo


autónomo capaz de exigir y velar por los principios de transparencia en todos
los organismos gubernamentales y en cualquier entidad que ejerza recursos

Véase Anthony Downs, The economic theory of democracy, Nueva York, Harper, 1957.
108

Jaime Cárdenas, “Las correcciones a la democracia representativa”, en José Luis Calva (comp.), Demo-
109

cracia y gobernabilidad, México, Porrúa/unam, 2007, p. 216.

Ética en el servicio público


66

públicos. Debe regirse “por los principios de certeza, legalidad, independencia,


imparcialidad, eficacia, objetividad, profesionalismo, transparencia y máxima
publicidad”.110

Esta entidad puede y será acompañada por otros organismos pro rendición de
cuentas que, aunque no cuentan con fuerza legal coercitiva, pueden eviden-
ciar las acciones que afectan el espacio público aportando una nueva visión y
fomentando con ello el diálogo y la discusión razonada.

Son mecanismos de control horizontal, que escapan de las estructuras guber-


namentales de carácter vertical, y que son impulsados principalmente por la
sociedad. Tienen la ventaja de que ejercen constante vigilancia y no dependen
directamente de una ley que los mueva a la acción sino que proceden en su
mayoría con una cierta liberalidad. Según Ackerman, “la gobernabilidad de-
mocrática y el Estado de derecho, de hecho, dependen de la calidad de la
‘rendición de cuentas vertical’ inscrita en las reglas de la votación, pero son
M ódulo

igualmente dependientes de la calidad del ejercicio de la ‘rendición de cuentas


horizontal’”,111 o de la supervisión y control que se produce entre las diferen-
tes instituciones. Los mecanismos de control horizontal se crearon inicialmen-
ii

te para dar credibilidad a las instituciones gubernamentales de carácter


vertical.

La fuerza de organismos Estos organismos pro rendición de cuentas, entre los que se encuentran
como la cdhdf proviene de las comisiones de derechos humanos, “son instituciones públicas autóno-
la aceptación que la socie­
dad tiene de ellos con base mas en las cuales son delegados elementos medulares del orden democrático
en la percepción de res­ liberal”.112 Su fuerza proviene de la aceptación que la sociedad tiene de ellas
ponsabilidad, honestidad y que se basa, obviamente, en la percepción de responsabilidad, honestidad y
y transparencia en la per­
secución de sus objetivos. transparencia en la persecución de sus objetivos propios.

Así pues, la legitimidad de las comisiones de los derechos humanos la propor-


ciona la sociedad con base en la confianza que generan. Esta confianza será
John Ackerman propuso alimentada en la medida en que las comisiones realmente velen por la protec-
entender la rendición de ción de los derechos humanos en la sociedad y cumplan con su papel de vigi-
cuentas como “un proceso lancia de las instituciones gubernamentales.
pro-activo [sic] por medio
del cual los servidores pú­
blicos informan, explican John Ackerman propuso entender la rendición de cuentas como “un proceso
y justifican sus planes de pro-activo [sic] por medio del cual los servidores públicos informan, explican
acción, su desempeño y
sus logros y se sujetan a las y justifican sus planes de acción, su desempeño y sus logros y se sujetan a las
sanciones y recompensas
correspondientes”.
110
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, artículo 6º.
111
Si bien en este texto Ackerman se refiere concretamente al sistema electoral mexicano, es perfecta-
mente aplicable al tema que estamos tratando. John Ackerman, “Autoridad descentralizada y desarrollo
político: la dinámica institucional en la rendición de cuentas en México”, en Ernesto Insunza Vera y
Alberto J. Olvera (coords.), Democratización, rendición de cuentas y sociedad civil: participación ciuda-
dana y control social, México, Porrúa/Universidad Veracruzana, 2006, p. 294.
112
Ibidem, p. 294.

Fase de inducción
67

sanciones y recompensas correspondientes”.113 Esto supone que la rendición


de cuentas es un proceso que va más allá de la simple reconvención ante los
fallos. Implicaría que las y los servidores públicos dialoguen con la sociedad y
con otras instituciones y que estén sujetos a sanciones tanto negativas como
positivas. Una comisión de derechos humanos que sólo denuncie las violacio-
nes no sería percibida como un elemento trascendental en la defensa de los
derechos humanos, pues su acción sería siempre post facto.

Ackerman amplía así la simple y básica idea de rendición de cuentas como un


proceso contable de un agente que debe informar sobre las acciones realiza-
das y la convierte en “un proceso dinámico que redefine las relaciones entre
el Estado y la sociedad, reconfigurando la naturaleza misma de la democracia
y la participación ciudadana”.114 Se busca construir un mundo mejor y no sólo
acotar los fallos y errores de la sociedad y su gobierno.

Por esta razón, las comisiones de derechos humanos requieren una actitud

ii
M ódulo
proactiva, no sólo en la defensa de la dignidad humana sino en la promoción
de los derechos humanos y la orientación de otras instituciones hacia una
actitud transparente y pro rendición de cuentas.

La transparencia genera confiabilidad y la confianza de la sociedad legitima


y da fuerza a las instituciones, sean gubernamentales o no. La cdhdf no sólo
debe promover la transparencia; también debe ejercitarla.

La cdhdf como organismo obligado a rendir cuentas

El derecho al acceso a la información contempla, de acuerdo con Ernesto


Villanueva,115 cuatro puntos: a) el acceso a la información pública a petición
de parte; b) la transparencia o acceso a la información de oficio; c) un sistema
legal de protección de datos personales, y d) un sistema legal de archivos
públicos.

El acceso a la información pública a petición de parte

Por información pública la Ley de Transparencia y Acceso a la Información


Pública del Distrito Federal comprende lo siguiente: “Todo archivo, registro
o dato contenido en cualquier medio, documento o registro impreso, óptico,
electrónico, magnético, químico, físico o biológico que se encuentre en poder

113
John Ackerman, Más allá del acceso a la información. Transparencia, rendición de cuentas y Estado de
derecho, México, Siglo xxi, 2008, p. 16.
114
Ibidem, p. 18.
115
Ernesto Villanueva, Derecho de la información, México, Porrúa, 2006, p. 71.

Ética en el servicio público


68

de los entes públicos y que no haya sido previamente clasificada como de


acceso restringido” (artículo 4º, fracción ix).

En otras palabras, el acceso a la información que generan los órganos guber-


namentales o estatales es total y sin restricción a excepción de aquello que la
ley señala como reservada o confidencial. Para que un determinado tipo de
información sea considerada como tal debe establecerse el requisito de prue-
ba de daño, es decir, demostrar que su divulgación dañaría el interés público
o bien a alguna persona en concreto.

Las principales causales para la confidencialidad de la información se centran


en temas como la defensa y seguridad nacional, la estabilidad económica,
la información de carácter diplomático, las investigaciones en curso, la vida
privada y personal de las y los servidores públicos, etcétera.

El acceso a la información está considerado como un derecho humano, y por


M ódulo

lo tanto no está reservado a ciudadanas y ciudadanos mexicanos en posesión


plena de sus derechos, por lo que puede ser ejercido por cualquier ser humano
que viva en territorio mexicano: personas extranjeras, privadas de la libertad,
ii

menores de edad, etc. No se puede exigir ningún tipo de retribución para


proporcionar la información ni tampoco tiene que existir un fin determinado
para solicitarla.

La transparencia o acceso a la información de oficio

Transparente significa que Transparente significa que se puede ver a través de él, sin barreras u obstácu-
se puede ver a través de él, los que obstruyan la visión. La transparencia en el gobierno significa, por lo
sin barreras u obstáculos
que obstruyan la visión. La tanto, el poder ver sin distorsiones las actividades que éste realiza y las deci-
transparencia en el gobier­ siones que toma. El hecho de que el gobierno deba rendir cuentas es acorde
no significa, por lo tanto, con la idea de transparencia, pues es la manera en que el gobierno publicita su
poder ver sin distorsiones
las actividades que éste actuar informando a las y los ciudadanos de sus acciones. Que el gobierno les
realiza y las decisiones mantenga informados de las operaciones gubernativas implica una política de
que toma. transparencia y de rendición de cuentas.116

La rendición de cuentas facilita el escrutinio público. No debemos olvidar que


el gobierno recibe su mandato del pueblo y a él le debe explicación. Quien se
oculta en el cumplimiento de su deber, muestra de antemano el desvío propio
de sus acciones en la búsqueda de los intereses personales o en la incapacidad
para llevar a término lo encomendado.

Véase Andreas Schedler, ¿Qué es la rendición de cuentas?, México, Ifai (Cuadernos de transparencia,
116

núm. 3), 2004.

Fase de inducción
69

Por otra parte, la transparencia y la rendición de cuentas no cumplen sólo


con una función preventiva en la que se busca evidenciar la actividad guber-
namental para encontrar los errores y omisiones, legitimando o castigando a
las y los responsables, según sea el caso. También implica que la o el servidor
público se cuestione sobre lo que se le solicita y la mejor manera de realizarlo
para poder rendir cuentas de sus decisiones. De esta manera, la transparencia
también implica una nueva lógica en el ejercicio del poder.

Es conveniente advertir que

la rendición de cuentas no equivale al derecho de acceso a la información pública


ni es sinónimo de transparencia. Se trata de conceptos que se refuerzan recípro-
camente, pero que no significan lo mismo. No puede decirse, por ejemplo, que un
régimen es transparente porque responde a las solicitudes de información que
hacen los ciudadanos que desean tener acceso a los documentos que obran en
los archivos de sus gobiernos.117

ii
M ódulo
Un régimen transparente sería literalmente aquel donde no existen obstáculos
para ver y saber qué decisiones toma el gobierno, qué recursos ocupa, qué
medios utiliza y cuáles son los resultados que obtiene.

La rendición de cuentas es algo más que la transparencia,

es una tarea obligada y permanente, con actores claramente identificados que


llevan a cabo la vigilancia, el control y la sanción sobre los contenidos sustantivos
del ejercicio gubernamental, en todas sus facetas, en un entorno legal y demo-
crático explícito y abierto, que identifica con claridad las obligaciones que cada
servidor público debe cumplir.118

Un sistema legal de protección de datos personales

Transparencia no significa ausencia de privacidad. La ventana que se abre


para observar lo público debe permanecer cerrada con respecto a lo privado y
lo íntimo. El derecho a la información no es absoluto y algunas veces resulta
complicado tratar de definir dónde empieza y dónde termina nuestro dere-
cho a la información. Como criterio general, establecemos que la información
debe transparentarse en todo lo que tenga que ver con lo público, es decir, lo
socialmente relevante, aquello que afecta a la sociedad.

El marco legal debe proteger las esferas de lo íntimo y lo privado. Sólo se tiene
derecho a la información que tiene una repercusión pública, incluso cuando

Sergio López Ayllón y Mauricio Merino, op. cit., p. 8.


117

Ibidem, p. 9.
118

Ética en el servicio público


70

ésta se haya generado en la intimidad del hogar o en una conversación pri-


vada. Las y los ciudadanos tienen derecho a su intimidad y el Estados está
obligado a proteger esta intimidad.

La Ley de Protección de Datos Personales para el Distrito Federal tiene por ob­jeto,
como lo especifica el artículo 1º, “establecer los principios, derechos, obliga-
ciones y procedimientos que regulan la protección y tratamiento de los datos
personales en posesión de los entes públicos”. Éstos escapan totalmente del
dominio público y no pueden ser entregados a nadie que no sea su dueño.

Por datos personales se entiende la información numérica, alfabética, gráfica,


acústica o de cualquier otro tipo concerniente a una persona física, identificada
o identificable. Tal y como son, de manera enunciativa y no limitativa: el origen
étnico o racial, características físicas, morales o emocionales, la vida afectiva y
familiar, el domicilio y teléfono particular, correo electrónico no oficial, patrimo-
nio, ideología y opiniones políticas, creencias, convicciones religiosas y filosófi-
M ódulo

cas, estado de salud, preferencia sexual, la huella digital, el adn y el número de


seguridad social, y análogos.119
ii

Un sistema legal de archivos públicos

Para poder satisfacer la necesidad de información y asegurar la transparencia


en los datos se debe establecer un sistema confiable de archivos públicos, de
tal manera que sea relativamente sencillo poder acceder a la información en
un lapso de tiempo adecuado y de la manera más completa posible y ordena-
da para facilitar con ello la comprensión de los datos recibidos. Debemos re-
cordar que el acceso a la información tiene como objetivo principal ejercer el
principio de autodeterminación basado en la toma de decisiones informadas
y libres. Por esta razón, la comprensión de la información recibida es esencial.
En ausencia de un sistema legal de archivos públicos los datos pueden resultar
confusos o insuficientes. Por otra parte, la o el solicitante puede conocer de
antemano a qué atenerse cuando solicita información.

Con el fin de evitar excesos y generar certidumbre, es necesario prever tam-


bién la existencia de un organismo autónomo para resolver controversias con
base en un marco regulatorio congruente que contemple la facultad de soli-
citar información y la obligación de entregarla. Las entidades públicas deben
contar con servidoras y servidores públicos responsables de entregar y difun-
dir información, lo cual no exime a cada una de ellas y ellos de conservar toda
información de carácter público que corresponda a su responsabilidad. Para
lograr un mejor cumplimiento de esta responsabilidad de las y los servidores

Ley de Protección de Datos Personales para el Distrito Federal, publicada en la Gaceta Oficial del Distrito
119

Federal el 3 de octubre de 2008, artículo 2º.

Fase de inducción
71

públicos debe existir una capacitación permanente sobre estos temas. Es ver-
dad que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento, pero también
es verdad que es necesario explicar concretamente qué se espera de cada
servidora y servidor público para desarrollar este deber que les corresponde
como servidores de la nación.

La cdhdf, como organismo gubernamental encargado de la protección y pro-


moción de los derechos humanos en la ciudad de México, no está exenta de
rendir cuentas de su mandato ante la sociedad. Posiblemente ella, más que
ningún otro organismo, está obligada a enfatizar especialmente la transpa-
rencia y la rendición de cuenta de sus acciones en la defensa de los derechos
humanos.

El gran reto de la cdhdf es el de generar confiabilidad y credibilidad en esa


institución. En su función de árbitro imparcial busca eliminar la posibilidad de
que el gobierno sea juez y parte y funge también como contrapeso ante una

ii
M ódulo
visión demasiado legalista o política que pisotee los derechos fundamentales
consagrados en nuestra Carta Magna.

Se trata de generar un criterio alterno, alejado de los intereses privados, po-


líticos o partidistas que puedan torcer a la ley en búsqueda de un beneficio
particular en detrimento de la dignidad del ser humano.

Para garantizar su autonomía de juicio, las y los servidores públicos que con-
forman la cdhdf no pueden ser cesados discrecionalmente por el gobierno ni
influir en su elección, no pueden recibir órdenes ni instrucciones guberna-
mentales ni pueden estar supeditados a controles ordinarios de la función
pública.120

La cdhdf carecen de poder coactivo, no obstante, cumple una función esencial


de servir de contrapeso en el ejercicio del poder aumentando el número de los
tomadores de decisión y sirviendo como un organismo regulador con un papel
proactivo en la rendición de cuentas llamando la atención del público hacia
asuntos que posiblemente podrían permanecer desapercibidos, o reforzando
la opinión pública a través de su juicio imparcial, creando el ambiente ade-
cuado para un debate razonado y de acceso a todas y todos los ciudadanos.

El desafío al que se enfrentan los organismos que defienden los derechos hu-
manos es el de hacer valer sus recomendaciones en la medida en que estén
abiertas al diálogo. Las comisiones de derechos humanos velan por la pro-
tección del ser humano para que las organizaciones gubernamentales no lo
atropellen en sus derechos fundamentales. El acceso a la información es un de-

Véase María Salvador Martínez, Autoridades independientes, Barcelona, Ariel, 2002, p. 251.
120

Ética en el servicio público


72

recho que se funda en la libertad del ser humano y toda comisión de derechos
humanos está obligada a defender este derecho. Es responsabilidad de todas
ellas el buscar de manera proactiva la expansión de la cultura de la transparen-
cia y el exigir, ahí donde brota la opacidad, una mayor apertura.
M ódulo
ii

Fase de inducción
Módulo iii.
El servicio público como parte
del Estado
74

La vivencia de los valores


por las y los servidores públicos

Las normas jurídicas comprenden No obstante, es importante


una serie de valores que orientan reconocer que las normas
la actuación de las y los servidores jurídicas pueden o no ser
públicos. morales. La legalidad de una
norma deviene de su validez,
no de su justificación ética.

Las y los servidores públicos


tratan de justificar su desapego
Los valores se aprenden desde
a los valores estatales al señalar
la infancia y se refuerzan
que deben obedecer políticas y
y replantean permanentemente.
consignas institucionales que se
contraponen a éstos.

Los valores éticos son cualidades que


otorgamos a formas de ser y de actuar que
las hacen deseables como características
propias y de las y los demás.

Los principios son valores que en cierta


La virtud se comprende como la predisposición
manera son externos a nosotros porque son
permanente para actuar de acuerdo con
objetivos, es decir, de manera general quienes
determinados valores.
los aprecian coinciden en que son valiosos.
M ódulo

Instituciones como la cdhdf deben observar, Existen diversos contravalores que deben
entre otros, los siguientes valores: evitar las y los servidores públicos:
iii

  1. Respeto a la dignidad humana. a) La lealtad personal como el valor de cambio


  2. Respeto a la vida. más importante para obtener, permanecer y
  3. Respeto a la libertad de las y los demás. ascender en la carrera del servicio público.
  4. Respeto a las leyes. b) El acceso a los puestos públicos en función de
  5. Responsabilidad. las credenciales políticas y personales, y no por
  6. Honestidad. criterios de idoneidad.
  7. Eficiencia. c) La pérdida del valor generado a través de la
  8. Respeto. experiencia acumulada ante los cambios de
  9. Transparencia. dirección.
10. Justicia. d) El aprovechamiento de situaciones bajo un
11. Imparcialidad. claro conflicto de intereses que se toma como
12. Solidaridad y subsidiariedad. pago compensatorio por el trabajo realizado.

Fase de inducción
75

Valores, virtudes y principios: una perspectiva individual en el servicio


público para los integrantes de la cdhdf

Muchas veces se ha intentado absolver a la o el servidor público de toda


responsabilidad moral afirmando que “los administradores son éticamente

iii
neutros en el sentido en que ellos no ejercitan su juicio moral de manera inde-

M ódulo
pendiente. No se espera que ellos actúen bajo ningún principio moral propio,
sino que deben llevar a cabo cualquier principio que esté reflejado en las
órdenes y políticas que están encargados de implementar”.121 Bajo este punto
de vista, la o el servidor público “puede defender la lógica propia de su lideraz-
go hasta alcanzar su propia decisión, pero cuando el parecer de los superiores
es conocido, los servidores públicos deben ajustarse o bien renunciar”.122

Esto implicaría un cierto nivel de neutralidad por parte de las y los servidores
públicos, al menos cuando siguen órdenes, pues

incluso si los administradores públicos pueden tener cierto campo para realizar
juicios morales independientes, no pueden ser considerados moralmente res-

121
Dennis F. Thompson, “The Possibility of Administrative Ethics”, en Public Administration Review, núm.
45, septiembre-octubre de 1985, p. 556.
122
Kenneth Kernaghan y John W. Langford, The Responsible Public Servant, Toronto, Institute for Research
on Public Policy/Institute of Public Administration of Canada, 1991, p. 13.

Ética en el servicio público


76

ponsables por la mayoría de las decisiones y políticas del gobierno. Su responsa-


bilidad moral personal sólo se extendería a los deberes específicos de su propio
oficio por los cuales son legalmente responsables.123

Sin embargo, las y los servidores públicos no son robots. La experiencia mues-
tra que existe una especie de vacío de poder en el ejercicio cotidiano de sus
funciones y que ellas y ellos mismos constituyen muchas veces los criterios
que serán tomados en consideración por sus superiores para la toma de de-
cisiones. Independientemente de esta realidad, no es menos cierto que las y
los servidores públicos muchas veces deben acatar consignas y políticas que
no pueden modificar y a las cuales están sujetos. Las leyes, normas y políticas
propias de un determinado sector del servicio público le obligan a comportar-
se de determinada manera y tal parecería que esto es suficiente para ser una
o un buen servidor público.

Es verdad, las y los servidores públicos deben buscar cumplir las leyes y normas
que les competen pero para la construcción del Estado de derecho es nece-
sario actuar más allá de la ley, es decir, no basta con ceñirse al cumplimiento
de las reglas sino que se debe exigir un fuerte compromiso ético. En este
contexto, la “ética y la administración pública se engarzan fuertemente a fin
de garantizar a la sociedad una convivencia armónica privilegiando el logos
e inhibiendo el uso de la fuerza del Estado para el logro de sus propósitos”.124

Por esta razón, es necesario generar un compromiso de construcción de ciu-


dadanía y gobierno bajo un modelo de gestión ética basado en valores y virtu-
des que refuercen los principios que dieron origen a la Constitución y generen
funcionarias y funcionarios virtuosos más que ciudadanas y ciudadanos sim-
M ódulo

plemente respetuosos de la ley.

Valor y virtud son dos conceptos que se asocian constantemente y que, dada
iii

su relación, permanecen confusos en el imaginario de las personas. ¿Es lo mis-


mo el valor que la virtud?, ¿en qué se diferencian?, ¿una persona con valores
es una persona virtuosa?, ¿el valor y la virtud tienen alguna relación con los
principios fundantes del Estado?

Los valores

“El hombre [dice Bochenski en su Introducción al pensamiento filosófico] sien-


te la realidad como bella o fea, como buena o mala, como agradable o penosa,
como noble o vil, como santa o no santa.”125 El humano es un ser de valores

123
Dennis F. Thompson, “The Possibility of Administrative Ethics”, op. cit., p. 559.
124
José R. Castelazo, Administración pública, una visión de Estado, México, inap, 2010, pp. 299-301.
125
Jozef Maria Bochenski, op. cit.

Fase de inducción
77

que se siente atraído por las cosas y al mismo tiempo las rechaza. Es más, los
valores orientan la vida humana y se convierten en pautas de conducta que
dan sentido a nuestra existencia. Dar sentido a la propia vida implica dar una
valoración a las cosas que hacemos.

Los animales también valoran en cierto sentido las cosas como bienes que
satisfacen sus necesidades. Pero no son este tipo de valores, los que compar-
timos con los animales, los que nos interesan. Cuando hablamos de valores
solemos referirnos a los valores propiamente humanos, aquellos que los ani-
males no son capaces de percibir como la belleza, el bien, la honestidad, la
responsabilidad, etcétera.

El valor es un bien descubierto, deseado y elegido en forma libre y conscien- Los valores éticos son cuali­
te, que busca ser realizado por la persona. Los valores son esencialmente dades que otorgamos a for­
mas de ser y de actuar que
prioridades basadas en elecciones. Están presentes en lo que hacemos y no las hacen deseables como
hacemos, en las cosas a las que nos hemos acostumbrado y lo que somos características propias y
capaces de tolerar. Los valores están basados en alternativas reales y en una de las y los demás, pues
posibilitan la construcción
consideración genuina de sus consecuencias. de una convivencia demo­
crática en el marco de los
Los valores éticos son cualidades que otorgamos a formas de ser y de ac- derechos humanos.

tuar que las hace deseables como características propias y de las y los demás,
puesto que posibilitan la construcción de una convivencia democrática, en
el marco de los derechos humanos. Los valores en general y, en especial, los
valores éticos, son creencias o convicciones de que algo es preferible y digno
de aprecio.

Los valores más importantes de una persona forman parte de su identidad

iii
pero, atención, no siempre lo que creemos importante para nosotros es lo que

M ódulo
realmente es importante para nosotros. Una persona que afirma que su fa-
milia es esencial para su vida, pero que le dedica poco tiempo, hace de ella un
valor intelectual, no real. Sólo sentimos pesar al hacer algo incorrecto cuando
el valor en cuestión es parte de nuestro ser.

Los valores se aprenden desde la más tierna infancia y se van reforzando y Los valores se aprenden
ampliando a lo largo de las etapas formativas. La familia, la escuela y la socie- desde la más tierna infan­
cia y se van reforzando y
dad son las principales fuentes de las que extraemos los valores morales que ampliando a lo largo de
consideramos importantes. Ahora bien, los valores, si bien en un inicio son las etapas formativas. La
impuestos por factores externos, con el tiempo cada persona, de acuerdo con fa­milia, la escuela y la so­
ciedad son las principales
sus experiencias, conocimientos y desarrollo social constituye una visión pro- fuentes de las que extrae­
pia de sus propios valores, asimilando algunos, desarrollando otros y rechazan- mos los valores morales
do los demás. Aunque todos pensemos que la honestidad es importante, porque que consideramos impor­
tantes.
así lo percibimos, la sociedad, nuestra familia o nuestras experiencias de vida
nos pueden llevar a comprender, de manera distinta, el significado y la aplica-
ción de la honestidad como valor.

Ética en el servicio público


78

¿Existe alguna relación entre los valores y los principios?, ¿existe alguna di-
ferencia o son lo mismo? La respuesta a ambas preguntas es sí, aunque es
necesario hacer algunas aclaraciones. Los principios, en el fondo, son también
valores pero no todos los valores son principios en el sentido dado al inicio de
este texto, en el primer módulo.

Los principios son valores que en cierta manera, son externos a nosotros, se
presentan como objetivos; es decir, pueden ser apreciados por todos y todos
coinciden en que son valiosos. Su valor está más allá de intereses persona-
les y muchas veces pueden presentarse como contrarios a estos intereses. Los
principios, como valores, son también el origen o principio de otros valores.
Se presentan como leyes prácticas de acción que deben ser realizadas para
lograr lo verdaderamente importante. De esta manera, los principios que dan
origen a la Constitución y que están en su base se presentan como valores que
son la fuente de otros valores que nuestra sociedad persigue para su propia
realización. En este sentido son generales, es decir que no dependen de los
intereses particulares (si bien algunas veces éstos pueden estar en contra de
los principios) para ser apreciados y deben ser respetados para poder alcan-
zar los fines o valores particulares de cada persona.

Así, los principios se presentan como valores universales, aceptados como va-
lores más allá de los fines particulares que cada persona se proponga. Son
el origen de otros valores que hayan su razón de ser gracias a los principios
fundantes. En cambio, los valores en sentido muy amplio, pueden ser de cor-
te personal, pueden cambiar de acuerdo con situaciones concretas o pueden
dejar de ser valores personales en un momento dado. Esto no significa que
los valores no tengan ningún fundamento en la realidad y que sean total y
M ódulo

absolutamente subjetivos. Sólo buscamos afirmar que ciertos valores pueden


variar o dejar de ser esenciales de acuerdo con los objetivos que una persona
establezca. De hecho, existen también ciertos valores que, sin llegar a ser prin-
iii

cipios o valores fundantes, son válidos también de manera universal.

Las virtudes

Los valores generan en las personas actitudes, es decir, una disposición a ac-
tuar de acuerdo con determinadas sentimientos o creencias y éstas, a su vez,
se expresan en comportamientos y opiniones que se manifiestan de manera
espontánea y generan patrones de conducta.

No basta con percibir la realidad como bella o amable, es necesario ponerse


en acción para alcanzar la belleza o la bondad percibidas. Muchos valores
morales se encuentran sólo en la acción realizada. El bien moral, la justicia, la
honestidad, la responsabilidad, etc., son valores que se perciben en las accio-

Fase de inducción
79

nes humanas y, por lo tanto, sólo se presentan como tales (o bien en forma de
antivalor) cuando las personas actúan de manera consciente y libre.

Los valores humanos atraen; es decir, sentimos simpatía y placer al contem-


plarlos y apreciamos a quienes los realizan. Sin embargo, la atracción a veces
no es suficiente para encarnarlos en la propia vida pues requieren, no pocas
veces, sacrificio renunciando a otros valores o intereses, posiblemente de ca-
rácter económico o social, que también nos importan.

El valor inmediato, precisamente por su inmediatez, generalmente tiene ma-


yor impulso en el ánimo de cada persona. Valores que consideramos superio-
res, como los morales o los espirituales, pierden fuerza ante la presencia de
valores inferiores, como los económicos o los materiales, pero que por razones
del momento son considerados como más deseables (no mejores). Por esta
razón, para poder mantenerse obrando el bien a pesar de la presencia de otros
intereses válidos o no, es necesaria la virtud.

La palabra virtud viene del latín vis, que significa fuerza. La virtud es la encar- La palabra virtud viene
nación operativa habitual del valor moral; son hábitos operativos, es decir, del latín vis, que significa
fuerza. La virtud es la en­
una predisposición a obrar el bien. Toda virtud está orientada a un valor pero carnación operativa habi­
no todo valor da como resultado una virtud. tual del valor moral; son
hábitos operativos, es de­
cir, una predisposición a
La virtud permite generar una mejor disposición para obrar, predispone a rea- obrar bien. Toda virtud está
lizar el valor moral con mayor facilidad y ayuda a vencer resistencias ins- orientada a un valor, pero
tintivas, emocionales, ambientales o situacionales que nos pueden llevar a no todo valor da como re­
sultado una virtud.
buscar eventos o cosas que valoramos más momentáneamente. No basta con
respetar y valorar los principios y valores que se nos presentan como nece-

iii
sarios, hay que enraizarlos en el obrar cotidiano e integrarlos en el actuar. No

M ódulo
todos los valores dan origen o se convierten en virtudes pero toda virtud está
orientada a alcanzar y hacer propio un valor moral.

Los valores son generales, las virtudes individuales. Las virtudes llevan los va- La virtud no está constituida
lores al ámbito de lo concreto. A lo largo de la vida de las personas se ponen a por un solo acto sino por
una disposición permanen­
prueba los valores y las virtudes alcanzadas con la práctica y el esfuerzo. Se te a obrar de acuerdo con
reconoce como una persona recta y virtuosa a quien ha logrado actuar con- hábitos buenos, a pesar de
forme a la razón humana de acuerdo con los principios y valores morales los deseos existentes.

superiores, dejando en un segundo plano los intereses personales momentá-


neos. De esta manera, la virtud no está constituida por un solo acto sino por
una disposición permanente a obrar de acuerdo con hábitos buenos a pesar de
los deseos existentes. La virtud persigue los valores perennes y trata de llevar
a la realidad los principios propios del Estado, es decir, la responsabilidad, la
justicia, la honestidad, la eficiencia, etcétera.

La virtud perfecciona las capacidades de la persona, la mejora en su actuar y


amplía sus potencialidades. Como afirma René Simón, los hábitos virtuosos,

Ética en el servicio público


80

“lejos de ser una mecanización de la vida y una somnolencia del espíritu, son,
por el contrario, la presencia activa de la inteligencia y de la voluntad”,126 ésta
es la razón por la que los animales no forman hábitos.

Los valores en la cdhdf

Sin pretender ser exhaustivo ni en el análisis ni en la enumeración, menciona-


remos algunos de los valores éticos y sociales127 que constituyen el deber ser
en la actuación del personal de las comisiones:

1. Respeto a la dignidad humana: como principio y valor fundamental


en la defensa de los derechos humanos y del cual parten todos los
demás valores y la propia razón de ser de la Comisión radica en la
afirmación y defensa de la persona misma como un ser único e irre-
petible. La persona constituye un fin en sí misma y, en consecuencia,
nadie puede usarla sólo como un medio o dañarla en su persona, vida
o propiedades.
2. Respeto a la vida: como condición indispensable para el desarrollo de
la persona humana. El valor de la vida es el que da sustento y posibili-
dad a todos los demás valores y por lo tanto, se convierte en el primer
valor que se debe buscar y por el cual se debe luchar.
3. Respeto a la libertad de las y los demás: como único camino de convi-
vencia pacífica posible. Constituye la esencia misma de la vida demo-
crática plena. Va más allá de la tolerancia, pues afirma a las personas
en sus diferencias de opinión, religión, creencias, opciones de vida,
independientemente del sexo, la edad, la raza, etcétera.
M ódulo

4. Respeto a las leyes: como expresión de la voluntad de un pueblo. El


desarrollo armonioso de una sociedad sólo puede lograrse si impera
la justicia, el apego a las leyes del Estado y el respeto a sus institucio-
iii

nes. Las leyes son la estructura sobre la que un grupo social amplio
puede caminar de manera ordenada y eficaz para lograr su desarrollo.
La conducta de una o un integrante de la Comisión “no puede
quedar orientada exclusivamente por sus principios éticos individua-
les. El respeto al derecho y al principio de legalidad es fundamental
en la actuación de las y los servidores públicos, porque en el dere-
cho se encuentra la síntesis de la moral social”.128 Los límites al libre
arbitrio están precisamente puestos para evitar la arbitrariedad. El

126
René Simón, Moral, Barcelona, Herder, 1984, p. 328.
127
La presente selección fue tomada en parte de la página de la Comisión Nacional de los Derechos Hu-
manos, disponible en <http://cndh.org.mx/Codigo_Etica_Conducta>, página consultada el 1 de julio de
2015.
128
Petra Armenta Ramírez, “Ética y transparencia”, en Luz del Carmen Martín Capitanachi (coord.), Temas
selectos de transparencia y acceso a la información, Veracruz, Instituto Veracruzano de Acceso a la
Información, 2011, p. 32.

Fase de inducción
81

respeto a la Constitución y a las leyes y reglamentos que de ella ema-


nan es parte del valor de la legalidad y condición imprescindible para
garantizar la libertad y la autonomía de las y los ciudadanos.
5. Responsabilidad: que consiste en asumir y hacerse cargo de los pro-
pios actos así como de las omisiones en el ejercicio de las funciones
encomendadas respondiendo de esta manera a la confianza deposi-
tada por la comunidad y asumiendo las consecuencias de sus accio-
nes. Implica también responder por los actos no intencionados que
puedan perjudicar a otras personas procurando remediar los prejui-
cios causados.
6. Honestidad: anteponiendo siempre los intereses de la comunidad an-
tes que los particulares. Consiste en no usar el cargo o empleo público
como ganancia personal ni aceptar prestación o compensación que
lo pueda llevar a faltar a la ética en la responsabilidad de su función.
La honestidad genera confianza y respuesta proporcional por parte
de la comunidad a la que se sirve. La Ley Federal de Responsabilidades
Administrativas de las y los Servidores Públicos específica claramente
cuáles son los principios que deben regir a la o el servidor público en
el cumplimiento de sus responsabilidades administrativas.129
7. Eficiencia: que se presenta como valor pero que sólo existe como
virtud, pues es una actitud o facultad constante de lograr un fin
determinado de manera eficaz y con el menor uso de energía o de
recursos. La o el servidor público debe trabajar para satisfacer las
necesidades básicas de la comunidad optimizando la utilización de
los recursos disponibles. De hecho, la Ley de Responsabilidades obliga
a las y los servidores públicos a cumplir con la máxima diligencia “el
servicio que le sea encomendado y abstenerse de cualquier acto u

iii
omisión que cause la suspensión o deficiencia de dicho servicio o im-

M ódulo
plique abuso o ejercicio indebido de un empleo, cargo o comisión”.130
8. Respeto: aceptando a la y al otro como es, reconociendo su digni-
dad y no vulnerando sus derechos. Se trata de respetar y procurar
que se respete, sin excepción alguna, la dignidad de la persona, sus
derechos, libertades, creencias y preferencias personales, siempre y
cuando no dañen a otros.
9. Transparencia: ante todo consiste en actuar con rectitud y conforme
a un comportamiento diáfano y que sea claro para todas y todos.
Además, y conforme a la normatividad propia de cada país, garan-
tizar el acceso a la información de la Comisión sin más límite que el
que imponga el interés público y el derecho a la privacidad de las per-
sonas. Este mismo valor busca la confidencialidad que es el respeto

129
Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, publicada en el Diario Ofi-
cial de la Federación el 13 de marzo de 2002; última reforma publicada el 14 de julio de 2014, artículo
8º.
130
Ibidem, artículo 8º, fracción i.

Ética en el servicio público


82

por los datos o hechos que deben guardarse en sigilo para no afectar
indebidamente la honorabilidad de las personas.
10. Justicia: es la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo
que merece de acuerdo con sus derechos y en cumplimiento de sus
deberes. La justicia va más allá de la legalidad. Si bien es importante
ceñir sus actos al cumplimiento de la ley impulsando así la cultura de
respeto al Estado de derecho, también es importante recordar que la
ley no siempre proporciona la justicia adecuada.
La y el servidor público debe conducirse invariablemente con
apego a las normas jurídicas inherentes a la función que desempeña.
Respetar el Estado de derecho es una responsabilidad que, más que
nadie, debe asumir y cumplir el servidor público. Para ello, es su obli-
gación conocer, cumplir y hacer cumplir las disposiciones jurídicas
que regulen el ejercicio de sus funciones.131
De todas maneras, es importante recordar que la justicia pro-
mueve la igualdad, es decir, la imparcialidad que deben regir los actos
y las decisiones que desarrollan las y los servidores públicos procu-
rando que dichos actos se sujeten al principio de igualdad para todos,
sin distinción alguna.
11. Imparcialidad: que es la capacidad de mantener la objetividad en los
juicios y en las decisiones que se derivan de ellos buscando evitar
la subjetividad o el conflicto de intereses. La imparcialidad brota de la
paridad ante la ley de las personas y las instituciones e implica con-
ducirse con veracidad, siempre de conformidad con los hechos de la
realidad, más allá de todo prejuicio o simpatía ante una causa.
12. Solidaridad y subsidiariedad: la primera consiste en la atención y ayu-
da desinteresada que se brinda a los seres humanos como semejan-
M ódulo

tes, es decir, por el simple hecho de pertenecer al género humano. La


solidaridad es el rostro social del amor. Por su parte, la subsidiariedad
implica el asistir a las necesidades de las personas o de las comuni-
iii

dades en todas aquellas cosas que no puedan realizar por sí mismas.


A través de ambos principios o valores se busca la mayor equidad de
oportunidades y conseguir, a través del tiempo, la equidad social.

Desgraciadamente, como advertimos al inicio de este módulo, los valores no


siempre son seguidos y practicados, a pesar de que podamos tener un con-
vencimiento intelectual de su importancia y de su valor para la vida diaria.
Surgen en la vida cotidiana otros valores que acaparan nuestros deseos y que
orientan nuestras acciones. Tales valores, por presentarse como contrarios a
los deseados en el servicio público son llamados antivalores o contravalores.

Código de Conducta de los Servidores Públicos de la Secretaría de la Defensa Nacional, publicado en el


131

Diario Oficial de la Federación el 19 de marzo de 2013.

Fase de inducción
83

Contravalores en el servicio público en México

Cabe aclarar que un antivalor sigue siendo, desde el punto de vista de quien lo
sigue, un valor; es decir, algo que atrae su atención, que se desea por encima
de otras cosas o valores. Además, cada nación tiene su propia idiosincrasia,
es decir, una forma de ver la vida y el entorno que le rodea y que le lleva a
valorar algunas cosas más que otras. A mi parecer, las y los servidores pú-
blicos en México presentan principalmente cuatro antivalores: a) la lealtad
personal como el valor de cambio más importante para obtener, permanecer y
ascender en la carrera del servicio público; b) el acceso a los puestos públicos
en función de las credenciales políticas y personales de las y los candidatos,
y no por criterios de idoneidad; c) la pérdida del valor generado a través de la
experiencia acumulada ante los cambios de dirección, y d) el aprovechamiento
de situaciones bajo claro conflicto de intereses, que se toma como pago com-
pensatorio del trabajo realizado.

La lealtad personal como el valor de cambio más importante para obtener,


permanecer y ascender en la carrera del servicio público

Es cierto que la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servi-


dores Públicos en el artículo 7º señala a la lealtad como uno de los valores que
rigen el servicio público.132 El principio de lealtad se refiere a que la o el servidor
público, en su adhesión, acepta los vínculos a la institución a la que pertenece
de tal modo que refuerza y protege los valores que ésta representa. Pero esta
lealtad debida a la institución suele entregarse generalmente a la persona que
dirige la institución o a quien dirige el área a la que pertenece la o el servidor
público.

iii
M ódulo
Este tipo de lealtad que supera la debida a la institución favorece el oculta-
miento y la falta de transparencia en la rendición de cuentas traicionando, no
pocas veces, los valores personales y a la dependencia a la que se pertenece.
En el servicio público la lealtad es un deber para con la comunidad a la que
se sirve.

“Será responsabilidad de los sujetos de la ley ajustarse, en el desempeño de sus empleos, cargos o comi-
132

siones, a las obligaciones previstas en ésta, a fin de salvaguardar los principios de legalidad, honradez,
lealtad, imparcialidad y eficiencia que rigen en el servicio público.” Ley Federal de Responsabilidades
Administrativas de los Servidores Públicos, artículo 7º.

Ética en el servicio público


84

La lealtad implica observar respeto y subordinación legítimas con respecto a


sus superiores jerárquicos inmediatos o mediatos, cumpliendo las disposicio-
nes que éstos dicten en el ejercicio de sus atribuciones y comunicar al titular
de la dependencia o entidad en la que se presten los servicios, las dudas fun-
dadas que susciten las órdenes que se reciban.133

Desgraciadamente, la lealtad generalmente se otorga hacia aquellas personas


que nos procuran un beneficio. Es un acto de agradecimiento sincero que va
más allá de las instituciones, a las cuales no se identifica con entes reales, y
se deposita en personas concretas que además, suelen ser aquellas de quienes
depende el mantener nuestro trabajo. Por ello, la lealtad se reviste también
de interés personal al verme beneficiado del éxito (o su posibilidad) de otra
persona.

La lealtad hacia las personas y no hacia la institución va generando pequeños


grupos de intereses privados que no pocas veces dañan el interés público.
De hecho, se da un desplazamiento de los fines institucionales formalmente
aceptados, hacia los fines de las personas y los grupos que ocupan los cargos.

El acceso a los puestos públicos en función de las credenciales políticas y personales


de las y los candidatos y no por criterios de idoneidad

No es raro encontrar al frente de dependencias públicas de nuestro país a per-


sonas sin capacidad profesional para el cargo que desempeñan. Si bien la pro-
fesión estudiada no siempre refleja la capacidad de las personas para asumir
diferentes puestos o cargos, es un hecho que la formación universitaria capa-
cita, prepara, genera habilidades y cualidades específicas que permiten realizar
M ódulo

un mejor trabajo en aquellas áreas hacia donde se orientan esos estudios.

Muchas veces los cargos públicos importantes en nuestro país se obtienen no


iii

por idoneidad sino por compadrazgo o por credenciales políticas e intereses


partidistas. Es significativo el hecho de que cada seis años todos los puestos
importantes y de confianza deban presentar su renuncia para permitir a la
nueva administración llenar las plazas vacías con su propio equipo de trabajo,
empezando de cero cada sexenio y truncando la posibilidad de realizar una
carrera pública estable y exitosa.

La evaluación sobre el ejercicio del cargo se da con base en el compromiso


con el grupo en el poder y no en los resultados institucionales. Esto refuerza
la lealtad personal como el valor de cambio más importante para obtener,
permanecer y ascender en la carrera del servicio público generando un círculo
vicioso difícil de romper.

Adolfo Lugo Verduzco, “La ética en el servicio público”, en Sergio García Ramírez (coord.), Los valores en
133

el derecho mexicano. Una aproximación, México, unam/fce, 1997, p. 231.

Fase de inducción
85

La pérdida del valor generado a través de la experiencia acumulada ante los cambios
de dirección

Cada sexenio se da, generalmente, una ruptura en el ejercicio de las funciones


públicas. En la mayoría de los puestos de dirección, que son los que generan
políticas públicas, existe un rompimiento para volver a empezar desde cero.
Los mismos programas de las instituciones se modifican o cambian totalmen-
te para aplicar la nueva visión que el nuevo gobierno trae consigo.

Esto trae consigo que muchas de las políticas públicas y sociales nunca lleguen
a tomar forma y a arraigarse dando como resultado un sentimiento de frus-
tración social. Los cambios muchas veces son el reflejo de un interés personal
en el que la o el servidor público quiere mostrarlos como victorias propias,
desligándose de los logros de la anterior administración. Es muy significativo
apreciar, por ejemplo, que hasta el nombre de un instituto o programa concre-
to se modifica aun cuando se siga realizando exactamente la misma función.

El desempeño a lo largo del tiempo de un cargo público, como en cualquier


profesión, genera experiencia, es decir, capacidad práctica basada en el ejer-
cicio del cargo a través del cual la o el servidor público se enfrenta cons-
tantemente ante situaciones similares. El cambio periódico de los cuadros
directivos provoca periodos de arranque y coordinación amplios y repetitivos
que frenan el desarrollo de las dependencias públicas y fomentan la ineficacia
y la falta de iniciativa por parte de las y los servidores públicos de menor nivel
en el escalafón de las dependencias. No hay proyección más allá de los seis
años que dura el periodo presidencia, por ejemplo, pues todos saben que el
cambio es inevitable.

iii
M ódulo
Por esta razón, el desarrollo profesional de las y los individuos está vinculado
con la cercanía a los mandos superiores de la organización, colaborando nue-
vamente con el círculo vicioso de la lealtad personal como el valor de cambio
más importante de las y los servidores públicos para obtener, permanecer y
ascender en la carrera del servicio público.

El aprovechamiento de situaciones bajo claro conflicto de intereses que se toma


como pago compensatorio del trabajo realizado

“El conflicto de interés es una de las formas más comunes de comportamiento


no ético en el servicio público.”134 Pero, ¿qué significa con exactitud un con-
flicto de interés?

Kenneth Kernaghan y John W. Langford, op. cit., p. 133.


134

Ética en el servicio público


86

Un conflicto de interés se Un conflicto de interés puede definirse como una situación en la cual una o un
da en cualquier situación
servidor público tiene un interés privado o personal que influye o parece in-
en la que una o un servi­
dor público promueve un fluir en el ejercicio objetivo de sus deberes oficiales.135 De manera similar, se
interés personal o privado dice que existe un conflicto de interés “cuando el interés privado de un indivi-
que interfiere con el ejer­
duo está en desacuerdo con su deberes y responsabilidades individuales ante
cicio de sus deberes en el
servicio público, u obtiene el gobierno”.136 Esta última definición nos deja claro que no se impide un po-
una ventaja o ganancia en sible beneficio hacia la o el servidor público en el ejercicio de su deber, sino
virtud de su posición en la
sólo que el beneficio privado no supere o vaya en contra del deber público.
administración pública.

De esta manera, un conflicto de interés se da en cualquier situación en la


que una o un servidor público promueve un interés personal o privado que
interfiere con el ejercicio de sus deberes en el servicio público u obtiene una
ventaja o ganancia en virtud de su posición en la administración pública. El
problema radica, entre otras cosas, en la interpretación de lo que esto significa
y las reglas que cada dependencia pone como resultado de su interpretación.

Al menos hay tres prerrequisitos antes de poder afirmar que una o un admi-
nistrador público se encuentra ante un conflicto de interés real: la existencia
de un interés privado; que el conflicto es conocido por la o el servidor público;
y que tiene una conexión o nexo con sus deberes o responsabilidades públi-
cas y que ese interés es suficiente como para afectarlas.137 Se necesita que se
cumplan los tres requisitos para que exista un conflicto de interés real y no
sólo la percepción del mismo por parte de la sociedad. De hecho, podríamos
afirmar, siguiendo a The Parker Commission, que existen conflictos de interés
aparente, potencial y real.138

1. Un conflicto de interés es aparente cuando se deduce de las aparien-


M ódulo

cias, es decir cuando existe una razonable apreciación, que personas


bien intencionadas e informadas hacen, de que existe un conflicto de
interés, al menos, por lo que de los hechos se puede colegir. Por ejem-
iii

plo, cuando una o un servidor público contrata a una empresa donde


uno de sus parientes trabaja pues presentó el mejor presupuesto; o
cuando, en el honesto ejercicio de su oficio y en el cumplimiento de la
ley, realiza un acto que también lo beneficia a él de manera personal.
2. Existe un conflicto de interés potencial cuando, de hecho, una determi-
nada situación puede terminar generando un conflicto real. El conflicto
potencial existe tan pronto como la o el servidor público puede prever
que él tiene un interés económico o personal que puede ser suficiente
para influenciar el ejercicio su deber. Muchas veces, en el ejercicio nor-

135
Esta definición es una adaptación de la dada por Kenneth Kernaghan en su texto Ethical Conduct: Gui-
delines for Government Employees, Toronto, Institute of Public Administration of Canada, 1975, p. 13.
136
Gobierno de Canadá, Ethical Conduct in the Public Sector: Report of the Task Force on Conflict of Interest,
Ottawa, Supply and Services, 1984, p. 29.
137
Véase ibidem, p. 25. También conocida como The Parker Commission.
138
Véase Kenneth Kernaghan y John W. Langford, op. cit., pp. 136-137.

Fase de inducción
87

mal de sus responsabilidades, no existe un verdadero conflicto pero,


con el paso del tiempo, lo que antes no era conflictivo puede preverse
que lo será por comenzar a afectar de manera personal. En sí mismo
no es un conflicto real y la falta aún no existe, pero se corre el riesgo
de caer en un conflicto de interés con el tiempo o, al menos, aparentar
serlo.
3. The Parker Commission define un conflicto de interés real como una
situación en la cual “un funcionario público tiene conocimiento de un
interés económico privado que es suficiente para influenciar el ejerci-
cio de sus deberes públicos y responsabilidades”.139

El problema con los conflictos de interés no es que dañen a la nación, pues a


veces incluso puede ser ventajoso para el pueblo ciertos tratos o beneficios
que las y los servidores públicos obtienen. El problema radica en que generan
falta de confianza y reducen la credibilidad en la imparcialidad del gobierno.
En este sentido, un conflicto aparente puede ser tan dañino como uno ver-
dadero y de ahí la gran sabiduría popular que se ve reflejada en el dicho: no
hagas algo malo que parece bueno.

En nuestro país, es común que las y los servidores públicos se valgan de su


puesto laboral para conseguir beneficios adicionales, tomándolo como una
compensación extra debido a su, muchas veces, bajo salario. Se toma de ma-
nera tan natural el poder hacer negocio y obtener una ganancia económica,
que ni siquiera existe el cuestionamiento personal sobre la posibilidad de un
conflicto de interés. Si bien algunas instituciones y empresas intentan regular
estos temas, las diferencias, incluso entre departamentos de una misma de-
pendencia, pueden ser abismales.

iii
M ódulo
De hecho, parece ser que la cultura de la compensación extra ha permeado a
la sociedad, que retribuye económicamente, de manera natural y automática,
servicios que se deben ofrecer gratuitamente gracias al pago de impuestos.
En las áreas de compras, por ejemplo, existe un intercambio de regalos como
parte del sistema y las mismas empresas ya tienen destinado una parte de su
presupuesto para cubrir este tipo de eventos.

Finalmente, debemos anotar que a mayor responsabilidad y mayor capacidad


de decisión, la posibilidad de caer en un conflicto de interés aumenta y, por lo
tanto, las apariencias de conflicto también se multiplican. Los medios de co-
municación deben de permanecer alertas para denunciar, pero también deben
actuar con precaución y responsabilidad, evitando minar la credibilidad de las
y los representantes públicos. Por otra parte, las y los gobernantes y servidores
públicos deben comprender que, aun cuando no violenten la ley, la apariencia

Gobierno de Canadá, op. cit., p. 35.


139

Ética en el servicio público


88

o la posibilidad de conflicto es tan dañina como si fuera real. Recordemos: no


todo lo legal es justo o moralmente responsable.

Distinción entre lo legal, lo legítimo y lo moral: una perspectiva social


en el servicio público de la cdhdf

Para Friedrich Hayek, las normas sociales y morales son convenciones y “la
observancia general de dichas convenciones es una condición necesaria para
el orden del mundo en que vivimos, para la capacidad de encontrar nuestro
propio camino”.140 Así, la función general de una norma es servir como guía
de comportamiento o acción que debe ser seguida para lograr el resultado
deseado.

La norma tiene la función La norma tiene la función de servir de modelo o invitación para realizar una
de servir de modelo o in­ acción, y al mismo tiempo sirve como principio disuasorio a través del miedo
vitación para realizar una
acción, y al mismo tiempo al castigo que implicaría su violación. Ambas funciones buscan facilitar el or-
sirve como principio disua­ den del mundo en que vivimos y el camino a una sana convivencia. Existen
sorio a través del miedo al diferentes tipos de normas: normas sociales, normas religiosas, normas mora-
castigo que implicaría su
violación. Ambas funciones les y normas jurídicas. Todas ellas buscan guiar la conducta humana en sus
buscan facilitar el orden del diversas dimensiones: social, religiosa, personal y legal.
mundo en que vivimos y el
camino a una sana convi­
vencia. La ley o norma jurídica es la norma social por excelencia, pues menciona de
manera clara y concisa lo que se espera de las y los ciudadanos. Santo Tomás
define a la ley como “el dictamen de la razón en orden al bien común, pro-
mulgada por quien tiene el cuidado de la comunidad”.141 Las normas sociales,
especialmente la jurídica, se ajustan a un patrón de convivencia que la razón
M ódulo

descubre como la mejor para ella misma.

La ley no es un acto fortuito, ni el deseo arbitrario de una mayoría representa-


iii

tiva. Surge de la necesidad de regular la convivencia social en orden a alcanzar


el bien común, es decir, un bien que sólo puede lograrse como sociedad. La ley
parte de un grupo social que busca que interactúa para lograr un beneficio
mutuo.

Generalmente, al hablar de leyes nos referimos a la norma jurídica positiva


pero en realidad, lo dicho hasta ahora, puede ser dicho de cualquier tipo de
norma. De hecho, la ley que se transforma en derecho positivo muchas veces
no es más que la explicitación de normas sociales, morales y en algunos casos
religiosas.

Friedrich Hayek, op. cit., p. 94.


140

“Ordinatio rationis in bonum comunem ab eo qui curam communitatis habet promulgate.” Santo Tomás
141

de Aquino, Suma Teológica, q. 90, a. 4.

Fase de inducción
89

Las leyes civiles buscan proteger los derechos y garantías de cada individuo
pero no como un ser aislado, más bien como miembro de la comunidad a la
que pertenece. Los derechos humanos y las garantías individuales son sólo
ejemplos de leyes civiles que tutelan algunas costumbres sociales dadas histó-
ricamente como normas morales y religiosas que han defendido de manera no
escrita a la persona humana. Las leyes civiles tienen su origen en una sociedad
viva que las crea.142

Algunas leyes van dirigidas a ciertos grupos de la sociedad que están llama-
dos a realizar funciones específicas dentro de ella. Tal es el caso de las y los
servidores públicos a los que se les imponen cargas y deberes propios de la
naturaleza de su oficio.

Las normas que rigen el comportamiento esperado de las y los servidores pú-
blicos son necesariamente exigentes pues administran los recursos del Estado.
El marco legal que forma parte de la infraestructura ética establece normas
de comportamiento esperado así como un castigo en caso de incumplimiento,
es decir, establece límites al comportamiento de las y los servidores públicos y
les guía en sus actividades.

Por otra parte, las normas reguladoras del acceso a la información y que pro-
tegen y promueven la transparencia ofrecen a la sociedad la oportunidad de
actuar como vigilante de los cargos públicos. Estas leyes, al permitir que la
sociedad siga más de cerca las actividades de la administración pública, pue-
den contribuir a evitar las conductas no éticas. Una sociedad que somete a sus
servidoras y servidores públicos al escrutinio continuo promueve la transpa-
rencia y, por lo tanto, una mayor responsabilidad y compromiso por parte de

iii
la administración pública. Las normas reguladoras del servicio público indican

M ódulo
a las y los servidores qué deben hacer y cómo hacerlo y, al mismo tiempo,
informan a la sociedad de los deberes que éstos tienen y la manera en que les
pueden exigir el cumplimiento de sus responsabilidades.

Sin embargo, “hacer depender en exceso la infraestructura ética de la legisla-


ción tiene sus inconvenientes, pues tiende a fomentar la búsqueda del cum-
plimiento mínimo: la ejecución de las sanciones, pese a ser necesaria, está
diseñada más bien para desincentivar los comportamientos indeseables que
para promover los deseables”.143 Por otra parte, debido a que la ley depende
de su objetividad y apego a lo estrictamente señalado o contenido en ella, la
ley resulta ser una herramienta poco flexible para la gestión cotidiana de los

142
Alejandro Ordieres y Carlos J. McCadden, Fundamentos para una ética ciudadana, México, McGraw-Hill,
2010, p. 91.
143
Guadalupe Ocampo García de Alba, Evaluación de la gestión pública y la auditoría del desempeño.
Propuesta para implantar una estrategia de evaluación del desempeño en la Contraloría Interna de la
Cámara de Senadores del H. Congreso de la Unión, tesis de maestría, México, ipn/Escuela Superior
de Comercio y Administración, junio de 2014.

Ética en el servicio público


90

problemas éticos, e insuficiente pues no puede cubrir todos los casos posibles
del ejercicio cotidiano del servicio público.

La ley y la ética son dos mundos relacionados, pero que no se identifican


necesariamente. De hecho, la ética es más amplia que la ley, pues va más
allá de donde ésta puede entrar y toca los espacios de lo íntimo y lo privado.
Muchas acciones no están reguladas por la ley pero siguen siendo objeto de
una valoración ética.

Por otra parte, recordemos que las leyes a veces pueden ser inmorales y de ello
existen abundantes ejemplos en la historia: la esclavitud era legal en varios
estados de Estados Unidos antes de ser abolida en toda la unión en 1865 por
Abraham Lincoln; de la misma manera, era ilegal en algunos estados de ese
país que los afroamericanos compartieran los espacios públicos con los blan-
cos; en la Alemania nazi era ilegal ayudar a los judíos de cualquier manera;
etc. Grandes personajes de la historia como Mahatma Gandhi, Martin Luther
King, Nelson Mandela, entre otros, se opusieron a regímenes legales pero in-
morales.

La legalidad de una norma no depende de su bondad o maldad moral, sino


de su validez jurídica. Si una norma forma parte del ordenamiento jurídico de
un país o, al menos, no está en su contra, decimos que esa norma es legal;
en caso contrario afirmamos que es ilegal. En resumen, el que una acción sea
legal no implica que sea moralmente buena o socialmente practicada.

Debido a que legalidad y moralidad no coinciden necesariamente, el que una


norma sea moralmente buena o mala nos plantea su legitimidad moral. No
M ódulo

todo lo que es legal es legítimamente bueno. Por esa razón, debemos ser pru-
dentes y no extraer fácilmente valoraciones éticas de resoluciones judiciales.
Se puede actuar de acuerdo con la ley y aun así cometer actos moralmente
iii

cuestionables y, viceversa, se puede romper una norma jurídica y, a pesar de


eso, actuar de manera ética.

No todo lo legalmente aceptable es bueno por ser legal. Muchas acciones pue-
den no romper el reglamento jurídico, pero sí herir la sensibilidad moral de la
sociedad porque van en contra, más allá de toda apreciación, de un compor-
tamiento éticamente aceptable. Muchas veces la sociedad no logra distinguir
entre lo legal y lo moral y considera que las leyes deben castigar la maldad
más allá de toda prueba física o de lo que éstas dicten. De la misma manera,
muchas y muchos servidores públicos pueden pensar que si no existe una ley
que prohíba una determinada acción entonces, por lo tanto, le está permitido
realizarla. Si bien legalmente esto último es cierto, ello no implica que la no
ilegalidad de una acción implique, como consecuencia inevitable, su bondad
moral o al menos su neutralidad.

Fase de inducción
91

Los escándalos recientes que han ocurrido en nuestro país con respecto a las
propiedades de la clase dirigente del país puede ser mejor comprendidos bajo
esta luz. Efectivamente, se puede cumplir cabalmente con los requisitos de la
ley y así no ser penalmente perseguible y aun así, cometer actos moralmente,
cuando menos, muy cuestionables. Lo legal no es sinónimo de bueno así como
tampoco lo ilegal es sinónimo de malo.

Por otra parte, es imposible que la ley abarque todos los aspectos del actuar
cotidiano. Una ley omnipresente eliminaría la libertad individual y llevaría a
la imposibilidad de memorizar todas y cada una de las normas para su cum-
plimiento. Pretender que sólo es moral lo que la ley permite y que sólo es
inmoral aquello que prohíbe es querer reducir la ética al campo de lo legal
confundiendo principios y espacios comunes pero no iguales.

A diferencia de las normas morales que reclaman para sí un sentido de uni-


versalidad, “el derecho depende de la Constitución de cada país. Las reglas que
proponen son heterónomas y sólo se cumplen para evitar el castigo que puede
acarrear su incumplimiento”.144 Las normas morales pretenden estar, incluso,
por encima de cualquier legislación y tener validez más allá de la legalidad de
sus reclamos.

Pretender que la ley es lo que marca la moral social, y pensar que el mutuo
acuerdo de donde provienen las normas está por encima del bien y el mal o
que el bien y el mal están determinados por la voluntad humana es eliminar,
de hecho, la ética como imperativo categórico. Las consecuencias de esta visión
pueden destrozar a la humanidad pues bastaría con el acuerdo de la mayoría
(libre o manipulada) para justificar cualquier tipo de crimen o desprecio de

iii
la dignidad humana. No hay que olvidar, por ejemplo, que la esclavitud era le-

M ódulo
gal y aprobada por la mayoría o que los judíos fueron perseguidos legalmente
en muchos regímenes a lo largo de la historia.

Aspirar a que la ley sea lo que marca la moral social es querer suplantar un
ámbito propio de la dimensión humana y estar sometido a la fuerza de la
mayoría o, peor aún, a la voluntad de minorías que logran imponer sus pro-
pios puntos de vista. Lo legal no es lo mismo que lo legítimo y tampoco es lo
mismo que lo moral. Por otra parte, pretender que la ley sea amoral es querer
eliminar una dimensión esencial del espíritu humano que valora los actos
como buenos y como malos, y reducirla a un mero acto democrático (en el
mejor de los casos), es decir, a un invento de control social.

Alejandro Ordieres y Carlos J. McCadden, op. cit., p. 117.


144

Ética en el servicio público


92

Hacia una organización ética: una perspectiva desde la estructura


estatal

¿Cómo ayudar a las y los servidores públicos en general y en especial a las


y los integrantes de la cdhdf a determinar su propia conducta en un entorno
cambiante?, ¿se están aplicando medidas adecuadas para orientarles en la
toma de decisiones éticas dentro del desempeño de sus obligaciones?, ¿es
necesario introducir nuevas medidas para lograr un mejor desempeño moral
en las y los servidores públicos?

El problema es sin duda muy complejo. Existen organizaciones milenarias de


carácter religioso como la Iglesia católica que lleva cientos de años intentando
integrar un sistema moral sólido en sus seguidores, a veces con pocos resulta-
dos, o por lo menos, no con los esperados. Por esta razón, no pretendemos dar
una respuesta absoluta, una receta aplicable y a prueba de fallos que volverá
a las y los servidores públicos personas éticas casi como por arte de magia. No
existen respuestas estables y únicas para cambiar la conducta humana pero
sí podemos intentar generar una estructura ética que fomente determinadas
normas de comportamiento.

Una estructura ética eficaz puede convertirse en la base de un entorno de


servicio público que fomente los valores morales y ciudadanos adecuados. De
acuerdo con un estudio publicado por la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos (ocde) en 1997,145 la infraestructura ética puede
considerarse integrada por ocho componentes con tres funciones: control,
orientación y gestión a la que yo añado una cuarta función (que en realidad
es la primera) con su propio componente: información.
M ódulo

Información
iii

Hemos mencionado anteriormente, que el ejercicio de la función pública está


determinado por las normas y leyes que emanan de la Constitución, así como
de los reglamentos que en específico pueden determinar la función y estruc-
tura de un órgano gubernamental determinado. Así pues, la base para lograr
un comportamiento ético adecuado, es el comunicar a quienes desempeñan
una labor pública las obligaciones generales y particulares que están llamados
a cumplir. No es posible generar un cambio de actitud si no se sabe qué es lo
que se espera de nosotros. No basta con confiar en las buenas intenciones que
generalmente acompañan a todos los seres humanos. Las buenas intenciones
serán sólo eso, intenciones, sin la instrucción e información adecuadas que
sirvan de guía en la toma de decisiones.

Véase ocde, op. cit., pp. 58-59.


145

Fase de inducción
93

La información y educación necesarias pueden impartirse a través de ma-


nuales, instructivos, diplomados, cursos, actualizaciones, etc. Este proceso no
debe ser único y aislado sino que es necesario reforzar a lo largo del tiempo los
conceptos y la metodología necesarios para que permanezcan a la mano en la
conciencia de las y los servidores públicos.

Además, se necesita de una acción transversal. La transversalidad en la en-


señanza de los valores y la ética consiste en apoyar la verticalidad propia del
modelo tradicional en la que existe un profesor, un horario y periodo de ense-
ñanza determinados y un grupo de participantes que reciben la información
transmitida, con otro tipo de apoyos más allá del salón de clase y que tienen
la función de reforzar y recordar los conceptos y problemas vistos de manera
vertical. Ejemplos de transversalidad en la enseñanza ética puede ser el incluir
un apartado sobre compromiso en la vivencia de valores de la institución en
los informes, mensajes o lecturas breves con casos de estudio, mesas de in-
tercambio sobre problemas encontrados y cómo se han enfrentado, estímulos
económicos a personas comprometidas con la misión y valores de la institu-
ción, frases motivacionales, imágenes alusivas, etcétera.

No podemos esperar que con un breve curso o diplomado las personas en-
carnen en su propia vida los valores de una institución. Un cambio de vida
implica un compromiso personal que se va tomando día a día y que encuentra
un sinnúmero de dificultades que fácilmente nos llevan a abandonar las pri-
meras intenciones por considerarlas imposibles de realizar o porque afectan
intereses personales a los que no estamos dispuestos a renunciar. Se requiere
de actividades transversales que nos recuerden las razones que nos invitaron
al cambio y que refuercen las decisiones tomadas inicialmente.

iii
M ódulo
Control

En el área de la administración, el control se refiere al sistema que se encarga


de verificar que ocurra lo que debería de ocurrir. Es obvio que no basta con
determinar o analizar cómo deben ser las cosas o cómo debemos compor-
tarnos, es necesario que nos aseguremos que de hecho las cosas sean lo que
deben de ser.

La idea de control no es puramente negativa. Su función es primordialmente


detectar fallas en el proceso y proponer mejoras en el desarrollo. Hasta el mejor
de los planes se puede desviar y por ello es necesario regresar constantemente
al punto de partida a través de la intervención de terceras personas que, fuera
del proceso, pueden tener una visión más imparcial de las acciones realizadas.

El control puede lograrse mediante tres componentes. Ante todo el estableci-


miento de un marco legal adecuado y claro que sirve como marco de referen-

Ética en el servicio público


94

cia para los actores públicos sobre lo que deben de hacer y lo que se espera
de ellos, así como de aquellos actos o actividades que deben de evitar por ser
contrarios al interés público. Este marco legal permite también la investiga-
ción y acusación independientes en caso de que un individuo o grupo lo haya
violentado. No basta con saber lo que debo hacer, es necesaria la vigilancia para
que de hecho se realicen las obligaciones contraídas y exigidas por la sociedad
y en caso de ser necesario, que se aplique las medidas coercitivas necesarias a
aquellos que por egoísmo, interés particular o desidia, no cumplan con aque-
llo que se espera de ellos.

Se requiere también de mecanismos adecuados de responsabilidad y parti-


cipación, de tal modo que la sociedad puede intervenir de manera eficaz y
ordenada, en la revisión de los objetivos propuestos. La o el servidor público
no es el único responsable de procurar el bien social. Todos y cada uno de las
y los ciudadanos debemos ser miembros activos de la sociedad, no podemos
desentendernos de nuestras obligaciones y dejar de ser responsables en pri-
mera persona de nuestro propio destino. Pero para que la participación de
los ciudadanos dentro del Estado sea eficaz es necesario establecer paráme-
tros claros y adecuados que permitan el ejercicio de la autodeterminación
a través de la participación ciudadana en los asuntos del Estado. Algunos
medios posibles para alentar la participación son encuestas de opinión, me-
canismos de denuncia, medios de comunicación libres y autónomos, etcétera.

Finalmente, se requiere también del escrutinio público, es decir, de un examen


o análisis exhaustivo que sirva para verificar el resultado de las políticas adop-
tadas, así como del desempeño de las y los servidores públicos en la vivencia
de los valores propuestos. A pesar de las buenas intenciones, no todas las
M ódulo

acciones proyectadas dan los resultados esperados, y por ello es necesario


rectificar el resultado de manera imparcial y objetiva.
iii

Orientación

Los seres humanos y los animales requerimos de la orientación geográfica


para llegar a un destino determinado. De igual manera, para alcanzar un des-
tino moral propuesto, se requiere de orientación constante. En este sentido,
podemos llamar orientación a la información o conocimiento que le otorga a
una persona sobre un tema en específico para que pueda realizar una acción
solicitada.

A diferencia de la simple información (primer componente de la estructura


ética propuesta), la orientación debe ser constante y tiende a ser más práctica
y menos teórica. En cierta manera es el consejo y guía que le entrega a alguien
sobre sus elecciones morales para que pueda concretarlas de manera correcta
y satisfactoria.

Fase de inducción
95

El primer componente de una buena orientación es el compromiso bien articu-


lado de las y los líderes políticos así como el interés honesto, real y constante
de las y los directores de las dependencias públicas. De nada sirve la exigencia
moral que recae sobre la o el servidor público promedio, si quienes dirigen no
lo toman como primera responsabilidad sirviendo como modelos y también
como guías. Las decisiones éticas correctas no siempre son sencillas y, en
buena parte, son más un arte que el resultado de conocimientos concretos.
En la vivencia moral, ni todo es negro, ni todo es blanco, existe una infinidad
de tonalidades grises que ponen en duda qué es lo que debemos hacer, cómo
debemos actuar. Además, no pocas veces existen conflictos de valores donde
una misma acción puede acarrear un bien a algunos pero también causar un
mal a otros.

Por esa razón, es necesario integrar actividades de discusión y socialización


profesional que ayuden a formar un criterio común de acción ante los dilemas
que se puedan presentar. “La socialización profesional es el proceso de apren-
dizaje y asunción del ethos, valores, ética y normas de conducta por parte de
los funcionarios.”146 De gran ayuda es la formación constante y el intercambio
de experiencias entre las y los servidores públicos. No basta con una sencilla
(o más elaborada) instrucción inicial donde se adquieran los conceptos bási-
cos de la ética. Se requiere de constante actualización práctica en la resolución
de conflictos que, además, cumplirá con la misión de mantener frescos los
objetivos e ideales propuestos. Sin embargo, la socialización depende en gran
medida del comportamiento ejemplar de las y los servidores públicos que des-
empeñan cargos superiores. “Muchas iniciativas de gestión muestran que los
de los niveles inferiores se guían por los comportamientos observados, no por
los discursos que reciben.”147

iii
M ódulo
Un tercer componente de la orientación es la creación de códigos de conducta
que determinen de manera clara y sencilla los valores y normas que se preten-
den vivir. Un código de conducta es un documento redactado voluntariamen-
te por un organismo en el que se da una declaración formal de los valores y
prácticas de una empresa u organización gubernamental. Los códigos deben
de expresar normas mínimas148 y el compromiso de la empresa u organismo de
cumplirlas y exigir su cumplimiento a todas aquellas personas que interven-
gan en su actividad (proveedores, directivos, empleados, contratistas, etc.).

146
Ibidem, p. 78.
147
Ibidem, p. 82.
148
Xavier Etxeberría define la ética de mínimos como “el conjunto de valores y normas morales compartidos
que permiten construir la convivencia en libertad y organizar las distintas esferas sociales y políticas”.
Xavier Etxeberría, Temas básicos de ética, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2003, p. 139. Las normas mínimas
se llaman así, pues son el punto donde convergen las diversas propuestas éticas y de valores de un grupo
social plural. Las normas de máximos implican una mayor homogeneidad social o la imposición de nor-
mas y valores propios de un grupo a todas las demás personas. Ejemplo de una ética de máximos pueden
ser las normas religiosas.

Ética en el servicio público


96

Un código de conducta sirve como marco de referencia y, por lo tanto, como


orientación, para la toma de decisiones éticas en el ejercicio de la propia pro-
fesión, incluido obviamente, el servicio público.

En el gobierno y la administración pública “los códigos de conducta descansan


ineludiblemente en la ley, la cual establece los qué, los cómo, los cuánto, los
quiénes, los porqué, los dónde, etc.”.149 Los códigos de conducta de la función
pública a nivel internacional no son una moda pasajera, sino una forma indis-
pensable de conducir al gobierno y de conducirse dentro de él.150 Así pues, los
códigos de conducta son “herramientas orientadoras del quehacer cotidiano
atendiendo a los valores y principios preestablecidos en el orden jurídico”.151

Gestión

Gestión es la asunción y ejercicio de responsabilidades sobre un proceso o


conjunto de actividades. La gestión requiere de dos elementos: unas condi-
ciones sólidas de servicio público basadas en políticas eficaces de recursos
humanos y una coordinación de la infraestructura necesaria para que las ac-
tividades y objetivos buscados sean posibles bien mediante un departamento
u organismo central de gestión.

Para la implantación de una cultura ética es ineludible la disposición de re-


cursos y estructuras necesarios para que las actividades y objetivos sean po-
sibles. Es imprescindible crear políticas laborales convenientes y eficaces que
estimulen los comportamientos adecuados y desincentiven los incorrectos. Las
condiciones del servicio público son importantes para la infraestructura ética
M ódulo

en cuanto que determinan un ambiente más o menos favorable a la conducta


ética. Una cuestión laboral o salarial pendiente o negativa puede deteriorar
la moral del sector público, lo que la hace menos proclive al comportamiento
iii

ético.

Las políticas de recursos humanos influyen directamente en el comporta-


miento de los servidores públicos.

En primer lugar, determinan el modo en que se contratan, forman, supervisan,


desarrollan, remuneran y disciplinan, configurando gran parte de la cultura or-
ganizativa del servicio público. En segundo lugar, también incluyen factores que
afectan a la moral, tales como la remuneración y la seguridad en el empleo. En ter-

149
José R. Castelazo, op. cit., p. 300.
150
Véase Luis Vázquez Cano y José Luis Soberanes Fernández (comps.), Código ético de conducta de los
servidores públicos, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam/Secretaría de la Contraloría Ge-
neral de la Federación, 1994.
151
José R. Castelazo, op. cit., p. 301.

Fase de inducción
97

cer lugar, y de forma más directa, las políticas de recursos humanos que ofrecen
protección (sea mediante sistemas de alerta u otros procedimientos de rendición
de cuentas) inspiran en los funcionarios la confianza necesaria para oponerse a
exigencias indebidas y denunciar la corrupción y las conductas no éticas.152

Con mayor probabilidad, un equipo laboral satisfecho evitará la mala conduc-


ta y la corrupción. En cambio, si se percibe que se premian los comportamien-
tos no éticos, el trato injusto y la inequidad, difícilmente se tendrán incentivos
para observar las normas de conducta.

Algunos autores afirman que una remuneración insuficiente desincentiva


claramente el comportamiento ético ante una alternativa más lucrativa. Sin
embargo, la corrupción no es un fenómeno exclusivo de las y los servidores
públicos con una baja remuneración. De hecho, la percepción pública en Mé-
xico asocia a las y los altos funcionarios con la corrupción y no sólo a las y los
de baja jerarquía.

Cabe aclarar que toda iniciativa ética comprendida en el sector público está
llamada a fracasar a menos que sea respaldada por un compromiso político ver-
dadero. Este compromiso suele expresarse mediante declaraciones (discursos,
anuncios públicos, declaraciones escritas de los líderes), demostrarse mediante
el ejemplo y fundamentarse mediante la asignación de los correspondientes re-
cursos.153

Este apoyo debe traducirse en un marco legal y reglamentos adecuados


que establezcan las normas de comportamiento de las y los servidores públi-
cos e impongan límites a sus funciones. El marco legal no sustituye la infraes-

iii
tructura ética, sino que está llamada a reforzarla; no es la ley la que constituye

M ódulo
el valor sino que el valor se ve reflejado en la ley y le da fuerza imponiendo con
sanciones su cumplimiento. Un código legal no es y no puede ser respuesta
suficiente a la necesidad moral de una nación si bien es un elemento esencial
que refuerza la moralidad propia de un pueblo.

Reflexiones conclusivas

Posiblemente nunca a lo largo de toda la historia de la humanidad se ha ha-


blado tanto de ética. ¿Por qué ha brotado este interés generalizado sobre las
normas que deber regir el comportamiento íntimo de los hombres y especial-
mente de las y los servidores públicos?

ocde, op. cit., p. 83.


152

Ibidem, p. 61.
153

Ética en el servicio público


98

Sin lugar a dudas, los continuos escándalos de la vida pública que presentan
los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales tienen mucho
que ver con el gran interés despertado en la sociedad. Existen también nuevas
situaciones de desconcierto ante las nuevas posibilidades que ofrecen la cien-
cia y la técnica. La ética se está convirtiendo en un valor de primer orden en el
mundo político, empresarial, religioso y social.

Pero sobre todo, la sociedad está sufriendo cambios estructurales, que la téc-
nica y el internet están propiciando e impulsando, cambiando la forma en que
vivimos y nos relacionamos con otras personas. Con ello, se produce un de-
rrumbamiento de la sociedad tradicional, entendiendo aquí tradicional en el
sentido de una sociedad cerrada y rígidamente estructurada, es decir, resisten-
te al cambio.

El colectivo humano está adoptando causas que considera justas o, dicho de


manera negativa, se está oponiendo a todo aquello que considera un abuso
de poder o una injusticia denunciando constantemente hechos o situaciones de
acuerdo con la percepción que éstas generan. El juicio moral se convierte así
en una cuestión de percepción y la sociedad exige cada vez estándares más
altos para empresas, servidoras y servidores públicos, gobernantes, científi-
cos, etc. Parece que no basta con que las acciones sean correctas, tienen que
parecer correctas.

Sin embargo, si bien la sociedad tradicional ha entrado en crisis, no así los


valores tradicionales. Los valores de la sociedad tradicional siguen vigentes
con una fuerza renovada, más profunda, más exigente. Los valores tradicio-
nales no han perdido vigencia porque son verdaderos valores humanos que
M ódulo

no pueden dejar de existir mientras exista el ser humano y se mantendrán


vigentes mientras éste exista. El que tales valores sean perennes no implica su
inmutabilidad. Los valores se van adaptando, no cambiando, a la sensibilidad,
iii

necesidades, avance y cultura alcanzada por las sociedades.

Por esta razón y a mi parecer, no existe una crisis de valores. Los valores tra-
dicionales siguen vigentes y atrayendo la atención del género humano como
lo demuestran las continuas discusiones sobre el tema y las exigencias cons-
tantes de la convivencia social. La crisis se da en la parte práctica, en la lu-
cha que exige el comportamiento virtuoso que se enfrenta al hedonismo que
el consumismo, el éxito económico y la superficialidad mediática proponen
constantemente a la sociedad. Recordemos que muchas veces el valor inme-
diato se presenta como más placentero y deseado que aquel que parece estar
fuera del alcance por requerir esfuerzo y práctica constante.

A pesar de eso, podemos constatar que la ética no es un elemento aislado y


ausente de la normatividad en México, antes bien constituye un mandato de
orden constitucional aplicable a diferentes aspectos de la función del Esta-

Fase de inducción
99

do.154 A lo largo de este texto, hemos señalado que dentro de la Constitución


Política de los Estados Unidos Mexicanos están presentes diferentes principios
que iluminan el ejercicio de la función pública. Valores como la legalidad, la
objetividad, la eficiencia, el profesionalismo, la honradez, el respeto a los de-
rechos humanos, la justicia, entre muchos otros, permean los principios que
dieron origen a nuestra Constitución y están en la base del actuar político y
público.

A su vez, en el ámbito reglamentario de la Constitución, la Ley Federal de


Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos también esta-
blece acciones para sancionar las conductas de las y los servidores públicos
en el desempeño de sus empleos, cargos o comisiones y promueve los valores
que la Constitución enaltece. La ética no es un lujo sino la esencia misma del
actuar humano. Las personas somos seres que percibimos la realidad como
buena o mala y valoramos el buen actuar pues en él encontramos nuestro
propio crecimiento.

En esa lógica, el servicio público se ve como

la realización de acciones mediante el ejercicio virtuoso de la administración pú-


blica, es decir, mediante una especial vocación para la función pública y una
concepción ética de las responsabilidades, donde es fundamental el compromiso
de sus miembros para emitir normas éticas que proporcionen pautas de compor-
tamiento para los administradores públicos con base en la moral y con orienta-
ción al servicio público, así como evitar cualquier conducta que pudiera poner
en duda su integridad o disposición para el cumplimiento de los deberes con el
máximo compromiso.155

iii
M ódulo
“La ética pública no es un asunto de carácter secundario sino de primer orden
en la actuación de la Administración pública; su conocimiento y práctica debe
ser una regla conocida y verificable en todos los ámbitos de las dependencias
y entidades”;156 sin embargo, los conceptos de la ética y la búsqueda de la
fundamentación del bien no son del todo claros. No se puede evitar la coe-
xistencia de diferentes criterios en la búsqueda del bien, pero podemos estar
seguros de que, al menos en lo esencial, todo ser humano coincide. De ahí
que sea posible defender de manera universal un conjunto de derechos que

154
El artículo 8º, fracción i, de la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públi-
cos indica que todo servidor público tendrá como obligación cumplir el servicio que le sea encomen-
dado y abstenerse de cualquier acto u omisión que cause la suspensión o deficiencia de dicho servicio
o implique abuso o ejercicio indebido de un empleo, cargo o comisión. Este artículo cuenta con 23
fracciones más.
155
Enrique García Martínez, “Ética y administración pública. Hacia la revaloración de los principios en el
servicio público en México”, en Encrucijada. Revista electrónica del Centro de Estudios en Administra-
ción Pública, núm. 9, septiembre-diciembre de 2011, p. 4.
156
Ibidem, p. 10.

Ética en el servicio público


100

llamamos humanos, pues consideramos que pertenecen a la esencia misma


de la humanidad.

Debemos impulsar un compromiso que fomente la cultura de la confianza, la


credibilidad, la rendición de cuentas, la transparencia, la justicia, la equidad,
etc., y que forme en las y los servidores públicos hábitos virtuosos de servicio
y gobernabilidad, de tal manera que con el tiempo la crisis de credibilidad y
la mala percepción de la administración pública vayan disminuyendo hasta el
punto de desaparecer por completo. La virtud, como ejercicio constante de los
valores, es el camino para reforzar la dignidad humana y para lograr alcanzar
el bien común en la sociedad. La virtud no es un lujo sino el camino por anto-
nomasia para encontrar el sitio de la propia dignidad. Desde esta perspectiva,
la ética es un elemento sustantivo de los diferentes instrumentos reguladores
de la administración pública y no un lujo, o una moda que desaparecerá con
el tiempo. Tal parece que nos encontramos ante “un movimiento cultural e
intelectual de fondo que parece presagiar el advenimiento de un nuevo ciclo
en el desarrollo de la humanidad en el que el factor ético será el generador del
pensamiento, de la acción y de las relaciones de convivencia dentro y fuera de
las organizaciones”.157
M ódulo
iii

Jaime Rodríguez-Arana Muñoz, La ética en la administración pública, p. 13, disponible en <http://info.


157

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Ética en el servicio público


106

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Fase de inducción
107

Ejercicio
Lea el caso que a continuación se presenta y posteriormente responda las preguntas que se plantean.

Julio Acosta nació en una familia acomodada que ha trabajado en el ámbito de la política durante tres generaciones. Como familia, también
han desarrollado una empresa familiar basada en la adquisición y renta de bienes inmuebles como oficinas, departamentos, bodegas y
casas.

Gracias a su trayectoria y a un duro esfuerzo en la campaña, Julio logró salir electo como gobernador de su estado de origen, donde además
ha vivido casi toda su vida. Durante los dos primeros años de su gobierno, Acosta buscó vivir de acuerdo con sus principios, luchando por
desarrollar su labor lo mejor posible y tratando de hacer rendir los recursos disponibles por el bien de su Estado.

Con el tiempo han surgido varios movimientos pro choice que están buscando que el derecho al aborto sea legal en el Estado y han pe-
dido diversas entrevistas con el gobernador para conseguir su apoyo. Sin embargo, Julio Acosta fue educado en el catolicismo y ha sido
practicante toda su vida. En su educación, a lo largo de toda su formación familiar, religiosa y escolar (asistió a una escuela católica),
aprendió que el aborto está prohibido porque se le considera un asesinato. Además, él considera sinceramente, después de haber estudiado
y reflexionado sobre el tema, que el aborto no se debe permitir en ninguna circunstancia. Para él las evidencias le llevan a concluir que el
aborto es un asesinato.

Si fuera por él, una ley a favor del aborto nunca pasaría. De todas maneras, él sabe que la mayoría de los miembros del Congreso del estado
están a favor de una ley que incluya la interrupción del embarazo como un derecho de las mujeres; y que con absoluta seguridad la ley será
aprobada en esa misma legislación, pues incluso cuenta con un cierto apoyo de buena parte de la población.

Los representantes de los movimientos pro choice afirmaban que el aborto es un tema de derechos humanos y que todo el país tendría que
irse alineando con el tiempo para seguir la tendencia mundial, sobre todo ahora que los tratados internacionales en materia de derechos
humanos han cobrado mayor fuerza en la esfera jurídica a raíz de la reforma constitucional de 2011. De acuerdo con su argumentación,
los instrumentos internacionales de derechos humanos y las interpretaciones directamente relevantes emitidas al respecto por las enti-
dades autorizadas de las Naciones Unidas llevan a la conclusión de que la mujer tiene el derecho a decidir en asuntos relacionados con
su propio cuerpo. Varios derechos humanos corren riesgo cuando el acceso de las mujeres a los servicios de un aborto legal y seguro está
restringido. Según éstos, cuando está limitado el derecho de las mujeres a tomar decisiones autónomas con respecto al aborto queda ame-
nazada una amplia gama de derechos humanos, entre ellos, el principal que es el derecho a la vida de las mujeres. Las restricciones legales
al aborto tienen un impacto devastador en este derecho. La evidencia sugiere que las leyes que restringen el aborto no solamente empujan
a las mujeres a someterse a abortos inseguros, sino que además ellas mueren a consecuencia de dichos abortos.

El gobernador Acosta recibió a las y los representantes de la sociedad que estaban en contra del aborto (pro life). Estas personas formularon
sus argumentos basándose en la defensa de la vida, pues consideran que la o el niño no nato se encuentra en un alto grado de indefensión.
El valor de la vida, afirmaron, es el primero y más importante de todos los derechos humanos, y debe ser protegido en todo ser humano.
Legalizar el aborto sería permitir un asesinato, ya que es un acto que busca terminar con la vida de un ser humano que se encuentra en
pleno desarrollo dentro del seno materno. No puede existir un principio o valor más importante en la Constitución que la defensa de la vida
de todas y todos los mexicanos, especialmente de los más débiles.

Después de la entrevista con las y los diferentes representantes de los movimientos pro choice y pro life, así como con representantes de
la Iglesia católica, el gobernador decidió que, en conciencia, él debería trabajar para intentar que el proyecto de ley no sea aprobado y
retrasarlo por lo menos hasta la próxima Legislación, utilizando toda su influencia.

Las entrevistas con las y los representantes de ambos movimientos fueron públicas y conocidas por los medios de comunicación; no así
el contacto que tuvo con las autoridades eclesiásticas, que se dio a puerta cerrada en la intimidad de su hogar. Sin embargo, uno de los
asistentes grabó las conversaciones y las hizo públicas. En ellas el gobernador se había comprometido ante el obispo a hacer todo lo posible
para impedir la aprobación de la ley que legalizara el aborto.

Julio Acosta fue acusado por las organizaciones pro choice de arreglar los asuntos del país en lo oscurito con la Iglesia católica, y a esta úl-
tima la acusaron de intervencionista. El gobernador argumentó que había sido una conversación privada, en la intimidad de su hogar; y que
no tenía por qué dar cuentas de sus creencias personales, de las personas que invitaba a cenar a su casa ni de qué hablaba con ellas, pues no
gobernaba con base en ellas sino de cara a las y los ciudadanos y buscando siempre el bienestar de la sociedad. Su vida personal era privada.

También se descubrió que mantiene relaciones comerciales con varias de las organizaciones pro abortistas a quienes les renta oficinas
e instalaciones para dos cadenas de clínicas que practican abortos en otros estados donde éste ya ha sido aprobado. Por esta razón, las
organizaciones pro life le acusan de tener un conflicto de intereses.

Julio Acosta no sabe cómo debe comportarse desde el punto de vista ético.

Ética en el servicio público


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1. ¿El problema de la legalización del aborto es un problema ético, moral o legal? Justifica tu respuesta.
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2. ¿Las motivaciones y la decisión del gobernador son morales, éticas o legales? ¿Cuál es la diferencia?
¿Su decisión de intervenir es moral y éticamente válida? ¿Es legal?
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3. ¿Cuál o cuáles de los valores tutelados por la Constitución son relevantes en el caso planteado? ¿De
qué tipo de valores se trata?
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4. ¿La libertad de creencias debe prohibírsele a un gobernante? ¿En qué medida? ¿Se debe pedir la
arreligiosidad de las y los gobernantes de un país?
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5. ¿El reclamo que hace el gobernador al afirmar que las conversaciones que tenga en su casa son pri-
vadas es correcto? Si la conversación tenida en la intimidad de su hogar, entre amigos, no es privada,
¿qué es lo que la hace pública? ¿Por qué razón una conversación privada en una cena en casa del
gobernador puede ser de carácter público?
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6. ¿Se puede aplicar el concepto de transparencia de la información en el caso planteado? De ser afir-
mativo, ¿cómo?; Si no, ¿porqué?
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7. Suponiendo que el gobernador decidiera apoyar a los movimientos pro abortistas, ¿existiría un con-
flicto de interés real?
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Ética en el servicio público


110

Autoevaluación
1. Es la ciencia normativa de los actos humanos de acuerdo con la luz natural de la razón.
a) La moral.
b) La ética.
c) El derecho.
d) La religión.

2. Es un conjunto de normas, creencias, valores y costumbres que guían la conducta de una


persona en cuanto integrante de una comunidad o de un grupo.
a) La moral.
b) La ética.
c) El derecho.
d) La religión.

3. Son normas coercibles por el Estado:


a) Las normas morales.
b) Las normas éticas.
c) Las normas jurídicas.
d) Las normas religiosas.

4. El Estado moderno surgió como consecuencia de…


a) La voluntad divina.
b) La voluntad de los monarcas.
c) El pacto entre el clero y la nobleza.
d) La voluntad popular.

5. Es una característica del Estado de bienestar:


a) Exacerbar el orgullo nacional.
b) Garantizar la seguridad y permanencia del gobierno.
c) La protección de los sectores menos favorecidos por el sistema económico.
d) Garantizar las libertades individuales de las personas.

6. Uno de los aspectos que distingue a las Constituciones modernas de las clásicas es…
a) La inclusión de derechos y valores en su texto.
b) La organización de instituciones públicas.
c) La determinación del sistema de gobierno.
d) La determinación de un sistema electoral democrático.

7. La dignidad humana implica…


a) Que todas personas son iguales en derechos y obligaciones.
b) Que toda persona debe tratarse como un fin y no sólo como un medio.
c) Que todas las personas pueden participar en la elección del gobierno.
d) Que todas las personas deben ser tomadas en cuenta para la toma de decisiones.

Fase de inducción
111

8. Ackerman la define como un proceso proactivo por medio del cual las y los servidores pú-
blicos informan, explican y justifican sus planes de acción, su desempeño y sus logros, y se
sujetan a las sanciones y recompensas correspondientes:
a) La política pública.
b) La rendición de cuentas.
c) La transparencia.
d) El acceso a la información.

9. _______________ predispone a realizar el valor moral con mayor facilidad y ayuda a vencer
resistencias instintivas, emocionales, ambientales o situacionales que nos pueden llevar a
buscar eventos o cosas que valoramos más momentáneamente.
a) El principio.
b) La moral.
c) La virtud.
d) El valor.

10. Son prerrequisitos para afirmar que una o un administrador público se encuentra ante un
conflicto de interés real:
i. La existencia de un interés privado.
ii. Que se afecte a un sector desfavorecido.
iii. Que el conflicto sea conocido por la o el servidor público.
iv. Que la afectación ocasionada por el conflicto pueda calificarse en términos económicos.

Seleccione de entre los incisos siguientes aquel en donde se indique correctamente cuál o cuáles de
los enunciados antes expuestos son verdaderos (V) y cuál o cuáles son falsos (F).

a) i-F, ii-V, iii-F y iv-V.


b) i-V, ii-F, iii-V y iv-F.
c) i-V, ii-F, iii-F y iv-F.
d) i-V, ii-V, iii-F y iv-V.

Ética en el servicio público


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Clave de respuestas

1 b
2 a
3 c
4 d
5 c
6 a
7 b
8 b
9 c
10 b

Fase de inducción
Fase de inducción.
Ética en el servicio público
se terminó de editar en octubre de 2015.
Para su composición se utilizaron los tipos
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En el marco del Programa de Derechos Humanos y Medio Ambiente


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