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ANEXOS

PABLO Y LAS COMUNIDADES CRISTIANAS EN EL EJERCICIO EPISTOLAR

I.COMUNIDAD DE EFESO
La comunidad de Efeso, fundada por Pablo (probablemente) en la segunda mitad del año 52, se convierte en
el centro, desde donde el apóstol cuida de las comunidades anteriormente fundadas (Galacia, Filipos,
Tesalónica, Corinto) y de las comunidades que nacen en la región de Éfeso (Colosas, La odicea, Hierápolis).
Veamos la historia de su fundación, algunos problemas afrontados y lo que supone la evangelización de los
gentiles, el misterio escondido desde siglos. Es una herencia preciosa, el testamento de Pablo.
Éfeso es la capital de la provincia romana de Asia. Peregrinos de Asia hubo en Jerusalén el día de
Pentecostés (Hch 2,9), pero evangelizar en Efeso es algo que Pablo no había podido realizar. En una
ocasión el espíritu santo se lo impidió (16,6). En otra llegó con Aquila y Priscila, entró en la sinagoga y se puso
a discutir con los judíos. Le rogaron que se quedase allí más tiempo, pero no aceptó: Volveré a vosotros otra
vez, si Dios quiere (18,18-21).
Sin embargo, poco a poco se va formando un núcleo inicial, un grupo de hermanos. Priscila y Aquila viven en
Efeso y frecuentan la sinagoga. Allí conocen a un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre
elocuente y versado en la Escritura. Había sido instruido en el camino del Señor, pero solamente conocía el
bautismo de Juan. Apolo se puso a hablar con valentía en la sinagoga: Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo
tomaron por su cuenta y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios. Como él tenía intención de
pasar a Acalla, los hermanos le animaron y escribieron a los discípulos de allí, para que lo recibieran
bien (18,26-27).

Mientras Apolo está en Corinto, Pablo atraviesa las regiones de Galacia y Frigia, y llega a Efeso. Allí
encuentra a algunos discípulos. Parecen cristianos, pero es preciso distinguir. Pablo les hace la pregunta
oportuna: ¿Habéis recibido el espíritu santo al abrazar la fe? Ellos contestaron: Ni siquiera hemos oído hablar
de que exista un espíritu santo. Pablo pregunta de nuevo: Entonces ¿qué bautismo habéis recibido? Ellos
responden: El bautismo de Juan. Cabía (y cabe todavía) la confusión. Los discípulos de Juan profesan la
misma religión, también bautizan y tienen problemas con la sinagoga. Pablo les dice: El bautismo de Juan no
era más que un signo de conversión. Exhortaba al pueblo a creer en el que había de llegar, es decir, en
Jesús. Al oír esto se bautizaron en el nombre del Señor. Eran en total unos doce hombres (19,1-7).
Con estos pasos previos, Pablo funda la comunidad de Efeso: Entró en la sinagoga y durante tres meses
hablaba con valentía discutiendo acerca del reino de Dios e intentando convencerles. Pero como algunos,
obstinados e incrédulos, hablaban mal del camino ante la gente, rompió con ellos y formó grupo aparte con los
discípulos, y diariamente les hablaba en la escuela de Tirano. Esto duró dos años, de forma que pudieron oír
la palabra del Señor todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos (19,8-10). El rechazo de la
sinagoga no hipoteca el futuro de la comunidad. Pablo acepta como lugar de reunión la escuela de Tirano.
Obviamente, no pretende que se convierta la religión en asignatura académica.
En ambiente pagano, la comunidad mantiene su identidad. No todo vale. Efeso es el centro de la magia y los
libros mágicos llegan a llamarse “escritos efesinos”. Pues bien, unos exorcistas judíos pretenden realizar en
nombre de Jesús las mismas señales que Pablo, pero fracasan totalmente: Llegaron a enterarse de esto
todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado
el nombre del Señor Jesús (19,17). Pablo es sólo un instrumento en manos del Señor, no un mago. El mago
pretende inútilmente controlar el poder de Dios
Otro problema. Pablo ataca la idolatría existente, diciendo que no son dioses los que se fabrican con las
manos (19,26). Por tanto, aparta a la gente del culto pagano de Artemisa, la diosa de la ciudad. Su templo
está considerado como una de las siete maravillas del mundo. Su imagen se venera como caída del
cielo (19,35). El orfebre Demetrio ve perjudicado su negocio y se lanza a la calle con su personal. Todos a una
se precipitan en el teatro arrastrando consigo a los macedonios Gayo y Aristarco, compañeros de Pablo.
Pablo quiere entrar y presentarse al pueblo, pero se lo impiden los discípulos. La masa es apaciguada por
intervención de un representante de la autoridad municipal. Si Demetrio y los de su gremio tienen quejas
contra alguno, hay audiencias y procónsules: que presenten sus reclamaciones (19,38).
Hacia la pascua del 55, desde Efeso (1 Co 16,8), Pablo escribe a la comunidad de Corinto. Alude a su prisión
y a su proceso: Si por motivos humanos en Efeso luché contra las bestias ¿qué provecho
saqué? (15,32), seguiré en Efeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una puerta grande y
prometedora, y los enemigos son muchos (16,8-9). A finales del 55, desde Macedonia, escribe de nuevo a la
comunidad de Corinto:La tribulación sufrida en Asia nos abrumó hasta el extremo, por encima de nuestras
fuerzas, hasta tal punto que perdimos la esperanza de conservar la vida. Pues hemos tenido sobre nosotros
mismos la sentencia de muerte, para que no pongamos nuestra confianza en nosotros mismos sino en Dios
que resucita a los muertos (2 Co 1,8-9).

La carta a los gálatas fue enviada antes de ser encarcelado, hacia el año 53. La prisión de Pablo no le impide
evangelizar. Al contrario, la prisión se convierte en señal del Evangelio. El apóstol escribe a la comunidad de
Filipos, hacia el año 54: Lo que me ha sucedido ha contribuido más bien al progreso del Evangelio, de tal
forma que se ha hecho público en todo el pretorio y entre todos los demás que me hallo en cadenas por
Cristo (Flp 1,12-13).
Las cartas son medio de comunicación del apóstol con las comunidades. Por la misma fecha y en la misma
situación, también escribe a la comunidad de Colosas: Acordaos de mis cadenas (Col 4,18), que nadie os
critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados (2,16), ahora me
alegro por los padecimientos que por vosotros padezco, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones
de Cristo a favor de su cuerpo, que es la Iglesia, de la cual he llegado a ser ministro, conforme a la misión que
Dios me concedió en orden a vosotros para dar cumplimiento a la palabra de Dios, al misterio escondido
desde siglos y generaciones (1,24-26). Tíquico, que es de Asia (Hch 20,4), les informará de todo; también lo
hará Onésimo (Col 4,7-9), a quien Pablo engendró entre cadenas (Flm 10). Mandan saludos: Aristarco,
compañero de prisión; Marcos, primo de Bernabé, y Jesús, llamado Justo :son los únicos de la circuncisión
que colaboran conmigo por el reino de Dios y que han sido para mi un consuelo; os saluda Epafras, que se
afana mucho por vosotros, por los de La odicea y por los de Hierápolis; también os saluda Lucas, médico
querido (Col 4,10-14; ver Hch 16,10;Flm 24)).
La carta a los efesios va dirigida a los santos y fieles en Cristo Jesús (Ef 1,1), en general. La carta es
contemporánea de la anterior. Pablo está preso, probablemente en Efeso. Tíquico, que es de la zona, les
informará de todo (6,21). Les dice Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los gentiles (3,1): Os ruego no os
desaniméis a causa de las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria(3,13). En la
soledad de la cárcel Pablo contempla el plan de Dios sobre la historia y sobre el mundo: Hacer que todo tenga
a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra (1,10), el que de los dos pueblos hizo
uno solo, derribando el muro que los separaba (2,14).

La evangelización de los gentiles, el anuncio del Evangelio libre de la ley, es el misterio escondido durante
siglos, pero manifestado al presente, dado a conocer a todos los gentiles (Rm 16.25-26), pues habéis sido
salvados por la gracia mediante la fe, y esto no viene de nosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de
la obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos; creados en Cristo Jesús, en orden a las
buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos (Ef 2,8-10).
Las exhortaciones a la sumisión (Ef 5,21-6,9;Col 3,18-4,1 y paralelos), que tanto chocan con el mensaje
paulino, parecen deberse a una interpolación posterior. La eventual interpolación no tiene por qué provocar el
rechazo global de la carta en cuestión. Es decir, se trata de operar el tumor, no de desahuciar al enfermo. Ver
catequesis titulada Relaciones de dependencia.
En medio de grandes luchas y dificultades, Pablo se presenta como ministro del misterio que en generaciones
pasadas no fue dado a conocer a los hombres: que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo
cuerpo, ... a mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la
inescrutable riqueza de Cristo (Ef 3,5-8). Preguntamos: ¿Vuelve a estar escondido este misterio en medio de
tanto legalismo cristiano? ¿Se está manifestando?
La lista de saludos que figura al final de la carta a los romanos parece pertenecer a una copia de la misma
enviada a la comunidad de Efeso. Revela un vivo recuerdo de las personas y comunidades citadas. Todo ello
encaja bien en la comunidad de Efeso. Pablo recomienda a la hermana Febe, diaconisa de la iglesia de
Cencreas, junto a Corinto; saluda a Priscila y Aquila, colaboradores suyos, y a la iglesia que se reúne en su
casa, ellos expusieron sus cabezas para salvarle; al querido Epéneto, primicias de Asia para Cristo; ... a
Andrónico y Junia, sus parientes y compañeros de prisión; ... a Nereo y a su hermana, Olimpo y a todos los
santos que están con ellos
(Rm 16,1-15). Luego vienen los saludos que envían los compañeros de Pablo; entre ellos, Timoteo, su
colaborador, Gayo, huésped suyo y de toda la comunidad, y Erasto, administrador de la ciudad de Corinto,
desde donde Pablo escribe la carta (16,21-23).
Hacia el año 56, tras pasar el invierno en Corinto, Pablo vuelve por Macedonia. Camino de Jerusalén, se
despide de los responsables de la comunidad de Efeso, que salen a su encuentro en Mileto. Les avisa de lo
que se les viene encima: Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que
no perdonarán al rebaño... Vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y
noche con lágrimas a cada uno de vosotros (Hch 20,29-31).
Por esas fechas, probablemente desde Macedonia, Pablo escribe a Timoteo, a quien ha dejado en Efeso con
instrucciones concretas: Al partir yo para Macedonia te rogué que permanecieras en Efeso para que
mandaras a algunos que no enseñaran doctrinas extrañas, ni dedicasen su atención a fábulas y genealogías
interminables (1 Tm 1,3).
En Jerusalén Pablo es detenido y es trasladado a Cesárea, donde permanece dos años (Hch 24,27). Apela al
César y es trasladado a Roma, donde permanece otros dos años bajo arresto domiciliario (28,18.30). Hacia el
año 59, escribe de nuevo a Timoteo, ya desde Roma: Ya sabes que todos los de Asia me han abandonado...
Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces y no se avergonzó
de mis cadenas, sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró (2 Tm 1,15-17), yo
estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente (4,6), apresúrate a venir
cuanto antes...El único que está conmigo es Lucas. Toma a Marcos y tráele contigo, pues me es muy útil para
el ministerio. A Tíquico le he mandado a Efeso.
Cuando vengas, tráeme el abrigo que me dejé en Tróade, en casa de Carpo, y los libros; en especial los
pergaminos. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le retribuirá según sus obras.
Tú también guárdate de él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación. En mi primera defensa
nadie me asistió, antes bien todos me desampararon. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor me asistió
y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los
gentiles...saluda a Priscila y Aquila y a la familia de Onesíforo (4,9-19).
Diálogo: ¿Qué lecciones podemos sacar?
la fundación de la comunidad tiene unos pasos previos
el rechazo de la sinagoga no hipoteca el futuro de la comunidad
Pablo acepta la escuela de Tirano como lugar de reunión
distingue entre discípulos de Juan y discípulos de Jesús
es sólo un instrumento en manos del Señor, no un mago
denuncia la idolatría de la ciudad
la prisión se convierte en señal del Evangelio
las cartas son medio de comunicación
el misterio escondido desde siglos es el evangelio libre de la ley
el misterio se ha vuelto a esconder
se está manifestando
es una herencia preciosa, el testamento de Pablo

II. COMUNIDAD DE CORINTO


A finales del año 50, Pablo funda la comunidad de Corinto. Prende en ella la experiencia de fe, pero - cinco
años después - presenta diversos problemas. Pablo los afronta en sus cartas. Veamos qué lecciones son
útiles para los grupos y comunidades de hoy.
Procedente de Atenas, Pablo llega a Corinto, capital de la provincia romana de Acaya. Les anuncia la
experiencia de fe: Me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. Mi palabra y mi predicación no
tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del espíritu y
del poder para que vuestra fe se fundase no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios (1 Co 2, 3-4).
En Corinto se encuentra Pablo con un judío llamado Aquila y con su mujer Priscila, que acaban de llegar de
Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma: “Expulsó de Roma a los judíos
porque, impulsados por Cresto (¿Cristo?), asiduamente provocaban tumultos”, dice el historiador romano
Suetonio (Vita Claudii.25,4). El decreto tuvo lugar el año 49. Como son del mismo oficio, fabricar tiendas, se
queda a vivir y a trabajar con ellos. En principio, se dirige a la sinagoga. Cada sábado intenta convencer a
judíos y a griegos. Cuando llegan de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedica enteramente a la palabra,
anunciando a los judíos que Jesús es el Cristo (Hch 18, 3-5).
Ante la oposición judía, Pablo deja la sinagoga y se reúne en una casa: Entró en casa de un tal Justo, que
adoraba a Dios (18, 7). El Señor dijo a Pablo durante la noche en una visión: No tengas miedo, sigue
hablando y no calles; porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal, pues yo
tengo un pueblo numeroso en esta ciudad. Pablo permaneció un año y seis meses enseñando entre ellos la
palabra de Dios (18, 9-11).

Los adversarios acusan a Pablo ante el procónsul Galión: Este persuade a la gente para que adore a Dios de
una manera contraria a la Ley. El procónsul les dice: Si se tratara de algún crimen, yo os escucharía con
calma. Como se trata de cosas de vuestra Ley, no quiero ser juez en estos asuntos (18, 13-15). Una
inscripción descubierta en Delfos contiene un decreto de Claudio, en el que se menciona a Galión como
procónsul de Acaya. El decreto fue promulgado a principios del año 52. Este dato permite fijar
aproximadamente la cronología de Pablo.
Como en otras partes, el Evangelio choca con la mentalidad judía y con la mentalidad griega: Los judíos piden
señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros anunciamos a un Cristo crucificado, escándalo para los
judíos, necedad para los griegos; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de
Dios y sabiduría de Dios (1 Co 1, 22-24).
La comunidad de Corinto es un pequeño grupo, humanamente insignificante, en medio de una gran
ciudad: ¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos
nobles. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo
débil del mundo para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es,
para reducir a la nada lo que es (1, 26-28).
Han pasado cinco años. En la primavera del 56, Pablo escribe la primera carta a la comunidad de Corinto. Lo
hace desde Efeso (1 Co 16,8-9). Los de Cloe le han llevado malas noticias (1,11). Además, le han visitado y
consultado diversos asuntos Estéfanas, Fortunato y Acaico, que están al servicio de la comunidad. Deben
seguir y apreciar a estos hombres (16,15-18).
Por encima de todo, la acción de gracias, porque ha prendido en ellos la experiencia de fe: Doy gracias a Dios
sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en él
habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que se ha
consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo(1, 4-6).

Enseguida aflora la preocupación de Pablo: Estoy informado por los de Cloe que existen discordias entre
vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo
¿Está dividido Cristo? (1, 11-12). Hay que construir sobre el único fundamento, que es Cristo: ¡Mire cada cual
cómo construye! Pues nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto, Jesucristo (3, 10-11).
La prostitución de la ciudad de Corinto afecta también a la comunidad. Para algunos es algo natural, como el
comer. La comida para el vientre y el vientre para la comida (6,13). Además, hay algo que no se da ni entre
los paganos: Uno de vosotros vive con la mujer de su padre. Y ¡vosotros andáis tan hinchados! (5, 1-2). No
todo vale. Una cosa es la libertad y otra el libertinaje: Todo me es lícito, mas no todo conviene (6, 12), el
cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor (6, 13). Como se deduce, hay una carta que se ha
perdido: Al escribiros en mi carta que no os relacionarais con los impuros... (5, 9). Ciertamente, los cristianos
no pueden evitar relacionarse con los impuros de este mundo: Tendríais que salir del mundo (5,10), a los de
fuera Dios los juzgará (5,12). Ahora bien, el mal no puede fermentar, como levadura, dentro de la
comunidad: Os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es libertino, codicioso,
idólatra, difamador, borracho o ladrón. Con esos ¡ni comer! (5,11). Además, hay pleitos entre los hermanos y
se acude a tribunales paganos, cuando los hermanos están llamados a juzgar al mundo: ¿No sois capaces de
juzgar esas naderías? (6, 3).
En cuanto al matrimonio, Pablo resume lo que ordena el Señor: que la mujer no se separe del marido, mas en
el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida
a su mujer (7, 10-11). Esto supuesto, Pablo aconseja a la parte creyente que no tome la iniciativa de la
separación, pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu
mujer? (7, 16). Por lo demás, aunque manifiesta cuál es su posición personal y su preferencia, dice Pablo: En
cuanto al celibato no tengo mandato del Señor (7, 25).
Libre de toda atadura, Pablo vive en situación permanente de riesgo: en peligro a todas horas (15,30), peligros
de ríos, peligros de salteadores, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad,
peligros en despoblado, peligros por mar, peligros entre falsos hermanos (2 Co 11,26).
Otro asunto, la participación en los banquetes paganos consagrados a los ídolos. Ciertamente, el ídolo no es
nada y no hay más que un solo Dios. Mas no todos tienen ese conocimiento: Tened cuidado que esa vuestra
libertad no sirva de tropiezo a los débiles. En efecto, si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la
mesa en un templo de ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo
sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento se pierde el débil (1 Co 8, 9-11). Lo inmolado a los ídolos no es
nada, pero se inmola a los demonios y no a Dios: No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de
los demonios (10, 21).
Pablo lo sabe: El Señor ha ordenado que los que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio (9,14), el obrero
merece su sustento (Mt 10,10), el día del juicio será riguroso con la ciudad que rechace al apóstol (10,15). Sin
embargo, Pablo renuncia al derecho que le confiere el Evangelio (1 Co 9,18) para facilitar el anuncio del
mismo: Anunciar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe.
Y ¡ay de mí si no anunciara el Evangelio! (9,16). Se hace judío con los judíos, con los que están sin ley como
los que están sin ley, no estando sin la ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. Lo hace todo por el
Evangelio para participar del mismo (9,20-23).
Otro asunto, el buen orden en la reunión de la comunidad. La disposición del velo de las mujeres para orar y
profetizar (11,3) está vinculada al contexto social de la época. Y la disposición de callar (14,34) choca con la
anterior. Podría ser un añadido posterior (1 Tm 2,11-14). Muy importante: Cuando os reunís en común, eso ya
no es comer la cena del Señor, porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre,
otro se embriaga. Pablo ha recibido una tradición que procede del Señor: Que el Señor Jesús, la noche en
que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por
vosotros; haced esto en recuerdo mío.
Asimismo también la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas
veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío. El discernimiento es personal: Examínese cada cual, y coma así
el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo. Se
trata de discernir la presencia, el cuerpo del Señor crucificado: Cada vez que coméis este pan y bebéis esta
copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto ,cuando os reunís para la cena, esperaos los
unos a los otros (1 Co 11,23-33).
En cuanto a los dones o carismas hay diversos criterios a tener en cuenta. En primer lugar, la confesión
central: Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor! sino en el espíritu santo. Las acciones de Dios no chocan entre
sí, es don del espíritu conjugar la unidad y la diversidad: Hay diversidad de carismas, pero el espíritu es el
mismo; diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios
el que opera todo en todos. Los carismas son para provecho común. El espíritu hace que los diversos
miembros de la comunidad formen un solo cuerpo: Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada
uno por su parte (12, 1-31). El mayor de los carismas es el amor: El amor no acaba nunca (13,8).
En la reunión de la comunidad pueden aparecer diversos elementos: Cuando os reunís, cada cual puede
tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación, pero que todo sea
para edificación. En conclusión, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas. Pero
hágase todo con decoro y orden(14,26-39).
Hay un aspecto fundamental, que algunos ponen en cuestión: ¿Cómo andan diciendo algunos que no hay
resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó,
vana es nuestra predicación y vana nuestra fe (15,12-14). Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? La
cuestión se plantea en el modo de la resurrección: Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo
espiritual (15,44).

Tras el recibo de la carta, llegan noticias alarmantes. Adversarios de Pablo socavan la autoridad del apóstol.
Pablo decide hacer una rápida visita a Corinto. Obligado a salir de Efeso, se dirige a Tróade donde espera
reunirse con Tito. Al no encontrarle y verse acosado por enemigos que le amenazan de muerte, se traslada a
Filipos. Entonces escribe la segunda carta, quizá a finales del 57. Tiene reciente el riesgo pasado en Efeso (2
Co 1,9). Sin embargo, como siempre, rebosa de acción de gracias: Dios nos consuela en toda
tribulación (1,4), nos lleva siempre en su triunfo, en Cristo, y por nuestro medio difunde en todas partes el olor
de su conocimiento (2,14).
Pablo tenía pensado hacer una visita a Corinto (1 Co 16,5-7), que aplazó. Se lo criticaron: Si todavía no he ido
a Corinto, ha sido por miramiento a vosotros (2 Co 1,23). Uno de la comunidad le ha ofendido gravemente.
Entonces Pablo se limita a escribir una severa carta con gran aflicción y angustia de corazón (2,4). Ahora
dice: Bastante es para ese tal el castigo infligido por la comunidad (2,6), a quien vosotros perdonéis, también
yo le perdono (2,10).
Adversarios de Pablo le acusan de debilidad y de ambición. Son judeocristianos que, a pesar del concilio de
Jerusalén, defienden sus viejas ideas. Pablo se defiende: ¿Comenzamos de nuevo a recomendarnos? ¿O es
que, como algunos, necesitamos presentaros cartas de recomendación o pedíroslas? Vosotros sois nuestra
carta, escrita en vuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres (3,1-3).
Ciertamente, no somos nosotros como la mayoría que negocian con la palabra de Dios (2,17). Antes
bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso no procediendo con astucia, ni falseando la palabra de Dios; al
contrario, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia
humana, delante de Dios (4,2).
Humanamente hablando, el anuncio del Evangelio pasa por la debilidad, la tribulación, la persecución, la
muerte: Llevamos este tesoro en vasos de barro para que se manifieste que una fuerza tan extraordinaria
viene de Dios y no de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados;
perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos
el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo (4,7-10).
Vivimos ya la transfiguración de nuestra situación: Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre
exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día (4,16), si esta tienda que es
nuestra morada terrestre se desmorona, tenemos una morada que es de Dios (5,1-2).
Pablo pide generosidad a la comunidad de Corinto en favor de la comunidad de Jerusalén :Cada cual dé
según el dictamen de su corazón, no de mala gana, ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría (9,7).
Por supuesto, Pablo desea no tener que mostrarse severo en su próxima visita, pero lo hará, si es
preciso (10,2). No pretende compararse a algunos que se recomiendan a sí mismos: No es hombre de
probada virtud el que a sí mismo se recomienda, sino a quien el Señor recomienda (10,18). Son falsos
apóstoles (11,13), que presumen de no sé qué: ¿Que son hebreos? También lo soy yo. ¿Que son israelitas?
¡También yo! ¿Son descendencia de Abraham? ¡También yo! ¿Ministros de Cristo? ¡Digo una locura! ¡Más
yo! (11,22-23).
Pablo quiere acabar con las discordias que destruyen la comunidad. No se puede seguir así
indefinidamente: Por la palabra de dos o tres testigos se zanjará todo asunto. Ya os lo tengo dicho a los que
anteriormente pecaron y a todos los demás... Si vuelvo otra vez, obraré sin miramientos (13,1-2). Es preciso
revisar la experiencia fundamental: ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? (13,5).
* Para la reflexión personal y de grupo: ¿Qué lecciones son útiles para los grupos y comunidades de hoy?
¿Ha prendido la experiencia de fe? ¿Qué problemas hay?

III. COMUNIDAD DE FILIPOS

Es la primera comunidad de Europa fundada por Pablo. Hacia el año 50, tras la separación de Bernabé, Pablo
escoge a Silas como compañero. Atraviesan Siria y Cilicia consolidando las comunidades (Hch 15,36-41).
Llegan a Derbe y, después, a Listra, donde se encuentra Timoteo. Su madre es judía. Los hermanos hablan
muy bien de él y Pablo decide llevarlo consigo (16,3). Por todas partes comunican las decisiones del concilio
de Jerusalén. Atravesando Frigia, y Galacia, llegan a Tróade. Allí Pablo tiene una noche esta visión. Un
macedonio aparece suplicándole: Pasa a Macedonia y ayúdanos (16,9).
Acogiendo la visión como una señal, zarpan hacia Filipos, una de las principales ciudades de la provincia
romana de Macedonia: En esta ciudad nos detuvimos algunos días. El sábado, salimos fuera de la puerta, a la
orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las
mujeres que habían concurrido. Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura y natural de la ciudad de
Tiatira, y que adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las
palabras de Pablo. Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: Si juzgáis que soy fiel al
Señor, venid y quedaos en mi casa. Y nos obligó a ir (Hch 16,12-15).
Por tanto, la comunidad de Filipos nace en un grupo de oración formado por mujeres. Se reúne en una casa.
Con motivo del exorcismo de una niña, que da dinero a sus amos echando la buenaventura, estos acusan a
Pablo y a Silas de perturbar el orden que reina en la ciudad. Son azotados y encarcelados. A la mañana
siguiente son puestos en libertad: Pablo y Silas fueron a casa de Lidia y, después de ver a los hermanos y de
animarlos, se marcharon (16,40). Más adelante, Pablo recordará los sufrimientos e injurias pasados en Filipos
(1 Ts 2,2).
Pablo escribe la carta a los filipenses desde la cárcel, quizá desde Efeso, hacia el año 54. Lo que le ha
sucedido se ha convertido en testimonio del Evangelio: Quiero que sepáis, hermanos, que lo que me ha
sucedido ha contribuido más bien a la difusión del evangelio, pues se ha hecho público en todo el pretorio y
entre todos los demás que me hallo en cadenas por Cristo. Y la mayor parte de los hermanos, alentados en el
Señor por mis cadenas, tienen mayor valentía en anunciar sin temor la Palabra (Flp 1,12-14).
Tras el saludo inicial a toda la comunidad con sus responsables, supervisores (obispos) y diáconos, Pablo da
gracias a Dios, pues han colaborado en la difusión del Evangelio desde el principio: Doy gracias a mi Dios
cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos
vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy,
firmemente convencido de que quien inició en vosotros la buena obra la llevará adelante hasta el día de Cristo
Jesús (1,3-6).
Algunos adversarios, bien lo sabe Pablo, predican a Cristo, pero actúan por envidia y rivalidad, no con buena
intención: Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad; mas hay también otros que lo hacen
con buena intención; estos, por amor, conscientes de que yo estoy puesto para defender el evangelio;
aquellos, por rivalidad, no con buenas intenciones, creyendo que aumentan la tribulación de mis
cadenas (1,15-17). De un modo u otro, el acoso al apóstol parece mantenerse hasta el final: “Por envidia y
rivalidad mostró Pablo el galardón de la paciencia”, escribe Clemente Romano a finales del siglo I. De
momento, nadie sabe cómo terminará el proceso. En cualquier caso, dice Pablo, Cristo será glorificado en mi
cuerpo, tanto en mi vida como en mi muerte... Pero si el vivir en la carne significa para mi trabajo fecundo, no
se qué escoger (1,20-22).
Por supuesto, hay que centrarse en lo fundamental y mantenerse firmes en el combate, sin dejarse intimidar
por los adversarios: Lo que importa es que vosotros llevéis una vida digna del evangelio de Cristo, para que si
voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os mantenéis firmes en un mismo espíritu y lucháis
acordes por la fe del evangelio, sin dejaros intimidar en nada por los adversarios, lo cual es para ellos señal
de perdición y para vosotros de salvación (1,27-28).
Es fundamental la comunión dentro de la comunidad. El apóstol pone especial énfasis en ello: Os conjuro en
virtud de toda exhortación en Cristo, de toda persuasión de amor, de toda comunión en el espíritu, de toda
entrañable compasión, que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo
espíritu, unos mismos sentimientos. Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad,
considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés
sino el de los demás, tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús (2,1-
5), hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones (2,14).
Ante la acción de los adversarios, obreros malos, falsos circuncisos, reivindica Pablo su propia misión. Por
causa de Cristo, muchas cosas quedaron atrás: Los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que damos
culto según el espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús sin poner nuestra confianza en la carne,
aunque yo tengo motivo para confiar también en la carne... Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de
la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de
la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable. Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una
pérdida a causa de Cristo (3,2-7), dando al olvido lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por
delante, corro hacia la meta (3,13-14).
Son muchos los que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Ese modelo no vale: Sed imitadores míos, y
fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros. Porque muchos viven según os dije tantas
veces, y ahora os lo repito con lágrimas en los ojos, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la
perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas
de la tierra. Pero nosotros somos ciudadanos del cielo (3,17-20).
Pablo da algunos consejos particulares: Ruego a Evodia y a Sintique tengan un mismo sentir en el Señor.
También te ruego a ti, Sicigo, verdadero compañero que las ayudes, ya que lucharon por el Evangelio a mi
lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos (4,2-3). Y unos consejos generales: Todo cuanto
hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna
de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo
por obra y el Dios de la paz estará con vosotros (4,8-9).
Los filipenses tienen una relación especial con el apóstol. Los llama hermanos míos queridos y añorados, mi
gozo y mi corona (4,1). Les agradece la ayuda recibida: Sé andar escaso y sobrado... todo lo puedo en aquel
que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. Y sabéis también vosotros,
filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia me abrió
cuentas de haber y debe, sino vosotros solos. Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por
dos veces con qué atender a mi necesidad (4,12-16). Pablo espera enviarles a Timoteo, tan pronto como vea
clara su situación. Y confía en que él mismo podrá ir pronto (2,23-24). Mientras tanto, considera necesario
devolverlos a Epafrodito, hermano, colaborador y compañero, enviado con el encargo de servirle y
entregarle lo que le han enviado, sacrificio que Dios acepta con agrado (4,18).
* Diálogo: ¿Es actual la experiencia de la comunidad de Filipos?
Precede una señal
Nace en un grupo de oración, se reúne en una casa
Colabora desde el principio en la difusión del Evangelio
Algunos actúan por envidia y rivalidad
Muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo
Es fundamental la unidad dentro de la comunidad
Tiene una relación especial con el apóstol

IV. COLOSAS: LA IGLESIA INTELECTUAL


Colosas era una ciudad frigia de gran antigüedad, situada en el valle Lico, en Asia Menor, cerca de La
odicea y Hierápolis, cerca de 150 kilómetros al este de Efeso. Aunque en ninguna otra cosa era importante, su
fama se debe a la carta que el apóstol Pablo dirigió a esa iglesia.
Se cree que la iglesia de Colosas tenía gran influencia en el valle Lico. Existía unidad y compañerismo entre
las iglesias que se reunían "en casas" en Colosas, La odicea y Hierápolis (Colosenses 4.12-17; véase
Filipenses 2), y aunque Pablo no los conocía personalmente (Colosenses 2.1), ellos le amaban en el Espíritu
(1.8) y él se deleitaba en ellos en espíritu (2.5) y en oración (1.3,9).
Es evidente que fue Epafras, uno de los asistentes de Pablo, quien trajo el evangelio a Colosas (1.7; véase
4.12), posiblemente como resultado del programa misionero de Pablo, mientras éste residía en Efeso (Hechos
19.10). Los miembros de la iglesia eran gentiles en su mayoría (1.27; 2.13), aunque era indudable que había
judíos cristianos entre ellos, quienes ciertamente conocían las tradiciones hebreas (2.11-23).
Lo que ocasionó la escritura de la epístola fue las noticias de Epafras (4.12) concernientes al falso
intelectualismo, el cual estaba minando la persona y la obra de Cristo, permitiendo al mismo tiempo que se le
diera más importancia a las prohibiciones sobre alimentos y al falso ascetismo (1.15-23; 2.6-23). Pablo se
enfrentó a ese problema, proporcionando para Colosas: (1) refutación; (2) instrucción; y (3) estabilización.
Para Pablo la sana doctrina era la respuesta a la herejía y a la falsa moral.
Características positivas
Aunque la iglesia estaba amenazada por lo que Pablo llama "filosofías y huecas sutilezas" (2.8), no había
perdido aún su fe, y por eso Pablo encontró mucho que alabar de esa comunidad. Los llama "santos y fieles
hermanos en Cristo" (1.2), y encuentra en ellos una fuente de deleite personal (2.5); y sujetos por los cuales
había que dar gracias (1.3-9).
Pero él se concentra especialmente en la reputación de fe, amor y esperanza que ellos tenían (1.4,5), como
algo digno de encomio. De hecho como Pablo lo dice, su ardiente fe en Cristo y amor por los santos existía a
causa de su esperanza celestial. La escatología daba significado a su fe y a su moral.
Características negativas
El territorio de Frigia era fértil para el crecimiento de extrañas prácticas religiosas. Las sinagogas eran
conocidas por su laxitud y su apertura a la especulación que procedía del mundo helenístico. Es evidente que
en la iglesia de Colosas encontramos un recipiente en el cual se mezclaban el pensamiento libre del judaísmo
de la dispersión con las ideas especulativas de la religión griega. El resultado había sido una extraña mezcla
de judaísmo, gnosticismo y cristianismo, a lo cual Pablo llamó "huecas sutilezas" (2.8). Los colosenses
estaban interpretando a Cristo de acuerdo a las filosofías paganas y no viceversa.
El evangelio filosófico
La iglesia de Colosas nos recuerda del peligro que hay en tratar de modernizar al evangelio. Es cierto que
ellos necesitaban adaptar los métodos que tenían para alcanzar a sus vecinos, pero la equivocación residía
en tratar de modificar el mensaje. Su sed por la novedad era más fuerte que su fidelidad. Tenemos que
recordar que para el cristiano, el éxito reside, no en producir algo "nuevo" sino en transmitir fielmente lo
antiguo (véase 2 Timoteo 2.2).
Una religión de hechura propia
Además, la iglesia de Colosas nos da la señal de alerta sobre el sutil peligro que hay en la piedad de hechura
propia. Pablo está de acuerdo con que el rigor y la devoción producen frutos deseables (2.23), pero cuando el
motivo que se encuentra detrás de tal negación propia es el anhelo de tener novedosas experiencias
espirituales que sobrepasen a Cristo, entonces esto es de "la carne", y sólo conduce al orgullo (2.18,23).
Una iglesia que deriva su seguridad de una sujeción a regulaciones o su confianza está depositada en la auto-
negación constituye un peligro de caer en la incredulidad. No es el "ego" sino "Cristo en vosotros, la
esperanza de gloria" (1.27).
La iglesia en Colosas nos recuerda, por lo tanto, que estemos en guardia contra el seudo-intelectualismo y
toda forma de religión de hechura propia. La solución que ellos tenían, aplica a nosotros también, la cual está
en Cristo, "en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento"(2.3). Una
cristología verdadera es el remedio completo para toda herejía, ya sea del pasado o del presente.

V. COMUNIDAD DE TESALÓNICA
Pablo llega a Tesalónica, capital de la provincia romana de Macedonia, hacia el año 50, después de fundar la
comunidad de Filipos. Le acompañan Silas y Timoteo. Según su costumbre, va a la sinagoga y, en discusión
con los judíos, anuncia el Evangelio: Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas así como
una gran multitud de los que adoraban a Dios y de griegos y no pocas de las mujeres principales (Hch 17,4).
Así nace la comunidad de Tesalónica.
En la sinagoga Pablo y sus compañeros duran tres sábados, después se reúnen en una casa. Los judíos,
llenos de envidia, traman una persecución contra ellos y los denuncian ante los magistrados: “Esos que han
revolucionado todo el mundo se han presentado también aquí, y Jasón les ha hospedado”, “van contra los
decretos del César y afirman que hay otro rey, Jesús” (17,7).
Pablo está poco tiempo en Tesalónica, quizá unos meses. Debido a la oposición judía, tiene que escapar,
pero puede poner los fundamentos de una joven comunidad formada principalmente por gentiles. Como se
dice en los Hechos de los apóstoles, van por todas partes anunciando la buena nueva de la Palabra (8,4) y la
experiencia de Cristo crucificado: Dios le ha constituido Señor y Cristo (2,32; 1 Co 1,23-24).
A Pablo le preocupa la suerte de los hermanos. Sólo les ha podido dar una formación elemental.
Personalmente, no puede ir a verlos. Desde Atenas envía a Timoteo para animarlos en medio de las
dificultades. Hacia el año 52, les escribe desde Corinto, cuando llegan de Macedonia Silas y Timoteo (Hch
18,5). Lo hace con el alivio de las buenas noticias que le traen.

Sin embargo, hay problemas: los judíos continúan su campaña contra el apóstol, quedan restos de
costumbres paganas, se necesitan catequesis diversas, por ejemplo, sobre el Día del Señor y el hecho de la
resurrección. Con su carta, Pablo quiere orientar a aquellos hermanos y afrontar los problemas pendientes. En
el saludo inicial, la carta es encabezada por Pablo, Silas y Timoteo (1 Ts 1,1).
Por encima de todo, la acción de gracias. Al considerar el pasado, las dificultades superadas y la fuerte
oposición sufrida, Pablo proclama la poderosa fuerza de Dios. En realidad, el Evangelio estaba condenado a
la esterilidad, pero fue anunciado no sólo con palabras, sino también con señales: En todo momento damos
gracias a Dios por todos vosotros... Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los
trabajos de vuestro amor y la tenacidad de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Conocemos,
queridos hermanos, vuestra elección; ya que os fue predicado nuestro Evangelio no sólo con palabras sino
también con poder y con espíritu santo, con plena persuasión (1,2-5).
La primera carta a la comunidad de Tesalónica es el primer escrito del Nuevo Testamento. En los tres
primeros capítulos Pablo evoca la experiencia del origen y del crecimiento de la comunidad. Los hermanos de
Tesalónica saben bien, conocen perfectamente, recuerdan... Pero ¿de qué se trata?
Los hermanos saben que Pablo les anunció la experiencia del Evangelio; que ellos acogieron la palabra entre
tanta lucha con la alegría del espíritu santo; que han llegado a ser modelo para muchos creyentes: Desde
vuestra comunidad, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino por todas
partes; vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de
explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo, abandonando los
ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar así a su hijo Jesús que ha de venir
de los cielos... y nos libra de la ira que viene (1,6-10)
Los hermanos saben que la acción de Pablo no fue estéril, fue valiente, desinteresada, respetuosa: Sabéis
muy bien, hermanos, que nuestra ida a vosotros no fue estéril, sino que, después de haber padecido
sufrimientos e injurias en Filipos, como sabéis, confiados en nuestro Dios, tuvimos la valentía de predicaros el
Evangelio de Dios entre frecuentes luchas. Nuestra exhortación no procede del error, ni de la impureza ni con
engaño, sino que así como hemos sido juzgados aptos por Dios para confiarnos el Evangelio, así lo
predicamos, no buscando agradar a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones. Como bien
sabéis, nunca nos presentamos con palabras aduladoras, ni con pretextos de codicia, Dios es testigo, ni
buscando gloria humana, ni de vosotros ni de nadie. Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser
apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño a sus hijos (2,1-
7).
Los hermanos saben que el Evangelio que anuncia Pablo no es mera palabra humana. Es la manifestación
palpable de la fuerza de Dios, que confirma la palabra anunciada: Por nuestra parte, no cesamos de dar
gracias a Dios porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de
hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los
creyentes (2, 13).
Los hermanos saben por experiencia que el anuncio del Evangelio entraña conflicto, división, sufrimiento,
persecución: Habéis seguido el ejemplo de las iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús, pues
también vosotros habéis sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte de los judíos;
esos son los que dieron muerte al Señor y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros; no agradan
a Dios y son enemigos de los hombres, esos que estorban que hablemos a los gentiles para que se
salven (2,14-16).
Por supuesto, Pablo hubiera querido ir (más de una vez) a Tesalónica, pero no pudo ser: Separados de
vosotros por breve tiempo –físicamente, pero no con el corazón- ansiábamos con ardiente deseo ver vuestro
rostro. Por eso quisimos ir a vosotros –yo mismo, Pablo, lo intenté más de una vez-, pero Satanás lo impidió...
Por eso, no pudiendo aguantar más, decidí quedarme solo en Atenas y envié a Timoteo, hermano nuestro y
colaborador de Dios, para afianzaros y alentaros en vuestra fe, para que nadie vacile en las dificultades
presentes. Bien sabéis que este es nuestro destino: ya cuando estábamos con vosotros, os predecíamos que
sufriríamos dificultades, y sabéis que así ha sucedido. Por lo cual también yo, no pudiendo aguantar más, le
envié para tener noticias de vuestra fe, temiendo que os hubiera tentado el tentador y que nuestras fatigas
hubieran resultado inútiles (2,17-3,5).
Las noticias que trae Timoteo son buenas: Nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y amor mutuo,
añadiendo que conserváis siempre buen recuerdo de nosotros y que deseáis vernos, así como nosotros a
vosotros. En cualquier caso, la visita de Pablo a la comunidad está en manos de Dios: Noche y día le pedimos
a Dios insistentemente poder ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe. Que Dios mismo, nuestro
Padre y nuestro Señor Jesús orienten nuestros pasos hacia vosotros (3,6-11). Por lo demás, vivid como
conviene, ya sabéis las instrucciones que os dimos en el nombre del Señor (4,1-2).
Algunos hermanos creen ingenuamente que el día del Señor será un acontecimiento espectacular e
inminente, que se perderán los que ya hayan muerto. Pero no, los vivos no llevamos ventaja. Ellos van por
delante: Como Cristo ha resucitado, los muertos resucitan. La resurrección es una realidad trascendente que
ya irrumpe en la historia. Pero el mundo no se acaba, hay que trabajar: El que no quiera trabajar, que no
coma (4,11;2Ts 3,10).
Además, el día del Señor es día de nubes y oscuridad (Jl 2,2;Sof 1,15), día de juicio de todo aquello que no
tiene que ver con el reino de Dios. Por tanto, como hijos de la luz, estemos vigilantes, no sea que ese día nos
sorprenda como ladrón en la noche (1 Ts 5,2). El Evangelio es, a la vez, anuncio y denuncia. En la carta a los
Gálatas, en el mismo capítulo está la mano que se le tiende a Pablo en señal de comunión y la reprensión que
el apóstol de los gentiles hace a Pedro (Ga 2,1-14).

LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS


Las primeras comunidades cristianas presentan analogías con los diversos modelos asociacionistas
grecorromanos y judíos de la época.
En el mundo grecorromano el asociacionismo no presentaba un hecho excepcional. Los artesanos se reunían
en cofradías de artes y de oficios bajo la protección de alguna divinidad. En los gimnasios, los adultos varones
formaban sociedades culturales, deportivas y políticas. Eran también numerosas las congregaciones
estrictamente religiosas, caracterizadas ordinariamente por su participación en un banquete común y llamadas
por ello eranoi. Entre ellas destacaban las comunidades de adeptos a las religiones mistéricas (culto a
Dionisio, a Eleusis, a Mitra). En estas sociedades era restringido el número de los participantes.- unas
docenas, o todo lo más un centenar de personas.
Más estructuradas se presentaban las comunidades judías, tanto de Judea como de la diáspora: dirigidas por
un consejo de ancianos que aplicaba un reglamento interno disciplinar, basado en la Torah. El factor primario
de cohesión era la fe en el Dios del éxodo y la fidelidad a laTorah como norma suprema de vida. En Qumrán
se practicaba, además, la comunión de bienes y la existencia ordenada sobre el doble principio del ora et
labora. Finalmente cabe mencionar las cofradías locales de fariseos (haburot), construidas bajo el signo del
estudio e interpretación de la Torah, que se reunían para comidas rituales comunes, donde el comentario de
la Escritura jugaba un papel importante.
Carácter heterogéneo de las comunidades cristianas. En primer lugar, las comunidades cristianas, con
respecto a las judías y paganas, revelan un acentuado carácter compuesto y heterogéneo. Desde el punto de
vista sociocultural su composición puede deducirse de algunas indicaciones dispersas de Hch y del epistolario
paulino. Ricos y pobres, esclavos y libres, personas con buena preparación cultural y personas incultas,
pertenecientes a capas sociales privilegiadas y plebeyos, varones y mujeres, célibes y casados, coexistían
unos al lado de los otros. Los creyentes del grupo social medio y medio-alto serían ciertamente una minoría,
pero una minoría cualificada: era el grupo que arrastraba a los demás miembros de la comunidad; eran éstos,
además, los interlocutores privilegiados de Pablo en las comunidades por él fundadas. Estos cristianos con
mayores posibilidades económicas albergaban en su 'casa' las reuniones comunitarias: así, por ejemplo,
Onésimo en Colosas albergaba a la comunidad y la ayudaba generosamente; Aquila y Priscila comerciaban
con telas y pusieron su casa de Corinto y de Éfeso a disposición del apóstol Pablo; Lidia, en Filipos,
comerciaba con tejidos de púrpura, y albergó al apóstol y al primer grupo comunitario de la ciudad. Por otra
parte, las comunidades también contaban con una presencia importante de esclavos, tal como se atestigua en
1Cor 7. Por tanto no tiene nada de extraño que surgieran tensiones, divisiones y contraposiciones, y hasta
rupturas. No era fácil hacer que convivieran pacíficamente personas tan diversas. No me-nos problemático se
revelaba el estatuto de las mujeres, infravaloradas por la cultura judía, tal como atestigua el mismo Flavio
José: 'La Torah dice que la mujer es inferior al hombre en todo' (Contra Apionem 2,20) y que llegó a
condicionar al mismo Pablo, aunque, si bien, las comunidades de la diáspora equilibraban esta mentalidad
con la mayor consideración que la mujer gozaba en el mundo grecorromano.

Fe y culto en las comunidades. La fe, el culto y la fraternidad caracterizaban la vida interna de las
comunidades cristianas, y constituían su eje vital. La adhesión al mensaje cristiano se expresaba hacia afuera,
en la profesión de un credo simple centrado en la muerte y resurrección de Cristo (cf. 1Cor 15,3-4; Rom 10,9;
1Cor 8,6). El rito fundamental de agregación a la comunidad cristiana era el bautismo, presentado por Pablo
como acontecimiento de participación solidaria en la muerte y en la resurrección de Jesús (cf. Rom 6,3-4). La
exigencia cultual de los neófitos y demás miembros se continuaba en la celebración semanal de la cena del
Señor, memoria -viva de la ofrenda de Jesús, y de su enseñanza. En concreto, el domingo, es decir el primer
día de la semana sabática (cf. Hch 20,7; 1Cor 16,2), la comunidad se reunía al atardecer en la casa espaciosa
de algún cristiano acomodado; el momento central de la celebración era el del rito de compartir el pan y el
vino, símbolos de la ofrenda de Jesús y de su amor. Los cantos, las plegarias, los sermones y aclamaciones
reavivaban las asambleas, caracterizadas por la amplia participación activa de los creyentes. En Corinto se
había llegado incluso a tal explosión de intervenciones carismáticas extemporáneas que Pablo advierte de la
necesidad de disciplinar tales reuniones (cf 1Cor 14; ver v. 26). Si Pablo se hallaba presente no dejaba de
tomar la palabra largamente (cf. Hch 20,7); pero incluso desde lejos hacía sentir su voz por medio de las
cartas, que estaban destinadas intencionalmente a ser leídas durante las reuniones eucarísticas comunitarias
(cf. 1Tes 5,27).
Relación con su ambiente. En cuanto a las relaciones entre las comunidades cristianas y el ambiente
exterior, hay que señalar enseguida la falta de proporción entre la exigüidad numérica de los cristianos y la
masa importante de la población ciudadana. Por ejemplo, los cristianos de Corinto, apenas llegarían a un
centenar, mientras que la metrópoli superaba ya el medio millón de habitantes.

En relación con la diáspora judía no faltaron las polémicas. El factor decisivo de la ruptura entre las sinagogas
y las iglesias cristianas fue la crítica radical al valor de la Torah y de las tradiciones judías, a favor del carácter
mesiánico y salvífico de Jesús, entendido éste de forma exclusiva.
Pero, ¿cómo era la vida en el interior de las comunidades cristianas? No es una cuestión fácil de responder,
dada la pluralidad de modelos comunitarios existentes. Podemos aventuramos a ello a través del examen de
seis textos significativos del NT. Los textos de Mateo 18 y de Hechos 2,42-47 y 4,32-35 nos presentan
algunas coordenadas a tener presente en la vida de cualquier comunidad cristiana; Hechos 15 presenta el
caso de la resolución de un conflicto en el seno de la Iglesia primitiva, conflicto a la vez intra e inter
comunitario. Otros dos textos, de Romanos 12 y Hebreos 12,14-13,19, nos remarcan algunas actitudes a
tener en cuenta en las relaciones entre los miembros de una misma comunidad. Y por fin, en 1
Tesalonicenses 1,1-10 Pablo presenta a la comunidad de Tesalónica como modelo para el resto de
comunidades, veremos el porqué.

CONCLUSION
Compartir los alimentos en una mesa común no fue tarea fácil. La tradición judía era, en aquel tiempo, plural;
pero pesaba demasiado la separación de los gentiles, que se expresaba en el rechazo de compartir los
alimentos con ellos. El carácter heterogéneo de las comunidades cristianas de la diáspora.

Fuera de Israel, donde se mezclaban judíos y gentiles sacó a la luz un dilema: cómo compartir un mismo pan
y un mismo vino entre judíos y gentiles

Por otra parte, emergía, poco a poco, otro problema de fondo: la relación entre Cristo y la Torah: Jesús, sus
primeros discípulos, los miembros de las primeras comunidades cristianas de Judea, los primeros miembros
de la comunidades de la diáspora son judíos.

Los primeros cristianos eran judíos que reconocían a Jesús como Mesías (Cristo), sin dejar, por ello de ser
judíos; es más, precisamente por ser judíos lo podían reconocer como Mesías. Pero, los cristianos gentiles
¿debían o no hacerse judíos para poder reconocer a Jesús como Mesías? es decir, ¿debían o no abrazar la
Tora con sus consecuencias, por ejemplo la circuncisión o la pureza de los alimentos? (cf. Hch 15,1.5).

La cuestión no era simple y el altercado provocó una fuerte discusión entre comunidades. Por ello se convoca
una asamblea para estudiar el asunto, a la que participan "los apóstoles y los demás responsables" de
Jerusalén y de Antioquia (cf. 15,2.4.6), pero podemos pensar que de algunas otras comunidades también.
Tras una larga discusión’ (15,7), el autor pone en boca de Pedro la proclamación de su experiencia apostólica
y la afirmación del carácter salvífico de Cristo: 'Dios me eligió a mí de entre vosotros para que los paganos
oyesen por mi boca la palabra del Evangelio y creyesen... Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia
de Jesús, el Señor, y ellos (gentiles), exactamente igual' (15,7.11).
La asamblea escucha igualmente la experiencia de Bernabé y Pablo sobre cómo entre los paganos se
cumplen 'las señales y prodigios' de la salvación (cf. 15,12). Santiago es capaz de proponer una fórmula de
consenso que recoja unos mínimos aceptados por todos (cf. 15,22). El consenso conseguido es visto, a la luz
de la fe, como obra del Espíritu Santo, y así lo expresa la circular que mandan a las comunidades: 'Hemos
decidido el Espíritu Santo y nosotros...' (15,28). A partir de aquí, podemos concluir diciendo que el diálogo
intra e intracomunitario logró superar el conflicto en el seno de la comunidad apostólica.

INTRODUCCION
En primer lugar, las comunidades cristianas, con respecto a las judías y paganas,
estaban formadas por personas muy diversas. Desde el punto de vista sociocultural su
composición puede deducirse como muy variada: ricos y pobres, esclavos y libres,
personas con buena preparación cultural y personas incultas, pertenecientes a capas
sociales privilegiadas y plebeyos, varones y mujeres, célibes y casados, coexistían
unos al lado de los otros.
Los creyentes del grupo social medio y medio-alto serían ciertamente una minoría,
pero estos cristianos con mayores posibilidades económicas albergaban en su 'casa'
las reuniones comunitarias:
Así, que, Onésimo en Colosas albergaba a la comunidad y la ayudaba
generosamente; Aquila y Priscila comerciaban con telas y pusieron su casa de Corinto
y de Éfeso a disposición del apóstol Pablo;
Lidia, en Filipos, comerciaba con tejidos de púrpura, y albergó al apóstol y al primer
grupo comunitario de la ciudad.
Por otra parte, las comunidades también contaban con una presencia importante de
esclavos, tal como se atestigua en 1Cor 7. Por tanto no tiene nada de extraño que
surgieran tensiones, divisiones y contraposiciones, y hasta rupturas. No era fácil hacer
que convivieran pacíficamente personas tan diversas.
No menos problemático fue el tema de las mujeres, infravaloradas por la cultura judía,
tal como atestigua el mismo Flavio José: ‘LaTorah dice que la mujer es inferior al
hombre en todo' (Contra Apionem 2,20) y que llegó a condicionar al mismo Pablo.

Las antiguas comunidades cristianas estaban consti-tuidas por toda suerte de


personas, sin distinción de clase o condición. Desde los tiempos apostólicos, la Iglesia
estuvo abierta a judíos y gentiles, pobres y ricos, libres y esclavos. Son ciertos que la
mayoría de los cristianos de los primeros siglos fueron gentes de humilde condición, y
un intelectual pagano hostil al Cristianismo, Celso, se mofaba con desprecio de los
tejedores, zapateros, lavanderos y otras gentes sin cultura, propagadoras del
Evangelio en todos los ambien-tes.
Pero es un hecho indudable que desde el siglo I, personalidades de la aristocracia
romana abrazaron el Cristianismo. Este hecho, dos siglos más tarde, revestía tal
amplitud que uno de los edictos persecutorios del emperador Valeriano estuvo dirigido
especialmente contra los senadores, caballeros y funcionarios imperiales que fueran
cristianos.