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¿Proyectos políticos y educativos en disputa en el sigo XXI?

Este trabajo tiene como objetivo la respuesta y fundamentación del interrogante


teniendo en cuenta el Proyecto Nacional y Popular impulsado por el Kirchnerismo
y el Neoliberal Conservador, con el Macrismo como referente. Podemos decir
que estos son dos modelos son antagónicos en muchos aspectos, como en el
plano ideológico, y que, por lo tanto, las políticas económicas, sociales y
educativas implementadas, también se contraponen, provocando una disputa
política permanente.
La llegada del modelo Nacional y Popular a la escena política en el año 2003 con
la asunción de Néstor Kirchner, significó, como en muchos países
latinoamericanos, un cambio de los presupuestos neoliberales de los años 90
donde el Estado tomó un papel protagónico.
Entendemos por populismo “Una determinada matriz político-ideológica que se
inserta en la “memoria media” (las experiencias de los años 50 y 70), que
despliega un lenguaje rupturista (la exacerbación de los antagonismos) y tiende
a sostenerse sobre tres ejes: la afirmación de la nación, el estado redistributivo
y conciliador, y el vínculo entre líder carismático y masas organizadas” (Svampa,
2013, p.14). Por otro lado, recuperando la idea de Laclau (2005) consideramos
que el populismo “aparece allí donde haya demandas sociales insatisfechas”.
En el caso de Argentina, este proyecto se instala en el marco de la crisis del año
2001, y Néstor Kirchner, como líder del movimiento, intentó dar respuesta a dicha
crisis.
Los primeros gestos de Néstor Kirchner parecían confirmar así una nueva era de
cambios, tales como los reemplazos en la Corte Suprema de Justicia, la asunción
de una política de derechos humanos, la retórica antineoliberal, la opción por una
política económica heterodoxa y el incipiente latinoamericanismo”. (Svampa,
2013)
Por otro lado, cuando hablamos de Proyecto Neoliberal Conservador,
rescatamos la idea de García Delgado (2016, pagina) cuando habla de que “el
poder vuelve al poder [lo que significa que] el poder fáctico, el corporativo, el de
las empresas más concentradas, multinacionales, los medios de comunicación
y la banca financiera tienen ahora también el poder del Estado.” Con este modelo
la toma de decisiones pasa a ser de una elite corporativa y el poder del pueblo
es reemplazado por el poder del mercado. Creemos que el triunfo del Macrismo
de las elecciones del 2015 tiene que ver con un descontento general que se fue
gestando en la población perteneciente a la clase media con respecto al modelo
Kirchnerista y que vieron en el PRO una posibilidad de cambio de rumbo.
Si bien, como ya mencionamos, entendemos que estos dos proyectos políticos
son totalmente diferentes ideológicamente hablando, tienen en común, como en
toda América Latina desde hace muchos años, el desarrollo de políticas
“extractivistas”. Éstas medidas incluyen la explotación minera y petrolera que,
debido a los impactos económicos, sociales y ambientales han estado en el
centro de fuertes polémicas.
En la etapa kirchnerista, a pesar de sus políticas progresistas de izquierda, los
sectores extractivistas mantuvieron su importancia, y fueron uno de los pilares
de las estrategias de desarrollo. Por ejemplo, la actividad minera y la agrícola
crecieron exponencialmente.
En esta etapa se gestó un “neoextractivismo”, como lo llama el Gudynas (2011),
en el que el estado es mucho más activo absorbió los excedentes a través de
impuestos altos por medio de una empresa estatal que lleva adelante la
exportación. Estos ingresos se utilizaron de diferente manera, por ejemplo, para
financiar planes sociales, logrando que estas actividades extractivistas sean
legitimadas y defendidas por gran parte de la población.
En el actual gobierno de Macri, el extractivismo se profundizó aún más que en la
etapa anterior acompañado de una serie de medidas como la eliminación de las
retenciones a la actividad minera en junio de 2017, se firmó el Nuevo Acuerdo
Federal Minero en la Casa Rosada con el objetivo de atraer más inversiones
extranjeras para el sector del extractivismo mineral. “Es una actividad que
creemos que puede ser un gran pilar en la generación de empleo, del nivel de lo
que aportan el campo, la construcción, el turismo, a futuro las industrias
creativas, sostuvo el presidente”. (Un pacto por más extractivismo, 2017)
El presidente procedió a eliminar las retenciones por derecho de exportaciones
para el trigo, el maíz, la carne y productos regionales, y la reducción de 5 puntos
porcentuales de la alícuota que paga la soja, a través del Decreto 133/2015
considerando que era para solucionar la grave crisis económica que viven los
sectores agrícola-ganaderos, fomentar el desarrollo de dicha industria y
promover el agregado de valor nacional. En dicho decreto se estimó que la baja
en la recaudación se compensaría por el aumento en la producción en la cual el
gobierno depositó su confianza. Según un informe de la Sociedad Rural
Argentina (SRA), de abril de 2015, la eliminación de este impuesto impulsó la
producción agrícola ganadera en todo el país. Pero, por otro lado, la quita de
retenciones tuvo consecuencias negativas en el plano distributivo y en el
financiamiento del Estado.
En términos generales, el proyecto Kirchnerista, a partir de la asunción de Néstor
Kirchner en el año 2003, buscó implementar “un modelo de desarrollo con eje en
una mayor preponderancia del mercado interno de consumo, en la distribución
del ingreso y en el papel activo del Estado como instrumentador de políticas,
inductor del crecimiento y garante de derechos” (Carmona, 2015, p. 174)
valiéndose de alianzas estratégicas con los gremios y sindicatos más poderosos
e influyentes del país. Una de las estrategias adoptadas fue la reestatizacion de
sectores clave, como el correo Argentino (perteneciente al grupo Macri) y Aguas
Argentinas, con el objetivo de terminar con gestiones privadas ineficientes. Con
la llegada de Cistina Fernández al gobierno se profundizo más esta política,
haciendo lo propio con Aerolíneas Argentinas, Austral y las AFJP. Esta última
fue fundamental para financiar programas como la Asignación Universal por Hijo,
Procrear, Progresar, entre otros. Una de las estatizaciones más importantes fue
la expropiación del 51% de las acciones a la firma española Repsol YPF. Otra
de las estrategias intervencionistas fue el control de precios y tarifas de servicios
públicos, la concesión de subsidios y la intervención en el comercio exterior a
través de aranceles con el objetivo de asegurar la provisión del mercado interno.
Este nuevo gobierno Macrista, concibió al estado “como instrumento en favor de
una modernización, transparencia y eficiencia en la gestión pública que apunta
a lograr una menor inflación a partir de un menor gasto, mayor inversión pública
externa y reducción del empleo público.” (García Delgado, 2016, p. 13) Esta
última medida, una de las más controversiales, ya que, a poco tiempo de asumir,
se produjeron despidos masivos, con la argumentación de que se trataba de
“ñoquis” y militantes políticos Kirchneristas.
En este sentido, hay un claro cambio de rumbo en cuanto a las alternativas para
crecer económicamente. El anterior gobierno consideraba que para crecer hay
que favorecer al mercado interno. Para el Macrismo, por el contrario, se debe
devaluar para favorecer el mercado externo y eliminar retenciones, la cual, como
explicamos anteriormente, fue una de las primeras medidas tomadas por el
gobierno en el sector agropecuario. En esta misma línea también se liberaron las
importaciones que en el periodo anterior se habían bloqueado.
Durante el Kirchnerismo se produjo un esquema global de subsidios de algunos
servicios públicos como el agua, el gas, la luz y el transporte, y fueron
incrementándose de manera muy marcada con un esquema donde las tarifas se
congelaron en un entorno inflacionario. Esta política subsidiaria fue cuestionada
debido a que, considerados conjuntamente, el 20% más rico de la población
recibe alrededor del 30% de los subsidios, mientras que el 20% más pobre
concentra poco más del 12% de los mismos. Esto último deja en evidencia la
inequidad en la distribución de los subsidios.
En la etapa Macrista se tomó la decisión de quitar los subsidios en la mayoría de
los servicios públicos porque las empresas hacían un mal uso de este dinero y
no generaban inversiones, y para reducir el gasto público y en consecuencia el
déficit fiscal en el que se encontraba el país. Esta medida, si bien buscaba
sincerar la economía generó una suba importante de la mayoría de los servicios
públicos: luz, agua, gas y transportes debido a que las tarifas estaban totalmente
desactualizadas.
En la política cambiaria también hubo una ruptura importante, en el proyecto
Kirchnerista, más precisamente durante la presidencia de Cristina Fernández, se
produjo una corrida cambiaria que llevó al gobierno a limitar la venta de dólares
a particulares y empresas (cepo cambiario), y una intervención en el mercado de
capitales, comenzando a circular un mercado paralelo de divisas (dólar “blue”)
con un impacto negativo en los sectores medios que en Argentina suelen ahorrar
en dólares. Este cepo se eliminó ni bien asumió Macri la presidencia,
sosteniendo que “los precios de la economía ya estaban dispuestos a valores
del dólar paralelo llamado “dólar blue” que cotizaba en forma ilegal.” (De Angelis,
Porcaris, 2016. P 12), con una devaluación de aproximadamente 40%. La crítica
a esta medida fue “que […] iba a beneficiar a los sectores agroexportadores y
[se sospechaba] que podía acelerar la suba de precios, en especial de los
alimentos, y un deterioro del poder de compra de los salarios”.
Con respecto a la deuda externa, si bien en el gobierno de Macri se continuó con
el pago que había comenzado en el gobierno anterior (ya que el 7,6% de bonistas
nucleados en fondos de inversión no entraron a los canjes negociados por el
gobierno de Kirchner por rechazar las quitas), es interesante ver con este
ejemplo, más que los números fríos, el cambio de narrativa entre los dos
proyectos sobre una misma medida. Como expone De Angelis y Porcaris (2016)
mientras el Kirchnerismo enarboló un discurso de corte nacionalista para
rechazar la ley con el lema “patria o buitres”, el Macrismo logró instalar su
contracara, la idea de que es imprescindible “volver al mundo y salir del
aislamiento”, “volver a los mercados”, y la necesidad de “los créditos
internacionales para volver a crecer”.
Respecto a la propuesta política, en contraposición con el kirchnerismo, “que
hizo de la división binaria del espacio político una lógica productiva de
construcción de poder, el PRO y su coalición de gobierno quieren construir un
proyecto de disminución de la intensidad de los conflictos políticos.” (Vommaro,
2016, p. 4)
Abocándonos ahora al plano educativo, trataremos de demostrar que la llegada
del Macrismo a la presidencia marcó un fuerte cambio en los objetivos y en la
implementación de políticas públicas con respecto al periodo anterior.
Rinesi (año) define a la etapa Kirchnerista como de democratización en la cual
se gesta “un movimiento de expansión de derechos […], un proceso de
ampliación de derechos civiles, económicos, sociales, políticos”, y la política
educativa no estuvo al margen de este proceso. En este marco, se sancionó la
Ley de Financiamiento Educativo (26.075) “lo que permitió contar con un marco
normativo que fijaba las metas, instrumentos, y responsabilidades respectivas
para garantizar el derecho social a la educación” (Duhalde, 2016, p.23) y se
estableció el incremento de la inversión en educación, Ciencia, y tecnología en
forma progresiva. Concretamente, se buscó llevar la inversión educativa al 6%
del PBI, lo que se logró cumplir en el año 2010 llegando al 6.47%. En términos
de inversión por alumno esto significa el mayor porcentaje del que se tenga
registro histórico. No obstante, aquí es importante destacar que el modelo de
coparticipación federal de recursos, fue y sigue siendo tema de debate político y
un punto de conflicto a la hora de implementar políticas educativas, teniendo en
cuenta que algunas provincias no cuentan con los recursos suficientes para
financiar los objetivos y propósitos de las leyes. La ley creo también el Programa
Nacional de Compensación Salarial Docente, para contribuir a compensar las
desigualdades en el salario inicial docente en aquellas provincias en donde no
es posible superar dichas desigualdades.
Otra de las leyes sancionadas es la de Educación Nacional, N° 26206, que
constituyó un cambio de rumbo hacia
Una Nación con mayor justicia social, producto de la mejor distribución de
los beneficios del crecimiento, una nación soberana que recree y transmita
su acervo cultural, valores y saberes de calidad en forma democrática, para
que todos sus ciudadanos puedan participar igualitariamente en una
sociedad que está caracterizada por el valor del conocimiento, la ciencia y
la tecnología (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (2006)
Para cumplir con el objetivo primordial de esta ley, que fue garantizar que todos
tengan acceso y permanezcan en el sistema educativo, se debía
definir una estructura […] unificada para todo el país, declarar obligatoria la
enseñanza secundaria, universalizar la educación inicial, ofrecer
alternativas educativas para los jóvenes y adultos que no completaron su
escolaridad obligatoria, y garantizar el acceso y la permanencia a personas
con capacidades diferentes. (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología
(2006)
Durante el Kirchnerismo se le otorga gran importancia a la educación técnica,
sancionando leyes (26058) para estructurar una política nacional federal integral,
jerarquizada y armónica en la consolidación de la Educación Técnica
Profesional. Según Ruiz (2009, p 292), esta ley fue un intento ambiguo de
subsanar uno de los vacíos generados por la Ley Federal de Educación porque
los objetivos de la ley presentan imprecisiones conceptuales. Por ejemplo,
cuando se habla de capacidades, conocimientos, habilidades, destrezas y
actitudes, desempeños profesionales, no se denominan con claridad estos
conceptos, desdibujándose los alcances reales de la ley.
A pesar de los grandes cambios estructurales en materia educativa, el contenido
propiamente dicho de las leyes, resulta escaso e impreciso. “Las palabras no
producen cambios por sí solas. No por incluir artículos que comiencen con la
palabra “garantizar” y “asegurar”, la ley logrará que se cumplan” (Ruiz, 2009, p
295). En estas leyes se utilizan muchos conceptos que no se definen claramente,
dejando abierta la posibilidad a problemas de interpretación.
En la etapa Kirchnerista se implementaron otras medidas, complementarias a las
leyes, para intentar garantizar la inclusión en el sistema educativo. Una de ellas
es la Asignación Familiar por Hijo. Este plan está sujeto a condicionalidades
sanitarias y educativas: los beneficiarios deben presentar los certificados
requeridos de vacunación y asistencia escolar que se vuelcan en una libreta
sujeta a estrictas normas de seguridad y que permiten el seguimiento de la
trayectoria escolar a cada hijo de beneficiario (ver cita o parafrasear). Los que
se buscó con esta medida es profundizar las políticas educativas tendientes a
garantizar el efectivo cumplimiento del derecho a la educación. Con respecto al
impacto de este programa en el año 2011 se publicó un análisis elaborado por
seis universidades argentinas concluyendo que
La relación entre la implementación de la AUH y su repercusión en la
matrícula, la asistencia y la retención escolar de estudiantes en las
escuelas aparece como un eje central de la incidencia de esta política
social. […] Mientras en algunas instituciones el personal directivo advierte
un incremento de las matrículas, en la mayoría lo que se percibe es una
recuperación de la concurrencia de aquellos estudiantes que por sus
condiciones económicas precarias solían no sostener la asistencia a la
escuela” […] “La AUH significa seguridad en las economías familiares (…)
que garantiza cumplir con la obligatoriedad escolar”. (Ministerio de
Educación de la Nación, 2011)
Con respecto a la educación secundaria en particular, una de las políticas clave
fue el Plan Nacional de Educación Obligatoria, enfatizando la necesidad de
construir una escuela secundaria capaz de motivar, incluir y retener a los jóvenes
y adolescentes. Otras medidas fueron el Plan de mejora Institucional para la
Educación Secundaria con el propósito de mejorar la calidad en la enseñanza y
el programa Conectar Igualdad, “tendiente a la inclusión digital a través de la
entrega de netbooks a cada alumno y docente de educación secundaria de
escuelas públicas, educación especial, y los institutos de formación docente.”
(Feldfeber, 2011, p, 353)
Centrándonos ahora en proyecto neoliberal conservador, creemos que en
materia educativa hubo importantes discrepancias con respecto al Kirchnerismo.
Según los investigadores Stoppani, Baichman y Santos (2017),
Lo que parece emerger en el seno de proyectos políticos como el Macrista
es una imagen de lo educativo que no se muestra homogénea (…) que por
momentos parece otorgarle al Estado un rol principal y [en otros] prima un
discurso de subsidiariedad de lo educativo a las necesidades del mercado
y el llamado “mundo del trabajo”. El Macrismo no suele referirse al derecho
a la educación, pero sí menciona a la Educación Pública” (Stoppani,
Baichman y Santos 2017, p. 12)
Esto marcaría una primera ruptura respecto al proyecto anterior.
En el año 2016, se firma la Declaración de Purmamarca, en donde se mencionan
los principales “pilares” educativos, algunos de los cuales ya se mencionaban en
los discursos políticos durante la campaña electoral: Sostener la inversión en
educación en el 6% del PBI, avanzar en la obligatoriedad del nivel inicial desde
los tres años de edad, fortalecer la escuela primaria, implementar la jornada
extendida, asegurar el ingreso, permanencia y egreso de toda la población de la
Educación Secundaria (marcando una continuidad con los objetivos del anterior
gobierno), promover evaluaciones anuales en primaria y secundaria, crear el
Instituto Nacional de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa, mejorar la
formación inicial y continua de los docentes, generar proyectos de “innovación
educativa”, desarrollar mayores vínculos entre la educación y el “mundo del
trabajo”, promover iniciativas de “cooperación internacional” para hacer frente a
los desafíos de la sociedad global en el siglo XXI y promover la autonomía de las
provincias en materia de gestión y de programas acordes a sus necesidades y
realidades”.
Como vemos, algunos de éstos objetivos tienen continuidad con respecto al
período anterior, sin embargo, como plantean De Gatica y Progré1, hubo una
serie de “desmantelamientos de programas educativos” y reducción del
presupuesto educativo desde la asunción de Mauricio Macri. Entre ellos, el
Programa Conectar Igualdad, el Programa Nacional de Formación Permanente
‘Nuestra Escuela’, los planes de Mejora Institucional para las escuelas primarias
y secundarias, las políticas socioeducativas (coros, orquestas, centros de
actividades, provisión de libros, etc.), los planes de ampliación de la
infraestructura escolar, los programas para la educación técnica y las políticas
de formación docente. Todos ellos se vieron seriamente disminuidos tanto en su
volumen como en el impacto dentro del sistema. Cambio de nombre del
ministerio educativo
Como mencionamos anteriormente, este gobierno a diferencia del anterior, da
cabal importancia a la implementación de evaluaciones anuales en primaria y
secundaria” para analizar la situación actual en la que se encuentra la educación
y asì poder tomar medidas acordes a estos resultados. Concretamente, en
octubre de 2016 se realizó el operativo “aprender” (pruebas múltiple choice) en
alumnos del último grado del nivel primario y secundario. Con respecto a los
resultados desfavorables de dichas evaluaciones, los medios y el discurso
presidencial ponen a los docentes en el ojo de la tormenta y construyen así una
línea directa de culpabilización generando tensión y descontento en la
comunidad docente. Esta operación discursiva confecciona un problema y
arrastra una concepción y construcción de un sujeto, en este caso los docentes,
a los que se les asigna la máxima responsabilidad de este problema.” (cita)
Luego de conocerse los resultados estadísticos, se presenta un proyecto de ley:
“El Plan Maestro”. Algunos de los supuestos en los que se enmarca este plan
son: primero, que “La educación es un bien público y un derecho tanto social
como personal, que deben ser garantizados por el Estado. La distribución de
bienes tan importantes como la educación y el conocimiento requiere acuerdos
en torno a metas y objetivos a través de la discusión pública. El segundo
supuesto es que la educación y sus productos principales, la información y el
conocimiento, son las variables clave en la sociedad del siglo XXI. La educación
impacta simultáneamente en la competitividad económica, en la ciudadanía
política y en la equidad social”. (Proyecto de Ley Plan Maestr@, marzo 2017).
Llama la atención, al leer este párrafo, términos como “distribución de bienes”, la
educación y “sus productos principales”, que denotan una terminología
mercantilista aplicada a la educación, concibiéndola “como un medio de
distribución de saberes y competencias y desconociendo su función de
formación ciudadana en una sociedad democrática” (De Gatica. P 109)
marcando otra de las grandes diferencias de fondo con el Proyecto Popular.
No obstante, en este Plan se trazan objetivos a largo plazo que creemos, son
muy interesantes, algunos ya planteados en las leyes del anterior gobierno, y
otros objetivos nuevos. Algunos de ellos son: “mejorar significativamente los

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resultados de aprendizaje, aumentar el tiempo de enseñanza, crear un nuevo
sistema nacional de carrera docente, mejorar las condiciones salariales de los
docentes, asegurar la infraestructura escolar para satisfacer las necesidades de
acceso y permanencia en la educación obligatoria, universalizar el acceso y uso
de las tecnologías de la información para la innovación en el sistema educativo,
garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso y permanencia en la
educación superior, generar un sistema integrado de Educación Técnico
Profesional, propiciar la movilidad intra e interinstitucional de los estudiantes y
docentes y articular el Sistema Científico y el Sistema Universitario”. (Proyecto
de Ley Plan Maestr@, marzo 2017).
Conclusión

Aquí Párrafo sobre ideol, pol y econ. (hacer)


Si entendemos que la educación es, claramente, una extensión de un proyecto
político (Gadotti, 1996), no será difícil entonces comprender los cambios o
rupturas en las políticas educativas que se sucedieron desde la asunción de
Mauricio Macri.
Por un lado, en el Kirchnerismo se puede visualizar una concepción de
educación como un derecho, y por consiguiente al alumno como sujeto al que el
estado debe garantizarle ese derecho. siguiendo esta línea ideológica, se
crearon leyes y otras medidas muy importantes para cumplir con este objetivo.
No obstante, creemos que, a los esfuerzos por democratizar la educación,
deberían haberse sumado otras medidas para mejorar la calidad educativa.
En el Macrismo, por el contrario, la educación, con una visión mercantilista, como
instrumento para impartir saberes y competencias, preparando al alumno para el
mundo del trabajo. Si bien se plantearon medidas a largo plazo que tienen que
ver con mejoras sustantivas en la educación, y que creemos, podrían ser muy
importantes, los “recortes” que se produjeron y se siguen produciendo, pueden
perjudicar seriamente el cumplimiento de éstos objetivos. El proceso de
democratización educativa (aun con sus falencias) lograda en el periodo anterior
también se ve seriamente afectada por estas decisiones políticas.
Referencias
Svampa, La década kirchnerista: Populismo, clases medias y revolución pasiva,
Universidad Nacional de La Plata, CONICET, 2013).
Gudynas
Decreto 133/2015
Políticaargentina.com
Carmona
Lombardi, Manuel y otros, 2014, p. 5
De angelis 2016
Análisis y evaluación de los aspectos educativos de la Asignación Universal por Hijo. Ministerio
de Educación de la Nación. 2011

Stoppani, Baichman y Santos. Política educativa y neoliberalismo: el rol del estado, la lógica
mercantil y la construcción de subjetividades durante el macrismo en la argentina. Revista
Pedagógica. 2017. P 12