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CAMPIONE - MAZZEO - ESTADO Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EN LA ARGENTINA

La acción estatal en el plano ideológico y cultural


Construcción de legitimidad y control social
En la consolidación de los estados nacionales fue necesaria la construcción de mecanismos de control social que
proveyeran una alternativa a la represión abierta. El Estado interviene imponiendo formas de pensamiento
imponiendo sus visiones y formas de pensamiento. Construye una “visión del mundo”. A partir de 1880 el
paradigma de pensamiento positivista se consolida y llega el momento fundacional de las instituciones
relacionadas con el control social. Buscaban configurar sociedades en las cuales los individuos estuvieras
absorbidos por el poder. Para esto buscaban suprimir la política identificada con el caudillismo, y la
confrontación violenta. Buscaban remplazarlo por la "administración", una actividad regular, con rasgos
científicos.

El positivismo representó la vanguardia ideológica de una burguesía identificada con el avance de la ciencia y de
la técnica, como forma de desarrollar las fuerzas productivas y de terminar con las rémoras de "barbarie" tanto
en el orden material como el cultural. Su discurso estaba enmarcado en una tensión entre un destino que
remitía al proceso modernizador y una realidad caracterizada por las "resistencias" que lo retrasaban
(obstáculos para el positivismo).

Desde el 80 se vive una segunda etapa de positivismo argentino; se logra crear una nueva cultura, desde el
aparato del Estado. Se le impone una nueva verdad a la sociedad, remplazando el confrontamiento por
"violencia simbólica" en la que organismos dirigían la campaña contra la barbarie. Otra fase se da entre 1890 y
1920 donde se desarrolla el higienismo, la sociología, la criminología, y se corresponde con la reacción del
Estado contra los problemas de la inmigración, la urbanización, la degeneración racial, los conflictos entre
capital y trabajo y el delito. Se empieza a aplicar el darwinismo social, buscando la selección de los más aptos
por variados procedimientos.

En resumen, el positivismo desempeñó un papel hegemónico, expresado en la producción de una descripción e


interpretación verosímil de la realidad nacional. Estaba dotado de efectividad a partir de instituciones como las
educativas, jurídicas, sanitarias, militares y policiales, en consolidación del Estado y la Nación.

El conocimiento del país. Descripciones, estadísticas y censos


El Estado procuraba afianzar su instancia totalizadora por encima de la sociedad, concentrando la información,
elaborarla y luego redistribuirla. Pero resultaba difícil alcanzar ese objetivo, con la afluencia de inmigrantes, los
avances tecnológicos o las nuevas actividades productivas. Para ello el Estado busco construir una descripción
científica de la República Argentina, el conocimiento básico del objeto a administrar; se realizaron censos, tanto
poblacional, como sectorial (industria, agrícola, educación), demográficos, económicos y sociales.

La extensión del aparato educativo nacional


Desde 1880 se cambió el privilegio de los colegios nacionales y universidades (donde concurrían los de elites)
por el de la enseñanza primaria, a través de subsidios y creación de escuelas primarias nacionales en las
provincias. Los grupos dirigentes asignaron a la educación primaria una función más política que económica,
como parte de un proceso socializador e integrador de las nuevas generaciones en el marco cultural
hegemónico. Para reforzar el nacionalismo, apuntaban a los de origen inmigratorio y a los sectores más
humildes. En los niveles más altos de educación, se orienta a la preparación de sujetos aptos para la ocupación
de funciones burocráticas, políticas y administrativas. De a poco se va cambiando de la enseñanza para la
hegemonía por la enseñanza con fin mejor.
La educación también fue escenario de la lucha entre Estado e Iglesia, por la ley de educación obligatoria,
gratuita y laica. Esto derivará en una aspiración de control estatal de la Iglesia, por medio de la dependencia
material, institucional e ideológica del clero, pero sin menospreciar la religión como disciplinador de masas
populares. Si la Iglesia controlaba las conciencias, el Estado supervisaba y limitaba el accionar eclesiástico.

Pero la disputa no era sólo con la Iglesia, había otros sectores privados como las colectividades nacionales. Con
el establecimiento de producción de la nación en la escuela, los colegios de colectividades extranjeras eran
escuela sin patria. Se empieza a destinar mucho dinero a las escuelas, se instalan escuelas provinciales, y los
cargos universitarios son impuestos y no sorteados.

El perfeccionamiento del ejército y el SMO


Con Roca la conformación definitiva del ejército nacional moderno ocupó un lugar destacado entre las
prioridades del aparato estatal. Se funda la Escuela Superior de Guerra y la escuela de suboficiales. El ejército es
compuesto por delincuentes forzados a ser militares, como profesionales por elección propia. En 1901 aparece
la Ley de Servicio Militar Obligatorio que duraba de seis meses a dos años y en 1905 se extendió a un año. Sus
fundamentos como institución combinan la lógica de la soberanía territorial y el componente represivo interno,
con el propósito de control social y penetración ideológica, garantizando que el Estado monopolizara junto con
la violencia física y simbólica. El SMO se convertía en un factor de ciudadanización, y a la vez de disciplinamiento
de las clases populares.

Los mecanismos de control social


El higienismo
El inicio del siglo 20 se halla enmarcado por la batalla contra las enfermedades infecciosas, las medidas de
salubridad, la antisepsia,, la vacunación. El higienismo aparecía como el aspecto preventivo en el cuidado de la
salud. El discurso político es impactado por la medicalización; se ve a la sociedad como un organismo, a la crisis
como enfermedades y a las soluciones políticas como medicamentos. Esto generó que se les otorgara a los
higienistas un poder casi policíaco. Se le negaba al individuo su libertad y podía llegar a convertirse en una
amenaza o en un foco de epidemia. El discurso higienista se legitimaba al hablar en nombre del interés de la
comunidad o de la salud pública. El proyecto de Obras Sanitarias estaba destinado a acabar con la peste (agua
potable, por ejemplo). Estas obras pasan a ser nacionalizadas luego de una experiencia privatizadora.

La cuestión social
Las huelgas y conflictos obreros eran una novedad en la sociedad argentina de la época, así como la aparición de
confederaciones obreras y organizaciones ideológicamente radicalizadas. Durante un tiempo predomina la
acción estatal puramente represiva, buscando eliminar los elementos perturbadores, pasando a ser una
prioridad de la política del gobierno. El Estado llego a fortalecer sus medidas penales contra el movimiento
obrero. Aparece como solución el Proyecto de Ley Nacional del Trabajo, donde se reconocían ciertos derechos
obreros a cambio de la solución de los conflictos huelguísticos. La desocupación aparece en la agenda del
Estado. Buscaban generar empleo a partir de obras públicas.

Aparición de esbozos de políticas sociales, como por ejemplo la construcción de casas para obreros (de buen
comportamiento), casas baratas y ciertas garantías para mujeres y menores (salud, seguridad, instrucción y
moralidad). Se desarrollan algunas bases del derecho del trabajo, y también normas de tipo coercitivo, que
posibilitan un tratamiento policíaco, eminentemente represivo, del problema social. Se aceptaba la importancia
del problema obrero, pero se toleraba su planteamiento solo en formas civilizadas que no atentaran contra el
orden social.
En resumen, la educación, el higiene, y fuerzas armadas, sirvieron para ordenar cuerpos y conciencias, e hicieron
previsibles y controlables determinadas conductas sociales. Consolidaron un sistema de valores, creencias y
prácticas tendientes a la aceptación pasiva de las jerarquías sociales imperantes.

La policía
Está bajo su vigilancia el movimiento de la población entera, y reprimirán a cualquier perturbación. En 1890 la
policía había desarrollado una organización y una misión más bien militares (jefes militares, tareas de
guarnición). La cantidad de arrestos mostraba la necesidad de la elite de garantizar el control del espacio
urbano. Concentraba su accionar en los disturbios con connotaciones políticas. Se usó para controlar y para
romper las huelgas, y se la circunscribió a las comisarías y a las unidades especiales de infantería y caballería. De
esta manera desatendió la lucha contra el crimen. Se confinó a la policía en los edificios públicos, en caso de un
estallido revolucionario.