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I. LA TRANSICIÓN

El advenimiento de fenómenos mundializadores como la globalización (cultural y


neoliberal), el incesante desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación
(TIC´s) y las sociedades de la información nos han introducido de manera por demás
vertiginosa en una era sui generis a la que algunos prefieren llamar postmodernidad (aunque
pueden encontrarse otras acepciones nominativas) y que según Hargreaves (2003, pág. 81) se
caracteriza por ser incomprensible puesto que “…el anonimato, la complejidad y la
incertidumbre forjadas por la globalización anuncian la paradójica búsqueda de significado y de
certeza en identidades definidas en un plano más local.”

Síndromes como la imposición de la lógica del mercado a la vida cotidiana, el


desmembramiento de las identidades nacionales y la desaparición de las lealtades patrias, la
depredación de la naturaleza, el ascenso y hegemonización de las oligarquías financieras y
comerciales globales, la desmantelación del Estado moderno, la neoesclavitud, entre otros,
conjuran una nueva etapa de capitalismo que al ser más salvaje, rapaz e insaciable, provoca el
advenimiento de una nueva era de la humanidad (de la información y digitalización o de la
posmodernidad por llamarla de algún modo) que todavía no termina de madurar sus
características pero que ya atenta significativamente contra el modelo de la modernidad que ha
prevalecido durante tres o cuatro siglos.

Lo que sí es un hecho es que acudimos a una etapa de transición global donde se ha


roto una configuración imaginaria1 mundial (la cultura de lo impreso) que ha puesto en serio
peligro la viabilidad del planeta y de la Humanidad pues son todavía borrosas e incluso
inapreciables aquellas estructuras que darán soporte y continencia a la sociedad que emerge
de la anterior. El estar en medio de este cisma imprime a cada ser humano cuotas de
incertidumbre y desasosiego nunca antes experimentadas pues los mecanismos globalizantes,
que han vehiculizado y precipitado la necesidad de un nuevo orden mundial, han conducido al
ser humano a una búsqueda incesante de sentido existencial, el cual al sentirse acorralado y
desafiliado a optado por refugiarse en sus antiguas identidades nacionales y locales,
resucitando y resignificando actitudes racistas, xenofóbicas e ignominiosas propias de las más
oscuras eras de la humanidad.

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Una configuración imaginaria es una construcción social particular edificada sobre bases culturales, ideológicas e históricas que
dan soporte a una representación colectiva de la realidad y sus procesos. Es imaginaria porque en ella subyace la superestructura
(filosófica, moral, ética, científica, técnica, comunicativa, etc.) de toda la sociedad.
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Este escenario presagia el desmantelamiento de los Estados de la era moderna que


desde ya han visto trastocadas todas sus estructuras organizativas, particularmente aquellas
asistenciales y relacionadas con los servicios públicos. La Educación se ha visto envuelta en el
debate pues existen fuertes discusiones respecto de su posición después de la caída del
modelo del Estado benefactor. Es evidente que la actividad educativa atraviesa por una de las
etapas más críticas y trascendentales de su historia debido a que la globalización en particular
la neoliberal, afecta directamente todas y cada una de sus tareas produciendo un escenario
donde tanto los docentes como las escuelas donde laboran, aparecen como un proyecto
arcaico y anacrónico (Furlan, Landesmann y Pasillas, 1992) que ubica a la institución escolar y
a quienes en ella trabajan como “…un agente que difunde contenidos obsoletos frente al
dinamismo de los medios de comunicación y las instituciones de la sociedad civil” (Tedesco,
1992; págs. 34-35).

Sin embargo, lo que más se contiende respecto de este “derecho humano inalienable”
es hacia dónde deberá dirigir sus esfuerzos (si debe formar al ciudadano para resistir o incluirse
funcionalmente en la maquinaria económica), y cómo deberá operar cualquiera de las opciones
emergentes en entornos globalizados, informatizados y digitalizados pues como pocas
actividades humanas, la educativa se encuentra constantemente asediada por la obsolescencia
en que la ubica el incesante avance del conocimiento y la tecnología.

Bajo estas condiciones la reconstitución de las instituciones educativas es una


asignatura que no debe quedar pendiente pues históricamente ha sido la estrategia más
probada y capaz de socializar, culturizar y mantener a la humanidad como una sociedad, sea en
un sentido conservador o emancipador. Mientras esto ocurra el desarrollo histórico sigue su
espiral, y ya sea que se transformen y/o maduren los centros escolares o emerja una nueva
estructura educacional, continúa la urgencia de dar solución a las exigencias de una sociedad
cada vez más crítica, participativa e insistente que exige ser formada para responder a las
duales demandas del mundo postindustrial. Esta premura insta a los centros escolares a
reconstruirse desde sus entrañas en una tarea que no puede (o mejor dicho, no debe) esperar a
iniciativas externas y/o gubernamentales, pues provienen de una entidad en descomposición (el
Estado) que se ha distinguido por enviar reformas descontextualizadas que sistemáticamente
son resistidas por los profesores.

Este notable reto precisa de los actores educacionales actuaciones profesionales,


cognitivas y éticas nunca antes solicitadas en especial a los docentes, en quienes recae el peso
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de la mayoría de las situaciones que ocurren en las escuelas de la actualidad. Pensar en una
nueva estructura educativa implica pensar en un profesor diferente al de nuestros días, hecho
que necesariamente supone una transformación de la identidad del magisterio tan flexible,
dinámica, colaborativa y participativa que le permita ir adaptándose rápidamente a la
vertiginosidad de su objeto de trabajo y estudio: el conocimiento. De entrada estas necesidades
producen una serie de discusiones que deben incluirse en la definición de aquellos rasgos que
definan al maestro como un profesional que sabe trabajar colegiadamente y que actúa
compacta y conjuntamente con sus colegas compartiendo y discutiendo las estrategias y
procedimientos de su arte pedagógico. Esto implica sendas transformaciones en la identidad
magisterial que tradicionalmente se ha distinguido por una actuación de aislamiento y egoísmo
que poco o nada ayuda en la construcción de una profesionalidad concurrente y de avanzada.

Algunas situaciones problemáticas, como las descritas y otras, son previsibles en la


tarea de refundación, pero qué se podía esperar de la enseñanza y el aprendizaje actividades
de suyo problemáticas y públicamente controvertidas por la cantidad de valores implícitos en
sus acciones (Contreras, 1997). De hecho la educación es para muchos un arte (lo que anticipa
discusiones axiológicas) en el sentido de que se conduce experimentando (no con los alumnos
sino con procedimientos y técnicas) y criticando sistemáticamente sus productos, ya que la
singularidad de las situaciones educacionales no permite la definición de estrategias uniformes
para atender a los grupos de clase, así como lo sugiere la racionalidad técnica que supone la
posibilidad de responder con procedimientos estandarizados a la multiplicidad de situaciones
que plantea la práctica docente.

Desde éste y otros ángulos la necesidad de definir una identidad magisterial resulta
fundamental e inaplazable para la renovación de la tarea docente en un concierto mundial
donde las profesiones tenderán a prevalecer o a desaparecer en función de la capacidad de sus
miembros para reunirse y reaccionar compactamente a las exigencias técnicas y éticas que les
plantea un entorno tan inestable y contingente como el actual. Esto implica serias tribulaciones
para la insidiosa co-dependencia maestro-sistema educativo puesto que el mecanismo
paternalista, credencialista y meritocrático que los ha visto nacer y desarrollarse está por demás
moribundo.

Los actuales acontecimientos definitivamente no dejan otra salida al gremio magisterial


más que la de agruparse, ponerse de acuerdo y ceñirse a los acuerdos y estrategias gremiales
para establecer mecanismos para la formación (y autoformación) de nuevos cuadros y
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estrategias para convalidar a aquellos aptos y listos para el desempeño de la profesión. Esta
posibilidad de mantener la vigencia de esta labor, posicionaría finalmente a la función docente
al nivel de las demás carreras, que valga decirlo iniciaron este proceso con cierta anticipación.

La identidad del magisterio debe iniciar su construcción partiendo de la necesidad de


conocer a profundidad su raigambre social, emancipatoria y política para estar en posibilidad de
reflexionar sobre las necesidades educativas de la población y construir tanto marcos para una
actuación compacta, comprometida y digna, como estrategias generales para atender a una
juventud que, hoy por hoy, no ve en la escuela un medio para la mejora. Se presume que la
carencia de ahínco y desmotivación del alumno en sus estudios, se debe a que éste ha
“calculado” que otras actividades más cotidianas y concretas le brindan una mayor y más rápida
posibilidad de retribución económica y de mejoramiento de su calidad de vida, aunque claro
está que en esta pasarela se encuentran aquellas opciones que plantean su autodestrucción y
la de los que se encuentran a su alrededor.

A la par de este movimiento constitutivo de identidad desde las necesidades sociales y


como efecto concomitante y biunívoco, se debe plantear la construcción de un ethos2 docente
capaz de fundar un marco de actividad y actuación posible para la clase magisterial. La práctica
educativa es en su naturaleza misma una práctica ética (Elliot citado por Contreras, 1997) que
se vincula en este conjunto de prescripciones y actuaciones. Sin embargo, esta contención
cultural e ideológica que ha sido construida no sólo con la participación del gremio sino con la
aportación del conjunto de la sociedad (como es natural), consideramos ha perdido su equilibrio
y se presenta sumamente sublimada y abstracta por una mística tradicional que prevalece en el
imaginario colectivo de la sociedad y que no abona en la configuración actualizada de una guía
o luz para la actuación de los profesores en sus tareas docentes.

El hecho de que el ethos magisterial se presente considerablemente idealizado torna


inalcanzable muchas de sus aspiraciones, las cuales se quiera o no, constituyen el parangón
con el que se mide y compara la actividad de los profesores que difícilmente salen bien librados.
Este acontecimiento ubica a este constructo menos como elemento favorecedor y más como
fuente de desprestigio y desprofesionalización social que se viene a sumar al malestar que

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El ethos se considera como el núcleo de la formación profesional, en este caso de los profesores. Está integrado por todos los
saberes construidos en colectivo por el gremio respecto de las directrices morales que integran el imaginario docente. Es
fundamentalmente una reflexión del deber ser de la profesión que al constituirse en comunidad con otros le da sentido al trabajo
magisterial. Implica por tanto pautas de actuación y reflexión específicas para cada profesor y una base para ubicar el lugar que
guarda éste en el desarrollo general de su actividad.
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experimenta el mismo docente cuando no puede cumplir con las expectativas que todos y él
mismo se impone.

Este sombrío panorama lejos de ser desalentador y pesimista constituye el detonador


que puede reimpulsar la profesión docente para hacer frente a las condiciones que impone la
globalización, a través de una reconstitución de una identidad magisterial que prevea por un
lado un fuerte compromiso y contenido social y por el otro, una sólida constitución de saberes y
actuaciones socioprofesionales propias de la labor educativa. En esta trascendental tarea la
formación de docentes resulta importante aprovechar las recomendaciones hechas tanto por la
Conferencia Mundial sobre Educación para Todos de 1990, en Jomtien, Tailandia, como por el
Foro Consultivo Internacional sobre Educación para Todos de Dakar en el año 2000, que han
puesto el énfasis de sus recomendaciones para que las instituciones educativas (incluidas las
que atienden a los profesores) se aboquen al desarrollo de habilidades para la vida y a la
potenciación de saberes práxicos3 y disposicionales4 (Yurén y cols., 2005) que ayuden a los
alumnos y en particular al docente (al futuro y al que se encuentra en servicio) para enfrentar a
la racionalidad técnica y a las dimensiones postmodernas5 (Hargreaves, 2003) y a comprender
que el desarrollo humano es ciertamente un compromiso social edificado colectivamente
(ethos), pero sobre todo una tarea de construcción personal y que por tal motivo en un futuro
deberá hacerse cargo de su propia formación durante toda su vida (epiméleia).

Resulta estratégico y hasta vital entablar una reflexión sobre el futuro de la identidad
magisterial y prever como las recomendaciones y consideraciones desarrolladas pueden ser
viables o no en función de los requerimientos que nos marca la configuración imaginaria
mundial y los posibles escenarios que la historia nos puede prever respecto de la tarea docente
en la era que deviene. Presentamos entonces a continuación el desarrollo de un trabajo retro-
prospectivo que puede llevarnos a anticipar y corregir las posibles situaciones adversas y
favorecedoras, que para el gremio docente pudieran presentarse en una era que no ha
concluido y que al parecer, ya no nos permite desarrollarnos.

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Para Teresa Yurén (2005) existen dos tipos de saberes: los saberes formalizados, que son transmisibles y se adquieren por
enculturación y que en el ámbito escolar adquieren la forma de enseñanza o instrucción: saber teórico y conceptos y saber
procedimental (saber). Y los saberes práxicos, que se caracterizan por no ser transmisibles sino que requieren de la experiencia
(guiada u orientada) para adquirirse: saber técnico (saber hacer), saber sociomoral (saber convivir) y saber existencial (saber ser).
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Los saberes disposicionales son adecuaciones de la conducta humana que nos preparan para lograr nuestros propósitos. Se
relacionan con las competencias en tanto que suponen una combinación de diferentes saberes (formalizados y práxicos) que se
estructuran como un sistema y que hacen al sujeto capaz de enfrentar y resolver adecuadamente las diversas situaciones que le
plantea la vida cotidiana.
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Andy Hargreaves (2003, págs. 73-116) describe la condición posmoderna y lo paradójico de su naturaleza a través de siete
dimensiones: economías flexibles, la paradoja de la globalización, el final de las certezas, el mosaico móvil, el yo ilimitado,
simulación segura y comprensión del tiempo y del espacio. Páginas 73-116.
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II. LA IDENTIDAD DEL PROFESOR EN LA HISTORIA

La identidad de los profesores son aquéllas características o atributos que los hacen
diferentes de los otros grupos sociales y que a la vez los hacen semejantes entre sí. Hay una
gran cantidad de características que se pueden usar para hablar de la identidad, pero se
elegirán solamente dos: la situación histórico-social del profesor y la adaptación ante su
situación.

Estas dos características elegidas, se estudiarán en las diferentes épocas históricas, y


con ellas se hará el análisis de la situación actual y una retro-prospectiva:

• La situación histórico-social del profesor. Entendida no solamente como el contexto


histórico-social en que se desempeña el docente, sino también la forma en que lo ve la
sociedad y la forma en que él se ve a sí mismo. Se trata de responder a la pregunta,
¿quién es el profesor y cuál es su función?

• La adaptación del profesor ante su situación. Entendida como la reacción o estrategia


que sigue el docente para enfrentar su situación. Se trata de responder a la pregunta,
¿qué le corresponde hacer en el contexto histórico-social en el que le tocó vivir?

• Analogía con la situación actual. Sin importar que tan lejana sea la época estudiada, o
que tan diferente parezca ser, habrá aspectos en común con la situación actual, ¿en qué
se parece la época estudiada y la actual?

• Prospectiva. Después de haber estudiado las diferentes épocas, ¿qué podemos esperar
de la identidad del profesor y su función en un futuro cercano?

1. ÉPOCA TRADICIONAL

Desde los tiempos antiguos, la educación ha jugado un papel importante para la


actividad humana, incluso los pueblos prehistóricos designaban la educación a personas
específicas acorde con tareas o funciones que deseaban que realizaran los niños y jóvenes;
encomendando en ocasiones esa labor a las madres, los artesanos, los ancianos, los
sacerdotes, etc. En China por ejemplo, la educación era objeto de atención por parte del
Estado, quien veía en ella el modo de mantener el orden social, por lo que los niños eran
educados por maestros privados, ya sea en la propia casa o en escuelas pequeñas; era ésta la
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enseñanza elemental, que se ocupaba de mantener la unidad nacional para mantener las
tradiciones.

El maestro decía cada una de las palabras para que los niños, observando el libro,
repitieran el sonido emitido por él. Luego, se leía una línea que debía ser memorizada por el
alumno; la crítica que puede hacerse a este sistema educativo es que la memorización no
permite que se expanda la imaginación, inmovilizando la inteligencia. Los maestros que
acompañaban el proceso educativo del alumno eran designados por el Imperio.

En Babilonia el proceso educativo se realizaba en el seno del hogar, constituyéndose el


padre en maestro de su hijo. Dado que constantemente el alumno estaba en contacto con su
maestro, del que aprendía con confianza y en un clima familiar se favorecía el aprendizaje del
niño en los primeros años de su vida, fundamentales para incorporar conocimientos, y en los
que se cuenta con más tiempo para estudiar. Pero se dieron cuenta que los padres instructores
tienen una memoria limitada, por lo que se hizo necesario que gente dedicada enteramente a la
enseñanza se hicieran cargo de la educación.

Los sitios en los que la enseñanza pública se impartía eran generalmente los templos,
pero no se sabe a ciencia cierta cómo se organizó este sistema educativo que, aparentemente,
tuvo que pelear un lugar frente a la vieja modalidad de enseñanza doméstica.

Por otra parte los reyes se instruían en su palacio estudiando lenguas, historia natural,
matemática y astronomía. Los magos fueron quienes fundaron todas las disciplinas en
Babilonia, gracias a su contemplación mágica del universo nos permiten hoy conocer ciertos
ciclos regulares en la naturaleza, contar con una semana de siete días, con un año de duración
fija, y con los signos del zodíaco.

Egipto se caracterizó por brindarle a la educación una atención que tenía un objetivo
eminentemente práctico, dado que era sólo a través de ella que el hombre alcanzaba la fortuna
y los honores. La primera fase educativa, como tantos otros pueblos, se daba en el hogar,
considerando que la madre es la que juega con el niño, lo provee de juguetes, le cuenta
cuentos para estimularle la fantasía, lo educa en los rituales religiosos y en las costumbres
morales.

El método que se seguía para educar era rutinario: los niños aprendían el alfabeto
mediante la repetición y copia de silabarios que les mostraban para tal fin. Luego debían leer
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extractos de obras de autores clásicos, que también tenían que reproducir. El alumno accede al
uso del papiro, sobre el que tomaba dictados que eran corregidos por el maestro, quien anotaba
al margen los errores ortográficos que el estudiante hubiere cometido.

Los maestros por excelencia eran los sacerdotes, quienes eran consultados por
personajes ilustres que a ese fin llegaban a Egipto desde distintas ciudades. Ellos contaban con
el reconocimiento del faraón, quien les otorgaba un salario público en retribución por los
servicios que prestaban al gobierno como oficiales civiles, estableciendo reglas, oficiando su
labor sagrada y educando en religión. Egipto supo descubrir la importante ventaja que la
educación práctica, como el cálculo y la geometría, aportaba para el engrandecimiento del
Imperio.

Con los Hebreos la enseñanza se impartía fundamentalmente en el seno del hogar,


donde el padre era el maestro. En las escuelas los profetas eran los encargados de instruir en
los servicios religiosos, de importancia capital en lo que era un Estado teocrático; el aprendizaje
se realizaba mediante el uso de la técnica de repetir y revisar.

En la India la educación se asentaba en los libros sagrados, que eran los pilares de su cultura
intelectual, la cual respetaba el orden de castas. La instrucción era rutinaria y anulaba cualquier
posibilidad de crecimiento intelectual por parte de las castas inferiores; los maestros que la
impartían pertenecían a las castas superiores, y eran respetados, como la misma educación lo
indicaba. De hecho, una máxima de la época decía: “El que honra a su madre gana el mundo
terrestre, el que honra a su padre gana el mundo medio o etéreo, y el que honra
constantemente a su maestro gana el mundo celeste de Brahama. El que ofende a su maestro
pasará después de su muerte al cuerpo de un asno”.

Los maestros enseñaban particularmente a cada niño, y lo hacían de modo suave y


paternal, los contenidos que se impartían eran la religión, gramática, literatura, astronomía,
filosofía, derecho y medicina.

Con los Persas el Estado se aparta, paulatinamente, del modelo teocrático, y este hecho
tiene su influencia en el sistema educativo de la nación, dado que el Estado comenzará a guiar
la formación cultural de los más jóvenes; también se educaba el intelecto, enseñándole a leer y
escribir, e instruyéndolo en moral y religión. Los maestros que se encargaban de estas tareas
eran elegidos entre los mejores ciudadanos mayores de cincuenta años, a fin de que éstos
fueran modelos a seguir por los jóvenes estudiantes.
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Por otra parte con los Aztecas la educación pública, que estaba en manos del Estado, se
impartía en dos instituciones: el Calmecac, internado que albergaba a los hijos de la clase noble
y en el que predominaba la formación religiosa y el Calpulli donde se instruían las clases bajas.

Con los Mayas la formación de los niños se iniciaba en el hogar bajo la responsabilidad
de sus padres, embebida de un fuerte tenor religioso, posteriormente pasaba al cuidado de
sacerdotes y maestros de oficios.

La educación Inca no fue muy desarrollada y se ajustaba al régimen de clases sociales,


donde la casta sacerdotal y la militar era privilegiada, siendo las que se beneficiaron con los
frutos de la capacitación.

Si se busca el punto común en las culturas de la época tradicional, podremos encontrar


la forma en que se concebía al profesor y las funciones que se le atribuían, quedando
meramente como un instructor, función que en un inicio correspondía a algún miembro de la
familia quien difundía los conocimientos necesarios para realizar tareas básicas o para
reproducir las formas de relación social. Posteriormente cuando el Estado se hace cargo de la
educación se dividen funciones: el profesor se hacía cargo de transmitir conocimientos y a la
familia le correspondía formar en lo actitudinal.

A través de los siglos pareciera que esa intención educativa no ha cambiado. En la


época actual la escuela continúa realizando una función altamente informativa en la mayoría de
los casos con ideología reproduccionista y la familia en su función formativa sigue
contribuyendo en gran medida a la preservación de las diferencias sociales. La educación de
ahora como la de antes sirve de medio para que el Estado y las corporaciones hegemónicas
hagan valer sus intereses, manteniendo con diferentes estrategias control sobre el profesor
disminuyendo cada vez más su reconocimiento social, ya que en la época tradicional el
reconocimiento se lo daba el conocimiento propio no un título nobiliario. El respeto que se le
tenía al profesor era por los conocimientos que poseía y trasmitía, no por la forma en que lo
hacía aunque se consideraba importante la pulcritud moral con que se conducía. El
conocimiento le daba poder que utilizaba para instruir en oficios o en actividades específicas.

Dado que al profesor se le requería socialmente para inculcar conocimientos, la calidad


de su función estribaba en que los aprendices demostraran su capacidad para desempeñar la
labor en que eran instruidos. El profesor entonces debía adaptar la manera de transmitir sus
conocimientos, al poder político y económico, para poder sobrevivir, dado que tenía que educar
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diferente: a la nobleza para desempeñar funciones de administración ya sea religiosa o política,


y a los plebeyos para cumplir oficios de producción.

2. ÉPOCA CLÁSICA

Al igual que en Atenas la primera enseñanza (hasta los seis o siete años) se efectuaba
en casa. Particularmente en Esparta este trecho de la educación de los individuos era
básicamente desarrollado por las madres.

Después de esta educación en casa comenzaba la educación pública y obligatoria en


establecimientos de corte militar. Este tipo de instrucción se acentuaba a partir de los 12 años
de edad y de aquí hasta los 20 años, estos estudiantes eran formados por jóvenes de entre 20
y 30 años mismos que eran supervisados por un instructor mayor que vivía en academias
militares. Cumplido este periodo el espartano era considerado un ciudadano completo.

En general en la época espartana, las escuelas eran sostenidas por el Estado (públicas)
ya que al ser el ciudadano propiedad del Estado, éste debía instruirlo. Algo que llamaba la
atención era que las mujeres eran educadas también en el mismo sentido militar y de fortaleza y
belleza física que los hombres, pues ellas debían gestar individuos sanos y perfectos para
engrandecer al Estado. La enseñanza de la escritura y la lectura era lacónica: ideas y frases
cortas y contundentes.

Atenas se diferenció de Esparta por el énfasis menor que le imprimió a la instrucción


militar de los ciudadanos. Esto le permitió desarrollar más el pensamiento y por consiguiente
fueron numerosas las escuelas filosóficas que surgieron y que dieron una organización
particular a esta actividad. En esencia todas coincidían en los tiempos en que los chicos
acudirían a los establecimientos escolares: hasta los siete años debían permanecer en sus
hogares al cuidado de sus padres, quienes debían instruirlos en el cuidado de la salud física y la
buena alimentación. Posteriormente a los siete años, los que eran de clases pudientes
continuaban estudiando fuera de sus hogares y eran acompañados por el pedagogo, quien los
llevaba y auxiliaba en la Didaskaleia y en la palestra para ser instruidos. Las mujeres a
diferencia de Esparta recibían una educación diferente a los hombres y se les recluía en el
Gineceo para aprender las artes del cuidado del hogar y del hombre en su casa.

En la Didaskaleia y en la palestra continuaban con el cultivo del cuerpo guiado por el


Paidotriba al tiempo que era formado moralmente por el sofronista. A los 15 años se
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intensificaba la educación militar y de ahí hasta los 20 años se incluían sistemáticamente más
contenidos culturales como la gramática, la aritmética, la música, etc. De los 21 a los 30 los que
no eran separados para formarse como gobernantes recibían una instrucción científica y de los
31 a los 35 la educación era filosófica (aunque esta dosificación de tiempos podía cambiar
dependiendo del filósofo influyente de cada etapa de la historia ateniense).

Un principio fundamental que observaba esta educación era respetar el desarrollo del
individuo permitiéndole extraer el conocimiento que todos llevamos en nuestro interior. En este
sentido el profesor debía acompañar al estudiante y orientarlo aun cuando se sabe que algunos
procedimientos fueron dogmáticos, basados en el magister dixit (lo que el maestro dice es la
verdad incontrovertible), aunque siempre se cuidaba que los procesos de instrucción no se
tornaran violento entre educandos y educadores

La mayoría de los filósofos que influyeron en la educación ateniense coincidían en que


siendo la educación un asunto de formación moral fundamental para la unidad y sustentabilidad
del Estado, ésta debía estar en manos del gobierno quien estaba obligado a crear escuelas
públicas para tal efecto.

El helenismo marca el punto de quiebre de la cultura griega pues se ubica en el


momento de la conquista romana y la fusión de ideas entre estas dos grandes culturas. Los
cambios más fuertes se presentaron en el carácter cientificista y positivo que adoptó la nueva
orientación del saber y la cultura, cuando se cuestionaron los fines de la educación: ¿educar en
beneficio de la inteligencia, en defensa de la práctica o a favor de la moral?

Los niños comienzan a ir a la escuela por la mañana y por la tarde a la palestra a


practicar gimnástica por un breve espacio de tiempo. Después de la instrucción básica los niños
que no tenían recursos tenían que irse a trabajar y los que podían hacerlo se abocaban a la
educación secundaria, la cual ya no era en su mayoría pública y obligatoria sino mayormente
privada.

La investigación y sus objetos de estudio comenzaron a particularizarse y el surgimiento


de la Filología propició el surgimiento del saber enciclopédico. Lo encíclico de la educación
ateniense favoreció la erudición de la cultura donde los estoicos y epicúreos ya sin Aristóteles
en escena, llevaron al extremo el ideal del hombre sabio. Al final de la época helénica
comienzan a entremezclarse los ideales religiosos dando pie a la Teosofía, antecedente directo
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de la Teología, base del pensamiento de la siguiente gran configuración imaginaria mundial: la


Edad Media.

Otro rasgo característico del helenismo fue que el cosmopolitismo y la globalización que
acarreó la instauración del imperio romano en Grecia, cambiaron radicalmente las exigencias
hechas a la educación a la cual se le solicitó que proveyera a los individuos de enseñanzas
útiles para alcanzar la felicidad individual pues se pensaba que el mundo estaba a los pies del
ser humano: el epicureísmo y el estoicismo dan cuenta de esta búsqueda de la felicidad pero a
través de caminos diferentes.

El instructor era un individuo caracterizado por la pericia en el manejo de las artes


militares, el cuidado del cuerpo y la salud por lo que era muy respetado por los discípulos.
Conjeturamos que también era apreciado por la sociedad y que poseía una identidad particular
y propia respecto a los demás oficios de la polis, aunque de esto no hay evidencia en la revisión
bibliográfica considerada.

Con respecto a los maestros, se reconocía que una tarea tan delicada para la vida del
hombre debía quedar en manos de profesionales capacitados para tal efecto sin embargo, los
docentes eran en general mal pagados (sobre todo los de niveles básicos), incluso la ofensa
más grande que se podía hacer a una persona era mandarla al infierno o desearle que se
ganase la vida como maestro de escuela. Los sofistas fueron un tipo de maestros muy
característico de la época (compáreseles con los profesores de educación superior) y aunque
impulsaron un gran desarrollo del pensamiento, fueron criticados acremente tanto por traficar
(cobrar) con la cultura, como por defender causas que iban en contra de las costumbres y
tradiciones de la época, acontecimiento que fue en detrimento directo de la identidad del
profesorado de aquella época.

Con respecto a la educación y los maestros de la época Helénica, éstos poseían ya un


carácter mas formalista e imponían a los estudiantes su autoridad a través de castigos con lo
que se fue perdiendo el principio de no violencia en las aulas entre profesores y educandos.
Poco a poco la enseñanza primaria se convirtió en la más pobre del sistema: aulas austeras,
honorarios de los maestros bajos e instrucción como efecto concomitante, muy deficiente. En el
nivel de secundaria los maestros eran mejor pagados.
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Como la desocupación de los jóvenes era vista como un peligro, se creyó conveniente
una educación pública obligatoria hasta los 16 años manejada por serios ancianos ocupados de
la gimnástica y la moral. Pasados los 16 y hasta los 20 se proponía una educación militar.

Es posible encontrar consistentes analogías de la educación de la época griega en el


presente y particularmente en nuestro país se manifiestan bajo las siguientes categorías:

LA ESCUELA: La institución escolar en el periodo analizado es básicamente financiada


y controlada por el Estado. Es evidente encontrar en las tres subetapas de la Grecia clásica lo
estratégico que resulta establecer un sistema educativo público que construya y fortalezca el
nacionalismo y que sea la base del desarrollo social y la convivencia entre los individuos de la
Nación. Tal como ayer y como en la actualidad la escuela es considerada la principal promotora
de valores (de la clase dominante) y el medio más eficaz para la transmisión y conservación de
la cultura particular.

El carácter utilitario y practicista de la escuela se viene a manifestar hacia finales de la


época clásica, cuando los intereses de los individuos ya no estaban en el fortalecimiento de la
patria sino en la construcción de la condiciones para alcanzar las necesidades individuales.

LOS PROCESOS: Tal como lo pregona el cognitivismo a través de corrientes como la


psicogenética, el constructivismo, el aprendizaje significativo y otras explicaciones acerca de
cómo los individuos aprenden, el conocimiento surge del interior del individuo, se construye
desde dentro del ser humano, tarea en la cual el profesor juega el papel de facilitador, guía y
acompañante del aprendizaje del alumno a quien se cuida con sumo cuidado de no agredirle
con sus procedimientos de enseñanza.

Estas ideas humanistas van perdiendo vigencia hacia el final de este periodo de la
historia mundial y es ya en el helenismo donde la enseñanza y el aprendizaje se tornan más
dogmáticos y formalistas y de falta de respeto hacia el desarrollo intelectual del estudiante. Se
evidencian entonces algunas de las características más ilustrativas de lo que se ha dado en
llamar la enseñanza tradicional de nuestros días: la memorización como principal proceso de
aprendizaje, el conocimiento como dogma y no como proceso, el castigo como forma de
imposición de la autoridad, las jornadas agotadoras de clases y la falta de una cultura física y de
cuidado de la salud.
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LOS PROPÓSITOS EDUCATIVOS: Durante muchas décadas la educación de nuestros


días tuvo como principales objetivos educativos la formación de ciudadanos que poseyeran y
vivieran los valores propios de la modernidad (justicia, patriotismo, solidaridad, democracia, bien
común, progreso, etc.) valores muy parecido a los promovidos por las diferentes instancias
educativas de la Grecia clásica que veían en cada individuo a un Estado en pequeñas
dimensiones que estaba llamado a fortalecer la polis bajo los preceptos axiológicos
mencionados.

Sin embargo, estas valores se ven sustituidos durante el helenismo, cuando Roma se
apoderó de territorio griego y sustituyeron los preceptos patrios y nacionalistas por criterios
practicistas, egoístas y utilitaristas tal como ocurre con la educación de nuestros días que se
encuentra saturada y dirigida sobre la base de los valores mercantilistas y hedonistas
necesarios para el sostenimiento de la etapa del capitalismo corporativo que vivimos. Roma
como imperio trastocó la idea pública y humanista de la educación de la Grecia clásica, tal
como la oligarquía financiera y comercial de nuestros tiempos lo hace en la actualidad pero a
nivel de todas las naciones del planeta.

LOS PROFESORES: Los docentes de la Esparta y Atenas clásica comparten rasgos


muy similares con los maestros de nuestros días. En general podemos mencionar los
siguientes:

 El reconocimiento social a la labor docente se encuentra condicionado por la doble moral


con el que se opera este aspecto de la vida cotidiana del magisterio. Esta dualidad desubica
y desorienta al profesor de ambas épocas por la contradicción misma que subyace en ella,
ya que por un lado el discurso del Estado reconoce la necesidad del servicio educativo para
el sostenimiento del país y promulga lo estratégico que significa formar buenos maestros
para construir una mejor sociedad. Empero, las políticas educativas de resignificación del
docente y las estrategias para formarlo apuntan en dirección opuesta, pues frecuentemente
las deficientes intenciones por atender estos aspectos, no toman en cuenta puntualmente
las verdaderas necesidades del magisterio en formación y en servicio.

 El salario es fuente importante de desprestigio magisterial y se manifiesta de manera


significativa en la esencia de la dualidad manifestada, pues el insuficiente pago que recibían
los profesores tanto en la Grecia clásica como el que reciben en nuestros días, abonan el
terreno para considerar a la docencia como una tarea profesional de segunda categoría.
Aunque los profesores de secundaria y de educación superior de ambas épocas cobraron y
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cobran más que sus compañeros de educación básica, la idea que prevalece es la de una
subprofesión que cualquiera con un mínimo de instrucción puede ejercer.

 Toda esta situación abona a la construcción de un imaginario colectivo que ubica a la


docencia como una actividad que llega a ser apreciada en tanto sirva a los intereses
sectarios y garantice la conservación de la cultura (fundamentalmente la que no altera el
statuo quo). Esta situación golpea significativamente la identidad profesional del docente
quien se debate a la hora de elegir entre ser un reproductor de las condiciones dominantes
o un agente de cambio social.

Como es posible advertir, existen significativas analogías entre la educación de estas


eras de la humanidad las cuales pueden ayudarnos a encontrar vetas analíticas y explicativas
de la actual condición docente y hacia donde se dirige de no observar lo que la historia nos
indica. También creemos que es importante señalar que las recurrentes crisis magisteriales se
agudizan cuando se aproxima un cambio configuracional. Veamos que la educación mantuvo
un cierto nivel y prestigio durante el movimiento griego clásico, pero tan pronto se aproximó a
una nueva configuración imaginaria (producto de la globalización romana) entró en crisis pues a
la vista de la sociedad la escuela, sus procesos y sus actores se tornan obsoletos para atender
los retos que implican las nuevas condiciones socioambientales. El profesor de la actualidad se
encuentra sometido a una condición globalizante muy parecida a la ocurrida hace poco menos
de 2000 años ya que sus procesos, prácticas y actores no han podido sacudirse el ropaje
antiguo para atender las nuevas demandas de una sociedad nuevamente globalizada.

3. ÉPOCA MEDIEVAL

La época medieval es considerada como el periodo de la historia europea que


transcurrió desde la desintegración del Imperio Romano de Occidente (476), hasta la toma de
Constantinopla por los Turcos (1453).

Durante más de 300 años Europa occidental mantuvo una cultura primitiva aunque
instalada sobre la compleja y elaborada cultura del Imperio Romano, que nunca llegó a
perderse u olvidarse por completo, en donde el hombre adopta la concepción aristotélica del
universo, lo que sirve como punto de partida para el debate entre el poder del papado y el poder
temporal.
18

La única institución europea con carácter universal era la Iglesia, todo el poder en el
seno de la jerarquía eclesiástica estaba en las manos de los Obispos de cada región. El Papa
tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de que Cristo le había otorgado la máxima
autoridad eclesiástica.

La Iglesia era vista como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del
reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más
destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios diseminados por toda Europa y
alejados de la jerarquía eclesiástica; de esta manera, la educación que se prestaba era elitista y
la única finalidad era defender el cristianismo contra otras religiones paganas.

A raíz de esto, surge la idea de empezar a desarrollar métodos de enseñanza que les
permitieran generar otros tipos de conocimientos, lo que da surgimiento a las Universidades
medievales, las cuales nacen como asociaciones corporativas de estudiantes y maestros, cuyo
fin era defender los intereses propios.

Básicamente las universidades estaban identificadas con el poder y esa era la forma de
dar reconocimiento a la labor del docente. Actualmente los profesores universitarios gozan de
cierto reconocimiento que no se da a los profesores de nivel básico o medio superior. También
influye mucho el tipo de organización escolar, porque las escuelas oficiales, por ejemplo en
Oaxaca, Guerrero y Chiapas tienen una connotación más “revolucionaria” que las escuelas
particulares del norte del país.

Dentro del ámbito cultural, en esta época, hubo un resurgimiento intelectual al prosperar
nuevas instituciones educativas como las escuelas catedralicias y monásticas. Se fundaron las
primeras universidades, se ofertaron graduaciones superiores en medicina, derecho y teología,
ámbitos en los que fue intensa la investigación: se recuperaron y tradujeron escritos médicos de
la antigüedad, muchos de los cuales habían sobrevivido gracias a los eruditos árabes y se
sistematizó, comentó e investigó la evolución tanto del Derecho canónico como del civil,
especialmente en la famosa Universidad de Bolonia.

Las primeras universidades fueron las de Paris, la de Bolonia precisamente y Oxford las
cuales tienen sus orígenes en el siglo XI, aunque después surgen otras debido a las luchas por
el poder. En aquel entonces la función de las universidades era la de regular la enseñanza y
empezar con la formación del profesorado, controlar la calidad de la enseñanza a través de
19

planes y programas, y finalmente el ofrecer títulos reconocidos para poder ejercer una
profesión.

Esta labor tuvo gran influencia en el desarrollo de nuevas metodologías que fructificarían
en todos los campos de estudio. El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de
la Iglesia, se analizaron las doctrinas teológicas y las prácticas religiosas y se discutieron las
cuestiones problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una época
dorada de la filosofía en Occidente.

En la época medieval el título de las universidades es el que capacita para ejercer una
profesión, el que daba reconocimiento tanto a los docentes como a quienes ejercían una
profesión diferenciándolos de los oficios.

Actualmente el título ha perdido mucho valor, quizás por la producción masiva de


muchas universidades que egresan titulados persiguiendo indicadores de eficiencia terminal,
además de que se han reproducido las escuelas “patito” que sin contar con un soporte
académico de calidad forman parte del entorno escolar que no demanda calidad a sus
estudiantes, siendo este su principal atractivo.

En cuanto a los docentes, ya no es garantía de calidad un título universitario y se piden


documentos de posgrado que sólo alimentan un sistema meritocrático y credencialista.

En la época medieval también se produjeron innovaciones en el campo de las artes


creativas. La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero y el resultado fue el
florecimiento de una nueva literatura. Los nuevos textos que de aquí surgieron estaban
destinados a un público letrado que poseía educación y tiempo libre para leer.

La situación de agitación e innovación espiritual desembocaría en la Reforma


protestante; las nuevas identidades políticas conducirían al triunfo del Estado nacional moderno,
y la continua expansión económica y mercantil puso las bases para la transformación
revolucionaria de la economía europea. De este modo las raíces de la edad moderna pueden
localizarse en medio de la disolución del mundo medieval, en medio de su crisis social y
cultural.

La época de las grandes invasiones llegó a su fin y el continente europeo experimentaba


el crecimiento dinámico de una población ya asentada. Renacieron la vida urbana y el comercio
regular a gran escala y se desarrolló una sociedad y cultura que fueron complejas, dinámicas e
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innovadoras. Este periodo se ha convertido en centro de atención de la moderna investigación y


se le ha llamado el renacimiento del siglo XII.

Una idea que se puede rescatar de esta época es lo que señalaba San Agustín al decir
que el maestro interior (autoeducación) es el que hace posible el aprendizaje. Esta idea ha
retomado fuerza en los últimos años, ya que distintos modelos y enfoques educativos la han
retomado como parte esencial de su estrategia metodológica. Los programas de educación
continua han crecido en distintas instituciones y centros educativos como parte de su oferta e
incluso como un nicho de mercado.

Otro punto coincidente de la época medieval y la época actual se da por las razones del
fracaso del proceso educativo, que se atribuye a la escasa capacidad del educador, la
saturación de contenidos y la pobreza intelectiva del estudiante y su falta de atención.

La época medieval también sufrió un periodo de transición hacia el mundo moderno


donde se debatía acerca de los universales como señal de identidad de la filosofía medieval.
Actualmente, aunque hay unificación de normas, procedimientos, ideas y culturas, todo
producto del fenómeno mundializador. Sigue presente un debate sobre la identidad regional, la
individualidad, que se pierde y parece seguir deteriorándose por los estándares fijados en todos
los ámbitos y que han invadido el terreno educativo, considerando al profesor como un perfil
que se revisa con una lista de verificación.

4. ÉPOCA MODERNA

Después de un largo periodo con relativamente pocos cambios en la Edad Media, en la


Edad Moderna, el profesor se encuentra con una serie de cambios revolucionarios en todos los
órdenes, en lo geográfico, político, social, religioso, artístico, filosófico, científico y didáctico.

El hombre de la Edad Moderna está expuesto a una serie de propuestas que lo


despiertan. Los grandes avances científicos, el descubrimiento de América y la Reforma
protestante no se pueden ignorar, están ahí y exigen atención. Entonces, tenemos a un hombre
al que se le cuestiona, que tiene que tomar una postura frente a los cambios que están
ocurriendo en todos los órdenes.

Al principio de la Edad Moderna, la sociedad sigue teniendo diferencias de clases y


desigualdades, tal como las tiene hoy, pero estas diferencias ya se comienzan a cuestionar y
21

comienzan a reducirse. Se cuestiona sobre todo el principio de autoridad de los reyes, de los
jefes religiosos, y después se pasará a cuestionar la autoridad de los maestros, que hasta
entonces venía siendo indiscutible.

La escuela también está cambiando, un poco en broma y un poco en serio, ahora a los
niños se les tiene que enseñar que existe América, y no solamente este nuevo continente, sino
que hay nuevos conocimientos científicos (Copérnico, Galileo, Descartes, Leibnitz, Newton),
nuevos y mejores formas de obtener el conocimiento científico (Montaigne, Bacon, Descartes),
formas novedosas y revolucionarias de transmitirlo (Descartes, Comenio).

Ya avanzada la edad moderna (Kant, Leibnitz, Pestalozzi) no hay reconocimiento para el


profesor, hay una serie de cambios fuertes en razón de la existencia de recopilaciones
documentales con relación a un nuevo quehacer de la sociedad, que se ve influida por las
revoluciones tanto sociales como culturales.

La época actual no es tan diferente del Renacimiento, igualmente se están viviendo


cambios que a veces ocurren casi todos los días: inventos, cambios políticos, ambientales,
modas, tendencias; lo único que parece permanente es el cambio, el profesor está presionado a
ser conservador o unirse a los cambios constantes.

La adaptación del profesor a esta situación histórica se puede considerar ejemplificada


por la certeza del conocimiento aportada por Descartes y la eficiencia de su enseñanza
aportada por Comenius. El profesor debía estar perfectamente preparado para su nueva
función, que era conocer y transmitir los nuevos conocimientos que se estaban generando. La
Didáctica Magna no solamente facilitaría la enseñanza sino que revalorizaría la función del
maestro, solamente que bajo nuevos parámetros, los de competencia.

Asimismo, el Emilio de Rousseau y los elementos creados por Pestalozzi tienen la


función de mejorar el aprendizaje.

De esta época se pueden realizar algunas analogías:

LOS CONTINUOS AVANCES EN LA CIENCIA Y EN EL CONOCIMIENTO: ¿Cuál es la


identidad del docente en la situación actual? En el Renacimiento o en la época actual, es un
docente que debe estar consciente de que vive en una época de cambio continuo, que los
conocimientos y valores que eran válidos para sus abuelos, padres, incluso para él mismo, ya
no son adecuados para sus alumnos, debe estar informado de los avances que se están
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haciendo en el conocimiento científico, si en una época, el profesor debía estar enterado del
sistema de Copérnico, ahora debe estarlo por ejemplo, de los avances de la Biotecnología; si en
una época debió conocer la Didáctica Magna, ahora también está obligado a conocer los Siete
Saberes y algunos conceptos parecidos.

LA NECESIDAD DE PREPARACIÓN PARA EL PROFESOR: El profesor de la época


moderna o de la época actual, no puede descansar en el prestigio o en la autoridad que le da
su profesión, por el contrario, debe prepararse continuamente.

LA EDUCACIÓN CONTROLADA POR EL PODER: Esta situación ha ocurrido en todas


las épocas estudiadas, la educación influye decisivamente en la mente de las personas, en los
llamados conocimientos, habilidades, actitudes y valores, a menos que cambie la naturaleza
humana, quien tenga el poder no va a permitir que se generalice una educación que amenace a
su supremacía.

En esta etapa de la humanidad (1700-1800) acontecen una serie de cambios de


identidad cultural donde se destacan eventos como la Ilustración que trae consecuencias como
algunas revoluciones de independencia y otra denominada del conocimiento, con grandes
pensadores y educadores principalmente franceses y alemanes como Diderot, Voltaire
Rousseau, Kant, Hegel, Pestalozzi, etc.

Dentro de la Ilustración las tres grandes ideas sobre las que se apoya la concepción del
hombre, del conocimiento y del mundo ilustrado son: la razón, la naturaleza y el progreso, que
vienen a inspirar la revolución francesa y la americana.

En esta etapa La Enciclopedia representa un esfuerzo intelectual colectivo cuyo objetivo


era la reunión de todo el saber humano en una gran obra formada por treinta y cinco volúmenes
con abundancia de ilustraciones y ejemplos gráficos. Comenzó a publicarse en 1751 y se
concluyó en 1780. En ella participaron los principales pensadores franceses de la época bajo la
dirección de Diderot y D'Alembert. El fin último de aquellos que participaron en la redacción de
La Enciclopedia era el de convertirse en guías de la renovación y el progreso social.

Por la existencia de bases de datos de conocimientos, asentados en los volúmenes de


La Enciclopedia y los ideales que los pensadores visualizaban acerca de las actividades que se
debían desarrollar para mejora de la sociedad, se puede señalar que es una etapa para el
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docente más exigente. En términos generales el pensamiento de Voltaire se basa en los


siguientes aspectos:

 Profundo escepticismo, que ignora sobre todo las cuestiones de la física especulativa. En
este sentido, la filosofía de Voltaire no se interesa tanto por el mero ejercicio intelectual, sino
por la aplicación práctica de los nuevos conocimientos para la mejora de la sociedad.

 Afirmación de la superioridad de la experimentación sobre la ciencia de tipo teórico,


especialmente las graves disquisiciones de tipo matemático y geométrico de la época
racionalista.

 Reconocimiento de la utilidad del progreso y la técnica para el bienestar social, tanto en


los aspectos puramente materiales como en las necesidades espirituales.

Otra influencia fuerte en la formación del docente son los ideales de Rousseau que
reconoce la bondad intrínseca del hombre en su estado natural. Es la idea de una naturaleza
ideal en la que el hombre, salvaje y libre, actúa de un modo bondadoso y compasivo. Es la
sociedad caracterizada por la competencia, la división del trabajo y la propiedad privada, la que
vuelve al hombre agresivo e insolidario. En resumen, Rousseau considera que:

 La sociedad destruye el espíritu natural del hombre, bondadoso por naturaleza.

 La competitividad social produce graves desigualdades que acrecientan los problemas.

La solución, para Rousseau, radica en la educación, el único camino para combatir los
males de la civilización. El objetivo de la educación debería ser, pues, erradicar la maldad y
desarrollar buenos sentimientos. El trabajo del instructor y el alejamiento de la sociedad son
fundamentales en esta fase de la formación del ser humano.

En Alemania se vienen otros cambios que provocan que el docente modifique su


actuación ya que se establecen algunos principios dentro de las universidades, le dan
importancia al estudio de ciertas ciencias como: ontología, cosmología, psicología, ética e
historia, que deben ser una parte fundamental de la educación y han de enseñarse de un modo
objetivo.

Etapas diversas se presentan por la influencia de Gothold Lessing en el fenómeno


histórico llamado iluminismo ideales donde sostiene que es la religión la herramienta que nos
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permitirá relacionar mejor la historia y lo eterno, la verdad con la verdad absoluta, porque la
experiencia religiosa está comunicando un ansia de perfección, que sólo Dios posee. Y es la
religión la que, gradualmente, revelará a Dios a los hombres. Por ello, el hombre debe ser
educado, según Lessing, dentro de un ambiente de tolerancia religiosa y con una noción
universal de la historia.

Rousseau delimita la que la formación del docente tendría que ser dirigida por las obras
como la enciclopedia con la obra Emilio o de la educación en donde Rousseau expone una
teoría que vino a revolucionar el mundo educativo, señalando que siempre, al momento de
instruir al niño, se lo reprime, yendo contra el orden natural de las cosas, obligándolo a
ocuparse de temas que no le interesan dada la edad del niño en cuestión.

Encuentra un desvío dentro de la Ilustración, que endiosa a la razón, olvidando el


sentimiento natural, lo que lleva a los hombres de su tiempo a convertirse en seres egoístas y
ateos. Por ello señala la necesidad de volver a la naturaleza, pero no como una vuelta atrás,
sino como un reordenamiento que ajuste la vida social. Y para ello, se necesita de la educación.

Otros elementos que influyen en esta época en la formación del docente son las visiones
filosóficas de Kant y de Hegel principalmente por la introducción de filosofías como la
denominada dialéctica que es el modo de expresar y comprender la historia, la realidad y el
conocimiento; es un proceso que traza el conflicto entre opuestos y se articula en tres
momentos: tesis, antítesis y síntesis.

Otro proceso formador profesional del docente en esta época es el romanticismo que
estaba inspirada en el humanismo, donde se destaca que es importante la formación con el
estudio de la literatura clásica, Gesner señala que el estudio de la Antigüedad sirve al desarrollo
del intelecto y del espíritu, útil por lo mismo a la educación formal.

Emilio es para Kant una obra digna de admiración, y sostiene que la educación era el
problema más importante y difícil de resolver que la humanidad tenía por delante. La educación
debería ayudar al desarrollo de las facultades del hombre, a través del uso de la razón de cada
uno, y también tendría que cultivar el carácter moral, que sería el que permitiera alcanzar la
meta individual y social del hombre. Para ello habría que echar mano de la disciplina, que
dominaría las tendencias, la formación, que instruye según las normas de la didáctica, y la
civilización, que brindaría seguridad social y experiencia del mundo.
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Otras ideas que influyen en la formación del docente son:

Schiller entiende que la educación estética es de importancia capital para la educación


del pueblo, y de la humanidad, señalando la función social y colectiva del arte. Estas ideas
pueden verse en su Conferencia del Teatro, Los Artistas y en Cartas estéticas. Para Schiller, la
educación por medio del arte se propone alcanzar el ideal del alma bella: un hombre que actúa,
por convicción propia, conforme a la ley moral.

Schleiermacher, que toma a Fichte como su punto de inicio, se encarga de profundizar


en la Pedagogía concreta. Y así se explaya en que la educación no debe ser meramente
abstracta, ni invariable. Cada sitio va a marcar necesidades diferentes, por lo tanto, la
instrucción deberá tener en cuenta cuál es la idiosincrasia del lugar y su tradición porque cada
generación va aportar a la nueva su influencia, señalando que cada tiempo y lugar deberá tener
una educación que venga a satisfacer sus necesidades propias. La educación tiene un método
doble: de reacción contra lo nocivo y de apoyo al juego y al trabajo.

Hay cambios donde el maestro tiene la labor de guiar al alumno en su desarrollo, de idea
en idea, gradual y naturalmente. Pestalozzi propone que la educación sea un avance lento y
continuo, que seleccione lo esencial entre las representaciones a fin de buscar la unidad en el
entorno, que es el mundo. El cultivo del físico de importancia en su concepción, tiene por pilar la
sensación motora y sirve a la destreza corporal y manual. La educación física e intelectual
deben servir, en última instancia, a la moralización del hombre y de la comunidad en la que él
vive, en la que respetará las normas sociales que la regulan. Por ello, la educación tanto familiar
como estatal, debe cuidar del desarrollo del pueblo para que este llegue a ser libre y
responsable.

La educación moral será gradual y se llevará a cabo mediante el hacer el bien por el
bien mismo. El sistema de Pestalozzi cuestiona al catecismo para este fin, dado que según él:
“la religión debe ser más bien amor y aspiración al perfeccionamiento humano”. Subrayó
también la relevancia de la educación productiva y creadora sin caer en el utilitarismo, deja su
marca en la educación moderna al reconocer, comprender y valorar las actividades
espontáneas del niño dentro del proceso de aprendizaje.

En esta época el reconocimiento social para el profesor no es significativo, no obstante


se producen una serie de cambios importantes que sugieren un nuevo quehacer en la sociedad
en razón de la existencia grandes acumulaciones de información documental. En sí al docente
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lo influyen las revoluciones sociales y las corrientes fundadas principalmente por pensadores
occidentales europeos como Rosseau, Pestalozzi, Kant, Hegel, etc.

5. ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

Esta etapa del devenir de la Humanidad presenta nuevas dificultades para el análisis
pedagógico ya que la lucha entre corrientes: capitalista y socialista (donde destacan Marx,
Nietzsche, Freud, Wittgenstein y Foucault) tornan difícil aclarar la identidad del profesor.

Las concepciones de Marx difieren de las idealistas de Hegel, ya que al estudiar a la


historia desde el punto de vista material lleva a la promoción de que el hombre domine a la
naturaleza con el fin de satisfacer sus necesidades. El hombre ve a la producción como
principal elemento de desarrollo y en las escuelas la búsqueda de la productividad.

La educación considera al hombre en su totalidad, incluyendo a su cultura, por tanto la


instrucción tendrá que comprender a la ética, la psicología, la filosofía, la lógica, la estética, la
religión y la historia. Como el hombre es un ser que vive en sociedad, la educación sólo puede
moralizar cuando es la razón la que regula todo el sistema educativo, cuidando la actividad
económica y política.

Tras la Revolución Francesa, y ya entrado el siglo XIX, Europa conoció una época de
profundos desequilibrios. Las causas eran la incapacidad de la burguesía para desalojar del
poder a los representantes del Antiguo Régimen y las contradictorias alianzas temporales entre
los trabajadores y las fuerzas burguesas. Este juego inestable provocó bandazos, desde la
reacción hasta la revolución. Las ofertas de los pensadores más lúcidos para la reordenación
del sistema fueron el individualismo y el utilitarismo.

El individualismo es una concepción filosófica según la cual la unidad básica de toda


agrupación humana o de toda sociedad es el sujeto individual. El individualismo puede ser:
político, ético, religioso y económico. El utilitarismo es la concepción filosófica, moral, política y
económica más influyente en el mundo anglosajón. Se trata de una perspectiva que pretende
superar los defectos del individualismo.

La idea principal es que la moralidad de las acciones está determinada por las
consecuencias con relación al bienestar y la felicidad. Es decir está basada en los principios de
felicidad, bienestar general y sacrificio.
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Otras corrientes que influyen en la identidad del profesor son las corrientes positivistas y
el historicismo. Comte explora una estrategia para equilibrar a las fuerzas reaccionarias y
revolucionarias, mientras Dilthey aboga por una perspectiva histórica para salvar al hombre de
los peligros del desarrollo técnico e industrial.

Una de las influencias en nuestro país son las españolas de Unamuno y Ortega y
Gasset; dos autores a los que debe añadirse el nombre de Francisco Giner de los Ríos, quienes
han ido adquiriendo la importancia que merecen y nos han obligado a revisar el valor de nuestro
patrimonio cultural, en general, y el filosófico en particular.

Otro de los pensadores más influyentes en el profesorado es Freud con los avances que
realiza acerca de la estructura psíquica del hombre donde los principios del aprendizaje
consideran la visión interna: el ello, el yo y el superyó.

La corriente existencialista de Jean Paul Sartre fue la que influyó en que nos
involucráramos en el paradigma del intelectual comprometido.

La cultura posmoderna es una cultura pluricultural. Ello no significa otra cosa que la
drástica oposición a lo homogéneo, diversidad frente a integridad. Pero lo que resulta más
interesante es que la heterogeneidad cultural no se da únicamente en el nivel supranacional o
supraestatal sino que es, sobre todo y principalmente, interestatal. La proliferación de
subculturas, de tribus urbanas, con sus propias reglas, rituales, normas, valores, etc. Son una
clara muestra del pluralismo intercultural posmoderno en el que vivimos inmersos.

En la posmodernidad, la cultura se conforma como acción del sistema, replicando o


reproduciendo, la lógica del capitalismo; en esta etapa la cultura es entendida como objeto de
consumo.

Es posible caracterizar la posmodernidad como una crisis axiológica, si bien es algo más
que determina en sí a esta nueva concepción del valor es fundamentalmente una crisis
antropológica. El sujeto moderno, el punto cero de todas nuestras representaciones, ha
desaparecido. La persona ha quedado difuminada en el grupo, en la masa, en el sistema. Ello
resulta todavía más grave al hacer referencia a las relaciones de alteridad, a los procesos de
comunicación y, por lo mismo, a la educación.
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Tanto en el nivel formal como informal la acción educativa posmoderna no solamente ha


entrado en una importante lucha por su propia constitución y legitimación, sino que incluso se
ha visto amenazada en su propia entidad.

Los sistemas y las relaciones sociales andan por otros derroteros. A la diferencia y al
relativismo se les opone la unidad y la rigidez de los planes de estudio; a la velocidad de los
cambios tecnológicos, la perennidad de la ciencia clásica; y al absurdo y el desinterés de las
humanidades, el deseo de encontrar un sustrato espiritual.

Si en el desarrollo del capitalismo y por tanto, en el contexto de la sociedad burguesa, la


ciencia servía para el desarrollo económico y social, en la sociedad posmoderna el concepto
económico de las mercancías se transformará en el concepto económico de la información, por
lo que podemos concluir afirmando que en la posmodernidad el saber tiende a reemplazar al
capital como recurso esencial.

La transformación del papel del saber, e incluso de lo que se entiende por saber, afecta
a dos áreas que por si mismas son educativas: la investigación (búsqueda de nuevos saberes)
y la transmisión (delinear un nuevo paradigma educativo para aprenderlos).

Sin embargo una cosa es cierta en el futuro, el saber no se asociará ya a la formación.


Finkielkraut considera que la escuela posmoderna implicaría un reajuste curricular en todos los
niveles, no solamente en el campo de las actitudes y los hábitos, lo cual resultaría obvio, sino
también en el orden de los contenidos, ya que sólo será contenido lo que realmente posea
sentido operativo y utilitario; de ahí que se vea la sociedad fundamentada en el saber.

La dicotomía es evidente: del aprendizaje específico de la alta tecnología a la cultura en


tanto que experiencia de la vida, la sociedad posmoderna es una sociedad finalmente
convertida en adolescente.

III. PROSPECTIVA

Aunque es todavía prematuro establecer cuál será la organización geopolítica de la


siguiente etapa de la humanidad coincidimos en que urge una recomposición o transformación
de la misma ya que las diversas problemáticas que enfrentan los países o las regiones del
mundo por efecto de la globalización cultural, social política y sobre todo económica generan
acontecimientos que afectan a todos los seres vivos y ecosistemas del mundo. Existe la