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El cuadro del payaso

Publicado el 30 Oct, 2014 - 08:36:08 - Ultima actualización: 28 Feb, 2018 -


12:49:11

La leyenda urbana del cuadro del payaso nace en la Guatemala de


principios de 1980, y narra la historia de una familia que pierde uno a uno
a todos sus miembros. Sus muertes están ligadas al misterioso cuadro
de un payaso.

Comentarios

Por: Sven Sánchez

Esta es la trágica historia de la acaudalada familia Muñoz, oriunda de


Quetzaltenango, compuesta por el padre, don Amilcar Muñoz; la madre,
Josefina de Muñoz; y sus tres hijos: Alberto, de 15 años; Francisco, de
11 años; y Marcela, de 4.

Don Amilcar Muñoz era médico de profesión y amigo del Ministro de


Salud de Guatemala en ese entonces. Por varios años había trabajado
en el hospital de Quetzaltenango, hasta que en enero de 1980 es
llamado a trasladarse a la capital para ocupar un puesto importante en el
Ministerio.
Todos están muy contentos con esta oportunidad. Todos, excepto
Alberto, el hijo mayor, ya que tendrá que dejar a su novia y amigos en
Xela.

Al llegar a la ciudad de Guatemala, la familia es llevada a la casa que les


ha preparado el Sr. Ministro. Se trata de una casa muy grande y
hermosa, frente a la iglesia Yurrita en la zona 4 capitalina. La familia está
entusiasmada, los mas pequeños entran corriendo a la casa para
explorarla, los padres entran abrazados sintiendo que el futuro les depara
cosas muy buenas, mientras que Alberto aún no está convencido del
cambio por lo que entra de último con un sentimiento de frustración.

Los niños corretean por toda la casa, y ya han escogido los que serán
sus cuartos en el segundo piso, mientras que los esposos Muñoz
inspeccionan la cocina, el comedor y la sala antes de subir al cuarto
principal para ver el que será su nuevo nidito de amor.

La casa está amueblada, pero no ha sido habitada en varios años, por lo


que unas polvorientas mantas blancas cubren los muebles, cuadros y
línea blanca. Tras el recorrido inicial y dejar sus maletas en los que serán
sus cuartos, la familia se reúne en la sala familiar y decide dar inicio al
siguiente paso: descubrir y desempolvar todo el amueblado.

Inician pues por quitar las mantas de la sala familiar. Aparece un


hermoso y cómodo sofá de 3 piezas, una bella mesita de centro, unas
convenientes mesas auxiliares, un mueble con una vieja TV, un cuadro
de un hermoso paisaje de Antigua, otro cuadro extraño en el que se
aprecia un circo, y un espeluznante cuadro de un payaso.
No sé ustedes, pero yo no podría dormir con un cuadro como este en mi cuarto

El cuadro del payaso causa escalofríos a toda la familia, posee una


mirada penetrante, una sonrisa maquiavélica y un puño cerrado. Todos
quieren tirar el cuadro a la basura, excepto Alberto, que ve la oportunidad
de fastidiar a sus padres por haberlo obligado a mudarse a la ciudad de
Guatemala.

Sus padres le dan permiso de quedarse con el cuadro, pero le piden que
lo cuelgue en su cuarto, para no tener que verlo. Esto calma un poco el
ánimo de Alberto, que los empieza a molestar por miedosos y toda la
familia termina bromeando. Caída la noche, todos están exhaustos por el
largo viaje y la ardua tarea de limpiar la casa. Entre risas y risas pasan
una cena alegrísima e inolvidable. El futuro ahora si parece muy
alentador para todos, incluso para Alberto.

La mañana siguiente inicia muy distinta. Don Amilcar se levanta


temprano, pero decide no despertar a Josefina ni a los niños porque es
sábado y sabe que se cansaron mucho el día anterior. Poco a poco los
niños se van despertando, primero es Marcela, luego Alberto y por último
Francisco. Son las 10h00 y deciden hacer un rico desayuno familiar.
Sirven la mesa y mandan a Marcela a despertar a su mamá. Marcela
regresa un par de minutos después y les dice a todos que su mami no
despierta, por lo que don Amilcar sube. Pero lo único que baja es un
intenso grito de dolor, don Amilcar grita desesperadamente intentando
reanimar a su esposa pero no lo consigue. Josefina, su compañera de
vida de casi 20 años yace inerte en la cama.

Los niños lloran y abrazan a su madre fallecida, mientras que Alberto


corre y se encierra en su habitación donde maldice al mundo por la
perdida de su madre. Lógicamente en ese momento de dolor no se
percata que el cuadro del payaso ha cambiado, y ahora su puño ya no
está cerrado, sino que ha subido un dedo.

Qué harías si se te aparece este payaso mientras caminas solo por la noche en el parque?

Unos días después del velorio, Francisco se enferma de una extraña


enfermedad respiratoria. Su padre en su calidad de médico intenta
ayudarlo, pero los síntomas lo confunden por lo que decide llevarlo al
hospital donde le realizan todo tipo de examenes, pero todo es en vano.
La condición del pequeño Francisco se deteriora rapidamente y fallece
dos días después.

Don Amilcar llama por teléfono a la casa para anunciar la triste noticia a
su hijo mayor, indicandole que regresará más tarde. El pobre Alberto no
puede creer lo que sucede con su familia y corre a su cuarto para
lamentar la perdida de su hermano. No se percata que el monstruoso
payaso ahora levanta 2 dedos. Se tira en su cama y llora hasta quedarse
dormido, olvidando que dejó a la pequeña Marcela sola en la tina.

Horas después, el teléfono lo despierta. Lo primero que mira es el cuadro


del payaso, que ahora tiene 3 dedos levantados. Le parece extraño pero
no recuerda como era realmente la pintura originalmente, así que no le
presta mucha atención y corre a contestar el teléfono. Es su padre, que
llama desde el hospital para ver como siguen sus hijos. Alberto recuerda
entonces que la primera vez que llamó su padre estaba bañanado a
Marcela en la tina, por lo que va a revisarla. Al entrar al baño, encuentra
el cuerpecito de Marcela flotando boca abajo en la tina.

La hermanita de Alberto está fria y no respira. Corre de vuelta al teléfono


y le dice a su padre lo que ha ocurrido. Don Amilcar sale del hospital y se
dirige a su casa a toda velocidad para intentar salvar a su pequeña hija.
A pocos metros, en el redondel frente a su casa, pierde el control y se
estrella contra el paredón.

Los payasos malvados están de moda

Alberto escucha el fuerte impacto y corre dede el baño a su cuarto, que


tiene un gran ventanal que da justo a la calle frente al redondel. Ahí ve el
carro de su padre destrozado. La puerta del conductor se cae y el cuerpo
de su padre se desliza ya sin vida al asfalto.

Horrorizado, Alberto grita mientras se lleva las manos a la cabeza y se


voltea con la esperanza que todo se trate de un error. Frente a él, el
cuadro del payaso cobra vida. Y esta vez, Alberto se convierte en el
único testigo al observar cómo el payaso levanta un cuarto dedo y con
una leve risa casi inaudible dice "solo falta 1".
La locura se apodera del adolescente que huye de casa hacia la Iglesia
Yurrita. Ahí se hinca en una banca mientras resa y resa. En la calle
escucha sirenas y un murmullo de la muchedumbre que se ha juntado
para ver lo que sucede. Alberto finalmente sale de la iglesia y camina
lentamente hacia su casa, con la mirada perdida. Todo su cuerpo
tiembla. Repite la misma frase una y otra vez: "solo faltas tú maldito
payaso".

Cuando llega a su casa, la policía tiene rodeado el lugar e intentan


detenerlo, pero Alberto rompe el cerco policial con una fuerza
sobrehumana y corre a su cuarto. Tres policías lo persiguen. Alberto
logra alcanzar el cuadro del payaso y trata de quemarlo, pero es
finalmenet aprehendido por la policía, que piensa que pudo haber estado
involucrado en el asesinato de la familia.

Un grupo de médicos evalúa a Alberto, y determina que tiene un fuerte


trastorno psiquiátrico, por lo que es llevado a un manicomio cerca del
preventivo de la zona 18. Nadie cree en su historia y tres días después
amanece colgado en su celda. Alberto se ha suicidado. El cuadro del
payaso ahora levanta los 5 dedos.
Un horrible payaso que lleva contando hasta 5...

Lo más preocupante de la historia es que no termina ahí. Los tíos de


Alberto, don Esteban y doña Celia, llegan a la capital desde
Quetzaltenango para recoger los bienes de la familia, que han sido
empaquetados por órdenes del Sr. Ministro.

Al regresar a Xela, desempaquetan todo y encuentran el cuadro del


payaso, que tiene los 5 dedos levantados. Recuerdan la ridícula historia
de Alberto y que debiera tener únicamente 4 dedos levantados. La familia
entra en pánico e intenta quemar el cuadro, pero el fuego no le hace
daño alguno. Intentan romperlo, pero el lienzo no se rasga. Deciden
finalmente sacarlo a la calle para que la maldición no caiga en su hogar.
Pocas horas después, alguien toca a la puerta. Don Esteban abre, y
frente a él una persona de edad avanzada, ropa religiosa y acento
salvadoreño pregunta si el cuadro está en venta. Don Esteban le dice
que no está en venta, pero que es libre de llevarselo si lo desea. El cura
le agradece y se retira. Don Esteban mira aliviado como el cura se aleja
con el cuadro maldito, en el que el payaso ahora tiene la mano
nuevamente empuñada, como si la cuenta se hubiera reiniciado.

Semanas después, el 24 de marzo de 1980, las noticias anuncian el


asesinato del Arzobispo Oscar Romero en San Salvador a manos de la
guerrilla de ese país. Don Esteban reconoce el rostro y le dice a su
esposa Celia que ése es el cura al que le había regalado el cuadro.

El arzobispo Oscar Romero, asesinado en San Salvador el 24 de marzo de 1980.


El rastro del cuadro se pierde con su fallecimiento.

La historia del misterioso cuadro del payaso se propaga entonces en


Guatemala y El Salvador para convertise en leyenda urbana que
trasciende las fronteras centroamericanas. A la fecha, no se sabe qué
ocurrió con el cuadro del payaso. Algunos piensan que pudo haber sido
robado por la guerrilla salvadoreña para fines siniestros. Otros piensan
que fue enviado a El Vaticano tras la muerte del arzobispo para ser
estudiado. Incluso hay quienes piensan que fue adquirido en una subasta
por un millonario asiático.

Aunque la teoría más aceptada es que el cuadro regresó a su familia


original: la leyenda dice que el payaso fue pintado por Rosemary
Kennedy en 1941 como una maldición contra su familia tras ser sometida
a una fallida lobotomía por su padre, lo cual agravó sus trastornos
psicológicos y la obligó a permanecer internada el resto de su vida en un
hospital psiquiátrico (Rosemary murió en el 2005). Interesantemente, las
tragedias en la familia Kennedy se interrumpen en 1975 y no fue hasta
1984 que volvieron a ocurrirle desgracias a esa familia, exactamente la
época en la que el cuadro habría estado en Guatemala y El Salvador.
Desde entonces, la familia Kennedy continúa sufriendo extrañas muertes,
las últimas de las cuales sucedieron en mayo y junio del 2012.

Nosotros tan solo esperamos que el cuadro haya sido destruido o se


encuentre encerrado en alguna bóveda de máxima seguridad de la Santa
Sede para no causar más mal.

Por cierto, la casa de la zona 4 permaneció abandonada desde entonces


y en años recientes fue demolida.

Ver más: https://www.deguate.com/artman/publish/misterios_relatos/el-


cuadro-del-payaso.shtml

La Leyenda del Jilguerillo


Publicado el 06 Nov, 2017 - 16:35:00 - Ultima actualización: 06 Nov, 2017 -
18:20:13

Esta es la leyenda de una hermosa jóven maya que prefirió morir antes
que casarse con un cruel y desalmado príncipe guerrero.
Mira también:

 La Llorona
 La Siguanaba
 El Cadejo
 El Sombrerón
 La Siguamonta

Cuenta la leyenda que en la zona del Atlántico de Guatemala, en lo que


hoy es el departamento de Izabal, se estableció hace cientos de años
una tribu maya de poderosos guerreros y bellas doncellas.
El principe Batsú. Imagen tomada de Youtube (Apocalypto)

Entre ellos, había un príncipe guerrero muy cruel llamado Batsú, que
lideraba un poderoso ejército y había ganado más de 100 batallas. Batsú
era temido y respetado en toda la tribu, y había acumulado grandes
riquezas a través del pillaje de las tribus vecinas. En el corazón de la
mayoría de las doncellas vivía la esperanza de ser la elegida por Batsú el
día que se casara.

Pero la más hermosa de las doncellas, llamada Jilgue, despreciaba a


Batsú por las atrocidades que había cometido. Jilgue tenía una hermosa
piel morena clara, ojos cafés y cabello liso marrón oscuro. A Jilgue le
gustaba pasear por el bosque cantando como un pajarillo mientras
recolectaba frutos.
La hermosa Jilgue y un Jilguero. Foto: bethtrissel.wordpress.com

Un buen día, Batsú decidió buscar esposa y escogió a Jilgue. Los padres
de Jilgue, temerosos por su vida, aceptaron casarla con el despiadado
príncipe. Pero ella se enteró de las intenciones de Batsú y huyó para
esconderse en el bosque.

Cuando los padres de Jilgue le dijeron a Batsú que la joven había


desaparecido, estalló en cólera y organizó cuadrillas de guerreros para ir
a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez
que se acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue volvía a
desaparecer.

Enfurecido, Batsu mandó a quemar el bosque. Cuando las llamas


comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si salía y se casaba con él
podía salvarse. Ella le respondió que prefería la muerte.

El fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto vieron como Jilgue
caía al suelo inconsciente. Mientras las llamas consumían su cuerpo, un
pajarillo color ceniza, con el pico y las patas rojas, comenzó a cantar
sobre la cabeza de Batsú.
No era el canto de un pájaro, era la voz de Jilgue, que siguió y atormentó
a Batsú hasta el día de su muerte. Se dice que desde entonces nunca
más nació en Guatemala una mujer indígena tan bella como Jilgue, cuya
voz se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan los
bosques de nuestras tierras.

Ver más: https://www.deguate.com/artman/publish/misterios-leyendas/La-


leyenda-del-Jilguerillo.shtml

Leyenda de La Tatuana
Publicado el 13 Nov, 2017 - 21:35:30 - Ultima actualización: 14 Nov, 2017 -
21:13:47

Según numerosos historiadores, como Batres Jáuregui, Ramón Salazar y


Adrián Recinos, la leyenda de la Tatuana está basada en una mujer que
existió en realidad en Guatemala. La mayoría de autores ubican el origen
de este personaje en la época del traslado de la Capital desde Santiago
de los Caballeros (Antigua Guatemala) a la Nueva Guatemala de la
Asunción, actual capital de Guatemala, tras el terremoto de Santa Marta
(1773).
Ver también:

 La Tatuana de Miguel Angel Asturias

 Otra historia de la Tatuana

 La Tatuana contada por Celso Lara

Por: Sven Sánchez

“La Tatuana” o “Manuelita la Tatuana” es uno de los personajes más


tradicionales dentro de las leyendas criollas de Guatemala, puesto que a
diferencia de otros personajes es una proyección folklórica netamente
guatemalteca.

Desde Guatemala, la historia navegó como la Tatuana en su barco, y su


figura literaria puede encontrarse hoy en México, Honduras, El Salvador,
Costa Rica, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil y España.

Existen 2 versiones principales de esta leyenda. La primera habla de una


bella joven que vivió en la ciudad de Santiago de los Caballeros a finales
del Siglo XVIII. La segunda, cuenta sobre una anciana que vivió en la
Nueva Guatemala de la Asunción a principios del Siglo XIX, tras el
traslado de la capital por el terremoto. Lógicamente, es probable que la
anciana de principios del Siglo XIX sea la joven de finales del Siglo XVIII.

Lo que sigue son los relatos de quienes vivieron de primera mano lo


acontecido en aquellos días…

Leyenda de la Tatuana joven

Manuelita nació entre 1745 y 1750. Era una joven hermosa como
ninguna otra. De niña, había sido vendida como esclava a un hombre
que conocía las artes del esoterismo maya. La niña era muy hábil e
inteligente, y pronto se ganó el cariño de su amo. Más que una esclava,
Manuelita se convirtió en su alumna, y aprendió de él numerosos
hechizos, encantamientos y curaciones. Con el paso de los años,
Manuelita se convirtió en una bellísima mujer. El viejo brujo, en su lecho
de muerte, le dijo que era el momento de dejarla partir, no sin antes
tatuarle un pequeño velero en el brazo. Éste, le dijo, le permitiría escapar
de cualquier peligro o cautiverio en el que se encontrara. Así pues,
Manuelita partió en busca de su destino.
Se dice que llegó al Reino de Guatemala en un barco que no atracó en
ninguno de sus puertos y en ninguna de sus playas. Apareció así nomás
un día en la Ciudad de Santiago de los Caballeros (Antigua Guatemala).
Era una mujer blanca de grandes ojos negros, cabello ondulado más
negro que la noche y una figura alta y voluptuosa. El escote de su
ajustado vestido dejaba ver montes y mil maravillas. Hermosa.
Exuberantemente hermosa. Endiabladamente deseable. En Guatemala
jamás se había visto una mujer como ella, que despertaba los instintos
carnales más salvajes de jóvenes y maduros. Paseó con arrogancia su
belleza en la plaza central frente a marqueses, condes y plebeyos.
Todos, sin excepción, la colmaron de piropos y galanterías. A su paso,
dejaba un llanto encolerizado de celos entre las esposas y amantes de la
vieja Capital.

Manuelita fue apodada La Tatuana por el misterioso tatuaje de un barco


que llevaba en el brazo. Se instaló en una pequeña casita en el barrio de
la Parroquia Vieja y se encerró en ella. La humilde casita se convirtió en
poco tiempo en una gran mansión entregada al placer y al vicio. Y es que
cuando el sol se ocultaba en el horizonte, aparecían en la puerta de la
Tatuana misteriosos caballeros y alegres mujerzuelas para entregarse al
guaro y la lujuria desde el crepúsculo hasta el amanecer.

La Tatuana era odiada por las señoras de la ciudad, pues se dice que no
hubo hombre que se resistiera a pasar por ahí una nochecita. Sin
embargo, las acusaciones caían siempre en oídos sordos. Las
autoridades de la ciudad de Santiago eran clientes frecuentes del palacio
de la Tatuana, y la protegían pues no podían arriesgarse a ver sus
buenos nombres relacionados con tan pecaminosas actividades.

Pero la suerte de la Tatuana estaba por dar un giro. Corría la noche del
aniversario de su llegada a la ciudad, y la Tatuana daba una gran fiesta
en su mansión. Unos fuertes golpes se escucharon en la puerta principal.
La Tatuana no esperaba más invitados esa noche, por lo que decidió
ignorarlos y siguió danzando, disfrutando de su fiesta. Los golpes
insistieron. Cuando finalmente abrió, se encontró frente a una docena de
hombres armados que aguardaban por ella en el pórtico.

–¿Qué puedo hacer por vuestras mercedes?

Pero a la pregunta siguió un gran silencio. Los hombres armados eran


soldados acantonados en un Fuerte distante a dos días de camino.
Habían escuchado los rumores sobre aquella hermosa mujer, pero jamás
la habían visto. Todos quedaron absortos por la belleza de la Tatuana,
empapada en sudor tras bailar durante horas, y no supieron pronunciar
palabra. Finalmente, el Capitán alcanzó a levantar el brazo para entregar
una orden proveniente del Tribunal de la Santa Inquisición.
Se acusaba a Manuela La Tatuana de brujería y de hacer hechizos para
atraer a todos los hombres de la localidad, además de codicia y de no
seguir los preceptos de la Iglesia.

La Tatuana fue conducida espléndidamente vestida a un calabozo del


Palacio del Ayuntamiento. Pasaron casi dos meses hasta que finalmente,
en la mañana del 28 de Julio de 1773, llegó a la ciudad un hombre muy
alto envuelto en un manto negro. Era el Comisario del Santo Oficio, que
había sido enviado para emitir sentencia. El inquisidor leyó uno a uno los
pliegos que contenían las acusaciones contra Manuelita, y finalizó
condenándola a ser quemada en la hoguera a la mañana siguiente.

El inquisidor le indicó a la Tatuana que por ley tenía derecho a una última
gracia. Sus carnosos y deliciosos labios respondieron que únicamente
quería un pedazo de carbón o tiza, para pasar sus últimas horas pintando
y dejar una huella de su paso por la vida. El inquisidor aceptó la solicitud
y ordenó que se le llevara un trozo de carbón después de la cena.

Eran pasadas de las 20h00 cuando el guardia de la celda le llevó el


pedazo de carbón. Una gran alegría se apoderó de ella cuando lo tuvo en
sus manos. De inmediato puso manos a la obra. Dibujó en la pared de su
celda un tranquilo océano en el que navegaba un barco velero. Y
mientras dibujaba, recitaba conjuros en una lengua incomprensible para
el guardia, que casi murió de espanto al ver cómo se aparecía el
mismísimo demonio para ayudar a la Tatuana a subir en el barco que
había dibujado.

Así fue como la Tatuana escapó de la prisión y de la muerte aquella


calurosa noche. En el mismo barco en que llegó, y que no atracó en
ninguno de sus puertos ni playas…

Pero algo igual o más increíble estaba por ocurrir. Al día siguiente, el
inquisidor investigaba lo sucedido. Eran aproximadamente las 15h00
cuando interrogaba al guardia. El inquisidor estaba convencido que éste
había sido seducido por los encantos de la condenada y la había dejado
escapar. De pronto, un fuerte terremoto sacudió la ciudad colonial
ocasionando destrucción y muerte. Bajo un enorme bloque de piedra,
yacía aplastado el cuerpo del inquisidor.

Se dice que, tras el terremoto, la población olvidó sus diferencias


sociales y todos los sobrevivientes se congregaron en los campos, lejos
de las frágiles edificaciones. Nobles, damas honestas y religiosos que
vivían en retiro se encontraban en paños menores mezclados con los
plebeyos. Ahí se escucharon las historias de los parientes y amigos
muertos, de los conventos que se derrumbaron, pero también de los
presos que escaparon de prisión. La historia más fantástica esa noche
fue la de la hermosa mujer condenada a muerte, que escapó en un barco
que había dibujado en la pared de su celda, la cual no se había
derrumbado, y que luego se había vengado de la ciudad que la había
condenado.

¿Castigo de la Tatuana o increíble casualidad? Lo cierto es que la


búsqueda de la fugitiva cedió en importancia por la emergencia del
momento, y la Tatuana se convirtió en leyenda. Se dice que su fantasma
aún atormenta hoy en día a las mujeres celosas.

El terremoto de Santa Marta del 29 de Julio de 1773 destruyó gran parte


de la Ciudad de Santiago de los Caballeros. El Palacio Municipal resistió
los sismos y en la actualidad se puede visitar la celda en donde
supuestamente estuvo presa la Tatuana. En una de las paredes se
puede apreciar el dibujo de un barco y la firma de esta legendaria mujer.

Leyenda de la Tatuana vieja

Cuando el contador del tiempo marcaba el inicio del siglo XIX, la Nueva
Guatemala de la Asunción, fundada en 1776, ya era un centro de
comercio bullicioso. Frente a la Plaza Central, se levantaba la nueva
Catedral Metropolitana a medio terminar y a un costado, el Palacio Real.

Tal era el grado de desarrollo que había alcanzado la ciudad, que se


podía encontrar todo tipo de productos en las pequeñas tiendas de
barrio, o gracias a la labor de los mercaderes ambulantes que pululaban
a diario en sus calles y avenidas, usando a indios y mulas para
transportar los grandes canastos repletos de frutas, vegetales y otras
cosas.

Cerca del Cerrito del Carmen, apareció un día una misteriosa señora de
unos 60 o 65 años caminando elegantemente, vestida totalmente de
negro. Era alta, delgada, de tez blanca y ojos muy negros. Su cabello,
entre plateado y negro, estaba recogido en dos trenzas. La misteriosa
dama se instaló en una pequeña casa de madera en el Callejón del
Brillante. De ella solo se supo que venía de muy lejos y que su nombre
era Manuela. Doña Manuela, de apellido Tatuana.

La monotonía del callejón cedió ante los numerosos murmullos sobre


esta arcana señora. A su casa llegaban ocasionalmente damas y
caballeros igual de enigmáticos, procurando no ser reconocidos. Tras
unos cuantos minutos partían sin mediar palabra con los vecinos. El
primer sábado del mes, a eso de las tres de la tarde, llegaba en una
carreta halada por bueyes un hombre con la cara desfigurada para
hacerle entrega de algunos productos especiales aún difíciles de
conseguir en el la Real Audiencia de Guatemala: incienso de rosas,
canela de Ceilán en raja y polvo, extracto de vainilla, raíz de Damiana,
brotes de Geranio, aceite de pachulí y espigas de trigo del medio oriente,
entre otras cosas.

Para los vecinos del Callejón del Brillante, las actividades de la mujer
permanecían en secreto. Pero en el resto de la ciudad, corría el rumor de
un pequeño cuarto donde se vendían amarres de amor, enfrascamientos
y otros trabajitos de hechicería que eran sumamente efectivos. La
Tatuana era muy cautelosa al escoger a sus clientes. Corría ya el año de
1809, y aunque en España la inquisición había sido suprimida por
Napoleón tras la invasión francesa, en las colonias de América el brazo
inquisidor permanecía firme y voraz, ávido por enviar a la hoguera a
cualquier sospechoso de brujería para demostrar su poder.
Una tarde de diciembre, la Tatuana fue a buscar provisiones a la muy
bien surtida tienda del barrio, donde además de alimentos conseguía
velas aromáticas y votivas, muy necesarias para algunos de sus
conjuros. Encontró muy triste a doña Chayo, la tendera, que barría el
local de mala gana. Las dos mujeres habían conversado muchas veces
con anterioridad, pero doña Manuela no le había contado la verdad
acerca de sus actividades.

–Disculpe doña Chayo –le dijo– yo sé que a usted le pasa algo.


Cuénteme, a ver si la puedo ayudar en algo.

–¿Y cómo me va a poder ayudar usted Manuela?

–Ande, cuénteme. Si es un problema de amor, salud o dinero


seguramente yo pueda hacer algo por usted.

–Ay, pues siendo así… figúrese que el muy desgraciado de Lupe tiene
otra mujer. Está como embrujado. No regresa a la casa durante días, y
cuando se aparece, me trata mal. ¡Mire que ya no sé qué hacer!

La Tatuana sacó un pequeño trozo de cuero negro de su bolso y se lo dio


a doña Chayo.

–Tenga doña Chayo, no se amedrente más. Este pedacito de cuero tiene


un poder especial. Esta noche, golpee con él tres veces la almohada de
su marido y póngalo debajo. Luego queme incienso en el cuarto y rece
un Ave María en cada esquina. Verá como con un poquito de fe don
Lupe estará de vuelta mañana.

Y así lo hizo doña Chayo esa noche. Cuando despertó a la mañana


siguiente, se espantó al sentir un brazo que la abrazaba. Su temor se
convirtió en alegría al ver que era su marido, acostado en la cama junto a
ella. Don Lupe había vuelto como lo había dicho doña Manuela, y estaba
tan amoroso como cuando se habían conocido. Parecían una pareja de
recién casados, entre semana trabajaban muy alegres en la tienda y los
domingos iban a misa juntos y luego paseaban por el Cerrito del Carmen.

Pero el idilio duró pocas semanas. Una noche, antes de cerrar, llegó
doña Manuela para pedir de vuelta el cuerito para un trabajo urgente que
debía realizar. Doña Chayo imploró y suplicó entre lágrimas, pero la
insistencia de doña Manuela pudo más.
Esa misma noche, mientras doña Chayo dormía, su marido tomó un
rimero de ropa, lo lanzó por el balcón, saltó a la calle y se escapó para no
volver nunca más.

Doña Chayo cayó en depresión y contaba a todos sus clientes la


crueldad de lo que le había hecho doña Manuela. La noticia corrió como
pólvora en todo el barrio, y doña Manuela se convirtió en la comidilla de
las habladurías en cada esquina. La gente escupía a su paso y le
prodigaban todo tipo de obscenidades. La Tatuana entendió que era
momento de partir, pero no tuvo tiempo.

El sábado al mediodía, un ambicioso Capitán del cuartel que iba camino


del Palacio Real paró en el comedor del barrio para comerse un tamal y
beber algo. Entre el barullo del comedor, alcanzó a escuchar la historia
de la hechicera timadora llamada Tatuana. El Capitán había escuchado
la historia de una legendaria bruja conocida por el mismo nombre que
había provocado gran sufrimiento años atrás en la ciudad de Santiago.
Dejó su almuerzo a medias y fue a buscar a la tendera para que le
confirmase lo que había escuchado. La encontró con la mirada perdida
en un retrato borroso de su marido. Le preguntó si era cierto que una
hechicera había provocado que su esposo la dejara. Doña Chayo se
volteó lentamente, rompió en llanto y le contó su triste historia.

Viendo la oportunidad de convertirse en el célebre hombre que capturó a


la infame Tatuana, el Capitán montó en su yegua y se dirigió a todo
galope al Palacio de la Capitanía General, donde fue recibido por el
comandante. Esta no era la primera queja que recibía, por lo que ordenó
que fuese capturada y llevada al calabozo del palacio.

Así pues, el Capitán se hizo acompañar de 2 mosqueteros y regresó al


barrio esa misma tarde. Encontró a doña Manuela sobre una carreta
halada por bueyes, conducida por un hombre de cara desfigurada. El
Capitán los detuvo, y ordenó a los mosqueteros que apresaran a la
mujer. Entrada la noche, que era noche buena, se presentó el inquisidor
y sin mayor procedimiento legal, le informó a doña Manuela que había
sido condenada a morir en la hoguera al alba del día siguiente. Las
llamas consumirían el cuerpo de la Tatuana el mismo día que los
cristianos celebran el nacimiento de quien les enseñó a perdonar a los
pecadores. Sería la mañana del 25 de diciembre.
Como era costumbre, se le concedió a la Tatuana un último deseo. Antes
que mediara palabra, el Capitán, recordando las historias que había
escuchado sobre lo acontecido en Santiago, le indicó que no le sería
permitido recibir ningún artefacto con el que pudiese dibujar.

–No se preocupe mi Capitán –dijo la Tatuana– lo único que deseo es un


caldo de remolacha como el que hacía mi madre cuando era pequeña,
para ayudarme a dormir.

El Capitán asintió con la cabeza y se retiró. Mas tarde, a eso de las


23h00, el Capitán bebía con sus hombres en una pieza del nivel superior
al calabozo. Ordenó al carcelero que llevara un plato hondo con caldo de
remolacha caliente a la Tatuana, pero que no abriera la celda, sino que lo
pasara por entre los barrotes de la misma. Los ojos negros de la Tatuana
brillaron de emoción al tener entre sus manos la que sería su última
cena. Tomó el cucharón y aplastó la suave remolacha contra el fondo del
plato hasta convertirla en un pastoso engrudo. Posteriormente, sin dar ni
siquiera un sorbo, metió sus dedos en la pasta morada y comenzó a
dibujar un barco en la pared, mientras recitaba conjuros en una lengua
incomprensible.

Un poderoso viento azotó el palacio, y el guardia casi muere del susto


cuando vio aparecer frente a sus ojos al mismísimo demonio, que ofrecía
su mano para ayudar a la Tatuana a embarcarse en el barco que
acababa de dibujar. El Capitán, al escuchar el fuerte viento y los gritos
del carcelero, bajó corriendo con su arma presto a abrir fuego junto a sus
dos mosqueteros. Frente a ellos se desarrollaba una incomprensible
escena surrealista. Blandió su pistola y disparó. El cuerpo de la Tatuana
no ofreció resistencia alguna, como si fuera de humo, y el proyectil se
incrustó en el muro detrás de ella. Sin perder el temple, ordenó a los
mosqueteros que abriesen fuego contra la bruja mientras arrebataba las
llaves al despavorido carcelero. Los disparos de sus hombres corrieron
con la misma suerte. Se apresuró a abrir la puerta de la celda, pero era
demasiado tarde. Todos fueron testigos de cómo desaparecía la reclusa
por la ventana de la celda, navegando sobre los rayos de luna y con el
sonido de miles de cohetillos que anunciaban la media noche y un
cumpleaños más de nuestro Señor Jesucristo.

El Capitán se presentó la mañana siguiente en el Callejón del Brillante,


para dar a la tendera la noticia del escape de la Tatuana. La encontró,
junto con otras vecinas, carbonizada en el mismo comedor donde se
había detenido a comer un tamal el día anterior. Mientras celebraban la
llegada del 25 de diciembre, un cohetillo cayó sobre el techo del
comedor, prendiéndole fuego. Murieron de la forma como debía haber
muerto la Tatuana.

Así resurgieron los cuentos de la Tatuana, una malévola hechicera que


va de pueblo en pueblo poniendo una venta de amarras y embrujos, y
que cuando es acorralada, dibuja un barco para escapar al siguiente
pueblo, y que a su partida castiga con destrucción y muerte a las mujeres
chismosas de la localidad.

Se dice que a finales del siglo XIX y principios del Siglo XX, en las
bartolinas del Palacio de Gobierno se podía ver en las noches de luna
llena la silueta que dejó el barco por donde escapó la Tatuana salpicada
por los 3 proyectiles incrustados en la pared. Esto lo pudieron ver con
sus propios ojos hasta que el terremoto de 1917 derribó el edificio.

¿Lo sabías?

 El nombre de Tatuana proviene del tatuaje de un barco que llevaba


en uno de sus brazos.

 El barco es una figura que aparece en prisiones antiguas de todo el


mundo. Representaba el anhelo de los prisioneros de escapar a un
lugar lejano. Recordemos que a finales del siglo XVIII no se
conocían aún los ferrocarriles en Guatemala y aún no existían los
aviones.

 Numerosos historiadores consideran que la Tatuana está basada


en una mujer que existió realmente entre 1750 y 1830.

 Existen numerosas versiones de la leyenda, pero se dividen en dos


principales: una Tatuana joven y una Tatuana vieja.
 Algunos piensan que esta leyenda está basada en el personaje
Chimalmat de la mitología maya, una diosa que se vuelve invisible
gracias a un encantamiento.

Ver más: https://www.deguate.com/artman/publish/misterios-leyendas/la-


tatuana.shtml

La Leyenda Del Mico Brujo


Publicado el 12 Feb, 2014 - 12:21:00 - Ultima actualización: 08 Ene, 2018 -
20:05:37

Se dice que el mico brujo es en realidad una mujer con extrañas


facciones de simio, baja estatura, brazos, manos y pies alargados,
cuerpo cubierto de pelos, ojos anaranjados y un grito aterrador y
escalofriante, que corre por las ramas de los árboles, los techos de las
casas y en los patios buscando comida o robar animales de corral.
Quizás te interese:

 La leyenda del Sombrerón


 La leyenda de la Tatuana
 La leyenda del Jilguerillo

Por: Antonio Sánchez

Decían nuestros antepasados que había unas mujeres que a las once de
la noche se daban tres volantines para atrás y luego tres para adelante;
que estas mujeres tenían un guacal blanco y que a la última voltereta
vomitaban el alma en el guacal. Ya sin alma, tomaban figura de monos o
micos y se dedicaban a hacer diabluras. Otra versión relata que para
transformarse, las mujeres van a un árbol de chilamate, toman una de
sus flores que brota justo a media noche y recitan un antiguo conjuro de
un brujo maya.
La creencia popular dice que las monas son mujeres despechadas que
se transforman para ir en busca de los hombres que las abandonaron. Y
así, estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, se trepan a
los árboles y techos de las casas, brincando de un lugar a otro y
haciendo gran escándalo en los techos de lámina, tirando frutas y piedras
a la gente que se asoma o camina en las calles. Se cuenta que también
en algunos casos arañan a la gente con sus garras y se meten a las
casas donde roban comida de las alacenas o animales pequeños de los
corrales.

Muchas personas han tratado de agarrar y matar a la mona o al mico,


pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen tenerlo
acorralado se les esfuma como por encanto. En los pueblos donde se ha
visto al Mico Brujo, las ancianas aconsejan a los hombres que salgan de
noche con la ropa interior al revés para ahuyentarlo.
También contaban nuestros antepasados que estas mujeres podían
convertirse en cerdas muy grandes, negras y llenas de lodo. Al ver a un
hombre que despechó a una mujer, la “señalaban”, aligeraban su trote y
comenzaban a gruñir. Embestían furiosamente a la persona y le daban
trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla y hacerle perder el
conocimiento. Al día siguiente, la víctima amanecía magullada, mordida,
y con los bolsillos vacíos.

Origen de la leyenda:

Esta es una leyenda que se originó en tiempo de los mayas, hace más
de medio milenio, y que se mezcló con algunas creencias aportadas por
los españoles tras la conquista. Habla acerca de unas brujas que tienen
el poder de transformarse en seres muy similares a monos mediante un
ritual sagrado.

El poder de la transformación tiene su origen en la tradición de los


nahuales, una especie de chamanes de las culturas mesoamericanas
que tenían la capacidad de metamorfosearse en animales, algunas veces
con fines malvados. Mientras que las brujas fueron aportadas tras la
llegada de los conquistadores españoles, quienes trajeron historias de
brujas medievales desde Europa, creando el mito del “Mico Brujo”.

Específicamente, La Mona como leyenda tiene su origen en el pueblo


chorotega. Los chorotegas, de origen mesoamericano, conservaron
muchas de las costumbres, mitos y tradiciones de las culturas azteca y
maya, entre ellas, la creencia en los poderes de los nahuales.

Notas interesantes acerca del mico brujo:

1. Decían que lastimaba solamente a los hombres.


2. Para que dejaran de hacer relajo por la noche, tiraban en el techo
un puño de semillas de mostaza y ellos amanecían contándolas.
3. El Mico Brujo se conoce en toda Centroamérica. Es también
conocido como “La Mona”

Ver más: https://www.deguate.com/artman/publish/misterios-


leyendas/La_Leyenda_Del_Mico_Brujo_3458.shtml

Semana Santa o Semana Mayor


Esta se celebra cada año entre marzo y abril. Es un período de 7 días que comienza
el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Resurrección.

La Semana Santa está precedida por la Cuaresma que se refiere al tiempo de


preparación donde se recuerda los 40 días de Jesucristo en el desierto.

Los religiosos proponen que este tiempo sea utilizado para la oración y reflexión,
a fin de revisar sus acciones y los cambios que debe tener para acercarse más a
Dios y cumplir con sus mandamientos.
Procesión de Jesús Nazareno de La Merced – Antigua en Viernes Santo – foto por
Maynor Marino Mijango
Durante la Semana Santa, el católico cumple con diversos actos, como
procesiones, escenificación del drama de la muerte y pasión de Cristo, sobre calles
ornamentadas con alfombras, cargadores vestidos de cucuruchos y cortejos se
desplazan al ritmo de marchas fúnebres.

Procesiones famosas que atraen a devotos y turistas nacionales y extranjeros son:


En Antigua Guatemala, la del Señor Sepultado de San Felipe, el Viernes Santo; y
la del Cristo Yacente de la Escuela de Cristo, en La Antigua Guatemala, el Viernes
Santo.
En la Capital, la del Nazareno de la Iglesia de San José, el Domingo de Ramos; la
de La Reseña, del Templo de La Merced, el Martes Santo; y la del Cristo Yacente
o Cristo del Amor del Templo de Santo Domingo, el Viernes Santo.

Los penitentes se someten a actividades como símbolo de su auto sacrificio y, en


el día Viernes Santo, los fieles guardan ayuno y se abstienen de comer carne de
ganado vacuno y porcino.

El jueves, viernes y sábados Santos para los guatemaltecos son días de asueto con
pago de sueldo obligatorios para todos los trabajadores guatemaltecos, según el
Artículo 127 del Código de Trabajo.

Las Posadas
Son celebraciones populares con las que se rememora la andanza de San José con
la Virgen María próxima a dar a luz al niño Jesús. Fue iniciada por el Hermano
Pedro en Santiago de Guatemala, a imitación de lo que hacía fray José de Moreira
durante la víspera de Navidad, dentro del convento en las celdas del noviciado.

Cada año al iniciarse la noche del 24 de diciembre, el Hermano Pedro


acostumbraba sacar una procesión con las imágenes de la Virgen María y del
Patriarca San José, que iban vestidos en traje de peregrinos.

En ella participaban los niños de su escuela que, vestidos de pastores, llevaban


velas encendidas, farolillos, instrumentos musicales como pitos de caña y barro,
chinchines, tambores, conchas de tortuga, castañuelas y panderetas.

También iban cantando villancicos, coplas y sones de pascua. Al llegar al Hospital


de Nuestra Señora de Belem, otros pastorcitos salían a recibir a los que pedían
posada. El recorrido concluía en una sala, frente a un Nacimiento elaborado por el
Hermano Pedro, el cual estaba adornado con frutas. Entre ellas naranjas, limas,
manzanillas, melocotones, piñuelas, granadillas, toronjas, también hojas de pacaya
y figurillas de barro.
Al concluir la procesión, los participantes recibían una refacción, consistente en
algún tamalito o chuchito, pan dulce y ponche; después continuaban cantando
villancicos hasta media noche cuando se dirigían a la iglesia de San Francisco para
asistir a la Misa del Gallo, explica el historiador Horacio Cabezas.

Las Posadas en Guatemala.


Fotografía tomada del sitio web todopormiguate.com

Huelga de Dolores
Son actividades diversas que culminan con el desfile bufo que realizan los
estudiantes de la Universidad de San Carlos, el Viernes de Dolores de cada año.

Fue iniciado por estudiantes de la Facultad de Medicina, en marzo de 1898, durante


el Gobierno de Manuel Estrada Cabrera, para presionarlo a incrementar y mejorar
las escuelas públicas.

La primera manifestación satírica pública de los huelguistas contra personajes del


Gobierno aconteció el 1 de abril de 1898. Entre los principales elementos
simbólicos de la huelga figuran: el periódico No Nos Tientes, la insignia o
distintivo La Chabela, el canto La Chalana (1922), los boletines, la Velada
Estudiantil en el Cine Lux y el Desfile Bufo. La Chabela, nahual de los
huelgueros, fue creada en 1921 a iniciativa de Joaquín (la Chinche) Barnoya,
Epaminondas Quintana y Hernán Martínez Sobral, quien fue el que hizo su primer
dibujo, un esqueleto femenino bailando.

En 1903, el Gobierno de Estrada Cabrera impidió su realización y la policía


reprimió a los estudiantes de la Facultad de Derecho, cuando intentaban salir a las
calles; en tal ocasión murió Bernardo Lemus. En 1908, el Gobierno prohibió la
circulación del No Nos Tientes.

El Desfile Bufo volvió a establecerse a la caída de la dictadura de Estrada Cabrera.


En marzo de 1931, al mes y medio de instalado Jorge Ubico Castañeda en el poder,
los universitarios invitaron a colegas salvadoreños para participar en el desfile,
pero la policía cargó contra los huelgueros, les propinó una paliza, encarceló a un
buen número de ellos e impidió que se realizara manifestación alguna.

Algunos estudiantes tuvieron que marchar a otros países a concluir sus estudios.
El año siguiente, Ubico cambió el calendario académico y trasladó el período de
vacaciones a los meses de marzo y abril; ello, con el objeto de evitar la celebración
de la huelga, la cual pudo salir a la calle hasta en 1945, después de transcurridos
los 14 años que duró la dictadura ubiquista. El reinicio de su celebración fue un
logro de los estudiantes Francisco (Chico) Luna Ruiz, el Loco Alvarado, Jesús
Guerra Morales y Chichicúa López Urzúa.
El Palo Volador
Es una danza mesoamericana, que se realiza en demanda de lluvia y fertilidad de
los suelos. Antes de cortar el árbol, del cual proviene el eje o palo en torno al cual
giran los danzantes, se realizan ciertos rituales preparatorios, consistentes en
abstinencia sexual, ayuno y libaciones.

En la parte superior del palo se coloca una armazón giratoria, de cuyas esquinas
se desprenden cuatro cuerdas que sirven para atar, de los pies a los bailarines,
quienes se lanzan al vacío y van descendiendo, dando vueltas alrededor del palo,
engalanados con plumas y máscaras que representan aves, chalchigüis, monedas
y cascabeles con ayacastles sonoros como chinchines o maracas.
El jefe de la danza, llamado el mico, es el primero en subir al palo o mástil para
dirigir, desde arriba, el ritual, con toda suerte de monerías. Luego lo hacen los
bailarines, quienes, después de atarse la cuerda a la cintura, se dejan caer con los
brazos extendidos y las piernas enlazadas a la cuerda, en un descenso circular en
el que las vueltas se van ensanchando.

Abajo, la danza es acompañada con el tun o teponaxtli, flautas y caracoles. Esta


ceremonia se practica todavía en Chichicastenango, en Joyabaj y Cubulco, en
Guatemala, y en algunos lugares del sur de México. A la llegada de los
conquistadores españoles a Mesoamérica, los danzantes iba con trajes hechos con
plumas de aves, representando águilas, búhos, cuervos, guacamayas, quetzales,
calandrias, etc. Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán fue el primer cronista
colonial que se refirió a esta danza detalladamente, en la Recordación Florida. Con
posterioridad, Rafael Landívar la describió en la Rusticatio Mexicana.
Palo Volador, Cubulco, Baja Verapaz – foto por German Velasquez
La Carrera de Cintas
Según el cronista huehueteco Fermín Herrera, para los pobladores, el que haya un
muerto durante la carrera es presagio de que será buen año en la salud y habrá
abundancia, razón por la cual, de ocurrir, no sería una tragedia sino un motivo más
para celebrar.

Esta actividad conocida también como Juego de Gallos o Corrida de Cinta, se


desarrolla luego de una ceremonia en la cual la cofradía pide permiso a los santos
y a la Madre Tierra para poder correr, esto incluye la entrega de la sangre de un
gallo como ofrenda que en ocasiones se mezcla con la sangre de los jinetes al
caerse de los caballos.

Vestidos con el traje ceremonial que incluye sombrero con plumas de colores,
pañuelos coloridos y cintas rojas, uno a uno esperan su turno para ingresar a la
pista, la cual es controlada por miembros de una cofradía.

Los jinetes deben prepararse física y espiritualmente, pero además, con suficientes
recursos económicos, pues quienes se atreven a montar uno de los 300 caballos
que son llevados de las comunidades asentadas en los Cuchumatanes, deben pagar
ya sea por todo el día Q1 mil 800, por una hora Q400 o de Q25 a Q50 por una
vuelta, además de sufragar el pago de la marimba para la noche previa al evento.

Herrera refirió que de la calidad del caballo depende el precio que se debe pagar,
aunque hay algunos montadores que durante años pagan todo el día y eligen el
mismo animal, con el que llegan a desarrollar una amistad al unirse durante la
carrera.

Elvis López, contratista de animales, explicó que los caballos han sido cuidados
por dos meses antes de participar en esta actividad, pues durante la carrera sufren
desgaste físico que requiere preparación, porque la mayor dificultad es que los
jinetes montan ebrios.
La Carrera de Cintas, Todos Santos Cuchumatán – foto por Fernando Calmo

Barriletes Gigantes
Según la cosmogonía de los indígenas kaqchiqueles los barriletes representan un
lazo de comunicación entre los muertos (los santos) y los vivos.

Para los habitantes de Santiago, Sacatepéquez el primero de noviembre día de


todos los Santos, tiene poca relación con los santos de la iglesia católica y se enfoca
casi por completo en los muertos del inframundo, en sus antepasados.
Es un día de un ritual tradicional que inicia a la salida del sol del primero de
noviembre; en el cual las familias esparcen flores en las casa y se ponen ramilletes
en las ventanas, con el afán de guiar a las animas muertas el camino a su hogar y
con eso hacerles saber que siguen siendo bienvenidos y no se les ha olvidado.

La tradición oral cuenta, que ese día las almas de los antepasados son liberadas por
veinticuatro horas en donde los espíritus tienen la libertad de volver a sus hogares,
a sus seres cercanos, a lo que vivieron y a sus descendientes.

Los vivos deben de estar preparados y es por ello que adornan con flores, ya que,
si los espíritus no encuentran buena recibida por parte de sus familias, éstos pueden
causar daños a las cosechas, enfermedades o atentar contra los vivos.

Por ésta razón, es que los pobladores al darse cuenta que espíritus malignos
invadían el camposanto y las viviendas donde vivieron y convivieron, decidieron
en una manifestación abstracta elevar lienzos de papel, que al chocar con el viento
indicarían a los espíritus el camino al cielo y se alejaría la molestia.

Por lo que los lugareños dedicaron largo tiempo a elaborar los objetos que
derivaron en barriletes o cometas.

Actualmente, los barriletes actúan como mensajeros verdaderos ya que a muchos


de estos se les coloca un mensaje o telegrama que se prende a la cola de una pita,
que con cada jalón va subiendo al cielo.

Anualmente se lleva a cabo el “Festival de Santiago, de Barriletes Gigantes” dicha


festividad da inicio a las cuatro de la mañana, del día primero de noviembre, los
barriletes son llevados al camposanto y son terminados de armar; los barriletes
voladores son elevados durante todo el día y a las cuatro de la tarde los bajan, al
día siguiente a las cuatro de la mañana, regresan al camposanto con velas para que
los espíritus que han estado con ellos puedan regresar a sus hogares.
Cuando está terminando la festividad los niños destruyen los barriletes, lo cual es
una señal hacía los espíritus que la visita terrenal ha terminado y tienen que
regresar al cielo. Los barriletes que se han mantenido en tierra se elevan para que
así los espíritus de los ancianos, ayuden a quienes aún no encuentran la subida al
cielo. Al bajar los barriletes, son quemados en el cementerio, con la esperanza que
el humo guie a regresar al cielo a cualquier espíritu vagabundo.

Barriletes Gigantes – foto por Maynor Marino Mijangos.

Tradición ancestral
Dada la relevancia que tiene ésta hermosa tradición ancestral, que data de los años
de 1900-1910, el Ministro de Cultura y Deportes declara ésta festividad el 30 de
octubre de 1998, como Patrimonio Cultural de Guatemala. El 15 de diciembre de
2005 también recibe por parte del Presidente de la República Oscar Berger el
Galardón de la Orden Nacional del Patrimonio Cultural.

Durante 35 años consecutivos cada primero de noviembre en Santiago


Sacatepéquez se lleva a cabo el Festival de Barriletes Gigantes.

En el cual varios grupos de pobladores participan en un concurso de creatividad y


vuelo. La preparación para dicho festival inicia aproximadamente cuatro meses
antes del primero de noviembre, en donde generalmente se trabajan de cinco a seis
horas diarias para determinar el tamaño, diseñar los adornos, hacer los trazos y
ejecutar el diseño.

El tamaño de los barriletes varía desde los pequeños de un metro de diámetro hasta
los más grandes que sobrepasan los 16 metros de diámetro, todos son elaborados
con papel de china y su armazón es de caña de bambú o de tallos de castilla, la cual
es una planta similar al trigo; el pegamento que se usa es natural elaborado con
harina de yuca mezclada con trozos de cáscara de limón y agua. Los cables para
las pitas son de maguey. Las colas del barrilete son de tela tejida.

Cada año es dedicado a un tema distinto, bien puede ser un tema político, religioso
o cultural.

Durante la celebración del Festival se elevan al cielo los barriletes de menor


tamaño, siendo éstos los que participan en la categoría de elevación; mientras los
más grandes son exhibidos y se califica en éstos el diseño, el colorido y el tema.

El primero de noviembre es un día lleno de rituales que es acompañado por música


de marimba, comida típica y miles de guatemaltecos con deseo de preservar la
tradición del vuelo de barriletes.

Quema del Torito


Esta tradición celebra un tema relacionado con la ganadería y sus capataces. La
trama de la danza narra la historia del capataz de una hacienda que prohíbe a los
vaqueros lidiar con un toro, por lo que estos optan por emborrachar al jefe para
poder hacerlo.

La trama culmina con la muerte del capataz por el toro más bravo.

La Quema del Torito se originó cuando los españoles, después de la conquista,


introdujeron los juegos pirotécnicos para las celebraciones religiosas.

Esta tradición se puede apreciar en muchos lugares del país y es celebrada por
diferentes culturas guatemaltecas.

El Torito consiste en una armazón de alambre o madera cubierta con cohetes,


canchinflines y estrellitas.

Para la celebración, esta armazón es colocada sobre los hombros de un hombre,


luego se encienden los juegos pirotécnicos; y el Torito es transportado entre la
gente quienes lo torean y corren para evadir ser alcanzados.
La Quema del Torito – foto por Gabriel Castroconde

 1. Kak ik
Un platillo propio de la región q'eqchi', este caldo es uno de los favoritos por su
carne de "chunto" (chompipe), diferentes verduras, especies y chile, bastante
chile. Arroz para acompañar, "pochitos" (tamalitos de manteca) y cacao o pinol
para beber. Una delicia.

 2. Enchiladas
Tostadas con carne picada, queso, un toque de huevo, salsa, queso y remolacha
para ese color característico. Un reto comerla sin quebrar la tostada, pero con un
sabor maravilloso para el intento.

 3. Fiambre
Una mezcla de embutidos y verduras, caldillo de pollo, quesos y más que
requiere de semanas de preparación y mucho trabajo. Aún así, es un plato
tradicional de la celebración en el Día de Todos los Santos, una mezcla de
sabores excepcional.

El espacio escénico

Partes de un escenario
El espacio escénico

Se define espacio escénico como el lugar donde un actor representa un


personaje. No tiene que ser un lugar delimitado especialmente, sino que
se crea en cualquier parte donde un actor actúe para representar; puede
ser el centro de los espectadores, el patio de butacas, o una cuerda que se
balancea sobre los espectadores. Su localización depende del concepto
básico y general del espacio y de la relación que se establezca entre
actores y espectadores.

De esta definición se deduce tanto su función práctica como simbólica:

1. Espacio escénico significa el lugar donde un actor representa.


2. Significa también el lugar en el que el personaje se encuentra.

Las actividades y movimientos del actor en ese lugar significan las del
personaje en el lugar sugerido por la escena.

El espacio escénico tiene significado en relación a la sala de los


espectadores, pues su forma y condición determinada limita determinadas
formas de movimiento; existen escenarios circulares, elípticos, de suelo
plano, inclinado; también los materiales del suelo aportan significado y
limitan los movimientos, así como sus dimensiones. El escenario se
convierte en la posibilidad del actor de realizar determinados movimientos
que se interpretan como los propios del personaje.

El espacio escénico es un elemento imprescindible del código teatral, ya


que el actor como cuerpo tridimensional precisa siempre de un espacio.
Otras posibilidades adicionales del escenario, como los decorados, los
accesorios y la iluminación, son elementos potenciales, pero no
imprescindibles.

Decorado

Mientras el escenario significa el lugar donde el personaje se encuentra, el


decorado actúa con el significado del lugar donde permanece más o menos
tiempo.
Todos los signos teatrales están siempre implicados en un código teatral
complejo, dentro de una determinada cultura; por tanto, cualquier
elemento de la vida social puede ser llevado al teatro con sus significados
prácticos y simbólicos; no ocurre así con los significados del decorado,
pues por razones obvias no se puede llevar al teatro un jardín, un castillo o
un bosque real. El teatro, por esta razón, desarrolla un código específico
para el decorado. Existen muchas posibilidades: lienzos pintados, objetos
alusivos al lugar, remitirse a un lugar con sólo una parte de él, realizar
estilizaciones o incluso reproducciones fieles. Estos signos se interpretan
como el lugar donde el personaje permanece: casa, calle, taberna,
habitación, catedral, etc. Pueden referirse tanto a exteriores como
interiores, a espacios naturales o artificiales, e incluso a espacios ficticios
(como el cielo o el infierno).

Los signos del decorado se interpretan también en relación a la época en


que la representación se sitúa. Así mismo actúa como signo del país en el
que se desarrolla la obra. Caracteriza de forma más cercana al lugar
referido y en este sentido, época y país, tiene relación con el vestuario.

El decorado puede como signo de una situación o de una acción, en tanto


que determina el lugar como un sitio concreto en una época determinada.
Puesto que remite a una función práctica que puede realizarse en él, pasa
de ser signo de un lugar a signo de las funciones que pueden realizarse en
ese lugar, tanto prácticas como simbólicas. Por tanto, representa no sólo
el lugar sino también las acciones y situaciones que podrían darse en él.

Las funciones prácticas del decorado son válidas en tanto el actor tiene la
posibilidad de realizar acciones con ellas: abrir puertas, subir escaleras,
etc. Sin embargo, el actor no realiza esas acciones con un verdadero fin
práctico, sino para mostrar que el personaje que representa las realiza.
Así, el decorado varía su significado en relación al personaje.

Todo lo dicho es válido para decorados referidos a lugares determinados. Si


el decorado no representa un lugar ni lo sugiere, no se pueden identificar
los movimientos del actor en relación a funciones prácticas, sino siempre
en relación a funciones simbólicas. Con este procedimiento, el decorado
intensifica la función del espacio escénico. Es el caso de obras que se
representan sobre una cinta transportadora o en una estructura metálica,
por ejemplo.

En cualquier caso, el decorado puede definirse como el medio ambiente


del personaje y puede utilizarse también para caracterizarlo: situación
social, valores, ideas, etc., marcando en ocasiones las posibilidades de
interacción de personajes.

Según la cultura en que se produzca el hecho teatral, el decorado puede


también sugerir sentimientos y sensaciones, mediante las formas (abiertas,
cerradas, esféricas, macizas, etc.), las disposiciones arquitectónicas y el
color.

Mediante su significado simbólico puede actuar como signo de ideas: el


mundo concebido como una cárcel, la vida como laberinto o como campo
de batalla.

Su posición en un código teatral de una determinada cultura y la selección


de signos sólo pueden comprenderse e interpretarse por el contexto
completo de ese código teatral.

Accesorios

Pueden definirse como objetos en los que el actor ejecuta acciones,


objetos a los que se dirigen gestos intencionales del actor. Su función
significativa primaria es representar ese objeto y, como tal, realiza
funciones prácticas y simbólicas. En su función segunda puede referirse al
personaje que lo utiliza, interpretado por el actor, y ser un signo del
personaje. Como objeto permite al actor realizar actividades que se
refieren al personaje, acciones que se realizan a menudo en interacción
con otros actores–personajes; se trata entonces de un signo de relación.
Tiene poder caracterizador, o sea, puede ser signo respecto al sujeto que
lo utiliza. Esta función significativa tiene especial valor en la
caracterización de personajes alegóricos. Pueden realizar esa función
debido a que aportan un significado simbólico que está en la base de un
código cultural determinado. La formación de un significado simbólico
mediante un objeto o accesorio tiene lugar cuando hay un código
específico teatral o cultural que todos conocen y comparten.

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