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GERARDO MOLINA: BREVIARIO DE IDEAS POLITICAS > CAPÍTULO I EL

LIBERALISMO CLÁSICO. TOMADO DE:


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“El liberalismo y el Estado.

Una época como la personificada por Locke (puritano que vivió entre 1623 y 1704)
no podía esquivar el enorme tema del Estado. El se halla presente en las
lucubraciones del filósofo.

Abogó por la existencia de un gobierno limitado que garantice el orden y la paz Su


concepto del gobierno limitado se debe a que para él en el contrato social, que
hacen las personas con la sociedad, no se otorga todo el poder, sino aquella parte
que permite la convivencia. Para Locke el estado natural del hombre es la paz y
la libertad. Para Locke el estado natural del hombre es la paz y la libertad, gracias
a un sentimiento de solidaridad y el instinto de conservación. Sin embargo, el temor
a las arbitrariedades hace que los hombres se sientan más seguros viviendo en
sociedad, para lo cual determinan un contrato social de forma limitada. Se
establecen así leyes justas, que el ciudadano debe respetar. Estas leyes, también,
deben ser acatadas por el gobierno, que, además, debe respetar los derechos de
los ciudadanos. Si el gobierno viola sus compromisos puede ser destituido por la
sociedad. Para Locke los derechos fundamentales son: El derecho a la
propiedad, a la vida, a la libertad y a la posesión. Estos derechos deben
ser protegidos por el gobierno. Según Locke, el dinero permite la acumulación
ilimitada de propiedad; pero no la tierra, que es un bien limitado y debe ser
compartida y estar alcanzar a todos.

Cuando Locke hablaba de derechos naturales (la vida, la libertad y la propiedad),


tocaba los predios del poder político.

Ese siglo XVII, abatido de individualismo, de simpatía hacia el orden constitucional,


de fe en el hombre con éxito, requería tener todos los caminos expeditos: una
filosofía que implicara el mínimo de intervencionismo estatal. El rechazo de las
reglamentaciones excesivas de la época medioeval debía contar mucho en ese
modo de pensar.

Sólo la monarquía constitucional podía realizar el nuevo orden y aquellas obras


requeridas por una economía en expansión.
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El deber de comerciantes y de manufactureros consistía en mantener la alianza con


el poder público para que las fuerzas sobrevivientes del feudalismo entraran en
liquidación.

Era una alianza en la cual la burguesía dictaba las condiciones: los impuestos
serían votados por el Parlamento, la judicatura sería independiente del Ejecutivo, y
el ejército estaría bajo la dependencia del órgano legislativo.

Sería una monarquía limitada, la cual los mercaderes e industriales aceptaban, y por
eso oportuna e inoportunamente le recordaban al rey la lección explosiva de Locke:
hay derecho a la insurrección cuando quiera que el monarca viole las normas
preestablecidas.

La tesis del Estado abstencionista (mínimo de intervencionismo) no puede tomarse


como una verdad absoluta.

Era imposible que en un período como aquél, sacudido por vientos contrarios en lo
económico, en lo social, en lo moral, la autoridad política pudiera cruzarse de
brazos.

El capitalismo incipiente, como sucede hoy, le pedía simultáneamente al Estado que


se mantuviera a distancia del proceso de producción y de cambio e interviniera para
que la actividad del empresario pudiera realizarse.

Era el reino del pragmatismo (Movimiento filosófico de carácter empirista que


considera los efectos prácticos de una teoría como el único criterio válido para
juzgar su verdad)

La escuela económica mercantilista (prevaleciente en el siglo XVII), ilustra muy bien


lo que venimos diciendo.

El Comercio exterior constituía en esa época, la riqueza de las naciones, lo cual


llevaba directamente al intervencionismo del Estado.

Sin la acción del Estado, no es posible que la actividad mercantil opere con la
máxima seguridad y en el radio más dilatado posible.

La protección estatal (el intervencionismo) era de vida o muerte a fin de que como
decía la Escuela:
- siempre se exportara más de lo que se importara,
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- y para destruir las numerosas barreras al intercambio que quedaban como


residuos del medioevo.

Cómo se hacía dicho intervencionismo? Con los monopolios, la protección y las


reglamentaciones.

La riqueza de los pueblos se medía entonces por:

- La balanza comercial favorable


- y por las reservas de oro y plata con que se contara.

Es de interés vital saber qué se importa y en qué cantidad y esto no puede dejarse a
cargo de los particulares.

Como decía rudamente William Cecil, "nunca se roba más al reino de Inglaterra que
cuando entran en él mayor cantidad de mercancías de las que salen". El ilustre
Bacon, más mesurado, decía lo mismo cuando en 1616 explicaba que "se cuidaría
de que la exportación excediese en valor a la importación, pues entonces el saldo
debería entregarse necesariamente en moneda o en metal".

Las frecuentes guerras de ese tiempo le creaban al gobernante la necesidad


imperiosa de tener en las arcas de la tesorería una buena provisión de oro y
plata.

Bastarse a sí mismo es la aspiración a la cual todo lo sacrifica un país que tiene


siempre un pie en la guerra.

Una balanza comercial favorable se convierte de ese modo en el desiderátum. Si el


Estado debía intervenir, lo único que se le pedía era que no lo hiciera en forma
arbitraria.

Era un movimiento paralelo al del mundo científico, en el que muchos sabios


estudiaban apasionadamente el cosmos a fin de que en él no hubiera sorpresas ni
golpes del azar.

El comercio era en esa época el que mandaba y habría que esperar un siglo para
que la industria ocupara el primer lugar.

La forma suprema de "la riqueza de las naciones", exigiría por un tiempo la


intervención del Estado. Cómo??
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- mediante el establecimiento de tarifas,


- el embargo de importaciones,
- la prohibición de exportar obreros .especializados y herramientas,
- la producción en el país de las materias primas indispensables,
- la inspección de la calidad de los productos,
- la fijación de subsidios a quienes establezcan industrias nuevas.

Sólo más tarde, una vez consolidada la industria, vendría el auge del lesezferismo
(doctrina que pregonó una acción limitada y pequeña del Estado)

Aquel Estado, aun cuando era intervencionista, le daba muy poca importancia al
problema social.

La desigualdad entre propietarios y trabajadores, entre ricos y pobres, les parecía a


los pensadores y políticos de entonces algo dictado definitivamente por la
naturaleza.

Se trataba de que unos hombres son ahorradores y ascetas (de vida austera), por lo
cual tienen derecho a la prosperidad, y de que otros son holgazanes y
dilapidadores, lo que los condena de por vida a la pobreza.

Es muy poco por tanto lo que las autoridades pueden hacer en favor de los últimos,
ya que los compromisos de las autoridades son con los propietarios.

Estaba bien las autoridades expulsaran a los labradores de sus tierras para
cercarlas; a los desalojados, lo mismo que a los proletarios urbanos, les quedaba el
recurso de vender su fuerza de trabajo como mercancía.

El propio Locke, sostenía que.

“el mundo, por el hecho de ser mundo, estaba dividido fundamentalmente


en dos clases, la de los ricos, a los que debe impartirse una instrucción que
los habilite para manejar tanto sus asuntos como los del Estado; y la de los
pobres, cuyo deber es obedecer, y a quienes por tanto sólo cumple
impartirles algunas enseñanzas, como la de la religión a fin de que sean
dóciles, y uno que otro oficio manual como tejer e hilar”

Claro que en la época de Cromwell (siglo XVII) el problema social ya se sentía, por
la fiebre acumulativa de los empresarios urbanos y rurales, y de ahí que en el curso
de la revolución encabezada por Cromwell, en orden a obtener la libertad
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constitucional, se hicieran sentir los "Niveladores" y los comunistas agrarios, pero la


época no estaba madura para un cambio social de esas proporciones.

El destino de los obreros, de los campesinos y de los aprendices, era el mismo de


toda revolución burguesa, como la de 1789 en Francia:

- AYUDAR A LA DERROTA DE LAS CLASES REACCIONARIAS Y A


IMPLANTAR LA HEGEMONÍA (supremacía) DE LAS CLASES MEDIAS.

Una filosofía que combinaba el respeto a la riqueza con el respeto a Dios, se


expresaba así en la pluma de un escritor de esos días:

"Si el hombre es afable y religioso, esto es, grande y rico, hará una armonía más
dulce y melodiosa en los oídos de Dios que si fuera pobre y de baja condición".”