Вы находитесь на странице: 1из 25

Poligamia y poliandria: El secreto de los mormones de Nauvoo

y de Utah…
Dr. Félix E. F. Larocca

Calouste Gulbenkian (1896-1972) --- billonario petrolero a los 21 años de


edad --- autodidacta y filántropo, creía que para mantenerse joven a su
tierna edad de 80 años, tenía que mantener, por lo menos, una amante de
dieciocho años. (Véase: The Prize por D. Yergin).

Gulbenkian no estaba muy solo en sus creencias.

El hombre moderno iguala su virilidad, su valor y su sabiduría con el número


de mujeres que puede obtener. La infidelidad la masculina (por supuesto)
para muchos es un instinto y aun virtud --- si se vive en la República
Dominicana o, si se vivía en el Pleistoceno, donde fuera requerimiento cuasi
ineluctable.

Quizás en los cinco millones de años que nos separan de nuestros


precursores afarensis, era posible que se concibiera a las mujeres como
seres de complexión y constitución inferior cuya dependencia en el hombre
era extrema y que aceptaría que, para proteger a sus descendientes, fuera
mejor admitir que el hombre la cargara con la compañía de otras concubinas
para asegurar el soporte del mismo. Ahora bien, con la evidencia creciente
de que la mujer moderna compite a la par con el hombre en todo, desde la
corrida de maratones hasta los negocios más complicados. Esto hace que la
posibilidad de que la poliandria también sea una opción para ellas --- en un
mundo más balanceado que aproxima la igualdad de los sexos en todos sus
aspectos.

Ocurre en otras localidades

i
En el Tíbet y en algunas tribus esquimales, varones comparten entre ellos la
misma mujer, debido a la escasez de tierra, de hembras y de recursos.

En otras palabras, la ecología en esos casos determina y controla el


comportamiento sexual de las sociedades --- como todo lo demás controla.

Pero, no ignoremos la semántica. En lo antedicho, expresamos que


“hombres comparten” la misma mujer. No que la mujer acapara muchos
hombres. Existe una diferencia que minimiza el poder de la mujer,
manteniéndola en la condición de “ser compartida” --- como un objeto de
placer.

A. afarensis

La religión y la región

En nuestra cultura opulenta de los trópicos donde la proliferación de la flora


y la fauna es ilimitada, ya que no existen las estaciones friolentas donde la
reproducción cesa, aun algunas de las pacientes que sufren de la anorexia
severa, mantienen sus períodos, saliendo embarazadas exitosamente a
pesos ante-pubescentes. (Véanse mis ponencias al respecto y Female
Fertility and the Body Fat Connection por R. Frisch).

Aquí es común que el hombre humilde abandone a varias mujeres después


de haber completado su fecundación, o si es exitoso, que mantenga una
caterva de amantes instaladas en la mejor de las condiciones, como prueba
de su hombría y de su éxito económico/político/social.

Pero existen varias religiones en el mundo cuyos dogmas están basados en


la poligamia --- ya que ninguna promulga la poliandria.

ii
El libro de los mormones: las 33 mujeres secretas de Joseph Smith

El asunto de la poligamia de Joseph Smith, fundador del mormonismo


(conocido oficialmente como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días y hoy, inspiración de la serie Big Love) tiende a polarizar a los
que se enfrentan con él. Y en verdad, es difícil quedar indiferente cuando se
examinan los hechos. Un estudio histórico revela lo siguiente:

 Joseph Smith tomó por lo menos treinta mujeres como esposas


 Tuvo relaciones físicas y amorosas con todas ellas, bajo el pretexto de
que Dios exigía ese comportamiento de él
 Hizo todo lo posible para ocultarlo todo a su primera esposa Emma, a
quien, obviamente temía, porque ella sabía que su marido era un
charlatán misógino y estúpido

El libro de Todd Compton, titulado, In Sacred Loneliness: The Plural Wives


of Joseph Smith [En Soledad Sagrada: Las Esposas Plurales de Joseph
Smith], es un estudio que carece del sensacionalismo que tanto caracteriza
muchas obras acerca de este tópico. El propósito de la obra es el de iluminar
con la verdad y la razón este soez segmento de la historia mormona.

Para poder entender la poligamia de Joseph Smith, hay que ponerlo dentro
de su contexto histórico. Esto lo hace Compton, un mormón dedicado, quien
afirma que Joseph Smith fue profeta verdadero. Él trata con respeto el gran
tesoro de fuentes históricas que utiliza resultando en una obra bien
documentada. Como consecuencia no deja excusa para los quienes intentan
defender o acusar a Smith a base de evidencia incompleta.

Poniendo a la poligamia en su contexto

El libro, En Soledad Sagrada, ubica la poligamia mormona en su lugar


debido, y donde mejor se entiende —-- dentro del contexto de las vidas de
los hombres y mujeres que la vivieron en el siglo XIX. Para lograr esto,
Compton provee un atisbo a la práctica de la poligamia del punto de vista de
cada una de las mujeres que llegaron a ser esposas de Joseph Smith.
También incluye las reacciones de las familiares de estas mujeres.
Dedicando un capítulo entero a cada mujer, y empezando el relato antes de
su nacimiento, incluyendo en la narrativa su niñez, sus familiares, y las
reacciones de la mujer y su familia cuando Joseph le convide ser su esposa
y vivir "el principio" —-- un término para la poligamia usado por los
mormones fieles.

iii
Dado que una mayoría de los mormones y sus vecinos no-mormones
consideraban a la poligamia algo inmoral, el hecho de que Joseph Smith lo
practicaba en secreto produjo unas reacciones muy fuertes. Por ejemplo, el
autor provee la siguiente respuesta de Benjamin Johnson cuando Smith le
pidió la mano de su hermana, Almera. Smith dijo que Dios le estaba
mandando que tomara aun más esposas.

Benjamin expresó su reacción:

“Sus palabras me asombraron, y por poco me quitan el aliento — me senté


por un rato y quedé estupefacto, y casi listo de reventarme de emoción… En
casi una agonía de sentimiento… le miré directamente a la cara, y dije:
‘Hermano Joseph, esto es algo que nunca anticipé y que no comprendo, ¿tú
sabes si esto es correcto? Yo no. Yo quiero hacer tal como me dices, y bien
trataré. Pero, si en cualquier tiempo llego a saber que has hecho esto para
deshonrar y seducir a mi hermana, te mataré tan seguro como vive el
Señor’".

iv
Emma Smith

El poder de la sugestión. Nunca Benjamín “pensó” que Joseph fuera


engañoso, porque para él mismo, la poligamia era atractiva.

Convencidos de que Joseph era profeta, Benjamin y Almera consintieron al


matrimonio, y en abril del 1843 Almera se hizo esposa número 21 de Joseph
Smith. Joseph tenía 38 años y Almera los 30 en ese entonces. Benjamin
provee detalles de la ceremonia que muy pocas veces fueron inscritas,
cuando escribe, que después de la ceremonia, "el profeta me pidió que
llevara mi hermana a que ocupara el Cuarto no. 10 en la Casa Mansión de
Joseph durante su tiempo en la ciudad". Más tarde en su narrativa Benjamin
escribió, que tres semanas después de que él [Benjamin] y Almera
regresaron a casa, "El profeta otra vez vino y estando en mi casa, ocupó el
mismo dormitorio y la misma cama con mi hermana, que él había ocupado
un mes anterior con la hija del ya difunto Obispo Partridge como esposa".
No se sabe si esto refiere a Emily Dow Partridge quien tenía 19 años, o a su
hermana Eliza Marie Partridge de 22 años, pues Joseph había tomado a
ambas como esposas plurales los días 4 y 8 de marzo, respectivamente.
Inicialmente, ninguna de las dos sabía que Joseph se había casado con su
hermana, pues todo esto lo hacía Joseph Smith secretamente.

La obra de Compton demuestra imparcialidad, precisión y sobre todo


balance. No se desvía por los aspectos sensacionales de la poligamia de
Joseph --— como, por ejemplo, el hecho de que once de sus esposas tenían
menos de 20 años. Pero Compton también rehúsa ignorar u ocultar los
hechos, tan inquietantes como sean. Sus observaciones e interpretaciones
del material asumen que Joseph Smith era verdaderamente profeta, pero no
procura soslayar el material histórico que pone en duda el carácter de

v
Smith. En su comentario, el autor provee entendimiento y perspectiva que
ayuda a que sus lectores lleguen a sus propias conclusiones.

Compton emplea citas extensas tomadas de cartas, revistas, diarios,


recuerdos familiares, y documentos legales, para cumplir con su meta de
hacer vivir a cada mujer, "dando al lector una muestra de la manera en que
ella hablaba, pensaba, sentía y creía, evocando humor y la humanidad de
cada uno, algo que muchas veces es ignorado cuando se trata de una
persona controversial o sobre-idealizada". Estas fuentes de información
permiten que el lector siga la vida de cada mujer hasta el punto de y al
pasar por medio del trauma del asesinato de Smith, y también los cambios
en su vida por ser viuda, y la difícil migración al valle de Salt Lake que
muchas hicieron.

Para la mayoría de estas mujeres, la poligamia sería un constante modo de


vivir, ya que muchas de ellas se hicieron esposas plurales de otros líderes
mormones como Brigham Young y Heber C. Kimball.

La historia rodeada por lo secreto

Mientras Compton nos lleva tras las vidas de cada mujer, su tesis emerge
con notable claridad. Por un lado, estas mujeres reverenciaron la poligamia
como una obligación sagrada, pero por otro lado lucharon con el desanimo y
la soledad que tanto resultaba. El autor admite que difícil es su tarea de
presentar un retrato completo y correcto, diciendo, "Como la poligamia
inicial fue secreta y no oficialmente documentada, hay muchas
inseguridades en aun una descripción conservadora y cuidadosamente
documentada de la familia extendida de Smith". El caso del matrimonio de
Joseph con Sarah Ann Whitley que tenía apenas 17 años, es buen ejemplo
del secreto en extremo que rodeaba la poligamia de Joseph. Pero también
muestra la maestría de Compton en usar el record histórico para reconstruir
los eventos en cuestión.

vi
Bringham Young con sus 21 esposas…

En la primavera del 1842 Joseph Smith fue en privado a su buen amigo


Newell K. Whitney, un hombre quien Smith había puesto como Obispo
Presidente. A este hombre y su esposa, Smith presentó su doctrina de
matrimonio plural. Después de esto, Smith, ya de 36 años, les explicó que
Dios le había mandado a que casase con su hija mayor, Sarah, la cual tenía
17 años. Joseph produjo una revelación que prometía salvación eterna para
Newell y su esposa si obedecen este nuevo mandamiento. La revelación
decía:

“De cierto, así dice el Señor a mi siervo N. K. Whitney, la cosa que mi siervo
Joseph les ha hecho saber a ti y a tu familia, y del que se han puesto de
acuerdo está correcto en mis ojos y os será galardonados sobre vuestras
cabezas con honor, inmortalidad y vida eterna para toda su casa”.

La revelación continuó con las palabras para la ceremonia, incluyendo la


siguiente proclamación, "Ahora pues, doy a ti, Sarah A. Whitney, mi hija, a
Joseph Smith, para ser su esposa, para observar todos los derechos entre
ambos que pertenecen a esa condición".

Compton comenta:

Esto fue un matrimonio para el tiempo y la eternidad. Las referencias a un


"posterioridad" y los "derechos" de matrimonio sugieren que el matrimonio

vii
tendría una dimensión física, consistente con la evidencia para los otros
matrimonios de Joseph.

Curiosamente, aunque el padre de Sarah había autorizado su matrimonio


con el profeta, Joseph percibió que Horacio (el hermano mayor de Sarah)
estaría opuesto a ello, así que [Joseph] lo mandó al Este para cumplir una
misión: ‘Pero Joseph temió revelar (su matrimonio a Sarah Ann), creyendo
que los hermanos Higbee dispondrían a Horacio en contra suya, pues ya
habían causado problemas serios, y por esta razón él [Joseph] favorecía la
idea de que fuera lejos’. Esta es una referencia importante, ya que
demuestra que Smith podría usar los llamamientos a una misión para los
varones de la familia para así quitar la posibilidad de oposición a sus
matrimonios plurales.

Cerca de un mes más tarde, Smith escribió una carta a los Whitneys
pidiendo que les viniera a visitar en secreto y traer a su hija, pero también
precaucionó: “la única cosa en que hay que tener cuidado es el de saber
cuando viene Emma (la primera esposa de Smith) pues entonces no puedes
estar seguro, pero cuando no esté ella, entonces hay perfecta seguridad…

“Solamente cuídense de escapar observación, tanto sea posible, yo sé que


es un esfuerzo heroico; pero tanto la mayor amistad, y la mayor alegría,
cuando os veo, les diré todas mis planes, pero no puedo escribirlas en papel,
por lo tanto quemen esta carta tan pronto la lean; mantengan a todo
encerrado dentro de sus pechos, en ello mi vida depende. … Concluyo a mi
carta, pienso que Emma (su esposa) no vendrá esta noche si no llega, no
fallen en venir esta noche, les os subscribo su obediente, cariñoso
compañero y amigo, Joseph Smith”.

Joseph Smith

Observa Compton, "La atmósfera clandestina de esta carta es típica de la


poligamia de Nauvoo" (Nauvoo, Illinois, próxima a Saint Louis era la ciudad
donde, en el comienzo, vivían Joseph Smith y sus seguidores).

Unos nueve meses después Joseph arregló una boda fingida, en el cual él
ofició para casar a Sarah Ann y Joseph Kingsbury para ocultar su propia
relación polígama con ella.

viii
Compton escribe:

Historiadores de poligamia bien recordarán a Sarah Ann Whitney Smith,


Kingbury Kimball como un participante en la única bien documentada boda
"fingida" que orquestó Joseph Smith para ocultar su propio matrimonio
polígamo --— un interesante ejemplo de lo extremo a que iría Smith para
preservar lo clandestino del matrimonio plural. Su sellamiento [el de Sarah]
a Smith tiene significado también en que demuestra un matrimonio
dinástico clásico entre Smith y una familia importante de la iglesia, un
matrimonio que aseguraba para los Whitneys bendiciones eternas y una
conexión importante al profeta mormón en esta vida.

Templo en Nauvoo

Templo en Salt Lake City

Motivos mixtos

ix
Si hay algún aspecto del trabajo de Compton que no cumple, sería la
facilidad con que atribuye principalmente una motivación social a los
matrimonios plurales de Smith y la manera en que evita el asunto de
inmoralidad sexual. En los casos de Sarah Ann Whitney (17 años) y Helen
Mar Kimball (14 años), donde Smith buscó las hijas de los primeros líderes
de la iglesia mormona, Compton rápidamente identifica un interés dinástico
por parte de Joseph. En otras palabras, Joseph procura establecer una
relación profunda y perdurable con los parientes y unirlos a sí mismo.
Casarse con su hija joven, es el medio de conseguir ese fin. Mientras
Compton presenta algo de la evidencia que los padres entendieron este
aspecto dinástico y hasta apreciaron una relación más personal con el
profeta como resultado, existe poca prueba que sugiere que los padres
entendieron esto como el fin de Joseph en vez de un resultado natural del
matrimonio entre Joseph y su hija. Además, hay otra prueba que indica en
contra de una motivación dinástica, pues Compton afirma que “no hay
evidencia en otro lugar que Smith se casó solamente por eternidad, sin
incluir el tiempo presente”. En su favor, Compton no elimina como motivo
de Joseph Smith el deseo sexual. Después de revisar los datos respeto a las
edades de sus esposas plurales de Smith, Compton reconoce que:

“Estos datos sugieren que una atracción sexual formó parte importante de
la motivación para la poligamia de Smith. De hecho, el mandato de
multiplicar y llenar la tierra fue parte de la teología de la poligamia, así que
un matrimonio no-sexual por lo general no fue parte del programa
poligamita tal como lo enseñara Smith”.

Todo esto revela una imagen de Joseph Smith, muy distinta a la que es
presentada a los adeptos de la iglesia mormona. Y en algunas partes hasta
se ha comenzado, convenientemente, a negar que Joseph Smith practicó la
poligamia. Esto ocurre especialmente en países donde no se habla el inglés
y donde no se tiene acceso a la documentación histórica. Pero la evidencia
es abundante y es clara — Joseph Smith utilizó su posición e influencia como
profeta para casarse clandestinamente con mujeres jóvenes y disfrutar de
relaciones sexuales con ellas, haciendo todo lo posible para ocultarlo de su
primera esposa. ¿Acción de un verdadero profeta de Dios?

Ahora avanzamos a otra religión polígama

La poligamia en el Derecho islámico

El propósito de esta lección ha sido llegar a conocer con mayor profundidad el ejercicio de la
poligamia en el Derecho islámico. Consta de una primera parte en la que se revisa de manera
muy general el hecho del matrimonio islámico para luego adentrarnos, primero desde una
posición histórica, en las posibles causas de la aparición de la poligamia.

Acto seguido, se pasa a dar una visión, siempre desde la perspectiva del islamista, so-
ciológica del porqué y posibles beneficios de su legislación. Finalmente, desarrollo la figura
de la poligamia desde su perspectiva más jurídica, que es como está recogida en el Corán.

x
El matrimonio Islámico

No se puede concebir la vida social sin regular de algún modo la conducta humana y, dentro
de ella, el comportamiento sexual. Bajo la urgencia del impulso sexual el ser humano puede
comportarse de modo que amenace las relaciones de cooperación sobre las que resta la vida
social. Así pues, el sexo es crucial para la pervivencia social y para el desarrollo individual,
ya que encierra profundas gratificaciones psicológicas. Por esta razón el Islam pone un gran
énfasis en el matrimonio, fuera del cual no se autorizan las relaciones sexuales, por el
amplio número de fines que persigue:

• Gratificación sexual y emocional.


• Procreación legítima.
• Situación social.
• Abordaje de alianzas intrafamiliares.
• Solidaridad de grupo.
• Cumplimiento de un acto religioso.

Sin embargo, el matrimonio no es un sacramento, puesto que la idea de sacramento surge


donde hay un cuerpo eclesiástico establecido y se concibe el matrimonio como una especie
de sentencia moral. Además, la distinción entre lo que es sagrado y lo que no lo es nunca se
ha explicitado en el Islam, antes al contrario, toda acción o transacción tienen implicaciones
religiosas. (Véase mi ponencia: La Ley Natural… en monografías.com).

El matrimonio posee una naturaleza contractual, requiere el mutuo consentimiento, está


abierto a condiciones adicionales que se pueden negociar, puede disolverse y sus términos
pueden alterarse dentro de los límites legales. Es una institución divina que tiene elementos

xi
del Din arábigo y del contrato civil.

Condiciones del matrimonio

La normativa para establecer un matrimonio carece de complicaciones, como se puede


comprobar en la siguiente enumeración de requisitos:

• Una propuesta y una aceptación claras y explícitas, oralmente si la pareja está


presente o por escrito.
• Un firme compromiso ante Allah, ante uno mismo y entre sí.
• La entrega de una dote por parte del marido.
• La presencia de dos testigos, como símbolos de la sociedad.

De hecho la publicidad diferencia las uniones legítimas de las ilegítimas. Por esta razón se
anima a celebrar las bodas y se favorecen las fiestas en tales ocasiones.

Los derechos de la mujer

Puesto que el Corán y la Sunna del Profeta ordenan bondad hacia la mujer, es
responsabilidad del marido convivir con su mujer de forma bondadosa y justa. Una
consecuencia específica de este mandato divino es que el marido es responsable del
mantenimiento de la mujer, una tarea que ha de cumplir gozosamente, sin reproches o malos
temperamentos.

Una de las más viejas costumbres es el reconocimiento del derecho a dote a la mujer por
parte del hombre con motivo del matrimonio. El derecho de la esposa a la manutención
queda establecido por la autoridad del Corán, la Sunna, el acuerdo unánime de los juristas y
la razón y el sentido común. A este respecto es indiferente que la mujer sea musulmana o
no, rica o pobre y, joven o mayor, sana o enferma. Adquiere este derecho por estar
entregada a la compañía del marido y permanecer apegada a su hogar, o por la simple razón
de ser esposa. Sin embargo, la manutención no es una pura ecuación matemática o una
transacción comercial calculada. La esencia del matrimonio es compasión y el marido ha de
cumplir con sus obligaciones financieras de forma generosa y desprendida. Además de los
derechos materiales, la mujer tiene el derecho de ser tratada con equidad, a que se respeten
sus sentimientos y se le trate con bondad y consideración. Como una extensión de esto se
infiere que el marido no debe retener a la mujer con la intención de hacerle daño o limitar su
libertad. Si no tiene amor o simpatía por ella o ella quiere emprender un nuevo camino, no
debe interponerse.

Desde el sexo y el afecto, con sus manifestaciones, que es lo más íntimo de las relaciones
hasta la economía, que es lo más externo y determina la ubicación social, el grado de
bienestar y el estilo de vida, pasando por la comprensión y la aceptación, ambos, marido y
mujer, tienen roles que han de desempeñar con reciprocidad. El equilibrio entre estos
factores —sexo, comunicación, proyección social— se baraja como criterio de idoneidad de la
pareja, a la que se le exigen o de la que se esperan determinadas respuestas en estos

xii
campos.

Los derechos del marido

La principal obligación de la esposa es contribuir al éxito y bendición del matrimonio en la


medida de lo posible. Estar atenta al bienestar del marido, no ofenderle ni herir sus
sentimientos. De aquí derivan el resto de las obligaciones: obedecer, lo que Allah manda que
obedezca, no permitir a ningún otro hombre el acceso a la intimidad sexual ni estar a solas
en compañía de otros sin el permiso del marido, para evitar celos, habladurías y sospechas.

La cuestión de la obediencia al marido es, con toda probabilidad, la que más debates suele
originar. Queda establecido que la mujer no ha de obedecer al marido, sino que debe
obedecer lo que Allah manda, es decir ha de obedecer lo lícito: que no reciba visitas y/o
regalos de otros hombres, que no abandone la casa si el marido no lo juzga conveniente y
que le siga si decide cambiar de domicilio.

La base textual de la obediencia en el Islam son dos versículos del Corán (4:34) y (2:228).

En éstos se afirma que los hombres están un grado por encima de las mujeres y son sus
guardianes y protectores. La interpretación de varios ulemas y exegetas del Corán nos dicen
que este grado superior se refiere a la mayor responsabilidad del hombre, y esto se
interpreta así por la frase coránica “por lo que gastáis en ellas”, meramente comercial. Por
otra parte se dice que Dios ha destacado a unos sobre otros y de aquí se ha llegado a veces a
la idea de que "todos" los hombres están sobre "todas" las mujeres, probablemente como
reflejo de las condiciones sociales del momento y de las disposiciones mentales dominantes.
En realidad del versículo sólo puede extraerse que en efecto, los hombres son guardianes y
protectores de las mujeres, y tienen un grado mayor de responsabilidad en cuanto al
sustento de la familia.

Por supuesto, las leyes del Corán fueron redactadas por hombres --- y débiles…

El hecho de que, dentro de la familia, el hombre detente el poder instrumental y financiero


no significa que sea superior en todos los ámbitos. Los hombres desempeñan mejor ciertas
tareas y las mujeres otras, es la cualidad de nuestra especie. La autoridad del marido no es
despótica, está limitada por los principios éticos del Corán y se basa en la equidad, en la
compasión, la responsabilidad y la conciencia, que son los principios que subyacen a la
relación entre los esposos en el esquema islámico.

Poligamia

Perspectiva Sociológica

En la mayoría de las sociedades humanas, hay un número mayor de mujeres que de varones.

En Estados Unidos hay, por lo menos, ocho millones más de mujeres que de hombres. En un
país como Guinea hay 122 hembras por cada 100 varones. En Tanzania, hay 95.1 varones por
100 hembras. ¿Qué debe hacer una sociedad ante una proporción tan desequilibrada entre
los sexos? Hay varias soluciones: algunos sugieren el celibato, otros preferirían el

xiii
infanticidio de las hembras; lo cual todavía sucede en algunas sociedades de nuestro tiempo,
como China. Otros pueden pensar que la única salida es que la sociedad tolere todas las
modalidades de diferencia sexual: la prostitución, el sexo fuera del matrimonio, la
homosexualidad, la bisexualidad, y otras. Para algunos grupos, como la mayoría de las
sociedades africanas de hoy, la solución más honorable es permitir el matrimonio polígamo
como institución cultural y socialmente aceptada.

Un punto que a menudo suele malinterpretarse en Occidente es el hecho de que las mujeres
de otras culturas no necesariamente ven la poligamia como un signo de degradación. Por
ejemplo, muchas novias africanas jóvenes, cristianas, musulmanas o de otra creencia,
preferirían casarse con un hombre casado que haya demostrado ser un marido responsable
--- de ahí vienen las queridas. Muchas esposas africanas instan a sus maridos a que consigan
una segunda esposa para no sentirse solas. Un estudio de más de seis mil mujeres, de
edades comprendidas entre los 15 a los 59 años, realizado en la segunda ciudad más grande
de Nigeria, mostró que el 60 por ciento de estas mujeres estarían contentas si sus maridos
tomaran a otra esposa. Sólo el 23 por ciento expresó enojo ante la idea de compartir a su
marido con otra esposa. El setenta y seis por ciento de las mujeres –-- en un estudio
realizado en Kenia --– considera positivamente la poligamia. En un estudio emprendido en la
Kenia rural, 25 de cada 27 mujeres consideraron que la poligamia es mejor que la
monogamia. Estas mujeres sienten que la poligamia puede ser una experiencia feliz y
beneficiosa si las esposas cooperan entre sí.

El problema del desequilibrio en la proporción de los sexos se torna verdaderamente


problemático en tiempos de guerra. Las tribus de los aborígenes americanos sufrían graves
desproporciones entre los sexos a causa de las bajas que se producían tras las batallas. Las
mujeres de estas tribus, que de hecho disfrutaban de un estatus bastante alto, aceptaron la
poligamia como la mejor protección frente a la alternativa de ser excesivamente tolerantes
en materia sexual. Los colonos europeos, sin ofrecer a cambio ninguna alternativa,
condenaron esta poligamia del indio como 'salvaje' --- aunque ellos seducían en serie
cuantas mujeres pudieran.

Después de la segunda guerra mundial había en Alemania 7, 300,000 más mujeres que
hombres (3.3 millones de ellas eran viudas). Había 100 hombres de entre 20 a 30 años por
cada 167 mujeres de esa misma edad. Muchas de estas mujeres necesitaban un hombre no
sólo como compañero sino como proveedor de bienes para la casa en un tiempo de miserias

xiv
y penalidades inconcebibles. Los soldados de los Ejércitos Aliados victoriosos se
aprovecharon de la vulnerabilidad de estas mujeres. Muchas muchachas jóvenes y viudas
mantuvieron relaciones con miembros de las fuerzas de ocupación. Muchos soldados
americanos y británicos pagaban sus placeres mediante cigarrillos, chocolate, y pan. El
mundo de hoy posee más armas de destrucción masiva que nunca y las Iglesias europeas
podrían, más tarde o más temprano, verse obligadas a aceptar la poligamia como la única
solución. (Véase el estudio más autoritativo en este asunto: The Sexual History of the World
War por M. Hirschfeld).

Malthus no estaba del todo equivocado. Véanse mis artículos al respecto.

En nuestros días, la poligamia sigue siendo una solución viable para alguno de los males
sociales de las sociedades modernas. Las obligaciones comunitarias que el Corán menciona
en relación con la licitud de la poligamia son en la actualidad más factibles en algunas
sociedades Occidentales que en África. Por ejemplo, en los Estados Unidos de hoy, hay una
severa crisis de este tipo en la comunidad negra. Uno de cada veinte varones negros jóvenes
puede morir antes de alcanzar los 21 años. Para los que están entre los 20 y los 35 años de
edad, el homicidio es la principal causa de muerte. Además de que muchos varones negros
están en paro, en la cárcel, o sumidos en la drogadicción. Como resultado, una de cada
cuatro mujeres negras de 40 años nunca se ha casado, en comparación a una de cada diez
entre las mujeres blancas. Es más, muchas negras jóvenes son madres abandonadas antes
de los 20 años y se encuentran necesitadas de provisión.

La consecuencia final de estas trágicas circunstancias es que un número creciente de


mujeres negras está comprometida con lo que se denomina un 'hombre compartido'. Es
decir, muchas mantienen relaciones con hombres casados. Las esposas ignoran
frecuentemente el hecho de que están 'compartiendo a sus maridos' con otras mujeres.
Algunos analistas de lo que se denomina 'la crisis del hombre-compartido' recomiendan
enérgicamente a la comunidad afro americana una poligamia de consenso como solución
temporal a la escasez de varones negros hasta que se emprendan las necesarias reformas en
la sociedad americana a más largo plazo.

xv
Belleza africana

Aquí esta condición, existe de facto…

Por poligamia de consenso ellos entienden una poligamia que sea asumida por la comunidad
y en la que todas las partes involucradas estén de acuerdo, en lugar del secreto que
normalmente envuelve al sistema de hombre-compartido que resulta perjudicial tanto para
la esposa como para la comunidad en general. El problema del hombre-compartido en la
comunidad afro americana fue el tema de una mesa redonda que tuvo lugar en la Temple
University de Filadelfia el 27 de enero de 2005. Algunos de los participantes recomendaron
la poligamia como remedio potencial para la crisis. También sugirieron que la poligamia no
debería estar prohibida por ley, particularmente en una sociedad que tolera la prostitución y
las amantes, como sucede en nuestro país.

Philip Kilbride, antropólogo americano de formación católica romana, en su provocativo libro,


El matrimonio polígamo en nuestro tiempo, propone la poligamia como gran solución a
algunos de los males de la sociedad americana. Defiende que el matrimonio polígamo puede
ser en muchos casos una alternativa potencial al divorcio, evitándose así el impacto
perjudicial que ejerce el divorcio sobre muchos niños. Mantiene que, en la sociedad
americana, muchos de los divorcios son consecuencia del desenfreno en las relaciones extra-
conyugales. Según Kilbride, resolver un asunto extra-conyugal mediante un matrimonio
polígamo en lugar de con un divorcio, es mejor para los hijos, “Los hijos recibirían mejor un
aumento de la familia que la opción que sólo les ofrece separación y disolución”. Es más,
sugiere que otros grupos también se beneficiarían de matrimonio polígamo: las mujeres
maduras que sufren una escasez crónica de hombres y las afro-americanas que están
viviendo la fórmula del 'hombre-compartido'.

En 1987, una encuesta dirigida por el periódico estudiantil de la Universidad de Berkeley, en


California, preguntaba a los estudiantes si ellos estaban de acuerdo con que la ley debía
permitir a los hombres tener más de una esposa como solución a la evidente escasez de
hombres solteros en California. Casi todos los estudiantes estuvieron de acuerdo con la

xvi
propuesta. Una estudiante incluso declaró que un matrimonio polígamo podría satisfacer sus
necesidades emocionales y físicas, al mismo tiempo que le daría más libertad que una unión
monógama. De hecho, este mismo argumento también es usado por las escasas mujeres
mormonas fundamentalistas residuales que todavía practican la poligamia en los Estados
Unidos. Ellas creen que la poligamia es la forma ideal para que una mujer tenga una
profesión e hijos, ya que las esposas se ayudan entre sí para cuidar de los hijos.

Hemos de añadir que la poligamia en el Islam es un hecho de mutuo consentimiento. Nadie


puede obligar a una mujer a que se case con un hombre ya casado. Además, la esposa tiene
el derecho de estipular que su marido no se case con otra mujer como segunda esposa.

Debemos resaltar que en muchas sociedades musulmanas contemporáneas la práctica de la


poligamia es rara, allí donde la diferencia entre los miembros de ambos sexos no es grande.
Podemos afirmar con seguridad que la proporción de matrimonios polígamos en el mundo
musulmán es mucho menor que la proporción de relaciones extra-conyugales en Occidente.
En otras palabras, los hombres en el mundo musulmán contemporáneo son, en sentido
estricto, más monógamos que los hombres occidentales.

El Islam ha permitido la poligamia como una solución a los males sociales y ha permitido un
cierto grado de libertad a la naturaleza humana, pero sólo dentro del marco estrictamente
definido de la ley. Los países cristianos hacen un gran alarde de monogamia, pero en
realidad practican la poligamia. Nadie ignora el papel que juegan las amantes en la sociedad
occidental. En este sentido, el Islam es una religión fundamentalmente honesta, y permite a
un musulmán casarse con una segunda esposa si puede, pero prohíbe estrictamente todas
las relaciones amorosas clandestinas como medio de salvaguardar la probidad moral de la
comunidad.

Es interesante destacar que muchos países --- tanto no musulmanes como musulmanes ---
han proscrito la poligamia en el mundo de hoy. Tomar a una segunda esposa, incluso con el
consentimiento libre de la primera, es una violación de la ley. Por otro lado, engañar a la
esposa sin su conocimiento y consentimiento, es absolutamente legítimo hasta donde la ley
lo permite. ¿Es una paradoja moral o legal o es ambas cosas?

Comentario Legal sobre la Poligamia en Islam

El Corán contiene sólo una aleya o versículo (ayat) que regula con claridad las condiciones
de la poligamia. Es aquel en que dice:
"...Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, casaos con la que os guste de las mujeres,
dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras
esclavas. Así evitaréis mejor obrar mal. (Corán, surat 4, ayat 3).

Este ayat establece con claridad las condiciones y la legalidad de la poligamia y es un


exponente de la sabiduría (hikma) de la Ley (Shari´a). Las condiciones que se extraen del
generoso ayat son dos:

a. El número de las esposas no será superior a cuatro.

xvii
b. Exigencia de igualdad en el trato de las esposas.

De estas condiciones se deduce que en la legislación coránica no se permite el matrimonio


con más de una esposa si el marido teme no poder dispensar a éstas un trato equitativo. La
igualdad supone la equidad en el trato de las esposas y es obligatoria en todos los aspectos
en que pueda ser exigible una igualdad absoluta, distributiva o numérica. La exigencia
coránica de igualdad absoluta en el trato de las esposas es tajante en aquellas áreas
susceptibles de reparto material, como la distribución del sustento familiar, los regalos, la
cohabitación nocturna, etc. Y no es exigible en las áreas de la naturaleza humana que no
pueden ser sometidas a control ni son susceptibles de reparto mecánico, como por ejemplo
el amor o las relaciones sexuales. Para que se dé esta condición el marido tendrá la
capacidad de cumplir sus obligaciones y la capacidad para satisfacer los derechos
matrimoniales de cada una de las esposas. Tanto es así que, si el marido no tiene esta
capacidad, debe casarse con una sola esposa: "... entonces con una sola."

¿Por qué fue permitida la poligamia en el Corán?

Para los musulmanes la Ley Islámica (Shari´a) es Sabiduría (hikma) y se basa en el principio
de velar por los intereses del individuo y de la sociedad. A pesar de que los musulmanes, por
su naturaleza humana, por su experiencia y conocimientos limitados, no puedan abarcar
todos los significados que Dios ha dado a la Ley, un análisis detenido de la misma nos revela
varias razones que explican la legalidad de la poligamia. El ayat 3 del surat 4, An-Nisa, viene
a corregir la incapacidad de la sociedad (umma) a la cual se dirige, para ser igualitaria o
justa con los huérfanos y a defender los derechos de éstos como miembros de aquélla: "Si
teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces (casaos)..." y aquí el término "si
teméis" es condicional del término "casaos" y el término "temor" implica, en el contexto de
este ayat –según la doctrina legal que han elaborado los comentaristas del Corán–
imposibilidad de ser justo con los huérfanos. De ahí surge de forma automática la pregunta
siguiente: ¿Cómo se resuelve la contradicción entre la doctrina legal que permite la
poligamia y la que afirma que no se puede ser justo con los huérfanos? El gran jurisconsulto
coránico Ibn Yarir aporta cuatro comentarios legales para explicar esta aparente
contradicción.

Primero: teniendo en cuenta todo lo que hemos dicho antes, puede entenderse que el ayat
contiene sabiduría en el establecimiento de la poligamia, además de una respuesta a la
pregunta que suscita la contradicción. Es la siguiente: el Islam ordena a la sociedad (umma)
que trate con justicia a los huérfanos y proteja sus derechos. La sociedad no puede
conseguirlo con la parte material solamente ni con la parte que puede resolverse
económicamente, ni lo puede lograr estableciendo orfanatos, porque la protección real de los
derechos de los huérfanos sólo es posible si en esa sociedad se establecen oportunidades
efectivas de encontrar un nuevo padre que sea un educador y un eficaz sustituto del suyo y
pueda proporcionarles un ambiente familiar de iguales características y reemplazante del
anterior. Ambas exigencias no son normalmente posibles, salvo en aquellas sociedades que
practiquen el matrimonio con viudas. La sociedad que ofrece estas oportunidades es una
sociedad que permite la poligamia. Sólo en este tipo de sociedad polígama aumenta la
demanda de varias esposas por parte de los hombres. En ella, cada mujer tiene una nueva
oportunidad de volver a casarse, de contraer un nuevo matrimonio, incluso teniendo
huérfanos a su cargo.

xviii
El estatus de las madres de huérfanos en el Islam es el siguiente: En relación al hijastro del
nuevo matrimonio, Islam establece una estrecha vinculación entre el marido y los hijos
huérfanos de un matrimonio anterior de la esposa, con los mismos caracteres que una
relación paterno-filial, hasta el punto de declarar prohibido (haram) el matrimonio entre el
marido y las hijastras. Por esto dispone el Corán, al regular los efectos de los vínculos de
parentesco que impiden el matrimonio:
"...En adelante os están prohibidas vuestras hijastras, que están bajo vuestra tutela, nacidas
de mujeres vuestras con las que habéis consumado el matrimonio. Si no, no hay culpa."
(Corán, surat 4, ayat 23).

La realidad que vivimos demuestra la sabiduría de esta norma, pues podemos observar que
en las sociedades polígamas casi desaparece o disminuye el problema de los huérfanos. En
este tipo de sociedades se generaliza una obligación para el hombre, consistente en casarse
con la viuda de un pariente fallecido, si tiene hijos, aunque tenga ya otra esposa. Este
compromiso está tan arraigado que se convierte en una costumbre social obligatoria, por
ejemplo en algunos pueblos afganos.

Segundo: el derecho de la mujer a contraer matrimonio, a la maternidad y a la constitución


de una familia deben ser considerados –según el modelo de sociedad islámica– como
derechos fundamentales, en el mismo plano de importancia que el resto de los derechos del
hombre y esto está garantizado siendo una exigencia de los pilares del Islam. Con ello se
garantiza la protección de las viudas, así como el derecho en general al matrimonio, como
dice el Corán:
"Casad a aquellos de vosotros que estén solteros..." (Corán, surat 24, ayat 32).

Asimismo el Corán prohíbe que se impida contraer matrimonio tras el periodo de espera:
"Cuando repudiéis a vuestras mujeres y éstas alcancen su término, no les impidáis que se
casen con sus maridos, si se ponen buenamente de acuerdo. A esto se exhorta a quien de
vosotros crea en Dios y en el Último Día. Esto es más correcto para vosotros y más puro.
Dios sabe, mientras vosotros no sabéis."
(Corán, surat 2, ayat 232)

El legislador islámico promulgará leyes que garanticen la consecución de los derechos a los
que antes nos referimos; pero lo que garantiza estos derechos es que la legislación configure
situaciones sociales en que se fomenten amplias oportunidades para que las mujeres
alcancen sus derechos. Y esto sólo es posible en un ámbito social que permita la poligamia.
Sólo este clima social permite una mayor demanda de esposas por parte de los maridos y, a
su vez, esta mayor demanda permite mayores oportunidades a las mujeres de contraer
matrimonio. Lo mismo puede decirse de las mujeres que ya no están en edad casadera y las
divorciadas con hijos a su cargo. Como podemos observar, la sociedad occidental actual que
no permite la poligamia relega a muchas mujeres, despojándolas de sus derechos
fundamentales como son la maternidad, el matrimonio y la familia.

¿Qué puede fundamentar un derecho configurador de una situación social que impida o
simplemente disminuya la posibilidad de que la mujer realice estos derechos?

La dificultad o disminución de las oportunidades con las que puede contar la mujer para

xix
contraer matrimonio no acarrea sólo la privación de sus derechos sino que produce como
consecuencia, además, un efecto de menosprecio y humillación social. Un ejemplo real de
este fenómeno se produce en la India, donde la mujer se ve obligada a comprar un marido
pagando un elevado precio. La exigencia de la dote provoca grandes males, ya que las
costumbres prohíben el matrimonio con viudas y solteronas. Ello es resultado de la negación
de la poligamia en la mayor parte de las sociedades hindúes.

Tercero: no cabe duda que la poligamia, al igual que cualquier otra figura jurídica, tiene
aspectos negativos. Pero estos no bastan para rechazarla sino que debe exigirse que se
regule y sea adoptada por el sistema de forma equilibrada, como alternativa natural y
realista, y que sopese las ventajas y desventajas de la misma.

Hay que reconocer que la alternativa que se produce de forma natural al sistema polígamo es
el de "mujadana", en el que el hombre tiene vedada la poligamia por la Ley y las costumbres.
El hombre toma a la mujer de la que está enamorado como "hadina", esto es, el trato y las
relaciones con ella son similares a las matrimoniales, pero con la hadina el hombre está
exento de sus responsabilidades y deberes como marido. En consecuencia, la mujer se ve
desprovista de sus derechos como esposa. En la mayoría de los casos, la situación de
indefensión y ausencia de derechos de la mujer que produce esta alternativa, se extiende
también a los hijos fruto de esta relación, que son calificados de ilegítimos.

Según la doctrina legal general sostenida por la mayoría de los jurisconsultos (fuqaha),
Islam se dirige a fomentar la defensa de estos grupos sociales (mujeres y huérfanos) y
desaconseja su restricción. A la llegada de Islam, la sociedad pre-islámica admitía las dos
situaciones que hemos descrito antes -poligamia y hadina o situación de hecho- por lo que
aplicando los nuevos principios fundamentales coránicos, que también describimos antes, no
pudo por menos que adoptarse la poligamia.

Cuarto: el sistema polígamo no contraviene el principio de igualdad y no discriminación entre


los sexos sino todo lo contrario, está en armonía con él, pues Islam establece desde su
origen la igualdad entre los sexos sin preferir a ninguno de ellos. La diferencia entre los
seres humanos, ya sean hombres o mujeres, proviene del mayor o menor "temor de Dios"
(taqua). Así, el ayat 1 del surat 4, dice:
"¡Hombres! Temed a vuestro Señor, que os ha creado de una sola persona, de la que ha
creado a su cónyuge y de los que ha diseminado un gran número de hombres y mujeres.
Temed a Dios, en cuyo nombre os pedís cosas y respetad la consanguinidad. Dios siempre os
observa."

Y el ayat 13 del surat 49, que dice:


"¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros
pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios el más noble de vosotros es
el que más Le teme."

Estableciendo esta igualdad como determinante de la responsabilidad y la recompensa, en el


ayat 195 del surat 3, que dice:
"No permitiré que se pierda obra de ninguno de vosotros, lo mismo si es varón que si es

xx
hembra, que habéis salido los unos de los otros."

A pesar de la dificultad que entraña traducir con un significado equivalente en lenguas


distintas de la lengua árabe la expresión "baduqum min bad", que viene a significar "el uno
parte de otro", es una expresión que describe de forma muy precisa el sentido del principio
de igualdad entre los sexos. Este principio está recogido en muchos ayats coránicos como,
por ejemplo, el ayat 97 del surat 16, "Las Abejas", que dice:
"Al creyente, varón o hembra, que obre bien le haremos ciertamente que viva una vida
buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras."

Y en el ayat 124 del surat 4, que dice:


"El creyente, varón o hembra, que obre bien, entrará en el Jardín y no será tratado
injustamente en lo más mínimo."

Y en el ayat 40 del surat 40, "El que perdona", que dice:


"En cambio los creyentes, varones o hembras, que obren bien, entrarán en el Jardín y serán
proveídos en él sin medida."

Y en el ayat 35 del surat 33, "La Coalición", que dice:


"Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas,
los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los
pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, y los y las que dan limosna, los y las
que ayunan, los castos y las castas, los y las que recuerdan mucho a Dios."

También se establece la igualdad entre los sexos en la misma medida que se reconoce a
ambos capacidad para asumir las obligaciones. Así, la mujer, llegada a una edad
determinada, es totalmente igual al hombre y está plenamente capacitada, según la Ley,
para asumir las responsabilidades derivadas de su comportamiento, tanto en relación con su
persona como en relación con su dinero. De esta forma, la mujer tiene el derecho legal de
disposición, tanto en las donaciones como en las compraventas, con plena capacidad para
asumir sus derechos y obligaciones, aun sin tutor, de manera que nadie tiene potestad sobre
su voluntad, ni su padre ni su marido. En este sentido la mujer puede ser tutora legal ---
vilayato tasara --- de los incapaces y de los menores no emancipados. Puesto que la
regulación de las relaciones humanas no está sometida a leyes y criterios fijos propios de las
leyes que regulan las reacciones de la materia (leyes físicas), la norma o principio legal que
sanciona la igualdad entre los sexos no es mecánica, ni formal ni aparentemente.

A partir de la afirmación de que los sexos se oponen y se complementan biológica y


fisiológicamente, Islam regula esta situación, asignándoles roles sociales complementarios y
repartiendo diferentes funciones a cada uno de ellos, asignación que conlleva aparejada su
correspondiente responsabilidad: como contrapartida del poder y los derechos, existen
deberes que se adaptan a la diferente naturaleza de estas funciones.

El sistema islámico responsabiliza al hombre de asegurar el sustento dentro del matrimonio,


pues el hombre es el único encargado de cubrir las necesidades materiales de la familia y
responsabiliza a la mujer del cuidado del hogar y de los hijos. Es obvio que la organización
islámica ha previsto que una sociedad, por muy reducida que sea, como lo es la sociedad que

xxi
forman dos musulmanes que viajan, ha de contar con un líder. Tal liderazgo está en manos
del hombre, aunque todo liderazgo, en una sociedad islámica, se establece a la luz de la
consulta tal como establece el ayat 38 del surat 42, "La consulta":
"Escuchan a su Señor, hacen la oración, se consultan mutuamente y dan limosna de lo que
les hemos proveído".

Esta consulta se recomienda incluso para el destete, como dice el ayat 233 del surat 2:
"Y no hay inconveniente en que el padre y la madre quieran, de mutuo acuerdo y luego de
consultarse, destetar al niño."

El Islam considera desaconsejable la anarquía en las funciones naturales. Así, cuando el


Corán establece en el ayat 228 del surat 2:
"Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones conforme al uso",

No es deseable que uno de los sexos asuma la función social asignada al otro, como se
dispone en el ayat 32 del surat 4:
"No codiciéis aquello por lo que Dios ha preferido a unos de vosotros más que a otros, los
hombres tendrán parte según sus méritos y las mujeres también. Pedid a Dios de Su favor,
Dios es Omnisciente."

También el Profeta cuando refleja la igualdad entre los sexos en su dicho (Hadiz): "Las
mujeres son compañeras de los hombres", prohíbe al hombre parecerse a la mujer y prohíbe
a la mujer parecerse al hombre. Esto debe llevarnos a entender con claridad la idea islámica
de la igualdad y la no discriminación entre los sexos, si entendemos la idea de Islam sobre el
matrimonio, expresada en el ayat 21 del surat 30, ""Los Bizantinos"", que dice:
"Y entre Sus signos está el haberos creado esposas nacidas entre vosotros para que os
sirvan de morada segura, y el haber suscitado entre vosotros el amor y la compasión".

Y si además sabemos que la jurisprudencia islámica (fiqh) concede a la mujer el derecho a


exigir ser la única esposa, con la posibilidad de pedir por propia iniciativa su divorcio si el
marido se vuelve a casar, estableciendo para este supuesto dos principios:

1. Que el marido que ha aceptado la condición monogámica de su matrimonio está sujeto al


cumplimiento de su compromiso, basando este principio en el ayat 1 del surat 5, "La Mesa
Servida" que dice:
"¡Creyentes! Respetad vuestros compromisos".

Y en la tradición (sunna) del Profeta Muhammad, paz y bendiciones sobre él, que a los
efectos de interpretación consideró prioritarias las condiciones que la mujer haya
establecido en su contrato matrimonial como propias: "Las condiciones que merecen ser
cumplidas son aquellas que hacen permitida (halal) la vulva".

2. Que deja a la iniciativa o voluntad de la mujer la posibilidad de no aceptar la poligamia,


auto divorciándose.

xxii
Por tanto, percibimos con claridad que la poligamia no contradice ni anula el principio
general islámico de igualdad y no discriminación entre sexos, sino que lo apoya y lo
desarrolla, haciéndolo real, y ello porque si las mujeres musulmanas carecieran de esta
posibilidad, quedarían en una situación social que limitaría severamente sus posibilidades de
realizar sus necesidades naturales (biológicas) y sus derechos humanos fundamentales,
tales como los matrimoniales y el derecho a formar un hogar donde ser esposa, madre y
señora.

La opinión de algunas culturas sobre la poligamia no está fundamentada en la lógica ni en un


juicio racional que haya sopesado los aspectos perjudiciales y beneficiosos de la misma. La
mayor parte de estas opiniones se deben a prejuicios de la tradición cultural de esa sociedad.
Por ello, para un cristiano no es fácil aceptar la idea de la poligamia ni su práctica, por lo que
ello implica en el plano psicológico y emocional. Por tanto, es lógico también que la
poligamia no se considere acorde con los valores de la propia cultura cristiana. En Islam, por
el contrario, una parte importante de los jurisconsultos consideran la poligamia como una
acción digna de recompensa, como una obra buena. En este sentido Ibn Rushd (Averroes), al
comienzo de su obra "Analogía" dice: "En relación a la opinión sobre la cópula, algunos dicen
que es recompensable y son la mayoría, y otros que es obligatoria para algunas personas y
para otras está permitida" (El Bidaya, Pág. 6/348). Si los musulmanes practican la poligamia
lo hacen dentro del matrimonio y sujeta a sus condiciones, que tienen en cuenta los deberes
del marido y los derechos de la mujer.

De todo lo expuesto consideran que la poligamia no contradice el principio de justicia e


igualdad entre hombres y mujeres sino, por el contrario, la existencia de ésta favorece la
justicia, promoviendo las oportunidades y el clima social idóneo para que las mujeres puedan
ejercer su derecho al matrimonio, a la maternidad y a la creación de una familia.

El Islam, en su condición de sistema legislativo completo y ordenador, debe ser enjuiciado en


su totalidad y por lo tanto, para comprender una parte del mismo hay que ponerla en
relación con la totalidad del sistema sin que la poligamia sea una excepción a la regla. Si se
contempla desde esta perspectiva se observará que la poligamia no es una institución
destructiva que deba ser eliminada sino que, bien utilizada, puede ser un importante factor
en la edificación de la sociedad y en la felicidad de sus miembros. No obstante, reconocen
que, a causa de la ignorancia y la influencia de las antiguas tradiciones en las sociedades
islámicas, se producen desviaciones en relación a la recta aplicación de lo dispuesto en la
Shari´a. Por ello, en algunas comunidades musulmanas se ha hecho un mal uso de la
poligamia; “aunque esta conducta no puede constituir una prueba contra Islam ni contra una
institución social recomendable y acorde con los derechos e intereses humanos, cual es
ésta”.

xxiii
Poliandria serial…

Poliandria

Poliandria (del griego polis: muchos y andros: hombre). Condición infrecuente (al
menos en tiempos históricos), análoga a la poliginia, en la cual una sola mujer
puede estar al mismo tiempo en matrimonio con varios hombres. Las formas más
notorias de poliandria se han observado en las etnias tradicionales del Tíbet, o entre
los inuit, o entre la etnia matriarcal de los mosso, residente inmediatamente al este
del Tíbet. En todos los casos conocidos, la poliandria se debe a que las poblaciones
en donde se ha practicado ha existido una alta tasa de masculinidad, un "exceso"
numérico de varones en relación al de mujeres, y los varones de tales etnias no han
podido "adquirir" mujeres de otras etnias. La alta tasa de masculinidad entre las
etnias en cuestión casi siempre ha sido ocasionada por el infanticidio de las mujeres
neonatas. De modo que corresponde evitar la creencia según la cual la poliandria se
corresponde "siempre" con sociedades matriarcales (casi siempre sucede lo
contrario). En general la poliandria ha sido practicada compartiendo varios
hermanos a una misma mujer. Si la poliandria no implica matriarcados, en cambio sí
suele implicar matrilineales, en efecto: siendo la única progenitora cierta la mujer,
en las sociedades con poliandria resulta más fácil establecer el linaje parental cierto
al ser referente la mujer.

En resumen

La sexualidad es un instinto. Que haya adquirido matices de índole sociológico y


moral, es producto del desarrollo cerebral de nuestra especie.

Que se pueda identificar al comer no sería extraño, porque ambos residen en áreas
adyacentes del cerebro.

xxiv
Lo que con ello hacemos es lo que importa. Contubernio sexual, moral u oral es lo
mismo. Todos nos conducen a la degradación moral y física.

La poligamia se practica en nuestro país de una manera que asemeja al modo de


nuestra actividad de comer. Se come por placer y no por necesidad biológica con
matices emocionales y sociales, lo que conlleva al desastre.

Para la reproducción, el problema es, que las mujeres no son “comida” ni quieren
serlo. La mujer moderna reconoce que el poder de ellas resta en la debilidad
intrínseca de aquellos hombres que amén de ser sibaritas, creen que en los placeres
lascivos reside toda la felicidad.

Not so, not so…

Bibliografía

Suministrada por solicitud.

xxv