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Gerardo Ismael Lugo Brito

4° Literatura

Análisis literario

Vivo sin vivir en mí

El poema de Santa Teresa de Ávila: Vivo sin vivir en mí es un poema que consta de
un total de treinta y un versos octosílabos que presentan la forma de estribillo
(teniendo repetición constante del verso que muero porque no muero al final de
cada estrofa).

El tema central de la obra es la unión con Dios. Esta unión que sólo puede
alcanzarse por medio de la muerte. Santa Teresa trata de expresar su deseo de
morir para volver a estar al lado de Dios. Los versos recuerdan a un poema de amor
normal, enamoramiento, pero trasladado a la experiencia religiosa se convierte en
un profundo amor a Dios y deseo de Él (con una cierta tendencia a la exageración).
Este deseo de llegar a Dios por medio de la muerte se expresa fundamentalmente
a partir de una paradoja, cuyos versos son los siguientes: Vivo sin vivir en mí y el
antes mencionado Que muero porque no muero.

En cuanto a la división del poema, podríamos dividirlo de la siguiente manera: La


primera estrofa (los tres primeros versos) es la introducción y el estribillo: la poetisa
anhela la vida que viene tras la muerte con tanto deseo que rechaza y desprecia la
vida terrenal que posee. En la segunda parte cuenta que desde el momento en que
sintió la llamada de Dios a ser su sierva (verso 7) supo dejarlo todo (verso 4) y vivir
para Él (verso 6).

En la tercera estrofa la poetisa confiesa ahora no es sólo su corazón el que es


esclavo sino su alma; y no es esclava de la vida sino de su deseo de llegar a Dios.
En la cuarta estrofa (versos 18 y 19) se lamenta de todo aquello que la separa de
su Señor: su cuerpo y su vida (esta cárcel, estos hierros: verso 20). Finalmente, la
última parte del poema es un ruego a la vida en el que le pide que la abandone y le
permita morir para ir con Dios.
Gerardo Ismael Lugo Brito
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La paradoja y la antítesis son los recursos literarios con mayor presencia en este
poema. No obstante también encontramos muchas metáforas (versos 6, 9 y 20);
interrogaciones retóricas (versos 27 y 28).

Cántico espiritual

Analizando ahora el poema de San Juan de la Cruz: Cántico espiritual. El poema


empieza in medias res. Los amantes han tenido un encuentro hasta cierto punto
furtivo, dado que las bodas llegarán hasta la estrofa número 28 y la amada le
reclama al amado: ¿Adónde te escondiste/ Amado, y me dejaste con gemido?...

El amado se identifica con el ciervo: bello, imponente, y rápido, mientras que la


amada con el cazador que habrá de perseguirlo. Este inicio ya contiene una antítesis
porque el herido no es el cazado sino el cazador.

La estructura del poema se dispone en estrofas de cinco versos de dos medidas.


Primero un heptasílabo, luego un endecasílabo, luego otros dos heptasílabos y al
final otro endecasílabo (estructura de la Lira). La rima conecta a los dos primeros
heptasílabos (A y C) y a los dos endecasílabos y el tercer heptasílabo (B, D y E).

La rima interna se destaca en los verbos proyectados al futuro y acentuadas en la


cuarta sílaba de los tres versos: “cogeré”, “temeré”, “pasaré”. La sencillez de los
versos producen imágenes que impactan. El prado lleno de flores tras el paso del
ciervo. El mundo se ve desde arriba e incluso hay alusión a los planetas y su paso
errante.

Es en este momento en que la amada inicia una conversación consigo misma: “Mas,
¿cómo perseveras,/ oh vida, no viviendo donde vives?”

Una estrofa después, el diálogo se convierte en un reclamo al amado, donde la


cazadora, ya iracunda (la estrofa undécima compuesta por una sola frase de 41
sílabas encabalgadas), mira hacia un estanque y no ve más que sus propios ojos
vacíos:
Gerardo Ismael Lugo Brito
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¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados

formases de repente

los ojos deseados

que tengo en mis entrañas dibujados!

El ciervo, curioso sale posteriormente oler la brisa que va dejando la amada al


tornarse en paloma y ambos hacen contacto visual. Eso es suficiente para que el
alma de ella le vuelva al cuerpo y pueda contemplar al mundo entero antes de volver
a tierra.

A continuación, otra vez una sola frase, ahora compuesta por 82 sílabas, pero entre
las que no media un verbo hasta el último verso, que supone un aterrizaje. En las
estrofas que siguen, se recrea el encuentro de los amantes y sus. La estrofa 22 del
poema plantea una paradoja misteriosa:

En solo aquel cabello

que en mi cuello volar consideraste,

mirástele en mi cuello,

y en él preso quedaste,

y en uno de mis ojos te llagaste.

La estrofa podría hacer referencia a la atención incalculable con que Dios


corresponde al nimio amor humano. La cazadora, que ha pasado a amante y pronto
será esposa, describe cómo el amado se prendó de uno solo de sus cabellos y cupo
Gerardo Ismael Lugo Brito
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en él. La sinécdoque está presente en este fragmento: el todo absoluto en la parte
más mínima. El acto de compenetración es correspondido por ella, que absorbe la
imagen del amado en un ojo que se llaga.