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Predicación 04 de marzo de 2018

La vida en el Espíritu

Romanos 8

8: 17 Si compartimos su Gloria, también debemos compartir de sus padecimientos.

8: 1 El Señor nos ha elegido. Nosotros pertenecemos a Cristo por dos razones; porque Él nos
ha elegido, y por la fe en Él.

Juan 10: 9 – 11

Tenemos dos opciones: pertenecer a Cristo, y no pertenecer a Cristo. El no pertenecer a Cristo


es pecado.

Romanos 8: 2

Cuando pertenecemos a Cristo recibimos el poder del Espíritu, este da vida. El poder de pecado
produce muerte en el espíritu.

El no recibir conscientemente a Cristo nos produce muerte en el Espíritu.

Romanos 8: 3

La ley de Moisés nos mostraba y revelaba que somos pecadores. Solamente por la obra de Cristo
podemos ser salvos y libertados del pecado.

Nuestra lucha ya no debe ser contra la naturaleza pecaminosa, si ya hemos recibido a Cristo,
sino que nuestros esfuerzos deben destinarse a fortalecer nuestra vida en el Espíritu.

8: 4 No seguimos a nuestra naturaleza pecaminosa sino la naturaleza que viene del Espíritu.

Hechos 1: 6 – 7

En esta escena aparecen dos clase de autores: El Señor Jesús, y quienes le seguían.

Lo primero no es la restauración de nuestras cosas y necesidades, lo primero, y lo que debemos


buscar la llenura del Espíritu, compartiendo de nuestras casas, hacia afuera, la Palabra y la vida
en el Espíritu.

Romanos 8: 5

Si pensamos en los asuntos de la carne y el pecado, significa que aún actuamos en la carne.
Debemos pensar en las cosas del Espíritu, enfocarnos en pensar sobre estos asuntos, para que
podamos permanecer en una vida en el Espíritu.

8: 6 – 7

Debemos permitir que el Espíritu controle nuestros pensamientos. Si actuamos en la naturaleza


pecaminosa, nos transformamos en enemigos de Dios, porque la naturaleza pecaminosa esta en
contra de las leyes de Dios. Al permanecer en la vida en el Espíritu, estamos sometiéndonos a la
ley de Dios.

Jeremías 29: 11

Al actuar según nuestras decisiones de acuerdo a los pensamientos en la naturaleza pecaminosa,


llegamos a obstaculizar los planes de Dios y hacer que no se cumpla como Él lo planeó.
Al estar sometido a la ley de Dios, podemos recibir rápidamente sus promesas.

Hemos menospreciado el nuevo nacimiento, no lo hemos valorado específicamente, porque


realmente no vivimos en el Espíritu.

1 Corintios 2: 11

No podemos conocer los pensamientos de Dios, debido a que no estamos llenos del Espíritu
Santo. Debemos anhelar el tener al Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos permite conocer los
tiempos históricos como Iglesia del Señor.

Estos tiempos pueden ser la oportunidad de padecer por Cristo, estos sufrimientos nos
permitirán alcanzar su gracias sobrenatural.

Santiago 3: 13

Debemos desarrollar una vida llena de buenas obras, con humildad, para esto debemos ser
sabios y entender los caminos de Dios. Lo primero viene como consecuencia de lo segundo.

No debemos acostumbrarnos a la presencia del Espíritu Santo, debemos estudiar la Palabra para
poder entender que es lo que el Espíritu Santo quiere decirnos.