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Los quiebres en el

Coaching

Artículo escrito por José Zendejas


LOS QUIEBRES EN EL COACHING

INTRODUCCIÓN

Hemos dicho que el quiebre es el punto de partida del proceso de coaching. A partir de ahí
se inicia una conversación que tiene como objetivo determinar ya sea la solución de ese
problema o bien la detección de un quiebre más profundo que es la raíz u origen de lo que
se declara. El proceso conversacional que se desarrolla a continuación ha sido tratado con
detalle en otros momentos, pero creemos que existen puntos finos en los que necesitamos
profundizar para ir poco a poco eliminando las lagunas que se presentan una vez que
vamos poniendo en práctica lo aprendido.

Me parece que uno de estos puntos finos es la noción de “quiebre”. Para muchas personas
no está suficientemente claro y persisten dudas sobre su articulación, identificación,
tratamiento y solución por mencionar sólo algunos aspectos. Es nuestra intención trabajar
en estos puntos para aportar ideas que contribuyan a la construcción de este edificio que
llamamos coaching ontológico y al que aún le hacen falta muchos elementos.

La estructura sin lugar a dudas está definida, y aun cuando puede haber cambios en ella,
por el momento parece lo suficientemente sólida para sostener las distintas aportaciones
que se pueden hacer desde la ontología del lenguaje y desde otras disciplinas para
solidificar la práctica del coaching ontológico. Esto es lo que queremos hacer. Contribuir
con nuestras experiencias y reflexiones para que la práctica mejore día con día en
beneficio no sólo de los coaches, sino también de los propios coacheé quienes
encontrarán en estas lecturas, elementos que provoquen la auto-reflexión y la evaluación
crítica para mejorar y aprender constantemente.

Hemos elegido el tema del “quiebre”, porque como ya dijimos, siendo un aspecto central
en proceso, creemos que no ha sido sometido a un análisis más profundo. Es lo que intento
a continuación, siguiendo la línea del pensamiento ontológico, es decir, indagando primero
en mi propia experiencia y después buscando elementos comunes en otras experiencias o
en la literatura, para proponer algunos elementos que le sean de utilidad al coach
ontológico. He mantenido la estructura a base de preguntas, contestando cada una de
ellas, porque me parece que esto mantiene abierto el desarrollo de este tema, a partir de
nuevas preguntas que puedan surgir en el lector y que seguramente darán origen a nuevos
enfoques y propuestas. El tema es entonces el “quiebre”, pero podría haber sido cualquier
otro, lo importante es mantenernos en la línea del pensamiento ontológico buscando
profundizar en el discurso de la “ontología del lenguaje” o bien generando herramientas
para mejorar la práctica del “coaching ontológico”.
Este escrito, no se dirige solamente a una de las alternativas mencionadas, esto es al
discurso o a la práctica, busca abarcar las dos, y sobre todo promover la reflexión para
seguir avanzado en este camino del vivir ontológico que se muestra interminable.

A continuación planteamos las preguntas que originaron esta reflexión así como las
respuestas que propongo y que por supuesto pueden ser completadas o cuestionadas.
Todo comentario será bienvenido.

• ¿Cuáles son los principales quiebres que yo enfrento en mi vida?

Responder esta pregunta presupone jerarquizar. Todos enfrentamos quiebres, pero cuando
se nos pide que seleccionemos los que consideramos más importantes, debemos entonces
establecer criterios para ello. Pueden ser distintos, pero ante la pregunta anterior, los criterios
que yo establecí fueron los relacionados con la parte emocional. ¿Cuáles me han afectado
más? ¿Cuáles me han dejado una huella más profunda? ¿Cuáles han sido más difíciles de
resolver? ¿Cuáles han tenido un impacto potencial de la vida de personas muy queridas
para mí? Estos fueron algunos de los criterios que seguí para identificar los principales
quiebres que he enfrentado a lo largo de mi vida.

Sin duda he enfrentado quiebres o problemas en diferentes áreas o roles, pero los más
significativos para mí han sido aquellos que se presentaron en mi vida personal y que tienen
un efecto emocional importante. Es cierto que todos los quiebres tienen un efecto
emocional, pero en mi experiencia los que se relacionan con roles personales, como padre,
pareja, hijo, hermano, etc. han sido los más fuertes y de mayor impacto. Incluso algunos de
ellos los he enfrentado una sola vez y en mi opinión, los he resuelto, pero su huella
emocional ha quedado en mí y me caracteriza como la persona que soy ahora.

En este mismo sentido, dado que no puedo dejar de ser padre, hijo o hermano, por
ejemplo, los quiebres en estas áreas son recurrentes y no se eliminan para siempre. A veces
he resuelto algún problema, pero éstos se vuelven a presentar porque la raíz sigue ahí, es
decir el tipo de relaciones que llevamos en estos roles permanecen, y con ellos las
dificultades reales o potenciales están presentes y nunca se resuelven de una vez y para
siempre. Se siguen presentando con máscaras diferentes, pero obedecen a un mismo
patrón y a un mismo esquema de comportamiento.
En la práctica del coaching ontológico esta pregunta es importante, no sólo en presente,
sino en pasado, porque a partir de la idea de que los quiebres no se resuelven de una vez y
para siempre, cuando la persona nos cuenta sobre los principales quiebres que ha
enfrenado en su vida, aun cuando considere que ya los resolvió, a partir e su respuesta
podemos tener una idea importante de la raíz de sus problemas actuales. No es extraño
que las personas tratemos de auto-engañarnos diciendo que tal o cual problema del
pasado ya lo resolvimos o ya “lo trabajamos”, en realidad es muy poco lo que esa
respuesta dice, y son más a interrogantes que genera en la mente del coach ontológico.

• ¿Cómo caracterizo un quiebre en mí?

Para mí, básicamente un quiebre es la interpretación que hago de una situación, donde
juzgo que me puede afectar. Están presentes emociones de miedo, de angustia, de
incertidumbre, etc. Todas estas emociones me predisponen para la defensa, para el
ataque o para la huida. Un quiebre para mí es una situación que me juzgo incapaz de
resolver por mí mismo, en donde siento que voy a necesitar ayuda, que requiero el apoyo
de otros o que simplemente tengo que evadir para no salir afectado. Un quiebre es un
momento en el que se rompe la transparencia de lo cotidiano, de lo que estoy
acostumbrado a hacer y a vivir. Un quiebre es una pérdida de control, una percepción de
vacío, de sentir que el futuro está en manos de otros y yo soy impotente para influir en el
sentido de las cosas.

Los quiebres significativos en mí tienen múltiples efectos; van desde lo corporal hasta lo
mental y biológico. Además, los quiebres tienen un efecto sistémico, no solamente se
quedan inscritos en el área que afectan, influyen en muchos otros ámbitos, incluyendo a
veces a otras personas.

Esto significa que los quiebres en muchas ocasiones caracterizan a las personas, andan con
ellos todo el tiempo, ya no se resuelven, simplemente se viven, la persona está
acompañada de su quiebres, de sus problemas, a aprendido a vivir con ellos y no sabría
que hacer si los resuelve o los elimina. En este sentido, creo que los quiebres también nos
ayudan a darle un sentido a nuestras vidas, al menos una finalidad, que es la de resolver los
quiebres que enfrentamos. Voy a poner un ejemplo; con frecuencia tenemos el objetivo de
“estar bien”, pero ¿qué significa “estar bien”? Para mí estar bien es un estado donde entro
en la quietud y tal vez en la inacción. Para mí “no estar bien” significa un aliciente para
estarlo, para luchar, para esforzarme en estarlo. Por eso no aspiro a resolver mis quiebres,
quiero más bien vivirlos, aprovecharlos, aprender de ellos y convertirlos en factores de
crecimiento. Por esto mismo, prevalece la pregunta, ¿debemos eliminar lo quieres o
aprovecharlos como oportunidades únicas de aprendizaje? Creo que la respuesta no es
fácil, incluso podría ser intermedia, pero es algo en lo que debemos pensar al llevar
acciones de coaching.

• ¿Cuáles son las áreas de mi vida donde más quiebres tengo?


• Particularmente en el área del amor en sus diferentes manifestaciones. Amor de pareja,
de hijo, de padre y de hermano. Aquí entonces ya estoy haciendo más específica mi
reflexión, no solamente me estoy refiriendo a las áreas de la vida, sino además a las
emociones que específicamente me causan más problemas, y no tengo ninguna
dificultad en señalar una de ellas; y cuando hablo del amor como área de oportunidad,
me estoy refiriendo tanto a expresarlo como a recibirlo. En lo que se refiere a la expresión
amorosa, el quiebre fundamental parece que tiene que ver con identificar las
expectativas de las personas que me quieren y responder de la manera esperada. Mi
problema en este sentido, tal vez lo verbalizaría de la siguiente manera: “me concentro
tanto en mí, que no percibo las expectativas afectivas de otros, y por lo tanto tiendo a
responder de manera equivocada según lo que los demás esperan de mí en ese
terreno”

Además, me cuesta trabajo escuchar en este terreno. Tiendo a ser muy concreto y espero
que las personas me digan lo que quieren, con la idea de que “no puedo se adivino”,
descalifico las inquietudes que no son verbalizadas y que no se convierten en peticiones
específicas.

En el terreno de recibir amor, el quiebre es más claro. Tiene que ver con la incapacidad de
“pedir”, es decir creo adolecer de lo mismo que estoy responsabilizando a otros y por otro
lado, y me parece todavía más grave, con una incapacidad manifiesta de recibir. Esto
puede estar relacionado con sentimientos de inferioridad, de culpa, de vergüenza, etc.
pero lo cierto es que un quiebre central para mí es no poder recibir y no permitir que otros
se hagan cargo de mí, aunque sea en ciertas áreas, por tratar de cumplir con el rol auto-
impuesto de proveedor, protector, etc.

Por lo tanto, y genéricamente hablando, las áreas de ofrecer y pedir puede ser la fuente
principal de quiebres en mi vida, teniendo manifestaciones diferentes según lo que pida y a
quién se lo pida, o según lo que ofrezca y a quién se lo ofrezca.

Llevando estas reflexiones a un nivel mayor, ¿podríamos decir que son quiebres genéricos?
No lo se, y no me atrevo a decirlo, pero me parece que es un problema generalizado
aunque matizado en muchas personas. Por otro lado, para un coach puede ser interesante
plantear esta pregunta como forma de acercarse a un quiebre maestro o un área de
dificultad específica para el coachee y que probablemente no se ha dado cuenta de su
trascendencia.
• ¿Cuáles son aquellas áreas donde menos quiebres tengo?

Esto puede ser una ilusión, tal vez la pregunta podría plantearse como en cuáles áreas
percibo que tengo menos quiebres. Desde ahora puedo decir que no es que no los tenga,
sino que los evado, los escondo o simplemente no los veo. Acepto que como mucha gente,
tengo ceguera frente a lo que considero trivial o no significativo, y esto ocurre porque
simplemente así lo creo o por un miedo que no quiero reconocer. Pero respondiendo a la
pregunta, es en el área laboral donde me parece que tengo menos quiebres importantes.
Mi criterio al respecto es muy simple, lo que considero que puedo resolver lo atiendo y llego
hasta donde mis competencias y las circunstancias lo permiten. Lo que por otro lado,
considero que no se puede resolver, ya sea porque está fuera de mi control, o no es el
momento o no tengo las competencias para ello, le doy la vuelta y lo olvido. Sigo adelante
sin considerar que esa situación sea un quiebre o un problema para mí. Tengo otras áreas
que considero no son relevantes en la perspectiva de vida que tengo actualmente y por
tanto no las considero críticas, como por ejemplo la parte social, los amigos, el arte y otras
así.

Hay otros temas en mi vida que los considero muy importantes, pero al no representar una
urgencia en este momento las ignoro, aun cuando se que pueden ser críticas en el futuro, a
manera de ejemplo puedo mencionar dos, la salud y la parte espiritual. En cualquiera de
ellas podría declarar un quiebre y empezar a atenderlo, pero como por el momento no me
genera ninguna reacción emocional, no me impulsan a la acción.

En otras áreas, tal vez he caído en la conformidad, en la resignación y en la mediocridad.


Como ejemplo puedo mencionar el área de la recreación y el placer, el bienestar y la
cultura, así como aquella que hace patente mi compromiso con la sociedad.

En síntesis, en todas las áreas que podamos identificar existen niveles de insatisfacción, y
todas ellas pueden ser declaradas como quiebres, pero al establecer prioridades, algunas
lo son y otras no. Haciendo un primer intento de generalización, podríamos afirmar que las
personas nos hacemos conscientes de nuestros problemas y quiebres en la medida en que
se van haciendo conscientes, en función de un sistema variable e inestable de prioridades
asignadas por el individuo de acuerdo a sus propias características y a las demandas del
medio en que se desenvuelve.

Pero me ha resultado valioso hacerme esta pregunta y hacerla a otros, porque me da pistas
de donde no buscar, o bien porque permite hacer visibles algunos problemas que son
importantes pero están ocultos.
• ¿Qué significa un quiebre para mí?

A partir de lo anterior, puedo señalar que un quiebre es aquella situación a la que le damos
un significado en cuanto a que se convierte en algo que nos importa, que nos afecta o que
nos inquieta. Ese asunto nos importa y por lo tanto, decidimos que debemos actuar sobre él,
porque juzgamos que de no hacerlo, puede tomar un rumbo que no nos conviene o que
incluso provoque un problema de mayor trascendencia que el que estamos enfrentando.
Un quiebre es un llamado a la reflexión y a la acción, a hacer algo, a no quedarnos con los
brazos cruzados en espera de que algo ocurra. Un quiebre es cambio en el rumbo, en el
transcurrir de nuestra vida que a veces se vuelve transparente.

Por esto mismo podemos decir que un quiebre significa una gran oportunidad de darle un
significado diferente no sólo a nuestras acciones, sino lo más importante a nuestra vida.
Pero además, un quiebre puede también significar darle un enfoque distinto a las relaciones
con los demás. En efecto, a veces la percepción que tenemos de un problema está
relacionado con aquellas consecuencias que tiene para uno mismo, pero si nos ponemos a
reflexionar sobre ello, podemos detectar que ese quiebre también tiene implicaciones y en
ocasiones muy serias para aquellos que nos rodean. Actuar sobre estos problemas y hacer
intentos por resolverlos, les hace ver a quienes están a nuestro alrededor, que nos son
importantes, que su sufrimiento nos afecta y que lo que les acontece tiene también en
efecto en nosotros. Eso le da a esa relación un cariz distinto, de mayor relevancia y por lo
tanto, puede producir resultados diferentes. Ese es un beneficio colateral, pero no menos
importante de la prioridad que le damos a los problemas que enfrentamos en la vida.

• ¿Cuáles son los peligros / riesgos de un quiebre?

En este sentido, uno de los riesgos más evidentes de un quiebre, es no darle la importancia
debida, ya sea por las consecuencias que puede tener en nosotros a corto o mediano
plazo o por los efectos que puede tener en otros y en sus vidas. Es cierto que a veces una
estrategia puede ser no hacer nada frente a un problema y esperar simplemente a tener
más información o que las condiciones cambien, pero cuando la falta de acción se
produce porque no sabemos que hacer o porque no tenemos la iniciativa o la fuerza
suficiente para emprender una acción, entonces el peligro de que el problema se
complique, aumenta. Compartir y socializar un quiebre muchas veces nos ayuda a
entenderlo de manera distinta. Puede suceder que después de conversar con alguien
sobre un problema que nos preocupa, lleguemos a la conclusión de que no es tan grave
como nos parecía, o al revés, el problema es mucho más serio de lo que pensábamos o
incluso puede suceder que nos demos cuenta que el problema de fondo, es uno muy
distinto del que originalmente creíamos.
En el otro sentido también podemos enfrentar riesgos. A veces sobre reaccionamos. Yo
reconozco que muchas veces he sobredimensionado la magnitud de un problema, he visto
amenazas donde no las había, he visto enemigos donde sólo había reservas o
desacuerdos, he escuchado maldad en los argumentos legítimos de otros y he actuado
con la idea de que me estaba defendiendo de un enemigo real, pero que sin duda, no
tenía la magnitud que yo le asignaba. Y el resultado muchas veces es que creamos
problemas donde no los hay, vamos inventando nuestros propios enemigos que después, al
volverse reales, nos demandan energía, tiempo y recursos para combatirlos.

Inevitablemente todo quiebre encierra un riesgo. Es frecuente que en la solución a un


problema, sobre todo cuando no se piensa en el futuro de la decisión tomada, estemos
sembrando las semillas de problemas futuros. El riesgo entonces no es que no resolvamos el
problema, sino que al hacerlo comprometamos nuestro futuro en algún área. A manera de
ejemplo, un problema de carácter económico puede pensar en resolverse con mayor
trabajo, con mayor dedicación e incluso ahorrando y privándonos de ciertas cosas. A la
larga esto puede tener repercusiones en la salud, en las relaciones familiares o de trabajo o
incluso en el nivel y tipo de vida que las personas llevan. El enfrentar y resolver quiebres,
debe hacerse desde una perspectiva sistémica, donde se puedan prever los efectos de la
solución en los sistemas colaterales.

Un quiebre también nos puede llevar a un sobre análisis. Algunas personas son muy
reflexivas, les gusta pensar y pensar las cosas, buscar causas, efectos, posibilidades,
alternativas, etc. y en tanto análisis, se paralizan, no actúan y la realidad los sorprende. Y
quiero separar este riesgo, porque me parece que siendo importante, no siempre es
percibido por quienes lo enfrentan. En su mente no hay problema, están analizando, son
cuidadosos, quieren tener todos los elementos necesarios para que después, al actuar no
tengan que improvisar por no haber previsto algunos obstáculos. Pero el análisis y la
reflexión deben tener un límite, y es bueno establecerlo, a veces en función del tiempo, de
la cantidad de información o simplemente de la utilidad y beneficios de la decisión
tomada. La acción es finalmente el motor de la transformación, pero nada va a cambiar si
no actuamos, y si no ponemos en cuestión la idea de que el análisis y la reflexión -si bien son
acciones lingüísticas y mentales- no tienen un efecto concreto, a menos que se pongan en
práctica en el mundo físico.
• ¿Cuáles son los beneficios / oportunidades de un quiebre?

Al igual que los riesgos, también podemos identificar muchas oportunidades y beneficios en
los quiebres que enfrentamos. Es la visión de las personas lo que determina lo que se quiere
ver. De hecho, los riesgos o las oportunidades no están en los quiebres, sino en los ojos, en
las mentes y en el corazón de quienes los identifican, pero observando desde el lado
positivo, podemos concluir que podemos salir altamente beneficiados después de enfrentar
y resolver nuestros problemas.

El primer paso es aprender a declarar que tenemos un problema, esta es una competencia
fundamental que abre puertas al aprendizaje y al desarrollo. Si nosotros mismos no
aceptamos la existencia de estos problemas, entonces no existen en nuestra mente. Tal vez
las personas que nos observan los identifican plenamente y nos los señalan, nos dan
evidencias de que ese problema existe, al menos sus consecuencias y que están teniendo
un efecto perjudicial en nosotros, en nuestras relaciones y en nuestra vida, pero mientras
uno mismo no lo acepte, entonces no hay nada que hacer.

El primer gran beneficio, y a mi juicio uno de los más importantes, es que un quiebre nos
enseña a declararlo en paz, a aceptarlo y en ese sentido a pedir y aceptar ayuda de los
demás para resolverlo. Me parece que las personas que tienen un alto nivel de desarrollo
en sus vidas y en sus actividades profesionales, comparten esta característica, la de
reconocer que tienen problemas, y a partir de ahí, empezar a actuar para resolverlos.

A partir de esto, se derivan muchos otros beneficios, que son relativamente fáciles de
identificar, por ejemplo, la apertura al aprendizaje, a nuevas ideas, a la transformación, etc.
Es fácil imaginarse que en un estado donde yo acepto que tengo un problema, que no soy
capaz de resolverlo sólo y que además me es prioritario, mi sensibilidad hacia lo que
escucho y hacia lo que veo, aumenta, estoy más receptivo y capto con mayor facilidad lo
que otras personas –por supuesto aquellos a los que les doy autoridad- me dicen o me
muestran.
Además, las oportunidades parecen hacerse presentes. Mi sensibilidad ante lo que el medio
me ofrece, me hace identificar situaciones que antes no veía. Mis ojos se vuelven más
perceptivos y el mundo se llena de posibilidades. En el fondo lo que está pasando es que
ante el reto que el quiebre significa, mis emociones de ambición, de curiosidad, de
asombro ante lo nuevo aumentan y por lo tanto mi disposición para actuar y aprender
también se incrementan.
• ¿De dónde surge un quiebre?

Los problemas no andan solos en la calle, uno no los encuentra al dar vuelta en una
esquina. Una situación es problema para una persona, precisamente porque esa persona
es como es o vive las situaciones particulares que le corresponden, pero es problema sólo
para esa persona, no para los demás. Esto significa entonces que un origen de los
problemas que enfrentamos, procede de la interpretación particular que hacemos de una
situación, entendiendo por esto una conversación, una carencia, un deseo, etc. Es la
propia interpretación que el sujeto hace de una situación lo que origina el problema. Ahora
bien, existen situaciones cuya interpretación es muy obvia y no admite muchos
cuestionamientos, por ejemplo la pérdida de un ser querido, el despido de un empleo, una
separación dolorosa, un engaño, etc. todos nos generan emociones que restringen nuestras
interpretaciones y nos hacen pensar que aquello que está ocurriendo no debería ser o
simplemente rompe nuestra habitualidad y nuestra rutina. Lo normal e que tratemos de
regresar a donde nos sentimos cómodos y plenos otra vez, aún cuando esto nos requiera
tiempo.

Si partimos de este hecho, entonces en las interpretaciones que hacemos está la clave de
lo que nos pasa. Ya se ha dicho muchas otras veces, no se pueden cambiar los hechos del
pasado, pero si podemos modificar la interpretación que hacemos de ellos. Y las
interpretaciones las hacemos en el lenguaje, influidos por nuestra emocionalidad, que es la
escenografía desde la cual observamos la vida. Los quiebres surgen entonces de nuestras
interpretaciones y es en ellas donde podemos empezar a resolverlos. Si bien hemos
estudiado el lenguaje con cierto nivel de profundidad, creemos que en el terreno de las
narrativas aún hay mucho por descubrir, por analizar y por concluir. Una narrativa está
construida por muchas interpretaciones y a veces modificamos las narrativas secundarias,
pero la esencial, la que da origen a las demás, con frecuencia permanece oculta y sin
modificación.

• ¿Qué nos señala un quiebre?

Un quiebre nos señala una incongruencia en la persona que se está experimentando en


ese omento. Es una lucha entre dos componentes opuestos dentro de una personalidad.
Por un lado está la que crea el problema, la que interpreta la situación de tal manera que
la ve como un problema, como algo a evitar o eliminar, y por otro lado está al que lo quiere
resolver, la que no está a gusto con lo que está ocurriendo y que quiere desarrollar las
competencias necesarias para salir avante del conflicto, sea interno o externo. A veces
cuando nos negamos a actuar para resolver un problema, aun sabiendo el alto costo que
pagamos por él, podemos decir metafóricamente, que prevalece en nosotros, la primera
parte, aquél componente que aun cuando reconoce el problema no está convencido de
que se deba atacar, pese a que en nuestro lenguaje digamos que no nos gusta y que
queremos hacer algo al respecto. Pero es aquí donde debemos poner atención a la
narrativa completa, ya después de reconocer el problema, la historia se complementa con
justificaciones, explicaciones y argumentos para posponer la acción y dilatar su solución.

Los quiebres o los problemas que las personas reconocen tener, nos hablan de sus dilemas,
de sus inconsistencias y sus carencias. Todo esto se pone de manifiesto en las
interpretaciones que hacen. Es muy recomendable que en este sentido, no solamente
cuestionemos la interpretación o la declaración del problema, sino que nos preguntemos
también por las incompetencias que le da origen. Este es a veces la parte oscura del
problema. Quien lo vive no se da cuenta de esto, de lo que pasa en su interior y toda la
atención se pone en el exterior, es decir en los hechos o fenómenos que dan origen al
problema en la mente del sujeto. Es tal el énfasis en lo externo que ni siquiera se percibe la
existencia de lo interno, pareciera que no existe y que por lo tanto no tiene ninguna
influencia en lo que se observa y en cómo se observa. El énfasis se pone en el problema, no
en la persona. El coach ontológico se concentra en la persona que experimenta el quiebre.

Así entonces los quiebres no nos hablan de lo externo, nos hablan de lo que pasa en el
interior de las personas y son una ventana a su forma de ser más íntima, más personal y es
por eso que decimos que al resolver un quiebre, surge una nueva persona, no sólo con más
y mejores competencias, sino con interpretaciones más poderosas que le generan una
mayor capacidad de intervención en el mundo externo. Todo quiebre es entonces una
oportunidad de aprendizaje y desarrollo, pero para lograrlo, tenemos primero que resolver
el problema central, que consiste en restarle energía a la parte de nuestra personalidad
que detecta el problema y por otro lado, incrementar la energía de aquella faceta que lo
quiere resolver y que no quiere vivir con ese problema.

Pero la ceguera para identificar esas dos partes es grande. La visión unitaria de la
personalidad es un obstáculo serio. Tenemos la noción de que somos de una manera y no
admitimos partes, mucho menos opuestas. La idea de incongruencia interna nos sorprende,
y en todo caso, pensamos que los incongruentes son otros. Primero deberíamos aceptar
que nuestra personalidad está integrada por múltiples facetas, que se oponen entre sí, que
se enfrentan y que en ese sentido dan origen a los problemas que vivimos.

Y esto no quiere decir que si dejáramos de ser incongruentes, dejaríamos de tener


problemas. Me parece que ninguna de las dos cosas es posible, simplemente porque no
son humanas. La homogeneidad y uniformidad parecen ser características de una
personalidad muerta. La que está viva, está en constante modificación, siendo de una
forma y dejando de ser de otra. En este proceso, la incongruencia es sinónimo de vida, de
avance, de quitar una piel y dejar que nazca otra, y es precisamente lo que un quiebre nos
señala. Los problemas que enfrentamos en la vida, son entonces signo de cambio y de
evolución, pero no necesariamente de crecimiento y desarrollo. La manera en que los
enfrentemos y los resolvamos es lo que determina el beneficio que a nuestras vidas les
pueden dar los conflictos internos y/o externos que enfrentamos.

• ¿Cuál es la finalidad de un quiebre?

En un sentido estricto los quiebres no tienen una finalidad precisa. Sin embargo, son un
camino para hacernos cargo de nuestras incompetencias. Es como cuando evaluamos
nuestros resultados en un área determinada de nuestra vida. Podemos evaluar en principio
para conocer los resultados, pero el proceso no se queda ahí; en una situación normal
esperaríamos que en la siguiente oportunidad que tengamos de enfrentar una situación
similar, hagamos las cosas mejor y nuestros resultados se incrementen. Es decir, evaluamos
para mejorar. Pasa lo mismo con los problemas, cuando los identificamos, ¿para qué lo
hacemos? Una respuesta inmediata es para resolverlos, pero ¿eso es todo lo que
queremos? Me parece que no, los declaramos y los resolvemos para aprender, para
incrementar nuestras competencias, para no volver a enfrentar ese mismo problema, en
síntesis, para crecer como personas.

Entonces aprender a identificar problemas, incongruencias en nosotros, en los demás y en


el mundo que nos rodea, no tiene un afán ni de perfeccionismo ni de crítica permanente,
pretendiendo que los podemos eliminar de una vez y para siempre. Es un camino, muy
efectivo para crecer y desarrollarse. Es la competencia básica, la que sustenta todo
proceso de aprendizaje, y de la cual partimos para que todo lo demás se de.

Los quiebres también tienen la finalidad de poner un poco de orden, al menos crear esa
posibilidad, en un proceso que es de naturaleza aleatoria. Los cambios en las personas no
tienen un sistema ni un proceso, ocurren al azar. Cuando no somos conscientes de ello,
entonces con el tiempo nos convertimos en una persona que nunca supimos si era la que
queríamos ser, y terminamos por adaptarnos a lo que somos y a lo que son los otros. Pero al
admitir la subjetividad de mis interpretaciones, y por tanto la imposibilidad de establecer “el
camino correcto” para mi desarrollo, estoy dando un primer paso para decidir al menos, si
quiero ir por ese camino o quiero ir por otro. Los caminos son infinitos, siempre existen
múltiples opciones de desarrollo y nunca tendremos la conciencia de todo lo que puedo
hacer para decidir con todas las opciones puestas sobre la mesa, pero cuando menos
tengo la posibilidad de decir, por ahí no quiero ir, muéstrenme otra posibilidad.

Es como cuando preguntamos ¿Cuál es la decisión correcta? No sabemos, porque en


cuanto decimos que sí a una posibilidad, automáticamente estamos cerrando la puerta a
las otras. Sabremos las consecuencias de una decisión, pero no sabremos que pudo haber
pasado si elegimos algunas de las otras. Es como decimos en el lenguaje común, “el
hubiera no existe”

• ¿Cómo se enfrenta un quiebre?

La primera respuesta que se me ocurre, es que se enfrenta con valor. Con el valor necesario
para entrar en contacto con lo que no soy, con lo que no sé, con lo hago mal o
simplemente no hago. Es decir, se necesita mucha entereza para enfrentar aquello que no
somos. Y este que es el primer paso, es fundamental y muchas veces es donde más ayuda
necesitamos. Es difícil hacerlo solo, necesitamos alguien a nuestro lado que nos apoye, que
nos impulse y que sepamos que va a estar ahí cuando más lo necesitemos. Un ejemplo de
esto es el coach, que si bien no nos enseña, si nos acompaña, y se constituye en una
persona fundamental en este tránsito hacia el crecimiento.

Otra cosa que necesitamos es humildad. Desde la soberbia es muy difícil enfrentar un
quiebre; requerimos sabernos aprendices y aceptar que hay muchas cosas que ignoramos
y que necesitamos saber. No se trata sólo de desarrollar competencias y nuevas
habilidades, esto puede ser algo relativamente sencillo, necesitamos sobre todo aprender a
transformarnos en una persona diferente, con lenguaje, emocionalidad y corporalidad
distinta. Esto es lo que realmente llamamos proceso de cambio interno, que nos ayuda a ser
felices y a contribuir a la felicidad y bienestar de los demás.

Pero sobre todo, necesitamos una competencia previa, la auto-reflexión, como condición
para darnos cuenta por nosotros mismos de las causas de fondo que nos están originando
los problemas que enfrentamos en la vida. La auto-indagación es una de las herramientas
más importantes que buscamos desarrollar desde el coaching. Es la piedra angular de lo
que llamamos “pensamiento ontológico” y es desde aquí que podemos a empezar a
observar nuestra vida presente, pasada y futuro desde una perspectiva distinta.

La auto-indagación se caracteriza por entender de una manera diferente nuestra


experiencia. Aprender a darle un significado distinto y más poderoso a los diferentes
eventos que hemos experimentado en nuestra vida. Este es un proceso altamente
emocional y lo primero que tenemos que investigar es cuáles son las emociones respecto a
los eventos más significativos en nuestra vida –si hablamos del pasado-, cuáles son las cosas
y personas mas importantes para nosotros –si hablamos del presente- y finalmente cuáles
son nuestros planes y objetivos –si hablamos del futuro.

Determinar estas tres cosas es esencial para avanzar en la identificación de los quiebres
maestros. Un coach se pasea por estos tres grandes momentos de la vida de un coachee, y
le ayuda a identificar las emociones que están presentes respecto a cada uno de ellos y
entonces trabaja para modificar esa emocionalidad. Pero sobre todo, lo más importante
consiste en que a través de este tipo de indagación, determinamos lo que al coachee le
importa, lo que tiene sentido para él y lo que al final, contará en las decisiones que tomará
sobre su futuro.

Esto significa que para enfrentar un quiebre, requerimos un sentido de futuro y de vida. Sin
esto, nos podemos explicar porque a veces encontramos personas que saben cuáles son
sus problemas, cuáles son las cosas que deben enfrentar para resolverlos pero no actúan,
no tienen la ambición suficiente para entrar en acción, y es entre otras cosas, porque no
han construido un sentido de futuro que les genera ambición y fuerza para romper sus viejos
hábitos y entrar en la construcción de nuevas actividades y nuevas relaciones.

Pongamos un ejemplo, algo que parece arquetípico en muchas personas, las relaciones de
pareja. En nuestra práctica de coaching nos encontramos con frecuencia a individuos que
declaran un alto nivel de insatisfacción en sus relaciones afectivas, no están contentos con
ello y su gran dilema es mantenerse en esa relación que no es mala, con una persona
buena pero con la que han perdido la pasión, la emoción del amor en plenitud o bien
arriesgarse a dejarla y empezar a trabajar en una nueva relación (con esa misma persona o
con otra) que les permita vivir nuevamente esas emociones y esa felicidad plena que da el
amor.

De manera inicial, el quiebre puede parecer que se refiere a las relaciones de pareja, pero
cuando el coach profundiza, no es raro encontrarse con un desaliento y una desilusión
respecto al futuro, que nace muchas veces de una interpretación particular que se hace
del pasado y de las actitudes que la otra persona tiene en el presente. Aquí es necesario
ayudar a la persona a encontrar un nuevo significado de lo que pasó y de lo que está
ocurriendo. Sólo de esta manera se puede replantear un futuro que venza la resignación y
la frustración que muchas veces encuentra un escape en actitudes de agresividad o
indiferencia hacia la pareja y hacia la vida en general.

Y la conclusión final es que el quiebre no tiene que ver con el otro, o con los años, o con las
circunstancias, tiene que ver con la persona que esta enfrentando el problema, en sus
aspiraciones, en sus emociones y sobre todo en el sentido que le quiera dar a su vida. Esta
pregunta sobre el sentido de la vida pasada, presente y futura del coachee es esencial
para enfrentar con efectividad un quiebre.

• ¿Qué hay detrás de un quiebre?

Esta es una pregunta interesante que tiene por supuesto múltiples respuestas, pero que para
efectos de precisión y sobre todo de posibilidades de acción, tenemos que acotar a lo que
nuestra experiencia nos ha mostrado como lo más relevante. Ya lo hemos dicho, detrás de
un quiebre hay una manera de ser que interpreta a una determinada circunstancia como
un problema, como un quiebre y desde esta perspectiva, los caminos posibles son al menos
dos.

El primero tiene que ver con modificar esa forma de ser, -también llamada estructura de
coherencia- en otra más poderosa capaz de enfrentar el quiebre y resolverlo, de tal
manera que las competencias desarrolladas sean suficientes para eliminar las
circunstancias que le afectan y que le impiden vivir en paz y lograr sus metas.

El segundo camino se refiere a las circunstancias o al sistema, y tiene que ver con la certeza
de que las condiciones no pueden cambiar, no pueden volver a ser lo que eran antes,
pongamos a manera de ejemplo un abandono, una separación o una perdida irreparable.
En este caso no necesitamos competencias para resolver el quiebre, este no se puede
modificar, lo que tenemos que hacer es ayudar a crear una forma de ser o estructura de
coherencia que sea capaz de interpretar de manera distinta los acontecimientos, para
darles un sentido distinto y aceptarlos como una facticidad, aprendiendo a vivir con ellos y
manteniendo los recuerdos positivos y agradables de esa situación.

Entonces, detrás de un quiebre siempre hay una persona que interpreta, digámoslo así, hay
un observador. Y el énfasis debe estar en él, no en el problema o en las circunstancias que
lo rodean, porque sobre ellas tenemos relativamente muy poca influencia. Si ayudamos a la
persona a caer en la cuenta de que se trata de ella, de que el problema es ella y no las
circunstancias, entonces abrimos caminos de acción que pueden ayudar a resolver
positivamente ese quiebre.

Esto parece claro e incluso lógico, pero no siempre actuamos de esta manera. Ya sea
como personas que enfrentamos nuestros propios quiebres o coaches que estamos
tratando de apoyar a otros, tendemos a poner mucho interés en la historia, en las
circunstancias y sobre todo en las interpretaciones que de ellas se hacen. Efectivamente
existen hechos, afirmaciones de cosas que efectivamente ocurrieron y que nos afectaron,
pero ya hemos dicho que sobre ellas sólo nos queda la aceptación. Lo importante es qué
hacemos con ellas en el presente y cómo las proyectamos hacia el futuro, cómo impactan
nuestra vida nuestras emociones, nuestro lenguaje y nuestra manera de relacionarlos con
los demás. Es aquí donde debemos buscar lo que está detrás de un quiebre. Está será
siempre una pregunta importante, porque en buena medida el coach no trabaja con un
quiebre, trabaja con lo que está detrás de un quiebre, que casi siempre es un quiebre
mayor y así podríamos irnos hasta donde quisiéramos, siempre detrás de un quiebre está
otro quiebre, y tal vez el quiebre mayor, si es que existe, podríamos decir que es aquel que
está relacionado con la pregunta de ¿qué hago con mi vida? Yo no la pedí, pero la ya
tengo y ese es tal vez el problema mayor de los seres humanos.
Detrás de un quiebre siempre está una insatisfacción, una falta o una carencia. Pero los
seres humanos somos seres incompletos, así es que siempre tendremos quiebres, pero lo
importante es saber qué es relevante dentro de todas estas carencias que tenemos y
enfocar nuestros esfuerzos y nuestras acciones hacia ello.

• Los quiebres, ¿qué nos rebelan de las personas?

En la pregunta anterior propusimos una primera respuesta a esta pregunta, pero


completando la idea, un quiebre nos rebela lo que la persona no es y a veces también lo
que le gustaría ser. A partir de sus insatisfacciones, sabemos lo que la persona no quiere
seguir siendo o teniendo, aunque esto no signifique que forzosamente sabe lo que quiere en
el futuro. Pero saber lo anterior ya es una ganancia importante. Un quiebre es eso, un
declaración de lo que no me gusta y que no quiero más.

Por lo tanto, un quiebre nos rebela lo que le importa a la persona y algo esencial, nos
muestra lo que hasta ese momento había estado evadiendo o negando. El quiebre es una
declaración honesta y valerosa, algo que se debe agradecer y respetar, no se debe
enjuiciar o interpretar como que la persona es mala o injusta. Ante todo es valiente y así se
le tiene que percibir. El quiebre nos rebela el tamaño del valor y de la posible ambición de
una persona y de su deseo de transformación. Corresponde al coach apreciar este valor y
darle un cauce positivo para que pueda utilizarlo no sólo en su beneficio, sino en el de
aquellas personas que comparten con él o con ella porciones determinadas de su vida.

Un quiebre es también un mirada a la sombra, a lo que a la persona no le gusta de ella


misma, de su manera de ser. En ocasiones, durante la conversación de coaching, el
coachee se arrepiente, a trata de minimizar el quiebre pero lo que le puede estar pasando
es que dentro de esa valentía de la que hablamos anteriormente, renace el miedo.
Cuando preguntamos a qué le tienes miedo, parece ser que sólo hay una respuesta, a la
transformación. Ese miedo se disfraza a veces de miedo al fracaso, al rechazo o no saber
comportarse de la manera en que creemos que se espera de nosotros, pero finalmente el
miedo más oculto y profundo de todos, es el de convertirme en una persona distinta.

Y en relación a lo que el quiebre nos revela del futuro, muchas veces encontramos que la
persona solamente tiene ideas muy vagas de lo que quiere, identificamos confusión y hasta
desesperación por no saber exactamente que es lo que se quiere, y esto es también una
de las razones por las cuales las personas no actúan, aun cuando se saben insatisfechas
con lo que tienen. A la pregunta de qué es lo que quieres en tu futuro, con frecuencia
encontramos respuestas vagas y sin orden, corresponde nuevamente al coach ayudar para
que ese futuro se concrete en ideas precisa que le den sentido a las acciones actuales.
• ¿Cuáles son los patrones de comportamiento que caracterizan un quiebre?

Hemos dejado esta pregunta para el final porque consideramos que aquí podemos resumir
algunas de las ideas más importantes de este tema. Los seres humanos somos más
predecibles de lo que quisiéramos. Tenemos reacciones muy parecidas frente a las
situaciones que enfrentamos. Una de las miradas más útiles para resolver quiebres es la que
busca patrones o formas recurrentes de comportamiento. Y para esto, un primer paso
valioso es hacer una caracterización de los posibles quiebres. Por ejemplo, encontramos los
quiebres que tienen que ver con la pareja, con la carrera profesional, con la familia y con el
trabajo actual. Es una clasificación muy gruesa, pero que es valiosa, porque marca el
planteamiento inicial del quiebre. Casi siempre el coachee declara un quiebre en alguna
de estas cuatro áreas.

Posteriormente, para profundizar y encontrar un quiebre más profundo, podemos tomar


como referencia los siguientes 15 dominios, que nos sirven para hacer más fina y profunda
la indagación:

1. Familia de origen
2. Familia propia
3. Amistad y círculos de sociabilidad
4. Aprendizaje, la educación
5. El amor, la pareja
6. La sexualidad
7. El dinero, los recursos
8. El trabajo, cómo me proveo de los recursos
9. La carrera, el destino, la identidad pública
10. Las actividades de comunidad
11. La inserción en el mundo exterior
12. La recreación
13. El cuidado del cuerpo
14. La espiritualidad
15. El arte y el desarrollo de un mundo interior

Y en este sentido es frecuente encontrar en principio que el coachee mira hacia fuera,
culpa a otros, los responsabiliza, a veces no a alguien en particular sino a un grupo o a una
entidad, del problema que está enfrentando. Esta primera mirada puede venir
acompañada de coraje, rabia y frustración al darse cuenta del poco o nulo control que
tiene sobre otros o sobre los acontecimientos que lo agobian.
Poco a poco empieza a dirigir la mirada a sí mismo, para encontrarse con su propia
responsabilidad, con su participación activa o inactiva en el problema que quiere resolver y
entonces es frecuente que estén presentes los mismos sentimientos, sólo que ahora dirigidos
hacia él o ella misma. Es un momento muy especial, es el enfrentamiento consigo mismo,
con sus debilidades, sus carencias y sus límites. En ocasiones resulta tan pesado que la
aceptación y la recuperación toman mucho tiempo e incluso, no se logran plenamente. Es
el derrumbe de la ilusión del control, de la autoridad y de la jerarquía. Es muy duro darse
cuenta que para los demás, somos solamente extras en la película donde cada uno es su
propia estrella. Pero es necesario para sanear nuestra propia imagen y nuestras relaciones.

Sólo entonces puede surgir la paz y la ambición necesarias para transitar el camino que nos
puede llevar a mejores niveles de bienestar. Pero es una lucha continua, a nivel de
razonamiento, puede quedar muy claro lo que debemos e incluso queremos hacer, pero a
nivel emocional y de voluntad las cosas no son tan fáciles. Los circuitos neuronales de los
anteriores hábitos, siguen siendo fuertes y no se pueden desactivar de la noche a la
mañana, surgen cuando menos lo esperamos, cuando menos se necesitan y vuelven a
producir esos sentimientos y actitudes que tanto daño nos hacen.

Como decía anteriormente, la lucha es larga y pesada, se requiere insistir en los


pensamientos adecuados que nos ayuden en la generación de emociones positivas y en
las acciones que nos conducen a los nuevos hábitos. No se puede desmayar en esto, y
aunque los fracasos y los errores son frecuentes, es la única manera de resolver un quiebre
profundo. Se necesita ante todo tiempo y mucha voluntad para salir adelante. Los
pequeños éxitos pueden ser un factor positivo, en el momento en que las personas sienten
que mejoran, esto les puede ayudar a persistir en sus esfuerzos y a generar la motivación
para continuar, pero de ninguna manera significa que el quiebre ha sido resuelto
definitivamente.

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