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REFLEXIONES SOBRE LA CONFERENCIA

NUEVAS IDEAS FILOSOFICAS SOBRE LA MUSICA Y SUS APLICACIONES PRÁCTICAS


DE EDGAR WILLEMS, en Paris, 6 de enero de 1934.
Orlando Duque, agosto 2018

Aborda Willems la vida y su analogía con la música, habla de la forma como la parte visible
de la obra de arte, y su espiritualidad en su concepción como aquello que no se ve, asumiendo que
la vida a pesar de sus partes interior y exterior forma una unidad, de la que muchas veces nos
ocupamos mas de la exterior que de la interior; esta última pasa desapercibida, tal como dijera
Antoine de Saints-Exupéry en El Principito: “…solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible a los
ojos.” En ese principio nace la obra arte, la vida, la música, y su unidad.
Menciona a Beethoven y Mozart, quienes planificaban su obra antes de ser concebida, o
tal vez su concepción comenzaba antes de nacer. Tal como la vida del ser humano la obra de arte
en estos dos maestros comenzaba manifiestamente mucho antes de llegar al papel, ya en su
mente el arte existía per se. Por el contrario cita Willems a Spitta, quien comenta que Bach,
escribía su obra en un “solo golpe”. En Bach los temas y sus inmensamente ricos contrapuntos,
vagaban en su cabeza, y creo ferviente que salían de ella al papel, justo en el momento que
alcanzaban la perfección, como un bebé a término, jamás prematuro. Tal vez por ello, comenta
además que Bach no cambiaba nada, y aquí justamente recuerdo, uno de los conceptos simples y
mas profundos: la obra de arte es aquello que al comienzo tiene mil formas de hacerse, y que
luego de terminarda el artista sabe que esa era la única manera de hacerse. Esto cuenta para cada
uno de ellos en su contexto histórico y artístico.
La música al contrario de la arquitectura, es efímera, esto la convierte en un fenómeno
complejo de contener, ocurre y desaparece en el justo instante que se escucha cada sonido, sin
embargo, cada sonido aun volátil, juntos a lo largo de la obra representan e impregnan su unidad.
Al final de una sinfonía de Beethoven, quien es sensible al sonido la sentirá con tanta propiedad
como quien desliza su mano por las paredes de Notre-dame y vive su textura, su frío, ello
transmite en conjunto con el espacio, su luz y sus sombras, una unidad al igual que la música, que
por efímera que sea el ser humano tiene la maravillosa capacidad de recordar los sonidos
integralmente en su esencia, en su unidad, en su espíritu.
Menciona Willems que “el arte es la expresión de lo bello”, en tanto que la belleza es
invisible a los ojos, es allí donde actúa el espíritu humano, solo así podemos hablar de Picasso o de
Miguelangel, de Bach o de Ravel con diversos sentimientos, no obstante con la misma intensidad.
Intenta Willems sistematizar la música y el ser humano en tres planos de apreciación: el
ritmo, la melodía y la armonía, confrontados al plano fisiológico, afectivo e intelectual,
respectivamente. No obstante, considero que separar la música en estos tres planos, forma parte
de un ejercicio pedagógico, que explica las partes que conforman la unidad del arte musical, pero
que cada plano a su vez es consecuencia del otro.
En relación al ser humano como artista y como hombre, señala Willems su visión, la que
comparto porque el arte nace del hombre en su contexto biopsicosocial, la obra de arte es
respuesta y reflejo del pensamiento, sentimiento y emoción, del hombre; lo que Willems señala,
como que la obra del artista y su vida, tienen un “fondo común”, aun cuando parezca que la obra
supera en creces su vida.
Habla Willems sobre las comunes fuerzas de inspiración que envuelven distintas
manifestaciones del arte, lo cual es absolutamente cierto, en tanto que, puedo aseverar que el
concepto superior de la armonía está presente en todas las manifestaciones del arte, es decir,
viendo la armonía como la perfecta fusión de los distintos planos estructurales y emocionales de
una obra en un momento histórico y cultural determinado, esa perfección constituye la
develación de la obra de arte.
En el manejo de las dimensiones debo comentar mi alineamiento con el pensamiento de
Willems, sin embargo, para el momento de esta conferencia el manejo de una cuarta dimensión,
es posible que fuera limitado. Tal como menciona él, la línea, el plano, y el volumen, son el
resultado el uno del otro, al igual que al hablar de ritmo, melodía y armonía. No obstante, la
música es el resultado del movimiento sonoro de múltiples planos, que en el papel son estáticos
pero que al ejecutarse entran en movimiento, y es así que se produce la Música per se, como una
transformación y evolución armónica de un volumen complejo. Una analogía a lo anterior puede
ser cuando hablamos del Teresacto, cuya estructura de ocho cubos en movimiento muestran una
realidad armónica de infinitos volúmenes, tal cual como ocurre con la música en ejecución y en
continuo movimiento sonoro.
La explicación de Willems, en relación con la interdependencia del ritmo, la melodía y la
armonía, es evidente ya que en la percepción de una melodía simple, ineludiblemente compuesta
de ritmo y sonido de distintas alturas, hay intrínseco una estructura armónica, que se percibe
emocionalmente, aun no estando escrita. Ello explica como la música y sus distintos elementos
están cohesionados en un terreno suprasensorial, que parte del interior del creador y a su vez de
quien escucha.
Luego de todas estas consideraciones llega Willems al momento crucial la aplicabilidad de
estas reflexiones ¿cómo transmitir al alumno los elementos mencionados?, línea, superficie y
volumen; vida física, vida afectiva y vida intelectual. En general, tal como pregunta Willems ¿es tan
difícil conservar en la música los lazos que la unen con la vida?, y después de muchos años en el
mundo de la música, pudiera decir que si, es más que difícil, complejo. Por ejemplo al enseñar al
alumno la “dinámica”, solo se habla comúnmente de un efecto sonoro, absolutamente
desprovisto de emoción, absolutamente conductual al observar una p o f. Esto me ha llevado a
ofrecer a mis alumnos un concepto de planos sonoros, en los que la dinámica es una parte de
ellos, aunada ésta última con la articulación, el color, el carácter, el vibrato, su registro, su posición
armónica, todos en conjunto producen un plano sonoro que está íntimamente fusionado a lo
físico, afectivo e intelectual, que nos permite entrar en una dimensión emocional, y sentir la
música como un fenómeno suprasensorial, desde adentro, sin dejar de lado su sentido intelectual.
En otro orden, no obstante como parte de los elementos reflexionados anteriormente,
comenta Willems sobre la capacidad auditiva que se debe estimular en los alumnos, en torno a la
justeza natural y la inteligencia auditiva, ambos representan una habilidad intelectual
imprescindible, y que la mayoría de las veces por el apuro de la obtención de metas repertoriales
inmediatas olvidamos sumergirnos en la sensibilidad sonora en sí misma, que nos dará a futuro
una profunda comprensión emocional y armónica de la unidad musical, sin embargo, para lograr
esto último es necesario aferrarse a una técnica de estimulación auditiva, tal cual que, lo único
que permite ser libre es estar aferrado a la técnica. Esta libertad entendida en la filosofía de
Willems nos lleva a la audición interior, como estado integral superior en lo físico, afectivo e
intelectual, meta última del creador e intérprete musical.
Por último, según Willems “la sensibilidad sobrepasa a la conciencia”, por ello, es
indispensable pasar por el estadío intelectual de ésta última, como única vía para acceder a la
belleza que expresan los sonidos, y así poder transmitir la música a los niños sin conceptos
perturbadores, simplemente en su esencia, en su unidad.

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