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Eclesiología

Hablar hoy de una Iglesia en comunión, en la que todos sus miembros son parte un gran
pueblo que pertenece a Dios y cuya cabeza es Cristo, resulta hasta cierto punto familiar, al
menos conceptualmente, y esto se ha alcanzado gracias a las iniciativas del Concilio
Vaticano II el cual se ha caracterizado no tanto por combatir las inexactitudes de la fe de los
fieles, sino por una transformación interior que muestra el verdadero rostro de la Iglesia,
que es ciertamente celestial, pero también terrena y peregrina, que camina al encuentro
de Cristo por quien ha sido constituida Pueblo.
Esta nueva manera de ver la Iglesia como «Pueblo de Dios» se encuentra
desarrollada con mucha claridad en la Constitución Dogmática Lumen Gentium,
específicamente en su capítulo segundo. La Lumen Gentium refleja la profunda reflexión
que se realizó en torno a esta nueva manera vivir la Iglesia, sin embargo, no fue un trayecto
sencillo debido a que no pocas veces estuvo sujeto a grandes tensiones entre los Padres
conciliares, quienes viviendo en una Iglesia jerarquizada de pronto tuvieron que enfrentarse
a la idea de una nueva formulación eclesiológica que mirara por encima de esa pirámide
jerárquica, hacia la importancia papel de los laicos en la misma Iglesia. Esta nueva
concepción resultaba algo casi imposible de aceptar, pero no tardó en hacerse merecedora
de su propio capítulo dentro de la misma Lumen Gentium.
Aniano Álvarez-Suárez, presidente del Teresianum, interpreta cuatro razones
fundamentales que impulsaron a los Padre conciliares a incluir un capítulo completo
dedicado a clarificar el tema Iglesia «Pueblo de Dios» en la Constitución dogmática Lumen
Gentium: 1) debido a que al hablar de «Pueblo de Dios» se pone de relieve la idea de que
los oficios, es decir, la misma Jerarquía, son esencialmente ministerios y servicios; 2)
muestra con mayor claridad la vida de Cristo en el mundo y su conexión con aquellos que
no son sus miembros, pero que también reciben un influjo vital; 3) la Iglesia es de institución
divina, pero de conformación humana, con todas sus implicaciones y dificultades que
rodean una institución humana; y, 4) la nueva idea de unidad, comunión e igualdad de todos
sus miembros por el Bautismo1.
Por su parte, Yves Congar diría que la Comisión Coordinadora tuvo una triple
intención: a) por un lado, mostrar cómo la Iglesia se constituye en la historia humana y el
deseo de centrar la teología en la historia de la salvación; b) mostrar cómo la Iglesia se
extiende por toda la humanidad; y, c) exponer lo que es común para todos los miembros
del Pueblo de Dios en el plano de la dignidad de la existencia cristiana2. La Iglesia, por tanto,

1
Cf. Álvarez-Suárez, Aniano, Repensando la Iglesia como “Pueblo de Dios”, desde la “Lumen Gentium”, del
Vaticano II, Teresianum, vol. 61, 2010, p.329
http://www.teresianum.net/wp-content/uploads/2016/05/Ter_61_2010-2_325-370.pdf (vi: marzo del 2018)
2
Cf. Congar, Yves, La Iglesia como pueblo de Dios, Selecciones de teología, vol.31, 1992, sumario 121
http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol31/121/121_henrici.pdf (vi: marzo del 2018)
no es solamente una institución que es vista como un conjunto de medios objetivos de
salvación, sino que también está compuesta por hombres a quienes Dios llama y que
responden a este llamamiento.
Entonces, ¿cómo comprender la Iglesia a partir de la noción de Pueblo de Dios? El
exégeta de Bochum Werner Berg afirma que «[…] la expresión pueblo de Dios manifiesta el
parentesco con Dios, la relación con Dios, el vínculo entre Dios y lo que se designa como
pueblo de Dios»3, de modo que, si manifiesta un parentesco con Dios, tiene su fundamento
en una estructura trinitaria, por lo tanto, relacional, que no está para sí misma, sino para el
servicio de los hombres, a quienes busca reunir para dar gloria a Dios. Es por ello que el
cardenal Ratzinger mencionó que la Iglesia «[…] se extiende a todas las naciones y funda en
todos los pueblos el único pueblo de Dios»4. A esto habría que agregar que «la salvación es
siempre comunitaria e implica la pertenencia al pueblo de Dios, lo cual significa que todos
los bautizados se encuentran unidos a ese nivel fundamental, que es previo a cualquier
diferenciación posterior»5.

¿Qué valores se desprenden de esta idea de Pueblo de Dios?6


Valor histórico-salvífico
Sirve para expresar la continuidad del plan de Dios entre Israel y la Iglesia, y que se traduce
en una intervención histórica que afecta a la humanidad. Es bajo esta clave que el Pueblo
de Dios vuelve a tomar conciencia de que es el portador de la esperanza de una
consumación del mundo en Jesucristo. Es pueblo elegido, instituido y consagrado por Dios
para ser su testigo.
Valor antropológico
Antes del Concilio, había textos que consideraban a la Iglesia independientemente de los
hombres. Sin embargo, la Iglesia está formada por hombres que se abren al llamamiento de
Dios. En este sentido, se ha tomado conciencia de la variedad de carismas concedidos a
muchos fieles y de la acción saludable ejercida por la comunidad de cristianos.
Valor dinámico de historicidad

3
Werner Berg, Bochum, citado por: Joseph Ratzinger, Conferencia sobre la eclesiología de la “Lumen
Gentium”, Congreso Internacional sobre la aplicación del Concilio Vaticano II, 2000, (vi: marzo del 2018).
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000227_ratzin
ger-lumen-gentium_sp.html
4
Ratzinger, Joseph, Conferencia sobre la eclesiología de la “Lumen Gentium”, Congreso Internacional sobre la
aplicación del Concilio Vaticano II, 2000, (vi: marzo del 2018).
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000227_ratzin
ger-lumen-gentium_sp.html
5
Bueno de la Fuente, Eloy, Eclesiología, Ed. BAC, Madrid, 1998, p.29
6
Cf. Congar, Yves, La Iglesia como pueblo de Dios.
La Iglesia está sujeta al tiempo y al espacio, al fin conformada por hombres, se encuentra
en marcha hacia la eterna morada en el Reino.
Valor funcional
La categoría Pueblo de Dios permite afirmar a la vez la igualdad de todos los fieles en la
dignidad de la existencia cristiana y la desigualdad orgánica o funcional de los miembros. La
estructura ya no es dada como mera jerarquía, sino como descripción de un oficio-servicio.
Valor ecuménico
La idea de elección y llamamiento, sobre todo, la dependencia en la iniciativa divina; así
también la idea de inacabamiento y de espera.

¿Cuál sería el sentido teológico de la Iglesia como «Pueblo de Dios»?


Eloy Bueno menciona ocho aspectos a considerar7:
a) El deber de ver a la Iglesia desde la continuidad-discontinuidad entre el Antiguo y Nuevo
Testamento, es decir, una continuación de la alianza antigua, consumada y matizada por
Jesús, por su Pascua y por la efusión del Espíritu Santo.
b) El «Pueblo de Dios» considerado desde su dimensión trinitaria.
c) La Iglesia «Pueblo de Dios» hace alusión a su dimensión también comunitaria.
d) Se pone de manifiesto la igual básica de todos.
e) Es una Iglesia inserta en el tiempo y el espacio, peregrina en este mundo, y viviendo en
medio de otros pueblos.
f) Es una Iglesia peregrina, sujeta a la gracia, al servicio de la misma.
g) Es una Iglesia solidaria a las necesidades de los hombres.
h) Todos están invitados a formar parte de este Pueblo, es por ello que ha de extenderse a
todo el mundo.

7
Cf. Bueno de la Fuente, Eloy, Eclesiología, Ed. BAC, Madrid, 1998, p.39-40
Un acercamiento a la Constitución dogmática Lumen Gentium
El título «Iglesia-Pueblo de Dios», está situado entre los capítulos primero, El misterio de la
Iglesia, y tercero, Constitución jerárquica de la Iglesia, probablemente porque la Iglesia-
Pueblo adquiere una mayor relevancia que la misma jerarquía eclesial, la cual ahora no es
que vaya a menos, sino que considerando la igualdad de todos los bautizados -quienes
conforman el Pueblo- la jerarquía es ahora consideraba más bien en relación oficio-servicio,
como ya se mencionó con anterioridad. Pero ¿qué desarrolla el Concilio a partir de esta
Constitución? Se mencionarán algunos puntos:
1. La Nueva Alianza y el Nuevo Pueblo de Dios. Fue Voluntad de Dios constituir un pueblo
que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Cristo como cabeza de este nuevo
pueblo mesiánico. Este pueblo es germen de esperanza, unidad y salvación.
2. ¿Cómo se entra a formar parte de este Pueblo? Los bautizados son consagrados por la
regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa Espiritual y así anuncien el poder
de Aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.
3. ¿Quiénes son los llamados a formar parte del Nuevo Pueblo de Dios? Todos los
hombres están llamados a formar parte del nuevo pueblo de Dios. Por lo cual, este
pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe de extenderse a todo el mundo y en todos los
tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios.
4. ¿Qué sucede con los no católicos y los no cristianos? La Iglesia se reconoce unida con
quienes están bautizados, pero no profesan la fe en su totalidad. Por su parte, los no
cristianos se ordenan al pueblo de Dios de diversas maneras: a) el pueblo de Israel, b) los
musulmanes y, c) los que buscan a Dios entre sombras e imágenes, pero con un corazón
sincero, y bajo el influjo de la gracia cumplen con obras su voluntad de acuerda a un sano
juicio de conciencia pueden conseguir salvación eterna.
5. La Iglesia misionera. Es un mandato que da Cristo a sus apóstoles, es una ardua tarea de
llevar el mensaje de la Buena Nueva hasta los confines de la tierra.
El Papa Francisco, en la Audiencia General en la Plaza san Pedro actualiza muy bien el
mensaje transmitido por la Lumen Gentium a los tiempos nuevos, aseverando que Dios no
pertenece en modo propio a pueblo alguno, sino que es Dios quien llama e invita sin
distinción, haciéndolo con respeto y amor8. De manera muy clara, a manera de preguntas y
respuestas, el Papa Francisco expone la siguiente catequesis:
¿Cómo llegar a ser miembros del Pueblo de Dios? Somos introducidos por medio del
Bautismo, a través de la fe en Jesucristo. De manera que invita a alimentar y a procurar el

8
Cf Papa Francisco, Audiencia General, plaza san Pedro, 12 de junio del 2013 (vi: marzo del 2018)
https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-
francesco_20130612_udienza-generale.html
crecimiento de este don, sin dejar a un lado la constante introspección y el cuestionamiento
incesante de la propia vivencia de la fe.
¿Cuál es la ley del Pueblo de Dios? Es la ley del amor, amor a Dios y amor al prójimo según
el mandamiento nuevo que nos dejó el Señor (cf. Jn 13, 34). Es reconocer a Dios como único
Señor de la vida y, al mismo tiempo, acoger al otro como verdadero hermano, superando
divisiones, rivalidades, incomprensiones, egoísmos.
¿Qué misión tiene este Pueblo? La de llevar al mundo la esperanza y la salvación de Dios:
ser signo del amor de Dios que llama a todos a la amistad con Él; ser levadura que hace
fermentar toda la masa, sal que da sabor y preserva de la corrupción, ser una luz que
ilumina. Hace hincapié en que la luz de Cristo es más fuerte y grande que la oscuridad del
mundo.
¿Cuál es la finalidad del Pueblo de Dios? Su mirada está puesta en el Reino de Dios. Es la
comunión plena con el Señor, la familiaridad con el Señor, entrar en su misma vida divina,
donde viviremos la alegría de su amor sin medida, un gozo pleno.
Por último, el Papa Francisco concluye diciendo que ser Iglesia, según el designio de amor
de Dios, quiere decir ser el fermento de Dios en medio de la humanidad, quiere decir
anunciar y llevar la salvación de Dios al mundo entero. La Iglesia tiene que ser espacio de la
misericordia y de la esperanza de Dios, lugar donde cada uno se sienta acogido, amado,
perdonado y alentado a vivir según la vida del Evangelio. La Iglesia necesita permanecer con
las puertas abiertas, de modo que pueda anunciar con mayor eficacia, por medio del amor,
el Evangelio.