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EDITOR ASOCIADO CATHERINE MILLOT

JUAN GRANICA DEPARTEMENT DE PSYCHANALYSE,


VINCENNES (PARIS)
TRADUCCION DE
IRENE AGOFF
REVISION TECNICA DE

FREUD
NELIDA HALFON

ANTI-PEDAGOGO

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Diseño de la colección editorial ©


f^cujAOce
Rolando & Memelsdorff PAIDOS «¡ooioa*
México — Buenos Aires — Barcelona
Título original:
Freud anti-Pédagogue
La Bibliothéque d'Ornicar?, París, 1979

Ia. edición en México, 1990

.© Lyse - Ornicar?, 1979

© de todas las ediciones en castellano,


I - SEXUALIDAD Y CIVILIZACION
Editorial Paidós, SAICF;
Defensa, 599; Buenos Aires;
Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Prefacio 13
Mariano Cubi, 92; Barcelona;
Tel.: 200 01 22 1. La moral social: palabra prohibida y so juzgamiento
sexual 17
© de esta edición
Editorial Paidós Mexicana, S.A. 2. Lucifer-Amor 23
Guanajuato 202-302
3. Perversión y civilización 29
06700 Col. Roma
México, D.F. 4. Los excesos del sojuzgamiento sexual 35
Tels.: 564-7908 • 564-5607
5. El imposible goce 43

ISBN: 968-853-160-X

II - EDUCACION Y DESARROLLO
Toda reproducción total o parcial de este libro, en cualquier forma que sea, idéntica o
modificada, escrita a máquina, por el sistema «multigraph», mimeógrafo, en composición
6. La sexualidad infantil 49
tipográfica impresa, en fotocopias o mediante el sistema offset, no autorizada por los editores,^
viola derechos reservados. 7. La crítica freudiana de la educación 55
8. Algunas propuestas para una educación de orientación
Impreso en México analítica: Juanito 61
Printed in México
9. El Yo y la realidad 71
Facultad da Psieotogi 10. Tótem y tabú 89
11. El narcisismo 105
CLASIF.

EJ. . h ^ L l
III - LO REAL Y LO IDEAL
NO. ADQ. &o<2AV
12. La pulsión de muerte y lo real. / 123
13. La educación para la realidad ^ 129
Portada: reproducción de un dibujo de Grandville
14. El malestar en la civilización 141
IV - PSICOANALISIS Y EDUCACION
INTRODUCCION
Prefacio 155
15. L^ts críticas pos-freudianas . 159
16. i^yoceso educativo y proceso psicoanalítico 165
17. El análisis de niños: ¿psicoanálisis o pedagogía? 177
18. ¿Es posible una pedagogía analítica? 189

Conclusión 207
Bibliografía 209
No encontramos en la obra de Freud ningún tratado de edu-
cación, y sería inclusive inútil buscar elementos del mismo. Es
cierto que Freud se empeña en una severa crítica de las prácticas
educativas de su época, pero en cambio sobre este dominio no es
pródigo en consejos.
¿Se trata de negligencia o de una falta de interés personal? En
este caso habría que acudir a otros autores para indagar en las
relaciones del psicoanálisis con la educación y su aportación a
esta última. Creemos, por el contrario, y esperamos demostrarlo,
que la carencia de prescripciones pedagógicas en Freud tiene
causas ligadas más esencialmente a los propios descubrimientos
del psicoanálisis, en particular aquellos referidos, por una parte, a
los procesos del desarrollo individual y al funcionamiento psí-
quico, y vinculados, por otra, a la posición del psicoanalista.
No nos proponemos, pues, elaborar un tratado de pedagogía
freudiana. Antes bien, nos consagramos a mostrar de qué modo
esos descubrimientos conducen a un cuestionamiento de la pe-
dagogía misma como ciencia de los medios y fines de la educa-
ción. Indagamos en la obra de Freud para tratar de responder a la
cuestión de la posibilidad de basar en los hallazgos del psicoaná-
lisis una pedagogía que extraería las consecuencias respectivas,
tanto a nivel de los fines que deben asignarse a la educación,
como al de los métodos.
¿Es posible una «educación analítica», en el sentido, por ejem-
plo, de que la educación se propondría un objetivo profiláctico
con respecto a las neurosis, extrayendo así una lección de la
experiencia psicoanalítica en lo que atañe al valor patógeno de la

9
INTRODUCCION

coartación de las pulsiones, generadora de represión? Veremos I


que Freud, quien por un tiempo creyó posible orientar sus espe-
ranzas hacia semejante función profiláctica de la educación, ulte-
riormente fue llevado a enterrarlas. SEXUALIDAD Y CIVILIZACION
¿Se puede concebir una pedagogía «analítica», en el sentido
de que se propondría los mismos fines que la cura de igual
nombre: resolución del complejo de Edipo y superación de la
«roca de la castración»? ¿O bien en el sentido de que se inspiraría
eri el método analítico para transponerlo a la relación pedagó-
gica? ¿Puede haber en este sentido una aplicación del psicoaná-
lisis a la pedagogía?
Estas son las preguntas a las que intentaremos dar respuesta a
partir de la relectura de los textos de Freud.
La enseñanza de Jacques Lacan nos sirve aquí de guía, por lo
cual frecuentemente hemos de recurrir a su interpretación de los
textos freudianos.

JO
PREFACIO

El problema de la educación en la obra de Freud debe ser


abordado mediante el otro, más general, de las relaciones entre el
individuo y lo que Freud llamó «la civilización». En efecto, cro-
nológicamente es a ésta a la que dirige primero sus críticas,
imputándole buena parte de responsabilidad en la génesis de las
neurosis, sobre todo en lo que califica como su extensión al
siglo XIX. En cuanto a este último punto, Freud se sitúa en la
misma línea que buen número de sus contemporáneos, especia-
listas en enfermedades nerviosas. Ehrenfels, por ejemplo, a quien
cita en La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna, también
atribuía a los daños producidos por la civilización industrial mo-
derna el aumento del número de enfermedades mentales. En
Francia, a finales del siglo XIX, los Annales médico-psychologiques1
dan fe de la existencia de una polémica sobre las relaciones entre
civilización y enfermedades nerviosas. La agitación de la vida
moderna, la competencia económica, la rivalidad, la precariedad
de la vida material en el proletariado, las ansiedades debidas a la
inseguridad y el surmenage son frecuentemente incriminados.
Donde Freud innova es en el hecho de dirigir sus críticas, opues-
tamente a sus contemporáneos, a la moral sexual civilizada y no
al género y ritmos de vida impuestos por la civilización industrial.
Fue esto lo que le condujo a abordar el problema de la educa-
ción. En efecto, si la responsable de las neurosis es la actitud
moral frente a la sexualidad, la educación que hace de vehículo a
dicha moral pasa a ser el agente directo de la propagación de la

1. Cf. nuestra bibliografía.

155
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION PREFACIO

neurosis. Y una reforma de la educación constituiría así el cami- de su aptitud para la felicidad. No obstante, al mismo tiempo que
no más corto hacia una transformación de la moral sexual. La critica la coartación sexual excesiva por parte de la civilización,
profilaxis de las neurosis está en manos del educador, quien Freud señala la posibilidad de que exista un elemento que haga
puede acusar la influencia de la enseñanza del psicoanálisis. fracasar la mira hedonista a nivel de la civilización. Ya en esa
Si bien la introducción del problema de la educación a través época surge la sospecha de que en el seno de ésta podría existir
del de la civilización está justificado desde un punto de vista una dimensión diferente a la del principio del placer y al cálculo
cronológico, también encuentra su fundamento lógico en las utilitarista del menor sacrificio de placer compatible con las
concepciones de Freud sobre los vínculos entre el desarrollo del necesidades de la supervivencia. Esta otra dimensión también se
individuo y el desarrollo de la especie: entre ontogénesis y filo- encuentra en el centro del funcionamiento psíquico del indivi-
génesis. Según Freud, la historia del individuo reproduce la his- duo y modifica, a la vez, la problemática de la civilización y de la
toria de la humanidad. En ambos niveles aparecen los mismos educación.
conflictos, las mismas soluciones y los mismos atolladeros y an- Agreguemos que en la obra de Freud la noción de civilización
tinomias. Las fuerzas que presidieron la evolución de la huma- resulta fluctuante y poco definida. Unas veces se trata, en La
nidad también se encuentran en el origen del desarrollo del moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna por ejemplo, de lo
individuo. Fuera de ello, la relación que Freud establece entre que podríamos llamar, con idéntica imprecisión, civilización in-
ontogénesis y filogénesis permite definir en qué consiste para él dustrial occidental, o sea lo que en otro discurso recibiría el
la educación: hacer que el niño vuelva a cumplir la evolución que nombre de sociedad capitalista y su ideología; otras veces, el
condujo a la humanidad hacia la civilización. Aquí se apoya en la término civilización es tomado en un sentido mucho más amplio
«ley biogenética fundamental», formulada por vez primera por y designa el conjunto de instituciones que una comunidad hu-
Haeckel, y que Comte y Spencer habrán de retomar por su lado.2 mana se da con vistas a su conservación, así como el conjunto de
La educación es un proceso de desarrollo y maduración parcial- sus obras. En suma, el término civilización se refiere en ciertos
mente inscrito en el patrimonio genético del niño, que es el casos a la civilización occidental de finales del siglo XIX, la de sus
producto de la historia de la humanidad. enfermos, ella misma enferma del desarrollo de un germen que
De este modo, la antinomia que Freud cree descubrir entre Freud sitúa míticamente en el momento del pacto primordial
sexualidad y civilización reaparecerá en el interior de la relación que siguió al asesinato del padre primitivo, pacto que constituye
educativa. El problema de esta antinomia a nivel de la civilización el acto de nacimiento de la civilización considerada en el sentido
habrá de desplazarse, y Freud aspirará a verlo resuelto mediante amplio del término.3
una reforma de la educación; ello, hasta que por un movimiento Así, pues, la noción de civilización acabó convirtiéndose en
inverso se vea inducido a renunciar, en gran parte, a sus esperan- Freud en casi un sinónimo de la Ley correlativa a la renuncia al
zas de reforma, y a justificar los límites de la acción educativa por goce.
la existencia de una renuncia original, fundadora de toda socie-
dad humana, a una parte esencial del goce sexual.
El problema planteado por Freud a nivel de la civilización, 3. «El término civilización (Kultur) designa la totalidad de las obras y organi-
vale decir, cómo conciliar las exigencias egoístas del individuo zaciones cuya institución nos aleja del estado animal de nuestros antepasados, y
que sirven a dos finalidades: la protección del hombre contra la naturaleza y la
con las de la renuncia, impuestas por la civilización, e» el mismo reglamentación de las relaciones de los hombres entre sí.» Malaise dans la tivilisa-
que la educación tiene que resolver concretamente: cómo conci- tiort, p. 37 (PUF, 1971). «[Por cultura (Kultur)] entiendo todo aquello mediante lo
liar el desarrollo del niño hacia la civilización con la conservación cual la vida humana se ha elevado por encima de las condiciones animales... y
desdeño separar la civilización de la cultura», Avenir d'une illusion, p. 8 (PUF,
1971). «El malestar en la cultura», O.C., III (p. 3017). «El porvenir de una
2. Cf. J. Ulman, La pensée éducative contemporaine, París, 1976. ilusión», O.C., III (p. 2961).

14 15
11

LA MORAL SOCIAL
Palabra prohibida y sojuzgamiento sexual

«Es interés de todos que se acabe por considerar


como un deber, entre los hombres y las mujeres, el
logro de un más alto grado de honestidad respecto de
las cosas sexuales del que hasta el presente se ha
esperado de ellos. Con esto, la moral sexual no puede
sino salir gananciosa. En materia de sexualidad,
hoy en día somos todos hipócritas. Si, como efecto de
esa honestidad general, alcanzáramos cierta tole-
rancia en el terreno sexual, ello no nos traería más
que ventajas.»
La sexualidad en la etiología de las neurosis
(1898)

En 1893, Freud formuló sus primeras críticas respecto de la


civilización en nombre de la etiología sexual que creyó posible
asignar a la neurastenia y a la neurosis de angustia. Estos dos
tipos de neurosis, a las que calificó de «neurosis actuales» —por
oposición a las «psiconeurosis de defensa», de origen esencial-
mente psíquico—, resultaban, a su parecer, de la insatisfacción
sexual derivada de prácticas tales como el onanismo y el coitus
interruptus, que el malthusianismo impuesto por las condiciones
sociales y económicas habían vuelto inevitables. De este modo,
las exigencias de una sexualidad sana entran en contradicción
con las de la sociedad de su época. «La tarea del médico, escribe a
Fliess, es enteramente de orden profiláctico. La primera parte de
esta tarea, que consiste en prevenir los trastornos sexuales del
primer período, se confunde con la profilaxis de la sífilis y la

123
sexualidad ycivilizacion
LA MORAL SOCIAL: PALABRA PROHIBIDA Y SOJUZGAMIENTO SEXUAL

blenorragia, peligros que amenazan a todos aquellos que re-


nuncian a la masturbación. El único otro sistema consistiría en plazo, posible. Asimismo, la antinomia entre sexualidad y socie-
autorizar la libertad de relación entre muchachos y jovencitas de dad, engendrada por las exigencias del malthusianismo, parece
buena familia, pero esto sólo podría alcanzarse si se dispusiera de capaz de ser superada gracias a los progresos de la ciencia, lo que
métodos anticonceptivos inofensivos.» [...] «En ausencia de toda traería aparejado, por la fuerza de las cosas, un cambio en las
solución posible, la sociedad parece condenada a ser víctima de costumbres.
neurosis incurables que reducen al mínimo la alegría de vivir, A cambio de esto, la etiología específica de la histeria y de la
destruyen las relaciones conyugales y, por obra de la herencia, neurosis obsesiva (psiconeurosis de defensa) transforma los da-
traen aparejada la ruina de toda la generación venidera.» 1 tos del problema y lleva a Freud a abordarlo bajo un ángulo
En el texto que acabamos de citar, Freud se sitúa en una diferente.
perspectiva estrictamente médica, y no moral o política. En este En la misma época en que intenta referir la etiología de la
nivel, la contradicción entre sexualidad y sociedad no le parece neurastenia y de la neurosis de angustia a trastornos actuales de
insoluble. Orienta sus esperanzas hacia el descubrimiento de la función sexual, les opone el grupo de las «psiconeurosis de
métodos contraconceptivos eficaces e inofensivos que permiti- defensa»2 —que comprenden la histeria y la neurosis obsesiva—,
rían conciliar las exigencias de la sexualidad con las de la econo- así llamadas en virtud del mecanismo que preside su formación.
mía. Incluso cuando preconiza las libres relaciones entre «mu- En efecto, Freud les atribuye como causa un conflicto psíquico
chachos y jovencitas de buena familia», no lo hace en nombre de resultante de la defensa del sujeto contra representaciones, par-
una moral nueva sino en el de la higiene. Su preocupación inicial ticularmente de naturaleza sexual, incompatibles con su ideal de
es de índole profiláctica: cuando diagnostica las causas del mal y pureza. La conciencia se niega a tomarlas a su cargo, y ellas
preconiza remedios, lo hace en su carácter de médico. sucumben a la represión; el conflicto psíquico en su conjunto
Con posterioridad, al atacar más directamente la moral social permanece inconsciente y encuentra su expresión en los sínto-
y la educación de su tiempo, lo hará también a partir de su mas, que constituyen un compromiso entre las fuerzas actuantes.
posición de terapeuta y de los problemas particulares que en- Esta etiología particular condujo a Freud a abordar la cuestión de
frenta como clínico. La marcha de su reflexión acerca de estas la moral social. En efecto, en este caso lo patógeno, a diferencia
cuestiones seguirá siempre estrechamente ligada a los descubri- de lo que sucede en las neurosis actuales, ya no es solamente la
mientos de su práctica de analista. Y cuando asuma posiciones falta de satisfacción sexual, sino el mero hecho de la represión de
éticas, siempre será en nombre de lo que el psicoanálisis le ha las representaciones sexuales, represión imputable a la morali-
enseñado. dad del sujeto.
El problema del malthusianismo y de su solución preocupará Esta, fruto de su educación, muestra estar operando en las
a Freud durante largo tiempo. Lo evoca aún en 1908, en La moral neurosis, cuya frecuencia Freud cree constatar en las clases socia-
sexual «cultural» y la nerviosidad moderna, y en 1898 desarrolla am- les donde la educación en el plano sexual es más estricta. En 1896
pliamente este tema en La sexualidad en la etiología de las neurosis, observaba: «Dado que el esfuerzo de defensa del Y o depende de
época en la que mucho esperaba de las investigaciones de su todo el desarrollo moral e intelectual de la persona, hallaremos
amigo Fliess sobre este terreno. ahora menos incomprensible que la histeria sea mucho más rara
Dentro del contexto definido por la etiología de las neurosis en las clases bajas de lo que su etiología específica debería per-
actuales, la profilaxis de las neurosis parece, a mayor o menor mitir». 3

2. Cf. «Les psychonévroses de défense» (1894), Nívrose, psychose etperversions,


1. Manuscrito
1956, PUF, p. 66. B del 8 de febrero de 1893, La naissance de lapsychanalyse, París, París, 1973, PUF. «Las psiconeurosis de defensa», O.C., I (p. 169).
3. «L'Etiologie de l'hystérie» (1896), Névrose, psychose et perversión, p. 102. «La
etiología de la histeria», O.C., I (p. 299).

188
19
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LA MORAL SOCIAL: PALABRA PROHIBIDA Y SOJUZGAMIENTO SEXUAL

¿Puede la necesidad económica, que impone la práctica del prensible e inmerecido golpe del destino el que sus hijos sean los
malthusianismo, explicar por sí sola la existencia de una moral únicos en volverse neuróticos. Pero, sobre todo, hay que dar un
que estigmatiza como vergonzosos no sólo la actividad sexual espacio en la opinión pública a la discusión de los problemas de
sino también los pensamientos a ella vinculados? la vida sexual. Tendrá que hacerse posible hablar de estas cosas
La acción del educador, que apunta a prohibir a los adolescen- sin ser considerado como factor de trastornos o como un explo-
tes la manifestación de la sexualidad, ¿puede explicarse entera- tador de los más bajos instintos. Y aquí también queda mucho
mente a partir de exigencias contingentes de naturaleza social? por hacer para que durante los próximos cien años la civilización
En la sociedad burguesa occidental los jóvenes se ven forzados, aprenda a contemporizar con las exigencias de nuestra sexua-
por razones económicas, a alcanzar una edad avanzada para po- lidad.»4
der casarse y tener relaciones sexuales; por tanto, la educación Más allá de una liberalización de las costumbres sexuales, lo
debe esforzarse en enseñarles a ser pacientes. Pero, ¿justifica esto que debe lograrse es una liberación de la palabra y del pensa-
que para lograr tal fin la sexualidad sea objeto de una condena miento. En la misma época de la concepción catártica elaborada
moral que la estigmatiza como vergonzante? ¿Es para precaverse por Breuer para dar cuenta de los efectos terapéuticos de la
mejor contra el paso al acto de los adolescentes por lo que se les talking-cure, según expresión de Anna O., y a la que se consideró
prohibe incluso pensar en él? ¿A esto se debe que lo que atañe a causante de una descarga de las excitaciones, de una abreacción,
la sexualidad esté condenado a la represión, y a permanecer en el Freud señalaba ya que la explosión de los afectos observada en
inconsciente al precio de la neurosis? los pacientes debía ser seguida por la expresión verbal del re-
Tal es el problema que Freud comenzó a plantearse entonces, cuerdo traumático, donde la palabra podía incluso reemplazar a
y también él chocó con la moral sexual de su época: cuando la expresión emocional. En efecto, «el ser humano encuentra en
intentó hacer conocer su descubrimiento de la etiología sexual el lenguaje un equivalente del acto, equivalente merced al cual el
de las neurosis vio que se le opuso una indignada no acepta- afecto puede ser abreaccionado poco más o menos en la misma
ción por parte del ambiente médico. Los tabúes que afectan a la forma» .5
sexualidad obstruyen igualmente la investigación científica. La El psicoanálisis opera por medio de la palabra. El trabajo de la
prohibición que pesa sobre el sexo pesa también sobre el pensa- cura analítica consiste en hacer posible el advenimiento de una
miento. palabra al lugar de'un síntoma. De este modo, el progreso de la
¿Los medios puestos en práctica, no desbordan los fines per- cura tendría su prototipo en el desarrollo mismo de la civiliza-
seguidos? Si Freud vuelve a cuestionar la moral sexual de su ción, si es cierto, como sugiere Freud en 1893, que «el primer
tiempo es en nombre de una ética de la honestidad y del respeto a hombre que arrojó contra su enemigo una injuria en lugar de una
la verdad. Esta ética, base de toda actividad científica, se impone lanza fue el fundador de la civilización».6
más todavía en la práctica analítica: la prohibición que pesa sobre Aquello que pone obstáculos a la palabra se opone de este
el pensamiento está en el centro de la neurosis. Ambas, la activi- modo al progreso de la civilización y aun de la humanidad. Ve-
dad científica y la profilaxis de las neurosis, exigen una transfor- mos delinearse aquí las bases de la ética impuesta a Freud por su
mación de la moral social.
«Habría que cambiar muchas cosas. Es necesario vencer la
resistencia de una generación de médicos que se han vuelto 4. Standard Edition, T. III, p. 278, Etiologie sexuelle des ne'vroses. «La sexualidad
en la etiología de las neurosis», O.C., I (p. 317).
incapaces de recordar su propia juventud, triunfar sobre el or- 5. Etudes sur l'hystérie, PUF, París, 1956, pp. 5 y 6. «Estudios sobre la histeria».
gullo de padres que no quieren rebajarse a un nivel humano O.C., I (p. 39).
frente a sus hijos, combatir la gazmoñería insensata de las ma- 6. Standard Edition, T. III, p. 36, On the PsychicalMechonism ofHysteria (1893).
«El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos (comunicación prelimi-
dres, esas madres que actualmente consideran como un incom- nar)», O.C., I (p. 41).
21 4?
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION

íctica- de analista. Si el lenguaje es consubstancial a la humani-


2
j j ésta encuentra en él el fundamento de su vocación ética. La
x ensió" k palabra cuyo advenimiento los hombres deben
'biH tar e s Reparable de la dimensión de la verdad. El psico- LUCIFER-AMOR
: s demuestra que es la falta de una palabra verdadera lo que
A oríg e n síntoma, que viene a ocupar su lugar. El síntoma
h bía Y s a ^ e m o s desde que Freud se consagró a descifrarlo;

• e 'a la verdad por causa, pero nace de una mentira. «Proton


seduoSi la primera mentira de la histérica»: 1 así califica Freud a
f «falsa asociación», consecutiva a la represión, que da naci-
• n to al síntoma. Una ética basada en la palabra es una ética de
verdad. La neurosis es el fruto de una mentira que no es otra
cosa q l É falta
n iuw • de rpalabra, que no nace . sino por r falta de una
«En mi opinión, debe existir en la sexualidad una
alabra» y casi siempre es una mentira piadosa, aquella que im- fuente independiente de displacer.»
P n ja hipocresía general y la educación bienpensante, es de- Manuscrito K, 1 de enero de 1896.
cir, la q u e P r o h í b e P e n s a r -
Freud, pues, es llevado a denunciar aquí los abusos de una
oral sexual que no se contenta con vedar los actos, eventual- ¿Por qué razón duplica la sociedad la prohibición impuesta al
ente perjudiciales para la sociedad, sino que llega incluso a acto sexual —y que podrían justificar las necesidades económi-
rohibif las intenciones, y aun el mero pensamiento, trayendo cas— con la prohibición moral aplicada a la palabra y al pensa-
P , aparejada la inhibición de la actividad intelectual. Vemos qué miento? Dicho de otro modo, ¿cuál es el origen de la hipocresía
cosa d e ^ e a ^ e n particular la cristiana, esta moral que social respecto a la sexualidad? Freud procuró brindar una expli-
cación analítica del rechazo de la sexualidad por parte de la moral
hostiga incluso los «malos pensamientos». Sobre este punto hará
y la educación, y a ello le condujeron los problemas teóricos que
sar Freud las críticas más acerbas cuando, en Un recuerdo infantil
le planteó su práctica de analista.
¿e ^ en El porvenir de una ilusión, acuse a la religión
¿Basta la conciencia moral del sujeto para explicar el hecho
¿e atentar contra el libre ejercicio del pensamiento. Sin embar-
fieud no se limita a la crítica, sino que además intenta dar de que la represión sólo afecta a las representaciones de carácter
sexual?
una interpretación analítica que alcanza en su centro al problema
de las relaciones entre civilización y sexualidad. En el origen de las psiconeurosis Freud creyó descubrir en un
principio la constancia de un acontecimiento de orden sexual
sobrevenido en la primera infancia, y que cobraría en la pubertad
todo su valor traumático, generador de neurosis. Así, pues, para
que aparezca una neurosis, «es preciso que el incidente provoca-
dor haya sido de orden sexual, y además que se haya producido
antes de la madurez sexual (condiciones necesarias de sexualidad
e infantilismo)». 1
El primer problema que esta etiología plantea reside en la
paradoja de un recuerdo que produce un efecto mucho más
7 . Cf. «L'Esquisse dune psychologie scientifique», Naissance de la psycbanalvse
363. «Proyecto de una psicología para neurólogos», O.C, I (p. 209).
1. Manuscrito K, del 1 de Enero de 2896, La naissance de lapsychanalyse, p. 130.
22
23
t - i- JUroi^b
U. A. Q,
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LA MORAL SOCIAL: PALABRA PROHIBIDA Y SOJUZGAMIENTO SEXUAL

considerable que el propio acontecimiento. Sólo lo que perte- campo), la represión no se produce, y entonces ninguna excita-
nece al registro sexual es susceptible, según Freud, de un efecto ción sexual infantil trae aparejada represión ni, por consiguiente,
semejante de aprés-coup, en tanto que la aparición tardía de la neurosis. Me temo, no obstante, que esta explicación no podrá
pubertad suministra la condición de posibilidad de esta clase de resistir un examen detenido. No puedo creer que¿una produc-
fenómenos.2 Así se explicaría que «sólo representaciones de con- ción de displacer durante las experiencias sexuales pueda derivar
tenido sexual pueden ser reprimidas [...] En general, el efecto de la intromisión fortuita de ciertos factores de displacer. La
correspondiente es mucho más intenso que el producido en experiencia cotidiana nos enseña que cuando la libido alcanza un
oportunidad de la rememoración. Pero cuando la experiencia nivel suficientemente elevado no se produce ningún sentimiento
sexual tiene lugar en la época de la inmadurez sexual y su recuer- de repugnancia. La moralidad entonces se calla. Creo que el
do es despertado durante o después de la época de la madurez pudor debe depender enteramente del incidente sexual. En mi
sexual, entonces el recuerdo actúa mediante una excitación in- opinión, debe existir en la sexualidad una fuente independiente de displacer.
comparablemente más intensa que la que en su momento habría Si esta fuente existe, ella puede estimular las sensaciones de
presentado la experiencia; en efecto, en el ínterin, la pubertad ha repugnancia y conferir su fuerza a la moralidad,»4
incrementado enormemente la capacidad de reacción del aparato Freud opera aquí una inversión total del problema. No es que
sexual. Ahora bien: es esta relación invertida entre la experiencia en el origen de la represión de la sexualidad se hallaría la morali-
real y el recuerdo lo que parece entrañar las condiciones psicoló- dad, sino que ésta provendría de la naturaleza de la pulsión
gicas para una represión. La vida sexual, a causa del retardo de la sexual. La causa de la neurosis no estaría en la moral, que pertur-
madurez pubertaria en relación con las funciones psíquicas, ofre- ba la vida sexual, sino que la moralidad posee la fuerza demos-
ce la única posibilidad de que se produzca tal inversión de la trada por la neurosis porque la sexualidad es, por esencia, per-
eficacia relativa. Los traumas infantiles actúan aprés-coup como turbadora. La moralidad no es más que una, entre otras, de las
experiencias nuevas, pero entonces de manera inconsciente». 3 armas utilizadas por los hombres para defenderse de su sexuali-
Sin embargo, esto no basta para resolver el problema: para dad: «Cuando sospechamos que la moralidad es tan sólo un
que haya represión tiene que haber displacer. La cantidad de pretexto, esta idea se justifica con el hecho de que la resistencia
excitación no puede explicar por sí sola el displacer. «Buscando se sirve, en el curso del tratamiento, de todos los motivos posi-
el origen del displacer engendrado por una excitación sexual bles con vistas a una defensa».5
precoz, sin la cual no sería explicable represión alguna, penetra- El pasaje que acabamos de citar, extraído de un manuscrito de
mos en el meollo mismo del problema psicológico. La respuesta 1896 dirigido a Fliess, da testimonio de lo que consideramos
que de inmediato se presenta en nuestra mente es la que sigue: como la experiencia germinal de Freud. En él vemos perfilarse lo
las fuerzas represoras son el pudor y la moralidad. La vecindad que Freud llamará «la silueta de Lucifer-Amor». 6 Allí queda cir-
que la naturaleza ha conferido a los órganos sexuales debe susci- cunscrito lo esencial de la problemática planteada por la neurosis
tar inevitablemente, en el momento de las experiencias sexuales, y revelada por la experiencia analítica. También vemos expresar-
un sentimiento de repugnancia. Allí donde el pudor falta (como se ahí lo que calificamos de intuición central de Freud en lo que
en el individuo macho), allí donde la moralidad está ausente atañe al carácter problemático de la sexualidad, intuición que
(como en las clases bajas de la sociedad), allí donde la repugnan- hasta el fin constituirá el eje de su búsqueda. Freud enfrenta aquí
cia se ve debilitada por las condiciones de existencia (como en el algo que la experiencia analítica atestigua de manera privilegia-

2. Cf. «Esquisse d'une psychologie scientifique» y «Manuscrit K», La naissance 4." La naissance de la psychanalyse, p. 131. El subrayado es nuestro.
de la psychanalyse.
5. Ibíd., p. 135.
3. «Les Psychonévroses de défense», Ne'vrose, psychose et perversión, p. 65, n. 2. 6. Ibíd., p. 287.

24 4?
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LA MORAL SOCIAL: PALABRA PROHIBIDA Y SOJUZGAMIENTO SEXUAL

da, algo que se presenta con la forma de una paradoja, de una Esta idea recibió ulteriormente una elaboración conceptual más
imposibilidad lógica y que, siguiendo a Lacan, podríamos deno- precisa dentro del marco del complejo de castración, pero en El
minar «lo Real»: esto es, que la fuente principal del placer en el malestar en la cultura8 Freud aún consideraba que la bisexualidad
ser humano es de tal naturaleza que éste se ve forzado a defen- en el hombre constituía uno de los obstáculos esenciales para
derse de ella al precio del sufrimiento de la neurosis. Freud no una plena satisfacción sexual, dado que el ser humano no podría
cesará de habérselas con este nudo. De él está suspendida la satisfacer ambas componentes de su sexualidad con el mismo
cuestión de la educación, hallando, como Freud demostrará, en objeto sexual.
la aberración de la sexualidad humana las condiciones de su Pero lo que permitió esclarecer la naturaleza de la sexualidad
posibilidad y también las de su vocación para el fracaso. humana y reactivar el problema de las relaciones entre sexuali-
Freud multiplicará las hipótesis encaminadas a dar cuenta de dad y civilización, fue el descubrimiento de la sexualidad infantil,
la naturaleza del displacer que acompaña a la sexualidad humana. que arrojó una nueva luz sobre la naturaleza del proceso educa-
Tempranamente emite una de ellas, que retomará después en El tivo e indujo a Freud a ocuparse de este problema.
malestar en la cultura, y cuyo surgimiento es una y otra vez marca
de su desconcierto y de su impotencia para explicar el enigma de
la sexualidad en forma satisfactoria. El carácter mítico de esta
hipótesis no deja de evocar el asesinato del padre primitivo de
Tótem y tabú. También aquí se trata del origen de la humanidad y
de la supervivencia en el individuo de las huellas de la filogénesis.
En 1897 Freud comunica a Fliess la hipótesis de una represión
orgánica primaria, contemporánea de la aparición de la posición
vertical —es decir, de la humanidad misma—, que afectaría a
ciertas zonas sexuales, las zonas bucal y anal, así como al placer
olfativo, vedando con ello el retorno al estado anterior de la
posición horizontal. Debido a la vecindad de los órganos genita-
les con la zona anal, también la sexualidad genital habría sido
parcialmente afectada por la represión inaugural. La conquista
de la posición vertical por el animal humano sería, pues, con-
temporánea del daño sufrido por su sexualidad. ¿No equivale
esto, al menos metafóricamente, a enlazar el disfuncionamiento
de la sexualidad del hombre con la «desnaturalización» del ani-
mal humano?
En la misma época de estas primeras elaboraciones procuró
Freud dar cuenta de la represión y de las particularidades de la
sexualidad humana reveladas por las neurosis, a partir de la exis-
tencia de una bisexualidad, hipótesis que Fliess le había sugerido.
Primeramente intentó explicar la represión por el rechazo en
uno y otro sexo de la componente femenina de la sexualidad.7
mente por Freud en el artículo «On bat un enfant» (cf. Névrose, psychose et perversión).
«Pegan a un niño», O.C., III (p. 2.465).
7. Naissance de la psychanalyse, p. 180. Esta hipótesis fue rechazada ulterior- 8. Malaise dans la civilisation, p. 58, n. 1.

4?
26
11

PERVERSION Y CIVILIZACION

«Esta disposición a todas las perversiones es algo


profundo y generalmente humano.»
Tres ensayos para una teoría sexual (1905)

Si bien Freud consideró desde el inicio de su práctica que los


trastornos de la función sexual se hallaban en el origen de las
neurosis, necesitó algún tiempo para comprobar que la represión
afectaba esencialmente a las componentes perversas de la sexua-
lidad, y reconocer la universalidad de estas tendencias perversas
en el ser humano, así como su origen infantil. El concepto de
sexualidad, tal como la experiencia analítica le condujo a elabo-
rarlo, emergió progresivamente de la noción común de sexuali-
dad, para recibir una comprensión y una extensión diferentes
!í,J que por otra parte no dejaron de trastocar la opinión corriente.
El concepto de sexualidad descubierto por la experiencia
psicoanalítica no corresponde a un comportamiento instintivo
que tendría un objeto y un fin relativamente fijos y preformados.
Aquí la propia noción de perversión es ciertamente inadecuada,
pues implica la idea de una desviación, de una anomalía en rela-
ción con una norma de comportamiento que, en el marco de la
sexualidad humana, no podría ser natural y sólo puede incumbir
a la ética.
La definición corriente de la sexuelidad, como comporta-
miento instintual orientado a la unión de los órganos genitales
entre dospartenaires de sexo opuesto con vistas a la reproducción
de la especie, sólo parcialmente recubre la extensión del concep-
to de sexualidad en psicoanálisis. La experiencia psicoanalítica

141
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LAMORALSOCIAL:PALABRAPROHIBIDAYSOJUZGAMIENTOSEXUAL

demuestra que la sexualidad no se reduce a la genitalidad. Las dencias sexuales y la conciencia moral del sujeto, de modo que la
zonas genitales están lejos de ser las únicas zonas erógenas. Los responsabilidad de la neurosis sería imputable a la educación y a
fines y objetos de la pulsión sexual son, por lo demás, eminente- la moral social. Sin embargo, había sospechado que la moralidad
mente variables. del sujeto bien pudiera ser, antes que la causa de la represión, un
Freud fue inducido a reconocer la existencia de una sexuali- medio de defensa contra un displacer inherente al registro sexual.
dad, en sentido amplio, en el niño, después de haber tenido que Los nuevos datos aportados por el descubrimiento de la natura-
renunciar a la teoría de la seducción como única explicación de leza de la sexualidad infantil permiten poner en claro las causas
las neurosis. La concepción de su origen traumático quedó par- de la índole conflictiva de la sexualidad. Las pulsiones sexuales
cialmente abandonada en favor de la que veía su fuente en la ponen en peligro al organismo y comprometen la conservación
supervivencia inconsciente de las tendencias sexuales infantiles. del individuo. Esto llevará a Freud a elaborar la primera teoría del
El hombre padecería de un infantilismo de su sexualidad. Infan- dualismo pulsional, que opone las pulsiones del Yo (o pulsiones
tilismo, es decir, predominio de las tendencias perversas de ésta, de conservación) a las pulsiones sexuales.
y, por lo tanto, de las zonas erógenas no genitales. En la neurosis, La concepción de un antagonismo simple entre la sexualidad
son esencialmente estas tendencias perversas las que sufren la del individuo y la civilización merece ser revisada, si el conflicto
represión y constituyen el origen de los síntomas: «La neurosis es ante todo intrapsíquico. La contradicción entre lo biológico y
es el negativo de la perversión».1 lo sexual en el ser humano es quizá, por el contrario, la fuente de
El descubrimiento de la sexualidad infantil posee una doble la existencia misma de la civilización, aunque no se pueda excluir
significación: por una parte, se trata del descubrimiento en el la hipótesis según la cual la civilización sería responsable de la
nifio de una actividad sexual espontánea, por ejemplo de tipo desnaturalización de la sexualidad humana.
masturbatorio, que corresponde a la concepción corriente, geni- Al problema que de este modo se plantea, y que es un pro-
tal, de la sexualidad. Por otra parte, significa el descubrimiento blema insoluble, como todo aquel que apunte al origen, Freud se
de la existencia de pulsiones sexuales no genitales, y de su impor- esforzará por darle respuesta en Tótem y tabú. De cualquier forma,
tancia en la formación de la neurosis y en el desarrollo del la existencia de las neurosis no podría ser explicada únicamente
individuo. Mientras que la sexualidad genital responde a una por la restricción que actualmente ejerce la civilización sobre la
función biológica, las pulsiones no genitales, parciales, se carac- sexualidad.
terizan no sólo por su independencia respecto de tales funciones Fuera de ello, la cuestión de las relaciones entre sexualidad y
biológicas sino también por su capacidad para obstruir dichas civilización se ve reactivada por la elucidación de las característi-
funciones, como se observa en la anorexia o en la ceguera psíqui- cas de la sexualidad humana. Si la pulsión sexual no posee nin-
ca. Muestran ser básicamente generadoras de conflictos, suscep-
guna de las fijezas del instinto, si el objeto mediante el cual se
tibles de venir a contrariar el ejercicio de las funciones biológicas
satisface le es indiferente, si este objeto es intercambiable, si el
necesarias para la conservación del individuo. Son pues, podría-
fin de la pulsión sexual puede ser alcanzado por los caminos más
mos decir, doblemente aberrantes: con respecto a la sexualidad
diversos, si se trata de una pulsión desviadora por naturaleza y
genital y a la función de reproducción, y con respecto a las
en cierto modo errante, entonces es susceptible de escoger rum-
funciones biológicas de conservación del individuo.
bos socialmente útiles.
Antes del descubrimiento de la sexualidad infantil, Freud veía
«Las mismas vías por las cuales los trastornos sexuales re-
en el origen de la represión un conflicto psíquico entre las ten-
percuten sobre las otras funciones somáticas deben servir en
el normal para otra actividad importante. Por tales vías de-
1. Trois essais sur la théorie de la sexualité, París, Gallimard, 1962, p. 5 3. «Tres bería perseguirse la atracción de las pulsiones sexuales ha-
ensayos para una teoría sexual», O.C., II (p. 1.169).
cia fines no sexuales, es decir, la sublimación de la sexuali-
4?
30
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION PERVERSION Y CIVILIZACION

dad ,»2 Las pulsiones sexuales parciales, no genitales, tanto pue- sentimientos de vergüenza y repugnancia que se elevan entonces
den dar nacimiento a actividades de carácter «elevado», social- contra los placeres perversos de la primera infancia, ¿debe verse
mente estimadas, como a síntomas neuróticos. el efecto de la coerción educativa o bien el de una evolución
La civilización y sus obras son el fruto de ese destino particu- biológicamente determinada, acaso producida por el naciente
lar de las pulsiones al que Freud dio el nombre de sublimación. conflicto entre pulsión sexual y pulsión de conservación? En
Lejos de que esta orientación de la pulsión pueda ser considerada Tres ensayos, Freud decide en favor de la espontaneidad «biológi-
como resultado de un forcing, de una violencia ejercida por la ca», dice entonces, del proceso.
civilización, ella muestra ser conforme a la naturaleza misma de Posteriormente reconocerá la importancia del complejo de
la pulsión, cuyo destino es transformarse, cambiar de objeto y de Edipo tanto para la instauración del período de latencia como
fin. La pulsión anal dará así nacimiento a la economía, el orden y para la transformación de las pulsiones parciales en el sentido de
el aseo, que son cualidades eminentemente «civilizadas»; la pul- la formación reactiva, de la sublimación y de la represión. Así,
sión escópica se transformará en deseo de saber por la vía de la pues, el complejo de Edipo fue progresivamente promovido por
curiosidad sexual, fuente de la investigación científica.3 Freud a la función de verdadero organizador de la evolución
Es verdad que Freud ve en el desvío de la pulsión respecto de libidinal del individuo.
su fin, primitivamente sexual, el efecto de la coartación impuesta Por consiguiente, la cuestión de la antinomia entre sexuali-
al modo primitivo de satisfacción de la pulsión. «Las fuerzas dad y civilización debe ser revisada tras el ahondamiento en la
utilizables para el. trabajo cultural son adquiridas en gran parte naturaleza de la sexualidad humana. Cuando Freud vio en el
por la sofocación de estos elementos de la excitación sexual que cambio de actitud respecto a la sexualidad y en la transformación
llamamos "perversos".» 4 El problema es saber si esta sofocación de la moral sexual, la solución al problema planteado por la
es el fruto de la evolución espontánea del sujeto o si encuentra su profilaxis de las neurosis, le pareció que con ello podía resolverse
causa en las condiciones sociales y en la educación. Hemos visto la contradicción entre sexo y civilización. Con el esclarecimiento
que la pulsión sexual entra en contradicción con los fines del del papel desempeñado por las pulsiones parciales perversas en la
organismo en cuanto éste apunta a su conservación; el conflicto elaboración de la civilización, la contradicción parece a la vez
entre el instinto de conservación y la pulsión sexual podría ha- más radical y menos decidida. En todo caso, cambia de sentido.
llarse, pues, en el origen de una yugulación espontánea de esta En efecto, si el fundamento de la civilización reside en la maleabi-
última. Pero es difícil determinar la parte respectiva de la educa- lidad de las pulsiones perversas, hay que contar con que el medio
ción y de la evolución natural. El destete, por ejemplo, que social se consagre cuanto sea posible a poner estas pulsiones al
cumple un papel capital en el destino de la pulsión oral, está servicio de los fines culturales, y con ello a coartar las manifesta-
determinado a la vez biológicamente, por su enlace con el fenó- ciones no acordes con sus miras: en este sentido, la civilización es
meno de la lactancia, y culturalmente, en cuanto al momento. por esencia restrictiva en lo que atañe a la libre manifestación de
Freud discute el problema en Tres ensayos a propósito del las pulsiones perversas. Pero, por otra parte, en la misma medida
período de latencia y de la génesis de los sentimientos de ver- en que son las pulsiones sexuales las que se hallan en la fuente del
güenza y pudor. En la desaparición o, cuando menos, en la decli- trabajo cultural, en el cual se satisfacen al mismo tiempo que se
nación de la actividad sexual a partir de los seis años, y en los «subliman», ya no se puede hablar de una oposición radical entre
sexo y civilización.
2. Ib id., p. 107. En Múltiple interés del psicoanálisis (1913), Freud señala las con-
3. Ibíd., p. 90 en particular.
4. «Morale sexuelle civilisée et maladies nerveuses des temps modernes», La secuencias que entraña para la educación el descubrimiento de
vie sexuelle, París, PUF, 1969, p. 34. «La moral sexual "cultural" y la nerviosidad tendencias «perversas» en el niño —o, para ser más precisos, el
moderna», O.C., II (p. 1.249).
de su importancia en la evolución de éste— porque, en su opi-

33
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION

nión, los educadores que por lo común se dedican a sofocarlas en 4


verdad no pueden ignorar su existencia.
Al igual que el pedagogo tradicional,5 Freud reconoce, en
contra de los seguidores de Rousseau y de la «nueva» pedagogía, LOS EXCESOS DEL SOJUZGAMIENTO SEXUAL
la existencia del «mal» en el niño. Pero considera que, lejos de
que deba procurarse la extirpación de las «malas inclinaciones»
del niño —de todos modos indestructibles—, hay que dejarlas
derivar hacia una salida socialmente aceptable. No hay sublima-
ción sin perversión. Precisamente porque la sexualidad humana
no está fijada a ningún fin ni a ningún objeto instintivamente
determinados, es susceptible de satisfacerse en actividades social-
mente valoradas. Los educadores, espera Freud, «no correrán el
riesgo de sobrestimar la importancia de las pulsiones perversas «Cabe preguntarse si la moral sexual de nuestra
que se manifiestan en el niño. Por el contrario, se esforzarán en civilización vale los sacrificios que nos impone.»
no tratar de suprimir estas pulsiones por la fuerza si aprenden La moral sexual «cultural» y la nerviosidad
que intentos de esta clase producen no menos resultados inde- moderna (1908).
seables que el opuesto, tan temido por los educadores, de dejar
libre curso a la «maldad» de los niños. El sojuzgamiento de las Las características de la sexualidad humana bastan, parece ser,
pulsiones enérgicas en el niño mediante la coerción por medios para dar cuenta de la represión y de la formación de síntomas
exteriores, no conduce ni a la desaparición de tales pulsiones ni a neuróticos. Freud, sin embargo, en La moral sexual «cultural» y la
su dominio. Conduce a la represión que predispone a las enfer- nerviosidad modefka, texto posterior a Tres ensayos para una teoría
medades ulteriores. El psicoanálisis tiene frecuentes ocasiones de sexual, ataca vivamente, siempre dentro de una perspectiva profi-
observar el papel cumplido por una severidad inoportuna e in- láctica, la moral sexual de su época, a la cual sigue haciendo
discriminada, entre las causas que favorecen las neurosis, o el responsable de la extensión numérica de las neurosis. Si bien la
precio pagado en pérdida de eficacia y de capacidad de placer por posibilidad misma de estas últimas está inscrita en las caracterís-
una normalidad que tanto aprecian los educadores».6 ticas de la sexualidad humana, el incremento del número de
La «severidad inoportuna» de éstos, ¿proviene sólo del error neuróticos, que en ese tiempo muchos autores pudieron consta-
o de la ignorancia? ¿Cómo explicar la orientación generalmente tar (Erb, Binswanger, Krafft-Ebing, citados por Freud), debe ser
coercitiva de la educación? imputable a la vida social moderna. Pero Freud se separa de estos
autores, que veían en el agitado carácter de la vida actual la causa
5. Llamamos «tradicional» a la educación de origen cristiano en que el educa-
de la extensión de las neurosis. Si su etiología es sexual, su
dor, convencido de la existencia del pecado original, desconfía ante todo de lo aumento debe responder al mismo origen, y Freud sitúa la fuente
«natural» como fuente de una malignidad que sólo espera la ocasión de manifes- de tal extensión de las enfermedades nerviosas en el exceso de
tarse. El pedagogo tradicional es aquel que pretende «enderezar, trastocar, arran-
car de cuajo los deseos del niño» (Snyders, Lapédagogte au dix-septieme stecle).
sojuzgamiento sexual de la época moderna. El entiende que en el
6. «Múltiple interés del psicoanálisis», O.C., II (p. 1.851). S.E.XIII,p. 189-190. curso de la historia de la humanidad, la moral sexual habría
Sobre la sublimación, no obstante, no se manda. Es un proceso que escapa tanto sufrido una evolución comparable a la de la pulsión sexual en el
al dominio del educador como al del sujeto (no es cuestión de voluntad). Esto es individuo, de modo que la ontogénesis reproduciría la filogéne-
lo que la pedagogía del pastor Pfister, pretendidamente analítica, desconoce. Cf. al
respecto la correspondencia Freud-Pfister y las advertencias de Freud al analista sis: «Remitiéndonos a la historia de la evolución de la pulsión
que se viera tentado de incitar a su paciente a sublimar sus pulsiones. Cf. igual- sexual, podríamos distinguir tres estadios de civilización: una
mente el trabajo de O. Pfister, ¿apsychanalyseau servicedes éducateurs, Sass Fée, 1921.

34 35
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LOS EXCESOS DEL SOJUZGAMIENTO SEXUAL

primera fase en la cual la actividad de la pulsión sexual, indepen- Mientras que la moral sexual del segundo estadio perjudica a
dientemente de los fines de la reproducción, es libre; una segun- aquellos cuyas pulsiones parciales no están sometidas a la hege-
da, donde se refrena todo lo perteneciente a la pulsión sexual, monía de la genitalidad, en el tercer estadio de la civilización,
excepto aquello que sirve a la reproducción; y un tercer estadio donde la abstinencia sexual es exigida al menos hasta el matri-
donde la reproducción legítima es el único fin sexual autorizado. monio, y para algunos durante toda su vida, las exigencias de la
Este tercer estadio corresponde a nuestra "moral sexual cultu- moral comprometen el equilibrio psíquico de la mayoría. «No es
ral" presente». 1 aventurado afirmar que la tarea de dominar un impulso tan
Freud nada nos dice acerca de la primera fase.2 La segunda, poderoso como el de la pulsión sexual por medios distintos de la
donde la moral sexual se contenta con coartar la sexualidad satisfacción puede exigir todas las fuerzas de un ser humano.» 6
calificada de perversa, puede ya producir neurosis en aquellos La actividad sexual en el ámbito del matrimonio, única que la
individuos cuya potencia sexual es singularmente intensa. La moral autoriza, jio puede garantizar, debido a las exigencias del
capacidad de sublimación, es decir, de desplazamiento de la pul- malthusianismo, una compensación bastante a todas las restric-
sión hacia fines no sexuales, es susceptible de importantes varia- ciones que por otra parte se imponen. Además, la coartación de
ciones según los individuos. Por otra parte, tal proceso de des- la sexualidad hasta el matrimonio «llega con frecuencia demasia-
plazamiento no puede cumplirse indefinidamente: «como tam- do lejos, lo cual provoca el indeseado efecto de que, una vez
poco puede hacerlo, en nuestras máquinas, la transformación del liberada, la pulsión sexual parece presentar daños duraderos».7
calor eií trabajo mecánico». 3 La pulsión exige cierta dosis de Impotencia en el hombre, frigidez en la mujer, aumento de las
satisfacción directa sin la cual se exterioriza en síntomas neuróti- perversiones (a causa de la prohibición impuesta a las relaciones
cos. Freud entiende, pues, que las exigencias de la moral sexual sexuales normales) y de las neurosis:8 tales son los efectos de la
en el segundo estadio de la civilización deben ser desigualmente moral sexual moderna, que compromete la función de reproduc-v
soportadas por los individuos, e imponen a algunos de ellos una
carga demasiado pesada: «una de las flagrantes injusticias de la
tativos. La constitución de un individuo depende de la mayor o menor cantidad
sociedad es la de que el standard sexual exige de todo el mundo la de libido de la que está afectado. Cf. por ejemplo la discusión de Freud acerca de
misma conducta sexual, que unos alcanzan sin esfuerzo gracias a los límites de la influencia del psicoanálisis en Análisis terminable e interminable.
su organización 4 mientras que otros deben someterse para ello a 5. «Morale sexuelle civilisée», La vie sexuelle, pp. 36 y 37.
los más graves sacrificios psíquicos».5 6. Ibíd., p. 37.
7. Ibíd., p. 41.
8. La tesis de Freud de que en su época habría un incremento del número de
neurosis y perversiones podría ser objeto de controversia. El problema fue mu-
1. «Morale sexuelle civilisée...», La vie sexuelle, p. 34. cho más debatido en el siglo X I X , como atestiguan en Francia los Amales médico-
psychologiques. Sin que sea posible zanjar la cuestión, dado que las primeras estadís-
2. Freud no volvió a retomar la hipótesis de un primer estadio de la civiliza- ticas datan del siglo X I X y además fueron establecidas en función de criterios
ción en que habría reinado la libertad sexual. Esta hipótesis nos parece contraria elaborados en la misma época, la noción de perversión, concebida como aberra-
al conjunto de sus desarrollos sobre la sexualidad. Si Freud llega a la suposición ción de la naturaleza, vicio constitucional que incumbe a la patología, data del
de un estadio comparable en la historia de la humanidad es por analogía con la
siglo X I X . Antes de esta época la cosa carecía de existencia en el discurso médico,
emergencia de la pulsión sexual en el individuo. Tal estadio nos parece provisto
y sólo la tenía en el de la teología. Incluso podría afirmarse que ciertas perver-
de un carácter mítico inherente a la tentativa de elucidar los orígenes de la
siones no existían, por falta de nombre. Lo que llamaríamos el «tiavestismo» del
humanidad. Debe apuntarse que en ese otro mito del origen de la humanidad que
abad de Choisy recibía la bendición de su obispo, y sus contemporáneos lo
es el del asesinato del padre primitivo, Freud no retoma la idea de una edad de oro
de la sexualidad humana. En cambio, ¿no podría decirse que W. Reich, y tras él H. consideraban una inocente fantasía de muchacho. En este sentido, puede soste-
Marcuse, hicieron suyo este tema al proyectar sobre el porvenir el mito de una nerse que las «perversiones» crecieron en número. Se confeccionó su nomencla-
sexualidad libie y sin trastornos que por un momento Freud cedió a la tentación tura, y gracias a esto quizá fueron más perseguidas en el curso del siglo X I X que
de situar en el origen? en los precedentes, aun cuando ciertas formas (como la sodomía) gozaron de una
3. Ibíd., p. 34. relativa indulgencia en relación con la hoguera que las sancionó durante largo
tiempo.
4. Es decir, su constitución. Freud define la constitución en términos cuanti-

36 37
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LOS EXCESOS DEL SOJUZGAMIENTO SEXUAL

ción y, por consiguiente, la propia supervivencia del grupo so- tantas mujeres, que constituye una realidad incontrovertible,
cial. También por otra vía entra la moral sexual en contradicción debe ser atribuida a la inhibición del pensamiento, inhibición
con sus propios fines: la coartación de la sexualidad, que va requerida por el sojuzgamiento sexual.» 9
minando las fuerzas del individuo, desvía a éstas de su utilización Neurosis, disminución del placer de vivir y procrear, despil-
con fines culturales. Las facultades intelectuales, cuya potencia farro de inteligencias y energías: el balance es pesadamente nega-
emana de la pulsión sexual, quedan dañadas debido a los excesos tivo, y Freud proclama la urgente necesidad de reformar la moral
de la coerción ejercida sobre esta última. Despilfarro de energía sexual civilizada. Es indudable que la civilización está basada en
sin provecho para el individuo ni para la sociedad: tal es el la yugulación de las pulsiones. Al igual que en otros textos, aquí
balance de la moral sexual civilizada. justifica Freud por las necesidades económicas de la superviven-
Freud culpa enérgicamente a la educación de su tiempo, so- cia del grupo social la coerción ejercida sobre la sexualidad de los
bre la cual gravita la responsabilidad de la situación de hecho que individuos. Sin embargo, los excesos de esta coerción, denuncia-
denuncia. Una coerción puramente exterior erraría en efecto su dos en La moral sexual«cultural» y la nerviosidad moderna, no quedan
objetivo suscitando esencialmente la rebeldía. La única sofoca- con ello explicados, pues lo que una coerción excesiva amenaza
ción eficaz de la sexualidad pasa por la internalización de las es precisamente la supervivencia del grupo. Así, pues, la antino-
exigencias y prohibiciones morales, que la educación apunta a mia sexualidad-civilización no puede ser enteramente reducida a
asegurar. la necesidad de fuerza de trabajo que acucia a la sociedad, esto es,
Pero la nocividad de la restricción se acrecienta, pues la repre- la de la energía pulsional de sus miembros; dicha antinomia no
sión es casi siempre la consecuencia de dicha internalización. recubre la existente entre la sociedad por un lado y, por el otro,
Ahora bien, el impulso sexual reprimido se vuelve culturalmente el individuo obligado a sacrificarle una parte de su libertad para
inutilizable, dado que la represión se opone a la sublimación y gozar de las ventajas que le ofrece.10
moviliza además, para mantenerse, grandes cantidades de energía. Más bien parece que la hostilidad de la civilización hacia el
Freud critica acerbamente la educación dada en particular a sexo se asemeja a la defensa que el Yo infantil erige tan precoz-
las mujeres, a las que se impone, en mayor medida que a los mente contra la pulsión sexual. El conflicto psíquico, que a
hombres, la exigencia de la castidad. Además del mayor rigor de menudo se resuelve con la formación de un síntoma neurótico en
las prohibiciones que pesan sobre su sexualidad, la ignorancia de detrimento del sujeto y a veces de su conservación, en cierto
las cosas sexuales en la que se mantiene a las muchachas muestra modo estaría operando igualmente en la civilización, con los
ser de las más perjudiciales para su vocación de esposas y madres. mismos efectos.
Por otra parte, la prohibición de interesarse por la sexualidad Una humanidad socavada por la desmesura, empeñándose, a
tiene como resultado obstruir en ellas toda curiosidad intelec- través de la guerra contra el sexo, en su propia destrucción y en la
tual: según Freud, la vida sexual es «el prototipo del ejercicio de de sus obras: tal es la visión apocalíptica que presenta este texto,
las otras funciones».9 La inhibición del pensamiento impuesta escrito en 1908, mucho antes de la elaboración de la pulsión de
por los educadores es el medio más seguro para obtener la repre-
sión de la sexualidad y la sumisión moral de las mujeres, pero 10. Introduction á la psychanalyse, PBP, Payot, París, 1973, p. 291: «La base sobre
¡a qué precio! «No creo que, como afirmó Moebius en un trabajo la cual descansa la sociedad humana es, en última instancia, de índole económica:
no poseyendo medios de subsistencia suficientes para permitir a sus miembros
muy discutido, la "debilidad mental fisiológica" de la mujer se vivir sin trabajar, la sociedad está obligada a limitar el número de éstos y a desviar
explique por la oposición entre trabajo intelectual y actividad su energía y actividad sexual hacia el trabajo». «Morale sexuelle civilisée...», La vie
sexual. Pienso, por el contrario, que la inferioridad intelectual de sexuelle, p. 33: «Cada individuo ha cedido una porción de su propiedad, de su
poder soberano, de las tendencias agresivas y vindicativas de su personalidad, y de
estas aportaciones proviene la propiedad cultural común en bienes materiales y
9. Ibíd., p. 42. en bienes ideales». «Lecciones introductorias al psicoanálisis», O.C., II (p. 2.123).

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SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LOS EXCESOS DEL SOJUZGAMIENTO SEXUAL

muerte por Freud. La idea de una neurosis de la civilización, tos» 11 con que se asegurarían los gobernantes. Reich vio el reme-
como tal sólo ulteriormente expresada por éste (en El malestar en dio al malestar de la civilización en una revolución tanto política
la cultura, por ejemplo), ya aparece implicada en la denuncia del como sexual que debía suprimir todos los obstáculos para la ex-
carácter antieconómico, en el sentido libidinal, de los medios pansión individual y colectiva.
utilizados en comparación con los Fines que la cultura parece Sin embargo, ¿es posible explicar los excesos que Freud de-
llamada a perseguir. Lo absurdo del método, así como la tenden- senmascara en el seno de la civilización sólo por las necesidades
cia autodestructiva que manifiesta, rubrica su carácter neurótico. de la causa burguesa (deberíamos remontarnos, como lo hizo
Cuando Freud expresa su anhelo de unas reformas que califica de Reich, a la instauración del patriarcado), 12 sólo por el deseo de
urgentes, en ello puede verse tanto un optimismo de su parte una clase social de asegurar su dominación? Parece innegable que
como la expresión de su inquietud respecto a una situación cuya la neurosis de la civilización garantiza algunos «beneficios se-
gravedad ha demostrado. Le quedará por intentar, en Tótem y cundarios» a las clases sociales en el poder, pero los beneficios
tabú, la elucidación teórica de una vocación de la humanidad por secundarios no son la causa de los síntomas. Si bien la civilización
la neurosis, que se expresa en los rasgos propios de la civilización moderna puede dar parcialmente cuenta del aumento de las
moderna, más de lo que ésta explica las neurosis individuales. Si neurosis individuales, aún queda por explicar la neurosis que la
la causa de las neurosis individuales reside en la sexualidad, es del afecta a ella misma, y que Freud denuncia cuando muestra el
lado de las características de la vida pulsional donde también se carácter antieconómico, en el sentido libidinal, de su modo de
encuentra sin duda la clave de aquella vocación. funcionamiento. Es cierto que el psicoanálisis puede acabar con
Sin embargo, en La moral sexual«cultural» y la nerviosidad moder- las neurosis individuales; pero la tarea de curar a la civilización es
na ha podido verse la expresión del optimismo de un Freud más ardua, en la medida en que lo que se revela en el malestar
humanista y reformista, que encuentra en la liberalización de las moderno es la vocación de la humanidad para la neurosis.
costumbres y en la suavización de los rigores de la moral, una También fue sobre este texto, entre otros de la misma época,
esperanza en la lucha contra las neurosis, por el aumento del donde muy pronto se fundó la esperanza de una reforma educa-
bienestar general y los progresos de la propia civilización. Opti- tiva que apuntaría a prevenir los excesos de la coerción sexual y
mismo del que habría desistido con la promoción, en la teoría evitaría con ello las nocivas consecuencias de la represión sobre
analítica, de la pulsión de muerte, cuya razón algunos (entre los el desarrollo del individuo. Toda una generación de educadores
mismos analistas a quienes esta clase de hipótesis chocaba) qui- se consagró a promover una educación inspirada en el descubri-
sieron encontrar en las experiencias de duelo y enfermedad que miento del psicoanálisis. El optimismo de A. Neill, por ejemplo,
Freud debió padecer entonces. Una amplia vertiente de la opi- se basa en el tipo de reflexiones desarrolladas por Freud en La
nión contemporánea, que cree apoyarse en Freud, reclama a voz moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna. El propio Freud
en cuello la abolición de las prohibiciones y el derecho al goce. escribía, en 1913, que la profilaxis de las neurosis descansaba
Así, Wilhelm Reich, rechazando las elaboraciones posteriores de entre las manos de una educación iluminada por el psicoanálisis.13
Freud, se sirvió de este texto para justificar las esperanzas que
le inspiraba, tanto en materia político-social como en cuanto
a la profilaxis de la neurosis, la «liberación sexual». Reich veía
en la coartación de la sexualidad el arma capital de la opresión
política, en tanto que la represión sexual ofrecería la mejor ga-
rantía de la sumisión de las masas. Freud le habría inostrado aquí 11. La vie sexuelle, p. 42.
el camino al denunciar el vínculo existente entre las prohibicio- 12. Cf. W. Reich, L'irruption de la morale sexuelle, París, 1972.
nes sexuales, la de pensar, y la lealtad «ciega de los buenos suje- 13. Prefacio a La Me'thodepsycbanalytique, de O. Pfister, S.E. XII. «Prefacio para
un libro de Oskar Pfister», O.C., II (p. 1.935).

to 41
11

EL IMPOSIBLE GOCE

«Por extraño que esto parezca, creo que se debería


considerar la posibilidad de que algo en la propia
naturaleza de la pulsión sexual no es favorable a la
realización de la entera satisfacción.»
Sobre una degradación general de la vida
erótica (1912).

La moral sexual«cultural» y la nerviosidad moderna dejaba vislum-


brar la esperanza de un remedio a la extensión de las neurosis
mediante una reforma de las costumbres y la educación. Aunque
los excesos en que incurre la civilización no parecen aptos para
ser reducidos por la buena voluntad, como tampoco se cura una
neurosis con buenos consejos, Freud no dejaba de lanzar una
llamada en la que puede verse una marca de optimismo. En
efecto, puesto que las exigencias de la civilización no siempre
fueron tan draconianas, ¿no es legítimo esperar, gracias a una
toma de conciencia, su mitigación para el porvenir? Si bien a
partir de 1920, Freud, como veremos, hizo mayor hincapié en la
necesidad de afrontar con lucidez la desagradable realidad de una
configuración pulsional poco hecha para garantizar al hombre la
felicidad y que deja escasas esperanzas de un mejoramiento de su
condición, muchos son hasta esa fecha los textos en los que
Freud parece entender que un cambio de mentalidad podría
aligerar el fardo de la humanidad previniendo las neurosis.
En esta perspectiva, la tarea del educador consiste en hallar el
justo equilibrio entre el «Caribdis del dejar-hacer y el Escila de la
prohibición», como enuncia Freud en las Nuevas lecciones, vale
141
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION LA MORAL SOCIAL: PALABRA PROHIBIDA Y SOJUZGAMIENTO SEXUAL

decir, abandonarse a una suerte de cálculo utilitarista del menor


Sin embargo, Freud no se queda con eso, y expresa por vez
sacrificio de placer compatible con las necesidades de la vida
primera la duda de que reformas especialmente orientadas a una
social; dicho de-otro modo, asegurar esa modificación del princi-
liberación de la sexualidad puedan traer consigo un mejoramien-
pio del placer que es el principio de realidad.
to. A esto lo lleva la consideración de las particularidades, bien
Como indica la lectura de muchos de sus textos, e incluso los
conocidas, del deseo sexual, cuyo carácter enigmático subraya.
más tardíos —en El malestar en la cultura es todavía en esos térmi-
«Si la frustración inicial del goce sexual se manifiesta en el hecho
nos como abre el debate— Freud parece consagrarse a una pro-
de que éste, libre después en el matrimonio, ya no produce
blemática de tipo hedonista: ¿cómo conciliar la búsqueda indivi-
dual de satisfacción con las exigencias de renunciamiento im- efectos tan satisfactorios, [...] la libertad sexual ilimitada conce-
puestas por la civilización? Problemática que abre el camino al dida desde el principio no lleva a un resultado mejor.» 1 La satis-
reformismo al auspiciar la esperanza de un mejoramiento, un facción fácil mata el deseo, que crece con los obstáculos. Para
«plus-de-gozar», por retomar un término de J. Lacan, una mejor explicarlo podrían invocarse las propiedades generales de la ne-
dosificación de las obligaciones. cesidad, cuya importancia psíquica aumenta con la privación,
pero su aplacamiento no trae aparejado un desprecio tan marca-
Pero no se detiene ahí. La experiencia analítica de las neurosis
do hacia su objeto. La facilidad de la satisfacción no suprime la
le fuerza a demostrar la existencia, en el seno de la civilización y
necesidad, y podríamos añadir que la periodicidad fisiológica-
también en el del psiquismo individual, de una dimensión dife-
rente a la del principio del placer, de una fuerza que hace fracasar mente determinada de su retorno es independiente de dicha
a este principio y con ello vuelve incluso caducas toda perspec- facilidad. Para tener hambre no es indispensable que esté prohi-
tiva hedonista así como la problemática inicial. La existencia de bido alimentarse. En cambio, «para que la libido ascienda hace
un más allá del principio del placer trae aparejadas para la educa- falta un obstáculo, y allí donde las resistencias naturales a la
ción consecuencias que trataremos de desentrañar. satisfacción no bastan, los hombres siempre introdujeron resis-
tencias convencionales para poder gozar del amor». 2 La condi-
Ya hemos citado algunos textos donde, desde el comienzo de
ción del deseo es la prohibición —a diferencia de la necesidad,
su práctica, Freud evocaba la existencia paradójica de un displa-
cer inherente a las manifestaciones de la pulsión sexual. podemos agregar.
Esta prohibición, indica seguidamente Freud, se confunde
En Sobre una degradación general de la vida erótica (1912), y a p artir
de los nuevos elementos provistos por la experiencia analítica, con la que golpea al incesto. También alude a la que debió
Freud aporta precisiones sobre las particularidades de la sexuali- erigirse para imposibilitar al hombre el retorno a la posición
dad humana y a este respecto expone sus dudas en cuanto a las horizontal del animal, prohibición que, con la represión de lo
esperanzas que una reforma de las costumbres puede inspirar. excremencial, arrastró la de las funciones genitales. Posición
Cree posible afirmar que la impotencia psíquica, lejos de consti- vertical, prohibición del incesto: vale decir que las aberraciones
tuir una anomalía accidental, en diversos grados está universal- de la sexualidad del ser humano son imputables a su humanidad
mente extendida y caracteriza la vida sexual civilizada. Para ex- misma. Y cuando Freud añade que «la insatisfacción traída con-
plicarlo menciona las causas reveladas por el análisis como habi- sigo por la civilización es consecuencia de ciertas particularida-
tualmente existentes en el origen de este síntoma: la fijación des que la pulsión sexual hizo suyas bajo la presión de la civiliza-
incestuosa de la infancia y la abstinencia impuesta a la adolescen- ción»,3 debe restituirse a este último término el sentido amplio
cia. Así, pues, la familia, la moral, las condiciones económico-
sociales burguesas serían responsables de este disfuncionamien-
1. «Le plus général des rabaissements de la vie amoureuse», La vie sexuelle, p.
to general de la sexualidad, y en particular de la sexualidad 63. «Sobre una degradación general de la vida erótica», O.C., II (p. 1.710).
genital. 2. Ibíd.
3. Ibíd., p. 65.

44 4?
SEXUALIDAD Y CIVILIZACION

II
que posee el vocablo alemán Kultur. No debe entenderse que esto
se refiera al carácter dañino de la civilización moderna, sino a la
esencia misma de lo que separa al humano de la animalidad, y que EDUCACION Y DESARROLLO
constituyen las leyes sociales del intercambio cuya condición vio
Lévi-Strauss en la prohibición del incesto.
Por esta vía, Lacan demostró que la imposibilidad del goce
está enlazada a la condición puesta a los deseos del hombre de
tener que pasar por el desfiladero de la palabra que los constituye
como tales. Lejos de que la prohibición se oponga al deseo, éste
sólo encuentra su soporte en la ley, es decir, en el lenguaje donde
el goce queda interceptado. Al demostrar el vínculo entre el
lenguaje, el inconsciente y el sexo, y lo que el deseo —por
oposición a la necesidad— debe a la palabra, Lacan puso en claro
lo que se hallaba en juego en el término Kultur, que Freud evoca
siempre a título de explicación última de la disfunción de la
sexualidad humana.
Bajo esta luz conviene considerar el pronóstico con que Freud
pone fin a su análisis: «Tal vez habría que familiarizarse con la
idea de que conciliar las reivindicaciones de la pulsión sexual con
las exigencias de la civilización es una cosa totalmente imposible,
y de que el renunciamiento, el sufrimiento, así como en un
remoto futuro la amenaza de ver extinguirse el género humano a
causa del desarrollo de la civilización no pueden ser evitados».3
Pero, añade, si el hombre pudiera satisfacerse con su goce, desde
ese momento nada podría ya desviarlo de él. La civilización se ha
edificado, precisamente, sobre el defecto en el seno del goce
humano.

46
11

LA SEXUALIDAD INFANTIL

«A la edad de cuatro o cinco años el pequeño sujeto


ya ha alcanzado su completa formación, y en ade-
lante se limita a manifestar lo que hasta esa edad se
habta depositado en él.»
Introducción al psicoanálisis (1915).

Antes de los descubrimientos vinculados con el de la sexuali-


dad infantil, Freud había exhortado a una reforma de la educa-
ción movido por la importancia que atribuía a la influencia de la
moral en la génesis de las neurosis. Si la internalización de las
prohibiciones morales por las cuales la sociedad asegura el refre-
namiento de la sexualidad se lleva a cabo a través de la educación,
ésta muestra ser la responsable directa de la neurosis. Es por
medio de la educación, y del anatema que ella arroja sobre la
sexualidad, como la familia se asegura, conforme a las exigencias
de la sociedad burguesa, la castidad de los adolescentes, con el
riesgo de neurosis y de las consecuencias sobre la vida sexual
ulterior que esto implica. Lo que sería deseable transformar ante
todo es, por lo tanto, la educación. Las críticas que Freud le
dirige en La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna partici-
pan de la misma concepción, al tiempo que se apoyan en el
descubrimiento de la importancia ejercida en la sexualidad del
adulto por las tendencias perversas, es decir, las pulsiones par-
ciales, para demostrar la nocividad de la prohibición de relacio-
nes sexuales genitales impuesta a los adolescentes. Hallándose
forzada entonces la sexualidad a escoger otros rumbos, las pul-
siones parciales amenazan con escapar definitivamente a la he-

6
EDUCACION Y DESARROLLO LA SEXUALIDAD INFANTIL

gemonía de la genitalidad, y a no encontrar más salidas que en la es decir, cuando no encuentra obstáculos, el desarrollo conduce
perversión o la neurosis.1 a la sumisión de las zonas erógenas no genitales a la primacía de
Por otra clase de razones, el descubrimiento de la sexualidad los órganos genitales, esto es, a la subordinación de las pulsiones
infantil llevó el problema de la educación a un primer plano en el parciales a la función de reproducción, así como al paso del
interés de Freud. En efecto, tal descubrimiento es paralelo a la autoerotismo al aloerotismo, donde la satisfacción requiere un
revelación de la importancia de los años iniciales de la vida para objeto ajeno. Tal evolución se cumple en dos tiempos, sufriendo
el desarrollo del individuo y también para la etiología de las la actividad sexual, desde los cinco-seis años hasta la pubertad,
neurosis. Por otra parte, la claridad obtenida con los resultados una interrupción que Freud denominó período de latencia. Al
de la investigación analítica sobre el proceso de desarrollo del término de la primera fase, la relación objetal ya se encuentra
niño, ilumina al mismo tiempo las vías por las que la educación establecida (de quien el niño espera la satisfacción de sus deseos
ejerce su influencia. El psicoanálisis se halla de este modo en sexuales es de las personas que le cuidan, en particular la madre),
condiciones de revelar al educador los principios de su poder, y y la erogeneidad de los órganos genitales ha quedado revelada
tal vez con ello de incrementarlo, al mismo tiempo que encuen- para el pequeño. Pero es en la etapa de la pubertad cuando las
tra ser capaz de mostrarle sus errores y permitirle así una acción pulsiones parciales deben subordinarse definitivamente a la fun-
mejor concertada. Saber lo que se está haciendo cuando se educa, ción de reproducción, al mismo tiempo que el adolescente re-
ya que no hacer lo que se quiere: tal es la esperanza que Freud nuncia a sus primeros objetos de amor y busca satisfacción junto
suscitó. Ya hemos dicho que él mismo creyó en la misión de la a personas extrañas a la familia.
educación para la prevención de las neurosis, antes de recordar, Las concepciones de 1905 ponen el acento, por un lado, en las
en el prefacio al trabajo de Aichhorn, que la tarea de educar tendencias perversas del niño, es decir, sus pulsiones parciales, y
ocupaba un sitio entre las profesiones imposibles.2 por el otro, en la importancia del período de latencia, o sea de la
Recordemos brevemente la forma en que Freud, en la época instauración de la sexualidad humana en dos tiempos. Estos
de los Tres ensayos, describía la evolución de las pulsiones sexuales dos puntos constituyen el eje de la reflexión de Freud sobre la
durante el desarrollo del individuo. La experiencia psicoanalítica educación hasta alrededor de 1915. En 1905, la primera fase de la
reveló el pluralismo de las componentes de la sexualidad y su evolución de la sexualidad se concibe como esencialmente mar-
origen infantil, así como la existencia de zonas erógenas diferen- cada por la emergencia del pluralismo de las corrientes pulsiona-
tes a las de los órganos genitales. Esas componentes no genitales, les, cada una de las cuales tiende aisladamente a la satisfacción
las pulsiones parciales, se encuentran casi siempre operando en que le es propia. La ausencia de enlace entre estas corrientes, es
los síntomas neuróticos. El autoerotismo, o, para decirlo de otro decir, su falta de organización, caracteriza a esta fase. El niño es
modo, la capacidad del cuerpo propio para constituirse en objeto entonces un «perverso polimorfo». Un estado de libertad en el
de la satisfacción sexual, es la segunda característica de la sexua- que reina la anarquía pulsional: tal parece ser la primera concep-
lidad infantil. Tal característica reaparece igualmente en los sín- ción de Freud sobre este período de la vida infantil. La vida
tomas neuróticos, y en particular los histéricos. En el segundo y sexual descrita sufre hacia los cinco-seis años una brusca deten-
tercero de los Tres ensayos para una teoría sexual, Freud describe el ción que señala la entrada en el período de latencia. Surgen
destino de estas características de la vida infantil durante la evo- entonces los sentimientos de repugnancia, vergüenza y pudor, y
lución del individuo hasta la edad adulta. En el mejor de los casos, el de piedad, sobre los que va a edificarse la moralidad. La activi-
dad sexual parece quedar prohibida. Sin embargo, Freud no
parece considerar que la educación sea la principal responsable
1. La vie sexuelle, pp. 38 y 41.
2. Prefacio a A. Aichhorn, Verwahrloste Jugend, 1925, Berna. Cf. S.E., XIX, de la detención de la actividad sexual ni de las formaciones
pp. 273-275. «Prefacio para un libro de August Aichhorn», O.C., III (p. 3.216). morales que entonces surgen: «Ante el niño nacido en una socie-

50 51
EDUCACION Y DESARROLLO LA SEXUALIDAD INFANTIL

dad civilizada, se tiene la impresión de que sus diques son obra de formaciones psíquicas más estimadas por la sociedad han salido,
la educación, y es indudable que la educación contribuye a ellos. pues, de las mismas tendencias que la sociedad condena cuando
En realidad, esta evolución condicionada por el organismo y fijada se expresan directamente. Pero también pueden producirse sali-
por la herencia puede producirse a veces sin intervención alguna das socialmente menos favorables: si la pulsión parcial sufre una
de la educación». 3 El período de latencia estaría orgánicamente fijación en el transcurso del desarrollo, a causa de una disposi-
determinado (¿al igual que la pubertad?), y la educación sólo ción constitucional o bien debido a acontecimientos accidentales
vendría a reforzar el proceso. Pudor, repugnancia y piedad cons- (seducción, por ejemplo) acaecidos durante la primera infan-
tituirían las manifestaciones de fuerzas autónomas que surgirían cia, podrá, ya sea dar directamente nacimiento, al llegar a la
en un momento dado del desarrollo fisiológico para oponerse a madurez, a una perversión sexual, ya sea, si padece una repre-
la actividad sexual del individuo. En esta época, Freud no ha sión, exteriorizarse en forma de síntoma neurótico.
atribuido todavía el período de latencia al complejo de Edipo. De este esquema del desarrollo del individuo tal como Freud
Pero todavía en 1915 seguía considerando que «las fuerzas que lo trazó en 1905, va a desprenderse la tarea de la educación: «la
refrenan el desarrollo sexual, como la repugnancia, el pudor y la transformación de la sexualidad infantil representa uno de los
moral, son como depósitos históricos de las inhibiciones exterio- fines de la educación», dice Freud en los Tres ensayos,5 e igualmen-
res que la pulsión sexual vio imponerse en la psicogénesis de la te en Introducción al psicoanálisis:6 «Una de las más importantes
humanidad... Puede observarse fácilmente, añade, que la reper- tareas educativas es restringir y someter la pulsión sexual a la
cusión de estas inhibiciones se hace sentir espontáneamente en reproducción y a una voluntad individual acorde con los fines
el desarrollo del individuo cuando la educación y otras influen- sociales». La educación debe, por una parte, asistir y eventual-
cias exteriores la provocan». 4 mente reforzar el proceso natural que conduce a la organización
Estorbadas en su manifestación, las pulsiones sexuales no por de las pulsiones parciales bajo la dominación de la genitalidad y,
ello han desaparecido, y durante el período de latencia sufrirán por la otra, velar por que las pulsiones parciales que escapan a
transformaciones cuyo desenlace será su organización bajo la este primer destino se orienten hacia las salidas socialmente
primacía de la genitalidad. Los diques psíquicos, que se oponen a favorables de la sublimación y la formación reactiva; por último,
su satisfacción, tendrán por función canalizarlas, hacerlas con- y principalmente, «la educación es una profilaxis que debe pre-
verger para asegurar la fuerza de la corriente genital, y ponerlas venir las dos salidas, la neurosis y la perversión».7
al servicio de la función de reproducción. La educación, al vedar Con vistas a ello, condenará y hostigará (cosa que siempre ha
las actividades sexuales perversas a lo largo de este período y hecho) las manifestaciones de la sexualidad durante el período de
contribuir a la formación de los sentimientos morales, favorece latencia, primero porque a esta edad, habida cuenta del desarro-
la instauración de la genitalidad, y se convierte así en auxiliar de llo fisiológico del niño, las manifestaciones no pueden sino ser de
la naturaleza. naturaleza perversa y amenazan con traer aparejada una fijación
Pero no todas las corrientes perversas se funden en la sexuali- de la pulsión que resultará nociva para el desarrollo, y después,
dad genital. Cierta cantidad de ellas quedará sometida a otro porque las condiciones de educabilidad de un niño residen, pre-
destino. La pulsión parcial podrá ser sublimada, es decir, desviada cisamente, en la latencia de la sexualidad: «Los educadores, en la
de su fin sexual primitivo hacia otros, no sexuales y socialmente medida ett que prestan alguna atención a la sexualidad infantil, se
valorizados. También podrá ser transformada en su contrario conducen como si compartieran nuestros puntos de vista sobre
(formación reactiva) para dar nacimiento a las «virtudes». Las
5. Ibíd., p. 71.
3. Trots essais sur la tbéorie de la sexualité, p. 70. 6. Introduction a la psychanalyse, p. 291.
4. Ibíd., nota 29, p. 174. 7. Prefacio a O. Pfister, La méthodepsychanalytique, S.E. XII, p. 330.

50 53
EDUCACION Y DESARROLLO

la formación, a expensas de la sexualidad, de las fuerzas morales 7


defensivas, y como si supieran por otra parte que la actividad
sexual convierte al niño en un ser ineducable. Persiguen en LA CRITICA FREUDIANA DE LA EDUCACION
efecto, considerándolas un vicio, todas las manifestaciones se-
xuales del niño, sin poder gran cosa contra ellas».8 Así como la
civilización se construye sobre el refrenamiento de las pulsiones,
la educación, cuya tarea es poner al niño al servicio tanto de la
especie como de la colectividad social, alcanzará sus fines me-
diante la coartación de la sexualidad. Pero si la sexualidad consti-
tuye un obstáculo para la educación, ello sólo ocurre cuando se
exterioriza en la busca de una satisfacción directa. Si este fin se
encuentra inhibido, ella provee las fuerzas que servirán a la socia-
lización y aculturación del niño. Pero ya hemos dicho que la En La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna, de 1908,
inhibición misma es concebida entonces por Freud como el efec- Freud acusaba a la educación y a la moral sexual civilizada de
to, también, de una evolución natural biológicamente deter- comprometer inclusive uno de los fines de la educación, al pro-
minada. hibir no sólo la manifestación de las tendencias perversas sino
Sin embargo, la educación «deberá, para permanecer dentro también las de la sexualidad genital en la etapa de la adolescen-
de su ámbito, limitarse a reconocer las huellas de lo que está cia, forzando así a la sexualidad a elegir vías colaterales condu-
orgánicamente preformado, profundizarlo y depurarlo».9 En 1905, centes a una satisfacción perversa o neurótica, y dañando defini-
y en los años subsiguientes, las concepciones de Freud respecto tivamente la función reproductiva.
de la educación descansarán en la idea de que debe contentarse La otra gran crítica de que hizo objeto Freud a las prácticas
con el papel de auxiliar de la naturaleza, fijándole de este modo educativas se refiere al perjuicio que, en su opinión, producen
los límites de su acción. Lo que Freud critica son sus excesos, su éstas en el desarrollo de las facultades intelectuales. La yugula-
desmesura (así como los de la moral sexual). No es una educa- ción de la sexualidad por la educación resulta excesiva cuando
ción negativa lo que él preconiza, al estilo de Rousseau, ya que la afecta a la curiosidad sexual infantil, amenazando llevar a su
evolución naturalmente preformada del niño requiere, de todos represión y a la ulterior extinción de la curiosidad intelectual
modos, el sostén de la educación, la cual, por otra parte, debe normalmente resultante. El ejercicio de la facultad de pensar está
favorecer la sublimación. Freud no demanda al educador abste- íntimamente ligado al destino de las pulsiones parciales. En La
nerse, sino velar por no excederse en sus derechos y su función ilustración sexual del niño (1907), así como en Teorías sexuales infanti-
mediante una restricción desmedida de la vida sexual infantil, lo les (1908), Freud se pronuncia en favor de la educación sexual de
cual contravendría los fines mismos de la educación al compro- los niños y critica la actitud que comúnmente adoptan al res-
meter el desarrollo del niño. pecto los padres y educadores, actitud en la que distingue los
efectos de la mala conciencia que éstos deben a sus propias
represiones. Para Freud, nada justifica el negarse a satisfacer la
curiosidad sexual del niño con explicaciones. El temor frecuen-
temente invocado de atentar contra la inocencia del niño, des-
pertando su interés hacia las cosas sexuales, no resiste a la obser-
vación. En efecto, tal objeción se apoya en el postulado de la
8. Trois essais sur la théorie de la sexualité, p. 72.
9. Ibíd., p. 70. inexistencia en el niño de una curiosidad sexual espontánea,

54 55
EDUCACION Y DESARROLLO LA CRITICA FREUDIANA DE LA EDUCACION

correlativa a la supuesta ausencia de toda vida sexual infantil. La basadas en la autoridad de las personas mayores, pero que a ellos
propia ceguera de los padres y educadores respecto a aquello de no les convienen. Este conflicto psíquico muy pronto puede
lo cual la observación más cotidiana debería convencerlos, re- convertirse en una escisión psíquica. Una de las dos opiniones,
quiere una explicación. Freud ve en ella la consecuencia de la concomitante con el hecho de ser un buen chico pero también
amnesia infantil, es decir, de la represión, que cobra la forma del con la detención de ia reflexión, pasa a ser la opinión consciente
olvido de las impresiones sexuales vividas durante los primeros dominante; la otra, que mientras tanto ha recibido nuevas prue-
años de la vida, «olvido» que hace al adulto extraño tanto a su bas por obra de la labor de investigación, pruebas que no tienen
propia infancia como a la infancia en general.1 Efectivamente, al derecho a ser tomadas en cuenta, se convierte en la opinión
reconocimiento de la existencia de una sexualidad infantil se yugulada, "inconsciente". Por esta vía queda constituido el com-
oponen las barreras encargadas de mantener la represión en el plejo nuclear de la neurosis».4 En otro aspecto, la confianza del
propio educador. Posteriormente Freud hará notar que tal des- niño en la palabra de sus padres resultará así definitivamente
conocimiento no impide al educador perseguir severamente las quebrantada, y con ella su autoridad, paso al que atribuimos una
manifestaciones de la sexualidad infantil que por otra parte nie- gran importancia. En él se percibe con la mayor claridad uno de
ga.2 Así, pues, los excesos de la coerción educativa parecen pro- los aspectos del mecanismo psíquico de la represión, y en espe-
porcionales a la intensidad de las represiones del educador, lo cial su relación con la palabra. Lo que se encuentra en el origen
cual permite a Freud aconsejar a quienes ejercen el oficio de de la represión no es tanto la prohibición impuesta al actuar
educar que se sometan a un psicoanálisis personal. Tendremos como la impuesta al decir. Lo que no puede ser dicho, tampoco
ocasión de volver sobre este punto. puede ser conscientemente pensado, porque para el niño el otro
«En cualquier caso estoy convencido, dice Freud en otro conoce todos los pensamientos y éstos se vuelven tan culpables y
texto, de que ningún niño, al menos ninguno mentalmente sano, peligrosos como las palabras o los actos. Pero los pensamientos
y aun menos ninguno que esté bien dotado intelectualmente, no se dejan suprimir con facilidad. No por ser desterrados de lo
puede dejar de preocuparse por los problemas sexuales en los consciente dejan de subsistir. De este modo, lo Inconsciente
años que preceden a la pubertad.»3 Por lo demás, la experiencia sería aquello que el otro no tiene que saber, y el modo más
demuestra que precocidad sexual y precocidad intelectual suelen seguro de lograrlo es además disimulárselo a uno mismo. Pero lo
estar asociadas. que hay que esconderle al otro es aquello de lo que éste no quiere
Sin embargo, a las preguntas formuladas por el niño (si no saber nada, de manera que el niño se ve forzado a reprimir sus
está ya demasiado «intimidado» para atreverse a interrogar), el pensamientos porque el adulto desconoce su propia sexualidad,
adulto responde casi siempre con una fábula, cuando no lo hace y en particular sus raíces infantiles.
con una reprobación. Freud considera esta actitud sumamente La censura ejercida sobre la palabra —es decir, la ocultación
dañosa, en varios aspectos, para el desarrollo del niño. Configura de la verdad, la mentira por omisión— constituye así el error
a sus ojos «la primera ocasión de un conflicto psíquico, en la educativo de más gravosas consecuencias, ya que provoca la
medida en que opiniones por las que los niños experimentan una formación de síntomas neuróticos por los cuales retornará la
preferencia de carácter pulsional, pero que no están "bien" a los verdad reprimida, y además compromete la independencia del
ojos de las personas mayores, entran en oposición con otras pensamiento, es decir, el ejercicio mismo de la función intelec-
tual: «No hay duda de que si la intención del educador es ahogar
1. «Les droits de la psychanalyse á l'intérét scientifique», 1913, S.E. XIII, lo antes posible toda tentativa del niño por pensar en forma
p. 189. («Múltiple interés del psicoanálisis», véase la nota 6, p. 34). independiente, en provecho de la tan valorada "honestidad",
2. Introduction a la psychanalyse, S.E. XV, p. 312.
3. «Les théories socuelles infantiles», La vie sexuelle, p. 15. «Teorías sexuales
infantiles», O.C., II (p. 1.262). 4. Ibíd., p. 18.

56 57
EDUCACION Y DESARROLLO
LA CRITICA FREUDIANA DE LA EDUCACION

nada le ayudará mejor a ello que desorientarlo en el plano sexual


e intimidarlo en el terreno religioso».5 pensar que algo «vil y abominable» está enlazado a ella. «La
Condenado a la investigación solitaria, el niño se topará con el. mayoría de los niños pierden la única actitud correcta frente a los
enigma, para él insoluble, de la naturaleza del acto de procrea- problemas relativos al sexo, y muchos no la recobrarán nunca.»8
ción, y esto por no poder reconocer la existencia de la diferencia Los efectos de la moral sexual denunciados por Freud hallan así
de sexos. Los obstáculos opuestos por los adultos a su investiga- una de sus raíces en los tapujos de los educadores respecto a la
ción no son los únicos en juego. También la angustia de castra- sexualidad.
ción hace fracasar la búsqueda: reconocer la ausencia de pene en Según Freud, a la escuela le corresponde dispensar las expli-
la mujer equivaldría, para el varón, a confirmar la posibilidad de caciones sexuales, dentro del marco de la enseñanza sobre el
verse despojado de él, y para la niña, a renunciar a la esperanza de mundo animal. La sexualidad debe ser tratada en el mismo plano
adquirirlo alguna vez. Sin embargo, la ignorancia en la que per- que las otras materias, de forma tal que el niño no tenga la
manece el pequeño respecto de la existencia de la vagina, que lo sensación de que a estas cuestiones se les otorga un lugar aparte.
conduce a mantener incólume su teoría de la identidad sexual Pero el hecho de que sea preferible la asunción de esta tarea por
entre el hombre y la mujer, es a fin de cuentas responsable del la escuela se debe, en gran parte, a la torpeza de que habitual-
fracaso definitivo de su esfuerzo por pensar. Ahora bien, «la mente dan prueba los padres en la formación sexual de sus hijos.9
incesante cavilación y la duda son, sin embargo, los prototipos de La educación sexual debería tener un valor preventivo respecto a
todo el trabajo de pensamiento ulterior volcado a la solución de las neurosis, y preservar el buen funcionamiento intelectual del
problemas, y el primer fracaso ejerce ya, para siempre, un efecto niño. Su introducción en el programa educativo es, por lo demás,
paralizante».6 una de las reformas de las que Freud espera la transformación de
En Un recuerdo infantil de Leonardo de Vinci, Freud describe las la actitud global respecto a la sexualidad.
tres consecuencias posibles del fracaso de las primeras investiga- Jones comenta que Freud volvió sobre el tema durante una
ciones del niño. La primera vía consiste en una inhibición neuró- sesión de la Sociedad de Viena en 1909, en la que «subrayó el
tica del pensamiento, en una «debilidad adquirida». La segunda particular riesgo que el descuido de su necesidad de explicacio-
desemboca en la erotización de las operaciones intelectuales, que nes puede implicar para el niño. En caso semejante, la sexualidad
cobran de este modo un carácter obsesivo y están condenadas a entera puede resultar inextricablemente mezclada con la idea de
repetir el primer fracaso y a quedar sin conclusión. En la tercera, una prohibición de la que emanan consecuencias fatales para la
una parte de la pulsión y del deseo consigue sublimarse, ya desde vida conyugal».10
el origen, en curiosidad intelectual, y escapa a la represión: es la Observemos sin embargo que más adelante, en Análisis termi-
salida más afortunada pero también la que se presenta más rara- nable e interminable, Freud confiesa haber sobrestimado el efecto
mente.7 preventivo de las explicaciones de orden sexual dadas a los niños.
Fuera del porvenir intelectual de los niños, que la ausencia de Estos, en efecto, aunque se haya aumentado sus conocimientos,
sinceridad e incluso de honestidad de los adultos amenaza com- conservan sus propias teorías sexuales, más conformes con su
prometer, lo que estas prácticas educativas promueven es su organización libidinal. La escisión psíquica, cuya responsabili-
actitud general respecto de la sexualidad. El secreto en el que los dad atribuía Freud a la censura educativa, no se produce me-
adultos envuelven la realidad sexual no puede sino llevarlos a nos cuando se suministran explicaciones sexuales: «Los niños
se comportan como primitivos a los que se ha inculcado el cris-
5. «Les explications sexuelles...», La vie sexuelle, p. 11. «La ilustración sexual
del niño», O.C., II (p. 1.244).
6. «Les théories sexuelles infantiles», La vie sexuelle, p. 21. 8. «Explications sexuelles...», La vie sexuelle, p. 12.
7. S.E. XI, pp. 78-80. 9. Ibíd., p. 12.
10. E. Jones, La vie et l'oeuvre de Freud, París, PUF, 1970.

56 59
EDUCACION Y DESARROLLO

tianismo y que a escondidas siguen adorando a sus antiguos 8


ídolos».11
Pero Freud no repudió por ello la educación sexual. Aunque
no siempre basta para permitir al niño la superación de sus ALGUNAS PROPUESTAS PARA UNA EDUCACION
dificultades, no le hace correr el mismo riesgo que los tradiciona- DE ORIENTACION ANALITICA: JUANITO
les tapujos, cuyo más claro efecto era introducir la desconfianza
en las relaciones entre niños y adultos.12
De todas formas, en la época de La ilustración sexual del niño y de
Teorías sexuales infantiles, Freud vuelca sus esperanzas de preven-
ción de las neurosis en los progresos de la clarificación. El respe-
to de la verdad por el educador, la libertad de expresión y de
pensamiento otorgada a los niños le parecen el camino más
seguro para lograrlo. Si el poder de la palabra hace al principio de Freud extrajo básicamente sus descubrimientos acerca de la
la cura analítica, también habrá de apoyarse en él la educación sexualidad infantil de su experiencia analítica con neuróticos
para ayudar al niño a superar sus conflictos psíquicos. Además de adultos. Deseoso de una confirmación procedente de la observa-
la represión de la curiosidad sexual, Freud condena igualmente la ción directa, pidió a los miembros de su círculo que recogieran
excesiva severidad hacia la actividad sexual infantil: «El refrena- para él observaciones sobre la vida sexual de sus hijos. Este fue el
miento mediante la constricción de instintos poderosos a través interés teórico que dio nacimiento a la práctica del análisis de
de medios exteriores nunca culminó en un niño en la desapari- niños, del cual fue Juanito el conejillo de Indias. Este análisis de
ción de ese instinto ni en su dominio. Conduce a la represión que una fobia en un niño de cinco años no fue conducido directa-
predispone a las enfermedades nerviosas ulteriores».13 Entre los mente por Freud sino, bajo su control, por el padre del chiquillo.
peligros de la coartación y su necesidad, afirmada pese a todo por Freud no practicó el análisis de niños, pero fueron muchos los
Freud, la tarea del educador no revela apenas hallarse facilitada. que, tomando el camino inaugurado con Juanito, se consagraron
a lo que luego pasó a ser una especialidad. Entre ellos, como se
sabe, la propia hija de Freud.
Con el análisis de niños, la aportación del psicoanálisis a la
educación deja de ser únicamente teórica. No sólo esclareciendo
al educador sobre la naturaleza del desarrollo pulsional del niño
puede el psicoanálisis ser útil a aquél; además le aporta una
técnica que le permite ayudar al niño a superar dificultades fren-
te a las cuales las simples medidas educativas muestran ser impo-
tentes. Rara vez escapa el niño a una ola de síntomas que por lo
común hace su aparición al final de la primera infancia, antes de
la entrada en el período de latencia. Es lo que Freud llama
11. Analyse terminée, analyse interminable, S.E. XXIII, pp. 233-234. «Análisis neurosis infantil, que puede desaparecer espontáneamente sin
terminable e interminable», O.C., III (p. 3.339). dejar huellas, pero que también puede servir de fundamento a una
12. Sobre la educación sexual de los niños, consultar Minutes de la société
psycbanalytique de Vienne, T. II, París, Gallimard, 1978. Informe de la sesión del 15-
neurosis ulterior. Disolver estos primeros síntomas ya en su
12-1909, pp. 347-358. eclosión equivale, por así decir, a suprimir los gérmenes de las
13. Les droits de la psychanalyse..., S.E., XIII, p. 189. neurosis de la edad adulta. En términos ideales, una orientación
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61
ED UCA CION Y DESARR OLLO ALGUNAS PROPUESTAS

auténticamente analítica de la educación implicaría el tratamien- restricciones posibles»3 caracterizarían la educación deseada por
to analítico de la neurosis infantil. Freud: liberalismo y respeto hacia el niño.
En su comunicación de la cura de Juanito, Freud no se limitaa La perspectiva analítica parece aquí asociarse, confundién-
señalar las ventajas de un tratamiento analítico precoz y a echar dose con ella, a una perspectiva puramente ética. Pero esto se
las bases del psicoanálisis del niño; también da a conocer algunas produce en la medida en que de la empresa analítica se desprende
reflexiones sobre la orientación educativa deseable, según la una dimensión indiscutiblemente ética: ella enseña el peso de la
perspectiva que la experiencia analítica sigue adoptando. Su en- verdad (verdad que si es desconocida, reprimida, conduce a la
foque del problema está determinado aquí por la preocupación enfermedad) y el poder apaciguador de la palabra verdadera
profiláctica, en cuyo nombre Freud se lanza, como hemos vis- mediante la cual los deseos se hacen reconocer. Al psicoanálisis
to anteriormente, contra las prácticas educativas demasiado le es difícil separarse de una ética de la verdad. Sin embargo, no
coercitivas. es a un culto desinteresado de ésta a lo que se Consagra. La
Juanito fue, podríamos decir, uno de los primeros hijos del perspectiva analítica sería más bien de orden económico. Freud
psicoanálisis. Sus padres formaban parte del medio analítico que se expresa casi siempre én términos de balance. La represión es
empezaba a constituirse; la madre había sido paciente de Freud y en todo sentido ventajosamente suplida por la condena cons-
el padre mantenía con él relaciones de trabajo. Su conocimiento ciente: die Urteilsverwerfung.* El respeto por la verdad es más
de las teorías freudianas les incitó a utilizar con Juanito métodos compensatorio que «la política del avestruz»,5 rédito que Freud
educativos inspirados en las adquisiciones del psicoanálisis. Así enlaza a lo que él llama función biológica de la conciencia, la
fue como «convinieron en educar a su primer hijo sin más res- cual, por su independencia relativa respecto al principio del pla-
tricciones que las absolutamente necesarias para el manteni- cer, permite un mejor ajuste a lo real. Cuando más adelante (lo
miento de una buena conducta» y hacer «la prueba de dejarlo veremos a propósito de El porvenir de una ilusión), ya no encuentre
crecer lejos de toda intimidación».1 en el respeto por la verdad la garantía de la felicidad, no por ello
El desarrollo del texto muestra sin embargo que los padres, y dejará de considerar más onerosa la ilusión que apunta a preser-
especialmente la madre, no siempre estuvieron a la altura de tan var la comodidad que el enfrentamiento lúcido de lo real.
buenas intenciones, como lo atestiguan la amenaza de castración Al intentar levantar la represión, el tratamiento psicoanalítico
y las prohibiciones impuestas a la masturbación que Juanito vio busca incrementar la extensión del poder de la conciencia y, con
oponérsele como cualquier otro niño. De todos modos, parece ello, su control finalizado sobre los procesos psíquicos. Esta es
haberle sido asegurada la libertad de expresión, así como la también una de las metas que Freud asigna, como veremos, a la
atención parental a sus dichos. Freud atribuye a esta educación el educación.6 «La educación para la realidad», que Freud preconiza
mérito de haber permitido al niño la comunicación de su angus- en El porvenir de una ilusión, consiste en inducir al niño a considerar
tia y de sus dificultades psíquicas, cosa que una educación co- no sólo la realidad exterior, material y social, y sus exigencias,
rriente tal vez le habría vedado. «Cuando educamos a los niños, sino también la realidad psíquica, es decir, la realidad del deseo.
simplemente queremos que se nos deje en paz y vernos libres de Pero la mejor garantía para el educado de tener él mismo acceso
dificultades; en síntesis, queremos hacer de él un "niño modelo", a ella es, sobre todo, el reconocimiento de esta última realidad
sin preguntarnos si este modo de actuar es bueno o malo para por parte del educador. La voluntad del educador de no querer
él.»2 Por el contrario, «todas las consideraciones y las mínimas
3. Ibíd., p. 194.
4. Ibíd., p. 196.
1. Cinqpsychanalyses, París, PUF, 1966, p. 94. «Análisis de la fobiá de un niño 5. L'interprétation des réves, París, PUF, 1967, p. 511. «La interpretación de los
de cinco años (caso "Juanito")», O.C., II (p. 1.365). sueños», O.C., I (p. 343).
2. Ibíd., p. 185. 6. Cf. El porvenir de una ilusión.

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ED UCA CION Y DESARR OLLO ALGUNAS PROPUESTAS

saber nada, da origen a sus esfuerzos por refrenar las manifesta- valiosa contribución a la formación del carácter que las pulsiones
ciones de los deseos del niño. Cuando alcanza su fin, su coar- perversas y asocíales del niño aportan, si no se ven sometidas a la
tación permite, aprés coup, creer en su inexistencia. La educación represión y desviadas de su fin primitivo hacia fines más válidos
«no se ha propuesto hasta el presente otra tarea que la domina- gracias al proceso conocido con el nombre de sublimación».10 No
ción o, para ser más exactos, la coartación de los instintos: el es mediante la restricción como un fin semejante puede_ ser
resultado no es nada satisfactorio, y allí donde este proceder ha alcanzado, y aun menos coartando las pulsiones por la fuerza:
triunfado no lo hizo sino en provecho de un pequeño número de «Nuestras más altas virtudes se han elevado, mediante formacio-
hombres privilegiados a los que no se exigió la yugulación de sus nes reactivas y sublimaciones, desde nuestras peores disposicio-
instintos. Tampoco ha indagado nadie por qué caminos y al nes. La educación debería evitar con todo cuidado el ahogo de
precio de qué sacrificios se cumplió tal yugulación de los instin- tan preciosos resortes de acción, y limitarse a alentar los procesos
tos molestos». 7 mediante los cuales estas energías se encauzan por rumbos más
Las prácticas educativas, por lo tanto, se han dado hasta ahora sanos».11
por único fin la coartación de las pulsiones. Su carácter irracio- La definición dada aquí por Freud a los fines de la educación
nal, sus raíces pasionales, quedan con ello denunciadas: estas no tiene nada de original. La idea de que toda empresa educativa
prácticas no toman en consideración ni el interés del educado ni tiene que lograr la conciliación de los derechos del individuo y las
el de la colectividad. «Estar en paz», es decir, no ver cuestionado exigencias de la sociedad no es exclusivamente suya. A la educa-
el propio equilibrio libidinal por tener en cuenta los deseos del ción le incumbe tratar de resolver las contradicciones eventuales
niño: ésta parece ser la principal motivación para el educador, entre sus miras respectivas. Encargada ante todo de llevar a buen
quien ya no quiere saber nada del niño que fue.8 El reconoci- puerto la aculturación del pequeño sujeto dentro del marco de
miento de los deseos del niño, de su sexualidad, amenazaría una ética que acuerde su lugar al individuo, la educación no
comprometer la conservación de sus propias represiones, prote- puede tomar solamente en consideración los fines sociales. Por
gidas por el velo de la amnesia infantil. otra parte, su posición de terapeuta no es ajena al hecho de que
«Si se sustituye esta tarea por la de volver al individuo capaz Freud haga justicia a las reivindicaciones del individuo de no ver
de cultura y socialmente útil, reclamándole para ello el mínimo limitar más allá de lo necesario sus posibilidades de acción y
sacrificio posible de su actividad propia, las aclaraciones que el satisfacción. Son los individuos los que acuden a él para obtener
psicoanálisis nos ha aportado acerca del origen de los complejos el alivio de sus sufrimientos. La salud no puede serle indiferente,
patógenos y del núcleo de toda neurosis, podrán aspirar a ser y ello aun cuando, por razones en definitiva técnicas, alerte a
consideradas por el educador como inestimables indicaciones los analistas contra el «orgullo terapéutico», esto es, la obsesión
sobre la conducta que debe tenerse para con los niños.»9 Si se de la curación.12 Pues bien, la definición que en otra parte da de la
asigna a la educación el objetivo de asegurar al individuo un salud psíquica no carece de relación con las metas que propone a
desarrollo máximo dentro del marco de la colectividad social, la educación: ser capaz de gozar y de actuar.13 El goce es un fin
entonces los datos de partida del psicoanálisis podrán revelar su individual, y la acción puede ser puesta al servicio de éste tanto
utilidad. Gracias a ellos, el educador podrá ante todo reconciliar- como al de la colectividad. Cuando Freud, en el prefacio a la obra
se con la infancia, y en particular con las manifestaciones perver- de Pfister, define a la educación como una «profilaxis que debe
sas de ésta. En efecto, el psicoanálisis pone de manifiesto «la
10. Droits de la psychanalyse, S.E. XIII, p. 189-
11. Ibíd., p. 190.
7. Cinq psychanalyses, p. 197. 12. Cf. «Conseils aux médecins», La techniquepsychanalytique, París, PUF, 1967,
8. Droits de la psychanalyse..., S.E., XIII, p. 189. p. 65. «Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico», O.C., II (p. 1.654).
9. Cinq psychanalyses, p. 197. 13. Introduction a la psychanalyse, p. 435.

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ED UCACION Y DESARR OLLO ALGUNAS PROPUESTAS

prevenir las dos salidas, la neurosis y la perversión»,14 el enfoque el medio ambiente que sólo harán padecer al sujeto. Parece así
médico parece todavía más manifiesto. indudable que la noción de salud psíquica no puede ser conside-
No obstante, examinemos esto más detenidamente. La per- rada con independencia de todo criterio social. En Introducción al
versión no puede ser asimilada de ningún modo a una enferme- psicoanálisis, Freud destaca la relatividad de la noción de normali-
dad. En sí misma no es peligrosa para el individuo desde el punto dad psíquica: entre la salud y la neurosis sólo hay grados. El
de vista de su conservación, porque el problema de la reproduc- sufrimiento individual no es el único criterio de la enfermedad
ción sólo concierne a la especie; y únicamente va acompañada de mental; en este dominio, el veredicto de la sociedad pesa muchí-
sufrimientos si suscita un conflicto psíquico, es decir, en definiti- simo. Es indudable que a la idea de salud psíquica no puede sino
va, si se asocia a rasgos neuróticos. Por lo demás, es perfectamen- asociársele la de una armonía entre el individuo y su medio;
te compatible con la capacidad de acción y de goce que caracte- armonía que, por lo que incumbe al ser humano, está condenada
rizan para Freud a la salud. Si la perversión debe ser evitada por la a resultar absolutamente relativa si, como Freud, se tiene por
educación, de hecho ello sucede en la medida en que es incompa- irreconciliables las exigencias de la sexualidad y las de la civiliza-
tible con las exigencias de la sociedad, que la considera pernicio- ción. En esta perspectiva no puede esperarse más que una limita-
sa. Por otra parte, resiste a todos los esfuerzos terapéuticos, ción de los estragos. Y ésta es la única tarea que se pueda asignar
incluido el psicoanálisis, cuando el individuo no entra en conflic- tanto a la terapéutica como a la educación.
to con ella. Así, pues, neurosis y perversión representan dos El hecho de que la salud psíquica sea una norma fundamental-
polos que corresponden, uno, al punto de vista del individuo, y el mente social permite explicar que su definición pueda englobar
otro, al de la sociedad. Son los «Caribdis y Escila» de la educa- la de los fines de la educación. La convergencia de estos dos regis-
ción,15 que debe abrirse una vía entre el riesgo que las exigencias tros, el médico y el educativo, se debe también a otros motivos
de la aculturación hacen pesar sobre la salud del individuo, y por que el psicoanálisis, precisamente, reveló al descubrir la etiología
otra parte los que el individuo puede hacer correr a la sociedad de las neurosis. La neurosis, y también la perversión (lo vimos a
con la búsqueda de satisfacciones desviantes. Freud lo dice de propósito de Tres ensayos para una teoría sexual), resulta de los fallos
manera explícita en el mismo texto: «La educación debe cumplir del proceso de desarrollo psíquico por los que el niño se hace
la tarea de velar por que nada perjudicial resulte, tanto para el adulto. Ahora bien, si definimos a mínima la educación como el
individuo como para la sociedad, de ciertas disposiciones de las conjunto de las prácticas que apuntan a favorecer este proceso, la
tendencias del niño».16 Definición en cierta forma negativa de la neurosis debe ser considerada, con la perversión, como su fraca-
tarea educativa: evitar lo peor. so más patente. Por otra parte, el psicoanálisis como terapéutica
La salud, indudablemente, no puede constituir un valor pura- de las enfermedades mentales puede ser considerado como una
mente individual. La sociedad está igualmente interesada en que pos-educación, y ésta es la forma en que Freud lo define en muchos
las energías de sus miembros no sean malgastadas por la enfer- lugares.17 La terapia analítica consiste, en efecto, en ascender
medad. La neurosis es costosa para la colectividad, como subraya hasta la fuente infantil del trastorno, es decir, hasta las fijaciones
Freud en La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna. La libidinales que obstaculizaron el desarrollo, a fin de liberar de la
perversión también puede ser perniciosa para el individuo: aun represión a las fuerzas psíquicas, que entonces podrán entrar en
en ausencia de conflicto psíquico, puede acarrear conflictos con el proceso de maduración al que hasta ese momento habían

17. Cinq leqons sur la psychanalyse, PBP, Payot, París, 1971, p. 57. Introduction a la
14. Prefacio a La méthodepsychanalytique de O. Pfister, S.E. XII, p. 330. psychanalyse, p. 451. Prefacio a La méthode psychanalytique de O. Pfister, S.E. XII, pp.
15. Nouvelles conférences sur la psychanalyse, París, Gallimard, 1936,p. 196.«Nue- 331-333. Prefacio al trabajo de A. Aichhorn, S.E. XIX, p. 274. «De quelques
vas lecciones introductorias al psicoanálisis», O.C., III (p. 2.101). caracteres rencontrés en psychanalyse», S.E. XIV, p. 312. «Varios tipos de carác-
16. Prefacio a La méthode psychanalytique de O. Pfister, S.E. XII, p. 330. ter descubiertos en la labor analítica», O.C., III (p. 2.413).

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ALGUNAS PROPUESTAS
ED UCA CION Y DESARR OLLO

escapado: «La terapia se propone hacer dar marcha atrás a lo que, poder es en esta tercera tarea, que constituye la función propia-
en estas dos salidas, las de la neurosis y la perversión, se presta a mente civilizadora y a cuyo respecto Freud quisiera ver al educa-
ello, e instituir una suerte de pos-educación».18 dor limitarse a favorecer las virtualidades propias del educado.
Si la educación puede ser definida en términos de profilaxis, o Tan sólo se trata de permitir el advenimiento de aquello que en el
sea en términos de salud, el tratamiento psicoanalítico puede ser niño se encuentra en estado de germen.
definido a su vez como una segunda educación. Educación y En sus Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico (1912),
tratamiento analítico persiguen efectivamente los mismos fines. Freud no considera resguardado al psicoanalista de la tentación
Las consideraciones de Freud acerca de los poderes respectivos de abusar de sus poderes como educador: «Otra tentación emana
del educador y del psicoanalista indican los límites que querría de la función educativa que incumbe al médico aun cuando éste
ver respetar a la acción educativa: «En un solo punto la respon- no lo quiera. Puede ser que al liquidar las inhibiciones que afec-
sabilidad del educador será mayor aun quizá que la del médico. El tan al desarrollo, el médico acabe dando a las pulsiones liberadas
médico se enfrenta en general con estructuras psíquicas ya rígi- nuevos fines. Se entiende que vea entonces como una cuestión
das, y en la personalidad acabada del enfermo encontrará un de honor el convertir al sujeto cuya neurosis requirió tantos
límite para su propia acción, pero también la garantía de la trabajos en alguien particularmente destacado, y que le propon-
autonomía del paciente. El educador, por su parte, trabaja sobre ga apuntar alto. Pero también aquí debe saber el médico domi-
un terreno maleable, accesible a todas sus impresiones, y deberá narse y considerar menos sus propios deseos que las aptitudes de
forjarse el deber de no modelar el joven espíritu según sus ideales su paciente». 20
personales sino, antes bien, según las disposiciones y posibilida- En suma, educador y psicoanalista deben someterse ambos a
des que él encierra». 19 la regla de abstención que consiste en no desear por o en el lugar
Educación y psicoanálisis han alcanzado el objetivo de su del educado o del paciente. La sublimación, que es la salida más
acción si garantizaron a las componentes pulsionales su apertura deseable para las pulsiones parciales fuera de su integración en la
hacia una organización libidinal satisfactoria. Ni el educador ni el genitalidad, en circunstancias favorables se efectúa de hecho de
psicoanalista pueden arrogarse el derecho de imponer fines y un modo espontáneo. Como hemos visto, la educación «deberá
objetos a las pulsiones del paciente o del educado. Hasta se limitarse a alentar los procesos mediante los cuales estas energías
podría hablar de educación negativa. No se trata ciertamente de se encauzan por rumbos más sanos».21 Así, pues, Freud enuncia,
dejar hacer a la «naturaleza», contentándose con protegerla de de un lado, la necesidad del refrenamiento sexual en la educa-
toda influencia corruptora: Freud no es de ningún modo un ción, y afirma, del otro, la nocividad de un refrenamiento por la
seguidor de Rousseau. Sin embargo, en los años siguientes a los fuerza y la ineficacia de la coerción como método educativo.
Tres ensayos, parece haber considerado que el proceso de desarro- ¿Pero qué otros caminos pueden llevar a tal refrenamiento de
llo de las pulsiones hacia la organización genital está biológica- las pulsiones? El desarrollo de Freud en lo relativo al otro aspec-
mente determinado. La educación deberá limitarse, por una to de la tarea educativa, aquel que concierne no ya solamente a
parte, a no obstruir ese proceso, y por otra, a evitar las fijaciones las pulsiones sexuales sino a las pulsiones del Yo, tal vez ha de
perversas susceptibles de bloquearlo; por último, tendrá que permitirnos responder a esta pregunta. En efecto, si bien Freud
orientar hacia fines culturales las pulsiones parciales que no se asigna a la educación la misión de favorecer el acceso a la genita-
integran en la corriente genital, esto es, favorecer su sublima- lidad, así como la orientación socialmente útil de las tendencias
ción. Donde el educador se halla más expuesto a abusar de su perversas, su papel no se limita a esto. La educación debe permi-

20. La techniquepsychanalytique, París, PUF, 1967, p. 63.


16. Prefacio a La méthode psychanalytique de O. Pfister, S.E. XII, p. 330.
21. Les Droits de la psychanalyse a l'intérét scientifique, S.E. XIII, p. 190.
19. Ibíd., p. 331.

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68
EDUCACION Y DESARROLLO

tir asimismo el acceso a lo que Freud llama la realidad, y aquí las 9


pulsiones del Y o cumplen un rol esencial. Este es un aspecto de
la educación que Freud no delimitó de entrada. Todavía en 1910 EL YO Y LA REALIDAD
dirige principalmente su atención a la relación entre la educación
y la sexualidad. Es la elaboración de la teoría del dualismo pul-
siones sexuales - pulsiones del Yo la que aporta los nuevos ele-
mentos con los que enriquece su concepción de la educación.
Con posterioridad, no cesó de poner el acento en la necesidad de
esa «educación para la realidad» que preconiza en El porvenir de
una ilusión.

«Puede describirse a la educación como una incita-


ción a la dominación del principio del placer y a su
reemplazo por el principio de realidad.»
Los dos principios del funcionamiento men-
tal (1911).

El problema de la represión, sus causas y mecanismo, es cen-


tral para la cuestión de la educación tanto como para la teoría
analítica. El tratamiento analítico apunta a levantar las represio-
nes que intervienen en el origen de los síntomas. Dentro del
marco de su misión profiláctica, la educación debe esforzarse por
evitar que la represión se produzca. El problema de su origen,
fuera del interés teórico que inspira, es de una gran importancia
práctica para su prevención.
Ya en los Estudios sobre la histeria, la represión es considerada
como el producto de un conflicto psíquico, noción que seguirá
siendo central en la teoría analítica. Pero antes de la elaboración
de la primera teoría de las pulsiones, entre 1910 y 1915, el
conflicto es concebido como esencialmente producido entre re-
presentaciones incompatibles: la conciencia rehúsa admitir las
representaciones de carácter sexual a causa de su oposición con
las concepciones morales del sujeto, con la idea, podríamos de-
cir, que éste se forja de sí mismo y de lo que tiene que ser, eso que
Freud llama por entonces el Yo. Las críticas de Freud respecto de
la moral sexual civilizada y la educación que la transmite se
sitúan en el marco de esta primera concepción de la represión.
No obstante, y ya lo hemos apuntado, Freud se hallaba lejos

54 70
ED UCA CION Y DESARR OLL O EL YO Y LA REALIDAD

de contentarse con esta explicación, sospechando tempranamen- él otras tantas constricciones: «A este retardo se debe el hecho de
te que las formaciones morales bien pódríá.n ser los efectos de las que una parte de nuestro material mnémico permanezca inacce-
defensas del sujeto frente a la sexualidad más que sus causas, y sible a la investidura preconsciente». 1
esto le condujo a suponer la existencia de una fuente de displacer Así, pues, para que haya represión es preciso que un caudal de
inherente a la sexualidad. En un principio intentó explicar por la recuerdo infantil haya escapado a la vigilancia del Preconsciente,
aparición tardía de la pubertad el hecho de que la represión sólo es decir, del sistema secundario, que desde ese momento revela
afecte a representaciones vinculadas a la sexualidad. Al estar ser impotente para inhibir la liberación de los afectos a él enlaza-
relacionados con la sexualidad, los recuerdos infantiles se volve- dos. Freud no explica aquí por qué motivo son particularmente
rían patógenos con el empuje sexual de la pubertad, y entonces los deseos infantiles de carácter sexual los que escapan al domi-
solamente sucumbirían, aprés coup, a la represión. nio del Preconsciente. Sólo indica que la realización de algunos
Contrariamente a las experiencias de índole no sexual que el de estos deseos pertenecientes al sistema primario «sería contra-
Y o del sujeto integra de manera progresiva a lo largo de su ria a las representaciones-fines del pensamiento secundario» 1 y
desarrollo, las experiencias sexuales pueden escapar al proceso provocaría un sentimiento de displacer. «Precisamente, esta
de ligazón de las excitaciones —característica del sistema secun- transformación de afectos constituye el sentido de lo que hemos
dario— gracias a su escasa intensidad en la época infantil, y denominado "represión".» 1 Aquello cuyo cumplimiento es fuen-
permanecer así sometidas a la sola ley de la descarga inmediata te de placer para un sistema se convierte en displacer para el otro.
del proceso primario. Al verse incrementada su intensidad con la El problema de la represión permanece aquí intacto. Freud no
pubertad, la inesperada violencia de su irrupción sorprende a las da ninguna explicación de esa transformación del placer en dis-
defensas del sistema secundario, suscita el displacer y fuerza a placer con el paso de un sistema al otro. Pero tampoco dice por
recurrir a la represión, mecanismo arcaico de defensa contra el qué ella afecta específicamente a lo que pertenece al dominio de
dolor, equivalente a la fuga ante las excitaciones externas. la sexualidad. Apunta simplemente que dicha transformación
El descubrimiento de la sexualidad infantil volvió parcial- está enlazada a la actividad del segundo sistema, se produce a lo
mente caduca esta explicación. La aparición tardía de la pubertad largo del desarrollo y la aparición de la repugnancia en el niño da
no alcanza para dar cuenta del hecho de que la represión se dirige fe de ella. Todo cuanto se puede decir es que el registro de las
a la sexualidad. La hipótesis de un desajuste entre la experiencia representaciones sexuales parece estar más específicamente so-
sexual infantil y el surgimiento, sólo al llegar la pubertad, de la metido al proceso primario, es decir, a las leyes del Inconsciente,
excitación sexual, es invalidada por el descubrimiento de la exis- mientras que el Yo se vincula, por el contrario, con el sistema
tencia de excitaciones de índole sexual durante la primera infan- secundario, o Preconsciente. La incompatibilidad del modo de
cia. Freud hizo intervenir entonces mucho más tempranamente, funcionamiento propio del sistema primario con el del sistema
en la historia del sujeto, la represión de la sexualidad: en la secundario hallaría su expresión en la repulsión particular del Y o
instauración del período de latencia y bajo los efectos conjuga- ante lo que corresponde al registro de la sexualidad. De este
dos de la educación y de un proceso espontáneo biológicamente modo, la oposición entre el Y o y la sexualidad pasa a ser, en el
determinado. Y a en La interpretación de los sueños, la instauración marco de la teoría del aparato psíquico, oposición entre proceso
tardía de la pubertad deja de ser para Freud responsable de la primario y proceso secundario, entre Inconsciente y Precons-
represión, que ahora se debe al hecho de que el sistema secun- ciente.
dario se constituye tan sólo progresivamente a partir del sistema ¿Qué se gana con esta traducción? Freud subraya ciertamente,
primario. Segundo en el tiempo, no llega a establecer por com- merced a lo que él mismo llama ficción teórica del aparato psí-
pleto su dominación sobre el primer sistema, del que emanarán,
a lo largo de la vida, los impulsos de deseo que constituirán para 1. L'interprétation des réves, p. 513.

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ED UCA CION Y DESARR OLL O EL YO Y LA REALIDAD

quico, la extrañeza, la alteridad radical de la sexualidad con causa de las necesidades y de la exigencia de recurrir al mundo
respecto al Yo, su carácter funcionalmente antinómico, cosa que exterior para satisfacerlas, subsisten procesos correspondientes
la idea de un conflicto psíquico de índole moral no destaca en al modo primitivo de funcionamiento. En el Proyecto, el Y o desig-
forma alguna. El Yo. y la sexualidad son, en un sentido, tan na la instancia inhibidora que obstruye la fluencia de la excita-
extraños el uno al otro, al decir de Freud, como el oso blanco y la ción y permite la instauración del proceso secundario. El Y o no
ballena: no son del mismo mundo. A lo que tiende la cura analíti- sería otra cosa que la totalidad de las investiduras en el sistema
ca es a hacer que se reúnan, a fin de cumplir las condiciones de secundario, correspondiente a la energía «ligada».
posibilidad de una solución del conflicto. Vemos perfilarse así las relaciones entre el Yo, las necesidades
¿Por qué razón tal división entre dos dominios radicalmente y la realidad. Fueron las necesidades fisiológicas las que, bajo la
diferentes se instaura en el seno del aparato psíquico? Dicho de presión del displacer, forzaron a los procesos psíquicos a evolu-
otro modo, ¿qué es lo que preside el surgimiento del segundo cionar, diferenciarse y hacerse cargo de la realidad. El Yo, como
tipo de funcionamiento? En el Proyecto, y en La interpretación de los función inhibidora, está al servicio de esta tarea, que consiste en
sueños, Freud responde: la necesidad. En el marco del funciona- mantener la integridad del aparato psíquico, amenazado por el
miento primario del aparato,2 la tensión psíquica suscitada por dolor, y asegurar la conservación del organismo.
las excitaciones internas (necesidades fisiológicas, por ejemplo) Pero lo que hace que la sexualidad escape en gran parte al
tiende a descargarse inmediatamente en forma alucinatoria, vale proceso secundario no queda con ello aclarado, como tampoco la
decir, reactivando la huella mnémica dejada por la experiencia amenaza que parece constituir para el Yo. Se comprende que la
anterior de satisfacción. En ausencia del objeto, la satisfacción irrupción de un proceso primario en el interior del sistema se-
real no se produce, y bajo la tensión creciente de la necesidad el cundario pueda provocar displacer en el seno de este sistema,
dolor aparece. El aparato psíquico se ve entonces forzado a co- que sólo tolera el paso de pequeñas cantidades de energía, y que
rregir su propio funcionamiento, a modificarse inhibiendo el éste se defienda de ello (a lo cual correspondería la irrupción de
mecanismo alucinatorio, y a utilizar una cierta cantidad de la una representación sexual en el preconsciente). Pero cuesta en-
energía provista por la tensión en busca, a través de la motilidad, tender de qué modo el sistema secundario sería capaz de inhibir
de una aparición de la percepción real del objeto de satisfacción. el desarrollo de displacer ligado al recuerdo de una experiencia
De este modo, el aparato psíquico se ve forzado, bajo la dolorosa (que corresponde a la irrupción de un proceso prima-
presión de la necesidad, a hacerse cargo de las informaciones rio) y de investir la representación correspondiente (como lo
suministradas por la realidad y a operar una discriminación con atestigua el hecho de que los recuerdos de experiencias desagra-
respecto al recuerdo. Se constituyen así procesos nuevos, corres- dables en general no se ven afectados por represión), y sería
pondientes al pensamiento, por los cuales el aparato psíquico impotente para efectuar la misma labor en lo que concierne a las
prepara y anticipa la acción. Puesto que tales procesos requieren representaciones sexuales.3 La sexualidad sería menos domina-
cierta cantidad de excitaciones, el aparato psíquico debe inhibir ble por el Yo que el dolor físico, y, en cierto modo, más dolorosa
su fluencia y elevar el potencial global hasta que el encuentro que el dolor.
con el objeto de satisfacción permita la descarga. El segundo El artículo Los dos principios del funcionamiento mental, de 1911,
sistema implica, pues, una modificación del principio de displa- intenta aportar una solución a este problema. Aquí Freud reanu-
cer debido a que el aparato psíquico está obligado a tolerar cierta da en términos cercanos a los del Proyecto, la descripción de la
tensión. Pero en el interior del aparato psíquico, modificado así a génesis del aparato psíquico, con la diferencia de que ahora
prefiere el término principio de placer al de principio de displa-
2. Retomamos aquí la descripción del funcionamiento del aparato psíquico
del Proyecto de una psicología para neurólogos. 3. L'interprétation des réves, pp. 512-513.

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EDUCACION Y DESARROLLO
EL YO Y LA REALIDAD

cer, y de que introduce el de principio de realidad, al que erige


realidad, de la posibilidad de la satisfacción autoerótica unida a la
como principio de funcionamiento del proceso secundario, cuya
existencia del período de latencia, resulta «una relación más
descripción, por otra parte, no modifica: ligazón de la energía,
estrecha, por un lado, entre la pulsión sexual y los fantasmas y,
elevación de la cantidad de excitación tolerada en el sistema,
por el otro, entre las pulsiones del Yo y las actividades de la
emergencia de la atención, la memoria y el pensamiento con
conciencia».6 Ahora bien, «en el reino del fantasma, la represión
vistas a reencontrar, mediante una acción apropiada en la reali-
subsiste omnipotente: comporta la inhibición de ideas, in statu
dad, el objeto de la satisfacción.
nascendi, antes de que puedan ser observadas por la conciencia, si
A la instauración de este principio de realidad corresponde la
la energía que les es adjudicada resulta capaz de suscitar displa-
necesidad, para el aparato psíquico, de disponer de un máximo
cer. Este es el punto débil de nuestra organización psíquica; y
de informaciones sobre el mundo exterior, lo que lleva al aban-
puede ser empleado para reinstalar bajo el dominio del principio
dono, al menos parcial, del principio del placer: «Lo que enton-
del placer procesos de pensamiento que ya se habían vuelto
ces se presentó en mi espíritu ya no fue lo agradable sino lo real,
racionales. Una parte esencial de la predisposición psíquica a la
aunque fuese desagrable».4 En La interpretación de los sueños, Freud
neurosis reside, de este modo, en la educación retardada de las
ya había indicado la necesidad de una relativa independencia del
pulsiones sexuales en comparación con la toma en consideración
pensamiento con respecto al principio del placer, pero sin em-
de la realidad y, correlativamente, en las condiciones que hacen
bargo consideraba que éste regía igualmente el proceso secun-
dario.5 posible dicho retardo». 1 La transformación del «yo-placer» en
«yo-realidad», «es decir, la capacidad del Yo para soportar el
La aportación de este texto reside en la luz que proyecta
displacer», se cumple bajo la presión de las pulsiones del Yo. Una
sobre las causas de la insumisión al principio de realidad de
parte de los procesos psíquicos —los vinculados a las pulsiones
aquello que pertenece al dominio de la sexualidad. Freud pone
de autoconservación— sufre así un desarrollo que los coloca bajo
aquí en relación la dinámica de las pulsiones sexuales y de las
la dominación del principio de realidad, mientras que la otra
pulsiones del Yo (que hacen ahora su primera aparición) con el
parte, separándose de la primera, conserva su independencia,
desarrollo del aparato psíquico y sus leyes económicas. Las pul-
escapa al proceso de desarrollo de la precedente y queda «inedu-
siones del Yo, que comprenden esencialmente las de autocon-
cada», vale decir, insometida al principio de realidad.
servación, se dejan someter fácilmente al principio de realidad a
Esto lleva a Freud a dar una nueva definición de la educación:
causa de su dependencia respecto de los objetos exteriores nece-
«Puede describirse a la educación como una incitación a la do-
sarios para la satisfacción. Las pulsiones sexuales, por el contra-
minación del principio del placer y a su reemplazo por el princi-
rio, prescinden originariamente de todo objeto exterior y se
pio de realidad, o sea que ella busca aportar su ayuda al proceso
satisfacen de manera autoerótica, lo cual les permite escapar al
de desarrollo que afecta al Yo. Con tal finalidad se sirve del amor
proceso de desarrollo que afecta a las pulsiones del Yo y perma-
como de una recompensa por parte de los educadores, y por eso
necer, dentro del marco del proceso primario, bajo la domina-
fracasa cuando el niño mimado piensa que posee este amor en
ción del principio del placer. Por otra parte, en el momento en
todos los casos y que, pase lo que pase, no puede perderlo».7
que las tendencias sexuales comienzan a orientarse hacia un
Según esta nueva definición, la influencia de la educación se
objeto exterior, este proceso es interrumpido por el período de
ejercería principalmente gracias a las pulsiones del Yo. Sólo ellas
latencia, que suspende el desarrollo sexual hasta la pubertad.
serían educables, mientras que las pulsiones sexuales quedarían
De la dependencia de las pulsiones del Yo con respecto a la
sustraídas a toda influencia debido a su independencia con res-

4. S.E. XII, p. 219.


5. L'interprétation des réves, p. 512. 6. S.E. XII, p. 222.
7. S.E. XII, p. 224.

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pecto al mundo exterior así como a su adormecimiento durante satisfacción de carácter sexual,10 representa ese placer en cuyo,
el período de latencia. nombre el niño aceptará el displacer impuesto. Así, pues, una
Freud desarrollará este punto de vista en Introducción al psico- parte de las pulsiones sexuales favorece el proceso educativo. Se
análisis-. «Las tendencias sexuales y el instinto de conservación no renuncia a satisfacer ciertas componentes de la sexualidad para
se comportan en la misma forma con respecto a la necesidad real. conservar el beneficio de otras satisfacciones igualmente libidi-
Los instintos cuyo fin es la conservación y todo lo a ella vincu- nales. Estas últimas acaban siendo preferidas, en la medida, muy
lado son más accesibles a la educación; tempranamente aprenden probablemente, de que al mismo tiempo favorecen las pulsiones
a plegarse a la necesidad y a adecuar su desarrollo a las indicacio- del Yo. Como señala Freud: «No se tarda en comprobar que ser
nes de la realidad. Esto es comprensible, dado que no pueden amado es una ventaja a la que se puede y se debe sacrificar
procurarse de otro modo los objetos que necesitan y sin los muchas otras».11 Ambas, la libido y las necesidades, participan
cuales el individuo corre el riesgo de perecer. Las tendencias pues del proceso educativo. El hecho de que el paso del principio
sexuales, que al comienzo no tienen necesidad de objeto e igno- del placer al principio de realidad se efectúe mediante una prima
ran esta necesidad, son más difíciles de educar. Llevando, por así de placer no es más que una paradoja aparente, si se considera,
decir, una existencia parasitaria asociada a la de los otros órganos como apunta Freud más adelante, que el principio de realidad
del cuerpo, susceptibles de hallar una satisfacción autoerótica sin consiste precisamente en la aceptación del displacer con vistas al
salirse del propio cuerpo del individuo, escapan a la influencia placer mismo. Pero, según Indica Freud, el temor de perder el
educativa y a la necesidad real y, en la mayoría de los hombres, amor entra también en juego. Para el niño, el amor no representa
conservan en ciertos aspectos durante toda la vida ese carácter únicamente una satisfacción de índole libidinal, sino también la
arbitrario, caprichoso, refractario, "enigmático".» 8 garantía de estar protegido del mundo exterior, y por eso intere-
Las pulsiones del Yo, o pulsiones de autoconservación, no son sa a las pulsiones del Yo.
sometidas de entrada al principio de realidad. El niño y la madre En último extremo, sería el temor por la autoconservación lo
que provee a sus necesidades realizan inicialmente un sistema que conferiría su poder a la influencia educativa. Así, pues, las
autárquico que Freud compara con el huevo, y gracias al cual el pulsiones del Yo serían los motores de la educación. La mira de la
niño se halla a resguardo de la realidad exterior. Las exigencias educación es apoyar el desarrollo del Yo, vale decir, en definitiva,
de la realidad, los renunciamientos que ésta impone se encarnan reforzar las pulsiones del Yo. Estas mismas pulsiones servirían
primeramente para el niño en las exigencias parentales, que después para refrenar las pulsiones sexuales, que no son directa-
consisten, precisamente, en medidas educativas. Estas deben ser mente influenciadles por la educación.12 El hecho de que sean los
dosificadas en función de las posibilidades del niño, que no está
en condiciones de afrontar directamente la realidad. La educa- 10. Aunque inhibida en cuanto al fin, cf. Psicología de las masas y análisis del Yo.
ción, dice Freud, debe ser un «juego de vida»,9 pero ha de preser- 11. S.E. XIV, p. 282.
var al niño del enfrentamiento brutal con la existencia. Las me- 12. Las relaciones entre lo que Freud denomina Yo (en la expresión yo-placer
yo-realidad) y las pulsiones de autoconservación, a las que igualmente llama
didas educativas consisten básicamente en exigir al niño la tole- pulsiones del Yo, no son fáciles de precisar. Las pulsiones del Yo corresponden al
rancia de cierta dosis de displacer que constituye el renuncia- punto de vista de la dinámica de las fuerzas obrantes en el psiquismo, mientras
miento a las satisfacciones pulsionales inmediatas, a fin de obte- que el Yo atañe al punto de vista tópico sobre el aparato psíquico. En este último
sentido, puede decirse que corresponde al conjunto del proceso secundario o
ner un placer diferente. El amor como recompensa, es decir, una preconsciente. Las pulsiones de autoconservación constituirían el sustrato diná-
mico del Yo, el cual correspondería al modo de funcionamiento del aparato
psíquico orientado a dar satisfacción a las pulsiones de conservación. El Yo como
8. Introduction a la psychanalyse, p. 334. instancia, dentro del marco de la segunda tópica, sería así «la agencia psíquica
9. Contribution a une discussion sur le suicide, S.E. XII, p. 232. «Contribuciones al destinada a la conservación del individuo» (Vocabulaire de la psychanalyse, París,
simposio sobre el suicidio», O.C., II (p. 1.636). PUF, 1967, J . Laplanche y J.B. Pontalis, artículo Moi), {Diccionario de Psicoanálisis,

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padres, con sus exigencias, quienes constituyen para el niño la por la acción directa de este ambiente». La presión exterior se
primera encarnación de la realidad, lleva a interrogarse sobre el interioriza y forma la moralidad del sujeto.
sentido que debe otorgarse a la noción de realidad en Freud,
especialmente en lo que él denomina «principio de realidad». Las Sin embargo, aunque ello no aparezca con claridad en el texto
exigencias parentales son difícilmente asimilables a los datos Los dos principios del funcionamiento mental, no es posible conferir al
brutos del mundo exterior. La realidad a la cual el niño debe principio de realidad el sentido único de principio de conformi-
aprender a someterse, y con la cual debe contemporizar en su
búsqueda de satisfacción, es, ante todo, la voluntad de los padres. dad con las exigencias de la sociedad. Lo que Freud pone de
O sea que, muy lejos de que tenga que vérsela con la necesidad relieve en el paso del principio del placer al principio de realidad
pura, con lo que el niño se ve confrontado es con una realidad es la nueva capacidad del aparato psíquico para hacerse cargo no
humana. Más aun que la brutal necesidad de transformar la natu-
raleza para sonsacarle aquello que puede satisfacer las necesida- ya solamente de lo que da placer, es decir, las representaciones
des, lo que los padres representan para los niños son las exigen- agradables, sino también de lo que es verdadero, es decir, la
cias nacidas de la vida en sociedad, es decir, las de adecuar su conformidad de las representaciones con la realidad, aunque sean
comportamiento a normas sociales. En este sentido, la «realidad»
del «principio de realidad» se confunde con la réalidad social. displacenteras. La capacidad de soportar el displacer es necesaria
para el pensamiento, que funciona a partir de criterios de verdad
y falsedad. La liberación del pensamiento frente al displacer
apunta a posibilitar la integración del máximo de informaciones
concernientes a la realidad exterior.
En esta perspectiva, parece difícil separar las exigencias socia- Pero el pensamiento no sólo se enfrenta con esta realidad,
les de los imperativos morales cuyo carácter patógeno Freud sino que está al servicio de las necesidades y de los deseos, que
denuncia en otra parte. Para el niño, la realidad son los otros y constituyen para él otra realidad. Y si bien el período de latencia
sus exigencias, sus demandas, sus deseos; o sea que está tejida por quita su fuerza a los deseos sexuales, éstos se imponen brutal-
el lenguaje y la palabra.13 Más tarde, Freud dirá que la realidad mente al llegar la pubertad. Integrarlos constituye entonces para
exterior es considerada por el adulto según el modelo de su el pensamiento, o sea para el proceso secundario, una pesada
relación de hijo con sus padres.14 En Consideraciones de actualidad tarea en la que a menudo fracasa. La represión es la marca de e&te
sobre la guerra y la muerte,15 Freud identifica además de manera fracaso. Para el pensamiento, la realidad exterior no es la única
explícita la presión de la realidad con la presión educativa. El fuente de displacer a superar. Los deseos constituyen otra, que '
medio circundante, es decir, la realidad social, viene simplemen- también debe ser asumida. Una de las tareas del pensamiento es
te a reemplazar para el adulto lo que para el niño eran las exigen- reconocer los deseos a fin de examinar su compatibilidad con las
cias educativas. El factor externo que preside la transformación exigencias de la realidad exterior. La condena por el juicio, die
de las «malas inclinaciones», «consiste en la presión ejercida por Urteilsverwerfung, vale decir, un proceso de pensamiento cons-
la educación, que se constituye en portavoz de las exigencias del ciente, debe reemplazar a la represión, en el caso de que ambas
ambiente civilizado y cuya influencia queda reemplazada después revelaran ser incompatibles. Esto es lo que procura obtener el
tratamiento analítico, y es aquí, precisa Freud, donde éste resulta
comparable a un proceso educativo, puesto que se esfuerza en
Ed. Labor, Barcelona, 1971, artículo Yo), y «el yo-realidad no tiene otra cosa que lograr que el sujeto reconozca, a pesar del displacer que a ellos se
hacer que tender hacia lo útil y asegurarse contra los daños» («Le double principe
de fonctionnement psychique», S.E. XII, p. 223). «Los dos principios del funcio- asocia, sus deseos.
namiento mental», O.C., II (p. 1.638). También el mundo de los deseos constituye, pues, una reali-
13. Casi se podría decir que para el niño la realidad social es la realidad dad a la que Freud da el nombre de «realidad psíquica». Si la meta
psíquica (die psyschiche Realitát) del Otro (parental).
14. Malaise dans la civilisation, p. 83. de la educación es adaptar al niño a la realidad exterior, enseñán-
15. Essais de psychanalyse, p. 244, París, Payot, 1963. dole a hacerse cargo de ella, el tratamiento analítico lleva al

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adulto a reconocer esa otra realidad que son sus deseos. Sin En efecto, no cabe en absoluto confundir las satisfacciones
embargo, hay una relación entre la negativa a reconocer la reali- ligadas al autoerotismo con las proporcionadas por la actividad
dad psíquica en la represión y la imposibilidad de integrar los fantasmática. Si bien presentan la característica común de pres-
elementos de información provistos por la realidad exterior. De cindir de un objeto exterior, no se reducen la una a la otra. La
este modo, la amnesia infantil del educador, es decir, la represión actividad fantasmática surge con ocasión de las primeras mani-
de su propia sexualidad infantil, le impide reconocer sus manifes- festaciones masturbatorias del niño, y las acompaña. A partir del
taciones en los niños a los que educa. Aquí, la realidad interior se renunciamiento a la masturbación, los fantasmas asociados a ella
une a la realidad exterior. se vuelven inconscientes. Se expresan después en los sueños o en
Tiempo después, Freud preconizará una educación para la las ensoñaciones diurnas, y eventualmente en los síntomas. El
realidad, que no le parece asegurada por el método educativo acto autoerótico como tal pone en juego el cuerpo propio y
corriente en la medida en que éste descuida, o más bien niega, puede considerarse que éste es el objeto por medio del cual la
precisamente, los deseos, esto es, esa realidad que la sexualidad pulsión sexual alcanza una satisfacción cuyo lugar es la zona
humana constituye, y no prepara a los niños para hacerse cargo erógena. A cambio de esto, la actividad fantasmática parece co-
de ella y afrontarla. rresponder a otro tipo de satisfacción. El diferenciado empleo
La subsistencia de un mecanismo psíquico como la represión que hace Freud de los términos Befriedigung y Erfüllung (en Wuns-
marca, pues, el fracaso de la educación en la tarea de asegurar la cherfüllung) correspondería a esta dualidad. El deseo obrante en el
completa dominación del principio de realidad sobre el principio fantasma se satisface de alguna manera con su propia expresión,
del placer. El proceso secundario muestra ser impotente para como lo prueba el sueño. El deseo equivale a su cumplimiento,
superar el displacer suscitado por las representaciones sexuales, dice Freud a propósito de la culpabilidad inconsciente. La satis-
así como para integrarlas. En descargo de la educación tradicio- facción fantasmática se acercaría al modo primario de satisfac-
nal, Freud señala las dificultades específicas inherentes a la labor ción por alucinación del objeto. Al contrario de la necesidad, el
de integración que constituye, hablando con propiedad, la edu- deseo sexual se satisfaría con una ilusión.16
cación de las pulsiones sexuales. En efecto, a todo lo largo del Parecería que la existencia de una satisfacción sexual fantas-
período de latencia éstas se encuentran adormecidas, por lo que mática constituyera la característica esencial de la sexualidad
las representaciones a ellas asociadas quedan desinvestidas y per- humana. El surgimiento de una Wunscherfiillung que acompaña a la
manecen apartadas de los procesos de desarrollo que afectan al Befriedigung de la pulsión, y que,luego se hace autónoma, muestra
Yo y a las pulsiones que se le atribuyen. Así, pues, la irrupción de ser capital en el destino de la sexualidad humana. La pulsión
representaciones sexuales reinvestidas, en el período de latencia, sexual quedará sometida, para su satisfacción, a las condiciones
constituye una sorpresa para el proceso secundario, forzado en- creadas por el fantasma. El yo se sublevará no tanto contra las
tonces a recurrir a la represión.
Podría considerarse en consecuencia que Freud de algún mo-
do vuelve a las hipótesis formuladas en el Proyecto acerca del 16. En Fantasmes hystériques et bisexualité: «El acto masturbatorio (en el sentido
más amplio: onanista) se componía entonces de dos elementos: la evocación del
origen de la represión. Sin embargo, esto no es tan sencillo. fantasma y, en el punto culminante de éste, el comportamiento activo orientado
Freud pone igualmente el acento sobre el autoerotismo y la hacia la autosatisfacción. Este compuesto, como se sabe, es en realidad una
capacidad de la pulsión sexual para satisfacerse de manera fan- soldadura. Originariamente, la actividad era una práctica puramente autoerótica
para obtener la ganancia de placer a partir de una zona corporal determinada que
tasmática. Lo que caracterizaría sustancialmente a la sexualidad debe calificarse de erógena. Más tarde, esa actividad se fusionó con una represen-
sería su independencia respecto a la realidad, independencia que tación de deseo procedente del dominio del amor de objeto, y sirvió a la realiza-
debe al modo de satisfacción que le es propio, o más bien a los ción parcial de la situación en la cual el fantasma culminaba.» (Névrose, psychose et
perversión, p. 151). «Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad», O.C., II
modos de satisfacción que le son propios. (p. 1.349).
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exigencias de las pulsiones sexuales como contra las representa- La existencia de una satisfacción fantasmática de la pulsión
ciones fantasmáticas. La actividad sexual poseería, entonces, dos sexual, fuera de las cuestiones suscitadas por la extrañeza de
registros, dos caras podríamos decir, una de las cuales, la activi- semejante modo de satisfacción, plantea ciertos problemas que
dad propiamente pulsional, concerniría más al cuerpo y echaría el texto de Freud deja en suspenso. Si bien da cuenta de las
raíces en lo biológico, y la otra, la actividad fantasmática, aunque causas de la relación privilegiada entre sexualidad y proceso
tomando su fuerza de la primera y determinando de rebote las primario inconsciente, y de la resistencia de la sexualidad a verse
modalidades de su actividad, parece pertenecer al registro del integrada en el proceso secundario bajo la dominación del prin-
lenguaje, como indican los análisis efectuados por Freud sobre el cipio de realidad, no explica la repulsión particular de los proce-
fantasma Pegan a un niño.17 sos secundarios respecto a las representaciones sexuales, que
Al poner de relieve la existencia de una satisfacción fantasmá- Freud coloca en el origen de la represión. Dicho de otro modo, la
tica, Freud destaca netamente la radical diferencia entre las pul- atracción que el Inconsciente ejerce sobre lo sexual se explica
siones sexuales y las necesidades que él asocia a las pulsiones del por la indiferencia de lo sexual con respecto a la realidad, pero la
yo. Diferencia de naturaleza que puede convertirse en oposición repulsión, el rechazo activo por parte del yo, queda sin ser ex-
cuando, por ejemplo, el fantasma reprimido toma cuerpo en el plicado.
síntoma, desviando al órgano implicado del cumplimiento de sus ¿Por qué se defiende el yo del fantasma? «En los casos en que
funciones orgánicas. La satisfacción del fantasma por medio del un grupo de representaciones permanece en el Inconsciente, el
síntoma pone entonces en peligro la conservación del organis- psicoanálisis no deduce de ello una incapacidad constitucional
mo, como puede verse, por ejemplo, en la anorexia mental. para la síntesis, qu,e se manifestaría precisamente en esa disocia-
La insumisión de la sexualidad respecto al principio de reali- ción. Por el contrario, afirma que es la rebelión activa de otro
dad tendría, pues, su fundamento en la indiferencia de la sexuali- grupo de representaciones lo que ha causado la aislación y la
dad respecto a la conservación del individuo: lo que es placer inconsciencia del primer grupo.»19 ¿Por qué el proceso secunda-
para un sistema es displacer para el otro. Pero lo que sin duda rio, íntegramente al servicio de las necesidades de conservación,
ocurre es que el placer de uno es de un orden muy diferente al manifiesta una resistencia particular a integrar las representacio-
placer del otro. La naturaleza del placer en el sistema primario, nes sexuales fantasmáticas? ¿De qué modo contraría la actividad
suscitada por el fantasma sexual y que provoca el displacer del fantasmática, por 'la que se satisfacen los deseos sexuales, las
yo, parece emparentarse con lo que Freud creyó leer en el rostro
del «Hombre de las ratas», y que describió con estas palabras: «El
nar. Si se distingue en la pulsión, como él lo hace, el empuje, la fuente, el fin y el
horror de un goce por él mismo ignorado». La oposición pulsión objeto, quizá podría decirse que el deseo toma su potencia del empuje, pero es el
sexual - pulsión del Yo o de autoconservación, por la cual Freud, fantasma por el cual se expresa lo que determinará el fin y el Objeto de la pulsión.
a partir de la década de 1910, cree poder explicar la represión, Lacan hizo observar que los destinos de la pulsión descritos por Freud correspon-
den a las diferentes variaciones de que es gramaticalmente susceptible una frase:
introduce la idea de que la función sexual encarna para el indivi- inversión del sujeto y el objeto, paso de la voz activa a la voz pasiva. Los fantasmas
duo una amenaza de muerte. Los placeres a que apunta corren el inconscientes y sus transformaciones corresponden también a una frase y a las
riesgo de ser mortales, y la represión responde a esta amenaza. transformaciones de que ésta es gramaticalmente susceptible, como demostró
Freud respecto del fantasma: un niño es pegado. La pulsión parte del cuerpo, donde
Así, la repulsión moral del sujeto con respecto a la sexualidad, tiene su fuente, para volver a él en la satisfacción, en la que Freud veía su fin. Pero
como bien había vislumbrado antes Freud, no es sino la máscara es el lenguaje el que determina su trayecto, es el fantasma el que determina las
de una angustia de muerte.18 modalidades de su satisfacción; así, pues, pulsiones y deseo estarían anudados
como lo están el cuerpo y el lenguaje.
19. «Les troubles psychogénes de la visión», Névrose, psychose et perversión,
17. Névrose, psychose etperversión. p. 169. «Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicopatógenas de la vi-
18. Las relaciones entre deseo y pulsión no son en Freud fáciles de determi- sión», O.C., II (p. 1.631).

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representaciones del Preconsciente? ¿No podría concebirse una pubertad, la corriente genital estaría forzada a asociarse a las
suerte de coexistencia pacífica de los dos sistemas, uno de los representaciones sexuales existentes en el inconsciente y que
cuales, enteramente independiente de la realidad, sería la sede de corresponderían a los fantasmas infantiles, que entonces el Yo ya
los deseos sexuales y de la satisfacción alucinatoria, y el otro, no podría aceptar debido a su incompatibilidad con sus propias
sometido a la realidad, aseguraría la satisfacción de las necesida- representaciones-fines. La experiencia analítica demuestra que
des? ¿Por qué viene el sistema primario a perturbar al segundo, casi siempre se trata de fantasmas incestuosos que chocan, no
como cabe inferir de la repulsión de éste respecto a lo que emana con la renegación de la realidad, sino con la prohibición del
del primero? En un texto posterior, Freud suministra una res- incesto. También aquí el principio de realidad parece remitir más
puesta, aunque incompleta, a estas interrogantes: «Una parte de a las leyes sociales fundamentales —que son las de la palabra—
las pulsiones sexuales es apta, como sabemos, para la satisfacción que a las leyes de la naturaleza. El displacer suscitado por el
autoerótica, y se presta entonces a los desarrollos descritos más fantasma y que trae aparejada la represión por parte del yo,
adelante, que se operan bajo la dominación del principio del correspondería a la angustia de castración provocada por el ries-
placer. En cuanto a las pulsiones sexuales que exigen de entrada go que se correría si se transgrediera esa prohibición.
un objeto, y a las necesidades de las pulsiones del Yo, que jamás Así, pues, el principio de realidad designaría, por una parte, el
pueden satisfacerse de manera autoerótica, ellas no pueden sino efecto de la integración por el aparato psíquico de los datos del
trastornar ese estado y preparar la progresión». 20 mundo exterior y la constitución de un criterio que permitiría
Así, pues, ciertas componentes de la sexualidad impiden una distinguir lo real de lo que no lo es; por otra parte, significaría
satisfacción exclusivamente autárquica. También las pulsiones aquello en cuyo nombre ha tenido lugar este proceso, es decir, la
que presiden el desarrollo de la sexualidad bajo la primacía de la exigencia de autoconservación: a saber, que para cierta parte del
genitalidad, con vistas a la reproducción, ponen en juego a la aparato psíquico, para el Yo, la inquietud por la conservación
realidad. La separación total entre proceso primario y pulsiones habría podido más que el apetito de goce.
sexuales por un lado, y proceso secundario y pulsiones del yo por
el otro, no puede ser mantenida de un modo riguroso. Freud
indica este desarrollo en Los dos principios del funcionamiento mental-.
«Mientras que el Yo pasa, a través de estas transformaciones, del
Yo-placer al Yo-realidad, las pulsiones sexuales emprenden los
cambios que las conducen desde el autoerotismo original, y a
través de fases intermedias variadas, hacia el amor de objeto y la
procreación». 21 El acceso a la genitalidad implica el acceso a la
realidad, es decir, la integración de la sexualidad en el proceso
secundario.
¿Por qué es tan difícil esta integración? Valiéndonos de lo que
Freud desarrolla en Los instintos y sus destinos, propondremos la
hipótesis siguiente. En el aparato psíquico las pulsiones deben
hacerse representar por una representación. En la época de la

20. «Pulsions et destins des pulsions», Métapsychologie, París, Gallimard, 1976,


p. 37. «Los instintos y sus destinos», O.C., II (p. 2.039).
21. S.E. XII, p. 224.

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87
10

TOTEM Y TABU

«Lo que has heredado de tus padres, adquiérelo


para poseerlo.»
Tótem y tabú (1913)

Con Tótem y tabú, Freud vuelve a abordar el problema de la


antinomia entre sexualidad y civilización, problema que nunca
renunció a juzgar fundamental. Es indudable que las exigencias
de la propia conservación explican en parte la represión, en la
medida en que las pulsiones sexuales amenazan comprometer
este objetivo. Ello llevaría a considerar que la oposición manifes-
tada por la civilización respecto a la sexualidad es, en alguna
medida, una expresión de la organización colectiva de defensa
contra los riesgos mortales que la sexualidad hace correr al hom-
bre. Si el goce está prohibido, es porque sería mortal.
Pero Freud no llegó al extremo de hablar explícitamente del
carácter mortífero de la sexualidad para el sujeto, aunque su
oposición pulsiones sexuales - pulsiones del Yo parezca implicar
tal carácter. Se mostró más bien inclinado a referir a las pulsiones
del Yo las tendencias destructivas, bajo la forma del odio: «El Yo
odia, detesta, persigue con la intención de destruirlos a todos
aquellos objetos que son para él fuente de sensaciones de dis-
placer y que significan una frustración de la satisfacción sexual o
de la satisfacción de las necesidades de conservación».1 Aquí está
aludiendo Freud a lo que por otra parte denomina Yo-placer,
antes de que su transformación en Yo-realidad lo condujera a

1. «Pulsions et destins des pulsions», Métapsychologie, p. 41.

141
EDUCACION Y DESARROLLO TOTEM Y TABU

sublevarse contra las exigencias de la pulsión sexual. «Puede


restricción sexual en la civilización y en la educación, que Freud
incluso sostenerse que los verdaderos prototipos del odio no
continúa denunciando, quizá se debería a la existencia de esa
provienen de la vida sexual sino de la lucha del Yo por su conser-
herencia filogenética que forzaría al individuo a imponerse re-
vación y afirmación.»1 Las pulsiones del Yo pueden apuntar a la
nunciamientos en otro tiempo necesarios pero hoy perimidos, y
destrucción de lo exterior, pero lo que amenaza al Yo mismo es
que desbordan sus fines. El modo mismo según el cual se lleva a
la sexualidad. En Introducción al psicoanálisis, Freud concibe el de-
cabo la autorrestricción de la sexualidad, la represión, constitui-
sarrollo de la humanidad según el mismo modelo que el desarro-
ría un residuo arcaico de las fases de desarrollo por las cuales
llo del individuo: «En cuanto a la fuerza que ha impuesto el
debió pasar la humanidad. El hecho de que la ontogénesis repro-
desarrollo a la humanidad, y cuya acción sigue ejerciéndose en la
duzca la filogénesis proporcionaría una explicación del carácter
misma dirección, sabemos cuál es, se trata también de la priva-
inadaptado de ciertas peculiaridades de la evolución del indi-
ción impuesta por la realidad o, para llamarla por su verdadero
viduo.
gran nombre, la necesidad que emana de la vida, la Ananke».2
Freud volverá con frecuencia a esta hipótesis de una herencia
Freud no llegó, pues, a dar el paso que habría constituido el filogenética para dar cuenta de las aberraciones que constata en
reconocer algo fundamentalmente mortífero en la sexualidad el seno de la civilización y también en el desarrollo individual.
humana. En Introducción alpsicoanálisis, lo que percibe en el origen Pero si bien no alude a ella en Introducción al psicoanálisis, que data
tanto de la evolución de la humanidad como del desarrollo del de 1915, fue en Tótem y tabú, escrito en 1912, donde precisó la
individuo es la necesidad de adaptarse a la realidad para sobre- índole de ese «legado» que aún pesa sobre la humanidad de hoy.
vivir: a la hostilidad de la naturaleza debe el hombre su evolu- Es la hipótesis que invocará en última instancia en El malestar en la
ción. La causa de la represión que afecta a la sexualidad en la cultura para explicar los rigores del Superyó. En cierto modo
civilización sería la necesidad del malthusianismo por un lado y constituye el símbolo de la insuficiencia de toda tentativa de
del trabajo por el otro, y no el peligro que representa en sí misma explicación para dar cuenta de nuestro malestar. Freud no se
la sexualidad. Freud vuelve aquí a un tema ya desarrollado, y sin limitó a denunciar los excesos de la coartación de la sexualidad
embargo agrega la hipótesis de una herencia filogenética que por la civilización y en particular por la educación. Su carácter
determinaría la evolución del individuo. Las influencias actuales inadaptado, que acaba chocando con sus propios fines, rubrica la
no le parecen suficientes por sí solas para explicar las caracterís- naturaleza sintomática de esa coartación y, en tal carácter, in-
ticas de la evolución que se observa en el niño: «Ambos desarro- cumbe a la interpretación analítica. La moral civilizada y la edu-
llos, el de la libido y el del Yo, en el fondo no son más que cación parecen obrar en favor de la represión, provocándola y
legados, repeticiones compendiadas de los desarrollos que la reforzándola, y llegando así a chocar con el objetivo de adapta-
humanidad entera ha recorrido a partir de sus orígenes y que se ción a la realidad que en principio les es propio. Su influencia se
extiende a lo largo de un extenso período». 3 Pero aquello que el presenta, pues, como una traba para el progreso del proceso
individuo hereda, de todos modos tiene que adquirirlo de nuevo. secundario en el aparato psíquico, progreso inseparable del de la
«Debido, probablemente, a que las condiciones que antaño im- humanidad y que, por el contrario, deberían proponerse asegu-
pusieron la adquisición de una particularidad dada siguen persis- rar. Así, la civilización y las prácticas educativas parecen hacer
tiendo y ejerciendo su acción en todos los individuos que se causa común con la represión. Las prácticas educativas en par-
suceden.»3 Pero «estas condiciones, que antaño fueron creado- ticular, como hemos dicho, están determinadas por las propias
ras, se han tornado provocadoras». 3 El carácter excesivo de la represiones del educador referidas a la parte infantil de su sexua-
lidad; Freud declara que si la represión hace al meollo de nuestra
2. P. 334. civilización, de su moral, de sus prácticas educativas, es que hace
3. Introduction a la psychanalyse, p. 334.
al fundamento de la civilización misma. Esta se ha edificado

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ED UCA CION Y DESARR OLLO TOTEM Y TABU

sobre una primera represión, y la humanidad está obligada, de desplazamiento del miedo inspirado por el padre. «Si el animal
generación en generación, a repetirla. totémico no es otra cosa que el padre, obtenemos en efecto lo
Tótem y tabú forma parte de los ensayos de Freud en psicoaná- siguiente: los dos mandamientos capitales del totemismo, las dos
lisis aplicado. Intenta allí la elucidación analítica de ciertas for- prescripciones tabú que constituyen su núcleo, a saber, la prohi-
maciones de la psicología colectiva cuyo testimonio fue recogido bición de dar muerte al tótem y la de desposar a una mujer
por la etnología. Dos de tales formaciones retuvieron particular- perteneciente al mismo tótem, coinciden en cuanto a su conte-
mente la atención de Freud a causa de su relación con la expe- nido con los dos crímenes de Edipo, quien dio muerte a su padre
riencia analítica: los tabúes, por la semejanza que presentan con y desposó a su madre, y también coinciden con los dos deseos
ciertos síntomas de la neurosis obsesiva, y el totemismo, por sus primitivos del niño, cuya represión insuficiente o su despertar
relaciones con la exogamia, es decir, con la prohibición del in- configuran quizás el núcleo de todas las neurosis.»5
cesto. Tanto desde el punto de vista sociológico como desde el De este modo, las causas que determinan el complejo de
psicológico, esta prohibición, de la que Freud descubrió que Edipo individual serían asimismo origen de ciertas instituciones
corresponde a un deseo inconsciente común a todos los hom- sociales. Confrontando estos primeros resultados con la hipóte-
bres, es un enigma: ¿por qué se prohibe el hombre lo que consti- sis de Darwin según la cual la humanidad primitiva habría vivido
tuye su deseo más antiguo y profundo? Ni la sociología de su en hordas dominadas por el macho más viejo, monopolizador de
época, ni la psicología, ofrecían una respuesta. «Mientras que las mujeres en detrimento de los machos jóvenes, Freud a su vez
para la explicación del miedo al incesto también se podía contar emitirá, sobre el estado primitivo de la sociedad, una hipótesis
con la elección entre causas sociológicas, biológicas y psicológi- que, según dice, «puede parecer caprichosa pero presenta la
cas, donde a su vez los factores psicológicos eran tan sólo modos ventaja de realizar, entre series de fenómenos aislados y separa-
de manifestación de las fuerzas biológicas, al final del análisis se dos, una unidad hasta entonces insospechada».6 Los hermanos
ve uno obligado a suscribir la resignada admisión de Frazer: miembros de la horda, rebelados contra la tiranía del padre, se
ignoramos el origen del miedo al incesto y tampoco sabemos en habrían asociado para matarlo y después comerlo, realizando a
qué dirección debemos buscarlo. Ninguna de las soluciones del través de este último acto su identificación con él, al incorporar-
enigma propuestas hasta ahora nos parecen satisfactorias.»4 se su fuerza. Este acto, del cual la comida totémica, la primera
El problema es capital para los psicoanalistas. La prohibición fiesta de la humanidad, sería conmemoración, habría significado
del incesto está en el centro tanto de la neurosis como del el punto de partida, dice Freud, de las organizaciones sociales, las
desarrollo normal del individuo. Ya en Sobre una degradación general restricciones morales y las religiones.
de la vida erótica, Freud le atribuía la responsabilidad de las limita- Este asesinato condujo a los hijos a imponerse como expia-
ciones de la capacidad de goce sexual en el hombre. El problema ción el mismo renunciamiento que el padre imponía por la fuer-
del disfuncionamiento de la sexualidad humana, que Freud no za, vale decir, el renunciamiento a la posesión de las mujeres de la
cesa de enfrentar, parece pender de ella. horda. La ley tomó así el lugar cíe la coerción. El padre muerto
Freud empieza por esclarecer la relación entre totemismo y «pasó a ser más poderoso de lo que nunca lo había sido en vida».7
exogamia a partir de la analogía entre el totemismo —es decir, la Por otra parte, el mismo arrepentimiento llevó a crear un susti-
existencia de un animal que representa al clan rodeado de tuto del padre, el tótem, encarnado por un animal al que estará
prescripciones y prohibiciones— y las fobias infantiles de anima- prohibido dar muerte. La creación del tótem representa una
les en las que el psicoanálisis aprendió a ver el efecto de un

5. Ibíd., p. 152.
4. Tótem et tabou, París, Payot, 1973, pp. 144-145. «Tótem y tabú» O C II
6. Ibíd., p. 162.
(p. 1.745). 7. Ibíd., p. 164.

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EDUCACION Y DESARROLLO TOTEM Y TABU

repudiación del acto asesino, que con ello queda reprimido, al líos acontecimientos fundadores de la historia de la humanidad.
mismo tiempo que la comida totémica —el levantamiento ritual Así, pues, la humanidad, a través de sus instituciones, perpe-
de la prohibición de matar al tótem y la consumición colectiva de tuaría lo que está en su fundamento. La sociedad sería de algún
éste— representa la conmemoración del asesinato y el retorno de modo la memoria viva del crimen cuyo recuerdo fue reprimido.
lo reprimido. Cada ser humano tendría que habérselas con esa deuda original, y
Sin embargo, el arrepentimiento no debió ser la única fuente debería aceptar a su vez los renunciamientos que se impusieron
de la instauración de estas prohibiciones. La rivalidad de los los hermanos de la horda. Cada cual es inducido a ello a través de
hombres de la horda por la posesión de las mujeres y el ejercicio su paso por el complejo de Edipo, sufriendo una doble determi-
del poder arriesgaba no tener salida, y debió dejar sitio a un pacto nación. Por un lado, la de una herencia filogenética que formaría
entre los hermanos —posibilitado justamente por su común re- parte de su patrimonio genético —la «memoria» de estos aconte-
mordimiento— según el cual cada uno renunciaba a sus deseos cimientos originales, que lo obligaría a repetirlos; por el otro, las
de omnipotencia, a la posesión de todas las mujeres y a acaparar condiciones de actualización de este programa «innato» serían
el poder: «Nunca más podía ni debía nadie alcanzar la omnipo- provistas por la estructura familiar en la que el niño es introduci-
tencia paterna, que era el fin primitivo de cada uno». 8 Este pacto do, estructura que formaría parte del retorno de lo reprimido,
culminó en el reemplazo del padre real y todopoderoso por la siendo ella misma una conmemoración de tales acontecimientos
Ley, que hereda esta omnipotencia, Ley ante la cual todos son primitivos: «La familia se ha convertido en una reconstitución de
iguales. La prohibición del asesinato se extendió a todos los la horda primitiva de antaño en la que los padres han recuperado
miembros del grupo, cada uno de los cuales adquiría el derecho a gran parte de los derechos de que gozaban en esa horda».10 La
la vida mediante su renuncia a las mujeres del grupo. estructura familiar, transmitida de generación en generación por
Las leyes así instituidas a partir del asesinato primordial, leyes el complejo de Edipo, perpetuaría el argumento original.
de prohibición del incesto y del asesinato, y que reglamentan el La existencia, postulada por Freud, de una transmisión here-
ejercicio del poder, son el fundamento de todas las sociedades ditaria —en el sentido biológico— de lo atinente al aconteci-
humanas, inducidas de este modo a imponer la renuncia a los miento, es a todas luces problemática. Freud no lo niega, pero los
deseos más poderosos de cada uno y en particular a la elección propios hechos, dice, fuerzan a esta suposición, ya que la trans-
incestuosa de objeto, lo cual constituye «la mutilación más san- misión directa por la tradición no la explica en grado suficiente.
grienta impuesta quizá con el correr del tiempo a la vida amorosa En efecto, el recuerdo del asesinato del padre primitivo cayó bajo
del ser humano». 9 La civilización sería de algún modo la organi- el golpe de la represión; lo que la tradición transmitió son forma-
zación colectiva de la expiación de ese asesinato primordial, el ciones sintomáticas constituidas a partir del retorno de lo repri-
intento de saldar la deuda así contraída, pero intento destinado al mido, y si bien perpetúan su huella, lo hacen a la manera de la re-
fracaso: cada generación estaría forzada a transmitir este legado negación. Lo que la religión, por ejemplo, transmite, es la imagen
negativo a la generación siguiente. Pero Freud subraya, por otra de un padre omnipotente y eterno.
parte, que no puede haber sociedad sin el pacto de renuncia- La propia existencia de una estructura familiar que recordaría
miento que la Ley instituye. El conjunto de los fenómenos psí- la organización de la horda primitiva no puede explicar, por sí
quicos que la teoría psicoanalítica designa como complejo de sola, la constancia y fijeza de las reacciones psíquicas observadas.
Edipo, y por el cual pasa todo niño a lo largo de su desarro- La intensidad que éstas presentan, su carácter desmesurado en
llo, correspondería a la reminiscencia en el individuo de aque- relación con las circunstancias reales, exigen una explicación
suplementaria que Freud no cree poder hallar de otro modo que
8. Ibíd., p. 170.
9. Malaise dans la civilisation, p. 55. 10. Tótem et tabou, p. 171.

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ED UCA CION Y DESARR OLLO TOTEM Y TABU

formulando la hipótesis de una herencia filogenética. Tiempo parece haber incitado a Freud a ahorrarse la de una herencia bioló-
después, en Moisés y la religión monoteísta, rehúsa dejar a un lado gica del complejo de Edipo. Freud tampoco extrajo en ese momen-
esta hipótesis, aun cuando tenía conocimiento de la negación, to todas las consecuencias, principalmente en cuanto a la educa-
por la biología, de la herencia de caracteres adquiridos.11 «Cuan- ción, de la existencia de una comunicación entre inconscientes.
do estudiamos las reacciones a los traumas precoces suele sor- Dado el poder de las representaciones inconscientes en la
prendernos comprobar que no se deben exclusivamente a los determinación de los comportamientos, tal comunicación de
acontecimientos sucedidos, sino que derivan de éstos de una inconscientes debe revestir una importancia capital para com-
manera mucho más acorde con el prototipo de un acontecimien- prender las modalidades de la influencia de los padres y educado-
to filogenético; sólo se explicarían por la influencia de aconteci- res sobre el niño. El inconsciente de los educadores puede consi-
mientos de esta clase. El comportamiento de un niño neurótico derarse más determinante para el desarrollo del niño que la
para con sus padres, cuando sufre la influencia de los complejos acción e'ducativa concertada. Lo esencial del proceso educativo
de Edipo y de castración, presenta una multitud de reacciones escapa, así, al dominio de los educadores, en la misma medida en
semejantes que, consideradas en el individuo, parecen irrazona- que éstos son gobernados por motivaciones inconscientes. No es
bles, y sólo se tornan comprensibles si se las considera bajo el sólo que la salida del complejo de Edipo, a causa de su relativa
ángulo de la filogénesis, enlazándolas a las experiencias vividas independencia respecto a las circunstancias reales, no puede ser
por las generaciones anteriores.12 eficazmente controlada por el educador; además este último, por
En Tótem y tabú Freud considera sin embargo la existencia de lo que respecta a su influencia en la evolución del niño, no es
otro modo de transmisión, distinto a la tradición oral o a la dueño de sus elementos más determinantes.
herencia biológica, y que resultaría de la comunicación directa de Estos hechos limitan en igual medida las esperanzas que pue-
los inconscientes entre sí, de suerte que «no hay procesos psíqui- de inspirar una reforma de la educación. Cualesquiera que sean
cos más o menos importantes que una generación sea capaz de los métodos educativos utilizados, parecen tener escasa impor-
hurtarle a la que le sigue».13 El inconsciente de cada cual sería tancia frente a la parte incontrolable que cumple la influencia del
capaz de descifrar el sentido oculto de las costumbres e institu- inconsciente. Esto justifica la aspiración de Freud de que los
ciones, es decir, de corregir las deformaciones que ocasionan en educadores reciban una formación analítica que les permita, de
la verdad histórica. Así, pues, el inconsciente de cada individuo un lado, comprender mejor al niño y, del otro, ejercer, emplean-
estaría formado en alguna medida a partir del inconsciente de las do el método psicoanalítico, una acción correctiva sobre su desa-
generaciones anteriores; conservaría en cierto modo intacto su rrollo psíquico.
contenido, para transmitirlo a la generación siguiente. Este patri- Pero sólo a partir de 1925, en su prefacio al trabajo de A. Aich-
monio sería entonces tanto más inalterable cuanto que perma- horn,14 hace Freud hincapié en el valor profiláctico de un psico-
necería inconsciente: como demostró el psicoanálisis en el caso análisis para el propio educador, más aun que para el niño. Freud
de las neurosis, las representaciones que se hallan en el origen de detalla este punto en las Nuevas lecciones introductorias al psicoanáli-
los síntomas son inaccesibles a toda influencia, e indestructibles sis; por entonces había puesto de relieve la importancia que
en cuanto que permanecen inconscientes. ejerce el Superyó del educador, o sea de un elemento en gran
Curiosamente esta hipótesis, que se apoya en un fenómeno de- parte inconsciente de su personalidad, en su comportamiento
bidamente constatado en el marco de la experiencia analítica, no respecto al niño. «En general, estos últimos [padres y educado-
res] obedecen, para la educación de los niños, a las prescripcio-
11. Moise et le monothéisme, París, Gallimard, 1967, p. 135. «Moisés y la religión
monoteísta: tres ensayos», O.C., III (p. 3.241). nes de su propio Superyó. Cualquiera que haya sido la lucha
12. Ibíd., p. 134.
13. Tótem et tabou, p. 182. 14. S.E. XIX, p. 274.
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ED UCA CION Y DESARR OLLO TOTEM Y TABU

trabada entre su Superyó y su Yo, frente al niño se muestran necesidad de su hipótesis; incluso con el tiempo fue expresando
severos y exigentes. Han olvidado las dificultades de su propia cada vez menos dudas acerca de la realidad histórica de ese asesi-
infancia, y les satisface poder ahora identificarse con sus propios nato original, como lo atestiguan Moisés y la religión monoteísta y El
padres, aquellos que en otro tiempo los sometieron a duras malestar en la cultura. Tótem y tabú, uno de los trabajos más critica-
restricciones. El Superyó del niño no se forma, pues, a imagen de dos de Freud, también fue de aquellos hacia los que mayor apego
los padres, sino a imagen del Superyó de éstos; se colma del demostró. Incluso consideró, mientras lo redactaba, que era la
mismo contenido, se convierte en el representante de la tradi- mejor obra que hubiese escrito nunca, según lo prueba la carta
ción, de todos los juicios de valor que de este modo subsisten a dirigida a Ferenczi el 4 de mayo de 1912. 16 Esto nos impone la
través de las generaciones.»15 tentativa de comprender el lugar de algo que consideramos es un
El Superyó inconsciente sería entonces uno de los más efica- mito en la teoría freudiana.
ces vehículos de la tradición. Siendo el Superyó el heredero del Como ya dijimos, lo que impone a Freud la formulación de
complejo de Edipo, la forma en que los padres vivieron su pro- esta hipótesis es la existencia en el niño de una fase de su evolu-
pio complejo no puede carecer de efecto sobre las modalidades ción durante la cual desarrolla sentimientos tiernos respecto a su
del paso de sus hijos por éste. Se podría emitir la hipótesis de que madre, acompañados por hostilidad y miedo respecto al padre. El
no son únicamente las modalidades particulares de este complejo conjunto de estas reacciones afectivas que constituyen el com-
las que inconscientemente se van transmitiendo de una genera- plejo de Edipo hallan su expresión en ciertos fantasmas típicos
ción a otra, sino que sus características esenciales, inmutables, se (escena de seducción, escena primaria de coito entre los padres,
transmiten igualmente por la misma vía. amenaza de castración), omnipresentes cualesquiera que sean los
Freud rechaza no obstante esta hipótesis, y mantiene hasta el acontecimientos realmente vividos por el niño: fantasmas in-
final la condición de una herencia biológica. Es indudable que la conscientes que sólo la investigación analítica pone al descubier-
sola transmisión de Inconsciente a Inconsciente del recuerdo del to. Según Freud, únicamente la herencia puede dar cuenta del
acontecimiento primordial, el asesinato del padre, prototipo del carácter estereotipado, inmutable, de estas manifestaciones. En
complejo de Edipo, no le parece apta para explicar la fijeza de El hombre de los lobos, Freud hace derivar el complejo de Edipo de
estas modalidades ni la intensidad de las reacciones afectivas que los «esquemas filogenéticos que el niño trae al nacer, esquemas
la acompañan. En efecto, el Inconsciente sufre, a pesar de todo, que, semejantes a "categorías" filosóficas, cumplen el papel de
la influencia de las circunstancias exteriores. El argumento ori- "clasificar" las impresiones aportadas luego por la vida».17 «Me
ginal que el complejo de Edipo reproduce no habría podido inclino a pensar, añade, que son precipitados de la historia de la
conservarse en toda su pureza a través de las generaciones su- civilización humana.»17 El complejo de Edipo correspondería al a
cesivas. priori, al mismo título que las categorías kantianas de la razón
La inverosimilitud de la hipótesis de una transmisión genética pura. Freud sin embargo, como buen empirista, hace derivar
de las huellas mnémicas dejadas por acontecimientos ocurridos aquello que la experiencia vivida no alcanza para explicar a nivel
hace milenios, no es el único problema suscitado por la hipótesis individual, de las marcas dejadas por la experiencia vivida por la
freudiana del asesinato del padre primitivo. También el valor especie; el a priori en el individuo sería la herencia de lo que para
histórico de semejante argumento es altamente discutible. La la especie fue aposteriori. Esta postura es discutible. Si se hubiera
hipótesis darwiniana de una humanidad primitiva que habría atenido a Kant, Freud tal vez hubiese errado menos.
vivido en hordas estuvo lejos de ser confirmada por los estudio- En estas categorías filosóficas que imponen al niño la ordena-
sos de la prehistoria. Sin embargo, Freud sostuvo hasta el final la
16. E. Jones, La vie et l'oeuvre de Freud, T. II, p. 372.
15. Nouvelles confe'rences sur la psychanalyse, pp. 90-91. 17. Cinq psychanalyses, p. 418.

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TOTEM Y TABU
EDUCACION Y DESARROLLO

ción de su experiencia ¿cómo no reconocer lo que Lacan llamará de una sucesión cronológicamente rigurosa de acontecimientos
el orden simbólico que constituye el lenguaje? No hay necesidad de la niñez de su paciente, de los que Freud señala que poco
alguna de que el niño lo traiga consigo al nacer. Está apresado en importa si no han sido reales.21 Aunque hayan sido puramente
él, en efecto, desde antes de su llegada al mundo. Pero será a fantasmáticos, sin embargo no pudieron producirse más que en
través de la relación triangular edípica como accederá a él en las fechas determinadas por la construcción, y sólo pudieron
cuanto sujeto, al precio de su división. Hacen falta tres términos poseer tal contenido determinado, no otro. Para la evolución del
para que se instaure un orden simbólico, «y puede decirse que al individuo, la realidad psíquica tiene el mismo valor que la reali-
insistir para que el análisis de la neurosis fuera siempre devuelto dad material.
al nudo del Edipo, Freud no aspiraba a otra cosa que a asegurar lo En Tótem y tabú Freud se dedica, respecto a la historia de la
imaginario en su concatenación simbólica, porque el orden sim- humanidad, a un trabajo de reconstrucción análogo al que se
bólico exige tres términos por lo menos».18 efectúa durante la cura individual. Él mismo emplea el término
Pero a propósito del complejo de Edipo, Freud evoca también construcción. «El establecimiento del estado primitivo siempre
la analogía con la fijeza de un comportamiento instintivo. Cual- resulta ser, pues, asunto de construcción.» 22 Las mismas exigen-
quiera que fuese su origen, la experiencia analítica pone en evi- cias que en la cura del «hombre de los lobos» lo conducen a
dencia la pregnancia de este esquema con respecto a lo vivido, tal suponer que determinado acontecimiento tuvo que ocurrir en
que «allí donde los acontecimientos no se adaptan a él, éstos determinada fecha, lo llevan a postular la existencia de un parri-
sufren en la imaginación una reestructuración». 19 Los fantasmas cidio en los orígenes de la humanidad. Se podría decir que,
colman las lagunas de la realidad. también aquí, poco importa que ese acontecimiento fuese real o
La comparación entre las modalidades del trabajo analítico en no: todo sucedió como si efectivamente hubiera tenido lugar. Es
el transcurso de la cura individual, y el desarrollo por el cual necesario postularlo, en tanto que sólo esta hipótesis permite
desemboca Freud en la hipótesis del asesinato del padre original, llenar las lagunas de la historia de la humanidad. Es la única pieza
quizá pueda aclararnos la función de dicha hipótesis en la teoría que permite completar el rompecabezas, por retomar una ima-
freudiana. En el transcurso de la cura el trabajo analítico consis- gen utilizada por el propio Freud.
te, a partir del material provisto por los síntomas, recuerdos y Pero también se podría decir que el mito del asesinato del
asociaciones del paciente, en reconstruir la historia de éste, que padre original tiene por función, más que colmar un vacío, mar-
se ha vuelto lacunaria a causa de las represiones, en especial la de car sencillamente el lugar de un agujero. Freud siempre recurre a
los comienzos de su desarrollo. El análisis culmina en la recons- esta hipótesis cuando todas las demás fallan en cuanto a explicar
trucción de los acontecimientos infantiles, cuyo recuerdo even- la impotencia del hombre para gozar de su vida. En El malestar en
tualmente podrá no ser recuperado nunca sin que ello pueda la cultura, por ejemplo,23 Freud imputa en última instancia al
poner en tela de juicio la validez de la reconstrucción. Freud parricidio original los rigores de los renunciamientos exigidos
compara este trabajo con el del arqueólogo, que deduce las tanto por la civilización como por el Superyó individual, respon-
partes faltantes de un edificio a partir de los vestigios que de él sables de la insatisfacción y a la vez de la culpabilidad que pesa
subsisten.20 En El hombre de los lobos, se expone en detalle este sobre el conjunto de los hombres. La insatisfacción remite a la
trabajo de reconstrucción que desemboca en el establecimiento prohibición del incesto, al imposible goce de la madre, al senti-
miento de la transgresión, al inconsciente anhelo de muerte
18. J . Lacan, Ecrits, París, 1966, p. 414.
19. Cinq psychanalyses, p. 418. «Historia de una neurosis infantil (caso del
"Hombre de los Lobos")», O.C., II (p. 1.941). 21. Cinq psychanalyses, p. 419.
20. Cf. en particular «Constructions dans l'analyse» (1937), S.E. XXIII, p. 22. Tótem et tabou, p. 119, nota 2.
255. «Construcciones en psicoanálisis», O.C., III (p. 3.365). 23. P. 89.

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hacia el padre, por el cual el sujeto contrajo una deuda que jamás nesis reproduce la filogénesis, es decir, que el proceso de desarro-
podrá saldar: doble aspecto de la misma falta que engendra el llo o de educación del individuo reproduce el proceso de civiliza-
orden simbólico. ción, lo que está expresando es la necesidad, para el hombre en
El mito de Tótem y tabú puede ser considerado como la ilustra- ciernes, de pagar el precio de su integración en el orden simbóli-
ción simbólica de lo que el ser humano debe pagar como precio co donde se encuentra apresado.
de su humanidad. «Lo que has recibido de tus padres, adquiérelo Si esta integración se cumple a través del complejo de Edipo,
para poseerlo.» Esta adquisición exige un sacrificio: el del goce y le esencial del proceso educativo depende de él. Su éxito estará
el de la omnipotencia simbolizada por el falo, como indica el condicionado a la salida del complejo. En la medida en que el
complejo de castración. Pero el sacrificio de que se trata es educador tiene la misión de favorecer el acceso del niño a la
simbólico, y se refiere a algo imaginario. No por prohibido es humanidad, es decir, su integración en el orden simbólico, su
imposible el goce para el hombre: «No es la ley misma lo que le tarea es precisada por el descubrimiento de la función del com-
traba al sujeto el paso hacia el goce, ella hace solamente de una plejo de Edipo. Pero ello no la facilita. En efecto, las condiciones
traba casi natural un sujeto trabado. Pues es el placer el que que determinan la buena o mala salida de la prueba edípica
aporta al goce sus límites».24 «Es la mera indicación de ese goce quedan en la sombra. Es más bien aquí donde se sella la impoten-
en su infinitud la que implica la marca de su prohibición, y, por cia del educador: lo esencial escapa a su control. El complejo de
constituir esa marca, implica un sacrificio: el que cabe en un Edipo es la piedra de toque de la empresa educativa.
único y mismo acto con la elección de su símbolo, el falo.»25 Es el Tótem y tabú no aspira sólo a dar cuenta de las modalidades del
orden simbólico el que engendra la perspectiva de ese goce desarrollo individual, sino también a poner en claro lo que Freud
infinito, que no es otro que la imagen de aquello que colmaría el
llamaba incompatibilidad entre sexualidad y civilización. Si se lo
lugar de la hiancia propia del deseo.
toma en serio, ya que no al pie de la letra, es preciso concluir que
Así como el mito de Tótem y tabú pretende reconstituir histó- no puede haber sociedad que promulgue el derecho al goce, pues
ricamente el paso del estado de naturaleza a la cultura, el comple- ella no se funda sino en la ley que lo prohibe. Pero siguiendo al
jo de Edipo utiliza una referencia mítica para dar cuenta del mito de cerca es imposible no advertir que la prohibición de la
proceso de aculturación del pequeño ser humano. El interés de ley viene a ocupar el lugar de una imposibilidad, representada
Tótem y tabú estriba en la revelación de la función formadora, míticamente por la fuerza coercitiva del padre. La prohibición no
estructurante, del complejo de Edipo, aprehendido por Freud hace más que fijar su marca significante en el lugar de lo imposi-
primeramente a través de sus efectos nocivos y generadores de ble que la muerte del padre pone al desnudo. Desde este momen-
neurosis. A través del complejo de Edipo el niño accede a un to, ninguna reforma, así como ninguna mitigación de las costum-
mundo específicamente humano, es decir, en términos lacanea- bres, puede abrir la esperanza de una reconciliación. La antino-
nos, al orden simbólico.26 Cuando Freud enuncia27 que la ontogé- mia es fundamental.

24. J. Lacan, Ecrits, p. 821. Escritos 1, Ed. Siglo XXI, México, 1978, p. 333.
25. Ibíd., p. 822. Escritos 1, p. 333.
26. Ibíd., p. 277: «La ley primordial es pues la que, regulando la alianza,
sobrepone el reino de la cultura al reino de la naturaleza entregado a la ley del
emparejamiento. La prohibición del incesto no es sino su pivote subjetivo» [...].
«Esta ley se da pues a conocer suficientemente como idéntica a un orden de
lenguaje. Pues ningún poder sin las denominaciones de parentesco tiene alcance
de instituir el orden de las preferencias y de los tabús que anudan y trenzan a
través de las generaciones el hilo de las estirpes». Escritos 1, p. 97.
27. En El malestar en la cultura (por ej.), p. 100.

102 103
11

EL NARCISISMO

Nuevos elementos aportados por la experiencia psicoanalíti-


ca conducirán a Freud a formular apreciaciones nuevas sobre las
modalidades del desarrollo del niño y a elaborar una nueva «me-
tapsicología», en cuyo marco la oposición entre pulsiones sexua-
les y pulsiones del Yo es sometida a revisión.
A partir de 1906, los descubrimientos de los discípulos de
Freud en Zurich, resultantes de la aplicación de la técnica psico-
analítica a las psicosis, a los que se agregan los que el propio
Freud realizó al estudiar el caso Schreber, le llevaron a la elabora-
ción del concepto de narcisismo, al que correspondería un modo
particular de investidura libidinal que surgiría en un momento
dado del desarrollo del individuo para constituir, a través de
diversas transformaciones, una de las constantes de su organiza-
ción pulsional. En la psicosis este tipo de investidura sería par-
ticularmente manifiesto, en la medida en que, habiendo desapa-
recido todos los otros modos de investidura, éste sería el único
subsistente.
El concepto de narcisismo, que apareció por vez primera en la
obra de Freud con Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de para-
noia autobiográficamente descrito (1911), es objeto de una más amplia
elaboración en el artículo Introducción al narcisismo (1914), donde
también se examinan sus implicaciones teóricas. El narcisismo
designa la investidura libidinal del Yo en tanto que es tomado
como objeto por la pulsión sexual. Correspondería, en la historia
del desarrollo individual, a un estadio intermedio entre el auto-
erotismo y la elección de objeto, y Freud lo denomina narcisismo
primario u originario. La investidura ulterior del objeto por la

105
ED UCA CION Y DESARR OLL O EL NARCISISMO

pulsión sexual resultaría de un desplazamiento del Yo como investidura de las pulsiones sexuales que se fijó originariamente
objeto hacia un objeto exterior. Sin embargo, sólo una parte de sobre el Yo) y la libido objetal (la parte de investidura de las
esa investidura es cedida a los objetos: «Fundamentalmente, la pulsiones sexuales que no tienen al Yo por objeto). «La repre-
investidura del Yo persiste, y se comporta respecto a las investi- sión, hemos dicho, proviene del Yo, y podríamos añadir: de la
duras de objeto como el cuerpo de un animálculo protoplasmáti- autoestimación del Yo.» 3 En nombre de su ideal será conducido
co respecto al seudópodo que ha emitido».1 Por otra parte, la el Yo a reprimir las representaciones incompatibles con él a fin
libido puede separarse del objeto y retornar al Yo. En este senti- de preservar la satisfacción narcisista.
do, el objeto exterior y el Yo serian intercambiables. Si la represión puede explicarse a partir del solo juego de las
Sin embargo, el narcisismo primario —es decir, la relación pulsiones sexuales, ¿es ahora necesario mantener la existencia de
entre el Yo y la porción de libido que sigue estándole afectada— las pulsiones de autoconservación, cuyo rol en la dinámica psí-
padece modificaciones a lo largo del desarrollo. A la investidura quica ya no es posible distinguir? ¿No habrá que suponer, a la
primaria del Yo corresponde el sentimiento de omnipotencia del manera de Jung, un solo tipo de energía psíquica indiferenciada
niño.2 Este es severamente cuestionado por la experiencia vivida, que no sería originariamente sexual pero que estaría en condi-
las comparaciones que es movido a efectuar, las críticas de los ciones de ponerse al servicio de fines diversos, entre ellos los
padres y educadores. Por último, el complejo de castración desa- sexuales? La pregunta es doble: por una parte remite a la posibi-
loja al niño de esta posición.2 Su Yo no puede pretender ya a la lidad de reemplazar el dualismo de las pulsiones por un monis-
perfección en virtud de la cual se ofrecía como objeto de satis- mo pulsional, con la perspectiva final de una armonía psíquica
facción para la libido. Para reemplazarlo, el sujeto formará un que al menos la teoría analítica ya no vendría a interceptar; por
ideal por el cual intentará recobrar la perfección narcisística otra parte, la pregunta apunta a la importancia que cabe acordar
primera. Se esforzará en satisfacer su narcisismo en tanto que Yo- al rol de la sexualidad en el psiquismo. En el caso de que fuera
ideal, pero este ideal le acarrea al mismo tiempo la exigencia de posible minimizarlo, y ésta es la esperanza de Jung, el carácter
conformarse a él esforzándose por llenar la distancia con respec- escandaloso del psicoanálisis, que hace derivar de la sexualidad
to a su Yo real. En efecto, dicho ideal no hereda únicamente las los intereses psíquicos más «elevados», se vería con ello propor-
perfecciones del Yo primitivo (al que corresponde el Yo-ideal: cionalmente reducido.
Idealich), sino que se construye a partir de las críticas y exigencias Lo que aquí sé halla en juego es el sentido del descubrimiento
de los padres y educadores (a lo cual corresponde el Ideal-del-yo: analítico. Freud dirigió todo su esfuerzo a tratar de preservarlo.
Ich-ideal). Bajo este aspecto, incita al yo a realizarlo. Mientras se En Introducción al narcisismo reafirma la necesidad de mantener una
cumple esta diferenciación en el interior del yo, surge la concien- concepción dualista de las pulsiones, y para ello se apoya en
cia moral encargada de preservar al Yo-ideal y de apreciar la consideraciones biológicas: el individuo es al mismo tiempo un
diferencia entre el Yo y el Ideal-del-yo. fin para sí mismo y un medio para la supervivencia de la especie,
Esto mueve a Freud a reconsiderar el mecanismo de la repre- simple «eslabón de una cadena a la cual está sujeto».4 La sexuali-
sión. A partir de ahora deja ésta de ser concebida como resultan- dad es uno de sus fines, pero por otro lado se lo puede considerar
te de un conflicto entre las pulsiones sexuales y las de autocon- como simple apéndice de su plasma germinativo, «como el por-
servación, y se la entiende como efecto de la formación del ideal, tador mortal de una sustancia quizá inmortal».5 Los fines de la
es decir, de un conflicto entre la libido narcisista (la parte de

3. «Introduction au narcissisme», La vie sexuelle, p. 98. «Introducción al narci-


1. «Pour introduire le narcissisme», La vie sexuelle, p. 83. «Introducción al sismo», O.C., II (p. 2.017).
narcisismo», O.C., II (p. 2.017). 4. La vie sexuelle, p. 85.
2. Ibíd., p. 97. 5. Ibíd., pp. 85-86.

106 107
EDUCACION Y DESARROLLO
EL NARCISISMO

especie no son los del individuo, e incluso pueden ser contrarios este caso el término del amor es todavía el Yo: el objeto de amor
a ellos. El dualismo pulsiones de autoconservación - pulsiones tiene por misión satisfacer los intereses del Yo. Parecería enton-
sexuales en la teoría analítica, responde a esa dualidad de función ces que lo que entra en contradicción con la libido del Yo no es el
biológica susceptible de transformarse en una oposición. La pul- amor. Es necesario suponer, para que haya conflicto, otra forma
sión sexual es la fuerza psíquica que encarna, en el fondo del de libido de objeto, otro tipo de relación erótica con el objeto
individuo, aquello que lo supera y que puede forzarlo a hacer distinto al de la relación amorosa, la cual nunca apunta a otra
caso omiso de los intereses de su conservación. Aunque Freud ya cosa que al Yo o a su imagen: una relación capaz de atentar
no explique la represión por un conflicto de esta índole, no contra esta imagen.
quiere renunciar a ponerle un nombre, en la teoría analítica, a La relación entre autoerotismo y narcisismo primario quizá
aquello que desgarra al sujeto, tironeado entre su bien y algo que sea susceptible de esclarecer la naturaleza de esa libido no narci-
es «más fuerte que él». Lo que Freud intentó conservar, para sista. En el autoerotismo que precede al narcisismo primario las
seguir siendo fiel a lo demostrado por la experiencia psicoanalíti- pulsiones sexuales se satisfacen, con independencia las unas de
ca, es la idea de una diferencia de naturaleza entre las fuerzas que las otras, en el cuerpo propio, que aún no se halla constituido
obran en el psiquismo, de tal modo que no tendrían en común como unidad.8 En cuanto al narcisismo primario, éste supone que
terreno de encuentro (lo que expresó al hablar del oso blanco y la tal unidad que constituye el Yo está realizada.8 Así, pues, el Y o
ballena) donde poder equilibrarse y hasta armonizarse. De esta sería la imagen que unifica las partes del cuerpo que están en
alteridad radical, que torna imposible la relación entre aquellas juego en el autoerotismo. Esto es lo que da a entender Freud en
fuerzas, resulta ese algo irremediablemente cojo en el psiquismo Duelo y melancolía (1916), donde parece hacer derivar la formación
humano que Freud trató de explicar con 3a oposición proceso del Yo de una identificación cón el otro. «El Yo es ante todo un
primario-proceso secundario. Yo corporal; no es solamente un ser de superficie, sino que él
La oposición libido del Yo-libido de objeto nos pone frente a mismo es la proyección de una superficie.»9 «En última instancia
una fuerza única de la cual sólo sus fines pueden entrar en el yo es un derivado de sensaciones corporales, principalmente
contradicción. Freud muestra a propósito del amor que el narci- de las que nacen de la superficie del cuerpo. Puede ser conside-
sismo saca provecho en ello: el objeto exterior es puesto simple- rado como una proyección mental de la superficie del cuerpo,
mente en el lugar del Yo o del Ideal-del-yo. El conjunto funciona paralelamente al hecho de que representa la superficie del apara-
según el principio de los vasos comunicantes: lo que el narcisis- to psíquico.»10 Existiría así, por un lado, la investidura libidinal
mo pierde de un lado lo recupera del otro. de lo que en último extremo no sería sino la imagen de una
Es verdad que las relaciones entre libido del Yo y libido de totalidad, y, por el otro, una forma de investidura que pone en
objeto no siempre funcionan de una manera tan armoniosa.6 juego a las partes del cuerpo, disolviendo la unidad imaginaria de
Pero en lo que atañe a la naturaleza del conflicto entre la libido éste. El conflicto entre las dos clases de investidura consistiría en
del Yo y la libido objetal el texto de Freud no resulta claro. Si se la amenaza de destrucción que representa la investidura corres-
asimila libido de objeto y amor, desaparece toda posibilidad de pondiente a la pulsión parcial, amenaza que pesa sobre el Yo en
conflicto. El propio Freud nos lo dice,7 se ama ya sea a lo que se cuanto unidad imaginaria del cuerpo. A esta amenaza correspon-
nos asemeja o se asemeja a nuestro ideal —en cuyo caso el objeto derían los fantasmas de fragmentación cuya constancia la expe-
viene a ocupar el lugar del Yo, en espejo, y la satisfacción sigue riencia psicoanalítica puso al descubierto.
siendo narcisística—, ya sea a quien nos cuida y nos protege, y en
8. Ibíd., p. 84.
6. Ibíd., pp. 102, 103. 9. «Le Moi et le (Ja», Essais de psychanalyse, p. 179. «El Yo y el Ello», O.C., III
7. Ibíd., p. 95. (p. 2.701).
10. «Le Moi et le Qa», S.E. XIX, p. 26, nota 1.

108
109
EDUCACION Y DESARROLLO EL NARCISISMO

La interpretación que acabamos de dar de lo que Freud desig- Si, como enuncia Freud repetidamente, el amor es uno de los
na como conflicto entre libido del Yo y libido objetal, fue toma- principales motores de la educación, ello responde al hecho de
da del desarrollo de Lacan a partir del estadio del espejo. En que preserva la satisfacción narcisista. Freud, sin embargo, no
Freud no encontramos una rigurosa distinción entre la libido de renunció a mantener entre los móviles de la represión el juego de
objeto como amor narcisista del otro, y el modo de investidura las pulsiones de autoconservación, vale decir, las exigencias de
del objeto exterior por la pulsión parcial que implica la disolu- satisfacción de las funciones vitales. El niño, desarmado ante el
ción de su totalidad. Fue esencialmente la elaboración posfreu- incremento de la tensión nacida de las necesidades no satisfechas,
diana del concepto de objeto parcial (Abraham y Melanie Klein) busca en el amor de los padres la garantía de una protección ante
lo que permitió la elucidación de la naturaleza del conflicto entre este peligro. Aquí el amor no es solamente aquello que satisface
estas dos especies de investidura gracias a la distinción entre el al narcisismo, sino también aquello que preserva del desasosiego
objeto de amor —constituido por una persona como totalidad— orgánico creado por la necesidad. El ejemplo del amor por apo-
y el objeto de la pulsión —representado por una parte del cuerpo. yo, que se dirige al que alimenta y protege, echa un puente entre
No obstante, si bien el término objeto parcial no aparece en el elemento narcisista de la libido y las pulsiones del Yo, y
Freud, la idea se halla presente cuando estudia los objetos a que justifica la no eliminación de las pulsiones de autoconservación,
se dirigen las pulsiones parciales (senos, heces, pene) y las equiva- que corresponden a las necesidades fisiológicas, del juego de
lencias entre dichos objetos.11 Asimismo, cuando habla de elec- fuerzas psíquicas. El narcisismo y la presión de la necesidad
ción de objeto o de amor de objeto se trata explícitamente de pueden conjugarse para producir la represión de las mociones de
persona «total». Sin embargo, la oposición entre el todo y la deseo que no están al servicio del Yo. Los deseos serían sacrifica-
parte no es expresamente deslindada por Freud. dos al amor propio en sentido amplio.
En la expresión libido de objeto, el término objeto debería En la época de Introducción al narcisismo, el dualismo pulsiones
tomarse más bien en el sentido amplio de objeto exterior (parte del Yo - pulsiones sexuales no ha sido abolido (Freud, por otra
del cuerpo o persona como totalidad), con exclusión del Yo, y parte, lo mantendrá siempre). Pero su importancia aparece dis-
esto obliga a Freud a distinguir el caso en que la libido de objeto minuida por la atención prestada a una oposición, determinante
satisface al narcisismo, es decir, se halla conforme con el Yo, y para la represión, entre dos orientaciones de la libido. Se está
aquel en que le es contraria, sin elucidar más la naturaleza de esta frente a una doble división: entre pulsiones sexuales y pulsiones
oposición.12 del Yo por un lado, y por el otro libido del Yo y libido de objeto.
Parecería que, sin traicionar el pensamiento de Freud, pode- Las relaciones que mantienen unas y otras atenúan su oposición,
mos reemplazar tal oposición entre una investidura libidinal con- pero no explican suficientemente la escisión entre los modos de
forme al Yo y otra que lo contradice, por la existente entre el funcionamiento radicalmente heterogéneos que se observan en
amor (que, como Freud muestra a las claras, se reduce al amor el psiquismo. Si Freud colocó del mismo lado —el de las pulsio-
propio) y el deseo. Lo que se observaría en la represión es el nes de vida— a las pulsiones sexuales y a las del Yo, y les opuso la
renunciamiento a un deseo por amor a una imagen de sí mismo pulsión de muerte, fue para describir mejor la extraña índole de
(como indica el término Idealich) más conforme al anhelo de la los fenómenos inconscientes. La pulsión de muerte está encarga-
instancia parental, que el sujeto busca complacer. da de representar en la teoría analítica lo que, del inconsciente,
revela pertenecer a un registro radicalmente ajeno a toda función
vital. A estos motivos cabe añadir la consideración de fenómenos
11. «Sur les transpositions des pulsions...», l a vie sexuelle, pp. 106 y sig. «Sobre que ponen en cuestión el principio de placer: los que Freud
las transmutaciones de los instintos y especialmente del erotismo anal», O.C., II
(p. 2.034). engloba bajo el concepto de automatismo de repetición.
12. La vie sexuelle, p. 103. ¿Cuáles fueron las aportaciones de la introducción del con-

110 íii
ED UCA CION Y DESARR OLL O EL NARCISISMO

cepto del narcisismo al conocimiento del proceso educativo? He- libido narcisista que entonces se constituye pasará a ser libido de
mos visto que en Introducción al narcisismo, Freud hacía derivar de objeto al separarse en parte de ese Yo nuclear. Las identificacio-
las transformaciones padecidas por el narcisismo primario la nes ulteriores resultarán del retorno de la libido sobre el Yo, y la
constitución de un ideal que reemplaza al Yo primitivo como condición de este retorno residirá en la asimilación por el Yo de
objeto de satisfacción. La formación de ese ideal está determina- los rasgos tomados, ya sea al objeto de amor, ya sea al rival en la
da, añade, por las críticas y exigencias de los padres y educadores, relación amorosa. El objeto es reemplazado por una identifica-
que le conferirán sus características. Constituirá después el mo- ción: «La identificación ha tomado el lugar de la inclinación
delo que el Yo se esforzará en realizar para la satisfacción de la erótica; ésta se ha transformado, por regresión, en identifica-
libido narcisista. La conciencia moral nacerá de la diferencia en- ción».13 La constitución del Yo resulta, pues, de la historia de sus
tre el Yo y su ideal. elecciones de objeto, debido a la propiedad de la libido narcisis-
Las modalidades presentadas por la influencia de la educación ta de transformarse en libido objetal e inversamente. El Yo se
en la formación del individuo aparecen aquí en su aspecto positi- constituye por préstamos heteróclitos tomados a los objetos de
vo y no ya únicamente negativo. Para el educador ya no se trata amor o a los rivales, y Freud subraya su carácter combinado.14
exclusivamente de coartar las tendencias molestas, de empujar al Freud atribuye a identificaciones incompatibles entre sí los casos
abandono del principio del placer, sino de proponer al niño un de doble personalidad, que no son más que la exageración de las
modelo con cuya realización pueda satisfacerse. Parecería que el características normales del Y o . "
educador pudiese, al menos en este dominio, dar a los aconteci- Freud también describe en términos de identificación los
mientos el cariz deseado. De cualquier forma, las precisiones que efectos estructurantes del complejo de Edipo y de la formación
Freud aportó ulteriormente sobre las modalidades de la forma- del Superyó. En el mejor de los casos, la investidura erótica de la
ción del Ideal-del-yo, muestran que aquí también los procesos madre por el niño es abandonada en provecho de una identifica-
escapan en gran parte al dominio del educador. ción al padre, rival de éste, identificación que viene a reforzar la
En relación con Los dos principios del funcionamiento mental, el identificación primitiva, que había estado en el origen de la
texto sobre el narcisismo añade la precisión del papel que cum- formación del Yo. Pero esa identificación presenta rasgos pecu-
plen las pulsiones sexuales, con la forma de libido narcisista, en la liares: no consiste solamente en una asimilación, por el Yo del
formación del individuo. Las pulsiones del Yo no son las únicas niño, de rasgos tomados del padre, sino que culmina en la forma-
fuerzas determinantes para el desarrollo: el narcisismo es un ción de una instancia distinta del Yo: el Ideal-del-yo, a imagen del
factor poderoso de evolución, y está en el centro de la formación padre, ideal que por lo demás supone un carácter imperativo,
de lo que llamamos personalidad. Es igualmente un poderoso forzoso respecto al Yo, que Freud designa con el término de
agente sojuzgador de las pulsiones sexuales parciales. Esta cons- Superyó, y que se expresa bajo la forma de un mandamiento: «Sé
tituye además su cara negativa, que aparece en el análisis bajo la así» (como tu padre), duplicado en la prohibición: «No seas así»
forma de la resistencia. (como tu padre), «dicho de otro modo, no hagas todo lo que él
El descubrimiento del narcisismo desemboca en la teoría freu- hace; hay muchas cosas que sólo a él le están reservadas»,16 lo que
diana en la constitución de la segunda tópica y en la descripción corresponde a la prohibición del incesto.
de los diferentes tipos de identificación en los que se basan la Esta identificación posee además un valor normativo sobre el
formación del Y o y del Superyó por diferenciación con respecto
al Ello. Freud hace derivar la formación del Yo de una primera 13. «Psychologie collective et analyse du Moi», Essais de psychanalyse, p. 128.
identificación al padre, previa a toda elección de objeto, identifi- «Psicología de las masas y análisis del Yo», O.C., III (p. 2.563).
cación asimilable a una incorporación oral. Esta identificación no 14. «Le Moi et le (Ja», Essais de psychanalyse, p. 198.
15. Ibíd., p. 199.
es todavía de tipo narcisista, pero es fundadora del narcisismo. La 16. Ibíd., p. 203.

106 112
EDUCACION Y DESARROLLO EL NARCISISMO

plano sexual: corresponde a la asunción por el niño de su sexo cia, que incluye aspectos positivos, no carece de inconvenientes.
biológico, condición de su acceso ulterior a la sexualidad genital. Los sentimientos de admiración y apego transferidos del padre al
Si bien la formación del Ideal-del-yo y del Superyó presenta una profesor se acompañan de sentimientos de hostilidad antaño di-
faz narcisista, marca igualmente la entrada del niño en el registro rigidos al padre en razón de su rol de aguafiestas de la vida
de la Ley. La función del narcisismo en el complejo de Edipo no pulsional del niño. Al conmemorarse el cincuentenario de su
se limita a la constitución del Ideal-del-yo; ante todo juega un antiguo liceo Freud dice, hablando de su relación y la de sus
papel esencial en el abandono de la relación erótica con la madre. condiscípulos de antaño con sus profesores: «De entrada nos
Precisamente, el niño es conducido a ello a través del complejo hallábamos igualmente inclinados al amor y al odio, a criticarlos
de castración, vale decir, por la inquietud de preservar la integri- y a respetarlos».19 Los profesores heredan los residuos de la
dad de su órgano fálico, en el que se concentra su libido narcisis- situación edípica. En este texto Freud hace hincapié en la impor-
ta. El amor narcisista por la parte de su Cuerpo considerada más tancia decisiva de la salida del complejo de Edipo para la prose-
valiosa prevalece sobre el apego erótico a la madre y lleva a cución de la educación: «La naturaleza y cualidad de las relacio-
renunciar a él.17 nes de un niño con las personas de su sexo y del sexo opuesto ya
De este modo el psicoanálisis permite elucidar la bien cono- han sido fijadas en el curso de los seis primeros años de su vida.
cida función de modelo, de ejemplo, que desempeñan los padres Ulteriormente puede desarrollarlas y orientarlas en determina-
y educadores. Sólo a partir del juego de transformaciones de la das direcciones, pero ya no puede desembarazarse de ellas».20
libido de objeto y de la libido narcisista asimila el niño los rasgos Así, pues, por obra del complejo de Edipo, lo esencial del proce-
de las personas que le rodean y se apropia sus exigencias. Duran- so educativo se juega en la relación del niño con sus padres, y
te el período de latencia, son los profesores y generalmente las esto mismo limita el papel ulterior de los educadores. La suerte
personas encargadas de educar al niño quienes ocuparán para él está echada, ya no se trata sino de utilizar lo mejor posible el
el lugar de los padres, en particular del padre, y quienes hereda- turno de dar las cartas, a saber, lo que llaman los dones del niño.
rán los sentimientos que el niño experimentaba hacia éste a la El conocimiento que el psicoanálisis aporta al educador sólo
salida del complejo de Edipo. Los educadores, investidos de la le permite medir los límites de su poder... y comprender y excu-
relación afectiva primitivamente dirigida al padre, se beneficia- sar las reacciones con que tropieza. «Si no se tiene en cuenta
rán con la influencia que éste ejercía sobre el niño y así podrán nuestra vida infantil y familiar, nuestra conducta respecto a los
contribuir a la formación de su Ideal-del-yo. maestros es no sólo incomprensible sino también inexcusable»,21
En Sobre la psicología del colegial (1914), Freud apunta por añadi- dice Freud alegando por el perdón a favor del niño.
dura que la adquisición de conocimientos depende estrechamen- Otros textos dan a entender sin embargo que la influencia de
te de la relación del alumno con sus profesores, que reproduce el que dispone el educador después de los padres no es desdeñable,
tipo de relación con el padre instaurada por el niño a la salida del ya que Freud cree útil ponerlo en guardia contra la tentación de
período edípico: «Para muchos, dice, el camino que llevaba a la modelar al niño en función de sus propios ideales y le prescribe
ciencia pasaba por el profesor». 18 Así, pues, las técnicas pedagó- respetar sus disposiciones y posibilidades22 (también dirige la
gicas de transmisión de conocimientos quedan relegadas a un misma alerta a los psicoanalistas). Las exigencias desmesuradas
segundo plano con respecto a la relación personal heredada del por parte del educador amenazan ser desfavorables para el niño,
complejo de Edipo. Freud señala en este texto que dicha heren-

19. S.E. XIII, p. 242.


17. «La disparition du complexe d'Oedipe», 1924, La vie sexuelle, p, 120. «La 20. Ibíd., p. 243.
disolución del complejo de Edipo», O.C., III (p. 2.748).
21. S.E. XIII, p. 244.
18. S.E. XIII, p. 241.
22. S.E. XII, p. 331.

114 113
EL NARCISISMO
EDUCACION Y DESARROLLO

Además, Freud indica en otra parte que la severidad educativa


que va a acentuar, para tratar de adecuarse a ellas, la diferencia suele poseer el valor de una revancha sobre la sufrida en otro
entre su Yo y un ideal que se ha vuelto inaccesible. El Ideal-del- tiempo por el propio educador.25
yo, que requiere la sublimación, no puede obtenerla por la fuer- Es sin duda por la alienación del niño en el deseo de sus padres
za, y tan sólo puede traer como consecuencia la represión y la y educadores por lo que deben explicarse las exigencias morales
neurosis. Parecería que el poder del educador nunca se manifies- excesivas que el niño hace suyas y bajo las cuales sucumbe en su
ta tanto como cuando es nocivo; ¿o será que, al menos en materia esfuerzo por satisfacer los anhelos parentales. Desde el comienzo
de educación, sólo hay poder para perjudicar? produjo el psicoanálisis un escándalo al revelar el papel de la
Pero el aviso de Freud puede ser entendido de otro modo si se sexualidad en la formación del niño, destruyendo con ello el
atiende al hecho de que él lo profiere precisamente a propósito mito de la pureza infantil. Pero lo que también puso al descubier-
del ideal. Freud bien podría estar apuntando al narcisismo del to es que la relación sexual entre el niño y sus padres y educa-
propio educador, y su advertencia consistiría en remarcar que el dores tiene un doble sentido: que las intenciones de estos últi-
educador (como el psicoanalista) no debe buscar satisfacer su mos no son más «puras» que el niño que les sirve de objeto
propio narcisismo tratando de realizar su ideal a través del niño al sexual. En este sentido, la teoría de la seducción, en los comien-
que tiene la tarea de educar. Así, pues, Freud buscaría refrenar al zos del psicoanálisis, nunca perdió toda actualidad. Ella contiene
educador en la pendiente de una identificación narcisista al niño. una parte irrebasable de verdad en tanto que los fantasmas de los
Por otra parte, en Introducción al narcisismo, es ya en ese lugar del niños, que ponen en escena intentos de seducción por parte de
Yo-ideal de los padres donde Freud sitúa al niño (His Majesty sus padres, responden a su posición efectiva en el deseo de éstos.
the babyj,n quien será investido por ellos de la tarea de realizar
Sin embargo, debe observarse que si bien Freud ofreció todos
el ideal al que ellos mismos debieron renunciar.
los elementos que permiten descubrir la importancia que cumple
Sin duda, uno de los perjuicios de la educación reside particu-
en la educación y el desarrollo del niño el valor erótico que
larmente en esa investidura narcisista del niño: en el hecho de
representa para sus padres y educadores, en ninguna parte extra-
que éste ocupe un lugar en el deseo del educador y de los padres,
jo explícitamente las consecuencias que ello trae en la educación.
lugar alienante en todos los sentidos del término. El niño es
Es cierto que recomienda el psicoanálisis como medida profilác-
amado y querido por sus padres y por el educador como otro, no
tica para los educadores, y esto más expresamente en sus últimas
como él mismo. No sólo como alter-ego de la relación narcisista,
obras. Pero casi siempre invoca, para justificar este consejo, el
como Yo-ideal, sino también como objeto de goce para la pul-
interés que implica para el adulto comprender al niño al que está
sión anal, o como apéndice por el cual la madre trata de satisfacer
educando.
su envidia del pene (como lo atestigua la ecuación inconsciente:
En cambio es sorprendente ver con qué insistencia alertó
niño=pene=heces, indicada más tarde por Freud).24 Que el niño
Freud, tanto a los educadores como a los analistas, contra el
pueda ser para su madre una fuente de satisfacciones compensa-
ideal, y más precisamente contra la tentación de encarnar ellos
torias, y que este tipo de relación sea nociva para él, esto Freud ya
mismos ese ideal a expensas del educado o del analizado, o de
lo había señalado en 1907, en La moral sexual «cultural» y la nerviosi-
querer que éstos adopten su propio ideal. «El orgullo educativo
dad moderna.
es tan poco deseable como el orgullo terapéutico.» 26 «Hemos
Los padres y educadores no son, por lo tanto, seres desencar- rehusado categóricamente considerar como un bien propio nues-
nados preocupados por el exclusivo bien-del niño. Sus deseos y tro al paciente que demanda nuestra ayuda y se pone en nuestras
fantasmas gravitan con todo su peso en la práctica educativa.

25. Nouvelles confe'rences, pp. 90-91.


23. La vie sexuelle, p. 93. 26. «Conseils aux médecins», 1912, La techniquepsychanalytique, p. 70.
24. «Les transpositions des pulsions...», La vie sexuelle, p. 106 y sig.

117
116
ED UCA CION Y DESARR OLL O EL NARCISISMO

manos. No buscamos edificar su destino ni inculcarle nuestros la ilusión e incluso del desconocimiento. Mueve al Yo a imaginar-
ideales, ni tampoco modelarlo a nuestra imagen con el orgullo de se mejor de lo que es o a exigir de sí más de lo que puede, y, en
los creadores, lo cual nos resultaría muy agradable»,27 precisa definitiva, a la hipocresía.30 Puede culminar en la represión si se
más adelante a propósito de la tarea del analista. Que el analista revela necesario para el sostén de la ilusión de la moralidad; es
pueda ocupar, así fuese a su pesar, el lugar del Ideal-del-yo de su decir, a fin de cuentas, puede culminar en la neurosis. En la
paciente, constituye a los ojos de Freud «un obstáculo más a la relación con el otro, que el sujeto puede estar tentado de colocar
acción del análisis, cuyo fin consiste no en volver imposibles las en el lugar de su ideal, esto conduce también a una sobrestima-
reacciones mórbidas sino en dar al Yo la libertad de decidirse en ción engañosa puramente imaginaria. La satisfacción narcisista
un sentido o en otro». 28 descansa desde el inicio en una ilusión. Primeramente la de la
Leyendo textos tan poco equívocos, puede sorprender que omnipotencia del Yo primitivo, y después sobre una imagen de
ciertas tendencias del psicoanálisis hayan creído poder respaldar- perfección puramente imaginaria, el Yo-ideal. El mismo Ideal-
se en Freud para fijarle a la cura la meta de la identificación del del-yo se elabora a partir de las cualidades prestadas al padre o a
paciente con el analista. Ni siquiera cabe decir que semejante sus sustitutos, y resulta de una sobrestimación basada en la ilusión.
interpretación descanse en una confusión entre la labor analítica Cuando Freud, en sus Consideraciones de actualidad sobre la guerra
y la labor educativa, ya que Freud también pone en guardia al y la muerte, y después en El porvenir de una ilusión, exhorta a la
educador contra una tal concepción de su misión. El fin que educación a renunciar al apoyo en la ilusión y dejar sitio a la
Freud asigna a la educación implicaría más bien una destitución realidad, en ello puede verse el deseo de que la educación cese de
de esta función del ideal. conferir la primacía al narcisismo, hasta el presente utilizado, y
En Sobre la psicología del colegial, Freud muestra que el primer reforzado, como principal sostén de una educación que hasta
desprendimiento del niño con respecto al padre, es decir, su entonces se había orientado a la supresión de las pulsiones sexua-
destitución del lugar del ideal, lo abre a la influencia de personas les consideradas molestas. El paso del Yo-placer al Yo-realidad
exteriores a la familia que podrán venir a ocupar el lugar dejado consistiría precisamente en esa superación de cierto modo de
libre por la «caducidad» paterna. Indica por otra parte que el satisfacción narcisística. También contra el narcisismo debe lu-
niño sólo es definitivamente adulto cuando ha llegado a despren- char el analista cuando procura levantar la represión, con la cual
derse de todos los sustitutos del padre, lo cual significa que nadie choca el tratamiento psicoanalítico bajo la forma de la resisten-
puede venir a ocupar ya para él el lugar del ideal, que nadie puede cia. Así, pues, ideal y narcisismo deberían ser situados de un
ser idealizado por él.29 Pero a este desprendimiento respecto al mismo lado, aquel que Freud designa con el término ilusión, por
padre y sus sustitutos corresponde una caducidad de la función oposición a lo que llama unas veces verdad, otras realidad, y en
del ideal mismo (para Freud la ética no es una ética del ideal sino ocasiones necesidad, y cuya significación en su obra aún tenemos
de lo real). La verdadera moral no consiste para Freud en la que poner en claro.
promoción de un ideal elevado, destinado por definición a per-
manecer tanto inaccesible como irrealizable, y que no conduce
más que a una relación engañosa con uno mismo y con el otro. El
ideal, y la idealización de la realidad que él implica, son resorte de

27. «Les voies nouvelles de la thérapeutique psychanalytique», 1918, ibíd.,


p. 138. «Los caminos de la terapia psicoanalítica», O.C., III (p. 2.457). 30. Cf. «Considérations sur la guerre et sur la mort», Essais de psychanalyse,
28. «Le Moi et le Qa», Essais de psychanalyse, p. 223, nota 1. p. 247. «Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte», O.C., II
29. S.E. XIII, p. 244. (p. 2.101).

106 118
III

LO REAL Y LO IDEAL
11

LA PULSION DE MUERTE Y LO REAL

«La teoría psicoanalítica admite sin reservas que la evolución


de los procesos psíquicos está regida por el principio del placer.»1
Así comienza Más allá del principio del placer. Sin embargo, dos
páginas más adelante Freud pone esta hipótesis en tela de juicio:
«¿Pero es acaso exacto hablar del papel predominante del prin-
cipio del placer en la evolución de los procesos psíquicos? Si así
fuera, la enorme mayoría de nuestros procesos psíquicos ten-
drían que verse acompañados de placer o conducir al placer,
mientras que la mayor parte de nuestras experiencias están en
flagrante contradicción con esta conclusión. Estamos así forza-
dos a admitir que una fuerte tendencia a adecuarse al principio
del placer es inherente al alma, pero que ciertas fuerzas y circuns-
tancias se oponen a esa tendencia a tal punto que el resultado
final puede perfectamente no ser siempre conforme con el prin-
cipio del placer».2
Si la búsqueda de su bienestar es la meta del ser vivo, como
parecen probarlo, además de la filosofía a partir de Aristóteles,
«los hechos de nuestra observación cotidiana»,3 ¿cómo es posible
que corrientemente se observe el fracaso de tal empeño? Esta es
la paradoja que Freud encontró perpetuamente en el seno de su
experiencia y que, en 1921, intenta una vez más elucidar.
La teoría analítica ya trató de dar cuenta, en efecto, de dicha

1. «Au-dela du principe de plaisir», Essais de psychanalyse, p. 7. «Más allá del


principio del placer», O. C, III (p. 2.507).
2. Ibíd., pp. 9 y 10.
3. Ibíd., p. 7.

123
t ? ¿fe
U- A. Q.
LO REAL Y LO IDEAL
LA PULSION DE MUERTE Y LO REAL

paradoja: el principio del placer puede ser desbaratado por las


exigencias del mundo exterior. La realidad no se presta siempre a guerra, ciertos aspectos de la transferencia durante la cura analí-
la satisfacción directa e inmediata de las pulsiones que, en ciertas tica, las neurosis de destino, dan fe de esa tendencia a la repeti-
circunstancias, amenazarían con poner en peligro al organismo. ción que se afirma de manera independiente del principio del
El principio del placer debe ceder la plaza al principio de reali- placer. Ello conduce a Freud a emitir la hipótesis de una pulsión
dad, en cuyo nombre las pulsiones de autoconservación propor- de muerte, más primitiva que las pulsiones sexuales o las pulsio-
cionarán la energía necesaria para la contención de las pulsiones nes de conservación, y que corresponde al retorno a un estado
peligrosas (en particular las pulsiones sexuales). Aquí sólo se anterior a la vida, estado que ésta habría perturbado y que la
trata, dice Freud, de una limitación «normal» del principio del tendencia a la repetición apuntaría a restablecer, haciendo poco
placer: no puede darse por descontada una armonía constante caso del principio del placer que rige al ser vivo.
entre el ser vivo y su medio. Con esta hipótesis queda aislado el aspecto destructor y co-
En segundo lugar, entre las pulsiones obrantes en el psiquis- rrosivo que durante largo tiempo atribuyó Freud a la sexualidad,
mo algunas muestran ser incompatibles, durante el desarrollo del y desde ahora Eros será concebido como una fuerza de cohesión
individuo, con la evolución del conjunto. Sacrificadas (reprimi- y de unión. El conflicto entre las fuerzas no reside ya en la
das), tales tendencias seguirán buscando satisfacción, pero habi- oposición entre pulsiones sexuales y pulsiones del Yo, o entre
da cuenta de la represión de que han sido objeto, dicha satisfac- libido de objeto y libido narcisista, sino entre Eros y Tánatos.
ción se traducirá en displacer. Aquí nos encontramos no ya con Sin embargo, la pulsión de muerte jamás se manifiesta en
un conflicto ante una realidad hostil, sino con un conflicto in- estado puro, sino siempre a través de su alianza con las pulsiones
trapsíquico que, aunque resulte parcialmente de la presión de la de vida, matiza Freud en El problema económico del masoquismo (1924).
realidad exterior, no se reduce a ella. Se hace manifiesta en el dolor, señal de la transgresión del prin-
cipio del placer, guardián de la vida, dolor que el sujeto parece
Freud da varias interpretaciones teóricas de este conflicto:
perseguir como si fuera un goce. La pulsión de muerte es aquella
oposición de las pulsiones del Yo a las pulsiones sexuales, y des-
tendencia que culmina en el forzamiento del principio del placer,
pués oposición entre libido narcisista y libido objetal. En este
concebido como principio homeostático de conservación del ser
contexto, la falta de armonía no afecta únicamente a las relacio-
vivo.
nes del hombre con el mundo, sino que parece inherente al
propio funcionamiento psíquico del ser humano. ¿Qué lugar conceder, en relación con el conjunto del pensa-
En este caso, no obstante, el displacer es la consecuencia del miento de Freud, a esta última modificación de la teoría de las
conflicto de fuerzas que tienden a satisfacciones incompatibles pulsiones, y cuál es el alcance de esta nueva elaboración en lo que
entre sí, lo cual no invalida el predominio del principio del atañe a la educación? Recordemos que los principales textos de
placer. La salida del conflicto puede ser considerada como un mal Freud sobre la educación y la civilización (Elporvenir de una ilusión
menor, es decir, como una solución más o menos económica y El malestar en la cultura) son posteriores a la hipótesis de la
conforme al principio del placer. pulsión de muerte, y probablemente consecuencia de ella.
Pero esta concepción no satisface a Freud. En efecto, no Al referirnos a Introducción al narcisismo, vimos que Freud fue
explica suficientemente un conjunto de fenómenos atestiguados inducido a cuestionar, tras el descubrimiento del narcisismo,
por la experiencia analítica y que parecen aberrantes desde una esto es, de la existencia de una libido del Yo, la oposición pulsio-
concepción económica del funcionamiento psíquico: la existen- nes del Yo - pulsiones sexuales. El Yo y la sexualidad ya no po-
cia de comportamientos orientados a la repetición de experien- dían considerarse como radicalmente opuestos, y no se podía
cias desagradables, que no suponen ninguna forma de satisfac- rechazar enteramente la hipótesis de un monismo pulsional. Sin
ción. Algunos juegos de niños, los sueños de los neuróticos de embargo, ésta es una hipótesis que Freud nunca estuvo dispuesto
a admitir. Sólo el dualismo, correspondiente a la hipótesis de
124
125
LO REAL Y LO IDEAL LA PULSION DE MUERTE Y LO REAL

fuerzas antagónicas obrantes en el psiquismo, le parecía propio engendra esa hiancia que nada puede venir a colmar, de un deseo
para dar cuenta del carácter dividido, desgarrado de la psique confrontado a un imposible goce, imposible por hacer causa
humana. La hipótesis de la pulsión de muerte permite a Freud común con la muerte.
mantener la concepción dualista y preservar, en particular con Lacan especificó esa falla, esa hiancia producida por el injerto
respecto al junguismo, la esencia de su descubrimiento. En Más del lenguaje sobre el ser vivo, como la inexistencia de una «rela-
allá del principio del placer, Freud recuerda que «el inconsciente ción sexual» en el ser hablante. Por obra del lenguaje, entre el
como tal no puede ser alcanzado, y se hace oír de una manera hombre y la mujer no hay complementariedad esperable de su
paradójica, dolorosa, irreductible al principio del placer. Vuelve conjunción, no cabe esperar ninguna armonía de su unión. Son
a poner así en primer plano la esencia de su descubrimiento, que inconmensurables. Freud atribuía a la prohibición del incesto el
se tiende a olvidar».4 hecho de que la pulsión sexual no se preste «a la realización de la
Según Lacan, lo que Freud promueve con la pulsión de muer- plena satisfacción»,5 es decir, a la unión con el único partenaire
te es la existencia de la autonomía de lo simbólico, la dimensión que podría colmar el deseo. La única relación «posible» está
del lenguaje en el hombre, que actúa como parásito en su ser de prohibida. ¿No será que la prohibición del incesto, fundamento
viviente e introduce en él el registro de un más allá de la vida. de todas las sociedades humanas, es lo que viene a marcar el lugar
Aunque nuevo, el concepto de pulsión de muerte pone en de la imposible relación del hombre y la mujer? Lo vimos a
claro fenómenos observados por Freud desde hacía mucho tiem- propósito de Tótem y tabú: en el lugar mismo de lo imposible, el
po. La introducción de este concepto le permite acentuar con discurso enuncia una prohibición. Lo imposible es el agujero
nuevo vigor cierto número de fenómenos que la experiencia horadado en lo Real por lo simbólico. En El problema económico del
psicoanalítica revela más que cualquier otra, y que dan fe de la masoquismo,6 Freud escribe que la libido encuentra a la pulsión de
existencia en el comportamiento humano de algo extraño, abe- muerte, que le hace de obstáculo; en términos lacaneanos, podría
rrante, paradójico en relación con su ser biológico, en relación decirse que la sexualidad encuentra en el ser humano a lo simbó-
con el hecho de que el hombre es un ser vivo; algo que no puede lico, que la desgarra, obstruyendo la relación entre los sexos, y
ser explicado sino recurriendo a un orden de determinación que que, desde ese momento, lo imposible de esta relación es lo Real
se sitúa fuera de lo que determina al ser vivo: más allá de la vida. con que tenemos que habérnoslas.
Este más allá de la vida es lo que Freud denomina pulsión de A este Real intenta dar alcance la teoría analítica. En efecto,
muerte, con lo que quedan aliados dos términos contradictorios; todos los días la experiencia analítica confronta al analista con
dicha alianza designa una realidad en sí misma inconcebible, este Real. Se puede decir que el psicoanálisis, como discurso,
contradictoria, o, dicho de otro modo, «imposible». La pulsión constituye la tentativa de circunscribir los bordes de lo que
de muerte como concepto es un monstruo lógico que, por ello podría compararse a un agujero. En cuanto al agujero, a lo Real,
mismo, resulta apto para designar a la propia realidad humana éste escapa a lo simbólico. Lo Real es «lo que no cesa de no
como monstruosa con respecto a la de los otros seres vivos. escribirse».7 El discurso sólo permite localizar, en cierto modo,
Lacan caracteriza ese más allá de la vida como lo simbólico. Es el sus bordes, trazar sus contornos. Desde este punto de vista, las
lenguaje lo que constituye este orden que determina al ser ha- diferentes etapas de la elaboración de la teoría analítica pueden
blante, al ser humano, más allá de su condición de viviente; y él considerarse como otros tantos modos de aproximación a lo
instituye esa desgarradura, esa división que marca a la vez la
relación del ser humano con el mundo y consigo mismo, que 5. «Contribution a la psychologie de la vie amoureuse», La vie sexuelle, p. 64.
«Sobre una degradación general de la vida erótica», O. C, II (p. 1.710).
6. «Probleme économique du masochisme», Névrose, psychose et perversión, p. 291.
4. J. Lacan, Séminaire II, Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la «El problema económico del masoquismo», O. C., III (p. 2.752).
psychanalyse, París, Ed. du Seuil, 1978, p. 84. 7. J. Lacan, Séminaire X X , Encoré, París, Ed. du Seuil, 1975, p. 132.

126 127
LO REAL Y LO IDEAL

Real por el discurso. Las diferentes etapas del pensamiento de 13


Freud no se oponen las unas a las otras; los desarrollos recientes
no invalidan a los precedentes, y cada uno constituye una manera LA EDUCACION PARA LA REALIDAD
distinta de dar alcance a lo Real. Cada modificación de la teoría
freudiana, y en particular la última, marcada por la promoción de
la pulsión de muerte, respondería a la inquietud de Freud de no
ver debilitarse, en la teoría, lo que aspira a dar cuenta de la
rotundidad de la experiencia.
Pero al avanzar la hipótesis de una pulsión de muerte, Freud
llegó más lejos que nunca hasta entonces en la tentativa de
subrayar la radicalidad, el carácter irremisible de la aberración
del funcionamiento psíquico del hombre, condenado al desgarra-
miento, dividido entre la búsqueda de su bienestar y el imperati- «.Piense usted en el lamentable contraste entre la
vo que lo fuerza a la persecución de un goce imposible, que sólo radiante inteligencia de un niño sano y la debilidad
alcanza a través del dolor. mental de un adulto medio.»
En la comunidad analítica fueron muchos los que se negaron a El porvenir de una ilusión (1927).

admitir este último resultado del pensamiento de Freud. Así


como en los comienzos del análisis no se consintió en aceptar la La civilización, cuya misión es proteger a los hombres contra
teoría analítica sino una vez amputada de la teoría de la libido, a la naturaleza, organizar la satisfacción de las necesidades vitales y
partir de 1921 la pulsión de muerte constituyó lo que los tibios regular las relaciones de los hombres entre sí, suscita, pese a los
convinieron en rehusar como escandaloso. Pues bien, lejos de ser servicios prestados, la hostilidad del individuo, de quien reclama
una parte accesoria de la teoría, la pulsión de muerte puede ser sacrificios demasiado gravosos. Tal es el punto de partida de la
considerada como correspondiente a la esencia del descubri- reflexión de Freud- en El porvenir de una ilusión. ¿Son inherentes
miento de Freud. Pero ésta suprime, en efecto, toda esperanza estas dificultades a la esencia misma de la civilización, o bien
—y de ahí su carácter escandaloso— de una armonía posible, están ligadas a condiciones históricas particulares en cuya supe-
tanto entre el hombre y el mundo como entre el hombre y él ración es posible confiar? «Podría creerse que sería posible una
mismo, entre su bien y su deseo. nueva regulación de las relaciones humanas que, renunciando a
Sin embargo, la educación se sitúa tradicionalmente del lado la coerción y refrenamiento de los instintos, silenciaría las fuen-
del bien. Se entiende que el educador opera por el bien de quien tes del descontento que la civilización inspira, de suerte que los
se halla a su cargo. En esta perspectiva no puede sino ser enemigo hombres, librados de los conflictos internos, podrían consagrarse
de deseos cuya esencia es de aberración con respecto al «bien». enteramente a la obtención y goce de los recursos naturales.»1
Y ello le conduce a negar la existencia dolorosa de éste. Una Freud cree poder reafirmar la ineluctabilidad de la coerción y del
educación que la tuviera en cuenta ya no podría seguir asignán- renunciamiento a los instintos, que en su opinión son fundamen-
dose por meta el bien o la felicidad. Pero entonces, ¿cuál podría to de la civilización. Sin embargo, el problema del porvenir de la
ser su misión? civilización puede plantearse en esta forma: «¿ Se logrará dismi-
nuir, y hasta qué punto, la carga que implica el sacrificio de sus
instintos impuesto a los hombres, reconciliar a éstos con aque-

1. Avenir d'une illusion, pp. 9 y 10.

128 129
LO REAL Y LO IDEAL LA EDUCACION PARA LA REALIDAD

líos otros sacrificios que sigan siendo necesarios y resarcirlos de hombre, estropeado por la conciencia de su impotencia frente a
ellos?».2 la naturaleza y frente a su destino.
Si se objeta que la gran mayoría de los seres humanos no Pero, más allá de los consuelos que aporta satisfaciendo el
puede someterse más que a la coerción impuesta por una mino- narcisismo, su función social básica consiste en justificar con su
ría, se puede replicar que ello es el resultado de una organización origen divino la coerción y los refrenamientos instintuales, y en
defectuosa de la civilización, y que las generaciones nuevas, edu- asegurar de este modo la sumisión al orden social. Así, pues, las
cadas de otro modo, podrían prescindir de la coerción y consen- doctrinas religiosas serían el principal instrumento al servicio de
tir libremente los renunciamientos indispensables para la con- la coartación de las pulsiones. «Sobre ellas se ha edificado nues-
servación de las adquisiciones culturales. Freud no excluye que tra civilización; la conservación de la sociedad humana tiene por
una transformación de la educación permita alcanzar esta meta. premisa el que la mayoría de los hombres crean en estas doctri-
En efecto, «el hombre está dotado de las más variadas disposicio- nas»,4 hace decir Freud a su interlocutor imaginario.
nes instintivas, y los acontecimientos precoces de la niñez impri- Ahora bien, las creencias religiosas corresponden a lo que
men en ellas una orientación definitiva». Pero «esto también Freud llama «la ilusión», es decir, no necesariamente a un error
explica por qué los límites en los que un hombre es educable sino a una idea derivada de un deseo y destinada a satisfacerlo de
determinan aquellos en los cuales es posible una modificación manera fantasmática. Así, pues, las ideas religiosas apuntarían a
semejante de la cultura».3 restaurar el narcisismo infantil.
Si lo esencial se juega en los primeros años de la vida, la Freud no considera la religión como un simple epifenómeno.
educabilidad del ser humano se ve limitada con ello en otro En su opinión ella es al mismo tiempo la cima del edificio y su
tanto. fundamento, la base moral de la civilización. Esta en su conjunto
¿ Qué esperanzas siguen siendo legítimas? ¿ En qué medida la descansaría, pues, sobre el mecanismo psicológico de la ilusión; y
educación permitiría aligerar el peso de la coerción impuesta por también sobre el de la represión si nos remitimos al análisis de
la sociedad? Freud parece dejar en suspenso esta cuestión y Tótem y tabú, que asigna al origen de la religión la represión del
acomete la crítica de la religión y sus valores. asesinato del padre primitivo.
¿Para qué sirve la religión?, se pregunta Freud. Su respuesta ¿ Es que la civilización no puede prescindir de este fundamen-
es clásica: para consolar. La religión pretende ofrecer una com- to? ¿No sería útil «confesar honestamente el origen puramente
pensación a los sacrificios impuestos por la civilización. Ella humano de todas las instituciones y prescripciones de la cultura»?
apunta a exorcisar las fuerzas de la naturaleza dándoles un senti- «Al mismo tiempo que caería su pretensión a un origen sagrado,
do, reconciliar al hombre con lo que sale de su dominio, en cesarían también la rigidez e inmutabilidad de estas leyes y dispo-
especial con la muerte, y busca resarcirlo de las privaciones que siciones. Los hombres quedarían en condiciones de comprender
sobrelleva a causa de la civilización asignando un origen divino a que éstas se crearon mucho menos para dominarlos que en su
las prescripciones de ésta. Las ideas religiosas han resultado, propio interés, tendrían para con ellas una actitud más amistosa
pues, de la misma necesidad que los otros aspectos de la civiliza- y, en lugar de aspirar a abolirías, sólo procurarían mejorarlas. Se
ción: de la necesidad de defenderse contra la naturaleza, por una trataría de un importante progreso en el camino que conduce a
parte, y de corregir las imperfecciones de la civilización, por la los hombres a reconciliarse con la presión que sobre ellos ejerce
otra. La satisfacción que procuran es esencialmente de índole la civilización.»5
narcisista: la religión restaura el sentimiento de dignidad del Si la religión es «la neurosis obsesiva universal de la humani-

2. Ibíd., p. 10. 4. Ibíd., p. 50.


3. Ibíd., p. 12. 5. Ibíd., p. 59.

130
LO REAL Y LO IDEAL LA EDUCACION PARA LA REALIDAD

dad», cuyo correspondiente en el individuo sería la neurosis mo tiempo que le impone aceptar sin crítica dogmas que no la
infantil, ¿no cabe prever que «el abandono de la religión tendrá resistirían. «Mientras durante sus primeros años el hombre per-
lugar con la fatal inexorabilidad de un proceso de crecimiento»? 5 manezca bajo la influencia, no sólo de la inhibición mental ligada
Ya es hora, añade Freud, de «reemplazar —al igual que en el a la sexualidad, sino también de la inhibición mental religiosa y
tratamiento analítico de las neurosis— las consecuencias de la de la que de ella deriva, la inhibición mental "legitimista" para
represión por los resultados del trabajo mental racional».6 con los padres y educadores, no podremos decir qué es en reali-
Hasta el presente, la civilización se ha edificado, pues, sobre la dad el hombre.» 8
represión, la renegación de la realidad y la ilusión consoladora. La religión actúa en favor de la represión y de la irracionalidad 1
Y es indudable que este fundamento no carece de vínculos con en los comportamientos humanos. Merece-intentarse la prueba \
los excesos de la restricción social de una educación que rechace esta orientación, una educación (
El exceso principal —y aquí Freud retoma lo que había desa- que procuraría que el hombre asuma, sin el socorro de consuelos ¡
rrollado en La ilustración sexual del niño (1905)— consiste en la ilusorios y del embotamiento anestesiante, «el peso de la vida, la .!
prohibición del libre ejercicio del pensamiento, que obstaculiza cruel realidad».9 A esto se le podría llamar, dice Freud, «educa- l
el advenimiento de la racionalidad. Freud ve a la religión como la ción para la realidad».9
gran responsable de la prohibición impuesta al pensamiento y, a La razón es ciertamente débil frente a instintos cuyo poder
modo de consecuencia, de lo que no vacila en calificar como demostró precisamente el psicoanálisis, pero si bien «la voz del
debilidad mental del adulto medio. intelecto es baja [...] no se detiene hasta haberse hecho oír [...]. A
La represión y la ilusión, ba.ses de la civilización, son al mismo la larga, nada puede resistir a la razón y a la experiencia». 10
tiempo el fundamento de la neurosis que afecta a la humanidad Tal es el programa que asigna Freud a una educación nueva en
en su conjunto. Y así como la cura analítica apunta a reemplazar la que ve el remedio a los daños de la civilización: hacer frente a
la represión por la condena por el juicio y la toma de conciencia, la realidad rechazando la ilusión, asegurar la supremacía de la
Freud sugiere que no es inconcebible que la civilización pueda razón sobre las fuerzas instintivas en detrimento de la represión.
cambiar de bases, fundarse de aquí en adelante en la razón, y Freud no fue prolijo en consejos educativos. Además, sus
orientarse a asegurar la primacía del intelecto rechazando la críticas de la educación no se separan del juicio que la civilización
ilusión. le inspira: el hecho de que sea ella la enferma amplía ciertamente
Es indiscutible, concede, que los hombres son poco accesibles su alcance. Si bien movido por una inquietud profiláctica denun-
a los argumentos racionales, pero «¿ es completamente imposible cia repetidamente los errores que sería conveniente evitar en la
que en gran parte sea justamente la educación religiosa la causa acción educativa, raros son los textos donde indica la orientación
de esa especie de marchitamiento» de la razón humana? «Piense positiva que quisiera verle tomar. En Freud no encontramos
usted en el lamentable contraste entre la radiante inteligencia de ningún tratado de educación. La escasez de indicaciones positi-
un niño sano y la debilidad mental de un adulto medio.»7 vas en la materia nos incita a prestar una atención particular a la
Freud vuelca sus esperanzas de llegar a la supremacía de la formulación de los principios a -partir de los cuales querría ver j
razón en una transformación de la educación. En su opinión, la instaurarse, nos dice, una educación nueva. Sin embargo, talv
pedagogía actual no apunta sino a retardar el desarrollo sexual formulación produce desconcierto. Razón y realidad: ¿no es aca- j
del niño sometiéndolo a la influencia de la religión, que le prohi- so cabalmente en su nombre como educadores y maestros nos /
b e toda investigación sexual so pena de castigos eternos, al mis-
I
8. Ibíd., p. 68. !
6. Ibíd., p. 62. 9. Ibíd., p. 70.
7. Ibíd., p. 67. ' ' 10. Ibíd., p. 77.

132 133
LO REAL Y LO IDEAL LA EDUCACION PARA LA REALIDAD

imponen su ley? ¿Es necesario ser freudiano para adherirse a Freud asigna a la educación. Ni la lectura de El porvenir de una
ellas? El asombro crece ante el hecho de que Freud parece consi- ilusión ni la de El malestar en la cultura autorizan semejante inter-
derar adecuados estos principios para inaugurar una nueva era en pretación: en el horizonte de la reflexión de Freud no se perfila
la civilización, y prácticas sociales y educativas en ruptura con ninguna armonía soñada entre el hombre y el mundo. Por el
aquellas cuyas flaquezas experimenta. Fuera de ello, tales con- contrario, donde insistentemente hace Freud hincapié es en la
signas no dejan de evocar en nosotros una concepción ortopédi- imposibilidad que tiene el hombre de satisfacerse.
ca del psicoanálisis que ve en la adaptación del sujeto a su mundo Entonces, ¿qué encubre el término realidad, y la invitación a
la meta de su acción. Fácil es el deslizamiento de la «realidad» alcanzarla por las vías del intelecto? Si no es a la felicidad de una
aquí designada hacia una realidad social con la que el individuo armonía por fin lograda a lo que Freud nos convida, ¿qué tarea
tendría que proponerse entrar en armonía, al cabo de una evolu- nos asigna?
ción cuya normalidad estaría garantizada por un feliz concurso La realidad y la inteligencia cuyos derechos quisiera ver reco-
de la naturaleza y la educación. Enderezar las combaduras acci- nocidos, no son asociadas por él a ninguna promesa de dicha, y lo
dentales de un proceso semejante, reeducar: tal sería en esta pers- que nos invita a enfrentar es más bien un más allá del principio
pectiva la misión del psicoanálisis. Ciertos textos de Freud sobre del placer: ese más allá del placer al que dio el nombre de princi-
la educación podrían dar pie a esta clase de interpretación; por pio de realidad, y que reaparece también en el goce mortífero.
ejemplo cuando escribe, en su prefacio a El métodopsicoanatítico.áe El contexto en el que se inscriben las consignas que Freud nos
O. Pfister, que «la psicoterapia se propone hacer dar marcha propone es un contexto formal: excluye que se pueda encontrar
atrás a lo que, en estas dos salidas (la neurosis y la perversión) se en él la expresión de un racionalismo que confiaría en las virtu-
presta a ello, y a instituir una suerte de pos- educación (Nacherzie-
des de la «Aufklarung». No es un positivismo a lo Augusto Comte lo
hung)»}1
que suscribe cuando anhela que la humanidad se deshaga de una
Educar con vistas a la realidad: ¿significa esto que la educa- neurosis religiosa que la fija además a su infancia. De igual modo,
ción debe proponerse la adaptación del sujeto a la realidad, cuando en Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte nos llama
tomada ésta en el sentido del medio circundante que, en el ser a nuestro deber de seres vivos —volver soportable la vida—, no
humano, es un medio social? Tal es la interpretación que prime- nos insta a realizar nuestra felicidad, sino que nos habla de nues-
ro llega al pensamiento, y corresponde al discurso ordinario de tra muerte.
los educadores. ¿No sigue Freud esta dirección cuando afirma Ya antes del descubrimiento de la pulsión de muerte Freud
que la educación apunta, y siempre apuntó, a asegurar la domina- expresaba, en términos cercanos a los que emplea en El porvenir
ción del principio de realidad sobre el principio del placer? Pero de una ilusión, el deseo de que la humanidad se incline ante esta
si éste es cabalmente el fin de toda educación, ¿qué aportaría verdad, puesta al desnudo por la guerra, y que constituye nuestra
Freud de nuevo al pregonar la educación para la realidad? Sin actitud inconsciente frente a la muerte: «Impenetrabilidad a la
embargo, él parece presentar efectivamente este programa como representación de nuestra propia muerte, anhelo de muerte diri-
apto para subvertir las prácticas educativas de su tiempo, cuyo gido al extranjero y al enemigo, ambivalencia ante la persona
i fundamento ilusorio denuncia. Si los valores de la civilización amada»;12 ésta es la «realidad psíquica» (diepsyschische Realitat) a la
descansan en la ilusión, si la realidad social está tejida de ilusio- que debemos hacer frente. Ya entonces a lo que aconsejaba
nes, entonces a lo que hay que adaptar al educado no puede ser a renunciar era a la ilusión. «¿No haríamos bien, escribe, en asignar
esa realidad ilusoria. Tampoco podría ser una mira adaptativa, a la muerte, en la realidad y en nuestro pensamiento, el lugar que
que perseguiría cierta coaptación del sujeto y el mundo, la que
12. «Considérations actuelles sur la guerre et sur la mort», Essais de psychana-
11. Gesammelte Werke, T. X, p. 449. lyse, p. 266.

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LO REAL Y LO IDEAL LA EDUCACION PARA LA REALIDAD

le conviene, y prestar la mayor atención a nuestra actitud incons- Freud sustituye por una ética basada en lo real la ética tradi-
ciente frente a la muerte, esa actitud que con tanto esmero nos cionalmente enlazada a lo ideal, es decir, a lo imaginario. Es más
aplicamos a refrenar? No sería un progreso lo que de este modo allá del principio del placer donde nos cita con esa «Realitát» que
cumpliríamos sino más bien, al menos en ciertos aspectos, una lo desdeña, ese Real del sexo y de la muerte cuyo desconocimien-
regresión, pero al resignarnos a ésta obtendríamos la ventaja de to socialmente instituido no nos hace la vida más soportable al
ser sinceros con nosotros mismos y de hacer la vida nuevamente prometernos el refugio de un razonable confort.
soportable para nosotros. En efecto, hacer la vida soportable es La ilusión está, como hemos dicho, al servicio de nuestro
la primera obligación del ser vivo. La ilusión pierde todo su valor narcisismo, que se niega a reconocer la hiancia que nos divide
cuando se opone a este deber.»13 irremediablemente. Lo que Freud nos invita a cumplir es una
La tendencia a la represión de esta realidad psíquica, la elimi- superación del narcisismo. En efecto, el narcisismo sólo queda
nación de la dimensión de la muerte en nuestra existencia, empo- resguardado al precio de la represión. La experiencia analítica
brecen la vida, a causa del renunciamiento al deseo que dicha demuestra que el levantamiento de las represiones implica la
actitud impone. Pues bien, «si vis vitam para mortem>r. si quieres superación del narcisismo, lo cual no se lleva a cabo si no se
poder soportar la vida, debes estar dispuesto a aceptar la muerte.14 franquea la barrera del displacer, que opone resistencia. A esta
«Die Erziehung zur Realitát», la educación hacia la realidad: no superación corresponde la asunción de la castración, vale decir,
es tanto a la Wirklichkeit, a la realidad efectiva —término que de nuestra división. El principio de realidad debe ser situado en el
Freud emplea ordinariamente para designar la realidad exterior, más allá de este movimiento. Así, pues, sería en la asunción de la
social en particular, que impone sus exigencias a quien quiere castración por la humanidad donde Freud divisa el único porve-
sobrevivir— a lo que debemos adecuarnos, sino que más bien se nir posible para la civilización. Hasta el presente la civilización se
trata de hacer frente a un Real de discordia, a la imposible ha colocado del lado del «Yo» y del narcisismo, a expensas de las
conjunción de nuestro Wohl —nuestro bienestar— y nuestros otras fuerzas psíquicas, cuyo desconocimiento ella ha organiza-
deseos. Realitát nos parece designar aquí, más aún que las ame- do. Freud desea que en lo sucesivo sean el intelecto, la razón, los
nazas que la naturaleza hace pesar sobre nosotros, la «realidad que tomen el relevo.
psíquica» que constituye el inconsciente: la discordancia entre
las pulsiones, lo Real del sexo y de la muerte cuyo desconoci-
La Realitát que designa «die Erziehung sur Realitát», de El porvenir de una ilusión,
miento funda, según Freud, la realidad social, Real que la ilusión, no puede ser reducida a las precedentes. Aquí Freud alude a lo Real, en el sentido
y la religiosa en particular, tiene por fin obliterar.13 lacaneano, definido como lo imposible —de simbolizar, de soportar—: Real del
sexo —de la imposible relación entre los sexos, del imposible goce de un Otro
perdido para siempre—, Real de la muerte como imposible de simbolizar pero
13. Ibíd., p. 267. también (esto se anilla) Real del deseo de muerte engendrado por lo Simbólico
14. Ibíd., p. 267. que nos mata al constituirnos como ya muertos.
15. El término Realitát, en Freud, está lejos de ser unívoco. Según el contexto La noción de Realitát en «Realitátprinzip» nos parece situarse en el cruce de
cobra valores diferentes. Las categorías lacaneanas de lo Imaginario, lo Simbólico estos tres sentidos. El principio de realidad designa unas veces el modo de funcio-
y lo Real nos permiten una discriminación de esos valores. namiento del aparato psíquico en tanto que se somete a la distinción entre el
Unas veces Realitát remite al «mundo exterior» por oposición al mundo inte- fantasma y el mundo exterior; otras, la capacidad de vencer el displacer inherente
rior, psíquico, y designa una realidad tejida por el lenguaje, esencialmente efecto al reconocimiento de la realidad psíquica como verdad; y, finalmente, el más allá
de lo Simbólico. del principio del placer al que confronta lo Real en el sentido antedicho.
Volveremos a hallar el término Realitát en la expresión «.diepsyschische Realitát», La realidad social, por su parte, se hallaría en la articulación de lo Imaginario y
la realidad psíquica de que habla Freud a propósito de los deseos y los fantasmas, lo Simbólico, como el fantasma y la realidad psíquica, lo que vimos a propósito de
del Wunsch (del anhelo de muerte, por ejemplo), donde la culpabilidad a él atri- las exigencias parentales en cuanto constituyen la primera figura de las restric-
buida certifica su carácter de realidad al menos para el sujeto. Situaremos este ciones sociales y, más generalmente, de la Ananke'. Pero la Ananke' no se reduce a
empleo en la intersección de lo Simbólico (el fantasma es un efecto de él) y lo ellas: como destino, posee una faz puramente simbólica y otra, sin nombre, lo
Imaginario. Real de la muerte y del sexo, como insimbolizables.

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LO REAL Y LO IDEAL LA EDUCACION PARA LA REALIDAD

Pero cabe preguntarse de qué poder extraerá la instancia de la Freud quiere ver reemplazada a la represión por la condena
razón fuerzas suficientes para imponerse. La civilización, apoya- por el juicio. ¿Dónde está el beneficio, nos preguntaremos, cuan-
da hasta ahora en la represión y la ilusión, dispone de la fuerza del do de lo que se trata no es de satisfacer los deseos? ¿ Ganamos con
narcisismo y de las pulsiones del Yo; en definitiva, del poderoso el cambio en la sustitución de la moral corriente, basada en la
deseo de seguir durmiendo. Las potentes auxiliares de la razón, ilusión, por una ética de la verdad?
¿no tendrán que ser buscadas del lado de las fuerzas que, en la En Estudios sobre la histeria, Freud responde a la objeción for-
neurosis, provocan el retorno de lo reprimido y desbaratan las mulada por una paciente: más vale un infortunio banal que una
defensas del Yo? ¿No será la fuerza de los deseos inconscientes miseria histérica. Nada es más costoso, dice en otra parte, que la
sofocados, que intentan abrirse paso? enfermedad, salvo la estupidez.20
Más allá del deseo de dormir, son los deseos de un despertar El reconocimiento de los deseos siempre posee una virtud
quizá imposible los que intentan hacerse oír con la voz del inte- pacificante: éste es el principio de la cura analítica. Sobre este
lecto, voz cuya insistencia, asegura Freud, no se desdice: «La voz t mismo principio, creemos nosotros, quisiera basar Freud una
del intelecto es baja, pero no descansa hasta que se ha hecho educación nueva: dejar abierto el camino al reconocimiento de
oír».16 ¿Cómo no evocar aquí el automatismo de repetición, por los deseos. No hay otra interpretación posible de su expresado
el cual se manifiesta la insistencia de los significantes inconscien- anhelo por ver al educador utilizar el psicoanálisis a fin de reem-
tes? Deseos de ser reconocidos, deseos de ser oídos, deseos in- plazar la represión por la condena por el juicio: decirle no a un
destructibles que los repudios repetidos no agotan —«...unzáhlig deseo es reconocerlo como dicho, reconocerlo como deseo. El
oft wiederholten Abweisungen», dice el texto alemán—,17 desde el sueño demuestra que el deseo puede «satisfacerse» con ello: el
origen del psicoanálisis, el empeño de Freud fue dar su primacía a deseo se «realiza» en el decir. Tal podría ser el programa de una
la voz que los soporta. educación.de orientación analítica. El poder de la razón consiste,
Tales poderes del Logos, en los que confía, son los de la verdad, y el psicoanálisis lo demuestra, en las virtudes de la palabra.
nunca impunemente desconocida y ante la cual nos apremia a
inclinarnos. Las ilusiones no nos confortan en nuestro bienestar
o malestar sino al precio de reprimirla. Lo que Freud denuncia es
que ellas tejen la trama de nuestra realidad social. La educación
para la ilusión se afana en conformar a cada cual con ella median-
te el recurso a la prohibición de pensar, donde Freud ve al mismo
tiempo el fundamento y el fin de las prácticas educativas. Y es un
espectro lo que Freud nos deja ver en ese hombre «hecho», al
que presenta frente al niño resplandeciente como la macilenta
imagen de su porvenir de educado. La tristeza, dice Lacan, es la
sanción corriente de ese pecado contra el espíritu que constituye
el rechazo del inconsciente.18 Freud, a su vez, nos recuerda la
divisa hanseática: «Navigare necesse est, vivere non necesse».19

16. Avenir d'une illusion, S.E. X X I , p. 53.


17. Ibíd., y Gesammelte Werke, í . XIV, p. 377, Londres, 1948.
18. J. Lacan, Télévision, p. 39, París, Seuil, 1974. «Psicoanálisis-Radiofonía &
Televisión», Ed. Anagrama, Barcelona, 1977. se, p. 255,
19. «Considérations actuelles sur la guerre et sur la mort»,Essais depsychanaly- 20. Etudes sur l'hystérie, p. 247.

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14

EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

«Nos inclinaríamos a afirmar que no ha entrado en


el programa de la creación el propósito de que el
hombre sea feliz.»
El malestar en la cultura (1929).

En El malestar en la cultura, Freud vuelve una vez más al pro-


blema de las relaciones entre el individuo y la civilización. A la
luz de sus recientes elaboraciones, que lo llevaron a promover la
existencia de la pulsión dé muerte, vuelve a considerar los térmi-
nos de la cuestión. Anteriormente el conflicto se reducía a la
oposición entre las pulsiones del Yo, aliadas de la civilización, y
las pulsiones sexuales, que difícilmente se ponen al servicio de lo
útil.
El nuevo dualismo que opone Eros a Tánatos produce un
desplazamiento del acento: en El malestar en la cultura, ya no es la
sexualidad sino la pulsión de muerte la que parece amenazar más
el proceso de la civilización.
Freud arranca de una comprobación: la insatisfacción huma-
na, el fardo que para el ser humano constituye la existencia. Sin
embargo, de acuerdo con el principio del placer, todos los hom-
bres tienden a la felicidad: al evitamiento del dolor y a la búsque-
da de «goces intensos».1 «Y sin embargo, el universo entero está
en pugna con este programa, que es absolutamente irrealizable:
todo el orden del universo se le opone.» 1
¿ Cuáles son los obstáculos para su realización? El evitamiento

1. Malaise dans la civilisation, p. 20.

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LO REAL Y LO IDEAL EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

del dolor es ya problemático, el sufrimiento nos amenaza en (Kulturversagung) rige el vasto dominio de las relaciones sociales
nuestro cuerpo a causa de la enfermedad y la muerte, y además el entre seres humanos; y ya sabemos que en él estriba la causa de la
mundo exterior es también fuente de peligros y dolores. La hostilidad contra la cual tienen que luchar todas las civilizacio-
búsqueda del goce no es más sencilla: «nuestra aptitud para la di- nes.»6 Freud vuelve a abordar aquí un tema que le es familiar. ¿Es
cha está ya limitada por nuestra constitución»,2 el principio del posible hallar un equilibrio entre las reivindicaciones del indivi-
placer pone límites a nuestra capacidad de goce. Por lo demás, duo y las exigencias culturales? «Uno de los problemas de los que
los dos objetivos, búsqueda del goce y evitamiento del dolor, se depende el destino de la humanidad es el de saber si este equili-
contrarrestan: quien desea el goce es vulnerable a los sufrimien- brio'es realizable, o bien si se trata, por el contrario, de un
tos, y el que ante todo quiere ahorrarse el dolor se priva del goce. conflicto insoluble.»7
Pero el sufrimiento de origen social, aquel que deriva de las La respuesta a esta pregunta exige determinar qué fuerzas
relaciones entre los seres humanos, es de todos el más difícil de actuaron en el comienzo del desarrollo de la civilización y empu-
soportar, en la medida en que lo creemos evitable. «No podemos jaron a los hombres a reunirse en comunidades. Freud señala dos:
entender por qué las instituciones de las que nosotros mismos en primer lugar, la necesidad de colaboración para luchar mejor
somos autores no nos dispensarían a todos protección y favores.»3 contra la naturaleza y asegurar la supervivencia. A esta necesidad
¿Es la civilización responsable de una gran parte de nuestro corresponden, en el plano pulsional, las pulsiones del Yo o de
infortunio? ¿O habrá que «sospechar que también aquí se disi- autoconservación. No es nueva esta hipótesis bajo la pluma de
mula cierta ley de la naturaleza invencible, y que, esta vez, se Freud. En Introducción alpsicoanálisis ya apuntaba que «La potencia
trata de nuestra propia constitución psíquica»?4 A esta pregunta que fuerza a la humanidad a llevar a cabo su desarrollo es la
intenta dar respuesta Freud. La civilización, o sea «la totalidad de presión de las necesidades vitales, la necesidad: Ananke. Ella fue
obras y organizaciones cuya institución nos aleja del estado ani- un educador riguroso».8
mal de nuestros antepasados», sirve a dos finalidades: «proteger La segunda de estas fuerzas fue la necesidad de satisfacción
al hombre contra la naturaleza y regular los vínculos de los genital que impulsó al macho a conservar consigo su objeto
hombres entre sí».5 Si bien se mostró eficaz en la realización de sexual, y condujo a la formación de la familia primitiva, la de
su primer objetivo, no parece haber logrado asimismo proteger Tótem y tabú. «De este modo Eros y Ananke se convirtieron en los
al hombre de los sufrimientos enlazados a la vida en común con padres de la civilización humana.»9 Aquí reaparecen las mismas
sus semejantes. potencias que Freud señalaba en el origen del proceso educativo,
La principal fuente de los sufrimientos padecidos por el indi- en Los dos principios del funcionamiento mental. La evolución del indi-
viduo a causa de su vida en sociedad estriba en el renunciamiento viduo reproduce la evolución de la humanidad. Pero es la prime-
a las satisfacciones pulsionales impuesto por la civilización. «Es ra, a la que tuvo acceso con su experiencia de analista, la que
imposible no advertir en qué amplia medida el edificio de la sirvió a Freud de modelo para describir la segunda.
civilización descansa sobre el principio del renunciamiento a las En esta fase la sexualidad se halla lejos de aparecer como
pulsiones instintivas, y hasta qué punto ella postula precisamen- enemiga de la civilización. ¿Cómo comprender entonces que
te la no satisfacción (restricción, represión o cualquier otro me- ésta, en cuya fuente se encuentran fuerzas tan poderosas, ya
canismo) de instintos poderosos: este «renunciamiento cultural» que corresponden a los dos grupos de pulsiones, las del Yo

2. Ibíd., p. 21. 6. Ibíd., p. 47.


3. Ibíd., pp. 32 y 33. 7. Ibíd., p. 45.
4. Ibíd., p. 33. 8. Introduction a la psychanalyse, p. 334.
5. Ibíd., p. 37. 9. Malaise dans la civilisation, p. 51.

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LO REAL Y LO IDEAL EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

y las sexuales, no haya logrado hacer felices a los hombres? en El malestar en la cultura}1 En 1912, Freud expresaba ya la misma
La armonía original entre sexualidad y civilización tuvo que hipótesis en términos parecidos: «Por extraño que esto parezca,
dejar sitio al conflicto: la comunidad entró sin duda en lucha con creo que se debería considerar la posibilidad de que algo en la
la familia, que tendía a aislarse, mientras la pareja acaparaba la propia naturaleza de la pulsión sexual no es favorable a la realiza-
energía sexual que la civilización, por su lado, procuraba desviar ción de la entera satisfacción».13
hacia objetivos culturales. La prohibición del incesto constituirá La «falta-en-gozar» [manque-á-jouir] sería así constitutiva de
el sacrificio más importante impuesto por el proceso civiliza- la sexualidad humana. Si esta falta no es un efecto de la civiliza-
dor. Como Lévi-Strauss ha demostrado, su función es abrir la ción, ¿no podría emitirse la hipótesis de que bien podría ser su
familia a una comunidad más vasta instituyendo el intercambio origen? La civilización se habría edificado sobre el fondo de esta
de las mujeres. «falta-en-gozar». La evocación que al respecto hace Freud de la
Las restricciones impuestas a las satisfacciones sexuales no se bisexualidad, que convertiría en insatisfactorio a cualquierparte-
detuvieron aquí: coartación de la sexualidad infantil, eliminación naire sexual,14 ¿no indica algo del orden de esa imposible «rela-
de las perversiones, exigencia de una elección de objeto hetero- ción» entre los sexos de que habla Lacan?
sexual, obligación de la monogamia; la restricción social no cesó De esta «no relación» derivaría la obligación impuesta a la
de verse reforzada. «La civilización actual da a entender clara- pulsión sexual de «elegir otros rumbos», en particular los de la
mente que admite las relaciones sexuales con la única condición edificación de la civilización en el lugar de la carencia de goce.
de que tengan por base la unión indisoluble, y contraída de una Así, pues, la civilización habría nacido de Eros, ya que Eros es
vez para siempre, de un hombre y una mujer, y también deja en falta y, como tal, al principio del deseo y de su errancia. Si bien
claro que no tolera la sexualidad como fuente autónoma de Freud no llega a dar a esta hipótesis un desarrollo, pensamos que
placer, y que no está dispuesta a admitirla sino a título de agente en su obra es posible hallar un esbozo, y especialmente, como
de multiplicación al que hasta hoy nada pudo reemplazar.»10 prueba lo que sigue, en el texto que estamos estudiando.
Freud retoma aquí los temas ya expuestos en La moral sexual «Si como origen de la civilización, dice, consideramos sólo las
«cultural» y la nerviosidad moderna-, la civilización es enemiga de la fuerzas de la necesidad y del amor, podemos muy bien suponer
sexualidad. «La vida sexual del ser civilizado está pese a todo una comunidad civilizada que estaría compuesta por tales "indi-
gravemente lesionada; a veces da la impresión de una función en viduos dobles" (las parejas), los cuales, saciando en sí mismos su
estado de involución, como parecen serlo en cuanto órganos libido, estarían unidos por los lazos del trabajo y de intereses
nuestros dientes y cabellos. Es verosímilmente legítimo admitir comunes. En semejante caso la civilización no tendría por qué
que disminuyó en forma sensible su importancia como fuente de sustraer a la sexualidad una suma de energía cualquiera. Pero un
felicidad, y, por consiguiente, como realización de nuestro obje- estado tan deseable no existe ni existió nunca.»15
tivo vital.»11 Estos «individuos dobles», conformes a la tradición platónica
Freud, con todo, no se limita a esto, y emite la hipótesis, ya del Banquete, representan precisamente el fantasma de una «rela-
perfilada en Sobre una degradación general de la vida erótica, de que la ción sexual» posible. Pero la inexistencia de la relación sexual,
civilización podría no ser la única responsable de tal «degenera- reconocida de este modo por Freud, es imputada al esfuerzo de la
ción» de la sexualidad humana: «por su propia naturaleza, la civilización por desviar la pulsión de su fin sexual con vistas a
función sexual se negaría, en cuanto le compete, a concedernos
plena satisfacción, y nos forzaría a elegir otros rumbos», escribe
12. Pp. 57 y 58.
13. «Contribution a la psychologie de la vie amoureuse», La vie sexuelle, p. 64.
19. Ibíd., p. 82. 14. Malaise dans la civilisation, p. 58.
20. Ibíd., p. 85.
15. Ibíd., p. 61.

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LO REAL Y LO IDEAL EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

reforzar los lazos sociales mediante lazos libidinales. ¿ Qué es lo dad contra el propio sujeto. También aquí es el desarrollo indivi-
que obliga a la civilización a procurar la libidinización de los lazos dual lo que sirve a Freud de modelo para describir el proceso
sociales y, con ello, a oponerse a la «relación sexual»? civilizador. La «introyección» de la agresividad se observa, en
Homo homini lupus-, es la agresividad humana la que, irguiendo a efecto, con ocasión de la formación del Superyó, consecutiva a la
unos individuos contra los otros, representa una amenaza para disolución del complejo de Edipo. La autoridad parental es en-
toda comunidad y fuerza a la civilización a desviar la libido de su tonces interiorizada y constituye la instancia del Superyó, que
fin primitivo, a efectos de contrarrestar las fuerzas disolventes de toma a su cargo la agresividad que el sujeto dirigía primitivamen-
las tendencias agresivas. «La civilización debe utilizar todos sus te contra esa autoridad, y que en lo sucesivo se dirige al Yo. La
recursos para limitar la agresividad humana y reducir sus mani- agresión del Superyó respecto del Y o es vivida en la forma del
festaciones con ayuda de reacciones psíquicas de índole ética. De sentimiento de culpabilidad, que el sujeto experimenta entonces
ahí la movilización de métodos que incitan a los hombres a no sólo por haber actuado «mal» —es decir, por haber persegui-
identificaciones y relaciones de amor inhibidas en cuanto a su do satisfacciones pulsionales vedadas por la cultura— sino aun
fin; de ahí la restricción de la vida sexual.»16 En términos laca- cuando sólo hubiese cometido ese mal con el pensamiento. En
neanos, se diría que la civilización sustituye por las relaciones efecto, «la diferencia entre hacer el mal y querer el mal se borra
sexuales la relación sexual imposible.17 totalmente, pues nada puede quedar escondido para el Super-
Entonces, si la civilización exige el sacrificio no sólo de las yó».19 Sin embargo, como las tentaciones crecen en proporción a
tendencias sexuales sino también de la agresividad, ya no puede los renunciamientos, cuanto más «virtuoso» es el sujeto, más le
sorprender que el hombre no pueda ser feliz. Y si aún podemos agobia el sentimiento de culpabilidad. La angustia ante la autori-
esperar un mejoramiento de nuestras condiciones de existencia, dad lo forzó a renunciar a satisfacer sus pulsiones, y la interiori-
«quizá nos familiarizaremos con la idea de que ciertas dificulta- zación de la autoridad obliga al sujeto no sólo al renunciamiento
des existentes están íntimamente enlazadas a la esencia [de la sino que además lo castiga con la persistencia de sus deseos. Esto
civilización] y no pueden ceder a ninguna tentativa de reforma».18 constituye, dice Freud, «un grave inconveniente económico de la
Ahora bien, las tendencias agresivas no son sino las manifes- entrada en juego del Superyó», «se ha trocado una desgracia
taciones, dirigidas hacia el exterior, de la pulsión de muerte. La exterior amenazante —pérdida del amor de la autoridad exterior
civilización sería el teatro de la lucha entre Eros y Tánatos. y castigo por parte de ésta— por un infortunio interior continuo,
Este es el punto en que Freud se separa de sus concepciones a saber, ese estado de tensión propio del sentimiento de culpabi-
anteriores. La civilización ya no es considerada por él, en el más lidad».20
alto grado, como la enemiga de la sexualidad; por el contrario, se En el plano filogenético, el asesinato del padre primitivo sería
presenta como estando al servicio de Eros, en la medida en que el origen del sentimiento de culpabilidad; a causa de la ambiva-
tiende hacia el Uno, hacia la realización de unidades cada vez más lencia de los hijos con respecto al padre, el amor resurgido tras el
amplias. En esta vertiente, el estorbo principal sería la pulsión de crimen produjo la identificación con el padre muerto, cuya ima-
muerte, que representa a las fuerzas de disgregación y dispersión. gen interiorizada pasó a agredir al Y o para castigarlo. La misma
En su lucha contra Tánatos, la civilización no se sirve única- ambivalencia respecto al padre sería el origen de este sentimien-
mente de la sexualización de los vínculos sociales. También em- to en el niño: el anhelo de muerte del padre engendraría esa
plea otra arma, que consiste en producir una vuelta de la agresivi- deuda cuyo pago es a un mismo tiempo imposible y perpetua-
mente exigido por el Superyó. Así, pues, en el sentimiento de
16. Ibíd., pp. 65 y 66.
17. J. Lacan, Seminario XIX, ... Oupire, 15 dic. 71, inédito. 19. Ibíd., p. 82.
18. Malaise dans la civilisation, p. 70. 20. Ibíd., p. 85.

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LO REAL Y LO IDEAL EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

culpabilidad, en la tensión entre el Yo y el Superyó están anuda- Así, pues, no habría conflicto irreductible entre individuo y
dos el amor y el deseo de muerte, Eros y Tánatos. Ahora bien, las sociedad, sino una lucha entre el «Eros eterno» y su «adversario
comunidades amplias poseen una estructura análoga a la familia: no menos inmortal»,24 lucha que reaparece en los dos niveles, el
se cimentan en ese vínculo con el padre que se convierte en del individuo y el de la civilización. La antinomia sexualidad-
adhesión al jefe, pero al extenderse la comunidad y debilitarse el civilización, hasta entonces considerada esencial, no sería sino
vínculo libidinal, el conflicto se exacerba y la civilización no una de las consecuencias del conflicto entre Eros y Tánatos. Pero
logra unir a los hombres de otro modo que reforzando cada vez si así fuera, la liberación sexual no representaría esperanza algu-
más el sentimiento de culpabilidad. «Lo que comenzó con el na de alivio para la humanidad.
padre se completa en la masa.»21 Freud tampoco preconiza remedio alguno para el sentimien-
Para Freud, el sentimiento de culpabilidad es lo que con to de culpabilidad, al que concibe como fundamento del malestar
mayor peso gravita sobre los hombros de los seres humanos. Lo de la civilización. En efecto, no puede considerarse a ésta respon-
presenta como «el problema capital del desarrollo de la civiliza- sable de la formación del Superyó y del sentimiento de culpabili-
ción»,22 y vislumbra el riesgo de que alcance un nivel demasiado dad. La civilización coarta las pulsiones imponiendo prohibicio-
elevado y deje de ser soportable para el individuo. nes, pero la interiorización de tales prohibiciones se efectúa, para
Mientras que la lucha entre Eros y Tánatos caracteriza el cada individuo, dentro del marco del complejo de Edipo, del que
proceso civilizador, la formación del Superyó indica que ella se no se puede decir que lo haya impuesto la sociedad. Hemos visto,
encuentra igualmente en el principio de la evolución del indivi- a propósito de Tótem y tabú, que dicho complejo era estructural,
duo. El conflicto es interior al individuo. Aunque reaparezca a constitutivo tanto de lo humano como de lo social. La fuerza
escala de la evolución de la humanidad, no se puede atribuir a la misma de la autorrestricción, de la autocensura, es tomada de la
civilización la responsabilidad del carácter conflictivo de la exis- pulsión de muerte, de la propia agresividad del sujeto.
tencia humana. El conflicto entre Eros y Tánatos no abarca el Si Freud no ve oposición sustancial entre el individuo y la
existente entre individuo y sociedad, que Freud imputa más bien civilización, ello es en la medida en que considera similares sus
a «una discordia intestina en la economía de la libido, compara- procesos respectivos de evolución. La evolución de la especie
ble a la lucha por el reparto de ésta entre el yo y los objetos»;23 humana, la filogénesis, es del mismo tipo que la del individuo, la
dicho de otro modo, entre la libido narcisista y la libido objetal. ontogénesis. La civilización es el resultado del proceso educativo
Pues bien, añade Freud, en la medida en que este conflicto no es de la humanidad. «Si consideramos las relaciones entre el proce-
irreductible en el individuo, cabe esperar que pueda hallar una so de civilización y el de desarrollo o educación del individuo, no
solución entre el individuo y la sociedad. El verdadero problema vacilaremos por mucho tiempo en declarar que ambos son de
de la civilización reside en la antinomia irreductible de las pul- muy semejante naturaleza, aun cuando no son procesos idénticos
siones de vida y las pulsiones de muerte, y en saber si la civiliza- aplicados a objetos diferentes.»25 «Dada la unidad de naturaleza
ción logrará yugular las fuerzas de destrucción. Ahora bien, el de las metas propuestas: por una parte, agregación de un indivi-
camino que a este fin ha tomado hasta el presente, o sea el duo a una masa humana y, por la otra, constitución de una unidad
reforzamiento del sentimiento de culpabilidad, si bien apunta a colectiva a través de muchos individuos, la homogeneidad de los
proteger a la comunidad no lo consigue más que incrementando medios adoptados y de los fenómenos realizados no puede causar
la fuerza de los poderes autodestructivos. extrañeza.» 25
Pero si la educación supone un educador, ¿qué es lo que
21. Ibíd., p. 91.
22. Ibíd., p. 93. 24. Ibíd., p. 107.
23. Ibíd., p. 102. 25. Ibíd., p. 100.

148 149
LO REAL Y LO IDEAL EL MALESTAR EN LA CIVILIZACION

cumple función de tal para la humanidad? El paralelo establecido hoy. También peca de no prepararlos para la agresividad de la
por Freud conduciría más bien a pensar que la educación (que él que están destinados a ser objetos. Al dejar que la juventud
hace equivaler a un proceso de desarrollo) puede muy bien pres- salga al encuentro de la vida con una orientación psicológica tan
cindir del educador. Tanto con respecto al individuo como con falsa, la educación se comporta igual que si se nos ocurriera
respecto a la humanidad, sería más adecuado hablar de operador equipar a los miembros de una expedición polar con ropas de
de educación, operador que es una estructura, un orden, donde verano y mapas de los lagos italianos. Con lo cual queda demos-
son apresados tanto la humanidad como el niño, y que en Freud trado que ella abusa de las prescripciones éticas. Su severidad
tiene este nombre: complejo de Edipo y asesinato del padre sería menos funesta si la educación dijera: "Así es como los
primordial. El niño consagra su entrada al orden simbólico cons- hombres deberían ser para hallar la felicidad y hacer dichosos a
tituido por el lenguaje, que funda a la humanidad como tal, por el los demás; pero hay que prever que no son así". A cambio de
complejo de Edipo. esto, se deja creer al adolescente que todos los otros hombres
Sin embargo, Freud establece entre ambos procesos una dife- obedecen a estas prescripciones, y que por lo tanto todos ellos
rencia: si bien uno y otro apuntan a realizar la unidad de la son virtuosos. Y si se les deja creer esto, es para justificar la
comunidad humana, la educación tiende a respetar la dimensión exigencia de que él también llegue a serlo.»21
«egoísta» de la búsqueda de la felicidad personal; el programa del La educación revela ser «funesta» cuando mantiene el desco-
principio del placer queda conservado, mientras que a nivel de la nocimiento de los deseos y los conflictos entre éstos. Si la moral
civilización la felicidad no es la meta esencial: «Existe casi la consiste en negarlos en el otro y en uno mismo, no puede sino
impresión de que la creación de una gran comunidad humana se engendrar represión. Pues bien, lo que produce sentimiento de
alcanzaría óptimamente si no hubiera que preocuparse por la culpabilidad no es tanto el renunciamiento deliberado (Urteils-
felicidad del individuo».26 verwerfung) a la satisfacción de estos deseos cuanto su no recono-
Eros, al servicio del cual se encuentra la civilización, podría de cimiento, su represión, inevitable en todo caso para el niño si el
este modo hacer caso omiso del principio del placer —que sin propio educador no quiere saber nada de ellos.
embargo es guardián de la vida— en su mira unificadora. Esta es Así, pues, el alivio del «malestar» en la civilización podría
una de las muchas paradojas que presenta la doctrina freudiana. pasar por el reconocimiento de ese Real de discordia que nues-
Los fines del individuo pueden contradecir los fines cultura- tros deseos constituyen.
les, pero esta contradicción corresponde a la oposición interna
entre las tendencias narcisistas y objetales de la libido. El desarro-
llo del individuo es el producto de estas dos tendencias, y debe
culminar en su conciliación.
Por el contrario, la oposición entre las pulsiones de vida y las
pulsiones de muerte no puede ser objeto de reconciliación algu-
na, y ésa es la realidad —realidad de los deseos sexuales pero
también realidad de los deseos de muerte, de las tendencias
agresivas— que Freud quisiera ver a la educación ayudar al niño a
reconocer:
«El hecho de ocultar a los jóvenes el papel que la sexualidad
jugará en su vida no es la única falta imputable a la educación de

26. Ibíd., p. 101. 27. Ibíd., p. 93, nota 1.

142 143
III

PSICOANALISIS Y EDUCACION
PREFACIO

Mientras que, en El porvenir de una ilusión, Freud parecía orien-


tar sus esperanzas hacia una educación guiada por una ética de la
verdad que sustituyera a la moral basada en la ilusión y el desco-
nocimiento, en Nuevas lecciones introductorias alpsicoanálisis, de 1932,
sus palabras parecen despojadas de todo optimismo y ya no
hacen referencia a aquella educación para la realidad que ante-
riormente anhelaba ver promovida.
El niño, dice, «debe aprender o empezar a aprender a dominar
sus instintos y adaptarse al medio social». Para lograrlo, «es
preciso que la educación, en importante medida, lo fuerce a
ello»...1 «la educación debe inhibir, prohibir, sojuzgar, y en ello
se ha esforzado ampliamente en todo tiempo».2 La coartación de
los instintos engendra, ciertamente, neurosis, pero es «imposible
dejar (al niño) una libertad total [...]. La educación debe, pues,
hallar su cauce entre el Escila del dejar hacer y el Caribdis de la
prohibición».2 Si el problema no es susceptible de solución, con-
viene buscar «el grado óptimo de esa educación, o sea la manera
en que será más beneficiosa y supondrá menos peligros».2 De
todos modos, la educación nunca podrá terminar con una «indó-
cil constitución pulsional».3 La educación no puede sustraerse a
la tarea de adaptar al niño al orden establecido: «La educación
psicoanalítica asumiría una responsabilidad que no le incumbe al
tender a convertir a quienes la reciben en revolucionarios. Su

1. Nouvelles conférences..., p. 194.


2. Ibíd., p. 196.
3. Ibíd., p. 197.

155
PSICOANALISIS Y EDUCACION PREFACIO

tarea consiste en volver a los niños lo más sanos y capaces para el ción analítica. Para suscribirla no hay necesidad ninguna, en
trabajo que sea posible [...] desde todo punto de vista es indesea- efecto, de ser analista, y ni siquiera de estar informado acerca del
ble que los niños sean revolucionarios».4 análisis. No es patrimonio de quien ha recibido una formación
Algunas de estas afirmaciones eran ya de vieja data en Freud: analítica el alcanzar cierta relación auténtica con lo real de la
muchas veces había asegurado que la educación era represiva por condición humana.
naturaleza, y el que apuntase a adaptar al niño a la civilización fue Así, pues, las últimas afirmaciones de Freud acerca de la edu-
uno de los temas desarrollados en El malestar en la cultura. Pero cación parecen desengañadas en lo que atañe a la influencia que
daría la impresión de que en este último texto Freud estuvo más una reforma educativa podría ejercer sobre la profilaxis de las
particularmente atento a marcar los límites de la empresa educa- neurosis. Se presenta a la educación como una cuestión de tacto,
tiva, incluso esclarecida por el psicoanálisis, y a alertar contra las un justo medio, a encontrar en cada caso, entre la libertad y la
esperanzas intempestivas, especialmente en los efectos de un coacción. Pertenece al orden del empirismo, y el psicoanálisis no
liberalismo que él mismo había parecido reclamar. parece capaz de suministrarle bases nuevas. El único auxilio que
Aquí reafirma con vigor que el hombre no puede escapar al el psicoanálisis parece capaz de aportar a la educación y al edu-
renunciamiento pulsional, y que este renunciamiento debe em- cado es de carácter... analítico. No habría educación «analíti-
pezar por ser impuesto desde afuera. Educar al niño sin prohibi- ca» en el sentido de una aplicación del psicoanálisis a la educa-
ciones dejaría de ser provechoso para él. Freud menciona los ción. Pero educador y educado pueden sacar provecho de una
conflictos con el mundo exterior a los que entonces se vería cura analítica.
enfrentado. Pero nosotros podríamos añadir que no por ello el En esta cuarta sección de nuestro trabajo procuraremos escla-
goce le sería más accesible. Además, sin prohibiciones, el deseo recer la índole de las reticencias de Freud, y plantear la cuestión
mismo se le tornaría imposible. de la posibilidad de constituir una pedagogía analítica. Conside-
Así, pues, el psicoanálisis no propone una pedagogía nueva, ni ramos que la reserva de Freud, en particular, halla su fundamento
por los medios —prohibiciones, inhibiciones, restricción—, ni en la existencia de una oposición radical entre el proceso analíti-
por los fines: adaptar al niño a la sociedad. En este texto, la única co y el proceso pedagógico. Si Freud no aporta ningún precepto
aportación del psicoanálisis que Freud indica consiste en la cura educativo nuevo, ello se debe a que la teoría analítica no es
analítica por él preconizada: a título preventivo, para los padres y concluyente en lo que atañe al dominio de la educación. La
educadores, de suerte que éstos, habiendo tomado conciencia de incidencia del psicoanálisis en la civilización moderna no pasa en
lo dañoso de su propia educación, «darán entonces fe de una ma- modo alguno por una reforma educativa: la conmoción que pro-
yor comprensión frente a sus hijos y les ahorrarán muchas prue- duce es de otra índole.
bas que ellos mismos han sufrido»,5 y a título de paliativo, inter- Querríamos demostrar:
viniendo apres coup, para el niño, a fin de corregir los efectos 1) cuál es el desconocimiento en que se apoyan las tesis de
nefastos de la educación. quienes, en contra de la teoría fi ?udiana sobre el carácter esen-
Por consiguiente, no hay en este texto ninguna indicación de cialmente sojuzgante de la educación y la civilización, creyeron
una educación de tipo analítico. La educación con miras a la en la posibilidad de una sociedad y una educación no coercitivas
realidad, preconizada por Freud en El porvenir de una ilusión, aun- y de una liberación sexual del individuo gracias a una reforma de
que basada en un cambio de ética determinado por la experiencia la educación y de la sociedad;
analítica, sin embargo no podría responder a la noción de educa- 2) cuál es la naturaleza de la oposición radical entre el proce-
so educativo y el proceso analítico y de la imposibilidad estructu-
4. Ibíd., p. 199. ral de una utilización del saber obtenido en la experiencia psico-
5. Ibíd., p. 197. analítica en el marco de la relación pedagógica;

156 157
PSICOANALISIS Y EDUCACION

3) las consecuencias de tal oposición en lo concerniente a las 15


relaciones entre la educación y el psicoanálisis de niños;
y, por último:
LAS CRITICAS POS-FREUDIANAS
4) volver a considerar, a la luz de lo que precede, la posibili-
dad de una pedagogía analítica a partir del examen de las tentati-
vas pedagógicas que invocaron su relación con el psicoanálisis.

«Lo verdadero en esta teoría [freudiana], es simple-


mente que la restricción crea la base psicológica
colectiva de cierta cultura, a saber, la cultura pa-
triarcal, en sus diferentes formas. Lo inexacto, es la
afirmación de que la restricción sexual es el funda-
mento de la cultura en general.»
La revolución sexual, Wilhelm Reich.

Autores tan diferentes como Wilhelm Reich, los defensores


del culturalismo americano, los neofreudianos como Erich Fromm
o Herbert Marcuse, han intentado discutir, en nombre del relati-
vismo cultural, la tesis freudiana que sostiene la imposibilidad
de la resolución de la antinomia sexualidad/civilización así
como del conflicto psíquico que constituye su corolario en el
individuo.
Según Wilhelm Reich, la restricción sexual es la consecuencia
de la estructura patriarcal de la sociedad, que encuentra su más
rígida expresión en la sociedad burguesa capitalista. Un cambio
de las estructuras sociales que suprimiera la familia de tipo pa-
triarcal haría posible, a su entender, la abolición de la coartación
sexual y la liberación de la sexualidad, vale decir, el despliegue de
la plena capacidad orgástica del individuo que es condición de
toda felicidad.
Reich se apoya en las ya antiguas tesis de Bachofen sobre la
existencia de una sociedad matriarcal primitiva que habría pre-
cedido a la instauración de la organización patriarcal, tesis muy
controvertida y que no discutiremos aquí.

138 159
) I I 1 1 1 I I I I

PSICOANALISIS Y EDUCACION LAS CRITICAS POS-PREUDIANAS

Reich vuelca sus esperanzas1 en una educación de tipo colec- prohibición del incesto, prohibición que, a la vez, obstruye el
tivista que sustraería al niño a la estructura familiar triangular, acceso a la madre como supremo objeto de goce, haciendo de
permitiéndole de este modo escapar «a la fijación sexual y auto- algo que sería «el Bien Supremo» un bien prohibido, y sanciona,
ritaria respecto a los padres»,2 generadora de represión, es decir, a nivel de lo simbólico, el imposible «reencuentro» con ese
al clásico complejo de Edipo. Tras sus huellas, los estructuralistas objeto, del cual muestra Freud a las claras que está siempre ya
y los neofreudianos, como Erich Fromm, también pusieron en perdido, que sólo se constituye en cuanto perdido.3 Además, lo
cuestión la universalidad del complejo de Edipo. Simbólico no es responsable de tal pérdida, sino únicamente la
El problema es indudablemente central para el propósito de «razón» de ésta. El complejo de Edipo, mito individual, por
este libro. Según Freud, el complejo de Edipo es el agente prin- oposición al mito colectivo que constituye el del padre primitivo,
cipal de la estructuración psíquica del niño; por él pasa el niño es la metáfora de esa entrada en la estructura simbólica, indiso-
del estado animal al estado humano, y constituye así el pivote de ciable de la existencia del lenguaje. No es en modo alguno exigi-
todo proceso educativo. La existencia de la prohibición del in- ble que sea el padre real —el genitor— quien se haga garante de
cesto es en última instancia lo que funda la tesis freudiana de la ella. Tratándose de una función puramente simbólica, puede
índole esencialmente represiva de la civilización, así como de la cumplirla cualquier otra persona y no sólo el genitor; no hay
educación que permite el paso del pequeño sujeto del estado ninguna necesidad de que esta persona esté ligada al niño por un
animal al estado civilizado. No hay parte alguna de la obra de lazo natural cualquiera. Para que el niño tenga acceso al orden
Freud donde se ponga en duda la universalidad de este complejo, simbólico es preciso y basta con que sea tomado en una relación
que hasta el final de su vida consideró como fundador de la triangular de la cual un término funciona como garante de dicho
humanidad. ¿Acaso le atribuye esta función movido por sus pre- orden. Esta estructura se adecúa a las formas más diversas del
juicios etnocéntricos y por su incapacidad para concebir la exis- parentesco pero, aun así, supone precisamente la existencia de
tencia de otras clases de sociedad que las basadas en la familia un sistema de parentesco que defina el lugar del sujeto en una
patriarcal? filiación simbólica y no sólo biológica, y que exige entre el niño y
Muy por el contrario, pensamos que el cuestionamiento de la la madre un tercer término que la funde. Lévi-Strauss demostró a
universalidad del complejo de Edipo descansa en una concepción través de los diferentes sistemas de parentesco la universalidad
errónea y limitativa de su naturaleza. El complejo de Edipo con- de esa estructura que tiene por corolario la prohibición del in-
siste en la superación de la relación dual entre el niño y su madre, cesto.
y en el acceso al orden simbólico, acceso que requiere la existen- Esta interpretación del complejo de Edipo vuelve caduca la
cia de un tercer término cuya función es introducir a ese orden y objeción de Reich y de los culturalistas, así como de los neofreu-
garantizarlo. Tal función de garante radica en la función paterna. dianos, acerca de la tesis freudiana de la universalidad del com-
El padre constituye para el niño la referencia a una Ley que vale plejo de Edipo; por consiguiente, invalida toda esperanza en una
para todos, Ley que se impone al niño en la medida en que es educación que pudiera dispensar al niño de la estructuración
reconocida por la madre. Esta introducción a un orden que lo edípica y del apresamiento de su deseo en el lenguaje, con la
supera pone fin a la relación dual entre la madre y el niño, castración simbólica que ello implica. Ahora bien, la castración
relación que sin ello quedaría librada al «capricho» y la des- simbólica, y en esto consiste la inscripción de la prohibición del
mesura. incesto en el Inconsciente, supone el reconocimiento de la sepa-
Esta Ley se inscribe en el inconsciente con la forma de la ración radical del sujeto respecto del único objeto de un goce sin

1. Cf. La révolutian sexuelle, París, 1968, p. 136. 3. Cf. Freud, «Esquisse d'une psychologie scientifique», La naissance de la psy-
2. Ibíd., pp. 137-138. chanalyse, y J. Lacan, Ecrits, pp. 824-827 en particular. Escritos 1, p. 335-339.

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PSICOANALISIS Y EDUCACION LAS CRITICAS POS-PREUDIANAS

defecto, encarnado por la madre, y, a modo de consecuencia, el Esta civilización se basaría en la «sublimación no represiva».
abandono de todo sueño de armonía, de adecuación sin falla al Desde el punto de vista analítico, estas concepciones no se
mundo. El único objeto está perdido, no tanto por culpa del sostienen. En particular, Marcuse confiere al principio de realidad
padre como por el hecho de que se constituye como perdido, de un carácter histórico, asimilando la «realidad» a una realidad
que todo objeto de deseo no se constituye sino en el lugar de esa social particular; ahora bien, el principio de realidad — en el marco
pérdida, y ahí el padre sólo está para conferir a tal pérdida un
de la teoría freudiana del aparato psíquico— no tiene «conteni-
nombre.
do». Es un principio de funcionamiento que, lejos de oponerse al
Consideramos que la posición de Reich descansa en la reduc- principio del placer, constituye tan sólo una modificación de éste.
ción de la pulsión sexual a una necesidad que, como tal, debería y Tal como Freud lo concibe, el principio de realidad no podría ser
podría ser satisfecha. Pero Reich desconoce el hecho de que la asimilado a un principio de rendimiento. Fuera de esto, Marcuse
sexualidad humana pasa por el desfiladero del lenguaje, se en- identifica curiosamente primacía de la genitalidad y coartación
cuentra sometida al juego del significante y, con ello, al desliza- de la sexualidad. Como dice Erich Fromm: 6 «Eros y civilización
miento metonímico característico del deseo, deslizamiento don- ofrece al hombre nuevo de la sociedad no represiva, a manera de
de queda revelada la insaciabilidad a la que está destinado.4 El ideal, la reactivación de su sexualidad pregenital y particular-
registro del deseo, en tanto que es dependiente del lenguaje, se mente de las tendencias sádicas y coprofílicas. De hecho, el ideal
constituye por oposición a la necesidad, y a menudo hasta el de la "sociedad no represiva" de Marcuse parece ser un paraíso
punto de no sostenerse más que de la no satisfacción de ésta, infantil donde todo trabajo es un juego, y de donde están exclui-
como lo hace ver la experiencia analítica. El deseo está ligado por dos todo conflicto serio y toda tragedia. Jamás llega a abordar el
esencia a la prohibición, es decir, a la palabra que lo constituye. problema del conflicto entre este ideal y la organización de una
De este modo, una sexualidad libre significaría una sexualidad industria automatizada».
liberada del parasitismo del significante, de su conquista por el A través de su rebelión contra la primacía de lo genital, a
lenguaje; vale decir que ella es inconcebible en el ser hablante. través de su reivindicación en favor de las figuras de Orfeo y de
Marcuse, por su lado, afirma su fe en una nueva forma de Narciso, también Marcuse apunta a una civilización, a un orden
civilización venidera que sería «libidinosa no represiva». El asi- humano que prescindiría del complejo de Edipo y de la prohibi-
mila esta liberación de la sexualidad a la del principio del placer ción del incesto. Cuando da por modelo a la civilización venidera
respecto al principio de realidad, el cual, en el ámbito de nuestra las «imágenes órficas-narcisistas [que] son las de la Gran Negati-
civilización, tomaría la forma de lo que denomina «principio de va: negativa a aceptar la separación respecto al objeto (o al
rendimiento». Marcuse basa esta esperanza en el alivio que el sujeto) libidinoso... negativa [que] tiene por meta la liberación, la
desarrollo de las fuerzas productivas es susceptible de aportar a reunión de lo que fue separado»,7 a lo que él mismo se niega es a
las constricciones ejercidas por la Ananké, la necesidad vital. La la necesidad de la castración simbólica (en cuanto simboliza
libido, cuyo sojuzgamiento dejaría de ser necesario, sexualizaría la separación del objeto primordial) correlativa a la existencia
el conjunto de las relaciones sociales; el trabajo se transformaría de un orden de lenguaje, y a la necesidad para el ser hablante de
en un juego erótico, «el cuerpo, que ya no sería utilizado como hacer su duelo de la esperanza de que un progreso cualquie-
instrumento de trabajo a tiempo completo, se resexualizaría; ra le acerque alguna vez a lo que sería el Bien supremo.
asistiríamos de tal modo al renacimiento de la sexualidad poli- Tanto Marcuse como Reich y los culturalistas, pretenden
morfa pregenital»5 y a la «declinación de la supremacía genital».5 fundar sus tesis en los descubrimientos extraídos de la experien-

4. Cf. J. Lacan, Ecrits, p. 515. Escritos 1, p. 200.


6. La crise de la psychanalyse, París, 1971, p. 38.
5. Eros et civilisation, París, 1963, p. 176.
7. Eros et civilisation, p. 151.

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PSICOANALISIS F ED UCA CION

cia analítica. Pero todos, con llamativa firmeza, cuestionan lo que


16
Freud consideraba como la piedra angular de la teoría analítica:
el complejo de Edipo, en el que se resumía para él la esencia del PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO
descubrimiento analítico, con los conceptos de Inconsciente y
libido. Es que, en efecto, la existencia del complejo de Edipo
implica ciertas consecuencias que estos autores muestran hasta
qué punto son difíciles de aceptar el renunciamiento a la idea de
progreso, correlativo a la invalidación de cualquier perspectiva
que postule la existencia de un Bien, de una adecuación posible
del sujeto al mundo, a los otros y a sí mismo, y la caducidad de
todo ideal de completud. Que no haya Bien supremo para el «ser
hablante», que por esta vía no quepa esperar progreso alguno,
Freud renunció a alimentar esperanzas, por lo que atañe a la
que todo «ser hablante» tenga, por el contrario, la misión de
profilaxis de las neurosis, en una reforma pedagógica que, extra-
afrontar esa ausencia radical no es, por cierto, consolador.
yendo las consecuencias de los descubrimientos del psicoanálisis
La prohibición del incesto, jamás enunciada, siempre incons-
sobre los efectos patógenos del sojuzgamiento de las pulsiones y
ciente, tiene por corolario la represión de los deseos incestuosos;
de la represión que el mismo acarrea, se esforzaría en evitar tales
incluso podría decirse que estos deseos se constituyen al mismo
efectos limitando el papel de la prohibición en los métodos
tiempo que son reprimidos, en cierto modo con el mismo movi-
educativos. Hemos visto que llegó a considerar que las presiones
miento. De esa represión lógicamente, ya que no cronológica-
exteriores juegan en definitiva un papel mucho más restringido
mente, primera, siguen todas las otras, con su cortejo de síntomas.
de lo que en un principio había creído. Recusa de este modo la
No hay humanidad sin neurosis, no hay civilización —tomada en
validez de una «educación analítica» en el sentí una educa-
el sentido de aculturación— sin malestar. Ninguna reforma pe-
cióxi .basada en una-Ape.rmismckdii-.que. dispensaría al niño de
dagógica, ninguna transformación social permitirán eximirse de
represiones y conflictos.
esta consecuencia de la existencia del lenguaje: el Inconsciente.
Sin embargo, ¿podría fundarse una «educación analítica» en
otro sentido, en el sentido de que la relación pedagógica podría
encontrar un modelo en la relación analítica, proponerse los mis-
mos fines que la cura analítica y utilizar métodos similares?
Freud comparó reiteradamente el proceso analítico a una
«pos-educación» (Nacherziehung): «Si así lo quieren, pueden uste-
des considerar él tratamiento psicoanalítico ni más ni menos que
como la prolongación de la educación orientada a superar los
residuos, de laInfancia». 1 En 1916 (en Varios tipos de carácter descu-
biertos en la labor analítica), asigna al tratamiento analítico la misma
misión que a la educación tal como la había definido en Los dos
principios del funcionamiento mental: «El paciente es llevado por el
médico a pasar del principio del placer al principio de realidad,

1. S.E. T. XI, p. 48.

165
164
PSICOANALISIS Y EDUCACION PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO

paso por el cual la madurez se distingue de la infancia. [...] En este ser comparado a una reeducación, es preciso no dejarse confun-
trabajó depós-edücáción, probablemente no hace más que repe- dir por esta idea; hay una gran diferencia entre un niño, inclusc
lí tir el proceso educativo primitivo».2 un niño descarriado y asocial, y un neurótico adulto, como hay
En otros textos, sin embargo, se muestra particularmente mucha distancia entre una reeducación y la educación de un ser
preocupado por alertar a analistas y educadores contra una con- en pleno crecimiento. El tratamiento psicoanalítico-repasa en
fusión de sus tareas respectivas, aportando así restricciones en condiciones muy precisas que pueden resumirse con el término
cuanto a la analogía de ambos procesos. En sus Consejos al médico en de "situación analítica"; exige la formación de estructuras psico-
el tratamiento psicoanalítico (1912), prescribe a los analistas no abu- lógicas determinadas, una actitud particular respecto al analista.
sar de la función educativa que, dice, les incumbe aun cuando no Allí donde ella no existe—en el niño, en la adolescente asocial, y
lo quieran: «Se entiende que [el analista] vea entonces como una como regla general también en el delincuente dominado por sus
cuestión de honor el convertir al sujeto cuya neurosis requirió pulsiones—, es preciso acudir a otros medios distintos del análi-
tantos trabajos en alguien particularmente destacado, y le pro- sis, sin perjuicio de apuntar al mismo objetivo».5 '
ponga apuntar alto. Pero también aquí debe saber el médico ¿En qué resultan comparables el proceso analítico y el proce- ¡h
dominarse y considerar menos sus propios deseos que la capaci- so educativo, y en qué medida se los debe no obstante distinguir? y
dad de su paciente. [..,] El orgullo educativo es tan poco deseable Partiendo de los textos que acabamos de citar, podemos plantear
como el orgullo terapéutico». 3 Es cierto que Freud dirige una quej^l proceso analítico y el proceso educativo poseen al menos j
advertencia análoga a los propios educadores que, según dice, en u n a j ^ a coffiúriT aségirraréCel niño y enel paciente kdo®iná- [
este plano tienen "uña responsabilidad mayor aun que eTanaíista. ción d,el principio de realidad sobre eTpr'iricipio del placer. Freud f
En efecto, como apunta en el prefacio al trabajo de Pfisterf«El indica igualmente que poseen en común un medio de acción: el \
médico tiene que habérselas con personas adultas de estructuras ^ o d e t de, sugestión conferido por el amor que el niño, o el
psíquicas rígidas, lo cual confiere un límite a su acción pero paciente, dirigen al educador o al psicoanalista: «Digamos que el '
también comporta la garantía de la capacidad del paciente para médico, en su trabajo educativo, se vale de una de las componen-
arreglárselas solo. El educador, por el contrario, trabaja sobre tes del amor». 6 «El médico hace cuanto puede por [el paciente]
una materia maleable, y JeKe considerar un deber, el no modelar con ayuda de la sugestión, que opera en un sentido educativo.»7
al joven espíritu en función de sus ideales personales, sino más Si Freud pone en guardia a educador y analista contra el abuso de
bien en función de las predisposiciones y posibilidades-del su- poder consistente en utilizar la sugestión para modelar al sujeto
jeto».4 —niño o paciente— en función de ideales personales, es porque
En 1925 se dirige al educador formado en los métodos psico- la sugestión constituye un poderoso instrumento del cual dispo-
^ analíticos y lo hace para que no confunda su tarea con la del nen ambos.
] analista: «La obra educativa es de una naturaleza particular, no La hipnosis, al igual que todo arte de gobierno, no posee otra
J debe ser confundida conTós modos dé acCiÓn del psicoanálisis ni herramienta. En Psicología de las masas y análisis del Yo, Freud pre-
puede ser reemplazada por ellos. La educación puede recurrir al sentó el modelo teórico que explica el fundamento psíquico de la I
í análisis de. un niño con el carácter de técnica auxiliar pero no sugestión. El hecho de ocupar un sujeto el lugar del Ideal-del-yo i
\ equivalente, por razones tanto teóricas como prácticas. [...] Si de otro sujeto le confiere el poder de someter este último a su i
\ bien es cierto que el psicoanálisis de un adulto neurótico puede palabra, la cual, desde ese momento, es ley, tanto más cuanto i

2. S.E. T. XIV, p. 312. 5. Prefacio al trabajo de Aichhom, S.E., T. XII, pp. 274-275.
3. La tecbniquepsychanalytique, edición francesa, pp. 69-70. 6. Quelques caracteres rencontrés enpsychanalyse, S.E., XIV, p. 312.
4. S.E. T. XIII, p. 331. 7. Introduction a la psychanalyse, S.E. XVII, p. 451; ed. francesa, p. 429.

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PSICOANALISIS Y EDUCACION PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO

más maleable es la estructura psíquica del sometido. Toda in- sables, relaciones que condicionan en parte la victoria sobre
fluencia que un sujeto pueda ejercer sobre otro se opera de esta la inadaptación social. La expresión '.'sustituto del padre", que de
manera. buena gana empleo cuando hablo del educador, encuentra aquí
La instancia del Ideal-del-yo, de la que el evocador usa para su plena justificación. ¿Cuál es el medio más importante para el
afirmar su poder, es el producto de la identificación primitiva al reeducador? La transferencia».10
padre (o al que ha cumplido su función cerca del niño), iden- ¿Es según este modelo como debe entenderse el proceso
tificación reforzada en la etapa del complejo de Edipo. Esta analítico? La meta de la cura analítica, ¿ consiste en una remode-
identificación constituye el núcleo que vendrán a enriquecer lación, a través de la identificación al analista, del Ideal-del-yo del
las identificaciones ulteriores con las personas que serán llevadas paciente? Muchos analistas creyeron poder afirmarlo. Richard
a ocupar el lugar del Ideal-del-yo, como los maestros y educado- Sterba afirmó que el factor terapéutico esencial en una cura
res, «Poco a poco [el Ideal-del-yo] toma de las influencias del analítica residía en la disociación que se efectúa en el seno del Y o
medio todas las exigencias que éste plantea al Yo.» 8 E|,$ta£eso del paciente, disociación que corresponde a los procesos de for-
educativo requiere así que el educador ocupe el lugar del Ideal- mación del Superyó (o Ideal-del-yo): «Por medio de una identifi-
del-yo, de suerte que el educado se someta a sus exigencias, y cación —del analizado con el analista— juicios y evaluaciones pro-
también con el fin de que, por haber tomado ciertos rasgos del cedentes del mundo exterior son recibidos en el Yo y comien-
educador, el propio Ideal-del-yo del educado reciba su influencia. zan a cobrar efecto en el interior de éste».11 James Strachey
A partir de la integración de estas exigencias el educado se cftípca considera asimismo que la influencia terapéutica del psicoanáli-
H^qHK realidad. «Entre las funciones sis reside en las modificaciones del Superyó del paciente, resul-
reservadas al Ideal-del-yo» se encuentra «el ejercicio de la prueba tantes de la identificación al analista. La acción terapéutica del
de realidad».9 psicoanálisis es explícitamente asimilada por él a la de la hipnosis:
En su obra Jeunesse a l'abandon, August Aichhorn muestra que «[el paciente] tiende a aceptar al analista, de una u otra manera,
la función del Ideal-del-yo puede hallarse en el origen de la como sustituto de su propio Superyó. Creo que al respecto pue-
delincuencia, la inadaptación social y los trastornos caracteroló- de recogerse, modificándola ligeramente, la feliz expresión de
gicos del adolescente, como por otra parte del adulto. Conoce- Radó acerca de la hipnosis [según la cual el hipnotizador es intro-
dor de las teorías freudianas, fue capaz de formular por qué yectado bajo la forma de un u Superyó parásito"] y decir que, en
cauces lograba, en su condición de educador de jóvenes delin- el análisis el paciente tiende a hacer del analista un "Superyó
cuentes, dar una mejor orientación a su desarrollo: «Por lo que auxiliar"». 12 Para William Hoffer, así como para Marión Milner,
sabemos, sólo a partir de una nueva orientación de suTdeal-del- lo que consagra el fin de la cura analítica es la identificación con
yó puede haber un cambio de carácter en el asocial. Esto sólo las funciones del analista.13
puede producirse por la integración de nuevos rasgos de perso- Sin embargo, lo que Freud sostiene en Introducción alpsicoanáli-
nalidad. El primer objeto del que puede tomar esos rasgos es el sis sobre la especificidad del método psicoanalítico en relación
educador. Este representa el objeto más importante a partir del •
cual el niño o el adolescente asocial pueden alcanzar a posteriori
las identificaciones al padre que no tuvieron lugar o que resulta- 10. Jeunesse a l'abandon, París, 1973, pp. 211-212.
11. R. Sterba, «The Fate of the Ego in Analytic Therapy», InternationalJournal
ron fallidas. A través del educador y por éste, el niño establecerá of Psycho-Analysis, 1934, n.° 2/3. La traducción es nuestra.
igualmente con sus compañeros las relaciones afectivas indispen- 12. J. Strachey, «The Nature of Therapeutic Action of Psycho-Analysis»,
I.J.P., 1934, n.° 2/3.
13. W. Hoffer, «Three Psychological Criteria of Termination of Treatment»,
8. Essais de psychanalyse: Psychologie collective et analyse du Moi, ed. francesa, p. 132. IJ.P., 1950, n." 3, pp. 194-195; y M. Milner, «A note on the Ending of an Analysis»,
9. Essais de psychanalyse, ed. francesa, p. 138. IJ.P, 1950, n.° 3.

168 167
PSICOANALISIS Y EDUCACION PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO

con las otras terapias basadas en la sugestión, permite oponerse a El psicoanálisis procede, retomando una expresión de Leo-
semejante interpretación del proceso analítico y del objetivo de nardo de Vinci,per via di levare-, levantamiento de las represiones,
la cura. destrucción de la raíz de la transferencia, y si utiliza la sugestión
Es cierto que cuando el analista se sirve de la transferencia es sólo con este fin. En cambio, los tratamientos basados en la
hace lo mismo que el hipnotizador. «La "sugestibilidad" no es sugestión proceden per via di porre, por añadido. A este título
otra cosa que la tendencia a la transferencia concebida de una puede decirse que la educación, que opera por modelación del
manera un tanto estrecha, es decir, con exclusión de la transfe- Ideal-del-yo a partir de la aportación de rasgos identificatorios, se
rencia negativa»14 [...] «y tenemos que percatarnos de que si en emparenta más bien con esta última técnica.
nuestra técnica hemos abandonado la hipnosis, también fue para Educación y tratamiento por sugestión deben ser situados en
descubrir nuevamente la sugestión bajo la forma de la transferen- la misma vertiente. Se sirven de idénticos medios —ocupar en la
cia».15 Pero la analogía se detiene aquí. En efecto, Freud prosi- transferencia el lugar del Ideal-del-yo del sujeto— y se proponen
gue: «La terapéutica hipnótica busca recubrir y enmascarar algo los mismos fines: reforzar el Ideal-del-yo del sujeto, así como su
en la vida psíquica; la terapéutica analítica, por el contrario, yo. Si bien el análisis utiliza la transferencia, su fin es en cambio
busca ponerlo al desnudo y apartarlo. La primera actúa como un muy diferente, en la medida en que se propone disolver la trans-
procedimiento cosmético, la última como un procedimiento qui- ferencia: mediante la interpretación de sus raíces inconscientes,
rúrgico. Aquélla utiliza la sugestión para prohibir los síntomas, que son edípicas. El analista persigue su propia destitución del
refuerza la represión pero deja intocados todos los procesos que Ideal-del-yo de su paciente. El análisis de la transferencia, que
culminaron en la formación de los síntomas. Al contrario, la corresponde a la resolución del conflicto edípico, va socavando
terapéutica analítica, cuando se halla en presencia de los conflic- por lo demás toda posibilidad de transferencia ulterior, y libera al
tos que engendraron los síntomas, intenta remontarse hasta la analizado de su dependencia infantil respecto a la instancia del
raíz y se sirve de la sugestión para modificar en el sentido que ella Ideal-del-yo. En efecto, la transferencia es índice seguro de una
\ desea la salida de tales conflictos».16 no resolución del complejo de Edipo, como escribe Freud en
Pero el psicoanálisis no se contenta con ser un «tratamiento 1926: «La transferencia es la prueba de que los adultos no han
por la sugestión de un género particularmente eficaz».17 Su espe- superado su dependencia infantil primitiva».19 El analista no de-
cificidad reside en el hecho de que «en cualquier otro tratamien- be considerarse un educador: «Por más que al analista le tiente
to sugestivo la transferencia es cuidadosamente preservada, de- convertirse en educador, en modelo, en ideal para otros, y crear
jada intacta; el tratamiento analítico, por el contrario, tiene por hombres a su imagen, nunca debe olvidar que ésa no es su tarea
objeto a la transferencia misma, a la que procura desenmascarar y en la relación analítica, y que en verdad faltaría a sus deberes si se
componer sea cual sea la forma que revista. Al final del trata- dejara llevar por tal inclinación. Si lo hiciese, estaría repitiendo el
miento analítico la propia transferencia debe ser destruida, y si se error de los padres que trituran la independencia de su hijo bajo
obtiene un éxito durable, este éxito descansa no sobre la suges- su influencia, y reemplazaría una dependencia anterior por una
tión pura y simple sino sobre los resultados obtenidos gracias a la nueva».20 Sólo renunciando al poder que le confiere la transfe-
sugestión: supresión de las resistencias interiores, modificacio- rencia puede cumplir su misión hasta el final.
nes internas del enfermo». 18 Por su parte, también Ernest Jones destacó la antinomia entre
el propósito de refuerzo del Ideal-del-yo a partir de la identifica-
14. Introduction a la psychanalyse, ed. francesa, p. 423.
15. Ibíd., p. 425.
16. Ibíd., p. 428. 19. S.E. XX, pp. 268-269.
17. Ibíd., p. 429. 20. Abrégé de psychanalyse, S.E. XXIII, p. 175. «Compendio del psicoanálisis»,
18. Ibíd., pp. 429-430. O.C, III (p. 3.379).

171 167
PSICOANALISIS Y EDUCACION PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO

ción narcisista, y las metas del psicoanálisis. Demostró que el asegurar la dominación de las pulsiones sexuales. Poco le impor-
refuerzo del Ideal-del-yo tiene por corolario un refuerzo de las ta que merced al refuerzo del narcisismo las pulsiones .acaben
represiones, pues vuelve al sujeto más capaz de mantenerlas sin sucumbiendo a la represión, con tal que el Ideal-del-yo del edu-
síntomas. El análisis, en cambio, al proponerse levantar las resis- cado logre conservarlas en el Inconsciente. El educador procura
tencias y las represiones, no podría apoyarse sobre un refuerzo contrabalancear el displacer ligado al renunciamiento pulsional
del narcisismo del paciente, en la medida en que con ello no haría mediante las satisfacciones narcisistas que aporta el Ideal-del-
más que incrementar las resistencias al exacerbar el conflicto yo.23 El analista, por el contrario, en su esfuerzo por levantar las
entre las pulsiones eróticas y el Ideal-del-yo, conflicto éste que se represiones, tiene que luchar contra un displacer de origen narci-
halla en el origen de la represión. «Vemos pues que las metas sista, que encuentra su fuente en la instancia del Ideal-del-yo. Sus
perseguidas por el hipnotizador y por el analista son diametral- aliados en esta lucha son precisamente las fuerzas pulsionales
mente opuestas. Mientras que el primero busca realmente refor- combatidas por el educador las pulsiones sexuales que el narci-
zar el narcisismo del paciente, el último se afana en orientarlo sismo teme. Desde el punto de vista tópico y dinámico, la acción }
hacia formas más avanzadas de actividad psíquica. La situación del educador y la del analista son exactamente contrarias. El J
psicológica [identificación narcisística] más favorable a los fines primero se alia al Ideal-del-yo contra el Ello, utiliza el placer- 1
del primero, revela ser fatal para los del segundo.»21 displacer narcisista para refrenar las pulsiones sexuales autoeró-
^ Si la educación se caracteriza por apuntar a la formación y ticas; el segundo se apoya en el Ello, en las fuerzas procedentes
refuerzo del ídeal-del-yo. entonces cabe preguntarse cómo debe de los deseos reprimidos que no aspiran más que a manifestarse,
entenderse a Freud cuando afirma que el psicoanálisis es una pos- y debe combatir al narcisismo, que se opone, mediante el displa-
educación. Volvamos a los textos: «El descubrimiento del in- cer, al levantamiento de la represión. Si el analista ocupa en la
1 consciente, su traducción, se realizan a pesar de la resistencia
transferencia el lugar del Ideal-del-yo, debe cumplir ahí el rol del
continua que el paciente opone. La aparición del inconsciente se muerto (y éste es uno de los aspectos de lo que llaman neutrali-
asocia a un sentimiento de displacer, y de ahí la oposición por dad del analista): a diferencia del educador, desde este lugar no
parte del analizado. Es preciso entonces que penetren ustedes en debe enunciar ninguna exigencia, a fin de no bloquear el proceso ^
el meollo del conflicto psíquico. Si conducen al enfermo a acep- psicoanalítico. El educador se propone que el educado logre
tar, por obra de una mejor comprensión, lo que hasta entonces superar el displacer resultante de la frustración de las pulsiones
había rechazado (reprimido) a consecuencia de una regulación sexuales; el analista, que el analizado
automática del displacer, habrán cumplido en buena parte un ideal narcisista cuando debe hacer frente a la verdad, es decir, que
trabajo educativo» [...] «Grosso modo, el tratamiento psicoanalí- reconozca la realidad de sus deseos inconscientes..Puede "decirse
tico puede ser considerado como una especie de reeducación que que si el psicoanálisis es una reeducación, esto debe entenderse
' enseña a vencer las resistencias interiores.»22 Al igual que el en el sentido de que es una educación al revés. Y precisamente en
educador, el analista incita al paciente a superar el displacer. esta medida no se puede proceder a ella si la primera no ha tenido
Como él, utiliza para este fin las armas de la transferencia. Pero el lugar. La labor del educador consiste en contribuir a la formación-
analista no se alia a las mismas potencias ni persigue los mismos
| fines. El educador toma apoyo en el narcisismo del educado para 2 3. Georges Snyders (La Pédagogie en Prance aux XVIle et XVIlie siecles) muestra
a las claras la lógica de un tipo de educación que, como la de los jesuítas,
proponiéndose sofocar los deseos del educado a fin de volverlo más dócil a la
Autoridad, no dispone más que de la pasión narcisista, pasión de la ilusión por
21. «La nature de l'autosuggestion», 1923, Théorie etpratique de lapsychanalyse,
excelencia, a la que exalta mediante la emulación. Su estudio esclarece de un
París, 1969.
modo ejemplar el vínculo entre una educación de tipo autoritario que tiende por
22. «De la psychothérapie» (1904), La technique analytique, ed. francesa, p. 20-
una parte a la sumisión del educado y al sojuzgamiento de las pulsiones, y por la
21. «Sobre psicoterapia», O.G, I (p. 1.007).
otra a la exaltación del narcisismo.

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173
PSICOANALISIS Y EDUCACION PROCESO EDUCATIVO Y PROCESO PSICOANALITICO

del Ideal-del-yo, que cumple una función reguladora, normali- presiones sociales, ¿el educador estaría por ello en condiciones
zante, indispensable. La cura analítica, por otra parte, supone de guiar al educado hasta la disolución del complejo de Edipo,
que las diversas instancias psíquicas se encuentren instaladas. El condición de la independencia psíquica y la madurez? ¿Se trata
/análisis no puede ser el sustituto de la educación, puesto que es de un proceso sobre el cual pueda ejercerse su maestría?
I su revés.
Para este mismo punto de vista, la educación se situaría del
lado del narcisismo, de lo «imaginario», del ideal, del lado de «la
ilusión». El educador, cuyo poder emana de la transferencia, no
puede aspirar en cuanto tal a deshacerse de él, ya que la instancia
del Ideal-del-yo y la posibilidad de la transferencia fundaji el
poder de todo conductor de hombres, educador o gobernador.
¿Es que la misión del educador consistiría en asegurar—gracias a
lo que podría llamarse «educación imaginaria», educación del
narcisismo— las condiciones de posibilidad del sometimiento del
educado a la figura del «maestro»? Si se atiende a sus efectos más
corrientes, tal parecería ser la mira ordinaria de la educación.
Freud, sin embargo, insinúa que una educación acabada, o
sea exitosa, debería permitir la- superación-de^ la, dep¿xden-
cia del sujeto frente a las figuras parentales.24 Educador y ana-
lista deberán proponerse, a través de, la resolución_dej^ com-
plejo de Edipo, su propio eclipsamiento como figura ideal. Pero
en este caso, ¿podría seguir apoyándose la educación en el narci-
sismo del educado? La disolución del complejo de Edipo no
puede cumplirse sino mediante la superación del narcisismo, lo
cual supone la aceptación de la castración simbólica. Resolución
del complejo de Edipo y refuerzo del Yo y del Ideal-del-yo mues-
tran ser antinómicos, como el psicoanálisis y la hipnosis. Una
educación tendente al mismo objetivo que el análisis, y cuya
posibilidad Freud sugirió en su prefacio al trabajo de Aichhorn,
debería renunciar a apoyarse en el narcisismo. ¿Pero, es esto
posible? Por otra parte, no hay que olvidar que incluso allí donde
la educación de enfoque analítico fracasa, significa en cambio un
éxito con respecto al poder político, dado que favorece la identi-
ficación del Ideal-del-yo al Amo, nervio motor de la «servidum-
bre voluntaria».
Fuera de esto, aun si la educación pudiera liberarse de las

24. Cf. en particular Lespremierspsychanalystes - Minutes de la Sociétépsychanalyti-


que de Vienne, T. II, p. 352.

174 167
n

17

EL ANALISIS DE NIÑOS:
¿PSICOANALISIS O PEDAGOGIA?

Si es cierto que, tal como creemos haberlo demostrado, el psi-


coanálisis es una «educación al revés», ¿cómo es posible el psico-
análisis de niños, que se dirige a seres cuya educación está aún
inconclusa? ¿Qué relaciones concretas pueden existir entre la
cura analítica del niño y la educación? ¿Confirman los analistas
de niños la tesis de la oposición entre el proceso analítico y el
proceso pedagógico?
Las obras de Anna Freud y Melanie Klein ofrecen dos puntos
de vista diametralmente opuestos respecto a las relaciones entre ¡
el análisis de niños y la educación. Para Anna Freud, el análisis de
niños debe ser asociado a medidas educativas. Melanie Klein con- \
sidera, por el contrario, que el análisis de niños sólo es posible si
el analista se abstiene de ejercer una acción pedagógica sobre el y
pequeño analizado.
Anna Freud, quien al igual que Melanie Klein fue una de las
pioneras del psicoanálisis de niños, afirma en 1928 la imposibili-
dad de establecer una relación puramente analítica con un niño.
Según ella, las condiciones del proceso analítico, tal como fueron
descubiertas en relación con los adultos, no pueden cumplirse en
el niño. La técnica debe ser modificada: a los medios purámente
analíticos es preciso asociarles medidas pedagógicas.
Es así como las condiciones para la entrada del adulto en
análisis —sufrimiento y aceptación del tratamiento— deben ser
producidas artificialmente gracias a lo que Anna Freud denomina
un «amaestramiento para el análisis»,1 período preparatorio du-

1. Le traitement psychanalytique des enfants, París, 1969, p. 15.

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PSICOANALISIS Y EDUCACION EL ANALISIS DE NIÑOS: ¿PSICOANALISIS 0 PEDAGOGIA?

rante el cual el analista se esforzará por inducir al niño a pasar de sión, en cualquier momento, el trabajo en común?». 4 Anna Freud
su actitud primitiva a la actitud ideal del paciente adulto. En justifica estas infracciones por la necesidad de adaptar la técnica a
otros términos, tratará de suscitar en el niño una demanda. Allí una situación nueva, a fin de realizar las condiciones de posibili-
donde el sufrimiento esté ausente—cuando el niño, por ejemplo, dad del análisis. El trabajo analítico propiamente dicho sólo po-
es llevado al analista por sus padres a raíz de trastornos del drá comenzar una vez artificialmente creadas la conciencia de la
comportamiento que incomodan ante todo a su medio circun- enfermedad y la confianza en el análisis. Pero incluso en este
dante— Anna Freud intentará provocar el sufrimiento psíquico nivel, las técnicas habituales del análisis de adultos no pueden
exigido según ella para la entrada en análisis, poniendo al niño en utilizarse tal y como son, porque no es posible inducir al niño a
oposición consigo mismo, llevando a cabo una «escisión en el Yo que proporcione «asociaciones libres». Además, el motor esen-
íntimo del niño»,2 sugiriéndole, por ejemplo, que está «enfermo» cial de la cura de adultos, la neurosis de transferencia, en él no
y a punto de volverse loco. La aceptación del tratamiento, la puede ser producida.
confianza en el analista, serán obra de la instauración de una En efecto, según Anna Freud, en el caso del niño la reedición
transferencia positiva del niño a su respecto, transferencia que el de las relaciones con sus padres dentro del marco del análisis, ya
analista obtiene volviéndose «indispensable para el niño» hasta que en esto consistiría la neurosis de transferencia, es imposible
lograr un «estado de completa dependencia».3 por cuanto la primera edición no ha sido aún agotada. Dicho de
Anna Freud es bien consciente de que ios medios que utiliza otro modo, el hecho de que en la realidad el pequeño se encuen-
para hacer posible el análisis infantil contrarían las reglas analíti- tre todavía vinculado a sus padres, es un obstáculo para el des-
cas habituales: «Consideren una vez más mis diferentes procedi- plazamiento sobre el analista de sus relaciones afectivas con
mientos: hago a la chiquilla una firme promesa de curación, aquéllos. El analista no puede menos que compartir con los pa-
estimando que no es posible exigir a un niño que se interne por dres el afecto y el odio del niño.5
un sendero desconocido con una persona extraña, si el resultado El peso de la realidad sobre la relación analítica se manifiesta
no se muestra certero. De este modo respondo a su evidente igualmente en el hecho de que el material mismo deberá, según
deseo de ser dirigida con autoridad y llevada de un modo seguro. Anna Freud, ser obtenido con la familia, y consistirá en lo que
Me propongo a la niña como aliada y critico con ella a sus padres. sucede no en el ámbito de la sesión sino en el de la familia; de allí
En otro caso, emprendo una lucha secreta contra el medio que la necesidad de un «servicio permanente de informaciones».6
rodea al pequeño y procuro ganar su afecto utilizando todos los , Anna Freud considera que para la instauración de una verda-
recursos posibles. Exagero la gravedad de un síntoma y asusto al dera neurosis de transferencia habría que separar al niño de su
paciente para alcanzar mi fia Por último, me insinúo a la con- familia. Por otra parte, el analista de niños no puede ser un buen
fianza del niño y me impongo a seres que están persuadidos de objeto de transferencia en la medida en que, para preparar al
poder salir perfectamente del aprieto sin mi ayuda ¿Qué queda niño para el análisis, se vio forzado a abandonar su «neutralidad»:
de la reserva prescrita al analista, de la prudencia con que la «La acción educativa que se mezcla íntimamente con el análisis
curación, o sólo la posible mejoría, es presentada ante los ojos [...] tiene por resultado que el niño sabe muy bien lo que es
del paciente como una perspectiva incierta? ¿Qué queda de la deseado o temido por el analista, lo que él aprueba y lo que
reserva absoluta en cuanto a las cosas personales, de la sinceridad censura».7
absoluta sobre la apreciación de la enfermedad y de la entera
libertad concedida al paciente para interrumpir por propia deci-
4. Ibíd., pp. 26-27.
5. Ibíd., p. 50.
2. Ibíd., p. 22. 6. Ibíd., p. 52.
3. Ibíd., p. 20. 7. Ibíd., p. 52.

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PSICOANALISIS Y EDUCACION EL ANALISIS DE NIÑOS: ¿PSICOANALISIS 0 PEDAGOGIA?

El análisis de niños se distingue también del análisis de adul- En todo caso, ésta es la dirección en que Melanie Klein orien-
tos en cuanto al fin perseguido. Con los adultos la cura analítica ta su crítica de las tesis de Anna Freud. Melanie Klein demuestra
apunta a obtener el levantamiento de las represiones. Ese es su que con los recursos mismos que pone en práctica para «adaptar»
único objetivo. Al analista le está vedado el dar a las pulsiones así el psicoanálisis a los niños, Anna Freud introduce un obstáculo
liberadas una orientación cualquiera. Pues bien, Anna Freud insuperable al establecimiento de una verdadera relación analíti-
entiende que con el niño no sucede lo mismo. En su opinión, una ca. Cuando denuncia la imposibilidad de utilizar la técnica analí-
vez que las tendencias pulsionales han sido liberadas de la repre- tica clásica, lo que sucede es que ella misma ha vuelto imposible
sión el niño no pensaría más que en buscar la satisfacción directa el proceso analítico por la acción educativa que creyó convenien-
e inmediata, porque el Superyó, que en el adulto domina la vida te ejercer sobre el niño a fin de prepararlo para dicho proceso.
pulsional, todavía no es bastante independiente en el niño para Melanie Klein plantea que la orientación pedagógica y la orienta-
que éste pueda controlar sus inclinaciones.8 En el análisis infantil ción analítica son radicalmente antinómicas, y sostiene que sólo
esta tarea de control incumbe al analista, que debe decidir lo que medios analíticos permiten instaurar una situación analítica.11
tiene que ser rechazado, domado o satisfecho, y ejercer de este Cuando Anna Freud busca obtener una escisión en el Yo del
modo una acción educativa.9 «Precisamente para prevenir el niño suscitando su angustia y su culpabilidad, con el fin de llevar
estado neurótico, debe impedirse al niño conceder, cualquiera su conciencia y su Yo al nivel del adulto, no hace otra cosa, según
que sea la fase que esté atravesando su sexualidad, necesariamen- Melanie Klein, que crear un obstáculo inútil. Porque no es sobre
te perversa, una satisfacción verdadera a esta sexualidad. De lo un proyecto consciente ni sobre el Y o (que es precisamente la
contrario, la fijación a la voluptuosidad ya experimentada pasa a sede de las resistencias, como demostró Freud), donde se puede
ser el gran obstáculo para el desarrollo normal, y la inclinación a basar de un modo duradero el trabajo psicoanalítico.12 Lejos de
renovar estos goces determina una regresión a niveles inferio- descansar sobre la alianza del analista con el Yo y la conciencia,
res.»9 Para ello, «es preciso que el analista consiga sustituirse por es decir, con las fuerzas represoras, el proceso psicoanalítico
toda la duración del análisis al Yo-ideal del niño».10 exige respaldarse en el Inconsciente, en las fuerzas psíquicas
Anna Freud no nos oculta que el psicoanálisis de niños, así reprimidas.
concebido, corre el riesgo de resultar una labor imposible: «El Por nuestra parte, creemos que aquí residen las diferencias
analista reúne en su persona dos tareas difíciles y en el fondo esenciales entre la Orientación analítica y la orientación pedagó-.
contradictorias, es decir que al mismo tiempo debe permitir y gica. La pedagogía se dirige al Yo y apunta a su reforzamiento, de| '
prohibir, soltar y volver a atar». ser preciso mediante la angustia, con el fin de someter a sí las (
En lugar de una pedagogía analítica, lo que Anna Freud pro- pulsiones. Esto hace que sólo pueda culminar en la producciónJ
pone es un análisis pedagógico. Pero si se siguen sus propias de represión. El análisis, por el contrario, se apoya en el incons-
consideraciones se acaba dudando de la posibilidad de una alian- ciente para obtener el levantamiento de aquélla. Y si Anna Freud
za semejante, y uno se pregunta qué puede subsistir de analítico tendió a transformar en pedagogía el análisis aplicado a los niños,
en los principios que ella propone. El psicoanálisis de niños, ello fue en la medida en que poseía lisa y llanamente una concep-
según Anna Freud, evocaría decididamente el cuchillo de Lich- ción pedagógica del análisis, como por otra parte lo evidencia su
tenberg, que carecía de mango y había perdido su hoja. Del obra El yo y los mecanismos de~defensa. No fue la única. Toda una
análisis, ella sólo parece haber conservado el nombre. corriente posfreudiana del psicoanálisis se orientó en esta direc-
ción, privilegiando el análisis de las resistencias y proponiéndose
8. Ibíd., p. 64.
9. Ibíd., p. 65. 11. Essais de psychanalyse, París, 1968, p. 182.
10. Ibíd., p. 66. 12. Ibíd., p. 183.

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PSICOANALISIS Y EDUCACION EL ANALISIS DE NIÑOS: ¿PSICOANALISIS O PEDAGOGIA?

como meta la instauración de un «Yo fuerte» en el sujeto, obte- tante del desarrollo de su complejo de Edipo. La represión ya ha
nido merced a la identificación con el analista.13 afectado a los objetos primitivos, lo cual posibilita la repetición
Opuestamente, desde el punto de vista de Melanie Klein, la de las situaciones primitivas dentro del marco de la relación
analítica. En consecuencia, el analista del niño debe observar las
«debilidad» del Y o infantil puede constituir un elemento que
mismas reglas de neutralidad que con un adulto, a fin de hacer
favorezca el análisis, porque el analista puede de este modo
posible el desarrollo de la transferencia.
«establecer una articulación directa con el Inconsciente del ni-
ño»14 sin pasar por el Yo, como ocurre en el caso del adulto: «Los Aquí la discrepancia radica en la cuestión de saber a qué edad
niños se hallan tan dominados por su Inconsciente que les resulta se instala el complejo de Edipo en el desarrollo del niño. Para
inútil excluir deliberadamente las ideas conscientes».15 Melanie Klein, se instaura ya en el período del destete, aproxi-
Según Melanie Klein, es preciso cuidarse de suscitar en el madamente al año y medio de edad, mientras que para Anna
Freud, quien al respecto sigue el punto de vista de Freud, inter-
niño, a cualquier precio, una transferencia positiva, so pena de
viene mucho después, alrededor de los cinco años. Así, pues,
que resulte inanalizable; en el niño y en el adulto deben ser
Melanie Klein no vacilará en analizar el Edipo a los tres o cuatro
analizadas tanto la transferencia positiva como la negativa. Tam-
años, mientras que Anna Freud, considerando que en los niños
poco existe necesidad alguna de recurrir a las informaciones de
de esta edad sólo se halla en vías de constitución, no se atreverá a
quienes le rodean para paliar la ausencia de asociaciones libres.
emprender su análisis por temor de obstaculizar el desarrollo de
En el ámbito de la sesión, lo que hay que liberar en el niño son las
dicho complejo.
actividades fantasmáticas, y ello, por ejemplo, gracias al juego,
actividad que proporciona el «material» analítico y que reem- Pero más allá de esta divergencia concerniente a los estadios
plaza a las «asociaciones libres» del adulto. Lo cual no impide del desarrollo se vislumbra otra más profunda, consistente en
que haya que obtenerlas del niño: éste tiene que alcanzar la que, para Melanie Klein, los objetos que están en juego en el
verbalización de sus fantasmas. complejo de Edipo son esencialmente de orden fantasmático, y a
veces poco deben a los padres reales, mientras que para Anna
La situación analítica con un niño no difiere en el fondo de la
Freud parece que el complejo de Edipo tenga que ser situado en
que se establece con el adulto, y es legítimo esperar resultados al
el plano de la realidad. En las primeras conferencias de Anna
menos igualmente profundos: «Si evitamos las medidas penosas,
Freud sobre el psicoanálisis de niños la ausencia de referencia a la
difíciles y poco seguras descritas por Anna Freud, garantizamos
dimensión fantasmática, como también al complejo de Edipo, es
también a nuestro trabajo un valor pleno y el éxito de un análisis
absoluta. En cambio, la obra de Melanie Klein está íntegramente
equivalente, punto por punto, al de un adulto»,16 e incluso puede
consagrada a la exploración de la fantasmática infantil, que en
llegar mucho más lejos.17
ella siempre se interpreta en relación con el Edipo. Al situar el
Melanie Klein tampoco está de acuerdo con Anna Freud en lo
Edipo exclusivamente al nivel de la realidad, el análisis queda
que atañe a la ausencia de neurosis de transferencia (lo cual, para
vedado para Anna Freud: lo real, en efecto, no se presta al
esta última, limitaba las posibilidades del análisis de niños), y. análisis. Melanie Klein, abriéndose a la dimensión del fantasma,
afi-rma por el contrario su existencia. Según Melanie Klein, a la lleva todas las de ganar.
edad de tres años un niño ya ha atravesado la parte más impor-
La pregnancia de la realidad para Anna Freud se manifiesta
principalmente en su concepción de la dependencia del Superyó
13. Cf. por ej., La psychologie du M.oi et le problema de l'adaptation, de H. Hartmann,
París, PUF, 1968.
del niño respecto al vínculo real con aquellos que constituyen su
14. Essais de psychanalyse, p. 180. modelo. Sobre esta dependencia del Superyó basa Anna Freud la
15. Ibíd., p. 190. necesidad de medidas educativas que impidan al niño entregarse
16. Ibíd., p. 186.
sin freno a la satisfacción de las pulsiones liberadas de la repre-
17. Ibíd., p. 194.

182 183
PSICOANALISIS Y EDUCACION EL ANALISIS DE NIÑOS: ¿PSICOANALISIS O PEDAGOGIA?

sión por el psicoanálisis. También en este punto discrepa Melanie escribe Melanie Klein a propósito de la pequeña paciente tratada
Klein con ella. En su opinión, si bien el Yo de los niños es por Anna Freud, no se trataba de orientarla hacia un dominio y
diferente al de los adultos, en cambio el Superyó sólo padece un control dolorosos de sus tendencias libradas de la represión.
escasas modificaciones en el transcurso del desarrollo: aun cuan- Habría sido preciso someter a un análisis ulterior, más completo,
do puedan añadírsele capas superficiales, su núcleo permanece los móviles que se ocultaban tras dichas tendencias.»22 Si Anna
inalterado.18 Este «único Superyó sólidamente arraigado, cuya Freud hubiera sometido las tendencias pulsionales a un análisis
naturaleza es inmutable»18 es ampliamente independiente no más profundo, no habría sido necesario enseñar a la niña a con-
sólo de toda influencia exterior a lo largo de la vida, sino tam- trolarlas. Cuando una de sus pequeñas pacientes empieza a con-
bién, a nivel incluso de su formación, de la realidad de los objetos ducirse de un modo desbocado, Melanie Klein considera que ha
exteriores, vale decir, de los padres. «La severidad del Superyó cometido* una falta no en el terreno educativo sino en el analí-
queda a menudo contradicha por los objetos de amor real, o sea tico, por no haber ahondado lo suficiente en el análisis de las
los padres.»19 Está enlazada a los propios fantasmas sádicos del resistencias y de la transferencia: «Si aspiramos a que los niños
niño, proyectados por éste sobre aquéllos. «En ningún caso de- puedan controlar sus tendencias sin desgastarse en una penosa
bemos identificar los verdaderos objetos [los padres reales] con lucha contra sí mismos, el análisis debe poner el desarrollo edípi-
aquellos que los niños introyectan.» 20 co al desnudo en la forma más completa posible, y los sentimien-
La independencia del Superyó del niño frente al mundo exte- tos de odio y culpabilidad resultantes deben ser examinados
rior torna inútil la encarnación de esta instancia por el analista hasta en sus más remotos orígenes».23
con miras a refrenar las tendencias pulsionales. Melanie Klein Anna Freud encuentra necesario, cuando el análisis aborda el
considera que es más temible la fuerza del Superyó que su debili- núcleo edípico, sustituir las medidas analíticas por medidas edu-
dad. «Si el Superyó tuvo fuerza suficiente para llevar al conflicto cativas, precisamente para evitar su profundización analítica; evi-
o a la neurosis, su autoridad seguirá siendo sin duda suficiente, tamiento que justifica por el temor de que el análisis del Edipo no
aunque en el curso del análisis poco a poco la vayamos modifi- vaya a minar la autoridad parental y no separe al niño prematu-
cando. Nunca acabé un análisis con la sensación de que esta ramente de sus padres, con lo que el niño así liberado de la
facultad se había hecho demasiado débil.»21 Retomando los casos neurosis se haría rebelde en lo sucesivo a toda exigencia educati-
citados por Anna Freud, donde ésta creyó comprobar que el va Por su parte, Melanie Klein considera infundados estos temo-
análisis había provocado, al mismo tiempo que el levantamiento res. El análisis del Edipo no va en contra de la educabilidad del
de las represiones, una liberación inmoderada de las pulsiones, niño sino que, por el contrario, libera su capacidad de amor y de
Melanie Klein los considera bajo una luz diferente. Para ella, lo sublimación gracias al levantamiento de la angustia enlazada al
que la aparente «falta de moderación» pulsional encubre es la odio y a la culpabilidad. Las relaciones con el medio circundante
angustia y la necesidad de castigo ligadas al conflicto edípico, y son mejoradas por el análisis, que «prepara el terreno para un
que el análisis de éste permite superar. Lejos de deberse a la trabajo pedagógico fecundo»,24 precisamente con la condición
supresión de la represión, el comportamiento desatado del niño de que el analista se limite a emplear medios puramente analíti-
corresponde a tendencias aún no descubiertas por el análisis, a cos, que excluyan cualquier medida educativa. De este modo el
un incompleto levantamiento de la represión. «En mi opinión, trabajo analítico puede favorecer el trabajo educativo, pero la
combinación de ambos es imposible, porque se trata de tareas

18. Ibíd., p. 198.


19. Ibíd., p. 195. 22. Ibíd., p. 203.
20. Ibíd., p. 196. 23. Ibíd., p. 202.
21. Ibíd., p. 205. 24. Ibíd., p. 218.

185 183
PSICOANALISIS Y EDUCACION EL ANALISIS DE NIÑOS: ¿PSICOANALISIS O PEDAGOGIA?

que poseen orientaciones opuestas. «Si el analista, así fuese sólo consecuencia de los descubrimientos analíticos relativos a la etio-
temporalmente, asume la representación de las instancias educa- logía de las neurosis: desde un punto de vista analítico, el objeti-
tivas, si asume el rol del Superyó, obstruye a las tendencias vo principal es evitar que se produzca la represión, y la pedagogía
pulsionales el camino de lo consciente, y se convierte en repre- — cuya misión consiste, por lo demás, en lograr que el niño se
sentante de las facultades de represión.»25 «El analista de niños, si someta a las exigencias de su medio— que tenga en cuenta al
pretende triunfar en su labor, debe tener la misma actitud del psicoanálisis se esforzará, sin dejar de perseguir su objetivo tradi-
Inconsciente que un analista de adultos. Esa actitud le permitirá cional, en hacerlo con el menor gasto, limitando las represiones.
no querer otra cosa que analizar, y no aspirar a modelar y dirigir Melanie Klein preconiza ante todo —como también Freud— la
el pensamiento de sus pacientes.»25 sinceridad con respecto al niño, que corre parejas con una dismi-
Aquí se reconocen las advertencias dirigidas por Freud a los nución del autoritarismo, la franqueza cómo respuesta a sus pre-
analistas de adultos. Para Melanie Klein, no se puede ser a la guntas acerca de la sexualidad, y de un modo general el evita-
vez analista y educador de un niño. Pero proceso educativo y miento de un «amaestramiento» pulsional excesivamente riguroso.
proceso analítico pueden, sin embargo, coexistir, si son condu- ¿Puede considerarse que una pedagogía que respetara estas
cidos por personas diferentes. Melanie Klein opta deliberada- indicaciones sería el resultado de una aplicación del psicoanáli-
mente por la división del trabajo, pero aspira a que todos los sis? ¿Puede hablarse aquí de pedagogía analítica? Los objetivos
niños puedan sacar provecho de una cura analítica y espera que siguen siendo los mismos que en la pedagogía tradicional, o sea,
un día «el análisis practicado durante la infancia será una parte en términos analíticos, la sumisión del principio del placer al
tan importante de la educación como lo es en el presente la ins- principio de realidad, el dominio de las tendencias pulsionales, e
trucción escolar». 26 igualmente los medios, en tanto que la severidad está lejos de ser
¿ Es esto lo que podríamos denominar educación analítica? Si preconizada por todas las pedagogías.28 Los psicoanalistas se em-
por los términos «educación analítica» entendemos una aplica- peñan más en prescripciones de buen sentido que en una reforma
ción de los descubrimientos psicoanalíticos a la pedagogía que de los principios. Así, Melanie Klein escribe: «Aunque reconoz-'
condujera a una revisión de sus fines y medios, la propuesta de camos la necesidad de introducir el psicoanálisis en la educación,
Melanie Klein se distingue de ello de un modo absoluto. Lejos de no estamos forzados a rechazar por ello los principios educativos
sugerir la aplicación del psicoanálisis a la pedagogía, insiste sobre que juzgábamos buenos y que hasta hoy hemos aprobado. El
su necesaria separación a nivel de los procesos en juego, de los psicoanálisis debería servir a la educación como un auxiliar —co-
tipos de relación que ellos implican. Cuando preconiza la agrega- mo un perfeccionamiento— dejando intactos los principios hasta
ción de la cura analítica a la educación —tomada en sentido ahora aceptados. Los buenos pedagogos siempre se han esforza-
amplio, como el conjunto de las medidas y disposiciones a tomar do —inconscientemente— por haceí lo que era bueno hacer». 29
para ayudar al niño a convertirse en un ser humano adulto—, lo Lo que estorbaba su éxito eran las resistencias inconscientes del
que propone no es una pedagogía analítica sino una «educación niño. La introducción de la cura analítica en la educación permite
Vásistida por el psicoanálisis».27 suprimir este obstáculo. El niño cumple entonces las exigencias
¿Quiere decir que Melanie Klein recusa la posibilidad de una habituales de la educación, sin que el educador tenga necesidad
aplicación del análisis a la pedagogía? Ella se hace cargo de las de desplegar «una gran fuerza autoritaria».30
pocas directivas que el propio Freud creyó poder formular como

28. Por lo demás, no todos los analistas están de acuerdo en recusar la «seve-
25. Ibíd., p. 208. ridad» en este campo.
26. Ibíd., p. 306. 29. Ibíd., p. 81.
27. Ibíd., p., 83. 30. Ibíd., p. 109.

187 183
PSICOANALISIS Y EDUCACION

18
La única reforma verdadera preconizada por Melanie Klein en
materia de educación, consiste en la introducción de la cura
analítica en uno u otro momento del desarrollo del niño, con ¿ES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?
preferencia antes de la escolarización: «Un análisis realizado con
suficiente anticipación haría desaparecer las inhibiciones más o
menos importantes que existen en todos los niños; el trabajo
escolar debería comenzar enseguida, a partir de esta base. Cuan-
do ya no tenga que malgastar sus fuerzas en una vana lucha
contra los complejos de los niños, la escuela podrá cumplir una
obra fecunda consagrándose a su desarrollo». 31 De este modo, el
psicoanálisis del niño tendría la función de preparar el terreno
para la educación, y no podría sustituirla, ni siquiera modificar «.. estas profesiones imposibles, donde puede tenerse
sus principios. la certeza de que los resultados serán insatisfac-
Para someter a prueba esta tesis y tratar de poner al descu- torios.»
bierto sus fundamentos teóricos, abordaremos el examen de Análisis terminable e interminable (1937).
algunas experiencias pedagógicas inspiradas en el descubrimien-
to del psicoanálisis. ¿ Cuál fue en la práctica la influencia del psicoanálisis sobre la
pedagogía contemporánea? ¿Existen actualmente aplicaciones
del psicoanálisis a la pedagogía?
Los tratados pedagógicos recientes dan fe del escaso sitio 1 q
reservado al psicoanálisis en las doctrinas pedagógicas actuales. \
Centradas esencialmente en el problema de los modos de trans- j
misión del saber, en los problemas planteados por la enseñanza, j
no parecen inspirarse en el psicoanálisis.
Solamente en dos terrenos muestra haber ejercido este últi- 1,
mo una influencia notable: el de la educación preescolar y el de la \\
reeducación de los niños delincuentes o que presentan trastor- \
nos caracterológicos y psicológicos diversos.
En 1921, Vera Schmidt fundó en Moscú un jardín de infantes
gobernado por principios educativos que se inspiraban en los
descubrimientos analíticos sobre la sexualidad infantil. La expe-
riencia no pudo ser cumplida por mucho tiempo, pues las autori-
dades soviéticas obligaron al establecimiento a cerrar sus puer-
tas, con lo que se hizo difícil efectuar un balance. El rasgo esen-
cial de la orientación pedagógica de este jardín de infantes fue el
liberalismo. Las órdenes y prohibiciones estaban proscritas: «A
los niños se les explicaba sencillamente por qué se les pedían
ciertas cosas; no se les daba órdenes» [...] «estaba proscrita cual-
31. Ibíd., p. 109.
189
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PSICOANALISIS Y ED UCA CION eES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

quier especie de prohibición por parte de las educadoras».1 En Anna Freud hace un balance de medio siglo de intentos por
particular, los niños podían abandonarse libremente a activida- promover una educación analítica. «Nunca se renunció a alcan-
des sexuales. El aprendizaje del aseo se cumplía sin coerción ni zar este fin, escribe, por difíciles y desconcertantes que hayan
reprimendas. Los niños disponían ampliamente de ocasión para podido revelarse a veces los resultados. Cuando ahora, tras más
ejercer su actividad motriz, sin limitación. de cuarenta años, examinamos la historia de esas tentativas,
En Viena existió el Kinderheim Baumgarten, creado después de vemos en ella una larga serie de ensayos y errores.» 4
la primera guerra mundial para los niños sin hogar. También en Sin embargo, Anna Freud atribuye a la influencia del psico-
Viena, en 1937, Edith Jackson fundó una guardería infantil expe- análisis «la mayor apertura y confianza que pudieron establecer-
rimental; más tarde, en Inglaterra, las «Nursery de Hampstead», se entre los padres y los hijos cuando los temas de orden sexual
guardería infantil y pensionado de guerra.2 fueron tratados y discutidos con mayor franqueza»,5 los favora-
Es indiscutible que el psicoanálisis ejerció alguna influencia bles efectos sobre la formación del carácter producidos por una
sobre la educación de los niños en edad preescolar, no tanto a educación esfinteriana más flexible. La alimentación «a pedido»
nivel de experiencias pedagógicas particulares cumplidas en las del lactante reduce los trastornos de la nutrición, y el liberalismo
colectividades —que en resumidas cuentas resultaron aisladas—, frente a las actividades autoeróticas (masturbación y succión del
como en el de un cambio en las costumbres. La alimentación de pulgar) hacen desaparecer los trastornos del sueño. En cambio,
los lactantes empezó a concebirse de un modo menos rígido: se dice, en otros dominios no dejan de producirse decepciones y
extendió la idea de la cría a pedido (Feed at demand), particular- sorpresas. La información de los niños en materia sexual resultó
mente en Estados Unidos. Quedó generalmente reconocida la un fracaso. Los niños se aferran a sus propias teorías sexuales. El
nocividad de un aprendizaje demasiado brutal del aseo, así corrijo liberalismo de los padres no logra evitar la angustia del pequeño:
la de la represión de la masturbación infantil y de las actividades, «Al reducir [los padres] el miedo que podían inspirar a su hijo
sexuales de los niños entre sí.3 comprobaron simplemente que aumentaban el sentimiento de
¿Permite ello hablar aquí de pedagogía analítica? Pensamos culpabilidad [...] en el niño».6 En definitiva, la educación liberal
que más bien habría que decir que bajo la influencia del psicoaná- de inspiración psicoanalítica fracasó en la realización de la tarea
lisis, lo que se "abrió paso fue la constatación —aparte de s|u que Freud le había asignado, en una época en que confiaba a tal
nocividad— de la inutilidad de las medidas educativas que se educación sus esperanzas de una prevención de las neurosis.
creían indispensables (como en el siglo XVII se creía indispensa- Anna Freud vincula acertadamente este fracaso con una de sus
ble encerrar al niño en un corsé, por el temor de que creciera causas sustanciales: la estructura del aparato psíquico, compues-
contrahecho): el niño puede volverse «aseado» con el mínimo de ta de instancias cuyos fines respectivos no pueden sino ser con-
coacción, y la masturbación no lo hace ni perverso ni enfermo. flictivos. Como hemos intentado demostrar a partir de la obra de
En definitiva, lo que el psicoanálisis introduce en pedagogía se Freud, el funcionamiento psíquico, tal como lo revela la expe-
resume en un liberalismo que no puede aspirar al status de una riencia psicoanalítica, es conflictivo por naturaleza. Y, como dice
verdadera «reforma» educativa. Anna Freud, el fracaso de la acción preventiva de la educación no
En su libro publicado en 1965, Lo normal y lo patológico en el niño, habría causado sorpresa «si, en algunos autores, su optimismo y
entusiasmo con respecto a la acción preventiva no hubiesen
prevalecido sobre la estricta aplicación de los principios analíti-
1. Cf. Wilhelm Reich, La révolution sexuelle, p. 345.
2. Cf. Dorothy Burningham y Anna Freud, Young Children in War Time, Lon-
dres, 1942; y Infants without families, Londres, 1943.
3. Aun cuando Anna Freud pueda alegar el valor formador para el carácter de 4. Le normal et le pathologique chez l'enfant, París, 1968, p. 2.
la lucha contra la masturbación que un niño puede ser llevado a sostener: cf. Le 5. Ibíd., p. 4.
normal et lepathologique chez l'enfant, pp. 4-5. 6. Ibíd., p. 5.

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PSICOANALISIS Y ED UCA CION eES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

cos. Según estos principios no existe, en conjunto, "prevención la formación psicoanalítica de los educadores es muy estimada
de la neurosis". La división de la personalidad en un Ello, un Yo y por los que dirigen este tipo.de institución. No obstante, como
un Superyó nos muestra, en efecto, una organización del aparato regla general, la labor pedagógica está desligada de la relación
psíquico en cuyo seno cada elemento posee su origen específico, terapéutica. La psicoterapia es llevada a cabo por un analista que
sus puntos de vista y sus restricciones propios, su médo de no desempeña función educativa. Relación educativa y relación
actividad particular. Por definición, las diferentes instancias psí- analítica se encuentran separadas.
quicas poseen designios opuestos». 6 Fuera de estos dos dominios, la influencia del psicoanálisis
El otro dominio donde el psicoanálisis ejerció una influencia muestra ser muy limitada, especialmente en lo que atañe a la
notable es el de la reeducación de jóvenes delincuentes y niños pedagogía de los niños en edad escolar. En los tratados consagra-
con trastornos psíquicos. August Aichhorn fue el pionero en la dos a la educación esta pedagogía aparece dominada por el pro-
materia. Freud, como vimos, prologó su obra Verwahrloste Jugend blema de la enseñanza. Los pedagogos reconocen que lo esencial
(Enfance á l'abandon), publicada en 1925. ¿Hay en ella materia estriba en el deseo del niño de aprender, y se ingenian en elabo-
de donde extraer la noción de una pedagogía analítica? Nos rar métodos susceptibles de provocarlo o estimularlo. Pero, cu-
parece que no. El propio August Aichhorn señala que el éxito riosamente, parecen ignorar lá importancia de las fuentes libidi-
por él obtenido consiste en una «curación por la transferencia», nales del deseo de saber, y la inhibidora influencia de la represión
o sea por la sugestión.1 El educador, explica,8 debe esforzarse por sobre la curiosidad intelectual. Cuando el niño llega a la escuela,
suscitar una transferencia positiva sobre su persona antes de en lo que concierne a sus capacidades de sublimación lo esencial
poder ejercer una influencia educativa; si puede actuar sobre el ya está jugado. Esto explica, sin duda, el desinterés de los peda-
educado, es en la medida en que éste lo coloca en el lugar de su gogos que se consagran al problema de la enseñanza respecto al
Ideal-del-yo (y en eso consiste la transferencia). Aichhorn no psicoanálisis, cuyas conclusiones invalidan sus esfuerzos. De he- f
pone en práctica otros recursos que los de la pedagogía tradicio- cho, podría decirse que, desde un punto de vista analítico, los ¡
nal. La teoría analítica sólo le sirve para comprender los funda- métodos de transmisión de los conocimientos importan poco 1
mentos psicológicos de su práctica pedagógica, para conocer y frente al deseo del niño de aprender. '
hacer conocer cuáles son los resortes que ella pone en juego, así Una de las escasas experiencias pedagógicas inspiradas por el
como para efectuar un diagnóstico del niño que le permita actuar psicoanálisis, y para niños en edad escolar considerados «norma-
de manera más segura cuando quiere suscitar la transferencia que les», la de A. S. Neill, lleva a conclusiones que siguen esta direc-
necesita para ejercer su influencia. Estos métodos educativos no ción. En efecto, A. S. Neill no se preocupa en absoluto por los
se distinguen de los de un educador ignorante del psicoanálisis métodos de transmisión de conocimientos. Los niños no son
pero dotado de una buena intuición. La teoría analítica sólo le obligados a aprender, y sólo a su pedido, cuando éste se manifies-
permite comprender lo que hace y poner en claro las vías de ta, el enseñante les provee los medios de satisfacer su deseo.
eficacia de una pedagogía que en sí misma no propone ni nuevos Poco importa entonces el método empleado. En la obra que
fines ni nuevos medios. dedica a esta experiencia, Libres enfants de Summerhill, la cuestión
Actualmente este sector de la educación «especializada» co- de la enseñanza ocupa poco espacio. En Summerhill, declara A.
noce, especialmente en Francia, una gran extensión, como lo S. Neill, «no tenemos métodos nuevos, porque no pensamos que
demuestra la multiplicación de I.M.P. (Institutos médico-peda- los métodos de enseñanza, en conjunto, sean muy importantes
gógicós)y"de--EIM.P. (Externados médico-pedagógicos). En ellos en sí mismos. Poco importa que una escuela enseñe la división
por varias cifras por determinado método y que otra la enseñe
por un método diferente, porque en definitiva la división en sí
7. A. Aichhorn, Enfance á l'abandon, ed. francesa, p. 105.
8. Ibíd., cf. ]a Sexta conferencia. misma no posee ninguna importancia, salvo para el que quiere

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PSICOANALISIS Y EDUCACION ¿ES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

aprender a hacerla. Y el niño que quiere aprender a dividir lo frente a estas exigencias. En Summerhill, la libertad de cada niño
aprenderá, cualquiera que sea la forma en que se le enseñe».9 Los se detiene donde comienza la de los demás: son los propios
informes de los inspectores subrayan el carácter «anticuado» de alumnos los que, en «asamblea general», establecen las pocas
los métodos de enseñanza utilizados en Summerhill. reglas indispensables para el funcionamiento de la institución. El
Sigamos oyendo a Neill con respecto a los principios pedagó- principio esencial de esta pedagogía consiste en no imponer nada
gicos sobre los que fundó su escuela: «Cuando abrimos la escue- al pequeño, así fuese en nombre de su «bien»: esto es lo que Neill
la, mi primera mujer y yo teníamos una visión fundamental: la de llama educar a un niño en «la autonomía». El educador no debe
una escuela que sirva a las necesidades del niño, antes que lo inverso» querer nada por y en el lugar del niño.
[...] «Para eso tuvimos que renunciar a toda disciplina, a toda ¿Cuáles fueron los resultados de esta que podría llamarse, a
dirección, a toda sugestión, a toda moral preconcebida, a toda primera vista, una antipedagogía? Los criterios de un éxito peda-
instrucción religiosa cualquiera que fuese» [...] Teníamos «una gógico son, evidentemente, inciertos. Neill elige dos: el éxito
creencia absoluta en el hecho de que el niño no es malo sino social (particularmente el profesional) y la capacidad para la
bueno. Casi cuarenta años después, esta creencia no ha variado, dicha. El primero fue mediano; ningún genio, dice Neill, salió de
se ha convertido en una profesión de fe» [...] «Creo íntimamente Summerhill, y tampoco un éxito social clamoroso, pero los ex
que el niño es naturalmente sagaz y realista, y que, si se lo deja en alumnos de Summerhill pudieron hallar en general una actividad
libertad, lejos de toda sugestión adulta, puede desarrollarse tan profesional que los satisfizo y a la que satisficieron. En cambio,
completamente como sus capacidades naturales se lo permitan.»10 Neill considera que dieron prueba de un equilibrio psíquico
Educación centrada en la naturaleza del niño, fe en su «bon- estable que los hizo capaces de alegría de vivir. Un rasgo común
dad natural»: reconocemos aquí nociones caras a Rousseau; pero los distingue, apunta Neill: su independencia de espíritu.
a despecho de las apariencias —los términos naturaleza y bondad ¿Qué conclusiones podemos extraer de esta experiencia des-
no tienen para Neill el mismo sentido que en Rousseau— de el punto de vista que nos ocupa? ¿Se trata también aquí de
Summerhill no le debe nada al Emilio. Aquí no se ha instalado pedagogía? Es indudable que en materia educativa Neill preconi-
ningún dispositivo que apunte a preservar al niño de una corrup- zaría esencialmente la abstención. Pero sin embargo, no se
ción de su naturaleza por la civilización. Ningún artificio orien- puede negar el valor educativo que cumple para el niño la elec-
tado a dirigir sin que él lo sepa sus relaciones con las cosas y las ción en común de las reglas que permiten la vida en grupo, el
personas, a suscitar en él, dejándole la ilusión de la autonomía, aprendizaje del respeto al otro y el compromiso que esto supone.
las actitudes deseadas por el educador. En Summerhill realmente Si en Summerhill hay algo indiscutiblemente formador es la ins-
la actividad del niño es libre, y ni siquiera se busca, a diferencia de titución de sus «asambleas generales». En ellas el niño aprende
los métodos de la llamada pedagogía activa, despertar su interés a reconocer las necesidades de una ley que no puede ser impu-
hacia actividades conducentes a la adquisición de un saber o de tada al capricho del adulto, y de la cual incluso puede ser autor,
una técnica. La «bondad del niño» no es algo que haya que pero a la que todos quedan sometidos desde el momento en que
preservar; para Neill, ella consiste en su capacidad de adaptación, la han aceptado. El funcionamiento institucional establecido por
en su «sagacidad» y su «realismo». En su opinión, no hay nece- Neill sobre el modelo de la democracia, constituye el pivote de
sidad alguna de ejercer una coacción sobre el niño para llevarlo a su método pedagógico. Es interesante ¡señalar la relación de este
evolucionar hacia la madurez y para que acepte los imperativos dispositivo con lo que hemos desarrollado acerca de la importan-
de la vida social. Su desarrollo espontáneo le permitirá hacer cia que reviste en la educación el acceso a lo simbólico a través
del complejo de Edipo. Neill, eligiendo como principio educati-
9. Libres enfants de Summerhill, París, 1970, p. 23. vo esencial la elección por los pequeños de cierto número de
10. Ibíd., p. 22. reglas de vida comunitaria, parece indicar con ello que el funda-

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PSICOANALISIS Y ED UCA CION eES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

mentó mismo del proceso educativo consiste en la introducción le pide consejo sobre la actividad a cumplir. Muchas son las
del niño en la dimensión del orden simbólico y de la Ley, y que la anécdotas que al respecto comenta. 12 Neill considera que se trata
educación puede, en rigor, limitarse a hacer reconocer por el de un dominio propio del niño en el que nadie debe inmiscuirse,
niño la necesaria supremacía de este registro. Como observa y que sobre este punto hay que dejarle su total responsabilidad.
Bruno Bettelheim, 11 el aprendizaje del respeto al otro, a sí mismo Este es uno de los aspectos esenciales de lo que él denomina
y a la palabra empeñada por parte del niño, es mucho más difícil «método de libertad», y que deduce de la idea, que cree tomar del
que la adquisición de un saber académico y que la aceptación psicoanálisis, de que el refrenamiento engendra la neurosis. Sus
dócil de la rutina escolar: «Aunque determinado marco educa- fuentes teóricas son, por tanto, endebles, pues parece ignorarlo
tivo imponga pocas exigencias específicas, y éstas nunca son todo acerca del cuestionamiento al que Freud sometió esta tesis,
triviales, esta clase de instituciones es de las más exigentes». y en realidad sólo se inspira en un vago freudismo revisado y
Por otra parte, el pivote esencial de la pedagogía de Neill corregido por Reich. Lo que sorprende en Neill es la debilidad de
reside, como en toda educación, en el ejemplo que él presenta a teorización de su práctica. Sus concepciones son superficiales, y a
los niños mediante la fuerza y el rigor de su propia personalidad. todas luces no son ellas las que motivan el éxito de su pedagogía;
Volvemos a encontrar aquí el mecanismo fundamental de cual- por lo demás, y como ya hemos apuntado, no siempre parece
quier proceso educativo: la identificación con el educador, y la distinguir las causas reales de este éxito. Además, subestima la
introyección de las exigencias de éste, incluso y sobre todo si da importancia de la angustia en la vida psíquica humana, tanto en
pruebas de ellas, más que respecto al educado, respecto a sí lo que concierne a su irreductibilidad como a su fecundidad, por
mismo. Sin embargo, Neill parece ignorar que los cambios que se la contribución a las obras de la civilización. Su optimismo en
operan en sus alumnos los debe al impacto de su propia persona- materia de naturaleza humana, que ignora el rol de las pulsiones
lidad, y con ello atestigua que no es necesario saber lo que se de destrucción y de los conflictos pulsionales, así como la impor-
hace para ser un buen educador. tancia de la inarmonía intrínseca del funcionamiento del psi-
Neill cree, por ejemplo, que no hay ninguna necesidad de quismo a causa de la propia estructura de éste, le conduce a
inculcar al niño una moral, ni enseñarle a distinguir el bien y el atribuir a la sociedad toda la responsabilidad de los sufrimientos
mal porque, según él, por sí solo aprenderá a discernirlos. Y es psíquicos del individuo. Cree que es necesario y suficiente con
verdad, las lecciones de moral nunca hicieron virtuoso a nadie, proteger a los niños de un mal cuya fuente se encuentra en la
pero la noción del bien no por ello es inherente a la naturaleza sociedad.
humana. Es por las vías de la identificación, por amor hacia el El principio de no refrenamiento en el que se respalda podría
educador, por angustia de perder este amor y deseo de ser apre- llevar a lo peor: él mismo se dio cuenta de ello al comprobar los
ciado por aquél adecuándose a sus exigencias, como el niño efectos de las interpretaciones que algunos padres y educadores
adquiere estas nociones, y es por ese camino que los alumnos de dieron a sus directivas, y esto explica el título de uno de sus
Neill, como los demás, lo consiguen. últimos trabajos, La liberté, pas l'anarchie [Libertad, no anarquía].
Su indiscutible originalidad reside en la negativa a imponer Pero lo que no advirtió son los peligros de la «libertad obligato-
una orientación a los deseos del niño y por consiguiente a sus ria», diríamos nosotros, que amenaza desembocar en la paradoja
actividades. Se muestra capaz de sostener esta posición hasta el de un «deseo obligatorio», lo que quizá constituya la forma más
fin, incluso cuando un alumno no se dedica a ninguna ocupación
escolar durante años, y hasta rehusa dar respuesta a un niño que
12. Cf., por ej., Libres enfants de Summerhill, p.44: «Enséñame algo, me aburro»,
le pide una chiquilla que no hacía ningún trabajo escolar desde hacía años. «De
11. A.S. Neill, La liberté,pas l'anarchie, París, Payot, 1978, p. 193, nota final de acuerdo», responde Neill con entusiasmo, «¿qué quieres aprender?» «No sé»,
dice ella. «Y bien, yo tampoco», responde Neill dejándola plantada.
Bruno Bettelheim.

190 197
eES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?
PSICOANALISIS Y ED UCA CION

del niño, sin que él lo sepa, lo que ha sido alcanzado es el Incons-


insidiosa de tornarlo imposible, mientras que una pedagogía ciente de éste, y ello ni siquiera por lo que cree comunicarle, sino
basada en la «disciplina» tal vez le dejará —otra paradoja— ma- por. lo que de su propio Inconsciente pasa a través de sus pala-
yor oportunidad de constituirse. bras.13 Sólo hay dominio del Yo, pero este dominio es ilusorio.
La pedagogía de Neill no le debe mucho a la teoría analítica. Lo propiamente eficaz en la influencia de una persona sobre otra
Los principios de que se vale descansan más bien en su descono- pertenece al registro de sus Inconscientes respectivos. En la
cimiento. Lo cual no le impidió ser por cierto un buen educador, relación pedagógica, el Inconsciente del educador demuestra
quizás en la medida en que su buen sentido le preservó de aplicar- pesar mucho más que todas sus intenciones conscientes.
los con excesivo rigor. Las claves de su influencia son las de De la existencia del Inconsciente, demostrada por el psico-
cualquier pedagogía, y consisten en las exigencias de socializa- análisis, puede deducirse que no puede haber ciencia de la educa-)
ción que logra imponer gracias a la identificación que sin saberlo ción, en el sentido de que fuera posible establecer una relación j
provoca. Su excelencia como pedagogo reside en esta suma de de «causalidad» entre los medios pedagógicos empleados y los j
imponderables que forman lo que se llama una personalidad efectos obtenidos. Y por esta misma razón no puede haber apli- i
excepcional. Demostraría, por si aún hiciera falta, que no se cación del psicoanálisis a la pedagogía. Tentativas de esta índole
educa con la teoría sino con lo que uno es. sólo pueden descansar en un malentendido, en la creencia de que
¿Qué significa esto? Que sobre el Inconsciente no se manda, un saber sobre el Inconsciente permite adueñarse de él, de que "
que así como no dominamos a nuestro propio Inconsciente, en este terreno saber es poder. Pues bien, si hay una disciplina
tampoco dominamos los efectos de la influencia que ejercemos que invalida tal asimilación es, sin duda, la práctica psicoanalíti-
sobre otro ser. Ninguna teoría pedagógica permite calcular los ca. No puede haber una pedagogía analítica en el sentido de una
efectos de los métodos que se ponen en práctica, porque lo que ciencia de la educación que emplearía para su provecho el saber
se interpone entre la medida pedagógica y los resultados obteni- sobre el Inconsciente adquirido por la experiencia psicoanalítica.
dos es el Inconsciente del pedagogo y el del educado. Esto está lejos de significar que el ser humano no dispone de
En alguna parte Freud compara al Y o consciente con el paya- ningún poder sobre su semejante. La eficacia de la sugestión,
so de circo que finge ser la causa de todos los incidentes que le sobre la cual descansa tanto el arte de gobernar como el de
suceden (estos misterios nos superan, decía Cocteau, simulemos educar, lo atestigua.14 La experiencia psicoanalítica permitió des-
ser sus autores). El Y o aspira al dominio, y, cuando éste se le montar su mecanismo. Pero saber «cómo funciona eso» es de
escabulle (por obra del Inconsciente, que es el verdadero amo), escasa utilidad para aumentar su eficacia. La sugestión, y así lo
aún intenta fingir haberlo conservado. Seguir siendo dueño de la demuestra la fragilidad de los resultados terapéuticos obtenidos
situación, a cualquier precio, salvar el prestigio: así podría resu- por esta vía, no opera modificaciones profundas en la dinámica
mirse el objetivo «yoico» por excelencia. En esto las doctrinas inconsciente, aun cuando se apoye en ella, y sólo produce efectos
pedagógicas son decididamente yoicas, pues ante todo apuntan superficiales.
al dominio del niño y de su desarrollo, e implican por esencia el
desconocimiento de la imposibilidad estructural de tal dominio.
El objetivo tradicional de la educación, asegurar el sometimiento 13. Cf. Freud: «He afirmado que todo hombre posee en su propio Inconscien-
de las pulsiones, desemboca en su represión, y con ello las sustrae te el instrumento con el cual es capaz de interpretar las manifestaciones del In-
al control consciente. consciente en el otro», «Prédisposition á la névrose obsessionnelle», Névroie,
psychose et perversión. «La disposición a la neurosis obsesiva», O.C., II (p. 1.738).
La idea de que la pedagogía es cuestión de teoría, de doctrina, 14. Ambos consisten en actuar mediante la palabra sobre el Inconsciente de
de que puede haber uná ciencia de la educación, descansa en la otro, pero el poder del conductor de hombres —gobernador o educador—de-
ilusión de la posibilidad de dominar los efectos de la relación pende de un saber hacer que a su vez depende de un saber inconsciente (esto es lo
que el político quizá sabe mejor —sin saberlo— que el educador).
entre el adulto y el niño. Cuando el pedagogo cree dirigirse al Y o

190 199
PSICOANALISIS Y ED UCA CION eESPOSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

El analista, se objetará, no deja de ejercer en la cura analítica respecto. A este propósito Neill tampoco parece saber dónde
cierto poder basado en el saber adquirido por la experiencia está la clave de su abstención, cosa que por otra parte sólo nos es
analítica sobre el Inconsciente. No cabe duda, pero sólo puede posible explicar a partir de las elaboraciones teóricas de Lacan
ejercer ese poder, sin dejar de ser analista, es decir, sin dejar de sobre la dialéctica de la demanda y del deseo.
analizar, para levantar las represiones. Esto no le asegura ningún Según Lacan, el deseo del niño se encuentra, de entrada,
dominio sobre el deseo inconsciente de su paciente. Cuando doblemente alienado: por una parte en el deseo de sus padres, en
Freud aconseja al analista que no trate de dar una dirección a las tanto que en ellos ocupa un lugar ya antes de su nacimiento; por
fuerzas inconscientes liberadas por el análisis, o sea que no inten- otra debido a que, a causa de la existencia del lenguaje, sus
te ocupar la posición del pedagogo y de rector espiritual frente a necesidades deberán pasar por el desfiladero de la demanda, y a
su paciente, lo hace porque, más allá de consideraciones deonto- través de esta operación su deseo se constituirá como un resto
lógicas, si buscara eso dejaría de poder analizar. Pero este poder irreductible que, aunque efecto del lenguaje, no podría ser ex-
del analista, que sólo puede consistir en él levantamiento de la presado en forma de demanda sin desnaturalizarse. Para el niño,
represión, a su vez resulta muy limitado. En uno de sus últimos así como para todo sujeto, la pregunta por su deseo se formula de
textos, Análisis terminable e interminable, Freud procede a la enume- entrada como interrogación sobre el deseo del Otro, de quien
ración de las muchas causas que condenan al analista a la impo- busca obtener una respuesta; tal respuesta no puede ser sino
tencia. La obra de otro analista, Ferenczi, en su mayor parte se falaz, en la medida en que, en el lugar de una respuesta estructu-
consagró a la tentativa, demasiado a menudo infructuosa, de ralmente informulable sobre el deseo sólo puede obtener, por
ampliar los límites de la acción del analista. Con conocimiento de parte del Otro, una demanda. Si la obtiene y se conforma a ella, la
causa, Freud afirmaba que el psicoanálisis se encontraba entre las que queda clausurada es la pregunta por su propio deseo, al que
profesiones imposibles, al lado de la educación y del arte de él aliena en la tentativa de satisfacer la demanda del Otro. En la
gobernar. Las tres descansan sobre los poderes que un hombre cura analítica, la neutralidad del analista, así como lo que llaman
puede ejercer sobre otro merced a la palabra, y las tres encuen- «manejo de la frustración», consiste en abstenerse de responder
tran el límite de su acción, en última instancia, en el hecho de que a la demanda del paciente (la cual, a través de sus formulaciones
al Inconsciente no se lo somete, porque el que nos somete es el más diversas, no apunta sino a obtener una respuesta a la pregun-
ta por el deseo), y precisamente a fin de dejar abierta la pregunta
Inconsciente mismo.
por su deseo; consiste en no interceptar el camino al proceso
¿Puede haber una pedagogía analítica, en el sentido de que el
analítico por el cual el sujeto se abre la vía de una superación del
pedagogo podría ocupar un lugar análogo al del analista y ejercer
registro engañoso de la demanda hacia un deseo que cesa de
sobre el niño una influencia de tipo analítico? Hemos intentado
alienarse en ella.
mostrar la diferencia radical entre los dos procesos, tal como
Freud los describe, y de qué modo, según Melanie Klein, las Neill, mediante una abstención análoga, opera una desaliena-
posiciones del pedagogo y del analista se excluyen. ción comparable: dejando abierta la pregunta del niño, le permi-
Hay un punto en el que sin embargo la práctica pedagógica de te desprenderse de la sumisión a la demanda del Otro y ganar el
Neill parecería indicar lo que, en este sentido, quizá podría co- acceso a su deseo propio.
rresponder a una pedagogía analítica. No en el sentido de que el ¿Habríamos dado aquí con uno de los principios posibles de
análisis permitiría la elaboración de una nueva ciencia de la una pedagogía analítica? También podría sostenerse que en esos
educación, sino en otro que intentaremos precisar. Es, como ya momentos Neill asume una posición analítica; dicho de otro
comentamos, cuando Neill se abstiene de responder a cierto tipo modo, que en tanto que ocupa el lugar del Ideal-del-yo, hace el
de demanda por parte del niño: cuando éste le pregunta lo que papel del muerto, cesando así momentáneamente de ser peda-
tiene que hacer, o sea, cuál es la demanda del propio Neill a su gogo.

190 200
PSICOANALISIS Y ED UCA CION eES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?

Pero esto no hace más que desplazar el problema: ¿consistiría ideal con el Ideal-del-yo lo que constituye, en la cura analítica, la
la pedagogía analítica en adoptar, a su turno, la posición del fuente principal de las resistencias que se oponen al reconoci-
pedagogo y la del analista? miento del deseo inconsciente. ¿Permite el educador al niño
Hemos visto a propósito del análisis de niños que una misma superar este registro? Para ello sería menester qüe él mismo se
persona no puede acumular las funciones de pedagogo y analista, hubiese desprendido de los espejismos de lo imaginario. En efec-
y que al haber ocupado, aunque sólo sea por un tiempo, la to, no basta con abstenerse de formular demandas respecto al
posición del pedagogo, queda vedada la posibilidad de funcionar niño para que éste no sienta el peso de las que están implícitas.
como analista ante una misma persona. Por otra parte, cuando En este dominio sólo la autenticidad es eficaz. La experiencia
Neill se abstiene de responder a la demanda, no por ello empren- analítica demuestra hasta qué punto los pacientes son sensibles al
de con el niño un proceso analítico. E indudablemente hay una Inconsciente de su analista, y cómo toda «hipocresía» (según
gran diferencia entre su posición y la del analista. En efecto, el expresión de Ferenczi) por su parte, es rápidamente descubier-
anonimato relativo del analista le permite presentar al paciente ta.15 El niño da pruebas de idéntica clarividencia respecto al
el espejo pulido en que éste podrá descifrar los jeroglíficos de su adulto. Es en este punto donde puede resultar deseable que el
deseo. El educador, padre o pedagogo, no puede aspirar a idén- educador haga un análisis personal, por razones análogas a las
tica neutralidad. El niño podría descubrir rápidamente, detrás de que imponen al analista haberse analizado él mismo: a fin de
su abstención, la demanda implícita. Con su silencio, por ejem- lograr reducir en su funcionamiento psíquico la importancia de
plo, ¿no le significa Neill al niño que lo quiere libre y responsa- ese imaginario donde el deseo se aliena con tanta facilidad, a fin
ble, capaz de autonomía e independencia, que desea que este de que el paciente, o el niño, pueda a su vez desprenderse de él.
niño se determine solo? Aquí reaparece una exigencia educativa La reducción de lo imaginario no significa el dominio del deseo y
nada desdeñable. Así, pues, por el hecho mismo de la función que sus efectos. Por el contrario, supone el reconocimiento de que
ejerce y de su imposibilidad de realizar una neutralidad absoluta, no se puede sino estar sometido, y la renuncia a toda ambición de
el educador no puede dejar libre el sitio donde el niño procura dominio.
descubrir la clave de su deseo. Así creemos que debe comprenderse el deseo de Freud de que
En último extremo, para que el deseo del niño no sea alienado los educadores reciban una formación analítica, al igual que sus
por el de los padres o educadores, sería preciso que éstos no se repetidas advertencias contra los intentos de modelar al niño en
vieran animados por ningún deseo particular con respecto al función de los ideales propios del educador. Un análisis personal
niño. Pues bien, aunque ello fuera posible, imposibilitaría toda es quizá la condición para abstenerse auténticamente de hacer
estructuración psíquica de éste, toda formación del Ideal-del-yo, pesar sobre el educado exigencias superfluas y abusivas, en tanto
y le vedaría todo acceso al deseo mismo, ya que es a partir del que éstas encadenan al niño a la tarea de realizar sus ideales, es
deseo del Otro que el suyo se constituye: no hay más deseo que el decir, de ofrecerse al educador como ese «Yo-ideal» en donde él
deseo alienado. mismo se aliena. ,
v ¿Puede evitar el educador la segunda forma de alienación, Ahora bien, según Freud, el resorte principal de la educación!
consistente en el rebajamiento, en la reducción del deseo a la es el amor, a saber, la demanda de amor que el niño dirige a sus |
demanda? En este segundo tipo de alienación el niño intenta padres y a sus educadores. Para conquistar o conservar este amor, j
conformarse a la demanda del Otro, presentar de sí la imagen propone al adulto una imagen engañosa de sí mismo mediante la 1
narcisista que le permitiría asegurarse el amor del otro, consti-
tuirse como Yo-ideal frente al Ideal-del-yo encarnado por el
15. Cf. S. Ferenczi, «Confusion des langues entre l'adulte et l'enfant», «L'élas-
educador, imagen ideal que lo aliena y lo lleva a sacrificar su ticité de la technique psychanalytique», «La fin de l'analyse», Final Contributions to
deseo. Como hemos visto, es el registro de la relación del Yo- the Problems and Methods of Psychoanalysis, Londres, 1955.

190 202
PSICOANALISIS Y EDUCACION
iES POSIBLE UNA PEDAGOGIA ANALITICA?
ual intenta satisfacer las exigencias cuyo polo constituye el
Tdeal-d e ^y 0 ' ^ P r o c e s o educativo descansa fundamentalmente claramente el campo legítimo de la acción pedagógica, decidien-
sobre e s t a imaginaria, ella misma profundamente narci- do hasta dónde se debe llegar en las exigencias o en la absten-
ista y alienante. Aquí parece haber una contradicción: según ción, ni de indicar el rumbo, el justo medio entre el «Caribdis de
Freud, el educador debería renunciar a aquello que constituye el
la prohibición y el Escila del dejar hacer». Así, pues, la educación
fundamento, la clave de su poder sobre el educado. Desde el
sería esencialmente cuestión de tacto, y el tacto, según Ferenczi,
nto de vista analítico, desde el punto de vista de una profilaxis
se basa en la intuición de los procesos inconscientes del otro. 17
¿e las neurosis, en cuanto éstas son la consecuencia del inevitable
Aquí también puede serle útil al educador su análisis personal.
oflicto entre el narcisismo y el deseo, sería menester que el
La contribución del análisis a la educación consistiría pues,
ducador se abstuviese de apoyarse en el registro imaginario; sin
esencialmente, en el descubrimiento de la nocividad de ésta al
embargo* al hacerlo, renuncia a sus medios de acción como
mismo tiempo que de su necesidad. No hay aplicación posible
edagogo- Esta contradicción es estructural, y constituye la ra-
del psicoanálisis a la pedagogía; no hay pedagogía analítica en el
zón básica de la imposibilidad de fundar una pedagogía analítica.
sentido de que el pedagogo alinearía su posición subjetiva sobre
¿Cómo interpretar entonces los consejos de Freud? Como la del analista y adoptaría «una actitud analítica» respecto al ¡
exhortaciones a la mesura. El analista, a partir de su experiencia, educado. Todo lo que el pedagogo puede aprender del análisis y j
puede sino poner en guardia al educador contra los abusos a por el análisis es a saber poner límites a su acción: saber que no J
los cuales su posición le haría fácilmente deslizarse. pertenece al orden de ninguna ciencia, sino del arte. J
Los consejos corrientemente formulados por los analistas, y
en particular los de Freud, pueden resumirse en una doble reco-
endación: por un lado, una mayor veracidad frente al niño,
dado que la neurosis hace causa común con la mentira, esa men-
tira q u e u n 0 s e a m * s m o > tributaria de las mentiras parenta-

les1 P ° r o t r o u n a l i m i t a c t ó n de las exigencias educativas

' gignificación analítica hemos procurado ofrecer. Podríamos


añadir una tercera recomendación: el respeto por el niño, ya
. en las dos primeras. Tales recomendaciones deben ser
vinculadas con la reducción de lo imaginario, de la cual hace el
nalista u n o s u s objetivos: limitar la acción pedagógica supo-

ne por parte del educador la reducción de este campo en lo que


le concierne, y, por otro lado, limita igualmente su importancia
en el educado. La veracidad en la relación pedagógica también la
impHca: mentira consciente o inconsciente hace causa común
c o n e l narcisismo.
16

p e r o advertimos que todo esto no permite configurar un


sistema. El analista tampoco está en condiciones de delimitar

16 Cf. «Nadie de los que practican el análisis de niños negará que la mentira
1 conducta sea percibida por ellos hasta la devastación», J . Lacan, Ecrits,
pEscritos 2, p. 2 6 4 .
P
17. S. Ferenczi, op. cit., p. 89.
204

205
CONCLUSION

Tras haber constatado el carácter patógeno, generador de


neurosis, de la educación, Freud alentó la esperanza de que la
pedagogía, esclarecida por el psicoanálisis acerca del funciona-
miento del psiquismo y la naturaleza de su desarrollo, podría
reformar sus métodos y objetivos y convertirse en un instrumen-
to profiláctico. Vimos nosotros que debió renunciar a tal espe-
ranza. Cincuenta años de tentativas de reformas pedagógicas
inspiradas en el psicoanálisis confirman que los conflictos psíqui-
cos son ineluctables, y que ningún método pedagógico puede
preservar de ellos al niño.
El psicoanálisis torna caducas las esperanzas de que por el
sendero de la reforma educativa el hombre pueda lograr la felici-
dad, ya sea en el sentido de una armonía interior o en el de la
plena satisfacción. A causa del complejo de Edipo, basado en la
prohibición del incesto, el goce es imposible. No hay Bien Su-
premo.
La idea de que el refrenamiento sexual por la civilización es la
causa sustancial de los sufrimientos psíquicos (tesis abusivamen-
te deducida de las primeras teorías freudianas), y de que la libera-
ción de la sexualidad aseguraría al individuo la plena satisfacción,
descansa en el desconocimiento de la estructura del deseo huma-
no. Si el objeto de la última satisfacción está siempre ya perdido,
ningún «progresismo» puede fundamentarse en los descubri-
mientos del psicoanálisis.
El descubrimiento del Inconsciente tiene por corolario la
invalidación de cualquier intento de edificar una ciencia pedagó-
gica que permitiría determinar los medios a emplear para alcan-
141
CONCLUSION

zar una meta dada. A causa de la existencia del Inconsciente, lo BIBLIOGRAFIA


esencial del desarrollo psíquico del individuo escapa a toda tenta-
tiva de dominio. El saber sobre el Inconsciente adquirido en la
experiencia psicoanalítica tampoco puede ser aplicado por la
pedagogía, pues si bien el psicoanálisis ilumina los mecanismos
psíquicos en los que se funda el proceso educativo, tal esclareci-
miento no incrementa el dominio de este proceso.
No hay pedagogía analítica en el sentido de que el educador
podría adoptar frente al educado una posición analítica, de tal
suerte que le fuera posible evitar la represión o permitir su
levantamiento. La antinomia entre el proceso pedagógico y el
proceso analítico trae como corolario la imposibilidad de ocupar
frente a la misma persona el lugar del educador y el del analista. No daremos una bibliografía del conjunto de las obras de
En materia de profilaxis de las neurosis, sólo la cura psicoana- Freud. Sobre este punto remitimos a la muy completa bibliogra-
lítica es eficaz. El psicoanálisis no puede interesar a la educación fía de Roger Dufresne, Bibliographie des ecrits de Freud, Payot, París,
sino en el terreno del propio psicoanálisis: mediante el psicoaná-
1973.
lisis del educador y del niño. En el niño, para levantar la repre-
En cambio, hemos confeccionado la lista de los textos donde
sión; en el educador, a fin de que sepa no abusar de su papel y
Freud trata acerca del problema de la educación. Las referencias
desprenderse del narcisismo, y de evitar el escollo consistente en
que proporcionamos son de la Standard Edition, única edición
colocar al niño en el lugar de su Yo-ideal.
realmente crítica de las obras de Freud.
Sin embargo, de la experiencia psicoanalítica puede deducirse A lo largo de nuestro trabajo hemos ofrecido en las notas las
una ética en la que la pedagogía podría inspirarse; ética basada en referencias a las ediciones francesas de las que tomamos la tra-
la desmitificación de la función del ideal, como fundamental- ducción de las citas de Freud. Cuando la referencia remite a la
mente engañoso y opuesto a una lúcida aprehensión de la reali-
Standard Edition, la traducción es nuestra.
dad. «Amor» a la verdad que implica el valor de aprehender la
Tampoco suministraremos una bibliografía general sobre
realidad, tanto psíquica como exterior, en lo que puede tener de
Freud, que sería necesariamente incompleta.
lesiva para el narcisismo, particularmente en lo concerniente a
ese renunciamiento a todo fantasma de dominio que el reconoci- Por lo que se refiere al dominio pedagógico, inútilmente
miento de la existencia del Inconsciente impone. hemos buscado las fuentes de las tesis de Freud sobre la educa-
ción en las teorías pedagógicas alemanas del siglo XIX. Inútil es,
El único «progreso» que la experiencia psicoanalítica auto-
también aquí, señalar las etapas bibliográficas de esta infructuosa
riza a esperar es, según lo expresa Freud en Estudios sobre la
búsqueda. En cuanto a la pedagogía actual, remitimos al Traitédes
histeria, la transformación de nuestra miseria neurótica en un
sciencespédagogiques de M. Debesse y G. Mialaret, París, 1969, así
infortunio banal, y la de nuestra impotencia en el reconoci-
como al pequeño volumen de J. Ulmann, Lapensée éducative con-
miento de lo imposible. temporaine, París, 1976.
Hemos consultado los Aúnales me'dico-psychologiques (París, T. I,
1843) sobre la cuestión de las relaciones entre enfermedad men-
tal y civilización, así como sobre la de la educación considerada
desde un punto de vista profiláctico, a fin de comparar las posi-
ciones expresadas durante la segunda mitad del siglo XIX y las

208 209
BIBLIOGRAFIA BIBLIOGRAFIA

que Freud comenzó a elaborar en la década de 1890. Proporcio-


«Civilized» Sexual Morality and Modern Nervous Illness ( 1 9 0 8 ) , pp.
naremos aquí algunas referencias.
185-202.
Hemos comprobado que la posibilidad de una incidencia de la O n the Sexual Theories of Children ( 1 9 0 8 ) , pp. 2 2 4 - 6 .
vida sexual sobre la histeria no puede invocarse sino para ser Family R o m a n c e s ( 1 9 0 9 ) , p. 2 3 7 .
desmentida. Suele acusarse a la civilización de ser causa del in- S.E. X - A n a l y s i s of a Phobia in a Five-year-old Boy («Little Hans»)
cremento de las enfermedades nerviosas, ya que desarrolla la ( 1 9 0 9 ) , pp. 101-3, 141-6.
«competencia industrial» y, por lo tanto, las tensiones e irrita- S.E. X I - F i v e Lectures on Psycho-Analysis ( 1 9 0 9 ) , pp. 1 4 5 - 8 .
ciones. Si se la considera nociva no es por los renunciamientos Leonardo da Vinci and a Memory of his Childhood ( 1 9 1 0 ) , pp. 7 9 - 8 0 .
que impondría a la sexualidad sino, opuestamente, a causa de la O n the Universal Tendancy to Debasement in the Sphere o f Love
exacerbación de las pasiones que suscitaría. La educación posee ( 1 9 1 2 ) , pp. 1 8 6 - 1 9 0 .
un valor profiláctico y hasta curativo, pues desarrolla la moral y Contribution to a Discussion on Suicide ( 1 9 1 0 ) , pp. 2 3 1 - 2 .
la cultura, únicas salvaguardias verdaderas contra la enfermedad S.E. X I I - Formulations on the Two Principies of Mental Functioning
mental: «Mala conducta, alimentación insuficiente, atmósfera ( 1 9 1 1 ) , p. 2 2 5 .
viciada, falta de cultura intelectual y moral: tales son las causas Introduction to Pfister's The Psycho-Analytic Method ( 1 9 1 3 ) , pp. 329-
que preparan al proletariado para la alienación mental», declara 31, así c o m o «Contribution to a Discussion on Masturbation» ( 1 9 1 2 ) ,
pp. 2 3 9 y sigs. que, aunque no versa sobre la educación, es central
Sir James Coxe. Aunque los problemas planteados sean los mis-
para la problemática sexualidad-civilización.
mos —Freud pertenece a su misma época—, las respuestas difie-
S.E. X I I I - T h e Claims of Psycho-Analysis to Scientific Interest ( 1 9 1 3 ) :
ren sensiblemente.
The Educational Interest of Psycho-Analysis, pp. 1 8 9 - 9 0 .
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S.E. X I V - On the History of Psycho-Analytic Movement ( 1 9 1 4 ) , p. 38.
Thoughts for the Times on W a r and Death ( 1 9 1 5 ) , pp. 2 8 1 - 8 .
B I B L I O G R A F I A DE LOS T E X T O S DE F R E U D S o m e Character-Types Met with in Psycho-Analytic W o r k ( 1 9 1 6 ) ,
S O B R E LA E D U C A C I O N p. 3 1 2 .
S.E. X V et X V I - Introductory Lectures on Psycho-Analysis ( 1 9 1 5 - 1 9 1 6 ) ,
X V , p. 2 0 9 ; X V I , pp. 3 1 1 - 5 , 3 5 2 - 7 , 3 6 4 - 5 , 4 0 8 , 4 2 9 , 4 5 1 .
Standard Edition o f the Complete Psychological W o r k s o f S. Freud, bajo S.E. X V I I - F r o m the History of an Infantile Neurosis ( 1 9 1 8 ) , pp. 114-5.
la dirección de J . Strachey. Londres, Hogarth Press (abrev. S.E.) S.E. X V I I I - T w o Encyclopedia Articles ( 1 9 2 3 ) , p. 2 5 3 .
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