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Dispersión de rayos alfa.

En 1980, Thomson propuso un modelo para el átomo este escaba compuesto por una carga positiva esta
estaba uniformemente dispersa en una esfera de radio definido; para lograr neutralidad eléctrica los
electrones estaban incluidos en la esfera. Para mantener la estabilidad de acuerdo con la teoría clásica
los electrones debían estar en reposo. Este requisito se satisfacía si se concebía al átomo de hidrogeno
como una esfera con un electrón en su centro. Este modelo no se ajustaba a los datos obtenidos
mediante la dispersión de rayos α con láminas metálicas delgadas.

En 1909, Geiger y Marsden descubrieron que si un haz de partículas alfa se dirigía hacia una hoja
delgada de oro, algunas de estas partículas eran rechazadas hacia su punto de origen.

La mayoría de la partículas α pasan


a través de la lámina, algunas se
dispersan formando pequeños
ángulos, sorprendentemente un
buen número se dispersan
formando ángulos grandes.

La dispersión es consecuencia de la repulsión entre la carga positiva de las partículas alfa y la carga
positiva de los átomos de la hoja metálica. Esto contradice al modelo de Thomson, pues si la carga
positiva de los átomos estuviera distribuida uniformemente, la dispersión seria el resultado de deflexiones
progresivas a medida que avanzase la partícula a través de la hoja, de este modo el ángulo de dispersión
sería muy pequeño.

Rutherford concluyo, respecto a los ángulos grandes, que eran consecuencia de una gran aproximación
de las partículas alfa a un centro cargado positivamente con un rebote subsiguiente; un solo hecho de
dispersión. El cálculo que si la dispersión era debida a un solo hecho, para obtener ángulos tan grandes,
la partícula alfa debería aproximarse a la parte positiva del átomo en cuestión, a distancias muy
pequeñas, del orden de los 10-----cm. Se sabía entonces que el tamaño de los átomos era de unos 10—
cm. Como la masa del átomo está asociada con la parte del átomo cargada positivamente, los cálculos de
Rutherford implicaban que la carga positiva y la masa del átomo estaban concentradas en un espacio
mucho más pequeño que en ocupado por el átomo como un todo.

El modelo nuclear del átomo propuesto por Rutherford suponía al átomo como una esfera de carga
negativa, de masa pequeña, que poseía un minúsculo centro o núcleo en el que se concentraba la masa
y la carga positiva. Utilizando el modelo nuclear, Rutherford calculo la distribución angular de las
partículas alfas dispersadas; posteriores experimentos de Geiger y Marsden confirmaron en todos sus
detalles la distribución predicha.

El modelo de Rutherford tuvo sus dificultades. La esfera uniformemente llena de carga negativa era
incompatible con el concepto del electrón como partícula, que debería estar localizado en el espacio. Sin
embargo, no es posible concebir una partícula discreta positiva y una partícula discreta negativa
localizadas a cierta distancia entre si y que se mantengan en reposo. Teniendo cargas opuestas, se
atraerán mutuamente. El electrón caerá en el núcleo. El modelo de Thomson no tenía esta contradicción.
Suponer que el electrón giraba en una órbita, para lograrla estabilidad de un satélite en torno a un
planeta, no ayudaba. La fuerza eléctrica de atracción suministraría la fuerza centrípeta necesaria; sin
embargo, surge una objeción fundamental. Un electrón en una órbita estaría sujeto a una aceleración
continua hacia el centro; de otra forma no podría ser estable. La teoría electromagnética clásica,
confirmada por el descubrimiento de las ondas de radio por Hertz, exigía que una carga eléctrica
acelerada emitiese radiación. La consecuente pérdida de energía haría que el electrón cayese en el
núcleo describiendo un movimiento espiral. No obstante Niels Bohr encontró una salida, al suponer que el
electrón solo podía moverse en ciertas orbitas y no en otras y que las orbitas donde les es permitido
moverse corresponden a estados del átomo definidos en los cuales el átomo es estable y por lo tanto no
emite radiación.