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En mi comentario Facebook anterior reproduje un texto de Simone de Beauvoir -madre

del feminismo "de segunda ola", que no considera suficiente la igualdad ante la ley
y adquiere un tono anti-familia y anti-maternidad- sobre la fisiología femenina,
descrita en términos casi despectivos, y enfatizando la inferioridad física
respecto al varón.

El largo capítulo que dedica Beauvoir a la fisiología es interesantísimo, porque


trasluce su odio a la maternidad. La capacidad femenina de transmitir la vida es
interpretada por Beauvoir como maldición, como hipoteca, como servidumbre del
individuo a la especie. "La individualidad de la hembra es combatida por el interés
de la especie; [la mujer] aparece como poseída por potencias ajenas, alienada" ("Le
deuxième sexe" [1949], Gallimard, 1976, p. p. 64).

Por ejemplo, el hecho de que, ya en el seno materno, el feto de sexo femenino esté
provisto de los ovocitos que irán madurando a lo largo de su vida fértil es
interpretado así por Beauvoir (traduzco): "Desde la vida embrionaria, la provisión
de ovocitos está definitivamente constituida: el ovario contiene unos cincuenta mil
óvulos encerrados cada uno en un folículo; de ellos, unos 400 llegarán a
maduración. Desde su nacimiento, pues, LA ESPECIE HA TOMADO POSESIÓN DE ELLA, e
intenta afirmarse: al llegar al mundo, la mujer atraviesa ya una especie de primera
pubertad, y los ovocitos crecen en tamaño repentinamente; después, el tamaño del
ovario se reduce en un 20%: se diría que se concede a la niña una especie de tregua
mientras que su organismo se desarrolla, y su sistema genital permanece
relativamente estacionario [entre los 0 y los 12 años]. El crecimiento de la chica
es análogo al del chico: a edad igual, ocurre incluso a menudo que ella sea más
alta y pesada que él. Pero en el momento de la pubertad la especie reafirma sus
derechos: bajo la influencia de secreciones ováricas, el número de folículos en
crecimiento aumenta, el ovario se congestiona y engorda, uno de los óvulos llega a
maduración y se abre el ciclo menstrual. El sistema genital adopta su volumen y
forma definitivos, el cuerpo se feminiza, el equilibrio endocrino se establece. Es
significativo que este acontecimiento adopte la forma de una CRISIS: NO ES SIN
RESISTENCIA QUE EL CUERPO DE LA MUJER DEJA A LA ESPECIE TOMAR POSESIÓN DE ÉL, y ese
combate la debilita y la pone en peligro" ("Deuxième sexe", p 65).

Y todo así: la menstruación, el embarazo y el parto como maldiciones; la menopausia


como liberación: "De la pubertad a la menopausia, la mujer es escenario pasivo de
una historia que se desarrolla en ella Y QUE NO LA CONCIERNE PERSONALMENTE. Los
anglosajones llaman a la menstruación "the curse", "la maldición"; y, en efecto, no
hay en el ciclo menstrual ninguna finalidad individual. [...] [Sigue una
descripción de los trastornos que acompañan a la menstruación]: [...] hay
disminución del control automático del sistema central que libera los reflejos
[...] lo cual se traduce en una gran inestabilidad emocional: la mujer está
entonces más emotiva, más nerviosa, más irritable que de costumbre, y puede
presentar trastornos psíquicos graves. Es en ese periodo [menstrual] cuando
EXPERIMENTA PENOSAMENTE SU CUERPO COMO UNA COSA OPACA Y ALIENADA; ES PRESA DE UNA
VOLUNTAD TERCA Y AJENA QUE PREPARA EN SU CUERPO CADA MES LA CUNA DE UN BEBÉ QUE SE
PREPARA A NACER Y QUE [si el óvulo no es fecundado] ES ABORTADO EN UN COLAPSO DE
ENCAJES ROJOS [aquí se refiere Beauvoir a la estructura del óvulo]".

"La mujer conoce una alienación aún más profunda cuando el huevo fecundado
desciende al útero y se desarrolla allí [o sea, cuando se queda embarazada] [...].
En contra de lo que dice la teoría optimista cuya utilidad social es demasiado
evidente, la gestación es un trabajo fatigoso que no presenta ningún beneficio
individual para la mujer y que exige por el contrario pesados sacrificios. Se
acompaña a menudo en los primeros meses de falta de apetito y de vómitos [...] que
manifiestan LA REBELIÓN DEL ORGANISMO CONTRA LA ESPECIE QUE TOMA POSESIÓN DE ÉL: el
cuerpo de la embarazada tendrá carencias de fósforo, de calcio, de hierro; el
sistema nervioso está en estado de excitabilidad aumentada; en cuanto a la sangre,
su peso específico disminuye, está anémica, en un estado similar al de los que
ayunan, los exánimes o las personas que han sufrido sangrías repetidas" (p. 69).

Las alegrías de la lactancia según Beauvoir: "El amamantamiento es UNA ESCLAVITUD


AGOTADORA; [...] la subida de la leche es dolorosa, y se acompaña a menudo de
fiebre; la madre alimenta al niño en detrimento de su propio vigor. El CONFLICTO
ESPECIE-INDIVIDUO, que adopta en el parto a veces una forma dramática [muerte de la
parturienta], proporciona al cuerpo femenino una inquietante fragilidad. Se dice a
veces que las mujeres [embarazadas] "tienen una enfermedad en el vientre"; y es
cierto que ALBERGAN EN ELLAS UN ELEMENTO HOSTIL: ES LA ESPECIE QUE LAS DEVORA
[c'est l'espèce qui les ronge]" (p. 70).
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En mi comentario Facebook anterior reproduje un texto de Simone de Beauvoir -madre
del feminismo "de segunda ola", que no considera suficiente la igualdad ante la ley
y adquiere un tono anti-familia y anti-maternidad- sobre la fisiología femenina,
descrita en términos casi despectivos, y enfatizando la inferioridad física
respecto al varón.

El largo capítulo que dedica Beauvoir a la fisiología es interesantísimo, porque


trasluce su odio a la maternidad. La capacidad femenina de transmitir la vida es
interpretada por Beauvoir como maldición, como hipoteca, como servidumbre del
individuo a la especie. "La individualidad de la hembra es combatida por el interés
de la especie; [la mujer] aparece como poseída por potencias ajenas, alienada" ("Le
deuxième sexe" [1949], Gallimard, 1976, p. p. 64).

Por ejemplo, el hecho de que, ya en el seno materno, el feto de sexo femenino esté
provisto de los ovocitos que irán madurando a lo largo de su vida fértil es
interpretado así por Beauvoir (traduzco): "Desde la vida embrionaria, la provisión
de ovocitos está definitivamente constituida: el ovario contiene unos cincuenta mil
óvulos encerrados cada uno en un folículo; de ellos, unos 400 llegarán a
maduración. Desde su nacimiento, pues, LA ESPECIE HA TOMADO POSESIÓN DE ELLA, e
intenta afirmarse: al llegar al mundo, la mujer atraviesa ya una especie de primera
pubertad, y los ovocitos crecen en tamaño repentinamente; después, el tamaño del
ovario se reduce en un 20%: se diría que se concede a la niña una especie de tregua
mientras que su organismo se desarrolla, y su sistema genital permanece
relativamente estacionario [entre los 0 y los 12 años]. El crecimiento de la chica
es análogo al del chico: a edad igual, ocurre incluso a menudo que ella sea más
alta y pesada que él. Pero en el momento de la pubertad la especie reafirma sus
derechos: bajo la influencia de secreciones ováricas, el número de folículos en
crecimiento aumenta, el ovario se congestiona y engorda, uno de los óvulos llega a
maduración y se abre el ciclo menstrual. El sistema genital adopta su volumen y
forma definitivos, el cuerpo se feminiza, el equilibrio endocrino se establece. Es
significativo que este acontecimiento adopte la forma de una CRISIS: NO ES SIN
RESISTENCIA QUE EL CUERPO DE LA MUJER DEJA A LA ESPECIE TOMAR POSESIÓN DE ÉL, y ese
combate la debilita y la pone en peligro" ("Deuxième sexe", p 65).

Y todo así: la menstruación, el embarazo y el parto como maldiciones; la menopausia


como liberación: "De la pubertad a la menopausia, la mujer es escenario pasivo de
una historia que se desarrolla en ella Y QUE NO LA CONCIERNE PERSONALMENTE. Los
anglosajones llaman a la menstruación "the curse", "la maldición"; y, en efecto, no
hay en el ciclo menstrual ninguna finalidad individual. [...] [Sigue una
descripción de los trastornos que acompañan a la menstruación]: [...] hay
disminución del control automático del sistema central que libera los reflejos
[...] lo cual se traduce en una gran inestabilidad emocional: la mujer está
entonces más emotiva, más nerviosa, más irritable que de costumbre, y puede
presentar trastornos psíquicos graves. Es en ese periodo [menstrual] cuando
EXPERIMENTA PENOSAMENTE SU CUERPO COMO UNA COSA OPACA Y ALIENADA; ES PRESA DE UNA
VOLUNTAD TERCA Y AJENA QUE PREPARA EN SU CUERPO CADA MES LA CUNA DE UN BEBÉ QUE SE
PREPARA A NACER Y QUE [si el óvulo no es fecundado] ES ABORTADO EN UN COLAPSO DE
ENCAJES ROJOS [aquí se refiere Beauvoir a la estructura del óvulo]".

"La mujer conoce una alienación aún más profunda cuando el huevo fecundado
desciende al útero y se desarrolla allí [o sea, cuando se queda embarazada] [...].
En contra de lo que dice la teoría optimista cuya utilidad social es demasiado
evidente, la gestación es un trabajo fatigoso que no presenta ningún beneficio
individual para la mujer y que exige por el contrario pesados sacrificios. Se
acompaña a menudo en los primeros meses de falta de apetito y de vómitos [...] que
manifiestan LA REBELIÓN DEL ORGANISMO CONTRA LA ESPECIE QUE TOMA POSESIÓN DE ÉL: el
cuerpo de la embarazada tendrá carencias de fósforo, de calcio, de hierro; el
sistema nervioso está en estado de excitabilidad aumentada; en cuanto a la sangre,
su peso específico disminuye, está anémica, en un estado similar al de los que
ayunan, los exánimes o las personas que han sufrido sangrías repetidas" (p. 69).

Las alegrías de la lactancia según Beauvoir: "El amamantamiento es UNA ESCLAVITUD


AGOTADORA; [...] la subida de la leche es dolorosa, y se acompaña a menudo de
fiebre; la madre alimenta al niño en detrimento de su propio vigor. El CONFLICTO
ESPECIE-INDIVIDUO, que adopta en el parto a veces una forma dramática [muerte de la
parturienta], proporciona al cuerpo femenino una inquietante fragilidad. Se dice a
veces que las mujeres [embarazadas] "tienen una enfermedad en el vientre"; y es
cierto que ALBERGAN EN ELLAS UN ELEMENTO HOSTIL: ES LA ESPECIE QUE LAS DEVORA
[c'est l'espèce qui les ronge]" (p. 70).
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