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Recodo y recoveco del amparo

laboral contra las normas


autoaplicativas
El amparo contra normas laborales tiene algunas particularidades que la hacen
diferente del amparo laboral en general, por lo que su diseño se viene
perfeccionando por la jurisprudencia
POR
AUGUSTO MEDINA OTAZU
-
ABRIL 24, 2018

Sumario: 1. Introducción; 2. Cobertura jurídica del amparo legal contra


normas; 2.1. Cobertura constitucional; 2.2. Cobertura legal del amparo que
impugna la norma; 3. Características de las normas sujetas a control por el
amparo; 3.1. Tipos de normas; 3.2. Evaluación de las normas autoaplicativas en
dos fases; 4. Tipos de amparo contra normas legales; 4.1. Amparo contra
normas; 4.2. Amparo contra actos sustentados en la aplicación de una norma; 5.
La vía igualmente satisfactoria es un tema de discusión permanente; 5.1.
Definición sobre la vía igualmente satisfactoria; 6. Casos de normas laborales que
han sido evaluadas en el amparo; 6.1. Las normas de los centros de formación de
las escuelas militares y policiales y las vulneraciones constitucionales; 6.2. Puede
negarse el amparo contra normas laborales por cuanto sus efectos no son
autoaplicativos; 6.3. La libertad de empresa no puede ser afectada cuando las
disposiciones están en consonancia con las facultades constitucionales; 6.4.
Controlando al Poder Judicial y la vulneración del derecho al plazo razonable.

1. Introducción

Para hacer un análisis retrospectivo sobre el amparo laboral y de los impactos que
genera, se puede hacer una remembranza de los efectos que causan las normas en
el proceso laboral o en el derecho material laboral, debido a que ambos pueden
merecer tutela constitucional, en forma autónoma o conjunta.

El aspecto positivo del Tribunal Constitucional es que siempre se encuentra en la


cúspide de la discusión, sea porque recibe las críticas de sus sentencias o por
la tutela adecuada en casos trascendentes. Es decir, a nadie deja stisfecho al cien
por ciento, pero su relevancia es incuestionable, si lo comparamos con un Poder
Judicial algunas veces bastante pasivo e indiferente sobre problemáticas graves.

Debería ser una situación normal, que quien se sienta vulnerado de un derecho
laboral recurra primero al proceso ordinario, y solo si no encuentra una vía
satisfactoria para sus intereses, podría recurrir a la vía constitucional (si el
derecho tiene cobertura constitucional): “Sostener lo contrario significaría firmar
que solo el amparo es el único medio para salvaguardar los derechos
constitucionales, a pesar de que a través de otros procesos judiciales también es
posible obtener el mismo resultado” (STC 0206-2005-PA/TC, f. 5).

Al respecto Néstor Pedro Sagués expresa que se recurrirá a la vía de amparo,


cuando no se encuentre en la vía ordinaria adecuada protección laboral: “hay que
considerar, inexcusablemente, si tal trámite es auténticamente operativo para
enfrentar el acto lesivo (…) debe determinarse, si tales caminos son efectivamente
útiles para lograr la protección del derecho o garantía constitucional de que se
trate“[1].

La justicia constitucional resulta el último recodo que tiene la persona para lograr
atención a su problemática, pero esta situación tiene doble efecto: por un lado
posiciona al Tribunal Constitucional como el organismo más relevante de la
justicia y por otro visibiliza las vulnerabilidades del proceso laboral ordinario.

El amparo contra normas laborales tiene algunas particularidades que la hacen


diferente del amparo laboral en general, por lo que su diseño se viene
perfeccionando por la jurisprudencia.

2. Cobertura jurídica del amparo legal contra normas

2.1. Cobertura constitucional

El artículo 200 inciso 2 de la Constitución Política del Estado, nos brinda las
características del proceso de amparo, que desde la cúspide del ordenamiento
será una norma necesaria a analizar:

Son garantías constitucionales


La Acción de Amparo, que procede contra el hecho u omisión, por parte de
cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los demás
derechos reconocidos por la Constitución, con excepción de los señalados en el
inciso siguiente. No procede contra normas legales ni contra Resoluciones
Judiciales emanadas de procedimiento regular.

Puede apreciarse, desde la interpretación literal, que la Constitución no autoriza al


amparo como vehículo de ataque contra las normas legales. Siin embargo,
recurriendo al principio de la unidad constitucional,que señala cómo la
interpretación de la Constitución debe estar orientada a considerarla como un
“todo” armónico y sistemático, a partir del cual se organiza el sistema jurídico en
su conjunto[2]; el TC nos expresa que el dispositivo mencionado: “no contiene
una prohibición para cuestionar mediante el amparo normas legales que puedan
ser lesivas, en sí mismas, de derechos fundamentales, sino una limitación, que
pretende impedir que a través de un proceso cuyo objeto de protección son los
derechos constitucionales se pretenda impugnar en abstracto la validez
constitucional de las normas con rango de ley”[3].

En ese sentido, cualquier persona puede ser afectada en sus derechos


fundamentales o constitucionales; así que, evidentemente, dentro de esa
interpretación general, las normas legales emitidas son también una forma de
comunicación. En esta interacción, se pueden violentar derechos, y en
consecuencia, el amparo debe estar ahí como la cobra cuando se siente vulnerada,
haciendo sonar sus cascabeles y ponerse en posición de ataque.

Cuando una norma laboral se cuestiona a través del proceso de amparo, tiene un
impacto sobredimensionado, dado que no solo atiende la problemática concreta
del conflicto, sino debilita las bases de su aplicación y vigencia. En la
jurisdicción anglosajona de EE.UU., cuando un juez realiza control difuso de
constitucionalidad sobre una norma, esta se da por acabada y, si no es derogada,
morirá por inanición.

2.2. Cobertura legal del amparo que impugna la norma

En esta parte, nos corresponde advertir que no cualquier norma puede ser
cuestionada con el amparo, sino que deben tener determinadas
características para ser ubicado en la mira. La disposición habilitante para la
evaluación se encuentra en el artículo 3 del Código Procesal Constitucional:

“Cuando se invoque la amenaza o violación de actos que tienen como sustento la


aplicación de una norma autoaplicativa incompatible con la Constitución, la
sentencia que declare fundada la demanda dispondrá, además, la inaplicabilidad
de la citada norma.

Son normas autoaplicativas, aquellas cuya aplicabilidad, una vez que han
entrado en vigencia, resulta inmediata e incondicionada”.

En estos casos, estamos hablando del control difuso que realiza la justicia
constitucional, a través del amparo sobre normas legales. Es necesario precisar
que tiene una distinta afectación cuando nos encontramos con el control abstracto
que se realiza a través del proceso de inconstitucionalidad de leyes o el proceso
de acción popular, según sean leyes o normas de menor
jerarquía respectivamente.

Esta diferenciación hace que, gran parte de la problemática del amparo contra
normas legales, se encuentre conflictuada por una inadecuada definición de
ambos procesos y sus objetivos.

3. Características de las normas sujetas a control por el amparo

3.1. Tipos de normas

Con la finalidad de ubicar el marco de acción del amparo contra normas, es


necesario identificar los tipos de normas[4] que el ordenamiento nos provee:

3.1.1. Norma autoaplicativa

Es aquella cuya aplicación resulta inmediata e incondicionada, una vez que ha


entrado en vigencia. Son normas que no requieren actos de desarrollo o ejecución
para desplegar sus efectos. El Tribunal Constitucional denomina a las normas
autoaplicativas también “norma – acto”, con carácter auto ejecutivo[5],
operativa o de eficacia inmediata[6].
3.1.2. Norma heteroaplicativa

Es aquella cuya aplicabilidad no depende de su sola vigencia, sino de la


verificación de un evento posterior, sin cuya existencia la norma carecerá
indefectiblemente de eficacia. Son normas de eficacia condicionada, sujetas a la
realización de algún acto posterior de aplicación o una eventual regulación
legislativa.

El amparo contra normas legales está centrada únicamente en el control de normas


autoaplicativas. Las normas heteroaplicativas merecerán un control abstracto a
través del proceso de inconstitucionalidad o de acción popular.

3.2. Evaluación de las normas autoaplicativas en dos fases

Para que el proceso de amparo contra normas resulte procedente, es necesario que
sea evaluado en dos fases[7]:

3.2.1. Primera fase

Debe evaluarse si la norma impugnada tiene carácter autoaplicativo, característica


que resultará relevante solo para determinar la procedencia del amparo. Así, la
verificación del carácter de la norma es una condición de procedibilidad, mas no
de inconstitucionalidad.

Para que pueda ser viable el control vía amparo, es necesario que la lesión o
amenaza alegada incida en el contenido constitucionalmente protegido del derecho
invocado o la relevancia iusfundamental que exige el artículo 5, inciso 1[8] del
Código Procesal Constitucional, para establecer si ha existido alguna
intervención prima facie en los derechos que invoca[9].

3.2.2. Segunda fase

En esta etapa, corresponderá determinar si en el caso concreto se lesionan los


específicos derechos fundamentales que se invocan. No puede invocarse derechos
genéricos o gaseosos, pues la suerte del amparo sería previsiblemente
improcedente.

4. Tipos de amparo contra normas legales

Pasemos a realizar la diferenciación entre dos tipos de amparos que afectan a las
normas legales:

4.1. Amparo contra normas

En este caso, la procedencia del amparo estará condicionada a que agravie un


derecho fundamental y a su vez se trate de una norma autoaplicativa, operativa o
denominada también de eficacia inmediata; esto es, aquella cuya sola puesta en
vigencia incide en el contenido constitucional protegido de los derechos
fundamentales[10]. Específicamente estas normas son el centro de nuestro
atención.

4.2. Amparo contra actos sustentados en la aplicación de una norma

En estos casos, estamos ante normas legales cuya eficacia y, por tanto, eventual
lesión, se encuentra condicionada a la realización de actos posteriores de
aplicación. Su procedencia ha de responder a los siguientes criterios: “por un
lado, si se trata de una alegación de amenaza de violación, ésta habrá de ser cierta
y de inminente realización”[11]. Con relación a la amenaza cierta, es analizable
desde dos puntos de vista, jurídico o fáctico, y en ambos casos debe ser de
inminente realización: “esta situación supone su evidente cercanía en el tiempo,
es decir, actualidad del posible perjuicio cuya falta de atención oportuna haría
ilusoria su reparación”[12].

En este segundo caso, es factible que la vía ordinaria sea también una vía adecuada
para su debate por la afectación generada. En consecuencia, cualquier juez laboral
que conozca en un proceso ordinario, puede recurrir al control difuso de
constitucionalidad para inaplicarla al caso concreto.

Situación que, en el primer caso, no será factible encontrarle una vía adecuada en
la vía ordinaria, como se verá más adelante.

5. La vía igualmente satisfactoria es un tema de discusión permanente

5.1. Definición sobre la vía igualmente satisfactoria

El Tribunal Constitucional estableció que el proceso laboral de la Ley 29497, Ley


Procesal de Trabajo; se constituía en una vía igualmente satisfactoria que el
amparo. Con esta decisión se repotencia el uso de la vía laboral ordinaria. Sin
embargo, volvió a ser analizada bajo otras perspectivas[13]:

 Existen dos perspectivas para entender cuándo una vía puede ser
considerada igualmente satisfactoria. Desde una visión objetiva, se debe
analizar la estructura del proceso para establecer si estamos ante una
vía célere y eficaz que nos permita establecer que la estructura del proceso
ordinario es idónea; pero esto no resulta suficiente, ya que a su vez es
necesario saber si el proceso atenderá adecuadamente en justicia,
evaluando en este caso la idoneidad de la tutela.
 Por otra parte, desde la perspectiva subjetiva, se puede abordar si transitar
el proceso ordinario no pone en riesgo el derecho a tutelar, que a la
postre puede convertirse en irreparable y debe brindar tutela
urgentísima; atendiendo a la relevancia del derecho involucrado o al grave
daño que podría ocurrir.

El Tribunal Constitucional ha expresado que la ausencia de cualquiera de estos


presupuestos, revelaría que no existe vía idónea alternativa al amparo, por lo
que la vía constitucional quedará habilitada para la emisión de un pronunciamiento
de fondo[14].

5.2. La vía igualmente satisfactoria en el amparo contra normas legales

También es necesario evaluar la pertinencia de la vía constitucional del amparo


contra normas legales, dentro del esquema hipotético establecido por el artículo 5,
inciso 2, del mismo Código Procesal Constitucional:

“No proceden los procesos constitucionales cuando:

(…)

2. Existan vías procedimentales específicas, igualmente satisfactorias, para la


protección del derecho constitucional amenazado o vulnerado, salvo cuando se
trate del proceso de hábeas corpus”

Corresponde evaluar si existen vías jurisdiccionales ordinarias que puedan brindar


una protección equivalente a la solicitada, a través del amparo contra normas
autoejecutivas. Si estas existieran, lo que correspondería es que debería declararse
improcedente la demanda[15].

Sin embargo, como ya señaláramos el amparo contra actos basados en aplicación


de normas es el que se reputa como lesivo o amenazante, así que, en estos casos,
es factible discutirse y debatirse en la vía ordinaria. Es importante hacer esa
diferenciación para no obviar la vía ordinaria como eficaz, en el objetivo
de neutralizar los actos inconstitucionalesde las normas legales.

5.3. No existen vías igualmente satisfatorias contra normas autoaplicativas

Con respecto a los amparos contra normas autoaplicativas, en realidad no existe


una vía igualmente satisfactoria y menos aún específica, en que pueda analizarse
la constitucionalidad de una norma legal. Por tal razón, el Tribunal Constitucional
ha señalado que los jueces, no pueden declarar la improcedencia de una demanda
contra norma autoaplicativa con el pretexto de que existe una vía alternativa
igualmente idónea, en la que pueda obtenerse tutela iusfundamental. En este
extremo, queda claro que, tratándose de un proceso que impugna
constitucionalmente la norma autoaplicativa, no existe otra vía procedimental
específica igualmente satisfactoria[16] que el brindado por el amparo.

6. Casos de normas laborales que han sido evaluadas en el amparo

En esta parte, relatamos los pronunciamientos donde se muestra las posiciones


del Tribunal Constitucional sobre el amparo contra normas legales.

6.1. Las normas de los centros de formación de las escuelas militares y


policiales y las vulneraciones constitucionales

En la STC N° 1424-2013-PA/TC[17], se analiza concretamente los artículos 42 y


49[18] del Decreto Supremo N ° 001-2010DE/SG, que cuestiona la permanencia
de las alumnas en el Centro de Formación de Cadetes de las Fuerzas Armadas por
su estado de gestación.

El panorama que muestra la gravedad integra, es que las alumnas mujeres


embarazadas cometen falta grave pasible de ser despedidas de la carrera militar, y
que en términos técnicos, se dice son pasibles de baja. Es decir, el embarazo de
una mujer, que puede ser la alegría para la familia y el entorno, resulta una falta
grave, criminalizando un hecho humano y anulando todo el plan de vida de
los jóvenes. Por esta situación, el TC haciendo un control contra la norma legal y
su afectación directa contra la cadete, señala:

“En el caso, la demandante no solo ve frustrada la posibilidad de concretar una


carrera militar que eligió, sino también tiene que soportar que su condición de
mujer y, en particular, su estado de gestación, le impide acceder de manera libre
a una de las opciones educativas que el sistema ofrece para alcanzar el desarrollo
personal y que el Estado, del cual forma parte, en lugar de eliminar las diferencias
culturalmente creadas, las legitima y formaliza expidiendo normas como las
sometidas a control. Y, como consecuencia de ello, su proyecto de vida trazado de
manera autónoma y libre se ve truncado por una decisión externa irrazonable y
contraria al orden constitucional (f. 36.1)”.

Esta disposición constituye una clara y grave vulneración a las normas


constitucionales que proscriben la discriminación contra la mujer. El artículo
2, inciso 2 de la Constitución señala: “Toda persona tiene derecho: (…) A la
igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo,
idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”;
concordante con el artículo 26 inciso 1. Asimismo, una norma más específica, el
artículo 23, sentencia: “El trabajo, en sus diversas modalidades, es objeto de
atención prioritaria del Estado, el cual protege especialmente a la madre, al
menor de edad y al impedido que trabajan”.
Vemos así que la norma controlada no reconoce la característica antropológica
del ser humano y, en ese sentido, hay una protección súper reforzada en
la Convención Belem do Pará, artículo 9:

“Para la adopción de las medidas a que se refiere este capítulo, los Estados
Partes tendrán especialmente en cuenta la situación de vulnerabilidad a la
violencia que pueda sufrir la mujer en razón, entre otras, de su raza o de su
condición étnica, de migrante, refugiada o desplazada. En igual sentido se
considerará a la mujer que es objeto de violencia cuando está embarazada (…)”.

La vinculación entre la norma legal y su afectación, hace que sea una muestra y
característica de una norma autoaplicativa, al extremo que el sustento de la baja
está centrada directamente en la norma cuestionada.

Como se aprecia, para atender la presente causa se ha recurrido a


una interpretación de subsunción, por cuanto se contrastaron las normas
constitucionales e internacionales, que son normas jerárquicamente superiores;
versus las normas de control de los artículos 42 y 49 del decreto supremo
cuestionado.

Si bien el amparo contra normas laborales permite que estas trabas


inconstitucionales sean suprimidas, para la agraviada, el mensaje de la sentencia
no solo queda entre las partes del conflicto sino trasciende un espacio mayor;
llamando a las instituciones para que puedan corregirla en forma inmediata. Una
inacción institucional en la modificación incluso puede generar responsabilidades
funcionales.

6.2. Puede negarse el amparo contra normas laborales por cuanto sus efectos
no son autoaplicativos

En el Auto Constitucional 15447-2014-PA/TC[19], el demandante cuestiona


la Ley 30057, Ley del Servicio Civil, por afectar los derechos laborales al trabajo
y de protección contra el despido arbitrario; sin embargo, sin entrar a la
contrastación constitucional, el TC hace una evaluación de la procedibilidad para
verificar si la norma cumple con ser autoaplicativa, para recién analizar si es válido
desplazar un control constitucional del amparo contra normas.

Para curarse en salud, el TC advierte que, el amparo contra normas legales, tiene
ciertas restricciones que deben ser cumplidas a efecto de no ser pasadas como
contrabando de una evaluación abstracta de normas legales:

“Y es que, bien entendida, la referida limitación del proceso de amparo prevista


en la Constitución tiene como única finalidad evitar que a través de este se
impugne “en abstracto, la validez constitucional de las leyes”, pues ese es el
objeto del proceso de inconstitucionalidad (STC Exp. N° 830-2000-AA/TC, f. j.
3.a). No se encuentra, entonces, totalmente prohibida la interposición de
demandas de amparos contra normas que lesionen derechos fundamentales. El
Tribunal Constitucional ha explicado que se trata de una mera restricción o
limitación”.

En ese sentido el TC considera que la Ley 30057 no es autoaplicativa por tres


razones:

 La Ley 30057, Ley del Servicio Civil, no puede ser considerada una norma
autoaplicativa, por cuanto para empezar a regir la norma, debe ser
reglamentada, tal como está previsto en el inciso c) de la Novena
Disposición Complementaria Final (f. 30).

 La Ley 30057, Ley del Servicio Civil, tampoco puede ser considerada
como de eficacia inmediata, pues ella se encuentra sujeta a dos
condiciones: (1) que los servidores públicos bajo los regímenes de los
Decretos Legislativos 276, 728 y 1057 expresen su voluntad de traslado al
régimen del servicio civil, y que medie previamente (2) un concurso
público de méritos (f. 32).

 La Ley de Servicio Civil tampoco es una norma con eficacia inmediata


debido a que la norma prevé expresamente su aplicación e implementación
progresiva y diferida en el tiempo. En efecto, la Primera Disposición
Complementaria Transitoria señala que la implementación del régimen
regulado por la Ley 30057 “se realiza progresivamente y concluye en un
plazo máximo de 6 años” (f. 33).

Puede apreciarse que el amparo contra normas legales no tiene una aplicación
general, sino que está restringida a determinadas características de las normas
legales, por lo que debe ser analizado en forma previa el impacto del agravio
directo en el afectado de la relación laboral.

6.3. La libertad de empresa no puede ser afectada cuando las disposiciones


están en consonancia con las facultades constitucionales

En la STC 2042-2010-PA/TC[20] se cuestiona que la ordenanza municipal Nº


011-2007-MPCP de la provincia de Coronel Portillo impida el uso del Terminal
Terrestre en la ciudad, debido a que la Municipalidad ha decidido reubicar los
terminales terrestres a 4 Km fuera del perímetro de la ciudad.

El TC en este caso declara infundada la demanda por cuanto el Municipio actuó


de acuerdo a sus facultades constitucionales que a su vez tiene un correlato en la
Ley de las Municipalidades que le otorgar las atribuciones de reordenar el tránsito
en la localidad.

Efectivamente el artículo 195 de la Constitución[21] le otorga la competencia de


regular el transporte, circulación y tránsito en su localidad. En este caso puede
observarse que el TC hizo una interpretación subsuntiva: Constitución versus
ordenanza municipal para reforzar la constitucionalidad de la norma de control.
Uno de los argumentos del Tribunal es:

Y es que en el artículo 73º de la Ley Orgánica de Municipalidades, Ley 27972,


están meridianamente detalladas y especificadas las competencias de las
autoridades municipales, como también en su artículo 81º en detalle, las
competencias en cuanto a transporte público se refiere. Por ello, la recurrente
está obligada a cumplir las disposiciones que la Municipalidad dicte dentro de sus
competencias en materia de transporte público, toda vez que constituye una
actividad reglada, máxime si la regulación dispuesta a través de la ordenanza
cuestionada tiene como finalidad la protección de valores jurídicos relevantes en
la sociedad, tales como el orden, la paz, la tranquilidad, la vida y salud de las
personas. (f. 6).

6.4. Controlando al Poder Judicial y la vulneración del derecho al plazo


razonable

Este caso es relevante, ya que nos permite observar que el Código Procesal
Constitucional ha sido aplicado más allá de sus contornos normativos por el TC,
realizando una sentencia pretoriana donde lo fáctico y jurídico han sido los
elementos resaltantes para atender la situación dramática del caso.

El amparo es una vía residual y es abierta únicamente cuando no exista otra vía
igualmente satisfactoria; sin embargo, en casos muy extremos, el Tribunal
Constitucional asume un rol protagónico ante la parsimonia del Poder Judicial.

Haciendo un resumen apretado del caso, el dirigente minero Victor Taype (STC
N.º. 3360-2011PA/TC del 29.10.2013) fue despedido por la empresa
Buenaventura en 1989 y después de 5 años de proceso judicial ordinario fue
repuesto. Increíblemente, al día siguiente es despedido nuevamente y
posteriormente, después de 3 años, volvieron a reponerlo en 1996, por otro proceso
judicial ordinario. De nuevo, después de 2 años es vuelto a despedir y en este tercer
despido ocurre una situación sui generis:

(…) d) El tercer despido ocurrió el 8 de setiembre de 1998, interponiendo con


fecha 7 de octubre de 1998 demanda sobre nulidad de despido en contra de la
Compañía Minera Buenaventura S.A. (Exp Nº 11886-98), demanda que fue
estimada por Resolución de fecha 26 de octubre de 2001, declarándose la nulidad
del despido del demandante producido el 8 de setiembre de 1998, disponiéndose
que se le reponga. Por Resolución de fecha 21 de mayo de 2002 se declaró la
nulidad de la citada Resolución, disponiendo la emisión de una nueva decisión.
Con fecha 4 de mayo de 2004 se emitió nueva sentencia estimando la demanda
sobre nulidad de despido, siendo nuevamente anulada por Resolución de fecha 4
de noviembre de 2004. Ante dicha nulidad se expide nueva Resolución con fecha
7 de setiembre de 2006, la que fue anulada por tercera vez por Resolución de fecha
17 de mayo de 2007, expidiéndose nueva decisión con fecha 3 de octubre de 2007,
anulándose ésta por cuarta vez por Resolución 30 de diciembre de 2008. Con
fecha 8 de noviembre de 2010 se emite nueva resolución (en primera instancia)
desestimando la demanda sobre nulidad de despido por infundada. (f. 2-b de
Vergara Gotelli).

Dentro de una situación de normalidad, no sería procesalmente válido que el TC


pueda asumir competencia sobre un proceso ordinario en marcha, dado que está
prohibido por el artículo 5 inciso 3 del Código Procesal Constitucional, que declara
improcedente el amparo cuando: “El agraviado haya recurrido previamente a otro
proceso judicial para pedir tutela respecto de su derecho constitucional”. Es decir,
el amparo no puede plantearse como vía paralela a la vía ordinaria, en
consecuencia, el TC resolvió como una excepción a la regla.

Esta situación hace que el Tribunal Constitucional haya tomado al “toro por las
astas” y resuelva inusualmente la “papa caliente”. El TC fundamenta su
protagonismo señalando que el proceso ordinario tenía una demora de 13
años y que, si bien el dirigente buscó resolver su problemática en la vía ordinaria
laboral, dada la situación de incertidumbre del “peloteo”; se sumía al trabajador en
la indefensión y, en la práctica, era la negación de justicia oportuna y efectiva.

Es así que, el Tribunal, asumiendo competencia de tutela urgente, declaró fundada


la demanda de reposición del trabajador ordenando además que se informe de esta
situación al Consejo Nacional de la Magistratura para establecer las
responsabilidades sobre los magistrados que demoraban innecesariamente la
causa. En el presente caso es obvio que se vulneró el plazo razonable que es un
derecho fundamental sobre el que Tribunal Constitucional ha tenido un
pronunciamiento permanente pero más centrado en la vía penal y ahora incursiona
también en la vía laboral.

El derecho al plazo razonable es un derecho fundamental que garantiza que todo


proceso, donde se defina derechos y obligaciones, se resuelva sin una duración
excesiva e injustificada. Este derecho se encuentra contenido en el artículo 8 de
la Convención Americana de los Derechos Humanos y que, implícitamente,
también lo está dentro del debido proceso y tutela jurisdiccional efectiva del
artículo 139 de la Constitución Política del Estado, y conlleva a que la protección
de un derecho se realice a través de un proceso rápido y sencillo de modo que el
derecho afectado tenga la posibilidad de ser reparado en los hechos y no se
convierta solo en un “derecho sobre el papel” (f. 6 del voto de Eto Cruz).
[1] Sagués Néstor Pedro. El Derecho Procesal Constitucional – Recurso
Extraordinario.Editorial Astrea. Buenos Aires, 1889, p. 169

[2] STC N°. 5854-2005-PA/TC, Piura, caso Lizana Puelles. Del 08.11.2005. f. 12.
a.

[3] STC N.° 00051-2011-PA/TC, Cusco, Peruval Corp del 3.05.2011. f. 3.

[4] Auto del Tribunal Constitucional, N°. 01547 2014-PA/TC, Piura Bayona Tello.
f. 25 y 26.

[5] Auto del Tribunal Constitucional N°. 1547-2014-PA/TC, f. 18

[6] Auto del Tribunal Constitucional. N°. 1547-2014-PA/TC f. 25 y 26.

[7] STC N° 00051-2011-PA/TC, Cusco. f. 10.

[8] Artículo 5 del Código Procesal Constitucional:

“No proceden los procesos constitucionales cuando:

1. Los hechos y el petitorio de la demanda no están referidos en forma directa al


contenido constitucionalmente protegido del derecho invocado”.

[9] STC N° 1747-2014-PA/TC. f. 19.

[10] STC N° 00051-2011-PA/TC. f. 5.

[11] STC N.° 00051-2011-PA/TC. f. 7.

[12] STC N.° 00051-2011-PA/TC. f. 8.

[13] STC N.º. 3070-2013-PA/TC Arequipa, caso Bernal Aguedo, f. 2.3 a 2.5.

[14] STC N°. 02383-2013-PA/TC f. 15.

[15] STC N°. 1547-2014-PA/TC f. 19.

[16] STC N°. 1547-2014-PA/TC f. 22.

[17] STC N°. 1424-2013-PA/TC, Lima, caso Álvarez Villanueva del 09.12.2015

[18] Decreto Supremo 001-2010DE/SG:

“Artículo 42.- Del estado civil, paternidad y maternidad. Para obtener y mantener
la condición de Cadete o Alumno en los Centros de Formación de las Fuerzas
Armadas, se requiere cumplir con lo siguiente: (…) c) No encontrarse en estado
de gestación.
Artículo 49.- De las causales de baja. La baja del cadete o alumno de Los Centros
de Formación de las Fuerzas Armadas, puede darse en los siguientes casos: (…)
f). Inaptitud Psicofísica de origen psicosomático”.

[19] Auto N°. 1547-2014-PA/TC.

[20] STC N°. 2042-2010-PA/TC Ucayali, caso Turismo Central.

[21] Artículo 195 de la Constitución Política:

“Los gobiernos locales promueven el desarrollo y la economía local, y la


prestación de los servicios públicos de su responsabilidad, en armonía con las
políticas y planes nacionales y regionales de desarrollo. Son competentes para:
(…) 7 (…) transporte colectivo, circulación y tránsito, turismo (…)”.