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"UNAS 200.

000 PERSONAS AL AÑO NO SUPERAN EL DUELO"


RAQUEL QUELART

03/03/2011 01:50 | Actualizado a 04/03/2011 09:10

Lleva más de 20 años acompañando a las personas que afrontan la muerte o el duelo. La psicoterapeuta Alba
Payás ha decidido compartir esta experiencia en Las tareas del duelo. El manual aborda desde un modelo
integrativo relacional una temática que durante años ha sido relegada a un segundo plano en las universidades de
Psicología.

Alba Payás, de 54 años de edad, fundó hace seis meses el Instituto de Psicoterapia Integrativa Relacional (IPIR)
en Barcelona. Su formación clínica tiene origen en Metanoia Institute, en Gran Bretaña. También es miembro de
la Asociación Internacional de Psicoterapia Integrativa de Nueva York (IIPA) y, además, ha dirigido durante 10
años el servicio de Apoyo al Duelo de Girona. Es docente en varias universidades y creadora del modelo
integrativo-relacional en pérdidas, duelo y trauma.

¿Qué nos ocurre cuando perdemos a alguien que queremos?

Por un lado, está la parte traumática, asociada a cómo fue la muerte –el sufrimiento de la enfermedad, mi
impotencia por salvarlo; hay otro aspecto que tiene que ver con la pérdida de la relación, es decir, el echarlo a
faltar, no haberme podido despedir de él o tal vez puedo emocionarme por el futuro que ya no podremos
compartir. Parte de mi identidad la construí a través de esa persona. Por lo tanto, vivir el duelo no es sólo llorar
por el difunto, sino también por la parte de mí que se ha ido y que tendré que volver a construir.

-…

También ante la situación de separación, se ponen en marcha todas nuestras formas aprendidas sobre cómo
manejar el sufrimiento y cómo responde el entorno a esta necesidad de apoyo, y esta tarea también hay que
explorarla.

¿En qué consiste esta última parte?

Hay duelos que tienen su origen no tanto en la pérdida de la relación por la muerte del ser querido, sino en la
manera como el entorno respondió después del trauma. Recuerdo el testimonio de un adulto que expresaba
como al morir varios miembros de su familia en un mismo accidente de automóvil, la falta de apoyo y
reconocimiento tanto en el entorno familiar como en la escuela le marcó de por vida. El fracaso de la red social y
familiar de dar apoyo es un duelo secundario que hay que tratar.

¿Cuál es el principal peligro del duelo?

Aislarse, encerrar el dolor y no hablar de lo que a uno le pasa. Compartir con los demás permite expresar las
emociones y con ello se facilita una construcción más adaptada de la historia de pérdida. El dolor no expresado
hace daño, incluso físicamente la persona se va doblando y consumiendo.
¿Las lágrimas son buenas?

Las lágrimas liberan hormonas del estrés y ayudan a elaborar el duelo, no sólo porque reducen el nivel de estrés
sino porque neurológicamente la expresión de la tristeza activa la memoria y facilita el proceso narrativo de la
experiencia pérdida. Por supuesto hay que buscar un equilibrio entre encontrar el momento para el dolor y su
expresión y el momento de hacer el esfuerzo de salir de éste y conectar con la vida y el futuro.

¿Durante cuánto tiempo tenemos que guardar duelo a un ser querido?

No hay un calendario para el duelo, no hay un tiempo mínimo. La pérdida de un hijo te emocionará para siempre,
aunque de otra manera. La frase de que el tiempo lo cura todo no es cierta. Hay gente que dice que el primer año
es peor, pero otras opinan que es el segundo, porque durante los primeros meses estaban en un estado de
negación profunda que les protegía del dolor.

¿Cómo tratar a alguien que acaba de tener una gran pérdida?

Compartiendo el sufrimiento con él, poniendo palabras al dolor, ayudándole a expresar verbal y emocionalmente
lo que está sintiendo; no teniéndole miedo al sufrimiento ni prisa por paliarlo. También es importante implicarse,
no decir “si me necesitas, llámame”, sino “si me necesitas, llámame, pero si no lo haces, permíteme que te llame
de vez en cuando o que venga a verte a tu casa”. La gente no necesita “power points” sobre el amor, la gente en
duelo necesita presencia física e implicación

¿Podemos aprender algo a raíz de la muerte de una persona cercana?

En medio de este proceso de explorar el dolor, de penetrarlo, compartirlo, ponerle nombre, integrarlo y darle
sentido, emerge siempre un sentido de esperanza, de crecimiento y de transformación de la identidad. Muchas
personas expresan que a través del duelo se han vuelto más tolerantes, tiernas, amorosas o que han tomado
decisiones en su vida que les llevan a la autenticidad.

El duelo es un aprendizaje más.

Nos llama a ser quien somos de verdad, liberarnos de las defensas que hemos construido a lo largo de nuestra
vida para protegernos del dolor, pero que nos aíslan de la gente de nuestro entorno y de nosotros mismos. He
escuchado a muchas personas decir que, aunque preferirían que no les hubiera pasado, el duelo les ha llevado a
un camino de aprendizaje. Se conocen mejor a sí mismos y han aprendido a amar, vivir la vida con más plenitud y
en honor a sus seres queridos fallecidos. Ésta es la esperanza al final del duelo.

https://www.lavanguardia.com/vida/20110303/54119167708/unas-200-000-personas-al-ano-no-superan-el-
duelo.html