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ARTÍCULO 1

¿Qué es la verdad?
La cuestión a disputar es sobre la verdad[2]. Búscase, primero, ¿qué es la verdad?[3].

Parece que lo verdadero es totalmente lo mismo que el ser[4].

Argumentos. 1. Dice Agustín[5], en el libro de los Soliloquios, que lo verdadero es lo que es. Lo que es no es más
que el ser. Luego lo verdadero significa exactamente lo mismo que el ser.

2. Uno que respondía decía que se identifican[6] en los sujetos, pero son diferentes en la razón. –En contra, la
razón[7] de cada cosa es lo que se significa por su definición. Rechazadas las otras definiciones, Agustín[8] toma
como definición de verdadero «lo que es». Como lo verdadero y el ser convienen en lo que es, son, al parecer, lo
mismo ante la razón.

3. Todas las cosas que difieren ante la razón, lo son de manera que una de ellas puede entenderse sin la otra. Dice
Boecio, en el libro De hebdomadibus[9], que puede entenderse que Dios existe, si, por el entendimiento, se separa
momentáneamente su bondad. De modo ninguno puede entenderse el ser, si se separa lo verdadero, que si se
entiende es precisamente por ser verdadero. Luego lo verdadero y el ser no difieren en la razón.

4. Si[10] lo verdadero no es lo mismo que el ser, es necesariamente disposición del ser. Pero no puede ser
disposición del ser, ya que es una disposición que no corrompe totalmente. Seguiríase, de otra suerte, que «es
verdadero, luego no es ser», como se sigue «el hombre está muerto, luego no es hombre». De modo parejo, no es
disposición diminutiva. De otra manera, no se seguiría «es verdadero, luego es ser», como no se sigue «es blanco
de dientes, luego es blanco»[11]. Tampoco, de modo parejo, disposición contractiva o especificativa, porque así no
sería convertible con el ente. Luego lo verdadero y el ser son completamente lo mismo.

5. Son lo mismo las cosas cuya disposición es una sola. La misma es la disposición de lo verdadero y del ser; luego
son lo mismo. Dícese, en efecto, en Metafísica II[12]: La disposición de la cosa en el ser, es como su disposición en
la verdad. Luego lo verdadero y el ser son completamente lo mismo.

6. Todas las cosas que no son lo mismo, difieren de algún modo. Y de ningún modo difieren lo verdadero y el ser. No
difieren en la esencia, pues por su esencia es verdadero todo ser. Ni difieren en algunas diferencias, que
convendrían necesariamente en un género común. Luego son completamente lo mismo.

7. Si no son completamente lo mismo, es necesario que lo verdadero añada algo al ser. Nada añade al ser lo
verdadero, aunque se alarga allende el ser, como es patente por el Filósofo, en Metafísica IV[13]. Dice allí que
definimos lo verdadero, cuando «decimos que es lo que es y que no es lo que no es». Lo verdadero incluye el ser y
el no ser. Luego nada añade al ser lo verdadero y lo verdadero es, según eso, lo mismo que el ser.

Mas en contra. «Tautología es la repetición inútil de lo mismo»[14]. Sí lo verdadero fuere lo mismo que el ser,
daríase tautología, cuando se dijera ser verdadero. Y esto es falso. Luego no son lo mismo.

2. El ser y el bien se predican mutuamente[15], mientras que lo verdadero y el bien no se predican mutuamente.
Algo es verdadero y no es bien[16], como, por ejemplo, que alguien fornique. Luego tampoco lo verdadero y el ser se
predican mutuamente, no son lo mismo.

3. Según Boecio, en el libro De hebdomadibus[17]: son diversos el ser y lo que es en todas las creaturas. Y lo
verdadero significa el ser de la cosa. Luego lo verdadero es diverso de lo que en las creaturas se da. Y lo que es se
identifica con el ser. Luego en las creaturas, lo verdadero es diverso del ser.

4. Es necesariamente diverso todo lo que existe a modo de anterior y posterior. De esa guisa son lo verdadero y el
ser. Dícese en el libro De causis[18]: el ser es la primera de las cosas creadas. Y dice el Comentarista, en el mismo
libro[19], que todas las otras cosas se dicen por la información del ser, es decir, son posteriores al ser. Luego son
diversos lo verdadero y el ser.

5. Las cosas que, en común, se dicen de la causa y de los causados, son más uno en la causa que en los causados.
Y, de especial manera, más en Dios que en las creaturas. Estos cuatro, el ser, el uno, lo verdadero y el bien, se
apropian en Dios: el ser pertenece a la esencia; el uno a la persona del Padre; lo verdadero a la persona del Hijo; el
bien a la persona del Espíritu Santo. Ahora bien, las personas divinas se distinguen en la realidad y no sólo en la
razón, por lo cual no se predican recíprocamente. Por tanto, con mucha más razón, estas cuatro cosas deben
distinguirse en las creaturas por algo más que por la razón.

Respuesta[20]. Ha de decirse que, así como en las demostraciones[21], ha de hacerse una reducción a ciertos
principios de suyo conocidos del entendimiento, del mismo modo al investigar qué es cada cosa. De otra suerte,
iríase, en ambos casos, hasta el infinito y se haría imposible toda ciencia y conocimiento de las cosas. El ser es lo
primero que el entendimiento concibe como lo más conocido y en lo que resuelve todas las concepciones, dice
Avicena al principio de su Metafísica[22]. Por ello, es preciso que todos los otros conceptos del entendimiento se
formen como adición al ser. Y nada extraño puede añadirse al ser, al modo como la diferencia se añade al género o
el accidente al sujeto, pues toda naturaleza es esencialmente ser. Con esto prueba el Filósofo, en Metafísica III[23],
que el ser no puede ser género.

Dícese, en conformidad con esto, que algunas cosas se añaden al ser en cuanto expresan un modo del mismo ser
que no se expresa con el mismo nombre de ser. Y de dos modos acaece ello. De un primer modo, cuando el modo
expresado es un modo especial del ser. Son diversos los grados de entidad según los cuales se toman los diversos
modos de ser. En conformidad con estos modos, se asignan los diversos géneros a las cosas. Así, la sustancia no
añade al ser diferencia alguna que designe cierta naturaleza añadida al ser. Exprésase con el nombre sustancia
cierto modo especial de ser. Es el ser subsistente[24]. De esa guisa acaece también en los otros géneros.

De un segundo modo, cuando el modo expresado es el modo general que sigue a todo ser. Doble puede ser este
modo: un primer modo, que sigue a todo ser en sí; y otro, que se dice de un ser con respecto a otro. El primer modo
acaece de dos maneras: según que con el ser se exprese algo afirmativa o negativamente. Dicho afirmativa y
absolutamente, nada existe que pueda aplicarse a todo ser, si no es su esencia, según la cual se dice que es.
Impónese así el nombre de «cosa», que difiere del «ser», según Avicena, al principio de la Metafísica[25], en que el
«ser» se toma del acto de ser, y el nombre «cosa» expresa la quididad o esencia del ser. Por otra parte, la negación
que se deriva absolutamente de todo ser es la indivisión, expresada con el nombre «uno». El uno no es más[26] que
el ser indiviso.

Si el modo del ser se toma del segundo modo, es a saber, según el orden de uno a otro, puede ser, a su vez, de dos
modos. De un primer modo, según la división de uno por otro. Lo expresa el nombre «algo». Dícese algo[27] como
otra esencia. Como el ser se dice uno en cuanto que en sí es indiviso, así se dice algo en cuanto que es separado
de otros. De un segundo modo, según la coincidencia de uno con otro. Sólo puede darse esto, si, por naturaleza,
algo conviene a todo ser. Es el caso del alma, que, en cierta manera, es todas las cosas, dícese en De anima III[28].
Por otra parte, se dan en el alma la potencia cognoscitiva y la apetitiva. El nombre «bien» expresa la conveniencia
del ser al apetito. Dícese, al principio de los Eticos[29]: el bien es lo que todas las cosas apetecen. El nombre de
«verdadero» expresa la conveniencia del ser al entendimiento.

Pues bien, todo[30] conocimiento se cumple por la asimilación del cognoscente a la cosa conocida. Dicha
asimilación es la causa del conocimiento, como la vista conoce el color por acomodarse a la especie del color. La
primera comparación del ser con el entendimiento consiste en que el ser se corresponde con el entendimiento. Esta
correspondencia se llama adecuación del entendimiento y de la cosa[31]. En esto consiste formalmente la razón de
verdadero. Y esto es lo que lo verdadero añade al ser: la conformidad o adecuación de la cosa y del entendimiento,
de la que se sigue el conocimiento de la cosa, como se dijo. De este modo, la entidad de la cosa precede a la razón
de la verdad, y el conocimiento es un cierto efecto de la verdad.

Según esto, la verdad o lo verdadero puede definirse de tres modos. De un modo, según aquello que precede a la
razón de la verdad. En ello se funda lo verdadero. Así lo define Agustín en el libro de los Soliloquios[32]: Lo
verdadero es lo que es. Y Avicena, en su Metafísica[33]: La verdad de cada cosa es la propiedad de su ser que se le
ha asignado. Y otros[34] lo definen así: Lo verdadero es la indivisión del existir y de lo que es. Defínese, de otro
modo, según aquello en lo que consiste formalmente la razón de lo verdadero. Dice, así, Isaac[35] que la verdad es
la adecuación de la cosa y del entendimiento. Y Anselmo, en el libro De veritate[36]: La verdad es la sola rectitud
perceptible por la mente (esta rectitud expresa cierta adecuación). El Filósofo, por su parte, dice, Metafísica IV[37],
que los que definimos lo verdadero decimos que es cuando se dice que es lo que es y no es lo que no es. Un tercer
modo de definición de lo verdadero es por el efecto seguido. Y así dice Hilario[38]: Lo verdadero es lo declarativo y
manifestativo del ser. Y Agustín, en el libro De vera religione[39]: La verdad es aquello por lo que se muestra lo que
es.Y en el mismo libro[40]: La verdad es aquello por cuya conformidad juzgamos de las cosas inferiores[41].

Respuesta a los argumentos[42]. 1. A lo primero ha de decirse que aquella definición de Agustín se refiere a la
verdad según el fundamento que tiene en la cosa y no según lo que completa la razón de verdadero en la
adecuación de la cosa al entendimiento. O quizá ha de decirse que, cuando se dice verdadero lo que es, el[43] «es»
no significa allí el acto de ser, sino que es el fruto del entendimiento que compone[44]; es, a saber, en cuanto
significa la afirmación de la proposición. Este es su sentido: lo verdadero es lo que es, a saber, cuando se dice que
es algo que es. Redúcese, por tanto, la definición de Agustín a lo mismo que la definición del Filósofo antes aducida.

2. A lo segundo. Por lo dicho es patente la solución.

3. A lo tercero ha de decirse que puede tomarse de dos modos que algo se entiende sin otro. De un modo que algo
se entiende sin que se entienda el otro. En este caso, las cosas que difieren por la razón son de manera que una se
entiende sin la otra. De otro modo, puede tomarse que algo se entiende sin otro que no existe. En este caso, el ser
no puede entenderse sin lo verdadero, porque el ser no puede entenderse sin que concuerde o se adecue al
entendimiento. No es, por ello, forzoso que quien entiende la razón del ser, entienda la razón de lo verdadero, como
tampoco que quien entiende el ser, entienda el entendimiento agente, si bien nada puede entenderse sin el
entendimiento agente.

4. A lo cuarto ha de decirse que lo verdadero no es una disposición del ser como si le añadiera alguna naturaleza o
como si expresara algún modo especial del ser, sino algo que se da generalmente en todo ser, pero que no se
expresa con el solo nombre ser. No es, por tanto, necesario que sea disposición corruptiva, diminutiva, o contractiva
a una parte.

5. A lo quinto ha de decirse que allí no se toma la disposición en cuanto que está en el género de la cualidad, sino en
cuanto que conlleva cierto orden. Del hecho de que las cosas que son causa de que otras sean, son seres en grado
sumo y las que son causa de la verdad son verdaderas en grado sumo, el Filósofo concluye que es el mismo el
orden de una cosa en el ser y en la verdad. Y, así, acaece que lo que es ser en grado sumo, en grado sumo es
verdadero. Pero no porque el ser y lo verdadero sean lo mismo en la razón, sino porque, en la medida en que algo
tiene entidad, en la misma medida le es natural el adecuarse al entendimiento. Así queda patente que la razón de
verdadero sigue a la razón de ser.

6. A lo sexto ha de decirse que lo verdadero y el ser difieren por la razón en el sentido de que algo que está en la
razón de lo verdadero no está en la razón del ser, pero no en el sentido de que algo que está en la razón del ser no
esté en la razón de lo verdadero. No difieren, por tanto, en su esencia, ni entre sí se distinguen por diferencias
opuestas.
7. A lo séptimo ha de decirse que lo verdadero no se extiende a algo más que el ser. Tomado de cierta manera, el
ser se dice del no ser, en la medida en que el no ser es aprehendido por el entendimiento. Dícense, en cierto modo,
entes la negación y la privación del ente, como escribe el Filósofo en Metafísica IV[45]. Dice, asimismo, Avicena, al
principio de su Metafísica[46], que la enunciación sólo puede formularse del ser, porque se requiere que el
entendimiento aprehenda aquello de lo que se formula la proposición. Por donde es patente que todo lo verdadero
es, en cierto modo, ser.

Respuesta a los Argumentos en contra[47]. 1. A lo primero de lo que en contra se objeta, ha de decirse que no es
tautología decir «ente verdadero». Exprésase con el nombre verdadero algo que no se expresa con el nombre ente,
pero no porque difieran realmente.

2. A lo segundo ha de decirse que, aunque es malo el fornicar, en cuanto que tiene entidad, puede, por naturaleza,
conformarse al entendimiento y tener una entidad verdadera. Es así patente que lo verdadero no excede al ente ni
por él es excedido.

3. A lo tercero ha de responderse que, cuando se dice «son diversos el ser y lo que es», el acto de ser se distingue
de aquello a lo que conviene aquel acto. Pero sucede que el nombre de ente se toma del acto de ser y no de aquello
a lo que el acto de ser conviene. Luego no es procedente la razón.

4. A lo cuarto ha de decirse que lo verdadero es posterior al ente en el sentido dicho de que la razón de verdadero
difiere de la razón de ente.

5. A lo quinto ha de decirse que aquella razón falla en tres puntos. Primero, porque, aunque las personas divinas se
distinguen en la realidad, lo que se apropia a las personas difiere sólo en la razón y no en la realidad. Segundo,
porque, aunque las personas se distinguen realmente una de otra, no se distinguen realmente por la esencia. Por
ello, tampoco la verdad, la cual se apropia a la persona del Hijo, se distingue del ser, que es cosa dela esencia.
Tercero, aunque el ente, el uno, lo verdadero y lo bueno están más unidos en Dios que en las cosas creadas, no es
necesario que también se distingan en las creaturas, por distinguirse en Dios. Acaece en aquellas cosas que no son
por naturaleza una sola cosa realmente, como la sabiduría y la potencia, que, siendo una sola cosa en Dios, se
distinguen realmente en las creaturas; sin embargo, el ente, el uno, lo verdadero y el bien son realmente una sola
cosa por naturaleza. Por tanto, son realmente una sola cosa donde se dan, aunque sea más perfecta la unidad con
que se dan en Dios, que la que se da en las creaturas.

ARTÍCULO 2
¿La verdad del entendimiento es más principal que
la de las cosas?[48]
Parece que no.

Argumentos[49]. 1. Lo verdadero y el ente se predican mutuamente, como se dijo[50]. El ente está más
principalmente en las cosas que en el alma. Luego también lo verdadero.

2. Las cosas están en el alma por su especie y no por su esencia, como dice el Filósofo en De Anima III[51]. Si la
verdad está principalmente en el alma, no será la esencia de la cosa sino su semejanza y especie, y lo verdadero
será la especie del ente que existe fuera del alma. Pero la especie de la cosa que existe en el alma, no se predica de
la cosa que está fuera del alma, como tampoco se convierte en ella. Convertirse es predicarse recíprocamente.
Luego lo verdadero y el ser se predican mutuamente, lo cual es falso.

3. Todo[52] lo que está en algo, se ajusta a aquello en lo que está. Si la verdad está principalmente en el alma, el
juicio sobre la verdad será según la estimación del alma. Se volverá así al error de los antiguos filósofos[53] que
decían que es verdadero todo lo que alguien opina en el entendimiento, y que dos contradictorios son, a la par,
verdaderos. Esto es absurdo.

4. Si[54] la verdad está principalmente en el entendimiento, es necesario que aparezca en la definición de la verdad
lo que pertenece al entendimiento. En el libro de los Soliloquios[55] Agustín reprueba definiciones como ésta: Lo
verdadero es lo que es como aparece. Según esto, no sería verdadero lo que no apareciera y es patente que esto es
falso referido, por ejemplo, a las piedrecitas que están muy ocultas en las entrañas de la tierra. De modo parejo,
reprueba[56] y refuta ésta: Lo verdadero es como le parece al cognoscente, si éste quisiere y pudiere
conocer. Según esto, nada sería verdadero, a no ser que el cognoscente quisiere y pudiere conocer. Sería la misma
la razón de todas las otras definiciones en las que se pusiera algo que pertenece al entendimiento. Luego la verdad
no está principalmente en el entendimiento.

En Contra. El Filósofo en Metafísica VI[57]: Lo falso y lo verdadero están en la mente, no en las cosas.

2. Además, la verdad[58] es la adecuación de la cosa y del entendimiento. Sólo en el entendimiento puede darse
esta adecuación. Luego sólo en el entendimiento se da la verdad.

Solución[59]. Ha de decirse que no es correcto que cuando algo se predica de muchas cosas en mayor o menor
grado, la denominación primera se aplique a lo que es causa de los demás, sino más bien a aquello que cumple
formalmente la realidad común completa. Así, por ejemplo, lo sano[60] se dice, primero, del animal, en el que se da
formalmente la razón perfecta de la salud, aunque también se llame sana la medicina en cuanto causante de la
salud.

En nuestro caso, como lo verdadero se dice de muchos anterior y posteriormente, es necesario que se diga con
prioridad de aquello en lo que se da completa la razón de verdad. Ahora bien, la plenitud de todo movimiento u
operación corresponde a su término. Y el movimiento de la potencia cognoscitiva se termina en el alma –en razón de
que lo conocido debe amoldarse a la condición del cognoscente–. En cambio, el movimiento de la potencia apetitiva
se termina en la cosa. Y así, en De Anima III[61], el Filósofo pone cierto movimiento circular[62] en los actos del
alma: la cosa, que está fuera del alma, mueve el entendimiento, y la cosa entendida mueve el apetito, y el apetito
tiende hacia la cosa en la que el movimiento comenzó. Díjose[63] antes que el bien dice orden del ente al apetitivo y
lo verdadero al intelecto. Y el Filósofo dice en Metafísica VI[64] que el bien y el mal están en las cosas, mientras que
lo verdadero y lo falso están en la mente. Por otra parte, las cosas sólo se llaman verdaderas por ser adecuadas al
entendimiento. Luego lo verdadero está antes en el entendimiento y derivadamente en las cosas.

No puede olvidarse que la cosa se compara de modo distinto con el entendimiento práctico y con el especulativo. El
entendimiento práctico causa las cosas y es la medida de las cosas por él hechas[65]. El entendimiento
especulativo, al depender de las cosas, es movido por las cosas mismas y las cosas lo miden. Por lo cual es patente
que las cosas naturales, de las que nuestro entendimiento toma la ciencia, miden nuestro entendimiento, como se
dice enMetafísica X[66]. Son, empero, medidas por el entendimiento divino, pues en él están todas las cosas, al
igual que todas las obras de arte[67] están en el entendimiento del artífice. El entendimiento divino es medidor y no
medido; la cosa natural es medidora y medida; nuestro entendimiento es medido y no medidor de las cosas
naturales; sólo de las artificiales.

Situada entre dos entendimientos, la cosa natural se dice verdadera por la adecuación a ambos. Dícese verdadera
según la adecuación al entendimiento divino, porque cumple aquello a lo que está ordenada por el entendimiento
divino. Esto es evidente en Anselmo, libro De veritate[68]; y en Agustín, libro De vera religione[69]; y en Avicena, en
la definición aducida[70]; es a saber: La verdad de cada cosa es la propiedad asignada a su ser. Dícese verdadera la
cosa según la adecuación al entendimiento «humano», porque le es natural formar de sí una estimación verdadera.
Dícense, por el contrario, falsas las cosas que naturalmente parecen lo que no son o como no son, dícese
enMetafísica V[71]. La primera razón de verdad se cumple antes en la cosa que la segunda: antes es su
comparación con el entendimiento divino que con el humano. Si no existiera el entendimiento humano, serían no
obstante verdaderas las cosas en orden al entendimiento divino. Si se entendiera que se quitan ambos
entendimientos, y, por un imposible, permanecieren las cosas, no permanecería, en modo ninguno, la razón de
verdad.

Respuesta a los Argumentos. 1. A lo primero se responde que lo verdadero se dice primero del entendimiento
verdadero y, posteriormente, de la cosa a él adecuada, como hemos dicho. En ambos casos, es convertible con el
ente, aunque de manera distinta. Según las cosas de las que se dice, se identifica predicativamente con el ente (y es
que todo ente es adecuado al entendimiento divino y es apto para adecuarse al entendimiento humano y viceversa).
Si se toma como dicho del entendimiento, se identifica con el ente exterior no predicativamente, sino
consecuentemente[72], en el sentido de que a la inteligencia verdadera corresponde un ente verdadero, y viceversa.

2. Con esto es evidente la respuesta a lo segundo.

3. A lo tercero ha de decirse que lo que está en algo sólo sigue a aquello en lo que está, cuando es causado por sus
principios: así, la luz, causada en el aíre por algo extrínseco, a saber, por el sol, sigue más al movimiento del sol que
al aire. De modo parejo, también la verdad causada por las cosas en el alma sigue a la existencia de las cosas y no
a la estimación del alma, pues dícese verdadero o falso el enunciado, porque[73] la cosa es o no es. De modo
parejo, el entendimiento.

4. A lo cuarto ha de decirse que Agustín habla de la visión del entendimiento humano. De ella no depende la verdad
de la cosa, pues son muchas las cosas que nuestro entendimiento no conoce. Pero no existe cosa alguna que el
entendimiento divino no conozca en acto, y, en potencia, el entendimiento humano, porque el entendimiento se llama
agente[74] porque él hace todas las cosas, y se llama posible el entendimiento porque él puede hacerse todas las
cosas. En consecuencia, la visión en acto del entendimiento divino puede incluirse en la definición de la cosa
verdadera, pero sólo en potencia en la definición del entendimiento humano. Todo esto es manifiesto por lo antes
dicho[75].

ARTÍCULO 3
¿La verdad está sólo en el entendimiento que
compone y divide?[76]
Parece que la verdad no está sólo en el entendimiento componente y dividente[77].

Argumentos. 1. Dícese lo verdadero por la comparación del ente con el entendimiento. Y la primera comparación por
la que el entendimiento se compara con las cosas, es la que forma[78] las quididades de las cosas, al enunciar sus
definiciones. Luego lo verdadero se da primero y principalmente en esta operación del entendimiento.

2. Además, lo verdadero[79] es la adecuación de las cosas y del entendimiento. Y así como el entendimiento que
compone y divide puede adecuarse a las cosas, así también el entendimiento que entiende las quididades de las
cosas. Luego la verdad no está sólo en el entendimiento que compone y divide.

Mas en contra está lo que se dice en Metafísica VI[80]: Lo verdadero y lo falso están en la mente; no en las cosas;
pero las cosas simples y la quididad, ni siquiera están en la mente.

2. Además, en Del alma III[81]: La inteligencia de los entes indivisibles está en aquello donde no tiene lugar ni lo
verdadero ni lo falso.

Respuesta. Ha de decirse que como lo verdadero se da antes en el entendimiento que en las cosas, así también se
da antes en el acto del entendimiento que compone y divide que en el acto del entendimiento que forma la quididad
de las cosas. La razón de lo verdadero consiste en la adecuación de la cosa y del entendimiento. Lo mismo no se
iguala a sí mismo, pues lo igual es cualidad de cosas diversas. Dase, primero, en el entendimiento la razón de
verdad cuando el entendimiento comienza a tener algo propio que la cosa no tiene fuera del alma; aunque sí puede
considerarse adecuación entre ella y algo que le corresponde. El entendimiento que forma la quididad de las cosas
tiene sólo la semejanza de la cosa existente fuera del alma, al igual que el sentido, cuando recibe la especie de lo
sensible. Pero tan pronto como comienza a juzgar la cosa aprehendida, el juicio mismo del entendimiento es algo
propio de él que no se da fuera en la cosa. Y dícese verdadero el juicio, cuando se adecua a lo que está fuera, en
las cosas. Y el entendimiento juzga la cosa aprehendida, cuando dice que algo es o no es y a esto llamamos el
entendimiento que compone y divide. Dice, por ello, el Filósofo, en Metafísica VI[82], que la composición y la división
son propias del entendimiento; no de las cosas. Luego la verdad se da primero en la composición y en la división del
entendimiento.

Secundaria[83] y posteriormente está lo verdadero en el entendimiento que forma las quididades de las cosas o las
definiciones. Por ello, una definición es verdadera o falsa en razón de la composición verdadera o falsa que instituye;
por ejemplo, es falsa la definición del círculo aplicada al triángulo; o también cuando las partes de la definición son
incompatibles en la cosa, como «animal insensible» es definición falsa de animal. Por tanto, dícese verdadera o falsa
una definición sólo por su composición, al igual que se dice también verdadera la cosa en orden al
entendimiento[84].

Es patente por lo dicho que lo verdadero se dice primero de la composición o de la división del entendimiento; y,
secundariamente, de las definiciones de las cosas en cuanto que se incluye en ellas una composición verdadera o
falsa; tercero, de las cosas en cuanto que se adecuan al entendimiento divino o pueden naturalmente adecuarse al
entendimiento humano; y, cuarto, dícese del hombre, porque elige cosas verdaderas o se forma estimación
verdadera o falsa de sí o de las otras cosas por lo que dice o hace. Y las palabras reciben la predicación de la
verdad, de la misma manera que los conceptos por ellas significados[85].

Respuesta a los Argumentos. 1. A lo primero ha de decirse que, aunque la formación de la quididad es la operación
primera del entendimiento, con todo, el entendimiento no tiene, por ella, algo que en propiedad pueda adecuarse a la
cosa. No se da allí, por tanto, propiamente verdad.

2. Con esto es patente la solución de lo segundo.