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¿A dónde van los desaparecidos?

Carmen
Rosa Cardoza Antropóloga forense
Ideele Revista Nº 267
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Foto: CNDH
En esta hora de estudio y de reflexión, destinada a crear
instrumentos más eficaces en defensa de las libertades y
los derechos pisoteados […], la presencia invisible de
miles y miles de desaparecidos antecede y rebasa y
continúa todo el trabajo intelectual que podamos
cumplir […]. Aquí, […] donde ellos no están, donde se
los evoca como una razón de trabajo, aquí hay que
sentirlos presentes y próximos, sentados entre nosotros,
mirándonos, hablándonos” - Julio Cortázar, 19811.

Amnistía Internacional (AI) comenzó a trabajar la


problemática de la desaparición forzada en la década
de los 70, a raíz de las denuncias de los familiares de las
personas reportadas desaparecidas durante la cruenta
dictadura del general Rafael Videla, en Argentina.
Una misión de AI visitó Argentina en 1979, se entrevistó
con los familiares de las personas desaparecidas, en su
mayoría madres. Fue una misión histórica porque la
institución incorporó a su trabajo relacionado con la
pena de muerte, tortura y prisioneros de conciencia, el
de la desaparición forzada y publicó por primera vez un
registro de más de dos mil casos de personas
desaparecidas.

En este contexto se formaron las asociaciones de


familiares de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y se
impulsó la formación de asociaciones de familiares en
Latinoamérica, una región que estaba convulsionada
por varias dictaduras. Además, ese año AI hizo un
llamado para que fueran adoptadas normas para la
investigación científica de las ejecuciones
extrajudiciales, sumarias y arbitrarias.
En 1980 se creó el Grupo de Trabajo sobre
Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones
Unidas, cuya labor constató que en la gran mayoría de
países no existen métodos y protocolos científicos para
la investigación de las desapariciones forzadas y la
identificación de las víctimas.

El investigador de AI Michael McClintock estableció la


categoría de “ejecución extrajudicial” para los
homicidios políticos cuando escribió el Informe de
Guatemala (AI. 1976), y luego realizó un importante
trabajo en las décadas de 1980 y 1990 en el Perú y otros
países de la región. También determinó que en el patrón
de la desaparición forzada hay una recurrencia que va
seguida de tortura y ejecución extrajudicial.

AI y otras organizaciones y asociaciones de familiares


impulsaron la Ley de Búsqueda de Personas
Desaparecidas, que fue aprobada al final del gobierno
de Ollanta Humala (Ley 30470 - Búsqueda de Personas
Desaparecidas durante el Periodo de Violencia 1980-
2000). Esta ley tiene un enfoque humanitario; prioriza la
recuperación de los restos mortales para identificarlos,
restituirlos a sus familias y darles un entierro digno sin
perjuicio de la justicia.

El enfoque humanitario de la Ley 30470 se basa en el


concepto del “paraguas humanitario” (Baraybar, JP). Su
objetivo es la restitución de los restos mortales a sus
familiares. El reporte pericial queda en manos del Fiscal
a cargo del caso. La intervención con este tipo de
enfoque no descarta la justicia y permite a los familiares
cerrar su duelo.
"Esta ley tiene un enfoque humanitario; prioriza la
recuperación de los restos mortales para identificarlos,
restituirlos a sus familias y darles un entierro digno sin
perjuicio de la justicia".
La teleconferencia

En este contexto AI convocó al Instituto de Democracia


y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad
Católica del Perú (IDEHPUCP) para organizar juntos la
teleconferencia “Nuevas Estrategias de Búsqueda de
Personas Desaparecidas Forzadamente” a cargo de
Ariel Duliztky, miembro del Grupo de Trabajo sobre
Desapariciones Forzadas e Involuntarias de Naciones
Unidas y director de la Clínica de Derechos Humanos de
la Universidad de Texas.

El objetivo de esta actividad fue promover el


conocimiento de nuevas estrategias para la búsqueda
de personas desaparecidas. Salomón Lerner,
expresidente de la Comisión de la Verdad y actual
presidente del IDEHPUCP, fue el encargado de iniciar la
actividad.

Sostuvo: “En nuestro país hay un registro de más de 15


mil desaparecidos, cifra que ha sido trabajada por la
Defensoría del Pueblo, las organizaciones de derechos
humanos. Asimismo, la CVR, en alianza con otras
instituciones, dejó un registro de más de 4 mil sitios de
entierro. La Ley de Búsqueda expresa la vieja demanda
de los familiares de personas desaparecidas y de las
instituciones y autoridades que han apoyado esta
lucha. Se basa en la adopción de una perspectiva
humanitaria en la búsqueda de personas
desaparecidas que equivale a una cierta
emancipación de la perspectiva judicial”.

Para Lerner este es el momento oportuno para que la


Academia se involucre en este tema y realice aportes.
Se necesita desarrollar ideas, nuevas perspectivas y
puntos de vista a partir de las diversas experiencias
internacionales, y en base a las políticas en torno a la
búsqueda de personas desaparecidas que han sido
adoptadas en otros lados.

La conferencia de Ariel Dulitzky se centró en su vasta


experiencia en el tema de la desaparición forzada.
Señaló que las nuevas estrategias para la búsqueda de
personas desaparecidas se basan en los procesos que
se han dado en el mundo.

El experto señala que en primer lugar se necesita un


reconocimiento desde el más alto nivel político de la
dimensión y gravedad del problema. Otro requerimiento
indispensable es que se produzca un cambio real de
actitud política y de cultura de las fuerzas de seguridad
y de los responsables de la administración y procuración
de justicia. De otra manera no se pueden garantizar
cabalmente los derechos a la verdad, la justicia, la
reparación, la memoria y las garantías de no repetición,
y menos aún, la prevención y erradicación de las
desapariciones forzadas.

Para Dulitsky las estrategias de búsqueda no deben


tener restricciones temporales, sea porque son muy
antiguas o, por el contrario, muy recientes. Se requerirán
de diferentes estrategias y técnicas, pero, para él, toda
persona desaparecida debe ser buscada.

Dulitsky precisa: “Hay una segunda dimensión temporal


más perversa, que es una afrenta a las víctimas y una
excusa política inaceptable, que se manifiesta cuando
un sector sostiene que la desaparición es una cuestión
del pasado y no hay que reabrir heridas. Nosotros
contestamos siempre de manera categórica: la
desaparición forzada no es una cuestión del pasado.
Continúa hasta que la suerte o el paradero de la
persona desaparecida sea fehacientemente
establecido”.

Tampoco ha omitido un aspecto fundamental que hoy


en día es parte de todos los protocolos y estándares
internacionales en las intervenciones antropológico-
forenses : el referido al de las políticas de búsqueda. Es
enfático en señalar que una política de búsqueda debe
partir de las realidades nacionales y locales. Debe
considerar la geografía, la estrategia de desaparición,
la estrategia de eliminación de los cuerpos y
ocultamiento, las fuerzas represivas involucradas y el
tiempo en que ocurrieron las desapariciones.

Por otro lado, toda estrategia de búsqueda debe partir


de reconocer las modalidades locales de las
desapariciones sin desconocer que siempre se requiere
de estrategias nacionales y de la cooperación
internacional. Las desapariciones en el contexto de la
Operación Cóndor o de las actuales desapariciones de
migrantes en tránsito son algunos ejemplos obvios.

Una sugerencia importante es la realización de


campañas de sensibilización para la sociedad en su
conjunto, que permitan entender el objetivo de estas
políticas. Si la población está familiarizada con este
trabajo y lo considera importante es más fácil que
ayude en la obtención de pruebas y brinde apoyo y
solidaridad a las víctimas. Hay que tener en cuenta de
que se trata de acciones que están íntimamente
relacionadas a los sentimientos y susceptibilidades y
que, por eso mismo, puede ser incomprendido.

Además, es imposible desligarlo de su contenido


político. Por eso es que las amenazas, intimidaciones y
represalias contra los familiares de los desaparecidos, así
como contra los defensores de derechos humanos que
los asisten, no sólo persisten sino que se han
incrementado.

Dulitsky da una serie de consejos finales: 1. “Las políticas


de búsqueda de desaparecidos no pueden disociarse
de la necesidad de que los Estados tomen medidas
específicas para prevenir estos actos, sancionar a los
responsables y brindar la debida protección a los
defensores y familiares.

2. Un paso indispensable es la creación de bancos de


datos genéticos con muestras de familiares buscando a
personas desaparecidas.

3. Se debería crear y mantener actualizada


permanentemente una base de datos con la
información personal disponible sobre víctimas de
desapariciones forzadas, incluyendo información
genética, principalmente el ADN y muestras de tejido
obtenidas de restos mortales y de familiares de víctimas,
con su previo consentimiento.

4. En todas estas estrategias se debe incorporar la


perspectiva de género, considerando las características
particulares de la violencia basada en el género en
contra de las mujeres.

Al respecto, quisiera hacer dos precisiones: En la Ley


30470 está prevista la creación del Banco de Datos
Genéticos, el que debe estar protegido por un marco
jurídico que preserve la información genética, solo debe
ser utilizado para los fines que fue creado. (Cardoza, CR.
2016). Además, actualmente es indispensable utilizar el
análisis de redes para los análisis en base a los datos.
"Para Dulitsky las estrategias de búsqueda no deben
tener restricciones temporales, sea porque son muy
antiguas o, por el contrario, muy recientes. Se requerirán
de diferentes estrategias y técnicas, pero, para él, toda
persona desaparecida debe ser buscada".
Comentarios finales

Intervinieron Elizabeth Salmón, directora del IDEHPUCP y


el abogado penalista Carlos Rivera, director del Instituto
de Defensa Legal.

Salmón sostuvo: “La lucha por las victimas es


fundamental, también desde la Academia. En una
oportunidad estando en el Centro por la Justicia y el
Derecho me preguntaron si era conveniente seguir
presentando casos al Sistema Interamericano. Hay 40
casos de desaparecidos en la Corte que han sentado
jurisprudencia internacional. Mi respuesta fue sí porque
desde la perspectiva de la víctima, ese caso es sí mismo
es una reparación”.

Asimismo manifestó que el Perú ha firmado las


Convenciones de la Desaparición Forzada (ONU 2012) y
la Interamericana (2002), y que estamos en el primer
puesto de países que han interpuesto casos ante la
CIDH. “Desde la jurisprudencia estamos bien, pero no en
la parte normativa. Se han dado pasos: el problema
está en la fase de implementación”, acotó.

Finalmente, remarcó que la ley carece de un enfoque


de género. No se ha visibilizado de manera objetiva la
perspectiva de género. Cuando desparecen a una
mujer, el hecho va asociado a la violencia sexual. Por
otro lado, hay un gran porcentaje de mujeres que son
las familiares que buscan a sus desparecidos, y ellas no
poseen las herramientas para asumir esta tarea solas.
Ante la desaparición del esposo, la mujer se convierte
en la cabeza de familia, a veces con menos
preparación que el hombre.

Por su parte el abogado penalista Carlos Rivera


señalo: “Se debe cambiar la voluntad política. Hay una
coyuntura interesante en el Perú porque hay un cambio
de gobierno y tenemos una ministra de Justicia que
estará a cargo de darle operatividad a la ley. Ella,
además, fue la que impulso la aprobación de la ley en
el Congreso cuando era congresista. Igualmente, la
viceministra es la persona que estaba a cargo del área
de derechos humanos en la Defensoría del Pueblo, es
decir, en los últimos 35 años esta situación es favorable”.
Al terminar su intervención recordó que, en el aspecto
judicial, en Perú hay 70 casos de graves violaciones a los
DDHH con sentencias, de los cuales solo 12 ó 13 tienen
condena, pero ninguna ordena la búsqueda. “A la
fecha no hay un registro de personas desaparecidas,
hay listados como el que dejo el Informe de la Comisión
de la Verdad y Reconciliación, así como las
organizaciones de DDHH, pero no se ha sistematizado”,
precisó.

Escucho a Carlos Rivera concluir su intervención y no


puedo olvidar cuando Cronwell Castillo le preguntó:
“Carlos ¿dónde está mi hijo?”. Carlos Rivera fue el
abogado que llevó el caso que fue el primero que
obtuvo una resolución satisfactoria en el Poder Judicial y
luego en la Corte Interamericana de Derechos
Humanos. Esto sucedió el 3 de noviembre de 1997,
luego de que el señor Castillo escuchara la sentencia a
su favor por el caso de desaparición forzada de su hijo
Ernesto Castillo Páez, ocurrido siete años antes en Villa El
Salvador.

Clyde Snow: “Traducimos lo que dicen los esqueletos”


Patricia Wiesse Directora de la Revista Ideele
Gerardo Saravia Editor de la Revista Ideele
Ideele Revista Nº 219
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El antropólogo Clyde Snow.
A sus 82 años, Clyde Snow ha contribuido a ponerles
nombre y apellido a miles de esqueletos, con lo que ha
aliviado la pena de los familiares y víctimas de guerras y
desastres en todo el mundo. Su trabajo ha sido vital
para hacer justicia en juicios históricos como aquel
contra la Junta Militar argentina, que terminó
condenando a los responsables. También ha ayudado a
identificar restos de personajes tristemente célebres,
como el del criminal de guerra nazi Josef Mengele.
Conversamos con el padre de la antropología forense.

—La antropología forense es una disciplina que forma


parte de la antropología física. En términos generales,
¿de qué se ocupa?

—La antropología forense es una subdisciplina de la


antropología física que se ocupa del estudio del
esqueleto humano. Usualmente estudiamos al hombre
prehistórico o fósil, pero también ciertos casos que
llaman la atención de la Policía y del médico forense:
son restos de huesos, de esqueletos de personas que
han sido víctimas de un crimen.

—¿Qué tratan de descifrar estudiando los esqueletos?

—Básicamente, descifrar o entender quiénes eran y


cómo murieron. Nuestros informes pueden ser utilizados
en una corte durante un juicio. Por ejemplo, si se está
procesando al perpetrador de un homicidio, esos
informes nuestros son presentados en el juicio, y muchas
veces somos llamados para dar nuestro testimonio
como expertos.

—¿Analizan qué pasó con la víctima?

—La identificamos usando, por ejemplo, los dental


records. También podemos determinar la causa de su
muerte: un disparo fatal, o que haya sido acuchillado.
Además de la hora de su muerte.

—¿Qué características debe tener un antropólogo


forense?

—Ése es un punto clave. Los antropólogos forenses y los


patólogos, los que investigamos en la escena del
crimen, tenemos una responsabilidad muy especial:
presentar las evidencias, interpretarlas de manera
objetiva y preservarlas. No es nuestro rol perseguir a los
culpables; ni siquiera proteger a los inocentes. Muchas
veces me preguntan desde hace cuánto tiempo soy un
activista pro derechos humanos, y siempre respondo: no
soy un activista pro derechos humanos; soy un experto,
presento mi evidencia.

—Ustedes trabajan con evidencias, pero también con la


intuición. ¿Cuándo les ha fallado?

—Actualmente no creo en la intuición. Creo que lo que


llamamos intuición es una destilación de la experiencia.
En casos criminales ordinarios, comunes, los huesos
siempre traen sorpresas. Miras toda la evidencia y ésta
puede probar algo que es contrario a lo que en un
inicio se pensó o se supuso. De repente escuchas un
rumor: tal persona fue muerta por un disparo en la
cabeza. Pero realizas la exhumación y te das cuenta de
que fue acuchillada, por las marcas sobre los huesos.
Claro, empezamos con la información que nos dan,
pero es la evidencia la que confirma los hechos. Los
esqueletos en las tumbas son, como siempre digo, los
reales testigos. Cuando testificamos en la corte, en
realidad traducimos lo que dicen estos esqueletos.

—¿Qué tipo de información brinda un esqueleto y cuál


es el límite?

—A partir de la experiencia puedo decir que los


esqueletos son exactamente como las personas:
algunas personas son muy tímidas y no obtienes mucha
información de ellas; otras, en cambio, te hablan
mucho. En los huesos hay evidencia que nos da
información sobre la persona, empezando por su edad,
la hora de su muerte (dentro de ciertos límites), su
estatura, raza, género y mucho más: enfermedades
pasadas, heridas que afectaron el hueso… La
información que obtenemos se llama biografía ósea. Es
la historia de vida de una persona que está más o
menos preservada en sus huesos. Y una parte muy
importante de esa biografía ósea es el último capítulo:
nos dice cómo murió la persona. Entonces, sí,
obtenemos mucha información a partir de los huesos.

—Usted fue el primero en aplicar la antropología forense


en casos de violaciones de derechos humanos. Esto
ocurrió en Argentina, de donde lo llamaron.

—Sí, en 1985, por el juicio a la Junta Militar. Llegué unos


meses antes para ayudar en la investigación de los
desaparecidos. Antes los jueces iban a los cementerios
con retroexcavadoras para remover los lugares donde
pensaban que podían estar los desaparecidos.
Terminaban con montañas de huesos y destruían, sin
querer, las evidencias. No sabían buscar, no tenían
arqueólogos. Así se realizaron, creo, aproximadamente
400 exhumaciones. Estos huesos eran llevados a la
morgue en La Plata.

—Por eso usted forma el equipo de antropología


forense.

—Recluté a un equipo voluntario, ocho jóvenes


argentinos estudiantes de Antropología y Medicina, y los
entrené durante varios meses. Cuando comenzó el
juicio, el fiscal Scorsera se enteró de nuestro trabajo. Por
ese entonces nosotros habíamos realizado ya varias
exhumaciones, y él nos preguntó si podíamos presentar
nuestras conclusiones como evidencia en el juicio
contra la Junta. El equipo estaba conformado por estos
chicos muy jóvenes que eran tímidos y no querían
testificar, de modo que lo hice yo.

—Los argentinos, entonces, son los pioneros; porque


luego se formaron muchos equipos en Latinoamérica,
incluyendo el peruano.

—Fue la primera vez que evidencia forense científica


fue utilizada en una investigación sobre la violación de
derechos humanos. Después el equipo argentino formó
a un equipo chileno, y ambos fueron a Guatemala a
constituir otro allá. Posteriormente se formó el Equipo
Peruano de Antropología Forense. América Latina es
pionera en la aplicación de la antropología forense a la
violación de derechos humanos e investigaciones sobre
crímenes de guerra y contra la humanidad.

—¿Qué descubrió en Argentina?

—Habíamos realizado un número significativo de


exhumaciones, casi 100. Nos dijeron que teníamos un
aproximado de dos horas para testificar, y nos pareció
que si intentábamos hablar de todos los casos,
terminaríamos con un montón de estadísticas: tal
número de personas enterradas acá, tantas allá,
etcétera. Aburridísimo: nuestro informe les hubiera dado
sueño a los jueces. Entonces lo pensamos bien y
decidimos que un desaparecido podría representar a
los demás. Optamos, así, por hablar de dos casos muy
típicos. Uno de ellos es el de una joven llamada Liliana
Pereira, quien tenía aproximadamente 21 años de edad
y fue encontrada en una tumba clandestina. La
identificamos gracias a rayos X que le habían sido
tomados antes de que fuera asesinada; es lo que
llamamos rayos X anti mortem, hospitalarios.
Comparamos los rayos X de los huesos con los rayos X
anti mortem. También encontramos su historia dental. Su
caso fue importante, porque fue una de varios cientos
de mujeres detenidas que estaba embarazada al
momento de su desaparición.

—Y se sabe que a las mujeres embarazadas las


mantenían vivas hasta que dieran a luz; luego las
ejecutaban y les daban los niños a las familias de
militares o policías.

—Así es; y les falsificaban partidas de nacimiento.


Incluso vendieron algunos de esos niños en el mercado
negro (obtenían por cada uno aproximadamente 600
dólares). El caso de Liliana Pereira me sirvió para relatar
la historia de varias mujeres desaparecidas. Mostré a la
corte sus huesos, su cráneo completamente fracturado
por causa de un impacto de bala disparado desde muy
cerca. Enseñé fotos de ella tomadas unos años antes de
su muerte. Impactó. Después uno de los jueces, a quien
luego conocí, me dijo que antes de eso la mayor parte
de la evidencia presentada en el juicio era
documentaria.

—¡Por primera vez vieron lo que les pasó a estas


personas!

—Lo bueno fue que los miembros de la Junta, que


estaban sentados detrás de mí, pudieron ver el
producto de sus acciones.

—¿Y el segundo caso que presentaron en el juicio?

—Fue el de un joven. Con su caso pude explicar las


técnicas que utilizamos para la identificación. Una de
las varias cosas que encontramos cuando exhumamos
el esqueleto fue que los huesos de la mano derecha
presentaban deformidad. Los rayos X nos permitieron
hallar fragmentos de metal dentro de ellos. Había sufrido
una herida de bala en la mano derecha varios años
antes de ser asesinado. Entonces, ayudó en el proceso
de identificación, porque había miles de hombres
desaparecidos de su misma edad y estatura, pero solo
uno tenía una antigua herida de bala en la mano
derecha. Este caso sirvió para explicar cómo
identificamos a las personas.

—Imaginamos que los antropólogos forenses sacaron


importantes lecciones de esta experiencia,
comenzando por la forma en la que se deben presentar
los casos.

—Sobre todo que, así como una persona habla por


muchas, un pueblo puede hablar por otros. Porque este
tipo de evidencia, al enfocarse en lo micro, en los
detalles, transmite una historia muy dramática a los
jueces y jurados. No los aburres con estadísticas. Joseph
Stalin tenía una observación muy interesante: cuando
habló de las muertes ocurridas durante su reino de
terror, dijo: “Una única muerte es una tragedia, un millón
de muertes es una estadística”. Y es cierto.
Antes los jueces iban a los cementerios con
retroexcavadoras para remover los lugares donde
pensaban que podían estar los desaparecidos.
Terminaban con montañas de huesos y destruían, sin
querer, las evidencias.
—¿Cuál fue su relación con las Madres de la Plaza de
Mayo?

—Justamente el caso de Liliana Pereira motivó la división


entre ellas. Cuando ya estuvimos organizados y nos
encontrábamos realizando exhumaciones, la señora
Bonafini se molestó mucho, porque su posición era:
“Nuestros hijos estaban vivos cuando ustedes se los
llevaron; los queremos de vuelta vivos”. Por ese
entonces todos sabían que estaban muertos, pero ella
era antiexhumación. Dijo: “No queremos fardos de
huesos”. En tales circunstancias, un grupo de esas
madres se acercaron a nosotros y nos dijeron que
querían que se procediera con las exhumaciones para
encontrar a sus hijos. Una de ellas era la de Liliana
Pereira. Fuimos a Mar de Plata, y en el cementerio
habían identificado dos tumbas; no estaban seguros de
cuál contenía el esqueleto de Liliana.

—¿Y procedieron a excavar la primera?

—Sí, y allí encontramos el esqueleto de Liliana. Al día


siguiente, cuando regresamos para exhumar el segundo
cadáver, ¿adivinen quién estaba allí, en la entrada? La
señora Bonafini, que había llegado a impedir la
exhumación. Pobre señora Bonafini: estuvo allí solita;
nadie fue. Y todo resultó muy vergonzoso para ella,
porque buscaba una confrontación.

—¿La familia de Liliana quedó satisfecha?

—Lo realmente maravilloso ocurrió hace tres años,


después de tanto tiempo: el ADN hizo posible identificar
al hijo de Liliana. Vivía en Córdoba. Su abuela, la mamá
de Liliana, se reunió con él. Aunque fue robado por una
familia de militares, lo criaron bien. Fue una situación
terrible para él, porque tuvo que testificar en contra de
esta familia. Muchas veces los padres que compraron a
esos niños en el mercado negro no sabían que eran
hijos de desaparecidos. Los adoptaron de buena fe. Fue
una experiencia muy difícil, tanto para los abuelos
como para los padres adoptivos.

—El tener los restos y poder sepultarlos es un ritual que


se repite en muchas culturas. ¿Es universal?
—Sí. En todas las áreas donde he trabajado, nunca he
encontrado un grupo o una sociedad que no quisiera
que se les devuelva a sus muertos; de modo que
siempre podemos contar con el apoyo de los familiares.
Con la excepción de la señora Bonafini. (Ríe.)

—¿Cuáles son las diferencias entre el proceso que se ha


vivido en Argentina y los otros casos de violación de
derechos humanos a nivel internacional o regional?

—En Argentina, los blancos de los escuadrones de la


muerte eran individuos. Tenían tu nombre en la lista, te
llevaban a un centro de detención, te torturaban
durante algunas semanas o meses y después te
ejecutaban y te enterraban. Las familias nunca eran
notificadas; no les daban ninguna información. En Chile
detenían a la persona y la mataban, pero dejaban el
cadáver frente a la casa familiar. Por eso hay menos
desaparecidos “reales”. En Guatemala, a su vez, había
miles de indígenas maya. Por órdenes del general Ríos
Montt, entraban en pueblos y masacraban a toda la
población: hombres, mujeres y niños. Y esas víctimas
terminaban en fosas masivas. También había un
pequeño grupo de desaparecidos urbanos: estudiantes,
profesores, activistas de derechos humanos; y que,
como en el caso argentino, eran blancos específicos.
Pero eran una minoría.

—¿En las zonas rurales las matanzas colectivas


establecen un patrón?

—La última vez que fui a Kurdistán encontré que se


había estimado que 3.900 pueblos kurdos fueron
completamente destruidos. Mataban a todos los
hombres; a los ancianos y a las mujeres los llevaban a los
campos de detención en el desierto, y los tenían allí por
varios años. Muchos de ellos murieron de hambre o de
frío. En los pueblos de Guatemala mataban a las
mujeres y niños al mismo tiempo que a los hombres. El
accionar varía, aunque siempre hay similitudes. Creo
que esos tipos leen las páginas web de sus “colegas”.

—La violación sexual es algo que la ciencia forense aún


no puede determinar.

—Desafortunadamente, es una de las cosas que un


esqueleto no nos puede revelar. Los huesos no nos
pueden dar esa información, aunque sabemos que ha
sido violada por los testimonios de sobrevivientes o
testigos. En Guatemala, cuando las Fuerzas Armadas
entraban en un pueblo, era una casi rutina separar a las
mujeres más jóvenes de las demás y violarlas antes de
ejecutarlas. Por eso, algo importante en nuestra
investigación es que no se limite a los huesos: es muy útil
hablar con los sobrevivientes y testigos; incluso con los
militares —algunos se arrepintieron y nos han dado
evidencia/testimonios—; usualmente son soldados de
rangos más bajos.

—¿Se acuerda de algún caso específico en el que los


testigos hayan sido un elemento clave?

—Me acuerdo. En un caso en Guatemala, en un


pequeño pueblo llamado Chel, el Ejército entró y, en
lugar de disparar contra todos los pobladores, decidió
decapitarlos. Había un puente antiguo, hecho de
piedras, donde llevaron a los hombres, mujeres y niños
capturados. Los hicieron apoyarse sobre el borde del
puente y los decapitaron con machetes. Algunos
hombres que habían estado trabajando en las afueras
del pueblo se escondieron y observaron la masacre
desde sus escondites en las montañas. Dijeron que
vieron cuando obligaron a las mujeres a quitarse la ropa
y las violaron. A las que llevaban a un bebé en sus
brazos les ordenaron que los colocaran sobre la
montaña de ropa acumulada. Después de violarlas, las
decapitaron y prendieron fuego a la montaña de ropa.
Los bebés se quemaron vivos. Los arqueólogos que
fueron al sitio encontraron los huesos de los recién
nacidos. En ese caso, la evidencia de los testigos y la
evidencia arqueológica contaron la misma historia.

—Usted ha sido el primero en plantear la necesidad de


trabajar con los pobladores y familiares.

—Es absolutamente esencial trabajar con las familias,


porque ellas nos proveen de la información que
necesitamos para la identificación. No se trata de entrar
y exhumar una fosa común, encontrar 50 ó 100
esqueletos y allí se acabó. Lo que tratamos de hacer
con estas investigaciones es utilizar toda la evidencia
para recrear el evento y contar una historia. Con la
información que nos dan las familias y los sobrevivientes
—quién entró en el pueblo, quién mató, quién fue
asesinado—, tratamos de reconstruir una historia.

—Por lo general ustedes llegan a los países cuando ya


los procesos de paz están en marcha. Sin embargo,
¿alguna vez se ha encontrado con obstáculos o
interferencias de gobiernos o de altos funcionarios?

—Sí. Nos encontramos con este tipo de obstáculos en


varios países (en Argentina, por ejemplo), lo que se
debe simplemente a la burocracia. Hay que saber
navegar en el sistema legal, porque es como un
laberinto. El equipo argentino tuvo que aprender a
realizar los trámites correspondientes para acceder a
información. El otro inconveniente era que la
antropología forense era entonces una disciplina
relativamente nueva. En Argentina nadie había
escuchado hablar de ella. Los médicos forenses eran
muy conservadores; decían: ¿Quiénes son estas
personas que están examinando los esqueletos? Creo
que en el Perú pasaron por la misma situación.

—Sí, muchos años después, la percepción aquí parece


ser la misma.

—Para ser forense tienes que ser médico: ésa es la


percepción. En Europa, los Estados Unidos, Canadá, las
disciplinas forenses trabajan juntas con los médicos
forenses. Éstos reconocen la pericia de los antropólogos
forenses. No tratan de hacerlo todo ellos mismos.
También tienes que lidiar con el acoso activo:
amenazas de muerte; todos los equipos —los del Perú,
Guatemala y Argentina— reciben amenazas de muerte
de vez en cuando. Los argentinos, por ejemplo,
aprendieron muy tempranamente a lidiar con ellas.
Cuando los llamaban por teléfono, les hacían bromas:
“Perdón, solamente atendemos amenazas de muerte
entre las 14 horas y las 16 horas; por favor, vuelva a
llamar y pregunte por Mimí” (Mimí era uno de los
miembros del equipo). Eso los paralizaba. Como no
querían que nos riéramos de ellos, no volvían a llamar.
Además, quieren interferir con tu trabajo; pero tú debes
seguir con tu horario y tus tareas. Hay que ignorarlos.
Cuando se dan cuenta de ello, se van. Felizmente,
hasta hora, ninguna de las amenazas se ha
materializado.

—¿Cuál es la experiencia que más lo ha impactado?

—Todos los casos son fascinantes; cada uno tiene su


propia historia. En Chicago trabajé el del famoso
asesino en serie John Wayne Gacy. Descubrimos 33
esqueletos enterrados debajo de su casa. Pertenecí
también al equipo que examinó los huesos del doctor
Mengele, en Brasil. Pero quizá el caso más importante
de mi carrera es el de Irak. En la década de 1990
conformamos un equipo con argentinos, guatemaltecos
y chilenos —en ese entonces los peruanos no estaban
organizados— y fuimos a Irak para realizar
exhumaciones de pueblos. Muchos pobladores habían
sido asesinados por las fuerzas de seguridad de
Saddam. Otra vez, un pueblo puede hablar por muchos
otros.

—En ese momento Saddam seguía en el poder…

—Así es, y por eso parecía casi imposible que esta


evidencia que recolectábamos fuera algún día
utilizada. Pero en el 2005 me llamaron a Bagdad, me
quedé algunas semanas y testifiqué en el juicio contra
Saddam por sus crímenes contra los kurdos. Después de
tantos años, esta evidencia fue utilizada. Fue muy
gratificante; y el juicio, muy interesante. Los iraquíes son
muy bulliciosos: los jueces gritaban a los abogados, y
éstos se gritaban entre ellos. Testifiqué durante casi 4
horas —lo que jamás había hecho, y lo hice de pie—,
aunque creo que solo hablé durante 45 minutos. Decía
algunas palabras, me interrumpían y debía volver a
empezar. También fue interesante porque cuando los
jueces y los abogados terminaron de hablar, los
acusados pudieron hacer preguntas.

—¿Saddam Hussein le preguntó algo?

—Sí. Se paró —tenía un Corán enorme en la mano— y


se dedicó esencialmente a cuestionar mi credibilidad:
quién era yo, que nunca había escuchado hablar de mí
ni de la antropología forense. Después, con respecto a
los esqueletos encontrados, dijo: “Irak está repleta de
fosas comunes. ¿Cómo saber que no son hititas de hace
unos 5 mil o 6 mil años?”. Yo quería responder; quería
decir que sabía que los hititas eran una civilización muy
avanzada, pero no tanto como para que algunos
tuvieran relojes digitales. También hubiera querido decir
que la mayoría de esos relojes habían dejado de
funcionar el 28 de agosto de 1988. Pero antes de que
pudiera hacerlo, el juez dijo que yo ya había sido
confirmado como experto. Nunca pude responder a su
pregunta.

Huesos

Patricia Wiesse Directora de la Revista Ideele


Gerardo Saravia Editor de la Revista Ideele

Ideele Revista Nº 271

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Foto: Lugar de la Memoria

Un funeral es una ceremonia de duelo. Es parte del rito


funerario. Los orígenes de estas prácticas son tan
antiguos que empiezan con los neandertales. Los
rituales son diversos de acuerdo a cada cultura y
época. En el Perú se acostumbra que los cuerpos de las
personas que han muerto sean vestidos por sus
familiares, velados y luego enterrados o cremados. Eso
no ha ocurrido con 15 mil que nunca fueron
encontrados. Esos huesos en su mayoría siguen apilados
en fosas, y un número menor está guardado en cajas.

Después de 30 años, hay 900 restos sin identificar en la


morgue de Ayacucho. Los huesos de las víctimas de la
matanza de El Frontón están sin identificar en la morgue
de Lima. Los huesos de los muertos en Lucmahuayco se
han identificado pero todavía no se entregan, y están
en cajas en la morgue del Cusco. De las 69 víctimas de
Accomarca, solo se han identificado 23 cuerpos.

Descontando a los que se encuentran en cajas, se


calcula que hay unos 15 mil cuerpos que todavía están
enterrados en fosas clandestinas en las comunidades, y
en fosas en los centros de detención y al interior de las
bases militares. Son alrededor de 5 mil los lugares de
entierro.

Son contadas con los dedos las exhumaciones de fosas


que han terminado con el total de restos entregados a
sus familiares. Una de ellas ha sido la de Chuschi. Ocho
desaparecidos, ocho cuerpos encontrados en una fosa,
ocho restos entregados a sus familiares. En este caso, se
cerró el círculo: el fiscal entregó los cuerpos a los
deudos y estos les dieron sepultura. Pero esto solo
sucede cuando el caso está cerrado, y ello depende
de si hubo testigos vivos que colaboraron con los peritos:
si ellos declararon que vieron a los militares llevarse a los
detenidos, si condujeron a los forenses al lugar de
entierro y si estos procedieron a hacer las
exhumaciones.

Lo mismo ocurrió en Lucanamarca, escenario de la


espeluznante matanza senderista, donde la
exhumación fue el inicio de un proceso que culminó en
una ceremonia que contó con la presencia de algunos
comisionados de la Comisión de la Verdad, y en un
entierro en el que cada una de las 69 víctimas fue
sepultada en su propio cajón donado por el Estado.
Sería bueno que lo mismo hubiera ocurrido con más
frecuencia en los últimos 30 años.

El informe que presentó el año pasado el Comité contra


la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas
establece que “después de 30 años de finalizada la
práctica de las desapariciones forzadas en el Perú, este
sigue siendo un problema vigente con pocas
soluciones”.

Los casos de desapariciones forzadas son de lejos la


mayoría en los procesos de violación de derechos
humanos. Como su nombre lo indica, ello supone que el
cuerpo se esfuma, se evapora, se desvanece. En el año
2003 empezó a funcionar el Sistema Nacional de
Derechos Humanos que actualmente está a cargo de
la fiscal Luz Ibáñez. En 14 años ha sufrido una serie de
modificaciones y lo que queda son cuatro fiscalías
penales supraprovinciales que funcionan en Lima,
dedicadas exclusivamente a investigar los casos de
derechos humanos a nivel nacional. Además, hay una
segunda instancia compuesta por tres fiscalías penales
encargadas de elaborar las acusaciones fiscales. Y en
provincias, especializadas y dedicadas, solo quedan
dos fiscalías en Ayacucho y una en Huánuco.

Saber que se han producido recortes fuertes permite


entender el porqué de la desesperante lentitud del
sistema de derechos humanos. Cada caso pasa a una
fiscalía que debe abrir una investigación destinada a
buscar pruebas y culpables, pero cuya prioridad no es
devolver los restos de las víctimas a sus familias.

De peritos y peritajes

El fiscal se apoya en el trabajo de los forenses que


ubican las fosas comunes, registran el perfil biológico de
las víctimas, recuperan los restos humanos y las
evidencias para analizarlos científicamente. Antes que
nada, el Ministerio Público trata de obtener información
que tenga valor probatorio. Se concentra en un
proceso formal con el objetivo de demostrar un hecho.
Los fiscales avanzan hasta donde pueden y en ese
intento se pasan los años, mientras los restos siguen
almacenados. ¿Acaso no es posible armar los casos con
las llamadas fichas antemortem(que contienen la
biografía biológica de las víctimas) y con las
declaraciones de los testigos?

“El Ministerio Público se concentra en buscar justicia”,


afirma Carmen Rosa Cardoza, cuya vasta experiencia
como perito forense la ha convertido en una experta en
el tema. Ella sostiene que el fiscal no necesita los restos
luego de que estos han sido sacados de la fosa. “No los
necesita. Para eso están las fotos de los huesos y los
informes sobre las descripciones de las lesiones, así
como las evidencias. Me refiero a las balas o los
cuchillos. Con estos sí debe quedarse”, agrega.

La Fiscalía todavía no ha internalizado la importancia de


la parte humanitaria. Ha habido maltrato y desidia de
parte del Estado que se ha cruzado de brazos frente a
esta interminable espera de los familiares de los
desaparecidos. Rosa Lía Chauca, responsable de la
mesa de trabajo sobre la búsqueda de personas
desaparecidas de la Coordinadora Nacional de
Derechos Humanos, ha acompañado a los familiares de
las víctimas por muchos años. Entiende perfectamente
la necesidad que ellos tienen de ver el cuerpo para
verificar que murió y saber cómo ocurrió esa muerte. La
ausencia abrupta –a diferencia de la pérdida por
enfermedad en la que hay una etapa de preparación–
introduce la duda y la esperanza. ¿Y si de repente
huyó? ¿Y si está vivo? Esa incertidumbre no permite que
las personas sigan con su vida y las deja congeladas en
el tiempo.

Añade: “Asimismo, creo que no ha habido una entrega


digna de los cuerpos, no por mala intención de las
autoridades, sino porque todavía no somos conscientes
de la importancia de este ritual que existe en todas las
culturas a pesar de que tenemos diferentes tipos de
espiritualidad. Pero, en general, lo que yo he visto es
que para todos sin distinción es importante que les
expliquen de manera simple y clara los detalles de la
muerte de su ser querido. Y luego esperan que se les
entreguen los restos para que puedan hacer una
ceremonia”.

La profesional afirma que en todos estos años los fiscales


han puesto impedimentos para que los cuerpos sean
entregados a sus familiares. “Por ejemplo, en el caso de
las víctimas de Accomarca seguimos insistiendo para
que se entreguen todos los cuerpos y no solo los que se
han identificado, porque se trata de un caso cerrado”.

En Tottos tampoco se pudieron entregar todos los


cuerpos. Cuando llegaron los forenses se encontraron
con las fosas medio abiertas, removidas, pedazos de
cuerpos desperdigados por el área. Hasta los perros
habían escarbado en el lugar, contribuyendo a la
pérdida de evidencias y restos.

En Los Cabitos se hicieron varias excavaciones. Algunos


miembros del Equipo Peruano de Antropología Forense
(EPAF), una institución de la sociedad civil, participaron
como peritos de parte en la primera etapa en la que se
exhumaron 15 cuerpos. Este cuartel era un centro de
detención con población abierta. Esto quiere decir que
se llevaban a los torturados en helicópteros y traían a
otros. Las personas que ingresaban pudieron haber sido
torturadas y asesinadas en ese lugar, para luego ser
trasladadas a otras bases militares o viceversa.

Las madres de la Asociación Nacional de Secuestrados,


Detenidos y Desaparecidos (Anfasep) creen que los
cuerpos de sus hijos están ahí en Los Cabitos, pero la
verdad es que eso no se puede saber. Todavía hay
mucho que desenterrar. Carmen Rosa Cardoza
recuerda que una joven identificó el polo de su
hermano, pero cuando le mostraron la dentadura no
correspondía a la de él. La explicación es que existía un
patrón en esos cientros de detención por la que que los
torturados solían estar desnudos o semidesnudos, y en
algunas circunstancias les entregaban ropa de otros
para que se cubrieran.

No ha habido un mandato en las sentencias judiciales


que establezca la obligación de encontrar los restos y
devolverlos a sus familiares, y lo que ha ocurrido es que
el Ministerio Público –sin proponérselo- ha terminado
imponiendo una práctica hiperlegalista y
antihumanitaria. La excepción a la regla se ha
producido solo en dos oportunidades, en relación a dos
casos emblemáticos: Castillo Páez y La Cantuta. En
ambos la sentencia de la Corte Interamericana ordenó
a la Fiscalía que abriera una investigación sobre el
paradero de los cuerpos. Está de más decir que el
cuerpo de Ernesto Castillo Páez nunca fue encontrado y
solo seis de los cuerpos de las víctimas de La Cantuta
fueron identificados.

El EPAF también fue perito de parte en el caso La


Cantuta, pero solo para exhumar una parte de los restos
que estaban en el cementerio El Ángel, no los que se
enterraron en Cieneguilla. Lograron identificar a seis
personas utilizando la prueba de ADN. Encontraron la
prótesis de la maxila de Bertila y dos partes de una pelvis
femenina que por descarte determinaron que era de
Dora Oyague. El único cuerpo que se pudo reconstruir
completamente fue el de Enrique Ortiz.

Carolina Oyague, hermana de Dora Oyague, asesinada


en La Cantuta, relata: “La Fiscalía abrió la búsqueda en
2014, en base a los datos que dieron los arrepentidos
sobre la localización de las fosas, pero no mandaron a
un equipo forense a que culmine la búsqueda de las
fosas. Nuestros familiares fueron enterrados,
desenterrados, vueltos a enterrar y luego cremados
para desaparecer las evidencias”. En este momento la
fosa de Cieneguilla está cubierta por más de 25 metros
de arena de una construcción. No se ha encontrado
una forma legal que obligue a los miembros del Grupo
Colina que se acogieron a la colaboración eficaz a que
digan dónde están enterrados los cuerpos.

Han primado las malas prácticas. Rosa Lía Chauca


precisa que las entregas que se han realizado en el
Instituto de Medicina Legal y en la morgue de
Ayacucho no cumplen con un protocolo adecuado.
“Se hacen de manera rápida, a veces como si fuera un
trámite administrativo. No estoy diciendo que siempre
sea así. Hay algunos fiscales que se toman el tiempo de
hacer una ceremonia para que los familiares se sientan
reconfortados. Pero generalmente se han hecho
entregas masivas, a veces de veintitantos cuerpos, que
no ayudan al proceso de reparación. No se prepara a
los familiares para el shock que significa esperar un
cuerpo completo y recibir unos cuantos huesos.
Tampoco se les consulta si desean que les entreguen los
restos en una caja cerrada o que se los muestren. Desde
la mesa hemos mandado muchas cartas a las
autoridades, específicamente a la viceministra de
Justicia, a quien le hemos señalado que es importante
plantear una estrategia”, puntualiza.

"No hubo una identificación individual. Los familiares


llegaban a esos lugares en peregrinación cargando sus
ramos de flores, y no les entregaban a sus muertos".

Además del drama que siguen viviendo estos deudos,


los peritos independientes de la sociedad civil han
vivido el suyo propio. Basta mirar la película
peruana NN para entender las secuelas de la
convivencia con la muerte. Y en la vida cotidiana
muchos terminan presos entre files y declaraciones,
igual que los familiares que terminan como rehenes de
la justicia, entrampados en citaciones y
reconstrucciones. La propia Carmen Rosa Cardoza, por
haber sido perito de parte en Chuschi, Cabitos y Putis,
ha tenido que atestiguar en las salas del Poder Judicial
durante 10 años (2006–2016). Debía desempolvar sus
peritajes y repetir una y otra vez las mismas
declaraciones, sin olvidar ni una coma ni un punto a
riesgo de que anulen su testimonio o todo el proceso.
El aporte de los peritos de la sociedad civil ha sido
grande. Ellos fueron los que se preocuparon por
humanizar este proceso de búsqueda y entrega.
Carmen Rosa Cardoza resume los tres pasos para
realizar una investigación exitosa enmarcada en el
paraguas humanitario: “Depurar la lista de
desaparecidos, persona por persona. Tener la biografía
biológica de cada una en una ficha antemortem.
Contar con el apoyo de todas las organizaciones y
personas que puedan brindar esa información”.

Parió Paula

En el año 2004, el Estado transfirió la responsabilidad de


búsqueda y justicia al Ministerio Público. Se creó el
Equipo Forense Especializado a cargo del médico Luis
Bromley, cuyo enfoque generó grandes polémicas. Para
el científico, buscar era sinónimo de exhumar. Su idea
fue exhumar las cerca de cinco mil fosas y comenzó
con un proceso agresivo de exhumaciones. De esa
etapa son los 900 cuerpos sin identificar en Ayacucho
que están a cargo de Medicina Legal. ¿De qué casos
son? Habría que terminar esas investigaciones para
saberlo. Queda claro que Bromley no entendió que la
idea no era buscar huesitos sino personas con nombres
y apellidos.

La existencia de dichas cajas con restos fue negada


sistemáticamente por los fiscales y el equipo de
Medicina Legal, hasta que este año el jefe nacional del
Equipo Forense Especializado del Ministerio Público, Luis
Rueda, tuvo la valentía de decirlo públicamente en un
evento realizado por la Alianza Francesa. En general, la
información es reservada aun para los especialistas de
la sociedad civil y para los afectados. Carmen Rosa
Cardoza refiere que se enteró por una revista
especializada norteamericana que el equipo del
Ministerio Público había sacado 20 mil muestras
biológicas.

Desde el año pasado, la búsqueda de los


desaparecidos está a cargo del Ministerio de Justicia,
luego de que la nueva ministra Marisol Pérez Tello
pidiera perdón a los familiares por la interminable
espera y promulgara la Ley 30470 de Búsqueda de
Desaparecidos durante los años 1980 al 2000. Ya en el
año 2005 se elaboró un registro de víctimas con el
objetivo de establecer a qué familias se iba a reparar,
pero no para buscar los restos de los desaparecidos. En
él se inscribió a 9 mil personas como detenidos–
desaparecidos.

Todavía falta sistematizar y unificar la información de la


Defensoría del Pueblo, de la CVR y de otras fuentes
regionales para, treinta y tantos años después, tener un
registro actualizado que se acerque a la cifra de 15 mil
desaparecidos que maneja la Defensoría. Lo primero es
elaborar una base de datos madre que permita cruzar
información y utilizar redes informáticas. Según la
secretaria técnica del Consejo de Reparaciones,
Susana Cori, ya están gestionando el presupuesto para
abrir la nueva oficina en el ministerio. “Hemos
empezado por sistematizar y analizar la información.
Después implementaremos el Plan Nacional de
Búsqueda y el trabajo de exhumación. En ese momento
coordinaremos con el equipo forense del Ministerio
Público”, puntualiza.

Le preguntamos a Rosa Lía Chauca sobre los beneficios


de la ley y esto fue lo que nos respondió: “Creo que uno
de los aspectos más importantes de esta ley es que los
familiares no necesitan hacer una denuncia, sino que
con toda libertad pueden solicitar que las instancias
empiecen a investigar las desapariciones. Otra ventaja
es que desde ahora ya no tienen que estar registrados
en el Registro Único de Víctimas para que se les tome en
cuenta”.

Una propuesta que han recogido es la formación de un


banco genético para almacenar los perfiles de las
personas desaparecidas y de sus familiares. En el caso
de los primeros se analiza un hueso o un diente, y en el
caso de los segundos la sangre o la saliva. “En
Latinoamérica hay dos ejemplos –Guatemala y
Argentina- que combinan la experiencia de los equipos
forenses de la sociedad civil y el Estado. Incluso en
Argentina existen dos bancos genéticos. El primero fue
creado a petición de las Abuelas de la Plaza de Mayo
para identificar alrededor de 500 casos de niños
desaparecidos; el segundo fue creado por el Equipo
Argentino de Antropología Forense y ya cuenta con
10,500 muestras”, sostiene Carmen Rosa Cardoza.

Pero ojo: en años recientes el ADN se ha convertido en


el factor decisivo para identificar los cuerpos. Muchos
especialistas cuestionan que los fiscales, en vez de
realizar una exhaustiva investigación, pidan pruebas de
ADN como si fuera una varita mágica. Es cierto que es
la forma más certera de identificar a una persona, pero
lo que demuestra la experiencia es que no sirve de
mucho cuando se usa de forma aislada: si no se tiene la
investigación completa y solo se ha avanzado una
parte, o si no se cuenta con la información antemorten
de la víctima para compararla con la información
postmortem.

La ley de personas desparecidas recoge el espíritu de


trabajo de los peritos del EPAF en el Tribunal Penal
Internacional para la exYugoslavia, y que era
fundamentalmente una búsqueda de pruebas para
que el tribunal impartiera justicia. Y efectivamente, la
justicia encontró pruebas y culpables. Pero el sinsabor
quedó.

Lo vivido les enseñó que las experiencias de ese tipo


generan graves problemas humanitarios. Los cadáveres
se fueron acumulando en bolsas plásticas en grandes
espacios refrigerados. No hubo una identificación
individual. Los familiares llegaban a esos lugares en
peregrinación cargando sus ramos de flores, y no les
entregaban a sus muertos. Viendo eso, los peritos
peruanos se dieron cuenta de que lo humanitario es
entregar los cuerpos y mandar las pruebas a la justicia.

Luego, cuando el fundador del EPAF, José Pablo


Baraybar, fue llamado a Kosovo -en la zona de los
Balcanes- para hacerse cargo de la Oficina de Personas
Desaparecidas de las Naciones Unidas, ya tenía una
idea clara de la metodología que debería aplicar en su
trabajo. Nadie les tenía que contar que el trabajo con
los familiares era indispensable para armar la biografía
biológica de cada persona e incorporarla en una
ficha antemortem. Otra diferencia con respecto de la
experiencia anterior fue que la identificación de los
cuerpos fue individual.

La Comisión de la Verdad recogió la experiencia vivida


por los miembros del EPAF en los Balcanes, así como sus
recomendaciones, y propuso la elaboración de un plan
nacional de exhumaciones que se quedó a medio
camino. Llegaron a trabajar una exhumación modelo
que fue la de Chuschi, con la presencia de los forenses
de medicina legal del Ministerio Público. Entrevistaron a
los familiares, elaboraron las fichas antemortem.“Los
huesos y los dientes hablan. Un familiar nos decía que su
hermano le costaba realizar las faenas agrícolas porque
le dolía el costado y tenía dificultades para respirar. Y
efectivamente, encontramos una costilla con un callo
producto de esa fisura”, constata Carmen Rosa
Cardoza, quien en ese momento era integrante del
EPAF.

José Pablo Baraybar, con una trayectoria kilométrica


como antropólogo forense, quien fue parte del equipo
de las Naciones Unidas en Ruanda, la ex Yugoslavia,
jefe de la oficina de Kosovo y ahora está en Shri Lanka y
Bangaldesh, ha sido uno de los primeros profesionales
en aplicar la ciencia forense para resolver violaciones
de la ley internacional humanitaria. Él acuño el término
“paraguas humanitario” en el año 2007.

“Lo humanitario y lo judicial no son lo mismo. Según este


razonamiento, el encontrar a una persona muerta en un
entierro clandestino después de 30 años, identificarla y
devolverla a su familia es un ejercicio que permite cerrar
un ciclo de duelo y resuelve una cantidad de
situaciones administrativas que vivió esa familia por tres
décadas. Por otro lado, es posible que la justicia logre
en algún momento usar la información relacionada
para construir un caso contra una persona o grupo de
personas. Pero los tiempos no son los mismos. La justicia
tarda pero llega (a veces solo tarda), pero las familias
esperan respuestas primero”, explica Baraybar.

Rosa Lía Chauca espera que la Dirección General de


Búsqueda pueda establecer estrategias diferenciadas,
porque los casos de desaparecidos tienen sus
particularidades. Por ejemplo, si se trata de un secuestro
en una comunidad por parte de una patrulla del
ejército, se necesitará establecer quiénes fueron los que
comandaron el operativo y participaron en él. Llegar a
la verdad en un caso como este es más difícil porque la
población puede tener temor de hablar por las
represalias, y en vista de que se les puede acusar de
haber estado vinculados a alguno de los grupos
subversivos.

“Hay grupos en las comunidades que quieren hacer la


búsqueda y otros que no. Siempre hay conflictos
internos y hay que tenerlos presentes. Es muy importante
el vínculo con la comunidad y con los familiares y hacer
un trabajo previo en el lugar. No puede haber una sola
forma de plantear estas acciones”, agrega.

Una nueva esperanza se abre para los que siguen


buscando rostros y rastros. Que esta vez los vivos y los
muertos descansen en paz.
"Los casos de desaparecidos tienen dos lados: el de la
sanción y el de la devolución. Los familiares no
solamente luchan para que los asesinos sean
identificados y castigados, sino para que se ubiquen los
cuerpos".

Las cenizas de Kenneth

En el año 2012 una comisión del Congreso, presidida


por Anel Townsend, entró a los sótanosdel Pentagonito y
encontró dos hornos de 16.5 metros de altura. En ese
lugar funcionaba el Servicio de Inteligencia Nacional. El
ejército dijo que era para quemar papeles. Las pericias
determinaron, luego, que los hornos alcanzaban
temperaturas superiores a los 1,000 grados. Innecesario
para quemar papel. Suficiente para calcinar cuerpos
humanos.
Los últimos que vieron a Kenneth Anzualdo fueron sus
amigos de la Facultad de Economía de la Universidad
Nacional del Callao, el 16 de julio de 1993, cuando
tomaba la 19 B, el micro que lo llevaba a su casa. De
ahí, desapareció sin dejar rastro. En apariencia, al
menos. Durante 24 años, su hermana Marlylo ha
buscado infructuosamente. Todo parece indicar que su
cuerpo fue uno de los tantos que pasaron por los hornos
del SIN.

La Fiscalía hizo una inspección el año 2004 y encontró la


parte de un hueso pequeño y largo llamado falange. El
análisis de la prueba coincide con las características de
Kennett (varón, 25 años), pero luego de tantos años de
búsqueda no se han podido hacer los estudios de ADN
concluyentes. Marly no sabe dónde se encuentra
actualmente la prueba. Lo que sí sabe con precisión es
que Kenneth fue llevado al SIN, que en ese lugar había
un horno gigante para convertir en ceniza los restos
humanos y que ahí se encontró una falange.

“Es que a nadie le interesa, salvo a nosotros, los


familiares, pero a los que tienen esa responsabilidad no
les ha importado y, por el contrario, han intentado
ocultar todas las evidencias. En el juicio los abogados
de la defensa intentaban ridiculizar las denuncias. Ellos
decían que ‘cualquiera ha podido poner ese dedo’,
como si a un centro militar se pudiera entrar
fácilmente” denuncia Marly.

Sin embargo, al menos en el aspecto judicial, el fiscal


fue firme respecto de estos cuestionamientosque tenían
el objetivo de traerse abajo la acusación. Les dijo que
las pruebas eran parte de una investigación del
Congreso y que no las podían negar así nomás.

Los casos de desaparecidos tienen dos lados: el de la


sanción y el de la devolución. Los familiares no
solamente luchan para que los asesinos sean
identificados y castigados, sino para que se ubiquen los
cuerpos. En este segundo aspecto hasta el momento no
se ha hecho casi nada.

"En todo este tiempo nadie se ha hecho responsable. Ni


la fiscalía, ni el Poder Judicial, ni el Gobierno. Al final,
todo lo remiten ala falta de presupuesto, pero en
realidad todo pasa por tener la voluntad de resolver”,
señala Marly.

La demanda de los familiares es que se ingrese a los


sótanos del SIE y que se busquen los restos en los
jardines, en donde se dice que enterraron los huesos
que no se lograron calcinar. La ley de desaparecidos
les abre una esperanza, la última en realidad:

“Esta vez no va a ser como el Registro Único de


Victimas, en dónde pedían una serie de requisitos. Este
Plan tiene que dar una respuesta a todos los que
estamos buscando. Incluso para gente de las mismas
fuerzas armadas a quienes les dijeron que su esposo, su
papá o su hermano murieron en un enfrentamiento y
no les dijeron nada ni entregaron ningún resto. Con esta
ministra ha empezado a ser más viable porque ha
escuchado a los familiares y siente empatía por todo lo
que venimos pasado”, dice Marly.
Ayacucho: Obsesión y realidad
Jefrey Gamarra Carrillo Profesor de la Universidad de
Huamanga
Ideele Revista Nº 223
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Marcha por la paz en Ayacucho (Foto: Andina).


Ayacucho fue el lugar en que Sendero Luminoso inició
su accionar. Una radiografía política de esta región nos
permite comprender el contexto en que se viene dando
una propuesta como la ley del negacionismo y
conocer los verdaderos alcances de las nuevas
expresiones políticas de lo que fue la subversión en
nuestro país.

Si las muertes por conflictos antimineros se hubieran


producido en Ayacucho, demos por descontado que la
opinión pública no solo hubiera levantado su dedo
acusador contra los ayacuchanos, sino que los duros del
Gobierno y fuera de él ya habrían exigido acabar, no
importa a qué costo, con la presencia terrorista y los
supuestos tentáculos de Abimael Guzmán. Ninguna
región en el Perú provoca tantas reacciones y
obsesiones como Ayacucho. Es difícil convencer a los
peruanos, especialmente de Lima, de que muchas
cosas han ocurrido después del quiebre de Sendero
Luminoso. Intentemos, una vez, más apaciguar los
temores y obsesiones que la denominación Ayacucho
provoca.

Un espacio fragmentado
Ya antes de la violencia Ayacucho era un espacio
dividido entre un Norte ligado a Lima y el valle del
Mantaro y un Sur más conectado a Ica e incluso a
Arequipa. Ahora, una nueva división amenaza la unidad
regional: los distritos del río Apurímac, junto a otros de
Cusco y Junín, buscan convertirse en una nueva región:
el VRAEM. Esta división ha producido dinámicas distintas
como la de la coca, la minería artesanal en el Sur y el
comercio y la ganadería en las provincias del Norte.

Los intereses y las demandas son, por tanto, distintos, y


no pocas veces contrapuestos. Por ejemplo, son
conocidas las movidas al interior del Gobierno Regional
que oponen a los alcaldes del Sur con aquellos del
VRAE o con los representantes de las provincias del
Norte. En los años 80 del siglo XX, Sendero Luminoso fue
más débil en el Sur y difícilmente pudo controlar la selva
ayacuchana.
Estas divisiones tienen su correlato social en la ausencia
de una clase política regional que ‘interlocute’ con el
Gobierno Central y con regiones vecinas. Las divisiones
en el espacio ayacuchano también se producen entre
los movimientos sociales y gremiales. Difícilmente
pueden articularse los campesinos cocaleros con
aquellos dedicados a otras actividades agropecuarias;
la idea de que los beneficios de la coca se extienden a
todo el espacio ayacuchano no es correcta. Por otro
lado, los gremios como el SUTEP reflejan las divisiones de
la región; así, la huelga convocada por el Conare-SUTEP
no ha sido acatada en el Sur, y viceversa. De igual
modo, el Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho —
que, dicho sea de paso, pocos recuerdan que fue el
primero que se fundó en el país— no tiene la capacidad
de articular a sus pares distritales y provinciales, por lo
que limita su accionar a la ciudad de Ayacucho.

La fragmentación política
En tiempos de Abimael Guzmán y su Comité Central, la
política se articulaba desde Ayacucho, y su hegemonía
se ejercía sobre la base de un accionar autoritario, lo
que anuló la capacidad de otras fuerzas políticas para
disputar la supremacía de Sendero Luminoso en buena
parte del espacio ayacuchano y regiones vecinas.
Actualmente nadie desea una hegemonía de ese tipo,
pero no existe una agrupación política capaz de
proyectarse al conjunto de la sociedad regional. Los
partidos nacionales solo tienen presencia en periodos
electorales.

Tampoco existe un movimiento político regional con la


fuerza suficiente como para asegurar una presencia
constante y mantenerse organizadamente. Las pasadas
elecciones regionales son una muestra de cómo el
desencanto de la política y la ausencia de una
ideología sustentable regionalmente terminaron por
sentar en el sillón de la presidencia regional a un
benefactor de polladas, excursiones escolares y cuanta
actividad social requería de contribución monetaria.

En tiempos de Abimael Guzmán y su Comité Central, la


política se articulaba desde Ayacucho, y su hegemonía
se ejercía sobre la base de un accionar autoritario, lo
que anuló la capacidad de otras fuerzas políticas para
disputar la supremacía de Sendero Luminoso en buena
parte del espacio ayacuchano y regiones vecinas.
Probablemente no solo sea la crisis de los partidos, sino
también las nuevas maneras de hacer política, las que
tienen especial impacto en regiones como Ayacucho.
Estos cambios y transformaciones, cuyas características
y trayectorias todavía no podemos establecer con
precisión, afectan a los partidos políticos tradicionales, a
los movimientos regionales y también a aquellos como
el Movadef y el mal llamado Sendero Luminoso del
VRAEM. Los partidos “tradicionales” terminan divididos
entre grupos locales que se disputan los favores políticos
de sus dirigencias nacionales. De esto último no se salva
ni el Movadef, que aparece ante la población y ex
militantes y simpatizantes senderistas como demasiado
“limeñizado”. Además, este grupo no habría logrado
hasta el momento resolver el problema de la unidad
regional de otros tiempos. No todos los seguidores
ayacuchanos de Guzmán participan en esta
agrupación.

No son las únicas dificultades que atravesaría esta


agrupación; una prédica autoritaria como la que
muestra necesita de acciones “contundentes” o
amenazas violentistas para hacer creíble su mensaje e
imponerse regionalmente. Acciones semejantes al estilo
utilizado por el senderismo en la década de 1980 en
Ayacucho. Esto no es posible sin una organización más
consolidada y porque cualquier acción de este tipo
actualmente despierta el rechazo, si no generalizado, al
menos de buena parte de la población.

Paralelamente a esta agrupación se encuentra el grupo


de los hermanos Quispe Palomino en el VRAEM. No hay
modo de definirlos en los términos clásicos; encarnan el
fracaso del partido político y su sustitución por formas de
organización basadas en familias extensas (de
parentesco real o ficticio) cuyos intereses se superponen
a cualquier objetivo político que los lleve a proyectarse
más allá de su zona de dominio y de amortiguamiento
militar. Este grupo, lejos de buscar, como antaño,
destruir al “viejo Estado reaccionario”, necesita ahora
de él para que la población bajo su control acceda a
servicios e infraestructura que por sí solos no pueden
satisfacer. Ello explica el porqué señalan que solo
atentarán contra objetivos militares.

La paradoja es que aquello que le falta al Movadef


para imponer su mensaje autoritario y ganar espacio
político lo tiene el grupo de los Quispe Palomino en el
VRAEM (la capacidad de coerción), quienes, a su vez,
carecen de un programa político como el que tienen
los primeros. Pero difícilmente sus intereses podrían
confluir y, mucho menos, generar una propuesta
compartida. Mientras unos se hallan políticamente
anclados en el pasado y reconocen la sola autoridad
de su “pensamiento guía”, los otros finalmente han
perdido la capacidad e interés por hacer política y no
reconocen el liderazgo de Guzmán.

Nuevos actores, viejas obsesiones


Contra lo que muchos suponen, muchas cosas cambian
en la región: Ayacucho asiste al surgimiento de nuevos
actores y sujetos sociales. La violencia opacó la
migración de retorno de los años 1960 que contribuyó al
surgimiento de nuevos liderazgos locales de origen
campesino. Parte de este sector social buscó expresarse
políticamente a través de SL y otros; aunque silenciados
en los 80, son los protagonistas desde los años 90. Se
caracterizan por ser emprendedores de la política,
pragmáticos, desideologizados y organizadores de
redes clientelistas distritales, provinciales y, finalmente,
regionales.
Por otro lado, Ayacucho asiste al surgimiento de nuevos
sujetos sociales para quienes la preocupación central
ya no es el clasismo o la lucha armada, sino la ecología,
los derechos humanos o las nuevas iglesias y
movimientos religiosos. Una propuesta violentista como
la de los años 1970 y 1980 no tendría cabida entre estos
grupos.

Lo que no ha cambiado es la obsesión y el temor que


despierta Ayacucho y que se traduce en la demanda
de políticas duras como la Ley del Negacionismo, la
represión militar —“sin guantes o mandiles”— para
acabar con el senderismo. Y es que Ayacucho todavía
provoca las pulsiones sociales más primaria

El terror que no termina


Oscar Espinosa
Ideele Revista Nº 233
A ti y 181 personas mas les gusta esto
En octubre del 2012, la Central Asháninka del Río Ene
realizó la muestra de imágenes y testimonios ‘Pasado
que no pasa’. (Foto: http://careashaninka.org)
La persistente amenaza a la vida y seguridad de las
comunidades Asháninka de los ríos Ene y Tambo

Una de las cosas que más llama la atención cuando se


llega a las comunidades asháninka de los ríos Ene y
Tambo que fueron afectadas por el conflicto armado
interno es la sensación de miedo que todavía
predomina, y que incluso hoy en día, se transmite a las
nuevas generaciones. Así, por ejemplo, cualquier ruido,
cualquier persona extraña, son el punto de partida para
asustarse frente al posible retorno de Sendero Luminoso
a sus comunidades, y en el caso de las personas
mayores, el hecho de revivir la terrible experiencia de la
violencia senderista. Por ello no es de extrañar cómo
hace un año, en octubre de 2012, la Central Asháninka
del Río Ene (CARE), la organización indígena que
agrupa a las comunidades en dicho río, organizó en
Lima una serie de eventos con el título de “El pasado
que no pasa”, refiriéndose justamente a esta situación
relacionada a la experiencia de violencia y de terror
que no termina.

Algunas personas podrían justificar el temor presente a


Sendero Luminoso como algo absolutamente lógico, en
la medida en que todavía se encuentran remanentes
de senderistas armados en la zona que conocemos
como VRAEM (Valle de los ríos Apurímac, Ene y
Mantaro) colinda con el territorio de estas
comunidades. Sin embargo, la misma sensación de
amenaza y de temor se vive en otras comunidades
asháninka, incluso en las más alejadas, como aquellas
del distrito de Tahuanía, en Ucayali.

¿Por qué existe, pues, esta sensación tan fuerte de


temor, amenaza y de inseguridad en las comunidades
asháninka? Intentaré brindar algunas pistas que nos
puedan ayudar a entender mejor la experiencia de
vida de estos compatriotas nuestros, pero antes es
necesario hacer un comentario sobre la memoria de la
violencia vivida en décadas pasadas.

El dolor de la memoria y su sentido


Como toda experiencia de violencia y de muerte, la
memoria sobre los años más duros del conflicto armado
interno es una memoria dolorosa. Al mismo tiempo, es
importante recordar que para la sociedad Asháninka, al
igual que para otras sociedades indígenas de la
Amazonía, no se debe pronunciar el nombre de los
muertos. Nombrar a los difuntos significa un daño para
el propio difunto –que no puede terminar de irse al
mundo donde habitan los espíritus de los muertos– pero
además puede significar también un daño para los
deudos y familiares del difunto. Estas creencias y
costumbres no son comprendidas desde el Estado o de
la sociedad nacional. La misma Comisión de la Verdad,
en su proceso de recolección de información y de
testimonios, a veces caía también en esta misma
incomprensión cultural en un afán por obtener datos
más precisos.

Este dolor hace, también, que la gente no quiera hablar


espontáneamente de los sucesos ocurridos. En la
actualidad, sin embargo, existen algunos espacios en los
que sí se hablan de lo ocurrido durante los años del
conflicto armado interno: en primer lugar, en
conversaciones esporádicas al interior de la familia en
que las personas mayores que vivieron el conflicto
directamente –y principalmente las madres de familia–
les cuentan a sus hijos e hijas lo ocurrido y lo que tienen
que aprender de esta experiencia; en segundo lugar, se
habla sobre esta época en contextos de temor o de
amenaza; y finalmente, a partir de ciertos espacios
institucionales que han creado un clima de confianza
para que se hable del tema, como veremos a
continuación.

Un aspecto importante a considerar en cualquier


discusión sobre la memoria y la historia se refiere a que
las sociedades indígenas generalmente conciben la
memoria histórica bajo criterios diferentes con los que se
piensa la historia desde una perspectiva occidental y
moderna. Para la historia occidental moderna, los datos
exactos son importantes: fechas, lugares, nombres, etc.;
incluso en aquellas corrientes teóricas donde se
privilegian los procesos sociales antes que el
protagonismo de ciertos personajes, estos datos
objetivos son fundamentales para la construcción de la
memoria histórica. Al respecto, cabe recordar la
discusión sobre el número exacto de víctimas del
conflicto armado interno en el contexto de
presentación del Informe de la Comisión de la Verdad
hace diez años. Sin embargo, las sociedades indígenas
han transmitido su memoria histórica de manera oral, y
por lo tanto, los datos exactos son menos relevantes; lo
importante reside en los aprendizajes que hace la
propia colectividad de cada proceso histórico para que
pueda ser transmitida a las generaciones futuras. En este
sentido, la memoria sobre los años de violencia durante
el conflicto armado interno son interpretados por las
familias asháninkas como un acontecimiento histórico
sobre el cual hay que aprender.
Muchos Asháninka consideran hoy en día que el
“padre” (guardián, protector) de los senderistas es el
expresidente Alan García, quien es también el “padre”
de las empresas (madereras, petroleras, hidroeléctricas)
Hay que aprender del pasado porque las amenazas
continúan
En este sentido, qué consideran los Asháninka que se
tiene que recordar sobre la violencia vivida durante el
conflicto armado interno. En primer lugar, este no es el
primer episodio de violencia que les ha tocado vivir. Este
episodio en el que Sendero Luminoso fue el actor
principal –desde la perspectiva asháninka– es
posiblemente el último de una larga serie de episodios
en que los Asháninka han tenido que enfrentar la
invasión violenta de sus territorios. Otros episodios
importantes con los cuales los Asháninka relacionan la
violencia senderista son la violencia de la conquista
española, o la violencia de los caucheros, o aquella
promovida por los hacendados y colonos de origen
andino, entre otras.

En segundo lugar, la reiteración de experiencias de


violencia sufridas ha llevado a un segundo mensaje
para las generaciones jóvenes que radica en la
desconfianza frente a los foráneos. Los foráneos
constituyen, pues, una amenaza permanente a la
seguridad y bienestar indígena. En este sentido, no
solamente los kitionkari o kityonkari(rojos o senderistas)
son o han sido una amenaza. También lo son los
madereros, las empresas petroleras, los proyectos
hidroeléctricos, y por supuesto, los narcotraficantes.

Un dato interesante es la forma en que las comunidades


asháninkas relacionan como parte de la misma
amenaza a Sendero Luminoso y a las empresas. En la
sociedad asháninka, al igual que otras sociedades
indígenas amazónicas, las distintas especies de plantas
o animales tienen “padres”, “madres”, “dueños”,
“guardianes” o “protectores”. Muchos Asháninka
consideran hoy en día que el “padre” (guardián,
protector) de los senderistas es el expresidente Alan
García, quien es también el “padre” de las empresas
(madereras, petroleras, hidroeléctricas). Esta afirmación
se basa en que justamente en sus dos gobiernos estos
actores sociales peligrosos y destructivos llegaron a
territorio asháninka: los senderistas durante su primer
gobierno, y las empresas durante su segundo gobierno.

Para las comunidades asháninkas resulta


particularmente peligroso el proyecto hidroeléctrico de
Pakitzapango, no solamente porque se trata de un lugar
sagrado, sino sobre todo porque inundaría grandes
extensiones de tierras donde se ubican catorce
comunidades, todas ellas afectadas directamente por
la violencia senderista. Para estas catorce
comunidades, la posibilidad de ser desplazados a la
fuerza de su propio territorio implica revivir nuevamente
el trauma del conflicto armado interno en el que
muchos de sus familiares perdieron la vida.

Un pueblo organizado y alerta


La situación de permanente amenaza y temor ha
llevado a que el conjunto de comunidades indígenas
de la Selva Central, empezando por las comunidades
asháninkas, hayan organizado al Ejército Arawak hace
dos años. Esta no es la primera vez, sin embargo, que los
asháninkas se organizan militarmente para defender su
territorio. Ya lo hicieron en 1989, en la provincia de
Oxapampa, cuando organizaron el Ejército Asháninka,
o cuando organizaron a los ovayeriite (ronderos o
guerreros asháninka) en el Gran Pajonal o en el río
Tambo. Y también lo hicieron en épocas anteriores para
defenderse de los caucheros, o de los españoles con
Juan Santos Atahualpa.

En los dos últimos años, el Ejército Arawak de la Selva


Central se ha dirigido públicamente al gobierno
señalando las graves amenazas que enfrentan sus
comunidades. En noviembre de 2012, en una carta
abierta dirigida al presidente Ollanta Humala, el Ejército
Arawak señala la situación vulnerable en que se
encuentran las comunidades indígenas de la región
“ante las grandes amenazas que enfrentamos tales
como invasión de nuestros territorios, narcotráfico,
terrorismo y la tala ilegal de madera”. Pero además,
señalan que esta situación se debe a “la incapacidad e
irresponsabilidad de los funcionarios”. Es más, esta
situación está “ocasionando la indignación y el
agotamiento de la paciencia del Pueblo Indígena”. Esta
es la razón por la cual, finalmente, están publicando
esta carta abierta: “con la finalidad de que todo el
Pueblo Peruano y el mundo tenga conocimiento de las
acciones que hemos de desarrollar… frente a la
inoperatividad del sistema de gobierno en muchos
casos acompañado de la corrupción.”

Y en lo que se refiere explícitamente al tema del


narcotráfico y terrorismo existente en la Selva Central, el
Ejército Arawak indica su preocupación por la lentitud
de respuesta del gobierno, pero también señala su
desconfianza frente a las Fuerzas Armadas y la Policía
Nacional. Es más, los indígenas reclaman mayor diálogo
con el gobierno: “nosotros hemos puesto toda nuestra
voluntad de dialogar con el Gobierno pero hasta ahora
no encontramos una respuesta clara e inmediata.” Y
finalmente, concluyen señalando que son “más de 20
mil soldados asháninkas, yaneshas, nomatsiguenga,
matsiguenga, yines y kakintes” que eventualmente
“tomarán las armas y pondrán en vigor todo su
conocimiento en las artes de la guerra al ver a su patria,
a su madre tierra y su cultura en peligro.”

Sin embargo, ante la falta de respuesta por parte del


gobierno, el Ejército Arawak emite un nuevo
pronunciamiento público en julio de 2013,
declarándose: “en pie de lucha, en legítima defensa de
sus territorios e iniciará las acciones para la
recuperación y control de sus territorios invadidos por
colonos, traficantes de tierras, madereros y mineros
informales.”
El pasado que no pasa, el terror que no termina
En conclusión, para los asháninka la guerra no ha
terminado. Y lo que es peor, no terminará en la medida
en que sigan existiendo amenazas sobre sus territorios,
sus recursos y sus vidas.

Quieren buscar tumbas en el


Pentagonito y en cuarteles
Publicado
hace 2 años
en
29 septiembre, 2016
Por
Diario UNO


Paco Moreno
Diario UNO
Es muy probable que haya restos de personas
bajo el suelo del Pentagonito y de cuarteles en
Ayacucho porque en los años en que fueron
detenidos, torturados y asesinados los dos
estudiantes de la Universidad Técnica del Callao
y el profesor de la Universidad de Huamanga
muchos más corrieron la misma suerte.

Los agentes de la Dincote y los del Servicio de


Inteligencia del Ejército trabajaban de manera
coordinada y hubo varios casos en que los
detenidos por la Policía iban a parar a los
sótanos del Pentagonito y otros cuarteles y que
después de ser liberados de manera muy extraña
desaparecían.
Gloria Cano, directora ejecutiva de la Asociación
Pro Derechos Humanos y vicepresidenta de la
Federación Internacional de Derechos Humanos,
dijo que aquellas personas que desaparecían de
manera extraña pudieron morir torturadas y
cremadas en el sótano del Pentagonito y otros
cuarteles.

HAY QUE BUSCAR


Cano dijo que es muy urgente que se empiece a
aplicar la reciente Ley de Búsqueda de
Desaparecidos y que el gobierno y en particular
el Ministerio de Defensa deberían permitir el
acceso al Pentagonito y a los cuarteles para que
se busque el cuerpo de otros desaparecidos, lo
que sería un buen gesto.
Mencionó que en el jardín del SIE hay un
descampado bajo el cual puede haber tumbas de
desaparecidos.

Por su parte, los familiares de los estudiantes


Martín Roca Casas y Kenneth Anzualdo Castro y
el profesor Justiniano Najarro Rúa exigieron que
las autoridades busquen y les entreguen alguna
parte de sus cuerpos porque la cremación jamás
es absoluta y porque el duelo no se termina si no
hay cuerpos.

La abogada dijo que sin necesidad de una


resolución judicial los militares deberían abrir las
puertas de los cuarteles para que se comience
con la búsqueda de los restos de peruanos.

“Es un reto de este gobierno permitir que se


realicen las búsquedas en esa zona donde han
sido torturados, asesinados y quemados los
estudiantes y el profesor. También hay que
buscar, por ejemplo, en las bases militares de
Pampa Cangallo, Ayacucho”, manifestó.

SIEMPRE QUEDA
“Si bien es cierto de que la sentencia señala que
los estudiantes y el profesor fueron cremados,
también es cierto que ninguna cremación es
completa y siempre quedan restos óseos y es por
eso que los familiares pugnan por saber dónde
están los restos, además se sabe que ellos no
son los únicos que fueron detenidos de manera
ilegal en aquellos años”, refirió.
Según Cano, la búsqueda tiene que ser
exhaustiva; porque en algún lugar deben estar
las personas que han detenido de manera ilegal.

“Hay que buscar en las bases militares, en los


jardines del Servicio de Inteligencia del Ejército
porque había un descampado por ahí, hay que
buscar para poder hallar los cuerpos de las
personas. Pienso que no solo vamos a encontrar
los restos de los dos estudiantes y el profesor
sino de otras personas que fueron desaparecidos
en esos años”, dijo.

MINISTRA DE JUSTICIA
Adelantó que para acelerar las búsquedas
hablarán con la ministra de Justicia, Marisol
Pérez Tello, a fin de que pueda ayudar pues se
trata de derechos humanos.
“Al menos pedimos que se agoten todos los
procedimientos para la búsqueda. Sería buen
gesto del Ejército abrir las puertas de los
cuarteles y decir que busquen que no hay nada
que ocultar”, indicó.

Explicó que en el reciente juicio por los casos de


Najarro, Roca y Anzualdo, la desaparición
forzada fue una práctica sistemática utilizada
durante el gobierno de Alberto Fujimori.

“En aquellos años en que torturaron, asesinaron


y cremaron a los dos estudiantes y al profesor
han sido detenidos más personas y no se sabe
dónde están sus cuerpos. Había una conexión
entre la Dincote con el Servicio de Inteligencia
del Ejército. Los dos estudiantes y el profesor no
fueron los únicos detenidos que fueron a parar a
los sótanos del SIE. Fueron más detenidos que
estuvieron en esos sótanos. Fueron detenidos
por la Policía y luego llevados a esos sótanos
para los interrogatorios”, señaló.

SOBREVIVIENTES
Cano relató el caso de al menos tres detenidos
que sobrevivieron a las torturas en los sótanos
del Pentagonito y luego fueron puestos a
disposición de la justicia. “Es verdad que a ese
lugar llegaron miembros de la cúpula de Sendero
Luminoso para la negociación, pero que ellos
tenían un trato preferencial dentro de estos
sótanos, es decir, ellos no fueron torturados sino
negociaron con Vladimiro Montesinos y después
de las conversaciones recibían privilegios y eso
es lo que dice la sentencia”, explicó a
Ideeleradio.
FUJIMORI LO SABÍA TODO
Cano dijo que es evidente que Fujimori tenía que
conocer qué es lo que pasaba en los sótanos del
Cuartel General del Ejército y que no fue
procesado por el caso porque Chile no aprobó la
extradición solicitada.
“Fujimori no ha sido procesado porque para
seguir con el proceso que estaba en curso se
necesitaba la extradición. Se hizo el pedido, pero
la Corte de Chile dijo que no procedía la
extradición por el caso de los dos universitarios y
el profesor. Por más que haya un sentencia a sus
principales colaboradores, tengo entendido que
ya no se puede reactivar la extradición. Hay
temas por los cuales la extradición está
pendiente todavía como el caso de Mariela
Barreto, pero en este caso no”, indicó.
EXJEFE DE LA DIRECCIÓN DE
INTELIGENCIA DEL EJÉRCITO (SIE)
Debe estar en la lista de los más
buscados
El ministro del Interior, Carlos Basombrío, debe
incorporar el nombre de Jorge Nadal Paiva,
exjefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército
(SIE) en la lista de los más buscados por ser
culpable de desaparición forzada de los dos
estudiantes y un profesor.
Así lo dijo la jurista Gloria Cano y señaló: “Hay
varios procesados por desaparición forzada que
están prófugos y no hay una campaña contra
Santiago Picón Pesantes, Chacal 14, que es
autor de innumerables crímenes en Cangallo,
Ayacucho. Yo creo que hay muchos prófugos y
para capturarlos no se está haciendo
absolutamente nada”.

ADEMÁS
La Fiscalía ha apelado porque no está conforme
con los 22 años de condena, pues había pedido
35 años de prisión. Argumenta que no hay
atenuantes que impidan condenar a 35 años de
prisión a los culpables. Cano dijo que la Segunda
Sala Penal Liquidadora señaló que la época en
que ocurrieron los hechos para este tipo de
delitos la pena mayor era de 25 años y con ello
intentó justificar los 22 años aplicados a
Montesinos y Ríos. Vladimiro evalúa apelar la
sentencia. Hermoza no quiso escuchar la
condena.

Ejecuciones
arbitrarias en
Sancaypata
AÑO:
1983
MATERIA:
Homicidio calificado
VÍCTIMAS:
Quince pobladores del distrito de Totos
Reseña del caso
«Luego de caminar varios minutos y
ascender por el costado de una pequeña
quebrada —zona posteriormente
identificada como el paraje de
Sancaypata—, el grupo se detuvo en la
ladera de un cerro y subió por la misma,
[…] cada grupo fue obligado a cavar una
fosa. Ante la sospecha que las fosas
serían utilizadas para sepultarlos, el
testigo sobreviviente decidió escapar, y se
lanzó por la pendiente hacia el camino,
[…] escuchó cómo ejecutaron a sus
compañeros”.
(CVR, Informe Final, Tomo VII, Pág. 37)

Sede judicial
Sala Penal Nacional
Procesados
Capitán EP Santiago Alberto Picón Pesantes,
alias “Chacal”

Desarrollo y estado del proceso


Se emitió acusación fiscal el 16 de septiembre
de 2010 y se encuentra pendiente el
señalamiento de juicio oral.

Duración (contada desde el 28 de agosto del


2003)
7 años, 8 meses

Duración contada desde la ocurrencia de los


hechos
28 meses

TERRORISMO.
PERU. DERECHOS
HUMANOS.
GUZMÁN
octubre 27, 2016 Periódico Democrático

TERRORISMO.
PERU. DERECHOS
HUMANOS.
GUZMÁN

Por Juan Olórtegui Pazos (Johannes) Generaccion.com.


¿Quiénes son los auténticos terroristas en Perú?: son
los políticos integrantes de la clase política dominante,
defensores de su modelo “demoliberal”. Los secundan
todos sus ayayeros que medran de las granjerías que
reciben de su “sistema democrático”, y los guardianes
cancerberos de su modelo demoliberal (militares):
LAS DESAPARICIONES FORZADAS Y LAS
TORTURAS, APLICADAS POR EL ESTADO:
Por ejemplo, las Fuerzas Armadas de Perú, guardianes
del viejo y caduco orden, siempre aplicaron torturas a
los enemigos políticos del sistema de opresión, aunque
solamente fueran sospechosos de ser subversivos. Vea
usted lo que hacían las Fuerzas Armadas de Perú en la
década de los ’80, en el cuartel Los Cabitos, en
Ayacucho, en lo que ellas llamaban “lucha anti-
subversiva”: Siendo jefes supremos del Comando
Político Militar de la zona de Ayacucho, los generales
Ejército Peruano Clemente Noel, Wilfredo Mori Orzo y
Adrián Huamán Centeno, los militares del ejército
peruano bajo sus órdenes, se cuestraban a civiles
considerados por ellos “sospechosos de ser terroristas”
(esto, de 1,983 a 1,985): los militares, sin portar orden
judicial de arresto, penetraban en sus viviendas, y los
conducían a viva fuerza a los interiores del Cuartel “Los
Cabitos”, de la ciudad de Ayacucho.
..
A los militares no les importaba secuestrar a escolares.
A Edy Sulca Gómez de 17 años, lo detuvieron en una
batida, y lo asesinaron. Eloy Barrón, era un escolar de
19 años. Una patrulla militar lo sacó de su domicilio en la
madrugada del 27 de Julio de 1,984, se lo llevaron y lo
asesinaron. Su madre, recuerda sus últimas palabras:
“mamá, no llores; soy inocente”.Otro escolar: Gregorio
Canchari: fue detenido por los militares, el 12 de Marzo
de 1,984, cuando salía de su colegio luego de rendir su
examen; se lo llevaron a la “Casa rosada” donde lo
torturaron, y nunca más se supo de él.
..
Cuando los familiares acudían a preguntar por sus seres
queridos, los oficiales los negaban. Ninguna autoridad
civil podía ingresar al cuartel, porque la zona se
encontraba en “estado de emergencia”, y toda la zona
estaba bajo el control político de la Fuerza Armada. Los
militares los sometían a los secuestrados a torturas,
para luego asesinarlos. Casi ningún secuestrado salía
con vida del cuartel, a fin de que no denunciara lo
sucedido dentro. Los cadáveres de los civiles
asesinados, eren cremados por los militares en un horno
crematorio al interior del cuartel, que para el efecto
había hecho construir Wilfredo Mori Orzo. Otros
cadáveres, eran enterrados por los militares en fosas
comunes cavadas al interior del cuartel. Según
versiones de algún testigo, habían alrededor de
quinientos cuerpos enterrados al interior del cuartel, en
estas fosas comunes. Cuando se han efectuado las
excavaciones, se han hallado restos de escolares de
diecisiete años de edad, inclusive con la chompa gris de
su uniforme.

.. ..
La imagen de la izquierda, corresponde a una
exhumación llevada a cabo en el interior del cuartel “Los
Cabitos”. La imagen de la derecha, corresponde a un
cráneo exhumado en estas fosas, y corresponde a un
escolar de diecisiete años de edad. Adviértase el
impacto de bala en el frontal. La imagen de la izquierda,
corresponde a la exhumación de cinco esqueletos,
efectuada en una diligencia judicial de cateo: se trata de
una fosa de la cuadrícula 54, a ochenta metros de
distancia del horno crematorio. Los restos presentaban
impactos de bala, y estaban cubiertos con cal y yeso,
para acelerar su descomposición, y así, desaparecer
todas las huellas del delito..
Este anti-social, Fernando Belaúnde, en Diciembre de
1,982, delegó a sus fuerzas Armadas, amplias
facultades para combatir a la guerrilla, aplicando su
estrategia política de “quitarle el agua al pez”. Su
ministro de guerra fue Luis Cisneros Vizquerra, quien
declaró “todas las guerras son sucias”, y “nosotros sí
sabemos matar”.Así, los militares se constituyeron en
dueños absolutos de la vida de la gente, en las zonas
declaradas en emergencia, y eran también los dueños
absolutos de la verdad. Los fiscales y periodistas que se
atrevían, eran corridos a balazos por los militares, o
desaparecidos.Ni la autoridad civil, ni la Cruz Roja, ni la
Iglesia, ni la prensa, podían interferir para fiscalizar las
matanzas que cometían los militares contra la población
civil, al amparo del “estado de emergencia”. Siendo
Belaunde Comandante Supremo de la Fuerza Armada
uno de sus matarifes fue el General Clemente Noel.
Bajo su gobierno, los militares cometieron la matanza de
Putis, mas él, “Comandante supremo”, simuló ignorarlo.
Jamás cayó sobre este terrorista el peso de la justicia.
A estos personajes, Clemente Noel, Fernando Belaunde
Terri, Wilfredo Mori, Adrián Huamán,, autores mediatos
o directos de este genocidio, el estado peruano
genocida jamás los investigó, ni menos castigó. Por
increíble que parezca, a 30 años de lo sucedido, no hay
ninguno de estos terroristas genocidas que alguna vez
haya sido detenido. Esto prueba la autoría del estado
peruano en esta política de exterminio contra todos
aquellos opositores políticos al sistema político
imperante, política de exterminio fríamente diseñada en
las más altas esferas políticas del país. Es el libreto del
Pentágono, aplicado también en el Viet Nam, en la
Franja de Gaza, y otros lugares. ¡Cómo contrasta la
sonrisa y el aire de satisfacción de estos personajes,
con la angustia que marca el rostro de aquella madre
cuyo hijo lo desaparecieron los militares para nunca más
poderlo ver ni abrazar, dolor que marcará a esa madre
por el resto de su existencia!!
Jesús Sosa Saavedra, un ex-miembro del Ejército
peruano que participó en las torturas que aplicaba el
Ejército en la ciudad de Ayacucho, narra el caso de uno
de los prisioneros: se llamaba “Javier”; tenía 30 años de
edad, y fue capturado en 1,984. En los primeros días de
cautiverio, los militares lo colgaron de los brazos; casi lo
ahogan en una tina de aguas infestadas de suciedad, y
le colocaron cables eléctricos en sus zonas genitales,
pero pese a estas torturas, el detenido no confesó nada.
Fue entonces cuando el Comandante E. P. Jorge
Contreras decidió aplicarle “el suero de la verdad”: una
inyección letal que, según él, podía acabar con la
víctima en cinco minutos. El detenido interrogó: “¿me
van a matar?”, a lo cual, el Comandante Contreras
respondió: “no; sólo te vamos a inyectar esto, que es el
’suero de la verdad’, porque queremos saber si nos has
dicho la verdad” (mintió el militar cínicamente) Según
Sosa, el “suero de la verdad” fue inyectado en el brazo
derecho del detenido. Las convulsiones comenzaron con
violencia, y cayó por tierra; emitía gemidos y se
contorsionaba con dolor. Se arrastraba por el piso en
medio de vómitos y alaridos. Había perdido todo control
de sí mismo, y en ese trance miraba con desesperación.
Daba saltos, y sus movimientos eran tan violentos, que
entre todos los militares torturadores, lo sacaron afuera,
dado que la pieza en la que estaba, quedaba pequeña
para sus violentas contorsiones.
Así estuvo por más de diez minutos, y no moría; por el
contrario, parecía que el sufrimiento era cada vez peor.
Jesús Sosa cuenta, que se acercó al agonizante, le
buscó el rostro, y lo que vio fue, una mirada llameante
tan intensa, que lo persiguió durante años; sus ojos sin
parpadear, lo buscaban con desesperación: sus órbitas
estaban completamente abiertas, mientras continuaba
sacudiéndose. Sosa, que nunca había sentido
compasión para con sus víctimas, sacó su pistola y sin
pensarlo,le disparó en la cabeza, diciendo: “no hay por
qué joderlo tanto”. Lo más indignante: este crimen jamás
fue investigado por el Ministerio Público, que
supuestamente, está para defender los derechos de la
sociedad. Peor aun: el genocida cabecilla, Jorge
Contreras, no sólo jamás fue investigado ni menos
castigado, sino que el estado peruano lo premió con el
asenso al grado de General de División. Por su parte, el
Ministerio Público, parte de este estado genocida, se
niega a denunciar estos cientos de crímenes contra la
población civil.
..
LA MASACRE DE TOTTOS
En Abril de 1,983, Santiago Picón pesantes, apodado “El
chacal”, hizo arrestar a 27 pobladores, sacándolos de
sus chacras, donde se encontraban laborando
pacíficamente, y sin previa orden judicial. Luego los hizo
asesinar, y los cadáveres fueron enterrados en fosas
comunes.

Este sujeto está prófugo. La policía hasta hoy no lo
captura, pudiendo hacerlo.
LA MATANZA EN LA IGLESIA DE CALLQUI:
La noche del 1 de Agosto de 1,984, estaban al interior
de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Callqui,
veintisiete feligreses entonando sus himnos. De pronto,
irrumpieron en el templo un comando de infantes de
marina: seleccionaron a seis de estos feligreses
indefensos, entre los cuales habían jóvenes de 16 y 18
años de edad, y los asesinaron luego con armas de
fuego en el patio del templo.
Al año siguiente, la Primera Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia, falló a favor de que el caso sea
visto en el fuero militar. En consecuencia, el Consejo
Supremo de Justicia Militar liberó de toda
responsabilidad a los marinos asesinos.
Con esto queda comprobada la maniobra vergonzante
del estado peruano terrorista, para exculpar a sus
matarifes.
….
El Capitán de Corbeta, Álvaro Artaza Adrianzén,
apodado “Camión”, quien tenía bajo su mando la Base
de La Marina en el Estadio Municipal de Huanta. Este
temerario terrorista dirigió secuestros y horrendas
matanzas de civiles indefensos (por ejemplo, los
cincuenta cadáveres hallados en las fosas de Pucayacu,
civiles previamente secuestrados por los marinos y
policías, con huellas de haber sido torturados). Su
institución, la Marina de Guerra, para evadirlo de la
justicia, lo destacó como “médico” en el Hospital Naval
de la Avenida Venezuela: este asesino se paseaba por
los pasillos de dicho nosocomio, vistiendo mandil
blanco. Posteriormente, esta institución, simuló un
“secuestro” para evadirlo de la justicia como “no-habido”,
y por último, con el mismo fin, lo declaró “difunto” y lo
sacó del país.
EL GENOCIDIO ESTATAL Y LAS MATANZAS
COLECTIVAS:
Estos crímenes, responden a una política de estado. Los
autores mediatos de los 70,000 muertos en Perú, sépalo
usted, son esa cúpula política, y los autores directos,
son los militares y policías. Pruebas al canto:
Uchuraccay,las fosas del cuartel Los Cabitos, Putis, los
penales, Accomarca, Umaru, Bellavista,
Llocllapampa,Tottos,Aucayacu, Pomatambo, Parcco
Alto, las fosas comunes de Pucayacu, el cuartel Los
Cabitos, Cayara, los sobres-bomba contra los
periodistas independientes, Barrios Altos, La Cantuta…
LA MARINA DE GUERRA DEL PERÚ: INSTITUCIÓN
GENOCIDA: PUCAYACU:
Durante el año 1,984, un destacamento de la Marina de
Guerra del Perú, al mando del capitán de corbeta Álvaro
Artaza Adrianzén (“Comandante Camión”), se estableció
en el estadio de Huanta. en ese lugar, los marinos
cometían muchas torturas y crímenes contra civiles
indefensos a los que sacaban de sus domicilios. Estos
carniceros son autores, por ejemplo, de la matanza de
los evangélicos encerrados en el templo de Callqui, el
secuestro y asesinato del periodista Jaime Ayala Sulca.
Lo más indignante: las fosas de Pucayacu: en este
lugar, ubicado en Marcas, Huancavelica, fueron halladas
en Agosto de 1,984, cuatro fosas comunes llenas de
cincuenta cadáveres,en estado de descomposición.
Todos estaban desnudos; cuarenta de ellos, estaban
vendados y con las manos atadas; la mayoría tenía
heridas de bala en la cabeza, lesiones producidas con
armas punzo-cortantes, y además, presentaban huellas
de tortura.
Una de las fosas de Pucayacu

En las inmediaciones de las fosas, se hallaron casquillos


de bala, de las que usa la Marina de Guerra del Perú.
Un ex-infante de marina que había participado en estas
matanzas, brindó su testimonio a la “Comisión de la
Verdad y Reconciliación”: dijo: “La Marina tiene sus
sistemas de eliminar: los matan desnudos para que no
los reconozcan, ni sortijas ni aretes, ni zapatos, ni ropa
interior y las prendas las queman (…) y la forma era
amarrados, no los desataban (…) los mataban y los
enterraban lejos (…) Ellos salían a las 11 de la noche y
regresaban a las tres de la mañana. Y las zanjas en las
tardes las mandaban hacer, una patrulla mandaban para
eso (…)”.
..
En el plano superior: una de las fosas halladas en
Pucayacu, conteniendo decenas de cadáveres de civiles
torturados y luego asesinados por los marinos de la
Base Militar asentada en el Estadio Municipal de
Huanta. Es sólo una de las decenas de fosas comunes
regadas en todo el territorio de Perú, conteniendo restos
de los civiles asesinados por los militares de la Fuerza
Armada de Perú, y dan cuenta de la barbarie genocida
desatada por el estado peruano. La autoría de la Marina
de Guerra del Perú es evidente: entre Julio y Agosto de
1,984 (el mismo año en el que fueron halladas las
fosas), 57 pobladores de diversas comunidades de la
provincia de Huanta, fueron detenidos por efectivos
policiales y de Infantería de Marina de Huanta. Dichas
personas fueron conducidas por la fuerza, al Estadio
Municipal de dicha ciudad, sede del Destacamento de
Infantería de Marina. Desde entonces, cincuenta y siete
personas se encuentran en condición de desaparecidas.
..
General Ejército Peruano Adrián Huamán Centeno. Se
desempeñó como Jefe Político-militar de Ayacucho
durante el año 1,984,hasta fines de Agosto. Comía y
dormía en el cuartel Los Cabitos, mientras que sus
subalternos torturaban, asesinaban y enterraban los
cadáveres de sus víctimas en fosas comunes al interior
del cuartel, y torturaban y asesinaban a civiles en la
Casa Rosada, en Ayacucho. Pero él dice no saber
nada!! Durante su jefatura fueron halladas las fosas
comunes de Pucayacu, conteniendo cincuenta
cadáveres de civiles torturados y luego ultimados por los
marinos acantonados en el Coliseo Municipal de
Huanta. Durante su jefatura se produjo la matanza de
los seis miembros de la Iglesia Presbiteriana de Callqui,
por órdenes del Capitán de Fragata Álvaro Artaza
Adrianzén, pero él, elude su responsabilidad por estos
crímenes. Jamás ha sido castigado, y goza de la libertad
que les concede el estado peruano genocida, a sus
genocidas ejecutores.
LA MATANZA DE ACCOMARCA:
El 14 de Agosto de 1,985, arribaron a la quebrada de
Huancayoc y Lloqllapampa, la patrulla “Lince 6” al
mando del Teniente Juan Manuel Elías Rivera Rondón,
y la “patrulla Lince 7”, al mando del sub-teniente Telmo
Hurtado Hurtado. La patrulla de Telmo Hurtado, lo que
halló fue, pobladores civiles pacíficos y sin armas, sin
ningún elemento que pudiera significar el menor peligro
para los militares. Muchos, eran mujeres, ancianos y
niños. Lo que hicieron los militares de esta patrulla fue,
reunir por la fuerza, sacándolos de su domicilio, a los
pobladores en Hatunpampa, incluidos los niños. Allí,
golpearon a los hombres y violaron a las mujeres. Luego
de este hecho, los militares introdujeron por la fuerza, a
las mujeres y a los niños en una casa en Apuspata, y un
grupo mayor de personas fue introducido también por
los militares, en una casa de adobe.
Una vez encerrada toda esta población civil, el teniente
Telmo Hurtado ordenó a la tropa disparar contra ellos,
así encerrados como estaban, y sin poder defenderse.
Despés de la balacera, Hurtado les lanzó una granada.
Una vez hecho esto, los integrantes de la patrulla de
Hurtado, revisaron nuevamente las chozas y casas para
asegurarse de que no quedaran testigos de lo sucedido.
Hallaron a una persona de avanzada edad, a la cual
asesinaron. En la búsqueda, estos militares hallaron
también a tres niñas hermanas a las cuales asesinaron,
y luego, incendiaron la casa donde estaban. Acto
seguido, los victimarios, en el sector de Yanacocha,
festejaron lo sucedido bebiendo, bailando, matando
animales de los pobladores. En cuanto a la desaparición
de los testigos:el 8 de Setiembre, efectivos militares
dieron muerte a Brígida Pérez Chávez y a su hijo
Alejandro Baldeón, testigos de la matanza. El 13 de
Setiembre de 1,985, fueron hallados, en el cementerio
de Accomarca,los cadáveres de cinco personas: aun
sangrantes,mostraban las huellas de haber sido muy
recientemente asesinadas a balazos, poco antes de la
llegada de la Comisión Investigadora del congreso de la
República.
..
Quien fuera el Teniente E. P. Juan Rivera Rondón:
dirigió la Patrulla Lince No. 6, y mató a 69 civiles en
Accomarca, incluidos ancianos y muchos niños: todos
ellos, sacados de sus viviendas a viva fuerza, y luego
encerrados. La justicia peruana, por increible que
parezca, lo absolvió. Es más: el estado peruano luego
de la matanza, lo ascendió al grado de Capitán, y a fin
de que evadiera la justicia, el estado le dio dinero para
que se vaya del Perú. Es así que este personaje se fue
a vivir a los Estados Unidos: compró una lujosa
residencia en el Condado de Montgomery, Maryland,
con dinero de todos los peruanos.
..
Teniente Coronel Ricardo Sotero Navarro: fue el que
organizó las patrullas que incursionaron en Accomarca
en 1,985. Este terrorista genocida, no solamente nunca
fue castigado, sino que el 1 de Enero de 1,988,
posteriormente a la masacre, el estado peruano lo
premió, ascendiéndolo al grado de Coronel Ejército
Peruano. Está libre.
LA MATANZA DE LOS PENALES:

Presos políticos recién llegados al muelle de “El
Frontón”. Así trataban las fuerzas del orden a los
inculpados e investigados por “terrorismo”. Muchos de
éstos eran inocentes, encarcelados por una simple
sospecha o referencia, sin pruebas. Las imágenes no
muestran los puntapiés y los vejámenes morales que
estos cobardes infligían a los presos.
En Junio de 1,986, cuando el develamiento de los
motines en tres penales de Lima,las fuerzas policiales y
las fuerzas militares atacaron los penales donde se
encontraban los presos amotinados, desarmados e
indefensos, incapaces de defenderse. Por orden de Alan
García Pérez, presidente de la republiqueta de Perú, el
Gobierno se negó al diálogo con los amotinados. Las
fuerzas armadas y las fuerzas policiales, cumpliendo
órdenes del Gobierno de Alan García Pérez, asesinaron
a cerca de trescientos presos encerrados, indefensos, e
incapaces de defenderse.
En el “Pabellón industrial” del penal de Lurigancho, los
policías los obligaron a los presos rendidos e
indefensos, a sentarse o hecharse boca abajo, y los
asesinaban de uno en uno con un tiro en la nuca. en “El
Frontón”, luego del develamiento, los marinos
seleccionaron a los presos, los condujeron indefensos a
la parte trasera del local, y los ejecutaron de uno en uno,
a sangre fría. Los victimarios torturaron a los
sobrevivientes, no permitió el Gobierno que ninguna
institución imparcial verificara las causas de los decesos
ni ordenara el levantamiento de los cadáveres.Que
conste que la inmensa mayoría de estos presos,
estaban en la condición de inculpados: o sea que
jurídicamente, era presumible su inocencia.

..
Alan García: este personaje, sin escrúpulos morales,
ordenó la matanza de cerca de 300 presos políticos
encerrados e indefensos en los penales de Lima, por ser
enemigos políticos e ideológicos del sistema. Jamás fue
encarcelado por sus crímenes. Cuenta con toda la
protección del estado peruano genocida: el Ministerio
Público, el Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, la
prensa mercenaria adicta al sistema, la Conferencia
Episcopal…en fin, todo el aparato represivo del estado
peruano genocida. Por eso sigue libre. No bien
producido el develamiento, García Pérez, declaró los
penales intervenidos, “zona militar restringida”, hasta el
31 de Diciembre de ese año: significa que durante ese
lapso, ninguna autoridad civil ni religiosa, ni la Cruz
Roja, ni menos los familiares, podía acercarse a
socorrer a los sobrevivientes ni a fiscalizar lo sucedido:
solamente los victimarios:en otras palabras, García dejó
a los sobrevivientes a merced de sus victimarios: los
militares. Al amparo de esta granjería, los marinos en el
penal “El Frontón” continuaban torturando y asesinando
a los sobrevivientes, y borrando todo indicio que pudiera
comprometer su accionar criminal, sabedores de que
eran dueños de vidas y de que nadie iba a acercarse a
interferir su accionar criminal. Las Fuerzas Armadas
también se aprovecharon del “toque de queda”
decretado por el Gobierno de García Pérez, para
desaparecer a los cadáveres de sus víctimas: en altas
horas de la noche, conducían los cadáveres en los
camiones del Ejército rumbo a los cementerios de El
Zapallal, Pachacamac, Puente Piedra, y los inhumaban
con el anónimo “N.N.”. Estos genocidas contaron con
seis meses, para ultimar a los sobrevivientes, y
desaparecer las huellas del delito. Esto, ante el clamor,
la angustia y la desesperación de las madres,
desesperadas por no saber nada de la suerte de sus
hijos.Todas las instituciones oficiales del estado,
cerraron filas para no dar razón a estas desesperadas
madres, de la suerte de sus hijos masacrados en los
penales, por las fuerzas del orden. Aun más: cuando los
policías sorprendían a estas madres en los cementerios
buscando entre las osamentas los restos de sus hijos
asesinados, estas madres angustiadas eran detenidas y
conducidas a los calabozos de la DIRCOTE. Todo eso,
bajo las órdenes de Alan García. Estos genocidas, tanto
los autores directos como los autores mediatos, nunca
fueron juzgados en el fuero civil (dado que sus víctimas
fueron civiles), nunca purgaron prisión ni siquiera de un
día. Hoy en día, todos estos terroristas genocidas están
gozando de libertad. Alan García Pérez, Luis Giampietri
(el que dirigió el genocidio de “El Frontón”), Agustín
Mantilla, y otros genocidas, están andándose por las
calles.¡¡ Inclusive han ocupado cargos políticos!!
..
Esta hiena se llama Luis Giampietri Rojas: ejecutó las
órdenes macabras de Alan García Pérez. Hizo colocar
potentes cargas explosivas (cohetes para destruir
acorazados) con las que logró demoler el “Pabellón
azul” del penal El Frontón, estando los presos
amotinados dentro. Una vez sofocado el motín, ordenó
la ejecución extra-judicial de los presos rendidos. Pese a
ello, nunca fue castigado. Está libre, andándose por las
calles.
LOS COMANDOS DE LA MUERTE

En la foto Mantilla y Alan Garcia, fundadfores y


dirigentes del Comando Rodrigo Franco.
Durante el primer gobierno de Alan García Pérez, el
estado peruano creó el Comando Rodrigo Franco: era
un comando destinado a asesinar a todo aquél
ciudadano que por sus actividades, fuera incómodo para
la estabilidad del denominado “sistema democrático”. En
ese sentido, dicho comando se encargaba de asesinar a
dirigendes, activistas, líderes, abogados, estudiantes
universitarios, profesores universitarios. Decenas de
ciudadanos fueron secuestrados y luego asesinados por
este comando genocida. Los cadáveres eran luego
hallados en los descampados o en el mar. Este
comando asesinó al abogado del Dr. Abimael Guzmán
Reynoso, simplemente por ejercer su derecho a la
defensa de un procesado. Este comando era dirigido por
el entonces Ministro del Interior Agustín Mantilla (ex-
hombre de confianza del genocida Alan García), y
estaba integrado además, por los siguientes criminales:
Miguel Jesús Ríos Sáenz (“Chito Ríos”), Jorge Huamán
Alacute, Miguel Aurelio Exebio Reyes, Alberto Aoun
Chong, Moisés Palacios Yamunaque, Manuel Alzamora,
Carlos Oliva, Baltazar Ramírez, oswaldo Seguil
Márquez, Carlos del Pozo, Gino Fiori, Miguel Pincelotti,
Lacunza, y otros.

..
Esta hiena, Agustín Mantilla, no solamente lideró el
“Comando Rodrigo Franco”, sino que ejecutó las
órdenes de Alan García de asesinar a los presos del
Pabellón Azul de “El Frontón”. Está libre, gracias a la
protección del estado peruano terrorista.
Durante el gobierno aprista, tanto ekl Ministerio del
Interior como el Ministerio Público, se negaron a
efectuar la respectiva investigación, y los miembros de
la comisión investigadora del congreso, fueron
amenazados y hostilizados. Todos estos asesinos están
libres, jamás fueron investigados por sus crímenes, y
gozan de la protección del estado peruano.
..
Jesús “Chito” Ríos, uno de los asesinos, integrantes del
Comando Rodrigo Franco: está libre, y goza de la
protección del estado peruano.
..
Miguel Aurelio Exebio Reyes, otro de los criminales
integrantes del Comando Rodrigo Franco. Está libre, y
jamás fue ni siquiera procesado.
LA AUTORÍA DEL ESTADO PERUANO TERRORISTA
Y GENOCIDA:
Estas matanzas de civiles indefensos, respondían a la
estrategia política aplicada por el estado peruano:
“quiarle el agua al pez”: bajo el supuesto de que los
subversivos tenían como “bases de apoyo” a los civiles,
y que se ocultaban entre los civiles de las comunidades,
la lógica del estado era aislarlos de la población civil; de
qué manera: abatiendo a la población civil, a la vez que
con esto se amedrentaba a los civiles que quisieran
apoyar a los subversivos. De esta forma, pretendía el
estado peruano terrorista pretendía dejar aislados a los
subversivos. Esto explica la impunidad de que gozan las
Fuerzas Armadas genocidas, cuyos efectivos han sido
premiados y galardonados por sus matanzas, por el
estado peruano. Esa estrategia política de “quitarle el
agua al pez”, y que empezó a aplicar el estado peruano
a partir de 1,982, coincide con la misma estrategia
aplicada por el genocida estado guatemalteca, en
Guatemala, por estos mismos años.
Las matanzas de civiles en Perú, ni son excesos, ni se
deben a la iniciativa de uno que otro militar desquiciado:
hay miles de ejecuciones extra-judiciales efectuadas por
los militares de las fuerzas Armadas de Perú, hay
cientos de fosas comunes repartidas en las zonas
convulsionadas. Y nótese que el patrón de exterminio
utilizado siempre fue el mismo: torturar a los
secuestrados, desaparecer los cadáveres, bien sea
incinerándolos, o enterrándolos en fosas comunes, o
llevándolos a los cementerios como N. N., usar cal en
las fosas comunes, para acelerar el proceso de
descomposición de los huesos, a fin de que no se pueda
usar la prueba del ADN, asesinar a la totalidad de los
testigos. El Partido Comunista del Perú (denominado por
la prensa mercenaria “Sendero Luminoso”), jamás
empleó este patrón. La consecuencia lógica que se
deriva de esto es, que esas matanzas de los 70,000
muertos, por responder al mismo patrón, no se pueden
atribuir a uno que otro militar desquiciado: no: es una
política de estado bien planificada, diseñada en los más
altos niveles políticos del estado peruano.
Una prueba más de que la autoría de estas matanzas es
del estado peruano: la impunidad de sus ejecutores. Los
policías asesinos, para ser eximidos de toda
responsabilidad penal, luego de sus crímenes, la
superioridad, con el aval del estado peruano, los ha
destacado a otra jurisdicción. Con respecto a los autores
directos de genocidio: cuando estos militares o policías
han sido denunciados ante el fuero civil por sus
crímenes de lesa humanidad cometidos en agravio de
civiles, la Corte Suprema se ha apresurado a pasar el
caso al fuero militar, o al fuero policial respectivamente;
si son policías los investigados, el caso lo pasan a la
Zona Judicial de la Policía Nacional del Perú. Esto, con
el obvio propósito de exculpar a los militares o policías
investigados. Así sucedió por ejemplo, en la
investigación de la matanza de 42 internos encerrados,
en el penal Castro Castro, en Mayo de 1,992, a manos
de la policía: siendo las víctimas 42 civiles presos
asesinados, el caso fue derivado a la Zona Judicial de la
PNP, como si fuera un lío entre policías !!! Obviamente,
este organismo falló archivando el caso, exhimiendo a
los policías asesinos de toda responsabilidad, y más
aún, acusando a los presos. Ahora bien: ¿ quién es la
Corte Suprema?: el estado. El Poder Judicial, que
cumple órdenes del Ejecutivo, y el ordenamiento jurídico
de clase por el cual se rige, ¡¡ es el estado!! Más allá de
la voluntad del magistrado, está la institucionalidad del
estado!!
El estado, para proteger a los militares genocidas, les ha
cambiado de identidad y los ha mandado a residir a
Europa o los Estados Unidos para evadir la justicia,
como sucedió con el chacal de Accomarca, Teniente
Juan Rivera Rondón, o el terrorista Wilfredo Mori Orzo,
enviado al extranjero como Agregado Comercial del
Perú. O bien, el estado los ha declarado civilmente
“muertos” y los ha mandado al extranjero con identidad
falsa, para evadir la justicia. Es emblemático, el caso del
capitán de corbeta Alvaro Artaza Adrianzén, llamado
“Comandante Camión”: este chacal, que había
encabezado las matanzas en el estadio de Huanta, y
que hizo enterrar a sus víctimas en las fosas comunes
de Pucayacu, este chacal, contando con la protección
de La Marina de Guerra del Perú, se hacía pasar como
médico en el Hospital Naval de la Avenida Venezuela, y
vestía mandil blanco; por último, simuló un secuestro: se
hizo “secuestrar”,y se lo tragó la tierra: nunca se supo
más de él. Entonces,. el estado peruano, lo declaró
civilmente “muerto” (en los hechos, lo envió al extranjero
con identidad falsa).
Otro caso indignante de encubrimiento es el caso de
Putis: los militares asesinaron allí a cerca de
cuatroscientos civiles, y la superioridad de las Fuerzas
Armadas, al ser requerida para que revele los nombres
de los integrantes de la patrulla, responde que no sabe,
porque “los archivos del caso ya han sido destruidos”.
Cómo se explica que la policía es tan eficiente en otras
capturas: cuando se proponen, lo logran: disponen de
los servicios de inteligencia, de agentes infiltrados, la
intervención de celulares, el chuponeo, la confesión
sincera, y tantos otros recursos; y los criminales de
Putis: no hay ni uno solo identificado. Lo que pasa es,
que no hay voluntad política, porque las órdenes vienen
desde las más altas esferas políticas.
Otro caso de encubrimiento: el del chacal de
Accomarca: Telmo Hurtado: el estado peruano no
solamente no lo sancionó, sino que lo mantuvo en
ejercicio de sus funciones en el Ejército por varios años,
ganando haberes, e inclusive lo ascendió al grado de
teniente, y luego a capitán, posteriormente a mayor…Es
más: el jefe Supremo de la Fuerza Armada, Alan García
Pérez, está libre.
De otra parte, tanto Alan García como Alberto Fujimori,
siendo jefes de estado en más de una oportunidad
felicitaron a sus esbirros luego de haberse producido las
matanzas: el caso de los penales, el caso de Barrios
Altos, las desapariciones de los estudiantes de la
Universidad del Centro…por su supuesta “eficiencia” en
su accionar !!! Luego del genocidio perpetrado por la
Policía Nacional en el penal Castro Castro en Mayo de
1,992, en el que la policía asesinó a 42 presos
encerrados y rendidos, El mandatario Alberto Fujimori
los felicitó a los policías. El General Jorge Flores Torres,
luego de conocerse la matanza de Accomarca, felicitó al
genocida Telmo Hurtado, calificándolo de “luchador por
la democracia”, y ofreció mandarlo al extranjero a
perfeccionarse.
El estado peruano, el 16 de Junio de 1,995, promulgó la
ley de amnistía 26479, por la cual quedaban exculpados
todos los militares y policías que a partir de 1,980,
hubieran cometido crímenes de lesa humanidad en la
“pacificación”, ¡ aunque no hubieran sido identificados ni
denunciados!! Es más: la amnistía era únicamente para
ellos !! Por sí sola, esta promulgación habla de que este
terrorismo estatal fue una política de estado.
.. …
Personajes de este tipo son, quienes perteneciendo a la
clase política dominante, y dueños del estado burgués y
genocida, diseñan en las más altas esferas políticas, los
planes de exterminio dentro de la política de estado. Son
los que elevan a la condición de “valerosos héroes” a
sus militares matarifes. Estos políticos, suelen estar
libres.
LAS DESAPARICIONES FORZADAS Y MATANZAS EN
LA UNIVERSIDAD DEL CENTRO:
En la Universidad Nacional del Centro (Huancayo), los
militares son causantes de la ejecución extra-judicial de
más de trescientos estudiantes y algunos catedráticos;
esto, entre 1,992 y 1,993. He aquí los altos mandos, de
los genocidas responsables: Gral. E. P. Manuel Jesús
Delgado Rojas Gral E. P. Luis Augusto Pérez Documet
Gral. E. P. Carlos Torres Rodríguez Gral. E. P. David
Jaime Sobrevilla Tnte E. P. Bacilio Rodríguez Espinoza
Las víctimas eran sacadas a viva fuerza de sus
domicilios o secuestradas, por los efectivos militares, y
luego ejecutadas.
Estos militares carniceros, operaron desde el Cuartel “9
de Diciembre”, la Base Contrasubversiva de
Carhuamayo, y el Destacamento Militar de la
Universidad del Centro. Fueron ellos quienes ordenaron
los operativos de exterminio, pero están libres, riéndose
del dolor de sus víctimas. con fecha 21 de Febrero del
2,003, la Comisión de la Verdad y Reconciliación cursó
al Ministerio de Defensa, el Oficio 081-2003-CVR-P,
requiriendo los nombres de los efectivos que operaron
en la región entre 1,992 y 1,993. Hasta el día de hoy,
han transcurrido ya 10 años, y el Ministerio de Defensa
se niega a revelar los nombres de sus genocidas. Es
evidente el espíritu de cuerpo que hay no solamente
entre los castrenses, sino al interior del estado peruano.
LA MATANZA DE PUTIS:
Igualmente, en el caso de la matanza perpetrada en la
comunidad andina de Putis: en Diciembre de 1,984,
siendo el Jefe Político-militar de la zona de Ayacucho, el
General Ejército Peruano Wilfredo Mori Orzo, una
patrulla del ejército incursionó en la pacífica comunidad
andina de Putis. Los militares del Ejército Peruano
congregaron con engaños a más de un centenar de
civiles, supuestamente para “protegerlos frente a la
subversión”. Obedientes, los civiles bajaron desde las
alturas de los cerros, abandonando sus chozas,
trayendo a sus mujeres, a sus niños, y a sus animales.
Una vez reunidos, los militares de la patrulla separaron a
las mujeres y a los hombres. A los hombres, les
obligaron a cavar una fosa, supuestamente para
construir una piscigranja para el bien común. Mientras
los varones cavaban la fosa, los militares en otro
ambiente violaban a sus mujeres encerradas. Una vez
terminada de cavar la fosa, los militares asesinaron a
todos los civiles de uno en uno, de un tiro en la cabeza,
y enterraron sus cuerpos en la fosa cavada. Entre las
víctimas, habían no solamente mujeres, sino numerosos
niños, la mayoría, menores de cinco años; inclusive, se
han encontrado fetos, prueba de que los victimarios
habían asesinado inclusive a mujeres embarasadas. En
total, se cuentan más de cuatroscientos pobladores
asesinados aquella vez por los integrantes de la patrulla.
Consumado el hecho, los militares victimarios se
llevaron el ganado de sus víctimas y lo vendieron en otro
lugar. El Ministerio de Defensa se niega a revelar los
nombres de los efectivos militares destacados en la
zona en la época. A 29 años de la matanza, los militares
victimarios jamás han sido llamados a juicio, y están
libres, andándose por las calles, y riéndose de sus
víctimas. El Ministerio Público no acusa a nadie, la
Defensoría del Pueblo no defiende a nadie. La prensa
vendida no habla del asunto, tampoco la jerarquía
eclesiástica, y toda la clase política dominante espera
que pasen los años, hasta que no haya a quién acusar y
todos se olviden del asunto. Es obvio que los autores
mediatos y directos de esta masacre,gozan de la
protección del poder estatal; es más: ellos son el estado.
..
El General Wilfredo Mori Orzo: habiéndose
desempeñado como Jefe Político-militar de Ayacucho,
este carnicero, sin escrúpulos morales, hizo construir el
horno crematorio en el cuartel “Los Cabitos”, para
desaparecer los cuerpos de los civiles secuestrados y
luego asesinados por los militares bajo sus órdenes.
Más tarde, en 1,985, aprobó el plan del operativo para la
masacre de Accomarca, ordenando asesinar a los
civiles. Luego de la matanza, ordenó a sus subalternos,
borrar las huellas y asesinar a los testigos de la
masacre. Esta hiena, jamás fue juzgada ni menos
castigada. El estado peruano lo premió, designándolo
como Agregado Comercial del Perú en el extranjero, a
fin de evadirlo de la justicia.
..
La sonrisa burlona de este personaje, delata que es un
personaje despiadado y frío. Fue él quien habiendo
ordenado el “Plan Mudanza I”, sobrevolando a bordo de
un helicóptero, dirigía la matanza de los presos
encerrados en el penal de Castro Casro en la masacre
del 6 al 9 de Mayo de 1,992. Bajo sus órdenes, efectivos
de la Policía Nacional del Perú, asesinaron a 41 presos
políticos, rendidos: primeramente acribillados, y luego
fusilados selectivamente los sobrevivientes. Él dirigió
toda esta matanza durante los tres días, sobrevolando
desde un helicóptero: estaba siendo informado paso a
paso, de todas las acciones. Esta hiena, condecoró a
Telmo Hurtado, el chacal de Accomarca, por su
“proeza”.
Fue él quien además, organizó el grupo paramilitar
denominado “Plan Cipango”, en Agosto de 1,991, y que
se continuó en el escuadrón de la muerte denominado
“Destacamento Colina”, responsable del secuestro y/o
ejecución extra-judicial de decenas de civiles,
simplemente por serle políticamente incómodos. La
crueldad y sangre fría de este hombre, no tienen límites:
en el año 1,995, promulgó la ley de amnistía, por la cual
quedaban amnistiados todos los militares y policías que
habían cometido crímenes, con retroactividad a 1,980 !!
Esa sonrisa, es una bofetada a las decenas de madres
que aun lloran el asesinato impune de sus hijos. El
estado peruano lo premió a este frío asesino por sus
crímenes: lo mantiene a salvo en una extensa casa de
reposo en Barbadillo, donde recibe visitas de los
políticos, hace política, e inclusive se le permite dirigir la
política nacional y difunde sus mensajes a la nación. Y
es más: para tranquilizar a la gente ignorante, el estado
peruano les hace creer que eso es una “cárcel”.
..
Otro furioso genocida, que implementó el macabro plan
fujimorista “Mudanza I”, pese a tener en su haber 41
crímenes, goza de libertad, y es un “demócrata
honorable”
LA AUTORÍA DEL ESTADO PERUANO GENOCIDA:
Y que no se diga que esas matanzas se debieron a la
iniciativa privada de uno que otro militar desquiciado: no:
fue el mismo patrón de exterminio en todos estos
lugares; luego, respondió a una misma política de
exterminio diseñada en las más altas esferas políticas.
Es el mismo patrón de exterminio aplicado en todos
estos lugares, e igualmente es la común protección del
estado, de la que gozan los autores directos. La
evidencia más clara de que la autoría mediata de estas
matanzas es del estado peruano es, que los militares
autores de estas matanzas, están libres, andándose por
las calles; y por el contrario, todos aquellos que han sido
consioderados sospechosos de colaborar con la
guerrilla, aun sin pruebas, han sido desaparecidos,
encarcelados a cadena perpetua, enterrados en fosas
comunes. con estas pruebas, podemos concluir que el
único autor de las matanzas de estos 70,000 muertos en
Perú, es el Estado peruano.
LA MATANZA DE CAYARA
El carnicero de la ilustración, es el chacal de Cayara: el
General E. P. José Valdivia Dueñas: está libre, y nunca
fue castigado. Su arrogante sonrisa esconde las
lágrimas de esa madre cuyo hijo lo asesinaron los
militares, de esa madre que tocó puertas e imploró
justicia ante un sistema demoliberal indolente e
inhumano. El estado peruano, siempre participó
protegiendo a los ejecutores de las matanzas por él
diseñadas. En el caso Cayara: Mayo de 1,988, el
General José Valdivia Dueñas dispuso el “Plan
Operativo Persecución”, al mando del carnicero Mayor
Miguel Nájar Acosta: los militares conformados por diez
patrullas, llegaron a la localidad andina de Cayara, y
aesinaron a 74 civiles, sacándolos de sus domicilios y
de sus chacras, y estando desarmados e indefensos. No
bien ocurrida la barbarie, el entonces presidente Alan
García viajó a la zona, y le ordenó al coronel Rafael
Córdova, desaparecer los cadáveres, y borrar todos los
vestigios de sangre, a fin de no inculpar a los militares
victimarios, y así se hizo.
Aún más: el caso de la matanza lo estaba viendo el
Fiscal Carlos Escobar Pineda. Vladimiro Montesinos,
adjunto de Fujimori, se reunió con el Comando Conjunto
de las Fuerzas Armadas, y con el Fiscal de la Nación
Hugo Denegri: les ofreció mandar asesinar a todos los
testigos de la matanza y a Escobar. Y así se cumplió.
Escobar se salvó de ser asesinado, porque huyó. El plan
también comprendía sacarlo a Escobar del caso, y así
se hizo: El fiscal de la Nación cerró su oficina, y lo
destacó a la localidad de San Martín. Aun más: toda vez
que se presentaron denuncias ante el Ministerio Público
por las matanzas cometidas por los delincuentes
militares de las Fuerzas Armadas, la Corte Suprema
resolvía las contiendas de competencia, a favor de que
el caso sea visto en el fuero militar, pese a ser las
víctimas, civiles, secuestrados por los efectivos de las
Fuerzas Armadas. Esto, con el obvio propósito de
exculparlos a los delincuentes militares. Así ocurrió por
ejemplo, con los militares genocidas del Frente Mantaro,
que cometieron desaparición forzada, secuestro y
asesinato en agravio de trescientos universitarios de la
Universidad del Centro del Perú. El estado peruano, con
estas sucias maniobras, los absolvió.
LOS SUPUESTOS “ENFRENTAMIENTOS” EN EL
VRAEM:
En la foto Alan Garcia y el nuevo presidente, Garcia
tiene expreriencia na matanzas.
Hoy en día, el estado peruano sigue ejerciendo su
política genocida, de exterminio de los opositires del
sistema: en el VRAEM, las fuerzas combinadas del
ejército y de la policía nacional, asesinaron en
Setiembre del 2,012, al ciudadano Víctor Hugo Castro
Ramírez: primeramente lo acusaron , lo juzgaron, y
luego lo sentenciaron como culpable de supuestos
crímenes, y lo condenaron a la pena de muerte; esto, en
ausencia del inculpado, y sin darle opción para
defenderse. Luego, ejecutaron la sentencia,
asesinándolo, estando desarmado, y cogido por
sorpresa . Esto lo hicieron las fuerzas combinadas,
usurpando funciones que sólo corresponden al fuero
civil. Los organismos de la clase política, le llaman a
este crimen de lesa humanidad, con ventaja,
“enfrentamiento”. La derecha se ufana de la caída de
“William”: un ciudadano indefenso, incapaz de
defenderse, ante militares asesinos con la consigna de
matarlo por sorpresa y con ventaja. Pregunto: ¿está
probado que ese ciudadano estuviera incurso en los
delitos que se le imputan? Los militares victimarios, ni
siquiera estaban seguros de su identidad ¿Qué indicios
o pruebas objetivas existen para inculparlo? T
odo estudiante de abogacía sabe, que mientras no
existan pruebas, se presume la inocencia. Y la
acusación fiscal, solamente pueda hacerla la autoridad
civil, según el sistema que los mismos “demócratas”
defienden. Es el caso que los militares, siendo parte del
conflicto, no obstante, ellos acusan, juzgan, condenan, y
ejecutan la sentencia: son juez y parte. Luego está la
prensa para aplaudir, y el Ministerio Público, recién
entonces se hace presente, para avalar el crimen. Es
indignante que ante el asesinato del ciudadano apodado
“William”, a manos del militar Eddy Saavedra, el Fiscal
de la 40 Sala Provincial Penal, en lugar de formular
acusación penal contra este militar asesino, se presenta
en la morgue de Lima para avalar este homicidio. Lo
propio hicieron estas fuerzas genocidas, en Agosto del
2,013, con los ciudadanos Orlando Borda Casafranca y
Antonio Quispe Palomino: les hicieron seguimiento de
inteligencia y planificaron una operación para
asesinarlos. Luego, en ejecución de su plan, y estando
estos ciudadanos descansando en una cabaña,
pacíficamente, en compañía de unos niños y menores,
fueron atacados por las fuerzas combinadas, en
ejecución de su macabro plan. El sorpresivo ataque,
redujo a los ocupantes y a su vivienda, a cenizas.
..
Los medios oficiales celebran este crimen premeditado,
como un “enfrentamiento” y “un triunfo contra el narco-
terrorismo”. Cómo puede ser enfrentamiento un ataque
sorpresivo contra unos civiles desarmados, reunidos
pacíficamente y sin armas, dentro de una vivienda, y
que además, está garantizado por la Constitución!!: fue
una ejecución extra-judicial. Para empezar, si
supuestamente estos ciudadanos fueron “terroristas”
como se les atribuye, eso debió ser probado, y en el
fuero civil. Es un principio jurídico que a nadie se le
puede condenar sin pruebas, y cuando no hay pruebas,
se presume la inocencia. En consecuencia, para
inculparlos, los atacantes debieron capturarlos y
ponerlos a disposición del Ministerio Público para que
los investigue, y que sea el fuero civil el que decida de
su suerte. Los atacantes les imputaron aquellos cargos,
sin pruebas, y en aplicación de esta imputación,
decidieron sentenciarlos a muerte y ejecutar la
sentencia. Si supuestamente vivimos en un estado de
derecho, debieran respetarse los fueros. En
consecuencia, el abatimiento de estos ciudadanos, fue
una ejecución extra-judicial, con ventaja, alevosía, y sin
pruebas: fue un crimen cobarde y excecrable que
permanece en la impunidad de sus autores. Esto pone
al desnudo, que el verdadero terrorista en Perú, es el
estado peruano. Si el estado peruano no respeta su
propia Constitución, su propio ordenamiento jurídico,
con el fin de perpetrar sus crímenes de lesa humanidad
contra los opositires del sistema, eso pone de manifiesto
no sólo que carece de reservas morales, sino que el
cacareado “sistema democrático” que sustenta al estado
peruano es en realidad un sistema dictatorial ejercido
por la burguesía, basado en la mentira.
Los delincuentes militares y los delincuentes policías
que protagonizan estos cobardes asesinatos en el
VRAEM, ellos son, además de “juez y parte”, dueños de
la verdad: el comunicado oficial que da la Policía o la
Fuerza Armada, y que malintencionadamente difunde la
prensa adicta, es aceptada por todo el mundo como si
fuera la verdad indiscutible. No se respeta la presunción
de inocencia, prescrita por la Constitución Política.
Ningún organismo oficial e imparcial investiga los
hechos, y verifica si realmente se trató de un
“enfrentamiento” como refieren los delincuentes
militares, o fue un asesinato a sangre fría, de gente
desarmada e incapaz de defenderse.
Por si fuera poco, los militares destacados en el VRAEM
aplican torturas a los detenidos: con el fin de arrancarles
información, los torturan; para esto, los uniformados se
drogan previamente, a fin de hacerse insensibles ante el
dolor. La tortura de los detenidos consiste en arrancarles
las uñas. Cuál será el grado de deshumanización de
estos uniformados, que una vez que cumplen su servicio
en el VRAEM, terminan con serios problemas de salud
mental. La prensa mercenaria silencia estos actos
terroristas, ya sabemos por qué. Ahora bien: si la
Constitución Política del Perú prohíbe las torturas, ¡¡de
qué “democracia” hablan estos políticos!! De qué
terrorismo hablan, si son ellos y sus esbirros, los únicos
terroristas!!
LA ESTRATEGIA MACABRA DEL ESTADO
TERRORISTA
El estado peruano, valiéndose de su poder omnipotente,
se vale de sus grupos paramilitares para asesinar y
desaparecer a todos aquellos intelectuales o activistas
incómodos para su “sistema democrático”: el “Comando
Rodrigo Franco”, el “Destacamento Colina”. Estos
grupos paramilitares, no solamente asesinaban a sus
objetivos, sino también a los testigos, con la exclusiva
finalidad de no tener a nadie quien los acuse ante los
tribunales. Es así que asesinaron al periodista Luis
Morales Salcedo, por denunciar el crimen estatal de
Uchuraccay. Alberto Fujimori igualmente, asesinó en
1,992, a Janeth Talavera Sánchez, directora del
periódico de oposición “El Diario”, por denunciar los
crímenes que cometían los militares conra la población
civil.
Es el mismo patrón de exterminio, empleado por el
estado peruano terrorista: sus militares asesinaron a los
testigos de la matanza de Uchuraccay, los de la
matanza de Cayara, los que presenciaron el asesinato
de Luis Morales ortega, los testigos del cuartel Los
Cabitos… Todo esto, para eliminar las pruebas del delito
(y esto, a través de diversos gobiernos que se han
sucedido, de 1,983 a 1,995). Es obvio pues, que se
trataba de toda una política de estado
En 1,991, los servicios de inteligencia del estado
peruano terrorista, asesinaron al periodista Luis Morales
Ortega, corresponsal del diario “Marka”. Todos los
testigos del hecho, fueron también asesinados por estos
servicios de inteligencia: Francisco Solier García,
Celestina Huallanca Hinostroza, su hijo de 14 años de
edad, Waldin, y su sobrino Rubén Gallo, de 17 años de
edad. Estos mismos servicios de inteligencia del estado,
a través de su “Destacamento Colina”, asesinaron, en
1,991, a la ex-alcaldesa de Huamanga Leonor Zamora
Concha. Los responsables mediatos: los oficiales del
Ejército Peruano Juan Rivero Lazo, Hugo Martínez Loja,
Carlos Alberto del Bustio. Los autores directos: Abraham
Francisco Reyes, Ewest Ventocilla, Favio Javier Urquizo
Ayma, José Armando Tello Tandazo: todos ellos,
oficiales o sub-oficiales del Ejército Peruano, dirigidos
por los servicios de inteligencia del estado peruano.
La Corte Suprema falló absolviendo a todos estos
criminales, pese a que la defensa presentó la agenda
personal del sub-oficial E. P. Fabio Urquizo, en la que se
describe con detalles cómo ejecutaron a las víctimas. Es
más: el documento tenía los sellos de membrete de los
Servicios de Inteligencia y del Cuartel General del
Ejército Peruano, con los escudos nacionales, y con un
grabado de “secreto”.
Se cumplió el propósito de los terroristas: asesinar a los
testigos de sus crímenes, para que después el tribunal
los absuelva por “falta de pruebas”. Mas cómo es que
asesinaban a los testigos, y cómo se explica la
absolución: valiéndose del poder del estado: estado de
emergencia, portar armas, comandos de la muerte,
periodismo que guarda silencio cómplice, Poder Judicial
intervenido políticamente, es decir, todo el aparato del
estado terrorista. En consecuencia, los criminales están
libres. Es obvio que el asesinato de los testigos y la
absolución, así como el silencio cómplice de la prensa,
era la norma, y respondía a una política de estado bien
planificada.
LA PERSECUCIÓN CRIMINAL CONTRA LOS
MAGISTRADOS Y LETRADOS QUE HAN
DENUNCIADO AL TERRORISMO DE ESTADO O HAN
RESULTADO INCÓMODOS PARA EL ESTADO:
El fiscal Ismael Gutiérrez Vílchez, habiendo tenido a su
cargo la investigación del genocidio de “El Frontón”, e
incluyó al mandatario Alan García Pérez, como presunto
responsable de la matanza. Por tal motivo, en Octubre
de 1,986, la Fiscalía de la Nación, a cargo de César
Elejalde, lo apartó del caso.
En el caso de la matanza de Cayara, efectuada por el
General José Valdivia Dueñas: el fiscal Carlos Escobar,
era el fiscal especial, comisionado por el Ministerio
Público, para investigar la matanza. A cuatro días de
haber elevado el informe, responsabilizando a José
Valdivia, el estado le cerró la oficina alegando “falta de
recursos”. Aun más: habiendo presentado en la fiscalía
de Cangallo, 600 expedientes conteniendo pruebas y
fotografías que daban cuenta de la autoría de las
matanzas en Cayara, el Ejército simuló un “ataque
terrorista” en la oficina, con lo cual logró apoderarse del
expediente, y lo desapareció. Pero es más: el fiscal
Carlos Escobar, al cabo de tres meses de lo ocurrido,
fue cesado sin exponerse los motivos en la resolución
de cese. El fiscal Escobar entonces inició una acción de
amparo contra el cese, y su abogado, Augusto Zúñiga,
recibió un sobre-bomba que le arrancó un brazo.
Estas órdenes de remover y destituir magistrados
incómodos, venían de las altas esferas políticas, y lo
que es más, contaban con la complicidad complaciente
de toda la clase política y de las instituciones públicas
del estado.
Más tarde, el Dr. Febres, por defender al investigado
Abimael Guzmán Reynoso, fue asesinado. El siguiente
defensor del mismo investigado, Dr. Crespo, sufre una
persecución implacable por parte del estado.
Bueno, hay que ser muy ingenuo o muy fanático, para
no ver en todo esto la mano negra del estado para
eliminar a todo elemento peligroso para la perpetuidad
de su “sistema democrático”
LAS CÁRCELES DORADAS Y “ARRESTOS
DOMICILIARIOS”:
Para nadie es un secreto, que una vez que un
delincuente es sentenciado, no es el Poder Judicial el
que decide a qué penal va a ir: ¡es el Poder Ejecutivo!! Y
bien sabemos que el Poder Ejecutivo, se conduce
políticamente. Por eso es que el delincuente Fujimori,
está en una “cárcel” dorada en Barbadillo: Fujimori tiene
las manos manchadas de sangre: La Cantuta, Barrios
Altos, Canto Grande, los estudiantes de la Universidad
del Centro, las esterilizaciones forzadas…Y no obstante,
Barbadillo no es cárcel: es una casa de reposo. Cuántos
quisiéramos disfrutar de la tranquilidad de la que disfruta
este “interno”, que no se preocupa ni de cocinarse, ni de
lavarse su ropa, porque hasta se ha dado el lujo de
hacer política!! Dicho sea de paso, la clase política no le
llama “el delincuente Fujimori”, sino “el ex-presidente”, y
hasta difunde por la prensa televisiva sus mensajes. Acá
se pone de manifiesto, cómo es que el estado peruano,
genocida, protege a los suyos.
LA “REPARACIÓN CIVIL” PARA LOS DEUDOS DE LA
VIOLENCIA TERRORISTA ESTATAL:
El estado peruano, pretende comprar el silencio de los
deudos de sus víctimas, entregándoles diez mil soles –
o colocando servicios asistenciales materiales en las
comunidades. Es como si dijera: bueno, te destruí tu
choza, pero ahora te la construyo. La vida humana, a
diferencia de cualquier objeto, es irremplazable,
insustituible. Para ese niñito de nueve años a quien los
militares le arrancaron a su madre, entre llantos
desgarradores, para nunca jamás poder verla, ese dolor
no se lo borra nadie, aunque le clonaran una madre
igual. La vida humana, repito, es insustituible.
El estado peruano terrorista y genocida, mientras por
una parte dice querer reparar el daño causado por sus
esbirros, por otra parte, se niega a revelar los nombres
de los militares ejecutores de estas matanzas -como el
caso de Putis, y el caso del Cuartel Los Cabitos- .Esto
pone de manifiesto la actitud hipócrita , farisaica, del
estado peruano, que trata de proteger a toda costa a
quienes ejecutaron su política de exterminio.
La oferta del estado peruano terrorista y genocida, es,
definitivamente, un insulto: es como si le dijeran a ese
deudo: la vida de tu madre vale diez mil soles. Toma, y
quedamos en paz. Olvida lo pasado. Precisamente,
dentro de la escala axiológica que manejan los
defensores de este falso “sistema democrático”, la vida
del pobre puede comprarse como una mercancía, y lo
material vale más que lo espiritual y los sentimientos. Lo
que quieren estas gentes es, que nos callemos. Borrón y
cuenta nueva. Tienen la esperanza de que a medida
que pasan los años, los genocidas y los deudos van
muriendo, y los que vendrán los verán estos hechos con
indiferencia como algo lejano en el tiempo.
Los deudos, deben de rechazar ese dinero insultante.
Por el contrario, deben exigir:
1-Que el estado reconozca su autoría en este terrorismo
genocida, como manifestación de
una política de estado.
2-Que el estado terrorista y genocida presente ante la
opinión pública a los autores directos y
los mediatos de estos crímenes.
3-Que los autores tanto directos como mediatos de
estos crímenes, sean castigados por los
Tribunales del fuero civil.
EL PAPEL SUCIO DE LA PRENSA VENDIDA Y
MENTIROSA:
La población, desorganizada como está, acepta esta
barbaridad que la prensa le impone en sus cerebros.
Para lograr tal aceptación, la clase política dominante
primeramente lava los cerebros de la población,
criminalizando las protestas populares contra el sistema
de opresión: la logra poner a la población civil, en contra
de las protestas populares. Una vez hecho esto,efectúan
sus crímenes valiéndose de estos esbirros delincuentes.
Luego, constituyéndose en juez y parte, y dueños
absolutos de la verdad,dan sus parcializadas versiones
sobre supuestos “enfrentamientos”. Lo hacen, seguros
de que la población, ya previamente concientizada, las
va a asimilar como verídicas. El Ministerio Público se
constituye en el lugar de los hechos, sólo para el
levantamiento del cadáver, pero no para investigar las
circunstancias del deceso.
El fiscal, asume la versión de los militares homicidas,
como cierta. La gente no lo ve así, porque la prensa
vendida le ha lavado el cerebro. La gente en el Perú, por
su escasa formación política, es manipulable, acrítica, y
acepta todas las consignas que la prensa vendida le
introduce a cada hora en su subconsciente. La clase
política dominante en Perú, terrorista y genocida, tiene
los mejores acesores en psicología social y mecanismos
de control social: saben cómo hacer que la población
civil acepte sus masacres y crímenes: para lograrlo,
previamente le lavan el cerebro a la gente políticamente
atrasada, criminalizando las protestas populares,
pintándolas como un peligro para la “paz social”.
Después, cometen sus masacres, seguros de que la
población civil, con su cerebro lavado, las va a aceptar.
Para este papel sucio se presta la prensa vendida. Esta
prensa mercenaria, pone como bandera Lucanamarca y
Tarata, para hacer creer a la gente políticamente
atrasada, que los “terroristas” son los militantes del
Partido Comunista del Perú.
El papel sucio de la prensa vendida: esta prensa, debe
sumas millonarias a la SUNAT, y cada gobierno de turno
le condona estas deudas, que es dinero del erario
público. Aun más: los órganos oficiales del Gobierno,
colocan publicidad en estos medios de prensa, de
manera, que a éstos no les conviene perderlos como
clientes: tienen que portarse bien para con el cliente. Es
por estas razones que, en reciprocidad de favores, los
medios de prensa en Perú, son franeleros de los
gobiernos de turno, y se prestan para lavar los cerebros,
y difundir las mentiras que impone la clase política
dominante: es una prensa mercenaria, sin honor y sin-
bandera. Pero hay otra razón que explica su cerrada
defensa del sistema demo-liberal: sólo en este sistema
puede la prensa vendida conseguir todas sus granjerías.
Por ejemplo, la cacareada “libertad de prensa”, es en el
fondo, la libertad que tienen los magnates para lavar los
cerebros, manipular ideológicamente a la gente
políticamente atrasada, e imponer la ideología perversa
de la clase política dominante y de los grupos de poder
económico. Por otra parte: la “libertad de empresa”, es
otra granjería que el sistema concede a los magnates
del poder económico (la gran burguesía): los medios de
prensa son intocables en cuanto al contenido de sus
programas, al amparo de la “libertad de empresa”. Hay
razones poderosas pues, para que la prensa mercenaria
sea adversa a los enemigos del sistema demo-liberal.
Por eso, no nos llame la atención que esta prensa
vendida y mentirosa, seleccione la información a favor
de la impunidad de los militares genocidas. Su impudicia
llega al extremo de calificarlos a estos criminales, como
“valerosos héroes de la democracia”.
PERO ¿CUÁL ES EL FAMOSO “ORDEN
DEMOCRÁTICO” QUE DEFIENDEN CON ESTOS
CRÍMENES, LOS ADALIDES Y AYAYEROS DEL
SISTEMA?
Los genocidas militares y policías, declaran sentirse
orgullosos de asesinar a los enemigos de la “patria”. Se
sienten orgullosos de sacrificarse por la “patria”. ¿Cuál
“patria”: Cómo los trata su querida “patria” cuando
quedan inválidos en sus acciones de combate: los
abandona como perros. Ahí tenemos el caso del efectivo
Eddy Saavedra, el que asesinó a William en el VRAEM:
no obstante haber quedado lisiado, los “demócratas” del
sistema democrático, no se acuerdan de él ni con las
medicinas. Cómo los trata el “estado democrático” a los
“héroes” del Cenepa: los trata como perros. Es tal la
estrechez mental, que estos militares no se dan cuenta
que sólo son utilizados por un puñado de ricos, pues
defendiendo la perpetuidad del “sistema democrático”,
defienden la perpetuidad de sus privilegios.
Estos militares que se fajan por “la democracia”,
deberían de ser conscientes de que ese puñado de ricos
-de la alta burguesía-, se aferra al sistema porque ahí
están sus granjerías mal-habidas. Un modelo político
diferente, no les permitiría a estos sinvergüenzas, sus
granjerías: ministros, congresistas y altos funcionarios
que se auto-asignan sueldos exhorbitantes en un pueblo
que sufre hambre; la inseguridad ciudadana persistente,
sin que haya voluntad política para combatirla; la propia
ley burguesa, protege a los delincuentes con una serie
de “beneficios penitenciarios”, de manera que los
asaltantes son varias veces puestos en libertad, al
amparo de la ley burguesa.
Quiénes son los que sufren las consecuencias: ¿los
ricos?: no: la gente de a pie. Los altos funcionarios
efectúan robos y desfalcos millonarios en agravio del
estado, y la propia ley burguesa les permite burlarse de
la justicia (inmunidad durante el ejercicio del cargo,
prescripción del delito, “prisiones” domiciliarias…). Estos
delincuentes de la alta clase burguesa gozan de
inmunidad parlamentaria, se hacen internar en clínicas,
o se van al extranjero, y luego que haya prescrito el
delito, regresan al país, y no pasó nada; ¿por qué?
porque la ley burguesa así lo dispone: las estructuras
del sistema demo-liberal, preservan premeditadamente,
privilegios de la burguesía burocrática, la burguesía
financiera (banqueros), la gran burguesía exportadora:
es su sistema, hecho por ellos, y a la medida de sus
gustos. Los banqueros (gran burguesía financiera),
pagan intereses írritos por los depósitos, pero eso sí,
cobran intereses usurarios por los empréstitos, y no van
a la cárcel, porque la ley burguesa los faculta. Es más:
cuando sus empresas bancarias están en quiebra, su
estado burgués, con dinero del erario público, de todos
los peruanos, la saca a flote la empresa bancaria.(Por
ejemplo, Toledo, sacó a flote el Banco Wiesse, a cambio
de los jugosos sueldos que este banco le pagaba a su
esposa, en un cargo fantasma).Los alcaldes y regidores
se fijan las dietas a la medida de sus apetitos, y no van
a la cárcel, porque la ley burguesa así lo faculta. Los
directivos de los medios de comunicación mienten y
contaminan las mentes, evaden impuestos y no van a la
cárcel, porque la ley los faculta. El trato que da el estado
burgués a los ciudadanos en los hospitales del pueblo,
es humillante. Y en las comunidades rurales tal es el
abandono, que los niños mueren por una simple diarrea
que se pudo haber curado con una pastilla: no
solamente la falta de medicinas, sino la falta de centros
asistenciarios.
Los miembros de la gran burguesía, defensores de este
viejo orden “demoliberal”, saben que un sistema político
alternativo como el socialismo, no les va a permitir estos
privilegios, porque el socialismo es adversario de los
privilegios y del robo y el abuso legalizados, por ser
atentatorio contra la dignidad humana. Por eso es que
estos políticos, temerosos de perder la mamadera, se
aferran a la defensa de la perpetuidad de su “sistema
democrático”. Y valiéndose de la prensa vendida, hábil
en lavar los cerebros, arrastran tras de sí a toda la gente
políticamente atrasada, en la cruzada por la defensa del
“sistema democrático”. Los militares genocidas, declaran
orgullosos que “exponen su vida” (¡cobardes!) en
defensa de la “patria”. Debieran ser conscientes de que
“patria”, en este país de pendejos, no es sino los
privilegios de un puñado de ricos, y que los militares son
vilmente utilizados como perros guardianes de sus
privilegios. Pregúntenle a Eddy Saavedra, el que
asesinó a William en el VRAEM.
LA OBSECUENCIA DE LOS ORGANISMOS
INTERNACIONALES:
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), la OEA,
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tienen
pleno conocimiento de esta barbarie de impunidad en la
que está incurso el estado peruano. Estos organismos,
por cosas menores, han aplicado severas sanciones y/o
bloqueos a los gobiernos implicados: ahí tenemos el
caso de Cuba, Afganistán, Viet Nam, Irak, Libia, Egipto.
Nos preguntamos, por qué es que no aplican sanciones
y bloqueo al estado peruano genocida y terrorista? ; los
miles de torturados y muertos a manos de las fuerzas
militares y policiales, aunado a la impunidad oficial de
que gozan los autores mediatos y directos, impunidad
efectuada por el estado peruano que abiertamente los
declara a sus esbirros “héroes de la democracia”, ¿eso
no es suficiente para aplicar bloqueo y sanciones al
estado peruano terrorista? Considero que la
parcialización de los organismos internacionales, salta a
la vista: aplican bloqueos y sanciones, solamente a
aquellos estados que atentan contra la perpetuidad del
modelo demoliberal del capitalismo:por eso, Cuba,
Afganistán Libia, Irak…han sufrido severísimas
represiones por parte de estos organismos del
imperialismo, a través de su cancerbero que es el
gobierno de los Estados Unidos. Al estado peruano, no
lo pueden tocar; ¿por qué?: porque el estado terrorista
peruano implementa el modelo demoliberal; y
obviamente, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas
Policiales, partes de este estado genocida, pelean en
defensa de este su estado demoliberal. Es el mismo
caso del Chile del dictador Pinochet, de la Argentina del
dictador Videla, el gobierno del dictador Alfredo
Stroessner en el Paraguay, y otros criminales protegidos
por el gobierno norteamericano, la ONU y la OEA. Está
clarísimo: cómo estos organismos internacionales van a
sancionar a gobiernos que están en su misma línea|||
Tendrían que estar locos ||| Otorongo no come otorongo.
Esto explica la osada soberbia con la que las
autoridades políticas del estado peruano mantienen en
la impunidad a sus verdugos: es la seguridad que les
dan los organismos internacionales, organismos de
fachada del imperialismo.
EL GLORIOSO PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ:

Es verdad que el Partido ha producido una que otra


ejecución: pero se trataba de juicios populares:una
autoridad corrupta, un militar genocida con deudas de
sangre para con el pueblo, degollador del pueblo, un
genocida impune que se ríe del dolor de sus víctimas,
un abigeo, un soplón infiltrado que colaborara con el
estado…, a quien el estado le va a permitir
impunidad…con justa razón, ante la inoperancia de un
sistema social incapaz de poner orden, o que protege a
sus esbirros genocidas, al pueblo no le quedaba otra
alternativa que hacerse la justicia por sus propias
manos. Hoy vemos cómo los políticos corruptos evaden
la acción penal y se ríen de la ley penal. Repito: lo que
hacía y hace el partido, no son crímenes, sino
ejecuciones de merecidos juicios populares de
elementos anti-sociales, enemigos de la convivencia
social. Ante la inoperancia del estado para poner orden,
no cabe otra alternativa.
Estas medidas aplican los gobiernos asiáticos; y aquí en
Perú también las aplicó Túpac Amaru, ejecutando al
abusivo corregidor Arriaga. Sin embargo, la clase
política dominante en Perú, no lo califica a Túpac Amaru
de “terrorista”, porque ya está muerto, y no representa
ningún peligro para el actual sistema de opresión. Pero
además, es bueno decir, que la política punitiva
mencionada no era todo el accionar del Partido, en las
zonas liberadas: la mayor parte era, la labor
constructiva:por ejemplo,la labor organizativa, y el elevar
el nivel político de la conciencia de clase de las masas:
esas masas embrutecidas por los medios de
comunicación masiva, que les lavan el cerebro
imponiéndoles las mentiras y mitos de las clases
dominantes.
ES PRECISO ANALIZAR LA SUBVERSIÓN, DENTRO
DEL CONTEXTO DEL NEXO CAUSAL:
Es explicable la respuesta contestataria que da el
pueblo cuando su respuesta es violenta: hay diversas
formas de violencia. El estado peruano, desata la
violencia estatal contra el pueblo, imponiendo medidas
gubernamentales, políticas y decretos sin previa
consulta, imponiendo la dictadura de la clase política
dominante. Es un estado inepto, inoperante, corrupto.
Por ejemplo, el problema de la inseguridad ciudadana; el
problema de la ineptitud de las instituciones estatales.
Cómo están los hospitales del pueblo; cómo los tratan a
los pacientes: peor que a perros. Las madres gestantes
de las zonas empobrecidas, sufren de desnutrición, con
las secuelas que ello conlleva para el tejido cerebral del
niño. En las zonas rurales más alejadas del país, la más
cercana posta médica se encuentra a decenas de
kilómetros de distancia. Los niños mueren allí por una
simple infección perfectamente curable con una simple
pastilla. Los dineros del erario público que se roban los
corruptos, como León Alegría, Nicolás Hermosa Ríos,
Fujimori…con esos dineros podrían haberse
implementado hospitales, asilos, postas médicas,
comedores populares… para que no mueran tantos
infelices. Se mata no solamente con balas: se mata
también con hambre, con enfermedad, con exclusión…
como lo hace el estado terrorista de Perú Ante estos
hechos, cuando el pueblo reclama, se burlan de él; sus
reclamos, la clase política dominante los deriva a
trámites burocráticos y promesas interminables. en
consecuencia, al pueblo no le queda otra alternativa que
optar por la única vía que le deja la clase dominante: la
violencia política contestataria: clandestinizarse. Tal
violencia, la prensa vendida nos la hace ver
sectorialmente.
Tal violencia sin embargo, debe ser vista desde la
perspectiva dialéctica de la causa y el efecto: la
violencia del pueblo armado, es efecto de la violencia
terrorista estatal. Dice la dialéctica, no hay efecto sin
causa. Y mientras el estado peruano siga siendo el
estado que gobierna tan sólo para la clase política
dominante, será ello el humus de la subversión: hoy
derrotarán al Partido, mañana surgirá otro movimiento
subversivo, y pasado mañana otro…Recuerde usted:
quien vientos siembra, cosecha tempestades. Paulo
Freire escribía: “Son los que oprimen quienes instauran
la violencia (…). Quienes instauran el terror no son los
débiles, no son aquellos que a él se encuentran
sometidos sino los violentos quienes con su poder,
crean la situación concreta en la que se generan los
’dimitidos de la vida’, los desarrapados del mundo.
“Quien instaura la tiranía no son los tiranizados, sino los
tiranos. “Quien instaura el odio, no son los odiados sino
los que odian primero. “Quien instaura la negación de
los hombres no son aquellos que fueron despojados de
su humanidad sino aquellos que se las negaron
negando también la suya. “Quien instaura la fuerza no
son los que enflaquecieron bajo la robustez de los
fuertes sino los fuertes que los debilitaron” (P. Freire,
Pedagogía del oprimido, 1,995,P. 42).
Analicemos la historia: hubieron levantamientos en el
Perú y en el mundo: Manco Inca, Túpac Amaru, Luis de
la Puente Uceda, los zelotes de Galilea, los insurrectos
franceses de la Revolución de 1,848 contra el
verticalismo de Guizot, el Frente de Liberación Nacional
argelino, el pueblo vietnamita, Avelino Cáceres…Todo
levantamiento popular, fue una respuesta contestataria
frente al abuso, y por supuesto, siempre generó la
criminalización verbal por parte de los opresores. El
gobierno romano, calificaba a los zelotes de Galilea, de
“bandidos”; los conquistadores españoles que
sometieron por la fuerza a los nativos peruanos a la
servidumbre y al genocidio, calificaron a Túpac Amaru II,
“traidor al Rey de España”; los sionistas invasores de
Palestina, califican al movimiento HAMAS que reclama
su territorio usurpado, de “terroristas”.
Asimismo, los militantes del Frente Nacional de
Liberación de Argelia, que batallaban contra la dictadura
impuesta por la dominación francesa, eran calificados de
“terroristas” por los usurpadores franceses. Toda víctima
que se opone al abuso impuesto por el imperio del
sistema, es calificado de “radical”, “extremista”,
“terrorista”. Los opresores se valen de estos epítetos,
contando con el apoyo sucio de la prensa vendida, para
justificar ante las masas políticamente atrasadas, la
represión y el terrorismo de estado. Tomasa Tito
Condemayta, Cahuide, Titu Cusi Yupanqui, Túpac
Amaru, Micaela Bastidas, Pumacahua, las hermanas
Toledo, Mariano Melgar, Andrés A. Cáceres, hicieron
uso de la violencia luchando contra el sistema de
opresión, y en defensa del derecho a la vida de los más
humildes.
Sin embargo, los políticos defensores de su estado, del
estado peruano, no los califican de “terroristas”. ¿Se ha
preguntado usted por qué?: sencillamente porque
estando muertos, aquellos subversivos ya no
representan ningún peligro para la estabilidad de su
sistema de opresión. En consecuencia, este
comportamiento oportunista de la clase política de Perú,
lo que pone en evidencia es, que a lo que se opone nio
es a la violencia: ellos son los causantes de toda forma
de violencia, con su violencia de hambre, enfermedad y
muerte: a lo que la clase política se opone es, al peligro
que representan los subversivos para la estabilidad de
un sistema político que consagra y perpetúa sus
privilegios de clase.
REFERENCIAS:
Uceda, Muerte en el pentagonito
Comisión de la Verdad y Reconciliación
Asociación pro-derechos humanos, Cuartel Los
Cabitos: lugar de horror y muerte
La tortura en el Perú a través de sus víctimas
www.caps.org.pe/portal/index.php?option=com_docman.
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Ütero de Marita: Mythbusters: el comando Rodrigo
Franco.