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LÓGICA Y PENSAMIENTO CRÍTICO.

1.1 Información y conocimientos.


Los organismos vivos –incluidos el hombre- viven, sobreviven, se adaptan al
medio ambiente y resuelven los continuos problemas que su existencia les
plantea, haciendo uso de informaciones, unas procedentes de sus códigos
genético, y otras que han sido adquiridas durante su desarrollo y crecimiento.

La información genética, heredada, rige básicamente los procesos vitales y los


instintos que conducen a la preservación de la especie.
Si bien resulta difícil establecer una gradación de los seres vivos respecto a la
cantidad de información genética que poseen, parece evidente que el ser
humano es quien logra acumular, procesar y transformar una mayor cantidad.

La información obtenida paulatinamente con las respuestas a todo tipo de


interrogantes conforma el conocimiento humano: el conjunto de conceptos y
de experiencias que constituyen nuestra concepción de la realidad.

1.2 De que se ocupa la lógica


Las personas poseen conocimientos que expresan mediante aserciones (en
oraciones, afirmaciones, enunciados) que pretenden ser tanto correctas como
verdaderas. Así, podemos distinguir cuatro maneras muy distintas mediante
las cuales admitimos o defendemos la verdad de una afirmación:

1. La experiencia directa de los sentidos, y para confirmar su verdad o


falsedad los confrontamos con la experiencia.
2. Otros conocimientos se aceptan apelando a procesos psicológicos y
subjetivos, importantes en la vida del hombre pero no demostrarles, como
la evidencia interna, la intuición o la fe.
3. Dado que nuestra vida es breve y el contacto con la realidad muy limitado,
no podemos acceder directamente a todos los conocimientos y nos vemos
forzados a aceptar la verdad de afirmaciones y conocimientos apelando a
fuentes o autoridades de donde provienen, como libros de texto y
profesores, que en la medida en que hayan obtenido algún reconocimiento
y no encontremos incoherencias entre sus afirmaciones y la realidad u
otras fuentes reconocidas, los aceptamos como fundamento de verdad.
4. La mayoría de los conocimientos que un ser humano incorpora en su saber
no son evidentes ni provienen de la experiencia sensorial. Se aceptan
porque se fundamentan, se desprenden, se derivan o se infieren de otros
datos, conocimientos –o autoridades- reconocidos como verdaderos.
La lógica como disciplina nos enseña a inferir o extraer las implicaciones de una o
varias premisas (supuestos, datos, etc.) y a construir argumentos coherentes,
libres de contradicción. Durante siglos los estudiosos han organizado estructuras
formales de esta disciplina, algunas aplicables, útiles, y otra menos, que
constituyen la llamada lógica formal, fundamental para la matemática y las
ciencias de la computación. Pero la coherencia no lo es todo; el lenguaje natural
cotidiano con el que entendemos el mundo y nos comunicamos con nuestros
semejantes, está abierto a las ambigüedades, imprecisiones y falacias, y de esto
se ocupa la lógica informal.
Resumiendo, la lógica es, pues, una ciencia que se ocupa del conocimiento
humano en cuanto es argumental, es decir en su función inferencial, mediante la
cual discurrimos, combinamos conocimientos, extraemos conclusiones.
La lógica estudia concretamente la estructura de estos procesos inferenciales,
especialmente los válidos, es decir, aquellos que, por su forma o estructura, hacen
que un razonamiento sea correcto, que la conclusión se derive de datos, valores o
supuestos que la fundamentan.
1.3 Como se infringe la lógica
El ser humano no siempre piensa o actúa con lógica; a menudo defiende ideas
que contradicen sus mismos principios o se comportan de manera opuesta a
las normas que profesa.
Cuando alguien se expresa verbalmente o por escrito, se puede juzgar su
discurso desde diversos aspectos: estilísticos, gramatical, moral… o lógico.
Una calificación favorable desde el punto de vista lógico significa que el
discurso en cuestión es consistente, coherente, valido y consecuente

Ser contradictorio consiste en afirmar algo y negarlo al tiempo; dos


afirmaciones contradictorias no pueden ser a un mismo tiempo verdaderas ni
al mismo tiempo falsas, si una es verdadera, la otra tiene que ser falsa y
viceversa.
Las afirmaciones contrarias son opuestas; significa que ambas no pueden
suceder al mismo tiempo, aunque pueden no darse las dos.

La inconsistencia aparece cuando una afirmación se cae por su propio peso o


es incompatible con otras aceptadas, o entra en conflictos con los hechos.
También hay inconsistencia de una teoría cuando no concuerda con los
resultados de un experimento predicho por ella.

La incoherencia aparece en afirmaciones confusas, que “no cuadran” entre


ellas, que nada tienen que ver con el caso analizado.
El análisis lógico de un texto o de un discurso cualquiera puede revelar una
falla de estas entre las afirmaciones planteadas, en cuyo caso queda claro –
por lógica- que hay algo extraño o equivocado; pero la lógica no puede
señalarnos el error.
Algo diferente pero relacionado es la disonancia, que se aplica a la falta de
relación entre creencias y conductas. Alguien es disonante al aceptar una
creencia o un principio y actuar de manera contraria.

1.4 Un poco de historia


La lógica apareció en escena cuando los primeros pensadores griegos
distinguieron la doxa, o simple opinión sobre las cosas, de la episteme, o
conocimiento fundamental verdadero por sus pruebas.
De esta manera surgió el interés por la prueba, la demostración, la no-
contradicción, la primacía de la razón sobre la arbitrariedad y la intuición, que
han caracterizado al pensamiento occidental.
Desde entonces –dos mil quinientos años atrás- filósofos y matemáticos se
han ocupado de precisar las leyes o las estructuras de las inferencias
correctas. Estas leyes se han establecido primordialmente con base en:

1. La recolección de ejemplos de inferencias correctas, analizadas y validadas


por estudios.
2. La descripción verbal de la estructura de los argumentos (filosofía
aristotélica y medieval).
3. El estudio de las inferencias que la experiencia ha demostrado como
exitosas (Locke).
4. La exposición de las leyes subyacentes del discurso inferencial, utilizando
un lenguaje simbólico capaz de representarlas con precisión (Leibniz,
Russell)
Se pueden distinguir en la historia de la lógica tres grandes periodos: el antiguo –
desde Aristóteles hasta finales de la edad media-; el moderno, que coincide con la
época de la filosofía moderna, cuando predominan cuestiones de psicología y
teoría del conocimiento y se entiende como el arte de conducir bien la razón; el
contemporáneo surge hacia 1850 e intenta descubrir los principios que rigen las
inferencias validas, aplicables tanto a las matemáticas y a las ciencias de la
computación como lenguaje.
Aristóteles –quizás el genio más grande que jamás haya existido- es el padre de la
lógica. Su obra “Organon” es el primer tratado sobre la materia, donde con una
sabiduría asombrosa para su tiempo, descubre las relaciones lógicas de las
proposiciones que constan de sujeto y predicado y analiza las distintas estructuras
de argumentos válidos e inválidos, deductivos e inductivos.
Aunque Aristóteles había estudiado los argumentos no demostrativos (inductivos)
que permiten llegar a conclusiones probables estos fueron desestimados por el
pensamiento medieval.
Hasta mediados del siglo antepasado, la lógica era parte de la filosofía. La
concepción de la lógica como ciencia formal independiente evolucionó
progresivamente a partir de George Boole, quien en1874 logro separarla de la
epistemología y psicología. La lógica, según Boole, ha de estudiar no las leyes del
pensamiento sino los sistemas formales, es decir, cálculos o lenguajes formales
estructurados de acuerdo con términos precisos, definiciones, axiomas y
teoremas, susceptibles de recibir distintas interpretaciones, de manera semejante
a la geometría.
La ciencia de la lógica presenta diversas denominaciones: lógica formal, porque se
interesa no por los contenidos concretos del conocimiento, sino por las formas,
moldes, estructuras o esqueletos de los argumentos, especialmente de los válidos,
en los cuales la conclusión si se desprende efectivamente de las afirmaciones en
que pretende fundamentarse; de ahí que sea una ciencia versátil y aplicable a
cualquier otra, en la medida en que todas las disciplinas intelectuales trabajan con
razonamientos o inferencias a partir de principios. Se le llama también lógica
matemática por su estrecha relación con los fundamentos de las matemáticas.
La lógica actual es el resultado de la convergencia del pensamiento aristotélico y
la aspiración leibniziana de crear un lenguaje universal, de los progresos de la
matemática moderna, del desarrollo de los sistemas deductivos inspirados en la
filosofía y en la geometría, y de la evidente importancia de la lógica inductiva
aplicada exitosamente a las ciencias naturales y sociales. Los desarrollos actuales
más prometedores se ocupan de la lógica de lo gradual, de sectores de la realidad
donde el principio del tercero excluido parece no aplicar; como las lógicas
polivalentes, de conjuntos difusos y la lógica paraconsistente creada por el
eminente lógico Newton Da Costa.
Entre las lógicas llamadas “divergentes” mencionamos la lógica modales, las
lógicas epistémicas, las lógicas temporales, deóntica, polivalente, de conjuntos
difusos, y cuántica.
La lógica informal es un vigoroso movimiento reciente dentro de nuestra disciplina;
intenta desarrollar herramientas para analizar y valorar los argumentos que
ocurren en el lenguaje cotidiano. Se sirve de los hallazgos de la lógica formal y
enfatiza el estudio de las falacias, la argumentación con fines persuasivos, las
reglas del dialogo constructivo, el pensamiento crítico y la solución de problemas.
1.5 Pensamiento, lenguaje y lógica
El pensamiento humano es sin duda el producto más complejo creado por la
naturaleza. En sentido amplio puede entenderse como el darse cuenta, el
saber que sabe algo; en sentido estricto, es la elaboración consciente de una
idea. En esta actividad intervienen cuatro elementos (sujeto pensante, proceso
psíquico, lo pensado, expresión del pensamiento) de cuyo estudio se ocupa
muy diferentes disciplinas.
El lenguaje humano interviene en muchas actividades y para muy diferentes
propósitos; lo interesante es que cada propósito o función del lenguaje tiene
reglas, contextos o ámbitos legítimos de aplicación donde tiene sentido
utilizarlo. La mayoría de estas actividades se agrupan en cuatro tipos
principales de comunicación, a saber:
Informativa: proporciona información que podrá ser verdadera o falsa.
Emotiva: sirve para expresar sentimientos propios o para despertarlos en
otros, sentimientos o actitudes que se pueden compartir o no. Directiva:
intenta mover la acción mediante mandatos, ordenes, peticiones, sugerencias,
persuasiones, que podrán ser obedecidas, acatadas o no. Social: incluye las
fórmulas de saludo, despedidas, pésame, que no han de tomarse literalmente,
al igual que el llamado lenguaje factico.

MANEJO DE LA FUNCIÓN INFORMATIVA


Al emplear el lenguaje informativo deben considerarse los siguientes aspectos:

1. Reglas sintácticas: ordenar las palabras de acuerdo a su estructura y


función gramatical.
2. Construcción armoniosa: estilo y estética adecuados al tema.
3. Sentido lógico: expresar lo que se quiere decir, sin dar lugar a equívocos,
ambigüedades o contradicciones.
USO Y MENCIÓN
Una palabra o expresión se usa para informar algo o se menciona cuando se
habla sobre ella, en cuyo caso la encerramos en comillas para evitar
confusiones.
1.6 Punto de partida: los hechos
El punto de partida fundamental del conocimiento y de la reflexión es el mundo
diverso de las experiencias ordinarias. Es un mundo complejo, multiforme, que
el hombre procura comprender captando sus componentes y deshilvanando su
estructura y sus relaciones. Los hechos del mundo son individuales, discretos,
como son las notas de una sinfonía; el hombre los interpreta y organiza
creando lenguajes y esquemas conceptuales que satisfacen sus inquietudes
intelectuales.
Los hechos son acontecimientos que suceden en el espacio y en el tiempo, y
cuando algunos de ellos aparecen ante nuestra conciencia pensante, se
constituyen en fenómenos y los describimos mediante conceptos y
proposiciones. La garantía del conocimiento objetivo (intersubjetivo) depende
entonces de la precisión de las expresiones lingüísticas mediante las cuales
describimos los acontecimientos externos o las experiencias de la conciencia.
De ahí que debe existir alguna relación entre los hechos del mundo, el
lenguaje que los describe, y el pensamiento que los comprende.
Los hechos del mundo son indiferentes a su verdad o falsedad: simplemente
son o están. Solo los enunciados que expresan su contenido proposicional
serán calificados como verdaderos o falsos, según describan correctamente o
no lo que sucede.
Ante un suceso cualquiera (un hecho complejo) pueden darse diferentes
proposiciones que intenten describirlo, pues se observan desde diversas
perspectivas, a veces de manera complementaria o incluso de manera
opuesta.
La proposición no es simplemente el sonido o el texto escrito; es su
significado, es decir, la naturaleza de los hechos o las relaciones captadas en
el pensamiento y expresadas en los enunciados. El significado es, sin
embargo, algo más complejo; para determinarlo es preciso conocer no solo las
palabras que componen la proposición, sino también el sentido, el tono, la
fuerza, el universo del discurso o contexto en que se emite la frase, y
finalmente, las presuposiciones implícitas propias y ajenas.

1.7 De la percepción a la inferencia


Mediante nuestros sentidos externos e internos captamos las diversas
dimensiones de la realidad y para describirla enunciamos proposiciones. Pero
normalmente nuestras proposiciones no describen las simples percepciones,
sino su reconocimiento o las interpretaciones inmediatas y en ocasiones, las
inferencias o conclusiones que formulamos de lo percibido.

Para llegar a una comunicación más efectiva, a consensos o acuerdos, es


preciso aprender a distinguir cuando un juicio es de percepción, de
reconocimiento, de interpretación y de inferencia; aunque no existen fronteras
precisas entre ellos, ni en un caso dado se aplica toda la secuencia.
Percepción: estos juicios describen lo que captan nuestros órganos
sensoriales; o sea, cuando determinamos con mayor o menor claridad los
objetos o situaciones que vemos, oímos o palpamos, y sobre ellos podemos
ponernos de acuerdo fácilmente.
Reconocimiento: es el resultado de organizar, identificar y describir las
percepciones con los recursos de nuestros marcos conceptuales. El
reconocimiento deriva de nuestros conocimientos previos y de los hábitos
lingüísticos para describir la realidad con las palabras apropiadas, desde
asignar nombres genéricos hasta nombres propios.
Interpretación: esta actividad caracteriza la mayoría de los juicios cotidianos
pues generalmente enmarcamos el suceso percibido y reconocido en marcos
ideológicos y emocionales, de tal manera que nuestros juicios añadirán
valoración u opiniones a los hechos percibidos y reconocidos.
Inferencia: aquí entran en juego no solo conocimientos previos, sino prejuicios,
expectativas, deseos, temores y valores; con la ayuda de la lógica extraemos
conclusiones a partir de los estados anteriores, e incluso manifestamos estas
conclusiones como si hubiera sido percepciones o reconocimientos.

Las personas construyen su visión del mundo con base en sus percepciones,
reconocimientos, interpretaciones e inferencias, y según el temperamento de
un individuo pueden predominar unas sobre otras. Incluso, la valoración de la
vida misma estriba en como interpretamos la realidad. Y, más aún, la
psicología ha demostrado que numerosos “problemas” que agotan la
existencia del hombre, y casi todas las crisis de ajuste son fruto más de la
interpretación de los hechos, que de los hechos mismos.

1.8 Los desacuerdos entre las personas


Las personas poseen distintas fuentes de información de tal manera que
llegan a conocimientos diferentes respecto a un sector de la realidad. Además,
las acciones humanas se presentan a valoración negativas o positivas, según
el agrado o repulsión, admiración o enfado, prejuicios favorables o
desfavorables que no susciten, lo cual se refleja en las palabras, adjetivos
calificativos o giros lingüísticos que empleamos para describirlas. Nuestro
lenguaje, al igual que los prejuicios nos hace ver y juzgar la realidad de
manera diferente.
Los desacuerdos debidos a la interpretación emocional -actitudes- son las más
frecuentes en las discusiones, pero no los únicos. Para discutir con lógica es
preciso determinar el tipo de desacuerdo. Veamos algunos en orden de
facilidad para resolverlos, pues si no se precisa el tipo de desacuerdo,
difícilmente se podrá solucionar los conflictos que engendran.

1. En cuanto a los hechos: cuando las personas difieren en sus


reconocimientos, datos, creencias, experiencias o conocimientos respecto
a si sucedió tal o cual cosa.
2. En las palabras: cuando le otorgan diferentes significados a las
expresiones empleadas en la discusión.
3. En las actitudes o sentimientos: según valoren positivamente o
negativamente los hechos, los aprueben o desaprueben.
4. En la importancia que le otorguen al problema, a la situación planteada, o a
las palabras empleadas: esto se deriva de los valores, experiencias o
intereses individuales
5. En los presupuestos fundamentales: cada interlocutor se fundamenta en
presupuestos que, en principio, no está dispuesto a modificarlos.

En la comunicación es mucho más sencillo lograr coincidir sobre


situaciones de hecho que precisar cuál de las apreciaciones subjetivas es
la correcta. Los desacuerdos en cuanto a hechos se resuelven comparando
las proposiciones con la realidad, pero los desacuerdos en actitudes,
presupuestos y valores son más difíciles de resolver por cuanto pertenecen
al ámbito personal, axiológico, formado en las experiencia y el aprendizaje
individual, que se pueden o no compartir con otras personas.
Si se quiere discutir con lógica y críticamente es preciso “neutralizar” el
lenguaje, eliminando la vaguedad y emotividad de las palabras que
oscurecen el contenido racional de la comunicación y que conducen
fácilmente a defender o aceptar datos o conclusiones sin evidencias
suficientes. Al menos se debe distinguir el contenido factico, objetivo del
contenido emotivo y subjetivo.