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TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E

HIPERACTIVIDAD Y TRASTORNOS DISOCIALES

Autor(es):

Cerna Malca, Carla Ximena A.

Espino Alva, Pedro Juan J.

Moreno Castañeda, María José

Reátegui Bocanegra Martin

Trujillo Álvarez, María Alejandra

Docente:

Moya Chávez, María Ysabel

Trujillo, Perú

2018
Índice

DEDICATORIA………………………………………………………………………… 3

AGRADECIMIENTOS………………………………………………………………… 4

INTRODUCCIÓN………………………………………..…………………………….. 5

CAPITULO 1: TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E


HIPERACTIVIDAD
Definición……………………………………………………………………..…. 7
Teorías Etiológicas………………………………………...…………………… 7
Teorías Epidemiológicas.……………………………………….……...……… 8
Criterios Diagnósticos…………………………………………………………. 9
Diagnóstico Diferencial…………………………………………………..…… 11
Tratamiento …………………………………………………………………. 13
Prevención ……………………………………………………………………. 14
Clasificación/Tipos……………………………………………………….…… 15

CAPITULO 2: TRASTORNOS DISOCIALES


Definición……………………………………………………………….……… 18
Teorías Etiológicas …………..…………………………….…..…….…………18
Epidemiologia …………………………………………………………………..19
Criterios Diagnósticos…………………………………………………………. 20
Clasificación …….…………………………………………………………….. 23
Tratamiento……………………………………………………………………. 28
Prevención ……………………………………………………………………. 29
3

Dedicatoria

El presente trabajo va dirigido a los estudiantes de psicología para que puedan tener una guía a

cerca de las bases patológicas, así también haciendo el uso de pruebas y técnicas como son los

modelos clínicos, e historia en los adolescentes y los adultos.


4

Agradecimiento

Se le agradece a la profesora que es nuestra guía de este curso haciendo hincapié en los aspectos

relevantes en la psicopatología, también se le agudice a nuestros padres, familiares y amigos que

nos apoyan económicamente y emocional mente para poder seguir estudiando la carrera de

psicología.
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Introducción

Instrucciones, sentarse quietos o esperar su turno. Pero en los niños con TDAH, las dificultades

son mayores y ocurren más a menudo. Los niños con TDAH tal vez tengan síntomas de una, dos

o tres de las siguientes categorías:

Falta de atención: los niños con falta de atención (se distraen con facilidad) tienen dificultad para

centrar su atención, concentrarse y mantenerse enfocados en una tarea. Tal vez no escuchen bien

las instrucciones, se pierdan detalles importantes y no terminen lo que comenzaron. Es posible

que sueñen despiertos o pierdan el tiempo. Quizás parezcan distraídos u olvidadizos y no

recuerden dónde dejaron sus cosas. Hiperactividad: los niños hiperactivos son inquietos,

movedizos y se aburren con facilidad. Tal vez tengan dificultad para sentarse quietos o

permanecer callados cuando es necesario. Es posible que hagan las cosas a las apuradas y

cometan errores por descuido. Quizás trepen, salten o jueguen violentamente cuando no deberían

hacerlo. Sin querer, es posible que actúen de formas que molesten a los demás. Tal vez tengan

reacciones emocionales que parezcan demasiado intensas para la situación. A veces, los padres y

maestros notan síntomas de TDAH cuando el niño es muy pequeño. Pero es normal que los niños

pequeños sean distraídos, inquietos, impacientes o impulsivos; estas características no siempre

indican que un niño tiene TDAH. La atención, la actividad y el autocontrol se desarrollan poco a

poco a medida que los niños crecen. Los niños aprenden estas habilidades con la ayuda de los

padres y los maestros. Pero algunos niños no mejoran mucho en los aspectos de prestar atención,

calmarse, escuchar o esperar. Cuando estas características continúan y comienzan a causar

problemas en la escuela, el hogar o con los amigos, es posible que se trate del TDAH.

En un primer caso con diagnóstico de Trastorno Disocial se plantea la seriedad del asunto que se

trata. A veces los profesionales de la salud no somos conscientes de las implicaciones de las
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diferentes patologías hasta que no tenemos una “muestra” de esa problemática clínica ante

nosotros. La sorpresa es una de las emociones primerizas que se puede experimentar frente a la

avalancha de datos que se puede recoger. Esto se da ante la gran agresividad que el sujeto

desplegaba frente a su familia. Las primeras conclusiones que se pueden sacar al respecto iban

encaminadas hacia una educación inadecuada dentro del ámbito familiar como posible origen del

trastorno. Investigando acerca del tema podemos comprender que la etiología de estos trastornos

es muy variable, curiosamente pocas teorías hablan de la educación como factor determinante en

casos de conducta antisocial. Eysenck, y otros autores como Gottfredson y Hirschi mencionan en

sus teorías la infancia como etapa clave de aprendizaje de conductas desadaptadas. Entonces

debemos tener en cuenta también a que la sociedad ha de encargarse de estos sujetos; cómo los

entiende y cómo los atiende. En relación con la primera de las cuestiones se puede decir que,

una vez que se conoce el caso en mayor profundidad se entiende que los clínicos necesitamos

poner nombre, y a poder ser apellidos, a cualquier manifestación anormal de la conducta; no

soportaríamos mantener en el anonimato un repertorio conductual anormal. Esto probablemente

sea debido a que la sociedad en la que nos movemos no soporta que califiquemos con adjetivos

poco técnicos esos repertorios conductuales. En definitiva, podemos interpretar que el sujeto de

un caso podría ser calificado de “mala persona” pero según la literatura de Criterios Diagnósticos

(DSM-IV Breviario) tenía un diagnóstico para él, con lo que había de descartar tal calificativo.
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CAPITULO I

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

1. Definición.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es el nombre que se le da a un

grupo de comportamientos que se manifiesta en niños y adultos. Los rasgos cardinales

son el déficit de atención y la hiperactividad. El diagnostico requiere la presencia de

ambos que deben manifestarse en más de una situación. Por ejemplo en clase, en casa,

consulta etc.

El trastorno de atención se pone de manifiesto por una interrupción prematura de

la ejecución de tareas y por dejar actividades sin terminar.

La hiperactividad implica una inquietud excesiva, es especial en situaciones que

requieren una relativa calma, Dependiendo de las circunstancias puede manifestarse

como saltar y correr sin rumbo fijo, como la imposibilidad de permanecer sentado.

2. Teorías etiológicas.

2.1. Biológicas:

En la etapa prenatal, según el DSM-5 y la fundación CADAH, el 70% de los

casos se explica por el factor herencia, es decir, está más predispuesto a presentar el

trastorno si familiares de primer grado, ya sean padre, madre o hermanos, tienen TDAH;

esto se debe a alteraciones en el gen transportador de noradrenalina (NET1) y en los

genes transportadores (DAT1, DAT5) y receptores (DRD4, DRD5) de la dopamina.

Sumado a esto influyen la desnutrición, hipoglucemia y consumo de fármacos, como

benzodiacepinas y anticonvulsivantes, por parte de la madre. Luego en la etapa perinatal


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otros factores son la hipoxia, que es la falta de oxígeno en ciertos órganos del cuerpo o en

general por un determinado periodo de tiempo, la prematuridad y el peso menor a un kilo

y medio al nacer. Si el niño, en la etapa posnatal, se encuentra desnutrido, le dan

epilepsias, se infecta encefalitis o sufre traumatismo en la zona prefrontal del córtex,

podría tener TDAH.

2.2.Psicológicas:

Si la madre padece de periodos de ansiedad y estrés de la madre en la etapa

prenatal, predispone al feto a tener el TDAH.

2.3.Sociales:

En la etapa prenatal el consumo de alcohol y drogas por parte de la madre y en la

etapa posnatal la inestabilidad familiar, el maltrato marital y/o infantil y la negligencia

por parte de ambos padres repercuten en la presentación del TDAH.

3. Epidemiología

La epidemiología se encarga de estudiar un trastorno, en este caso al Trastorno

por Déficit de Atención e Hiperactividad, en la población general. Se caracteriza por la

evaluación de 3 componentes interrelacionados:

1) La tasa de prevalencia del trastorno, lo cual se refiere a la

proporción de la población en riesgo a desarrollar dicho trastorno en un

determinado período de tiempo.

2) La distribución del trastorno, según las características del individuo

en relación al sexo, edad, factores del desarrollo, ambiente psicosocial y condición

sociodemográfica.
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3) La referencia de cómo un individuo ha desarrollado el trastorno, es

decir, los mecanismos que explican la aparición del trastorno y qué factores se

asocian con la variación en la prevalencia y distribución del TDAH.

Según el DSM-5, el trastorno prevalece en el 5% de niños y en el 2,5% de los

adultos. El TDAH se da más en hombres que en mujeres; debido a que por cada niña que

presente este trastorno, 2 niños lo presentarán. (APA, 2014).

En lo concerniente a los subtipos y el sexo, la presentación predominante con

hiperactividad/impulsividad es más frecuente en varones y la presentación predominante

con falta de atención es más frecuente en mujeres. (Barkley citado por Cardo y Servera-

Barceló, 2005, p.11)

4. Criterios Diagnósticos.

Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere

con el funcionamiento o el desarrollo, que se caracteriza por:

1. Inatención: 6 o más de los siguientes síntomas que se han mantenido por alrededor de

6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta

directamente las actividades sociales, académicas y laborarles:

a. Con frecuencia falla en prestar atención a detalles o por descuido se cometen errores en

las tareas escolares.

b. Con frecuencia tienen dificultades para mantener la atención en clase, conversaciones

o la lectura prolongada.

c. Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente.

d. Con frecuencia no sigue las instrucciones o no termina las tareas escolares o laborales.

e. Tiene dificultad para organizar tareas escolares y laborales con frecuencia


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f. Con frecuencia se muestra a disgusto o desinteresado y evitan realizar tareas que

requieren esfuerzo mental.

g. Con frecuencia pierde las cosas con las que se pueden realizar tareas escolares o

laborales.

h. Con frecuencia se distrae con facilidad ante estímulos externos.

I. Con frecuencia olvida las actividades cotidianas.

2. Hiperactividad e Impulsividad: 6 o más de los siguientes síntomas se han mantenido

durante, al menos, seis meses eh 7h grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y

que afecta directamente el correcto funcionamiento de las actividades sociales y

académicas.

a. Con frecuencia juguetea o golpea con las manos o pies o se retuerce en el asiento.

b. Con frecuencia se levanta en situaciones en las que se espera que esté sentado.

c. Con frecuencia corretea o trepa en situaciones en las que no resulta adecuado.

d. Con frecuencia es incapaz de jugar u ocuparse tranquilamente en actividades

recreativas.

e. Con frecuencia está ocupado actuando como si lo impulsara un motor.

f. Habla excesivamente.

g. Responde innecesariamente antes de que se haya terminado de plantear una pregunta.

h. Con frecuencia le es difícil esperar su turno.

I. Con frecuencia interrumpe a otros.

 Características Diagnósticas.

Este trastorno se caracteriza principalmente por ser un patrón persistente de

inatención e hiperactividad-impulsividad- La inatención se manifiesta conductualmente


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como desviaciones de tareas, falta de persistencia, dificultad para mantener la atención y

desorganización que no se deben a un desafío o falta de comprensión. La hiperactividad

se refiere a una actividad motora en exceso cuando no es apropiado, jugueteos, golpes o

locuacidad excesiva. En los adultos la hiperactividad se puede manifestar como una

inquietud extrema y un nivel de actividad que cansa a las otras personas. La impulsividad

se refiere a acciones apresuradas que se producen en el momento, sin reflexión alguna, y

que crean un gran riesgo que puede llegar a dañar al individuo. Esta impulsividad puede

reflejar un deseo de recompensas inmediatas o la incapacidad de retrasar la gratificación.

Los comportamientos impulsivos pueden manifestarse como una tendencia a inmiscuirse

socialmente y/o tomar decisiones importantes sin tener en cuenta las consecuencias a

largo plazo.

El Trastorno por déficit de atención e hiperactividad-impulsividad inicia en la

infancia. El requisito de que varios síntomas estén presentes antes de los 12 años de edad

transmite la importancia de una presentación clínica sustancial durante la infancia. Al

mismo tiempo, no se especifica una edad de inicio más temprana por las dificultades para

establecer retrospectivamente y con precisión el inicio durante la infancia.

Las manifestaciones del trastorno deben estar presente en más de un entorno.

5. Diagnóstico Diferencial.

 Trastorno Negativista Desafiante (TND)

Presentan cóleras frecuentes, pataletas, rechazan las órdenes de los adultos, se

niegan a cumplir las peticiones que se les hacen, molestan a la gente de su entorno, se

muestran muy susceptibles cuando se les molesta y le echan la culpa de sus errores a los

demás. Pueden ser rencorosos y vengativos.


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 Trastorno de Conducta Disocial (TC)

Suelen ser bastante protestones, con una conducta dura y hostil, amenazan e

intimidan a los demás. Se meten en peleas y pueden tener conductas crueles con los

demás o con animales. En la época adolescente pueden saltarse las clases, escaparse

de casa y dormir fuera de casa sin consentimiento.

 Trastorno Depresivo

Se caracteriza por un estado depresivo crónico, que se manifiesta la mayor

parte del día la mayoría de los días. En niños y adolescentes, pueden estar irritables

y presentar mínimo dos los siguientes síntomas: pérdida o aumento del apetito, falta

de energía, baja autoestima, dificultades para concentrarse, insomnio o hipersomnia.

Los síntomas de la depresión pueden fácilmente confundir al observador, puesto que

la agitación se puede confundir con hiperactividad y el retraso psicomotor con la falta

de atención.

 Trastorno de Ansiedad

Presenta inquietud o impaciencia, cansancio frecuente, problemas para

concentrarse irritabilidad, tensión muscular o alteraciones del sueño (dificultad para

conciliar el sueño, sensación de falta de descanso al despertar).

Los trastornos de ansiedad más frecuentes en personas con TDAH son: ansiedad por

separación, trastorno de angustia, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), ansiedad

generalizada.

 Trastorno del Aprendizaje

Interfiere significativamente en el rendimiento escolar o en las actividades de

la vida cotidiana que exigen habilidades para la lectura, escritura, cálculo matemático
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y desarrollo del lenguaje narrativo. Afecta también a la productividad y fluidez en el

desarrollo de tareas que requieran organización. Presentan un vocabulario muy

limitado, mala construcción de las frases y conjugan mal los tiempos verbales.

Los niños con TDAH que presentan mayor nivel de déficit de atención tienen

más problemas asociados a trastornos de aprendizaje, que los que son hiperactivos-

impulsivos.

 Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Presentan problemas de interacción social, problemas de comunicación y un

patrón repetitivo de conductas. Según un estudio, el 33% de los niños con TEA

presentan síntomas de TDAH de tipo inatento, el 26% de tipo combinado (déficit de

atención e hiperactividad/impulsividad), el otro 41% no presenta comorbilidad.

 Trastorno de Tics (Tourette)

Se caracteriza por movimientos o vocalizaciones involuntarias de forma rápida

y recurrente, no rítmica que comienza repentinamente y en apariencia carece de

finalidad. El estrés aumenta su frecuencia de reproducción y desaparecen durante el

sueño. Este trastorno crea un gran malestar y deterioro de las relaciones sociales.

6. Tratamiento.

 Entrenamiento en habilidades sociales

Los niños y adolescentes con TDAH presentan a menudo problemas de relación

con la familia, tienen dificultades en habilidades sociales y problemas de relación con los

iguales. El entrenamiento en habilidades sociales emplea técnicas de la TCC y se realiza

habitualmente en formato grupal.


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 Terapia cognitiva al niño

La terapia cognitiva tiene como objeto identificar y modificar las cogniciones

desadaptativas, poniendo de relieve el impacto sobre la conducta y las emociones para

sustituirlas por otras cogniciones más adecuadas. Estos objetivos se llevan a cabo

mediante diversos procedimientos, entre los que destacan el entrenamiento en técnicas de

autoinstrucciones, autocontrol y resolución de problemas.

 Entrenamiento para padres

Se trata de un programa de tratamiento conductual que tiene como objetivo dar

información sobre el trastorno, el entrenamiento a los padres en técnicas de modificación

de conducta para mejorar el manejo de sus hijos, incrementar la competencia de los

padres, mejorar la relación paterno-filial mediante una mejor comunicación y atención al

desarrollo del niño. Los programas son estructurados, se desarrollan en un número

específico de sesiones y se realizan habitualmente en grupo. Ejemplos de programas son:

Triple P (Sanders, 2004); The Incredible Years (Webster-Stratton, 2004); Barkley, 1997;

The Community Parent Education Program (Cunningham, 1998).

7. Prevención.

Dada la etiología fundamentalmente de base genética del TDAH, la prevención

primaria, es decir, las acciones encaminadas a que el trastorno no llegue a producirse, no

serían factibles.

Sí que podemos actuar sobre algunos factores biológicos no genéticos, como son

el consumo de tóxicos durante el embarazo (tabaco y alcohol), recomendando evitar estos

tóxicos durante la gestación.


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A otro nivel de prevención estaría la detección precoz de este trastorno, prestando

especial atención, sobre todo, a poblaciones de riesgo como son los niños con

antecedentes familiares de TDAH, prematuros, con bajo peso al nacimiento, ingesta de

tóxicos durante la gestación y con traumatismos craneoencefálicos graves (Spencer,

2007; Mick, 20023; Sonuga-Barke, 2005; Dopfner, 2004).

La detección precoz del trastorno nos ayudará a iniciar cuanto antes el tratamiento

adecuado, fundamental para prevenir los problemas asociados (mal rendimiento escolar,

dificultades en las relaciones sociales, trastornos de conducta). En este sentido, es

importante tener en cuenta que la mayoría de los niños con TDAH ya manifiestan en la

edad preescolar síntomas de hiperactividad e impulsividad, suelen ser más desobedientes,

tienen más accidentes, les cuesta prestar atención, etc. (DuPaul, 200; Sonuga-Barke,

2005; Connor, 2002; Quintero, 2006). Dado que estos síntomas son propios de la edad, el

diagnóstico de un posible TDAH en estos niños puede ser difícil y deberá basarse en la

intensidad y la persistencia de los síntomas, los problemas de conducta y la repercusión

sobre el entorno (familia, escuela, comunidad) (DuPaul, 200112; Sonuga-Barke, 2005;

Connor, 200).

Por lo tanto, el papel de los pediatras de atención primaria y de los profesionales

del ámbito educativo es muy importante en la identificación y derivación de estos niños.

8. Clasificación.

El TDHA se clasifica o divide en tres tipos, de acuerdo a las principales

características asociadas al desorden que se presentan en el individuo; son: Inatención

(A), Hiperactividad-Impulsividad (B) y el tipo combinado (A más B).


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Los síntomas que evidencian un TDAH pueden presentarse en su totalidad o en

parte.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación

Americana de Psiquiatría, DSM-IV-TR (2002), distingue tres subtipos:

1. Combinado: si al menos 6 de los síntomas de inatención y 6 de los síntomas de

hiperactividad- impulsividad están presentes por un mínimo de 6 meses.

2. Predominantemente Inatento: si al menos 6 síntomas de inatención, pero

menos de 6 en el de impulsividad- hiperactividad están presentes por un mínimo de 6

meses.

3. Predominantemente Hiperactivo/Impulsivo: Si al menos 6 síntomas de

hiperactividad-impulsividad están presentes, pero menos de 6 de inatención por un

mínimo de 6 meses.

A todas estas características hay que sumarles el alto grado de frustración que les

produce el no realizar las tareas con la misma rapidez y diligencia de sus compañeros, las

continuas quejas de sus profesores, el rechazo de sus compañeros, que en ocasiones les lleva a

reaccionar con rabietas o estallidos, mostrándose hacia los demás como una persona con poca

capacidad de autocontrol.

Todo ello tiene como consecuencia que les provoque una baja autoestima sobre si

mismo apareciendo entonces otros trastornos como la depresión y la ansiedad, trastorno de


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conducta, trastorno oposicionista desafiante, en definitiva, una detección no temprana les

puede conducir a cualquier tipo de conducta disfuncional.


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CAPITULO II

TRASTORNOS DISOCIALES

1. Definición.

Los trastornos disociales se caracterizan por una forma persistente y reiterada de

comportamiento disocial agresivo o retador. En sus grados más extremos puede llegar a

violaciones de las normas, mayores de las que serían aceptables para el carácter y la edad

del individuo afectado y las características de la sociedad en la que vive. Se trata por

tanto de desviaciones más graves que la simple maldad infantil o rebeldía adolescente.

Los actos antisociales o criminales no son, por si mismos, parte de un grupo de

compañeros no delincuentes y el comportamiento antisocial tener lugar fuera de este

contexto. Puede haber relaciones alterada con las víctimas o con algunos otros chicos si

el comportamiento disocial implica intimidación. De nuevo esto no invalida el

diagnostico, con tal que el chico tenga alguna pandilla a la cual es leal y con cuyos

miembros tiene una amistad duradera.

Las relaciones con figuras de autoridad tienen a ser malas, pero pueden existir

buenas relaciones con algunas personas concretas. Las alteraciones emocionales suelen

ser mínimas. El comportamiento disocial puede extenderse también al ambiente familiar,

pero si se limita al hogar, debe descartarse este diagnóstico.

2. Etiología.

Según DSM-IV-TR (2002), DMS V (2005) y De la Peña, F. & otros (2010).

 Biológicas:

El factor temperamental vinculado a la regulación de emociones es más frecuente

en niños y adolescentes. Otros factores son las alteraciones funcionales en el lóbulo


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frontal del cerebro, esto perjudica la eficacia de las funciones ejecutivas como la

planificación, toma de decisiones y adaptarse a su entorno, y en la amígdala, la cual, se

encarga del control de emociones y sentimientos.

 Psicológicas:

En la etapa prenatal influye que la madre tenga un trastorno del estado del ánimo

y que el padre o la madre tenga un trastorno antisocial de la personalidad, trastorno

disocial o trastorno por déficit de atención e hiperactividad. En la etapa posnatal los

factores son el aprendizaje vicario, es decir aprender del contexto las conductas

inadaptativas, la crianza estricta, incongruente o negligente y sufrir maltrato infantil.

 Sociales:

Predisponen al niño a tener el trastorno que en la etapa prenatal que el padre o la

madre consuman alcohol o drogas y que en la etapa posnatal viva en una zona marginal

y/o donde la mayoría de pobladores consuma de drogas, sufra privaciones económicas y

uno o ambos padres se encuentren desempleados.

3. Epidemioliga

Según el DMS-IV-TR (2002), en la población general la prevalencia es entre -1%

hasta 10% y, respecto al sexo, se presenta más en varones que en mujeres. El DMS-5

(2005), expresa que la tasa es entre el 1 al 11% en la población general con un promedio

estimado de 3,3% y por cada 4 varones que presentan el trastorno, 1 niña lo presentará en

las etapas anteriores a la adolescencia. Por otro lado, De la Peña F. & otros (2010), la tasa

en la población general es entre el 1,5% al 3,4% y que en los individuos menores de 18

años fluctúan entre el 6% y 16% en varones y el 2% al 9% en mujeres.


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4. Criterios Diagnósticos.

Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los

derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad,

manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los

últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses:

Criterios para el diagnóstico de F91.8 Trastorno disocial

Agresión a personas y animales

(1) a menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros

(2) a menudo inicia peleas físicas

(3) ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., bate,

ladrillo, botella rota, navaja, pistola)

(4) ha manifestado crueldad física con personas

(5) ha manifestado crueldad física con animales

(6) ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos,

extorsión, robo a mano armada)

(7) ha forzado a alguien a una actividad sexual Destrucción de la propiedad

(8) ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves

(9) ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar

incendios) Fraudulencia o robo

(10) ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona

(11) a menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto es,

«tima» a otros)

(12) ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en
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tiendas, pero sin allanamientos o destrozos; falsificaciones) Violaciones graves de

normas

(13) a menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas,

iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad

(14) se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa

de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo

período de tiempo)

(15) suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de

edad

El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social,

académica o laboral.

Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la

personalidad.

5. Características Diagnósticas.

La característica esencial del trastorno disocial es un patrón de comportamiento

persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los otros o importantes normas

sociales adecuadas a la edad del sujeto. El trastorno disocial puede diagnosticarse en individuos

mayores de 18 años, pero sólo si se cumplen los criterios de trastorno antisocial de la

personalidad. El patrón de comportamiento suele presentarse en distintos contextos como el

hogar, la escuela o la comunidad. Puesto que los sujetos con trastorno disocial tienden a

minimizar sus problemas comportamentales, el clínico con frecuencia debe fiarse de otros

informadores. Sin embargo, el conocimiento que el informador tiene de los problemas


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comportamentales del niño puede estar limitado por una supervisión inadecuada o porque el niño

no los haya revelado. Los niños o adolescentes con este trastorno suelen iniciar comportamientos

agresivos y reaccionar agresivamente ante otros. La violencia física puede adoptar la forma de

violación, asalto o, en raros casos, homicidio. La destrucción deliberada de la propiedad de otras

personas es un hecho característico de este trastorno y puede incluir el prender fuego

deliberadamente con la intención de provocar daños graves o destruir deliberadamente la

propiedad de otras personas de distintos modos (p. ej., romper vidrios de automóviles,

vandalismo en la escuela). Los fraudes o robos son frecuentes y pueden incluir el violentar el

piso, la casa, o el automóvil de otra persona; a menudo los sujetos mienten o rompen promesas

con el fin de obtener bienes o favores, o evitar deudas u obligaciones (p. ej., «timar» a otros); o

roban objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en tiendas,

falsificaciones). Característicamente, los sujetos que presentan este trastorno incurren también en

violaciones graves de las normas (p. ej., escolares, familiares). Los niños con este trastorno y

antes de los 13 años de edad, permanecen fuera de casa en horas nocturnas a pesar de las

prohibiciones de sus padres. Pueden existir fugas de casa durante la noche. Para que sea

considerado como síntoma de trastorno disocial la fuga debe haber ocurrido por lo menos dos

veces (o sólo una vez si el sujeto no regresó durante un período de tiempo prolongado). Los

episodios de fuga que ocurren como consecuencia directa de abuso físico o sexual no se califican

típicamente en este criterio. Los niños con este trastorno pueden hacer novillos en la escuela con

frecuencia, iniciándolos antes de los 13 años de edad. En sujetos mayores este comportamiento

se manifiesta con frecuencia con ausencias del trabajo sin razones que lo justifiquen.
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6. Clasificación.

Según la edad a la que aparece el primer síntoma, podemos encontrar 3 tipos de trastorno

disocial:

Infantil: al menos uno de los criterios aparece antes de los 10 años. Se asocia a

peor pronóstico. Suele perdurar en la vida adulta y asociarse con trastorno antisocial de la

personalidad. Se asocia a problemas temperamentales y vulnerabilidad genética.

Adolescente: inicio del primer síntoma posterior a los 10 años. Suele tener menor

deterioro y gravedad. Se asocia a mayores niveles de rebeldía y rechazo de normas

sociales, en relación con el aprendizaje social en el grupo de iguales.

No especificado: se utiliza para definir casos en los que es difícil establecer la

edad de aparición del primer síntoma.

Según el CIE-10:

1. F91.0 Trastorno disocial limitado al contexto familiar.

Incluye trastornos disociales en los que el comportamiento disocial, antisocial o

agresivo (que va más allá de manifestaciones oposicionistas, desafiantes o subversivas)

está completamente, o casi completamente, restringido al hogar o a las relaciones con

miembros de la familia nuclear o allegados. El trastorno requiere que se satisfaga el

conjunto de pautas de F91, de tal manera que incluso relaciones entre los progenitores y

el hijo gravemente alteradas no son en sí mismas suficientes para el diagnóstico. Las

manifestaciones más frecuentes son robos en el hogar referidos con frecuencia

específicamente al dinero o a pertenencias de una o dos personas concretas, lo cual puede


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acompañarse de un comportamiento destructivo deliberado, de nuevo con preferencia

referido a miembros concretos de la familia, tal como romper juguetes u objetos de

adorno, ropas, hacer rayados en muebles o destrucción de pertenencias apreciadas. El

diagnóstico puede basarse también en la presencia de actos de violencia contra miembros

de la familia. Puede presentarse también la provocación de incendios deliberados del

hogar.

2. F91.1 Trastorno disocial en niños no socializados

Caracterizado por la combinación de un comportamiento disocial persistente o

agresivo (que satisfacen el conjunto de pautas de F91, y que no son simplemente

manifestaciones oposicionistas, desafiantes o subversivas) con una significativa y

profunda dificultad para las relaciones personales con otros chicos.

Pautas para el diagnóstico: Falta de integración efectiva entre los compañeros que

tiene prioridad diagnóstica sobre las otras diferenciaciones. Los problemas de las

relaciones con los compañeros se manifiestan principalmente por un aislamiento o un

rechazo, por la impopularidad entre otros chicos y por una falta de amigos íntimos o de

relaciones afectivas recíprocas y duraderas con los compañeros de la misma edad. Las

relaciones con adultos tienden a estar marcadas por la discordia, la hostilidad y el

resentimiento, pero pueden existir buenas relaciones con algunos adultos (aunque falta

por lo general una confianza íntima), lo cual no descarta el diagnóstico. Con frecuencia,

pero no siempre, se presentan alteraciones emocionales sobreañadidas, las que, si son de

un grado suficiente para satisfacer las pautas del trastorno mixto, se codificarán de

acuerdo con F92.-.


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Si se presenta un comportamiento delictivo, lo típico, pero no indispensable, es

que sea en solitario. Las formas características de comportamiento son: intimidaciones,

peleas excesivas, y (en chicos mayores) extorsiones o atracos violentos y niveles

excesivos de desobediencia, agresividad, falta de cooperación y resistencia a la autoridad,

rabietas graves y accesos incontrolados de cólera, destrucción de propiedades ajenas,

incendios y crueldad con otros niños y animales. No obstante, algunos chicos aislados se

ven envueltos en delitos en grupo, de tal modo que la naturaleza del delito es menos

importante para hacer el diagnóstico que la cualidad de las relaciones personales.

El trastorno es por lo general persistente en distintas situaciones, pero puede ser

más manifiesto en el colegio o en la escuela. La especificidad de una situación concreta

distinta del hogar es compatible con el diagnóstico.

3. F91.2 Trastorno disocial en niños socializados

Incluye formas de comportamiento disocial y agresivo (que satisfacen el conjunto

de las pautas de F91 y que no son simplemente manifestaciones oposicionistas,

desafiantes o subversivas). Se presenta en individuos por lo general bien integrados en

grupos de compañeros.

Pautas para el diagnóstico: El rasgo diferencial clave es la existencia de amistades

adecuadas y duraderas con compañeros de aproximadamente la misma edad. Con

frecuencia, pero no siempre, el grupo de compañeros lo constituyen otros jóvenes

implicados en actividades delictivas o disociales (en tal caso, el comportamiento

inaceptable del chico puede estar aprobado por los compañeros y regulado por normas de
26

la subcultura a la que pertenece). No obstante, éste no es un requisito necesario para el

diagnóstico y el chico puede formar parte de un grupo de compañeros no delincuentes y

el comportamiento antisocial tener lugar fuera de este contexto. Puede haber relaciones

alteradas con las víctimas o con algunos otros chicos si el comportamiento disocial

implica intimidación. De nuevo, esto no invalida el diagnóstico, con tal que el chico tenga

alguna pandilla e la cual es leal y con cuyos miembros le une una amistad duradera.

Las relaciones con figuras de autoridad adultas tienden a ser malas, pero pueden

existir buenas relaciones con algunas personas concretas. Las alteraciones emocionales

suelen ser mínimas. El comportamiento disocial puede extenderse también al ambiente

familiar, pero si se limita al hogar, debe descartarse este diagnóstico. Con frecuencia el

trastorno es más evidente fuera del contexto familiar y el hecho que tenga una relación

específica con el colegio u otros ambientes fuera del seno familiar, es compatible con el

diagnóstico.

4. F91.3 Trastorno disocial desafiante y oposicionista

Trastorno disocial es característico de niños con edades por debajo de los 9 ó 10

años. Viene definido por la presencia de un comportamiento marcadamente desafiante,

desobedientes y provocador y la ausencia de otros actos disociales o agresivos más graves

que violen la ley y los derechos de los demás. El trastorno requiere que se satisfagan las

pautas generales de F91. Un comportamiento malicioso o travieso grave no es en sí

mismo suficiente para el diagnóstico. Muchos autores consideran que las formas de

comportamiento de tipo oposicionista desafiante representan una forma menos grave de

trastorno disocial, más bien que un tipo cualitativamente distinto. No hay datos
27

experimentales sobre si la diferencia es cuantitativa o cualitativa. Sin embargo, los

hallazgos actuales sugieren que si se tratara de un trastorno distinto, lo sería principal o

únicamente en los niños más pequeños. Se debe utilizar esta categoría con cautela, sobre

todo con los niños de mayor edad. Los trastornos disociales clínicamente significativos en

los niños mayores suelen acompañarse de un comportamiento disocial o agresivo que van

más allá del desafío, la desobediencia o la subversión, aunque con frecuencia suele

precederse de un trastorno disocial oposicionista en edades más tempranas. Esta categoría

se incluye para hacerse eco de la práctica diagnóstica habitual y facilitar la clasificación

de los trastornos que aparecen en los niños pequeños.

Pautas para el diagnóstico: El rasgo esencial de este trastorno es una forma de

comportamiento persistentemente negativista, hostil, desafiante, provocadora y

subversiva, que está claramente fuera de los límites normales del comportamiento de los

niños de la misma edad y contexto sociocultural y que no incluye las violaciones más

importantes de los derechos ajenos que se reflejan en el comportamiento agresivo y

disocial especificado para las categorías de trastornos disociales F91.0 a F91.2. Los niños

con este trastorno tienden frecuentemente a oponerse activamente a las peticiones o reglas

de los adultos y a molestar deliberadamente a otras personas. Suelen tender a sentirse

enojados, resentidos y fácilmente irritados por aquellas personas que les culpan por sus

propios errores o dificultades. Generalmente tienen una baja tolerancia a la frustración y

pierden el control fácilmente. Lo más característico es que sus desafíos sean en forma de

provocaciones que dan lugar a enfrentamientos. Por lo general se comportan con niveles

excesivos de grosería, falta de colaboración resistencia a la autoridad.


28

Este tipo de comportamiento suele ser más evidente en el contacto con los adultos

o compañeros que el niño conoce bien y los síntomas del trastorno pueden no ponerse de

manifiesto durante una entrevista clínica.

La diferencia clave con otros tipos de trastornos disociales es la ausencia de

violación de las leyes o de los derechos fundamentales de los demás, tales como el robo,

la crueldad, la intimidación, el ataque o la destrucción. La presencia definitiva de

cualquiera de estas formas de comportamiento excluye el diagnóstico. Sin embargo, el

comportamiento disocial oposicionista-desafiante, tal como se ha perfilado en el anterior

párrafo, se encuentra con frecuencia en otros trastornos disociales.

5. F91.8 Otros trastornos disociales

6. F91.9 Trastorno disocial sin especificación

7. Tratamiento:

El trastorno disocial es un problema cuyo tratamiento aún no está totalmente bien

establecido. Es frecuente que se empleen diversos programas, que incluyen servicios en contacto

con el menor, tanto al niño como a los padres y que se requiere de la colaboración profesional de

diferentes disciplinas con un enfoque ecléctico.

A nivel psicológico se suele recomendar un programa en el que se incluya entrenamiento

de la comunicación y en habilidades sociales, así también como resolución de problemas.

También son de utilidad el reforzamiento de conductas prosociales, contratos conductuales,

modelado y expresión emocional. Generalmente se emplean programas de tipo cognitivo-


29

conductual, procurando enseñar maneras positivas de relacionarse y generar conductas

alternativas a las propias del trastorno.

El entrenamiento para padres y la psicoeducación también son elementos a tener muy en

cuenta y que pueden contribuir a tranquilizar y enseñar pautas de actuación y de aprendizaje para

con el niño.

En casos muy extremos y especialmente en aquellos sujetos cuyas alteraciones

conductuales se deban a la experimentación de malestar emocional, además de un tratamiento

dedicado a modificar los elementos que generan malestar o la percepción de éstos puede

recomendarse la utilización de algunos fármacos como los ISRS.

8. Prevención.

 Mediante disciplina flexible, pero no laxa. Estableciendo normas que no sean rígidas,

pero animando a su cumplimiento.

 Facilitando que los niños se hagan responsables de sus actos, haciéndoles ver que sus

conductas tienen consecuencias que tienen que asumir.

 Fomentar la autonomía y la autoestima de los niños.

 Trasmisión de valores positivos, basados en el respeto, la compresión y el amor.

 Ser afectuosos con los niños, física y psicológicamente, de esta forma crearán vínculos de

apego sanos.

 Fomentar la empatía y la inteligencia emocional. Ayudarle a identificar las emociones

propias y las de los demás, y enseñarle a manejarlas.


30

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