Вы находитесь на странице: 1из 34

La ruta Porcina: Crónica de un viaje en bus

de Bogotá a Buenos Aires


Por David González M.
El agente Caicedo, policía de la frontera de La Quiaca, tiró al piso los repentino tono paternal hacía parte de su ya practicado acto de

zapatos de un pequeño Boliviano. Esperaba que algo saliera de ellos. inquisidor.

Tal vez coca, pero nada paso.

Yo esperaba mi turno; exhausto y con ganas de acostarme en una buena

-¨Vos lo que queres es quedarte a trabajar¨- dijo fastidiado. Sus cama. Traía más de cuatro mil kilómetros recorridos desde mi salida de

palabras eran fuertes y claras, a pesar del tapabocas que le cubría el Bogotá: En bus, lancha, tren y a pie; había sido un viaje largo que

rostro. -¨ ¿Ha tenido algún síntoma de gripa?¨- Continuó sin esperar todavía estaba lejos de llegar a su final. La sombra de la gripa porcina

respuesta. -¨Catarro, dolor de cabeza, fiebre...¨- preguntó mientras su me había acompañado en cada paso, en cada bocanada de aire, en cada

metro noventa y ochenta kilos de carne humana, vestidos con el terminal de bus. Era un ruidoso monstruo que hasta ahora no había

uniforme manchado y gris de la gendarmería Argentina, acechaban al atacado. Al contrario, su compañía había sido imprescindible. Las

indio. partes del viaje donde no se había hecho oír habían sido las más

-¨No señor.¨- Gimió el tipo, a la vez que sacaba sus pertenencias y las desoladoras.

ponía sobre la mesa de la estación.

El agente desordenó la ropa de un manotazo. No encontraba nada raro. El agente Caicedo estornudó. Su tapabocas se infló con las miles de

-¨ ¿A qué vas a Buenos Aires, la pandemia esta durísima allá.?¨- El diminutas partículas que salieron de su boca. El boliviano lo miro

asustado. De nuevo me sentí tranquilo, como en casa.


KM 0 Aeropuerto El dorado. Colombia.

porcina, un virus que nadie sabe muy bien de donde llego. Los primeros
El punto de ignición es el caótico aeropuerto El dorado en Bogotá, un
muertos cayeron en México y allí fue bautizada. Se creía que venía de
aeropuerto siempre en obra negra. La idea es atravesar Sudamérica y
los cerdos. La OMS le cambio el nombre porque afectó la industria
conocer Buenos aires; tan simple como eso. Me he fijado algunas metas
porcicola (un plato de lechona podía ser un potencial agente del virus) a
de montaña obligatorias: Salinas, Machupichu, Uyuni y la Avenida
nueva gripe por A (H1N1), que es tan contagiosa como la gripe normal.
corrientes. Eso me obliga a seguir una ruta lógica, atravesando Ecuador,
Y aunque la mayoría de quienes contraen el virus sufren la forma más
Perú, Bolivia y Argentina. Los demás países del continente quedan
leve y se recuperan, los cuadros más graves resultan en una muerte
excluidos por cuestiones de logística. Inicio con una pequeña trampa.
rápida. El virus se propagó como fuego en basurero por Sudamérica y a
Conseguí un pasaje de avión barato hasta Popayán, lo que me ahorra
los pocos meses todos los países tenían sus propios y orgullosos
catorce horas de viaje y el perpetuo trancón de salida de Bogotá.
infectados. Es difícil entender el miedo que genera la enfermedad; al fin

y al cabo en nuestras tierras muere mucho más gente por hambre, pero
El aeropuerto tiene look a película de ciencia ficción. La mitad de los
ante tanto caos parece lógico dirigir todos los esfuerzos y miradas a
pasajeros, los tripulantes, la policía aeroportuaria, los maleteros y hasta
combatir ese pequeño y terrible enemigo en común: el virus A de
un pequeño perro Shin Zu, jalado por una señora de edad, visten
Hemaglutimina y Neuramidasa de la cepa 1 o ¨porcina¨.
tapabocas blancos; algunos hasta guantes de neopreno. Es la gripa
Ipiales, Kilómetro 587, Colombia.
David Leonardo Gonzalez Hoy,
02:36
pequeños y hermosos gatos blancos. Ellos eran progresistas, con leyes
Lo primero, como preámbulo, es hablar de la fábula de “Mouseland”
nuevas. Las entradas de las ratoneras ahora debían ser cuadradas. La
de Tommy Douglas, abuelo para mi sorpresa del actor Kieffer
situación empeoró, ahora podían meter las dos patas felinas al tiempo.
Sutherland. Tommy fue un político canadiense y para ese país la
Así que a los cuatro años, votaron por un gato negro, después otra vez
persona más importante de su historia. Él repetía cada vez que podía La
por uno blanco, después otra vez negro, después blanco, hasta por uno
fábula de Mouseland, el país de los ratones, un país como el nuestro,
blanco con pepas negras. Hasta que un día apareció un pequeño y
habitado por ratones que trabajaban, comían y morían; así como
valiente ratón. Él dijo: !Hey, que tal si votamos ahora por ratones en
nosotros. Cada cuatro años eran las elecciones en Mouseland y los
lugar de gatos! Fue encarcelado y acusado de comunista. La fábula
ratones eran llevados en buses a las urnas; como en nuestros países. Y
viene a cuento porque en Colombia manda un gato negro hace más de
cada cuatro años los ratones elegían a sus líderes que resultaban ser:
siete años, pero así no es en el resto del continente. Ratones, algunos
Gatos negros. Feroces felinos que decretaban leyes buenas, leyes
gordos y brutos, otros preparados y ambiciosos, han empezado a
buenas para los gatos, pero no para los ratones. Una ley decía que las
mandar desde Yucatan a la Patagonia. La tendencia crece como la
entradas de las ratoneras debían ser circulares, para que las patas de los
epidemia de porcina alrededor de la cordillera de los Andes.
gatos entraran cómodamente. Así pasaron los años, hasta que la

situación de los ratones era bien compleja. Formaron un parlamento y


Muy bien... Popayán es una pequeña y bella ciudad blanca. Un lugar
decidieron cambiar su situación. Fueron a las urnas y votaron por
donde treinta minutos bastan para recorrerla por completo. Desayuno
en el terminal y compro mi pasaje de bus directo a Ipiales. Mi mamá a siempre lo contrario de lo que todo el mundo le dice. Fue juez de un

última hora ha decidido acompañarme hasta Quito. -¨Siempre he pueblo en Boyacá por más de veinticinco años y todavía tiene la

querido conocer Ecuador¨- Repite. Lo mismo ha dicho de Sídney, costumbre de separar a la gente entre buenos y malos. Cuando habla, no

Paris, Leticia y no sé cuantas para y tiene un increíble superávit de

ciudades más. No hay forma de sueños que parece haberme heredado en

negarse, no a ella. Un no equivale los genes.

a miles de sís. Y si hubiera logrado -¨El bus ya va a salir¨- Dice.

convencerla de lo contrario,

hubiera encontrado cualquier otro El viaje lo hacemos en silencio. El bus

lugar para escaparse sola. Esa es serpentea con dificultad la cordillera

su motivación, huir de la casa por Occidental de los Andes. Es un día

temporadas, huir del smog de soleado. El chofer parece un papá en

Bogotá, de su alcoba. Estoy entre miniatura, con un bigote insípido y una

la espada y la pared. Era una expedición tipo Amudsen al polo sur, corbata que le llega a las rodillas. Eso sí, maneja como un salvaje.

ahora deslegitimada por la compañía de mi madre. Pero por otro lado, Frena con la caja y nos tortura con una saga de películas grotescas de

estaba más tranquilo teniéndola como compañera de viaje. Ella es una Rob Sneider. Se su nombre porque lo odio.

mujer impulsiva, independiente, con la extraña capacidad de hacer


Llegamos a Ipiales hacia las diez de la noche. La ciudad no es bonita, figura religiosa en un producto: Imágenes de todos los santos, de todas

las calles están agrietadas y hay basura en los andenes. El clima es frío las vírgenes, rosarios y hasta diablos con tridentes. Yo la afano. Quiero

y hay locales comerciales en cada calle. Conseguimos un hotel decente salir de Colombia tan pronto como sea posible.

en el centro de la ciudad. El diario local habla de una banda de

contrabandistas ecuatorianos y de dos muertos por porcina en un

colegio público de Pasto. Quito. Kilometro quinientos cuarenta y siete.

El viaje a Quito es largo e incomodo. Nos hemos dejado presionar por

Al otro día vamos a las Lajas. No soy religioso y mi mamá nunca lo ha un grupo de niños que nos atacó como un enjambre de avispas en el

sido. Detesta los curas, con sus perversiones y su ego desbordado. De terminal de Tulcán, un pueblo fronterizo, donde su mayor atracción es

todas formas, el lugar es espectacular. La iglesia cuelga del borde de su cementerio que no tuve tiempo de visitar. Nos arrastraron junto con

una montaña, desafiando las leyes de gravedad. Un puente colonial se ellos hacia un viejo bus destartalado. No sé cómo en esos pocos

extiende sobre un abismo, convirtiéndose en un hermoso camino segundos, mi mamá logró comprar dos botellas de agua y unas

empedrado. Fieles y más fieles bajan el cerro, repletos de peticiones y empanadas, ya con el sabor de Ecuador.

ruegos, que algunos agradecen con placas de bronce y metal que


El recorrido es largo y la mayoría de los pasajeros son colombianos que
adornan el sendero de las Lajas. Hay de todo: Enfermos terminales,
no tienen ninguna intención de regresar. Una familia de negros caleños
niñas con vestidos blancos de primera comunión, monjas y ladrones.
va hasta Chile en un viaje de no retorno. Nos cuentan que huyen de la
Mi mamá se entretiene con las tiendas de artesanos, que vuelven toda
violencia de su barrio. Hay varios retenes de la policía ecuatoriana. En contradictorio, bullosos y tímidos a la vez. Podrían pasar por niños

todos ocurre la misma escena, se suben al bus, miran de reojo, bajan la inocentes en cualquier lugar del mundo.

familia de caleños, les sacan el equipaje, los requisan y luego los dejan

volver a sus sillas. Ellos lo toman con humor y padres e hijos sonríen La llegada a Quito es de noche. No hay mucho para ver y no tenemos ni

siempre con sus blanquísimos dientes. Los policías tienen la certeza de idea de donde bajarnos. Mi mamá se ha hecho amiga de medio bus.

que ellos son colombianos de no retorno, pero no les importa. También Nos quedamos en una gran avenida. Un taxi nos lleva a un hotel que

están seguros que no van a quedarse en atiende un quiteño viejo vestido con la

Ecuador. moda de la Bogotá de los cincuenta:

Sombrero, tirantes y camisa a rayas.

Siempre peleo por la ventanilla del bus Nos recomienda comer en la Plaza

porque es como ver cine. En esta Mariscal Foch. Ahí tengo mi primer

ocasión, se asoman imponentes encuentro real con Quito. Una ciudad

volcanes, prados verdes, pueblos a populosa, ordenada en promedio y

medio hacer y un limpio cielo azul. La repleta de extranjeros. No estoy

mayoría de la gente del Ecuador, por acostumbrado a ver tanto gringo

lo menos del norte, es idéntica a la del concentrado en un lugar del tercer

suroccidente colombiano: bajitos, aindiados, y aunque suene mundo; Bogotá no es precisamente una ciudad turística. Se paga en
dólares, hay restaurantes de todo tipo y un café internet estilo loft. Mi admiración por el presidente Correa. Le gustan sus ojos claros y su piel

mamá está sorprendida con todo lo que ve. morena. De alguna forma lo encuentra, para mi desgracia, parecido a

mí. Se burla. Le cuenta al taxista mientras nos lleva al terminal de

Entró a un café. Ella se va a dar una vuelta y cuando regresa, al cabo buses. El taxista también se burla y me dice “pobre usted, parecido a

de casi una hora, llega con ideas nuevas. Ahora quiere ir hasta ese chiflado”. Un chiflado que surgió como resultado de un largo

Guayaquil y las playas de Salinas, una señora de una tienda se lo proceso de robo, saqueo y corrupción; que había hundido al Ecuador en

recomendó. A regañadientes acepto desviar mi ruta. Al salir hay una el fondo del piso Sudamericano. Los partidos tradicionales tuvieron su

pareja de ecuatorianos besándose en una banca. Se ven raros. Son oportunidad durante años, años cuidando sus intereses. Hasta que un

extraños en medio de la avalancha de gringos que entran y salen por día, surgió casi de manera instantánea, como una burbuja que explota

todo lado. Un guardia se acerca y les dice algo. La pareja se levanta y en medio de la lava, un ratón chiflado y pendenciero. Correa es un

aburrida se va de la plaza. Nosotros nos vamos a dormir. raton estudioso de clase media baja. Vivió un año de misión en una de

las zonas más pobres de Ecuador, lo que ajustó su visor. Se educó como

Al día siguiente, vamos al centro colonial de Quito. Descubro una economista en importantes universidades de Estados Unidos y Ecuador.

ciudad distinta a la de la noche anterior, una ciudad con ecuatorianos Se lanzó a la presidencia en contra de los partidos de los gatos: “Dále

sonrientes y pequeños centros comerciales. En el centro no hay más que Correa a la partidocracia" fue su slogan. Y triunfó. Le dio auge a

iglesias. Aburrido, aburrido. Tomo un par de fotos. Mi mamá ha políticas verdes, aumentó el aparato estatal, la inversión social. No es

encontrado algo en común de que hablar con los vecinos del sur: Su anticapitalista, pero acabó los acuerdos militaristas con Estados
Unidos. Eso sí, su gobierno no ha estado exento de escandalos de Salinas, playas olvidadas

corrupción. Como todo ratón que llega a la presidencia le tocó


El viaje a Guayaquil ha estado provisto de cierto peligro. Una vez más,
quebrantar el orden constitucional y democrático que mantenía las
el chofer resultó un salvaje. Pero esta vez nos torturó con películas de
elites. Pero como todo ratón que se vuelve Super ratón vale la pregunta:
terror tipo George Romero, dobladas al español ecuatoriano ¿Quién
¿Permitirá que su nuevo orden siga sin él o se convertirá en uno de
podría asustarse con ese acento?
esos ratones disfrazados de gatos dictatoriales? Sólo el tiempo lo dirá.

Por ahora goza de una importante popularidad y mucha gente espera


Mi mamá me ganó la ventana. He tenido que ver el viaje a través de la
que no siga los pasos de ese otro melomano de la boina.
cortinilla. La salida de la ciudad fue una montaña rusa. El bus se

doblaba en cada curva como si se fuera a hacer pedazos. Por momentos,


Llegamos al nuevo terminal de buses de Quito, tan nuevo que los
algunos gritaban asustados cuando veían con horror los abismos que
conductores acostumbrados al caos protestan. En una de las pancartas
acompañaban nuestro viaje. Después de horas de gastritis, entendí que
está la cara inmensa de Correa, alguien le ha dibujado unos bigotes; tal
lo mejor era dormir. Una sabía decisión, no había mucho por ver más
vez bigotes de ratón. Salimos rumbo a Guayaquil a las once de la
que pobreza y penosas casas famélicas. Desperté en la entrada de
mañana.
Guayaquil.
Guayaquil es una ciudad moderna, con edificios de oficinas, grandes abandonadas. En el hotel, la recepcionista nos dice que no es temporada

centros comerciales y un cierto look “miamiyesco”; tal vez por el de turistas. Descansamos en la playa. Mi mamá no tarda en meterse al

Malecón. Mi mamá opinaba igual. Encontró una calle muy parecida a mar. Se queda un par de horas chapoteando, mojando su pelo,

la de un lugar llamado Coconito en Miami, donde alguna vez bebió sonriendo, saludando desde lejos y gritando para que me meta a nadar.

cocteles con mi papá. En el centro, el hotel era un edificio alto y lleno Damos una vuelta en lancha y comemos langosta en la plaza de

de pequeñas habitaciones, casi celdas. Antes de conocer la ciudad, nos mercado.

ponemos de acuerdo para ir primero a Salinas a dos horas de allí. En

mi opinión, Quito es más mi estilo. Ese look “Miamiyesco” siempre me Al día siguiente, de regreso a Guayaquil descubro que era lo que no me

ha parecido algo mafioson. Pero mi mamá ama desde ya Guayaquil, gustaba. Era una cuestión de costumbre. Las playas de Colombia son

ella es una mujer de tierra caliente que ha estado condenada a vivir en doradas y sucias, las de Ecuador son limpias y oscuras; el Pacífico es

ciudades frías. frío y fangoso, el Caribe es claro y tibio. La gente que vive en las

playas de Colombia es gente parrandera. En Ecuador son silenciosos.

Salinas es triste. Es un viaje corto, pero la ciudad tiene algo feo, difícil Para finalizar, las mujeres de la costa Atlántica tienen que vestir poca

de identificar. A mi llegada, encontramos muy poca gente en la calle. ropa por el calor, lo que las obliga a tener hermosos cuerpos. Acá el

Lo que es extraño para una ciudad que es el sitio de descanso de los clima es templadito y, más bien, con muy pocas mujeres para ver. En

ricos de Ecuador. Los hoteles recién construidos tienen ya algo de resumen, lo que no me gustó es que no era una playa del Caribe. Sin

viejo, a pesar de su fastuosidad. Y las calles, aunque limpias, lucen


embargo, mi mamá se supo dar la gran vida. Por primera vez duerme En la tarde caminamos por el Malecón hasta llegar a un barrio llamado

durante el viaje. Las Peñas. Es un barrio colorido, de fachadas coloniales y balcones en

el segundo piso; con locales comerciales y bares incrustados por un

Guayaquil, Las peñas camino de casas que asciende hasta estrellarse contra un faro de piedra,

desde donde se ve toda la ciudad. Oscurece y el barrio se ilumina, es

En Guayaquil mi mamá ya se ve cansada. Ha sido un viaje de casi una hermoso. De nuevo hay gringos por doquier y empiezan a asomar

semana que la mayoría del tiempo hemos pasado sentados en un bus. camisetas del che, manillas tejidas y mochilas. Me doy cuenta que los

Le digo que es mejor que regrese a Bogotá en avión. Ella insiste lugares donde se encuentran todas esas artesanías son sinónimo de

primero en acompañarme hasta Lima, después de convencerla de que gringos. Da la misma si las hacen en Boyacá o si las hacen en el Cuzco.

no, dice que va a regresarse en bus todo el camino recorrido. Es una Los gringos van tras esos tesoritos como si fueran cabezas de animales

idea típica de ella, valiente y testaruda. Una idea a la que si me opongo que han casado en peligrosos safaris de un Serengueti sudamericano.

radicalmente muy seguro llevara a cabo. Uso psicología inversa. Logro

convencerla de comprar el pasaje de vuelta a Colombia en avión. Se En la mañana, vamos a un centro comercial. Mi mamá tiene la buena

regresa al día siguiente, en el vuelo de Avianca de la tarde. Es hora de costumbre de llevar regalos de sus viajes a todo el mundo: hermanas,

continuar sólo. esposo, primas, sobrinas y amigas. Para mí, es la peor maldición. Ella

puede pasar horas frente a las vitrinas de un local y no comprar nada.

Mi mayor temor, cuando decidió acompañarme inicialmente, se hace


realidad el último día. El temor de perderla entre los almacenes de un empleado del aeropuerto lleva de la mano a una señora que tose. Él

lugar desconocido. Por un segundo la deje de ver. Luego de casi dos tiene un tapabocas. Por un instante me siento tranquilo.

horas de espera, sentado en el mismo lugar donde la había perdido,

misteriosamente reaparece con la cara escondida entre bolsas El bus a Perú

multicolores de todo tipo. No dice nada. Yo trato de armar pataleta, No supe cuando ni como pase la frontera entre Perú y Ecuador. El bus

pero ella me ignora. Me dice que la acompañe al aeropuerto. Su vuelo era cómodo, de dos pisos y sin películas malas. Dormí toda la noche y

es en una hora. supongo que sonámbulo presente mi pasaporte al oficial peruano. El

hecho es que ahora estaba en un terminal pequeño, esperando el bus de

Llegamos con el tiempo justo. Me abraza, me da unos dólares que le las siete de la mañana que me llevara a Trujillo. Los moscos

sobraron. Insiste que hubiera preferido regresarse en bus. Llaman su zigzagueaban entre las sillas y en la portada de un periódico local

vuelo por los parlantes. Dice que me cuide y que no me vaya a hablaban de un niño muerto por la gripe porcina en Chiclayo. La gente

emborrachar en Lima cuando me encuentre con mi nuevo compañero de ésta parte del Perú no es muy distinta físicamente de los

de viaje. Me da la espalda y se pierde por el pasillo de inmigración. Ahí ecuatorianos. El lugar estaba a medio llenar, con campesinos que

quedo yo. En medio de gente desconocida, en un lugar distante y llevaban todo tipo de frutas y animales. Aprendí la primera lección del

extraño. Con una mochila que me cruza de un hombro al otro y un Perú: Es un país sin grandes terminales de buses. Cada empresa tiene su

pesado backpack en la espalda. Estoy solo y lejos de casa. Y por propio terminal satélite y para viajar cómodo hay que contar con suerte.

primera vez desde que inicié el viaje me doy cuenta de eso. Un Con la suerte de caer en manos de una empresa seria. Yo no tuve suerte.
El primer viaje, de nuevo presionado por un tipo que vive de meter que amenaza con caerle en la cabeza al chofer y matarnos a todos. El

viajeros incautos en buses de la muerte, fue terriblemente largo. paisaje es hermoso. Los pueblos aparecen cada veintena de kilómetros,

Atravesé el desértico y maravilloso norte peruano en un bus azul con sus casas miserables y sus invitaciones a polladas. El polvo

destartalado, lento y ruidoso. En cada pueblo se subía y se bajaban alimenta los carros que atraviesa el desierto peruano. Me preguntó si

personas de todo tipo. Se bajaba un cantante, se subía un pastor estamos cerca del mar. Entramos a Trujillo al mediodía.

cristiano, se bajaba un cuentachistes, se subía un comerciante de baba

de caracol; todos echaban su discurso prefabricado. Ahora recuerdo ese Trujillo y los perros sin pelo. Kilómetro 1581.

viaje como uno de los más divertidos, pero a la vez de los más En Trujillo empecé a enamorarme del Perú. La ciudad en sí, no es

peligrosos. Las rectas son eternas y el chofer le mete a todo dar. bonita, tiene su parecido con Ipiales. Sobretodo por el caos de buses y

Difícilmente pasa los cien kilómetros por hora en ese bus desprovisto la basura de las calles. Pero fue de nuevo la mala suerte en el

de cinturones de seguridad cuando la maquina empieza a trastabillar cronograma de viaje lo que me llevo a conocer las primeras ruinas

como si estuviera abandonando la atmósfera terrestre. Las maletas se ancestrales. Era casi la una de la tarde. Aconsejado por un taxista llegué

salen de su sitio, una viejita rueda por allí y un bebe llora sin parar, aún el terminal de buses de Cruz del Sur. Según él, lo mejor para llegar a

así la mayoría de los pasajeros le gritan al chofer que acelere, que va Lima. El problema es que el único bus salía a la once de la noche.

muy lento. La escena no es surrealista, es más bien crudamente real. Estaba molido, sucio y con la espalda hecha una sola hinchazón. No

Sacó mi cámara y tomo fotos, grabó un video del botiquín de había de otra. Compre el tiquete, guarde mi maleta en la terminal y me

emergencias del bus, una caja de madera con una cruz roja mal pintada, fui para la plaza central de Trujillo. Su mayor atractivo, era su iglesia.
De nuevo empezaba a sufrir, imaginado una tarde durmiendo una misa. conflicto, de nuevo, azuzado por la pobreza, la desigualdad y la

Un muchacho, vestido con un chaleco rojo de tours noseque. Me ofrece corrupción. Un conflicto que generó una crisis institucional que llevo a

un paseo de tarde: Las ruinas de lo uno y de lo otro, el palacio de Chan la presidencia al gato más negro y feroz de los últimos años: Alberto

chan y el remate en la playa de Huanchaco. Fujimori. Era un gato de ascendencia japonesa que estudió Ingeniería

en la Universidad Nacional Agraria. Llegó a ser rector de esa

Las primeras ruinas, solo llaman la atención porque aparecen de golpe institución, cargo que ocupó hasta 1989. Se lanzó a la presidencia

en medio de casas de barrios populares. Como si en medio de esa como un outsider de la política tradicional y ganó. Apenas inicio su

vecindad de repente viviera un viejo cacique. Y es que Perú ha sido gobierno se desvinculó de grupos que lo habían acompañado. Dejo su

una tierra habitada por emperadores y caciques desde los tiempo de los política monetaria en manos de asesores de Estados Unidos y del Banco

Shimues, habitantes de la ciudadela de Chan Chan que iba camino a Interamericano de Desarrollo, BID. Disolvió el congreso, aprobó una

visitar; hasta los todopoderosos Incas que llegaron a conquistar las nueva constitución y ganó el apoyo total de las fuerzas armadas. Con

tierras del sur de Colombia. Ha sido un pueblo de emperadores y masacres y mano dura, aprovechando el apoyo de la población, logró

vasallos, de gobernantes poderosos y pueblos obedientes. Una vencer militarmente las dos guerrillas. Privatizó compañías estatales,

obediencia que se vio amenazada como en toda sudamerica con las intervino en canales de televisión y ocultó casos de corrupción de su

guerrillas de izquierda de los sesenta. En Perú la rebeldía se transformó mano derecha: Vlademiro Montesinos. Para su tercera reelección, el

en bombas y muertes selectivas, causadas por los grupos armados de pueblo ya no aguantaba más el caos institucional y la pobreza. Fujimori

inspiración comunista del Sendero Luminoso y el MRTA. Un huyó al Japón y renunció a la presidencia. Hoy este gato, querido y
odiado por iguales, fue sentenciado a veinticinco años de prisión. Una ninguno se molesto en recogerlo; apenas si movieron sus largas orejas

sentencia que divide a un Perú que vive una bonanza económica de murciélago. El templo era inmenso y la majestuosidad de los que

importante. Muchos reconocen en ese gato habían habitado alguna vez allí todavía era palpable. Por

negro llamado Fujimori, a un poderoso un momento me perdí de la excursión en lo que parecía un

emperador que logró en pocos años acabar inmenso campo de fútbol. Allí llego el perro, caminaba

con el principal flagelo que azotaba el perezosamente. Era un ser del pasado, un monstruo del

Perú: el terrorismo. Otros solo dicen que presente que había huido a la extinción.

los aplastó, pero para enriquecer a los más

ricos y que la pobreza sigue acechando La tarde remató con broche de oro en una playa de surfers,

como un monstruo sin pelo y orejón en lodosa y gris. El ocaso de la tarde brillaba sobre el mar,

cada calle del pueblo inca. acechando un par de canoas de paja que surcaban las

aguas del Pacifico. Era Huanchaco. Aquí volví a ver el


Y fue ese monstruo, el primero de la
otro tipo de gringo que habita estos lugares. El hippie
expedición, el que conocí dormitando entre las paredes centenarias de
gringo, que vuelve hippie al nativo irreverente. Un grupo de gringos
la ciudadela de Chan Chan. Era un perro bien feo, sin pelo y con una
hippies, con sus trajes de surfers, fumaban marihuana y alistaban sus
larga trompa. Se veía agresivo, pero en realidad era manso y noble. Su
tablas. Me acerque a tomarles una foto. Sonrieron y me ofrecieron un
compañera era gris, igualmente fea. Les tire un pedazo de pan y
porro. Lo fume despacio y me fui hacia el muelle. El mar amenazaba
con romper las tablas. Recordé que no había comido en todo el día y de asiáticas. Viniendo de un país de ciclistas y futbolistas era

repente me dio hambre. absolutamente delirante estar viendo voleibol. Cuando llego la hora de

subirme al bus mi sorpresa fue mayor. El bus era de dos pisos. Cada

silla era ancha, casi una cama sencilla. Contaba con dos terramozas,

descendientes de las aeromozas. Una de ellas me paso una frazada y me

dijo que no me durmiera, ya iban a servir la comida. Sus uniformes

eran sexuales como los de las azafatas de avión. Igualmente, el porro y

el cansancio me durmieron. Lima estaba a una noche de viaje. Y mi

amigo Carlinchi, un antiguo compañero de vagancia de mis años de

estudiante en Londres, me esperaba.

Lima y Carlinchi. Kilómetro 1895

Cuando me baje del bus, me entere que Michael Jackson había muerto

hace un par de días. De verdad que me dolió. Había sido un ídolo de mi


Cuando regresé a Trujillo me comí un plato de arroz e hígado. Luego, niñez y ni su tendencia pedofilica me había espantado de su música. Al
junto a un grupo de peruanos, atiborrados en la sala de espera del
contrario, de vez en cuando lo oía. Siempre sonaba fresco. Lo peor, fue
terminal, apoyé un equipo de voleibol femenino que jugaba contra unas que por primera vez me sentí mortal. Sentí que si él podía morir, ni
hablar de un pobre colombiano en medio del Perú. Empecé a ver caras tropipop famoso allá. Carlos no me dejo pagar nada. Al rato íbamos los

extrañas, sicariescas. tres atravesando en su carro una avenida que daba al mar, con música

Mi amigo Carlinchi llevaba un buen rato esperando. Los años no le de Michael Jackson reventando las ventanas de su sedan cantábamos

habían pasado. Seguía tal y como lo recordaba: alegre y preocupado. afligidos y nos llenábamos de alcohol. Más de un brindis fue en su

Un buen tipo, que tiene que planear cada detalle, cualquier cosa que se honor. Ellos se metieron al edificio no se por cuánto tiempo. Pero

salga del libreto lo descontrola. Thriller se repitió una y otra vez. Yo estaba en estado de trance,

“ Carlinchi, te enteraste de lo de Michael Jackson” - atendiendo el réquiem de mi ídolo de antaño, absolutamente ebrio.

Pensé que el viaje al Machu Pichu, que emprenderíamos con Carlinchi

Gimió un sí afligido y puso Beat it en el radio de su carro. al otro día, lo iba a pasar en el baño del bus devolviendo los Pisco Sour

Lima es una ciudad congestionada, con grandes edificios y caos durante horas interminables. Me quede dormido.

generalizado. Es una metrópoli enorme que descansa los pies en el

océano Pacífico. Mientras Carlinchi atendía unas cosas en su empresa, Al día siguiente viví la escena de periodismo amarillista más real de mi

importa partes de computadores al Perú o por lo menos eso fue lo que vida. A Carlinchi se le había ocurrido la genial idea de sacarme una

le entendí, yo estuve deambulando por ahí. Me perdí un par de veces, cédula peruana falsa. “Vas a ver todo lo que te vas ahorrar en Machu

pero siempre llegue a mi destino. En la noche salimos con una amiga de Pichu, no vez que a nosotros nos sale casi gratis”. Al parecer los no

él, voluptuosa y amable. Fuimos a un bar en la zona de Miraflores. Me peruanos pagan más de diez veces el valor del viaje para llegar al

emborrache con Pisco Sour en un barcito donde tocaba algún grupo de santuario inca. Le hice caso. A horas de salir, estábamos en medio de un
barrio sucio y peligroso del centro de Lima. Un gordo con cara de dije que me los debía. Él me dijo “Ahora si no vuelvo cero y van tres

pocos amigos nos pidió treinta soles por adelantado. Se los di. Nos que me roban esos huevones”. Me reí y nos fuimos para el terminal

pidió que volviéramos en dos horas y nos entregaría el documento. Al

volver estaba con otro personaje de cara peor. Una profunda cicatriz le Cuy en Arequipa

cruzaba las mejillas. El tipo le dijo a Carlinchi que lo siguiera a una Dormí todo el viaje y desperté en el primer terminal de buses decente

bodega, que ahí no le podía dar nada porque había cámaras de la del Perú: El terminal de Arequipa. Por fin a alguien se le había ocurrido

policía. Yo le dije que lo olvidara. Pero Carlinchi, obstinado, aceptó. la excelente idea de que todas las empresas de buses deberían ir en el

Me quede entre el carro oyendo cumbia peruana. A los quince minutos mismo lugar. Compramos los tiquetes para el Cuzco. Nuestro bus salía

Carlos salió presuroso. Se subió de un portazo al carro. Un grupo de en la noche. Pasamos el día recorriendo la ciudad. Era una ciudad

hombres nos rodearon. Carlos activó los seguros y subió su ventana. pequeña, de arquitectura colonial, ordenada y parecida a la ciudad

Los tipos le gritaban que se bajara que ya le tenían listo el documento. donde crecí: Santiago de Tunja. Por eso, tal vez me gusto. La desgracia

Él les gritó que se lo robaran y arrancó. Los tipos trataron de detener el vino a la hora del almuerzo. Dejándome convencer por Carlinchi,

carro, pero no lo lograron. Finalmente, me contó que el documento accedí a probar el famoso cuy. Una especie de hámster gordo y

estaba listo, que había sido ciudadano peruano por un par de minutos. juguetón. Primero algo de contexto. No soy vegetariano, pero tampoco

Pero que adentro lo iban a robar. Él aprovecho un momento de troglodita. Hay animales que nunca comería: conejo, pato, ganso,

distracción de los malandros para salir de la bodega. No se había cerdo, venado y hasta cuy. Mejor dicho, cualquier animal que pueda

perdido nada, treinta nuevos soles y la foto de mi pasado judicial. Le haber sido protagonista de una película de Disney. Como todavía no he
visto una vaca o una gallina protagonizando una historia, pues esos no remordimiento iba a ser peor. Baje el hambre con unos granos de maíz.

son animales que tenga problemas en comer. La segunda razón, es Dormí toda la noche rumbo al Cuzco.

porque le tengo pavor a las ratas. Son el animal más hediondo que

existe en la tierra, con su cola larga y su cara de mal puro. No más al

escribir esto ya empiezo a sentir los escalofríos que me producen esos Cuzco y el ocaso del Inca

roedores, esas aberraciones que habitan la mierda de las ciudades.

¿Cómo describir el Cuzco y sus alrededores en palabras? No hay forma.

Hacia las tres de la tarde llegó el Cuy. Era exactamente lo que había Cualquier intento quedara corto. El mío no será la excepción. La ciudad

pensado: una rata frita y aplanada. Tuve nauseas, pero no vomite. no es del otro mundo. Pero el aire es muy distinto al resto, es frío y

Carlinchi le arrancó las patas y lo comió con gusto. Yo hice el primer pesado. Su gente se mezcla con gringos al por mayor, monos ojiazules

intento. Le arranque la pata derecha y sentí sus uñas tostadas en mi que lo compran todo, inflando los precios. Los almacenes de textiles

mano. Su carne era babosa y suave. Tuve otra nausea. Aun así, si no son obras de arte en sí, ponchos y mantas de todos los colores, sacos de

comía cuy no almorzaba; ya iba corto de presupuesto. Le pegue otro lana de vicuña y brasileñas perdidas. Nos quedamos en un hostal frío

par de mordiscos y tuve que parar. No había forma de que pasara un sin calefacción. La temperatura debió rondar los tres o cinco grados

pedazo más de esa carne. Tiempo después, ya en otra ciudad, tendría el centígrados. Por más cobijas que te pongas encima, el viento helado

infortunio de conocerlos en persona. Eran animales asustadizos y busca como alcanzarte. El centro preserva construcciones coloniales

tiernos como los Gremlins antes de volverse perversos. Mi sobre ruinas incas. Las ruinas incas son espectaculares, cada piedra fue
moldeada para casar con la que le precede. No es necesario el cemento, Pasamos dos días. Primero para descansar y segundo porque son

ni ninguna sustancia para unirlos. Sus cuerpos encajan armoniosamente muchos los lugares por conocer antes de partir al Machu Pichu. Los dos

con sus vecinos en una perfecta y eterna comunión de formas. Como lo días tuvimos el mismo guía y los mismos compañeros de viaje. El guía

fue la misma civilización Inca. se llamaba Julio, era bajito y con su brazo derecho totalmente seco,

apenas le servía para mover los dedos. Era como el brazo del Alíen de

Las huellas de la explotación y el Giger. Él hacía de cualquier pequeña cosa, algo

saqueo español son evidentes en cada fastuoso y extraordinario - “A mi derecha tienen la

lugar donde sobrevive algún rastro espectacular fuente Inca....” Y a la derecha había un

inca. “Esto era un templo bañado en par de piedras agrietadas rodeando un hilito de agua.

o ro , h a s t a q u e l l e g a ro n l o s Aun así había lugares extraordinarios como

españoles....” “Esto era un jardín con Saqsuaywaman o Pizca desde donde se alzaban

figuras doradas, hasta que llegaron impresionantes vistas de los Andes y de lo que alguna

los españoles...” La historia se repite vez fue la civilización más importante de América:

en cada lugar. Pero recrear esa ciudad Los incas.

en su máximo esplendor es una tarea

imposible para la imaginación de una El viaje fue alentado por la presencia del ejemplo

persona de este tiempo. perfecto de mi aberración: una brasileña. Tantas


hermosas mujeres del país de la samba y las favelas han alimentado mis Carlinchi me gritaba desde lejos “Apúrate pues pendejo, que nos van a

sueños desde que oí la bossa nova que me es imposible pasar de agache dejar”. Pero igual nos quedamos. Nuestro tren salía de allí en la

ante un acento portugués. Su piel está en el punto exacto del balance, madrugada para el famoso Machu Pichu.

sus ojos por lo general claros son más efectivos que los de la misma

medusa y su acento cantado y sobrecargado de sexualidad me vuelven En tren a Machu Pichu

idiota, más idiota. A está brasileña nunca le hable, por lo general no lo

hago cuando una mujer me gusta mucho. Me dediqué a observarla. A El tren sale a las 5:30 am. Tiene un vagón para turistas extranjeros y

veces, ponía a Carlinchi en situaciones incomodas, donde él simulaba otros para peruanos. En el de peruanos va Carlinchi, obviamente, su

una foto para que yo pudiera registrarla. Cuando caminaba, cuando tiquete le costó unos cuatro dólares. En el de extranjeros voy yo. Mi

reía, todo lo que hacía llamaba mi atención. El ultimo día, ya en tiquete costó sesenta y seis dólares, ida y vuelta. No hay comparación y

Ollantaytambo, ella se acercó. Dijo algo en portugués que no le entendí. la sensación de que te han tumbado crece con cada traqueteo de la

Su novio me había visto con recelo todo el tiempo. Le cantó un par de maquina azotando las tablas de la vía. El vagón es cómodo, pero

palabras y se fue adelante con el grupo. Yo estaba sentado en una después de haber pagado lo que se paga, lo odias. Más cuando el

“piedra Inca”. Ella se paro al frente mío, dándome la espalda. Se quedo trayecto es de solo hora y media. Sin embargo, no hay opción, la otra

allí, maravillada con el paisaje. Tomé la foto. Se volteó, sonrió y se fue forma de llegar es caminando durante cuatro días. Igual, la ruta está

detrás de su novio. adornada por paisajes hermosos. De verdad que se siente en el fin del

mundo. El tren atravesó las altas montañas de los Andes, algunas con
nevados, siguiendo un río caudaloso. De vez en cuando aparecía una mandarlos pa´ la mierda, pero ya ahí ni modos. Los buses salían cada

casita de campesinos, pero ya al final no había construcciones. La vista cinco minutos, repletos de gente. Un peruano, con cara de inca, nos

mejoró cuando amaneció del todo, el sol se demoró en llegar porque se contó que habían traído más de treinta buses para ese servicio hace solo

quedaba pegado a los picos de las montañas. Desde luego mi vagón iba unos meses. Los transportaron por tren.

lleno de turistas que hablaban mil idiomas.

Siempre estuvo alumbrado por las luces de La subida era larguísima y zigzagueante. De

los flashes que rebotan en el frío metálico cuando en cuando el bus tenía que orillarse para

del ferrocarril. Cuando llegamos al pueblo, darle paso a otro que bajaba y casi que se

una horda de peruanos come-dólares asomaba al abismo. Un par de francesas

esperaban ansiosos sus víctimas. El pueblo asustadas pegaron más de un grito. En el trayecto

es pequeño, pero lleno de locales de vi por primera vez a Machu Pichu desde lejos,

gringos y restaurantes de todos los lugares bonito, bonito, pero nada extraordinario.

del mundo. Hicimos fila para coger el bus Llegamos y aún había que comprar la entrada.

que nos subiría al santuario en el pico de la Mi esperanza se reducía a ahorrarme unos

montaña. Resulto que a los peruanos les dólares pagando como estudiante con el carnet

cobraban dos dólares y a los demás catorce de mi ex-universidad vencido; ya había hecho en

por subirlos. Ya estaba a punto de Cuzco algunos chancucos. Al llegar a la entrada


del santuario resulto que el carnet no me servía, que tenía que depositar están en los lugares privilegiados. Al fondo del abismo se ve pequeñito

los cuarenta dólares completos. Desde luego ya era suficiente. Armé el tren turístico atravesando la ladera del cerro.

una discusión muy diplomática como por veinte minutos, causando un

trancón de turistas considerables en la fila. Carlinchi ya había entrado Creo que el santuario está a unos 2.700 metros, en la punta de una

hace rato. Al final la señora se canso de mí y me dejo pasar como montaña picuda. Un guía tipo Julio decía, que esas ruinas eran el

estudiante. Me dijo que además de tener un carnet vencido, los pueblo inca que se conservaba en mejor estado. La razón era simple,

estudiantes van hasta los veinticinco años. Yo ya iba para los nunca había sido encontrado por los conquistadores españoles. El guía

veintisiete. Le dije que uno era estudiante toda la vida. hecho el rollo completo: La antigua ciudad Inca era el lugar de

descanso del famoso Pachacútec y un lugar sagrado para sus súbditos.

Adentro, tuve la primera impresión real de Machu Pichu. Una vez que Con la llegada de los conquistadores al continente, la ciudad se

se voltea unas casas de de la administración del lugar, sobre un camino despobló y con los años fue tragada por la selva. Solo hasta finales del

de piedra, quedamos de frente a una espectacular imagen del santuario Siglo XIX, fue redescubierta por el Profesor Robert Binghman de la

Inca en la punta alta de la montaña. Es increíble lo que pudo hacer este Universidad de Yale y el saqueo se consumó: Cuarenta y seis mil piezas

pueblo ahí en medio de la nada y con herramientas arcaicas. Las ruinas incas salieron del Perú y nunca más volvieron. El guía remata la

medio iluminadas por el sol están rodeadas por montañas e inmensos historia diciendo que los españoles no destrozaron la ciudad porque

abismos, hay nieblas que cubren partes de la selva y crean sombras nunca llegaron a conocerla. Un grupo de madrileños, intercalado con

sobre el santuario. Las casas van ordenadas por etapas, los templos otros gringos, gimoteó " Ya estoy hasta la ostia, que en todo lado nos
echen la madre", se fueron manoteando. Pero supongo que será algo estaban a unas siete horas de viaje.

con lo que tendrán que cargar siempre: La vergüenza de haber arrasado Lago Titicaca y el viejo oeste

un continente. Las evidencias del saqueo están desde que salí de Desde el comienzo había temido está parte del viaje. Había oído que

Colombia y siguen hasta la Patagonia. cruzar Bolivia era peligroso, un poco como atravesar el viejo oeste

americano. En muchas cosas no se equivocaron. Era de día y estábamos

Después de un recorrido de un par de horas y de una buena siesta en en el cruce fronterizo de Bolivia y Perú, a tan solo unos minutos de

una terraza Inca, nos bajamos para el pueblo. Carlos había decidido Copacabana. Desde Puno ya se había visto parte del Lago Titicaca, un

acompañarme hasta el salar de inmenso mar interior de azules

Uyuni en Bolivia. Esa misma claro y oscuro. Lo primero que me

noche emprendimos el viaje. llamo la atención fueron los

Durante el trayecto me pareció ver billetes: Viejos, muy viejos. Como

un grupo de incas parado al borde si en algún momento, hace miles de

de la carretera, con sus ojos años hubieran dejado de

entreabiertos y sus vestidos de imprimirlos. También, fue en la

colores. Los incas ondeaban sus primera frontera que me pusieron

manos y sonreían. Tal vez sólo fue problema por ser colombiano. No

un sueño. Bolivia y el lago Titicaca es algo que me sorprenda, ya he


vivido situaciones similares en muchos aeropuertos y oficinas de blanco se le fue encima a una Land Rover parqueada a las afueras del

migraciones del mundo. Me pidieron unas fotocopias extras y el oficial restaurante. De inmediato, se armo la pelea. El conductor había tratado

demoró mi paso. Finalmente, me dijo “precauciones, acá no ha llegado de huir, pero los dos carros habían quedado fusionados por las latas.

la porcina, espero ninguno la traiga.” Temí que se armara una balacera, como en el viejo oeste. Pero nada

paso.

El bus nos dejo en Copacabana, en una calle cualquiera. Se suponía que

era un directo hasta La Paz. Carlos estaba de afán. Pero el directo era De regreso a la calle. Nos subieron a un bus a medio armar. Era mitad

con traspaso a un bus boliviano que vendría a recogernos en dos horas. bus, mitad camión. Los esposos contaron con mejor suerte y siguieron

Resignados fuimos hasta el lago y almorzamos trucha asada. Nos su viaje en una flota grande y decente. Carlinchi, dos londinenses de

hicimos amigos de una pareja de esposos, ella colombiana y él suizo. ascendencia hindú y una japonesa con su hijo negro terminamos en ese

Vivían en Chile e iban a fiestas a La Paz. Me invitaron a Santiago. El bus de pesadilla. Carlos me contó que en Bolivia, había muchos

lago se proyectaba hacia el fondo de las montañas, chocaba con ellas. accidentes por fallas mecánicas, fallas causadas por camiones

Era una superficie brillante y clara, formada por ondas suaves que iban convertidos artesanalmente en buses. Su comentario fuera de lugar no

y venían como brisas de viento. En la orilla habían patos gigantes de hizo sino hacer más largo el viaje. Pasar el Titicaca no es fácil. Suben

madera esperando sus viajeros. El sol rebotaba contra las olas, los buses a planchones gigantes que muy lentamente llegan a la otra

generando diminutos brillos que como escarcha adornaban la superficie orilla. Es común ver esos transportes atravesar el lago como galapagos

del lago. Era una vista hermosa. En esas estaba cuando un campero ancianos y pesados del Titicaca con grandes buses sobre su caparazón.
Los dos londinenses eran amables, como la mayoría de ingleses. Al afiches de Evo Morales como si se tratara del mismo Mesías, algo que

principio estaban perdidos y asustados, algo comprensible para ya había advertido en Copacabana. Y no se si sea el Mesías, pero si es

personas que no saben ni dos palabras de español. Les ayudamos a el ratón mas extraordinario que ha dado la historia reciente de

orientarse y nos hicimos amigos. sudamerica. Evo creció en medio de las olas de dictadores militares pro

americanos que devastaron Bolivia. Fue hijo de una familia de

El viaje a La Paz no fue largo. Tal vez porque a pesar del bus, los agricultores y criadores de llamas, una familia de origen uru-aimara.

paisajes fueron los más hermosos de toda la travesía. Los Andes Crió llamas y trabajó la tierra hasta que se formo como un líder

brillaban bajo un sol naranja, vistiendo sus nevados con un tinte dorado campesino e indígena. Su principal lucha fue contra el régimen que

fuego. Las montañas estaban lejos, separadas por una extensa llanura de quería acabar con los cultivos de coca, que ellos sembraban desde

pasto seco. Las casas eran igual de miserables a las del resto de los épocas inmemoriales, antes que existiera la cocaína. El caótico Bolivia

países, pero estas si hacían juego con los colores y las sombras de los de los noventa era un país al borde de la desintegración, sumido en la

paisajes bolivianos. Pensé que sería un buen lugar para perderse unos pobreza más paupérrima y en la corrupción más escandalosa del

años. Un lugar donde nadie me encontraría y donde se podría filmar la continente. La oposición de Morales al gobierno rindió fruto y en su

más bella película de la historia del cine. segundo intento por alcanzar la presidencia en diciembre del 2005

derrotó al candidato oficialista. Fue coronado líder supremo o “Apu

La hipnosis se rompió con la llegada a La paz. Un monumental bloqueo Malku” de los pueblos indígenas de los Andes en una ceremonia

dañó el buen viaje que llevábamos, celebraban la fiesta nacional. Había religiosa en el 2006. Luego inició sus reformas: Estatizó empresas de
hidrocarburos y energéticas, conformó una asamblea constituyente con avanzamos un par de metros. Finalmente llegamos al terminal. Los

mayoría indígena y redactó una nueva constitución. Gracias a su londinenses se despidieron, ellos iban a quedarse un par de días en la

gestión Bolivia alcanza el mayor crecimiento registrado en su historia: Paz. Nosotros seguíamos hacia Uyuni. El bus que nos llevaría allí,

el 6.2% según el mismo FMI en el 2008. Los poderes opositores tardaría por lo menos unas doce horas. Carlos iba callado y enfermo.

amenazan con desintegrar el país, sin embargo Evo se mantiene firme. Ardía en fiebre y trataba de hablar poco. Se compró un poco de

Hoy es difícil saber que ruta va a seguir el presidente Boliviano, saber antigripales y se los metió todos. “Que tal sea la porcina”. Por si acaso

si va a ser una ficha folclórica de Chavez o un presidente serio que se metió también dos pastillas de Tamiflu. Nuestro bus salió a las siete

dará paso a nuevas reformas bajo otras manos. Por lo pronto ese criador y treinta de la noche.

de llamas, que jugaba fútbol pateando una bolsa llena de trapos, es el

gobernador más atípico de la época reciente latinoamericana y un ratón EL desierto de sal, Uyuni

que ha logrado imponer algo de orden a un país que era más En el viaje dormimos poco. Carlos seguía enfermo. En algún momento

desquiciado que una pueblo del viejo oeste norteamericano. se había terminado la carretera pavimentada y el bus andaba dando

pequeños saltos. Por las ventanas no se veía absolutamente nada. No

Oscurece y el trancón a la entrada de la Paz no da tregua. Sin embargo, quedando de otra me dedique a pasar Silent hill en mi PSP, hasta que se

después de casi tres horas empieza a avanzar normalmente. El termino la batería. Llegamos a Uyuni hacia las 4 y 30 de la mañana. Yo

bloqueo era causado por cientos de indígenas bolivianos que borrachos venía aguantando una orinada tremenda. El baño del bus estaba repleto

bailaban, gritaban y reían al otro lado de la avenida. En dos horas de mierda. Entrar era un suicidio. Cuando el bus paró en una calle del
pequeño pueblo boliviano me apresuré a salir. De golpe, unos menos sin agua por semanas.

varios grados centígrados atacaron cada célula de mi piel. El frío era Carlos, dos brasileñas y un muchacho boliviano éramos el grupo que

brutal. Sentí que se me iban a congelar los dedos de los pies. El bus se saldríamos en una vieja camioneta Chevrolet destartalada. El carro era

fue y nos dejo a todos en medio de esa helada oscuridad. Una señora tan viejo que los demás turistas le tomaban fotos como si hiciera parte

vendía tures al Salar que salían a las 9 de la mañana. Le pagamos del paisaje. No había forma de alegar devolución de dinero. Y en un

después que nos prometió dejarnos esperar las cuatro horas en su cementerio de trenes que paramos, más de uno se detuvo a posar al lado

oficina que tenía calefacción. A las diez de la mañana, ya estaba de la vieja camioneta. El chofer era un adolescente, uno que le gustaba

preparado. Me había andar hasta lo que le permitía el carro, a

comprado unos pantalones unos ciento veinte kilómetros por hora; que

de lana que iban debajo del en ese carcacho era como estar viajando

jean. Uyuni es un pueblo dentro de una licuadora. La llave era un

solitario, la bulla la hacen destornillador de pala y las ventanas

los turistas. Es un pueblo estaban atascadas. Para completar, la fiebre

frío, donde las tuberías se de Carlos no daba tregua y las brasileñas se

congelan cuando no sale el metieron en su propio mundo, no hablaban

sol, muchas veces se español.

rompen y el pueblo queda


El panorama cambió cuando entramos al Salar. Una eterna llanura mañana. Carlos, el boliviano y yo seguimos hacia otro oasis. Este era

blanca se perdía en el fondo del paisaje. Era un lugar de otro mundo. una mancha guardada por cactus espinosos. Conocimos dos

Algunos montones arrumados de sal era lo único que bloqueaba el ecuatorianas. Las dos eran feas y amables. Me acosté en el piso blanco.

camino de la camioneta. Perderse era muy fácil. No había carreteras, ni Tenía los labios partidos. Carlos no se bajo del carro, la fiebre no le

metas en la distancia. El campero atravesó el desierto de sal por unas paraba. El cielo era azul, sin nubes. Me quede pensando que ya estaba

dos horas a ciento veinte kilómetros y por momentos temí que nuestro cerca a Buenos Aires. Que no había sido atacado por la porcina y que si

experimentado conductor no tuviera ni idea de hacia dónde iba. O que Carlos no moría, probablemente fuera a ser el mejor viaje de mi vida.

la nave que nos transportaba pasara a mejor vida y quedáramos Cuando volví en sí, el conductor reparaba la nave. Me asuste por un

atrapados en medio de la nada. De cuando en cuando, pasábamos momento, pero el carro respondió. Eran las cinco de la tarde, la hora de

carpas de gringos hippies acampando como si estuvieran en una volver. Carlos se regresaba a Perú en el bus de la nueve de la noche. Yo

inmensa playa sin mar. Esos gringos hippies son los especímenes más seguía en tren hasta la frontera con Argentina, en el Expreso Boliviano.

extraños que pueden existir. De nuevo, viajaría toda la noche.

Finalmente, se asomó una montaña verde. Se veía cerca, pero nos tomo Al regresar a Uyuni, sentí tristeza al despedirme de Carlos. Es increíble

una hora llegar hasta ella. Era un volcán. En su ladera había un hotel. cómo funciona la amistad. Los amigos de verdad no necesitan que los

Almorzamos allí una especie de arroz delgado. Las brasileñas se llamen o los busquen, así pasen años cuando los vuelves a encontrar

quedaban esa noche en el hotel, iban a escalar el volcán temprano en la todo sucede como si el tiempo no hubiera transcurrido. Así fue con él.
De nuevo, lo había metido en una locura. Como lo hacía en los viejos la vida de Michael Jackson, sobre los malentendidos causados por su

tiempos de borracheras y desordenes en Londres. Él se despidió, como alma infantil y su música explosiva. No perdí detalle. Ya la había visto

un hermano, uno peruano. Y yo me quede de nuevo en la más absoluta antes, pero verla ahora en un tren que cruza el sur de Bolivia, ahora

soledad. Está vez en medio de un frío y desolado poblado Boliviano. después de su muerte, era algo que no se me iba a olvidar. Cerca al final

de la película empezó a picarme todo el cuerpo. Una piquiña constante

Expreso Bolivia, Michael Jackson y aguda, que empeoró cada minuto de las siete u

ocho horas del viaje. Me revolcaba como un

Es curioso, pero el tren que me llevo a perro herido y no encontraba alivio.

Argentina desde Uyuni, fue el transporte

más elegante en el que viajé. Era un tren Él argentino dormía plácidamente y yo quería

limpio, con televisor en cada vagón y saltar entre un río. Descubrí que la causa del

cientos de campesinos bolivianos escozor era la lana. Al parecer era alérgico y

ordenadamente sentados. Yo iba en la tenía todo el cuerpo brotado. Me quite de encima

última fila. Un argentino, el primero que había visto en todo el viaje, se la lana que pude, menos los pantalones debajo del jean donde más me

hizo al lado mío. El tipo medía casi dos metros, ocupó silla y media. En rascaba. Me cubrí con la chaqueta y me baje el jean con todo y pantalón

el pedazo de silla que me dejo, iba yo; empacado en lana. Era de noche de lana hasta la rodilla. A los pocos minutos, sentí una leve mejoría.

y por la ventana no se veía más que polvo. Empezó una película sobre Pude dormir.
Al despertar, ya era de día. Llegamos a la estación de la frontera. Yo unas chocolatinas que le llevaba a mi amiga colombiana que me espera

tenía los pantalones abajo y el argentino me miraba de reojo. Todo el en Buenos Aires y una camiseta que me había regalado mi mamá en

mundo se bajo y yo me quede unos minutos haciendo maromas con la Guayaquil. Recogí las cosas y las metí en mi maleta. Me dejaron seguir.

ropa. Cogí un taxi hasta migración. Había una fila larga. Quede casi de

primero. En la entrada se leía el letrero de una de las metas finales: La humillación es algo que no supero fácilmente. Al salir de migración

Bienvenido a Argentina. Había cruzado más de cuatro mil kilómetros. quería correr de regreso a Bogotá. Pensé que la fama que tenían los

Aunque no era el destino final, sentí que algo se soltaba en mi pecho. argentinos de arrogantes, de rechazar sus raíces latinas y avergonzarse

Algo que aligero la maleta. de sus vecinos, era verdad. En unos pasos cambie de opinión. La

Quiaca es un pueblo gris. Al ser el primer pueblo de Argentina que

Al llegar a la ventanilla, la oficial me dijo que no podía entrar. Que conocía esperaba algo diferente, pero encontré factores comunes con

debía primero ser requisado en un cuarto aparte. Supuse que por todos los destinos que había visitado: Niños sucios con hambre,

colombiano. Acepte, acostumbrado a ese tipo de tratos. En ese cuarto aindiados con acento de Maradona, pobreza y alegría. Factores que se

fue cuando vi la escena del oficial de policía que humillaba al repetían esporádicamente en todos los lugares de Sudamérica.

boliviano. Lo imagine como un oficial de la policía secreta de una de

esas películas argentinas sobre la dictadura. Era un bastardo racista. No había luz en todo el pueblo, así que no tenía nada que hacer, más

Temí que el resto de los argentinos fueran iguales. El trato conmigo fue que esperar. Conseguí el diario local. La crisis por la porcina estaba

mejor, pero igualmente humillante. Tiro mi ropa al piso, mis libros, alborotada por el frío. Buenos Aires era el lugar con más muertos por
causa de la enfermedad de Sudamérica. Me sorprendió la narrativa de unirse y a resistir. Los trabajadores regresaron a las fabricas abandonas

los periodistas argentinos, al fin y al cabo era un diario cualquiera de por la quiebra y las tomaron: “Ocupar, resistir, producir” fue el grito

provincia, pero con textos elaborados, bien construidos, con adjetivos del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, un grito que hoy

precisos y metáforas; algo que había muerto hace mucho en el se cuenta por miles. Un grito simple y fuerte de trabajadores pidiendo

periodismo de mi país. Lo leí y releí. Un articulo hablaba de unas su derecho a trabajar, a sobrevivir. La fábrica, de repente, abrió sus

empresas recuperadas por los obreros. Porque Argentina si había sido puertas como un espacio, ademas, de expresiones artísticas, centros

un país de primer mundo, con industrias y población educada y casi lo culturales y de formación para la población. La lucha no es fácil, no lo

había perdido todo: Riqueza, fabricas y paz. La cruel dictadura militar fue, el poder corrupto de los gatos lanzo toda la munición policial y

dio paso a presidentes democráticos que siguieron al pie de la letra las jurídica contra ellos. Algunas fabricas no llegaron a producir un sólo

recomendaciones del FMI. La corrupción y el neoliberalismo articulo, pero la mayoría, copada por grupos de ratones desesperados,

devastador quebraron las empresas y multiplicaron la pobreza. En ratones que habían sido sumisos durante años empezaron a producir. El

1999 el gobierno de Fernando Rua dispuso la congelación de los articulo del periódico tenía la foto de un grupo de doscientos

depósitos bancarios, el famoso “Corralito”. La gente y los movimientos trabajadores de una fabrica en Santa Fe, atrás sus familias y más atrás

sociales que se resistían al saqueo y a la tercer-mundialización salieron una fabrica humeante y viva. Los ratones sonreían, tal vez porque ellos

a las calles a protestar. Progresivamente, un país rico se había hecho unidos lograron sin necesidad de un super-ratón iniciar las

pobre. Frente a este escenario de carencias en necesidades básicas y transformaciones mínimas para sobrevivir en una tierra gobernada por

la amenaza de un futuro sombrío, los pequeños ratones empezaron a


gatos de todos los colores. Una tierra de poesía, fútbol y tango, donde matachos y nombres. Llame a mi casa. Mi familia dormía. Mi mamá

su epicentro, Buenos Aires, era la meta final de la ruta Porcina. había viajado a otro destino de Colombia. Todos estaban preocupados.

Les dije que estuvieran tranquilos que ya había coronado, que no tenía

Buenos aires, conclusión un peso para devolverme, pero que ya conseguiría. Salí de la estación.

El cielo estaba nublado. Las calles alumbradas como surcos de una

El viaje había sido eterno, pero reconfortarte. Fue el mejor bus de toda extensa red se entrecruzaban como parte de un tejido Inca. Buenos

la odisea. Dormí como un bebe casi las veinticuatro horas desde La Aires me pareció, en ese instante, la ciudad más hermosa de

Quiaca. Vi algunas imágenes: La ciudad de Rosario, la extensa sabana Sudamérica. Y eso que todavía no había ido a San Telmo, no había

que nunca termina y las vacas gordas que miraban desde el otro lado de paseado por las calles de Palermo, no me había perdido entre los

cercas tecnificadas. Ya quería llegar. cientos de libros de la Avenida Corrientes, no me había emborrachado

en un concierto de un grupo de música báltica, no había ido al teatro, ni

Para describir Buenos Aires, necesitaría más que un par de páginas; tal al cine, no había visitado el estadio de River, no había paseado con

vez más de mil. La entrada a la ciudad fue de noche. Al salir de la Magda por el río de La Plata, no me había llevado un susto mientras

estación del Retiro, llame a mi amiga Magda. Estaba del techo, buscaba la tumba de Evita en el cementerio de la Recoleta, ni había

preocupada porque se suponía yo debía haber llegado ya hace horas. conocido a esos increíbles compañeros que me acompañarían como una

Me dio las indicaciones de cómo llegar a su casa. Las anote en la última pandilla durante esa larga semana que bebimos por los bares de Buenos

hoja de mi diario de viajes. Estaba lleno de anotaciones, arrugado, con Aires.


En el Subte, una señora de edad le contaba a otra más joven como su

vecina estaba internada en el hospital por un cuadro grave de gripe

porcina. La señora joven se tapó la boca con su mano. Todavía me

faltaba cruzar los Andes de nuevo, hablar de la casa de Neruda y del

smog que se refunde con la nieve en Santiago de Chile. Pero para mí, la

Ruta porcina, la misma ruta de los gatos negros y los valientes ratones

que resisten, finalizaba en Buenos Aires.