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Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional

Poder Judicial de la Nación


TRIBUNAL ORAL EN LO CRIMINAL FEDERAL 6
CFP 22080/2001/TO1/3

hacia argumentos de otra defensa. Nosotros hablamos de armas


caseras y tumberas y no por videos, más allá de lo interesante de
lo que mostró aquella defensa. Nosotros hablamos de armas tumberas
por los dichos de Céliz y por los dichos del comisario Fernández y
dijimos que eran elementos que según Fernández fueron secuestrados
y fueron elevados al Juzgado y que se perdieron. O sea, hablamos de
que algo que existió, desapareció.
Con relación a la deformación de los plomos, nosotros no
dijimos que esa deformación obedecía a un disparo de algún tipo de
arma casera, dijimos que la deformación tenía que ver en palabras
de Romero y de Manchini que eran los peritos, que la munición había
golpeado con algo más duro que un hueso. Entonces seguramente
habría un rebote, ¿y por qué decimos que había un rebote? Porque la
autopsia de Márquez dice que el disparo ingresó de abajo hacia
arriba. Y por eso la importancia que le dio esta defensa y otras
sobre el rebote, porque si hubo un rebote se modificó
aleatoriamente la ubicación de la boca de fuego.
En cuanto a los terceros, no quiero repetir porque tengo un
marco acotado de actuación, ¿pero quién le disparó a Córdoba, quién
le disparó a Coronel, quién le disparó a Herrera? Gente de Asuntos
Internos no fue, entonces alguien le disparó. No sé si policías, si
fue manifestantes, no lo sé. Ya lo dije y fue por eso que esta
defensa en su alegato fue tan celosa con Córdoba porque Córdoba
ahora es un hecho anterior, pero en su momento era un homicidio más
que se buscaba imponer. Entonces por eso dijimos, “miren como se
cruza Córdoba con Márquez en la 9 de Julio e Hipólito Irigoyen” y
mostramos videos. Solamente para demostrar que para las 19:05 como
dice la pericia del Conicet, las lesiones de Galli y Simoneti, y el
disparo de Márquez ya se había producido.
En cuanto a las llamadas anónimas que nos dijo el doctor,
que es algo que está claro y que es un tema cerrado, tampoco es
algo que me queda claro. El doctor García Dietze dijo en su alegato
que el teléfono se habría utilizado para hacer una llamada de
auxilio, y eso es algo que está descartado. No se llamó al 911, no
se llamó al 107. Eso ya lo dije en mi alegato. Pero nos habló de
Susana González y del llamado a la casa de ella, o sea a la casa de
San Martín. Señores jueces, ¿cómo Márquez va a llamar a Susana
González a su casa si estaba con ella? Esta defensa no planteó que
Susana González no estaba en el lugar de los hechos, lo que decimos
es si yo me quiero comunicar con la doctora Turano, no la voy a
llamar a su casa, la voy a llamar al celular porque yo sé que ella
está acá o está en el edificio. Es eso lo que plantemos.
Con relación a que la reconstrucción del hecho estaría
equivocada porque se ubicaron mal todos en razón de la placa que
habría colocado un grupo de música que se llamado GAC, nos dijo que
los fiscales, la jueza, los defensores, los imputados, todos se
pararon mal, porque habría ocurrido en otro lugar. Esa es una
hipótesis que introdujo otra defensa que sin lugar a dudas merece
un tratamiento. Sí efectivamente dijimos que Murillo dice que ahí
murió, pero nosotros la crítica que hicimos en la reconstrucción de
los hechos es concreta. Dijimos que estaba mal hecha porque se
trabajó sobre una única hipótesis: que el disparo vino solamente de
esos 3 rodados, y fue eso lo que dijo el perito Iseas. Esa fue la
crítica concreta que hizo esta defensa. Además, dijimos que había
una camioneta negra, un taxi, una camioneta blanca. En ese sentido
criticamos la reconstrucción de los hechos. Digo esto y sé que por
ahí es una cuestión que se dio respuesta en relación a una defensa
distinta, pero tengo el temor de que por ahí una respuesta general
tienda a creer que efectivamente sea una respuesta individual a
todos nosotros, cosa que desde mi humilde entender no ha pasado.
Con relación a la teoría de la conspiración, que fue lo
último que dijo el doctor García Dietze, dijo que no puede
aceptarse que se diga que Marta Pinedo o Susana González no estaban
en el lugar de los hechos, que varios testigos mintieron para
tratar de involucrar innecesariamente a la gente de Asuntos
Internos y que cuando uno recurre a la teoría de la conspiración es
porque está prácticamente haciendo un manotazo de ahogado, como que
estaríamos complicados desde el punto de vista procesal. Fue eso lo
que interpreté.
El tema de los testigos, señores jueces, es una cuestión que
puntualmente me tocó desarrollar a mí, cuando nos dividimos el
trabajo con el doctor Velo y Carrique en aquel entonces. Cuando

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: RODRIGO GIMENEZ URIBURU, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: AGUSTINA MARÍA SCOPPA, Secretaria "ad-hoc"

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terminé de ver todos los videos y todas las taquigráficas,
terminaron los alegatos y dijimos bueno, qué testigos tenemos que
trabajar. Y como nos pareció que el doctor García Dietze
circunscribió su alegato con los testigos primarios, fue que
dijimos bueno, vamos a trabajar bien claro con estos testigos
primarios y fue por eso que en el alegato dije no solamente quiero
trabajar los testigos primarios, sino incluso cómo esta gente fue
mutando. Por eso, lo importante es qué dijeron los testigos
primarios por primera vez. Jamás dijimos que la señora Pinedo no
estaba con Márquez. Marcamos que en la primera oportunidad que
declaró ante la ley no vio ni marca, ni modelo, ni color de estos
rodados, que la segunda vez vio un rodado blanco y otro celeste,
que en la tercera oportunidad cambió este rodado por uno rojo, y
que en el juicio prácticamente conocía perfecto los rodados.
Destaqué que la primera vez que declaró esta mujer fue en una
revista, en la revista Gente tres días después de ocurridos los
hechos. Dijo que los autores eran 3 o 4 patrulleros. Cuando hablé
de esta mujer no la tomé de mentirosa, dije que era una persona que
se merecía el máximo de los respetos porque había sufrido la muerte
de Alberto Márquez. Dije que su versión no acreditaba la verdad
histórica no solamente por esta variedad en los colores, sino
porque dijo que los autores del hecho habían disparado a 5 o 6
metros, no a 45, o 90, como dice la pericia. Lo mismo dije con
Susana González. Yo dije esta mujer estuvo en el lugar de los
hechos y nos dijo que estuvo 20 minutos con Márquez en su falda.
Entonces estos 20 minutos era importante restarlos al horario de la
pericia del Conicet. Además, esta mujer siempre habló de autos
blancos y exhibí en mi alegato dos videos donde se veían dos
Peugeot 504 blancos. Nunca tildamos de conspiradores a los
testigos, sino que dijimos que podrían haber sido influenciados por
la fuerte opinión pública que había sobre el caso en donde se decía
en todos lados que los autores era gente de Asuntos Internos y hoy
se sabe por una pericia científica que para las 19:20 este episodio
ya había ocurrido.
En cuanto a la Fiscalía, lo que tiene que ver con el plazo
razonable, no es algo que quiera alcanzar al Tribunal. Nosotros
dijimos que 14 años y todo lo que resta para que la causa quede
firme, es mucho. La Fiscalía dijo que no, me parece importante
destacar que hubo otras defensas que trajeron ejemplos muy
importantes, la causa AMIA, la tragedia de Once, la causa Cromañón,
en fin. No quiero cansarlos con relación a eso, sí dejar en claro
que la existencia del plazo razonable a criterio de esta defensa no
es una culpa de ustedes. No estamos diciendo que son ustedes los
culpables de este plazo razonable, no fue eso lo que se dijo. Lo
que pasa es que lamentablemente a ustedes les toca dar el paso al
frente y eventualmente decir que existió un plazo razonable. Pero
no es que es culpa de ustedes. Por el contrario, el esfuerzo que
hizo el Tribunal y todo el grupo humano, es algo que la defensa lo
observó.
En cuanto a la imparcialidad, voy a estar a lo que dijo el
doctor Velo con relación a eso. Pero lo que sí, me gustaría hacer
un pequeño párrafo, es cómo los acusadores intentan callar o
circunscribir al Tribunal al decir que se trata de una cuestión que
ya fue tratada en 3 o 4 oportunidades, y por lo tanto se tiene que
reeditar esto y no se podría hacer. Es decir, nos trae a los
principios de progresividad y preclusión. Señores jueces, a mi
humilde entender no existe preclusión y progresividad cuando lo que
se está discutiendo son garantías constitucionales o
convencionales, es decir cuando lo que está en jaque es una
cuestión federal. Voy a citar el mismo fallo que la Fiscalía, el
fallo Quaranta que yo le doy otra interpretación, por supuesto que
serán en definitiva ustedes quienes tendrán que decidir en uno u
otro sentido. Pero la Corte en Quaranta es clarísima a mi entender.
Textual voy a ser, considerando 15: “Mal puede esgrimirse contra la
procedencia de la vía intentada, los principios de progresividad y
preclusión que rigen el proceso penal, toda vez que la cuestión
federal que se pretende alcanzada no puede considerarse resuelta y
finiquitada, ya que oportunamente se habría rechazado la
intervención de esta Corte Suprema” (esto está en Q124, XVI, al
31/8/2010). Es decir, la Corte lo que dice es “la preclusión soy
yo. Hasta que no me expida, algo se puede reeditar”.

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
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Firmado(ante mi) por: AGUSTINA MARÍA SCOPPA, Secretaria "ad-hoc"

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Pero además hay otro precedente de la Corte, Salvuchi*, en


donde la Corte dice que se puede argumentar el tema de la
imparcialidad hasta que la sentencia no quede firme, y esto lo
volvió a decir en el fallo Bidart, Luis* el 23/2/2010. La cita es
la de Salvuchi*, 1279, XVIII, del 4/8/2009, y Birdart, BXXII, XVIX.
O sea, en palabras de la Corte uno puede hablar de imparcialidad
hasta el último minuto de vida que tiene una causa, hasta antes de
que quede firme. Pero lo que más me interesa tratar de transmitir
señores jueces, a esta defensa no le interesa qué fue lo que dijo
el doctor Bonadío, la Sala I, la Sala II de la Cámara Federal o
algún que otro juez de la Cámara de Casación Penal. Lo que nos
interesa es ver qué piensan ustedes tres con relación a la
actuación de la doctora Servini de Cubría. Fueron ustedes los
protagonistas y son los árbitros de un juicio oral y público de más
de 2 años en donde todo se abrió a prueba. Nunca ustedes tres se
pronunciaron con relación a eso. Por eso, perdónenme el término,
ustedes no tienen que tragarse un sapo. Ustedes no pueden no
expresar algo por lo que dijo algún otro juez, ustedes tienen
libertad absoluta y una obligación jurisdiccional de expedirse al
respecto. Es por eso que pueden declarar la nulidad de fojas 1, si
es así lo que ustedes consideran.
Pero, además, señores jueces, también hay algo que no puedo
dejar de decir porque cuando se hacían planteos concretos y de
importancia en la etapa de instrucción, apelación de auto de
procesamiento, nulidades de requerimiento, críticas a
calificaciones legales, lo que se decía es “todo esto que se
verifique en la etapa del juicio”. Es decir, cuando se estaba allá,
lo importante era estar acá. Y ahora que se está acá, todo lo
importante es lo que se dijo ahí. O sea, es una lógica o una
metodología complicada la que nos están proponiendo.
En cuanto a la evacuación de citas, que nos dijo la Fiscalía
que no habría ningún agravio en cuando a la no existencia de una
defensa técnica eficaz, y en cuanto al rechazo de una nulidad
parcial que dedujo esta defensa en su alegato, voy a ser muy breve.
Nos dijo que no había un rechazo sistemático de prueba, sino que lo
que se consideraba era que era lo importante según el criterio del
instructor, de los fiscales. Me pregunto si conocer la hora de los
hechos no era un tema importante. Se pidió en 4 oportunidades y ¿o
casualidad? por derecho propio. Hago la aclaración de que fue por
derecho propio porque a renglón seguido voy a analizar el tema de
la defensa técnica eficaz. Y me dijeron que no había existido una
falta de defensa técnica eficaz porque los letrados habrían ido a
audiencias, habrían pedido fotocopias, habrían hecho recursos,
habrían tenido una conducta procesal activa. En la primera
entrevista que tuve con Figueroa, López y Firpo, ya estaban
desencajados con el tema horario. Digo esto porque yo ingresé a
este juicio en marzo, me designó la Defensoría General de la
Nación, y la primera vez que tuve una entrevista con ellos estaban
desesperados por el tema horario. O sea, dudo que me lo hayan
transmitido a mí y no a los otros defensores, que aclaro que tanto
Velo como Carrique estaban tratando de ver cómo se podía traer a
este juicio oral y público ya comenzado una nota de color con
relación al tema horario, la cual en definitiva por una decisión de
ustedes pudimos lograr algo. También me dijo que hay un escrito de
López, en donde califica de excelencia la actividad de los
letrados, 2364 la foja. Con el mayor de los respetos que se merece
mi asistido López, quien aclaro que está trabajando y no pudo
venir, no pudo hacer esa presentación, pero que iba a venir en
horarios de la tarde me dijo, ¿qué sabe el señor López de derecho
para hacer una devolución sobre la actuación de un letrado? Lo dejo
a criterio de ustedes. Que los señores Desimone y Alamparte* hayan
obtenido una falta de mérito con relación a otros imputados que no
pasaron por la 9 de Julio y que está hace años en ese limbo, no
establece si fueron o no buenos letrados. Por eso es que el
criterio de defensa técnica eficaz en palabras del doctor Vismara
cuando analizó el tema del plazo razonable, es un criterio
netamente jurídico y es por eso que esta defensa interpretó que el
no haber acompañado a los asistidos con relación a un tema tan
delicado como fue el tema horario y con relación a los grumos
negros y anistos que estaban desde el día 1 en la causa, es una
pauta, una luz que se habría prendido en esa dirección. Pero esta
defensa no se limitó a hablar de defensa técnica eficaz en su

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: RODRIGO GIMENEZ URIBURU, JUEZ DE CAMARA
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momento con relación a actos procesales. Dijimos, ojo que no está
bien que abogados de la Policía defiendan a imputados de la
Policía, porque puede haber un conflicto de intereses en donde
todos los acusadores han dicho que se habría sacrificado a algunos
policías para beneficiar a otros o nos han dicho que no estaban
todos los imputados acá, puntualmente la gente del COF. Fue eso lo
que dijo esta defensa. Y el escrito de López, que firmó estando en
prisión preventiva en donde su abogado presentaba este escrito
haciendo saber que se tenía que designar la defensa oficial, el
mismo escrito que nos citó la Fiscalía, Carlos López dice que
fundamenta por qué va a ser intervenida la defensa oficial y dice,
voy a ser textual, que: “habiéndose resuelto el fin de mi carrera
policial con prescindencia de la resolución de la presente causa,
además por los antecedentes obrantes en la misma donde surge
claramente que los imputados no éramos los únicos policías que
estábamos en el lugar de los hechos, y para evitar un conflicto de
intereses en los señores abogados de la institución de la Policía,
he resuelto apartarlos”. O sea, López está diciendo que había un
conflicto de intereses en los abogados con la Policía. Es eso lo
que esta defensa planteó.
Nuestra Corte Suprema de Justicia en el precedente
Velázquez, Antonio V 55, XVIV, el 16/9/2014 en un caso en donde se
había detenido a un camionero que transportaba marihuana, lo
defendía un abogado que era el mismo letrado que el apoderado de la
empresa. La Corte se remite al dictamen de la procurada y dice:
“no, no puede ser que el mismo letrado que defiende al camionero
sea el apoderado de esta empresa”. Si esto pasa en una causa de
transporte de un camión, nosotros lo estamos planteando en una
causa en donde toda la Policía, desde el cabo hasta el tipo más
alto de responsabilidad jerárquica estaba salpicado. Y es ese el
escrito del señor López. López deja entrever eso, insisto, estando
detenido sin poder consultar a nadie.
Para ir terminando señores jueces, en cuanto a que no
tendríamos un agravio con relación a que como se terminó haciendo
una pericia sobre los relojes, no habría horario, es algo que no
comparto. Primero porque la que trajimos nosotros no fue
incorporada, y la que sí está incorporada donde intervinieron 5
peritos, uno de la Fiscalía, pareciera ser que no sirve porque se
sigue diciendo que el hecho ocurrió a las 19:20. Claro, esto no
vale porque hay algo que no es una pericia, nos dijo la Fiscalía, y
que esta defensa calificó de pericia pero que no sé quién la hizo y
en mi alegato dije, no sé quién la hizo, la habría hecho gente de
la Dirección de Comunicación de la Procuración, pero no sé quién
era el ser humano que la hizo. La semana pasada nos dijeron que no
era un experto y como no era un experto, no es una pericia. Pero
como no quiero traer a una confusión sobre si es o no una pericia,
lo que en definitiva nos dijo la Fiscalía es que se trata de un
video que comenzó a correr al unísono, que son imágenes que hace 10
años o más que están incorporadas y que son simplemente vistas por
cualquier lego. Y además nos dijo que habían dejado un DVD para que
lo consulte, porque yo había dicho que había visto video de video.
O sea, yo no sabía que la Fiscalía había aportado algo. Lo que
tengo que decir es que a nosotros lo que el Tribunal nos devolvió
fue la pericia papel en donde había una conclusión firmada por un
perito, pero esta defensa también trató de introducir un CD también
como el de la Fiscalía con imágenes también que databan de años y
en donde también se veía a simple vista que el horario era otro. Lo
que estoy tratando de decir es: o se le devuelve ese CD a la
Fiscalía o me tienen que aceptar el mío, lo acompaño en la semana.
Además, este video de color que la Fiscalía dice que es tan antiguo
y que marca una nota de color, lo tendría que haber aportado porque
ustedes lo intimaron a la Fiscalía como a todas las defensas, a
aportar los videos. Y esos videos no los aportó para hacer la
pericia del Conicet, por eso lo tildamos de extemporáneo en su
momento. Aclaro que las fotos de la pericia de la Metropolitana que
no se incorporaron, que son fotos, o sea al igual que trabajó la
Metropolitana como podría haber trabajado la división esta de la
Procuración. Son fotos de la causa, no pertenecen ni a la
Metropolitana ni a la institución esta que nos cita la Fiscalía.
Pero el propio fiscal, en el minuto 45:32 del DVD que me dieron,
dijo que es cierto que “tal video no es en sí mismo un elemento

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: RODRIGO GIMENEZ URIBURU, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: AGUSTINA MARÍA SCOPPA, Secretaria "ad-hoc"

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central del juicio y no determina per sé el horario”, estoy siendo


textual. Entonces señores jueces, ¿si no determina el horario...?
La pericia del Conicet a nuestro entender, sí lo hace.
Analizó 3 relojes de 3 personas distintas en 3 momentos distintos.
Se llega a la conclusión de que para las 19:05, Córdoba quien era
un hecho anterior, y Márquez se cruzaron ya heridos.
En cuanto a las llamadas anónimas, y con esto termino, la
Fiscalía reconoció que no se había podido evacuar de dónde salieron
estos llamados. Pero como había un curso independiente de
investigación, no tendríamos agravio. No me explicaron cuál fue ese
curso independiente de investigación, señores jueces. Testigos no
podrían ser porque he manifestado 9 testigos que dan un horario
coincidente con la pericia del Conicet.
No tengo más nada que decir. Simplemente agradecer al
Tribunal por el trato que siempre nos dieron y principalmente al
grupo humano que integra el TOCF 6, en donde cuando vamos a mesa de
Entradas a pedir algún escrito de difícil localización en líneas
generales siempre lo encuentran y lo más importante es que siempre
lo hacen con una sonrisa. No tengo más nada que decir, muchas
gracias”.

A continuación, en la misma fecha efectuó


su dúplica el Dr. Lanaro Ojeda, quien sostuvo:

“…DEFENSA (Lanaro Ojeda).- Gracias, señor presidente. Voy a


tratar de seguir el orden en que fueron expuestas las réplicas por
las partes. En primer punto un óbiter de la querella del CELS al
que me quiero referir y tiene que ver cómo se trataron los términos
de Clemenco Villafán y Pregliasco por parte calculo yo, de esta
defensa.
PRESIDENTE.- Doctor, ¿sobre Belloni?
DEFENSA (Lanaro Ojeda).- Perdón, vale aclararlo. Voy a
replicar por los dos, por Oliverio y por Belloni. Como la réplica
fue también mezclada, digamos, voy a seguir el orden incluso de los
puntos cómo los tocaron. Me parece más práctico para... de hecho me
resultó más práctico a mí para trabajarlo también.
PRESIDENTE.- De acuerdo.
DEFENSA (Lanaro Ojeda).- En el caso como dije, de Clemenco
Villafán, el CELS se sintió ofendido por las afirmaciones que dije
el 8 de enero. Mantengo mis dichos. Otro tanto ocurre en relación
al doctor Pregliasco. No voy a realegar sobre el tema, porque lo
dicho, dicho está y estoy convencido de que es así. Pero quiero
citar dos ejemplos para hacerlo más didáctico, por dónde pasa el
planteo y la cuestión. En el caso de Clemenco Villafán, me pregunto
si un testigo de descargo hubiera solo declarado durante la
Instrucción delante de la defensa a quién beneficia y pese al
pedido sistemático de la querella se gambetea el control durante la
misma, si ese testigo mezquina material probatorio, si ese testigo
constituye domicilio en el estudio o defensoría del beneficiado,
incluso tiene el tupé de decirle al Tribunal que con lo que aportó
tiene suficiente prueba para absolver al imputado. Me pregunto:
¿qué diría el doctor Borda o el CELS en este caso? Seguro que
marcaría con el mismo celo que marqué yo la irregularidad, palabras
más, palabras menos. Pasa que me parece que al CELS le gusta marcar
irregularidades, pero no sostiene y no le gusta que lo enfrenten
con las propias, verse en el espejo.
Otro tanto ocurre con el doctor Pregliasco. Si un perito de
parte y descargo hubiera sido designado por una defensa con
reconocida trayectoria actual y previa, incluso con ese organismo y
luego se lo hace asumir como perito del Tribunal que tendría que
ser objetivo y ni siquiera admitir sospechas, y sus abultados
honorarios cayeran en el Consejo de la Magistratura, se pagaran con
fondos públicos. Si la designación y pericia se hace sin
notificación a la parte, si ese perito del Tribunal que previamente
fue parte se aleja a la Patagonia a hacer el trabajo en soledad
para gambetear nuevamente cualquier control o participación de
fuerzas de seguridad o de parte, si ese perito mezquina material

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: RODRIGO GIMENEZ URIBURU, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: AGUSTINA MARÍA SCOPPA, Secretaria "ad-hoc"

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probatorio, si ese testigo constituye domicilio en el estudio de la
defensoría oficial de la asistida o beneficiada con quien tiene una
relación histórica, me pregunto, ¿qué diría el doctor Borda,
marcaría la irregularidad o no? Yo estoy seguro que sí porque sé su
capacidad profesional y sé el celo con que encara cada trabajo.
Como dije, quizás no le gusta ser enfrentado a sus propias
irregularidades o las falencias de algo que le sirve, pero no es
culpa mía. Lo mismo ocurre con el doctor Martínez, pero con eso voy
a volver un poco más adelante cuando trate lo de los colegas de la
Fiscalía. Conozco muy bien hasta dónde llega mi obligación como
defensor y no la he excedido, pero ojo, si pensaban que iba a ser
tibio por ser defensor oficial, bueno, están equivocados. Esto
quizás tiene que ver con algún modelo o paradigma de defensor
oficial de otra época, ahora los defensores oficiales vamos igual
de a fondo que un defensor particular, y creo que es bueno que así
sea. Tampoco estuve 2 años en un juicio para hacerle el caldo gordo
a nadie ni mucho menos para tenerle miedo a un organismo de
Derechos Humanos, ni a la Procuración, ni a nadie sinceramente.
Vengo a hacer mi trabajo con total libertad y me extraña la forma
en que algunos frente a la falta de argumentos se victimizan siendo
partes, porque no son víctimas, son letrados, son funcionarios
públicos, y este trabajo es duro para todos, incluso para mí y ni
que hablemos de los jueces que son los que tienen la última palabra
y siempre quedan mal con todo el mundo porque en el trabajo de juez
es imposible quedar bien con todas las partes. La verdad es que mi
dureza es entre colegas en un rol en un proceso determinado y nada
más. No tiene nada que ver, no es una cuenta personal ni nada por
el estilo. Hago mi trabajo, cumplo mi juramento, solo sé ir para
adelante y es lo que hago. Como también lo hicieron mis colegas de
la acusación, incluso también criticando la Instrucción. Yo cité
las palabras del doctor Rodrigo Borda en Instrucción en un escrito,
en mi alegato del 8 de enero cuando hablaba que en la Instrucción
tomaron el atajo que llevaba a la ley del menor esfuerzo, la lógica
del trámite sin sentido, la hipocresía de las formas para
sustraerse nuevamente al cumplimiento de las obligaciones y demás.
Está citado en mi alegato del 8 de enero. Digo, ¿él puede decirlo y
yo no puedo criticar la Instrucción? No entiendo el doble estándar
por dónde pasa. También sostuvo que era una Instrucción signada por
ineficiencia, por desaprensión de los encargados en llevar
adelante. Digo, son todas mis críticas, yo podría adherir a estas
palabras en función de la defensa, no estoy diciendo nada raro. El
escrito está a fojas 3123 de la causa 2026.
También, ahora entrando ya en un tema más de fondo, esto
tiene que ver con el óbiter. La querella se opuso al concepto de
plazo razonable arguyendo los planteos de las defensas. Pero
incurre nuevamente en una severa contradicción ya que él mismo
realizó varios planteos de pronto despacho que los reconoció en la
réplica, que hasta donde sé y como lo regula el rito, son para
imponer celeridad a las autoridades judiciales, no son para regular
a las defensas. Un pronto despacho es contra la judicatura, no va
contra quien tiene delegada la Instrucción. Contra los defensores
no se nos impone. Entonces digo, hubo mora en la administración que
llevó a plantear los prontos despachos, o no la hubo y los planteó
de gusto. Pero las dos cosas no son coherentes. Yo creo que hubo
mora y que esa mora se traduce justamente en la violación al
derecho de ser juzgado en un plazo razonable.
Sobre la nulidad por imparcialidad, cae en lo mismo que los
compañeros de la Fiscalía diciendo que ya fue tratada. Como dijo mi
compañero el doctor Vilar, ¿a qué vinimos a este juicio entonces?
De acuerdo a ese razonamiento deberíamos haber llevado adelante un
juicio de cesura, ya que podríamos decir bien que los
procesamientos fueron confirmados por la Cámara Federal, entonces
entramos a esta sala y estuvimos dos años viviendo un juicio oral
para que se mensure una pena, no para discutir la responsabilidad
de fondo. Me gustaría haber escuchado a los acusadores con
fundamentos propios en cuanto a por qué la doctora Servini de
Cubría no fue parcial en este caso, porque remitirse a lo que dijo
otra judicatura habla de falta de argumentos propios. Además, estas
resoluciones, como bien dijo mi compañero, pierden valor procesal
en un juicio oral porque los magistrados tienen la facultad, la
potestad, y me animo a decir que la obligación de fallar sobre lo
que vieron durante el debate y no meramente remitirse a lo resuelto

Fecha de firma: 08/08/2016


Firmado por: JOSE V MARTINEZ SOBRINO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIAN MARTIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: RODRIGO GIMENEZ URIBURU, JUEZ DE CAMARA
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por instancias anteriores. Yo estoy seguro que, si dictan sentencia


en base a cortar y pegar los procesamientos anteriores y citando
eso, hay una Casación y me iría muy bien y muy fácilmente. No creo
que lo hagan. Además, parte de un punto claro: yo no creo que sean
menos jueces que ninguno de los preopinantes. Así como creo que los
plenarios son inconstitucionales, creo que los jueces de juicio,
valga la redundancia, tienen suficiente libertad como para
apartarse de pronunciamientos anteriores y fallar sobre sus propias
convicciones y no las de terceros.
Después sostienen el argumento de que cuando se instruye, es
lógico que se comprometa un juez. Solo prueba al sostener esto que
fue parcial, me relava de mayor análisis si el juez estaba
comprometido y admite que es lógico que así sea, la jueza fue
parcial. Pero si se compromete por instruir y encima estuvo en la
Plaza de Mayo dando órdenes al momento de los hechos, se da un
cuadro que supera por lejos las expectativas del legislador al
dicta el Código. Va más allá de cualquier suposición. Entiendo que
el agravio es a todas luces, patente. ¿De qué sirve venir a un
juicio y supuestamente controlar la prueba testimonial, si cuando
el testigo dice algo distinto se lo confronta con la testimonial de
la Instrucción y bajo apercibimiento? Entonces cuando el testigo
dice algo distinto acá, se confronta con la testimonial de
Instrucción, y en la Instrucción fue parcial. Entonces se
desnaturaliza el juicio, ese es el agravio de una Instrucción
parcial. Porque si tuviésemos otro sistema en el que el testigo
viene acá, dice lo que quiere decir acá y queda lo que dice en la
Sala, obviamente la Instrucción no tiene ningún sentido, se tira.
Son constancias como para llegar al juicio, una mera prueba para
alcanzar el debate. Pero si constantemente remitimos y encima le
preguntamos “¿Se acordaba más antes o ahora?”, “No, antes”, y
bueno, entonces queda lo de antes. Ahí está el agravio, ese es el
agravio, no es tan difícil de entender.
Ahora voy a contestar brevemente 3, 4 puntos del doctor
García Dietze que tocó y que quiero destacar. Esto con el mayor
respeto, porque es un colega de quien conozco su trayectoria y
respeto profundamente por cuestiones personales. Pero bueno,
discrepo en algunas cuestiones. Quiero contestar 2 o 3 cosas. En
ningún momento por lo menos esta defensa, puso en discusión las
palabras de Pinedo, González o Morillo. Por el contrario, destaqué
que sus primeras declaraciones más cercanas a los hechos en el
tiempo, describieron un escenario totalmente distinto al de la
llegada de Internos, otros autos y demás. Luego sí fueron mutando
en la Instrucción y posterior a los anónimos, pero eso es otra cosa
distinta. Yo en ningún momento puse en tela de juicio la
descripción de estas personas que fueron allegados directos al
señor Márquez. De hecho, hice un cuadro y de acuerdo a los anónimos
iban variando las testimoniales y como se fue construyendo la
Instrucción en base a eso. El prestigioso colega en alguna medida
creo que terminó admitiendo que hubo otros disparos en el lugar, en
ese momento, y entonces me pregunto aun si quiere admitir la tesis
de que Internos estuvo ahí, a esa hora, que está probado que no por
los del Conicet, pero no importa, si se admite eso, si hubo otros
disparos, ¿cómo sabemos que los disparos mortales son de Internos y
no de un tercer tirador? Yo creo que fue un acto de honestidad
intelectual, porque lo considero así al doctor García Dietze, pero
creo que la duda también hasta la tiene él en el fondo. La tiene
él, porque está admitiendo que en ese momento hubo terceros
disparando, y como todos ya sabemos, dos años de juicio, no hay
pericia balística para saber de qué arma proviene una posta de
escopeta. Deja más dudas que certezas.
Ahora sí voy a entrar con lo de la Fiscalía que es un
poquito más largo porque los compañeros desarrollaron bastante más
los puntos. Voy a tratar de ser breve. Voy a tratar de seguir el
orden en que alegaron. Si bien en lo personal a mí no me gusta, los
critico con respeto porque se mezclan mucho las cosas, van, vienen,
pero bueno, traté de anotar los puntos y seguirlos para seguir esa
lógica. Sobre el plazo razonable se remitieron, bueno, a lo que
habían expuesto anteriormente. Agregaron que la causa fue compleja,
variedad de imputados, hablaron del máximo esfuerzo. En esto la
verdad es que me remito a lo que ya expresé en el alegato, porque
no varía en nada las expresiones que tuvieron y no descartan para
nada mi planteo original. También bueno, vuelven con este tema que

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introducen que todo fue confirmado anteriormente, pero como dije,
si eso es así, no sé para qué estamos en esta sala. Me parece que
estamos viviendo un juicio de cesura como dije.
Ahora sí, sobre la indeterminación de los hechos en el caso
de Víctor Belloni, la misma Fiscalía nos reconoce que el
procesamiento fue dictado por la alzada. Ese procesamiento no fue
sometido a doble conforme ni mi pupilo fue indagado por el hecho
por el que la alzada lo procesó. Sobre la casación desierta, digo
que habla más de una defensa técnica ineficaz y honestamente me
parece que me están dando la razón. No controvierten lo que dije
porque es verdad, y a lo sumo le dan una pátina de color a este
desastre. Pero el desastre está, y la afectación está. A esto debo
agregar que el propio doctor Comparatore en su momento, si se ve en
la causa, señaló que debía intimárselo por los hechos que los
procesó la Cámara para evitar este planteo, y no se lo hizo. Lo que
se le hizo saber es que había sido procesada una suerte de
notificación personal y nada más. Nunca tuvo la posibilidad de ser
indagado por el hecho, de iniciar su defensa material para tener
una posterior resolución del instructor y después un control de la
alzada que es lo que el Código nos brinda como una garantía y que
hace a la defensa en juicio. No es muy difícil de entender este
planteo. No lo digo por los señores jueces, lo digo por los
acusadores. Yo sé que lo entienden y les toca acusar, o sea no es
que no lo entienden. Pero la verdad es que me pregunto en qué
momento se habrán suspendido las garantías en este proceso, porque
ya negar que la persona no fue indagada, no fue procesada, es
algo... es trabajar sin el Código y el Código es la materialización
y la limitación de las garantías constitucionales. Ese es el Código
Procesal, por eso es la importancia. Porque con este cuento de la
nulidad por la nulidad misma, termina siendo un desastre a nivel
garantías. O sea, sobre la participación y si se sorprendió o no,
bueno, en el juicio no se sorprendió, pero sí cuando empieza a
ofrecer prueba la Instrucción con ese procesamiento dictado por la
alzada, no controlado y sobre el que no fue intimado. Se sorprendió
cuando la Cámara le dicta falta de mérito por lo que fue intimado y
seguía preso. Está el escrito. Le dictan falta de mérito por lo que
lo indagaron y él seguía preso. Claro, seguía preso porque la
Cámara lo procesó por otra cosa distinta. Esa es la situación por
la que tuvo que atravesar. No sé, yo no tengo 100 años de servicio
de justicia, pero me doy cuenta de la irregularidad de esto.
Otro colega de la Fiscalía, señaló que no describí bien cuál
fue la maniobra artera. Lo invito a volver a leer las taquigráficas
y va a notar que lo describí, porque imputar otros resultados... a
él se le imputaba Riva, Lamagna y Almirón, mostrar un video
editado, hacerle decir que en todo caso el resultado del disparo
era de la persona que estaba herida al final para luego modificar
la imputación y omitirle el tercero que se ve en el video como
tentativa de homicidio, digo, esa es la maniobra artera. Capaz que
la palabra artera duele, adjetivo mal, pido disculpas, pero es la
que me sale, la que conozco.
Con respecto a Orlando Oliverio y las variaciones de su
supuesta autoría y participación, es más que evidente. Y fueron
suficientemente citadas en el alegato. Pueden o no compartir mi
posición, pero lo cierto es que variar entre coautor o emisor,
parte de un plan expreso o tácito. ¿Cómo es un plan tácito, guiño,
guiño? No, guiño ya sería expreso. ¿Cómo se hace un plan tácito?
Telepatía tampoco, porque ya se estarían comunicando. Sería expreso
por telepatía, no sabemos cómo es un plan tácito. Me releva de
ingresar nuevamente en el análisis del caso, me remito a lo dicho
porque la verdad que lo expresado por los compañeros de la Fiscalía
no conmueve mi planteo. Vuelven a citar resoluciones de instancias
anteriores y que por eso no podrían hacer el planteo me dicen, pero
nuevamente como dije si fuera así, ¿para qué estamos en este
juicio? Y me pregunto, como ya dije anteriormente, si ustedes son
menos jueces que los que intervinieron antes. Yo creo que no, creo
que el plenario está para esto. Tiene incluso de hacer caer la cosa
juzgada con anterioridad porque están para esto, para revisar todo.
Tienen un poder muy grande los jueces de este Tribunal oral. Si del
juicio obtienen otra convicción pueden apartarse sin riesgo alguno.
Es más, si su convicción es otra, yo creo que están obligados a
apartarse, esa es la verdad. Es vergonzoso tener que tratar esto,
pero bueno, justamente son camaristas por eso también. Cuando se

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reformó el Código y se les dio la jerarquía de camaristas a los


jueces de juicio, a diferencia de otra jurisdicción, la discusión
era esa, que tenían que tener la jerarquía para poder revisar lo
actuado.
Con respecto a la parcialidad, también se remiten a lo
sostenido por la instancia anterior, y expresan que no advierten
que las denegatorias de las pruebas de descargo hayan sido un hecho
sistemático, sino que respondían a una interpretación distinta.
Primero reconocen las reiteradas denegatorias, solamente maquillan
los términos. En segundo lugar, nos revelan el fundamento. El
fundamento era una interpretación distinta y una hipótesis
distinta, pero lo cierto es que en una Instrucción no se pueden
negar medidas de prueba por una interpretación distinta o por una
hipótesis distinta, porque el encartado tiene derecho a que evacuen
sus pedidos, siempre que sean conducentes y hagan a su defensa en
juicio, juez o fiscal. Voy de nuevo, la Fiscalía termina
reconociendo que denegaron las medidas por parcialidad del
instructor. Con otras palabras, pero lo terminan reconociendo. Como
ejemplo digo, este Tribunal proveyó la prueba de los relojes que
terminó haciendo el Conicet y le dio la razón a Eugenio Figueroa
que lo venía requiriendo desde años. Y me pregunto y digo, en una
de esas, de haberse proveído en tiempo y forma esa prueba, él en
una de esas no estaría acá sentado. No lo invento, es un
razonamiento claro, es lógico y creo que es válido. Si en tiempo y
forma se hubiese llegado a la conclusión de que 7:05 estaban las
personas ya lesionadas, probablemente estas personas no estarían
acá sentadas. Después bueno, los propios fiscales reconocen que
ellos no tienen la misma imparcialidad que los jueces. Primero se
justificó que el instructor no la tenga porque está comprometido
con la investigación, y ahora que el fiscal instructor delegado
tampoco la tiene. Entonces digo, claramente la instrucción no fue
imparcial, no fue imparcial para nadie. Pero claro, esta
instrucción parcial sistemáticamente es signo de juicio con
testimonios a los que confrontamos sistemáticamente durante 2 años
con pruebas no proveídas en tiempo y forma. O sea, ¿se ve cuál es
la afectación? Para mí es bastante clara, no es complejo de ver.
Sobre el control de la prueba, dice la Fiscalía que no surge
su ausencia de las constancias del expediente. Endiosar el
expediente es una técnica de la más rancia inquisición
oscurantista. Lo dije antes y con esta afirmación de la Fiscalía lo
único que logro es probarlo. Por otro lado, la denegatoria del
acceso de la prueba surge de la gran cantidad de incidentes
paralelos creados, con toda la prueba mezclada que motivó que 3
jueces del Tribunal Oral anularan la elevación a juicio con
expresiones que señalaban que hubo afectación a la defensa en
juicio oportunamente. Me remito a la cita que realicé y a esa
resolución de los jueces del Tribunal. Lo dijeron 3 jueces, no lo
dijo un defensor. Entonces digo, ¿quién desconoce el derecho o
quién no leyó la causa? Es una resolución de 3 jueces diciendo que
era nulo porque se afectaba la defensa en juicio, la forma en que
había sido llevado el expediente.
Ahora, por ejemplo, las testimoniales, de Clemenco Villafán
no pudieron ser controladas por la defensa de Belloni en la
Instrucción. En el alegato cité profusamente las gambetas que
hicieron para evitar el control de parte, y cuando declaró en la
sala y empezó a hacer agua se lo confrontó con las declaraciones de
Instrucción de vuelta. El agravio es claro. Me dice la Fiscalía que
no tuvo en cuenta que Clemenco presentó todos los negativos, pero
yerra nuevamente el Ministerio Público Fiscal: presentó los
negativos que quiso y dentro de los que quiso incluso, hay
faltantes y cortes, los números 19, 20, 25, 26. Me remito a lo que
expresé en enero, no voy a relegar porque me alcanza con decir que
lo expresado por las acusadoras no conmueve en nada el planteo. Yo
no necesito reacomodar mis dichos como los parece reacomodar en
algunos momentos la Fiscalía. Simplemente quiero destacar esto:
Clemenco Villafán sostuvo haber usado 3 rollos de 36 fotos y 1 de
25, lo que arroja un total de 133 fotos. Pero en la causa aportó
72. Faltan 61 fotografías, no aportó nunca todo. La pericia de
fojas 766 de Gendarmería así lo acredita. El motivo lo
desconocemos. La misma fuerza informaba que dentro de las 72
analizadas, las faltantes de las tomas correspondientes 19, 20, 21

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y 26. No sé qué más puedo decir al respecto. Ya creo que con lo que
dije en enero creo que me alcanza.
Se me dice que critico las pericias porque “el resultado no
es el esperado por Belloni”. La verdad que no es así, las pericias
de sombras nos dan a favor. Hay una diferencia de 3 horas entre un
disparo y los heridos. Yo no la discutí en ningún momento, la
Fiscalía la discute porque no le sirve y no le sirve porque lo
desvincula.
¿Qué decir del caso Sánchez, no? En donde consta que fue
herido con una posta de goma y lo siguen acusando como que le
hubiesen disparado con plomo. La pericia del color del cartucho es
insostenible y sí la critico. Solo la ceguera de quien parece no
haber estado en este proceso puede insistir con el color del
cartucho. Y recordar las palabras de Alé cuando se enfrentó a las
fotos me releva de cualquier tipo de prueba. Vio una foto del mismo
color y no sabía que tenía adentro, y en la pericia sostenía que
eso era plomo. No es que estoy criticando porque no me sirve la
pericia, se cayó sola.
En el caso de Oliverio, por ejemplo, digo, hablan de que yo
desconozco pericias que no me sirven. ¿Pero por qué ellos no
mencionaron la pericia del Conicet en la que participaron
activamente con un perito de parte que la refrendó y que el
resultado es el mismo que el aportado por Figueroa, por qué se
apartan? Porque no les conviene. O sea, ellos señalan errores en
cabeza de otros, errores propios. Un psicólogo diría que es
transferencia esto, o algo por el estilo, no soy muy bueno en
psicología. No tengo un siglo en Tribunales, pero bueno, me doy
cuenta que no es así porque no hicieron una sola mención a la
pericia del Conicet.
Lo de Otero lo sostengo, no quito una sola palabra al
respecto, solo agregar que yerran una vez más. Yo no valoré el
testimonio de Otero. Cité el incidente que se dio en el juicio y la
forma en que la Instrucción silenció testigos de descargo con
imputaciones posteriores. Invito a la Fiscalía y a los compañeros a
releer el alegato. Recuerdan que a Otero se le preguntó en esta
sala si era normal que la Caballería pegara con látigo o fusta.
Adivinen qué le imputan a Otero en Instrucción. Pegar con látigo y
fusta. Si eso no es... no quiero adjetivar porque se ofenden. “Say
no more”, diría Charly.
También se me señala que usé fotos de la pericia del señor
Figueroa. Esto es bastante divertido, porque la verdad que las
fotos las puse a propósito. A mí no me varían en nada porque tenía
la pericia del Conicet, pero la idea era ver si entraban y
entraron. La puse para ver si la Fiscalía me lo criticaba, porque
la Fiscalía presentó en el alegato una pericia hecha por su
Departamento Técnico. Lo de ellos vale, lo nuestro parece no valer.
Y creo que con esto logré probar el doble estándar que manejan a la
hora de acusar. No son coherentes en lo que valoran como prueba
válida y lo que no es prueba válida. Las imágenes de Figueroa
también están en autos, la foto cruda, están todas en la causa. Los
relojitos bueno, lo que muestra la foto lo hizo personal técnico de
la Metropolitana. La selección de relojes la hicieron mis
compañeros y en alguna participé yo también, y las imágenes que
ellos presentaron están en la causa también según cuentan, ellos
las seleccionaron dicen ahora, porque dicen que los técnicos de la
Procuración solo las pusieron en un mismo video para hacerlas
correr, ahora. Y digo, ¿lo de ellos vale? Me parece que las
conclusiones se imponen. O vale todo o no vale nada, porque son
cosas idénticas, no estoy comparando cosas distintas. Sí quiero
señalar que la explicación que agregaron de que solo el
Departamento Técnico colaboró con la puesta en paralelo de los
videos es otra prueba que como dijo algún colega viven corriendo el
arco en base a ambigüedad y vaguedad. En diciembre su alegato fue
realizado por técnicos, ahora solo colaboraron. La verdad es que no
nos equivocamos los defensores al llamarlo pericia ni informe
técnico, ellos lo presentaron en esos términos. Porque si fuese
algo hecho de mano por ellos mismos, no hay que citar al técnico de
la materia. O sea, por lo menos fue confusa la forma en que lo
mostraron y lo expresaron. Ya digo, ambigüedad, vaguedad en los
términos, después salimos a aclarar de que no, y corremos el arco y
criticamos al otro. Vamos, venimos. No es lo correcto para una
acusación. Yo hice un plano a mano alzada, y dije “lo hice yo en

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casa a mano alzada”, de hecho, era bastante feo, pero bueno. Pero
esto es parte del modus operandi... a ver, que no se ofendan, el
modo de operar en latín, no hablo de modus operandi en términos
criminales, hablo que fue una forma de operar de la acusación
durante 14, 15 años.
La Fiscalía defiende el informe del doctor Martínez y ellos
no fueron los que lo presentaron, pero está bien, pueden hacerlo.
Pero digo, ese informe del doctor Martínez también fue hecho a
espaldas de... es un informe de parte, sin control de nadie. ¿Ese
vale y el de Figueroa no vale? Es calcado. ¿Extemporáneo el de
Figueroa, por qué, por qué no está hecho en Instrucción? No hay
ninguna parte del Código que diga eso.
Sobre el informe de Pregliasco, algo más se podría agregar.
La Fiscalía nos dice que pudimos controlar la prueba en el juicio.
La verdad que lo que pudimos hacer es en todo caso preguntarle
cosas al perito. Controlar la pericia en sentido estricto, es
participar de la tarea técnica con la posibilidad de tener un
técnico designado por parte y opinar. Son cosas totalmente
distintas interpelar a un perito y poder participar en carácter de
parte de una pericia. Nos dice también que el planteo es
extemporáneo en cuanto a su recusación, pero me pregunto cómo lo
iba a recusar esta defensa o el defensor que estaba antes que yo,
cómo lo iba a recusar si ni Belloni ni Oliverio fueron notificados
de su designación. En eso me remito a lo que ya expresé en su
momento.
Dicen que critiqué con poco fundamento las testimoniales y
sin decir cuáles me agraviaban, pero a renglón seguido dicen que
critiqué la de Barrero*, Castrejo Vallán*, Cuggini, Betancourt*.
Entonces digo, o las critiqué con poco fundamento y no las cité, o
las cité, porque si ellos lo están contestando... La verdad es que
las cité, las traté y critiqué. Digo, o las cité y critiqué o no
las cité y no las critiqué. Pero digo, las dos cosas no valen. Es
como el tema este del acuerdo expreso o tácito. Un poco de
coherencia debería haber en la Procuración. Mi trabajo sé hacerlo,
mis conclusiones se pueden compartir o no, pero estoy seguro de que
mi alegato tiene coherencia interna.
La Fiscalía critica el análisis de los anónimos. Vuelvo a
invitarlos a leer las taquigráficas, porque plantean mis
expresiones en forma tergiversada. Una pena. Expliqué en mi alegato
que no era el caso de la denuncia anónima, sino que los anónimos
afectaron el curso de la investigación parcializando un análisis de
pruebas, para luego incluso afectar la forma en que se tomaron las
testimoniales. Me tomé el trabajo de mostrar como luego de cada
anónimo la versión variaba en ese sentido. En fin, estoy confiado
que los señores jueces que puedan o no compartir mi criterio porque
no soy el dueño de la verdad, entendieron el concepto de lo que
quería plantear y el grado de afectación que tuvieron en la
Instrucción o por lo menos mi idea de hacia dónde iba. Creo que es
entendible, después me darán o no la razón, ustedes saben.
Luego, bueno, en juicio y con la idea instalada, conformé
los anónimos a los testigos se los confrontó con aquellas
testimoniales y ahí está el planteo de por qué no se afectaban las
testimoniales y los anónimos en conjunto. Como dijo mi compañero el
doctor Vilar, se citó airadamente que más allá de los anónimos
había otro canal de investigación. La técnica jurídica siempre nos
exige y por lo menos exige desde hace años, que se cite cuál es el
canal de investigación alternativo. Una mera expresión de que
existía un canal alternativo, no es válido para suplirlo. Como dijo
Ariel Vilar, bueno, qué son los videos. El Conicet da otra cosa. A
los testigos ya los criticamos, ¿entonces cómo es el tema?
Dicen que en el video de ellos afirman que no hay corte. Lo
mismo afirmaron sistemáticamente sobre el video de Canal 13 de
Regi*, y sin embargo la pericia de Gendarmería dio una cantidad de
cortes importantes. Digo, ¿pueden ellos, si lo hicieron ellos,
solamente sin el Departamento Técnico afirmar que ese video no está
editado? Aparte cuando afirmaron en diciembre que el “pin” que
sonaba sobre el poste era una posta de plomo. Luego mostramos
ralentizando el video que había también impactos de piedras. Digo,
como peritos no parecen destacarse. Esto es para decir simplemente
que no tiene valor lo que presentaron en el alegato.
Bueno, además aceptaron que no determinaba per sé el
horario. Yo parafraseando a un autor del que soy devoto, Kurt

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Voonegut*, que hablando de las relaciones personales hablaba de que
no pedía amor sino decencia, simple decencia, no pido
imparcialidad, pero pido coherencia en la acusación.
Después me dicen que de ninguna manera pudo pasar Oliverio e
Internos por ese lugar sin ver el escenario, pero se olvidan de que
Oliverio desde el primer día y antes de cualquier video dijo que
paró porque un herido pedía auxilio. No es que pasaron sin ver eso.
Oliverio desde el primer día dijo: “paré para asistir a una persona
herida”. Entonces no es que pasaron y no vieron que había un
problema. Después bueno, sobre la imparcialidad y citaron al doctor
Righi, “los fiscales no juzgan”, y demás, fenómeno. El doctor Righi
por quien profeso un profundo respeto sinceramente, la resolución
la hizo porque en la etapa de juicio tenían que acusar ante la duda
los fiscales. Pero cuando un fiscal tiene la delegación de la
Instrucción y la comanda, tiene que tener cierta imparcialidad y
tiene que abrirle el juego al imputado a proveer prueba de
descargo, sino se torna un modelo insostenible desde el punto de
vista de las garantías de defensa en juicio y del debido proceso
penal porque no se le garantiza al imputado la mínima posibilidad
de articular sus dichos como pasó en este caso. Esa es la discusión
y no otra sobre la parcialidad fiscal.
Eso es todo lo que tengo para decir, señores jueces. Intenté
seguir el orden de la exposición, ser breve y no aburrir. Les
agradezco el tiempo que me brindaron, la paciencia que me tienen y
reitero el pedido de absolución de mis asistidos Víctor Belloni y
Orlando Oliverio. Gracias”.

Seguidamente, ese mismo día produjo su


dúplica el Dr. Lirman, quien refirió:

“…DEFENSA (Lirman).- Sí, muchas gracias, señor presidente.


En relación a mi defendido Bellante nada tiene para decir esta
defensa, toda vez que ni la Fiscalía ni la querella se han referido
al alegato de esta parte ni han replicado ninguno de los argumentos
de esta defensa. Con relación a nuestros otros 3 defendidos, toda
vez que el equipo fiscal no se ha referido a los argumentos
aportados por esta defensa en su alegato, no ha replicado ninguno
de los argumentos de esta defensa ni ha podido rebatir los
importantes argumentos lógicos esgrimidos por esta defensa que
echaban por tierra los fundamentos del alegato fiscal, me voy a
referir simplemente a las cuestiones introducidas por nuestro
colega en representación de la querella, el doctor García Dietze,
argumentos que a criterio de esta defensa no se limitaron a refutar
los argumentos adversos que anteriormente no fueron discutidos,
sino que se ha pretendido mejorar argumentos vertidos en su
ponencia inicial, cosa que se encuentra vedada por las normas
procesales, por lo que entiende esta defensa que con la obligación
de acatar la orden del Tribunal esto nos impide efectuar la
devolución al respecto que entendemos que es nuestro derecho. Por
lo tanto no tenemos otras cuestiones que refutar en los términos
del artículo 393, quinto párrafo del Código Procesal. Nada más,
muchas gracias…”.

A continuación, en la misma fecha efectuó


su dúplica el Dr. Valerga Araoz, quien sostuvo:

“…DEFENSA (Valerga Aráoz).- Muchas gracias, señor presidente


y excelentísimo Tribunal. Bueno, en la convicción de que esta
defensa se ha expresado de manera profunda y completa sobre lo que
hace a la inocencia del señor Enrique José Mathov, y respecto de
todas las cuestiones digamos, tangenciales que hacen a la
imputación y también en la convicción de que las réplicas de la
querella y de la Fiscalía no lograron conmover los criterios
defensistas es que vamos a ser y procuraremos ser también lo más
puntuales y precisos en cuanto a las respuestas de los argumentos
replicantes.

Fecha de firma: 08/08/2016


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En primer lugar, tanto la Fiscalía como la querella se valen


de un primer argumento en lo que hace al planteo de extinción de la
acción penal por prescripción, consistente en que todavía en esta
causa y en este proceso hay personas imputadas de haber cometido de
mano propia los delitos de que se trata. Entonces, desde ese punto
de vista dice la función pública de esas personas suspende el curso
de la prescripción. Sin embargo, entendemos que ese argumento del
que se valen los acusadores encierra una valoración que en
definitiva frustra completamente los planteos acusatorios, ya sea
desde el punto de vista o bien de la prescripción o desde el punto
de vista del fondo. Porque si ellos dicen que todavía hay en esta
causa personas imputadas que pudieron haber cometido de mano propia
los delitos en cuestión, y se refiere no solo al caso del señor
Firpo Castro sino que menciona al señor Villalba, al señor
Lizarraga, el señor Morales, y la Fiscalía menciona por lo menos a
15 personas más, y sobre todo se valen de un criterio porque lo que
dice puntualmente la querella es que es inescindible la conducta de
Mathov, Santos, Andreozzi y Gaudiero de la de los autores directos,
porque si no se verifica dicen, la autoría material de los que
dispararon, tampoco se puede verificar la de Mathov, Santos,
Andreozzi y Gaudiero. Y la querella textualmente dice y cito
textualmente de la versión taquigráfica: “Acá no hay forma de que
se pueda imputar responsabilidad por los homicidios culposos a
Mathov, Santos, Gaudiero y Andreozzi, sin que se les imputen los
delitos dolosos a los policías que los perpetraron”. Ahora bien, la
encerrona argumental en la que incurre la acusación es que de
alguna forma ellos están reconociendo en sí mismo que no se sabe
quién mató y quién lesionó a las víctimas de autos. No se sabe
porque si dicen o sostienen que ellos pudieron ser los autores,
digamos, Lizarraga y compañía, las personas que están con falta de
mérito pudieron haber sido los autores de los homicidios, de alguna
forma están diciendo que las personas que están sometidas acá a
procesos pudieron no haberlo sido. Entonces ellos también entienden
que no hay certezas de que las personas a las que les pidieron
altísimas penas de prisión pudieron no ser los autores de los
delitos por los que se los acusa. Y si los autores pudieron haber
sido Lizarraga*, Morales y las demás personas mencionadas y por lo
menos las 15 personas mencionadas por la Fiscalía, también pudieron
haber sido los autores de esos hechos las personas que según la
jueza Servini de Cubría, ajenas a la fuerza policial se valieron de
la situación imperante para provocar desmanes y cometer delitos. Lo
dijo así la jueza Servini de Cubría en su resolución del 1/3/2002,
y lo dijo también en las indagatorias de Santos del 14 y del
15/2/2002. Es decir, se sostiene y sigue vigente lo que dijo la
querella en su escrito del 11/1/2007, que a 5 años del homicidio de
Gastón Riva, Diego Lamagna, la investigación judicial no ha podido
aun esclarecer estos hechos e identificar fehacientemente a los
autores. Bueno, tampoco lo ha podido hacer después de 14 años. Y no
solo los casos de Riva, Lamagna y Almirón que no tenemos autores
directos de ese homicidio, sino los otros casos. Porque por los
otros casos la querella dice y la Fiscalía dicen que todavía hay
personas imputadas. O sea que hay personas que pudieron haber
cometido esos delitos que no son las que están sentadas acá.
Entonces el argumento invocado a los fines de aplicar la suspensión
de la prescripción de que hay personas y hay funcionarios públicos
que están imputados y que están con falta de mérito, bueno, muestra
la debilidad integral de la acusación porque si se suspende el
curso de la prescripción es que no se sabe quién los mató y
siguiendo el razonamiento de la querella y de la Fiscalía, si es
inescindible ese comportamiento del que luego se les imputa a
Mathov, Santos, Andreozzi y Gaudiero, bueno, no se puede establecer
el nexo de imputación y de responsabilidad entre la infracción de
deber que se les imputa a Mathov y compañía, y los hechos de la
causa. Por eso quería hacer hincapié en este primer argumento que
esgrimen con la finalidad de sostener la suspensión de la
prescripción, de alguna forma muestra que la acusación no se apoya
sobre pilares sólidos porque o se hace agua por un lado o se hace
agua por el otro.
Insisto en que, si los autores pudieron haber sido otros
policías, también pudieron haber sido las personas ajenas a la
fuerza que como hemos mostrado en el alegato, estaban ubicadas en
distintos lugares y mezcladas con la Policía y hasta se ha

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demostrado que han utilizado armas de fuego convencionales o de
fabricación casera.
En segundo punto, tanto la querella como la Fiscalía
pretenden una interpretación extensiva del artículo 67, segundo
párrafo del Código Penal, señalando que cuando esa norma se refiere
a los que hubieren participado, sigan siendo funcionarios públicos,
lo hace en un criterio amplio de las normas del Código Penal,
sostienen los acusadores, y no en un criterio restrictivo como
decimos nosotros. Bueno, ya hemos esgrimido argumentos que
sostienen nuestra posición, que es una interpretación restrictiva.
Solamente me permito agregar sobre esta cuestión un solo punto, que
es el referido a cuál es la correcta interpretación de una ley
penal o de una ley en general. Tiene dicho la Corte que la primera
fuente de interpretación de la ley es su letra y que a ella no se
le puede dar un sentido que ponga en pugna las disposiciones con
respecto a las restantes disposiciones de orden jurídico, sino que
la interpretación tiene que ser armónica y superadora tendiente a
mantener la vigencia del orden jurídico. Este es el criterio
general de interpretación de la ley. Ahora bien, tiene dicho la
Corte en el precedente Alejandro Esteban Acosta, muy conocido en el
ámbito de la suspensión del juicio a prueba, que está publicado en
el tomo oficial de fallos al Tomo 331, página 858, puntualmente en
el considerando sexto, dice que en este ámbito de interpretación
general no se agota la tarea del intérprete penal o de las normas
penales, puesto que, dice la Corte: “el principio de legalidad del
artículo 18 de la Constitución Nacional exige priorizar una
exegesis restrictiva dentro del límite semántico del texto legal,
en consonancia con el principio político criminal que caracteriza
al derecho como la última ratio del ordenamiento jurídico y con el
principio pro hómine que impone privilegiar la interpretación legal
que más derechos acuerda al ser humano frente al poder estatal.
Repito, fallo Alejandro Esteban Acosta, considerando sexto.
Entonces, esta regla pacífica de interpretación de normas penales
fue omitida por los acusadores quienes pretenden una interpretación
extensiva del concepto de participación al que alude el artículo
67, inciso 2 del Código Penal. Y reitero que además no solo surge
de esta idea sino también de que cuando el Código Penal habla,
habla en términos dogmático y si el Código Penal distingue en los
artículos 45 y siguientes entre autoría y participación, y en el
artículo 67, inciso 2º solamente decidió hablar de participación
dejando otras formas de intervención afuera, otras formas de
intervención en el delito, y si a eso le agregamos que la Corte
exige como interpretación pacífica de interpretar la ley penal un
análisis restrictivo acorde al principio o a la idea taxativa del
Derecho Penal, pues bien, entendemos que las posiciones de Fiscalía
y de querella en este sentido no tienen mayor fuerza argumental.
Desde otra perspectiva la Fiscalía agrega, esto no lo dijo
la querella sino entiendo o recuerdo que lo dijo solamente la
Fiscalía, dice que el criterio interpretativo que estamos
planteando respecto al artículo 67, inciso o párrafo segundo del
Código Penal, dice que en el caso no es aplicable porque Mathov,
Santos, Andreozzi y Gaudiero también fueron acusados del delito de
abuso de autoridad del artículo 248 del Código Penal, que es un
delito doloso. Tenemos dos puntos o dos argumentos para
controvertir esta interpretación de la Fiscalía. El primero es que
si se toma aisladamente esta figura como ahora parece hacerlo la
Fiscalía, es decir parece escindirlo del resto como si fuese una
situación aislada a los fines de oponer la suspensión de la
prescripción... repito, si tomásemos de manera aislada esta figura
del artículo 248, el delito estaría prescripto, y prescripto por
tercera, cuarta o quinta vez ya que tiene una pena máxima de 2 años
y los acusados de este delito dejaron de ser funcionarios en el año
2001. Desde ya, insisto en que cuando el artículo 67 habla de
delito se refiere a quienes hubiesen intervenido, a quienes
hubiesen participado en el delito concreto, es decir en este caso
quienes hubiesen participado en el delito de Mathov que son los
casos de lesiones y homicidios culposos y abuso de autoridad. Y me
remito a lo que dije en el alegato en cuanto a que no se puede
traer a los fines de... y suspender la prescripción, imputaciones
ajenas a las que les corresponde a los imputados del caso concreto.
Y me remito también a lo que dijo al inicio de la jornada el doctor
Oliván.

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Pero en segundo lugar para controvertir este argumento del


artículo 248, destaco que ninguno de los acusados de autos están
imputados de participación en abuso de autoridad. Que aclaro que la
participación en este delito es factible dogmáticamente. Todos los
acusados junto a Mathov lo están a título de coautoría en este
delito, por ende la oposición de esta figura cae por su propio
peso. Digamos, la oposición de este argumento de que el artículo
248... digamos, es una figura dolosa, cae por su propio peso porque
no hay ningún acusado de participar en el delito de abuso de
autoridad.
Ahora sí, la querella nos dice aquí que no tenemos que hacer
distinciones donde la ley no las hace en referencia a nuestra
afirmación de que en el caso concreto ningún funcionario público en
actividad obstruyó el avance de la investigación. Nosotros hemos
dicho que la finalidad normativa de la suspensión del curso de la
prescripción cuando hubiesen participado funcionarios públicos que
continuasen en el ejercicio de su actividad obedecía a la capacidad
de incidencia que puedan tener esos funcionarios públicos en la
investigación del delito en cuestión. Y esto también lo reconoció
la propia Fiscalía citando un dictamen fiscal del doctor Javier De
Luca, donde el doctor Javier De Luca en ese dictamen citado por la
Fiscalía hace alusión a que esa es la finalidad normativa. La
querella me parece que se confunde, porque la querella nos está
diciendo que nosotros hacemos distinciones donde la ley no la hace
y no es una cuestión de distinguir donde la ley no lo hace, sino
que es una cuestión de tener en cuenta cuál es la finalidad
normativa. La finalidad normativa para que opere la suspensión de
la prescripción en este caso, no se cumple porque ningún
funcionario público que siguió en actividad obstruyó el avance de
esta causa. De hecho, estamos a semanas de que se dicte sentencia y
muestra que esta causa y el juicio oral después de dos años avanzó
y prosperó desde el inicio hasta su culminación. Entonces no se
trata de hacer distinciones donde la ley no las hace, sino de tener
en cuenta cuál es la finalidad normativa. Y sobre este punto
entiendo que lo que hace la querella es poner una obstrucción al
cumplimiento y a la finalidad de la norma. Y cito brevemente una
referencia de Carlos Nino en su: “Un país al margen de la ley”,
donde él habla de las situaciones anómicas y es curioso porque
habla de situaciones anómicas incluso cuando existe una ley. ¿Y
cuándo se produce una situación anómica aun cuando existe la ley?
Bueno, cuando algún interprete de la ley busca vulnerar su
finalidad normativa. Fíjense que él habla de distintos casos, y
dice que hay un tercer tipo de casos cuando se realiza la conducta
prescripta por la norma, pero se desconocen los fines normativos.
Dice “estos son los casos más comunes e interesantes de anomia
boba...”, dice, “...y representan en general una actitud
formalista. Una clase de esos casos es el comportamiento ritualista
en el que se observa la norma ignorando los objetivos que ella
sirve aun cuando ellos resulten frustrados.” Y esto está en la
página 45 de: “El país al margen de la ley”. ¿Qué es lo que quiero
mostrar con esto? Es que si se prescinde de la finalidad normativa
y se la dibuja digamos, con la idea de que no es una cuestión de
cumplimiento normativo sino de hacer una distinción donde la ley no
la hace como nos está diciendo que hicimos, bueno, se frustra la
finalidad de este artículo 67, inciso 2º, que la regla general es
que la prescripción corre naturalmente, en cambio la suspensión es
una excepción.
Finalmente, sobre esta cuestión del análisis convencional
del artículo 67, realmente nos llamó la atención a la defensa de
Mathov la interpretación que hizo la Fiscalía del concepto de
funcionario público. Dice la Fiscalía que Santos, Andreozzi y
Gaudiero siguen siendo funcionarios públicos porque según la ley
tendrían estado policial. Esta consideración de ellos como
funcionarios públicos tiene una incidencia notable en la situación
de Mathov, porque si se siguiere ese camino podría sostenerse que
la imputación contra Mathov o la prescripción con relación a Mathov
está suspendida. Y para sostenerlo así, afirma que, en caso de ser
llamados a prestar servicio, su presentación es obligatoria dice la
Fiscalía. La Fiscalía, a nuestro criterio, omite considerar que lo
que da la idea de lo que es un funcionario público es la
participación en el ejercicio de las funciones públicas. Y citamos
el Código Penal de Jorge de la Rúa del año 1972 en la página 892, y

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en igual sentido se expiden Núñez en su “Tratado de Derecho Penal”,
y Carlos Krause* en su libro sobre los delitos contra la
administración pública.
Teniendo en cuenta esto, entendemos que cuando Santos,
Andreozzi y Gaudiero eventualmente sean convocados a un acto de
función específica, ahí podrá decirse que actuaron como
funcionarios públicos. De ahí que el artículo 77 del Código Penal
defina como funcionario público a todo aquel que participe
accidental o permanentemente del ejercicio de funciones públicas.
Si la Fiscalía alega que Santos, Andreozzi y Gaudiero siguieron
siendo policías y prestaron servicios, bueno, ellos tendrían que
haber probado esa circunstancia, ellos tendrían que haber
acompañado el acto administrativo donde digan que siguieron siendo
funcionarios públicos durante tal o cual período o que lo siguen
siendo y que siguen prestando actividad hasta el día de hoy. Y, por
otro lado, ¿qué significa ese criterio? Significa que ni aun
muertos a Santos, Andreozzi y Gaudiero puede correrles la
prescripción. ¿Hay que esperar a que se mueran para que les corra
la prescripción a ellos? ¿Porque muertos no pueden ser convocados?
E incluso se puede llegar al grotesco de decir que ni siquiera aun
muertos, porque, como me comentaba en una conversación informal que
tuvimos con el doctor Vázquez, si hay un ascenso post mortem, como
puede establecerse la ley, ¿qué? significa que ahí los convocaron,
aun muertos, o sea que ni muertos corre el curso de la
prescripción.
Lo que quiero mostrar es que esta situación de decir que
siguen siendo funcionarios públicos porque existe el estado
policial, que, como bien dijo el doctor Oliván, el estado policial
es a los fines también de las cuestiones previsionales, y el estado
policial por sí mismo o por sí solo no hace que una persona sea
funcionario público. Lo que determina o lo que define el
funcionario público es que cumplen una actividad pública, que ni
Santos, Andreozzi y Gaudiero lo hicieron desde que fueron pasados a
disponibilidad.
Por otro lado, sobre este punto hay un precedente de la
Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires que se llama “Alberto
Orlando Carnevale”, del 15 de marzo del 2000, donde dice que, cito
textualmente las palabras de la Corte, dice: “El artículo 67,
segundo párrafo del Código Penal, dispone la suspensión de la
prescripción en estos casos, mientras cualquiera de los que hubiera
participado se encontrara desempeñando un cargo público”. Y dice
que conforme el informe agregado a fojas 93 se acredita que el
procesado que era comisario mayor de la Policía Bonaerense pasó a
situación de retiro el 31 de diciembre de 1993, de modo que, en ese
momento, fue en ese momento cuando cesó la causa de suspensión y
pudo iniciarse el transcurso del término de prescripción de 6 años
aplicable en autos. En este caso, se lo acusaba de un delito de
enriquecimiento ilícito de funcionario público.
Pero, ¿por qué la Corte Suprema o la Suprema Corte de la
Provincia de Buenos Aires hacen hincapié en que la calidad de
funcionario público cesa al momento en que cesa la actividad o se
dispone el pase a retiro o el pase a disponibilidad del policía?
Porque toma un criterio de funcionario público conforme al Código
Penal, un criterio restringido, toma un criterio de que es
funcionario público aquel que participa, por nombramiento
accidental o permanentemente, del ejercicio de funciones públicas,
y repito que en este caso las acusaciones no lo han acreditado. Y
cito a Creus, que dice que la administración aparece cuando se
presenta el acto administrativo, es decir, el acto de gobierno o el
acto funcional, agrego yo. Y esto lo dice en Delitos contra la
Administración Pública, del año 1981, página 3.
Pero fíjense hasta qué punto llega el grotesco de pretender
forzar una situación para que no opere el instituto de la
prescripción, que además es un derecho constitucional, que la
Fiscalía, para invocar el estado policial, no invoca el artículo 77
cuando define qué es funcionario público, invoca el artículo 77
cuando define qué es un militar, y acá no hay ningún militar, y
dice que por el término “militar” se designa a toda persona que
revista estado militar en el momento del hecho conforme la ley
orgánica para el personal militar.
Al citar la ley orgánica militar y vincular el estado
policial con el estado militar, además de invocar expresamente esta

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definición, y pasar absolutamente por alto la definición de


funcionario público, están haciendo una aplicación analógica y está
vulnerando el principio de legalidad, porque compara a los policías
con los militares, y compara el estado policial con el estado
militar.
Desde este punto de vista, lamentamos que la Fiscalía haya
preferido vulnerar garantías constitucionales al haber solicitado
la absolución de Enrique José Mathov, en vez de haber solicitado la
absolución de Enrique José Mathov o haber postulado que la acción
penal se encontraba extinguida, como realmente sucede.
La Fiscalía nos dijo, tal vez como justificación de su
postura, que había reglamentaciones internas que la obligaban a
actuar. Pues bien, yo entiendo que ninguna reglamentación interna
puede ir más allá del principio de inocencia y del principio in
dubio pro reo, que es una manifestación del principio de inocencia;
al contrario, el principio de inocencia también tiene efectos
irradiantes sobre la actividad del Ministerio Público Fiscal. La
vigencia del principio de inocencia va más allá de cualquier
reglamentación administrativa, que además, como bien dijo una
defensa que me precedió en el uso de la palabra, no tiene efectos
oponibles ni vinculantes para el Tribunal, que el Tribunal es libre
en su capacidad de decisión en todos los aspectos, ¿no?
Y decía que también el instituto de la prescripción de la
acción penal tiene jerarquía constitucional no solo por la vigencia
de la duración razonable de los procesos penales, por el plazo
razonable de duración de los procesos penales, que, según entiende
la Corte, la prescripción es un medio para alcanzarlo, sino también
por la razonabilidad de los actos de gobierno. Los actos de
gobierno tienen que ser razonables en cuanto a su contenido, en
cuanto a su esencia, pero también en cuanto a su tiempo, ¿no?, por
eso cobran vigencia las palabras de Beccaria, en el año 1764, que
la justicia lenta no es justicia y que la mayor distancia entre la
sentencia y los hechos llevan a una idea de que se disocia la
eventual pena con el hecho. ¿Por qué se está penando, por un hecho
que ocurrió hace 15 años? Por eso los conceptos de Beccaria son tan
actuales y tan vigentes.
Pasando a otro orden de respuestas, la querella señaló que
nunca había dicho que con respecto a Mathov era aplicable el
artículo 28 del Estatuto de Roma para la Corte Penal Internacional.
Dijo que solamente lo citó a los fines de analizar la dogmática de
los delitos culposos comparándolo con el artículo 84 del Código
Penal. Pues bien, si hubiese sido al solo efecto de eso y a los
efectos de relacionarlo con la pena, no hacía falta traer a
colación el artículo 28 del Estatuto de Roma de la Corte Penal
Internacional, bastaba con hacer un análisis estrictamente
dogmático del artículo 84 del Código Penal.
Señores jueces, en un juicio oral, de cualquier
característica, más allá de la envergadura que tiene el presente,
cuando se citan..., cuando en el marco de un litigio se citan
normas o se citan disposiciones o se hacen menciones específicas,
no se hacen inocuamente, no se hacen de manera inocente por el solo
hecho de hacerlas. Lo que pretendió marcar la querella al citar el
artículo 28 del Estatuto de Roma para la Corte Penal Internacional,
es que estábamos frente a un delito de lesa humanidad o un delito
contra la humanidad o una grave violación a los derechos humanos,
también, como lo dijo luego. Pero nosotros le señalamos que el
Estatuto de Roma preveía dos supuestos, el de los jefes militares,
en un primer apartado, y el de autoridades que no sean jefes
militares, y con absoluta claridad, para el segundo apartado, que
es el que estaría Mathov y los demás acusados de esta causa, el
estándar mínimo de aplicación de esa norma es el del dolo, el del
dolo eventual.
Es decir, el artículo 28 del Estatuto de Roma para la Corte
Penal internacional en el apartado que es aplicable al caso de
autos, no prevé la responsabilidad culposa. Tampoco se prevé la
responsabilidad culposa, en general, para los delitos de lesa
humanidad por la característica intrínseca que tienen estos
delitos, como lo hemos expuesto, creo que en abundancia, citando
las opiniones muy fundadas de Antonio Cassese, de Metro*, de Laie*,
de Grass*, de Vansliedreguet*. Incluso citamos la opinión de
Vansliedreguet* que trajo a colación el debate parlamentario en el
ámbito de las Naciones Unidas donde hizo hincapié en este tipo de

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distinciones, y en cuanto a que nunca a la autoridad civil le puede
ser imputado un delito de lesa humanidad a título culposo, por la
característica intrínsecamente aberrante que tiene esta clase de
delitos.
Incluso traigo a colación un argumento más, la querella citó
el voto del doctor Martínez Sobrino en el fallo “Castañeda”, del
Tribunal Oral Federal 6, que era un precedente que en rigor de
verdad no conocíamos, pero la mención de la querella nos llevó a
localizarlo, lo hemos pedido en el Tribunal y lo hemos tomado del
registro público de este precedente y analizando el voto del doctor
Martínez Sobrino, si bien el doctor Martínez Sobrino no lo dice,
porque no era el tema que tenía que resolver, él señala que estos
crímenes son crímenes serios, actos de violencia que dañan a los
seres humanos al golpear lo más esencial para ellos, que es su
vida, y son actos inhumanos que por su extensión y gravedad van más
allá de los límites de lo tolerable para la comunidad internacional
que exige su castigo, y trascienden al individuo porque cuando el
individuo es agredido, se ataca y se niega a la humanidad toda.
Si bien el doctor Martínez Sobrino no mencionó que los
delitos culposos quedaban fuera de los crímenes de lesa humanidad,
entiendo que por el carácter tan grave y tan fuertemente subjetivo
que le da a la noción de delitos de lesa humanidad, que aparte es
conteste a lo que la doctrina internacional entiende por una grave
violación a los derechos humanos o por un delito internacional, de
esta argumentación pareciera que quedan afuera los delitos de tipo
imprudente.
Por otra parte, esta posición también vale confrontarla con
el precedente citado por el doctor Chittaro en el momento de su
alegato, que es el precedente de la Corte Suprema que se llama
“Funes, Gustavo Javier”, del 14 de octubre de 2014, “Gustavo Javier
Funes”, del 14 de octubre del 2014, que está... como carátula tiene
F294, al libro XLVII, de la Corte Suprema de Justicia, F294, XLVII,
es el libro, en números romanos, donde en ese precedente se hace un
análisis de los distintos casos que toma la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, donde la Corte Interamericana también reconoce
que la prescripción es un derecho esencial y la Corte
Interamericana reconoce que la prescripción corresponde y que la
prescripción... Perdón, y que la condena y el castigo penal no es
el único modo de reparar violaciones a los derechos humanos y que
en determinados casos –y este era un caso de imprudencia, este era
un caso de imprudencia-en estos casos no se trata de delitos
imprescriptibles, no se trata de delitos imprescriptibles, donde la
falta de... La imprescriptibilidad puede ser opuesta.
Incluso ese caso era un asunto bastante aberrante, era un
niño que estaba jugando en Río Cuarto y vino una tormenta y provocó
que los que estaban jugando con él se dispersaran y este chico
quedó medio desorientado en la calle, pasó un patrullero de la
policía de Córdoba y lo arrolló. Lo llevaron a la comisaría donde
en la comisaría se murió, ¿y qué hizo la policía? Lo enterró a este
chico y estuvo desaparecido durante más de 17 años, y fue
encontrado recién en el año 2008, y en este caso la Corte entendió
que pese al carácter humanamente y naturalmente aborrecible que
tiene este hecho, se estaba frente a un delito que podía
prescribir; lo que se acusaba era también del homicidio imprudente,
podía prescribir. ¿Por qué? Porque más allá del carácter aberrante
que puede tener ese hecho en particular, más aberrante sería que no
se cumplan las garantías constitucionales que son las bases sólidas
del Estado constitucional de derecho, y traigo a colación otra vez
la notable disidencia de Beluccio y de Levene, hijo, en el caso
Priebke en su considerando 8. Ríos de sangre le costó a la
humanidad instaurar el principio nullum crimen nulla poena para que
venga a desterrárselo sobre la base de una supuesta costumbre
internacional que no se sabe cuándo se originó, ni dónde, ni a
quién y que si, con el pretexto del carácter aberrante de los
crímenes que se le imputan a Priebke, se van a pasar por alto
principios que son la base de un Estado de derecho, bueno, esa
laxitud va a permitir que en el futuro se abran las puertas para
mayores vulneraciones, que es un poco lo que a nuestro entender
parece que quieren hacer la querella y la Fiscalía con el caso de
autos.
Pero, en fin, la querella trae un concepto novedoso para
este juicio, que es el de las ejecuciones extrajudiciales y

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arbitrarias. Digo un concepto novedoso porque a lo largo de 14 años


de juicio, de proceso, nunca habló de ejecuciones extrajudiciales y
arbitrarias y a lo largo de dos años específicos de juicio oral no
habló de ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias. En su alegato,
que fue extenso, no habló de ejecuciones extrajudiciales y
arbitrarias.
Y para fundar la existencia de ejecuciones arbitrarias y
extrajudiciales se apoya en normas que él llama normas de soft law,
que son disposiciones de categoría menor que no son tampoco
obligatorias para los Estados. Y cito unas resoluciones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas que hemos tenido la
oportunidad de confrontar luego de que la querella haya alegado.
Incluso en la resolución 61/173 se alude que aun en esos
casos deben prevalecer la vigencia de las garantías
constitucionales de los acusados. Es decir que aun en los casos de
ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales debe prevalecer la
vigencia de las garantías constitucionales, sea de imparcialidad,
sea de imprescriptibilidad, sea de debido proceso, de congruencia,
que son las garantías que hemos invocado a lo largo de nuestra
presentación.
Pero también es un dato interesante que cuando uno habla de
ejecución extrajudicial, el término ejecución, el concepto de
ejecución tiene un fuerte componente subjetivo; no se ejecuta por
negligencia, no se ejecuta por imprudencia o impericia. El término
“ejecución” conlleva en sí mismo una actitud intencional.
Evidentemente, las acciones y los comportamientos imprudentes
quedan fuera, quedan fuera del concepto de ejecución extrajudicial.
Y fíjense, y traigo a colación, digamos, en aval de lo que
estoy diciendo, las consideraciones sobre la investigación y el
juzgamiento de conductas punibles constitutivas de graves
violaciones a los derechos humanos, vertidas el 14 de septiembre de
2005 por el alto comisionado de las Naciones Unidas, en Colombia,
en Medellín, en el año 2005. Fíjense que allí lo que dice es que
quedan excluidas del concepto de ejecución extrajudicial,
arbitraria, las personas que matan, y cita, “en legítima defensa,
en combate dentro de un conflicto armado, al hacer uso racional,
necesario y proporcionado de la fuerza como encargados de hacer
cumplir la ley, y quienes matan...”, dice, “...por imprudencia,
impericia, negligencia o violación del reglamento.” Es decir que
quedan expresamente fuera del concepto de ejecución extrajudicial o
arbitraria los delitos imprudentes como los que se les están
imputando a Mathov.
Por otro lado, cita los casos “Carpio Nicolle”, los casos
“Gutiérrez contra Argentina”, “Mapiripán”, de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, donde dice que esos fundamentos
o esas razones obligan o llevan a que Vuestra Excelencia dicte una
sentencia condenatoria con relación a Mathov. Pero la verdad es que
no dice así, la verdad es que no dicen eso. Es más, en el caso
“Gutiérrez”, en el que intervino el CELS, en el párrafo 78, la
propia Corte Interamericana está diciendo que la Corte recuerda que
para establecer que se ha producido una violación a los derechos
consagrados en la convención no se requiere determinar, como ocurre
en el derecho penal interno, la culpabilidad de sus autores o su
intencionalidad, ni es preciso identificar individualmente a los
agentes a los cuales se les atribuyen los hechos violatorios.
Es decir que lo que la Corte Interamericana de Derechos
Humanos está juzgando, está juzgando responsabilidad internacional
de los Estados, está juzgando criterios de responsabilidad
internacional, donde es posible que para juzgar la responsabilidad
de un Estado valga o sea suficiente la prueba de indicios, como lo
dice la Corte Interamericana, pero no para que Vuestra Excelencia,
que es un tribunal federal de la República Argentina, dicte una
sentencia penal condenando sobre personas físicas individualizadas.
Es decir que no alcanza la mera invocación de esta clase de
precedentes para decir, bueno, como están estos precedentes ustedes
tienen que dictar sentencia condenatoria, de ninguna manera es así.
Estos precedentes se refieren a cuestiones de responsabilidad
internacional y no a cuestiones de responsabilidad penal de las
personas.
Con relación a los pedidos de rechazo de las nulidades que
hemos planteado, principalmente con relación a la violación al
principio de imparcialidad de los jueces por la intervención de la

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jueza que fue parte de los hechos y no una investigadora imparcial,
bueno, tanto la querella como la Fiscalía dicen que esos casos ya
fueron juzgados y que esos casos ya fueron definidos en más de una
oportunidad, en varias oportunidades por distintos tribunales. Pero
lo cierto es que, pese a lo que dicen la querella y la Fiscalía, ni
la Cámara de Casación, ni la Corte Federal juzgaron estos asuntos.
Ninguno de ellos se expidió sobre el carácter valorativo que tuvo
para ellos la intervención de la jueza Servini de Cubría, ¿por
qué?, porque ellos rechazaron los recursos sistemáticamente sobre
la base de que no era una sentencia definitiva. Es decir que de
alguna forma difirieron el tratamiento de esas cuestiones para un
momento posterior, pero en ningún momento ni la Casación ni la
Corte Federal ni la Corte Suprema se refirieron o convalidaron la
actuación de la jueza Servini de Cubría.
Es más, como dijo recién el doctor Vilar, a lo largo de este
proceso siempre nos han dicho: “Miren, esperen el juicio oral donde
en el juicio oral con la amplitud del caso, a la luz de toda la
prueba que se exponga, van a poder analizar esta situación, van a
poder analizar luego de la exposición plenaria de toda la prueba
que se vuelque en el debate oral, si la jueza Servini de Cubría fue
una jueza imparcial o no”.
Pues bien, en este juicio oral declaró Francisco Santos
Miglino, que nunca declaró en instrucción, es decir que la versión
que aquí nos dio, que a ustedes les dio Francisco Santos Miglino,
nunca la conoció ninguno de los tribunales anteriores que resolvió
un planteo análogo. Declararon también el comisario Daniel Juan
Fernández, René Jesús Derecho y Jorge Alberto Palacios, que, si
bien declararon en instrucción, lo hicieron a título de imputados,
declararon, defendiéndose, nunca declararon en testimonial como lo
hicieron aquí y bajo juramento, como lo hicieron aquí.
Lo que es importante tener en cuenta es que Miglino y
Fernández señalaron que la jueza Servini de Cubría estaba siendo
informada minuto a minuto, dijo Miglino, de lo que iba pasando. Ya
desde el 19 a la noche, y no solo desde el 19 a la noche, le iba
informando el minuto a minuto, y el contacto era permanente, como
dijo Fernández, sino que la jueza fue a la sala de situación, y en
la sala de situación observó lo que pasaba mientras evacuaba
consultas.
Al día siguiente se presentó en la plaza de Mayo, perdón,
siguió hasta altas horas de la madrugada o hasta avanzada la noche,
fue en dos oportunidades a la sala de situación. Luego a las diez
de la mañana u once de la mañana se presentó en la plaza de Mayo.
En la plaza de Mayo interfirió directamente en la actividad
policial, y luego, en horas de la tarde, ordenó desalojar la plaza
con la caballería y con los hidrantes. De hecho, el señor
presidente, el doctor Martínez Sobrino, le preguntó a Miglino: “¿y
ustedes sacaron los hidrantes?”, “sí, sí”. “¿Bajaron la
caballería?”, “Sí, sí”, contestó Miglino. Es decir que no solo la
nueva prueba volcada al caso nos muestra que la doctora Servini,
como bien dijo el doctor Bonadío, no fue una investigadora
imparcial sino fue parte de los hechos, sino que, y volviendo a la
situación de Mathov, la doctora Servini de Cubría fue la principal
autoridad política que controló la actividad policial.
Entonces, y a las 14:08 ordenó el desalojo de la plaza.
Digo, la querella y la Fiscalía piden que lo condenen a Mathov. Si
con respecto a Mathov se hubiese comprobado la cuarta parte de lo
que se comprobó que hizo la doctora Servini de Cubría, bueno,
nosotros los defensores de Mathov estaríamos en un serio problema.
Pero se comprobó en este proceso que Mathov estaba cumpliendo su
deber, relativo a otras cuestiones, mientras que quien ejercía un
control efectivo sobre la actividad policial, interviniendo de
manera directa con órdenes operativas, sobre la actividad policial,
fue la jueza Servini de Cubría, como nos lo dijo distintos
testimonios y traigo a colación aquí meramente los de Miglino,
Palacios, Derecho y Fernández, que no fueron tenidos en cuenta por
las otras instancias al resolver esta cuestión.
Pero, bueno, esta es la noción. Ustedes no se pueden guiar
porque ya fue resuelto. Ustedes vieron un debate plenario, vivieron
un debate plenario y este debate plenario nos mostró cosas que no
nos mostraron las anteriores instancias. Y es más, yo le diría, la
querella citó constantemente el precedente “Carpio Nicolle”. El
precedente Carpio Nicolle exige en los párrafos 125 a 135 que las

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investigaciones judiciales deben ser independientes e imparciales.


Lo mismo dice el precedente “Gutiérrez”, señalando que la
investigación debe ser seria, imparcial, efectiva y estar orientada
a la determinación de la verdad y a la persecución, captura,
enjuiciamiento y eventual castigo, eventual castigo, de los autores
del hecho. Es decir que no se puede castigar a cualquiera con un
pretexto de culpabilidad para eventualmente salvar una eventual
responsabilidad internacional, sino que se tiene que castigar al
verdadero culpable, que creemos haber demostrado en nuestros
alegatos defensistas que acá no hay, que acá no están, no los han
traído al juicio.
Y, por otro lado, volviendo también con esta idea de que la
reparación pretendida se realiza con el mismo juicio, en “Carpio
Nicolle”, en el párrafo 117, dice que la jurisprudencia
internacional ha establecido reiteradamente que la sentencia
constituye per se una forma de reparación, y en “Gutiérrez”, en el
párrafo 98, dice que el deber de investigar es una obligación de
medios y no de resultados. El deber de investigar de los Estados,
en el párrafo 98, es una obligación de medios y no de resultado de
los Estados. Es decir que la investigación, o mejor dicho este
debate que ha realizado este tribunal, es un gesto y un acto de
reparación suficiente o adecuada para las víctimas de este proceso.
No hay que sacrificar las garantías sustanciales del proceso y de
un Estado de derecho y de los imputados para conseguir a toda costa
un culpable. Si la prueba no determinó con la certeza suficiente
que se debe quebrantar el principio de inocencia, ese principio de
inocencia mantiene plena vigencia.
Con relación a la violación del principio de congruencia,
fíjense, y voy a ser muy breve en este punto. Sintetizo el agravio
en una expresión tomada de la versión taquigráfica, de la querella.
La querella nos dice que la defensa confunde cuál es el
comportamiento imprudente que se le atribuye a los acusados de este
proceso, es decir, los hechos por lo que han sido traídos a juicio,
con aspectos de explicación de por qué ese comportamiento es
imprudente, ilícito o contrario al cuidado de vida, todo lo cual
forma parte de la valoración jurídica de los hechos y no de su
descripción. Claro, pretende separar... Dice los hechos son los que
conocemos, dice; ahora, las normas que traemos a colación y que son
nuevas en este debate no es que son hechos nuevos, sino que son
para explicar esos hechos que ya la defensa conoce.
La verdad esto es un equívoco grande, ¿por qué?, porque los
hechos que se le imputan a Mathov son delitos de infracción de
deber. Es decir, no se le imputa haber matado y haber lesionado de
mano propia, se le imputa haber infringido normas a consecuencia de
cuya infracción se habrían producido los resultados lesiones y
muertes. Con lo cual, que, si la querella y la Fiscalía traen
nuevas normas a este juicio, son nuevas infracciones que forman
parte del sustrato material. O sea, el precedente “Sircovich”,
conocido por todos, que invocó la Fiscalía, avala nuestra postura,
porque las nuevas normas que traen a colación, que trae a colación
la querella y la Fiscalía, para formular imputaciones, no son
explicativas sino son nuevas formas de infringir el deber que no
fueron inicialmente contempladas, entonces, está claro y parece
evidente que la afectación al principio de congruencia es tal. No
hay una explicación de lo que pasó si no se traen nuevas formas de
vulneración, normativa, que originalmente no fueron tenidas en
cuenta. Entonces, desde esta perspectiva parece que la violación al
principio de congruencia, me parece, me parece que está clara.
Desde otro punto de vista, la querella señala que no es
pertinente o, de alguna forma, no es sustantivo como argumento
defensista, traer a colación el fallo de la Cámara Federal de
Apelaciones por el cual se dejaron fuera del proceso, fuera de la
imputación, los hechos ocurridos antes del mediodía del 20 de
diciembre. Dice no se puede derogar o revocar así porque sí un
procesamiento que está firme, y aparte dice, eso fue unobiter
dictum de la Cámara. La verdad, señores jueces, es que tan obiter
dictum, o tan cuestión incidental no fue, porque antes de ese
precedente, a Mathov y a los demás acusados de los delitos
culposos, se les imputaban más de 200 lesiones. Yo no me acuerdo si
eran 240 o 260 pero se le imputaban un número...más de 200
lesiones.

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Y luego de ese precedente, la Fiscalía y la querella, en su
requerimiento de elevación a juicio, imputaron solamente 117 casos
de lesiones. Y, es más, luego el juez Bonadío le dijo a la
Fiscalía, señor, le falta completar esto, le falta expedirse por
las restantes lesiones. Y la Fiscalía se expidió a fojas 9886/9888
invocando justamente este precedente de la Cámara Federal, donde se
limitaba a lo ocurrido en horas de la tarde, la imputación. Por lo
tanto, tan obiter dictum no fue esa referencia. Fue una
manifestación esencial.
Y, por otra parte, no es cierto lo que dice la querella de
que el procesamiento no puede ser revocado, como si el
procesamiento causare estado, como si fuese como el auto de
sobreseimiento que hiciera cerrar de manera definitiva e
irrevocable el proceso. El auto de procesamiento, conforme el
artículo 311 del Código Penal de la Nación, es esencialmente
revocado y dice el artículo 311 que el auto de procesamiento puede
revocarse durante toda la instrucción. En todo caso, señores
jueces, ese fallo de la Cámara Federal que invocó luego la Fiscalía
a fojas 9886del expediente, ese procedente, es la revocación en
términos del artículo 311 del Código Procesal Penal. Es la
revocación en cualquier etapa de la instrucción, eso es lo que
puede ser, porque el auto de procesamiento es un auto esencialmente
precario.
Fíjense, que este razonamiento de la querella de que las
resoluciones de primera instancia, que son contrarias, o de
instancias anteriores que son contrarias a las posturas
defensistas, las toma como si causan estado. La máxima expresión de
ese razonamiento la lleva a la querella a sostener que este juicio
prácticamente, con respecto a Mathov, no sirvió para nada, porque
la Cámara de Casación cuando dictó el sobreseimiento de Fernando de
la Rúa, habría entendido, o entendió, según la querella-que no es
nuestra posición, nosotros entendemos, ya dijimos por qué no-, que
el caso respecto de Mathov la suerte ya estaba echada, como si
Mathov ya estuviera condenado. Realmente, señores jueces, sostener
esa postura, es decir, sostener que, como ya lo dijo la casación,
que en realidad no lo dijo, pero sostener como ya lo dijo la
casación, que la situación de Mathov ya está resuelta, bueno, es
como decir que este juicio no sirvió para nada, es como decir que
este juicio no tiene sentido hacer un juicio con respecto a Mathov
porque ya otro tribunal dijo que Mathov era responsable. Y eso es
una flagrante violación al principio de inocencia y al principio de
juicio previo.
Fíjense, en el fondo, qué razonamiento de tipo autoritario
hay en esa mención, porque decir, no importa lo que haya pasado en
este debate, no importa la prueba que ya se ha volcado, la Casación
ya dijo que el responsable de esto era Mathov, es como decir que a
Mathov se lo puede condenar sin juicio previo, cuando, repito, lo
ya que dijimos en el alegato, que en ese caso se estaba sosteniendo
la..., se estaba juzgando la situación de De la Rúa, y aparte la
Cámara de Casación no dijo lo que dijo, sino que hizo una
referencia a la Cámara de Apelaciones.
En fin, lo que quiero marcar es cómo un pensamiento de
tinte, o de pura autoridad, decir esto es así porque es así, nos
lleva a la vulneración de principios esenciales del debido proceso,
como es en este caso la defensa en juicio, y decir el auto de
procesamiento causa estado, la llevó a la defensa a obviar la norma
del artículo 311 del Código Procesal y en el caso de Mathov a decir
que el culpable es Mathov hasta incluso sin necesidad de juicio
previo.
Por último, la querella dice que nunca le atribuimos a los
cuatro imputados haber dictado el estado de sitio, lo que se les
atribuyó es la forma en que actuaron en el contexto del estado de
sitio. Bueno, esto me parece, señores jueces, que no es así. Recién
la querella sostiene esto cuando nosotros sostuvimos y alegamos que
tanto la Cámara de Casación como la Corte declararon la validez
constitucional del decreto de estado de sitio en el caso de autos.
Entonces, la querella hace ese zigzag argumental de decir que nunca
les atribuyó a los imputados su intervención en el estado de sitio.
Si no fuera así, si no le hubiese atribuido a Mathov, por
supuesto, si no le hubiese atribuido a Mathov su intervención en el
estado de sitio, bueno, para qué invocó en el alegato el testimonio
de Calandín, el testimonio de Cavarra, el testimonio de Sartirana,

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donde en las audiencias le preguntaban por el fax, quién lo


recibió, si fue Mathov, si fue Mestre. ¿Y para qué les preguntaban
a los testigos de las reuniones del 19 si se habló o no de cómo
implementar el estado de sitio?
Pues bien, todos los testigos dijeron que en esas reuniones
no se habló de cómo implementar el estado de sitio, sino que fue
una reunión de tipo general, y la del 19 fue puntualmente con la
provincia de Buenos Aires. Pero lo que quiero mostrarle al Tribunal
en esta dúplica es el zigzag argumental del que se vale la
querella. Fíjense que tan zigzagueante es que ni siquiera en este
punto la acompañó la Fiscalía a la querella, como tampoco la
acompañó en la idea de que era un delito contra la humanidad.
Vuelvo en este caso sobre la idea de delito contra la
humanidad en cuanto que hasta la propia querella sostuvo, antes de
este debate, en los requerimientos de elevación a juicio, que estos
delitos eran prescriptibles, porque en el requerimiento de
elevación a juicio sostuvo que existía riesgo de prescripción.
Pero, al margen de eso, lo que quiero mostrar es que en este zigzag
argumental ni siquiera la Fiscalía acompañó a la querella.
Y por último, lo que señalo es que al doctor de la Rúa no se
lo sobreseyó exclusivamente con relación al estado de sitio, sino
que el sobreseimiento, confirmado por la Corte, de Fernando de la
Rúa era con relación a la misma imputación que se le hace a Mathov:
por lesiones y por homicidios imprudentes y por incumplimiento de
los deberes de funcionario público y abuso de autoridad, con lo
cual, tanto la Casación, en este sentido, como la Corte Suprema
descartaron la existencia de un plan de represión. Y esto sí
irradia efectos hacia Mathov, y esto sí irradia efectos positivos
hacia Mathov, porque en este caso es una aplicación in bonam
partemde un precedente, y, por otra parte, si no se comprobó la
existencia de un plan de represión o de un plan o una orden de
reprimir, como tanto sostuvieron la querella y la Fiscalía, con
relación a la máxima autoridad civil y del gobierno, que era el
presidente de la República, bueno, reitero lo que dije en el
alegato, tampoco se puede comprobar y tampoco se pudo verificar con
respecto a Mathov.
Por eso, y ya con esto finalizo, entiendo que las réplicas
de querella y de Fiscalía no lograron conmover la postura
defensista. Por eso, señores jueces, reitero el petitorio que hice
en su oportunidad y también les agradezco la predisposición por
haber escuchado atentamente esta explicación”.

Seguidamente, ese mismo día produjeron sus


dúplicas los Dres. Vázquez y Loiacono, quienes
refirieron:

“…DEFENSA (Loiácono).- Excelentísimo Tribunal, voy a ser muy


breve en la exposición cuestionando algunos temas muy puntuales de
los cuales han hablado la Fiscalía y las querellas.
En primer lugar, respecto de la réplica del doctor García
Dietze, es particularmente cuestionable la cuestión relativa al
posible uso de armas caseras que el doctor García Dietze calificó
como una construcción de nexo causal hipotético, siendo claro que
este tipo de armas están destinadas a no ser ostensibles, y siendo
claro, además, que las defensas han mostrado a satisfacción la
existencia de objetos muy parecidos y casi diría en forma
indubitable, relacionados con este tipo de armas tumberas.
Pero como si esto fuera poco, también cupo una vez más a la
defensa y no a la investigación, por boca de la doctora Corbacho,
demostrar la presencia de armas convencionales en la zona caliente
de 9 de Julio y avenida de Mayo en manos de un particular, que al
notar la presencia de los fotógrafos, lo que hizo fue perderse
entre la multitud. Y además, la exposición simplista del doctor
García Dietze relativa a la inverosimilitud de un complot no nos
explica en lo absoluto otro hecho gravísimo, también destacado otra
vez más por las querellas, de los dobladores de patentes en la zona

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cercana al Obelisco en relación al vehículo que habría llevado al
fallecido.
Con respecto al lugar preciso de comisión del hecho, no es
solamente el hecho de un tercero o de unos bohemios que quisieron
poner un monolito en un lugar arbitrario, sino que tenemos, un
testigo de los pesados y de cargo, y que sabía lo que decía, que
interrogado sobre el motivo por el cual estaba ahí el monolito,
dijo liso y llanamente “porque murió allí”.
Además, si uno atiende a las constancias del expediente,
además de los puntos que yo señalara en mi defensa de gente
sumamente rara y sospechosa que anduvo pululando por la zona,
encontré por casualidad, y no tanto por casualidad sino por obra de
alguno de los acusados, en el cuerpo segundo, fojas 315/319 un
informe del hospital Churruca donde hay toda una larga nómina de
policías lesionados, y en esta nómina, hete aquí que encontramos,
números 36 y 37 –esto en la causa 508-,que dos policías de la
provincia de Buenos Aires, uno de Lanús y otro de Lomas de Zamora,
uno con herida de posta de goma en pie derecho y otro con una
amputación primer dedo del pie derecho. Y parecería sumamente raro
que, si estos policías hubieran estado cumpliendo funciones, sea en
Lanús sea en Lomas de Zamora, los hayan llevado hasta el Churruca
para estas lesiones de menor cuantía.
En cuanto a los términos agresivos, injuriantes y gratuitos
que el doctor García Dietze me atribuye en relación a los testigos,
es clarísimo que la testigo González fue altamente mendaz en su
exposición, la hemos visto en vivo y en directo exponiendo en el
video de reconstrucción del hecho cómo habían sido y cómo no habían
sido los hechos, y luego, ante el Tribunal, cuando tuvo que
declarar bajo juramento, arrugar y decir que esto era por dichos de
Pinedo, que a su vez Pinedo nada dijo de haberle hecho decir a esta
testigo todas estas cuestiones.
En relación a la Fiscalía, quiero decir que me cuesta
bastante hacer una dúplica porque se hizo una alusión genérica a
mis apreciaciones. Y más que lo que replicaron quiero destacar lo
que no replicaron. En cuanto, fundamentalmente, a todo el tema del
estado de sitio, estado de sitio que fue la madre del borrego de
las primeras alegadas privaciones de la libertad, hoy disfrazadas
de abuso de autoridad e incumplimiento de deberes de funcionario
público.
Tampoco vi que se haya controvertido mi exposición sobre la
creación de una comisión especial. Y se habla de la elección de un
equipo fiscal, de un equipo de trabajo, pero este equipo de
trabajo, no se ha controvertido, que fue elegido a dedo. Esto ya
fue motivo de algún cuestionamiento, incluso penal en este fuero,
en el cual se imputó usurpación de funciones a algunos equipos de
fiscales, y lo que se dijo en este fallo o lo que se legitimó es la
existencia de equipos de trabajo para determinados tipos de
delitos, la creación de unidades especiales de investigación, no de
unidades especiales de investigación para un delito determinado o
para acusar exclusivamente a determinadas personas.
También quedó en claro de la réplica de la Fiscalía el
reconocimiento de la cantidad de integrantes del equipo acusador
más allá de que nos hayan explicado que de los seis fiscales
actuales cuatro eran part time y dos full time. De todas maneras,
esta defensa estimó que había quince personas entre fiscales y
empleados y creo que le erré en menor proporción, si esto fuera
así, que la Fiscalía en relación al número de los lesionados, que
de 117 pasaron a 48.
En cuanto al apoyo logístico recibido de la Procuración
General, la exposición en paralelo de los videos, digamos,
atribuida a un equipo interno de la Procuración General, me
gustaría conocer quiénes son los autores de esto, pero es algo que
estaba fuera totalmente de los alcances de las defensas oficiales y
particulares si hubiéramos querido empardar ese tanto. En síntesis,
quedó en claro que se trató de una imputación unidireccional sin
investigación autónoma.
Con respecto al plazo razonable, los distinguidos colegas ya
han expuesto con la mayor satisfacción toda la doctrina y la
jurisprudencia, y yo, si la Presidencia me lo permite, lo voy a
culminar este tema con una anécdota que escuché en una exposición
en su oportunidad al doctor Mario Oderigo, y se trataba de un
juicio que había durado 20 años y cuando llegó el momento de

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sentenciar el juez echó la causa a suertes, y un descolgado que


había por ahí lo increpa al juez le dijo, dígame, si usted iba a
echar la causa a suertes para qué cuernos la hace durar veinte
años, y el juez, que, además, sería un mal juez pero un filósofo,
le dice, vea usted no entiende nada, después de veinte años las
pasiones se han acallado y el juicio más injusto parece justo. Y
así fundamentó en la excesiva duración del proceso la arbitrariedad
del decisorio.
Tampoco voy a sobreabundar sobre el tema de la parcialidad o
de la no imparcialidad de la jueza instructora que con el argumento
de que ya ha sido reiteradamente resuelto, vuelta, vuelta, nos
endilgan a las defensas. Y esto me hace acordar nada menos que a
Galileo Galilei, al cual reiteradamente le reprochaban su tesis
sobre el funcionamiento de los astros y de la Tierra y terminó
renunciando a su teoría, pero diciendo eppur si muove. Se habrá
dicho lo que se habrá dicho, pero es una cosa totalmente insólita,
totalmente fuera de todos los parámetros de lo que no solamente yo,
sino que nadie haya visto, el juez, testigo de los hechos,
partícipe de los hechos y juez e investigador de los mismos hechos
en los cuales había participado.
Hay un par de temas puntuales en los cuales no debería
meterme, pero lo voy a hacer tangencialmente, porque se habló,
puntualmente de mi parte, de una falta de respeto hacia colegas
letrados y hacia testigos y víctimas. Y voy a decir, señor
presidente, que en esto no he puesto ninguna subjetividad, sino que
me remití a hechos concretos, probados y documentados en el
expediente, y como mi alusión genérica creo que no fue bien
entendida, lo voy a precisar con mayor claridad.
Yo he advertido, por la compulsa del expediente, que la
doctora Pierini, que el 26/12/01 se constituye en parte querellante
patrocinando a una persona, el 31/02* le toma declaración, en la
Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, a una persona relacionada
con el mismo hecho y la acompaña al expediente. Y dirá el
Excelentísimo Tribunal si es algo visto que el mismo querellante,
aprovechando de un cargo público en otra jurisdicción, arrime
constancias de instrucción y constancias de cargo para quien dice
que ha cometido el hecho presuntamente delictuoso.
Y con respecto a lo acaecido durante la instrucción por los
letrados que se han presentado por diversas partes sedicentes
damnificadas, apreciará el Tribunal, sin mayor esfuerzo, que tanto
los abogados del CELS como los de la Liga Argentina de los Derechos
del Hombre invocaron en todos y cada uno de los casos puntualmente
su carácter de tales, que, como lo he dicho en mi defensa, no venía
al caso, y como se piden mayores precisiones con respecto a mi
falta de respeto, voy a decir que, en fin, es mi modesta opinión y
puede ser que me equivoqué pero el Código de Ética del Colegio
Público de Abogados, en su artículo 10, inciso g) dice
textualmente: “Evitar cualquier actitud o expresión que pueda
interpretarse como tendiente a aprovechar toda influencia política
o cualquier otra situación excepcional.” Con lo cual, doy por
terminado este lamentable tema.
Un tema más es el posible menosprecio o irrespetuosidad
hacia los testigos o hacia los testigos víctimas. Señor presidente,
yo estimo que el respeto hacia las personas está en asignarles su
valía en la integralidad. Yo he visto sí faltar el respeto a los
testigos, pero no particularmente por esta defensa. Y yo quiero
señalar puntualmente una sola cuestión, la citación a prestar
declaración testimonial de la señora Marta Adelaida Almirón, que ya
el 21/12/01, tan tempranamente, se había presentado como
querellante. Citación totalmente estéril porque esta pobre mujer no
sabe nada, no estaba en el lugar de los acontecimientos, la
citaron, no sé, para darle contento o algo por el estilo, pero lo
que me llama la atención de esta declaración testimonial, de lo que
dijo esta mujer, que nos dio una explicación sobre que su hijo
estaba en el “Movimiento 29 de mayo”, que eran compañeros de lucha,
y dice que su hijo era uno de los dirigentes de este “Movimiento 29
de mayo.
Y a mí realmente me parece una falta de respeto de quienes
la trajeron a declarar. Al final de su declaración terminó, lo
recordará el señor presidente, con aplausos, y yo no sé quién le va
a explicar a esta buena mujer que al final a su hijo no se sabe
quién lo mató y que lo más probable es, como yo lo sostengo, que lo

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hayan matado para que hubiera algún muerto que validara la pueblada
que estaba en curso.
Digo lo del “Movimiento 29 de mayo” porque el testigo
Rodríguez nos aclaró expresamente cuando lo empezaban a interrogar
sobre el tema, que este movimiento, grupúsculo, no sé qué 29 de
mayo, surgió varios años después de la muerte de Almirón. Quiere
decir que a esta pobre mujer le han vendido el tema este de la
supuesta heroicidad del hijo como director de un movimiento que
entonces no existía, y esto sí me parece una clara y contundente
falta de respeto a esa mujer que la trajeron acá para llorar y
sufrir de la muerte de su hijo.
Y yo quiero decir, señor presidente, que es falta de respeto
a los testigos el darle credibilidad solamente a una parte de su
declaración, la que hace a la de cargo, y no a otras cuestiones que
han dicho los testigos puntualmente. Si recuerda el señor
presidente, cuando declaró Julio Talabera, entre otras cuestiones,
nos detalló particularmente cómo ese día aciago estaba Schoklender
derivando heridos en ambulancias hacia el hospital Churruca, donde
se suponía que iban a sufrir peor destino y este hecho pasó
totalmente inadvertido, no movió el amperímetro de la Fiscalía y,
bueno, es un dicho más del testigo que ahí pasó.
Entre paréntesis, tampoco se hizo la valoración del testigo
como corresponde, porque este testigo, ampliamente comprometido con
una agrupación política, yo no sé también si recordará el señor
presidente, yo soy muy detallista para estas cosas pequeñas que a
veces marcan la diferencia, este señor Talabera ese día se tenía
que reunir con todos sus amigos, sus compinches o correligionarios,
no sé qué, porque ese día tenía un escrache. Y, bueno, como surgió
el otro lío, en vez del escrache, a ir a plaza de Mayo, a plaza
Congreso, a manifestarse. En fin, señor presidente, son militantes
profesionales.
Y, si vamos a la falta de respeto a los testigos, cuando
declaró la señora Bonafini, que yo tampoco sé muy bien para qué la
trajeron, dijo textualmente, y acá tengo la página de Infojus donde
sale hasta con foto, “vi asesinar a los pibes en la plaza, les
tiraban sin lástima”. Hecho también que aparentemente ha quedado
sin investigar y no mereció mayores profundizaciones.
Y con respecto al testigo De Pedro, con el cual he sido
particularmente punzante, leyendo su declaración por escrito, he
encontrado sorpresivamente que es el 18º testigo que concurrió a la
plaza en función de las Madres de Plaza de Mayo, el 17º fue
Rodríguez, que dice que vio, pero después se dio cuenta que no
podía ver porque estaba por la calle sino que escuchó por la radio
lo de las Madres y fue a la plaza, y De Pedro parece que iba en un
taxi, ahí supo de las Madres y por eso también arrimó a la plaza de
Mayo. Y también a este testigo es una falta de respeto que haya
declarado tan puntualmente haber sufrido profusos picaneos, de los
cuales ciertamente el cuerpo médico forense no constató ninguno, y
que este hecho tan grave no haya merecido ningún tipo de
investigación y solo se valoren sus declaraciones de cargo.
Culminando este punto, señor presidente, lo que a mí me
preocupa, en realidad, es que se haya, ese día, se haya usado tanta
gente para crear los disturbios. Y yo tengo acá un fallo que
encontré de casualidad, que puede sintetizar un poco la cuestión,
“B.G.O. con Frente para la Victoriay otros sobre daños y
perjuicios”, fallado por la Cámara Civil, Sala M, el 17/2/2016. El
hecho es muy sencillo, se hizo un acto del Frente para la Victoria
en el estadio de River, donde se reunió toda gente afín con toda la
organización que merece este tipo de cuestiones. No había distintas
facciones políticas, era todo uniforme, y hay un hombre que resulta
seriamente lesionado. Y yo quiero profundizar brevemente sobre el
aprovechamiento que se hace de gente que está en condiciones de
vulnerabilidad para llevarla a este tipo de actos.
PRESIDENTE.- Doctor, yo creo que esto no está para nada
integrando el derecho a dúplica, porque no hubo ninguna aseveración
de parte de las querellas ni de la Fiscalía. Así que,
eventualmente, podría haber formado parte de su alegato, pero no de
la dúplica.
DEFENSA (Loiácono).- No, no, no es doctor parte del alegato,
yo estoy diciendo en cuanto a la falta de respeto a los testigos.
Estos testigos son gente que ha sido usada...

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PRESIDENTE.- Doctor, doctor, está haciendo alusión a


cuestiones que están fuera de los testigos que formaron parte de
este juicio. Me parece que no puede hacer una invocación a otro
tipo de cuestiones. Usted está hablando de un hecho, una sentencia
del corriente año, y por la invocación que hace que es del Frente
para la Victoria, en el año 2001 el Frente para la Victoria...
DEFENSA (Loiácono).- 2003 fue el acto.
PRESIDENTE.- Por eso, en el 2001 no existía, doctor.
Evidentemente, está fuera de posibilidad de poder utilizarlo en la
dúplica, doctor.
DEFENSA (Loiácono).- Yo le voy a reponer, doctor, y le voy a
explicar por qué. Yo lo que quiero decir, en este caso, se trata de
una organización de un acto político donde incluso hay una compañía
de seguros codemandada, igual se armaron disturbios y gravísimas
lesiones personales y esto lleva a cuento de que es absolutamente,
digamos, imprudente la exhortación que se hizo para llevar a la
gente a una manifestación multitudinaria callejera sin ningún tipo
de organización. Entonces, habiendo una organización, habiendo una
compañía de seguros y estableciendo todos los recaudos del caso
entre gente afín, y hay heridos y lesionados, y cómo se pretende
que no los haya y endilgar la responsabilidad al jefe de policía
por hechos acaecidos en la vía pública y sin control alguno.
PRESIDENTE.- ¿Ese es el argumento de la reposición, doctor?
DEFENSA (Loiácono).- Ese es el argumento de la reposición.
- El Tribunal delibera en voz baja.
PRESIDENTE.- El Tribunal por unanimidad entiende que no
corresponde la alusión al hecho invocado por la defensa, así que,
en todo caso, si tiene algún otro punto para ejercer la dúplica,
puede hacerlo.
DEFENSA (Loiácono).- Le dejo la palabra al doctor Vázquez.
PRESIDENTE.- De acuerdo, doctor. Doctor Vázquez.
DÚPLICA DE LA DEFENSA (DR. VÁZQUEZ)
DEFENSA (Vázquez).- Gracias, señor presidente.
En este pasaje de la dúplica vamos a referirnos a los
argumentos, brevemente, a los argumentos traídos a colación por las
partes acusadoras para rechazar la prescripción postulada respecto
de la acción penal de nuestro asistido.
La querella sostuvo en su réplica que opera en el caso la
suspensión de la prescripción normada por el segundo párrafo del
artículo 67 del ordenamiento de fondo, por encontrarse con falta de
mérito en instrucción diversos funcionarios policiales imputados
por los homicidios de Riva, Lamagna y Almirón, y por hallarse
acusado por el homicidio de Márquez, en uno de los expedientes
conexos que aquí se juzgan, el señor Firpo Castro, quien también
actualmente reviste la condición de personal policial.
Por su lado, la Fiscalía adujo en similares términos que lo
mismo ocurre respecto del homicidio de Benedetto, encontrándose
imputados con falta de mérito en instrucción diversos efectivos de
la Policía Federal Argentina, a los cuales hizo referencia.
No hace falta, señores jueces, gran lucidez, para detectar
la fragilidad de la argumentación de los acusadores. En primer
lugar, de ser correcta la interpretación postulada por la querella
y la Fiscalía, no habría dudas de que los delitos de incumplimiento
de los deberes de funcionario público, abuso de autoridad y
lesiones por los que se acusa a nuestro asistido, se encontrarían
prescriptos, puesto que esas partes aludieron a diversos efectivos
policiales imputados solo por los homicidios y no por los otros
injustos.
En efecto, el texto del párrafo quinto del artículo 67 del
Código Penal ha quedado redactado, después de la reforma
introducida por la ley 25.990, del siguiente modo: “La prescripción
corre, se suspende ose interrumpe separadamente para cada delito y
para cada uno de sus partícipes.” Tal como expusimos al inicio de
este debate, la expresión “cada delito” se refiere a cada figura
delictiva y no a cada hecho.
El párrafo tercero del propio artículo 67 del Código Penal,
reza: “El curso de la prescripción, correspondiente a los delitos
previstos en los artículos 226 y 227 bis, se suspenderá en los
supuestos allí enumerados”, refiriéndose claramente a tipos legales
y no a hechos. Por otra parte, la posibilidad de que existan
delitos, en plural, aun cuando el hecho sea único, surge también de
la denominación del libro I, título 9, del Código Penal, llamado

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“concurso de delitos”, que incluye la regla sobre concurso ideal
del artículo 54, en el cual con una unidad de hecho hay pluralidad
de infracciones.
En definitiva, nada permite afirmar que cuando el párrafo
quinto se refiere a cada delito, deba leerse como cada hecho, sino
que, por el contrario, la prescripción independiente es posible y
en rigor imperativa cuando un único evento encuadra en más de un
tipo penal.
Ahora bien, si Vuestras Excelencias no consideran factible
que la acción penal se encuentre vigente únicamente respecto de los
homicidios por hallarse suspendida la prescripción, y que a la vez
haya operado la extinción con relación a las otras figuras por
encontrarnos, según postulan los acusadores, frente a un concurso
ideal de delitos, es decir, frente a un hecho único, la solución
radica en determinar cuál es el mismo, ya que solamente con
relación a éste, a este hecho único, cabría analizar si existen
funcionarios públicos vinculados al proceso a fin de evaluar la
suspensión o no de la prescripción.
Como dijéramos al momento de alegar, en la indagatoria de
fojas 628/642 se intimó a nuestro asistido por haber impartido
órdenes y directivas indebidas en su calidad de jefe de la policía,
dirigidas a diferentes oficiales superiores, produciéndose del
cumplimiento de las mismas los homicidios y las lesiones culposas
que aquí se juzgan.
Luego, en la indagatoria de fojas 1501/1509, se imputó a
Santos el haber dirigido al personal policial a su cargo, en su
calidad de jefe de policía, dando directivas que han producido
lesiones de diversos grados a personas indistintas, participantes
en las manifestaciones, provocando asimismo las directivas
impartidas, provocando las directivas impartidas, las muertes de
Lamagna, Riva, Almirón, Márquez y Benedetto.
En similares términos se expidieron la querella y la
Fiscalía en sus respectivos requerimientos de elevación a juicio.
Siendo más claro aún el doctor Bonadío en el auto de elevación a
juicio, cuando dijo que a Santos concretamente se le imputa que
ordenó el desalojo de la plaza de Mayo, siendo el acto inicial de
su participación en los hechos que motivó el desmedido uso de la
fuerza que ocasionó como resultado que 117 personas resultaran
lesionadas y cinco más perdieron la vida. Es decir que este
desalojo habría ocasionado los resultados lesivos.
Esto fue reiterado también por los acusadores en los
alegatos. La querella dijo en los suyos que a Santos se le imputa
haber impartido órdenes y directivas indebidas, en su calidad de
jefe de la Policía Federal Argentina, dirigidas a los diferentes
oficiales superiores de la institución, durante los días 19 y 20 de
diciembre, donde se produjera gran concentración de personas en las
zonas que ya conocemos, produciéndose del cumplimiento de las
mismas, es decir, del cumplimiento de las directivas y órdenes
indebidas, una represión abusiva por parte del personal de las
fuerzas a su cargo y arrojando como resultado de ello lesiones de
diversa gravedad en varias personas y el fallecimiento de Lamagna,
Riva, Almirón, Márquez y Benedetto.
Por su parte, la Fiscalía fue aún más clara en cuanto a esto
que me estoy refiriendo, cuál es el hecho por el cual se imputó a
Santos y por el cual se lo acusa aquí. La Fiscalía dijo que Rubén
Jorge Santos, en su carácter de jefe de la Policía Federal,
impartió órdenes y directivas indebidas dirigidas a diferentes
oficiales superiores de la institución durante aquella trágica
jornada del 20 de diciembre, -y aquí pongo énfasis y le pido la
atención a los señores jueces-, y que, como consecuencia de esos
incumplimientos y violaciones de sus deberes, se le atribuye el
fallecimiento de Rivas, Lamagna, Almirón, Benedetto, Márquez y las
lesiones de las personas por las que se acusara a los cuatro
imputados de esa causa. Es decir, como consecuencia, lo dijo
expresamente la Fiscalía en los alegatos, como consecuencia de los
incumplimientos y violaciones de los deberes.
De tal modo, resulta claro, que, según las partes
acusadoras, existiría entre el incumplimiento de los deberes de
funcionario público y el abuso de autoridad, una relación de causa
y efecto con los homicidios y las lesiones, siendo estos últimos
delitos consecuencia de los primeros, los cuales constituyen
propiamente el hecho único por el cual se acusa a Santos.

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Por ello, y toda vez que no existen funcionarios públicos


imputados por ese hecho único enrostrado a Santos, mal puede
aseverarse que el curso de la prescripción se encuentra suspendido.
Para ser más claros, no existen en este expediente, ni en
los conexos, funcionarios públicos imputados como coautores,
partícipes, o instigadores de las órdenes y directivas indebidas
por las que se acusa a nuestro asistido, producto de las cuales se
habrían producidos las lesiones y homicidios culposos, según la
postura de la acusación. Con un razonamiento inverso llegamos a la
misma conclusión, ya que tampoco se encuentra Santos acusado como
coautor, partícipe o instigador de los homicidios dolosos
atribuidos a los efectivos policiales mencionados por las partes
acusadoras en sus réplicas, lo cual robustece aún más la postura
propiciada.
En definitiva, ninguno de los funcionarios aludidos por la
querella y la Fiscalía se encuentran imputados por haber el hecho
enrostrado a Santos, es decir, por haber impartido órdenes y
directivas indebidas que causaron muertes y lesiones, como así
tampoco Santos se encuentra imputado por los hechos de los que se
acusa a los citados funcionarios, es decir, el homicidio doloso de
Riva, Lamagna, Almirón, Benedetto y Márquez. Lo expuesto
precedentemente evidencia la incorrección de la tesis de la
querella relativa a la codelincuencia necesaria, es decir, la
inescindibilidad entre el delito doloso y culposo, siendo falso
que, en caso de no acreditarse la responsabilidad culposa de
Santos, no pueda determinarse la responsabilidad dolosa de
terceros, aun de personal policial, en esos hechos.
Adentrándonos ahora en el argumento de la Fiscalía relativo
a que nuestro defendido y otros imputados continúan siendo en la
actualidad funcionarios públicos, habré de hacer también unas
breves consideraciones.
Para fundar su postura, sostuvo el señor fiscal que
aquel personal que está en situación de retiro pero que no tiene la
baja de la fuerza continúa revistiendo estado policial. En tal
sentido, adujo que el artículo 77 del ordenamiento represivo define
como militar a toda persona que, revista estado militar en el
momento del hecho, conforme a la ley orgánica respectiva y que, por
lo tanto, deben considerarse en esa condición tanto aquellos que se
encuentran en actividad como en situación de retiro.
En primer lugar, señores jueces, es claro que la definición
traída a colación por la Fiscalía no resulta aplicable al caso, no
pudiendo escapar al representante del Ministerio Público que
nuestro defendido no es ni fue personal militar sino policial y que
en materia penal se encuentra proscripta la analogía in malam
partem.
En efecto, como bien señala Ferrajoli, la analogía está
excluida si es in malam partem, mientras que se la admite si es in
bonam partem, al estar dirigida su prohibición con arreglo del
criterio general del favor rei, a impedir no la restricción sino la
extensión por obra de la discrecionalidad judicial de la esfera
legal de la punibilidad. Esto lo dice Ferrajoli en Derecho y Razón,
Editorial Trotta, segunda edición, Madrid 1997, página 382.
En definitiva, no podrían compartir la interpretación
postulada por el señor fiscal quienes defienden un estado
democrático de derecho, puesto que dicha interpretación analógica
in malam partem implicaría una forma de violar el principio de
legalidad haciendo que se desdibujen los límites que diferencian
las democracias de los totalitarismos.
Ahora bien, sin perjuicio de lo anteriormente expuesto, cabe
recordar que el artículo 67, segundo párrafo, del Código Penal
establece que la prescripción se suspenda mientras cualquiera de
los que haya participado, y cito "se encuentren desempeñando un
cargo público". Por su lado, el artículo 80, inciso b), de la ley
21.965, que es la ley para el personal de la Policía Federal,
dispone que el retiro no permite desempeñar cargos propios del
estado policial en la institución, salvo el caso del llamado a
prestar servicios. Es decir, repito, el artículo 80, inciso b), de
la ley 21.965 dispone que el retiro no permite desempeñar cargos
propios del estado policial.
Por otra parte, el artículo 83 de la citada normativa
dispone que además de los cargos emanados del llamado a prestar
servicio, es compatible con la situación de retiro el desempeño de

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empleos en la Policía Federal Argentina que no tengan estado
policial. Queda claro, entonces, que Santos no se encuentra
desempeñando en la actualidad un cargo público en los términos
previstos por el artículo 67, segundo párrafo, del Código Penal, ya
que su carácter de retirado le impide expresamente desempeñar
cargos propios del estado policial, así lo dice la ley.
Tampoco ha desempeñado Santos desde su retiro empleos en la
Policía Federal Argentina que no tengan estado policial ni ha sido
llamado a prestar servicios. Respecto de este último supuesto, es
decir, el llamado a prestar servicios, corresponde señalar que el
artículo 458 del decreto 1866/83 establece que, antes de la
incorporación el personal llamado a prestar servicios será sometido
a un reconocimiento médico y psicotécnico obligatorio, por lo cual
aun en caso de ser convocado aquel personal podría no ser afectado
al servicio efectivo. En otras palabras, mal puede considerarse que
el personal policial retirado se encuentra desempeñando un cargo
público cuando aun en caso de ser convocado podría no ser
incorporado a la fuerza por razones médicas y psicotécnicas
exigibles a cualquier policía en actividad.
Sentado lo anterior, cabe concluir que la definición
prevista por el artículo 77 del Código Penal, ala que debió haber
recurrido el Ministerio Público, no es, como ya dijéramos, la de
militar sino la de funcionario o empleado público, por el cual se
designa a, y cito: "Todo el que participa accidental o
permanentemente del ejercicio de funciones públicas, sea por
elección popular o por nombramiento de autoridad competente”.
Núñez sostiene que la participación en o el ejercicio de las
funciones públicas, y cito a Núñez: "Existe cuando el Estado ha
delegado en la persona la facultad de formar o ejecutar la voluntad
estatal para realizar un fin público”. Resultando más que claro que
desde su alejamiento de la institución en el año 2002 nuestro
defendido carece de esta facultad. Por lo demás, y a fin de
evidenciar lo descabellado de la postura propiciada por la
Fiscalía, con el mismo criterio podría considerarse que Vuestras
Excelencias tampoco perderán su condición de funcionarios públicos
luego de su jubilación, por el simple hecho de poder ser convocados
nuevamente a ejercer la magistratura en los supuestos legalmente
previstos.
En definitiva, señores jueces, Rubén Jorge Santos no es
funcionario público en la actualidad ni ejerció cargo público
alguno desde su retiro de la Policía Federal, y, por lo tanto, la
prescripción de la acción no se encuentra suspendida en los
términos del artículo 67, inciso 2º, del Código Penal.
Voy a abordar ahora la conceptualización del hecho atribuido
a Santos como ejecuciones extralegales, extrajudiciales, sumarias o
arbitrarias, constitutivas de graves violaciones a los derechos
humanos y, por lo tanto, imprescriptibles, según la postura de la
querella.
En primer lugar, corresponde señalar que la ejecución
extrajudicial no está conceptualizada ni regulada específicamente
en un tratado o convención internacional de alcance universal ni
regional, por lo que el concepto se ha venido formando
paulatinamente, a partir de la costumbre o bien de referencias,
estudios o análisis doctrinarios. Independientemente de ciertas
observaciones doctrinarias que pudieran hacerse, para los efectos
de esta dúplica los conceptos de ejecución extrajudicial,
extralegal y arbitraria los voy a considerar como sinónimos.
Se reconoce conceptualmente como una ejecución extrajudicial
cuando se consuma la privación arbitraria de la vida por parte de
agentes del estado o con la complicidad, tolerancia o aquiescencia
de estos, sin un proceso judicial o legal que lo disponga. Este
concepto está plasmado por Henderson, Humberto, en un artículo
titulado La ejecución extrajudicial y el homicidio en las
legislaciones de América Latina, revista del Instituto
Interamericano de Derechos Humanos, volumen 43, página 285.
La noción de arbitrariedad que recientemente mencioné,
denota que en todos los casos la ejecución se deriva de una acción
intencional, para privar arbitrariamente de la vida a una o más
personas de parte de agentes del Estado o bien de particulares bajo
su orden, complicidad o aquiescencia.
Sustenta el carácter doloso de las ejecuciones
extrajudiciales el artículo 132 bis del Código Penal de Guatemala,

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única legislación latinoamericana que con carácter expreso las


tipificó como una figura independiente del delito de homicidio.
Establece la citada disposición: “Comete el delito de ejecución
extrajudicial quien, por orden, con autorización, apoyo o
aquiescencia de autoridades del Estado privare de cualquier forma
de la vida a una o más personas, por motivos políticos. En igual
forma comete dicho delito el funcionario o empleado público
perteneciente o no a los cuerpos de seguridad del Estado que
ordene, autorice, apoye o dé la aquiescencia para la comisión de
tales acciones. Constituye delito de ejecución extrajudicial la
privación de la vida de una o más personas aun cuando no medie
móvil político, cuando se cometa por elementos de los cuerpos de
seguridad del Estado estando en ejercicio de su cargo, cuando
actúen arbitrariamente o actúen con abuso o exceso de la fuerza.
Igualmente, cometen delito de ejecución extrajudicial los miembros
o integrantes de grupos o bandas organizadas con fines terroristas,
insurgentes, subversivos o con cualquier otro fin delictivo, cuando
como resultado de su accionar resultare la muerte de una o más
personas”.
En definitiva, tanto desde el punto de vista doctrinal como
en aquellas legislaciones en que han sido tipificadas, destacándose
que no es el caso del derecho positivo argentino, las ejecuciones
extrajudiciales son de carácter estrictamente doloso, en tanto que
a nuestro asistido se lo acusa por homicidios culposos.
Cabe destacar en este punto que, como dijéramos al momento
de alegar, no se encuentra acreditado que los homicidios hayan sido
cometidos efectivamente por personal policial, y aun en caso de que
así haya sucedido, se desconoce si pudieron existir causas de
justificación, de inculpabilidad, si fueron de homicidios dolosos o
culposos y demás cuestiones que impiden considerar a los hechos
bajo investigación como ejecuciones extrajudiciales.
Por lo demás, cabe aquí hacer las mismas consideraciones
efectuadas al analizar la supuesta suspensión de la prescripción
por existir funcionarios públicos imputados por los homicidios. Si
las graves violaciones a los derechos humanos las constituyen
únicamente las ejecuciones extrajudiciales, siendo estas
imprescriptibles, habría operado sí la prescripción respecto del
abuso de la autoridad, del incumplimiento de los deberes de
funcionario público y de las lesiones que de ningún modo podrían
calificarse bajo tal concepto por aplicación del artículo 67,
inciso 5º, del Código Penal. Como ello no podría..., como ello no
sería factible por encontrarnos, según la acusación, frente a un
concurso ideal, cabe aquí nuevamente preguntarse cuál es el hecho
único atribuido a Santos para luego analizar si el mismo puede
considerarse una ejecución extrajudicial.
Recordemos una vez más lo expuesto por la Fiscalía en sus
alegatos: Rubén Jorge Santos en su calidad de jefe de la policía
impartió órdenes y directivas indebidas dirigidas a los diferentes
oficiales superiores de la institución y, como consecuencia de esos
incumplimientos y violaciones a sus deberes, se le atribuyen los
homicidios y las lesiones culposas por los cuales se lo acusa.
Evidentemente, ese hecho jamás podría encuadrar en la definición
aquí reseñada de ejecución extrajudicial.
Sin perjuicio de lo anterior, aun de considerarse como
ejecuciones extrajudiciales el hecho por el que se acusa a nuestro
defendido, igualmente la acción se encontraría prescripta. En
efecto, bajo la influencia del derecho internacional humanitario,
se afirma que la prescripción no impide el ejercicio de la acción
penal cuando lo que se procura es el enjuiciamiento de crímenes de
guerra, lesa humanidad, y los vinculados a la desaparición forzada
de personas. Tales excepciones, a su vez, se han incorporado al
derecho interno al otorgársele jerarquía constitucional a los
documentos internacionales que así lo disponen, conforme artículo
primero de la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los
Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad, adoptada
por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas
el 26 de noviembre de 1968, la cual adquirió jerarquía
constitucional el 3 de septiembre del 2003 por ley 25778, artículo
7 de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de
Personas, aprobada por la Asamblea General de la Organización de
Estados Americanos, celebrada el 9 de junio de 1994, la cual
adquirió jerarquía constitucional el 29 de mayo de 1997, por ley

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24.820, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional
suscripto el 17 de julio de 1998.
Ahora bien, la imposibilidad de predicar la existencia de
nuevos supuestos fácticos subsumibles en la categoría de
imprescriptibles, ha sido enfatizada en el precedente Espósito por
los jueces Petracchi y Zaffaroni, al sostener que es en virtud de
la declaración de responsabilidad del Estado argentino que deben
declararse inaplicables al sublite, o sea, a aquel fallo, las
disposiciones comunes de extinción de la acción penal por
prescripción, en un caso que no podría considerarse alcanzado por
las reglas de derecho internacional incorporadas a nuestro
ordenamiento jurídico en materia de imprescriptibilidad, es decir,
la Convención sobre Desaparición Forzada de Personas y Convención
sobre Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los
Crímenes de Lesa Humanidad, esto está en el considerando diez.
Por lo tanto, no puede pretenderse la extensión de la
decisión dictada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en
Espósito, cuya comprensión e importancia se vincula con la condena
al Estado argentino por la Corte Interamericana de Derechos Humanos
en el caso Bulacio contra Argentina, fuera de esa situación, no
existiendo en estos autos un pronunciamiento del órgano
supranacional que no pueda ser contradicho por los órganos
judiciales internos.
Por lo demás, la Corte Suprema de Justicia, con
posterioridad al dictado de los ya mencionados Bulacio y Espósito,
compartió e hizo suyos los fundamentos del señor procurador general
cuando éste señaló que el deber de investigar y sancionar las
violaciones de los derechos humanos, no puede constituir fundamento
autónomo suficiente para proseguir el ejercicio de una acción penal
que ha sido declarada extinguida, cuando el hecho investigado no es
un delito imprescriptible.
Una interpretación armónica y sistemática de los derechos
fundamentales consagrados en los tratados internacionales, la
Constitución Nacional y los propios fallos del máximo tribunal
interamericano, permite afirmar que lo vedado a los Estados por el
deber de garantía, artículo 1.1 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, es el dictado de leyes o de cualquier otra
disposición con la finalidad de impedir la investigación y la
sanción de las graves violaciones de los derechos humanos, pero de
ningún modo puede ser entendido como prohibiendo que esos hechos
queden sometidos a las reglas generales de la exención* de la
acción y de procedimiento, por la sola razón de que su aplicación
pudiera conducir al dictado de una absolución o de un
sobreseimiento.
La autolimitación en el tiempo del poder punitivo estatal,
la irretroactividad de la ley penal y tantos otros institutos
jurídicos más son igualmente valiosos y poseen rango de derecho
fundamental, y en tanto no haya ninguna sospecha de que la
modificación del régimen de alguno de ellos obedece exclusivamente
al propósito de otorgar impunidad a personas imputadas por graves
violaciones de los derechos humanos, no hay razón para su no
aplicación a los casos concretos. Este es el dictamen del
procurador general de la Nación en la causa “Derecho”, fallos 330,
3074, a la cual la Corte adhirió.
En síntesis, la autolimitación que se impone al Estado a su
poder de castigar, solo cede en aquellos casos en que se procura el
enjuiciamiento de crímenes de guerra, de lesa humanidad y los
vinculados a la desaparición forzada de personas, no pudiendo
crearse una nueva categoría de delitos imprescriptibles por el solo
motivo de investigar y castigar las violaciones de los derechos
humanos, por lo que no es admisible que se prosiga una persecución
penal contra legem de los imputados, cuando el tiempo que se fijó
el Estado para perseguir los delitos que se habrían sometido ha
cesado.
Refiriéndonos ahora al argumento esgrimido por la Fiscalía
relativo a que la fijación de fecha de debate constituye un acto
interruptivo de la prescripción de la acción penal, corresponde
señalar simplemente que para fundar su postura alude al voto del
doctor Hornos en el fallo dictado por la Cámara Federal de Casación
Penal, Sala IV, in re, “Alsogaray, María Julia sobre recurso de
casación”, el cual parecería incluso no compartir el Ministerio
Público Fiscal, tratándose ese criterio de una opinión sumamente

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discutible y minoritaria tanto en la doctrina como en la


jurisprudencia nacional.
En efecto, la reforma introducida por la ley 25.990, que en
el caso resulta ley penal más benigna, ha reducido los supuestos de
interrupción de la prescripción a solo 4 actos procesales,
enumeración que debe considerarse taxativa y no puede ser ampliada
por la jurisprudencia tal como se deduce de la expresión
“solamente” incluida en el texto del artículo. Esto lo tiene dicho
la Cámara Federal de Mar del Plata en la causa “Banco Nación”, del
9 de febrero de 2005, publicada en La Ley el 17 de febrero de 2005,
entre muchos otros precedentes.
Finalmente, tampoco resulta aplicable al caso el voto del
doctor Geminiani, vertido en el mismo fallo, en donde se postulara
la imprescriptibilidad de los delitos allí investigados, toda vez
que en aquella causa se investigaban supuestos hechos de corrupción
cometidos por funcionarios públicos, mientras que en el sub lite se
juzgan incumplimientos de los deberes, abuso de autoridad, lesiones
y homicidios culposos que nada se relacionan con aquella temática.
Para concluir, señores jueces, voy a hacer una breve
referencia a las argumentaciones vertidas también, tanto por la
querella como la Fiscalía, para sostener o en las que se fundaron
para postular el rechazo de las nulidades.
Con relación a la nulidad de todo lo actuado por
intervención de la doctora Servini de Cubría, la cual, según esta
defensa, resulta violatoria de la garantía de juez imparcial, tanto
la querella como la Fiscalía adujeron que la misma ya fue rechazada
en todas las instancias, incluso por la Cámara Federal de Casación
Penal y la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Sin embargo, como bien han dicho algunas de las defensas que
me precedieron, ello no es cierto toda vez que esas instancias no
se adentraron al tratamiento de fondo del asunto por inexistencia
de sentencia definitiva en los momentos de aquellos planteos. Por
lo demás, a lo largo del juicio se incorporaron nuevos elementos
que corroboran la falta de imparcialidad del magistrado
interviniente, pudiendo destacarse las declaraciones testimoniales
vertidas en este debate por los comisarios inspectores Palacios y
Derecho, quienes negaron haber dicho a Servini lo que ella aduce
que le manifestaron en el acta que da inicio a la causa 5624. Esa
falsedad ideológica por sí sola, de la que nos enteramos las partes
en este debate, sería suficiente para anular todo lo actuado.
Tampoco es cierto que las máximas instancias judiciales
hayan revisado y convalidado la forma en que se dirigió la
imputación de nuestro asistido en las declaraciones indagatorias,
ya que, al igual que en el caso anterior, no se trató el fondo del
asunto por inexistencia de sentencia definitiva. Sin perjuicio de
ello, en los casos de violaciones a las garantías constitucionales,
no resultan aplicables los principios de preclusión y progresividad
por tratarse de nulidades de orden público declarables aun de
oficio por los tribunales.
En el caso de la nulidad de la comparecencia reflejada en el
acta de fojas diez de la causa 5624, y el informe elaborado por
nuestro defendido conforme le exigiera la magistrada en ese acto y
que se encuentra agregado a fojas 25 a 33, nulos por resultar
violatorios del principio de no autoincriminación, dice la querella
que Santos podría haber concurrido ese día, el 20 de diciembre, en
horas de la noche, podría haber concurrido con un abogado, como
hizo Mathov, y que si no lo hizo fue porque no lo consideró
necesario.
Esa argumentación, señores jueces, es inadmisible toda vez
que, al resultar imputado para aquellas horas en la causa conexa,
es decir, en la 5622, ello debió ser advertido, e incluso obligado
Santos a presentarse con un abogado defensor en salvaguarda de sus
derechos constitucionales. No debe perderse de vista, además, que
el propio Mathov es letrado y que evidentemente pudo intuir la
necesidad de concurrir con un abogado de su confianza, cuya
intervención además fue meramente formal ya que ni siquiera
suscribió el acta que aquí se critica.
Tampoco es pertinente la excusa aducida por la Fiscalía en
cuanto a que no podía exigirse a Servini que se percate de la
conexidad existente entre ambos expedientes, es decir, entre aquel
en el que se le pedían explicaciones a Santos y el que lo tenía por
imputado. Nótese al respecto que el requerimiento de instrucción de

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la causa 5622 fue recibido en el juzgado el 20 de diciembre a las
21:30, y que en el primer párrafo del primer proveído del 21 de
diciembre se ordena hacer correr por cuerda ese expediente al 5624.
Sin embargo, una vez que la doctora Servini hizo correr por cuerda
ambos expedientes, es decir, en el primer proveído del día
siguiente, en el primer párrafo del primer proveído del día
siguiente, ninguna advertencia le hizo a Santos para que se
abstenga de responder o brindar las explicaciones que le había
exigido la noche anterior, porque ahí no hay duda de que se percató
de la conexidad, pero no le advirtió que no conteste.
Ahora bien, el informe que presentó Santos a instancias de
lo exigido por Servini esa noche, sin presencia de abogado
defensor, no solo constituyó parte de la prueba que le enrostró en
las indagatorias, sino que formó parte de la propia imputación
dirigida al nombrado en la indagatoria del 19 de diciembre del
2002, y me permito, señores jueces, refrescárselas.
El hecho imputado fue, en esa indagatoria, el haber dirigido
al personal policial a su cargo, en su calidad de jefe de la
Policía Federal Argentina, dando directivas que han producido
lesiones de diversos grado a personas indistintas, participantes de
las manifestaciones públicas del día 20 de diciembre próximo pasado
en el área de la Casa de Gobierno Nacional, plaza de Mayo, Congreso
de la Nación, plaza de los dos Congresos y vías de comunicación
entre ambos sectores, cuyos nombres hacen referencia a los informes
elevados por la Policía Federal Argentina a fojas 2627; es decir
que le están imputando a Santos los lesionados mencionados o
referidos en el informe por él elevado a instancias de lo requerido
por Servini, cuando él ya era imputado y sin presencia de abogado
defensor.
Finalmente, tampoco conmueven la réplica de la acusación los
sólidos argumentos de esta defensa al plantear la nulidad parcial
de los alegatos, tanto de la Fiscalía como de la querella, por
violación del principio de congruencia, toda vez que el propio
Ministerio Público Fiscal admitió que lo imputado a Santos era
haber impartido órdenes y directivas indebidas, y que en los
alegatos se explicó cuáles eran las mismas-esto dijo la Fiscalía-
se explicó o se amplió cuáles eran las mismas, se profundizó sobre
cuáles eran las mismas. Esto es un reconocimiento liso y llano de
la nulidad tanto de las indagatorias como de la propia acusación
vertida en los alegatos, ¿por qué?, porque esa explicación debió
ser concretada en la indagatoria y no en la acusación, es decir, en
el alegato. En la indagatoria le debían explicar a Santos cuáles
eran las órdenes y directivas indebidas que él impartió y que
produjeron los muertos y los heridos, no ahora, después de 14 años,
en los alegatos decir fue la violación de las normas de Turku y de
no sé, de no haber previsto que esté el SAME. Eso era en la
indagatoria no en el alegato, pero, bueno, entiendo que está
reconocido expresamente por el Ministerio Público Fiscal al
intentar justificarlo en la réplica.
La querella, para rechazar esta nulidad de los alegatos por
violación al principio de congruencia, dice que toda conducta
imprudente tiene un componente activo y otro omisivo y que en
realidad por eso no es procedente lo planteado por esta defensa.
Pero eso no fue lo que planteamos, sino que nosotros dijimos que a
Santos en las indagatorias se lo imputó por una acción, es decir,
por haber dado órdenes y directivas indebidas, y en los alegatos se
los está acusando por omisiones, no haber dotado de material anti
tumulto, no haber dispuesto la atención de los manifestantes
lesionados, no haber dispuesto que la policía salga sin armas de
fuego, etcétera, etcétera, etcétera, es decir que son cuestiones
diametralmente diferentes.
Tampoco asiste razón a la querella en cuanto sostiene que la
normativa que se dice infringida en los alegatos no implica una
violación al principio de congruencia ya que lo que debe respetarse
es el sustrato fáctico y no la calificación legal. Es claro que al
traer a colación esa normativa no se está cambiando la calificación
legal, o sea, la Fiscalía y la querella no cambian la calificación
legal, la cual permaneció inmutable entre el requerimiento de
elevación a juicio y el alegato, sino que justamente lo que
modifican es la base fáctica al cambiar las normas que se dicen
violadas y, por lo tanto, la conducta por la cual se lo acusa, la
conducta reprochada. Para no extenderme sobre esto, me remito a

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todo lo planteado oportunamente al alegar sobre la violación del


principio de congruencia en los alegatos de la Fiscalía y la
querella que está tratado con profundidad este punto.
En definitiva, señores jueces, esta parte ratifica en todos
sus términos los planteos formulados al momento de alegar,
reiterando la expresa reserva de casación y del caso federal en
caso de no resolverse los mismos en forma favorable.
Señores jueces, ustedes tienen sobre sus espaldas una
inmensa responsabilidad: están juzgando un hecho de suma relevancia
institucional y lo que ustedes resuelvan aquí quedará plasmado en
los libros de historia de nuestro país, no es una sentencia más la
que tienen que dictar. Los hechos serán estudiados, a la luz del
fallo que ustedes dicten, por nuestros hijos, por nuestros nietos y
por los hijos y los nietos de las víctimas también. No les mientan
a ellos, no le mientan a la historia inventando falsos responsables
por meros intereses o presiones políticas a los que pudieran estar
sometidos; eso será honrar el juramento que hicieron como jueces.
El deber de Vuestras Excelencias es juzgar, no es condenar
creando pretorianamente culpabilidades que no existen desde el
punto de vista jurídico y menos aún desde el sentido común. Les
solicito una vez más, señores jueces, no le mientan a la historia y
no les mientan a nuestras futuras generaciones sobre los hechos
ocurridos el día 20 de diciembre del 2001, no falseen la historia.
Siendo esta nuestra última intervención para dirigirnos al
Tribunal y a sus colaboradores, solo nos resta agradecer la
deferencia y paciencia que han tenido con esta defensa durante
estos más de 2 años de juicio oral y pedirles una vez más que hagan
justicia. Nada más, señores jueces…”.

El día 12 de abril de 2016 efectuaron sus


dúplicas los Dres. Turano y Chittaro, quienes
sostuvieron:

“…DEFENSA (Turano).- Gracias, señor presidente. Vamos a


pasar entonces a hacer la contestación a las réplicas de las partes
acusadoras. Vamos a tratar de no repetir algunas cuestiones ya
mencionadas por el resto de las defensas, pero bueno, es difícil
porque se ha dicho bastante. Hemos intentado hacer un recorte,
tenemos el compromiso de no reiterar.
Básicamente las partes acusadoras se han limitado a
contestar las nulidades planteadas por las partes. La verdad que lo
primero que tengo que decir es que llama la atención que luego
de... ¿Sigo?
PRESIDENTE.- Sí, hay una interferencia musical.
DEFENSA (Turano).- Para hacer más ameno el acto. Bueno,
sigo. La conclusión es que a nosotros lo primero que nos llamó la
atención es que las contrapartes no hayan tenido que hacer una sola
observación respecto de las cuestiones de fondo que planteó la
defensa durante 2 días. Y esto para empezar, a nosotros lo que nos
demuestra es en realidad la falta de sustento de la hipótesis
acusatoria. Pero bueno, nos vamos a limitar entonces a contestar
las cuestiones novedosas, introducidas por las acusadoras en la
contestación a nuestros planteos nulificantes.
Lo primero y como punto general que otra de las defensas
también han señalado aquí, es que el punto central en todos los
rechazos que se peticionaron fue la apelación al principio de
preclusión y progresividad, ya sea de cualquiera de los planteos
nulificantes, escudándose en la mayoría de los casos o que la
cuestión había sido resuelta por este Tribunal con otra integración
pero previo al debate, por la Cámara de Apelaciones, por la Cámara
de Casación Penal y erróneamente se referenció la supuesta
intervención de la Corte Suprema de Justicia respecto al fondo,
cuestión que ya se ha dejado en claro en el día de ayer que esto de
ningún modo aconteció.
Bueno, lo primero entonces, rápidamente, ustedes como bien
conocen, los principios de preclusión y progresividad fueron
establecidos precisamente en la doctrina de nuestra Corte del fallo
Mattei al que le siguieron digamos, en su saga, Weisbrok*, Frede*,

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Polak*. Pero digamos, sencillamente las 2 cuestiones que allí se
dejaron en claro es que estos principios rigen en primer lugar
cuando el acto respeta las formas que la ley establece, y la
segunda cuestión es que estos principios son una garantía para el
imputado, que tienen que ver con el derecho a ser juzgado en un
plazo razonable. Bueno, con lo cual estos principios acá no se
pueden aplicar. En primer lugar porque justamente lo que nosotros
cuestionamos son actos no cumplidos conforme a la ley y en
perjuicio de garantías constitucionales, y el segundo tema es que
las contrapartes no pueden pretender alegar una garantía
constitucional prevista en favor del imputado para impedir el
ejercicio de otros derechos y garantías también que se encuentran
en cabeza del imputado del proceso. Lo que sí tenemos que señalar
que ha sido... digamos, que sí se encuentra precluído y en el cual
la contraparte tampoco se hacen cargo, ninguna de las dos, ni el
Ministerio Público Fiscal ni la querella es que digamos, ellas al
momento oportunamente de expedirse respecto de la prescripción y el
plazo razonable en otras oportunidades, sentaron un criterio
diverso. Esto sí precluyó. Las contrapartes en su momento cuando se
opusieron a las peticiones de prescripción y plazo razonable, lo
hicieron sobre la base de criterios diferentes, sobre las cuales a
su vez al momento del debate las defensas peticionamos nuevamente
la prescripción y el plazo razonable. Y ahora pretenden desconocer
el peso jurídico de esos dictámenes de ambas partes para intentar
contra argumentar respecto a lo que estas partes planteamos. Y esto
sí se encuentra precluído. Tampoco debe perder de vista el Tribunal
que en todos los caso planteamos nulidades de orden absoluto que de
ningún modo pueden ser subsanadas. Y obviamente como dijeron otras
de las defensas aquí ayer, el Tribunal por otro lado se encuentra
investido en su calidad de jueces de la Nación, de la potestad e
imperio suficiente para ejercer su jurisdicción de manera amplia.
Las acusadoras nos plantean como señaló también aquí el doctor
Vilar en el día de ayer, casi... perdóneseme la expresión, pero
como una suerte de lógica del gran bonete. Cuando las cuestiones se
planteaban en Instrucción, había que recurrir al debate, y ahora
que estamos en el debate nos vamos para la Instrucción. Digo,
¿entonces para qué estuvimos acá 2 años? El Estado gastó
inconmensurables recursos: en nuestros sueldos, en lo que se paga
al taquígrafo, en pagar honorarios de peritos, lo que vendrá
después, y esto no sirvió de nada. ¿Para qué estuvimos acá 2 años?
Y a propósito del concepto de preclusión, cito el criterio
de la Cámara de Casación Penal, Sala II, fallo Corvalán, registro
15916. Perdón, es Corvalán, Juan Edgardo del 19/2/2000. Digamos,
tiene reiterados precedentes en ese sentido, pero bueno, dejó,
digamos, establecido el criterio que es por todos conocido que la
preclusión lo que ve es la posibilidad de realizar el mismo
planteo, en la misma instancia, por los mismos sujetos procesales.
Bueno, nada de esto sucedió aquí. Por lo menos en lo que a nosotros
compete, tengo que señalar que ninguno de los planteos
nulificantes, ni la excepción de prescripción ni plazo razonable,
habían sido planteados con anterioridad por la parte a la que
representamos, por lo que entonces mal puede hablarse de
preclusión. Y además la ocurrencia del juicio obviamente no es
inocua, sino que tiene relevancia para todo lo que el Tribunal
tendrá que resolver. A modo de ejemplo también se señaló aquí ayer
la nulidad respecto de la falta de imparcialidad de la doctora
Servini de Cubría. Es algo que se planteó durante la Instrucción,
pero respecto de lo cual el debate arrojó un sinnúmero de elementos
que fundaron ahora sí por lo que aconteció en el debate, varias
declaraciones testimoniales. Bueno, aquí se referenciaron las
declaraciones de Fernández, Miglino, etcétera, un sinnúmero de
cuestiones que se ventilaron en el debate que no fueron
consideradas obviamente con anterioridad. En el caso del plazo
razonable y prescripción obviamente que la ocurrencia del debate
tampoco es inocua, con lo cual no podemos entender esta
articulación de las contrapartes respecto de que el debate no había
arrojado nada y que además las contrapartes no habíamos señalado
por qué la ocurrencia del debate tenía incidencia dirimente en las
cuestiones que habíamos planteado.
Bueno, entonces hechas estas aclaraciones preliminares, voy
a pasar a hacer algunas manifestaciones respecto de cada una de las

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nulidades que hemos planteado y las cuestiones novedosas traídas


por las acusadoras.
Oportunamente habíamos planteado la nulidad de las
declaraciones indagatorias, del requerimiento de elevación a juicio
y también de las acusaciones por violación al principio de
congruencia. La de las indagatorias y el requerimiento, tenían que
ver con una indeterminación de los hechos. No lo voy a repetir acá,
el Tribunal obviamente estará ya cotejando los audios y
resolviendo... o por lo menos empezando a escuchar los planteos que
hicimos en esa oportunidad. Y pese a lo que plantean las
contrapartes, la verdad es que los términos en los que se expresan,
no hacen más que dar razón -por lo menos en lo que nosotros
entendemos-, a que esta defensa justamente tiene razón en los
planteos que efectuó y terminan por confirmar que efectivamente
existió desde siempre una indeterminación de los hechos imputados
que fue aprovechada por las acusadoras sobre el final del debate
para ampliar ilícitamente la base fáctica de la imputación, y de
hecho creo que en un punto la querella por lo menos de manera
inconsciente, y se da cuenta que esto es así cuando el doctor Borda
comete el furcio –efectivamente- que después lo reconduce, de decir
que efectivamente hubo una violación al principio de congruencia.
Esto también está en los audios. El argumento novedoso entonces que
nos traen las contrapartes, es que ahora admiten que efectivamente
al alegar agregaron una multiplicidad de infracciones normativas
pero insisten en que en realidad esto no modifica el sustrato
fáctico, y esto en base a la utilización de eufemismos y de juegos
de palabras que intentan solapar, en realidad, la realidad de las
cosas y es que efectivamente hicieron una variación ilícita en la
base fáctica ya al momento de los alegatos de cierre.
La querella explicó o criticó el argumento de la defensa con
base en ciertas manifestaciones que las voy a reproducir acá muy
sucintamente para que ustedes puedan seguir el hilo argumental de
lo que estamos diciendo. El doctor Borda indicó que las defensas,
cito textual, confundimos cuál es el comportamiento imprudente que
se les atribuye a los acusados en este proceso, es decir los hechos
por los que han sido traídos a juicio con respecto a la explicación
de por qué ese comportamiento es imprudente, ilícito o contrario al
cuidado debido, todo lo cual forma parte de la valoración jurídica
de los hechos y no de su descripción. Sigue el doctor Borda: “El
error en que incurren las defensas, consiste en definitiva en
convertir falazmente un caso de imprudencia activa en un caso
complejo de acciones y omisiones, e incluso en una simple y llama
omisión”. Admite en parte y cito textual, que “en definitiva, ellos
si bien habían indicado normas que durante la Instrucción no habían
sido referenciadas, en cualquier caso esta situación de ningún modo
compromete la intangibilidad del principio de congruencia. En
primer lugar esto es así, señala el doctor Borda, “porque dicho
principio está limitado al sustrato fáctico de la acusación y no a
la calificación legal de los hechos”. Y en similares términos, se
expidió la Fiscalía. Pues bien, toda esta argumentación es una
falacia, puesto que lo que quiere solapar en realidad es una
obviedad que guarda relación con el tipo de infracción que se juzga
en este debate, y es que en los tipos culposos la violación de los
reglamentos es la que completa el tipo penal y la acción imputada,
en tanto el incumplimiento de los reglamentos constituye la
violación al deber de cuidado, que en este caso además, fue
encuadrada por ese motivo idealmente en un tipo omisivo, con lo
cual tampoco es correcto que digan que acá no se trata de un tipo
de omisión. Hay conductas activas y hay un tipo omisivo que
concurre idealmente, que también ha sido imputado y que tiene que
ser analizado de ese modo, que tiene que ver obviamente con la
violación de deberes de funcionario público. Con lo que mal puede
sostenerse que aquella mención en exceso de las normas, constituye
tan solo un fundamento más específico como señaló el doctor Borda,
sino más bien en palabras de Roxin, también traídas a cuento por
las acusadoras, fue lisa y llanamente la sustancia del hecho. Es la
sustancia del hecho la violación de los reglamentos. Entonces
claramente las acusadoras dieron contenido tardíamente a la
imputación, creo que esto es indudable y la ampliaron además con
cita de un catálogo amplísimo de normas supuestamente desatendidas
y que teóricamente regulaban la conducta de nuestro asistido que
está aquí sentado a mi izquierda. Lo cual constituye sin dudas una

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violación ilícita a la congruencia, en lugar de un mayor fundamento
en una imputación anteriormente formulada que es lo que en
definitiva en todo en este proceso ha estado ausente. No fue una
mera modificación de la calificación legal. De todas maneras,
incluso si nos estamos solo a la modificación de la calificación
legal, lo cierto es que la doctrina establecida por nuestra Corte
en Circovich*, también digamos, se da de bruces con esta
interpretación. No hay posibilidad de mutar jurídicamente el
encuadre de los hechos sin modificar el hecho, pero además en un
caso como este. No es que acá estamos evaluando un robo calificado
y lo que discutimos es si la bicicleta, digamos, si el robo
agravado de un vehículo puede ser el robo de una bicicleta o el
robo de un automotor. Es una cuestión absolutamente diversa porque
han variado la infracción de los reglamentos. Porque además,
digamos, la indeterminación del hecho y la variación que han hecho
además violando la congruencia, se los traigo a un caso bastante
sencillo, mucho más sencillo de entender que el que se plantea acá.
Es como si en un accidente de tránsito, hubieran dicho que se
violaron las normas del tránsito, que el homicidio, las lesiones
son producto de ese obrar imprudente, pero ni en el requerimiento,
ni en la indagatoria, ni en los procesamientos hubiera estado
contenido cuál era exactamente la norma de tránsito que había sido
infringida. Y sobre el final del debate, en el alegato de cierre,
ahora sí lo encuadraron en que en realidad el actuar imprudente, la
infracción de los reglamentos, por infracción de reglamentos sería
el cruzar una luz en rojo o el andar en exceso de velocidad. Esto
así como se los estoy diciendo que es prácticamente un caso de
facultad o de manual, es lo que pasó acá. Lo que pasa es que los
hechos son un poco más complejos de entender.
Y parificando además con el caso del maquinista Córdoba que
trajeron digamos, a cuento por el tema de la tragedia de Once las 2
acusadoras, bueno, digamos, el doctor Giménez Uriburu lo debe tener
absolutamente fresco el caso. Y es como si en el caso entonces, de
Giménez, esto digamos, la violación a los reglamentos o la
actuación imprudente no hubiera estado ni en el requerimiento, ni
en las indagatorias, ni el procesamiento y recién en el alegato de
cierre las acusadoras le hubieran dicho que la conducta imprudente
de Giménez hubiera sido la violación reglamentaria de la velocidad
máxima en la que debía ingresar al andén. Esto obviamente me
imagino que en la causa de Once estuvo ya desde el requerimiento y
las indagatorias. Córdoba, perdóneme, sí, me confundí. Acá me
aclara el doctor Chittaro y le agradezco. Bueno, nada de esto
estuvo en este debate, ni desde el requerimiento. Esto se enlaza
también con la problemática que después voy a referenciar
contestando las argumentaciones vinculadas a la falta de
requerimiento de elevación a juicio. Esto tampoco estuvo en los
requerimientos. Agrega la Fiscalía, que además las defensas no
hemos identificado en qué medida esta situación generó un perjuicio
al derecho de defensa en juicio. Yo digamos, modestamente creo
haber estructurado todo el primer día de mi alegato vinculando una
nulidad con la otra, incluso en la segunda jornada de qué modo esta
forma de estructurar la imputación perjudicó en todo momento el
derecho de defensa en juicio. Se vuelve bastante seguido, digamos,
no sé por qué motivo, eventualmente porque son un poco más
representativas, la cuestión vinculada con las normas de Turku,
digamos, enlazadas con un montón que han sido obviamente traídas
fuera de agenda por la Fiscalía al momento de su alegato de cierre.
Entonces yo, además, creo que lo señalé textual. Si a mí
originalmente al señor Andreozzi le hubieran dicho en la
indagatoria que había violentado los parámetros de las normas de
Turku, bueno, en su indagatoria hubiera contestado “mire, las
conozco, no, nos adiestran”. Y yo personalmente al momento de
ofrecer la prueba o al momento del debate, le hubiera preguntado a
la gente que se sentó acá, a los policías, si sabían qué eran las
normas de Turku, si los tienen en la currícula de la Policía
Federal, hubiera pedido medidas de Instrucción reglamentarias en
ese sentido. O sea que lejos de no haberlo demostrado, creo que lo
demostramos acabadamente porque es lo que señalé al momento de
alegar. Y el otro de los ejemplos que era uno de los más
significativos, era la variación respecto de cómo iba a ser
considerada la actitud de Andreozzi respecto del tema de la
Caballería, que acá resulta que la Fiscalía y también la querella,

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lo valoró como un elemento negativo y durante toda la Instrucción


fue algo que incluso en los actos procesales fue valorado como
positivo. Con lo cual digamos, es errado y falso que las
defensas... por lo menos que esta defensa no había identificado en
qué medida todo este modo de obrar no perjudicó el derecho de
defensa de nuestro pupilo. Esto digamos como ejemplo, no voy a
reiterar todo el alegato acá.
Y la mejor forma de demostrar para nosotros que
efectivamente existió desde siempre una indeterminación del hecho,
lo que permitió la mutación permanente del objeto procesal, es que
como dato absolutamente novedoso introducido por la querella,
incluso digamos, contrariando los términos del propio alegato de
esa parte, lo varié ya al momento de la réplica, con lo cual esto
no sé, me parece que es insólito cuando indica ahora como
evidentemente no pudieron contestar... no pudieron recontestar el
descargue que hicimos nosotros de las violaciones al deber de
cuidado, digamos, el Tribunal recordará que una a una las conductas
imprudentes las fuimos descartando normativamente de por qué no
eran competencia de Andreozzi. Claro, como ahora en vez de
contestar eso se encuentra con que no se puede contestar nada,
entonces la querella vuelve a variar el objeto de la imputación. Y
dice “no, mire, yo no lo acusé por eso. Yo lo que dije es que la
imputación de Andreozzi vinculada también con la de Gaudiero, era
no haber adecuado su conducta en la constitución, coordinación y
control del operativo de seguridad el día 20 de diciembre del 2001,
considerando el contexto de mayor riesgo que representaba la
escasez de recursos que en ese momento padecía la Policía Federal”.
Esto yo no lo escuché nunca. Es más, la escasez de recursos de la
Policía Federal la traje yo al momento de alegar, y ahí es cuando
satiricé un poco respecto... yo y mismo el colega, respecto de qué
era lo que eventualmente pensábamos nosotros que sucedía en la
Policía de Suecia y demás. Digo, y además bueno, después el plus de
mutación, es que a esto se agregó que además la conducta imprudente
había permitido o fomentado ejecuciones extrajudiciales. De esto va
a seguir el doctor Chittaro pero bueno, realmente causa perplejidad
cuando intento compatibilizar esto que les acabo de decir que
palabras más, palabras menos fue referenciado por la querella con
las conductas imprudentes vinculadas al aumento del número de
efectivos sin un mínimo de coordinación, la falta de previsión de
parque antitumulto, las dificultades en su reabastecimiento, las
deficiencias en los canales de comunicación, la inexperiencia de
algunos efectivos asignados, la ignorancia de algunos oficiales
jefes de quienes operaban a su mando, que eran las conductas
imprudentes que por lo menos estaban en el procesamiento en el
requerimiento de elevación a juicio. Con todas las críticas que les
efectuamos, pero en definitiva era lo que estaba ahí y nosotros en
el alegato uno por uno con anclaje normativo los descartamos todos.
Y digo, esto es de toda obviedad, señores. Una cosa es que ser el
responsable reglamentario de esas deficiencias, que es lo que dije
yo, nosotros descartamos al alegar, y otra muy distinta es la que
ahora plantea la querella acá al advertir obviamente que no tiene
argumentos para revertir los argumentos de la defensa cuando afirma
que Andreozzi y Gaudiero debieron tener en cuenta esa realidad
deficitaria de la Policía Federal al momento de constituir,
coordinar y controlar el operativo de seguridad, lo cual es algo
absolutamente distinto, es otro hecho.
Y termino con esto: la querella coincide sobre el final del
debate, en la escasez de recurso de la Policía Federal, pero ahora
dice que la postura correcta que debieron adoptar Andreozzi y
Gaudiero era la intermedia. Ni reprimir como se hizo, ni sacar a la
Policía de la calle. Creo que eso más o menos fue lo que
referenció. Bueno, postura que consistía en seguir las leyes y los
deberes que en los reglamentos se establecían. Entonces de acá, de
esta manifestación hay dos conclusiones que yo pude sacar: la
primera es que vemos como sí en realidad forma parte sustancial del
reproche la violación a los reglamentos, que es la que para el
doctor Borda funda la postura correcta. Es la intermedia que
seguimos sin saber cuál es. Y la segunda entonces, enlazada con la
anterior, es esto: sigue nadie sin expresar cuál habría sido esta
famosa posición intermedia que justificaría el reproche contra el
señor Raúl Andreozzi. Digo, ni nosotros ni él sabemos exactamente
cuál fue la conducta errada, cuál fue la conducta imprudente, pero

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por sobre todo que es lo que acá interesa, sin quedarse solo en una
violación administrativa de los reglamentos, de qué modo esa
posición intermedia que jamás se dice habría determinado los
resultados lesivos, las muertes y las lesiones. Es decir, cuál es
la relación de determinación entre las conductas imprudentes y los
resultados achacados. O lo que es lo mismo, por qué motivo cada uno
de los homicidios y las lesiones son la realización de los riesgos
que de ninguna manera admitimos, fueron introducidos por Andreozzi.
En definitiva, cuál era la conducta debida del señor Raúl Andreozzi
que hubiera evitado alguno si no todos los resultados lesivos que a
él se le achacan. Sobre todo en las particulares condiciones en las
que tuvo que actuar.
Y por esto, también vuelvo a algo inicial cuando cité las
manifestaciones del doctor Borda, cuando hablamos de esta relación
de determinación, digamos, también nos habla de la falacia cuando
intenta hacer una construcción del tipo que digamos, contraría toda
la base dogmática respecto de los tipos omisivos y de los tipos
imprudentes, cuando señala que para dar cuenta del carácter
imprudente de las conductas, solamente... Lo voy a citar textual
para no modificar, dice: “Cuando se atribuye una acción imprudente
que provoca un resultado típico, el núcleo del reproche es esa
acción y obviamente el resultado que ella causa”. Como decía
obviamente, y esto así más allá de que para dar cuenta del carácter
imprudente de ella debamos mostrar qué cosas podía exigiblemente
haber hecho el autor para neutralizar el riesgo con que ella
creaba”. Entonces digamos, no es más allá, es más acá. Porque el
tema es este: primero cuál era la conducta exigible son los
reglamentos que acá ampliaron, pero además cuando se habla de que
tuvimos que dar cuenta más allá de esto, de que debamos mostrar qué
cosas exigiblemente debía haber hecho el autor para neutralizar el
riesgo, esa era la relación de determinación del tipo imprudente,
no es otra cosa. Entonces insisto, no es más allá, es más acá, acá
donde lo tendría que haber dicho.
Y sigo, la explicación por lo menos para esta defensa a toda
esta forma tan zigzagueante de alegar y modificar permanentemente
el objeto del proceso, también la brinda la propia querella en su
alocución de réplicas, dándonos la razón una vez más, pero claro,
acá al momento de la prescripción es como si fuera otro debate.
Cuando para trata de contradecir la hipótesis de la defensa
respecto de que las conductas se encuentran prescriptas, señalan lo
siguiente. Ayer el doctor Valerga también creo que lo citó este
párrafo: “No se configura la responsabilidad culposa de Mathov,
Santos, Andreozzi y Gaudiero si no se verifica al mismo tiempo la
responsabilidad dolosa de los policías que dispararon contra los 5
manifestantes muertos”.
Fíjese señor presidente, qué ironía, ¿no? Porque justamente
lo que en esta causa está faltando a excepción del hecho Márquez,
es que se determine la responsabilidad dolosa de los autores
directos que nadie pudo traer al debate, más allá de la hipótesis
de la acusación respecto de que la gente que integraba el convoy
hayan sido... insisto, sola la hipótesis acusatoria los autores del
hecho Márquez. Pero además, todavía lo que nos llama más la
atención es que además los autores que están faltando son los de la
parte que alega esta circunstancia.
Y este tema no es menor pese también a la irónica
manifestación de la querella, porque tal como oportunamente sentó
la Cámara de Apelaciones en sus sucesivas convalidaciones a los
procesamientos, fue que “...la condición necesaria para achacar los
hechos dolosos a los mandos superiores por su teórica conducta
imprudente, sería la demostración por parte de las acusadoras de
que los hechos no fueron producto de una acción policial
individual...”, estoy citando textual, “...motivada en otro tipo de
razón que no fuera la de contener y reprimir a los manifestantes”,
carga con la que por supuesto no cumplió la acusación. De hecho la
forma en la que construyeron la imputación por el hecho Márquez al
grupo del convoy y contra los hechos por los cuales acusan a
Belloni, definitivamente se enlazaron en una decisión individual,
¿no? como construyó la imputación la querella y la Fiscalía.
Para finalizar este acápite, en cuanto al rechazo que piden
de la nulidad por indeterminación del hecho en las indagatorias, la
argumentación en este caso también fue absolutamente dogmática y
fue plagada de generalidades y abstracciones. Es un no porque no,

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que ya de por sí tendría que fundar el rechazo. Bueno, en este caso


no voy a reiterar lo que dijimos en el alegato, no corresponde en
esta instancia, pero bueno, en realidad creo que el Tribunal lo que
tiene que hacer es ver las indagatorias, ver los requerimientos y
ver lo que pasó acá, ¿no?
Lo que sí tengo que mencionar es que el argumento dado por
la Fiscalía en orden a que en todo caso los imputados convalidaron
los actos que ahora de los cuales peticionamos la nulidad al
admitir la incorporación por lectura al negarse a declarar en el
debate, es absolutamente falaz pues viola el principio de
autoincriminación coaccionada en la medida en que no puede ponerse
al imputado en la situación de declarar obligadamente en el debate
para impedir la incorporación por lectura de una declaración
indagatoria que considera nula y que después la defensa cuestionará
en el momento que lo considere oportuno, como hicimos al alegar. No
tenemos límite para eso e insisto, es una nulidad de orden absoluto
que la planteamos cuando lo consideramos pertinente, no cuando la
contraparte quiere.
Bueno, paso a otro punto que era la nulidad por congruencia
pero vinculada a los hechos ocurridos antes del mediodía de la
jornada del 20 de diciembre, una cuestión específica del tema de
congruencia. En este caso la Fiscalía señaló que la resolución del
año 2007 de la Cámara de Apelaciones que nosotros habíamos citado,
en realidad la manifestación respecto a que esos hechos no formaban
parte del objeto era una cuestión digamos, era un óbiter sin
efectos jurídicos. Bueno, ayer el doctor Valerga creo que fue el
que referenció el artículo 311 del Código Procesal, el
procesamiento puede ser revocado en cualquier estado del proceso,
con lo cual si la Cámara consideró que esos no eran los hechos fue
una... Nosotros consideramos que en realidad eventualmente revocó
un procesamiento anterior. Pero de todas maneras nosotros no
negamos ni las resoluciones anteriores de procesamiento, ni de la
Cámara, ni de esa misma Sala que habían dado cuenta de una cuestión
diversa. Nosotros nos hicimos cargo de que en algún momento alguien
consideró o expresó en un acto procesal que esas eran las conductas
que se encontraban entre otras imputadas por lo menos al señor
Andreozzi. Pero lo que también nosotros señalamos es que no habían
sido contenidas en el requerimiento de elevación a juicio y que la
cuestión era absolutamente confusa a raíz de la resolución de la
Cámara del año 2007, a raíz de lo que había dicho la propia la
Fiscalía en el requerimiento de elevación a juicio y que así lo
había entendido el Tribunal en diversas resoluciones adoptadas en
el debate, obviamente para nosotros ancladas en lo que decía el
requerimiento de elevación a juicio que para nosotros significó que
el Tribunal excluyera del marco de la imputación del cual nosotros
tuvimos que defender a nuestro pupilo, los hechos acontecidos en la
mañana del día 20 de diciembre del año 2001.
Y hay una cuestión más vinculada a este punto que se vincula
con la querella, que como elemento novedoso parece negar
tácitamente que la cuestión vinculada a la violación de deberes de
funcionario público y abuso de autoridad de los hechos acontecidos
en la mañana del día 20 de diciembre, no formó parte de la
plataforma fáctica de su acusación preliminar, con lo cual insisto,
mal podría integrarla después como lo pretendió al momento de
acusar. Y no hay contradicción alguna tampoco a que esta defensa
considere que tanto la violación de deberes... que la violación de
deberes y las conductas imprudentes concurren de manera aparente.
Ninguna en la petición. Y no hay contradicción porque si el
concurso es ideal el planteo de la defensa debe prosperar.
Obviamente fue en subsidio el tema del concurso aparente. Entonces
si el concurso es ideal el planteo de la defensa tiene que
prosperar, y si el concurso es aparente deviene abstracto. Pero el
problema es que es la acusación la que dice que el concurso es
ideal, con lo cual volvemos al inicio: hay violación a la
congruencia.
Bueno, ya finalizando por lo menos esta parte, nos queda la
mención al tema de la nulidad por falta de requerimiento de
Instrucción. Las contrapartes piden su rechazo. Lo primero que dice
la Fiscalía es que en realidad esta causa se inició por prevención
policial, entonces no era necesario el requerimiento de elevación a
juicio. Más allá de la cuestión personal que uno pueda considerar o
los debates que hay en doctrina si una causa iniciada por

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prevención policial, necesita o no un requerimiento de Instrucción,
nosotros entendemos obviamente que sí porque siempre es necesario
el impulso acusatorio que no se puede adquirir, sobre todo de la
reforma de la Constitución Nacional a través de un organismo que no
sea el que contenía el artículo 120 de la Constitución. Lo cierto
es que no es verdad que esta causa se inicia por prevención. La
causa 1527 se inicia por denuncia de diversos legisladores que
después comparecieron ante la doctora Servini incluso, y
ratificaron la denuncia. Eso es motivo entonces que efectivamente
hubiera un requerimiento de elevación a juicio pero absolutamente
parcial y que distaba mucho de las conductas que se fueron
imputando a lo largo del proceso. Digamos, si ustedes leen lo que
fue el requerimiento de elevación a juicio y repasan las
acusaciones de las ejecuciones extralegales, la Policía de Suecia,
digo, parece que fueran 2 cuestiones absolutamente distintas. Son
absolutamente distintas.
Y sobre esto digamos, la querella vuelve a la equivocada
tesis de la preclusión que nosotros digamos, ya hemos descartado.
No es un argumento válido.
Y el otro argumento que viene por boca de la Fiscalía, es
que en definitiva sí hubo impulso acusatorio porque el doctor
Comparatore en todo momento acompañó a la juez, incluso creo que
esto lo señaló el doctor Borda que dice que el doctor Comparatore
fue al Departamento Central de Policía. Yo la verdad... creo que
esto no surgió del debate. Pero bueno, en fin, digamos, lo que
interesa acá es que este argumento como sea también es falaz. No
importa si después el fiscal convalidó los procesamientos, si le
parecieron bien. El tema es que lo que acá se trata es del
principio acusatorio y no solo de que el juez no inicie su
actuación de oficio, sino que el marco de la actuación del juez, se
encuentre delimitado por los hechos y respecto a las personas por
lo cual el fiscal requiere la Instrucción del sumario, y esto
obviamente no solo como garantía de imparcialidad sino sobre todo
garantía del derecho de defensa en juicio. Obviamente esto no
quiere decir que la acusación quede incólume durante todo el curso
del proceso. Obviamente puede ampliarse pero bajo las hipótesis y
en los casos y bajo la forma que establece el Código Procesal
Penal, siempre al resguardo de los derechos del imputado. Entonces
esto dista mucho, por lo menos para nosotros, de considerar que
pueda deducirse de los acompañamientos del fiscal a la juez como un
claro interés persecutorio que salvaría toda esta cuestión de la
falta de requerimiento. Porque lo que acá interesa no es solo la
voluntad de perseguir, sino cuál es el límite de la persecución y a
qué sujetos alcanza. Y obviamente no es función de la defensa
deducir cuando el doctor Comparatore acompañaba a la doctora
Servini cuál era el hecho que tenía en su mente por el cual
Andreozzi debía defenderse. Esto es obvio, ¿no?
Y lo último que debo hacer notar respecto de este punto, es
que el planteo de la defensa fue absolutamente descontextualizado
de la totalidad de los planteos que se efectuaron vinculados a esta
nulidad y cómo la génesis de todo el problema de la congruencia y
la indeterminación del hecho partió de la falta de un requerimiento
de Instrucción determinado y concreto.
Bueno, ahora sí por último, el último punto vinculado a las
nulidades tiene que ver con la nulidad del alegato de la querella
por haber pedido un quantum punitivo por sobre... un quantum
punitivo que excedía digamos, el marco de su legitimación por haber
peticionado pena por todos los hechos involucrados en el debate. En
su momento entonces habíamos planteado la nulidad por un doble
aspecto: primero porque había incluido el pedido de pena por el
delito de abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario
público que no estaba contenido en su requerimiento de elevación a
juicio. Y el segundo entonces como señalé, por haber agregado
digamos, al momento de peticionar pena, haber valorado la totalidad
de los hechos por los cuales Andreozzi era acusado pero claro, por
la Fiscalía, no por su propia legitimación. Es decir, le recuerdo:
la querella estaba habilitada solo por 2 homicidios culposos y 6
lesiones también en el orden culposo, y terminó peticionando pena
por todo. Y la justificación que trae aquí la querella para obrar
de ese modo y que obviamente según esta parte aventaría el pedido
de nulidad de la defensa, se vincularía primero de su particular
interpretación del artículo 41 del Código Penal, y el segundo la

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falta de perjuicio de la defensa, también según esa parte.


Vinculado entonces con el artículo 41 referenció el colega respecto
de que uno de los criterios allí establecidos, esto es obviamente
correcto, es la magnitud del daño, ¿no? Pero claro, creo que
resulta de toda obviedad que la magnitud del daño que debe evaluar
la contraparte se vincula con la legitimación que tiene para obrar,
no cualquier magnitud del daño. Porque de lo contrario,
significaría borrar de un plumazo la norma del artículo 82, 347 y
393 del Código Procesal. De sostenerse una postura contraria digo,
como la sostenida por el colega, entonces para qué ser tan
estrictos en la legitimación activa si la acusadora en realidad en
la imputación... en su alegato de cierre y en la petición final
puede considerarse habilitada para pedir montos punitivos por sobre
lo que ha sido autorizada para querellar. Digo, si bien vinculada a
estas cuestiones digamos, temperamentos como los de la Corte
Suprema en Del´Olio se contraponen con lo que sostiene la querella.
Y esto sencillamente porque me pregunto qué acusación preliminar
está integrando cuando pide pena excediendo los hechos del marco de
su legitimación. Ninguna. Por eso cito Del´Olio. Bueno, y esa parte
enlazó con lo anterior que de todas maneras el Tribunal se
encontraba habilitado, digamos, como que era estéril lo que planteó
la defensa porque por otra parte el Tribunal se encontraba
habilitado para imponer un monto punitivo superior a la petición de
las acusadoras. Y dijo que la jurisprudencia en este sentido era
pacífica. Yo la verdad... por lo menos de los votos... Hay muchos
votos de jueces de Tribunal Oral en ese sentido y varias
sentencias, pero por lo menos si vamos a los de la Corte ya desde
la disidencia de Zaffaroni y Lorenzetti en Amodio, esto no es así.
Después tenemos Giuffo*, Godoy. Pero a ver, el criterio diverso lo
fijó la Cámara Federal de Casación Penal, por lo menos conocida por
todos, la doctrina de la Sala II y IV, de la Cámara Federal de
Casación Penal que se contrapone en este sentido. Y también la
nueva Cámara Nacional de Casación Penal, la Sala II, también. Y de
hecho creo que este criterio, el que plantea el colega, es
contrario al criterio que tiene por lo menos el doctor Martín y el
Tribunal Federal 2 que integró el doctor Giménez Uriburu.
Bueno, la discusión digamos, esta que estoy planteando acá,
es por todos conocida. No voy a hacer una tribuna de doctrina sobre
digamos, la afrenta que este modo de razonar constituye para el
derecho de defensa en juicio. Pero digamos, basta acá con decir que
si el Tribunal fija una pena superior a la peticionada por las
acusadoras, en definitiva es una sorpresa para la defensa que no
pudo discutir, digamos, una cuestión sustancial del debate que si
el monto punitivo se ajusta a la culpabilidad, lo que violaría
obviamente el derecho de defensa en juicio.
En definitiva entonces por lo menos al contrario de lo que
dice el querellante, no solo existen numerosos precedentes
jurisprudenciales que se contraponen a lo que él sostiene, sino que
además esta postura violenta lisa y llanamente el derecho de
defensa en juicio de la defensa.
Y por último, sí quiero señalar a pesar de que las
contrapartes se oponen a tener en cuenta el peso fundamental que
tiene en esta discusión y muchas de las discusiones que se han
llevado a cabo aquí, el nuevo Código Procesal Penal que si bien no
se encuentra vigente bueno, digamos, tiene que servir de guía por
lo menos para interpretar determinadas cuestiones, porque va a
encaminar... digamos, porque nos muestra el camino que el
legislador está considerando de cómo deben ser tratadas este tipo
de cuestiones en un proceso penal. Digamos, documenta la voluntad
del legislador de cómo la judicatura debe encaminar su modo de
obrar en un debate. Creo que el fallo pionero, yo ya lo traje con
otras cuestiones al Tribunal es el fallo Arias de la Cámara
Nacional de Casación Penal, Sala II, del 25/9/2015. En este caso,
era un tema vinculado a la excarcelación. Pero bueno, hay un montón
de precedentes en este sentido, sobre todo del fuero ordinario,
desgraciadamente. Pero digo, ni siquiera tenemos que recurrir a
este argumento, porque la limitación que establece el nuevo
artículo 273 del nuevo Código Procesal Penal de la Nación respecto
de si el Tribunal no podría imponer nunca una pena superior a la
peticionada por las acusadoras, directamente no importa si el
Código no está vigente, ya se encuentra incorporada a la
legislación argentina a través de los principios de pro homine e

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irreversibilidad de los Derechos Humanos previstos en el artículo
26 y 29 de la Convención Americana de Derechos Humanos, principios
estos que como todos sabemos, lo que establecen es que los Derechos
Humanos son progresivos e irreversibles. Es decir, no pueden
derogarse ni disminuirse una vez establecidos, que es lo que
justamente pasó acá con el nuevo artículo 273 del Código Procesal
Penal de la Nación. Con lo cual creo que ya con esto la cuestión
tiene que quedar fuera de toda discusión.
Y bueno, en cuanto a la supuesta falta de perjuicio, la
primera ya la señalé porque la querella también dice que en
definitiva la defensa se encuentra en mejores condiciones de
discutir el monto de pena si la querella se excede en su
legitimación y genera otro tipo de discusión. O sea, si se excede
en su legitimación activa que sería una forma de ampliar la
discusión respecto del monto punitivo. Y bueno, ya señalé que en
realidad lo primero que dije es que una parte importante de la
discusión queda afuera si el Tribunal le impone una pena mayor,
pero la segunda cuestión vinculada con el perjuicio, es la
siguiente: digamos, si el Tribunal impusiera una pena mayor a la
peticionada por el fiscal pero en definitiva que superara... a ver,
este es un juego de palabras. Perdón. En virtud de los artículos
458, inciso 2º y 460 del Código Procesal, se daría la posibilidad
entonces de que la parte querellante pudiera encontrarse habilitada
de recurrir la sentencia porque el Tribunal fija un monto punitivo
que fuera por sobre la mitad de la petición de esa parte, y que no
pudiera hacerlo el fiscal por haber peticionado una pena menor por
la totalidad de los hechos. Esto sería absolutamente disparatado,
es decir, que el querellante podría recurrir cuestiones por las
cuales él no está legitimado, que el fiscal no podría hacerlo
precisamente y es quien está legitimado para ello.
Y lo último, poco importa por lo menos para nosotros, si el
colega consideró que de todas maneras bueno, esta cuestión también
se encontraba diluida porque en definitiva si había pedido un monto
de pena tan elevado también se vinculaba con que la escala penal
prevista para los delitos involucrados para él era exigua. Lo
cierto es que eventualmente esto será así, podrá ser objeto de una
reforma legislativa. Digo, no sé, pero lo cierto es que el colega
funda su petición especialmente en la totalidad de los hechos del
debate por los cuales él no se encuentra legitimado a actuar,
entonces no podemos inferir nosotros, bueno, cuál sería la parte
vinculada al exceso de legitimación y cuál sería la parte vinculada
a lo exiguo del monto de pena según él considera. Máxime cuando en
realidad por ahí esta discusión podía ser estéril si hubiera pedido
el máximo de la pena prevista, pero por lo menos en el caso de
Andreozzi no fue así. Con lo cual digamos, entendemos nosotros que
no existen argumentos o por lo menos no se han dado argumentos
novedosos que permitan aventar la cantidad de nulidades que hemos
articulado nosotros al momento de fundar nuestra petición absoluta.
Va a continuar el doctor Chittaro con algunas cuestiones
más.
DÚPLICA DE LA DEFENSA (Chittaro)
DEFENSA (Chittaro).- El tema que sigue señor presidente, es
el de la extinción de la acción penal por prescripción. Este tema
lo vamos a tratar en la medida en que sea posible en forma conjunta
en cuanto a los argumentos tanto de la querella como de la
Fiscalía.
Como dijimos al alegar, el incidente de prescripción formado
por el Tribunal con motivo de un planteo de la defensa de Enrique
Mathov, la Fiscalía se limitó a argumentar que no había operado el
término. Al inicio del debate, lo mismo, no había operado el
término. Ahora nos dice que en ese momento no incorporaron otros
argumentos porque no hacía falta, porque como no había operado el
término no hacía falta. Entonces nos preguntamos si con los
novedosos argumentos que ahora trae la Fiscalía el suceso que se le
imputa a nuestro asistido es prácticamente imprescriptible, ¿por
qué no los usaron en esas otras dos oportunidades? Y lo mismo
ocurre con la querella. En el incidente escrito del que estoy
hablando, sí trató la cuestión de la suspensión del segundo párrafo
del artículo 67 del Código Penal. Y al inicio del debate, incorporó
la novedad de las graves violaciones a los Derechos Humanos, y
ahora nos habla de ejecuciones extrajudiciales. Entonces vamos a
ver estas cuestiones, señor presidente.

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En cuanto a la suspensión del segundo párrafo del artículo


67, la querella insiste con que hay personas en la Instrucción que
están imputadas por homicidios con falta de mérito desde hace 10
años. La Fiscalía ahora trae ese argumento. También argumentan que
Firpo Castro sigue siendo funcionario público. Sobre esta cuestión
y leo textual, el letrado de la querella dice: “El fundamento de la
causal de suspensión, es evitar que el funcionario político por el
solo hecho de ostentar el cargo, obstaculice el accionar de las
investigaciones, logrando impunidad para él y para todos los que
intervinieron en el hecho”, cierro la cita textual de la querella.
Y la Fiscalía por su parte afirmó y cito textualmente: “El fin es
evitar que un funcionario público entorpezca el trámite de una
causa en razón de esa función”. La querella cita a la Sala I de la
Cámara Nacional de Casación Penal para afirmar que no corresponde
diferenciación alguna en punto al origen o a la calidad de las
funciones públicas que se ejercitan. La Fiscalía hace lo propio
citando el dictamen del fiscal general ante la Cámara Federal de
Casación Penal, en la causa Merlo de la Sala I. Ninguna de las dos
partes, señor presidente, se hace cargo de explicar siquiera
mínimamente cómo es que un cabo 1º de la Policía Federal puede
obstaculizar la investigación. Y tanto no pudo hacerlo, que está
imputado en este juicio oral. Menos aún, explica la querella, cómo
es que puede considerárselo un funcionario político a este cabo 1º.
Es que si el fundamento de la causal de la suspensión es ese, lo
que acabamos de leer, las citas textuales que acabamos de leer,
cosa que compartimos, entonces hay que explicar cómo puede ese
funcionario entorpecer el trámite del proceso. Porque de lo
contrario, hay una contradicción en el razonamiento. Si el
fundamento es evitar que el funcionario obstaculice, pues bien,
tiene que ser un funcionario en condiciones de obstaculizar. Es
básico, señor presidente.
Por supuesto que tampoco nada dicen las acusadoras de las
citas jurisdiccionales y doctrinarias que avalan nuestra postura,
la que también es avalada por el voto en disidencia del juez
Madueño en los tres precedentes de la Sala I de la Cámara de
Casación, que fueron citados por la querella sobre este punto.
Más grave aún, es recurrir a personas que están imputadas en
Instrucción con falta de mérito desde hace 10 años. Esto es
evidente, señor presidente. La inacción de las autoridades
encargadas de la Instrucción, no tiene por qué soportarla nuestro
asistido. Claro está, como lo explicamos al alegar, que en la causa
en que está imputado Andreozzi no lo están otras personas, no lo
está Firpo Castro. Explicamos además que no hay participación en
delitos culposos. Por eso no es de aplicación la doctrina del caso
Cirigliano citado por la querella. En ese caso ambos sucesos fueron
dolosos. Dice la querella y cito textual: “Las defensas fundan su
planteo en una premisa ostensiblemente falsa que fue planteada sin
dudas con mayor claridad por la defensa de Andreozzi”. Parece que
nuestra premisa entonces es claramente falsa. La querella se
esforzó vanamente en explicar lo inexplicable: la participación en
los delitos culposos. Por supuesto que nada dice de nuestros
argumentos con citas doctrinarias y jurisprudenciales que avalan lo
contrario, no hay participación en delitos culposos. La querella
llegó a afirmar, y voy a citar textualmente: “En el caso de autos
nos encontramos frente a un mismo suceso histórico, es decir, un
mismo hecho criminal, un hecho criminal único aunque con distintas
significaciones jurídicas penales. Estas distintas significaciones
jurídico penales, surgen de los distintos niveles de
responsabilidad que le corresponden a todos los imputados o a cada
uno de los imputados por los resultados lesivos que se les
atribuyen”. Sigue diciendo la querella: “Como explicamos, estos
distintos niveles de responsabilidad penal tienen que ver con los
deberes infringidos por cada uno de los funcionarios partícipes y
responsables de las muertes de Riva, Lamagna, Almirón, Márquez y
Benedetto y de las lesiones de los manifestantes por las que
también fueron acusados”. Y sigue diciendo la querella: “La
comisión del delito de homicidio culposo, implica necesariamente
que los funcionarios policiales que dispararon contra los
manifestantes, dispararon dolosamente”. Repito este último concepto
de la querella: “La comisión del delito de homicidio culposo,
implica necesariamente que los funcionarios policiales que

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dispararon contra los manifestantes, dispararon dolosamente”,
cierro la cita.
Los términos que utiliza la querella para refutar nuestros
argumentos, pueden encajar en la hipótesis en que nuestro asistido
hubiese sido acusado como partícipe necesario de los homicidios y
las lesiones de esta causa. Pero ello no fue así, porque no puede
ser así. Por eso las acusaciones no pueden sostener fundadamente la
imputación en términos de homicidio culposo. Lo manifestado por la
querella sobre el punto, es una prueba más de lo endeble de estas
acusaciones.
Dice la Fiscalía sobre esta cuestión, que los imputados de
la causa 1527 también fueron acusados por abuso de autoridad e
incumplimiento de deberes de funcionario público, que son delitos
dolosos, que concurren en forma ideal con los homicidios y las
lesiones culposas. Acá se verifica, señor presidente, un problema
de razonamiento, porque para arribar a esa conclusión, la de la
relación entre el abuso de autoridad e incumplimiento de los
deberes de funcionario público y los homicidios y las lesiones
dolosas, los hechos endilgados a nuestro defendido, debieron ser
calificados solamente por esos tipos penales, los tipos penales de
abuso de autoridad e incumplimiento de deberes de funcionarios
públicos. Y si eso es así, ni hablar de la prescripción, la que
operó ya hace muchísimos años y en muchísimas oportunidades. Todas
estas cuestiones son demostrativas de lo endeble de la acusación y
de lo contradictorias que son. Está claro que entre los homicidios
y lesiones culposas y los homicidios y las lesiones dolosas, hay
una relación. Si no se acredita, como pasó en este debate que no se
acreditó, que los autores materiales de las muertes y las lesiones
hayan sido policías, no es posible vincularlo a Andreozzi con esos
hechos. ¿Habrá solamente un abuso de autoridad y un incumplimiento
funcional? Si lo hay, cosa que también descartamos al alegar, operó
sin más la prescripción no verificándose tampoco ninguna causal de
suspensión e interrupción.
El letrado de la querella insiste con calificar estos
sucesos como graves violaciones a los Derechos Humanos. Descarta
que constituyan delitos de lesa humanidad. Si descartamos entonces
que sean delitos de lesa humanidad, cosa que compartimos, por
supuesto, ¿para qué citar el estatuto de Roma, las normas que
regularon los tribunales internacionales para Ruanda y Yugoslavia,
y las convenciones de Ginebra?
Claro, y ahora nos habla de ejecuciones extrajudiciales, y
para eso cita distintos precedentes para fundar esta cuestión de
las ejecuciones extra judiciales. Y nos tenemos que tomar el
trabajo de ver, de conocer cuáles fueron los hechos de ese
precedente para tener dimensión de qué es lo que estaba hablando la
querella, de qué se habla cuando se habla de ejecuciones
extrajudiciales. Y arrancó el letrado de la querella con el caso
Carpio Nicolle de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
¿Cuáles fueron los hechos de ese caso? Y bueno, vamos a tener que
leer, señor presidente. Esto es un tanto engorroso pero es
inevitable. El 3/7/1993, durante una gira proselitista, el señor
Jorge Carpio Nicolle y su comitiva, fue interceptado por más de 15
hombres armados que cubrían sus rostros con pasamontañas. Al
identificar al señor Jorge Carpio Nicolle, los hombres armados le
dispararon a quemarropa ocasionándole heridas graves que
posteriormente le provocaron la muerte. En los mismos hechos fueron
asesinados el señor Juan Vicente Villacorta, quien viajaba en el
mismo vehículo que Carpio Nicolle, así como Ávila Guzmán y Rivas
González. Otras personas sobrevivientes fueron objeto de tratos
crueles debido a la violencia extrema en que ocurrieron los hechos.
Esto surge del propio fallo de la Corte Interamericana.
Seguimos: Gutiérrez versus Argentina. Los hechos: el 29 de
agosto de 1994, el subcomisario Gutiérrez entonces de 41 años de
edad, fue asesinado mediante un disparo en la nuca mientras viajaba
en un tren con dirección a la localidad de Quilmes, donde vivía con
su esposa y sus 3 hijos. Para el momento de su muerte, el señor
Gutiérrez se encontraba investigando un depósito fiscal lindante
con la parte trasera de la Comisaría 2ª de Avellaneda. Tiempo
después, dicha investigación hizo parte de una serie de casos de
corrupción, contrabando, fraude, narcotráfico y asociación ilícita
de funcionarios públicos entre otros a nivel nacional, conocidos

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como el caso de la Aduana paralela. Lo mataron de un disparo en la


nuca.
Seguimos con la Corte Interamericana. Cruz Sánchez versus
Perú. Todo esto citado por el letrado de la querella. El 17 de
diciembre de 1996, 14 miembros del Movimiento Túpac Amaru tomaron
la Embajada japonesa en Lima mientras se conmemoraba el natalicio
del emperador a Quito. El presidente peruano el 22/4/1997 ordenó
dar inicio a la operación de rescate que logró la liberación de los
rehenes. Uno de ellos, los rehenes, perdió la vida, así también
como 2 militares y los 14 miembros del MRTA que tomaron esa
Embajada. Sin embargo, la Corte Interamericana consideró que uno de
esos últimos fue muerto una vez que se encontraba bajo custodia del
Estado.
El conocido caso “Barrios Altos”; aproximadamente a las
22:30 horas del 3 de noviembre de 1991, 6 individuos fuertemente
armados irrumpieron en un inmueble ubicado en la calle equis de un
vecindario de la ciudad de Lima. Al producirse la irrupción, se
estaba celebrando una “pollada”, es decir, una fiesta para recaudar
fondos con el objeto de hacer reparaciones en el edificio.
Los atacantes llegaron al sitio en dos vehículos que
portaban luces y sirenas policiales, que fueron apagadas antes de
llegar al lugar de los hechos. Los individuos encubrieron sus
rostros con pasamontañas y obligaron a las presuntas víctimas a
arrojarse al suelo; una vez que estas estaban en el suelo, los
atacantes les dispararon indiscriminadamente por un período
aproximado de 2 minutos, matando a 15 personas e hiriendo
gravemente a otras 4, quedando una de estas últimas permanentemente
incapacitada.
Las personas sobrevivientes declararon que las detonaciones
sonaban apagadas, lo cual permite suponer que se utilizaron
silenciadores. Durante la investigación, la policía encontró en la
escena del crimen111 cartuchos y 33 proyectiles del mismo calibre,
correspondientes a pistolas ametralladoras.
De las investigaciones judiciales, estamos hablando del caso
de Barrios Altos, y los informes periodísticos revelaron que los
involucrados trabajaban para inteligencia militar, eran miembros
del Ejército peruano que actuaban en el escuadrón de eliminación,
llamado grupo Colina, que llevaba a cabo su propio programa
antisubversivo. Diversas informaciones señalan que los hechos del
presente caso se realizaron en represalia contra presuntos
integrantes de Sendero Luminoso.
Seguimos con las citas del letrado de la querella de
precedentes de la Corte Interamericana. “Desaparecidos del Palacio
de Justicia versus Colombia”. Hechos: ocurrieron el 6 y 7 de
noviembre de 1985, cuando el grupo guerrillero M19 tomó
violentamente el Palacio de Justicia, tomando de rehenes a cientos
de personas. En lo que se reconoció como la retoma del Palacio de
Justicia por las fuerzas de seguridad, resultaron muertas y heridas
decenas de personas.
Previo a la toma, las fuerzas armadas y organismos de
seguridad del Estado sabían que el suceso iba a acontecer, pese a
ello, el día 6 el lugar contaba con una mínima vigilancia privada.
No existe claridad sobre la cantidad de personas que murieron en
los hechos, a la morgue llegaron 94 cadáveres, hubo personas
presentes en el lugar de las que se desconoce su paradero, otras
sospechosas de haber participado de la toma fueron sometidas a
torturas. Un magistrado auxiliar cuando se encontraba en estado de
indefensión debido a las lesiones, fue ejecutado.
Vamos al caso Myrna Mack Chang, también de la Corte
Interamericana. Dice el fallo: “Según la Comisión Guatemala
responsable de la privación arbitraria del derecho a la vida de
Myrna Mack Chang, toda vez que el asesinato de la víctima
perpetrado el día 11 de septiembre de 1990 fue consecuencia de una
operación de inteligencia militar, que obedeció a un plan previo y
cuidadosamente elaborado por el alto mando del estado mayor
presidencial. Dicho plan consistió, en primer lugar, en seleccionar
a la víctima de manera precisa debido a su actividad profesional.
En segundo lugar, en asesinar brutalmente a Myrna Mack Chang, y, en
tercer lugar, en encubrir a los autores materiales e intelectuales
del asesinato, entorpecer la investigación judicial y dejar en la
medida de lo posible el asesinato inmerso en la impunidad.

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Seguimos con la cita de la querella, señor presidente, sé
que esto es engorroso pero resulta inevitable, esta es la dimensión
de las ejecuciones extrajudiciales que nos trae ahora como novedad
el abogado de la querella.
La masacre de Mapiripán, en Colombia. Los hechos: los
testimonios de los sobrevivientes indican que el 15 de julio de
1997 las Autodefensas Unidas de Colombia, un grupo paramilitar,
separaron a 27 personas identificadas en una lista como presuntos
auxiliares, colaboradores o simpatizantes de las FARC y que estas
personas fueron torturadas y descuartizadas por un miembro de las
AUC, las Autodefensas Unidas de Colombia, conocido como
mochacabezas.
Los paramilitares permanecieron en Mapiripán desde el 15
hasta el 20 de julio de 1997, lapso durante el cual impidieron la
libre circulación a los habitantes de dicho municipio y torturaron,
desmembraron, evisceraron y degollaron aproximadamente a 49
personas y arrojaron sus restos al río. Además, una vez concluida
la operación, las AUC destruyeron gran parte de la evidencia física
con el fin de obstruir la recolección de la prueba. En el caso,
como dijo el letrado de la querella, funcionarios estatales habían
conocido las actividades de este grupo paramilitar y no las
controlaron.
Vamos a la jurisprudencia argentina citada por la querella,
también. La causa del Tribunal Oral en lo Criminal Número 23, la
causa “Naredo”; el querellante la citó según el nombre de la
víctima.
El hecho, según el voto del juez que lidera el acuerdo, ha
quedado acreditado que el 21 de enero de 2012,aproximadamente a la
una treinta horas, el cabo de la Policía Federal Argentina, Martín
Alexis Naredo, conducía el móvil 108 de la comisaría 8ª, a cargo
del oficial Juan Carlos Moreira, ocasión en la que fueron
desplazados por Comando Radioeléctrico hacia la plaza Boedo, en
función de incidencias allí producidas.
Camino al lugar, visualizaron a 2 jóvenes de 18 y 14 años de
edad que corrían en dirección contraria a la vía de circulación de
los vehículos, inmediatamente los uniformados comenzaron la
persecución. En un primer momento, el aquí acusado, dice el fallo,
Naredo, ¿no?, dobló de contramano con el móvil policial, ocasión en
la cual los jóvenes retrocedieron a sus pasos y continuaron la
marcha a las corridas. Los policías dieron la voz de alto, se
bajaron del patrullero, primero lo hizo Moreira, después el cabo
Naredo, y emprendieron la persecución a pie de los antes nombrados.
Moreira alcanza al menor de 14 años y lo redujo. Naredo,
quien previamente había extraído su arma de fuego reglamentaria de
la cartuchera y la llevaba en su mano, alcanzó a Jon Camafreitas,
lo tomó, éste intentó escapar, mas el acusado lo impidió, lo puso
de espaldas y en esos momentos apoyó la boca de su arma
reglamentaria con el martillo colocado en posición de disparo en la
cabeza de la víctima. Entonces, le disparó y el joven Camafreitas
cayó al suelo gravemente herido. Como consecuencia de estas
heridas, este joven falleció.
“Montero”, de la Sala III de la Cámara Federal de Casación
Penal, también citado por la querella. Lucio Osvaldo Montero
ocasionó la muerte de Lucas Roldán el día 6 de marzo de 2013, entre
las 14:50 y las 16:50 horas, a través del disparo de 4 proyectiles
de su arma de fuego reglamentaria a una distancia menor a los 5
metros y no mayor a los 50 centímetros, impactando 3 de ellos en el
cuerpo de Roldán. Lo mató a quemarropa.
Sobre el caso “Barresi”, también citado por la querella, y
sobre el que también nos referimos nosotros al alegar, hay que
hacer una aclaración. No es cierto, como afirma el letrado de la
querella, que la Corte Suprema de Justicia de la Nación obligó a la
Sala III a tratar las graves violaciones a los derechos humanos.
Esto no fue así, señor presidente. La Corte anula la absolución de
Barresi, lo que obliga a hacer un nuevo juicio. Y en ese nuevo
trámite, se encuentran con el escollo de la prescripción, esto ya
lo expliqué al alegar, y es el fiscal de Luca el que trae esta
cuestión de las graves violaciones a los derechos humanos. La Corte
en “Barresi” sobre ese punto no dijo ni mu.
Sigamos con las citas de la querella. En el caso “Galeano”,
de la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal, ese tribunal
rechazó un recurso de la especialidad contra la decisión de un

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tribunal ad hoc que confirmó el procesamiento del juez instructor


por considerarlo a Galeano partícipe necesario del delito de
peculado, delito que habría sido cometido en el ejercicio de su
función como juez instructor del atentado que costó la vida a 85
personas.
Y, por último, cita el querellante el caso “Castañeda”. Dice
que este Tribunal, por supuesto con otra integración-solo intervino
en el debate de esa causa quien preside este juicio-, rechazó la
excepción de prescripción y que lo propio hizo la sala de la Cámara
de Casación que le tocó intervenir. Pero nada dice el letrado de la
querella de lo que dijo la Corte Suprema de Justicia de la Nación
sobre el punto. El 29 de noviembre de 2011, el Alto Tribunal echó
por tierra los argumentos para sostener que la acción penal no se
encontraba vigente, o perdón, este furcio fue mío, que la acción
penal se encontraba vigente.
Trata también la querella lo que se ha dado en llamar soft
law, y, en este sentido, cita distintas resoluciones de la Asamblea
General de las Naciones Unidas, la opinión del relator especial,
los principios relativos a una eficaz prevención de las ejecuciones
extrajudiciales, cita un manual sobre el mismo rubro. A este soft
law se lo ha definido como un derecho de naturaleza incierta, menos
seguro. Lo cierto es que las normas de soft law que citó el letrado
de la querella, son por lo pronto nada más que recomendaciones,
expresiones de deseos. ¿Se convertirán tal vez y con el paso del
tiempo en tratados internacionales y los Estados ratificaran esos
tratados mediante una ley interna? Es posible, no lo sabemos con
certeza.
El letrado de la querella cita en abono de su postura el
soft law. Nosotros citamos la Constitución Nacional y los tratados
incorporados por el artículo 75, inciso 22, y el Código Penal.
Nosotros citamos, señor presidente, hard law.
Una aclaración más sobre el caso “Vera Vera”. Es cierto,
como dice la querella, que el caso se trata de una negligencia
médica. Este caso nosotros hicimos referencia a él en nuestra
alocución. Y es cierto que se trata de una negligencia médica, pero
también es cierto, y de esto nada dice el querellante, que Vera
Vera se encontraba privado de su libertad y bajo custodia de
agentes estatales, fue en ese contexto lo de la negligencia médica
de Vera Vera.
En definitiva, señor presidente, esto de caracterizar
algunos sucesos como graves violaciones a los derechos humanos no
tiene fundamento legal, y consecuentemente no podemos determinar
que certeza cuándo un delito común se convierte en una grave
violación a los derechos humanos, pero de lo que sí tenemos certeza
es que en todos los casos que así fueron caracterizados, nunca se
trató de delitos culposos, tanto en el ámbito doméstico como en el
sistema interamericano. Me remito en torno a ello al precedente
“Funes” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación citado en
nuestro alegato.
¿Qué tienen que ver los casos citados al replicar por el
doctor Borda con los homicidios culposos y lesiones culposas que le
endilga a Andreozzi? Nada. No hay ejecuciones extrajudiciales
culposas, no hay participación culposa en un delito doloso. Ya
dijimos en nuestra alocución que en este mismo proceso, señor
presidente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación descartó la
posibilidad de calificar estos sucesos como graves violaciones a
los derechos humanos.
Queda a rebatir un nuevo argumento que trajo la Fiscalía,
argumento del que no hice ni la más mínima referencia en el
incidente escrito. Me refiero a la novedad de que nuestro defendido
sigue siendo funcionario público. Para eso invocó la ley 21965 y el
decreto 1866 del año 83.
La Fiscalía dice que nuestro asistido en la medida en que
conserva el estado policial sigue siendo funcionario público. ¿Cuál
es el ejercicio de funciones públicas en las que participa
Andreozzi, en carácter accidental o permanente, en los términos del
artículo 77del Código Penal? Nada dice la Fiscalía. Invoca el
fiscal el artículo 6 de la ley que dice que el estado policial se
pierde por baja; claro, Andreozzi no fue dado de baja. Invoca el
artículo 8 en punto a los deberes que supone el estado policial,
pero nada dice de la distinción legal en orden a las obligaciones
esenciales y a los derechos esenciales para el personal en

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actividad, que surge en los artículos 9 y 10, del personal en
situación de retiro que están reguladas por el artículo 11.
Dice el inciso b) del artículo 11, y esto es lo importante,
constituye determinación personal la solicitud de “funciones”
dentro de la institución. En caso de ser llamado a prestar
servicios el ejercicio de dichas funciones será obligatorio. Es
decir, en ese caso, de volver a prestar funciones, y solo en ese
caso, vuelve a adquirir la condición de funcionario.
Esto tanto es así que la ley en su artículo 13 establece el
siguiente orden de precedencia. Dice el artículo 13: a) personal en
situación de actividad; b) personal en situación de retiro llamado
a prestar servicios, y c) personal en situación de retiro. Este
llamado a prestar servicios lo realiza el Poder Ejecutivo Nacional
a propuesta del jefe de policía, según el artículo 36.
Dice el artículo 80 de la ley que el retiro es definitivo y
produce los siguientes efectos, el que nos interesa es el del
inciso b):“No se permite desempeñar cargos propios del estado
policial de la institución...”, refiriendo (...) estamos hablando
de las personas retiradas, “...salvo el caso de llamar a prestar
servicios.” Entonces, según el artículo 90, el personal llamado a
prestar servicios tiene recién ahí los deberes y derechos propios
del personal en actividad. Y es entonces que ese personal está
sujeto al régimen disciplinario en iguales condiciones que el
personal en actividad, según el artículo 115, inciso b), punto 3.
Siempre estamos hablando de esta misma ley.
En definitiva, hay tres categorías, señor presidente, el
personal en actividad, el personal llamado a prestar servicio, que
es lo que se conoce como personal convocado, y el personal en
situación de retiro. Tanto es así, que, según el artículo 456 del
decreto 1863 del año 83, se establece que el personal llamado a
prestar servicios, además del retiro, recibirá una remuneración
mensual, cobra su jubilación y cobra su sueldo porque está
cumpliendo funciones. ¿Con esto qué queremos decir, señor
presidente? Que solo el retirado llamado a prestar servicios puede
ser considerado funcionario público. Nada tiene que ver que puede
usar el uniforme para algún acto protocolar, tener una credencial y
un arma.
Y si la mala suerte quiere que en alguna oportunidad
Andreozzi se enfrente a la situación descripta en el inciso e)del
artículo 11 de la ley 21965, como dice la misma norma, “los actos
cumplidos en virtud de ese deber legal serán considerados para
todos los efectos como ejercidospor personal en actividad.” ¿Cuál
es este debe legal? Bueno, la mala suerte que le puede ocurrir a mi
asistido o a los otros jubilados de la Policía Federal que están
acá, de que se topen con un hecho delictivo y tengan que
intervenir. Bueno, la ley lo soluciona claramente, dice, mire, si
le pasa esto, estos actos cumplidos en virtud de este deber legal
serán considerados para todos los efectos como ejercidos por
personal en actividad. Lo que no dice nada la ley es si les pagarán
por eso o seguirán cobrando nada más que su jubilación. Será un
planteo que tendrán que hacer si tienen la mala suerte de que les
ocurra enfrentarse a esa situación. Entonces, este caso será un
ejercicio ocasional de la función pública, artículo 77 del Código
Penal, pero claro está, que no surge del legajo de nuestro
defendido que jamás haya tenido ese ejercicio ocasional.
Sostener que Andreozzi, jubilado, de 67 años de edad,
sentado acá en esta sala, es un funcionario público, es acá ahora
un funcionario público, es una cosa disparatada. Tan disparatado es
como imaginar que el actual jefe de policía le proponga al
presidente de la Nación que llame a prestar servicios a nuestro
defendido. De seguir el criterio de la Fiscalía, el curso de la
prescripción para un policía en situación de retiro comenzará a
operar, y esto lo dijo mi colega, el doctor Valerga Aráoz, bueno,
comenzará a operar el día de su muerte.
Dice el fiscal que lo que propone resulta coincidente con lo
que surge del artículo 77 del Código Penal en punto al militar,
concepto que comprende a toda persona que revista el estado militar
al momento del hecho. La Policía Federal Argentina es una fuerza de
seguridad, como es la Prefectura Naval Argentina y la Gendarmería
Nacional; no forman parte de las fuerzas armadas, no son militares
sus miembros, y esto tanto es así que en una contienda de
competencia entre la Cámara de Apelaciones de este fuero y el

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Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas con motivo de los sucesos


del 3 de diciembre de 1990, la Corte Suprema separó la competencia
entre la justicia castrense y la justicia federal, según si los
autores se trataban de personal militar o de una fuerza de
seguridad. Me refiero al precedente de fallos 315, 1585. No hace
falta recurrir a la doctrina, como nos propone la Fiscalía sobre
esta cuestión, la solución está en la propia ley 21965 y su decreto
reglamentario.
Sigamos con la Fiscalía, señor presidente, siempre en torno
a esta cuestión de la extinción de la acción penal por
prescripción. La postura del juez Hornos, en la causa “Alsogaray”,
en orden a que la fecha de fijación de audiencia de debate
interrumpe el curso de la prescripción, se resuelve con la ley
25.990. No vamos a decir otra cosa. A esta hard law nos remitimos.
Y, por último, en cuanto a la postura del juez Geminiani,
también en “Alsogaray”, y también aportada por la Fiscalía,
relacionada a la Convención contra la Corrupción, consideramos que,
bueno, la parte debe probar suerte con ella en otro tipo de
procesos, no sé de qué corrupción nos están hablando.
En definitiva, señor presidente, la acción penal está
extinguida por prescripción, y así lo entendió Vuestra Excelencia
en una causa conexa a la de este debate, me refiero a la causa
número 1515, “Barando Jorge Eduardo sobre abuso de armas”, del
registro del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número 6. Y al
auto del 31 de marzo de 2011 donde se resolvió a favor de la
prescripción haciendo un sencillo cálculo de tiempo. Nadie dijo
nada de suspensiones, ni de graves violaciones a los derechos
humanos, ni que el militar Barando continuaba siendo funcionario ni
nada por el estilo.
Vamos a pasar ahora, señor presidente, a la cuestión del
plazo razonable. Sobre esta cuestión vamos a ser bien breves, solo
vamos a decir que las acusadoras no logran refutar un argumento
central: por qué Andreozzi debe hacerse cargo de una demora que no
le es imputable. Dice el fiscal que no fue sencilla la producción
de prueba, así dijo, en tanto se trata de funcionarios públicos,
algunos de ellos en ejercicio de sus funciones. Ahora comprendo,
señor presidente, el Ministerio Público Fiscal demoró más de 12
años en aportar las partidas de defunción de las personas
fallecidas, porque un cabo primero de la Policía Federal logró
entorpecer la investigación o porque tal vez lograron entorpecerla
los policías jubilados, habrá sido por eso la demora de 12 años, la
influencia del cabo o de un grupo de jubilados.
Ahora entiendo claramente la causal de suspensión del
segundo párrafo del artículo 67. Cita la Fiscalía un precedente de
la Sala III de la Cámara de Casación Criminal y Correcional, el
voto del juez Magariños en la causa “Muzzio”* del 8 de marzo del
corriente año. Según el fiscal el juez Magariños dijo, y leo
textual: “Pretender hacer jugar el plazo razonable para
sometimiento a juicio, olvidándose de que la propia ley determina
que el plazo de prescripción queda suspendido mientras quien
revista la calidad de funcionario la conserve, requiere explicar
cómo se concilian las dos cuestiones y que de ello tampoco se ha
hecho cargo el recurrente”. Vamos a explicarlo sucintamente cómo se
concilian estas cuestiones. Son dos institutos diferentes, tanto es
así que no hay un derecho constitucional a la prescripción pero sí
lo hay al plazo razonable. Es que, si seguimos la postura de ese
magistrado, el proceso podría durar indefinidamente mientras el
imputado tenga que cargar con la suspensión del segundo párrafo del
artículo 67 del Código Penal. No hay plazo razonable, o lo que es
peor, cualquier plazo, por más dilatado que sea, siguiendo el
criterio del juez Magariños, siempre va a ser razonable.
El letrado de la querella, en cambio, nos dice que los
imputados en este proceso, para justificar semejante demora, que se
encuentran en libertad; ese es su argumento. Menos mal que están en
libertad, ¿o pretendía que estuvieran detenidos todo este tiempo? Y
el letrado de la querella nos cita a“Fox”, también del Tribunal
Número 6 de este fuero. Fox, para quienes sabemos quién es Fox, Fox
es Alsogaray, ¿no?, pero, bueno, en la carátula el primero que
apareció fue Fox.
En Fox, para rechazar el planteo, siempre estamos hablando
del plazo razonable, se habló de la complejidad de la maniobra
investigada, en la causa Fox, la voluminosidad de la documentación

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que ha debido ser evaluada en las sucesivas instancias, y de la
cantidad de personas investigadas, es el famoso caso de Radio
nacional. ¿Esto habrá sido así en ese caso, lo que dijo el Tribunal
6? Y, es probable.
Y si fue así, cómo traspola ese caso el letrado de la
querella a éste que nos ocupa, no da ninguna explicación, señor
presidente. Nos dice el letrado, y es cierto, que él interpuso
pronto despacho para acelerar este proceso. Bueno, le decimos que
con su pronto despacho no le fue bien, lo que hubiese, entonces, si
no los hubiese interpuesto. Estamos de acuerdo con el doctor Borda
en punto a que el decreto del presidente de la Nación dejó sin
efecto, por el momento, la entrada en vigencia del nuevo Código
Procesal Penal, pero lo que no hizo el decreto fue derogarlo, sus
cláusulas son operativas y están en vigencia, tal como lo
sostuvimos en nuestro alegato.
Y, por último, si bien el precedente Revello de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación no autoriza lo que el letrado
denominó collage, un collage de normas, ese caso se trataba de la
aplicación de la legislación de fondo, de la aplicación de la ley
25990 y la prescripción; nada más alejado de lo que propusimos
nosotros al alegar con motivo de la aplicación del nuevo régimen
procesal. Reafirmamos, en definitiva, sobre esta cuestión, los
términos de nuestro alegato.
Y el último punto y para terminar, señor presidente, se
trata del planteo que hicimos de nulidad por falta de imparcialidad
de la jueza instructora. Sobre esta cuestión al replicar, tanto la
querella que representa el doctor Borda como la Fiscalía, aludieron
para que se rechace el planteo a que el tema fue discutido en la
etapa instructoria. El Ministerio Público Fiscal agregó que una
denuncia contra la magistrada fue desestimada en el Juzgado Federal
Número 8. Mi colega María José Turano ya se refirió al asunto de la
preclusión, no vamos a volver sobre esa cuestión. Las contrapartes,
sobre este tema, soslayan la prueba que se produjo durante este
debate; dicen que los planteos en la instrucción fueron rechazados
y ya. ¿Para qué hacer juicios orales, entonces? Sobre esto me
remito a las consideraciones del doctor Valerga Aráoz sobre la
prueba en el debate que no fue producida en la instrucción. Me
refiero a las declaraciones testimoniales de las que se refirió en
el día de ayer.
Un juez, que ya no lo es, fue recusado el 7 de febrero de
2001. Durante el trámite de la recusación, el25 de mayo de 2001, se
amplió esa recusación. El 21 de septiembre, siempre de 2001, la
Cámara de Apelaciones rechazó la recusación. El 10 de julio de 2002
ese mismo juez volvió a ser recusado. Durante el trámite, el 6 de
noviembre de 2002, se amplió de nuevo la recusación. El 22 de
noviembre de 2002, ese mismo Tribunal, esa Cámara de Apelaciones,
vuelve a rechazar la recusación.
Nueva recusación para el mismo juez, 2 de septiembre de
2003, también se amplió durante su trámite, esta vez dos veces, el
25 de septiembre de 2003 y el 6 de noviembre de 2003. El 14 de
octubre de 2003, ese mismo juez fue nuevamente recusado y la Cámara
Federal, contradiciéndose de lo que dijo el 22 de noviembre, para
mantenerlo en funciones, el 22 de noviembre de 2002,para mantenerlo
en funciones, cuando ya no podía tapar el sol con las manos,
finalmente qué hizo la Cámara, hizo lugar a la recusación.
Aclaro, señor presidente, que desde la ampliación de la
primera recusación siempre se fundó, estas recusaciones siempre
fueron fundadas, entre otras, pero siempre tuvieron un mismo
motivo, una misma causa. La prueba aportada, la prueba producida en
el juicio oral y público, hizo que la Cámara apartara a ese
magistrado. La prueba producida en ese juicio oral y público, hizo
que se decretase una nulidad relacionada con la falta de
imparcialidad de ese mismo juez y se absolviese a todas las
personas acusadas en ese debate. Ese mismo juez, que ya no es juez,
también fue denunciado y sobreseído, en este caso por otro ex juez,
Gabriel Cavallo, cuando estaba a cargo del Juzgado Federal Número
4, y me parece pero no estoy seguro, señor presidente, porque no
seguí con la investigación de esto, que ese sobreseimiento fue
anulado. Algo hizo, por cosa juzgada írrita, me apunta mi colega y
de algo de esto se refiero el colega de la querella, el doctor
Borda.

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Entonces, de seguir el criterio de la querella y de la


Fiscalía, ese ex juez no sería ex juez, esos acusados absueltos
hubiesen sido condenados, ese ex juez no estaría enfrentando un
juicio oral, no lo hubiese destituido el Consejo de la
Magistratura. De seguir el criterio de la querella y la Fiscalía,
Juan José Galeano continuaría a cargo del Juzgado Federal Número 9
y a cargo de la instrucción del atentado a la AMIA. Esto es lo que
nos proponen el Ministerio Público Fiscal y la querella, señor
presidente. Sobre este derrotero de recusaciones a las que me
referí pueden consultarse los fundamentos de la sentencia dictada
en la causa Telleldín, en su capítulo octavo, punto B, fundamentos
del 29 de octubre de 2014 dictados por el Tribunal Número 3 de este
fuero.
Y eso es todo, señor presidente, con esto culminan nuestras
réplicas. Sí, solamente vamos a decir que reafirmamos, ratificamos
los términos de nuestro alegato en torno a este planteo de nulidad
y a todos los planteos y todas las consideraciones efectuadas en
nuestra alocución con nuestra colega la doctora Turano. Muchas
gracias…”.

A continuación, en la misma fecha efectuó


su dúplica el Dr. Molinas, quien sostuvo:

“…DEFENSA (Molina).- Bueno, nos corresponde a nosotros


terminar esta etapa de dúplicas como ha sido ya la norma en este
juicio oral, por eso es la idea de esta defensa tratar de ser muy
breve ya que las defensas que me precedieron, en particular la
defensa del imputado Andreozzi por su similitud en la acusación, ha
tratado varios de los temas que nos corresponde tratar a nosotros,
así que voy a tratar de hacer esta dúplica haciendo especial
hincapié en aquellos temas que nos han preocupado, particularmente
con respecto a las réplicas tanto de la Fiscalía como de la
acusadora privada.
En primer término, quiero dejar sentado que esta defensa
ratifica en un todo su alegato, lo da por reproducido, y, por
tanto, también su petitorio formulado en aquella oportunidad.
Antes de adentrarnos a los temas particulares de la
réplica, quiero hacer una brevísima referencia a las
consideraciones que hicieron ambas acusadoras con respecto a
términos despectivos o insultantes que atribuyen a distintas
defensas, que lamentablemente no fueron identificadas por parte de
los acusadores.
Como todos saben, me incorporé a este juicio, por razones
que no vienen al caso, en una etapa muy avanzada, inclusive cuando
varios de los alegatos ya habían sido producidos, aunque no los
presencié pero los conozco por sus versiones. Este defensor cumplió
en esta etapa de alegato 37 años en el ejercicio de la profesión y
comparte plenamente que la defensa más apasionada o enjundiosa no
debe avanzar sobre las personas de los colegas que
circunstancialmente sean la contraparte, con estigmatizaciones o
descalificaciones, porque el libre ejercicio de la profesión hace a
la esencia misma de la república y del sistema democrático. He
revisado mis dichos y entiendo no haber rebasado estos límites,
pero como las partes acusadoras no han identificado a los autores
de tales expresiones, para el caso que se hayan sentido ofendidos o
molestos por alguna expresión de mi parte, pido disculpas porque no
he tenido esa intención.
Yendo ya a las cuestiones de la réplica, voy a adentrarme
específicamente siguiendo el orden dado por las acusaciones, por
tanto con la réplica formulada a los planteos de prescripción
formuladas por todas las defensas, y en particular por esta.
En primer término, quiero referirme a la introducción de
conceptos arbitrarios, ilegales e inconstitucionales para la
interpretación de las normas penales en los que han vuelto a
incurrir ambas partes acusadores en sus réplicas. Me refiero a las
referencias efectuadas al referirse a la interpretación del
concepto de participación previsto en el inciso 2 del artículo 67.

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Ambas partes han aludido a conceptos como interpretación amplia,
válida o lógica para interpretar dicha norma, para justificar así
que la conducta culposa que se imputa a mi asistido puede estar
abarcada por dicha norma, como participación en los hechos dolosos
de las personas juzgadas en este juicio pero en otras causas.
Señor presidente, tales esfuerzos intelectuales resultan
inadmisibles en un proceso penal. Como lo señala en forma unánime
la doctrina y jurisprudencia, la única interpretación válida en
contra del imputado es la interpretación estricta y restrictiva,
así lo imponen desde sus primeros artículos las normas del Código
Procesal Penal, que en su artículo 1 ratifica el principio de
inocencia que cubre la situación procesal de mi asistido y que en
el artículo segundo, bajo el título interpretación restrictiva y
analógica, dispone que toda disposición legal que coarte la
libertad personal que limita el ejercicio de un derecho atribuido
por este código o que establezca sanciones penales, deberá ser
interpretada restrictivamente. Las leyes penales no pueden
aplicarse por analogía.
Finalmente, el artículo 3 consagra el principio del in dubio
pro reo. Esta interpretación restrictiva no es más que la lógica
consecuencia de los principios constitucionales de culpabilidad y
taxatividad penal que expresamente invocó esta defensa en su
alegato.
Cuando una norma del Código Penal, en este caso el artículo
67, habla de un concepto penal vastamente conocido como el de
participación, solo puede aludir al concepto técnico de
participación y no a un concepto ampliado o subjetivo. No existe
participación penal culposa en delitos dolosos y esta es la
interpretación restrictiva aplicable en este juicio. A mi asistido
se le imputa un delito culposo que en modo alguno puede
considerarse, por ningún tipo de interpretación, como participación
en otro tipo doloso.
Las referencias a la relación inescindible entre conductas y
los precedentes citados, como Cirigliano, refieren siempre, como
han dicho las defensas que me precedieron, a conductas dolosas y no
culposas. Mi asistido no pudo participar culposamente en una
conducta dolosa, por lo que tal interpretación resulta arbitraria,
ilegal e inconstitucional. Más grave aún es recurrir, como lo hizo
la querella, a conceptos como la voluntad del legislador o el
espíritu de las normas, que no solo son manifiestamente ajenos a
una interpretación penal necesariamente restrictiva sino que
resultan sumamente peligrosos y, como dije en el alegato, hacen
evocar, como ya lo señalé, a conceptos penales del Tercer Reich,
como el espíritu del pueblo, recordado por Roxin para descalificar
precisamente este tipo de interpretaciones propuestas.
En segundo término, quiero hacer especial hincapié en la
improcedencia de la incorporación de nuevas calificaciones que
hiciera la querella. Me refiero expresamente, como lo han hecho las
defensas que me precedieron y no quiero por eso volver a repetir el
análisis de los precedentes que se invocaron, a la supuesta
participación en ejecuciones arbitrarias o extrajudiciales. Quiero
señalar solamente que nuevamente se invocan precedentes
internacionales y nacionales que aluden en todos los casos a
supuestos de delitos dolosos y por tanto inaplicables a mi
asistido, como, insisto, destacaron las defensas que me
precedieron.
En particular, quiero hacer una referencia a las normas de
soft law que hiciera la querella, como, por ejemplo, las
resoluciones de Naciones Unidas. Estas resoluciones, como todas las
normas y los precedentes jurisprudenciales que se citaron, refieren
exclusivamente a delitos dolosos realizados por personas que
actuaron siempre en el marco de ilegalidad y a sabiendas.
Obviamente que a Gaudiero no se le imputa en este proceso la
ejecución extrajudicial de nadie. Solamente se le ha imputado, y
eso lo cual no quita gravedad, la realización culposa de homicidios
y de lesiones. Tampoco se le puede imputar, ni aun cuando se
consideraran aplicables estas normas de soft law a nuestro derecho
positivo, la supuesta autorización o aquiescencia que reclaman
estas normas para condenar a los autores, ya que tanto autorización
como aquiescencia implican dolo. No debe olvidarse que
aquiescencia, de acuerdo al diccionario de la Real Academia,
implica asenso o asentimiento, es decir que tanto la autorización

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como la aquiescencia son conductas dolosas que no se imputan en


este proceso.
Una tercera referencia, para lo cual nuevamente me remito a
las afirmaciones de las defensas que me precedieron, en particular
la del comisario Santos y la del señor Andreozzi, es la referencia
al estado policial al que aludiera por primera vez en la etapa de
réplica el Ministerio Público.
No voy a repetir sino que hago míos los dichos de esas
defensas. Pero no puedo dejar de señalar que resulta sumamente
grave el intento de penar o de mantener la posibilidad de
prosecución de la acción penal sobre la base de un estado, en este
caso el estado policial. Esta situación de estado policial implica
una violación manifiesta del principio de legalidad y un
antecedente sumamente peligroso, porque ya no estaríamos juzgando
las conductas que podrían imputarse a Gaudiero sino meramente su
estado policial.
Así y todo, es obvio por los dichos de las defensas que me
precedieron, que este estado policial en modo alguno implica
participación en conductas delictivas, y en modo alguno puede
quedar amparado por el artículo 77 que expresamente refiere a la
necesidad, cuando habla de funcionarios públicos, al de que
participe accidental o permanentemente del ejercicio de funciones
públicas.
Como se señaló en el caso de Andreozzi, y es aplicable al
caso de Gaudiero, mi defendido no ejerce, ni accidental ni
permanentemente, funciones públicas, ni por elección popular ni por
nombramiento de autoridad competente. Se encuentra retirado y por
su edad y por su salud resulta imposible que sea convocado a
prestar, aunque sea accidentalmente, este tipo de funciones. Del
mismo modo, cabe rechazar la equiparación que se hiciera, por ser
manifiestamente analógica, con respecto al estado militar, no solo
porque se trata de fuerzas distintas sino porque si el artículo 77
refiere expresamente a un tipo de estado que es el militar, no
puede ampliarse analógicamente esta interpretación a otro tipo de
Estado, que es el policial.
Por todo ello, señor presidente, con respecto a la
prescripción y por los dichos de las defensas que me precedieron, y
que insisto en hacer míos, corresponde rechazar las réplicas en lo
referido a la prescripción de la acción penal y hacer lugar al
planteo de prescripción oportunamente efectuado por esta defensa.
Con respecto a la réplica al planteo de extinción de la
acción penal por violación del plazo razonable, esta defensa
ratifica lo expuesto en su alegato y, para evitar reiteraciones,
hace suyas las dúplicas que la precedieron.
Lo mismo cabe hacer con respecto a los planteos nulificantes
tanto por violación al principio de congruencia como por
imparcialidad, sin perjuicio de lo cual no puedo dejar de señalar
dos aspectos especialmente preocupantes de las réplicas.
En su afán de buscar de cualquier modo la condena de mi
asistido, en la etapa de réplicas se ha procedido a incorporar
elementos fácticos que no existían en el proceso, lo cual debe ser
expresamente rechazado. Me refiero en particular a la circunstancia
invocada por la querella cuando sostuvo que si bien podría
discutirse la existencia o no de la promoción de la acción penal
por la Fiscalía, esta estaría suplida por la presencia del fiscal
Comparatore en la jefatura de la policía en la noche del 19.
Esta circunstancia de la presencia del fiscal Comparatore,
nunca ha sido acreditada ni siquiera invocada, por alguna de las
partes. Recién en esta etapa aparece como un hecho una
circunstancia absolutamente ajena al proceso y que mi parte no
reconoce, porque no es cierto que el fiscal Comparatore haya
asistido a la jefatura de policía, acompañando a la jueza Servini
de Cubría, para entrevistarse con el señor Gaudiero.
Pero más grave aún es intentar que esa visita pueda suplir
el requerimiento de instrucción necesario para la promoción de la
acción penal. Las formas del requerimiento no son cuestiones
meramente burocráticas, sino que hacen a la esencia misma de la
promoción de la acción penal, por tanto el requerimiento del señor
fiscal debió hacerse no con su visita a la comisaría sino con la
expresa emisión del requerimiento y eso es lo que se cuestiona en
este proceso y ha quedado incólume.

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Del mismo modo, resultan especialmente preocupantes para
esta defensa las afirmaciones que se hicieran en el sentido de que,
bueno, no es muy grave que se los haya citado a personas que ya
estaban imputadas sin sus abogados porque, de haberlo querido,
podían haberlo hecho por su cuenta, como hizo el señor Mathov.
La presencia del defensor no es solo un derecho sino que es
una obligación del magistrado imponer la asistencia a cualquier
persona que sea imputada para su participación en el proceso. Es
más, no es admisible que una persona se presente al proceso sin el
abogado y aun cuando lo rechace, ustedes saben y les habrá tocado
en su práctica, que deben imponérsela, por tanto esas referencias
graciosas en el sentido de que pudo suplirse con la mera voluntad
de la parte, resultan absolutamente improcedentes.
Por eso y por todas las manifestaciones de las defensas que
me precedieron, esta parte insiste en su planteo, en los planteos
nulificantes que efectuara durante su alegato.
Finalmente, una última referencia a un planteo que introdujo
esta defensa en su alegato, cual es el de cosa juzgada. Tanto la
querella como el Ministerio Público han replicado este planteo
mutilando la integridad del mismo. En tal sentido, han contestado
las referencias a uno solo de los elementos objetivos invocados por
esta defensa, eludiendo toda referencia al segundo de estos
elementos.
En efecto, solo aludieron al sobreseimiento dictado respecto
del ex presidente Fernando de la Rúa, que esta parte invocó como
parte del sustento fáctico por el que implicaba la cosa juzgada
respecto a la legitimidad del dictado del decreto que proclamó el
estado de sitio, y las instrucciones impartidas por el Poder
Ejecutivo Nacional en virtud del mismo.
Pero eludieron replicar en que en autos se desvinculó a
todos los oficiales, tanto de estamentos superiores como
intermedios, que actuaron en el terreno de los hechos, sean los
encargados de finalizar*, como Derecho, Weber y otros, el jefe del
COF, el comisario Palacios, así como las comisarías involucradas y
sus titulares, Fernández, Miglino y otros.
La desvinculación de los mismos implica declarar la
corrección de su actuación, entre las que se encontraban cumplir
las órdenes recibidas y fundamentalmente controlar y neutralizar
excesos e informarlos a la superioridad en casos de comprobarlos.
Como ya hemos señalado, el núcleo de la acusación formulada
contra mi defendido se constituye, más allá de los denunciados
vaivenes a los que ha sido sometida, lo que constituye la base de
una de las nulidades impetradas. Dicho núcleo se configura, se
dice, como una infracción al deber de cuidado propio que incrementó
el riesgo de que se produjeran, en el marco del operativo, lesiones
a bienes jurídicos esenciales, como efectivamente luego sucedió.
Siempre, insisto, siguiendo los extremos de las acusaciones.
Ahora bien, si los funcionarios policiales que estaban bajo
la supervisión directa de mi asistido en el terreno han sido
sobreseídos, quiere decir que su actuación fue correcta porque en
todo momento cumplieron las instrucciones de Gaudiero, como mi
defendido lo ha sostenido en este juicio, o, por el contrario, que
su conducta fue correcta porque desobedecieron instrucciones que
podrían ser imprudentes y negligentes y que habría impartido
Gaudiero, supuesto en el cual tales órdenes constitutivas de una
infracción del deber de cuidado carecerían de toda relevancia
penal, ya que jamás fueron ejecutadas, por lo que no pudieron
incidir en el nexo causal.
En definitiva, está declarado con autoridad de cosa juzgada
que quienes recibieron las órdenes de Gaudiero actuaron
lícitamente, por lo que la actuación de mi asistido necesariamente
tiene que ser declarada igualmente lícita, so pena de un verdadero
escándalo jurídico. Como ha sostenido en forma unánime y pacífica
nuestra doctrina, el principio del non bis in idem es una garantía
no explícita de la Constitución que surge de los derechos
implícitos y prohíbe la persecución judicial en dos o más
oportunidades por un mismo hecho, y está reconocido por el artículo
8.4 del Pacto de San José de Costa Rica.
Luego de la reforma constitucional del 94, el principio
quedó definitivamente incorporado a nuestra norma suprema a través
de la incorporación de los pactos internacionales, en particular
del artículo 8.4, ya citado, de la Convención Americana, y del

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14.7, del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.


En autos no existe duda alguna sobre la identidad del objeto y la
causa de persecución respecto de los oficiales ya citados que
fueron sobreseídos y mi defendido.
Cafferata Nores ha destacado en forma insuperable esta
circunstancia al expresar, y cito: “El requisito del idem re se
refiere a la identidad entre el contenido fáctico de la primera
persecución y el de la nueva, sucesiva o simultánea”, o sea, a la
identidad sustancial de la acción u omisión humana hipotética,
atribuida desde una perspectiva naturalística y no por su diferente
repercusión jurídico penal. Si esta identidad fáctica esencial
existe, rige el principio, aun cuando en la posterior persecución
se afirmen nuevas circunstancias o un modo diferente de
participación o se pretende una calificación distinta. Es de
Garantías y Sistema Constitucional, de Rubinzal-Culzoni, 2001, tomo
I, página 148.
No debe olvidarse en esto, como lo sostuvo esta defensa al
alegar, que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el
recordado precedente de la Cruzada de Solidaridad Justicialista,
destacó que el antiguo sobreseimiento en la causa que preveía el
ordenamiento procesal del momento, implicaba un supuesto de cosa
juzgada sobre la licitud de los hechos; en consecuencia, existiendo
un pronunciamiento judicial firme en autos respecto de la licitud
de los hechos que conforman la imputación formulada a mi asistido,
así deberá resolverse, declarando la inexistencia de cosa juzgada
respecto de Gaudiero, y dictando su sobreseimiento, rechazando así
las réplicas que se produjeran sobre este tema.
No debe olvidarse que más recientemente la Corte en el
precedente Videla sostuvo que, respecto del principio de cosa
juzgada, el carácter garantizador y su origen en la quinta enmienda
de la Constitución, su reconocimiento implícito en la Constitución
como garantía no enumerada, su incorporación expresa en la
Convención Americana, y posteriormente su incorporación expresa por
la reforma de la Constitución.
Por todo ello, señor presidente, corresponde rechazar las
réplicas en lo relativo a este tópico también y, en definitiva,
hacer lugar a los planteos formulados por esta defensa en su
alegato y a su petitorio. Nada más…”.

Finalmente los días 25 de abril, 9 de mayo y


23 de mayo del corriente año fueron invitados los
imputados por el presidente del Tribunal a efectuar
las últimas palabras que considerasen importantes,
habiendo efectuado breves manifestaciones que hacen a
su defensa.

Y CONSIDERANDO:

CUESTIONES PRELIMINARES

El Tribunal dijo:

Investigación ineficaz y deberes estatales.

I. De manera previa a ingresar al análisis de


la totalidad de los planteos realizados por las
defensas, resulta necesario hacer algunas precisiones
sobre algunos aspectos centrales del presente caso que

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tendrán una influencia decisiva en varias de las
consideraciones que se realizarán más adelante.

Las partes han coincidido, desde sus


particulares perspectivas, en analizar los sucesos
desde dos aspectos innegables que contextualizaron el
objeto del proceso: las manifestaciones públicas que
generó la crisis política, económica y social de fines
del año 2001 y, conjuntamente con ello, las
implicancias que la declaración del estado de sitio
tuvo con los acontecimientos ocurridos el 20 de
diciembre de 2001.

Se tuvo por acreditado en el juicio que en


dicho contexto, y con motivo de impedir las
manifestaciones sociales, se dispuso un operativo
policial que tuvo como consecuencias la muerte de
varias personas y decenas de heridos. Se consideró,
además, que parte de las responsabilidades de esas
consecuencias recayeron sobre altos funcionarios
políticos y policiales.

Esas circunstancias exigían, según la


jurisprudencia de la Corte IDH, y tal como se
explicitará seguidamente, la obligación estatal de
realizar una adecuada y eficiente investigación.

Señalado ello, corresponde entonces realizar


algunas consideraciones más específicas sobre los
tópicos referidos.

II. En primer lugar, es de destacar que la CN


incluyó una cláusula de tipo extraordinaria en su art.
23 donde preveía la posibilidad de que, en
determinadas circunstancias, en forma debidamente
motivada, se pudiera proceder a restringir las
garantías de la totalidad de la población. Como se
advierte a través de una simple lectura de dicha
cláusula, la indeterminación en torno a qué garantías

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pueden verse afectadas ha generado un gran número de


problemas.

El más lamentable de ellos, como muestra


buena parte de la jurisprudencia de nuestra CSJN, es
haber concedido al Poder Ejecutivo una gran
discrecionalidad que ha permitido que se genere un uso
abusivo y lesivo de derechos. Si bien la CSJN en 1933
sostuvo que “dado el carácter de excepción del estado
de sitio las facultades que él concede deben
interpretarse restrictivamente” (“Alvear”, Fallos
167:267), luego admitió que se fueran ampliando los
límites hasta desbordarse. Así, por ejemplo, sostuvo
la CSJN que el estado de sitio suspende todas las
garantías constitucionales, incluso la imprenta
(“Bertotto”, Fallos 160:104), y en 1959 admitió que se
suspendieran las garantías referentes a los derechos
“individuales, civiles y políticos, en relación con la
necesidad razonable de prevenir la emergencia que le
dio motivo”, estableciéndose que si bien se podía
ejercer un control de razonabilidad, ese control no
debe hacerse de acuerdo con los motivos concretos
iniciales sino también factores sobrevinientes, los
que fueron, por cierto, interpretados de forma laxa
(“Sofía”, Fallos 243:504).

Tal como destacaba Carlos Nino a comienzos de


la década del ’90, con fuertes críticas al abuso que
los gobernantes han realizado de este instituto, “…un
texto constitucional excesivamente concesivo y una
montaña de decisiones judiciales prestas para servir
de precedentes a cualquier abuso de poder futuro.
También allí está una costumbre política que recurre a
un remedio, realmente extremo y fatal, como lo
calificaban los antecedentes constitucionales, apenas
los nervios de los gobernantes se alteran frente a
síntomas de intranquilidad” (Nino, Carlos, “Un país al
margen de la ley”, Ariel, 2011, p. 75).

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En esa línea también ha habido numerosos
debates doctrinarios y jurisprudenciales sobre las
características del estado de sitio y la competencia
para su dictado, aspectos estos que fueron
intensamente debatidos en este proceso en relación a
la posibilidad de enjuiciar al ex-presidente Fernando
De La Rúa.

Ahora bien, más allá de ello, resulta


innegable que desde 1984 -a partir de la sanción de la
ley 23054- o, al menos, desde la reforma
constitucional del año 1994, no es posible concebir
las implicancias de esa situación sin tomar en
consideración la disposición del art. 27 de la CADH y,
como correlato, la jurisprudencia de la Corte IDH.

Esto último -la necesidad de acudir a los


estándares interpretativos de la Corte IDH- reviste
una importancia de primer orden no sólo en esta
temática en particular, sino en todo caso donde se
encuentren en juego derechos fundamentales. Al
respecto, cabe recordar que desde hace varios años la
CSJN tiene dicho que “…La ya recordada jerarquía
constitucional de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos ha sido establecida por voluntad
expresa del constituyente, «en las condiciones de su
́
vigencia» (artículo 75, inc. 22, parr. 2°), esto es,
tal como la Convención citada efectivamente rige en el
ámbito internacional y considerando particularmente su
efectiva aplicación jurisprudencial por los tribunales
internacionales competentes para su interpretación y
aplicación. De ahí́ que la aludida jurisprudencia deba
servir de guía para la interpretación de los preceptos
convencionales en la medida en que el Estado Argentino
reconoció́ la competencia de la Corte Interamericana
para conocer en todos los casos relativos a la
interpretación y aplicación de la Convención
Americana” (“Giroldi”, consid. 11°, Fallos 318:514).

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En igual sentido, la Corte IDH, al sentar las


bases del denominado “control de convencionalidad” ha
señalado que “…La Corte es consciente que los jueces y
tribunales internos están sujetos al imperio de la ley
y, por ello, están obligados a aplicar las
disposiciones vigentes en el ordenamiento jurídico.
Pero cuando un Estado ha ratificado un tratado
internacional como la Convención Americana, sus
jueces, como parte del aparato del Estado, también
están sometidos a ella, lo que les obliga a velar
porque los efectos de las disposiciones de la
Convención no se vean mermadas por la aplicación de
leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un
inicio carecen de efectos jurídicos. En otras
palabras, el Poder Judicial debe ejercer una especie
de control de ‘convencionalidad’ entre las normas
jurídicas internas que aplican en los casos concretos
y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En
esta tarea, el Poder Judicial debe tener en cuenta no
solamente el tratado, sino también la interpretación
que del mismo ha hecho la Corte Interamericana,
interprete ultima de la Convención Americana” (Corte
IDH, “Almonacid Arellano y otros c. Chile”, sentencia
de 26 de septiembre de 2006, párr. 124).

De acuerdo con estas pautas, resulta


necesario ver de qué modo la jerarquización a nivel
constitucional de un tratado como la CADH ha influido
en el tratamiento del estado de sitio en nuestro país.

El art. 27 de la CADH, ubicado en el capítulo


titulado “Suspensión de garantías, interpretación y
aplicación”, en un largo desarrollo, establece claros
límites a las disposiciones estatales que autorizarían
en forma excepcional a limitar garantías.

De la lectura de esta cláusula, resulta claro


que la indeterminación del art. 23 de la CN se ha
visto considerablemente reducida y que, por ende, las

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autoridades tienen muchos más límites que antes, al
momento de proceder a la suspensión de derechos y
garantías de los ciudadanos. En lo que aquí interesa
destacar, se establecen vallados a las circunstancias
en las que puede habilitarse su procedencia,
requisitos en cuanto a su intensidad y duración, la
imprescindible motivación del acto y,
fundamentalmente, la prohibición de suspender
determinados derechos y garantías.

Esto es señalado por el art. 27 de la CADH en


un doble orden: en primer lugar, prohibiendo al
Estado, en sentido genérico, adoptar disposiciones
“incompatibles con las demás obligaciones que le
impone el derecho internacional” y aquellas que puedan
entrañar algún tipo de discriminación. En segundo
término, se ha establecido la prohibición inderogable
de suspender determinados derechos como el derecho a
la vida, a la integridad física y los derechos
políticos.

La Corte IDH ha sido clara al interpretar el


contenido de esta cláusula. Así, ha señalado que “…
ningún derecho reconocido por la Convención puede ser
suspendido a menos que se cumplan las condiciones
estrictas señaladas en el artículo 27.1. Además, aun
cuando estas condiciones sean satisfechas, el artículo
27.2 dispone que cierta categoría de derechos no se
pueden suspender en ningún caso. Por consiguiente,
lejos de adoptar un criterio favorable a la suspensión
de los derechos, la Convención establece el principio
contrario, es decir, que todos los derechos deben ser
respetados y garantizados a menos que circunstancias
muy especiales justifiquen la suspensión de algunos,
en tanto que otros nunca pueden ser suspendidos por
grave que sea la emergencia” (Corte IDH, Opinión
Consultiva OC-8/87 del 30 de enero de 1987, “El Hábeas
Corpus bajo Suspensión de Garantías”, párr. 21) y
agrega que “…La suspensión de garantías constituye

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también una situación excepcional, según la cual


resulta lícito para el gobierno aplicar determinadas
medidas restrictivas a los derechos y libertades que,
en condiciones normales, están prohibidas o sometidas
a requisitos más rigurosos. Esto no significa, sin
embargo, que la suspensión de garantías comporte la
suspensión temporal del Estado de Derecho o que
autorice a los gobernantes a apartar su conducta de la
legalidad a la que en todo momento deben ceñirse.
Estando suspendidas las garantías, algunos de los
límites legales de la actuación del poder público
pueden ser distintos de los vigentes en condiciones
normales, pero no deben considerarse inexistentes ni
cabe, en consecuencia, entender que el gobierno esté
investido de poderes absolutos más allá de las
condiciones en que tal legalidad excepcional está
autorizada” (Corte IDH, Opinión Consultiva OC-8/87 del
30 de enero de 1987, “El Hábeas Corpus bajo Suspensión
de Garantías”, párr. 24).

Lo señalado con anterioridad obliga a


replantear el modo en que se debe evaluar cómo
procedió el gobierno en aquel entonces al realizar
distintas acciones luego de haber dictado el estado de
sitio. En especial, resulta de interés que,
complementando las pautas del art. 27 de la CADH en lo
que hace a la imposibilidad de restringir determinados
derechos, también es posible llegar a la conclusión de
que, en el marco de una crisis política, económica y
social de las características de las vividas, que
motivaran manifestaciones en varios puntos del país,
las obligaciones que el Estado tiene respecto de
determinados derechos se refuerzan aún más que en
otras situaciones.

III. Tal como lo ha dicho alguna de las


defensas, al tribunal le toca resolver sobre las
implicancias de un proceso que ha demandado más de

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doce años desde los hechos hasta que el juicio fuera
iniciado.

Sin dudas, las particularidades y las


anomalías de este proceso colocan a cualquiera que
deba juzgar en una muy dificultosa tarea a la hora de
dictar una sentencia. Ambas partes, acusadores y
defensas, alegaron en apoyo a sus peticiones
disposiciones de la CADH y en particular de la Corte
IDH, en particular sobre los conceptos de
investigación independiente, diligente y eficaz, de
juzgamiento en un plazo razonable, y del derecho de
conocer la verdad de lo acontecido. También se hizo
alusión a los derechos afectados en aquella jornada
del 20 de diciembre de 2001 y a que aquellas
violaciones se cometieron en el contexto, y como
consecuencia, de la represión de una protesta social
ocasionada por la enorme crisis política, social y
económica en la que se hallaba sumido el país por esos
tiempos.

Este marco de situación hace ineludible


analizar las referencias a la jurisprudencia
internacional invocada por las distintas partes pero
en un análisis conjunto, sin abordarla en
compartimentos estancos y, en especial, sin olvidar
que aquí se juzgan acciones u omisiones que implicaron
graves vulneraciones de los derechos civiles y
políticos, realizadas por agentes estatales, en el
marco de la protesta movilizada por otras graves
afectaciones a los derechos económicos y sociales.

En efecto, desentenderse de las razones de la


protesta social que, en la Ciudad de Buenos Aires,
tuvo eclosión los días 19 y 20 de diciembre de 2001,
pero que ya contaba con antecedentes en días previos,
es mirar la situación con anteojeras inaceptables.

Más aún, pretender diferenciar las protestas


del 19 de diciembre a la noche, luego del mensaje del

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ex-presidente que dispuso el estado de excepción en el


país, de las que se sucedieron durante la jornada del
20 de diciembre, en el mismo contexto jurídico-
político, también es inadecuado, salvo que se pretenda
afirmar que los agentes estatales poseen una suerte de
legítima defensa que los libera de toda clase de
límite punitivo o represivo después de que la protesta
deja de tener ciertas características.

No hay duda de que algunas acciones, en


particular las más graves como incendios con peligro
para los bienes o las personas, también debían ser
juzgadas para definir si ellas estaban o no alcanzadas
por algún tipo penal, pero su omisión de ninguna
manera puede implicar su asimilación, ni mucho menos
la impunidad de las violaciones llevadas a cabo por
agentes estatales.

Así pareció entenderlo, por momentos, algunas


de las defensas, en particular la de los imputados que
debían actuar en el control político y en la dirección
operativa de la agencia policial. Las aseveraciones de
alguna defensa en el sentido de que el día 20 de
diciembre los manifestantes cometieron el delito de
sedición y que era de ello sobre lo que debió haberse
ocupado el servicio de justicia son, por lo menos,
abiertamente inadecuadas. En efecto, considerar, como
lo hizo la defensa de Santos, que los derechos
políticos de los ciudadanos se acotan al voto ha sido
ya largamente cuestionado por la teoría política.

En este sentido, en no pocas ocasiones se ha


destacado, desde diversas perspectivas, que limitar la
expresión política del pueblo exclusivamente al voto
es partir de una concepción sumamente pobre de la
democracia.

Así se ha expresado la Corte IDH cuando tuvo


oportunidad de destacar que “…el derecho al voto es
[sólo] uno de los elementos esenciales para la

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existencia de la democracia y una de las formas en que
los ciudadanos expresan libremente su voluntad y
ejercen el derecho a la participación política”
(Castañeda Gutman c. México, sentencia de 6 de agosto
de 2008, párr. 147).

En ese mismo sentido se sostuvo que “…lo


popular se constituye como sujeto político en las
elecciones y en las libertades políticas, pero también
está claro que lo popular rebasa lo meramente
representativo; la irradiación democrática de la
sociedad crea o hereda espacios de participación
directa, de democracia comunitaria, de experiencia
sindical y asambleística territorial, que también
forman parte del pluralismo democrático de la
sociedad” (García Linera, Álvaro; “Forma valor, forma
comunidad”, ed IAEN, Quito, 2015, p 32). Y desde una
perspectiva ideológica distinta también se afirmó que
“…el desagrado ante las experiencias de democracia
directa que toman forma en los conflictos y en las
́
dinamicas sociales es en realidad desagrado ante estos
mismos conflictos y ́
dinamicas y evidencia el ̃
sueno
́
regresivo de un sistema politico autoritario, fundado
y centrado en sí mismo…” (Ferrajoli, Luigi, "Derecho y
́
razon. ́ del garantismo penal", Trotta, Madrid,
Teoria
1995, p 948). En consecuencia, sostener que lo
democrático se acota al momento de la emisión del voto
es al menos, desacertado, y conlleva las derivaciones
que se analizan aquí.

Por ello, en situaciones de crisis y de


pérdida de legitimidad de un gobierno, considerar a
toda manifestación del pueblo que exceda el voto como
un acto de sedición es, como se dijo, sostener una
concepción especialmente débil de la democracia. Por
el contrario, lo correcto sería prestar atención al
especial vínculo que existe entre la libertad de
expresión –dentro de la cual se encuentra el derecho a

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la protesta, especialmente en contextos de crisis– y


la democracia.

En este sentido, la Corte IDH ha destacado


que “…existe una coincidencia en los diferentes
sistemas regionales de protección a los derechos
humanos y en el universal, en cuanto al papel esencial
que juega la libertad de expresión en la consolidación
y dinámica de una sociedad democrática. Sin una
efectiva libertad de expresión, materializada en todos
sus términos, la democracia se desvanece, el
pluralismo y la tolerancia empiezan a quebrantarse,
los mecanismos de control y denuncia ciudadana se
empiezan a tornar inoperantes y, en definitiva, se
empieza a crear el campo fértil para que sistemas
autoritarios se arraiguen en la sociedad” (Corte IDH
“Herrera Ulloa c. Costa Rica”, sentencia de 2 de julio
de 2004, párr. 116), agregando, con contundencia, que
la libertad de expresión es la “piedra angular de una
sociedad democrática” (Corte IDH “Olmedo Bustos y
otros c. Chile”, sentencia de 5 de febrero de 2001,
párr. 68).

Reforzando aún más lo anterior, no debe


dejarse de prestar atención al vínculo que une al
ejercicio de los derechos políticos, la libertad de
expresión y el derecho de reunión. Así se sostuvo que
“…los derechos políticos son derechos humanos de
importancia fundamental dentro del sistema
interamericano que se relacionan estrechamente con
otros derechos consagrados en la Convención Americana
como la libertad de expresión, la libertad de reunión
y la libertad de asociación y que, en conjunto, hacen
posible el juego democrático” (Corte IDH “Castañeda
Gutman c. México”, sentencia de 6 de agosto de 2008,
párr. 140).

En este contexto, párrafo aparte merece la


referencia que en el juicio realizó sobre el proceso

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político de fines de 2001, el entonces diputado
nacional Luis Zamora, al señalar que en octubre "…les
pusieron una feta de mortadela en el sobre y siguieron
igual", queriendo describir por el grotesco el proceso
eleccionario de ese año en el que la mayoría de los
votantes impugnó su voto, o votó en blanco, para
demostrar el profundo cuestionamiento a la clase
política y, en particular, a las decisiones económicas
con graves connotaciones sociales adoptadas por el
gobierno de Fernando de la Rúa.

Tampoco es menor destacar, sólo como otra


pincelada sobre lo que se vivió en esos años y que fue
reflejado en el juicio, lo dicho por el jefe de
gabinete del gobierno Chrystian Colombo, cuando reseñó
la conversación que había tenido con de la Rúa el
mismo día 19 de diciembre por la mañana sobre la
necesidad de concurrir a la reunión que se convocaba
en el episcopado.

En ese contexto, el gobierno nacional optó no


ya por modificar el curso de acción y sumar
legitimidad popular, sino por mantener las decisiones
cuestionadas incluso desde el propio partido
gobernante. Y recuérdese en tal sentido las
manifestaciones que los testigos Gallo y Colombo
hicieron sobre la posición fuertemente crítica que en
relación con la política económica, tuvo el ex
presidente Raúl Alfonsín. En igual sentido, lo hizo la
querella al destacar las distintas crónicas
periodísticas y los libros incorporados al juicio.

En audiencia del juicio, sostuvo Fernando de


la Rúa que la finalidad de la declaración del estado
de sitio había sido puramente simbólica. Ahora bien,
más allá de lo que hubiera querido, e incluso escrito,
el ex presidente, lo cierto es que en el debate quedó
acreditado que nada más alejado de una expresión
simbólica fue la que transmitió el secretario de

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seguridad interior, y cuyo dispositivo ordenó el jefe


de la policía.

Es en este marco, que debe analizarse la


decisión política de impedir u obstaculizar las
manifestaciones populares que se produjeron en las
horas siguientes a la declaración del estado de
sitio. De las pruebas que se relevarán en la parte
pertinente se deriva que la finalidad fue no permitir
la protesta en ningún lugar de la ciudad, lo que,
además, descarta de plano cualquier argumento sobre la
pretendida preocupación ante posibles tomas de
edificios públicos, como lo afirmaron los imputados
Mathov y Santos.

En efecto, si bien no se descarta que esa


preocupación hubiera estado presente, como una más,
por aquellas jornadas -en especial el 20 ya en horas
de la madrugada-, no fue ni con mucho, la que guió la
actividad policial.

Por el contrario, lo que se pretendía era


evitar la protesta social -al menos de una cantidad
importante de manifestantes- en toda la ciudad y, en
especial, en un sitio políticamente emblemático como
lo es la Plaza de Mayo. Y sobre ello habremos de
volver luego, pero resulta, insistimos, ineludible
para contextualizar cuál debe ser la respuesta
judicial a los planteos preliminares de las partes.

En consecuencia, como se indicará en otros


apartados, la jerarquización de un objetivo de neto
corte político partidario ha implicado la negligencia,
o mejor la desidia en el control político de las
acciones de la Policía Federal, lo que a su vez
ocasionó en los hechos la afectación de derechos como
la vida y la integridad física de los aquí mencionados
como víctimas.

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En efecto, debe concluirse que, en ocasiones
en las que se echa mano a herramientas de excepción,
existe incluso una mayor obligación estatal de
reforzar las medidas tendientes a resguardar la
vigencia de derechos. Ello es así en especial en el
marco del ejercicio de otro derecho básico para un
estado democrático como lo es el de la protesta
social, en los términos señalados por la Corte IDH
cuando destacó el vínculo que existe entre éste, los
derechos políticos, la libertad de expresión y la vida
en una sociedad democrática.

En el caso que nos ocupa, más allá de las


responsabilidades atinentes a quien dictó la medida
-excluído de juicio por decisión última de la CSJN-, o
a quien tenía -entre otras funciones- el control civil
en el máximo nivel ministerial de las fuerzas de
seguridad interior -excluído de juicio por su
fallecimiento-, constituyen especial motivo de
análisis, los deberes que tenía entonces el
funcionario político con específica asignación de la
temática de seguridad interior, agravados en tanto se
estaba bajo el dictado del estado de sitio (cfr. arts.
8, 9, 13, 17, 23 y 25 de la ley 24059 y arts. 9 y 10
del decreto n° 1273/92, entre otros). Si bien sobre
esta cuestión volveremos al tratar la responsabilidad
penal de Mathov, no es menor destacar aquí el objeto
del juicio, para realizar las consideraciones
pertinentes en este apartado.

En suma, para el caso de estudio devienen


relevantes estas referencias, puesto que todo el
objeto procesal ha quedado atravesado por la actuación
negligente de altos funcionarios políticos y
policiales, lo que provocó muertos y heridos en el
contexto de una protesta social luego de dictado el
decreto n° 1678/2001 disponiendo el estado de sitio en
todo el país por el plazo de 30 días.

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IV. Así, en el marco del dispositivo policial


dispuesto primero para contener y controlar, y
finalmente con el fin de impedir la protesta social
desarrollada el día 20 de diciembre de 2001 en la
Ciudad de Buenos Aires, se produjeron varias muertes y
decenas de lesionados. La particularidad relacionada
con los graves resultados lesivos mencionados, y a que
ellos hayan sido atribuidos al accionar policial
doloso en algunos casos, pero además imprudente, de
las más altas autoridades policiales y políticas, hace
evidente no sólo la importancia del suceso a juzgar,
sino además su similitud con los hechos acontecidos en
los meses de febrero y marzo de 1989 en Venezuela, y
que motivaran el informe 83/98 de la Comisión IDH y la
resolución de Corte IDH en el denominado “Caso del
Caracazo c. Venezuela” (sentencia de 11 de noviembre
de 1999). Es en esa resolución que se declaró la
responsabilidad internacional del Estado por
afectación de derechos tales como la vida, la
integridad personal física y la libertad personal.

En dicho precedente, como en muchísimos otros


desde el caso “Velázquez Rodríguez c. Honduras”, la
Corte IDH ha insistido sobre la obligación estatal de
investigar estos sucesos donde, con particular
responsabilidad de altos funcionarios públicos, se
producen graves violaciones a los derechos humanos.

En efecto, de acuerdo con el art. 1, la


segunda obligación de los Estados Partes es la de
"garantizar" el libre y pleno ejercicio de los
derechos reconocidos en la Convención a toda persona
sujeta a su jurisdicción. Esta obligación implica el
deber de los Estados Partes de organizar todo el
aparato gubernamental y, en general, todas las
estructuras a través de las cuales se manifiesta el
ejercicio del poder público, de manera tal que sean
capaces de asegurar jurídicamente el libre y pleno
ejercicio de los derechos humanos.

Fecha de firma: 08/08/2016


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Como consecuencia de esta obligación los
Estados deben prevenir, investigar y sancionar toda
violación de los derechos reconocidos por la
Convención y procurar, además, el restablecimiento, si
es posible, del derecho conculcado y, en su caso, la
reparación de los daños producidos por la violación de
los derechos humanos.

En tal sentido, el Estado está obligado a “…


investigar toda situación en la que se hayan violado
los derechos humanos protegidos por la CADH y, si el
aparato del Estado actúa de modo que tal violación
quede impune y no se restablezca, en cuanto sea
posible, a la víctima en la plenitud de sus derechos,
puede afirmarse que ha incumplido el deber de
garantizar su libre y pleno ejercicio a las personas
sujetas a su jurisdicción”.

Se sostuvo ya desde aquel caso que “…la de


investigar es, como la de prevenir, una obligación de
medio o comportamiento que no es incumplida por el
solo hecho de que la investigación no produzca un
resultado satisfactorio. Sin embargo, debe emprenderse
con seriedad y no como una simple formalidad condenada
de antemano a ser infructuosa. Debe tener un sentido y
ser asumida por el Estado como un deber jurídico
propio y no como una simple gestión de intereses
particulares, que dependa de la iniciativa procesal de
la víctima o de sus familiares o de la aportación
privada de elementos probatorios, sin que la autoridad
pública busque efectivamente la verdad”.

Ahora bien, particularmente relevante es lo


decidido por la Corte IDH en diversas sentencias como
la del caso “Escué Zapata c. Colombia”, del 4 de julio
de 2007. Allí se indicó que “…una debida diligencia en
los procesos investigativos requiere que éstos tomen
en cuenta la complejidad de los hechos, el contexto y
las circunstancias en que ocurrieron y los patrones

Fecha de firma: 08/08/2016


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que explican su comisión, en seguimiento de todas las


líneas lógicas de investigación. Las autoridades
judiciales deben intentar como mínimo, entre otras: a)
identificar a la víctima; b) recuperar y preservar el
material probatorio relacionado con los hechos; c)
identificar posibles testigos y obtener sus
declaraciones; d) determinar la causa, forma, lugar y
momento en que se produjo el ilícito, así como
cualquier patrón o práctica que lo pueda haber
causado; y e) en caso de fallecimientos, distinguir
entre muerte natural, accidental, suicidio y
homicidio”.

Es evidente que situaciones como las que aquí


tocan juzgar deben ser analizadas bajo estas
perspectivas, aun cuando algunos aspectos hayan
quedado sin determinar precisamente por la inadecuada
y tardía investigación.

En tal sentido, la Corte IDH ha señalado ya


que “…entiende como impunidad la falta en su conjunto
de investigación, persecución, captura, enjuiciamiento
y condena de los responsables de las violaciones de
los derechos protegidos por la Convención Americana,
toda vez que el Estado tiene la obligación de combatir
tal situación por todos los medios legales disponibles
ya que la impunidad propicia la repetición crónica de
las violaciones de derechos humanos…” (Caso de la
“Panel Blanca” -Paniagua Morales y otros- c.
Guatemala”, sentencia del 8 de marzo de 1998, entre
muchos otros).

Asimismo, no es menor que también se hayan


hecho distinciones entre casos con mayor grado de
complejidad entre los que cabe distinguirse a autores
inmediatos y autores menos directos pero con mayor
capacidad o responsabilidad en las acciones
desarrolladas.

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El caso traído a estudio es de relevancia
debido a que no es posible acotar el análisis de las
acciones dolosas –muchas mal investigadas o
directamente no esclarecidas-, sino que resultaba
central establecer las responsabilidades de
funcionarios de altos cargos, lo que al menos
parcialmente y según los imputados requeridos a
juicio, se ha realizado. En efecto, la Corte IDH
sostuvo por ejemplo en el caso “Manuel Cepeda Vargas
c. Colombia” (sentencia de 26 de mayo de 2010) que “…
en casos complejos, la obligación de investigar
conlleva el deber de dirigir los esfuerzos del aparato
estatal para desentrañar las estructuras que
permitieron esas violaciones, sus causas, sus
beneficiarios y sus consecuencias, y no sólo
descubrir, enjuiciar y en su caso sancionar a los
perpetradores inmediatos. Es decir, la protección de
derechos humanos debe ser uno de los fines centrales
que determine el actuar estatal en cualquier tipo de
investigación”.

Vinculado a ello tampoco es inapropiado citar


el caso “Montero Aranguren y otros -Retén de Catia- c.
Venezuela” (sentencia de 5 de julio de 2006) donde se
indicó que “…las investigaciones sobre uso excesivo de
la fuerza deben estar abiertas al escrutinio público
con el objeto de asegurar la responsabilidad de los
agentes estatales tanto en teoría como en la práctica.
Asimismo… la evaluación sobre el uso de la fuerza que
haya implicado la utilización de armas debe hacerse
sobre todas las circunstancias y el contexto de los
hechos, incluyendo las acciones de planeación y
control de los hechos bajo examen”.

V. Sin dudas, la investigación, tal como lo


afirmaron todas las partes, no cumplió en numerosos
aspectos con las exigencias de diligencia y eficacia.
Es para un observador externo al menos llamativo que,
al unísono, acusadores, imputados y defensas hayan, a

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su modo y en el marco de sus parciales objetivos,


criticado con dureza la investigación que ya lleva más
de una década y media. Y al respecto cabe recordar que
si bien este juicio se inició en el año 2014, aún
siguen en etapa de investigación preliminar buena
parte de los acontecimientos acaecidos aquella
jornada. De hecho, no ha habido avances significativos
para establecer en un juicio la responsabilidad de el
o los agentes policiales que dispararon con munición
de plomo y ocasionaron la muerte a Gastón Riva, Diego
Lamagna y Carlos Almirón, y de quien -funcionario
policial o personal civil-, diera muerte a Gustavo
Benedetto desde el interior del edificio sito en la
intersección de la calle Chacabuco y Avda. de Mayo.

Como contrapartida, propio de una


investigación al menos, desprolija, tampoco es un
detalle menor que del conjunto de 117 lesionados se
hayan incluído personas que no habían estado en la
zona céntrica de la ciudad, o que acudieron a
hospitales por accidentes laborales o, incluso, que ni
siquiera existieron y fueron producto de un grosero
error material o de interpretación, tal como aconteció
con en caso “Vasameg”. Ello generó que el Ministerio
Público Fiscal, recién en la etapa de alegatos,
acotara a menos de la mitad la imputación en relación
a las personas lesionadas y que el tribunal, por los
mismos defectos de la investigación, no tuviera por
probada sino la mitad de los sucesos por los que
mediara acusación.

Ello, como se señaló, ha sido sólo producto


de una ineficaz investigación ya que de la sola
observación de los videos incorporados al debate se
advierte que los lesionados superaron con creces los
números referidos. Tampoco se avanzó en las
responsabilidades individuales de los agentes
policiales que produjeron infinidad de afectaciones a
la integridad física de manifestantes. Los videos

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repetidos desde el inicio del juicio en los que se ve
al cuerpo de policía montada arremeter sobre las
personas en Plaza de Mayo, o las acciones
desarrolladas para materializar detenciones de
manifestantes en ese lugar, o el uso de munición de
goma de forma claramente inapropiada y con
consecuencias lesivas, son ejemplos que eximen de
mayores detalles.

Sobre estas últimas situaciones cabe señalar


que tampoco se avanzó sobre las responsabilidades de
quienes, en la cadena de mando, debían dirigir,
supervisar o fiscalizar las acciones operativas
directamente en los sitios donde se desarrollaban. Es,
al menos llamativo, que en este juicio se imputara a
quienes se les adjudica la responsabilidad por su
intervención directa en las lesiones o muertes, y a
quienes, en el otro extremo de la jerarquía, debían
organizar, controlar y coordinar el operativo –Mathov,
Santos, Andreozzi y Gaudiero-.

Ello no quiere decir, de ninguna manera, que


esta laguna de impunidad selectiva justifique
catalogar a los últimos nombrados como inocentes
chivos expiatorios, tal como lo propuso una de las
defensas. Por el contrario, avanzaremos luego
específicamente en el análisis de las imputaciones y
de la consecuente responsabilidad de los acusados por
las lesiones y homicidios a título culposo, sin
perjuicio de las implicancias que de esta sentencia
pudieran derivarse para otros partícipes de esos
acontecimientos (Corte IDH caso “Almonacid Arellano y
otros c. Chile, sentencia de 26 de septiembre de 2006,
párr. 154).

En efecto, la inexistencia de adecuada


investigación sobre los oficiales jefes que debieron,
en el lugar de los sucesos, actuar antes, durante o
después para evitar la repetición de lesionados, es

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paradigmática para analizar el tópico sobre el deber


estatal de una investigación vigente y eficaz.

A la situación de varios participantes de los


sucesos acaecidos el 20 de diciembre que han sido
imputados, por los mismos resultados disvaliosos
analizados en este juicio, y que aún no han sido
desvinculados del proceso, cabe añadir la de otros que
sí han sido sobreseídos aunque de forma, al menos,
sugestiva.

Obsérvese que luego de ser imputados, se


declaró la falta de mérito de varios oficiales
superiores que no sólo estuvieron en las inmediaciones
de la Plaza de Mayo en los momentos de algunos de los
hechos aquí juzgados, sino que además tenían por
función específica fiscalizar el operativo ordenado.
De hecho alguno de ellos dio o retransmitió expresas
directivas que lo colocaba, al menos, en la obligación
conjunta de controlar cómo se cumplían esas órdenes.

Paradigmático es el caso de René Derecho,


respecto de quien en la primera resolución de fecha 1°
de marzo de 2002 se dictó su falta de mérito y luego
de diversas medidas investigativas, el 15 de diciembre
de 2006, se volvió a insistir en ese sentido indicando
que “…se encontraba por fuera de la cadena funcional
formal desplegada al revestir la titularidad de una
circunscripción policial distinta, pero que concurrió
al lugar a pedido de la Dirección General de
Operaciones y son múltiples los testimonios que
recuerdan su paso… pero ninguno de estos le adjudica
al nombrado un rol protagónico o destacado en la
constitución coordinación o dirección del servicio de
seguridad desplegado…”. Sin embargo, se sabe que
modulaba como “C7” y que existen diversas directivas,
dadas o recibidas, por éste en momentos relevantes del
conflicto en Plaza de Mayo.

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En ese sentido, el auto de procesamiento a
Derecho, dictado el 22 de octubre de 2007 por el juez
de instrucción que intervino en segundo término,
sostuvo, luego de realizar la cita precedente, que
aquellas afirmaciones de la jueza “…encuentran su
respuesta en las transcripciones de las modulaciones
de la frecuencia Metro I de la Policía Federal
Argentina”. No obstante ello, la Cámara de
Apelaciones, el 29 de abril de 2008, revocó la
resolución y para ello se contentó con señalar que “…
la responsabilidad de aquellos que aún en una
situación de mando prestaron funciones en la calle no
parecería, en principio, que pudiera ir más allá de
los resultados lesivos ocurridos en su presencia por
la actuación de los efectivos a su cargo.” y agregó
que “…aún cuando imputaciones de este tipo hacen al
objeto del sumario conexo, no puede dejar de
mencionarse que tampoco en estos términos la decisión
apelada trazó algún nexo, siquiera de orden mediato,
entre las órdenes de avance/repliegue, ubicación y
relevo que surgen de la prueba colectada y la lesión,
muerte o detención arbitraria de algún manifestante…”.
Ante ello, el juez a cargo del control de la etapa
preliminar cerró el caso a su respecto indicando que,
más allá de su opinión y teniendo en cuenta las
resoluciones de ambas salas de la Cámara de
Apelaciones “…no se vislumbra que la producción e
nueva prueba a la ya incorporada al expediente,
modifique la interpretación de los hechos…”.

En tal sentido, la defensa de Santos aludió


insistentemente a la responsabilidad de Derecho en
parte del suceso. Si bien ello no implicaría -como
pretendió la defensa- desvincular a Santos de sus
responsabilidades, no puede descartarse de ninguna
manera, y menos de la forma en que se lo hizo, que no
tuviera concretas responsabilidades en el caso.

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Sin embargo, ese no parece ser el único


ejemplo de esta forma de investigación ineficiente.
Basta en tal sentido comparar las tres resoluciones
referidas, también respecto de otros imputados.

No obstante ello, una especial situación se


advierte en relación a Ernesto Sergio Weber. La sala I
de la Cámara de Apelaciones, con fecha 26 de julio de
2002, al resolver diversos recursos le indica a la
jueza avanzar en relación a la responsabilidad que
podría haber tenido Weber respecto de los sucesos
acontecidos durante toda la jornada del 20 de
diciembre de 2001.

Es así como en el punto resolutivo XXI se


remiten respecto de Weber a lo dicho en el
considerando VII donde expresamente se indicó que “…
también se advierte que desde esa dependencia se
intentó contener las reacciones excesivas por las que
sistemáticamente a lo largo de todo el día le llamaron
la atención al oficial Weber. A su respecto deberá
profundizarse la investigación, en virtud de las
eventuales responsabilidad que a lo largo de la
jornada le pueden ser imputables. De las
desgrabaciones de la Metro I se advierte que Weber
tuvo durante las horas de mayor conflicto un rol
preponderante en la represión de los manifestantes,
durante la mañana en Plaza de Mayo, y especialmente en
la zona de Avenida de Mayo donde se produjeron
homicidios y lesiones aún no esclarecidas durante la
tarde”.

Pues bien, pese a ello, la jueza a cargo de


la investigación dispuso, con fecha 15 de octubre de
2002, respecto de Weber su falta de mérito
exclusivamente en relación a los sucesos de ultrajes,
maltratos y vejaciones que recibieran Hebe Pastor de
Bonafini y otras Madres de Plaza de Mayo, y la sala I
de la Cámara de Apelaciones confirmó esa decisión el

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20 de mayo de 2003, pero indicó que “reitera que se
deberá profundizar la investigación respecto de los
hechos ilícitos que fueran señalados en la resolución
de fecha 26 de julio de 2002”, es decir, la “…
reconstrucción de todas las circunstancias en las que
se produjeran las muertes de Gustavo Ariel Benedetto,
Diego Víctor Lamagna, Alberto Manuel Márquez, Marcelo
Gastón Riva, Carlos Raúl Almirón”. Mas a pesar de esas
decisiones, nunca se imputó a Weber otros sucesos
acaecidos el 20 de diciembre.

De hecho, con fecha 25 de octubre de 2006, la


parte querellante representada por el CELS requirió
juicio a fs. 5627 y, luego de mencionar que la Cámara
había dispuesto que se profundizaran las
investigaciones sobre su posible participación en los
hechos en tanto “…tuvo durante las horas de mayor
conflicto un rol preponderante en la represión de los
manifestantes” y que se lo llamara a declarar, recordó
que, pese a esa orden, sólo fue vinculado a los hechos
relacionados con las Madres de Plaza de Mayo pero no
por los homicidios y lesiones.

Sin embargo, este pedido tampoco fue resuelto


en ningún sentido más allá de mantener la omisión ya
verificada desde inicios del proceso. En suma, Weber
no fue nunca sobreseído, pero tampoco fue imputado
formalmente –tal como lo indicó la Cámara de
Apelaciones-, por los demás sucesos (fs. 5657 vta.).

Y no es menor considerar que de las


modulaciones de la frecuencia policial Metro I se
deriva que Weber tuvo un actuar protagónico en el
lugar y momento en que algunos de los resultados
disvaliosos aquí analizados acaecieron. Obsérvese que
aquél estuvo el 20 de diciembre de 2001 desde horas de
la mañana a cargo de la “Fuerza n° 2 del Cuerpo de
Operaciones Federales”, modulando como COF2 y
adviértase que, como surge de las comunicaciones

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referidas, arribó a la Plaza de Mayo a las 8:26 hs


(fs. 128 del legajo de transcripciones) y se mantuvo
en actividad operativa no sólo en la plaza sino
también en la Avda. Roque Sáenz Peña, Avda. de Mayo y
la intersección de Avda. Corrientes y 9 de julio hasta
momentos posteriores a las 19:30 hs.

Repárese en que fueron los agentes a su


disposición los que cargaron contra las Madres de
Plaza de Mayo en la mañana del 20, lo que motivó no
sólo la intervención de la jueza Servini sino antes de
ello las lesiones de, entre otros, Claudia Rivero.
Asimismo, Weber dio y recibió directivas para
materializar desalojos parciales de la plaza o sus
inmediaciones desde las 13:54 horas en adelante (fs.
153/56, 159/62, etc). En esos episodios hubo
detenciones y lesionados, entre ellos Juan Pedro
Montenegro y Martín Gabriel Foronda.

Por su parte, también concurrió a las


inmediaciones de Chacabuco y Avda. de Mayo por orden
de la DGO tiempo antes y también momentos después de
los disparos que, desde el interior del banco HSBC,
provocaron la muerte de Gustavo Benedetto. Asimismo
Weber dio órdenes para que personal a su cargo
avanzara por la Avda. Roque Sáenz Peña en horas de la
tarde en los momentos en que fueron heridos, entre
otros, Gustavo Javier Arce (fs. 167). Por último, y
sólo como ejemplo se observa que Weber estuvo a cargo
de personal del COF en la intersección de las Avdas.
Corrientes y 9 de julio, luego de las muertes de Riva,
Lamagna y Almirón, pero desde antes de las heridas
provocadas, entre otros, a Paulo Córdoba y a Oscar
Roque Coronel.

Lo relevado es suficiente para afirmar que en


este proceso ha habido, por la ineficiente
investigación, tramos de impunidad en relación a
algunos involucrados que, en algún caso, han obtenido

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resoluciones de sobreseimiento. Están entre ellos,
pero no exclusivamente, funcionarios policiales con
roles preponderantes como fiscalizadores.

Sin embargo, como ya se afirmó respecto de


Santos, no es correcto deducir -como lo pretendió la
defensa de Gaudiero- que de los sobreseimientos de los
jefes policiales que fiscalizaron el operativo se
deriva la absolución de su asistido. Por el contrario,
a partir de la responsabilidad que en esta sentencia
se les adjudica a Andreozzi y a Gaudiero, se deriva
que aquellos sobreseimientos fueron, cuanto menos,
prematuros.

En un sentido similar, en lo que hace a las


responsabilidades políticas de la conducción policial
en el marco de un estado de sitio, es evidente que
ellas han excedido a un secretario de Estado, sin
embargo por diversas circunstancias, algunas ya
apuntadas, lo cierto es que sólo éste -quien tenía
especial responsabilidad por su relación con las
fuerzas de seguridad en un estado de sitio-, sea el
único juzgado.

Dicho ello, es pertinente analizar los


planteos preliminares efectuados por las defensas que,
en términos generales pueden ser aglutinados en a)
pedidos de declaración de nulidad de diversos actos;
b) planteos de prescripción de la acción penal; y c)
planteos de insubsistencia de la acción penal por
violación al derecho a ser juzgado en un plazo
razonable.

Planteos de declaración de nulidad de


diversos actos

I. Con relación a los planteos de nulidad


corresponde en primer lugar realizar algunas
consideraciones sobre cuestiones vinculadas al
incumplimiento de las formas procesales y, en su caso,

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si ellas, por definición, implican siempre la


declaración de nulidad pedida por las defensas.

En tal sentido, con mucha claridad


conceptual, señala Alberto Binder que “…no se puede
estudiar la función de las formas procesales partiendo
de su incumplimiento y, menos aún, desde una, y sólo
una, de sus consecuencias, que es la nulidad de los
actos. La vía correcta es la inversa: analizar la
función positiva de las formas procesales para luego
desarrollar el sentido y las consecuencias de su
quebrantamiento y, por lo tanto, diseñar la reparación
posible o determinar el sentido de la invalidez
insuperable (nulidad)…” (Binder, Alberto; Derecho
Procesal Penal, tomo III, ed. Ad Hoc, Buenos Aires, en
prensa). Agrega, con cita de Liebman, que es “…
directiva principal en la disciplina de las nulidades
la instrumentalidad de las formas, que subordina la
invalidez de un acto procesal no a la simple
inobservancia de la forma, puesta de relieve
mecánicamente, sino a la relación -declarada caso por
caso-entre el vicio y la finalidad del acto” (Binder,
op. cit.)

Estas consideraciones no son caprichosas sino


que sus fundamentos son evidentes, y se derivan no
sólo de las más modernas legislaciones procesales,
sino también de una lectura no sesgada de la
regulación del actual CPPN. Sin embargo, es cierto que
la literatura usual sigue el camino inverso. Explica
Binder que “…En esta visión en cierto modo superficial
han participado, por una parte, la ideología del
trámite y el análisis secuencial que hemos denunciado
con insistencia y, por la otra, una práctica de la
abogacía que ha aprovechado este desorden y esta
superficialidad para ampliar el «litigio indirecto»,
es decir, el litigio que gira alrededor de la demora,
el ritualismo, la defensa apuntalada con exclusividad

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en los vicios formales del sistema procesal.” (Binder,
op. cit.).

Este autor apunta luego que “…muchos


defensores no tienen otro camino que la defensa formal
y el aprovechamiento de los vicios del sistema “en
beneficio” del imputado. La alegación de los puros
quebrantamientos formales actúa así, como un sucedáneo
de la verdadera defensa…”. Añade que no hay dudas de
que “…nada se puede objetar a esta práctica de los
defensores que logra muchas veces éxitos notables…
[pero] de un modo estructural, la perpetuación de esta
forma curialesca de ejercer la abogacía permite que se
fortalezca en el tiempo un sistema ritualista,
generalmente escrito, plagado de presunciones
informales y tendencialmente gravoso para el imputado”
(Binder, op. cit.).

En el caso que nos ocupa no es menor destacar


que, entrampados en una investigación ineficaz
comandada por la figura del “juez de instrucción”
desentendido de los planteos de las partes, los
distintos actores del proceso -en particular los
imputados y sus defensas, y también las víctimas
constituidas en querellantes- debieron adecuar sus
pretensiones, una y otra vez, a líneas investigativas
lentas, ilógicas o circulares.

En tal sentido, y en lo que hace a los


planteos de nulidad interpuestos por las defensas
recién en la etapa de alegatos, debe señalarse que aun
comprendiendo que esta es una práctica habitual en un
sistema de enjuiciamiento caracterizado por la
escritura, el formalismo y la lentitud, no es posible
analizarlos desde la concepción puramente formal del
quebrantamiento. Es ineludible, tal como lo exige
incluso el actual código procesal y la jurisprudencia
mayoritaria, que se acredite una afectación actual de
los intereses en juego, y que ella no haya quedado

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saneada o convalidada por la propia parte que ahora la


alega.

En otro pasaje de la obra citada, Binder


afirma que la “…lo determinante es el tipo y
profundidad del perjuicio y no la calidad de la forma
afectada”, apuntando además que “…lo que se debe
esclarecer es la relación que existe entre cualquier
incumplimiento formal y el perjuicio a los derechos o
la legitimación protegidos o garantizados por esas
formas. Y ello es una cuestión fáctica que se debe
indagar en cada caso, una vez que el quebrantamiento
formal, de cualquier aspecto de las formas previstas,
ha indicado que ese perjuicio es posible”.

En similares términos Alberto Maurino señala que


debe acreditarse la existencia de un perjuicio cierto
y que “el fundamento de esta exigencia de demostración
del daño, es la necesidad de diagnosticar
jurídicamente si la irregularidad ha colocado o no a
la parte impugnante en estado de indefensión práctica.
El perjuicio debe ser cierto, concreto y real, ya que
las normas procesales sirven para asegurar la defensa
en juicio y no para dilatar los procesos” (Maurino,
Alberto “Nulidades procesales”, Astrea, Buenos Aires,
2009, p 53, citado por Binder, op cit.).

En suma, el principio de trascendencia “…


contiene la idea que la nulidad debe ser declarada,
cuando la irregularidad o el vicio del acto procesal
haya apartado o impedido el fin que se perseguía con
la aplicación de las formalidades o que haya
desconocido requisitos del debido proceso, afectando
las garantías de los sujetos procesales. Esto
significa que el sujeto procesal que alegue la nulidad
deberá indicar el derecho conculcado y la consecuencia
negativa que se derivó” (Rivera Morales, Rodrigo;
“Nulidades procesales penales y civiles”, Librería

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Rincón, Venezuela, 2007, p 282, citado por Binder, op.
cit.).

Las defensas en este caso han alegado una


numerosa cantidad de quebrantamientos formales, la
mayoría de ellos en la etapa de investigación
preliminar y unos pocos en relación a los alegatos de
los acusadores. Corresponde entonces individualizar
cada uno de esos pretendidos quebrantamientos para
verificar si son tales, para luego establecer la
existencia o no del perjuicio alegado por la parte, en
los casos en que lo ha hecho y no se han contentado
sólo con aludir a la infracción formal.

En lo que hace a dichos quebrantamientos


formales, también afirmó Binder que ellos poseen una
función de “alerta” sobre un perjuicio posible y, por
lo tanto, “…reclama una mirada reparadora, por parte
de las autoridades judiciales, en la gran mayoría de
los casos a petición del afectado y, en algunos, como
parte del control oficioso”, añadiendo en cambio que
si “…ese perjuicio no existe -y en el contexto de un
litigio claro, lo primero es que quien alega el
incumplimiento formal tenga suficiente oportunidad de
explicar y fundar el perjuicio existente- nos quedamos
en el plano de la mera irregularidad y no llega a
constituirse un acto inválido”(Binder, op. cit.).

En consecuencia, parafraseando a Binder, el


hecho de que el imputado tenga derecho a que los
acusadores jueguen sus intereses en el estrecho marco
de las cargas procesales, no implica que tenga derecho
a que los defectos formales que perjudican al acusador
no sean reparados porque él se beneficia, de hecho,
con esa invalidez.

En suma, un acto procesal defectuoso pero sin


perjuicio no constituye aún un acto inválido, y por
otra parte, “…no podemos llamar acto nulo al acto
inválido, porque la nulidad es sólo una de las tres

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respuestas posibles a un acto inválido” (Binder, op.


cit.). En definitiva, “…lo determinante… es la
actividad de reparación, es decir el saneamiento, la
nulificación es secundaria, pero, en todos los casos,
se debe identificar el acto inválido, tanto para
sanearlo como para nulificarlo” (Binder, op. cit.).

Sobre las formas de reparación señala el


procesalista que existen tres sistemas de respuestas
diferenciadas, según cada función específica y “…las
tres respuestas que conforman ese sistema, esto es,
saneamiento, convalidación o nulidad, tienen ámbitos
de actuación distintos”. Es así que agrega el autor
que “…si tomamos los defectos vinculados a la
protección del imputado, ellos no son convalidables
(otro tema es, como veremos, la reparación automática,
el consentimiento o la falta de perjuicio), y en
cambio los defectos vinculados a los acusadores sí son
convalidables” (Binder, op. cit.).

Un ejemplo dado por Binder es, en nuestro


caso, especialmente relevante y sobre ello volveremos
luego. Así señala que “…Por ejemplo, la declaración
del imputado es un requisito previo para que luego se
pueda acusar. El principio protegido es que el
imputado debe tener conocimiento de que se prepara un
caso contra él y también pueda preparar con tiempo su
propia defensa. Si se comprueba, una vez presentada la
acusación y durante el litigio de control de esa
acusación (etapa intermedia), que existieron
violaciones a las formas… esa declaración formalmente
defectuosa le causa perjuicio, por lo tanto, es un
acto inválido. ¿Se puede sanear? No existe una
respuesta única… Vemos pues que las respuestas son
complejas; lo que carece de sentido es simplemente
decir que la declaración del imputado es nula y volver
todo para atrás, para que comience de nuevo la etapa
preparatoria. Allí se restaura la forma, pero no se
resuelve el problema de la afectación de la defensa.

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Algunos defensores dirán que en el contexto del
litigio indirecto y del funcionamiento ritualista de
muchos sistemas procesales, al imputado le conviene
esa solución, porque ello provocará la demora o el
“olvido” del caso. Eso puede ocurrir en algún asunto
concreto, en especial en sistemas procesales que
funcionan burocráticamente, pero en definitiva el
imputado no tiene un «derecho al mal funcionamiento de
la justicia»… evitar retrotraer el proceso a etapas
anteriores bajo el fundamento de la violación de
garantías) es una notoria señal de que no se trata de
defender las formas sino las funciones sustanciales”
(Binder, op. cit.).

Definido este necesario marco teórico para


analizar los planteos de las defensas, corresponde
ahora establecer cuáles han sido las nulidades
planteadas por ellas. Para un mejor abordaje de estos
tópicos se agruparán los planteos idénticos o
similares efectuados por las defensas de distintos
imputados realizando, cuando fuere pertinente, las
especificaciones del caso.

II. Afectación a la imparcialidad judicial:

En primer lugar se cuestionó bajo el amplio


título de “afectación a la imparcialidad judicial” la
actuación de la jueza Servini en el primer tramo del
proceso. En sus alegatos las defensas no cuestionaron
la figura misma del juez de instrucción –que de hecho
tiene facultades a nivel legal para investigar como un
acusador- sino la actuación propia de la jueza durante
el proceso.

Más allá del título de afectación, y de


diversas enumeraciones de algunos actos específicos,
las defensas no explicaron con claridad de qué manera
se vulneró un derecho de forma tal que esa pretendida
afectación se haya perpetuado hasta la finalización
del juicio. Adviértase que las defensas conocieron las

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imputaciones contenidas en los requerimientos de


juicio, tuvieron oportunidad de analizarlas y diseñar
una estrategia de defensa y finalmente, ofrecieron
prueba con gran amplitud incluso durante el debate -en
los términos del art. 388 CPPN-, y por último
desarrollaron defensas precisas y concretas sobre las
acusaciones.

Tampoco es menor destacar que durante la


intervención de la jueza Servini, las defensas
recurrieron numerosas veces ante las dos salas de la
Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal y, en alguna oportunidad, a la Cámara Federal
de Casación Penal. En igual sentido, también debe
señalarse que antes de que el proceso ingresara a la
etapa de juicio, intervino otro juez de instrucción, a
quien las defensas no cuestionaron en su
imparcialidad, pero que fue quien, en definitiva
resolvió enviar el caso a juicio.

Es entonces llamativo que las defensas no


cuestionen la figura misma del juez de instrucción y,
sin embargo, pretendan de un investigador una
imparcialidad absoluta. Es que el sistema de
enjuiciamiento que aún mantiene el CPPN presupone que
el juez a cargo de la etapa preliminar investiga y
juzga. Esta situación no cuestionada y que ha sido
motivo de numerosas reformas procesales en la región,
conlleva muchas veces que el investigador adopte una
hipótesis y que procure determinar si es lo
suficientemente fuerte como para ser dilucidada en
juicio. Es razonable que las defensas pretendan
cuestionar esa hipótesis y para ello tienen diversas
herramientas en la etapa de investigación preliminar,
las que incluyen, no sólo los recursos de apelación
varias veces interpuestos, sino también otras como
realizar por sí las investigaciones que estimen
pertinentes a fin de ofrecerlas en el tiempo procesal
oportuno (cfr. a modo de ejemplo el art. 26 de la

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anterior ley orgánica del Ministerio Público n°
24.946, o las facultades conferidas en el art. 8° la
ley 23.187 a los abogados).

Es por ello que resulta relevante que las


defensas hayan insistido sobre pretendidos
quebrantamientos formales, como por ejemplo lo hizo la
defensa de Andreozzi en relación a la declaración que
la jueza Servini le tomó a Gaudiero, o cómo las
defensas de Santos y de Mathov desarrollaron sus
planteos en relación al pedido de explicaciones que
Servini les dirigió la noche del 20 de diciembre, pero
que luego no se hayan hecho cargo del perjuicio que
esos actos generaron en el propio debate cuando, por
ejemplo los propios imputados reeditaron esas
declaraciones. En ese sentido, por ejemplo, no es
menor que el propio imputado Santos haya pedido que se
incorporara una declaración que la Cámara de
Apelaciones había anulado.

En suma, lo que debieron explicar las


defensas es de qué manera las intervenciones iniciales
de Servini afectaron de tal manera el proceso que no
hubiera sido posible saneamiento posterior, máxime
cuando esos reclamos los efectuaron en el alegato
final de un juicio que se desarrolló completamente
ante un tribunal integrado por otros jueces. En tal
sentido, no es menor para dar contexto al planteo, que
la defensa de Santos cuestione que haya sido la jueza,
cuando éste ya se encontraba imputado, quien le
solicitara que informara la lista de heridos. Cierto
es que Santos acompaño esa lista, aunque cierto es
también –como afirmó la parte querellante en su
contestación- que la jueza le dirigió esa petición al
responsable de la Policía Federal Argentina en
términos institucionales.

Sin embargo, no explicó la defensa de qué


manera excluir el aporte de esa nómina hubiera

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impedido el avance del proceso. Es de absoluta


evidencia que el listado de heridos estaba en los
hospitales públicos donde fueron derivados y en las
constancias del SAME, o que también podían
reconstruirse –como de hecho ocurrió- con las
presentaciones de los mismos damnificados en el
proceso, algunos de ellos asumiendo un rol de
querellantes. En suma, lo que se trata de expresar es
que las defensas no pueden pretender la nulidad de la
totalidad del proceso con la sola mención de
quebrantamientos de formas procesales –aun cuando
algunas de ellas fueran palmarias y hasta hubieran
exigido intervenciones judiciales adecuadas-,
desentendiéndose del curso que luego tuvo el proceso
con apartamientos, con la intervención de otros
actores, y con el desarrollo del debate en forma
completa.

En definitiva, si lo que se pretende es


sostener que la jueza Servini dio indicaciones
operativas en la Plaza de Mayo el 20 de diciembre de
2001 y que eso exime de responsabilidad a Mathov,
Santos, Andreozzi o Gaudiero, la cuestión es propia de
la defensa de fondo y será tratada en el tramo
correspondiente de la sentencia. Por el contrario, si
de lo que se trata es que la magistrada en su actuar
durante la etapa de investigación preliminar no
respetó el principio de imparcialidad, y más allá de
cualquier análisis específico de uno u otro acto
procesal, lo cierto es que las defensas no lograron
explicar cómo esos eventuales quebrantamientos
formales impactaron en el juicio al que arribaron con
pleno uso de sus garantías procesales. En esa misma
línea recuérdese que ninguna defensa efectuó
cuestionamientos de esta índole al inicio del debate,
en los términos del art. 376 CPPN, y que incluso una
de ellas ni siquiera ofreció prueba en el momento
procesal oportuno.

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Sin perjuicio de que esas consideraciones dan
respuesta suficiente a todos los planteos que la
totalidad de las defensas dirigieron en esta línea, es
pertinente efectuar algunas consideraciones
específicas en relación a algunas de ellas.

En tal sentido, los defensores oficiales de


los imputados Figueroa, Lopez y Firpo Castro
sostuvieron que una situación vinculada a las
particularidades de la investigación preliminar estaba
dada por las “llamadas anónimas”. Sostuvieron que
aquellas ayudaron a orientar la investigación. Si
bien, la ocurrencia de la muerte de Márquez y las
lesiones de Galli y Simonetti hubieran exigido una
urgente obtención de imágenes fílmicas y su detenido
estudio, la referencia de distintas llamadas hacia
quienes habrían tenido intervención con los
acontecimientos -como el tribunal, en ambos votos
sobre ese punto, tuvo por acreditado- no parece un
dato suficiente para cuestionar la validez de todo el
proceso. Ello es así si se considera que el agravio
que indicó la defensa consistió en que la jueza de
instrucción no investigó “…quiénes hicieron esas
llamadas”.

No hay dudas de que ello podría haber sido


requerido en la etapa de ofrecimiento de pruebas o,
tal como se hizo en varias oportunidades, en el mismo
curso del debate en los términos del art. 388 CPPN. En
suma, la indefinición de quien y por qué dio el aviso
cuestionado, no permite, en esta etapa, anular la
totalidad del proceso puesto que el agravio debe
dirigirse a la propia actividad de la defensa que, en
la etapa correspondiente o incluso luego de ella, no
insistió con esa medida.

Las razones de ello, seguramente radican en


que nada obtendrían con esa prueba ya que el tribunal
en forma unánime -más allá de algunas diferencias-

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tuvo por probado, como se verá, que los disparos que


dieron muerte a Márquez y lesionaron a Galli y
Simonetti, provinieron de alguno o algunos de los
vehículos en cuestión. La defensa dejó entrever que
las llamadas anónimas pudieron provenir de la propia
fuerza de seguridad investigada, y que -tal como se
esbozó en otros momentos del juicio- la cuestión formó
parte de una “interna policial” que dejó cubiertos a
algunos en desmedro de otros.

El tribunal ya indicó que la investigación ha


sido ineficaz y que ha permitido la impunidad de
algunos participantes, alguno de los cuales, aun hoy
incluso, no poseen definida su situación procesal.
Ello no quiere decir que, más allá de las cuestiones
consideradas sobre participación y calificación legal,
en el debate se hubiera verificado la inculpación de
personas que no estuvieron en el momento del suceso y
que, además en su conjunto, nada tuvieron que ver con
las lesiones y la muerte.

En cuanto a la jurisprudencia de la CSJN


citada por la defensa para respaldar su posición
(casos “Peralta Cano” y “Quaranta”) cabe decir que las
cuestiones allí debatidas no se corresponden de
ninguna manera con el supuesto analizado en este
juicio. En relación a la cita del caso “Ramsahai y
otros c. Países Bajos” del TEDH, cabe señalar que, al
tratarse de un caso donde se establecieron
lineamientos sobre cómo el Estado debe llevar adelante
la investigación en casos de ejecuciones
extrajudiciales por parte de fuerzas policiales a los
efectos de no vulnerar los derechos de las presuntas
víctimas, no resulta un precedente que pueda sustentar
la posición de la defensa.

Por otra parte, tampoco es menor señalar que


-pese a no explicar el perjuicio ocasionado y su
relación directa con el quebrantamiento formal- la

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defensa no articuló este planteo en la oportunidad
establecida en el art. 376 CPPN. Por lo demás, avanzó
el análisis de aspectos de prueba respecto de los
cuales corresponde que sean valorados en el acápite
correspondiente. Sin embargo, y con relación a ello,
vale señalar que la misma defensa también cuestionó
que la jueza de la etapa preliminar no cumplió con el
deber de “…evacuación de citas impuesta por la ley
positiva en el artículo 304 del CPPN”. Nuevamente la
defensa plantea el quebrantamiento de formas, sin
considerar al acto y su trascendencia al juicio. De
hecho añadió el defensor que “…tres años después en
esta audiencia nosotros pudimos aportar al expediente
el estudio con imágenes que probaba que esas
alegaciones son ciertas…”. Ello da cuenta de que la
prueba pretendida la pudieron introducir para ser
evaluada por las partes y, luego, por el tribunal.

En relación con la producción de elementos de


prueba en la etapa de instrucción y que, luego, se
analizaron en el debate, las defensas, en particular
la de Mathov, sostuvieron que a partir de las
declaraciones de los peritos Iseas y Mancini se
derivaba que en los estudios periciales solamente se
había considerado la viabilidad o no de la hipótesis
que tenía la jueza. Ello es evidente, desde el punto
de vista que no es posible considerar infinitas
posibilidades, sino sólo las que estiman adecuadas las
partes.

Ello se ve parcialmente influido en este caso


por el sistema de enjuiciamiento que incluye como
investigador al juez de instrucción, pues en este caso
los exámenes son a partir de los puntos de pericia que
formularon quienes llevaban adelante la investigación
y, eventualmente, lo que podrían haber indicado las
defensas o querellas, pero siempre sobre la base de
evidencias incorporadas al proceso y que fueran útiles
para conformar una hipótesis fáctica. No hay para los

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investigadores otro modo de proceder en nuestro


ordenamiento formal que, a partir de las evidencias
que se reúnen, construir una hipótesis acusatoria que
el avance de la pesquisa permitirá corroborar o
descartar, pero siempre a partir de datos ciertos y
concretos, y no de supuestos sobre los que no existe
ningún elemento de convicción suficiente. Sin
perjuicio de ello, en los términos de los arts. 354,
355 y también del art. 388 del CPPN las partes
pudieron haber requerido nuevas medidas lo que, de
hecho, ocurrió en el debate. En suma, el planteo de la
defensa es también insuficiente para cuestionar la
validez de la totalidad del proceso.

En relación a la pretendida afectación de la


garantía de imparcialidad de la jueza instructora,
también la defensa de Belloni indicó que “…la
instrucción fue parcial y conformista, [y] frente a un
fiscal federal que se entendía en el llano y
presionado…imputó al primer perejil que le cerrara a
los medios de comunicación, pretendiendo conformar a
las querellas…”. Nuevamente esta solitaria referencia
de esa defensa debe ser respondida en los mismos
términos ya efectuados en otros pasajes de la
sentencia. En efecto, la ineficacia de la
investigación no ha implicado en este caso atribuir
responsabilidad a personas ajenas a la comisión de
cualquier ilícito.

Por el contrario, tal como lo resolvió el


tribunal, Belloni ha sido condenado y aun se halla
investigado por las conductas que -al no haberse
tenido por mínimamente acreditadas- no han sido
requeridas para su remisión a juicio. Este último
punto no es menor si se advierte que las defensas le
adjudican una pretendida afectación a la garantía de
imparcialidad a la jueza instructora, pero se eximen
de analizar cómo actuaron en ese mismo contexto los
jueces de la Cámara de Apelaciones que han sido

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quienes -en relación con las muertes de Riva, Lamagna
y Almirón- resolvieron que el caso no fuera remitido a
juicio, revocando el procesamiento inicial que había
recaido sobre el imputado.

Esta misma defensa, en un tramo posterior de


su alegato, realizó otro cuestionamiento sobre la
actuación judicial pero desde la perspectiva del
objeto procesal que arribó a juicio. Al respecto
señaló, con precisa indicación de fechas de
declaraciones y procesamientos, que en definitiva fue
intimado por los sucesos que damnificaron a Sánchez y
Dorado, con posterioridad a que la Cámara de
Apelaciones se expidiera inicialmente al respecto.

En este punto la defensa no cuestionó la


dinámica de un sistema de enjuiciamiento que permite a
los jueces investigar y definir imputaciones, sino que
se acotó a exigir el cumplimiento de una formalidad
sin hacerse cargo de la finalidad de ella. En efecto,
la defensa se agravió por haber sido procesado su
asistido antes de que se le imputara el suceso. Si
bien la defensa no articuló, en su momento, todos los
planteos necesarios para la revisión de la decisión
cuestionada, lo cierto es que luego de aquel contexto
tuvo posibilidad de declarar y producir pruebas para
controvertir esa imputación. En suma, lo que ocurrió
es que paralelamente a la revocatoria del auto de
procesamiento por las muertes de Riva, Lamagna y
Almirón, la cámara indicó que la atribución debía
serle dirigida en relación a quienes luego fueron
individualizados como Dorado y Sánchez. Sobre ello,
que finalmente fue lo único que constituyó el objeto
procesal del debate a su respecto, se dispuso
escucharlo en varias oportunidades, e incluso en
juicio.

Añadió en otro punto la defensa de Belloni


que la instrucción se caracterizó por la forma “…en

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que arbitrariamente se denegó u obstaculizó la


generación de pruebas en el expediente, como la
sistemática obstrucción al acceso a la prueba de
cargo”. Nuevamente se observa aquí que la defensa sólo
ha invocado la existencia de un pretendido
quebrantamiento de formas, pero desentendiéndose de
explicar cómo se produjo el perjuicio a su respecto, a
tal punto que el planteo lo formuló en su alegato
final después de un muy extendido y adecuado uso del
derecho de defensa que incluyó, entre otras cosas, muy
precisos y profundos interrogatorios a testigos y
peritos.

Cierto es que, en pos de extremar los


análisis formulados por el defensor, podría
considerarse que el perjuicio ha tenido que ver con lo
que el letrado denominó “el fomento de la
autoincriminación” y que calificó como “…un verdadero
ardid, articulado con el único fin de hacer que mi
pupilo se auto incrimine…”. Ello no puede ser admitido
por el tribunal ya que no se advierte ardid alguno y,
menos aún, en la forma en que la defensa lo sostiene,
ya que presupone una división de roles entre la jueza
de instrucción que le imputó ciertos resultados y los
jueces de la Cámara de Apelaciones que, aprovechándose
del ardid y de sus manifestaciones, le adjudicaron lo
que desde el inicio le habrían querido atribuir.

Basta para desechar el planteo, explicar que


la defensa está sosteniéndolo sobre una suerte de
confabulación general contra Belloni que no tiene
elemento alguno de base. Lo que ha ocurrido es que
Belloni, asistido por un defensor y por su propia
decisión, realizó una manifestación determinada y el
dijo en su momento, tal como lo releva el defensor en
su alegato, que “…el receptor del disparo podría ser
la persona que aparece al final del video, a quien
pensaba herido de goma…”. Es evidente que esa
explicación dirigida a su defensa respecto de las

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muertes de Riva, Lamagna y Almirón, no puede implicar
por sí sola la atribución de otros resultados. Sin
embargo, también es evidente que ello -en la medida en
que las expresiones no sean coaccionadas- no puede
eximirlo de ninguna nueva imputación en la medida en
que existan elementos de prueba que la sostengan. Eso,
y no otra cosa, fue lo que ocurrió en el caso, a punto
tal que el tribunal decidió condenar a Belloni en base
a elementos de cargo que no incluyen sus
manifestaciones.

Relacionado con ello, cierto es que la


defensa de Belloni también cuestionó la incorporación
de ciertos elementos de prueba. Sin embargo, el
momento para hacerlo no es ciertamente el del alegato
final. Muy por el contrario, se advierte que las
partes ofrecieron prueba e incluso interpusieron
recursos de reposición ante este mismo tribunal –aun
cuando tuviera una conformación parcialmente diversa-
por esos temas. En definitiva, la cuestión atinente a
la posibilidad o no de incluir en el debate
determinados informes ha quedado ya resuelta en esta
instancia, sin posibilidad de que las partes la
reediten durante el juicio.

En suma, para dar cuenta de que las defensa


sólo se han quedado reclamando un quebrantamiento
formal y se olvidaron de demostrar el perjuicio que
ese eventual vicio les provocó en el juicio, cabe
recordar que aquellas insistieron en que la jueza, al
haber participado de alguna manera en los sucesos del
20 de diciembre de 2001 debió, luego, inhibirse de
seguir interviniendo. Ahora bien, ello de hecho
ocurrió años después. En efecto, las propias defensas
citaron, y reiteraron varias veces, el pasaje en el
cual el juez de instrucción Bonadio acepta la
excusación de la jueza Servini. Sin embargo, esas
defensas, que recitaron el pasaje de la resolución
donde el juez dice que la jueza había sido parte de

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los hechos, omitieron destacar que el juez no declaró


la nulidad de todo el proceso sino que, por el
contrario, evaluó y reevaluó, muchas situaciones a
punto tal que decretó el procesamiento de imputados
que tenían en su favor una falta de mérito. Ello, como
ya se reseñó, fue recurrido más de una vez y en
consecuencia, intervino la Cámara de Apelaciones. De
ello lo que se deriva es, sencillamente, que la jueza
que las defensas cuestionaron no fue quien finalizó el
control de la investigación y, en consecuencia, lo que
les era exigible a las partes era demostrar cómo las
acciones de la jueza, y también las subsiguientes
acciones del juez Bonadio y de los jueces de la Cámara
de Apelaciones, implicaron un perjuicio imposible de
reparación en el debate. Este planteo además exige,
debido al momento en que fue articulado, demostrar que
el perjuicio no pudo ser superado pese a que pudieron
ofrecer prueba antes del juicio y también durante él
-en los términos del art. 388 CPPN., y que el debate
se desarrolló ante jueces que no habían intervenido
con anterioridad en el proceso.

Por su parte las defensas, en particular las


de Santos y Andreozzi, añadieron otra queja específica
en este marco. Puntualmente la defensa de Andreozzi
peticionó la declaración de nulidad de todo lo
realizado a continuación del acto de fs. 8 de la causa
n° 1527, y en subsidio, de la declaración de Santos
incluida a fs. 764. En sentidos asimilables la defensa
de Santos requirió la declaración de nulidad del auto
de fs. 9 y el acta de fs. 10.

Sostuvo el defensor de Andreozzi que la causa


n° 5624 se inició a fs. 1/2 con un decreto de la jueza
de fecha 20 de diciembre de 2001 que ordenó la
instrucción del sumario con intervención del
Ministerio Público Fiscal. Añadió que a fs. 9, el
mismo día 20 de diciembre, la jueza consignó “cítese
al Sr. Ministro del Interior, al Sr. Secretario de

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Seguridad Interior y al Sr. jefe de la Policía Federal
Argentina para que comparezcan de inmediato a mi
despacho a brindar explicaciones”.

A dicha citación concurrieron Santos y


Mathov –este último con sus letrados, tal como afirmó
luego el MPF-. Por otra parte añadió la defensa que la
causa n° 1527 se inició mediante denuncia, interpuesta
el 20 de diciembre de 2001 a las 18:00 horas, por
varios diputados nacionales en contra de De la Rúa,
Mestre y Mathov. Explicó la defensa que luego de
ratificada la denuncia, y previa vista recibida a las
20:20 hs., el representante del MPF requirió la
instrucción respecto de Fernando de la Rúa, Ramón
Mestre, Enrique Mathov, Rubén Jorge Santos y todos los
miembros de la PFA que de una forma u otra hayan
participado en los eventos. Ese requerimiento fue
presentado en el juzgado a las 21:30 hs.

Aclarado ello, el defensor indicó que “…para


cuando la jueza recibió las explicaciones de Mathov y
Santos en la causa n° 5624, en la causa n° 1527 ya
hacía cinco horas y media que tenía en sus manos una
denuncia contra Mathov y, lo que es más grave, ya
hacía dos horas que el fiscal Comparatore había
dirigido una imputación concreta contra Santos y
Mathov al requerir la instrucción del sumario y pedir
sus indagatorias”.

En consecuencia, concluyó la defensa que “…


debe ser anulado todo lo actuado a partir de la
providencia de fs. 8 del 21 de diciembre de 2001
dictada en la causa 1527; es el primer acto procesal
de la magistrada en el que dispone instruir sumario
respecto de personas que en otro proceso les pidió que
brinden “explicaciones”, inventando, así, una
categoría procesal para escuchar personas en un
expediente, lo que demuestra su falta de
imparcialidad”.

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Sin embargo, añadió la defensa sin mayores


explicaciones que “…la nulidad que aquí se peticiona
alcanza a todos los actos procesales llevados a cabo
por la Dra. Servini de Cubría”.

Agregó que si no se considerase el pedido en


los términos en los que fue formulado, al menos, sería
nula la declaración de Rubén Jorge Santos de fs.
764/772 en la causa n° 1527, dando lectura a los
tramos en los que la jueza confrontó al imputado a
través de diversas manifestaciones efectuadas por ella
misma.

No cabe sino coincidir con la defensa de


Andreozzi en el sentido de que la declaración que la
jueza le recibiera a Santos posee características
inéditas. Sin embargo, nuevamente las defensas se han
contentado con exhibir vicios, anomalías,
quebrantamientos formales acaecidos al inicio del
proceso, no sólo en el momento del alegato final del
juicio, sino en especial sin hacerse cargo de
demostrar cómo se ocasionó el perjuicio que la
declaración de nulidad exige. Ello es así, en
particular cuando las propias defensas reeditaron
actos que consideran ahora irregulares. Cabe aquí
reiterar que ha sido el propio Santos el que ha
pretendido leer declaraciones propias que habían sido
anuladas.

Vinculado a este punto, un ejemplo dado por


Binder en la obra ya largamente citada es, en nuestro
caso, especialmente relevante. Así señala que “…la
declaración del imputado es un requisito previo para
que luego se pueda acusar. El principio protegido es
que el imputado debe tener conocimiento de que se
prepara un caso contra él y también pueda preparar con
tiempo su propia defensa. Si se comprueba, una vez
presentada la acusación y durante el litigio de
control de esa acusación (etapa intermedia), que

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existieron violaciones a las formas (por ejemplo, no
se permitió la consulta previa con el abogado y el
imputado desconociendo sus derechos, brindó
información en esa declaración que era inconveniente
para su defensa o lisa y llanamente confesó el hecho),
no quedan dudas que esa declaración formalmente
defectuosa le causa perjuicio, por lo tanto, es un
acto inválido. ¿Se puede sanear? No existe una
respuesta única”.

Indica a continuación el autor “…la


respuesta dependerá, en gran medida, de las peticiones
del propio imputado. Por ejemplo, en lo relativo a la
información dada en su perjuicio sin el asesoramiento
previo exigido, es evidente que eso ya no se puede
reparar, y, por lo tanto, se debe nulificar esa parte
de la declaración o toda, si ello es pertinente a ese
efecto. La influencia que tenga esa pérdida de
información sobre el fundamento de la acusación
dependerá del caso, es decir, de la importancia que
tenga esa confesión en la estructura probatoria
propuesta por el acusador. Si la falta de
asesoramiento privó de posibilidades de preparación de
la defensa y ahora es necesario auxilio judicial para
realizar investigaciones, entonces se abrirá esa
posibilidad, postergando el discernimiento de la
acusación. Si el imputado quiere volver a declarar, lo
que se debe hacer es destruir la declaración anterior
(o entregársela a él y borrar todo registro en las
carpetas del acusador) y darle la posibilidad que
declare nuevamente ante el Ministerio Público o ante
el juez, según las legislaciones. Vemos pues que las
respuestas son complejas; lo que carece de sentido es
simplemente decir que la declaración del imputado es
nula y volver todo para atrás, para que comience de
nuevo la etapa preparatoria. Allí se restaura la
forma, pero no se resuelve el problema de la
afectación de la defensa. Algunos defensores dirán que

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en el contexto del litigio indirecto y del


funcionamiento ritualista de muchos sistemas
procesales, al imputado le conviene esa solución,
porque ello provocará la demora o el «olvido» del
caso. Eso puede ocurrir en algún asunto concreto, en
especial en sistemas procesales que funcionan
burocráticamente, pero en definitiva el imputado no
tiene un «derecho al mal funcionamiento de la
justicia». Creo que también es una situación extrema
el señalar que, dado que es el Estado el que cometió
la infracción, debe ser sancionado con la pérdida de
la posibilidad de llevar adelante la persecución penal
en todos los supuestos. Creo que no es ese el sentido
de las reglas procesales. Ellas protegen al imputado
del riesgo de ser condenado sin prueba y ese es el fin
preferente, pero no es el fin absoluto de todo el
proceso penal. El sentido de la norma que
transcribimos (evitar retrotraer el proceso a etapas
anteriores bajo el fundamento de la violación de
garantías) es una notoria señal de que no se trata de
defender las formas sino las funciones sustanciales”
(Binder, op. cit.).

El ejemplo es especialmente relevante si se


advierte que las informaciones dadas por el imputado
al inicio del proceso, sin asesoramiento previo y sin
imputación formal, han sido de nula entidad, a punto
tal que ni siquiera hay constancia expresa de tales
manifestaciones. En sentido análogo, las
manifestaciones que hicieran tanto Santos como los
demás imputados en las declaraciones posteriores como
imputados, han sido no sólo realizadas con
asesoramiento técnico, sino que además han sido –con
ese mismo asesoramiento- reeditadas en juicio, pera
finalmente cuestionarlas en la etapa de alegatos.

En definitiva, y en el sentido ya
explicitado, adviértase que ha sido la propia defensa
de Mathov quien citó el caso “Figueredo Planchart” de

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la Comisión IDH. Allí se sostuvo que “La Comisión
observa que tanto la jurisprudencia del sistema
europeo como la del interamericano establecen
claramente que la aplicación por parte de los Estados
de las garantías del debido proceso no pueden estar
limitadas ni restringidas a la fase final de un
proceso penal, menos aún si la fase preliminar tiene
consecuencias jurídicas sobre los derechos civiles del
presunto imputado. Así, por ejemplo, la Corte y la
Comisión Europeas de Derechos Humanos consideran que
los siguientes derechos deben ser aplicados a las
actuaciones preliminares de un proceso penal: derecho
a la asistencia de un abogado, derecho a tiempo
adecuado y facilidades para preparar una defensa,
derecho a la auto-defensa, derecho de ser informado de
la naturaleza y la causa de la acusación, derecho a
interrogar testigos, derecho a permanecer en silencio,
y derecho a la asistencia gratuita de un intérprete.
El principio general, tal como lo ha señalado la Corte
Europea de Derechos Humanos, es que las garantías del
debido proceso se aplican a las actuaciones anteriores
al juicio, incluyendo las investigaciones
preliminares, ‘si y en la medida [en] que la equidad
del juicio pueda verse gravemente perjudicada por una
falla inicial en su cumplimiento’.” (Comisión IDH,
Informe 50/00, caso 11.298, “Reinaldo Figueredo
Planchart v. República Bolivariana de Venezuela”, del
13 de abril de 2000, párr. 87). Las defensas no se han
hecho cargo de lo que en este caso ha señalado la
Comisión, es decir que la garantía de imparcialidad,
entre otras, se aplica a las actuaciones anteriores al
juicio, en la medida en que el juicio en sí pueda
verse perjudicado por una falla inicial.

III. Afectación al principio de congruencia e


indeterminación del hecho:

El cuestionamiento dirigido –en especial por


las defensas de Mathov, Santos, Andreozzi y Gaudiero-

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hacia la afectación del principio de congruencia,


relacionado además con la crítica sobre la
indeterminación del hecho imputado, merece similares
consideraciones que el punto precedente pero, además,
corresponden hacer algunas otras especificaciones.

La forma en que se les indicó a los imputados


los sucesos que se les atribuían poseen las
particularidades propias de un sistema de
enjuiciamiento que las defensas no cuestionaron. En
ese orden de ideas, determinaciones de los hechos
imputados, definidos y redefinidos en varios momentos
por los jueces de instrucción y también por la Cámara
de Apelaciones, han sido cristalizados en los
requerimientos de juicio del MPF y las partes
querellantes. En tal sentido, se advierte que las
defensas no cuestionaron -con la única excepción de la
de Bellante y por motivos diferentes-, las acusaciones
con las que se habilitó el juicio y sobre las cuales
ofrecieron prueba y encaminaron sus defensas (art. 376
CPPN).

Es que de las lecturas integrales de los


requerimientos de juicio surgen con suficiente
claridad cuáles son las conductas que a cada imputado
se les ha adjudicado y, de hecho, respecto de ellas
los imputados declararon al inicio del juicio y
también sobre el cierre, sus defensas han interrogado
profusamente a los testigos y peritos, y luego,
aquellas han alegado con abundantes detalles y
precisiones en el cierre del juicio. En suma, no es
posible aseverar que los imputados no supieran de qué
se los estaba acusando ni que las defensas no sabían
sobre qué aspectos fácticos o jurídicos versaba el
juicio.

No hay duda de que esta fue una investigación


compleja, con múltiples resultados disvaliosos, con
diversos responsables que además poseían jerarquías y

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deberes disímiles. Sin ir más lejos, basta señalar que
ha estado imputado mismo el presidente de la
República, un ministro, un secretario de Estado, el
jefe de la Policía Federal Argentina, el funcionario a
cargo de la Superintendencia de Policía Metropolitana,
el director general de operaciones, otros oficiales
jefes y numerosos funcionarios policiales, etc. La
sencillez que se podría predicar del acotado objeto
procesal definido en los requerimientos de juicio no
puede permitir diluir la magnitud del objeto de
estudio en el proceso.

En este tipo de casos es ineludible que las


imputaciones varíen con el tiempo a medida que avance
la investigación o, incluso, a medida que las
instancias revisoras amplíen, supriman o modifiquen
estas atribuciones. No obstante ello, es
imprescindible que en un momento procesal, la
imputación se concrete en forma inmodificable (con la
única excepción de la previsión del art. 381 CPPN,
-que no se verificó en el caso-. En ese momento
procesal (art. 346 CPPN) el hecho debe quedar definido
para debatir en el momento central del proceso: el
juicio. Eventualmente podría plantearse que la
incorporación de declaraciones anteriores en los
términos del art. 378 CPPN podría generar algún
perjuicio motivado en la modificación de la imputación
durante la etapa anterior al debate. Sin embargo, este
suceso fáctico no tiene correlación con lo ocurrido en
el debate. De hecho la mayoría de los imputados se
remitió en algún momento del juicio –sea en forma
expresa sea reeditándolo verbalmente- a lo dicho en
sus anteriores declaraciones. En consecuencia, la
indeterminación del hecho imputado debe ser analizada
–al menos en el momento procesal en que las defensas
plantearon la cuestión- tomando como base el
requerimiento de juicio, las intimaciones a los
imputados y el alegato de las acusadoras.

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En el caso de análisis todos los aspectos


atribuidos en los requerimientos de juicio fueron
anoticiados a los imputados para que efectuaran los
descargos o defensas que estimaran pertinentes. Por su
parte, en los alegatos las acusadoras no modificaron
los hechos contenidos en los requerimientos de juicio,
con la excepción parcial de la parte querellante en
relación al imputado Bellante.

En efecto, la querella que había sostenido


una imputación alternativa que incluía la de homicidio
doloso por parte de Bellante en perjuicio de Gustavo
Benedetto, en su alegato final modificó la plataforma
fáctica hacia un accionar imprudente, respecto del
cual Bellante no había sido nunca intimado. Sin
perjuicio de que esta irregularidad no fue atacada por
la defensa del imputado, la decisión del tribunal de
condenar a Bellante por el delito de encubrimiento, en
los términos en que había pedido el MPF y también
parcialmente esa querella, hace que la irregularidad
no deba ser analizada.

Cierto es que las defensas de Mathov, Santos,


Andreozzi y Gaudiero, cuestionaron a las acusadoras en
el entendimiento de que éstas ampliaron las
imputaciones al incluir en los alegatos nuevas
violaciones de sus deberes de cuidado. En particular,
por ejemplo, la defensa de Andreozzi puntualizó
algunas cuestiones que merecerían un análisis
específico. Dijo esa parte que al momento del alegato
final las acusadoras, en especial el MPF, agregó
deberes de cuidado que el imputado habría violado y
que no estaban contenidos en la acusación inicial.
Insistió en tal sentido en que el MPF citó
reiteradamente normas que no estaban vigentes al
momento de los hechos o que no habían sido mencionadas
antes en este proceso tal como las denominadas “Reglas
de Turku”.

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Sobre este punto, al responder esos planteos
de nulidad el MPF sostuvo que “...las referencias
realizadas sobre la norma que regulan el obrar de los
funcionarios encargados del uso de la fuerza, en nada
cambia el acontecimiento histórico imputado. Ellas
constituyen las guías con las que debieron
desempeñarse. En definitiva, es su significado en el
mundo jurídico… Es decir, a través de ellas se
estableció qué debieron hacer. El nomen iuris no
compone el acontecimiento histórico por el que los
acusados fueron traídos al plenario, ya sea que se
denominen decreto 1045, ley 24.059, principios básicos
sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por
los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley,
normas humanitarias mínimas aplicables en situación de
excepción, Normas de Turku, o se trate de las que se
tratare”.

A su turno, la parte querellante (CELS)


afirmó que “…en cualquier caso esta situación de
ningún modo compromete la intangibilidad del principio
de congruencia. En primer lugar, esto es así porque
dicho principio está limitado al sustrato fáctico de
la acusación y no a la calificación legal de los
hechos, y, en segundo lugar, debido a que esta mención
de las normas que demuestran que… todas estas
referencias configuran el fundamento jurídico de la
imputación ya formulada y no modifica el objeto del
juicio… porque se trajeron a colación para fundamentar
elementos que estaban presentes al momento de
describir los hechos que se dieron a conocer a cada
uno de los imputados”.

A nuestro criterio no es por las razones


indicadas en la acusación, en especial las del
querellante, que el planteo debe ser rechazado. Cierto
es, como afirma la defensa, que los deberes de cuidado
deben ser individualizados en la imputación y que no
es una pura cuestión normativa ajena a la plataforma

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fáctica. Sin embargo, lo que se advierte es que la


existencia de otras o nuevas disposiciones o leyes,
que pudieran contener esas obligaciones para los
imputados, no implica que esos deberes no estuvieran
ya contenidos en normas que sí les fueron indicadas.
En suma, es posible suprimir las referencias
normativas señaladas por las acusadoras si ellas no
hubieran estado mencionadas antes, pero ello no
implica suprimir el deber específico de cuidado
violado en la medida que tal deber hubiera ya sido
indicado en base a otra normativa existente. Ello es
lo que ocurrió en el caso y basta una lectura completa
e integral de los requerimientos de juicio para
colegir ello. Sin embargo, y para evitar planteos de
este tipo en instancias recursivas, la sentencia
trabajará exclusivamente con la normativa que ha sido
indicada en los requerimientos de juicio, el auto de
clausura de instrucción y con la que ha sido incluida
al proceso desde su inicio (cfr. fs. 539/563 de la
causa de MPF n° 508, fs. 5627/5658, 5712/5737,
10008/10058 estas últimas de la causa n° 1527, y la
documentación reservada –Reglamento de la DGO, orden
n° 17, ODI n° 150, decreto 333/58, etc.-) y a la que
se refirieron las propias defensas.

No obstante ello, a modo de ejemplo basta


para mostrar que el principal agravio de la defensa de
Andreozzi no es tal. En igual sentido esa defensa se
tomó el trabajo de analizar la situación bajo la
perspectiva del nuevo protocolo de actuación dictado
por el actual Ministerio de Seguridad de la Nación.
Así, luego de señalar los aspectos que diferencian al
actual protocolo de su antecesor, la defensora oficial
señaló que “la elaboración del protocolo permite
establecer reglas precisas que brindan certeza a los
funcionarios involucrados respecto de la legalidad de
su accionar y al mismo tiempo facilitan el adecuado
monitoreo y evaluación de dicha actuación… Es que el

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propio Estado ha declarado que previo a su dictado no
existía sobre tan sensible cuestión criterios
normativos claros, más allá de algunas normas aisladas
sobre el modo en que debía conducirse la fuerza de
seguridad en materia de manifestaciones públicas… Aún
luego de catorce años después de los hechos se está
discutiendo cuáles son los estándares que deben regir
la actuación de la fuerza de seguridad en materia de
manifestaciones públicas: desalojo o no desalojo,
detención o no, uso o no de armamento reglamentario.
Es decir, las acusadoras están reclamando a nuestro
pupilo no haber obrado en base a criterios de
prudencia establecidos en protocolos dictados con
mucha posterioridad a los hechos y a la fecha
reelaborados con criterios absolutamente disímiles”.

Empero, y más allá de que el protocolo


anterior limitaba en forma mucha más clara y adecuada
a los preceptos invocados por las acusadoras la
regulación del uso de la fuerza, el actual también
mantiene limitaciones que no fueron innovaciones de
ninguno de los dos. Muy por el contrario, los límites
más básicos al uso desproporcionado de la fuerza –y en
definitiva es de lo que se trata este caso- estaban ya
claramente contenidos en las disposiciones normativas
vigentes en la época de los hechos.

La defensa de Andreozzi, también bajo este


título, añadió un aspecto que no fue replicado por
otras defensas, lo que merece un análisis específico.
Afirmó que al mencionar, las acusaciones, aspectos
relacionados a las detenciones que se produjeron en la
Plaza de Mayo, incurrieron en una forma específica de
afectación del principio de congruencia, en tanto
aquellas habían quedado fuera del objeto procesal.

Ahora bien, en distintos momentos del juicio


se abrió un debate sobre la posibilidad o no de
interrogar a los testigos acerca de este tema. En ese

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sentido, vale señalar que si bien las detenciones en


tanto acto ilegítimo han sido dejadas fuera del juicio
por una decisión de la Cámara de Apelaciones, sí es
materia de debate lo sucedido antes, durante y después
de ellas en el contexto de la actuación policial y en
el marco del estado de sitio declarado, máxime en
tanto esas privaciones de libertad tengan relación con
los resultados de lesiones o muertes imputadas. Al
respecto adviértase, por ejemplo, la situación de
Eduardo De Pedro, quien fue lesionado por funcionarios
policiales en el marco de una detención producida en
la Plaza de Mayo. En suma, no hay dudas de que el
tribunal no podía avanzar en calificar las detenciones
ordenadas con base en el estado de sitio como legales
o ilegales, pero ello no lo exime de analizar las
lesiones o muertes producida en ese contexto en la
medida en que hubieran sido incluidas en los
requerimientos de juicio.

Sostuvo también la defensa de Andreozzi la


nulidad por falta de requerimiento de instrucción. En
tal sentido, no objetó la defensa la inexistencia de
dicho requerimiento sino que en éste no se menciona
expresamente a Andreozzi ni qué conductas específicas
se le deben imputar. Ahora bien, más allá de que este
planteo no fue articulado en el momento procesal
oportuno, a poco de que se lo analiza se advierte que
el objeto de éste es cuestionar, nuevamente, la
pretendida indeterminación del hecho atribuido. En ese
sentido, sostuvo la defensora que “…esta era la cabeza
de todo el problema” y que lo que no podía
determinar“…incluso después de haber escuchado el
alegato…, exactamente cuál era el objeto de
imputación”. Al respecto ya se ha dado suficiente
respuesta, por lo que no cabe sino remitirse a ello.

Buena parte de las consideraciones ya hechas


son también suficiente respuesta al similar planteo
efectuado por la defensa de Belloni. En ese sentido,

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adviértase que si bien durante la etapa de
investigación preliminar se modificó el objeto
procesal, lo que de ninguna manera le está prohibido
al investigador, Belloni tuvo siempre oportunidad de
manifestarse al respecto. Asimismo, en el
requerimiento de juicio la plataforma fáctica quedó
firmemente establecida con absoluta claridad,
excluyéndose de ella los tramos por los que se
consideró que no había elementos para arribar a un
juicio. En ese mismo sentido, Belloni realizó diversas
manifestaciones en el debate sobre diversos elementos
que incluían la atribución de responsabilidad tal
como: su ubicación en el lugar en el horario imputado,
las características de la munición disparada y la
relación de causalidad con las heridas de Sánchez y
Dorado. Por último, el propio defensor al momento de
alegar desarrolló una defensa pormenorizada de cada
uno de los elementos que Belloni refiriera y, además,
planteó en subsidio la condena por el delito que el
tribunal tuvo por acreditado (abuso de armas).

IV. Defensa técnica ineficaz:

Las defensas de Figueroa, López y Firpo


Castro añadieron a sus cuestionamientos la
circunstancia de que sus asistidos habían tenido una
“defensa técnica ineficaz” en las “…etapas iniciales
del sumario”, al ser representados por abogados de la
PFA. Al respecto volvieron a plantear los defensores
que “…quienes instalaron la idea de que fueron mis
asistidos autores del hecho, hayan sido los verdaderos
autores, sean estos materiales o intelectuales”, lo
que el tribunal tuvo por descartado en el momento de
la deliberación y que se explicará en el apartado
correspondiente. Sin embargo, agregó la defensa que
aquellos tuvieron un rol profesional meramente formal,
no solo porque no produjeron ninguna prueba, sino
porque ni siquiera ordenaron las defensas materiales
de sus asistidos. Ahora bien, inmediatamente después

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destacó el defensor que, gracias a la intervención de


la defensoría oficial lograron “…establecer que todas
las alegaciones respecto de los horarios eran ciertas
—- [y que los hechos] “…ocurrieron antes del paso del
convoy por 9 de Julio”. En consecuencia, la defensa se
agravia de que no pudo probar en la investigación
preliminar lo que, a su criterio, sí obtuvo en la
etapa de juicio con lo cual el interrogante por el
agravio sigue abierto y sin ser explicado.

En suma, la defensa acota los fundamentos de


la nulidad por defensa técnica ineficaz a una serie de
argumentos difusos, ambiguos y genéricos que no logró
conectar con la exigencia de un perjuicio que haya
trascendido el debate. Adviértase que ha señalado, por
ejemplo, que “…la falta de una actividad diligente de
estos letrados durante las primeras etapas de la
causa, resulta evidente”, agregando que “…debemos
mencionar la existencia de elementos de descargo en la
causa desde sus inicios que no fueron tomados en
cuenta y gran parte de esa responsabilidad, nosotros
entendemos que recae sobre los abogados defensores”, y
que “…los letrados encargados de López y Figueroa
recibían sus honorarios directamente de la Policía
Federal Argentina, que es la institución que como
decíamos hasta hace unos momentos estaba siendo
investigada”.

Concluye así en la presuposición de que la


pretendida ineficacia de la actividad defensista no se
debió a una estrategia procesal sino a la búsqueda de
“…salvaguardar los intereses de la Policía Federal…
circunstancia que evidencia un claro avasallamiento de
la garantía de inviolabilidad de defensa en juicio
[y…] un potencial conflicto de intereses”. Ello no se
deriva sin más de lo afirmado y probado, pero
-insistimos-, aun cuando así fuera, no explica la
relación que tuviera la actividad presuntamente
defectuosa del defensor particular con privaciones que

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el defendido hubiera tenido durante el juicio, máxime
cuando se han aprovechado de pruebas ofrecidas por
otras partes y cuando -en los términos del art. 388
CPPN- han peticionado y obtenido numerosas medidas de
prueba.

Nada más claro para descartar el agravio


pretendido que la propia cita de la jurisprudencia de
la CSJN que realiza la defensa. En efecto, la CSJN
sostuvo -dice la defensa- que “…corresponderá suplir
la eventual negligencia de la defensa técnica mediante
la designación de un nuevo letrado, de manera tal que
asegure el efectivo goce de ese derecho” lo que, por
propia voluntad de los imputados y en forma previa al
juicio, se verificó en este caso, a punto tal que la
defensa oficial de los imputados durante el debate fue
plena, detallada y muy atinada, por cierto.

V. Cosa juzgada y violación al ne bis in


ídem:

La defensa de Gaudiero también articuló una


aparente excepción de “cosa juzgada material y
formal”, según la denominara. De lo que se trató, en
definitiva, es de una defensa sobre la responsabilidad
de su asistido respecto de la cual se dará cuenta en
la parte pertinente de la sentencia. No obstante ello,
no pasa desapercibido que lo que reclama la defensa de
Gaudiero es una suerte de aplicación del principio de
igualdad con quienes debieron estar imputados en el
caso y hoy poseen una resolución de sobreseimiento.

En lo que hace a esta pretensión ya se dio


suficiente respuesta en el inicio de estos apartados
al explicar las razones por las que consideramos, al
igual que todas las partes, que la investigación fue
ineficaz y que con ello generó lagunas de impunidad.
Cierto es que ni Gaudiero ni ningún otro imputado
deben responder más allá de sus propias acciones, pero
también es evidente que considerar que Gaudiero tiene,

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como consecuencia de la ineficaz investigación


respecto de algunos, un derecho adquirido a obtener la
impunidad, es un absurdo.

En suma, sostuvo el defensor de Gaudiero que,


“…si los funcionarios policiales que estaban bajo la
supervisión directa de mi asistido en el terreno han
sido sobreseídos, quiere decir que su actuación fue
correcta porque en todo momento cumplieron las
instrucciones de Gaudiero, como mi defendido lo ha
sostenido en este juicio o, por el contrario, que su
conducta fue correcta porque desobedecieron las
imprudentes y negligentes instrucciones que habría
impartido Gaudiero, supuesto en el cual tales
supuestas órdenes constitutivas de una infracción del
deber de cuidado carecerían de toda relevancia penal
ya que jamás fueron ejecutadas por lo que no pudieron
incidir en el nexo causal”.

Esa afirmación, aun soslayando lo indicado es


relación a la ineficaz investigación con que se arribó
a juicio, es incorrecta. Adviértase, tal como lo
explicaremos con más detalle al analizar la imputación
a Gaudiero, que éste tenía deberes específicos que
incumplió aun prescindiendo de lo que habrían
realizado los oficiales jefes. Todo lo acontecido en
relación con las órdenes dadas desde la DGO, y a las
previsiones que el propio Gaudiero debió tomar
respecto de la adecuada y temporánea provisión de
parque antitumulto son un ejemplo palpable de ello.

Agregó luego consideraciones claramente


inviables sobre la garantía denominada ne bis in idem,
a punto que el propio defensor advirtió que “…entre
aquellos pronunciamientos y éste no habrían identidad
de las personas ya que en aquellos no se decidió
respecto de mi asistido”. Sin embargo, para justificar
el pedido echó mano de un muy antiguo pronunciamiento
judicial de la CSJN que se basaba en las previsiones

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del antiguo Código de Procedimientos, afirmando por
vía oblicua que aquí se habría dictado una resolución
que indicaría que no hubo delito, lo cual resulta
equivocado.

VI. Alegato de clausura de la parte


querellante (CELS) con peticiones en exceso de los
límites que le imponía su legitimación activa:

Se señaló por parte de algunas defensas que


el pedido de penas formulado por la parte querellante
(CELS) se había realizado con base en afectaciones de
derechos de personas que no representaban. En tal
sentido, destacaron algunas defensas que al momento de
justificar al monto de pena pedido mencionaron que el
daño de las conductas produjo 116 personas lesionadas
y 5 personas muertas. Asimismo, mencionó la defensa de
Andreozzi que la imputación por el delito de abuso
funcional no había sido incluida en el requerimiento
de la querella, sin perjuicio de que entendía esa
defensa que en todo caso estábamos frente a un
supuesto de concurso aparente de leyes y no a un
concurso ideal. Por ello la defensa solicitó la
nulidad del alegato de la parte querellante.

A los fines de analizar si dicha situación


debe ser analizada o si, por el contrario, su estudio
es abstracto, corresponde señalar en primer término de
qué manera el tribunal resolvió los planteos de
acusación. Es así que se advierte que el tribunal
decidió imponer a los imputados Mathov Santos,
Andreozzi y Gaudiero una condena por el delito de
homicidio culposo y lesiones culposas –en concurso
ideal- en relación a una cantidad de muertes y
lesiones algo más acotadas que las peticionadas por el
MPF. Asimismo, se observa que se decidió que los
incumplimientos funcionales constituían las formas
específicas que, en este caso, conformaba la violación
del deber de cuidado y, por ello, la relación

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concursal es sólo aparente. Por último, los montos


punitivos impuestos que no excedieron los pedidos por
el MPF. En consecuencia, y más allá de lo analizado
respecto de esa cuestión previa, la resolución sobre
el análisis propuesto por la defensa de Andreozzi
deviene abstracta.

No obstante ello, sí es pertinente señalar


que la eventual declaración de nulidad no habría de
ninguna manera afectado a la totalidad del alegato de
la acusadora sino que, en todo caso, habría implicado
una imposibilidad de condenar más allá de lo
peticionado por el MPF.

VII. Alegato de clausura de la parte


querellante (Pierini) en violación al principio de
congruencia:

Si bien la defensa de Bellante no planteó la


violación al principio de congruencia en relación al
alegato que efectuara la representante de la familia
Benedetto, es ineludible dedicar algún pasaje en este
momento de la sentencia para explicar por qué razón no
se analizará la imputación alternativa al del
encubrimiento que, bajo el título de homicidio
culposo, pretendió sólo la acusadora privada en
relación al nombrado Bellante.

Sobre la acusación inicial que en el


requerimiento de juicio le dirigiera la acusadora
privada a Bellante existió una incidencia al inicio
del debate que se resolvió, por mayoría, con el
rechazo de la nulidad propiciada por la defensa. Ahora
bien, más allá de todas los debates doctrinarios sobre
la admisibilidad o no de una acusación alternativa y
sobre cómo debe respetar el principio de congruencia
el acusador privado en relación a la calificación
legal de la conducta, no hay dudas de que lo que no se
puede modificar -y menos durante el curso del debate-

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es la plataforma fáctica imputada, salvo el
excepcional supuesto del art. 381 CPPN.

Pese a ello, la parte querellante modificó,


al momento de su alegato y sin ninguna clase de
ampliación de la imputación, la plataforma fáctica con
la que inició el debate. Basta observar para ello que
al inicio del juicio acusó a Bellante por las
conductas que -a su juicio- constituían el delito de
encubrimiento y el de homicidio doloso. Sin embargo,
al finalizar el debate, si bien mantuvo la acusación
de encubrimiento -como lo hizo el MPF- agregó la
acusación por homicidio culposo mediante un análisis
de todo lo realizado por Bellante desde el momento en
que decidió ingresar al banco HSBC, y considerándolo
como causa de la muerte de Benedetto. Esa situación
nunca fue intimada en tal sentido, por lo que no
podría ser evaluada en esta sentencia sin convalidar
esa violación al principio de congruencia. Es por ello
que debe realizarse dicha aclaración en este momento
para que se pueda comprender el motivo por el cual se
considerará en forma completa, y respecto de Bellante,
sólo la acusación del MPF, y parcialmente la de la
parte querellante en la medida que coincida con la de
la acusación pública.

VIII. Incorporación de prueba nueva en el


alegato por parte del MPF:

Otro tópico que presentó la defensa de


Figueroa, Lopez y Firpo Castro, al que adhirieron
otras defensas, fue la pretensión de la nulidad del
alegato del MPF respecto de los videos exhibidos en su
alegato de clausura. Al respecto postuló la defensa
que resultó indebida la devolución del informe privado
realizado por la Policía Metropolitana a pedido de
Figueroa, introducido hacia la finalización del
juicio, y que por su parte, se le permitió al fiscal
incluir videos que esa defensa calificó como novedosos

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en su alegato. Es así que, sostuvo esa parte, después


de extensas consideraciones sobre cuestiones puramente
probatorias sobre el horario del suceso atribuido, que
“…más allá de que no advertí ninguna verdad revelada
en el informe de la Dirección de Comunicaciones de la
Procuración General de la Nación, lo cierto es que si
ustedes advirtieron algo de interés se estaría
afectando aún más nuestro derecho de defensa”.

Al respecto cabe señalar que la devolución


del informe acompañado por Figueroa dispuesto por el
tribunal, se debió a que éste fue incluido en forma
extemporánea, pero teniendo en cuenta lo sostenido por
la defensa y, como ya se dijo numerosas veces, en los
términos del art. 388 CPPN, se ordenó una pericia por
un organismo oficial y sobre iguales puntos que los
planteados en ese informe. A diferencia de ello, lo
que efectuó el MPF en su alegato no consistió en un
examen pericial sino que, por el contrario, sólo
consistió en proyectar varios videos al mismo tiempo
y, para facilitar la comprensión del alegato, se
disminuyó la velocidad de reproducción o se
introdujeron señalamientos específicos en ellos.

Es decir, lo que realizó el representante del


MPF no ha sido nada que no hubiera podido hacer
cualquiera de las partes o el tribunal al analizar el
caso, pero sólo a partir de los elementos ya incluidos
al debate y sin mayores conocimientos técnicos. De
hecho, esa proyección no se diferenció en demasía de
lo que realizara la defensa de Bellante con sus
propios videos y respecto de lo que algunas otras
defensas hicieran referencia y se apoyaran en ello. En
suma, es correcto lo afirmado por la defensa en punto
a que “…en la etapa de alegatos no se puede producir
prueba sino valorarla”, pero no es adecuado considerar
que lo realizado por el MPF consistió en un peritaje.

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IX. Solicitud de pena inmotivada y excesiva
por parte del MPF:

La defensa solicitó la nulidad del pedido de


pena del MPF por considerarlo inmotivado y excesivo.
Más allá de las consideraciones que sobre la
determinación de la pena se harán en el apartado
pertinente e independientemente de la disconformidad
expresada por la defensa con las pautas o monto
requerido, no se advierte de ninguna manera una falta
de motivación en el alegato fiscal. Es evidente que el
representante del MPF valoró los indicadores
atenuantes o agravantes que consideró pertinentes al
caso y, de acuerdo a la escala penal aplicable,
concretó el pedido de pena. En suma no se advierte –y
la defensa tampoco lo planteó con el suficiente rigor-
de qué manera habría existido una violación al deber
de motivar los requerimientos en este punto
específico.

Planteos de prescripción de la acción penal:

Algunas defensas plantearon en sus alegatos


la prescripción de la acción penal en relación a sus
asistidos, en particular de quienes enfrentaban
acusaciones por delitos culposos o que no superaban
los seis años de prisión como pena máxima. Al
respecto, una de las partes acusadoras afirmó que, con
relación a los imputados Mathov, Santos, Andreozzi y
Gaudiero, correspondía, en su caso, declarar la
imprescriptibilidad de delitos que definió como
“graves violaciones a los Derechos Humanos”. Por su
parte, también algunas acusadoras hicieron mención de
las previsiones del art. 67.2 CP y explicaron de qué
manera esa normativa resultaba aplicable al caso.

Ahora bien, aún sin ahondar en aquella


pretensión subsidiaria de la parte querellante, cabe
señalar aquí que ciertas situaciones –algunas de las
cuales ya hemos dado cuenta- con más la disposición

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del art. 67.2 CP, permiten considerar que el derecho


interno argentino posee una regulación suficiente que
hace innecesario abordar aquel planteo.

El art. 67.2 establece que “la prescripción


también se suspende en los casos de delitos cometidos
en el ejercicio de la función pública, para todos los
que hubiesen participado, mientras cualquiera de ellos
se encuentre desempeñando un cargo público”.

En primer lugar es claro que la disposición


alude al delito en particular puesto que tiene por
finalidad evitar que la intervención de un funcionario
público involucrado en un resultado disvalioso no
pueda ser investigada adecuadamente por su
interferencia en el proceso. En tal sentido, en casos
de delitos distintos no rige esta disposición. Sin
embargo, no puede ser entendido el concepto de delito
con un criterio excesivamente restringido de forma tal
que deje sin sentido la disposición legal, y con ello
comprometa la responsabilidad internacional, tal como
se indicará seguidamente.

El concepto de delito debe ser considerado


con un criterio que incluya el o los resultados
disvaliosos analizados con independencia del grado de
participación que en ellos tuvieran cada uno de los
imputados. En tal sentido, sobre los mismos resultados
de lesiones y muertes son responsabilizados desde
distintas aristas, y con extensiones diversas
prácticamente todos los imputados incluidos en el
juicio, y otros que aún no tienen resuelta su
situación procesal.

En esa misma línea, tampoco es correcto


realizar la derivación que la defensa de Mathov
postuló para dicho artículo, en el sentido de que
excluye los delitos culposos ya que no existe
participación -en el sentido de complicidad en tales
sucesos-. Por su parte, no debe olvidarse que las

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imputaciones realizadas a título doloso a algunos
imputados se encuentran indisolublemente vinculadas
con las imputaciones de los mismos resultados pero
que, a título culposo, se les dirigen a algunos
imputados presentes en este juicio, como así también a
otros vinculados al proceso pero aún en la etapa de
investigación preliminar.

Por la referencia efectuada, y porque es


evidente que el artículo utiliza el concepto de
“participación” en el sentido de intervinientes, es
que la situación aquí en estudio se encuentra abarcada
por la suspensión referida. En este punto, es correcta
la apreciación de las acusadoras en sus réplicas. En
primer lugar, el código penal no utiliza la palabra
participación como sinónimo de complicidad, lo que sí
realiza la dogmática penal. Sin embargo, y más allá de
esa cuestión terminológica, no puede concebirse que la
disposición del art. 67.2 CP estuviera pensada sólo
para los funcionarios públicos en la medida en que su
aporte no fuera de la entidad de un coautor o
instigador, sino únicamente cuando tuviera menor
injerencia. La conclusión que se deriva de esa
interpretación es absolutamente irrazonable.

Ahora bien, la referencia a quienes pueden


ser considerados participantes en el delito requiere,
evidentemente, alguna clase de delimitación. Es
evidente en este caso que no es posible requerir, para
la definición de esa calidad, que exista una sentencia
firme que lo declare. De exigirse ello la disposición
legal no tendría ningún sentido ya que lo que se
pretende legalmente es extender el plazo de
prescripción hasta tanto los intervienes en el suceso
a juzgar hubieran finalizado su desempeño en la
función pública. Va de suyo que los funcionarios
públicos respecto de quienes no se ha podido obtener
un pronunciamiento firme, están incluidos en la
disposición y obstruyen el inicio del plazo de

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prescripción para todos los intervinientes,


específicamente porque se concibe que algunos de ellos
puede aprovechar su función y sus relaciones sociales
basadas para evitar para sí o para terceros la
aplicación de la ley penal.

Sin embargo, es necesario delimitar de alguna


manera quienes serían esos "participantes" a los que
alude la ley, máxime cuando la situación debe
analizarla el tribunal de juicio y no quien dirige o
controla la investigación. En este caso, en un primer
momento, podría parecer razonable acotar el término
participantes a quienes hayan sido convocados a
declarar como imputados y que no hubieren obtenido
pronunciamiento de sobreseimiento o absolución firme.

En tal sentido, vale señalar que algunos


partícipes aún siguen siendo funcionarios públicos y
otros cesaron en su actividad hace menos de cinco
años, por lo que la acción penal respecto de los
delitos imputados a Mathov, Santos, Andreozzi y
Gaudiero, no se halla prescrita. En efecto, más allá
de las referencias efectuadas por las acusadoras al
replicar sobre la condición de funcionarios públicos
en actividad o con menos de cinco años de cese en ella
de Lizarraga –imputado por la muerte de Gustavo
Benedetto-, de Morales -imputado por las muertes de
Riva, Lamagna y Almirón- o de Ariel Firpo Castro
-imputado y condenado por la muerte de Alberto Márquez
y las heridas ocasionadas a Martín Galli-, lo referido
en relación a los oficiales jefes y, en particular a
Weber, nos exime de mayores análisis. Ello es así por
cuanto, al día de hoy Weber no tiene resuelta su
situación procesal, manteniendo la declaración de
falta de mérito aún luego de que el segundo de los
jueces que intervino en la investigación decidiera
poner fin a esa situación de incertidumbre respecto de
una gran cantidad de imputados que se hallaban en esas
condiciones.

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Al respecto no resulta menor que no sólo
logró evitar la concreción de la indicación de la
Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal durante toda la etapa de investigación, sino
que vale señalar que Weber –quien ingresó a la PFA el
3 de marzo de 1976- logró sucesivos ascensos, incluso
durante este proceso, llegando hasta el grado policial
de comisario, y a su respecto se resolvió el retiro
obligatorio a partir del día 1° de septiembre de 2011.
En tal sentido, cabe además consignar que –a
diferencia de otros casos- en relación a Weber se
dispuso su retiro no por la imputación aquí referida
sino por lo indicado en el art. 92.c.2 de la ley
21.965, es decir por la causal de “postergación”,
debido a que “…habiendo sido considerados para el
ascenso ordinario durante dos (2) años consecutivos no
hubiesen ascendido haciéndolo en cambio uno más
moderno”. Ello implica que la disposición, tal como lo
indica la propia PFA en el informe consignado,
conlleva el mantenimiento de todos los derechos del
haber de retiro en los términos del capítulo IV de la
referida ley (fs. 2336 del legajo de juicio).

En suma, es por ello correcto considerar que


la prescripción estuvo suspendida, aun si consideramos
sólo este caso, al menos hasta ese día del mes de
septiembre de 2011. En suma, una simple cuenta
matemática hace sencillo concluir que en la fecha del
dictado de esta sentencia la acción penal respecto de
los nombrados no se encuentra prescripta.

Si bien es cierto que, a diferencia de lo


afirmado por una de las partes acusadoras, no todo
funcionario público es relevante a los efectos de
suspender el curso de la prescripción, tampoco asiste
razón a algunas de las defensas cuando, en un extremo
opuesto, sostuvieron que es necesario acreditar de qué
modo específico el funcionario público en cuestión
entorpeció el curso de la investigación.

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En relación a lo primero, por ejemplo, el


MPF, con cita de una decisión de la Sala I de la
Cámara Federal de Casación Penal (registro 21.824,
resuelta el 30 de agosto de 2013), afirmó que “…
resulta suficiente que un imputado ejerza una función
pública, careciendo de relevancia si en razón de su
cargo el agente se encuentra en condiciones
funcionales de obstaculizar el avance de la
investigación”. Dicho criterio, por partir de una
lectura superficial del alcance y finalidad del art.
67. 2 CP, no es el que debe regir para el análisis del
presente caso.

En efecto, coincidimos cuando sobre el tema


se ha señalado que “…no alcanza con el mero carácter
de funcionario público para que se suspenda el curso
de la prescripción de la acción penal, sino que debe
tratarse de funcionarios cuya jerarquía o vecindad con
la función permita sospechar que pueden emplear su
autoridad o influencia con el fin de perjudicar el
ejercicio de la acción (ministro, secretario,
subsecretario, juez), o de sus cómplices o personas de
estricta confianza”(Zaffaroni, Raul – Alagia,
Alejandro – Slokar, Alejandro; “Derecho Penal. Parte
General”; Bs. As., 2003, p 904)”; posición que también
ha sido tomada por distintas decisiones, al afirmar
que “…de otra parte, de suspenderse el curso de la
prescripción de la acción penal por el mero hecho de
que esté involucrado un simple empleado público (en el
caso funcionarios policiales, equiparados a
funcionarios públicos en virtud de lo previsto por el
artículo 77 del Código Penal) se podría llegar al
absurdo de extender los plazos de prescripción de los
tipos penales perpetuando la acción penal hasta
eventualmente tornarla imprescriptible, lo que atenta
contra las garantías constitucionales que asisten a
todo imputado; cuando en realidad lo que la norma
busca es que se suspendan los términos de la

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prescripción de la acción penal mientras el
funcionario pueda utilizar su influencia con el fin de
perjudicar el ejercicio de la acción penal” (CFCP,
Sala I, causa Nº 6986, “López, Hugo Daniel y Cabrera,
Daniel Agustín”, resolución del 06 de septiembre de
2006).

En el mismo sentido, la Sala II de la Cámara


Federal de Casación Penal resolvió que “…la ratio
legis de la ley 25188 que reformó el art. 67 del
Código sustantivo y suspende el curso de la
prescripción de la acción penal para todos los
partícipes mientras cualquiera de ellos se encuentre
desempeñando un cargo público, no es preservar la
incolumidad del servicio público, el buen desempeño
del funcionario o empleado, sino aventar toda
posibilidad de que, permaneciendo en el cargo uno de
los implicados pueda usar su influencia para impedir o
entorpecer la investigación contra él o cualquiera de
sus compinches. Comparto la opinión de Eugenio Raúl
Zaffaroni expuesta en “Derecho Penal Parte General”
(Buenos Aires, 2002, pág. 904), al sostener que “la
disposición tiene el propósito de evitar que corra el
término mientras la influencia política del sujeto
pueda perturbar el ejercicio de la acción. Por ende.,
por cargo público no debe entenderse cualquier empleo
estatal, sino al funcionario cuya jerarquía o vecindad
con ésta permita sospechar que puede emplear su
autoridad o influencia con el fin de perjudicar el
ejercicio de la acción penal (ministro, secretario,
subsecretario, juez), o de sus cómplices o personas de
estricta confianza” (causa nº 9166 Sala II
“Berazategui” resuelta el 12 de agosto de 2008).

Lo anterior, tal como se adelantó, si bien


obliga a descartar una interpretación demasiado amplia
del instituto, no implica llevar la interpretación a
un extremo tan estricto que, para tornarlo operativo,
exija que se acredite que el imputado efectivamente

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obstaculizó la investigación. Una de las defensas, en


ese sentido, señaló que “…la finalidad normativa para
que opere la suspensión de la prescripción en este
caso, no se cumple porque ningún funcionario público
que siguió en actividad obstruyó el avance de esta
causa. De hecho, estamos a semanas de que se dicte
sentencia y muestra que esta causa y el juicio oral
después de dos años avanzó y prosperó desde el inicio
hasta su culminación”.

Sin embargo, no es razonable exigir que el


acusador demuestre el efectivo poder de obstaculizar
la investigación desde el ejercicio de la función
pública, ya que la suspensión de la prescripción busca
poder enjuiciar a esos funcionarios después del cese
de su función, previendo la dificultad generada por
ellos mismos en algunos casos. Entonces, resultaría
irrazonable y contraproducente a la finalidad de este
instituto exigir, por ejemplo, que previamente a poder
suspender el curso de la prescripción se acredite
mediante una sentencia firme que un funcionario
efectivamente entorpeció la investigación. Valga para
considerar la postura del tribunal la simple mención
de Weber como muestra de cuan anejo que se encontró
éste con los injustos aquí imputados a Mathov, Santos,
Andreozzi y Gaudiero.

En cuando al planteo de inconstitucionalidad


del art. 67.2 CP, vale señalar que la sola referencia
al principio de igualdad no basta para evitar la
aplicación diferenciada de la ley a quienes están en
posiciones distintas. Si se tiene en cuenta que la
declaración de inconstitucionalidad, tal como sostiene
la CSJN, debe realizarse “únicamente cuando la
repugnancia de la norma con la cláusula constitucional
sea manifiesta, clara e indudable” (Fallos 242:2534,
256:386, 300:1087, entre muchos otros), el hecho de
que las defensas no hayan realizado una argumentación

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mínimamente sólida para fundar ese pedido ya
permitiría descartarlo.

No obstante ello, también debe recordarse


que, cuando se trata de funcionarios públicos, se ha
destacado en reiteradas ocasiones que su posición, en
el marco de una sociedad democrática, los coloca en un
lugar distinto al de los particulares, obligándolos a
soportar diversas cuestiones que han sido consideradas
razonables. En este caso, resulta aplicable el
razonamiento empleado por la Corte IDH al recordar que
los funcionarios públicos se encuentran sujetos a
fuertes críticas por los particulares sin que ello
deba ser interpretado como una afectación a su honor,
destacando que “el acento de este umbral diferente de
protección no se asienta en la calidad del sujeto,
sino en el carácter de interés público que conllevan
las actividades o actuaciones de una persona
determinada. Aquellas personas que influyen en
cuestiones de interés público se han expuesto
voluntariamente a un escrutinio público más exigente
y, consecuentemente, se ven expuestos a un mayor
riesgo de sufrir críticas, ya que sus actividades
salen del dominio de la esfera privada para insertarse
en la esfera del debate público” (Corte IDH, “Kimel c.
Argentina”, sentencia de 2 de mayo de 2008, párr. 86).

En el mismo sentido, debe destacarse el


tratamiento que nuestra legislación realiza respecto
del instituto de la suspensión del juicio a prueba,
respecto del cual, comparándolo con el art. 67.2 CP,
se ha dicho que “…Este tratamiento diferenciado del
régimen de la prescripción se justifica, entre otras
razones, por la particular situación en la que se
encuentra el funcionario mientras se encuentra
desempeñando su cargo. Esa particular situación, en
este sentido, contribuye a impedir u obstaculizar la
detección o la persecución del ilícito (…) Como regla,
es la posición de poder del funcionario público la que

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facilita la impunidad. Esta particular situación de


los funcionarios públicos frente al poder penal, por
otra parte, los distingue de las demás personas y
justifica la validez del tratamiento diferenciado, sin
representar una vulneración de la exigencia
constitucional de la igualdad ante la ley” (Bovino,
Alberto; Lopardo, Mauro y Rovatti, Pablo; “Suspensión
del procedimiento a prueba. Teoría y práctica”, Ed.
Del Puerto, 2013, Bs. As., pp. 162/164).

En suma, una función pública exige que los


ciudadanos que la asumen adviertan y acepten que
tendrán mayores limitaciones y controles debido a los
actos que realicen vinculados a ella. No es otra la
explicación de las exigencias dispuestas por la ley de
ética pública, o muchas otras disposiciones en ese
sentido.

En este caso, la comisión de un delito,


máxime de las connotaciones y de las dimensiones en lo
que hace a la extensión del daño y de las conductas
involucradas que aquí se analiza, hace que la
disposición cuestionada sea razonable para evitar que
la selectividad propia del sistema penal extreme sus
efectos.

A partir de lo dicho, se deriva que distinta


es la situación de los imputados Toma y Loforte,
quienes se hallan imputados por dos hechos autónomos
entre sí, pero también independientes de los
resultados disvaliosos adjudicados a título doloso o
culposo a los demás imputados. En esos casos el curso
de la prescripción debió considerarse desde que
finalizaran su relación con la PFA, en particular
desde que fueran puestos en disponibilidad con expresa
mención en sus legajos del art. 48.g de la ley 21.965
el día 31 de enero de 2011, mediante resolución n°
212.

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Manifestó el representante del MPF que la
suspensión de la prescripción de la acción penal tiene
como finalidad evitar la obstaculización o el
impedimento de la acción penal, atendiendo a la
influencia del funcionario público imputado. Si bien
coincidimos con el fiscal en cuanto a lo sostenido en
lo que hace a la finalidad del art. 67.2 CP, no
podemos compartir la interpretación de que sólo la
baja de la agencia policial permitiría dar inicio al
plazo de prescripción. Es evidente que la pretensión
normativa está relacionada, según los parámetros
establecidos en el art. 77 CP, con el ejercicio de la
función pública, lo que no es posible asimilarlo a la
situación de retiro e, incluso en algunos casos, a la
situación de disponibilidad.

Es por lo dicho que esta especial situación


hace que no sea posible aplicar a su respecto la
disposición del art. 67.2 CP, y que la relación con la
PFA que mantuvieron luego no autorice a la aplicación
de la disposición mencionada. Obsérvese que fueron
apartados de sus funciones públicas con notificación a
las dependencias donde trabajaban, retiro de
credencial respectiva, e invocación de la previsión
referida aun cuando no había recaído sobre ellos una
condena, sino un auto de procesamiento confirmado por
la cámara del fuero.

En tal sentido, habiendo transcurrido el


máximo de la escala penal aplicable al delito
imputado, y sin que mediaran causales de interrupción
de la prescripción desde que la causal de suspensión
dejó de operar, corresponde hacer lugar al pedido y,
en consecuencia, disponer el sobreseimiento sólo en
relación a Jorge Daniel Toma y a Carlos Alberto
Loforte (arts. 59.3, 62.2, 62.5 y 144bis.2 CP y 334,
336.1 y 361 CPPN), y rechazarlo en los demás casos.

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Planteos de insubsistencia de la acción


penal por violación al derecho a ser juzgado en un
plazo razonable.

Por último, e íntimamente relacionada a la


interpretación correcta de la disposición sobre
suspensión de la prescripción de la acción penal ya
desarrollada, se hallan las cuestiones vinculadas al
derecho a ser juzgado en un plazo razonable y, como
correlato, el deber del Estado de garantizar una
investigación eficaz como garantía de no repetición.

Se señaló ya que todas las partes, en sus


alegatos, formularon serios cuestionamientos a la
investigación del caso incluyendo el plazo que demandó
hasta el inicio del debate. Ahora bien, las defensas
pretendieron a partir de ello, que se declarara la
insubsistencia de la acción penal y se sobreseyera a
sus asistidos. En contraposición a ello, las
acusadoras postularon que la dilación también fue
soportada por las víctimas, en particular las
querellantes, y que ese perjuicio no podía duplicarse
ahora en la impunidad de los graves sucesos juzgados.

Sobre la garantía a ser juzgado en un plazo


razonable contenida en el art. 8.1 de la CADH se ha
dicho ya que todo imputado tiene derecho a que se
resuelva su situación poniendo fin a la incertidumbre
que genera una imputación penal. Sin embargo, también
se ha señalado -en particular por la inclusión de esa
garantía en el art. 8.1 de la CADH, y no en el art.
8.2- que también es exigible por toda persona que
pretenda para la determinación de sus derechos de
cualquier carácter. Esta situación hace que la
habitual referencia de tensiones entre el imputado y
el aparato Estatal no sea tan claramente aplicable
cuando, como en el caso, lo que se juzga son graves
hechos llevados a cabo por agentes del aparato estatal
y quienes reclaman son las víctimas.

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La forma de considerar estos planteos no
puede, entonces, desentenderse de las directrices
dadas por la Corte IDH -en particular cuando la propia
CSJN ha señalado que su jurisprudencia es una guía
hermenéutica de extrema relevancia-. En consecuencia,
inicialmente debe indicarse que la propia Corte IDH
consideró el derecho a una investigación eficaz en un
plazo razonable, tanto para invalidar condenas
dictadas muchos años después del suceso juzgado, como
para invalidar resoluciones de prescripción, amnistía
u otras formas de finalización del proceso sin
análisis del fondo de la imputación.

En tal sentido, corresponde decir que si bien


en casos como este el derecho invocado no es un
concepto de sencilla definición, se pueden utilizar
para precisarlo los elementos indicados por el TEDH y
adoptados luego por la Corte IDH. De acuerdo con ello
el TEDH ha señalado que se deben tomar en cuenta tres
elementos para determinar la razonabilidad del plazo
en el cual se desarrolla el proceso: a) la complejidad
del asunto; b) la actividad procesal del interesado; y
c) la conducta de las autoridades judiciales (entre
muchos otros, Corte IDH Caso “Genie Lacayo c.
Nicaragua”, sentencia de 29 de enero de 1997, párr.
77, citando TEDH, caso “Ruiz Mateos c. España”,
sentencia del 23 de junio de 1993).

En el caso de estudio, se debe señalar que si


bien es correcto lo señalado por las defensas en punto
a que -en algunos casos- la prueba había sido
recolectada tempranamente en la investigación y no han
habido nuevos elementos de juicio, ello no permite
acotar el análisis de esa forma. Por el contrario, el
caso ha sido complejo si se lo considera en forma no
parcializada y valorando el objeto de controversia,
pues en ella se ha incluido a altos funcionarios del
Estado por la comisión de delitos contra la vida y la
integridad física de múltiples ciudadanos.

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En efecto, la Corte IDH sostuvo respecto de


la complejidad del caso que debía tenerse en cuenta la
complejidad de la prueba, la pluralidad de sujetos
procesales o la cantidad de víctimas, y el contexto en
el que ocurrió la violación, entre otras cuestiones;
agregando, en la misma línea que el TEDH, que la
complejidad debe determinarse por la naturaleza de las
acusaciones, el número de acusados y la situación
política y social reinante en el lugar y tiempo de la
ocurrencia de los hechos (Corte IDH, “Luna Lopez c.
Honduras”, sentencia de 10 de octubre de 2013, párr.
190, citando TEDH, Caso “Milasi c. Italia”, sentencia
de 25 de junio de 1987, párr. 16).

Estas cuestiones que dan cuenta de que no


estamos ante un caso sencillo, no llevan por
definición a sostener que la investigación no ha sido
eficaz y diligente, pero no pueden ser desatendidas
como aspecto nodal a ser considerado en conjunto para
resolver el planteo.

Por otra parte, se ha señalado que otro


parámetro a valorar es la actividad procesal del
interesado. En relación con el segundo elemento, y aún
si en este caso la investigación es un deber del
Estado, la Corte IDH ha considerado especialmente los
casos donde ha podido comprobar que los familiares de
las víctimas han sido quienes asumieron una posición
activa a través de denuncias y de puesta en
conocimiento de las autoridades la información de la
cual disponían. Asimismo, en esos casos como en este,
han sido las víctimas y sus familiares quienes en
varias ocasiones denunciaron ante diversas autoridades
la falta de actividad procesal, y solicitaron el
impulso de las investigaciones (Corte IDH caso
“Uzcátegui y otros c. Venezuela”, sentencia del 3 de
septiembre de 2012, párr. 226).

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También es pertinente considerar la conducta
de las autoridades judiciales, y sobre ello ya nos
hemos expedido largamente. Sin embargo, insistimos,
esa cuestión no puede desembocar sin más en la
impunidad de los responsables. Al respecto sostuvo ya
la Corte IDH, precisamente en un caso contra
Argentina, que el Estado debe “…asegurar en tiempo
razonable, el derecho de la víctima o sus familiares a
saber la verdad de lo sucedido y que se sancione a los
eventuales responsables”, y que “…el derecho a la
tutela judicial efectiva exige entonces a los jueces
que dirijan el proceso de modo de evitar que
dilaciones y entorpecimientos indebidos, conduzcan a
la impunidad, frustrando así la debida protección
judicial de los derechos humanos. (Caso “Bulacio c.
Argentina”, sentencia de 18 de Septiembre de 2003,
párr. 114/5).

En este sentido, ese tribunal recordó que la


impunidad fomenta la repetición de las violaciones de
derechos humanos, por lo cual el Estado debe organizar
todo su aparato para llevar a cabo una investigación
completa, imparcial y efectiva, y en virtud del tiempo
desde que ocurrieron los hechos, esta obligación
deberá ser llevada a cabo dentro de un plazo razonable
(“Caso de las Masacres de Ituango c. Colombia”,
sentencia de 1 de julio de 2006, párr. 319).

En suma, en este caso, ya no es novedoso para


nadie afirmar que la investigación no cumplió con los
parámetros básicos e imprescindibles para no ser
cuestionada desde los baremos de la instancia
internacional citada. En esa dirección, cierto es que
la ineficiencia del Estado no puede serle cargada al
imputado. Sin embargo, no es menor destacar que en
este caso, todos los imputados resultaban agentes del
propio Estado a la época de los sucesos y que las
graves imputaciones de atentados contra la vida y la
integridad física, en el marco de una protesta social

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y habiéndose decretado el estado de sitio, les son


dirigidas como miembros de ese Estado -más
precisamente como agentes de una fuerza de seguridad
o, en su caso, como agente político con especial
relación de control de dicha área estatal-.

Además, es ineludible señalar que algunos de


los familiares de las víctimas y, en otros casos ellas
mismas, se han constituido como parte querellante en
el proceso con un rol activo en él. Este rol implicó
en muchas oportunidades insistir en la necesidad del
avance de la investigación interponiendo incluso, en
más de una vez, pedidos de "pronto despacho" (cfr. los
pedidos de fs. 5627 y 9561, y la queja por retardo de
justicia de fs. 9596, resuelta favorablemente por la
sala II de la CFCP a fs. 9624). En ese sentido,
recuérdese que no han sido pocas las veces que la
Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal debió llamar la atención a la jueza de
instrucción sobre la dinámica que le imprimió a la
investigación (cfr. resolución de fs. 7800/7820 del 7
de julio de 2005).

Esta inoperancia de alguna agencia estatal,


así como no puede serle oponible completamente a los
imputados, tampoco le es oponible a las víctimas en el
marco de las obligaciones asumidas por el Estado en
los instrumentos internacionales, máxime, insistimos,
cuando los propios acusados representaban a ese mismo
Estado en los sucesos atribuidos y cuando algunas de
esas dilaciones han sido provocadas por aquellos.
Sobre este último aspecto cabe señalarse que no hay
dudas de que la interposición de recursos de revisión
deben, en general, ser considerados herramientas
propias del derecho de defensa. Sin embargo, cuando
esas medidas -u otras similares- no poseen ningún
basamento formal para su viabilidad, deben ser
analizadas desde la perspectiva de pretender, tan
solo, la dilación del proceso.

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Al respecto, es claro que las partes pueden
recurrir ante la Cámara de Apelaciones las
resoluciones del juez de instrucción cuando ordena el
procesamiento. Sin embargo, pretender llevar la
cuestión a otras instancias cuando la decisión no pone
fin a la acción es ajeno a las vías procesales aptas
para el cuestionamiento. En el mismo sentido, plantear
al inicio de un debate una incidencia pretendiendo la
prescripción de la acción penal por resultados
parciales integrantes de una única conducta resulta,
al menos, extraño para la totalidad de la doctrina
hegemónica. En similares términos, interponer
sucesivas recusaciones durante la investigación
preliminar y en el debate y, sobre ello, pretender
abrir la vía recursiva en la instancia casatoria o del
recurso extraordinario federal, tampoco es una
herramienta admisible.

A mero título ejemplificativo, basta con


señalar que durante el transcurso del proceso la
defensa de Mathov interpuso al menos tres recursos de
casación (cfr. fs. 6729, 8664 y 9076), cuatro recursos
extraordinarios (cfr. fs. 6761, 7106, 8784 y 9169) y
dos quejas (cfr. fs. 7059 y 8690), los que motivaron,
al menos, cuatro intervenciones de la Cámara Nacional
de Casación Penal declarándolos inadmisibles (cfr. fs.
8777, 8851, 9141 y 9229). Si bien, como se señaló, la
interposición de recursos forma parte del derecho de
defensa de todos los imputados, no puede dejar de
tenerse en cuenta dicha circunstancia como dato
objetivo al momento de evaluar la razonabilidad del
plazo de duración del proceso (en similares términos,
Corte IDH, “Wong Ho Wing c. Perú”, sentencia del 30 de
junio de 2015, párr. 211).

Estas formas del litigio indirecto han sido


desarrolladas muchas veces por las defensas, en
particular por las de aquellos que mayor
responsabilidad tuvieron en términos funcionales en la

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jornada del 20 de diciembre de 2001. Admitir que las


vías recursivas son ilimitadas, para cualquier clase
de decisión judicial y en cualquier momento del
proceso, no lleva sino a reforzar la habitual
selectividad del sistema penal donde los condenados
con sentencias firmes son quienes suelen transitarlo
completamente en prisión preventiva y son imputados
por delitos menores (en términos asimilables cfr.
Corte IDH, caso “Bulacio c. Argentina, sentencia de 18
de septiembre de 2013, párrs. 113/115, y caso “Myrna
Mack Chang c. Guatemala”, sentencia de 25 de noviembre
de 2003, párrs. 208/211, entre muchos otros).

En esta línea, no es menor la cita realizada


por una de las partes querellantes respecto del caso
“Carpio Nicolle”. En él la Corte IDH -con cita de
́
varios de sus precedentes- sostuvo que “…despues de
́ de once anos,
mas ̃ ́ impera la impunidad de los
todavia
autores materiales e intelectuales responsables de
dichos hechos, lo que lesiona a las ́
victimas y
́ cronica
propicia la repeticion ́ de las violaciones de
los derechos humanos de que se trata”, añadiendo que
“…este Tribunal se ha referido en reiteradas ocasiones
́
al derecho que asiste a los familiares de las victimas
de conocer lo que sucedió y de saber quienes
́ fueron
los agentes del Estado responsables de los respectivos
hechos. Tal y como ha ̃
senalado la Corte, teniendo
presente las circunstancias agravantes del presente
́ de los hechos y la sancion
caso, la investigacion ́ de
las personas responsables,…es una ́
obligacion que
corresponde al Estado siempre que haya ocurrido una
́
violacion de los derechos humanos y esa ́
obligacion
debe ser cumplida seriamente y no como una mera
formalidad”.

Asimismo agregó que “…toda persona,


incluyendo a los familiares de ́
victimas de graves
violaciones de derechos humanos, tiene el derecho a la
verdad”, que “…este derecho a la verdad se ha venido

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desarrollado por el Derecho Internacional de los
Derechos Humanos…” y que “…al ser reconocido y
́ concreta constituye un medio
ejercido en una situacion
importante de ́
reparacion” (Caso “Carpio Nicolle y
otros c. Guatemala”, sentencia de 22 de noviembre de
2004, párr. 126/129). En el mismo sentido, es
pertinente recordar que la misma acusadora (CELS)
recordó diversos casos en los que la Argentina fue
condenada en el marco del procedimiento convencional,
entre ellos “Bulacio”, “Buenos Alves” y recientemente,
en el año 2013, en el caso “Gutiérrez”.

Con relación a los primeros, destacó el CELS


al analizar una situación similar ya planteada por las
defensas al inicio del debate, la nota editorial de la
Revista Nueva Doctrina Penal (NDP), nº 2007/B,
efectuada por Víctor Abramovich. Allí señaló
Abramovich, que situaciones como las analizadas en
esos casos de lenta e ineficiente investigación “…son
comunes en los casos de violencia policial y de otros
crímenes cometidos por agentes estatales en nuestro
país y en varios países de América y por ello han
merecido un tratamiento particular en el sistema
interamericano”. Agregó el jurista que la Corte IDH ha
obligado a los Estados a activar la persecución penal
en particular en los casos donde el deber de
investigar con debida diligencia se relaciona
directamente con el de evitar la impunidad de un
crimen de Estado como garantía de no repetición.

En esa línea el autor concluyó en ese


editorial que “…cuando el sistema penal convalida la
impunidad de la tortura en la cárcel, la ejecución
extrajudicial cometida por la fuerza pública, los
abusos de las detenciones arbitrarias, evade
precisamente rendir cuentas por la arbitrariedad con
que se ejerce el poder penal del Estado" y que “…la
impunidad de estos crímenes no es más que otro reflejo
de la desigualdad entre quienes ejercen la persecución

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penal pública y los imputados devenidos en víctimas


del ejercicio desbocado del poder punitivo".

En conclusión corresponde no hacer lugar a


los planteos de insubsistencia de la acción penal
interpuestos por las defensas. En suma, no es posible
finalizar este proceso por considerar la
insubsistencia de la acción penal sin vulnerar otros
derechos. Ello no quiere decir que la consecuencia
directa del rechazo de la excepción interpuesta por
prácticamente todas las defensas conducirá a condenas
para todos los imputados. Muy por el contrario,
respecto de algunos de ellos esta ineficaz
investigación implicará la imposibilidad de tener por
acreditada la imputación de los acusadores por
aplicación del principio de la duda. No son pocos los
casos en los que una adecuada investigación podría
haber permitido resolver la situación en el sentido de
una absolución lisa y llana, o el dictado de una
condena. Una investigación inicial ineficaz puede, en
algunos casos, ser corregida sin grave desmedro a la
posibilidad de arribar al conocimiento de la forma en
que se desarrolló un acontecimiento. Sin embargo, en
otras ocasiones, las impericias iniciales de la
investigación imposibilitan o dificultan notablemente
la reconstrucción del acontecimiento muchos años
después.

En el caso que nos ocupa, respecto de algunos


sucesos y en relación a los imputados traídos a
juicio, es ineludible resolver en favor o en contra de
la acusación y, como se sabe, la carga de la prueba la
tiene quien pretende la condena. Sobre ello,
volveremos en los casos individuales.

Adviértase que algunos de los


cuestionamientos de las defensas a las imputaciones
pudieron ser adecuadamente contestados por las
acusaciones a partir de elementos de prueba que -si

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bien no son los más eficaces- resultan suficientes. A
modo de ejemplo véase la recurrencia con la que las
defensas indicaron que Márquez había sido lesionado
con postas de goma en su pecho a partir de las manchas
de sangre que se ven en una fotografía simulando
heridas propias de una rosa de dispersión acotada que,
por lo demás, la autopsia ni siquiera vio. La
obtención de las prendas de vestir de Márquez hubiera
permitido descartar de plano esta defensa e, incluso,
profundizar algunas otras líneas de estudio. A pesar
de lo aseverado por las defensas, otras fotografías de
Márquez dan cuenta acabadamente que esas manchas son
sólo gotas de sangre que cayeron de su cabeza y no
provienen de heridas en su tórax que, tal como
señalaron los médicos, no existieron.

Sin embargo, otros cuestionamientos de las


defensas, gracias a medidas probatorias no realizadas
en tiempo oportuno, dejaron a la acusación sin
posibilidad de actuar en forma idónea, sea porque
debieron aceptar esas observaciones y no requerir
juicio en esos términos o respecto de ciertos
imputados; o sea porque no puede ahora, cumpliendo con
probar lo que alega, rebatir la duda planteada.

Por último, cabe señalar nuevamente que la


investigación ineficaz lo ha sido, centralmente, no
por distraer la atención para imputarles a inocentes
las acciones de otros responsables, sino por hacer
eludir a algunos de estos últimos de su
responsabilidad asignándosela sólo a la dirección de
la PFA y al Secretario de Seguridad Interior, por un
lado, y a los agentes policiales que realizaron los
sucesos de propia mano, por el otro. Insistimos, se
advierte una llamativa ausencia de los oficiales jefes
que estuvieron fiscalizando o controlando el operativo
en el terreno y que eran, por otra parte, quienes
mayor relación funcional habrían tenido con los
investigadores.

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Es por lo dicho que corresponde remitir copia


de la presente sentencia a la Fiscalía Nacional en lo
Criminal y Correccional Federal nº 5, que tiene a su
cargo la investigación de este caso, para que su nuevo
titular adopte las medidas pertinentes según
considerare a partir de lo que ha surgido de este
debate. Asimismo, también corresponde remitir copia de
esta sentencia al titular del Juzgado Nacional en lo
Criminal y Correccional Federal que aun interviene en
el control de las investigaciones preliminares
pendientes.

Causa N° 1527:

El Tribunal dijo:

LA MATERIALIDAD DE LOS HECHOS ACREDITADOS:

I. Introducción

Sin perjuicio de que en cada caso se


desarrollarán las oportunas argumentaciones que
sustentan la decisión del Tribunal, y para una mejor
claridad expositiva, corresponde en este momento
señalar que el inadecuado operativo desarrollado en
el ámbito de esta Capital Federal por la Policía
Federal Argentina, (en adelante P.F.A) a partir de la
mañana del 20 de diciembre del año 2001 se generó a
partir de las directivas dadas por el Secretario de
Seguridad Interior de la Nación, Dr. Enrique Mathov,
hacia Rubén Santos, a la sazón Jefe de la Policía
Federal Argentina (en adelante PFA). Esas
disposiciones consistentes en evitar la protesta
social y desalojar a las personas que se estaban
reuniendo en la Plaza de Mayo, fueron comunicadas al
superintendente de Seguridad Metropolitana de la PFA,
Raúl Andreozzi, y al Director General de Operaciones
(de aquí en más DGO), Norberto Edgardo Gaudiero. Las
órdenes referidas implicaron, como se verá, una
creación de riesgo no permitido respecto de bienes

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jurídicos como la vida, la libertad y la integridad
física de las personas.

Los funcionarios policiales materializaron


el operativo con nuevas violaciones de los deberes de
cuidado, en particular, en lo que hace a un uso
desproporcionado de la fuerza pública, sumando así más
riesgo de lesión de aquellos bienes jurídicos.

Por su parte, a lo largo de la jornada los


funcionarios en cuestión no cumplieron con los deberes
de control y supervisión que les eran exigibles y, por
ende, no desarrollaron ninguna actividad tendiente a
minimizar los riesgos que se concretaron en los
resultados lesivos consistentes en una diversa
cantidad de personas muertas y heridas.

A continuación se detallarán
cronológicamente los hechos que el tribunal tuvo por
acreditados, para luego evaluar el ámbito de
responsabilidad de cada uno de los imputados.

II. Las órdenes previas al operativo


policial del día 20 de diciembre de 2001.

En primer lugar no es menor destacar que se


había suscitado en el país numerosos acontecimientos
desde días previos al 20 de diciembre de 2001. En ese
marco la PFA había dispuesto para la Ciudad de Buenos
Aires diversas órdenes de servicio relacionadas con la
contención de manifestaciones, servicios
prevencionales, etc.

Así, primeramente, cabe hacer un racconto de


las órdenes de servicios que la PFA había dictado los
días previos al 20 de diciembre en cuestión. Pero
previo a ello, cabe aclarar que tales Órdenes de
Servicio, desde aquí (OS) eran dictadas por la
Dirección General de Operaciones (DGO) a cargo del
imputado Gaudiero, y emitidas en razón de las órdenes
de la superioridad. Dichas disposiciones contaban con

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aval previo de las instancias superiores a la DGO, es


decir, tanto de la Superintendencia de Seguridad
Metropolitana (SSM) a cargo de Andreozzi –de quien
dependía directamente Gaudiero- y de la propia
jefatura de policía, a cargo de Santos.

En el juicio pudo acreditarse que ya desde


el 14 de diciembre de 2001 se estaban produciendo
situaciones que debieron contemplarse al organizar,
implementar y modificar los operativos que se
realizaron el día 20. En efecto, de las órdenes
previas como así también de los sucesos que son de
dominio público, tanto la PFA como los funcionarios
políticos que tenían a su cargo el control de ella,
previeron la posibilidad de que se produjeran
manifestaciones, marchas u otras formas de protesta
social ante la grave crisis económica, política y
social que atravesaba el país.

En consecuencia, se había dispuesto ya desde


días anteriores al 20 de diciembre de 2001 un
despliegue de personal policial de las comisarías,
como así también de las distintas superintendencias
con que contaba la PFA (Asuntos Internos,
Investigaciones, Policía Científica, Asesoría
Institucional, Comunicaciones, Bomberos, etc.), cuyo
personal no se encontraba específicamente capacitado
para el control y contención de manifestaciones
populares.

Sentado ello corresponde analizar


cronológicamente las Órdenes de Servicio dictadas
desde el día 14 de diciembre de 2001. Se dictaron ese
día las órdenes permanentes (de aquí en adelante, OP)
142 y 143, firmadas por el imputado Norberto Edgardo
Gaudiero. La primera de ellas disponía que efectivos
de la Dirección General de Comisarías Sur y de la
Dirección de Terrorismo Internacional y Delitos
Complejos se afectarían al servicio en particular en

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