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guía para la ejecución

de sentencias en los
procesos constitucionales

primera Edición
ENERO 2011
3,270 ejemplares

© Jose Miguel Rojas Bernal


© Gaceta Jurídica S.A.

Prohibida su reproducción
total o parcial
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D.Leg. Nº 822

HECHO EL DEPÓSITO LEGAL EN LA


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San Alberto 201 - Surquillo
Lima 34 - Perú
Prólogo
Uno de los temas capitales de la justicia constitucional
de nuestros días es el relativo a la ejecución de las senten-
cias constitucionales. Ello obedece a dos razones muy pun-
tuales: la primera de ellas consiste en la preocupación que
existe a nivel de la doctrina y la jurisprudencia por brindar
una tutela efectiva de los derechos fundamentales a partir
del cumplimiento de las sentencias que garantizan su pro-
tección a través de mandatos concretos e imperativos; y la
segunda, aunque consustancial a la primera, radica en la
necesidad de ampliar los horizontes del Derecho Procesal
Constitucional, en tanto que ciencia al servicio de la Consti-
tución, con miras a diseñar los mecanismos procesales que
mejor permitan al justiciable conseguir la realización de sus
derechos.
Sucede, sin embargo, que el estudio de esta materia su-
pone un giro copernicano en la perspectiva del investigador
y, ciertamente, de los operadores jurídicos, acostumbrados
como están, estos últimos, al estudio de las sentencias en
tanto que piezas dotadas de una autoridad autosuficiente e
incuestionable que no necesita de actos posteriores para lo-
grar su cometido. Desde este punto de vista, no es arries-
gado afirmar que el puesto que antes ocupaba la ley, que
se juzgaba infalible y capaz de generar una transformación
directa e inmediata en sus destinatarios, ahora lo ocupa la
sentencia, en un tiempo en el cual suele aún sostenerse que
su sola emisión agota el contenido constitucionalmente pro-
tegido del derecho a la tutela judicial efectiva.
Conviene precisar que nada de ello sucede en la reali-
dad. En efecto, una vez situados en el ámbito de la praxis,
resulta bastante común encontrar que jueces y litigantes,
ambos por igual, se enfrentan diariamente a un tropel abiga-
rrado de obstáculos y desidias del lado de la parte vencida,

5
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

que conspira perversamente en contra de la efectividad de las decisiones ju-


diciales, en un intento de ganar en los hechos aquello que se perdió en el te-
rreno del derecho.
Naturalmente, el grave daño que esta conducta genera en la práctica no
puede medirse solo, ni principalmente, en el ámbito del privado círculo de in-
tereses del vencedor en juicio, que ve así frustradas sus legítimas expectati-
vas de justicia, sino que también debe tomarse en cuenta la credibilidad del
sistema de justicia como un todo, que se ve seriamente mermada cada vez
que sus sentencias son tergiversadas o simplemente desobedecidas.
Es por ello que, de un tiempo a esta parte, se ha venido insistiendo en la
necesidad de entender que las decisiones finales emanadas de una autori-
dad judicial, sean estas pertenecientes a la jurisdicción ordinaria o a la cons-
titucional, simbolizan, al mismo tiempo, una importante conquista sustantiva,
pero también el punto inaugural de una etapa igualmente trascendente, aun-
que no exenta de complicaciones, que requiere de la colaboración perma-
nente de las partes involucradas, así como del liderazgo del juez de ejecu-
ción en su rol de director del proceso. Lo que parece evidente, en cualquier
caso, es que el estudio de estas materias requiere complementar el esfuer-
zo dogmático, técnico y argumentativo orientado a justificar el reconocimien-
to de un derecho, con el análisis de los problemas concretos y tangibles que
impiden que una sentencia constitucional, que ya reconoce ese derecho, sea
efectivamente cumplida.
Vistas así las cosas, es posible afirmar que el derecho a la tutela judicial
efectiva, cuyo reconocimiento constitucional impone al Estado el deber de
adoptar las medidas conducentes a lograr su efectiva vigencia, conlleva que
solo pueda declararse culminado un proceso cuando la sentencia que le pone
fin haya sido cumplida íntegramente y en sus propios términos. Para ello, re-
sulta necesario que los mecanismos procesales previstos legalmente a tal fin,
sean realmente eficaces y permitan cubrir satisfactoriamente toda la amplia
gama de problemas que la ejecución de sentencias presenta en los hechos.
Solo entonces, como es obvio, el Derecho habrá cumplido a cabalidad su fun-
ción pacificadora de los conflictos y, en definitiva, ordenadora de la sociedad.
Sorprende, por todo ello, la aún escasa literatura que existe en nuestro
medio sobre el tema que venimos comentando. Esa es la razón, también, por
la cual debemos resaltar el importante valor que la presente guía práctica re-
porta para nuestra comunidad jurídica, en lo que viene a ser un primer apor-
te teórico-práctico sobre los desafíos que plantea el trabajo de llevar a la rea-
lidad aquello que en el fallo de las sentencias constitucionales aparece solo a
modo de un ideal realizable.
En ese contexto, la obra que aquí comentamos constituye un recorrido su-
cinto, pero a su vez esencial, en torno a los mecanismos que el Código Pro-
cesal Constitucional ha puesto a disposición de los justiciables (y en algunos

6
Gerardo Eto Cruz

casos, de los jueces de ejecución) con el fin de lograr el cumplimiento efec-


tivo de las sentencias recaídas en los procesos constitucionales, sean estos
de la libertad o de control abstracto. A nuestro juicio, las secciones en las que
se encuentra dividido cada capítulo de este trabajo permitirán al lector adqui-
rir una visión integral, y ciertamente crítica, acerca del estado de la cuestión
sobre cada uno de esos mecanismos y procedimientos, tanto desde un pun-
to de vista normativo, doctrinario como jurisprudencial.
En suma, nos complace sobremanera presentar esta guía práctica, elabo-
rada por Jose Miguel Rojas Bernal, joven asesor del Tribunal Constitucional.
El autor constituye hoy una promesa y con el tiempo será una realidad es-
tar ante un académico serio y responsable en el quehacer de la investigación
por los predios del Derecho Procesal Constitucional. En consecuencia, el li-
bro que tiene ahora en manos el acucioso lector, más que una guía, represen-
ta un trabajo que viene a consolidar el Estado Constitucional, cada vez más
comprometido con la tutela efectiva de los derechos fundamentales y la ga-
rantía de la supremacía normativa de la Constitución, así como con la profun-
dización de los estudios en materia procesal constitucional en nuestro medio.

Dr. Gerardo Eto Cruz


Magistrado del Tribunal Constitucional del Perú
Director General del Centro de Estudios Constitucionales
Lima, enero de 2011.

7
Nota introductoria
La presente guía tiene por objeto ofrecer a los operado-
res jurídicos, de modo rápido y sencillo, una visión panorá-
mica y actualizada acerca de uno de los temas gravitantes
en la justicia constitucional de nuestro país y que, a la par,
sirve de título a la presente obra: la ejecución de sentencias
en los procesos constitucionales.
En ese sentido, el lector encontrará aquí una reseña
pormenorizada y sistematizada sobre cada uno de los tópi-
cos en que hemos dividido nuestro trabajo, labor para la cual
se partirá de un triple enfoque metodológico: doctrinario, le-
gislativo y jurisprudencial. De este modo, se intentará propi-
ciar un acercamiento no solo teórico a los asuntos aquí plan-
teados, sino también, y principalmente, un enfoque práctico
que permita resolver los problemas que, a diario, todo abo-
gado encuentra en su quehacer profesional.
En ese orden de ideas, la primera sección de esta obra
estará destinada a brindar algunos conceptos previos en tor-
no a la noción de sentencia constitucional y su ejecución
en el marco de los procesos constitucionales, todo ello con
el fin de situar la real dimensión que el derecho a la eje-
cución de las resoluciones judiciales adquiere cuando la
decisión de fondo se encuentra referida a la protección de
derechos fundamentales. Más adelante, esta especial con-
notación de la sentencia constitucional y su modo de ejecu-
ción, nos servirá para entender la particularidad de los me-
canismos que han sido diseñados por el legislador en esta
materia.
Hechas estas precisiones, centraremos toda nuestra aten-
ción, en la segunda parte de este trabajo, en aquellos mecanis-
mos que ofrece el Código Procesal Constitucional para lograr
la ejecución de sentencias constitucionales, singularmente, las

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GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

medidas coercitivas, la actuación inmediata de la sentencia, las medidas


cautelares y la represión de actos homogéneos. Luego de ello, analizare-
mos aquellas otras figuras procesales que, estando en esa misma dirección,
obedecen no obstante a una creación jurisprudencial. Nos referimos, especí-
ficamente, al recurso de agravio constitucional, el amparo contra amparo
y al incidente de ejecución en los procesos de control normativo.
En adición a todo ello, hemos creído conveniente abordar dos asun-
tos de especial relevancia que, bien podríamos decir, atraviesan transversal-
mente a todos los mecanismos que venimos mencionando y que, precisa-
mente por ello, ameritan un tratamiento aparte. Se trata de las sentencias
que ordenan una prestación de dar, hacer o no hacer contra el Estado.
En relación con este asunto, nuestro enfoque será doble: por un lado, cuan-
do se trata de una sentencia emitida por un juez constitucional en el marco de
los procesos constitucionales; y por el otro, cuando dicha prestación viene or-
denada en una sentencia emitida por los órganos del sistema interamericano
de protección de derechos humanos.
Finalmente, y con el ánimo de brindar nuevas luces acerca de la eje-
cución de sentencias constitucionales en materia de derechos sociales, se
hará una mención especial a la implementación de las llamadas sentencias
dialógicas, recogiendo a tal efecto las lecciones aprendidas en las experien-
cias argentina y colombiana, así como en el sistema interamericano.
Efectuada esta presentación a modo de advertencia académica, de-
jamos al lector con el resultado de nuestro trabajo, esperando que este le sea
de gran utilidad, pero sobre todo, sirva de punto de partida para nuevas y más
profundas investigaciones sobre la materia.

El autor

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1
Cuestiones preliminares
1. La sentencia constitucional: definición, natu-
raleza jurídica y tipología
Como sucede con cualquier actividad orientada a pa-
cificar una determinada controversia jurídica, los procesos
constitucionales terminan con aquella etapa en la cual el
juez constitucional debe decidir el caso sometido a su co-
nocimiento, como corolario ineludible del juicio realizado
en su interior. Esa etapa final o culminante es la de la sen-
tencia constitucional.
En este sentido, denominamos “sentencia constitucio-
nal” a aquella decisión jurisdiccional cuya emisión pone
punto final a los procesos constitucionales, sean estos or-
gánicos o de tutela de derechos, y que plantea el reto de
dar eficacia a los derechos que en ella se encuentran re-
conocidos o a las interpretaciones formuladas, cuando
ello corresponda. De este modo, “sentencia constitucio-
nal” es tanto la emitida por los jueces ordinarios del Poder
Judicial, como la expedida por el propio Tribunal Constitu-
cional, a condición de que se derive de alguno de los pro-
cesos previstos en el Código Procesal Constitucional1.
Pero, cabe preguntarse: ¿cuál es la naturaleza jurí-
dica de las sentencias constitucionales? Al respecto, es
posible hacer una clasificación inicial distinguiendo entre
las sentencias recaídas en un proceso de tutela de de-
rechos (amparo, hábeas corpus, hábeas data y cumpli-
miento) y aquellas otras que emanan de algún proceso
de control abstracto (inconstitucionalidad, acción popu-
lar y competencial). Seguiremos, a tal efecto, la clásica

1 Así también lo ha entendido el Tribunal Constitucional, al afirmar que


“sentencias en materia constitucional” son aquellos “actos procesales
emanados de un órgano adscrito a la jurisdicción especializada, me-
diante las cuales se pone final a una litis cuya tipología se deriva de al-
guno de los procesos previstos en el Código Procesal Constitucional”
(STC Exp. Nº 0024-2003-AI/TC, sección “Consideraciones Previas”).

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GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

distinción acuñada por la doctrina procesalista entre sentencias declarativas,


constitutivas y de condena.
Las sentencias que, en el marco de los procesos de la libertad, ordenan
una prestación de dar, hacer o no hacer, son técnicamente sentencias de
condena, en la medida en que disponen compulsivamente la realización de
determinados actos cuya finalidad es reponer las cosas al estado anterior a la
vulneración o amenaza del derecho invocado2. El Tribunal Constitucional, sin
embargo, ha interpretado que también en estas decisiones es posible ubicar
una “ardua actividad de valoración interpretativa, de ponderaciones, en sínte-
sis de ‘creación’”3, por lo que resulta válido afirmar que aquellas son también
sentencias constitutivas (pues constituyen un derecho o una posición jurí-
dica con relación a un objeto o situación).
Por su parte, las sentencias recaídas en los procesos de control norma-
tivo o abstracto, se caracterizarían, fundamentalmente, por ser sentencias
declarativas4, en tanto constatan un vicio de inconstitucionalidad o ilegali-
dad en la norma impugnada que preexistía a la propia sentencia5. Sin embar-
go, y como veremos más adelante, existen fuertes razones para sostener que
también en esta clase de pronunciamientos del Tribunal Constitucional (o del
Poder Judicial) es posible encontrar algún contenido “de condena” suscepti-
ble de ser “ejecutado”.

2 En consonancia con ello, el Tribunal Constitucional ha descartado que las sentencias recaídas en
procesos de tutela de derechos sean meramente “declarativas”, al señalar que: “(...) cuando una
sentencia constitucional estimatoria define una determinada situación en cuanto al petitorio que se
reclama, no significa aquello, y salvo que excepcionalmente tal sentencia diga lo contrario, que sus
alcances puedan asumirse como meramente declarativos o nominales; si por el contrario, dicha
sentencia constitucional estimatoria pudiera ser considerada como tal, cuando simplemente se limi-
ta a enunciar afirmaciones sin efecto práctico alguno, ello querría significar que el propósito de las
acciones de garantía que se encuentra expresamente previsto en el artículo 1 de la Ley N° 23506
(‘El objeto de las acciones de garantía es reponer las cosas al estado anterior a la violación o ame-
naza de violación de un derecho constitucional’), carecería del más elemental de sus sentidos, cual
es precisamente, la restauración de la normalidad constitucional, allí donde aquella se ha trastoca-
do” (STC Exp. Nº 01102-2000-AA/TC, f. j. 6). En el mismo sentido, y en cuanto al proceso de am-
paro, el Tribunal ha afirmado que “[l]as sentencias de un proceso de amparo no son meramente de-
clarativas. Y ello porque si bien en ellas se constata la lesión de un derecho constitucional, como
correlato de ello la sentencia debe cumplir el objeto del proceso de amparo, consistente en la resti-
tución del derecho lesionado” (STC Exp. Nº 06356-2006-AA/TC, f. j. 12).
3 STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, f. j. 24.
4 En relación a las sentencias emitidas en los procesos de inconstitucionalidad, el Tribunal Consti-
tucional ha interpretado que estas pueden ser de dos tipos: a) sentencias de especie, las cuales
se constituyen por la aplicación simple de las normas constitucionales y demás preceptos del blo-
que de constitucionalidad a un caso particular y concreto; en este caso la labor del juez constitu-
cional es meramente “declarativa”, ya que se limita a aplicar la norma constitucional o los otros
preceptos directamente conectados con ella; y b) sentencias de principio, que son las que forman
la jurisprudencia propiamente dicha, porque interpretan el alcance y sentido de las normas cons-
titucionales, llenan las lagunas y forjan verdaderos precedentes vinculantes (STC Exp. Nº 0004-
2004-CC/TC, f. j. 2).
5 Técnicamente, y en atención a sus efectos, estas sentencias serían “declarativas” cuando posean
efectos retroactivos (esto es, en materia penal y tributaria) y “constitutivas” en todos los demás casos.

12
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

De otro lado, la sentencia constitucional tiene también una estructura,


que es menester poner de relieve a fin de determinar cuáles son los concre-
tos mandatos ejecutables y, en consecuencia, propiciar su cabal cumplimien-
to. A juicio del Tribunal Constitucional, esa estructura básica o esencial está
compuesta por los siguientes cinco elementos6:
“La razón declarativa-axiológica es aquella parte de la sentencia cons-
titucional que ofrece reflexiones referidas a los valores y principios políticos
contenidos en las normas declarativas y teleológicas insertas en la Constitu-
ción. En ese sentido, implica el conjunto de juicios de valor concomitantes a la
interpretación y aplicación de las normas técnicas y prescriptivas de la Cons-
titución, que permiten justificar una determinada opción escogitada por el Co-
legiado. Ello a efectos de consolidar la ideología, la doctrina y hasta el progra-
ma político establecido en el texto supra.
La razón suficiente expone una formulación general del principio o regla
jurídica que se constituye en la base de la decisión específica, precisa o pre-
cisable, que adopta el Tribunal Constitucional. En efecto, esta se constituye
en aquella consideración determinante que el Tribunal Constitucional ofrece
para decidir estimativa o desestimativamente una causa de naturaleza cons-
titucional; vale decir, es la regla o principio que el Colegiado establece y pre-
cisa como indispensable y, por ende, como justificante para resolver la litis.
Se trata, en consecuencia, del fundamento directo de la decisión; que, por
tal, eventualmente puede manifestar la basa, base o puntal de un precedente
vinculante. La razón suficiente (la regla o principio recogida como fundamen-
to) puede encontrarse expresamente formulada en la sentencia o puede ser
inferida por la vía del análisis de la decisión adoptada, las situaciones fácticas
y el contenido de las consideraciones argumentativas.
La razón subsidiaria o accidental es aquella parte de la sentencia que
ofrece reflexiones, acotaciones o apostillas jurídicas marginales o aleatorias
que, no siendo imprescindibles para fundamentar la decisión adoptada por
el Tribunal Constitucional, se justifican por razones pedagógicas u orientati-
vas, según sea el caso en donde se formulan. Dicha razón coadyuva in ge-
nere para proponer respuestas a los distintos aspectos problemáticos que
comprende la materia jurídica objeto de examen. Ergo expone una visión
más allá del caso específico; por ende, una óptica global acerca de las aris-
tas de dicha materia (…). La finalidad de estas sentencias es orientar la la-
bor de los operadores del derecho mediante la manifestación de criterios
que pueden ser utilizados en la interpretación jurisdiccional que estos rea-
licen en los procesos a su cargo; amén de contribuir a que los ciudadanos

6 STC Exp. Nº 0024-2003-AI/TC, sección “Consideraciones Previas”.

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GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

puedan conocer y ejercitar de la manera más óptima sus derechos (…). Asi-
mismo, el Tribunal Constitucional emplea la razón subsidiaria o accidental
en aquellas circunstancias en donde, a través del proceso de conocimien-
to de una determinada materia constitucional, establece un criterio pro per-
suasivo o admonitorio sobre posibles determinaciones futuras en relación
a dicha materia. Este pronunciamiento, a modo de dicta, permite a los ope-
radores jurisdiccionales y a los justiciables ‘predecir’ o ‘pronosticar’ la futu-
ra manera de resolver aquella cuestión hipotética conexa al caso en donde
aparece manifestada.
La invocación preceptiva es aquella parte de la sentencia en donde se
consignan las normas del bloque de constitucionalidad utilizadas e interpre-
tadas, para la estimación o desestimación de la petición planteada en un pro-
ceso constitucional.
La decisión o fallo constitucional es la parte final de la sentencia consti-
tucional que, de conformidad con los juicios establecidos a través de la razón
declarativa-axiológica, la razón suficiente, la invocación normativa y, even-
tualmente, hasta en la razón subsidiaria u occidental, precisa las consecuen-
cias jurídicas establecidas para el caso objeto de examen constitucional. En
puridad, la decisión o fallo constitucional se refiere simultáneamente al acto
de decidir y al contenido de la decisión”.

Razón declarativa-axiológica
(Reflexiones sobre los valores
y principios de la constitución)

Razón suficiente
(Consideración determinante para decidir el caso)

ESTRUCTURA
Razón subsidiria o accidental
DE LA SENTENCIA (Reflexiones marginales de corte
CONSTITUCIONAL pedagógico u orientador)

Invocación preceptiva
(Normas del bloque de constitucionalidad)

Decisión o fallo constitucional


(Consecuencia jurídica para el caso concreto)

Ahora bien, el punto medular de las sentencias constitucionales, cuan-


do menos en lo relativo a su ejecución, radica en su parte resolutiva (esto
es, la “decisión o fallo constitucional”), dado que allí se encuentra el concreto

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JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

mandato o mandatos que son ordenados por el juez constitucional, y cuya


aplicación práctica supone la reposición de las cosas al estado anterior a la
violación o amenaza del derecho conculcado o, en su caso, el restablecimien-
to de la supremacía normativa de la Constitución. Esas concretas órdenes
constitucionales, sin embargo, no están sujetas al libre arbitrio del juez, sino
que se encuentran reguladas expresamente en la ley de la materia. Veamos,
a continuación, cuáles son tales contenidos necesarios.
En primer lugar, el artículo 55 del CPConst. establece que la sentencia
de amparo que declara fundada la demanda contendrá alguno o algu-
nos de los pronunciamientos siguientes:
a) Identificación del derecho constitucional vulnerado o amenazado.
b) Declaración de nulidad de decisión, acto o resolución que hayan im-
pedido el pleno ejercicio de los derechos constitucionales protegi-
dos con determinación, en su caso, de la extensión de sus efectos.
c) Restitución o restablecimiento del agraviado en el pleno goce de
sus derechos constitucionales ordenando que las cosas vuelvan al
estado en que se encontraban antes de la violación.
d) Orden y definición precisa de la conducta a cumplir con el fin de ha-
cer efectiva la sentencia.
En todo caso, el juez establecerá los demás efectos de la sentencia
para el caso concreto.

Del mismo modo, el artículo 34 del CPConst. señala que la sentencia


de hábeas corpus que declara fundada la demanda dispondrá algu-
nas de las siguientes medidas:
a) La puesta en libertad de la persona privada arbitrariamente de este
derecho.
b) Que continúe la situación de privación de libertad de acuerdo con las
disposiciones legales aplicables al caso, pero si el Juez lo considera-
se necesario, ordenará cambiar las condiciones de la detención, sea
en el mismo establecimiento o en otro, o bajo la custodia de personas
distintas de las que hasta entonces la ejercían.
c) Que la persona privada de libertad sea puesta inmediatamente a dis-
posición del Juez competente, si la agresión se produjo por haber
transcurrido el plazo legalmente establecido para su detención.
d) Que cese el agravio producido, disponiendo las medidas necesa-
rias para evitar que el acto vuelva a repetirse.

Por su parte, el artículo 72 del CPConst. estipula que la sentencia


de cumplimiento que declara fundada la demanda debe pronunciarse
preferentemente respecto a:

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GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

a) La determinación de la obligación incumplida.


b) La orden y la descripción precisa de la conducta a cumplir.
c) El plazo perentorio para el cumplimiento de lo resuelto, que no po-
drá exceder de 10 días.
d) La orden a la autoridad o funcionario competente de iniciar la inves-
tigación del caso a efectos de determinar responsabilidades pena-
les o disciplinarias, cuando la conducta del demandado así lo exija.

El contenido de la sentencia constitucional estimatoria en los procesos


de inconstitucionalidad y acción popular se encuentra previsto en el ar-
tículo 81 del CPConst., al cual nos remitimos. Por último, tratándose de
la sentencia del proceso competencial, el artículo 113 del Código dis-
pone que dicho pronunciamiento:
a) Determina los poderes o entes estatales a que corresponden las
competencias o atribuciones controvertidas.
b) Anula las disposiciones, resoluciones o actos viciados de incompe-
tencia.
c) Resuelve, en su caso, lo que procediere sobre las situaciones jurí-
dicas producidas sobre la base de tales actos administrativos.
d) Cuando se hubiere promovido conflicto negativo de competencias o
atribuciones, la sentencia puede señalar un plazo dentro del cual el
poder del Estado o ente estatal de que se trate debe asumirlas.

Pero, aunado a todo ello, es importante advertir que la sentencia constitu-


cional adopta también una naturaleza jurídica distinta, dependiendo del tipo
del proceso constitucional bajo el cual ella sea emitida. Se puede, así, hablar
de una tipología de las sentencias constitucionales, lo que a su vez habrá de
repercutir indefectiblemente en su forma de ejecución y en los mecanismos
diseñados por el legislador a tal efecto7.
Así pues, y en atención a los criterios vertidos por los profesores García
Belaunde y Eto Cruz8, es posible diferenciar entre un enfoque formal y
otro material para clasificar a las sentencias constitucionales en nuestro

7 Como afirma el Tribunal Constitucional, “los mecanismos de ejecución de las sentencias constitu-
cionales varían, tratándose de los procesos de control abstracto, respecto de los mecanismos que
han de ser necesarios en los procesos de tutela de libertades. Así, mientras que en el control nor-
mativo abstracto el problema parece ubicarse en el ámbito de la eficacia (temporal, material o nor-
mativa) de las sentencias estimatorias o desestimatorias, en el caso de la tutela de los derechos, el
problema suele presentarse más bien en el plano de los concretos actos dictados por la Corte o el
Tribunal; es decir, se trata aquí del cumplimiento, en sus mismos términos, de las obligaciones de
hacer o no hacer ordenadas en la sentencia” (STC Exp. Nº 04119-2005-AA/TC, f. j. 15).
8 GARCÍA BELAUNDE, Domingo y ETO CRUZ, Gerardo. “Efectos de las sentencias constituciona-
les en el Perú”. En: ETO CRUZ, Gerardo (coordinador). La sentencia constitucional en el Perú.
Adrus, Arequipa, 2010, p. 28.

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JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ordenamiento jurídico. A decir de los autores citados, el criterio formal “dirá


que son sentencias formales según sea el sentido del fallo o de la deci-
sión (fundada o infundada o estimativa o desestimativa); y sentencias ma-
teriales según la operación que se desarrolla en la sentencia sobre el litigio
constitucional”9. En cambio, según el criterio material, se tiene en cuenta “los
efectos que realmente dispone el fallo respecto al contenido normativo del
precepto cuestionado”10. Conforme a esta clasificación propuesta, es posible
realizar, pues, la siguiente distinción metodológica11:
a) En atención al criterio formal de clasificación de las sentencias constitu-
cionales, podemos diferenciar entre los siguientes tipos de sentencia:
- Sentencias estimativas: que a su vez pueden ser:
• Sentencias de simple anulación
• Sentencias interpretativas propiamente dichas
• Sentencias interpretativas-manipulativas; que comprenden:
• Sentencias reductoras
• Sentencias aditivas
• Sentencias sustitutivas
• Sentencias exhortativas
• Sentencias estipulativas
- Sentencias desestimativas
b) En atención al criterio material de clasificación de las sentencias consti-
tucionales, podemos afirmar que todas las sentencias interpretativas que
realiza el Tribunal Constitucional son materialmente estimatorias; y asi-
mismo, todas las sentencias interpretativas de desestimación, material-
mente son interpretativas de estimación en sentido amplio.
En resumidas cuentas, la sentencia constitucional constituye la piedra an-
gular en la protección de los derechos fundamentales y en la garantía de la
supremacía normativa de la Constitución, como quiera que ella se erige en un
auténtico título habilitante para restablecer el orden constitucional que ha sido
conculcado. Es, por tanto, el desenlace necesario de la praxis argumentativa
llevada a cabo por el juez constitucional a la hora de fundamentar su deci-
sión final12.

9 GARCÍA BELAUNDE, Domingo y ETO CRUZ, Gerardo. Ob. cit., p. 28.


10 Ibídem, p. 37.
11 En este punto, los autores se apoyan en lo establecido por el Tribunal Constitucional en la STC
Exp. N° 0004-2004-CC/TC.
12 De este modo, como señala el Tribunal Constitucional, “la ejecución es (…) el instituto jurídico que
permite que el discurso argumentativo del Tribunal cobre vida transformando un ‘estado de cosas’
o situaciones concretas en el plano de los hechos” (STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, f. j. 19).

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GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Pese a lo dicho, conviene tener presente que la sentencia constitucional no es


(ni puede ser considerada como) un fin en sí mismo. De hecho, para poder ha-
blar de una sentencia “constitucional” en sus justos términos, no basta con acudir
a criterios meramente formales (tales como la autoridad judicial que la dicta o el
proceso del cual emana), sino que es preciso entrar a valorar el grado de compa-
tibilidad material de la decisión adoptada con el cuadro de valores materiales esta-
blecidos en la Constitución. Dicho en otras palabras: una sentencia emitida por un
juez constitucional, al interior de un proceso constitucional, pero cuyo mérito vul-
nera los valores esenciales fijados por la Constitución, no puede recibir el nomen
juris de sentencia “constitucional”.
Pero, además, la sentencia constitucional tampoco es un fin en sí mismo
en la medida en que su sola existencia jurídica no equivale stricto sensu al
restablecimiento del orden constitucional vulnerado. Para ello, es necesaria
una actividad ulterior que plasme en el terreno de los hechos aquella reali-
dad ideal que ha sido configurada a modo de orden imperativa en la respecti-
va sentencia. Esa actividad ulterior es lo que denominamos la “ejecución” de
las sentencias constitucionales.

2. La ejecución de las sentencias en los procesos constituciona-


les: una cuestión de derechos
El derecho a la ejecución de las sentencias y resoluciones judiciales es uno de
los contenidos del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, cuyo recono-
cimiento se encuentra en el artículo 139, inciso 3 de la Constitución. En realidad,
el derecho a la tutela judicial efectiva es un derecho continente que compren-
de simultáneamente: a) el derecho de acceso a la justicia; b) el derecho al debido
proceso; y c) el derecho a la ejecución de lo finalmente decidido.
De modo particular, el derecho a la ejecución de las sentencias y resolu-
ciones judiciales tiene un reconocimiento constitucional expreso en el artículo
139, inciso 2 de la Constitución, en el extremo en que se señala que “ningu-
na autoridad puede (…) dejar sin efecto resoluciones que han pasado en au-
toridad de cosa juzgada (…) ni retardar su ejecución”.
La capital importancia que este derecho reviste para el Estado Constitucio-
nal de Derecho ha sido reconocida reiteradamente por el Tribunal Constitucio-
nal a través de su jurisprudencia. A modo de síntesis, podemos resumir dichos
pronunciamientos de la siguiente manera:

a) Noción
“El derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales no es sino
una concreción específica de la exigencia de efectividad que garanti-
za el derecho a la tutela jurisdiccional, y que no se agota allí, ya que,
por su propio carácter, tiene una vis expansiva que se refleja en otros

18
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

derechos constitucionales de orden procesal (v. gr. derecho a un proce-


so que dure un plazo razonable, etc.).
El derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales garantiza que
lo decidido en una sentencia se cumpla, y que la parte que obtuvo un
pronunciamiento de tutela, a través de la sentencia favorable, sea re-
puesta en su derecho y compensada, si hubiere lugar a ello, por el daño
sufrido”13.

b) Eficacia
“El derecho a la ejecución de las sentencias como componente del de-
recho a la tutela jurisdiccional efectiva supone la posibilidad de que la tu-
tela ofrecida por el juez constitucional opere generando consecuencias
fácticas en el ámbito de los derechos fundamentales de las personas. De
ahí que sea acertado afirmar que la tutela jurisdiccional que no es efecti-
va no es tutela. Y es que la pronta y debida ejecución de las sentencias
permite además dar efectividad al Estado democrático de Derecho, que
implica, entre otras cosas, la sujeción de los ciudadanos y de la Admi-
nistración Pública al ordenamiento jurídico y a las decisiones que adopta
la jurisdicción, no solo juzgando sino también ejecutando lo juzgado. Así
pues, será inconstitucional todo aquel acto que prorrogue en forma inde-
bida e indefinida el cumplimiento de las sentencias.
En efecto, este Tribunal Constitucional ha tenido la oportunidad de se-
ñalar en el Exp. Nº 042-2002-AA/TC que la actuación de la autoridad
jurisdiccional en la etapa de ejecución de sentencias constituye un ele-
mento fundamental e imprescindible en el logro de una efectiva tute-
la jurisdiccional, siendo de especial relevancia para el interés público,
dado que el Estado de Derecho no puede existir cuando no es posible
alcanzar la justicia a través de los órganos establecidos para tal efec-
to. Para ello, la autoridad jurisdiccional deberá realizar todas aquellas
acciones que tiendan a que los justiciables sean repuestos en sus de-
rechos [...] reaccionando frente a posteriores actuaciones o compor-
tamientos que debiliten el contenido material de sus decisiones, pues
solo así se podrán satisfacer los derechos de quienes han vencido en
juicio, sin obligarles a asumir la carga de nuevos procesos”14.

c) Sujetos obligados
“El contenido constitucionalmente protegido de este derecho impone
especiales exigencias a los sujetos pasivos del derecho, es decir, a los

13 STC Exp. Nº 015-2001-AI, 016-2001-AI y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 11.


14 STC Exp. Nº 04909-2007-PHC/TC, ff. jj. 7 y 8.

19
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

que se encuentran en principio vinculados y, en particular, a quienes


participaron en calidad de partes en el proceso y, desde luego, al pro-
pio juez. Pero también lo está el Presidente de la República, a quien, en
su condición de titular del Poder Ejecutivo, conforme establece el inciso
9) del artículo 118 de la Constitución, le corresponde ‘Cumplir y hacer
cumplir las sentencias y resoluciones de los órganos jurisdiccionales’.
Respecto de los jueces, el glosado derecho exige un particular tipo de
actuación. Y es que si el derecho a la ejecución de las resoluciones ju-
diciales garantiza que lo decidido en una sentencia o en una resolución
judicial sea cumplido, es claro que quienes las dictan, o quienes resul-
ten responsables de ejecutarlas, tienen la obligación de adoptar, según
las normas y procedimientos aplicables –y con independencia de que
la resolución a ejecutar haya de ser cumplida por un ente público o no–
las medidas necesarias y oportunas para su estricto cumplimiento”15.

d) Relación entre el derecho a la ejecución de las resoluciones ju-


diciales y el Estado Democrático de Derecho
“A juicio del Tribunal Constitucional, tras el reconocimiento del dere-
cho a la ejecución de las sentencias no solo está el derecho subjetivo
del vencedor en juicio, sino también una cuestión de capital importan-
cia para la efectividad del ‘Estado democrático de derecho’ que procla-
ma la Constitución.
En efecto, tras los artículos 38, 45, 51, 102 inciso 2, 118 inciso 1, y 138
de la Constitución, existe un mandato de sujeción de los ciudadanos y
órganos públicos a la Constitución y a todo el ordenamiento jurídico.
Dicha sujeción al ordenamiento jurídico, cuando se produce un conflic-
to, ordinariamente se procesa a través del Poder Judicial, en tanto que
tercero imparcial. De ahí que cuando un tribunal de justicia emite una
resolución, y esta adquiere la condición de firme, con su cumplimiento
no solo se resuelve un conflicto y se restablece la paz social, sino, ade-
más, en la garantía de su cumplimiento, se pone a prueba la sujeción
de los ciudadanos y de los poderes públicos al ordenamiento jurídico.
El Estado democrático de derecho está, pues, sujeto a un plebiscito de
todos los días. Y es difícil que pueda hablarse de la existencia de un
Estado de derecho cuando las sentencias y las resoluciones judiciales
firmes no se cumplen. Como afirma el Tribunal Constitucional español,
‘Cuando este deber de cumplimiento y colaboración –que constituye
una obligación en cada caso concreto en que se actualiza– se incum-
ple por los poderes públicos, ello constituye un grave atentado al Esta-
do de Derecho, y por ello el sistema jurídico ha de estar organizado de

15 STC Exp. Nº 015-2001-AI, 016-2001-AI y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 12.

20
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

tal forma que dicho incumplimiento –si se produjera– no pueda impedir


en ningún caso la efectividad de las sentencias y resoluciones judicia-
les firmes’” (STC 67/1984)16.

Pero el derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales no solo tiene


una dimensión objetiva vinculada con el Estado Constitucional de Derecho
y los valores que este defiende, sino que también contiene una dimensión
subjetiva que permite a su titular conseguir la plena realización de sus dere-
chos fundamentales, los que han sido reconocidos a través de una decisión ju-
risdiccional. Esta dimensión subjetiva o concreta del derecho a la ejecución
de las resoluciones judiciales, sin embargo, reviste también una particular im-
portancia para la credibilidad en el sistema de justicia, sobre todo si tenemos
en cuenta que “(…) al momento de la ejecución nos encontramos a un justicia-
ble mucho más sensible y necesitado de tutela jurisdiccional efectiva, teniendo
en cuenta que acaba de transitar por un largo y casi siempre desesperante ca-
mino que finalmente le ha dado la razón en el derecho material alegado en el
proceso, pero que aún no ha sido satisfecho en la realidad”17.
No cualquier “ejecución”, sin embargo, satisface el derecho fundamental
en cuestión. En realidad, la ejecución debe realizarse “en sus propios térmi-
nos”, lo que es consecuencia directa de la cosa juzgada inherente a la sen-
tencia que se ejecuta. Ello quiere decir, en buena cuenta, que debe respetar-
se el sentido literal del fallo. Pero, a su vez, conlleva la obligación de llevar
a cabo una “interpretación contextual” del sentido de la decisión, a fin de no
desnaturalizarla.
La ejecución “en sus propios términos” de las sentencias funciona, ade-
más, como una garantía a favor de las partes procesales. En ese sentido,
bien puede afirmarse que la ejecución sin alteración de los términos del fallo
“es una garantía para las partes, tanto para el ejecutante como para el ejecu-
tado, puesto que les impide reabrir el debate ya finalizado y clausurado por
la firmeza, así como modificar el derecho reconocido por sentencia firme a
su capricho, alterando las condiciones en que fue delimitado”18. En suma, el
derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales en sus propios térmi-
nos presupone una “identidad total entre lo ejecutado y lo establecido en la

16 STC Exp. Nº 015-2001-AI, 016-2001-AI y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 13.


17 TAM PÉREZ, José. “Apuntes sobre la ejecución de sentencias en el proceso civil”. En: AA.VV.
Congreso Internacional de Derecho Procesal Civil. Fondo de Desarrollo Editorial de la Universi-
dad de Lima, Lima, 2003, p. 138.
18 CARBALLO PIÑEIRO, Laura. Ejecución de condenas de dar (tratamiento procesal adaptado a la
nueva Ley de Enjuiciamiento Civil). Bosch, Barcelona, 2001, p. 30.

21
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

sentencia, y en ese sentido, “constituye, junto al derecho del favorecido a exi-


gir el cumplimiento total e inalterado, el del condenado a que no se desvirtúe,
se amplíe o se sustituya por otro”19.
Por lo demás, así también lo ha reconocido el Tribunal Constitucional,
cuando ha señalado que:
“[No] resulta admisible que los contenidos de una resolución estima-
toria puedan ser reinterpretados en vía de ejecución y que incluso tal
procedimiento se realice de forma contraria a los propios objetivos res-
titutorios que con su emisión se pretende. Producida una sentencia es-
timatoria, y determinado un resultado a partir de sus fundamentos, es
indiscutible que no pueden, estos últimos, ser dirigidos contra la esen-
cia de su petitorio, de manera tal que este termine por desvirtuarse”20.

EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN PROCESOS DE TUTELA DE DERECHOS


(artículos 22 y 59 del CPConst.)

SENTENCIA DE SENTENCIA DE SENTENCIA


1º GRADO 2º GRADO FIRME

Es notificada Es notificada

SENTENCIA NOTIFICADA
PUEDE SOLICITARSE
ACTUACIÓN INMEDIATA 2 DÍAS
(hasta 4 días en
caso de omisiones
CUMPLIMIENTO DE SENTENCIA

3. Supuestos de incumplimiento de las sentencias constitucio-


nales
Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, es posible ahora establecer de
modo preliminar un catálogo de supuestos de incumplimiento de las senten-
cias constitucionales, los que serán analizados en los siguientes apartados
de la presente guía. Naturalmente, partimos de la premisa de que el incum-
plimiento del obligado acaece luego de notificada la sentencia y pese a las
medidas oportunas, necesarias y eficaces dictadas por el juez de ejecución

19 FERNÁNDEZ-PACHECO MARTÍNEZ, Ma. Teresa. La ejecución de las sentencias en sus propios


términos y el cumplimiento equivalente. Tecnos, Madrid, 1995, p. 26.
20 STC Exp. Nº 01102-2000-AA/TC, f. j. 7.

22
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

de la causa. Pues bien, hecha esta precisión, toca ahora ensayar la siguien-
te nomenclatura:
a) Incumplimiento total o expreso de la sentencia
En este caso estamos ante el supuesto más simple y evidente de incum-
plimiento, pues se trata de la omisión absoluta, de parte del sujeto venci-
do, de las órdenes establecidas en el fallo de la sentencia. Es decir, el su-
jeto obligado por el juez no realiza ningún acto (o en su caso, no cesa de
realizarlo) a fin de cumplir con el mandato judicial.
En este caso, los mecanismos de ejecución previstos en el Código están
orientados a doblegar la voluntad del demandado, forzándolo a desplegar
la actividad (o en su caso, a mantener una conducta de abstención) que
se deriva del fallo de la sentencia constitucional.
b) Incumplimiento parcial de la sentencia
Esta hipótesis de incumplimiento se configura cuando la sentencia cons-
titucional es acatada en algunos de sus aspectos, pero no en otros. Natu-
ralmente, ello ocurrirá cuando el fallo contenga más de un mandato con-
creto, lo que a su vez se puede derivar de una pluralidad de pretensiones
contenidas en la demanda.
Siendo esto así, el procedimiento de ejecución tendrá por finalidad exigir
al demandado la observancia de los extremos omitidos, logrando así el
cumplimiento íntegro de la sentencia.
c) Cumplimiento defectuoso de la sentencia
Este es, quizá, uno de los más asuntos más problemáticos en materia de
ejecución de sentencias constitucionales, pues a diferencia de los supues-
tos anteriores, en este caso se requiere de una apreciación cualificada del
juez constitucional al momento de determinar si la ejecución de la senten-
cia ha devenido en “defectuosa” o se ha “desnaturalizado”. Si este fuera el
caso, se habría desconocido el tenor del artículo 22 del CPConst., el cual
señala que la sentencia debe actuarse “conforme a sus propios términos”.
El cumplimiento defectuoso de una sentencia es, qué duda cabe, asimila-
ble al incumplimiento puro y absoluto de esta, dado que el mandato con-
tenido en la decisión no llega a plasmarse finalmente en la realidad.
En esta categoría se inserta, también, el llamado cumplimiento “aparen-
te” o “meramente formal”, que es lo que sucede cuando el sujeto obligado
despliega una serie de conductas para acatar la sentencia constitucional,
pero en realidad termina eludiendo el mandato (o mandatos) contenido en
ella.
En todos estos casos, el procedimiento de ejecución se orientará, en pri-
mer término, a verificar que la actividad o abstención desplegada por el
sujeto obligado constituye un “cumplimiento defectuoso” del mandato ju-
dicial, para lo cual será necesario que el juez compare el fallo de la sen-
tencia y el resultado obtenido en vía de ejecución. Como consecuencia de

23
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ello, y en segundo término, deberá disponerse cuál es la conducta cuya


observancia permitirá corregir el error detectado, el que puede haberse
configurado por exceso o por defecto.
d) Cumplimiento tardío de la sentencia
En la medida en que el CPConst. dispone expresamente que las senten-
cias constitucionales deben ejecutarse “de inmediato” (artículo 22), resulta
evidente que su cumplimiento extemporáneo (esto es, fuera del plazo es-
tablecido) no podría ser asimilado sin más a un cumplimiento real y efecti-
vo, en los términos en que esto viene exigido por dicho cuerpo normativo.
Salvo, claro está, que la propia sentencia, de modo claro y expreso, difie-
ra su cumplimiento para un momento posterior, o disponga que este es de
carácter progresivo.
Desde luego, es forzoso reconocer que, las más de las veces, el cumpli-
miento de las sentencias se produce con un cierto nivel de retraso, pese
a lo cual se sobreentiende que el demandante se da por satisfecho una
vez que la sentencia es finalmente acatada. Sin embargo, cabe preguntar-
se: ¿puede este retraso, en algunos casos, significar un perjuicio para la
parte vencedora? Nuestra respuesta es que sí, dado que el artículo 4 del
CPConst. reconoce como uno de los contenidos de la tutela procesal efec-
tiva el derecho “a la actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales”. Por lo demás, así también lo ha reconocido el Tri-
bunal Constitucional, al señalar que:

“El derecho a la ejecución de la decisión de fondo contenida en


una sentencia firme, también supone su cumplimiento en tiempo
oportuno (…). El plazo no solo debe entenderse en tiempo opor-
tuno (…). El plazo razonable no solo debe entenderse referido al
trámite que existe entre la presentación de una demanda y la de-
cisión sobre el fondo, sino que resulta indispensable que dicho
concepto se entienda también como una exigencia para lograr la
efectividad del pronunciamiento judicial en un plazo que no debe
exceder lo que la naturaleza del caso y sus naturales complicacio-
nes de cumplimiento ameriten, sin que en ningún caso su ejecu-
ción se difiera por dilaciones indebidas”21.

Asimismo, el Tribunal Constitucional ha interpretado que si bien el dere-


cho a que una persona sea juzgada dentro de un plazo razonable y sin di-
laciones indebidas suele asociarse a los procesos de tipo penal –donde
las restricciones sobre la libertad individual requieren plazos que no termi-
nen perjudicándola indebidamente– “no existe ninguna razón por la cual
no pueda invocarse el mismo atributo en el ámbito de los procesos cons-
titucionales, donde el objetivo de tutela preferente y oportuna constituye la

21 STC Exp. Nº 04080-2004-PC/TC, ff. jj. 19 y 20.

24
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

razón de la existencia y legitimidad de tales mecanismos de defensa”22. En


ese sentido, el Tribunal ha estimado que si no se administrara justicia de
manera diligente y oportuna, perjudicando tal inercia el debido proceso, el
proceso constitucional podría devenir, él mismo, en inconstitucional23.
Como es evidente, en estos supuestos de mora en el cumplimiento de la
sentencia, la finalidad de los mecanismos de ejecución consistirá en sub-
sanar la demora producida y, en consecuencia, ordenar la inmediata ob-
servancia del mandato judicial incumplido. Desde luego, la tardanza en el
cumplimiento de la sentencia puede ser tanto total así como parcial, de-
pendiendo de los extremos del fallo que hayan sido inobservados.
e) Reiteración del acto lesivo
El también llamado “acto lesivo homogéneo” plantea un desafío a los ope-
radores jurídicos, pues si bien partimos de la premisa de que la parte ven-
cida ha dado cabal cumplimiento a la sentencia constitucional (con lo cual,
ya no habría nada que “ejecutar”), tras ello nos encontramos ante un su-
puesto de repetición de la conducta (por acción u omisión) que la senten-
cia había declarado como lesiva de un derecho fundamental.
En este caso es evidente que no estamos ante un problema de ejecución
stricto sensu de la sentencia constitucional, pues técnicamente la fase de
ejecución de esta ya habría terminado. Sin embargo, ello no impide afir-
mar que la reiteración del acto lesivo plantea un problema de efectividad
de la sentencia constitucional, habida cuenta que el cumplimiento “volun-
tario” de la parte vencida podría ser entendido, a la luz del caso concreto,
como un simple “ardid” para sustraerse “posteriormente” de los efectos de
la decisión que “favorecía” al demandante. En este concreto sentido, es
posible señalar que la reiteración del acto lesivo es también, mutatis mu-
tandi, un supuesto de incumplimiento de la sentencia constitucional.
En tal hipótesis, y como veremos más adelante, el mecanismo idóneo
para hacer frente a este problema es la institución de la represión de actos
homogéneos, el que permitirá interdictar el acto sobrevenido que es sus-
tancialmente igual al declarado lesivo en la sentencia primigenia.

Incumplimiento total o expreso


SUPUESTOS DE Incumplimiento parcial
INCUMPLIMIENTO
Cumplimiento defectuoso
DE LA SENTENCIA
CONSTITUCIONAL Cumplimiento tardío
Reiteración del acto lesivo

22 STC Exp. Nº 02732-2007-PA/TC, f. j. 13.


23 STC Exp. Nº 02732-2007-PA/TC, f. j. 7.

25
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

4. Preguntas de interés

‰‰¿Una sentencia constitucional que tiene calidad de cosa juzgada


puede devenir en “inejecutable”?
En efecto, esto es lo que sucedió en la STC Exp. Nº 06214-2007-PA/TC,
en la que el Tribunal conoció de una sentencia estimatoria de amparo emiti-
da por el Poder Judicial que había devenido en inejecutable. Los hechos del
caso eran los siguientes:

Se trataba de una sentencia estimatoria de amparo expedida por la


Sala Corporativa Transitoria Especializada de Derecho Público de Lima
(Exp. 04537-2004), que había ordenado a las emplazadas (la Munici-
palidad Metropolitana de Lima, la Dirección Municipal de Transporte
Urbano y el Servicio de Administración Tributaria) respetar las conce-
siones de rutas otorgadas por la Municipalidad de Huarochirí a la em-
presa recurrente.
No obstante ello, tiempo después la Sexta Sala Civil de la Corte Supe-
rior de Justicia de Lima emitió la Resolución Nº 925-2005, a través de la
cual declaró improcedente la solicitud de ejecución de la referida sen-
tencia presentada por la recurrente, declarándola “inejecutable”.
Ante ello, la empresa interpuso un segundo proceso de amparo contra
dicha resolución, alegando la vulneración de sus derechos a la tutela
procesal efectiva, a la ejecución de las resoluciones judiciales y al debi-
do proceso, específicamente el derecho a la cosa juzgada.
Finalmente, el Tribunal Constitucional declaró infundada la demanda.

Cabe señalar que el principal argumento del Tribunal para motivar su de-
cisión, estuvo referida al sexto considerando de la sentencia expedida por la
Sala Corporativa. En ese considerando se hacía alusión a la sentencia del
Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº 00054-2004-PI/TC, en la que
señaló que las acciones de amparo que se habían basado en autorizaciones
provisionales expedidas por la Municipalidad de Huarochirí para circular por
la circunscripción de la Municipalidad Metropolitana de Lima habían deveni-
do en “inejecutables” porque una resolución directoral había determinado que
las provincias de Lima y Huarochirí “no constituían área urbana continua”24.
Por dicha razón, el Tribunal Constitucional consideró que la resolución judicial
cuestionada se había limitado a seguir los criterios establecidos en la STC Exp.
Nº 00054-2004-PI/TC, no evidenciándose arbitrariedad alguna, sino más bien la

24 STC Exp. Nº 06214-2007-PA/TC, f. j. 2.

26
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

efectividad de las decisiones emitidas por el Tribunal25. Finalmente, agregó


que no se vulnera el derecho a la cosa juzgada cuando por efectos del tiem-
po esta deviene en inejecutable, al haber desaparecido uno de los supuestos
de provisionalidad que le dio mérito26.

‰‰¿Puede limitarse válidamente el contenido del derecho a la ejecución


de las resoluciones judiciales?
En efecto, como todo derecho, el relativo a la ejecución de las resolucio-
nes judiciales no es un derecho absoluto, sino que puede estar sometido a
ciertos límites, siempre y cuando estos sean objetivos y razonables, y no ter-
minen por desfigurar su contenido constitucionalmente protegido.
Por lo demás, así lo ha interpretado el Tribunal Constitucional al señalar
que el legislador puede establecer ciertos límites o restricciones al derecho a
la efectividad de las resoluciones judiciales firmes, cuando el sujeto procesal
vencido en juicio sea el Estado, siempre y cuando dichas restricciones ten-
gan una justificación constitucional27, tales como el principio de legalidad pre-
supuestaria o la inembargabilidad de los bienes estatales afectos a servicios
públicos.
Otro caso en el cual el Tribunal Constitucional ha admitido que puede res-
tringirse el derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales es el referido
a las empresas protegidas por la Ley Nº 28027, Ley de Protección Patrimonial
de la Industria Azucarera. En efecto, en la STC Exp. Nº 0579-2008-PA/TC, el
Tribunal analizó los siguientes hechos:
Esta vez, se trataba de una resolución judicial recaída en un proceso
ordinario de cumplimiento de contrato de indemnización seguido por el
recurrente contra la Empresa Agroindustrial Pomalca S.A., en la que se
ordenó que esta pague a aquel una cuantiosa suma de dinero por con-
cepto de contraprestación e indemnización. Sin embargo, en vista de
que la empresa Pomalca no cumplía con el pago, el recurrente solicitó
secuestro conservativo sobre la producción de azúcar de propiedad de
la misma. Inicialmente el juez había iniciado la ejecución forzosa, pero
luego suspendió la medida alegando que la empresa se encontraba
inmersa en el marco de protección patrimonial dispuesto en la Ley
Nº 28027 y el Decreto Supremo Nº 138-2005-EF.
Por tal razón, el recurrente interpuso un proceso de amparo contra el
Juez del Primer Juzgado Civil de Chiclayo y la Segunda Sala Civil de la
Corte Superior de Lambayeque, solicitando la nulidad de las dos reso-
luciones recaídas en dicho proceso ordinario. Su principal argumento

25 STC Exp. Nº 06214-2007-PA/TC, f. j. 3.


26 STC Exp. Nº 06214-2007-PA/TC, f. j. 7.
27 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 16.

27
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

consistía en afirmar que la Ley de Protección se refería únicamente a la


suspensión de ejecución de medidas cautelares contra las empresas
protegidas, mas no la ejecución de sentencias firmes. En cualquier
caso, alegaba que la mencionada ley era abiertamente inconstitucio-
nal, por contravenir la prohibición de retardar la ejecución de sentencia
con valor de cosa juzgada establecida en el inciso 2 del artículo 139 de
la Constitución, razón por la cual tendría que inaplicarse.
Al final del proceso, el Tribunal Constitucional declaró infundada la de-
manda, pese a lo cual exhortó al Congreso de la República para que,
en el marco de sus competencias, establezca los mecanismos para fijar
una prelación en el pago de los créditos correspondientes.

Para resolver la controversia, el Tribunal consideró que si bien la Ley


Nº 28027 no incluía la suspensión de sentencias definitivas, ello se despren-
día del objeto de dicha norma, que no era otro que impedir la reducción del
patrimonio de empresas de interés social28. Dicho esto, y tras aplicar el test
de proporcionalidad a la tantas veces mencionada Ley Nº 28027, el Colegia-
do Constitucional determinó su compatibilidad constitucional, precisando que
dicha interpretación debía ser seguida por todos los jueces, en aplicación del
artículo VI del Título Preliminar del CPConst.29 No obstante ello, el Tribunal
precisó que una nueva prórroga de la protección patrimonial burlaría el exa-
men de proporcionalidad realizado en la sentencia, pues resultaría probado
que las medidas de prórroga no son eficaces para lograr la finalidad que pre-
tende el legislador30.

28 STC Exp. Nº 0579-2008-PA/TC, f. j. 5.


29 STC Exp. Nº 0579-2008-PA/TC, f. j. 38. La sentencia cuenta con los votos singulares de los ma-
gistrados Vergara Gotelli (quien resalta que el plazo original de la ley había sido sucesivamen-
te ampliado, lo que a su criterio configuraba un “Estado empresario privilegiado”) y Landa Arroyo
(quien opina, entre otras cosas, que la ley no supera el paso de la idoneidad, ya que habían pa-
sado seis años de prórroga). En el mismo sentido de la sentencia, puede revisarse las sucesi-
vas STC Exp. Nº 06323-2008-PA/TC y STC Exp. Nº 00542-2009-PA/TC.
30 STC Exp. Nº 0579-2008-PA/TC, f. j. 28.

28
2
Las medidas coercitivas del
artículo 22 del Código Procesal
Constitucional
1. Normativa aplicable
Uno de los primeros y más importantes mecanismos
diseñados por el legislador para lograr la ejecución de la
sentencia en los procesos constitucionales y, por ende,
para hacer frente de un modo eficaz a los supuestos de
incumplimiento que hemos revisado en el apartado an-
terior, está referido a las llamadas “medidas coercitivas”,
también denominadas “medidas compulsorias”. Estas se
encuentran reguladas en el artículo 22 del citado texto
normativo, que establece lo siguiente:
“[…] Para su cumplimiento [de la sentencia], y de
acuerdo al contenido específico del mandato y de la
magnitud del agravio constitucional, el Juez podrá
hacer uso de multas fijas o acumulativas e incluso
disponer la destitución del responsable. Cualquiera
de estas medidas coercitivas debe ser incorporada
como apercibimiento en la sentencia, sin perjuicio
de que, de oficio o a pedido de parte, estas puedan
ser modificadas durante la fase de ejecución.
El monto de las multas lo determina discrecional-
mente el Juez, fijándolo en Unidades de Referencia
Procesal y atendiendo también a la capacidad eco-
nómica del requerido.
Su cobro se hará efectivo con el auxilio de la fuerza
pública, el recurso a una institución financiera o la
ayuda de quien el Juez estime pertinente.
El Juez puede decidir que las multas acumulativas
asciendan hasta el cien por ciento por cada día ca-
lendario, hasta el acatamiento del mandato judicial.

29
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

El monto recaudado por las multas constituye ingreso propio del Poder
Judicial, salvo que la parte acate el mandato judicial dentro de los tres
días posteriores a la imposición de la multa. En este último caso, el mon-
to recaudado será devuelto en su integridad a su titular”.

Como se puede apreciar, el artículo 22 del CPConst. establece una serie


de medidas coercitivas para lograr el cumplimiento de la sentencia consti-
tucional y, de ese modo, lograr una efectiva protección de los derechos fun-
damentales que en ella se encuentran reconocidos. En realidad, la redacción
del artículo pareciera indicar que su utilización se trataría más bien de una fa-
cultad del juez (indica “podrá hacer uso”), antes que de una obligación. Más
aún: una facultad que depende de dos factores muy importantes, que deben
ser merituados oportunamente por el juzgador: a) el contenido específico del
mandato; y b) la magnitud del agravio constitucional. La primera circunstan-
cia (“contenido específico del mandato”) alude, desde luego, a que el man-
dato derivado de la sentencia constitucional debe poder generar como una
consecuencia necesaria su cumplimiento ineludible e incondicionado (lo que,
ciertamente, no siempre puede ocurrir, particularmente tratándose de manda-
tos que revisten una cierta complejidad). Y lo segundo (“magnitud del agravio
constitucional”) invita al juez a situarse en un contexto de valoración desde el
cual pueda comparar la intensidad de la afectación al derecho y la imperiosi-
dad de su inmediato resarcimiento.
En cualquier caso, lo cierto es que el Código hace alusión a dos medidas
específicas que pueden ser otorgadas teniendo en cuenta los parámetros in-
dicados: por un lado, 1) las multas, que pueden ser fijas o acumulativas; y por
el otro 2) la destitución del responsable31.
Aunado a ello, es preciso indicar que el artículo 59 del CPConst. estable-
ce como una medida adicional, para el caso del proceso de amparo (lo que
ciertamente resulta extensible al proceso de hábeas data32 y al de cumpli-
miento33), la apertura del procedimiento administrativo en caso de incum-
plimiento de sentencias constitucionales, ello en los siguientes términos:

“Si el obligado no cumpliera dentro del plazo establecido, el Juez se di-


rigirá al superior del responsable y lo requerirá para que lo haga cumplir
y disponga la apertura del procedimiento administrativo contra quien in-
cumplió, cuando corresponda y dentro del mismo plazo. Transcurridos

31 A modo de referencia, es preciso indicar que el anteproyecto del CPConst. contemplaba también
la figura del arresto civil, la cual sin embargo no fue incluida en la redacción del artículo vigente.
32 En virtud del artículo 65 del Código Procesal Constitucional.
33 En virtud del artículo 74 del Código Procesal Constitucional.

30
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

dos días, el Juez ordenará se abra procedimiento administrativo con-


tra el superior conforme al mandato, cuando corresponda, y adoptará
directamente todas las medidas para el cabal cumplimiento del mismo.
El Juez podrá sancionar por desobediencia al responsable y al supe-
rior hasta que cumplan su mandato, conforme a lo previsto por el ar-
tículo 22 de este Código, sin perjuicio de la responsabilidad penal del
funcionario”.

Evidentemente, el Código se coloca en el supuesto de que el sujeto que


incumple la sentencia sea una autoridad o un funcionario público. Siendo así,
la medida coercitiva no se dirige tanto al responsable, sino fundamentalmen-
te a su superior jerárquico, quien tiene la obligación de requerirlo, por encar-
go directo del juez constitucional, el cumplimiento de la sentencia. De no ha-
cerlo, el juez abrirá procedimiento administrativo contra el superior y podrá
aplicarle los apremios establecidos en el artículo 22 del CPConst., que ya he-
mos revisado.
Por otro lado, el artículo 59 del CPConst. hace alusión también a la deno-
minada responsabilidad penal del funcionario. Pues bien, en este punto
es preciso señalar que dicha responsabilidad se encuentra prevista expresa-
mente en el artículo 377 del Código Penal, bajo el tipo penal de “incumpli-
miento de obligación”, cuyo tenor es el siguiente:
“El funcionario público que, ilegalmente, omite, rehúse o retarde algún
acto de su cargo, será reprimido con pena privativa de la libertad no
mayor de dos años y con 30 a 60 días multa”.
Trasladando este artículo a nuestro caso específico, bien podemos afir-
mar que el Código Penal sanciona tanto la omisión absoluta como la demo-
ra en cumplimiento de las sentencias constitucionales. Esta también es una
conducta ilegal, en la medida en que el CPConst. establece expresamente el
deber de los sujetos obligados (y entre ellos, por supuesto, se encuentran en
primer orden los funcionarios públicos) a cumplir en el término inmediato las
decisiones emitidas en el marco de los procesos constitucionales.
Naturalmente, la responsabilidad penal alcanza también a los particula-
res, cuando estos son los sujetos obligados en la sentencia constitucional. En
este específico caso, será necesario remitirnos al artículo 368 del Código Pe-
nal, que tipifica el delito de “desobediencia o resistencia a órdenes del funcio-
nario público” en los siguientes términos:
“El que desobedece o resiste la orden impartida por un funcionario
público en el ejercicio de sus atribuciones, salvo que se trate de la pro-
pia detención, será reprimido con pena privativa de libertad no mayor
de 2 años”.

31
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Por su parte, el Tribunal Constitucional ha señalado que la responsabili-


dad no solo abarca a los funcionarios públicos y a los particulares, en tanto
que sujetos obligados a desplegar la conducta orientada a acatar el manda-
to judicial en sus propios términos; sino que también se extiende a los jueces
de ejecución, quienes serán responsables por no actuar diligentemente en el
trámite de ejecución de las decisiones firmes recaídas en los procesos cons-
titucionales. A criterio del Tribunal, dicha actitud, de verificarse en la realidad,
conlleva las siguientes consecuencias:
“[L]as partes interesadas deberán poner estos hechos en conocimiento
de las autoridades administrativas competentes –ODICMA, OCMA, Ofi-
cina de Control Interno del Ministerio Público, Consejo Nacional de la
Magistratura, entre otras–, para que determinen si, en su actuación, el
juez ejecutor ha incurrido en responsabilidad funcional, sea administra-
tiva o penal, independientemente de otras que se deriven y cuyo ejerci-
cio podría ser de acción privada”34.
Por último, cabe señalar que el Tribunal ha interpretado que, en el marco
de los procesos de tutela de derechos (y específicamente, en el hábeas cor-
pus), las responsabilidades antedichas (penales, administrativas, etc.) pue-
den hacerse valer (esto es, pueden hacerse efectivas) a través de la aplica-
ción del artículo 8 del CPConst., referido a la responsabilidad del agresor, al
afirmar que dicho artículo:
“[N]o solo debe interpretarse en el sentido de que, de existir no solo in-
dicios de la comisión de un delito verificada durante la tramitación del
hábeas corpus, sino también durante la ejecución de la resolución re-
caída, no debe ignorarse que todo ciudadano está en la obligación de
poner en conocimiento de la autoridad competente los hechos que po-
drían configurar un hecho delictivo, lo cual se desprende del artículo 38
de la Constitución, dado que todos los peruanos tienen el deber de de-
fender el ordenamiento jurídico, y donde la comisión de un delito cons-
tituye una afectación al orden establecido. Esta obligación es mayor si
se trata del juez a quien le compete actuar o verificar la ejecución de las
sentencias emitidas en los procesos constitucionales”35.
Más aún, tratándose del proceso de hábeas corpus, el Tribunal ha deja-
do sentado que el juez constitucional puede solicitar el apoyo de la fuerza
pública para constituirse personalmente en el lugar donde se encuentra el
agraviado, con el objeto de proceder a ejecutar lo ordenado en la sentencia.

34 STC Exp. Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 63.


35 STC Exp. Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 54.

32
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Dicha facultad, a consideración del Colegiado, se deriva directamente del te-


nor de los artículos 118, inciso 9 y 116 de la Constitución36.

TIPOS DE MEDIDAS COERCITIVAS


Tipos: fijas o acumulativas
Monto: fijado por el juez, en URP y atendiendo a la capacidad económica
del requerido
Formas de cobro: fuerza pública, institución financiera o quien el juez
• MULTAS designe
Destino: ingreso propio del Poder Judicial
Devolución: si la parte acata la sentencia dentro de los 3 días posteriores a la
imposición de multa
Variación: de oficio o a pedido de parte
• DESTITUCIÓN DEL RESPONSABLE
• APERTURA DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO

2. Marco doctrinario
Los medios compulsorios, en tanto que mecanismos procesales para for-
zar al obligado al cumplimiento de la prestación ordenada en una sentencia
judicial, pueden ser de dos tipos: por un lado, a) medios compulsorios extra-
procesales; y por el otro, b) medios compulsorios intraprocesales37.
Los medios compulsorios extraprocesales, cuya denominación se
justifica en el hecho de que tales mecanismos no tienen un efecto directo
en el proceso sino fuera de él, pueden ser a su vez: i) patrimoniales (como
las denominadas “astreintes”); y ii) extrapatrimoniales (lo que incluye al con-
tempt of court y a las medidas conminatorias).
Las astreintes (medios compulsorios extraprocesales patrimoniales) cons-
tituyen una sanción económica que se impone al rebelde hasta el efectivo
cumplimiento de la decisión judicial, y su diferencia con la multa coercitiva,
radica en que las primeras se cobran a favor del acreedor de la prestación,
mientras que la multa es cobrada a favor del Estado. Además, las astreintes
tienen un campo de acción menor que la multa, pues esta puede ser impues-
ta para velar por la disciplina dentro del proceso y no solo respecto del cum-
plimiento de decisiones judiciales.

36 STC Exp. Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 55.


37 SIMONS PINO, Adrián. “El derecho a la ejecución plena de las decisiones judiciales y a los me-
dios compulsorios judiciales”. En: Libro de Ponencias del II Congreso Internacional y Nacional de
Derecho Procesal. Lima, junio de 2002, p. 104.

33
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Por su parte, el contempt of court (uno de los medios compulsorios extra-


procesales patrimoniales) constituye un mecanismo procesal originario del
common law que se divide en contempt criminal y contempt civil. Así, mien-
tras este último se encuentra destinado al cumplimiento de las decisiones ju-
diciales, el contempt criminal, en cambio, se refiere a actos que obstruyen
el normal desenvolvimiento del servicio de justicia (como sería el caso, por
ejemplo, de un indebido ejercicio de la profesión). En cualquiera de los su-
puestos, sin embargo, las sanciones pueden ser las siguientes: prisión, mul-
ta, pérdida de derechos procesales, secuestro, entre otras más38.
En cuanto a las medidas conminatorias (que también es un medio compul-
sorio extraprocesal patrimonial), estas constituyen órdenes derivadas del pro-
pio intelecto del juez (esto es, no se encuentran fijadas expresamente en una
norma legal), que no tienen contenido pecuniario y que deben tener un efec-
to persuasivo sobre el rebelde a acatar una decisión judicial.
Los medios compulsorios intraprocesales, finalmente, son así denomi-
nados porque presentan consecuencias directas en el proceso, y entre ellos,
cabe destacar a la figura de la imposición de multas por mala conducta pro-
cesal (a los abogados, a las partes, etc.).
Revisada esta clasificación, conviene ahora señalar que en nuestro
CPConst., las medidas coercitivas –tales como la multa o la destitución–
constituyen mecanismos de los que dispone el juez constitucional a efectos
de doblegar la renuencia de la parte vencida a cumplir con la sentencia que
favorece al demandante y, de ese modo, proteger el derecho o los derechos
involucrados. En ese sentido, cabe afirmar que tales medidas no tienen una
finalidad meramente sancionatoria, dado que su cometido principal es vencer
la voluntad del sujeto obligado para que éste cumpla con el mandato deriva-
do de la sentencia expedida. Como señala Carnelutti:
“Las medidas coercitivas son en realidad un tertium genius, intermedio en-
tre la ejecución (rectius: la ejecución forzada) y la pena; tienen en común con
esta la estructura, en cuanto recaen sobre un bien del obligado distinto de
aquel que constituye la obligación violada (…); tienen, en cambio, en común
con la ejecución la función, cuando actúan con la finalidad de obtener la efec-
tiva satisfacción del interés de quien tiene el derecho y efectiva subordinación
del interés de quien tiene la obligación”39.

38 Como señalan Geoffrey Hazard Jr. y Michele Taruffo, la sentencia de contempt civil condena a la
parte responsable a detención, o bien de manera alternativa a detención o a una sanción pecunia-
ria, hasta que la parte acepte obedecer la orden del tribunal. El objetivo es constreñir a la parte a
cumplir la orden. La sentencia de contempt penal condena a la parte responsable a detención o a
una sanción pecuniaria, por el delito consistente en la negativa a cumplir dicha orden. El objetivo
del contempt penal es tanto castigar al responsable, como disuadir a otros de que desobedezcan
a los tribunales (HAZARD Jr., Geoffrey y TARUFFO, Michele. La justicia civil en los Estados Uni-
dos. Traducción a cargo de Fernando Gascón Inchausti. Arazandi, Navarra, 2006, pp. 228-229).
39 CARNELUTTI, Francesco. Proceso de ejecución. Cedam, Padova, 1929, p. 7.

34
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Ahora bien, no obstante, la articulación de un catálogo de medidas conmi-


natorias como instrumentos de coacción en manos del juez dista mucho de
ser un asunto pacífico en la doctrina. De hecho, algunos autores, como por
ejemplo Sergio Chiarloni, opinan que:
“[T]anto la Handlungs y la Unterlassungsvollstreckung alemanas, como
el Contempt of Court anglosajón, son residuos semifeudales que en-
cuentran su origen en una época en la cual la jurisdicción era una simple
articulación del dominio político-económico con finalidades patrimoniales
y coercitivas más que de legitimación ideológica del poder y representan,
por tanto, el signo de una imperfecta culminación del proceso de separa-
ción entre derecho civil y derecho penal, al nivel de los sistemas sancio-
natorios, que es urística fundamental del desarrollo en los ordenamien-
tos jurídicos de estampa liberal”40.
Pese a ello, no puede obviarse que, en muchos casos, como es el de los
procesos constitucionales, la imposición de una medida conminatoria (y no
la simple subrogación de la obligación) se perfila como la única vía posible
a efectos de lograr una adecuada protección de los derechos fundamentales
involucrados, dado el carácter “no fungible” que suele tener la prestación de
dar, hacer o no hacer contenida en la sentencia. En efecto, si bien en los pro-
cesos civiles la conducta renuente del sujeto obligado podría ser “subsanada”
o “corregida” a través de la figura de la subrogación (esto es, la sustitución
de la obligación primigenia por una sustituta, como podría ser una indemni-
zación), no requiriéndose por tanto de la imposición de medida conminatoria
alguna para satisfacer al demandante; lo cierto es que en los procesos cons-
titucionales, la sentencia que ordena la reposición de las cosas al estado an-
terior a la violación o amenaza requiere siempre de una actividad específica
ulterior del sujeto obligado, la cual resulta imprescindible y, por eso mismo, in-
sustituible por cualquier otra prestación. De ahí la innegable importancia que
estos mecanismos coercitivos cumplen en la práctica, y de modo ciertamen-
te funcional, en el ámbito de los procesos constitucionales. Por esa razón, re-
sulta vital referirnos a ellos seguidamente y por separado.
En primer lugar, el CPConst. alude a las multas, que son asimilables a las
llamadas “astreintes” de origen francés41, y que en el plano del proceso civil,
consisten en condenar al deudor renuente al pago de una suma de dinero

40 CHIARLONI, Sergio. Medidas coercitivas y tutela de los derechos. Traducción de Aldo Zela Ville-
gas, Palestra, Lima, 2003, p. 49. En contraste, el autor afirma que el proceso de sustitución de
las medidas coercitivas sobre la persona del deudor, por la ejecución por subrogación, represen-
ta uno de los aspectos más significativos del progreso jurídico que ha dado luces a la plena sepa-
ración entre derecho civil y derecho penal (Ibídem, p. 53-54).
41 Como informa Ariano Deho, la astreinte francesa fue una creación eminentemente jurisprudencial
que, para algunos, se remonta a una mítica sentencia del Tribunal del Cray del 23 de marzo de
1811 y para otras al famoso caso de la princesa de Beauffremont destinataria de una intimación
de la Corte de apelación de París del 7 de agosto de 1878. Señala la autora, sin embargo, que las
astreintes han sido positivizadas en el país galo (ARIANO DEHO, Eugenia. “¿Una ‘astreinte’ en-

35
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

con función conminatoria y aumentando progresivamente la suma si el cum-


plimiento se retarda. Así pues, se evoca el antiguo principio crescente contu-
macia poena quoque creceré debet42.
Ahora bien, la imposición de multas coercitivas en el ámbito de los proce-
sos constitucionales no es, desde luego, un poder omnímodo en manos del
juez, sino que, como todo poder, debe estar sujeto a ciertos límites, que no
son otros que aquellos que se derivan de la necesidad de proteger los dere-
chos fundamentales del sujeto ejecutado.
De ahí que el Tribunal haya ponderado que, si bien las multas constitu-
yen un instrumento importante para lograr el acatamiento de una sentencia
constitucional, su utilización no puede resultar desproporcionada o irracional,
“sino que corresponde que la autoridad competente, en cada caso, cumpla
con motivar y sustentar en forma adecuada sus decisiones, esto es, hacer mí-
nimamente referencia a los requerimientos hechos así como a los apremios
dispuestos”43.
Por esa razón, es preferible contar de antemano con un catálogo de reglas
claras y previsibles para una adecuada utilización de esta clase de medidas,
las que, siguiendo a los comentarios de Ariano Deho sobre el artículo 53 del
Código Procesal Civil44, podrían ser las siguientes:
a) Dado que se trata de una facultad del juez, la imposición de la multa debe
realizarse de oficio (por lo que inicialmente no procede a solicitud de parte).
Se trata de una sanción pecuniaria cuyo destinatario es el Estado, y especí-
ficamente, el Poder Judicial (artículo 420 del Código Procesal Civil), y no la
parte demandante.
b) El monto de la multa debe ser establecido discrecionalmente por el juez.
Discreción, desde luego, no significa arbitrariedad, sino solo que la cifra
de la sanción no se encuentra prevista expresamente en una norma legal.
Ello obedece a que un monto fijo podría resultar adecuado para ciertos ca-
sos, pero no para otros, por lo que resulta recomendable apelar al buen
criterio del juzgador, quien es el que mejor conoce los hechos del caso y
el escenario del incumplimiento producido.
c) La multa es progresiva, vale decir, que no consiste en una suma fija que
deba ser pagada por una sola vez y para siempre, sino que se va gene-
rando en determinados períodos de tiempo, los que también son determi-
nados por el juez. Dicha situación, desde luego, quiere incidir en la esfera
psicológica del demandado, para quien dicha progresividad significa en la

doprocesal? (Reflexiones sobre las multas coercitivas del artículo 53 CPC)”. En: Problemas del
proceso civil. Jurista, Lima, 2003, p. 389, nota a pie de página 12).
42 CHIARLONI, Sergio. Ob. cit., p. 127.
43 STC Exp. Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 56.
44 ARIANO DEHO, Eugenia. Ob. cit., p. 386.

36
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

mayoría de los casos un costo elevado que es preferible evitar, cumplien-


do a cambio con la sentencia expedida.
d) La finalidad de la multa es compulsoria, esto es, está destinada a pre-
sionar a la parte vencida (o a un tercero) a fin de que cumpla, en concre-
to, lo dispuesto en un mandato judicial. En vista de ello, debe descartarse
una presunta finalidad sancionatoria (o represiva) respecto de una “deso-
bediencia” ya acaecida. Es importante tener en cuenta este matiz, sobre
todo el juez constitucional, porque si este entendiera (erróneamente) que
la multa tiene una función sancionatoria, concluirá también que su sola
imposición habrá cumplido su cometido (a saber, sancionar al responsa-
ble). En cambio, si el juez comprendiera, esta vez de un modo acertado,
que la multa persigue una finalidad compulsoria, entendería también que
su mera imposición no agota su utilidad, sino que podrá reiterarla hasta en
tanto que el sujeto obligado no cumpla con el mandato de la sentencia ex-
pedida. En resumidas cuentas: la multa coercitiva no constituye un fin en
sí mismo, sino algo bastante distinto, un instrumento para lograr el cumpli-
miento de la sentencia constitucional.
e) La multa puede ser reajustada (léase disminuida o aumentada) en aten-
ción a las razones de la “desobediencia”. Ello quiere decir que, si bien el
juez tiene la facultad discrecional para fijar el monto de la multa, esta pue-
de variar con el tiempo y en atención a las circunstancias que se vayan
presentado. Hay, desde luego, supuestos en los cuales la “desobedien-
cia” puede estar de algún modo “justificada”. En tal caso, la “disminución”
aparecerá como una medida justa, lo que no quita, sin embargo, que el
sujeto obligado deba concentrar todos sus esfuerzos a fin de remover los
obstáculos que impiden la ejecución “temporal” de la sentencia, cuya obli-
gatoriedad de ningún modo se ve mermada por la situación descrita. Con
el mismo criterio, el “aumento” estará justificado cuando el juez pueda per-
catarse de que, dada la nimiedad de la sanción, al demandado le resulte
más “rentable” no cumplir con la sentencia que pagar la multa.
f) Del mismo modo, la multa puede ser dejada sin efecto “cuando la deso-
bediencia ha tenido o tiene justificación”. Este caso extremo, desde lue-
go, merece ser analizado con bastante cuidado, y diríamos nosotros, de
un modo excepcional y restrictivo, toda vez que será deber del demanda-
do probar de un modo fehaciente y creíble la mencionada “justificación”.
No debe olvidarse, al respecto, que detrás de la ejecución de una senten-
cia constitucional se encuentran siempre derechos concretos de personas
ciertas que están esperando ser efectivizados, por lo que la demostración
de la “excusa” para el incumplimiento, debería ser sometida a un juicio o
control estricto. En todo caso, es evidente que, siendo dicha “justificación”

37
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

siempre una situación temporal, desaparecida esta, el juez se encuentra


habilitado para ordenar las multas que estime pertinentes.
Es una facultad del juez, que se realiza de oficio

El monto es fijado discrecionalmente por el juez


MULTA
Es progresiva (y no una suma fija)
COERCITIVA
Tiene una finalidad compulsoria (y no sancionatoria)

Puede ser reajustada (esto es, disminuida o aumentada) o dejada sin efecto

Por su parte, la figura de la destitución del responsable, al imponer un


castigo al sujeto renuente al cumplimiento de la sentencia, se revela como
una medida esencialmente sancionatoria o disciplinaria, antes bien que com-
pulsoria, aunque ciertamente no pueden negarse sus efectos intimidatorios
sobre la entidad obligada y, desde luego, sobre el funcionario que asumirá el
cargo dejado por el funcionario destituido. Naturalmente, cabe entender que
la destitución, una vez efectuada, no constituye por sí misma el “cumplimien-
to” de la sentencia, pues el mandato judicial se mantiene incólume aún en
este supuesto. Aquí también la destitución no es un fin en sí mismo, sino un
instrumento para lograr el acatamiento de una sentencia.
En lo que respecta a sus requisitos de aplicación, somos de la opinión de que
la sanción de destitución debiera atender a una responsabilidad subjetiva (y no
objetiva), toda vez que lo que el juez constitucional debe evaluar es la negligencia
o culpa del sujeto renuente, antes que el mero incumplimiento per se, que podría
obedecer a múltiples razones que escapan a su esfera de control. En este últi-
mo caso, como se dijo, será deber del funcionario responsable no solo informar al
juez sobre tales razones, sino también desplegar, animado por la buena fe, todas
aquellas acciones que resulten pertinentes para superar dichas dificultades.

3. Desarrollo jurisprudencial
De una somera revisión de los casos a los que hemos tenido acceso, es
posible afirmar con seguridad que la utilización de medidas coercitivas en los
procesos constitucionales, como mecanismos para lograr el cumplimiento de
las sentencias emitidas, no ha sido un asunto estéril en la práctica judicial. De
hecho, no es raro encontrar que las sentencias del propio Tribunal Constitu-
cional acompañen su fallo con el apercibimiento de multas o destitución del
responsable en caso de no cumplirse con este, lo que refleja indudablemente
una línea jurisprudencial que, en la medida de lo posible, debiera ser seguida
o imitada por todas las instancias judiciales.

38
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Así pues, un primer caso relacionado con las multas coercitivas, lo po-
demos encontrar en la STC Exp. Nº 01317-2008-PHC/TC, caso en el cual el
Tribunal Constitucional declaró fundada una demanda de hábeas corpus, y
en consecuencia con ello, ordenó que los demandantes ingresen libremente
al domicilio de su padre o a cualquier otro lugar donde resida o se encuentre
para interactuar con él sin la presencia de terceros. Sin embargo, el Tribunal
también dispuso a la jueza competente para que, conforme a lo resuelto por
el Colegiado, “ejecute la presente sentencia conforme al artículo 22 del Códi-
go Procesal Constitucional y con todas las garantías que le otorga la ley; así
como los apremios en caso de resistencia”.
Posteriormente a ello, los demandantes interpusieron un recurso de agra-
vio constitucional a favor del cumplimiento de esta sentencia del Tribunal
Constitucional, el que llegó a su conocimiento a través de un recurso de que-
ja. Finalmente, en la RTC Exp. Nº 02261-2009-PHC/TC, el Tribunal llegó a la
conclusión de que la demandada había incumplido el mandato contenido en
la sentencia constitucional de hábeas corpus, dado que no había permitido a
los demandantes que ingresen libremente a ver a su padre. Por dicho razón,
el Colegiado declaró fundado el recurso de agravio constitucional interpues-
to, ordenando que el juez de ejecución realice todas las acciones para que la
sentencia emitida se ejecute en sus propios términos. Sin embargo, y a los
efectos que aquí interesan, cabe mencionar que en el fundamento 4 de esta
última sentencia, el Tribunal determinó que:
“[S]i bien se encuentra probado que doña Graciela de Losada Marrou
ha incumplido la sentencia recaída en el Exp. Nº 01317-2008-PHC/TC
y que en el segundo punto resolutivo de esta sentencia se estableció
que en caso de incumplimiento el juez de ejecución podía imponer la
multa correspondiente, este al momento de imponerla debe tener pre-
sente que la multa no puede afectar el derecho al mínimo vital de la eje-
cutada, entendido como aquellos ingresos o bienes necesarios y sufi-
cientes para que una persona pueda subsistir dignamente. Ello debido
a que la multa impuesta por la juez de ejecución a doña Graciela de Lo-
sada Marrou, en principio, parecería ser excesiva, mas no injustificada;
sin embargo, en este punto el Tribunal debe respetar la autonomía del
Poder Judicial, pues hacer lo contrario implicaría invadir competencias
que no le son propias”45.
Como se puede ver aquí, el Tribunal entiende que la imposición de la multa
es, ciertamente, una facultad discrecional del juez encargado de la ejecución
de la sentencia (por ello, señala que no puede “invadir [sus] competencias”),

45 RTC Exp. Nº 02261-2009-PHC/TC, f. j. 4.

39
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

no obstante lo cual, señala también a modo de pauta que su imposición no


puede afectar otros derechos del demandado (como al mínimo vital), toda vez
que es un requisito ineludible que la multa sea “razonable” y “proporcional” a
los fines que con ella se pretenden alcanzar.
En otro pronunciamiento, referido a la conversión de un proceso de cumpli-
miento en uno de amparo (STC Exp. Nº 04080-2004-AC/TC), el Tribunal de-
claró fundada la demanda interpuesta por el recurrente, pero además agregó:
“[R]esulta de aplicación lo previsto en el artículo 22 del Código Procesal
Constitucional referido a la aplicación de los apercibimientos que corres-
ponde hacer al Juez constitucional para el efectivo cumplimiento de las
sentencias en los procesos constitucionales. En consecuencia, analizan-
do las graves consecuencias que tiene sobre el derecho a la efectividad
de la tutela judicial el incumplimiento de pago por parte de la emplaza-
da de los montos líquidos que han sido ordenados con base en una de-
cisión judicial firme, este Colegiado considera que, a efectos de no ver
burlado una vez más el cumplimiento de las decisiones judiciales, resulta
necesario establecer como multa que deberá pagar el Director de la Uni-
dad de Gestión Educativa de Chincha, el equivalente a 10 Unidades de
Referencia Procesal, estableciéndose, además, que de no darse cumpli-
miento a lo dispuesto en las Resoluciones Directorales (…), en el término
de 10 días hábiles luego de notificada la presente sentencia, se deberá
proceder a la destitución del mencionado funcionario, tal como lo prevé
el artículo 22 del Código Procesal Constitucional, pudiéndose, en todo
caso, suspender la medida de multa si es que en la fase de ejecución el
Juez constata que se ha dado cumplimiento a lo dispuesto en el término
del quinto día de notificada esta sentencia”46.
Por otro lado, es necesario mencionar que las multas también le han ser-
vido al Tribunal Constitucional como un medio para castigar a los abogados47
(en cuyo caso, como se dijo, estaríamos frente a la multa como un mecanismo
compulsorio intraprocesal); así como para sancionar a quienes incumplen sus
sentencias recaídas en procesos de inconstitucionalidad, merituando enfática-
mente en este último caso que:

46 STC Exp. Nº 04080-2004-AC/TC, f. j. 23. En otras sentencias, el Tribunal ha optado por apercibir al
demandado con una multa acumulativa ascendente a 20 Unidades de Referencia Procesal, de con-
formidad con el artículo 22 del CPConst. (Vide STC Exp. Nº  01475-2010-PHD/TC, punto resoluti-
vo 2; STC Exp. Nº 0554-2010-PHD/TC, punto resolutivo 2; STC Exp. Nº 01108-2010-PA/TC, punto
resolutivo 2; entre otras). En otros casos, en cambio, el Tribunal deja a discreción del juez de ejecu-
ción la imposición de las multas respectivas (Vide STC Exp. Nº 04611-2007-PA/TC, punto resoluti-
vo 1.4).
47 Entre otras, pueden verse las SSTC Exps. Nºs 0440-2010-PHC/TC, 0482-2010-PA/TC, 04599-
2008-PA/TC, 05921-2009-PHC/TC, 03698-2009-PHC/TC, 05953-2009-PHC/TC, etc.

40
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“[E]l Tribunal Constitucional, en su condición de órgano de control de la


Constitución (artículo 201 de la Constitución) y órgano supremo de in-
terpretación y control de la constitucionalidad (artículo 1 de la Ley
Nº 28301); en el supuesto de que alguna autoridad o persona, preten-
da desconocer los efectos vinculantes de sus resoluciones, resultará
de aplicación el artículo 22 del CPConst., en el extremo que dispone
que para el cumplimiento de una sentencia el juez podrá hacer uso de
multas fijas acumulativas, disposición que es aplicable supletoriamente
al proceso de inconstitucionalidad en virtud del artículo IX del mencio-
nado cuerpo normativo”48.
En cuanto a la figura de la destitución del responsable, el Tribunal ha
hecho uso de este mecanismo en la STC Exp. Nº 5561-2007-PA/TC, en la
cual se declaró como un “estado de cosas inconstitucional” la participación te-
meraria, obstructiva y contraria a la jurisprudencia y precedentes del Tribunal
de la ONP en los procesos judiciales relacionados a los derechos pensiona-
rios que administra. Pues bien, en el caso concreto del demandante, el Tribu-
nal ordenó a la ONP dar cumplimiento a la sentencia expedida por la Tercera
Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima:
“[B]ajo apercibimiento de solicitar la destitución del cargo de Jefe Na-
cional de la ONP de don José Luis Chirinos Chirinos, notificándolo para
dicho efecto de manera personal en el domicilio de la referida entidad,
de conformidad con lo previsto en el artículo 22 del Código Procesal
Constitucional”49.
Finalmente, el Tribunal Constitucional también ha sido enérgico al afirmar
que el incumplimiento de sus sentencias puede traer como consecuencia la
apertura del correspondiente proceso penal, al señalar en la STC
Exp. Nº 02579-2003-PHD/TC, lo siguiente:
“[A] fin de que se respeten plenamente los pronunciamientos de esta
naturaleza que de ahora en adelante se emitan, este Colegiado enfati-
za que, si con posterioridad a la fecha de expedición de una sentencia
de esta clase, llegase al Tribunal o a cualquier órgano judicial compe-
tente un caso análogo, cuyos hechos se practiquen con fecha posterior
a la de esta sentencia, aparte de que se ordene la remisión de copias
de los actuados por la violación del derecho constitucional concreta-
mente afectado, también se dispondrá que se abra proceso penal por
desacato de una sentencia del Tribunal Constitucional”50.

48 STC Exp. Nº 0592-2005-PA/TC, f. j. 26. En igual sentido, STC Exp. Nº 02041-2007-PA/TC, punto
resolutivo 2.
49 STC Exp. Nº 05561-2007-PA/TC, punto resolutivo Nº 2, literal c).
50 STC Exp. Nº 02579-2003-PHD/TC, f. j. 21.

41
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

4. Preguntas de interés

‰‰¿Existe un plazo para solicitar las medidas coercitivas?


No existe. De hecho, el juez constitucional mantiene su competencia indefini-
damente para imponer esta clase de medidas, hasta en tanto no se logre el cum-
plimiento íntegro y efectivo de la sentencia expedida.

‰‰¿Qué pasa cuando la sentencia constitucional no puede ejecutarse “por


cierto tiempo” debido a una imposibilidad material no imputable al de-
mandado? ¿Proceden las medidas coercitivas?
No puede descartarse que, en vía de ejecución, una sentencia constitucio-
nal tenga que esperar un cierto lapso para ser efectivamente acatada. ¿Cons-
tituye ello un incumplimiento de la sentencia? ¿Merece el demandado recibir
una multa? Pongamos algunos ejemplos para contextualizar la interrogante.

Un trabajador demanda a su empleador a través en un proceso de am-


paro, en el cual obtiene una sentencia estimatoria firme que ordena su
inmediata reposición al centro de trabajo. No obstante ello, en etapa de
ejecución de sentencia, la empresa aduce que no existen las plazas
disponibles para cumplir con la sentencia, por plantea la necesidad de
esperar hasta que exista una vacante.

Una persona ganó un proceso de amparo interpuesto contra un club,


del cual fue arbitrariamente expulsada. La sentencia ordena su inme-
diata reincorporación a la institución, pero al momento de ejecutarse
el fallo, el club alega que no existen cupos para reincorporarlo, por lo
que, según aduce, se tendrá que esperar hasta la próxima convocato-
ria o, en su defecto, hasta que un socio renuncie al club o sea sancio-
nado con la expulsión.
Como se puede apreciar, en estos casos no es posible hablar stricto sensu
de un incumplimiento “voluntario” de la sentencia constitucional, pues este obe-
dece a factores que no dependen enteramente del demandado. En esa medi-
da, y dado que no existe una responsabilidad subjetiva que deba sancionarse,
no resultaría de aplicación el mecanismo de las multas coercitivas estableci-
do en el CPConst. Desde luego, ello no implica que la sentencia devenga au-
tomáticamente en “inejecutable”, como algunas veces se cree erróneamente,
sino que por obvias razones el cumplimiento deberá diferirse hasta un momen-
to posterior, periodo durante el cual la persona o entidad demandada deberá
mostrar una conducta leal y comprometida orientada al cumplimiento cabal de
la sentencia (lo que, evidentemente, debe ser adecuadamente fiscalizado por
el juez de ejecución), ello sin perjuicio de las medidas cautelares que pudieran
interponerse con la debida anticipación.

42
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

‰‰¿Cuáles son los mecanismos coercitivos para hacer cumplir una


sentencia de hábeas corpus?
Al respecto, el Tribunal Constitucional entiende que la sentencia de hábeas
corpus debe ser ejecutada de forma inmediata. No obstante, en un escenario
de incumplimiento, el juez dispone de las siguientes medidas compulsorias51:
a) Poner en conocimiento del Ministerio Público el incumplimiento a fin de
que dicha entidad formule la denuncia pertinente, por el delito contra la li-
bertad individual, dado que la sentencia que ordena el cese de la medi-
da que restringe el derecho a la libertad individual es manifiestamente
contraria a la Constitución, pues afecta el derecho fundamental a la liber-
tad individual y/o conexos, de manera ilegítima y arbitraria (artículo 8 del
CPConst.).
b) Solicitar el apoyo de la fuerza pública para constituirse personalmente en
el lugar donde se encuentra el agraviado en el proceso de hábeas corpus,
con el objeto de proceder a ejecutar lo ordenado en la sentencia, en los
términos previstos en ella (artículos 118, inciso 9 y 166 de la Constitución).
c) Disponer la ejecución de medidas complementarias e idóneas para el
cumplimiento de lo ordenado en la sentencia.
‰‰¿Establece el artículo 8 del CPConst. otro tipo de medida coercitiva
frente al incumplimiento de las sentencias constitucionales?
No lo establece. En estricto, el artículo 8 del CPConst. señala la responsa-
bilidad del agresor o autor del acto lesivo, pero no constituye un mecanismo
para lograr el cumplimiento de las sentencias constitucionales, como tal. Di-
cho artículo señala, a la letra, lo siguiente:

Cuando exista causa probable de la comisión de un delito, el Juez, en


la sentencia que declara fundada la demanda en los procesos tratados
en el presente título [se refiere a los procesos de tutela de derechos],
dispondrá la remisión de los actuados al Fiscal Penal que correspon-
da para los fines pertinentes. Esto ocurrirá, inclusive, cuando se decla-
re la sustracción de la pretensión y sus efectos, o cuando la violación
del derecho constitucional haya devenido en irreparable, si el Juez así
lo considera.
Tratándose de autoridad o funcionario público, el Juez Penal podrá im-
poner como pena accesoria la destitución del cargo.
El haber procedido por orden superior no libera al ejecutor de la respon-
sabilidad por el agravio incurrido ni de la pena a que haya lugar. Si el

51 STC Exp. Nº 04119-2005-AA/TC, f. j. 53.

43
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

responsable inmediato de la violación fuera una de las personas com-


prendidas en el artículo 99 de la Constitución, se dará cuenta inmediata
a la Comisión Permanente para los fines consiguientes.

Como se dijo antes, el Tribunal ha interpretado que el artículo 8 del


CPConst. constituye una “vía” para hacer efectivas las responsabilidades
(penales, administrativas, civiles, políticas, etc.) que resulten aplicables a los
sujetos renuentes a acatar una sentencia constitucional en su etapa de ejecu-
ción52, lo que en todo caso queda a criterio del juez encargado de dicha fase
(esto es, el juez de la demanda)53. Es pues, por tanto, el artículo 8 del Código,
una norma al servicio de las responsabilidades en materia de ejecución de
sentencias, fijadas en otros artículos de ese mismo cuerpo normativo.
En consecuencia, si el juez de la demanda advierte en la etapa de ejecu-
ción de sentencia que la conducta renuente del sujeto obligado a cumplir con
esta constituye un delito tipificado en el Código Penal (para lo cual, como se
dijo antes, no basta con la mera inejecución de la sentencia), o en su caso,
configura un supuesto de destitución del responsable, podrá hacer uso del ar-
tículo 8 del CPConst., a efectos de promover el proceso o procedimiento co-
rrespondientes.

52 STC Exp. Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 54. Y es que, como es sabido, la finalidad “original” de este ar-
tículo radica en hacer efectivas las responsabilidades (penales, civiles, administrativas o políticas)
atribuibles al sujeto agresor por violar o amenazar el derecho o derechos invocados en la demanda
(mas no por no ejecutar la sentencia constitucional propiamente dicha).
53 Cabe señalar, en este punto, que el Tribunal Constitucional ha interpretado que el recurso de
agravio constitucional no cabe para determinar la responsabilidad del agresor, en tanto que “me-
dida accesoria”, dado que el mencionado recurso solo brinda una protección superlativa con-
tra las resoluciones denegatorias de protección de un derecho fundamental (STC Exp. Nº 2877-
2005-PHC/TC, f. j. 20).

44
3
La actuación inmediata de la
sentencia
1. Normativa aplicable
El artículo 22 del Código Procesal Constitucional dis-
pone lo siguiente:
“La sentencia que ordena la realización de una pres-
tación de dar, hacer o no hacer es de actuación in-
mediata”.
Por su parte, el artículo 59 del referido Código estable-
ce, para el caso del proceso de amparo, lo siguiente:
“Sin perjuicio de lo establecido en el artículo 22 del
presente Código, la sentencia firme que declara fun-
dada la demanda debe ser cumplida dentro de los
dos días siguientes de notificada. Tratándose de
omisiones, este plazo puede ser duplicado”.

2. Marco doctrinario
Una de las novedades más importantes que trajo con-
sigo la codificación procesal constitucional en nuestro país
–si la comparamos con la normativa inmediatamente pre-
cedente54– es aquella regulada en el segundo párrafo del
artículo 22 del CPConst. Esta disposición normativa intro-
duce la figura de la actuación inmediata de la sentencia en
el proceso de amparo, en virtud de la cual el juez de pri-
mera instancia puede dar eficacia a la sentencia estimato-
ria por él emitida, independientemente de la apelación que
haya sido interpuesta por la parte vencida.

54 Al respecto, cabe señalar que la derogada Ley Nº 23506 no contempla-


ba ninguna norma sobre la ejecución de las sentencias en los procesos
de la libertad, mientras que la Ley Nº 25398 solo introdujo algunas re-
glas secundarias.

45
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

No obstante ello, lo cierto es que la confusa redacción de la norma55, aunada


a las omisiones en las que ella incurre, ha ocasionado que los operadores ju-
rídicos abriguen más dudas que certezas en relación con la vigencia y apli-
cabilidad de esta institución procesal, incluyendo, desde luego y en primer
término, a los propios jueces constitucionales56. Ello explica bien por qué la
virtualidad de esta norma ha permanecido tanto tiempo entrampada en medio
de acalladas controversias académicas y de prácticas judiciales cautelosas.
Es sabido, sin embargo, que los vacíos o deficiencias en el Derecho Pro-
cesal Constitucional son, antes que vallas insuperables, situaciones que el
Tribunal Constitucional se encuentra llamado a corregir o complementar a tra-
vés de su jurisprudencia, en el afán de perfeccionar los procesos constitucio-
nales. Ciertamente, este parece haber sido el telón de fondo de una reciente
decisión del Tribunal (STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC), en la cual se desarro-
llan con algún grado de detalle las condiciones de aplicación de esta figura
procesal, y cuyo comentario abordaremos más adelante. Por ahora, es mo-
mento de revisar algunas cuestiones previas.
La actuación inmediata de la sentencia (también llamada “ejecución pro-
visional”) constituye un mecanismo de tutela diferenciada que busca con-
trarrestar que el paso del tiempo en el proceso haga irrealizable el sentido
material de justicia reflejada en la sentencia de primer grado que favorece al
demandante, como consecuencia del efecto suspensivo que la ley suele otor-
gar al recurso de apelación interpuesto por la parte vencida57. En algunos ca-
sos, esa suspensión es injusta por tener efectos dilatorios (es decir, por diferir

55 La confusión se presenta al contrastar el segundo párrafo del artículo 22 con el primero, que alu-
de a la “sentencia que causa ejecutoria” (lo que podría entenderse como “sentencia firme”), duda
que se confirma al concordar el artículo 22 con el 59, que comienza diciendo “sin perjuicio de lo
establecido en el artículo 22”. Un recuento de las posturas doctrinales en torno a la interpreta-
ción de estas normas puede encontrarse en ETO CRUZ, Gerardo. “¿Existe actuación de senten-
cia impugnada en el Código Procesal Constitucional Peruano?”. En: FERRER MAC-GREGOR,
Eduardo y ZALDÍVAR LELO DE LARREA, Arturo (coordinadores). La ciencia del Derecho Proce-
sal Constitucional. Estudios en Homenaje a Héctor Fix-Zamudio. Tomo V - Juez y sentencia cons-
titucional, UNAM, IMDPC, Marcial Pons, México, 2008, p. 347 y ss.
56 En realidad, existen algunas contadas excepciones a nivel del Poder Judicial, como es el caso de
la resolución de fecha 29 de diciembre de 2005 (Exp. 4989-2005), emitida por la Cuarta Sala Ci-
vil de la Corte Superior de Lima, que confirmó una resolución expedida por el Sexagésimo Juz-
gado Civil de Lima que contenía la orden de actuación inmediata de la sentencia de primer grado
en un proceso de amparo (Cfr. CAIRO ROLDÁN, Omar. “El amparo y la tutela de urgencia: insti-
tuciones en el Perú y en el Derecho Comparado”. En: Palestra del Tribunal Constitucional. Año 3,
Nº 2, Lima, febrero de 2008, p. 150), así como también la resolución de 13 de julio de 2005 (Exp.
N° 2005-306), emitida por el Juez Especializado en lo Civil de Chanchamayo, que se pronunció
en el mismo sentido (Cfr. HURTADO REYES, Martín. Tutela jurisdiccional diferenciada. Palestra,
Lima, 2006, pp. 524-525).
57 De hecho, esto es lo que sucede con el recurso de apelación en los procesos civiles, conforme al
artículo 368, inciso 1 del Código Procesal Civil. Un caso de excepción, sin embargo, es el señala-
do en el artículo 566, referido al proceso de alimentos. Por su parte, el recurso de casación conser-
va también su efecto suspensivo, dado que la reforma de mayo del año pasado (Ley N° 29364) no
acogió la propuesta de modificación del artículo 393 del Código, que proponía que dicho recurso no
debía suspender la ejecución de las sentencias de condena.

46
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

la justicia para otro momento), pero en otros, la situación se torna más grave
porque la inejecutabilidad de la sentencia deviene en definitiva e irreversible
(con lo cual, la justicia se convierte en un simple espejismo).
En ese contexto, la figura de la actuación inmediata de la sentencia supo-
ne, en palabras del profesor Marinoni, una forma de “distribución racional del
tiempo en el proceso”58, que permite al juez constitucional tutelar el derecho
cierto, actual y evidente del demandante (cuyo respaldo es una sentencia que
así lo acredita), en lugar del derecho incierto, no vigente y simplemente afir-
mado del demandado (quien solo cuestiona una decisión que le es adversa).
Con toda seguridad, una visión tal de la justicia se contrapone abiertamen-
te al esquema clásico del proceso, laxo y garantista, que reservaba la ejecu-
ción para las decisiones finales e inimpugnables y, en su lugar, postula la idea
de una justicia episódica o escalonada (o de victorias parciales) basada en
los “índices de probabilidad de éxito” atribuibles a las partes. Este modelo es
también, qué duda cabe, el modelo de “proceso” en el Estado constitucional,
que supone un contexto en el cual “el derecho fundamental a la tutela efecti-
va incide sobre el legislador obligándolo a considerar las necesidades del de-
recho material, y sobre el juez, atribuyéndole el deber de comprender el pro-
cedimiento conforme a las particularidades del caso concreto”59.
Sin perjuicio de lo expuesto, es importante tener en cuenta que la figura
procesal de la actuación inmediata presenta una serie de ventajas y desven-
tajas en su aplicación práctica, las cuales es necesario sopesar y armonizar
en sede legislativa y jurisprudencial, a efectos de lograr una tutela efectiva
de los derechos fundamentales que se encuentran en juego, a saber: por un
lado, el derecho del demandante a quien el juez de primer grado ha dado la
razón para hacer cumplir una decisión que le es favorable (lo que se deriva de
su derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, reconocido en el artículo 139, in-
ciso 3 de la Constitución); y por el otro, el derecho del demandado a impugnar
esa decisión ante una segunda instancia (facultad reconocida también por la
Norma Fundamental en su artículo 139, inciso 6).
Así pues, entre las principales ventajas, suele mencionarse que la actua-
ción inmediata tiene por virtud reducir el número de apelaciones injustifica-
das, evitar la configuración de daños irreparables, revalorizar el trabajo reali-
zado por el juez de primera instancia, etc. Sin embargo, con el mismo énfasis,
se señala también que la actuación inmediata genera (o puede generar) un
perjuicio grave en los intereses del demandado, dado que ella puede dar al

58 MARINONI, Luiz Guilherme. “La necesidad de distribuir la carga del tiempo en el proceso”. En:
Themis. Nº 43, Lima, 2001, p. 49.
59 MARINONI, Luiz Guilherme. “El proceso en el Estado constitucional”. Traducción de Christian Delga-
do Suárez. En: Revista Peruana de Derecho Procesal. Nº 15, 2010, p. 184.

47
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

vencedor inicial más de lo que legítimamente le corresponde60. Igualmente,


se aduce que la mencionada figura causa gastos procesales inútiles en aque-
llos casos en que, como consecuencia de la revocación de la sentencia esti-
matoria de primer grado, tenga que volverse todo hacia atrás61. Finalmente,
se arguye que la actuación inmediata crea mayor inseguridad jurídica y más
litigios, pues los recursos que dicha institución desalienta generan precisa-
mente aquella jurisprudencia que ayuda a despejar la incertidumbre legal62.

ACTUACIÓN INMEDIATA DE LA SENTENCIA

VENTAJAS DESVENTAJAS

 Puede generar un perjuicio grave para el


 Reduce el número de apelaciones injus- demandado.
tificadas.
 Genera gastos procesales inútiles si se
 Evita la configuración de daños irrepara- revoca la sentencia.
bles.
 Crea mayor inseguridad jurídica.
 Revaloriza el trabajo desempeñado por el
juez de primera instancia.  Implica una afectación a la presunción de
inocencia.

Es innegable que los daños que la actuación inmediata puede generar en


la esfera de la parte vencida constituyen razones más que atendibles para
brindar al demandado alguna clase de protección o defensa en el trámite de
dicha institución procesal. Sin embargo, no puede olvidarse que la posibilidad
de verse afectado por un daño es una circunstancia recíproca para ambas
partes (es decir, para el demandante y para el demandado). En efecto, mien-
tras el demandante puede verse dañado al no ejecutarse la sentencia de pri-
mer grado, el demandado puede serlo al sufrir precisamente esa ejecución.
En ambos casos, ciertamente, ese daño puede correr el riesgo de convertir-
se en irreparable, hipótesis en la cual es razonable suponer que nos encon-
traríamos frente a un verdadero conflicto trágico.
Estas reflexiones, en realidad, nos remiten a la pregunta inicial relativa al
“cómo” debería repartirse el costo del tiempo en el proceso cuando ya exis-
te una sentencia estimatoria de primer grado. La actuación inmediata, como

60 MONROY GÁLVEZ, Juan. Ob. cit., p. 206.


61 RAMOS ROMEU, Francisco. “¿Es deseable favorecer la ejecución provisional?”. En: Latin Ame-
rican and Caribbean Law and Economics Association (ALACDE) Annual Papers. Berkeley Pro-
gram in Law and Economics, UC Berkeley, p. 5. Disponible en: <http://escholarship.org/uc/
item/3rd0h287> [consultado: 11/05/2010].
62 RAMOS ROMEU, Francisco. Ob. cit., p. 6.

48
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

se dijo, presupone que ese reparto debe beneficiar al vencedor de la prime-


ra instancia, lo que sin embargo no impide afirmar que ella genera también
un espacio para la ponderación de derechos en el caso concreto, a fin de
no afectar desmedidamente el círculo de intereses correspondiente al suje-
to demandado.
Así, por ejemplo, el profesor Pedro Grández opina que en la actuación in-
mediata de la sentencia debe ponderarse no solo la naturaleza de las preten-
siones, sino también la calidad de los actores del proceso constitucional en
cuestión. En ese orden de ideas, a decir del autor, la tutela brindada por el am-
paro debería restringirse tratándose de procesos constitucionales que se enta-
blen entre entes públicos o en el caso de una sentencia estimatoria favorable a
la Administración contra un particular (por afectación, por ejemplo, del derecho
a la tutela judicial efectiva), toda vez que las entidades públicas sí podrían es-
perar una sentencia definitiva para ejecutarla sin mayor inconveniente63.

3. Desarrollo jurisprudencial
A pesar de la controversia generada a nivel de la doctrina en torno a si la
figura de la actuación inmediata se encontraba recogida o no en el CPConst.,
lo cierto es que el Tribunal Constitucional admitió tempranamente, en algu-
nos pronunciamientos, la existencia de dicha institución en nuestro ordena-
miento procesal constitucional, afirmando en ellos que la sentencia recaída
en los procesos de tutela de derechos debía ser actuada en forma inmedia-
ta, lo que juzgaba acorde con aquella protección judicial rápida y efectiva que
debía existir en materia de amenaza o violación de estos64.
Sin embargo, no sería sino con la expedición de la STC Exp. Nº 0607-2009-
PA/TC, que el Tribunal entraría a analizar, con mayor detenimiento, cuáles eran
los fundamentos, objetivos y presupuestos procesales que caracterizaban a la fi-
gura in comento, aceptando de este modo que su regulación se ubicaba en el ar-
tículo 22 del CPConst. A continuación, revisaremos los puntos más resaltantes
de este pronunciamiento.
3.1. Definición
“Suele entenderse por ‘actuación inmediata de la sentencia estimato-
ria’ (o ‘ejecución provisional’) aquella institución procesal a través de la
cual se atribuye eficacia a una resolución definitiva sobre el fondo, pero

63 GRÁNDEZ CASTRO, Pedro: “La ejecución de las sentencias en los procesos de tutela de los de-
rechos: las lecciones de la Corte Suprema Norteamericana”. En: Palestra del Tribunal Constitu-
cional. Año 2, Nº 12, Lima, diciembre de 2007, pp. 635-636.
64 Cfr. STC Exp. Nº 5994-2005-PHC/TC, f. j. 3; STC Exp. Nº 4878-2008-PA/TC, f. j. 56; y STC Exp.
Nº 5287-2008-PA/TC, f. j. 28.

49
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

carente de firmeza, cuyos efectos quedan así subordinados a lo que re-


sulte del recurso interpuesto o por interponer”65.
3.2. Finalidad
“[L]a actuación inmediata de la sentencia estimatoria constituye una ins-
titución procesal de suma importancia y utilidad para la efectiva concre-
ción del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, como quiera que ella
se dirige a conjurar daños irreparables, a evitar el abuso procesal de la
institución de la apelación y a (re)asignar al juez de primera instancia un
rol protagónico y estratégico en la cadena de protección de los derechos
fundamentales”66.
3.3. Derechos involucrados
“[E]n la temática de la actuación inmediata aparecen contrapuestos, por
un lado, el derecho de la parte demandante a quien el juez de primer gra-
do ha dado la razón para hacer cumplir una decisión que le beneficia (lo
que deriva de su derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, reconocido por
el artículo 139.3 de la Constitución); y, por otra parte, el derecho del de-
mandado a impugnar esa decisión ante una segunda instancia (facultad
reconocida también por la Norma Fundamental en su artículo 139.6)”67.
3.4. La no irreversibilidad de la actuación inmediata como medida más
idónea que el efecto suspensivo de la apelación
“[E]l régimen de efecto suspensivo de los recursos, al impedir la ejecu-
ción de la sentencia apelada, termina garantizando al demandado un re-
sultado que es solo contingente y aleatorio; lo que contrasta, en todo
caso, con el derecho cierto del demandante que ha sido reconocido en
la sentencia estimatoria de primer grado.
En cualquier caso, este Tribunal estima que una medida igualmente ade-
cuada al fin perseguido por el régimen de efecto suspensivo de los re-
cursos, pero menos lesiva del derecho a la ejecución de las resoluciones
judiciales, podría consistir en la prohibición dirigida al juez de conceder
toda aquella actuación inmediata que genere un estado de cosas tal que
no pueda revertirse en el futuro, cuando se cuente con el pronunciamien-
to judicial que resuelve el recurso efectivamente interpuesto”68.

65 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 22 (En este punto, el Tribunal cita a CABALLOL ANGELATS,
Lluís. La ejecución provisional en el proceso civil. Bosch, Barcelona, 1993, p. 47).
66 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 60 (En este fundamento, el Tribunal cita a MONROY GÁLVEZ,
Juan. “La actuación de la sentencia impugnada”. En: Revista Peruana de Derecho Procesal.
Tomo V, junio de 2002, p. 218).
67 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, ff. jj. 43.
68 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, ff. jj. 58 y 59.

50
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

3.5. Reglas procesales


“[P]ara la aplicación de la figura de la actuación inmediata de sentencia
estimatoria de primer grado, el juez debe observar algunos principios y
reglas procesales, como los que se mencionan a continuación:
i. Sistema de valoración mixto: si bien la regla general debe ser la ac-
tuación inmediata de la sentencia estimatoria de primer grado; el
juez conservará, empero, cierto margen de discrecionalidad para to-
mar una decisión ajustada a las especiales circunstancias del caso
concreto.
ii. Juez competente: será competente para resolver la solicitud de ac-
tuación inmediata y, de ser el caso, para llevarla a cabo, el juez que
dictó la sentencia de primer grado.
iii. Forma de otorgamiento: si bien como regla general la actuación in-
mediata procederá a pedido de parte; ello no impide que el juez pue-
da ordenarla de oficio cuando exista el riesgo de un perjuicio irre-
parable para el demandante, ello, en virtud de la obligación del juez
constitucional de proteger de modo efectivo los derechos constitucio-
nales, conforme a lo dispuesto por el artículo II del Título Preliminar
del CPConst.
iv. Sujetos legitimados: tendrá legitimación activa para solicitar la actua-
ción inmediata el beneficiado con la sentencia estimatoria de primer
grado o, en su caso, el representante procesal, según lo dispuesto
por el artículo 40 del CPConst.
v. Alcance: por regla general, la actuación inmediata ha de ser otorga-
da respecto de la totalidad de las pretensiones estimadas por el juez
a quo; sin embargo, el juez podrá conceder también la actuación in-
mediata de forma parcial, es decir, solo respecto de alguna o algunas
de las referidas pretensiones, cuando ello corresponda según las cir-
cunstancias del caso concreto y teniendo en consideración los pre-
supuestos procesales establecidos en el punto viii. No serán ejecuta-
bles por esta vía los costos y costas del proceso, ni los devengados
o intereses.
vi. Tipo de sentencia: podrá concederse la actuación inmediata de la
sentencia estimatoria de primer grado, tanto de sentencias que no
hayan sido apeladas pero que aún puedan serlo, como de senten-
cias que ya hayan sido apeladas. La actuación inmediata de la sen-
tencia estimatoria de primer grado se entiende solo respecto de sen-
tencias de condena.

51
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

vii. Mandato preciso: la sentencia estimatoria de primer grado debe conte-


ner un mandato determinado y específico (mandato líquido), de acuer-
do a lo establecido por el inciso 4 del artículo 55 del CPConst., en el cual
debe sustentarse el mandato contenido en la actuación inmediata.
viii. Presupuestos procesales:
1. No irreversibilidad: la actuación inmediata no debe generar un
estado de cosas tal que no pueda revertirse más adelante; en
caso contrario, no procederá la actuación inmediata.
2. Proporcionalidad: no obstante que, por regla general, el juez
debe conceder la actuación inmediata; al momento de evaluar la
solicitud, este deberá tener en cuenta también el daño o perjuicio
que puede causarse a la parte demandada, ponderando en todo
caso, el derecho de este a no sufrir una afectación grave en sus
derechos fundamentales y el derecho de la parte demandante a
no ser afectada por la dilación del proceso; de manera que la ac-
tuación inmediata no aparezca en ningún caso como una medi-
da arbitraria, irracional o desproporcionada.
3. No será exigible el otorgamiento de contracautela. Sin embargo,
de modo excepcional el juez puede solicitarla cuando las preten-
siones amparadas posean algún contenido patrimonial, y siem-
pre atendiendo a criterios de proporcionalidad.
ix. Apelación: la resolución que ordena la actuación inmediata, así como
aquella que la deniega, serán inimpugnables.
x. Efectos de la sentencia de segundo grado:
1. Si la sentencia de segundo grado confirma la decisión del juez a
quo que se venía ejecutando provisionalmente, dicha ejecución
se convertirá en definitiva.
2. Si la sentencia de segundo grado revoca la decisión del juez a quo
que se venía ejecutando provisionalmente, dicha ejecución provisio-
nal podrá seguir surtiendo efectos en tanto se mantengan los presu-
puestos en atención a los cuales fue inicialmente otorgada; lo que
se justifica en la finalidad esencial de los procesos constitucionales
que, de acuerdo a lo previsto en el artículo II del Título Preliminar del
CPConst., es la vigencia efectiva de los derechos fundamentales.
xi. Relación con la medida cautelar: una vez emitida la sentencia es-
timatoria de primer grado, el demandante podrá optar alternativa-
mente entre la actuación inmediata o la medida cautelar; sin embar-
go, la utilización de una excluirá la de la otra”69.

69 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 63.

52
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

APLICACIÓN DE LA ACTUACIÓN INMEDIATA DE LA SENTENCIA

Tiene por fundamento garantizar y optimizar la efectiva vigencia del derecho a la


Fundamento
tutela jurisdiccional efectiva, o a la ejecución de las resoluciones judiciales.

No irreversibilidad: juez debe procurar que el acto ordenado o prohibido por la


sentencia de primera instancia sea irreversible, de modo que no se afecte el derecho
del demandado de ser revocada la sentencia.

Proporcionalidad: juez debe advertir previamente que la actuación inmediata no


suponga la afectación grave e irrazonable de los derechos de la parte demandante.
Supuestos
Contracautela: no se requerirá contracautela, salvo que se trate de pretensiones
de carácter patrimonial, caso en el cual el juez deberá observar el principio de
proporcionalidad.

Solicitud: procederá a pedido de parte, y solo podrá llevarse a cabo de oficio si el juez
advierte que puede ocasionarse un perjuicio irreparable para el demandante.

4. Preguntas de interés
‰‰¿Cuál es la diferencia entre la actuación inmediata de la sentencia y
la medida cautelar?
En realidad, se trata de dos instituciones procesales convergentes en la
medida en que ambas se orientan a contrarrestar los “estragos” que ocasio-
na el paso del tiempo en el proceso. En concordancia con ello, y como se vio,
el Tribunal Constitucional ha señalado que, una vez emitida la sentencia esti-
matoria de primer grado, el demandante podrá optar “alternativamente” entre
una u otra medida (con lo cual resulta válido solicitar una medida cautelar te-
niendo como título dicha primera sentencia), agregando que “la utilización de
la una no excluirá la de la otra”70.
Esta relación de alternatividad, sin embargo, no impide apreciar que entre
ambas instituciones procesales existen algunas diferencias que es menester
poner de relieve, y cuya consideración resulta imprescindible para tomar de-
cisiones estratégicas en el marco del proceso constitucional. Tales diferencias
son, a grandes rasgos, las siguientes:

Medida cautelar Actuación inmediata de la sentencia

Sus presupuestos procesales son: peligro en Sus presupuestos procesales son: sentencia esti-
la demora, verosimilitud del derecho, adecua- matoria de primer grado (con lo cual no se requie-
ción (que incluye la ponderación) y no irre- re de peligro en la demora ni verosimilitud del dere-
versibilidad. cho), no irreversibilidad y proporcionalidad.

70 STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 63, numeral xi).

53
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Es instrumental (busca garantizar la eficacia Es autónoma (se le da el tratamiento de una eje-


de un proceso principal). cución definitiva, cumple una función satisfac-
tiva aunque sujeta a lo que se decida más ade-
lante).

Si se emite sentencia desestimatoria, la me- Si la sentencia de segunda instancia revoca la


dida cautelar se mantiene vigente (art. 15 apelada, la actuación inmediata puede seguir
CPConst.). vigente (STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC).

Puede adoptar la forma de medida de no inno- Es siempre coincidente con la pretensión del
var, pero también innovativa, aunque este úl- demandante.
timo supuesto resulta cuestionable a nivel de
la doctrina.

No requiere contracautela. Requiere contracautela, tratándose de preten-


siones dinerarias.

Procede siempre a pedido de parte. Procede a pedido de parte. Y excepcional-


mente, de oficio, cuando existe riesgo de
irreparabilidad para el demandante.

Es provisional, en tanto se mantengan las Tiene vocación de permanencia.


condiciones bajo las cuales fue adoptada.

Así las cosas, y haciendo una comparación preliminar entre ambas institu-
ciones procesales, es posible advertir que una ventaja importante de la me-
dida cautelar es que ella puede emitirse antes de la sentencia de primer gra-
do. La desventaja, sin embargo, es que dicha medida debe cumplir con dos
requisitos de no fácil configuración (o cuando menos, de difícil probanza): la
apariencia de buen derecho y el peligro en la demora (junto a la adecuación y
a la no irreversibilidad). En contraste, la principal ventaja de la actuación in-
mediata es que la sentencia estimatoria de primer grado es título suficiente,
aunque imprescindible, para que proceda dicha figura procesal. No obstante,
el inconveniente es que, tratándose de pretensiones con contenido patrimo-
nial, se requiere prestar contracautela (aunque, como se verá más adelante,
estos supuestos son más bien excepcionales).
Por lo demás, la intercambiabilidad que el Tribunal ha establecido entre
medida cautelar y actuación inmediata es sumamente útil pues resulta ob-
vio que, en algunos casos, puede ocurrir que el demandante solo satisfaga
los requisitos correspondientes a una medida, pero no los de la otra71. En tal

71 Así por ejemplo, puede suceder que una sentencia de primer grado no pueda ser ejecutada in-
mediatamente por no cumplir uno de los requisitos (por decir, la no irreversibilidad), pero que,
en cambio, sí proceda dictarse una medida cautelar (en la medida que esta sea simplemente
asegurativa del fallo principal, pero no coincidente).

54
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

hipótesis, es evidente que el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva estaría


más que garantizado.

‰‰¿Qué implica la “no irreversibilidad” de la medida en la actuación in-


mediata de la sentencia?
Al igual que en el caso de las medidas cautelares, la actuación inmediata
de la sentencia en los procesos constitucionales también tiene como límite in-
franqueable la “no irreversibilidad”, esto es, ella no puede propiciar una situa-
ción fáctica que luego no pueda revertirse en el futuro.

Este sería el caso, por ejemplo, de una sentencia estimatoria de pri-


mer grado que ordenase la demolición de una obra o la entrega de una
información que se presuma reservada.

De este modo, el juicio de la no irreversibilidad es básicamente un juicio


cualitativo, que se orienta a evitar que la actuación inmediata se convierta en
una tutela satisfactoria definitiva, con el consecuente sacrificio de los intere-
ses de demandado.

‰‰¿Qué conlleva la “proporcionalidad” en la actuación inmediata de la


sentencia?
Sobre el particular, el Tribunal Constitucional ha señalado que, al momen-
to de evaluar la solicitud de actuación inmediata, el juez deberá tener en
cuenta “el daño o perjuicio que puede causarse a la parte demandada, pon-
derando en todo caso, el derecho de este a no sufrir una afectación grave en
sus derechos fundamentales y el derecho de la parte demandante a no ser
afectada por la dilación del proceso”.
De este modo, en la ponderación realizada por el juez del amparo, habrá
de primar la consideración de los daños (y la entidad de estos) que se cier-
nen sobre las partes del proceso, para lo cual se tendrá que sopesar los si-
guientes dos elementos:
a) el beneficio que genera el despacho de la actuación inmediata al vence-
dor de la primera instancia (o a la inversa, el perjuicio que le genera su
denegatoria); y
b) el perjuicio que genera el despacho de la actuación inmediata a la parte
vencida en la primera instancia.
Siendo ello así, creemos que en el supuesto de que una orden judicial de
actuación inmediata manifiestamente irrazonable o desproporcionada, resul-
ta posible interponer un proceso de amparo contra dicha decisión, al igual
como sucede con el control constitucional de las medidas cautelares, cuando
estas no satisfacen el requisito de la proporcionalidad72.

72 Vide STC Exp. Nº 01209-2006-PA/TC, f. j. 53.

55
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Se requiere prestar “contracautela” para solicitar la actuación inme-


diata de la sentencia?
El Tribunal ha dejado sentado que para despachar la actuación inmediata
el vencedor de la primera instancia no tiene la obligación de otorgar contra-
cautela. Sin embargo, ha hecho una excepción tratándose de pretensiones
con algún contenido patrimonial, en cuyo caso queda a criterio del juez si so-
licita o no dicha garantía, agregando que en cualquier caso deberá observar-
se el principio de proporcionalidad.
Como se verá más adelante, en el ámbito de las medidas cautelares, se
entiende por “contracautela” a aquella garantía que debe prestar el solicitan-
te con miras a un futuro y eventual resarcimiento de los daños y perjuicios
causados por la medida adoptada. Se pone especial énfasis en que la con-
tracautela no es un requisito de procedencia, sino un requisito especial para
la actuación de la medida.
Si llevamos este concepto al ámbito de la actuación inmediata, podemos
afirmar que la contracautela cumple en realidad una doble función: por un
lado, una función aseguradora (es decir, dirigida a hacer responsable al eje-
cutante de los riesgos que asume por actuar la sentencia de primer grado) y
una función disuasoria (en la medida en que, como consecuencia de lo an-
terior, el ejecutante se abstendrá de pedir “más de lo que le corresponde”).
Ahora bien, a nuestro entender, el Tribunal ha ampliado el concepto de
esta garantía para el caso de la actuación inmediata en el amparo. En efecto,
al señalar que podrá exigirse el otorgamiento de contracautela “tratándose de
pretensiones con algún contenido patrimonial”, el Tribunal entiende que esta
no solo cubre los eventuales daños y perjuicios ocasionados al demandado,
sino también la devolución de lo indebidamente percibido.
Desde luego, es razonable pensar que la actuación inmediata que ordena
la entrega de una suma de dinero tenga que estar respaldada por una garan-
tía de este tipo. Sin embargo, esto que puede ser cierto en los procesos ordi-
narios, en el amparo viene a ser francamente la excepción. En efecto, como
es sobradamente conocido, los procesos constitucionales de la libertad no
están orientados a ordenar el pago de sumas de dinero, sino primordialmen-
te a tutelar derechos fundamentales, para lo cual basta con ordenar la repo-
sición de las cosas al estado anterior a la violación o amenaza producidas.
No obstante ello, es innnegable que algunas veces las sentencias consti-
tucionales conllevan el pago de sumas de dinero por conceptos diversos (in-
demnizaciones, y con más frecuencia, gastos o reintegros de haberes no re-
cibidos) lo que puede ser relativamente común en procesos de amparos en

56
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

materia laboral o pensionaria73. Solo en estos casos podría afirmarse que el


amparo, si bien no versa sobre pretensiones patrimoniales, sí tiene un “con-
tenido” patrimonial, lo que ciertamente es algo distinto. Cabría, entonces, pre-
guntarse: ¿se justifica en estos casos el otorgamiento de contracautela?
En primer lugar, conviene aclarar que la sentencia del Tribunal establece que
la contracautela en la actuación inmediata es una facultad del juez, mas no una
obligación. Más aún: una facultad regida por el principio de proporcionalidad. De
más está decir que este margen de discrecionalidad se encuentra plenamente
justificado pues el otorgamiento de una garantía, en algunos casos, podría gene-
rar daños importantes a la economía del solicitante o, en su caso, impedir su “ac-
ceso” a la actuación inmediata por motivos simplemente económicos (lo que sería
grave tratándose de derechos tales como a la pensión o a la educación, por poner
algunos ejemplos). Así pues, conviene entender que, solo si no se configuran es-
tos riesgos, el juez estaría habilitado para exigir la contracautela.
Sin embargo, y en segundo lugar, cabe preguntarse si aún en aquellos ca-
sos en los que no existan tales riesgos sigue siendo lógico exigir una garan-
tía de este tipo. Al respecto, algunos autores –como Alessandro Raselli– opi-
nan que la actuación inmediata está expresamente autorizada por el juez y,
en consecuencia, representa el ejercicio legítimo de una facultad jurídica, ra-
zón por la cual no tendría que asegurarse indemnización alguna74. Asimismo,
se arguye que sería un contrasentido que el juez que manda actuar su propia
sentencia solicite, al mismo tiempo, que se ofrezca una contracautela para
aminorar los riesgos de la “incorrección” de su propio mandato75.
En realidad, a nuestro criterio, la exigencia de contracautela en la actuación
inmediata debiera ser entendida como un supuesto definitivamente excepcio-
nal, aunque la sentencia del Tribunal no lo diga así expresamente. Y es que si
el proceso de amparo está destinado siempre a tutelar derechos fundamenta-
les, no se ve cómo esa protección pudiera generar al demandado daños y per-
juicios que luego deban resarcirse (y por tanto, garantizarse vía contracaute-
la), o al menos tal posibilidad no resulta clara o contundente. Siendo ello así,
resulta válido afirmar que, en la generalidad de los casos, la exigencia de con-
tracautela puede convertirse más bien en una suerte de denegatoria tácita de

73 GARCÍA BELAÚNDE, Domingo. “Ejecutabilidad de las sentencias constitucionales (notas de in-


troducción)”. En: Revista Peruana de Derecho Procesal. Tomo VIII, Lima, setiembre de 2005, p.
144.
74 Citado por SILVA ÁLVAREZ, Óscar. “La ejecución provisional de las sentencias”. En: Revista de De-
recho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Nº XXXI, Valparaíso, segundo semestre
de 2008, pp. 387-388. Disponible en: <http://www.indret.com/pdf/385_es.pdf>.
75 GRÁNDEZ CASTRO, Pedro. Ob. cit., p. 364. A criterio del autor, la contracautela debiera recaer
en todo caso en el juez, quien es “el dueño y señor de la decisión”.

57
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

la actuación inmediata, con las graves consecuencias que ello puede traer
consigo76.

‰‰¿Procede la actuación inmediata “de oficio” o siempre debe ser


“a solicitud de parte”?
La sentencia del Tribunal señala que, por regla general, la actuación in-
mediata será otorgada a pedido de parte. Sin embargo, añade que el juez po-
drá despacharla de oficio cuando exista el “riesgo de un perjuicio irreparable”
para el demandante.
Es evidente que el modelo de actuación inmediata “rogada” puede tener
alguna explicación en el contexto del proceso civil, sede en la cual, en virtud
el principio dispositivo, solo las partes pueden disponer del derecho que es
objeto de la litis. En atención a ello, se aduce que difícilmente podría haber
una persona mejor informada que el demandante para poder discernir en tor-
no al grado de certeza y fundabilidad que tiene la decisión que lo favorece,
así como para evaluar el grado de responsabilidad que está asumiendo al pe-
dir la actuación inmediata77. Adicionalmente, se señala que, como quiera que
la defensa es siempre cautiva, solicitar la actuación inmediata será siempre
un deber del abogado que patrocina al demandante.
Sin embargo, esta afirmación –cuya viabilidad es innegable en los proce-
sos ordinarios–, no es del todo cierta (o al menos no sin matices) en el plano
de los procesos constitucionales de la libertad. En efecto, según el artículo III
del Título Preliminar del CPConst., en este tipo de procesos rige el principio
publicístico, en virtud del cual el juez ostenta un rol protagónico en la conduc-
ción del proceso. De ahí que, prima facie, no resulte descabellado que el juez
de amparo actúe de oficio su propia sentencia.

76 Otros autores proponen que las indemnizaciones por daños y perjuicios ocasionados por la ac-
tuación inmediata, tratándose del amparo, deberían regirse por lo dispuesto en el Código Proce-
sal Civil, cuya aplicación supletoria está habilitada en virtud del artículo IX del CPConst. Así, por
ejemplo, sería aplicable el concepto de indemnización como consecuencia del proceso (artículos
4 y 621 del Código Procesal Civil), aunque en este caso se requiere que el demandante haya ac-
tuado con mala fe. Igualmente, sería de aplicación el artículo 1969 del Código Civil, en cuyo caso
los daños deberían ser liquidados incidentalmente en el mismo proceso de amparo y no en otro
proceso, al igual como sucede con la medida cautelar (VILLA GARCÍA VARGAS, Javier. La ac-
tuación de sentencia impugnada en el proceso de amparo. Tesis para optar por el Grado Acadé-
mico de Magíster en Derecho Constitucional. PUCP, Lima, mayo de 2009, pp. 78-79).
77 MONROY GÁLVEZ, Juan. “La actuación de la sentencia impugnada”. En: Revista Peruana de De-
recho Procesal. Tomo V, Lima, junio de 2002, p. 218.

58
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

‰‰¿Por qué, entonces, la sentencia exige atender al riesgo de irreparabilidad?


Es decir, si el riesgo de irreparabilidad no está previsto como un requi-
sito para la actuación inmediata a pedido de parte, ¿por qué ha de es-
tarlo cuando el juez actúa de oficio?
A nuestro entender, la actuación inmediata de oficio, tal cual la entiende el
Tribunal, exige al juez de amparo fundamentar su decisión en algo más que
en la simple aplicación del principio publicístico previsto en la ley (cuya invo-
cación es importante, mas no suficiente). Se entiende así que la actuación de
oficio de un juez (que, de alguna manera, es una forma de activismo o garan-
tismo procesal) no puede dejar de estar justificada o motivada en alguna cau-
sa habilitante vinculada al caso concreto (so pena de caer en alguna variante
del decisionismo, con la consiguiente afectación gratuita del principio de im-
parcialidad). Pues bien, el Tribunal ha asumido que esa causa habilitante es
el riesgo de irreparabilidad para el derecho del demandante.
Naturalmente, una actuación inmediata de oficio así configurada solo podrá
operar en supuestos extremadamente urgentes y perentorios, con lo cual su apli-
cación resulta prácticamente excepcional. De esta forma, la actuación inmedia-
ta en los casos “no urgentes” queda a discreción del interesado. Por eso resulta
importante que las ventajas (y desventajas) de esta figura procesal sean amplia-
mente difundidas entre los operadores jurídicos a fin de que estos, debidamente
informados, puedan tomar la decisión que mejor se ajuste a sus intereses.

‰‰¿En qué consiste la “ejecución anticipada” en el hábeas data, reco-


nocida en el artículo 63 del CPConst.?
El artículo 63 del CPConst. regula la denominada “ejecución anticipada”
en el hábeas data, cuyo tenor es el siguiente:
“De oficio o a pedido de la parte reclamante y en cualquier etapa del pro-
cedimiento y antes de dictar sentencia, el juez está autorizado para re-
querir al demandado que posee, administra o maneja el archivo, registro
o banco de datos, la remisión de la información concerniente al recla-
mante; así como solicitar informes sobre el soporte técnico de datos, do-
cumentación de base relativa a la recolección y cualquier otro aspecto
que resulte conducente a la resolución de la causa que estime conve-
niente. La resolución deberá contener un plazo máximo de tres días úti-
les para dar cumplimiento al requerimiento expresado por el juez”.
Como se puede apreciar, este artículo parece referirse más bien a una
facultad del juez constitucional para solicitar la información requerida por el
demandante del hábeas data a efectos de resolver mejor la causa (así, por
ejemplo, para verificar si se trata o no de una información reservada, o si
la base de datos merece ser actualizada o rectificada), y no lo que hemos

59
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

venido denominando como “actuación inmediata” o “ejecución provisional” en


los procesos constitucionales. De hecho, la información no es solicitada por
el juez constitucional para entregársela al demandante, sino, como hemos
dicho, para analizar si ella está cubierta o no por el derecho de acceso a la
información pública o a la autodeterminación informativa, según sea el caso.
En suma, no cabe confundir la “actuación inmediata” con la “ejecución antici-
pada” en el hábeas data.

Modelo Nº 01:

Solicitud de actuación inmediata de la sentencia

Exp. Nº …
Proceso de amparo
Escrito Nº ………….
Sumilla: Solicito actuación inmediata de sentencia

SEÑOR TITULAR DEL JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE SAN MARTÍN


…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con do-
micilio real y procesal en la avenida ………………. Nº ……………, distrito de
………………….., departamento de ………………, ante usted respetuosamen-
te digo:
De conformidad con lo señalado en el artículo 22 del Código Procesal Constitucio-
nal solicito me conceda la ACTUACIÓN INMEDIATA DE LA SENTENCIA de primer
grado dictada por su Despacho (Exp. Nº 02456-2010) y, en consecuencia, se or-
dene a la empresa …………………. que paralice los trabajos de exploración en la
zona conocida como “Hito 3” en la que habitan varias comunidades nativas.
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Con fecha ……………………… interpuse demanda de amparo contra la em-


presa ……………………….., solicitando que se ordene la paralización de las
obras de exploración en la zona conocida como “Hito 3”, ubicada en el depar-
tamento de San Martín, al ser un lugar donde habitan varios pueblos indígenas
que se podrían ver afectados en sus derechos ancestrales.

2. Con fecha ………………….. vuestro Despacho ha emitido sentencia en el


Exp. Nº 02456-2010, la misma que me fuera notificada el día ………………,
a través de la cual se declara fundada mi demanda de amparo. A su vez,

60
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

con fecha…………………, la empresa demandada ha interpuesto recurso de


apelación, la cual se encuentra todavía en trámite.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO


1. El artículo 22 del Código Procesal Constitucional dispone que la sentencia que
ordena la realización de dar, hacer o no hacer es de actuación inmediata. Ello
quiere decir que, cuando existe una sentencia de primer grado que favorece al
demandante, esta puede ser ejecutada en el acto, sin perjuicio del recurso de
apelación que haya interpuesto la parte demandada.

2. En consonancia con ello, el Tribunal Constitucional ha interpretado que la actuación


inmediata de la sentencia constituye una institución procesal de suma importan-
cia y utilidad para la efectiva concreción del derecho a la tutela jurisdiccional efec-
tiva, como quiera que ella se dirige a conjurar daños irreparables, a evitar el abuso
procesal de la institución de la apelación y a (re)asignar al juez de primera instancia
un rol protagónico y estratégico en la cadena de protección de los derechos funda-
mentales (STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 60).

3. Teniendo ello en cuenta, y tal como se demostrará más adelante, la solicitud


de autos cumple a cabalidad con los presupuestos establecidos en la men-
cionada ejecutoria, la misma que tiene calidad de doctrina jurisprudencial, de
conformidad con lo establecido en el artículo VI del Título Preliminar del Códi-
go Procesal Constitucional.
3.1. Mandato preciso
En primer lugar, es del caso observar que el mandato judicial recaído en el
Exp. Nº 02456-2010 resulta claro y preciso, toda vez que ordena a la empre-
sa……………….. la paralización de las obras de exploración en la referida
zona en que habitan varios pueblos indígenas.
3.2 No irreversibilidad
Asimismo, cabe señalar que la actuación inmediata de la sentencia de autos no
supera el límite de la irreversibilidad, toda vez que resulta perfectamente posible
retrotraer el estado de cosas a la situación anterior, en el caso de que la sentencia
de segunda instancia revoque lo decidido por vuestro Despacho.
3.3 Proporcionalidad
Por su parte, la medida solicitada satisface también el requisito de la proporciona-
lidad, pues el “perjuicio económico” causado a la empresa……………………
como consecuencia de las actividades que se verán paralizadas, en modo algu-
no puede compararse al “perjuicio vital” que la continuación de las mismas po-
dría causar al medio ambiente y a los derechos ancestrales de los pueblos indí-
genas que habitan en la zona.

61
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

3.4 Contracautela
Por lo demás, es menester señalar que en el presente caso no resulta de aplica-
ción la contracautela, pues el contenido del mandato judicial no tiene un conte-
nido patrimonial que luego tenga que ser resarcido.

III. MEDIOS PROBATORIOS

Mérito de la sentencia recaída en el Exp. Nº 02456-2010, expedida por vuestro


Despacho.

Mérito de la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº 0607-


2009-PA/TC, en la cual se desarrollan los supuestos de procedencia de la ac-
tuación inmediata de la sentencia.

POR LO TANTO
A Ud., Sr. Juez, solicito admitir la presente solicitud de actuación inmediata de la
sentencia y tramitarla conforme a su naturaleza, disponiendo la paralización de las
obras de exploración en la zona mencionada.

…………., ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:
Solicitud de actuación inmediata de la sentencia
Exp. Nº …
Proceso de amparo
Escrito Nº ………….
Sumilla: Solicito actuación inmediata de sentencia

SEÑOR TITULAR DEL JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LIMA

…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con do-


micilio real y procesal en la avenida ……………….Nº ……………, distrito de
………….., departamento de ………………, ante usted respetuosamente digo:

62
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

De conformidad con lo señalado en el artículo 22 del Código Procesal Constitucio-


nal solicito me conceda la ACTUACIÓN INMEDIATA DE LA SENTENCIA de primer gra-
do, dictada por su Despacho (Exp. Nº 05487-2009) y en consecuencia, se ordene
la hospitalización permanente e indefinida del paciente de nombre ……………….,
así como la provisión de medicamentos necesarios para el tratamiento de su en-
fermedad mental.
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Con fecha ……………, interpuse demanda de amparo contra ESSALUD, soli-


citando que se deje sin efecto el Informe Médico Psiquiátrico de Alta, de fecha
…………………….., emitido por el médico-psiquiatra …………………….,
que recomienda la alta del favorecido del Centro de Rehabilitación Integral
para Pacientes Crónicos del Hospital …………………………..,

2. Con fecha ………………….., vuestro Despacho ha emitido sentencia en el


Exp. Nº 05487-2009, la misma que me fuera notificada el día ………………,
a través de la cual se declara fundada mi demanda de amparo. A su vez, con
fecha …………………, se aprecia que ESSALUD ha interpuesto recurso de
apelación, el cual se encuentra todavía en trámite.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. Según el artículo 22 del Código Procesal Constitucional, la sentencia que or-


dena la realización de dar, hacer o no hacer es de actuación inmediata. Ello
quiere decir que, cuando existe una sentencia de primer grado que favorece al
demandante, esta puede ser ejecutada en el acto, sin perjuicio del recurso de
apelación que haya interpuesto la parte demandada.

2. En consonancia con ello, el Tribunal Constitucional ha interpretado que la actua-


ción inmediata de la sentencia constituye una institución procesal de suma im-
portancia y utilidad para la efectiva concreción del derecho a la tutela jurisdic-
cional efectiva, como quiera que ella se dirige a conjurar daños irreparables, a
evitar el abuso procesal de la institución de la apelación y a (re)asignar al juez
de primera instancia un rol protagónico y estratégico en la cadena de protección
de los derechos fundamentales (STC Exp. Nº 0607-2009-PA/TC, f. j. 60).

3. Teniendo ello en cuenta, y tal como se demostrará más adelante, la solicitud de


autos cumple a cabalidad con los presupuestos establecidos en la mencionada
ejecutoria, la misma que tiene calidad de doctrina jurisprudencial, de conformi-
dad con lo establecido en el artículo VI del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional.
3.1 Mandato preciso
En primer lugar, es del caso observar que el mandato judicial recaído en el Exp.
Nº 05487-2009 resulta claro y preciso, toda vez que ordena a ESSALUD la atención

63
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

médica del favorecido y su hospitalización permanente e indefinida, al haber


constatado que el informe médico cuestionado vulnera el derecho su derecho a
la salud.
3.2 No irreversibilidad
Asimismo, cabe señalar que la actuación inmediata de la sentencia de autos,
si bien origina que el tratamiento médico dispensado al paciente sea definiti-
vo, tal proceder se justifica plenamente por el riesgo de irreparabilidad que la
no actuación podría causar en la salud del favorecido, poniendo sin duda en
peligro su vida. Es menester precisar que la enfermedad del paciente es cróni-
ca y degenerativa, requiriéndose por tanto de un seguimiento permanente, el
mismo que no puede quedar en manos de los familiares, toda vez que la ma-
dre del favorecido tiene más de 70 años.
3.3 Proporcionalidad
Por su parte, la medida solicitada satisface también el requisito de la proporcio-
nalidad, pues el “perjuicio económico” causado a ESSALUD como consecuen-
cia del tratamiento médico dispensado, en modo alguno puede equipararse al
“daño irreparable” que para el favorecido podría originar la interrupción intem-
pestiva de dicho tratamiento.
3.4 Contracautela
En el presente caso, es menester indicar que no resulta de aplicación la contracaute-
la, pues si bien el contenido del mandato judicial contiene un contenido patrimonial,
es obvio que en atención al criterio de proporcionalidad, sería un despropósito exigir
una garantía de la cual la madre del paciente no dispone, y que es precisamente la ra-
zón por la cual no puede brindarle ella un tratamiento privado a su hijo.

III. MEDIOS PROBATORIOS


Mérito de la sentencia recaída en el Exp. Nº 05487-2009, expedida por vuestro
Despacho.

Mérito de la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº 0607-


2009-PA/TC, en la cual se desarrollan los supuestos de procedencia de la ac-
tuación inmediata de la sentencia.

POR LO TANTO
A Ud., Sr. Juez, solicito admitir la presente solicitud de actuación inmediata de la
sentencia y tramitarla conforme a su naturaleza, disponiendo la paralización de las
obras de exploración en la zona mencionada.
…………., ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

64
4
Las medidas cautelares
1. Normativa aplicable
La redacción actual del artículo 15 del Código Procesal
Constitucional no podría entenderse en sus justos térmi-
nos, si no se diera cuenta de las múltiples variaciones que
la misma ha sufrido, aún antes de su entrada en vigencia,
en virtud de normas expresas y sentencias emitidas por el
Tribunal Constitucional. La secuencia de estas modifica-
ciones puede resumirse de la siguiente manera:
ƒƒ De modo inicial, debe tenerse en cuenta como texto
primigenio al artículo 15 del Proyecto de Ley Nº 09371,
el cual, sin embargo, fue posteriormente modificado
por la Comisión de Constitución y Reglamento, que in-
trodujo dos párrafos al mencionado artículo, a fin de
crear un procedimiento cautelar especial para el caso
de las solicitudes dirigidas contra actos administrativos
de los gobiernos locales y regionales. Tal resultante es
el que entró en vigencia con el Código Procesal Cons-
titucional el 1 de diciembre de 2004.
ƒƒ Contra estas dos disposiciones añadidas la Defensoría
del Pueblo interpuso una demanda de inconstituciona-
lidad (STC Exp. Nº 00023-2005-AI/TC), la que fue de-
clarada infundada por el Tribunal Constitucional.
ƒƒ Finalmente, el artículo 15 del Código Procesal Consti-
tucional fue modificado por la Ley Nº 28946, publicada
en el diario oficial El Peruano con fecha 26 de diciem-
bre de 2006.
De este modo, la redacción actual del artículo 15 del
Código Procesal Constitucional es, a la letra, como sigue:

“Se pueden conceder medidas cautelares y de sus-


pensión del acto violatorio en los procesos de am-
paro, hábeas data y de cumplimiento, sin transgredir

65
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

lo establecido en el primer párrafo del artículo 3 de este Código. Para


su expedición se exigirá apariencia del derecho, peligro en la demora
y que el pedido cautelar sea adecuado o razonable para garantizar la
eficacia de la pretensión. Se dictan sin conocimiento de la contrapar-
te y la apelación solo es concedida sin efecto suspensivo; salvo que se
trate de resoluciones de medidas cautelares que declaren la inaplica-
ción de normas legales autoaplicativas, en cuyo caso la apelación es
con efecto suspensivo.
Su procedencia, trámite y ejecución dependerán del contenido de la
pretensión constitucional intentada y del adecuado aseguramiento de
la decisión final, a cuyos extremos deberá limitarse. Por ello mismo, el
Juez al conceder en todo o en parte la medida solicitada deberá aten-
der a la irreversibilidad de la misma y al perjuicio que por la misma se
pueda ocasionar en armonía con el orden público, la finalidad de los
procesos constitucionales y los postulados constitucionales.
Cuando la solicitud de medida cautelar tenga por objeto dejar sin efec-
to actos administrativos dictados en el ámbito de aplicación de la legis-
lación municipal o regional, se correrá traslado por el término de tres
días, acompañando copia certificada de la demanda y sus recaudos,
así como la resolución que la da por admitida, tramitando el inciden-
te por cuerda separada, con intervención del Ministerio Público. Con la
contestación expresa o ficta, el Juez resolverá dentro del plazo de tres
días, bajo responsabilidad.
En todo lo no previsto expresamente en el presente Código, será de
aplicación supletoria lo dispuesto en el Título IV de la Sección Quinta
del Código Procesal Civil, con excepción de los artículos 618, 621, 630,
636 y 642 al 672”.

Del tenor de este artículo es posible extraer las siguientes normas particu-
lares, las que por razones metodológicas solo mencionaremos sucintamente,
reservando su análisis in extenso para un momento posterior:
ƒƒ En primer lugar, el Código establece que pueden solicitarse dos tipos de
medidas: a) medidas cautelares; y b) suspensión del acto violatorio.
ƒƒ En segundo lugar, se señala que tales medidas pueden solicitarse en los
siguientes procesos: a) proceso de amparo; b) proceso de hábeas data; y
c) proceso de cumplimiento.
ƒƒ En tercer lugar, se aclara que el dictado de la medida cautelar debe res-
petar los requisitos del proceso constitucional contra actos basados en
normas autoaplicativas, que se recogen en el artículo 3 primer párrafo del
CPConst.

66
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ƒƒ En cuarto lugar, menciona que los requisitos de procedencia de la medida


cautelar son: a) apariencia del derecho; b) peligro en la demora; y c) ade-
cuación o razonabilidad.
ƒƒ En quinto lugar, establece las siguientes pautas procesales a manera de
regla general: a) la medida cautelar se concede inaudita parte; y b) la ape-
lación de la medida se otorga sin efecto suspensivo. No obstante ello, la
excepción es cuando la medida cautelar implique la inaplicación de nor-
mas autoaplicativas, supuesto en el cual la apelación sí suspende la me-
dida concedida.
ƒƒ En sexto lugar, se enuncian como límites de la medida cautelar, a los si-
guientes: a) el contenido de la pretensión constitucional intentada; b) el
adecuado aseguramiento de la decisión final; c) la no irreversibilidad de la
medida; y d) el perjuicio que pueda ocasionarse.
ƒƒ En sétimo lugar, se señala que, en cuanto a su extensión, la medida cau-
telar puede ser otorgada por el juez constitucional bajo dos modalidades:
a) en todo, o b) en parte.
ƒƒ En octavo lugar, el Código diseña un procedimiento cautelar especial
cuando se trata de actos administrativos municipales y regionales, dispo-
niendo las siguientes reglas procesales: a) el juez debe correr traslado a
la otra parte, por el término de tres días; b) debe intervenir el Ministerio
Público; y c) el juez debe resolver en el plazo de 3 días, con la contesta-
ción expresa o ficta.
ƒƒ Finalmente, se dispone la aplicación supletoria de las normas sobre me-
didas cautelares establecidas en el Código Procesal Civil, excepto en los
artículos expresamente prohibidos en el artículo en mención.
De otra parte, es menester indicar que el artículo 16 del CPConst. dispone,
en lo atinente a la extinción de la medida cautelar, lo siguiente:

“La medida cautelar se extingue de pleno derecho cuando la resolución


que concluye el proceso ha adquirido la autoridad de cosa juzgada.
Si la resolución final constituye una sentencia estimatoria, se conser-
van los efectos de la medida cautelar, produciéndose una conversión
de pleno derecho de la misma en medida ejecutiva. Los efectos de esta
medida permanecen hasta el momento de la satisfacción del derecho
reconocido al demandante, o hasta que el juez expida una resolución
modificatoria o extintiva durante la fase de ejecución.
Si la resolución última no reconoce el derecho reclamado por el deman-
dante, se procede a la liquidación de costas y costos del procedimiento
cautelar. El sujeto afectado por la medida cautelar puede promover la
declaración de responsabilidad. De verificarse la misma, en modo adi-
cional a la condena de costas y costos, se procederá a la liquidación y

67
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ejecución de los daños y, si el juzgador lo considera necesario, a la im-


posición de una multa no mayor de diez Unidades de Referencia Pro-
cesal.
La resolución que fija las costas y costos es apelable sin efecto sus-
pensivo; la que establece la reparación indemnizatoria y la multa lo es
con efecto suspensivo.
En lo que respecta al pago de costas y costos se estará a lo dispues-
to por el artículo 56”.

En consecuencia con ello, cabe entender pues que la medida cautelar


concedida por el juez constitucional se mantiene hasta que el proceso consti-
tucional principal culmine, lo que viene a ser una clara aplicación del principio
de economía procesal, establecido en el artículo III del Título Preliminar del
CPConst. En efecto, el artículo 16 del Código se plantea las siguientes dos hi-
pótesis en relación a la extinción de la medida cautelar:
ƒƒ En primer término, señala que la medida cautelar (solo) se extingue cuan-
do existe una resolución firme en el proceso constitucional (esto es, una
resolución judicial con calidad de cosa juzgada, frente a la cual ya no exis-
ta la posibilidad de interponer recurso alguno).
ƒƒ Y en segundo término, se regulan los dos siguientes supuestos:
- si la resolución final es estimatoria, entonces la medida cautelar se
convierte automáticamente en medida ejecutiva; y
- si la resolución es desestimatoria, debe procederse a la liquidación de
costas y costos del procedimiento cautelar.
Por último, es preciso señalar que el CPConst. ha previsto también la posi-
bilidad de que se puedan solicitar medidas cautelares en el proceso de acción
popular (artículo 94) y en el proceso competencial (artículo 111), negando ex-
presamente su procedencia en el proceso de inconstitucionalidad (artículo
105) y, tácitamente, en el de hábeas corpus.

LAS MEDIDAS CAUTELARES EN EL PROCESO CONSTITUCIONAL


- Medida cautelar
Tipos
- Suspensión del acto violatorio
- Amparo
- Hábeas data
Procesos a los que se aplica - Cumplimiento
- Acción popular
- Competencial
- Apariencia del derecho
Requisitos de procedencia - Peligro en la demora
- Adecuación o razonabilidad

68
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

- Se concede inaudita parte


Pautas procesales - Apelación sin efecto suspensivo (salvo en caso de normas
autoaplicativas)
- Se corre traslado a la otra parte
Procedimiento especial
- Interviene el Ministerio Público
para actos administrativos
- Juez resuelve el plazo de tres días, con la
municipales y regionales
contestación expresa o ficta
- La medida cautelar se mantiene hasta que el proceso
Extinción
constitucional culmine

2. Marco doctrinario
De un modo preliminar, es posible definir a la “medida cautelar” como
aquella providencia judicial que tiene por finalidad asegurar la eficacia de una
resolución judicial principal, cuando existe peligro en la demora y apariencia
de buen derecho.
Como es sobradamente conocido, son características básicas de toda
medida cautelar:
a) su instrumentalidad, en la medida en que “no constituye una finalidad en
sí misma, sino que se halla necesariamente vinculada a la sentencia que
pueda dictarse en el proceso principal”78;
b) su provisionalidad, en tanto que “la relación que (…) constituye está, por
su naturaleza, destinada a agotarse, ya que su finalidad habrá quedado
lograda en el momento en que se produzca la providencia sobre el mérito
de la controversia”79; y finalmente
c) su variabilidad, dado que la medida cautelar “tiende a adaptarse a las ne-
cesidades concretas de asegurar la eficacia de la tutela de fondo, adap-
tación que se puede producir durante toda su vigencia, hasta que, obvia-
mente, no sobrevenga la tutela de fondo”80.
Tal como lo adelantáramos, la medida cautelar requiere de dos presupues-
tos procesales para su otorgamiento: a) la apariencia de buen derecho; y
b) el peligro en la demora. Clásicamente, la apariencia de buen derecho (fu-
mus boni iuris) supone que debe existir un mínimo de fundabilidad en la de-
manda, lo que debe reflejarse a su vez en una suerte de “juicio de probabili-
dad” en la mente del juez. Por su parte, el peligro en la demora (periculum in

78 MONTERO AROCA, Juan; ORTELL RAMOS, Manuel; GÓMEZ COLOMER, Juan-Luis y MON-
TÓN REDONDO, Alberto. Derecho jurisdiccional. Tomo II (Proceso Civil), Duodécima edición,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 633.
79 CALAMANDREI, Piero. Introducción al estudio sistemático de las providencias cautelares. Prólo-
go de Eduardo J. Couture, Ara, Lima, 2005, p. 40.
80 ARIANO DEHO, Eugenia. Problemas del proceso civil. Jurista, Lima, 2003, p. 629.

69
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

mora) implica la existencia de un peligro de daño jurídico derivado del retar-


do de una providencia judicial definitiva, que la medida cautelar intenta con-
trarrestar.
Buena parte de la doctrina señala también que un presupuesto procesal
de la medida cautelar es su idoneidad, esto es, la necesaria adecuación en-
tre la medida adoptada y el fin que su dictado pretende alcanzar. En sede na-
cional, algunos autores como Monroy Palacios, afirman que este presupuesto
conlleva la necesidad de que toda medida cautelar sea “congruente” y “pro-
porcional”, esto es: no solo debe exigirse una correlación lógica entre la pro-
videncia cautelar y la finalidad proyectada, sino también una relación de pro-
porcionalidad, de modo tal que se afecte lo menos posible los intereses del
sujeto sobre el cual recae la medida81.
Con el mismo énfasis, suele mencionarse que ninguna medida cautelar
debe traspasar el límite de la irreversibilidad, lo cual quiere decir en buena
cuenta que ella no puede generar un estado de cosas tal que no pueda rever-
tirse en el futuro, pues, de lo contrario, la medida adoptada no sería provisio-
nal sino definitiva, lo que sin duda no tiene relación con su especial naturale-
za jurídica. De ser capaz de generar tal situación irreversible, el juez deberá
rechazar la medida cautelar solicitada.
Por lo general, toda medida cautelar debe ir acompañada de la respectiva
caución o contracautela, cuyo otorgamiento corresponde satisfacer al soli-
citante de la medida, a fin de garantizar el resarcimiento futuro de los daños
que su ejecución podría causar en la esfera del demandado, en la eventuali-
dad de que la resolución principal fuera adversa al demandante. Sin embar-
go, es común afirmar que la contracautela no constituye, en sentido estric-
to, un presupuesto procesal, sino un requisito de efectivización de la medida.
Por último, es posible afirmar, si bien a grandes rasgos, que las medidas
cautelares pueden adoptar las siguientes dos modalidades: a) medidas de no
innovar o inhibitorias, en cuyo caso lo que ordena el juez es que se manten-
ga el statu quo de la situación existente al momento de la solicitud; y b) de in-
novar o innovativas, supuesto en el cual el juez ordena la alteración de un de-
terminado estado de cosas en la realidad.
Sin perjuicio de lo expuesto, una primera aproximación al tema de las me-
didas cautelares en los procesos constitucionales (esto es, sobre las medidas
orientadas a garantizar la plena eficacia de una sentencia constitucional “prin-
cipal”) no puede soslayar el hecho de que entre el proceso civil y el proce-
so constitucional existen importantes diferencias que, a no dudarlo, influyen

81 MONROY PALACIOS, José. Bases para la formación de una teoría cautelar. Comunidad, Lima,
2002, p. 188.

70
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

(o deberían influir) en la configuración de los presupuestos cautelares que re-


sulten exigibles en uno y otro caso82.
En efecto, si los procesos constitucionales se caracterizan por ser urgen-
tes y perentorios, habida cuenta de los derechos que ellos están orientados
a proteger, resulta válido preguntarse si la apariencia de buen derecho o el
peligro en la demora, como requisitos para conceder una medida cautelar,
debieran ser “flexibilizados” (por no decir, “sobreentendidos”) en orden a que
tales procesos, por sí mismos, ya brindan (o deberían brindar) una tutela di-
ferenciada, tal como se puede derivar de una lectura atenta de los principios
procesales establecidos en el artículo III del Título Preliminar del CPConst83.
Esta suerte de “adaptación” de la teoría general de las medidas cautela-
res, tan propia de los procesos civiles ordinarios, a las exigencias específicas
de los procesos constitucionales, ha sido reconocida, por lo demás, en la ju-
risprudencia del Tribunal Constitucional, cuando se señala que:
“[E]n los procesos constitucionales los fines esenciales de los mismos,
en tanto fines sustantivos y adjetivos, también son atribuibles al proce-
dimiento cautelar, para que este no termine por desnaturalizarlos; sino,
por el contrario, haga eficaz la justicia constitucional.
[L]a función constitucional de la medida cautelar está determinada para
servir en la realización de los fines de los procesos constitucionales (ar-
tículo II CPConst.), de ahí su carácter eminentemente instrumental e in-
terdependiente de estos (…)”84.

82 Como lo ha señalado el Tribunal Constitucional, en criterio que compartimos, “[l]a consagración


constitucional de estos procesos [constitucionales] les otorga un especial carácter, que los hace di-
ferentes de los procesos ordinarios en cuatro aspectos: 1) Por sus fines, pues a diferencia de los
procesos constitucionales, los ordinarios no tienen por objeto hacer valer el principio de suprema-
cía constitucional ni siempre persiguen la protección de los derechos fundamentales; 2) Por el rol
del juez, porque el control de la actuación de las partes por parte del juez es mayor en los procesos
constitucionales; 3) Por los principios orientadores, pues si bien es cierto que estos principios, no-
minalmente, son compartidos por ambos tipos de procesos, es indudable que la exigencia del cum-
plimiento de principios como los de publicidad, gratuidad, economía procesal, socialización del pro-
ceso, impulso oficioso, elasticidad y de favor processum o pro actione, es fundamental e ineludible
para el cumplimiento de los fines de los procesos constitucionales; y 4) Por su naturaleza, que es
de carácter subjetivo-objetivo, pues no solo protegen los derechos fundamentales entendidos como
atributos reconocidos a favor de los individuos, sino también, en cuanto se trata de respetar los va-
lores materiales del ordenamiento jurídico, referidos en este caso a los fines y objetivos constitucio-
nales de tutela de urgencia” (STC Exp. Nº 0023-2005-AI/TC, f. j. 10).
83 Sobre el particular, el profesor Priori Posada hace dos importantes anotaciones, que es menester
resaltar. Así pues, en relación al carácter subsidiario del amparo, afirma que si el juez decide admi-
tir a trámite la demanda, ello quiere decir que ha concluido que esa vía es la mejor para la protec-
ción del derecho fundamental, por lo que la procedencia de la demanda es un “prejuzgamiento” en
torno a la existencia de cierto peligro en la demora. De otro lado, y en esa misma dirección, el autor
arguye que si el juez admite una demanda de amparo ante un supuesto de amenaza, ya ha admi-
tido que existe un riesgo inminente, por lo que será difícil no conceder una medida cautelar alegan-
do que no existe un riesgo de inminente realización (PRIORI POSADA, Giovanni. La tutela cautelar.
Su configuración como derecho fundamental. Ara, Lima, 2006, p. 70).
84 STC Exp. Nº 0023-2005-AI/TC, f. j. 38.

71
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

En esa perspectiva, pues, es posible afirmar que la tutela cautelar, en tan-


to que forma de tutela diferenciada, se erige ella misma como un auténtico
derecho fundamental, en virtud del cual todo ciudadano puede “solicitar y ob-
tener del órgano jurisdiccional –a través de una cognición sumaria– el dicta-
do y la ejecución oportunas de medidas cautelares que sean adecuadas para
garantizar la efectividad de la sentencia a expedirse”85. Así también lo ha re-
conocido el Tribunal Constitucional, el cual ha señalado que, a pesar de que
la tutela cautelar no se encuentra contemplada expresamente en la Consti-
tución:
“[…] Sin embargo, dada su trascendencia en el aseguramiento provi-
sional de los efectos de la decisión jurisdiccional definitiva y en la neu-
tralización de los perjuicios irreparables que se podrían ocasionar por
la duración del proceso, [la tutela cautelar] se constituye en una mani-
festación implícita del derecho al debido proceso, consagrado en el ar-
tículo 139, inciso 3), de la Constitución (…).
De lo cual se desprende que la función de la medidas cautelares está
orientada en su carácter instrumental a asegurar la efectividad del de-
recho demandado en el marco de un debido proceso, no solo cuando
se trate de procesos que adolecen de dilaciones indebidas o que no se
resuelvan dentro de los plazos establecidos, sino también cuando se
trate de la duración ordinaria de los procesos (…).
Así, las medidas cautelares son exclusivamente conducentes a hacer
posible la efectividad de la tutela que pudiera otorgarse en una even-
tual sentencia estimatoria de amparo. Es por eso que el profesor Cala-
mandrei la configura como instrumentos del instrumento”86.
Sobre la base de esta premisa, el Tribunal ha avanzado también en la de-
finición del contenido del derecho a la tutela cautelar, señalando que el mismo
incluye “(…) el acceso a la medida cautelar y a su mantenimiento, siempre y
cuando no varíen los presupuestos que la han habilitado. En consecuencia,
si dicha medida es dejada sin efecto de manera no conforme a derecho, esto
es, de manera contraria a la ley, tal acto constituye una afectación del dere-
cho a la tutela judicial efectiva”87.

3. Desarrollo jurisprudencial
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional en torno a las medidas caute-
lares en los procesos constitucionales es aún escasa, lo que no enerva desde

85 PRIORI POSADA, Giovanni. “El derecho fundamental a la tutela cautelar: fundamentos, conteni-
dos y límites”. En: Ius et veritas. Nº 30, Lima, 2005, p. 173.
86 STC Exp. Nº 0023-2005-AI/TC, ff. jj. 49 y 50.
87 STC Exp. Nº 6356-2006-PA/TC, f. j. 9.

72
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

luego el importante desarrollo realizado por el Colegiado acerca de la ope-


ratividad de esta institución procesal en un sentido más general y abstracto.
En cualquier caso, y como primer dato a mencionar, debe resaltarse que
el Tribunal Constitucional ha establecido una clasificación de las medidas
cautelares diseñadas por el CPConst.88, distinguiendo a tal efecto nítidamen-
te entre la existencia de:
a) Un “supuesto general”, en cuyo caso la medida se solicita ante el juez de
la causa, inaudita parte y es impugnable sin efecto suspensivo; y por el
otro.
b) “Solicitudes que tienen por objeto dejar sin efecto actos administrativos
dictados en el ámbito de aplicación de la legislación municipal o regional”,
que conoce la Corte Superior, se corre traslado a la otra parte, interviene
el Ministerio Público y es impugnable con efecto suspensivo89.
Por su parte, y en relación a los presupuestos procesales que deben con-
currir para el otorgamiento de medidas cautelares en cualquier tipo de proce-
so (y entre ellos, desde luego, se encuentran los procesos constitucionales,
el Tribunal ha expresado lo siguiente:
ƒƒ En relación con la apariencia de buen derecho (fumus boni iuris), el Tri-
bunal ha asumido que dicho requisito:
“(…) no responde a que la pretensión sea probablemente estima-
da (juicio subjetivo), sino a que la misma pueda serlo (juicio objeti-
vo). De allí que lo que se exige del juzgador en este caso es un jui-
cio simple de verosimilitud, es decir, que mediante los documentos
acompañados por el solicitante de la medida cautelar se genere en
el juez la apariencia razonable de que si se pronunciase la sentencia
se declararía fundada la demanda. No se le exige al juez un juicio de
certeza, pues este es exigible al momento de sentenciar.
Lo que constituye un análisis distinto a la probanza de la existencia
del derecho alegado por el actor, dado que la titularidad de los de-
rechos fundamentales recae en toda persona humana, de conformi-
dad con lo establecido en el Capítulo I, Título I, de la Constitución.
De lo cual se deriva una importante consecuencia procesal; que ‘La
apariencia de buen derecho es algo que, en principio, podría dedu-
cirse del hecho mismo de haber sido admitida a trámite la demanda,
pues al tiempo de dictar la resolución en que así se acuerda siem-
pre se realiza un análisis de su contenido constitucional y, por ende,
de su potencial viabilidad. Pero junto a esa inicial apariencia de buen

88 RTC Exp. Nº 06210-2006-PA/TC, f. j. 1.


89 Debe aclararse que, en la actualidad, dicho efecto suspensivo ya no existe, como se puede apre-
ciar de la vigente redacción del artículo 15 del CPConst.

73
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

derecho, lo esencial es la justificación del peligro que representa el


perjuicio que, de no acordarse la suspensión de la ejecución de la
resolución impugnada en amparo, se ocasionaría al demandante’”90.
ƒƒ En cuanto al peligro en la demora (o periculum in mora), es criterio del
Tribunal Constitucional que este requisito:
“(…) se encuentra referido al daño constitucional que se produciría o
agravaría, como consecuencia del transcurso del tiempo, si la medi-
da cautelar no fuera adoptada, privando así de efectividad a la sen-
tencia que ponga fin al proceso (…).
Si bien la carga de la prueba, recae en el demandante, es necesa-
rio matizar esta afirmación a nivel de los procesos constitucionales,
pues ‘de lo que se trata es de que se acredite, al menos, un principio
razonable de prueba al respecto. El perjuicio que se alegue como
derivado del peligro que justifique la adopción de la medida, ha de
ser real y efectivo, nunca hipotético, y, además, de gravedad tal que
sus consecuencias sean irreparables’.
Y en este punto cabe destacar los límites al perjuicio del demandan-
te de amparo, reconocidos por la doctrina y la jurisprudencia com-
parada:
Primero. Que de la suspensión se siga una perturbación grave de
los intereses generales y de los bienes constitucionales de carácter
objetivo, como lo constituye la gobernabilidad y el afianzamiento de
las competencias de los gobiernos locales y regionales.
Segundo. Que produzca una perturbación grave de los derechos
fundamentales o libertades públicas de terceros”91.
ƒƒ Finalmente, en cuanto al requisito de la adecuación, el Tribunal Constitu-
cional ha dejado sentado que dicho elemento:
“(…) exige que el juzgador deba adecuar la medida cautelar solici-
tada a aquello que se pretende asegurar, debiendo dictar la medi-
da que de menor modo afecte los bienes o derechos de la parte de-
mandada o en todo caso, dictar la medida que resulte proporcional
con el fin que se persigue”92.
Ahora bien, uno de los pronunciamientos emblemáticos del Tribunal Cons-
titucional en materia del control constitucional de las medidas cautelares
(más estrictamente, de la proporcionalidad de las mismas) fue el recaído en

90 STC Exp. Nº 00023-2005-AI/TC, f. j. 52.


91 ídem.
92 Ídem.

74
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

el llamado “Caso Ambev” (STC Exp. Nº 01209-2006-PA/TC), cuyos hechos


relevantes pueden resumirse del siguiente modo:

La Compañía Cervecera Ambev Perú S.A.C. interpuso una demanda


de amparo contra una Sala Civil y un Juzgado de Lima, solicitando que
se declare la nulidad de las resoluciones judiciales que habían otorga-
do una medida cautelar en su contra y a favor de la empresa Backus y
Johnston S.A.A.
Según relataba, esta última empresa había interpuesto una demanda
contra Ambev en el fuero ordinario, solicitando, entre otras cosas, que
se declare a la demandada, propietaria de 88’330,000 envases de vi-
drio existentes en el mercado y, asimismo, se haga constar que Ambev
no tenía derecho a utilizar sus envases, sin que medie una autoriza-
ción. Pues bien, para garantizar el resultado de este proceso, Backus
solicitó (y consiguió) una medida cautelar consistente en que la empre-
sa Ambev se abstenga de: a) tomar posesión por cualquier título de los
envases de vidrio existentes en el mercado; b) introducir al mercado
peruano, utilizar o envasar sus productos en botellas iguales a los en-
vases de vidrio referidos; y c) intercambiar, por sí o por intermedio de
terceros, botellas iguales a las descritas.
En su demanda de amparo, la empresa Ambev alegaba que esta medida
cautelar vulneraba sus derechos al debido proceso, libertad de empresa,
libertad de industria y libertad de contratación.
Al final, el Tribunal Constitucional declaró fundada la demanda, decla-
rando la nulidad de las resoluciones impugnadas, y disponiendo que
el juez a quo, de estimarlo conveniente, disponga la concesión de una
nueva medida cautelar “adecuada a la finalidad del proceso principal”,
de acuerdo a los lineamientos que estableció en su sentencia.

Lo interesante del caso radica en que al aplicar el test de propocionali-


dad el Tribunal Constitucional razonó que, si bien la medida cautelar orde-
nada por el Poder Judicial superaba el análisis de idoneidad (dado que se
orientaba a garantizar la eficacia de la futura resolución principal), no podía
decirse lo mismo respecto al criterio de la necesidad, toda vez que:
“(…) mientras que la pretensión principal estaba delimitada a un número
preciso de botellas de determinadas características, la medida cautelar
restringe arbitrariamente toda posibilidad de ‘tomar posesión por cual-
quier título’ de todas las botellas ‘existentes en el mercado, en tanto no
se resuelva de manera definitiva este proceso’, lo cual como ha sido
ya puesto de manifiesto, incluye no solo las botellas cuya propiedad
se reclama en el proceso judicial, sino también las botellas adquiridas
por AmbevPerú, y la de los usuarios y otros distribuidores que puedan

75
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

tener en su poder, por haberlos adquirido en el mercado. Más aún, or-


dena que Ambev, ‘se abstenga de introducir al mercado peruano, utili-
zar o envasar sus productos en botellas iguales a los envases de vidrio
de 620 ml. de capacidad, color ámbar (...)’. Este último aspecto no solo
no había sido solicitado en el proceso principal en tales términos, sino
que termina por anular la libertad contractual de AmbevPerú con la fa-
bricante de las botellas que no es Backus y que tampoco participa del
proceso en cuestión.
En consecuencia, por los términos en que ha sido adoptada la medida
cautelar bajo análisis, al no haber delimitado adecuadamente el ámbi-
to de la afectación en función de la finalidad a la que se orienta, ha ter-
minado por afectar de modo innecesario el derecho de propiedad de la
empresa recurrente violándose al mismo tiempo su derecho a la tute-
la jurisdiccional efectiva prevista en el artículo 139.3 de la Constitución,
así como los principios de proporcionalidad y razonabilidad previstos
en el último párrafo del artículo 200 de la Constitución”93.
Un caso de similar o mayor importancia resuelto por el Tribunal Constitu-
cional, fue el dilucidado en la STC Exp. Nº 06356-2006-PA/TC, en la cual el
Colegiado tuvo la oportunidad de pronunciarse sobre un caso singular que in-
volucraba la eficacia de las medidas cautelares en los procesos constitu-
cionales. Los hechos del caso son los siguientes:

En un primer momento, el Tercer Juzgado Civil del Callao había decla-


rado fundada una demanda de amparo interpuesta por la Asociación
de Trabajadores y Jubilados de la Superintendencia Nacional de Admi-
nistración Tributaria, ordenando a la Sunat la nivelación de las pensio-
nes de sus integrantes.
Ante ello, la Sunat interpuso un nuevo proceso de amparo, alegando
(inverosímilmente) que las sentencias constitucionales tenían carácter
meramente declarativo, razón por la cual no era posible la ejecución de
la primera sentencia de amparo favorable a la asociación demandante.
En este segundo proceso de amparo, la Sunat obtuvo una medida cau-
telar expedida por la Corte Suprema que dejaba sin efecto, a su vez, la
medida cautelar que había obtenido la asociación demandante en vía
de ejecución de la primera sentencia de amparo (la cual disponía trabar
embargo en forma de retención sobre las cuentas de la Sunat).
A raíz de ello, don Raúl Alvarado Calle, integrante de la asociación
mencionada, interpuso un tercer proceso de amparo contra la medida
cautelar dispuesta por la Corte Suprema, así como contra la totalidad

93 STC Exp. Nº 01209-2006-PA/TC, f. j. 63.

76
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

del segundo amparo interpuesto por la Sunat, alegando que dicho pro-
ceso se había tramitado irregularmente sin habérsele emplazado.
Finalmente, el Tribunal Constitucional resolvió declarar fundada la de-
manda, en base a que efectivamente el segundo amparo se había tra-
mitado sin emplazarse al recurrente en su calidad de litisconsorte ne-
cesario pasivo y porque se había desnaturalizado la ejecución de la
primera sentencia de amparo.

De este pronunciamiento es posible resaltar los siguientes aportes fun-


damentales en lo relativo a las medidas cautelares y a su función en los pro-
cesos constitucionales. Así, por ejemplo, en torno a la definición de “medida
cautelar” propiamente dicha, el Tribunal Constitucional señaló que:
“[a] través de ellas [las medidas cautelares] se garantiza el asegura-
miento del cumplimiento de una sentencia estimatoria, posibilitando
que el tiempo que toma el decurso del proceso y las incidencias de
este no comporten la inejecutabilidad de la sentencia o su ejecución in-
completa o insuficiente. Dado que las medidas cautelares cumplen tan
importante función con respecto a la efectividad de la tutela jurisdiccio-
nal, ellas advienen en una institución que conforma este derecho, una
institución a través de la cual se garantiza la efectividad de la tutela ju-
risdiccional. En definitiva, conforme a esto, el derecho a la tutela judicial
efectiva protege también el acceso a una medida cautelar y su manteni-
miento, siempre y cuando no varíen los presupuestos que la han habili-
tado. En consecuencia, si dicha medida es dejada sin efecto de mane-
ra no conforme a derecho, esto es, de manera contraria a la ley, tal acto
constituye una afectación del derecho a la tutela judicial efectiva”94.
Y sobre el carácter presuntamente “declarativo” de las sentencias cons-
titucionales y, en consecuencia, de la pretendida improcedencia de medidas
cautelares solicitadas orientadas a garantizar su eficacia, el Tribunal Consti-
tucional merituó lo siguiente:
“Las sentencias de un proceso de amparo no son meramente declara-
tivas. Y ello porque si bien en ellas se constata la lesión de un derecho
constitucional, como correlato de ello la sentencia debe cumplir el obje-
to del proceso de amparo, consistente en la restitución del derecho le-
sionado (art. 1, Ley Nº 23506)”95.
“En tal sentido, dado que la sentencia de amparo objeto del proceso
de ejecución de resolución judicial no tiene solo efecto declarativo y
que, por ello, es ejecutable, puede concluirse en que no se configura

94 STC Exp. Nº 06356-2006-AA/TC, f. j. 9.


95 STC Exp. Nº 06356-2006-AA/TC, f. j. 12.

77
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

satisfactoriamente el presupuesto de verosimilitud de derecho para la


concesión de la medida cautelar cuestionada”96.
En otra ocasión (STC Exp. Nº 02544-2009-AC/TC), el Tribunal Constitu-
cional ha tenido la oportunidad de pronunciarse sobre la solicitud de medidas
cautelares en el marco de un proceso de cumplimiento, verificando la desna-
turalización de las mismas a cargo de los sujetos obligados. Los hechos del
caso, en lo esencial, son los siguientes:

El recurrente había interpuesto demanda de cumplimiento contra el Ge-


neral de la Policía Nacional del Perú, con el objeto de que se dé cum-
plimiento al artículo 15 del Decreto Supremo Nº 07-2005-IN/PNP, y en
consecuencia, se ordene la inclusión del tiempo de servicios que venía
prestando en zona de emergencia, en su legajo personal, a efectos de
que ello sea tomado en cuenta al momento de su calificación para el
ascenso correspondiente al año 2008.
El Tercer Juzgado Especializado en lo Civil de Ica resolvió declarar fun-
dada la demanda, por considerar que el acto administrativo materia de
cumplimiento resultaba claro, cierto, no sujeto a controversia compleja
ni a interpretaciones dispares, de ineludible y obligatorio cumplimiento,
a lo que agregaba que el recurrente había prestado servicios efectiva-
mente en la zona declarada en emergencia. A consecuencia de ello, el
Juzgado dictó medida cautelar a favor del demandante, la misma que
fue cumplida por el Director de Recursos Humanos de la entidad de-
mandada.
Sin embargo, el recurrente informó que, si bien se le había incorpora-
do el puntaje correspondiente a su legajo personal, ello finalmente ha-
bía devenido infructuoso dado que el recurrente ya había sido dado de
baja. En base a ello, argumentaba que la medida cautelar decretada no
había cumplido su finalidad.
Posteriormente, la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de Justicia,
revocando la apelada, declaró improcedente la demanda. A su turno, el
Tribunal Constitucional declaró fundada la demanda interpuesta.

Pues bien, lo rescatable de este fallo es que, al momento de resolver la


controversia, el Tribunal Constitucional expuso los siguientes argumentos:
“Los procesos constitucionales, a partir de su configuración en la Nor-
ma Fundamental y en el Código Procesal Constitucional, así como en la
jurisprudencia emitida por este Colegiado, debe buscar, entre otros, la
eficacia de los derechos fundamentales que están siendo conculcados.

96 STC Exp. Nº 06356-2006-AA/TC, f. j. 18.

78
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

En el caso del cumplimiento, los derechos en juego según lo señalado


en el fundamento 10 de la STC Exp. Nº 0168-2005-PC/TC es el de de-
fender la eficacia de las normas legales y actos administrativos. Por lo
tanto, cuando se solicita una medida cautelar, debe buscarse una tute-
la anticipada de su eficacia”97.
Así pues, al detectar que en el caso de autos existía un problema con la
aptitud y vigencia de la medida cautelar solicitada por el recurrente en el mar-
co del proceso de cumplimiento, el Tribunal razonó lo siguiente:
“[E]n el caso concreto, parece que la medida cautelar no ha cumplido
su objetivo. Y esto se puede decir en base a un argumento principal de-
sarrollado por la legislación, según se observa del artículo 15 del Có-
digo Procesal Constitucional: ‘(...) Su procedencia, trámite y ejecución
dependerán del contenido de la pretensión constitucional intentada y
del adecuado aseguramiento de la decisión final, a cuyos extremos de-
berá limitarse (...)’. Si la idea es preservar el respeto de los derechos
fundamentales, una resolución o acción que no la resguarde no estará
respetando la naturaleza de las medidas cautelares”98.
Así pues, al momento de analizar si el cese del recurrente constituía o no
una “desnaturalización” de la medida cautelar adoptada, el Tribunal Constitu-
cional expuso que:
“En el caso concreto, el petitorio del accionante es que se cumpl[a]
el rubro c) y d) del numeral 3.a) del artículo 15 del Decreto Supre-
mo Nº 07-2005-IN/PNP […] la idea de la contabilización del tiempo de
servicios en zona de emergencia era asegurar la inclusión del deman-
dante en el cuadro de méritos respectivo, y así poder ascender.
[E]l artículo 51.1 de la Ley Nº 28857 [señala] lo siguiente: ‘No son con-
siderados en el proceso de Renovación los Oficiales Generales y Ofi-
ciales Superiores comprendidos en los siguientes supuestos: Haber
alcanzado vacante en el Cuadro de Mérito para el ascenso al Grado
inmediato superior’. Por tal razón, no se podría haber determinado el
cese por renovación del recurrente. Sin embargo, fue justamente ello lo
que ocurrió. Según la Resolución Ministerial Nº 1300-2008-IN/PNP […]
se le pasa de la situación de actividad a la situación de retiro, estando
el número 29 de la relación de Comandantes Policías.
Una resolución como esta desnaturaliza completamente la idea de una
medida cautelar que justamente intenta asegurar el respeto de los de-
rechos de las personas, como sucede en los procesos de cumplimien-
to. Incluir al accionante dentro del listado de personal de la Policía

97 STC Exp. Nº 02544-2009-AC/TC, f. j. 8


98 STC Exp. Nº 02544-2009-AC/TC, f. j. 13.

79
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Nacional del Perú que pasan de la situación de actividad a la de retiro


por causal de renovación, desconoce el respeto del derecho tutelado a
través de la medida cautelar”99.
Por último, el Tribunal reconoció su incompetencia para conocer las me-
didas cautelares dictadas en los procesos constitucionales, que se tramitan
“por cuerda separada”, precisando que para ello resulta necesario interponer
un nuevo proceso de amparo, sin perjuicio de las responsabilidades a que
hubiere lugar. Así pues, consideró que:
“[L]a medida cautelar se tramita por ‘cuerda separada’ (artículo 15 del
Código Procesal Constitucional), razón por la cual el Tribunal Consti-
tucional no participa del análisis de las medidas cautelares, sino debió
hacerse a través del juez o los jueces que la emitieron. Ante este Cole-
giado no llega, en ningún caso, el incidente formulado.
Por esta situación, mal haría este Tribunal en intervenir en una cues-
tión que por corrección funcional no le corresponde. Aún así, es cons-
ciente que la actividad de la entidad pública ha terminado afectando la
verdadera vigencia de los derechos fundamentales que buscan ser tu-
telados en este proceso (…)
[…] Todo hace suponer que existe violación de un nuevo derecho fun-
damental, no discutido en este caso, como es el de tutela procesal
efectiva, reconocido en el artículo 139, inciso 3 de la Constitución y en
el artículo 4 del Código Procesal Constitucional.
Solo cabe que se habilite algún mecanismo procesal para que el accio-
nante recurra la situación reconocida. Si bien debió utilizar herramien-
tas jurídicas dentro del incidente de la medida cautelar, igual cabe la
presentación de la demanda de amparo para que en ella se dilucide
la vulneración del derecho a la tutela procesal efectiva por parte de la
demandada con relación al reclamante. Es cierto que este Colegiado
tiene algunos indicios de la afectación de este derecho, pero al no ha-
ber tenido acceso al cuaderno de medida cautelar ni haber ejercido su
derecho a la defensa la entidad accionada, corresponde que se inicie
una investigación en un plazo expeditivo para que se tutele el supues-
to derecho afectado (…).
Tal como señaló supra, el accionante podrá acudir a la vía del amparo
para tutelar su derecho. Es más, sin perjuicio de dejar abierta la posibi-
lidad de reclamar la afectación sufrida en otro proceso, igual este Cole-
giado deja sentado que a partir de una aplicación extensiva del artículo
626 del Código Procesal Civil, que según el artículo 15 del Código

99 STC Exp. Nº 02544-2009-AC/TC, ff. jj. 14, 16 y 17.

80
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Procesal Constitucional se utiliza de manera supletoria, podría ser ad-


misible la responsabilidad civil de las autoridades que tuviesen respon-
sabilidad en la afectación de derechos en el trámite de la medida cau-
telar. De otro lado, en virtud de lo señalado en el artículo 8 del Código
Procesal Constitucional, también podría remitirse los actuados al Minis-
terio Público para que investiguen la situación descrita”100.
Finalmente, un último caso examinado por el Tribunal Constitucional, cier-
tamente atípico, fue el de una medida cautelar solicitada en el marco de un
proceso competencial.

En este caso, los hechos se suscitaron dentro del proceso competen-


cial interpuesto por el Poder Judicial contra el Poder Ejecutivo, en el
que se aducía que este había invadido sus competencias en materia
presupuestaria al presentar el “Proyecto de Ley Anual de Presupues-
to para el Sector Público para el año 2005” al Congreso de la Repúbli-
ca, excluyendo el monto total que presentó el Poder Judicial conforme
al artículo 145 de la Constitución.
Como es sabido, el Tribunal se preguntó aquí si el Poder Ejecutivo es-
taba obligado a respetar el presupuesto que le presentaba el Poder Ju-
dicial, no modificarlo e incorporarlo al proyecto general del presupues-
to del Estado y remitirlo al Congreso de la República para su discusión
y aprobación final. Pues bien, para declarar fundada la demanda, el Tri-
bunal respondió afirmativamente a esta pregunta, señalando no obs-
tante que el Poder Judicial tenía la responsabilidad de plantear una pro-
puesta económica acorde con la realidad de la caja fiscal.
Pues bien, lo relevante del caso es que, antes de que se emitiera sen-
tencia, el doctor Sivina Hurtado, a la sazón Presidente del Poder Ju-
dicial, solicitó ante el Tribunal Constitucional una medida cautelar, pi-
diendo que se suspenda la eficacia de la parte del Proyecto referida al
Poder Judicial, bajo el argumento de que el trámite legislativo de discu-
sión y aprobación de la referida sección podría causar un perjuicio irre-
parable al interés general. Sin embargo, este pedido fue desestimado
por el Tribunal Constitucional.

Lo que hay que remarcar es que este caso le sirvió al Tribunal para avanzar
en la definición de algunos conceptos importantes sobre la procedencia de las
medidas cautelares en los procesos competenciales. Así, por ejemplo, en rela-
ción al requisito de la “apariencia de buen derecho”, el Tribunal merituó que:

100 STC Exp. Nº 02544-2009-AC/TC, ff. jj. 18, 19, 20, 21 y 23.

81
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

“[…] conforme a los incisos 1) y 4) del artículo 102 de la Constitución, son


atribuciones del Congreso de la República, entre otras, dar leyes y reso-
luciones legislativas, así como interpretar, modificar o derogar las exis-
tentes, y aprobar el Presupuesto de la República (…).
“[…] en consecuencia, en el presente caso, no es posible, dentro del
marco constitucional, suspender la discusión y eventual aprobación de
un proyecto de ley. Tal supuesto significaría la violación del artículo 43
de la Constitución, que consagra el principio de separación de poderes.
Del mismo modo, siendo imperativas las normas con arreglo a las cua-
les se aprueba anualmente el Presupuesto de la República, que debe
estar equilibrado, no es posible suspender, vía cautelar, el debate de la
Ley de Presupuesto”101.
Algo similar aconteció en otro proceso competencial, en el que el Colegia-
do Constitucional ponderó más detenidamente los supuestos de procedencia
de una medida cautelar en los procesos competenciales.

En esta oportunidad, el caso se enmarca dentro del proceso compe-


tencial interpuesto por la Municipalidad Distrital de Surquillo contra la
Municipalidad Distrital de Miraflores; la comuna demandante alegaba
que se había producido una afectación de determinadas competencias
constitucionales en materia de delimitación territorial.
Al final, el Tribunal Constitucional declaró fundada la demanda y, en
consecuencia, nulo el Acuerdo de Concejo Nº 032-2007-MM a través
del cual se aprobaba la privatización del Mercado de Abastos Nº 1.
Lo cierto es que en el contexto del proceso constitucional interpuesto,
la Municipalidad de Surquillo solicitó una medida cautelar a efectos de
lograr la suspensión provisional de los efectos del Acuerdo de Concejo
impugnado, así como de toda disposición, acto o resolución que pueda
emitir la comuna demandada dentro de la demarcación territorial de la
Municipalidad de Surquillo.
Dicha solicitud de medida cautelar, sin embargo, fue declarada infunda-
da por el Tribunal Constitucional.

En este caso, el Tribunal señaló que el requisito de la “apariencia de buen


derecho” para las medidas cautelares en los procesos competenciales:
“[…] para ser estimada requiere a priori la definición por parte
de este Colegiado respecto de a quién (demandante o deman-
dada) corresponde ejercer las competencias constitucionales cuya

101 RTC Exp. Nº 004-2004-CC/TC, ff. jj. 2 y 3.

82
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

titularidad se reclama. En consecuencia, no se configura la apariencia


del derecho”102.
Asimismo, en relación al requisito del “peligro en la demora” de las caute-
lares en los procesos competenciales, el Tribunal estimó que:
“[…] si bien la demandada ha emitido el Acuerdo de Concejo que aprue-
ba la privatización del Mercado de Abastos Nº 1 (…) no es menos cier-
to que la sentencia que emita este Colegiado ‘(...) vincula a los poderes
públicos y tiene plenos efectos frente a todos. Determina los poderes
o entes estatales a que corresponden las competencias o atribuciones
controvertidas y anula las disposiciones, resoluciones o actos viciados
de incompetencia. (...)’; en esa medida consideramos que tampoco se
evidencia el elemento de peligro en la demora, dado que –en caso así
correspondiera y de acuerdo a lo expuesto– la reversibilidad del acto
es aún viable”103.
Finalmente, en relación al requisito de la “adecuación” el Tribunal merituó
lo siguiente:
“[…] el contenido en la pretensión cautelar (que es la suspensión pro-
visional de los efectos del Acuerdo de Concejo Nº 032-2007-MM y de
todo acto de disposición que pueda darse sobre los bienes de dominio
público) no es adecuado para los fines perseguidos, pues los actos de
disposición no constituyen impedimento alguno para que este Tribunal
se pronuncie acerca de la titularidad para el ejercicio de las competen-
cias constitucionales invocadas”104.
Tal como se puede apreciar, el Tribunal Constitucional ha interpretado de
un modo bastante restrictivo la procedencia de las medidas cautelares en los
procesos competenciales, centrando toda su atención en la finalidad de ase-
gurar su propia decisión (lo que sin duda es un “acto” que no requiere asegu-
rarse materialmente), pero olvidando el tema de la “eficacia” de dicha decisión.

4. Preguntas de interés

‰‰¿Qué tipo de medidas cautelares pueden solicitarse (y concederse)


en los procesos constitucionales?
Como se ha visto, el artículo 15 del CPConst. establece que pueden soli-
citarse dos tipos de medidas: a) medidas cautelares; y b) suspensión del acto
violatorio. En sentido estricto, la suspensión del acto violatorio (medida de no

102 STC Exp. Nº 00003-2007-CC/TC, f. j. 2.


103 STC Exp. Nº 00003-2007-CC/TC, f. j. 3.
104 STC Exp. Nº 00003-2007-CC/TC, f. j. 4.

83
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

innovar) es un “tipo” de medida cautelar, por lo que cabe concluir que cuando
el Código alude a las “medidas cautelares” se está refiriendo a las medidas
de innovar o innovativas. En suma, en los procesos constitucionales, cabe
solicitar tanto medidas de innovar, así como de no innovar. A pesar de ello,
es preciso tener en cuenta que el Tribunal Constitucional ha intepretado que:
“[…] la efectividad que se busca garantizar, si en el procedimiento cau-
telar en el ámbito jurisdiccional civil está orientada a la anticipación pro-
visional de la pretensión interpuesta por el actor; la situación no es la
misma en el proceso de amparo, donde la medida cautelar no pasa de
ser una medida provisional de conservación de un derecho fundamen-
tal. En este sentido se debe sostener que la medida cautelar no pue-
de anticipar lo que es el contenido de la pretensión de amparo, sino
la verosimilitud de la afectación de un derecho; de lo contrario la me-
dida cautelar excedería la finalidad perseguida por el artículo 15 del
CPConst.”105.
Un asunto adicional al planteado es el referido a si en sede constitucio-
nal es posible conceder medidas cautelares “innominadas”, esto es, aquellas
que no están previstas en la ley, pero cuya configuración es dejada al pru-
dente arbitrio del juez ante el cual se solicita la medida. Al respecto, creemos
que el Código ha sido sumamente claro al señalar que las “únicas” medidas
que pueden concederse son la “suspensión” del acto violatorio y las “medidas
cautelares”, por lo que sería cuestionable prima facie ampliar los supuestos
que han sido previstos expresamente por el legislador.

‰‰¿Qué implica la adecuación o razonabilidad de la medida cautelar en


los procesos constitucionales?
El artículo 15 del CPConst. dispone que la adecuación o razonabilidad es
un requisito de procedencia de la medida cautelar en los procesos constitu-
cionales, añadiendo que debe tenerse en cuenta “el adecuado aseguramien-
to de la decisión final” y “el perjuicio que pueda ocasionarse”.
En consecuencia, bien puede afirmarse que la concesión de una medida
cautelar siempre implica un juicio de ponderación, razón por la cual, en adi-
ción a los presupuestos clásicos u ordinarios, es necesario agregar los si-
guientes106:
i) la decisión cautelar debe perseguir un fin constitucionalmente válido;
ii) la decisión cautelar debe ser adecuada;

105 STC Exp. Nº 023-2005-AI/TC, f. j. 31.


106 INDACOCHEA PREVOST, Úrsula. “La medida cautelar como juicio ponderativo”. En: Revista Ju-
rídica del Perú. Nº 81, noviembre de 2007, p. 209 y ss.

84
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

iii) la decisión cautelar debe ser necesaria (en relación con el periculum in
mora); y
iv) la decisión cautelar debe ser proporcionada (en relación con el fumus boni
iuris).

‰‰¿Qué implica la irreversibilidad de la medida cautelar en los proce-


sos constitucionales?
La “irreversibilidad” dice relación con que la medida cautelar no puede ge-
nerar un estado de cosas definitivo que no pueda retrotraerse en el futuro.
Este sería el caso, por ejemplo, de una solicitud de rectificación orde-
nada a un medio de comunicación social (dado que una vez publicada
esta, no podría volverse las cosas al estado anterior), o la orden de in-
corporar al demandante como miembro de un determinado organismo
público107.
Al respecto, el Tribunal Constitucional ha interpretado que “(…) la medida
cautelar debe constituir una tutela de urgencia, por lo que para ser concedi-
da no se debe superar el límite de la irreversibilidad, es decir, que en modo al-
guno la medida cautelar debe ocasionar consecuencias que después no pue-
dan ser revertidas”108.
No obstante ello, es preciso dar cuenta de algunos autores, como Adolfo Ri-
vas, para quien “si los procesos constitucionales están para proteger los dere-
chos de los individuos y a tal efecto se constituyen en garantías, es claro que
el juez deberá sopesar si la irreversibilidad para el poder público autor del acto
o de la norma no importa consagrar igual consecuencia para el derecho indivi-
dual de modo de provocar su extinción; en tal caso computará para decidir, los
valores en juego”109.
Este sería el caso, por ejemplo, de la medida cautelar consistente en
otorgar un tratamiento médico a una persona con problemas cardía-
cos, pese a tener una sospecha de su indebida afiliación al sistema de
salud. Como es evidente, en este caso, la medida en sí misma sería
irreversible (pues una vez otorgado el tratamiento, este no puede re-
trotraerse), pero estaría justificada en el carácter urgente que su pres-
tación denota para el paciente.

107 Al respecto, un interesante análisis sobre la medida cautelar concedida al ciudadano Javier Ríos
Castillo y su incorporación como magistrado del Tribunal Constitucional, puede encontrarse en
TITO PUCA, Yolanda Soledad. “La tutela cautelar en el proceso de amparo. Cuando el mal de Pi-
latos afecta a la judicatura”. En: Gaceta Constitucional. Nº 26, febrero de 2010, pp. 124-140.
108 STC Exp. Nº 023-2005-AI/TC, f. j. 47.
109 RIVAS, Adolfo. Las medidas cautelares en el Derecho peruano. Jurista, Lima, 2005, p. 295.

85
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Cómo funciona la medida cautelar en procesos constitucionales in-


terpuestos contra actos basados en normas autoaplicativas?
Como se vio, el artículo 15 del CPConst. dispone que la medida cautelar
dictada en los procesos de amparo, hábeas data y cumplimiento debe respe-
tar (“sin transgredir” señala el código) lo establecido en el artículo 3 primer pá-
rrafo del CPConst. Este último artículo señala que, tratándose de un proceso
constitucional interpuesto contra un acto basado en una norma autoaplicativa
inconstitucional, la sentencia estimatoria debe declarar inaplicable la citada
norma. Concordando estos dos artículos, puede inferirse que el legislador ha
querido que la medida cautelar adoptada en los procesos constitucionales no
pueda, en ningún caso, “restituir la vigencia” de una norma que ha sido inapli-
cada en otro proceso constitucional.
Es bueno advertir que si bien el Código impide la interposición de medidas
cautelares en el proceso de inconstitucionalidad (artículo 105), sí lo permite
cuando se trata de un proceso de amparo interpuesto contra una norma au-
toaplicativa. No obstante, el artículo 15 de este mismo cuerpo normativo dis-
pone que la medida cautelar dictada bajo estos términos debe quedar sus-
pendida en sus efectos cuando se interpone el recurso de apelación. Ello no
ha sido obstáculo, sin embargo, para que cierto sector de la doctrina afirme
que dicha suspensión no debe operar cuando se está ante una cuestión de
puro Derecho, de modo que sea posible y fácil sustentar la radical inconsti-
tucionalidad de los actos que afectan el contenido constitucional del derecho
fundamental involucrado110.

‰‰¿Qué normas del Código Procesal Civil no deben aplicarse supleto-


riamente a las medidas cautelares en los procesos constitucionales?
De una lectura integral del artículo 15 del CPConst., es posible arribar a
las siguientes conclusiones:
i) En los procesos constitucionales, no proceden las medidas anticipadas
sobre bienes perecibles (artículo 618 del Código Procesal Civil).
ii) En los procesos constitucionales, el pago de costas y costos, así como la
indemnización por daños y perjuicios, no se rige por lo establecido en el
artículo 621 del Código Procesal Civil, pues existe una regulación expresa
en el artículo 16 del CPConst.
iii) En los procesos constitucionales, no opera la cancelación de pleno de-
recho de la medida cautelar cuando la sentencia de primer grado des-
estima la demanda (artículo 630 del Código Procesal Civil). En su lu-
gar, resulta de aplicación el artículo 16 del CPConst.

110 CASTILLO CÓRDOVA, Luis. “Un caso de apelación de la medida cautelar sin efectivo suspensivo
en un proceso de amparo dirigido contra normas autoaplicativas”. En: Revista Jurídica del Perú.
Nº 86, abril de 2008, p. 19.

86
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

iv) En los procesos constitucionales no es posible solicitar medidas cau-


telares antes de iniciado el proceso principal (artículo 636 del Código
Procesal Civil).
v) En los procesos constitucionales, no proceden el embargo ni el secuestro,
entre otros supuestos (artículos 642 al 672 del Código Procesal Civil).
Normas del Código Procesal Civil sobre medidas cautelares
que no resultan aplicables a los procesos constitucionales
Artículo 618 Medida anticipada
Artículo 621 Sanciones por medida cautelar innecesaria o maliciosa
Artículo 630 Cancelación de la medida
Artículo 636 Medida fuera del proceso
Artículo 642 Embargo
Artículo 643 Secuestro
Artículo 644 Identificación de los bienes embargados o secuestrados
Artículo 645 Extensión del embargo
Artículo 646 Embargo de bien en régimen de copropiedad
Artículo 647 Secuestro de vehículo
Artículo 674.A Secuestro conservativo sobre bienes informáticos
Artículo 648 Bienes inembargables
Artículo 649 Embargo en forma de depósito y secuestro
Embargo de inmueble sin inscripción registral o inscrito a nombre de tercera per-
Artículo 650
sona
Artículo 651 Secuestro de bienes dentro de una unidad de producción o comercio
Artículo 652 Secuestro de títulos de crédito
Artículo 653 Cateo en el embargo en depósito o en el secuestro
Artículo 654 Retribución del custodio
Artículo 655 Obligaciones del depositario y del custodio
Artículo 656 Embargo en forma de inscripción
Artículo 657 Embargo en forma de retención
Artículo 658 Ejecución de la retención
Artículo 659 Falsa declaración del retenedor
Artículo 660 Doble pago
Artículo 661 Embargo en forma de intervención en recaudación
Artículo 662 Obligaciones del interventor recaudador
Artículo 663 Obligación especial (del interventor recaudador)

87
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Artículo 664 Conversión de la recaudación


Artículo 665 Embargo en forma de intervención en información
Artículo 666 Obligaciones del interventor informador
Artículo 667 Ejecución de la intervención
Artículo 668 Responsabilidad en la intervención
Artículo 669 Embargo en forma de administración de bienes
Artículo 670 Conversión a administración de unidad de producción o comercio
Artículo 671 Obligaciones del administrador
Artículo 672 Ejecución de la conversión a administración

‰‰¿Es posible la variación de la medida cautelar en los procesos cons-


titucionales?
Sí es posible, en aplicación supletoria de los artículos 612 y 617 del Có-
digo Procesal Civil, que son supuestos no prohibidos por el artículo 15 del
CPConst. El primero de dichos artículos señala que “toda medida cautelar es
(…) variable”, mientras que el segundo, referido a la variabilidad de las medi-
das cautelares, dispone lo siguiente:
“A pedido del titular de la medida y en cualquier estado del proceso
puede variarse esta, sea modificando su forma, variando los bienes
sobre los que recae o su monto, o sustituyendo al órgano de auxilio
judicial.
La parte afectada con la medida puede efectuar similar pedido, el que
será resuelto previa citación a la otra parte.
Para resolver estas solicitudes, el Juez atenderá a las circunstancias
particulares del caso. La decisión es apelable sin efecto suspensivo”.

‰‰¿Proceden las medidas cautelares en los procesos de control nor-


mativo?
Como se dijo antes, las medidas cautelares sí proceden en los proce-
sos de acción popular (artículo 94 CPConst.) y competencial (artículo 111
CPConst), mas no así en el proceso de inconstitucionalidad (artículo 105
CPConst.).
A criterio del Tribunal Constitucional, la imposibilidad de adoptar medidas cau-
telares en el proceso de inconstitucionalidad se debe a que las leyes, en tanto que
expresión de la voluntad popular, poseen una legitimación democrática directa

88
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

que no poseen el resto de disposiciones”111. Pero también existen razones de


orden práctico, “según las cuales ‘la eficacia erga omnes que la suspensión
tendría como lógica consecuencia del control concentrado de inconstitucio-
nalidad comprometería en gran medida la certeza de las relaciones jurídicas,
al afectar con carácter general tanto a los procesos en curso como a las rela-
ciones jurídicas pendientes’”112.

‰‰¿La denegatoria de una medida cautelar constituye “resolución de-


negatoria” que pueda recurrirse a través del recurso de agravio cons-
titucional?
No. El Tribunal Constitucional ha señalado expresamente que la resolu-
ción a través de la cual se deniega una solicitud de medida cautelar en el mar-
co de un proceso constitucional, no constituye una “resolución denegatoria”
en los términos establecidos en la Constitución y el CPConst., por lo que no
procede la interposición del recurso de agravio constitucional113. Desde lue-
go, ello no quita que pueda interponerse un proceso de amparo contra dicha
resolución, lo que se tramitaría como un supuesto de amparo contra resolu-
ciones judiciales.

‰‰¿Procede la solicitud de medida cautelar antes de iniciado el proce-


so constitucional?
No procede. Como se afirmó antes, en los procesos constitucionales no
resulta de aplicación el artículo 636 del Código Procesal Civil, al estar expre-
samente prohibido por el artículo 15 del CPConst. A nuestro criterio, ello obe-
dece a que el proceso constitucional es, por sí mismo, una forma de tutela ur-
gente y perentoria, por lo que su interposición no debiera originar (en teoría)
mayores complicaciones para la parte demandante. Aunque ello no ha impe-
dido que cierto sector de la doctrina postule la posibilidad de habilitar medi-
das cautelares ad causam únicamente en supuestos de particular urgencia o
necesidad114.

111 STC Exp. Nº 00023-2005-PI/TC, f. j. 48.


112 Ídem.
113 Entre otros, vide. RTC Exp. Nº 04869-2005-PA/TC, f. j. 2 y RTC Exp. Nº 06210-2006-PA/TC, f. j. 2.
114 SALCEDO CUADROS, Carlo Magno. “La casi inexistente ‘tutela cautelar’ contra los actos admi-
nistrativos de los gobiernos regionales y locales”. En: Gaceta Constitucional. Nº 7, julio de 2008,
p. 33.

89
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Se requiere otorgar contracautela para solicitar una medida caute-


lar en los procesos constitucionales?
No se requiere, porque el Código no lo dispone expresamente y dado
que los propios autores del Anteproyecto señalaron que “se elimina la exi-
gencia de contracautela, no solo porque no corresponde su empleo en sede
de derechos constitucionales presuntamente afectados, sino porque, en es-
tricto, la contracautela no es un presupuesto para la obtención de la medi-
da, sino un requisito para su ejecución”115. Además de ello, debe tenerse en
cuenta que la institución de la “contracautela” puede tener su justificación
en los procesos civiles, originalmente pensados en términos patrimoniales,
mas no así en los procesos constitucionales, donde lo que se dilucidan son
derechos fundamentales.

‰‰¿Ante qué instancia judicial debe solicitarse la medida cautelar? ¿Es po-
sible solicitarla en sede del Tribunal Constitucional?
Aunque el artículo 15 del CPConst. se refiere únicamente al “Juez” como
autoridad competente, y el mismo pueda entenderse prima facie como “el juez
de la demanda”, no existe impedimento para afirmar que la medida cautelar po-
dría solicitarse ante cualquier instancia judicial dentro del proceso, en tan-
to se cumplan con los requisitos de procedencia establecidos en el Código.
Con el mismo criterio, no puede descartarse que se puedan solicitar medi-
das cautelares ante el propio Tribunal Constitucional, y no solo en los proce-
sos que este conoce en única instancia, sino también en aquellos procesos
de tutela de derechos que conoce a través del recurso de agravio constitucio-
nal. Desde luego, esto plantea el problema de que, concediéndose una medi-
da cautelar por la Corte Superior o la Corte Suprema (o en su caso, por el Tri-
bunal Constitucional), podría afectarse el derecho a la pluralidad de instancias,
pues se estaría afectando el derecho del ejecutado a apelar la resolución cau-
telar. Sin embargo, creemos que este derecho debería ser ponderado, si lo que
está en juego es la urgencia de proteger el derecho fundamental alegado en
el proceso constitucional.
Un asunto distinto al de la instancia ante la cual puede solicitarse una me-
dida cautelar, es el relativo a si el proceso cautelar debe ser conocido por el
mismo juez que conoce el proceso constitucional. De hecho, el tema en cues-
tión no es irrelevante, habida cuenta que la interposición de medidas caute-
lares ante un juez distinto al del proceso principal, se presta a que dicha ins-
titución procesal sea objeto de un uso abusivo o fraudulento. Por su parte, el
Código no brinda una respuesta explícita a esta pregunta, por lo que resulta

115 ABAD YUPANQUI, Samuel et ál. Código Procesal Constitucional. Estudio introductorio, exposi-
ción de motivos, dictámenes e índice analítico. Tercera edición, Centro de Estudios Constitucio-
nales, Lima, 2008, p. 50.

90
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

válido concluir que el demandante debe atenerse a lo establecido en el ar-


tículo 51 del CPConst., que establece que es competente para conocer de
los procesos de la libertad (y, decimos nosotros, del proceso cautelar) “el juez
civil o mixto del lugar donde se afectó el derecho, o donde tiene su domicilio
principal el afectado, a elección del demandante”116.

‰‰¿Cuál es el contenido constitucionalmente protegido del “derecho a


la tutela cautelar”?
Como se mencionó anteriormente, el Tribunal Constitucional ha interpreta-
do que “el derecho a la tutela judicial efectiva protege también el acceso a
una medida cautelar y su mantenimiento, siempre y cuando no varíen los pre-
supuestos que la han habilitado”117. Por consiguiente, existirá una afectación
del derecho a la tutela cautelar (y por lógica consecuencia, a la tutela judicial
efectiva) cuando se niegue la concesión de una medida cautelar, o cuando
habiéndose otorgado, la misma sea dejada sin efecto. Siendo así, conviene
entonces preguntarse: ¿son revisables los presupuestos procesales de las
medidas cautelares a través del amparo? Al respecto, algunos autores opi-
nan que no debido a dos razones: a) una razón formal: porque quien promue-
ve el amparo no puede buscar que se defina la titularidad de los derechos que
se invocan, pues esta vía solo remueve agresiones o amenazas contra los de-
rechos; y b) una razón material: dado que la verificación de si estaba justificado
o no el rechazo de medidas cautelares por no cumplir los presupuestos legales
no forma parte del contenido constitucionalmente protegido del derecho a la tu-
tela cautelar, pues se trata de un asunto carente de relevancia constitucional118.
Por nuestra parte, concordamos con esta posición, habida cuenta que la veri-
ficación de los presupuestos procesales de las medidas cautelares parece ser
más un asunto de la jurisdicción ordinaria que de la jurisdicción constitucional.

‰‰¿Proceden las medidas cautelares en los procesos de cumplimiento?


Sí proceden, pues así lo dispone expresamente el artículo 15 de CPConst.
y además existen pronunciamientos expresos del Tribunal Constitucional so-
bre el particular, como se vio antes. Al respecto, no compartimos la opinión de
que en los procesos de cumplimiento “difícilmente se configuraría el supues-
to del peligro en la demora” dado que “mientras la norma legal cuyo cumpli-
miento se pretenda conserve vigencia o pueda seguir desplegando sus efec-
tos, entonces siempre será posible exigir su eficaz cumplimiento”119. A nuestro
criterio, el peligro en la demora, si bien tiene relación con el “derecho a la

116 Cabe anotar que el artículo 51 del CPConst. ha sido modificado por la Ley Nº 28946.
117 STC Exp. Nº 06356-2006-AA/TC, f. j. 9.
118 RAFFO LA ROSA, Mauricio y VELÁSQUEZ MELÉNDEZ, Raffo. “Notas sobre el derecho funda-
mental a la tutela cautelar y su defensa en sede procesal constitucional”. En: Gaceta Constitucio-
nal. Nº 19, julio de 2009, pp. 385-387.
119 NAUPARI WONG, José. “Proceso de cumplimiento y medidas cautelares. A propósito de la STC
Exp. Nº 2544-2009-PC/TC”. En: Gaceta Constitucional. Nº 24, diciembre de 2009, p. 99.

91
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

eficacia de las normas legales”, no puede obviar que muchas veces detrás
de ese “derecho genérico” trasunta un derecho adicional (a la pensión, a la
salud, al trabajo, etc.), que son elementos que también debe tener en cuen-
ta el juez constitucional a la hora de evaluar la concesión o no de una medi-
da cautelar.

‰‰¿Existe un plazo para que el juez constitucional dicte medida caute-


lar en los procesos constitucionales?
En términos concretos, dicho plazo no está previsto legalmente. Sin em-
bargo, el Tribunal Constitucional ha interpretado que “(…) si bien no es posi-
ble que en abstracto se establezca un único plazo a partir del cual la conce-
sión de la medida cautelar pueda reputarse irrazonable, es necesario que los
jueces que conozcan de ellas se ajusten a los plazos y a las actuaciones pre-
vistas en el artículo 15 del CPConst. Así, es deber del juez constitucional do-
tar de la prioridad debida y actuar con una diligencia especial en la tramita-
ción de los pedidos cautelares que conozca. De no tenerse presente ello, una
medida que debería ser concebida como cautelar y excepcional, en el marco
de procesos de tutela de urgencia, se convertiría en un instrumento inoperan-
te, resquebrajando la capacidad de respuesta de la jurisdicción constitucional
frente a los actos violatorios de derechos fundamentales que provienen de
las autoridades públicas, y mellando el propio principio-derecho de dignidad
humana, consagrado en el artículo 1 de la Constitución Política del Perú”120.

‰‰¿Cuáles son los remedios frente al uso abusivo de las medidas cau-
telares?
A juicio del Tribunal Constitucional, el adecuado funcionamiento de la me-
dida cautelar es un asunto que corresponde vigilar a dos órganos específi-
cos: al legislador y los jueces. En relación al primero, el Tribunal afirma que el
legislador “en su labor de configuración del procedimiento cautelar no puede
crear cauces y requisitos que permitan afectar otros bienes constitucionales,
sino, por el contrario, debe establecer mecanismos que posibiliten una efecti-
va actuación no solo de la medida cautelar y, consecuentemente, una efectiva
prestación del debido proceso, sino también de los derechos fundamentales
que prevalecen sobre los procesales”121. Y en cuanto a los segundos, el Tri-
bunal afirma que los jueces “en el otorgamiento o mantenimiento de las medi-
das cautelares deben proceder con absoluta prudencia (…) compensando y
equilibrando los intereses que le pudieran corresponder a la parte que solici-
ta una medida cautelar, así como aquellos que le pudieran corresponder a la
parte demandada. Si bien mediante una medida cautelar se intenta proteger
el resultado de un proceso que se ha iniciado para dilucidar si un demandan-
te goza o no de un determinado derecho, esta medida no puede ser otorgada

120 STC Exp. Nº 00023-2005-PI/TC, f. j. 39.


121 STC Exp. Nº 00023-2005-PI/TC, f. j. 44.

92
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

sacrificando la protección de los derechos y bienes constitucionales, tales


como los tutelados por los gobiernos locales y regionales (…)”122.

‰‰¿Se requiere que la resolución judicial que otorga una medida caute-
lar sea “firme” para que proceda contra ella un proceso de amparo?
En efecto, se requiere que la medida cautelar sea “firme”, lo que se con-
sigue con la absolución de la apelación interpuesta. En ese sentido, el hecho
de que la medida cautelar sea siempre una medida “provisional” no enerva
su condición de resolución judicial pasible de ser controlada a través de un
proceso de amparo. Ese es también el parecer del Tribunal, para el cual “[e]
n el caso de las medidas cautelares, dicha firmeza se alcanza con la apela-
ción y su confirmatoria por la Sala, con lo cual, una vez emitida la resolución
de segunda instancia queda habilitada la vía del amparo si es que la violación
o amenaza continúa vigente”123.

Modelo Nº 01:

Solicitud cautelar de cumplimiento


de mandato administrativo

Exp. Nº …
Sec.: ……………
Escrito Nº …….
Medida cautelar
Sumilla: Solicito que se disponga el inmediato cumplimiento
de mandato administrativo

SEÑOR JUEZ ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LIMA

……………………………., con dirección domiciliaria en Av. ................... y con


domicilio procesal en casilla ........ del Departamento de Notificaciones del Colegio
de Abogados de Lima; en la demanda de cumplimiento interpuesta contra el Jefe de
la OGA del Ministerio ............, a Ud. atentamente digo:

122 Ídem.
123 STC Exp. Nº 01209-2006-AA/TC, f. j. 12.

93
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Que, solicito a la Sala de su digna presidencia se sirva dictar AUTO PRECAUTE-


LATORIO en cuaderno separado disponiendo que el Jefe de la OGA del Ministerio
............. cumpla inmediatamente con el mandato administrativo contenido en la re-
solución Nº ................ que ordena el pago de la suma de S/. ............ a favor del
suscrito, atendiendo a los siguientes fundamentos de hecho y de derecho:
I. FUNDAMENTOS DE HECHO
1. El Jefe de la OGA del Ministerio ............. hasta la fecha no ha cumplido con el
mandato administrativo dispuesto por la resolución Nº ............ pese a contar
con la documentación e información pertinente que sustenta dicha orden.

2. Con fecha ............ remití a la OGA del Ministerio ........... documento de fecha
cierta requiriendo el cumplimiento de la resolución Nº ............ y, en conse-
cuencia, el pago de S/. ......... que esta norma ordena, sin embargo, dicha enti-
dad insiste en su negativa. Con ello se cumple con el requisito especial de pro-
cedencia establecido en el artículo 69 del CPConst.

3. Como quiera que este incumplimiento constituye una amenaza de vulneración


contra mi derecho de acreencia, adquirido y respaldado mediante la resolución
Nº .........., solicito que su despacho disponga que inmediatamente el Jefe de la
OGA del Ministerio .......... cumpla con el acto administrativo de abonar a mi fa-
vor el monto señalado, acatando lo establecido en la mencionada resolución.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO


Amparo la presente de conformidad a lo dispuesto por el artículo 15 del
CPConst., por cuanto establece que a solicitud de parte, en cualquier etapa del
proceso, siempre y cuando sea evidente la inminente amenaza de agravio o vio-
lación de un derecho constitucional, el juzgador puede disponer la suspensión
del acto que origina dicha amenaza, siendo el caso que la renuencia del Jefe
de la OGA del Ministerio ............................ a cumplir con el acto administrativo
dispuesto por la resolución Nº .......... referido al pago de S/. ............................
.... a mi favor, implica una amenaza inminente contra mis derechos constitucio-
nales y contra la plena vigencia del orden jurídico.

III. MEDIOS PROBATORIOS


Copia de la resolución administrativa Nº ..............., por la que se ordena a la
OGA del Ministerio de .................... el pago de mis servicios por un monto de
S/. ...........

Copia legalizada de documento de fecha cierta ...... en la cual solicito al OGA


que cumpla con hacer efectivo el pago ordenado por la resolución Nº .............

94
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

POR LO TANTO
A Ud., Sr. Juez, solicito admitir la presente solicitud y tramitarla conforme a su natu-
raleza, disponiendo que el Jefe de la OGA del Ministerio ....... cumpla inmediatamen-
te con el mandato administrativo dispuesto por la resolución Nº ......................... y
proceda a abonarme el monto de S/. ............ tal como lo establece dicha norma.

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:

Solicitud cautelar de reposición al centro de trabajo

Exp. Nº …
Sec.: ……………
Escrito Nº …….
Medida cautelar
Sumilla: Solicito que se disponga la inmediata
reposición a centro de trabajo

SEÑOR JUEZ DE TRABAJO DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE LIMA

……………………………., con domicilio real en Jr. ................... y con domici-


lio procesal en casilla ........ del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, Cuarto Piso
del Palacio Nacional de Justicia, en la demanda de amparo interpuesta contra el
………. Juzgado Civil de Lima, a Ud. digo:
Que, recurro a su despacho para solicitar que vuestra judicatura se sirva dictar
AUTO PRECAUTELARIO en cuaderno separado disponiendo que se me reponga

95
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

de inmediato a mi puesto de trabajo en el Ministerio de Economía y Finanzas, en


atención a los siguientes fundamentos de hecho y de derecho:
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Con fecha 10 de febrero de 2003, el Ministerio de Economía y Finanzas expi-


dió la Resolución Nº ………………, mediante la cual dispuso el goce del sus-
crito argumentando razones disciplinarias, sin llevarse a cabo el procedimien-
to administrativo que establece la ley, vulnerándose así el derecho de defensa
y el debido proceso, lo que acredita la verosimilitud del derecho invocado.

2. Con lo expuesto es posible inferir que resulta de necesidad imperiosa que se


suspendan los efectos de la Resolución Nº …………….. que ordena mi despi-
do y se disponga la reposición inmediata del suscrito a mi centro de trabajo en
el mismo cargo que venía desempeñando al momento de darse el cese, pues la
única medida idónea que tutelaría mis derechos invocados hasta que se emita
el pronunciamiento definitivo.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

Amparo la presente de conformidad con lo dispuesto por el artículo 15 del


CPConst., que establece que a solicitud de parte, en cualquier etapa del proce-
so, siempre y cuando sea evidente la inminente amenaza de agravio o violación
de un derecho constitucional, el juzgador puede disponer la suspensión del acto
que origina dicha amenaza, siendo el caso que la prolongación del despido arbi-
trario cuestionado constituye una inminente amenaza para mis derechos cons-
titucionales.

III. MEDIOS PROBATORIOS

Copia legalizada de la Resolución Nº ………………… por la cual el Ministerio


de Economía y Finanzas dispone mi cese en forma ilegal, violando la Constitu-
ción Política.

POR LO TANTO
A Ud. Sr. Juez, solicito admitir la presente solicitud y tramitarla conforme a su na-
turaleza, disponiendo la inmediata reposición del suscrito a mi puesto de trabajo en
el Ministerio de Economía y Finanzas.
Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

96
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Modelo Nº 03:

Solicitud de medida cautelar por


expulsión de la universidad

Exp. Nº …
Escrito Nº …….
Sumilla: Solicitud de medida cautelar

SEÑOR JUEZ ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTI-


CIA DE LIMA
……………………………., con domicilio real en ................... y con domicilio
procesal en casilla ........ del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, Cuarto Piso del
Palacio Nacional de Justicia, en la demanda de amparo interpuesta contra ……….,
a Ud. digo:
I. PETITORIO

1. Solicito que se sirva admitir la medida cautelar que presento y que dicte reso-
lución disponiendo que se suspenda la orden de expulsión de la Universidad
……………….. y se me permita ingresar al local universitario con el objeto
de continuar mis estudios en el presente ciclo académico, en atención a los si-
guientes fundamentos de hecho y de derecho:

II. FUNDAMENTOS DE HECHO


1. Con fecha ………………………., el demandado expidió la Resolución Nº 1
por la cual se dispuso expulsarme de la universidad por la supuesta comisión
de una falta grave contra la moral y las buenas costumbres, establecida en el
artículo …………. del Reglamento Interno de Estudiantes.
2. La resolución cuestionada se me notificó el ………………….. En dicha re-
solución se señalaba que la sanción se me imponía por haber cometido ac-
tos contra la moral y las buenas costumbres. Precisaban, además, que di-
chos actos consistían en que el 10 de marzo a las 6 de la tarde me encontraba
en el aula Y-520 en una situación “comprometedora”, la que no fue descrita.
Además, esta resolución se expidió en un procedimiento del cual no tuve co-
nocimiento, por lo que no pude ejercer mi derecho de defensa pues no pude
presentar mis descargos ni contradecir los hechos imputados. Asimismo, el
…………………., mediante Resolución Nº 2, se me negó el acceso al Ex-
pediente Nº ……………. que se formó para dar inicio al procedimiento. Por

97
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

último, mediante esta resolución no se permitió impugnar la resolución cues-


tionada, argumentando que el reglamento de la universidad no ha previsto un
procedimiento impugnatorio.

3. Por ello no se me permitió el ingreso a la Universidad ………………….. des-


de la fecha en que me notificaron la resolución impugnada, vulnerándose mi
derecho a la educación universitaria.

4. El ……………… presenté mi demanda de amparo para solicitar la protección


de los mencionados derechos, la que fue admitida mediante Resolución Nº 1,
de fecha ………………

III. FUNDAMENTOS DE DERECHO


1. El procedimiento que dio origen a la resolución impugnada en el proceso de
amparo, vulnera mi derecho a la tutela procesal efectiva, reconocido en el nu-
meral 3 del artículo 139 de la Constitución y 4 del Código Procesal Constitu-
cional. Asimismo, es necesario precisar que dentro de los contenidos del de-
bido proceso se encuentra el derecho de defensa (numeral 14 del artículo 139
de la Constitución) que también fue vulnerado por no haberme permitido co-
nocer del procedimiento ni del expediente, por ello no pude presentar mis des-
cargos ni ejercer mi derecho de contradicción (que está comprendido en el
derecho de defensa). También se ha vulnerado el derecho de motivación (nu-
meral 5 del artículo 139 de la Constitución) y del principio de legalidad (literal
d del numeral 24 del artículo 2 del Texto Constitucional), toda vez que no se ha
precisado con exactitud la conducta que se subsume en la disposición por la
cual se me aplica la sanción.

2. Así, la resolución impugnada ha sido emitida vulnerando mi derecho al debido


proceso, lo cual representa una afectación a mi derecho a la educación uni-
versitaria (artículo 18 de la Constitución). Si bien es cierto ningún derecho es
absoluto y puede recibir injerencias en su contenido, es cierto también que
las restricciones deben ser legítimas y proporcionales al fin que se persigue.
Como se observa del caso, si se ha afectado el derecho a la educación univer-
sitaria con una resolución inconstitucional, entonces aquella afectación devie-
ne en inconstitucional por arbitraria.

3. Conforme a lo señalado, esta medida cautelar cumple con los presupuestos


procesales previstos en el artículo 15 del CPConst. para declarar su proceden-
cia. Así, la resolución impugnada, emitida vulnerando mi derecho fundamental
al debido proceso, configura una violación del derecho a la educación univer-
sitaria, con lo que se evidencia la apariencia de derecho. Asimismo, la solici-
tud debe declararse fundada en tanto que de pasar más tiempo perderé el ciclo
académico para el que fui matriculado, y tampoco podré recuperar las clases
perdidas. Con ello se constata el peligro en la demora en que se incurriría si

98
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

se espera a que el proceso de amparo culmine. Finalmente, la medida resulta


adecuada no solo para evitar una grave afectación a los derechos de las par-
tes del proceso de amparo, sino también para alcanzar la finalidad que se per-
sigue al interior de este.

IV. MEDIOS PROBATORIOS


Copia legalizada de la Resolución Nº …………………. por la cual el Conse-
jo Universitario de la Universidad ………………………. impone la sanción de
expulsión por la supuesta comisión de una falta contra la moral y las buenas
costumbres.

Copia legalizada de la constancia de matrícula para el ciclo académico 2007-I,


que empezó el 3 de marzo y culminaría el 13 de julio del mismo año.

Copia legalizada de la Resolución Nº 2, por la cual se deniega el acceso al Ex-


pediente Nº ………………………..
POR LO TANTO
A Ud., Sr. Juez, solicito admitir la presente solicitud de medida cautelar y trami-
tarla conforme a su naturaleza, disponiendo la suspensión de la sanción de ex-
pulsión y ordenando que se me permita mi ingreso a clases en la Universidad
…………………..
Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 04:
Solicitud de medida cautelar en un hábeas data

Exp. Nº …
Proceso de hábeas data
Cuaderno cautelar
Escrito Nº ………….
Sumilla: Solicito medida cautelar

99
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

SEÑOR TITULAR DEL JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LIMA

…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con domi-


cilio real y procesal en la avenida San Borja Sur Nº 116, distrito de San Borja, pro-
vincia y departamento de Lima, ante usted respetuosamente digo:
De conformidad con lo señalado en el artículo 15 del Código Procesal Constitucio-
nal solicito me conceda una MEDIDA CAUTELAR en la cual ordene:
• La RECTIFICACIÓN PROVISIONAL de la información que consigna la entidad
financiera demandada (Banco …………………..) en su cartera de prestamos
referente a una supuesta deuda vencida y no cancelada, cancelación que fue
efectuada en su oportunidad.

• La RECTIFICACIÓN PROVISIONAL de la información que en su momento fue-


ra remitida a la Central de Riesgos Crediticios de la Superintendencia de Ban-
ca y Seguros en la que se calificó al demandante como un “cliente pérdida” y
calificarlo como un “cliente normal”.

I. FUNDAMENTOS

1. El artículo 15 del Código Procesal Constitucional establece que en los proce-


sos de hábeas data se pueden conceder medidas cautelares o de suspensión
del acto violatorio, para lo cual se exigirá apariencia del derecho, peligro en la
demora y que el pedido cautelar sea adecuado o razonable para garantizar la
eficacia de la pretensión. Adicionalmente, se deberá atender al límite de la irre-
versibilidad de la medida.

2. Tal como veremos a continuación, en el presente caso se configuran los tres


presupuestos antes señalados y la medida cautelar que se solicita no supera
el límite de la irreversibilidad.

2.1 Apariencia de derecho

Este presupuesto exige que exista una razonable posibilidad (no certeza) de
que el derecho constitucional invocado, es decir, el derecho a la autodetermi-
nación informativa, está siendo vulnerado por la parte demandada. Ello se ve-
rifica en el presente caso toda vez que el Banco ………………….. ha con-
signado erróneamente en su cartera de prestamos que mantengo una deuda
impaga (Anexo 1-B), pese a que esta fue oportunamente cancelada (lo que
acredito mediante los recibos consignados en el anexo 1-C).

100
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

2.2 Peligro en la demora

Este presupuesto alude a la amenaza que se genera contra la eficacia del pro-
ceso como consecuencia del trascurso del tiempo. En el presente caso, el he-
cho de haber sido calificado erróneamente como “cliente pérdida” me vie-
ne generando graves perjuicios económicos y, lo más importante, me impide
ejercer adecuadamente mis libertades económicas, las que son garantizadas
por la propia Constitución.

2.3 Adecuación

Este presupuesto busca salvaguardar la congruencia y proporcionalidad de la


medida cautelar, que se garantizan plenamente en el presente caso. En efecto,
al solicitar la rectificación provisional de los datos consignados en la cartera
de prestamos del Banco ………………… y de la información que en su mo-
mento fuera remitida a la Central de Riesgos Crediticios de la Superintenden-
cia de Banca y Seguros se está solicitando una medida acorde con la finalidad
del proceso constitucional de hábeas data, que en esta oportunidad se ha pro-
movido a fin de proteger mi derecho a la autodeterminación informativa.

2.4 Límite de la irreversibilidad de la medida

La medida que se solicita no supera el límite de la irreversibilidad puesto que


puede ser revertida por el órgano jurisdiccional en cualquier momento del pro-
ceso. Asimismo, no generará un daño irreparable en la entidad financiera de-
mandada.

3. Finalmente, cabe señalar que el Código Procesal Constitucional ha eliminado


la exigencia de contar con una contracautela como requisito para la ejecución
de la medida cautelar porque entiende que su empleo no se condice con la es-
pecial naturaleza de los derechos que son tutelados por los procesos consti-
tucionales de la libertad.
II. MEDIOS PROBATORIOS

Comunicación remitida por el Banco …………………… donde se consigna


mi calificación como “cliente pérdida” de fecha …………………….

Recibo de cancelación total de la deuda por el prestamo de ………………..


dólares americanos contraído con el Banco …………………. de fecha
……………………

III. ANEXOS
ANEXO 1-A: Adjunto fotocopia de mi documento nacional de identidad.

101
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ANEXO 1-B: Copia de la comunicación remitida por el Banco ……………………….


donde se consigna mi calificación como “cliente pérdida” de fecha
……………………….
ANEXO 1-C: Copia del recibo de cancelación total de la deuda por el préstamo de
……………. dólares americanos contraído con el Banco ………………….. de
fecha ………………………………………..

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

102
5
La represión de actos lesivos
homogéneos
1. Normativa aplicable
La figura de la represión de actos homogéneos se en-
cuentra regulada en el artículo 60 del CPConst., que se-
ñala lo siguiente:
“Si sobreviniera un acto sustancialmente homogé-
neo al declarado lesivo en un proceso de amparo,
podrá ser denunciado por la parte interesada ante el
juez de ejecución.
Efectuado el reclamo, el Juez resolverá este con
previo traslado a la otra parte por el plazo de tres
días. La resolución es apelable sin efecto suspen-
sivo.
La decisión que declara la homogeneidad amplía
el ámbito de protección del amparo, incorporando
y ordenando la represión del acto represivo sobre-
viniente”.

De la lectura de este breve artículo, es posible derivar


las siguientes normas particulares:
a) En primer lugar, se señala que es la parte interesada
la que tiene la facultad para denunciar el acto sustan-
cialmente homogéneo al declarado lesivo en un proce-
so de amparo.
b) En segundo lugar, se precisa que el juez competen-
te para recibir esta denuncia es el juez de ejecución
(vale decir, el juez de la demanda). De ser así, este
juez debe notificar a la parte demandada en el plazo
de tres días.
c) En tercer lugar, se establece que si la parte demanda-
da apela la resolución del juez, se concede esta sin

103
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

efecto suspensivo (esto es, la resolución que concede la represión de


actos homogéneos sigue surtiendo sus efectos).
d) Finalmente, si el juez declara la homogeneidad del acto lesivo (es decir,
declara fundada la denuncia), debe ordenar la represión del acto sobrevi-
niente.
2. Marco doctrinario
La figura procesal de la represión de actos homogéneos, tanto en sede
nacional como en la experiencia comparada124, obedece a múltiples finalida-
des relacionadas, en general, con el cumplimiento real y efectivo de las sen-
tencias constitucionales y, en particular, con el problema de la reiteración del
acto lesivo, que hemos identificado como un modo de incumplimiento de es-
tas. Al respecto, algunos autores como Rivas, se plantean el problema mate-
ria estudio (aunque refiriéndose solo al Estado como sujeto infractor), en los
siguientes términos:
“Bien puede ocurrir que dictada la sentencia de amparo y cumplido el
mandato de la misma, el Estado o sus agentes incurran nuevamente
en la misma conducta lesiva. Cabe preguntarse si la cosa juzgada (en
este caso y según lo dicho, de tipo material) alcanza para desbaratar
esa actitud que en realidad está conformando un acto distinto del que
justificó la sentencia estimatoria.
Por principio, y tratándose de la simple repetición del acto anterior, el
caso se soluciona por vía de ejecución de la sentencia de amparo, rei-
terando el mandato judicial pertinente”125.
Tal como se expuso líneas arriba, el mecanismo de la represión de ac-
tos homogéneos no plantea, en sentido estricto, un problema de ejecución
de las sentencias constitucionales, toda vez que en este supuesto nos en-
contramos con que la decisión judicial, como tal, ha sido acatada en la rea-
lidad por la parte vencida (bien voluntariamente, bien mediante ejecución
forzosa). Es más bien el acto futuro o sobreviniente el que, por su palma-
ria homogeneidad con el declarado lesivo en la sentencia, merece ser ob-
jeto de un rechazo rápido y efectivo, a pesar de que la fase de ejecución
ya haya concluido.
De ahí que, para afirmar que tal acto sobreviniente pueda ser alcanzado
por la cosa juzgada de la sentencia primigenia, sea necesario asumir el con-
cepto de “unidad del conflicto”. Así pues:

124 Cfr., por ejemplo, el artículo 105, cuarto párrafo, de la Ley de Amparo mexicana, que regula la fi-
gura de la “repetición del acto reclamado”.
125 RIVAS, Adolfo. El amparo. La Rocca, Buenos Aires, 2003, p. 612.

104
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“Si dentro de una misma relación conflictiva entre dos sujetos se pro-
ducen una serie de agresiones respecto de un mismo derecho consti-
tucional, dichas agresiones sean por acción o por omisión, pueden ser
consideradas homogéneas en el sentido que pertenecen al mismo gé-
nero constituido por un conflicto concreto. El lenguaje del Código Pro-
cesal Constitucional al referirse a los actos sustancialmente homogé-
neos alude a la unidad del hecho conflictual”126.
De este modo, es posible afirmar que la represión de actos homogéneos,
en tanto que mecanismo de tutela inhibitoria, persigue valorar los hechos
ya ocurridos para prevenir daños adicionales producidos por la continuación
del conflicto en el futuro127. Naturalmente, que deba entenderse por “unidad
del hecho conflictual”, es algo que compete definir al legislador y, ciertamen-
te, desarrollar al propio Tribunal Constitucional a través de su jurisprudencia.

3. Desarrollo jurisprudencial
A pesar de la escueta regulación que ofrece el CPConst. en torno a la fi-
gura procesal in comento, ha sido el Tribunal Constitucional el encargado de
brindar un mayor alcance sobre sus presupuestos y condiciones de aplica-
ción. En lo que sigue, nos referiremos brevemente a este imprescindible de-
sarrollo jurisprudencial, resaltando sus innegables ventajas, aunque también
advirtiendo sus falencias.
a) Noción
“La represión de actos lesivos homogéneos es un mecanismo de protec-
ción judicial de derechos fundamentales frente a actos que presentan ca-
racterísticas similares a aquellos que han sido considerados en una sen-
tencia previa como contrarios a tales derechos. En este sentido, lo resuelto
en un proceso constitucional de tutela de derechos fundamentales no ago-
ta sus efectos con el cumplimiento de lo dispuesto en la sentencia respec-
tiva, sino que se extiende hacia el futuro, en la perspectiva de garantizar
que no se vuelva a cometer una afectación similar del mismo derecho”128.
b) Fundamento
“La represión de actos lesivos homogéneos encuentra su sustento en la
necesidad de garantizar la obligatoriedad de las sentencias ejecutoriadas
y evitar el inicio de un nuevo proceso constitucional frente a actos que de
forma previa han sido analizados y calificados como lesivos de derechos
fundamentales”129.

126 GARCÉS TRELLES, Kenneth. “La tutela preventiva y el artículo 60 del Código Procesal Constitu-
cional: la represión de actos homogéneos”. En: Proceso & Justicia. Nº 5, Lima, 2005, p. 54.
127 GARCÉS TRELLES, Kenneth. Ob. cit., p. 54.
128 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 3.
129 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 6.

105
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

c) Relación con otras figuras procesales


i. Con la sentencia estimatoria ante el cese o irreparabilidad del acto
lesivo (artículo 1 del CPConst.)
“Si luego de presentada la demanda cesa o deviene en irreparable el
acto lesivo, los órganos jurisdiccionales se encuentran facultados para
emitir un pronunciamiento sobre el fondo de la controversia, a fin de
que tales actos no vuelvan a reiterarse en el futuro (…).
En consecuencia, la decisión de un juez de declarar fundada una de-
manda respecto a un acto lesivo que ha cesado o devenido en irrepa-
rable contiene un mandato para que el mismo acto no se repita en el
futuro, siendo el objetivo de la sentencia prevenir la realización de un
acto lesivo homogéneo. Si dicho acto ocurriese nuevamente, corres-
ponde aplicar el procedimiento de represión previsto en el artículo 60
del Código Procesal Constitucional. La primera sentencia servirá de
parámetro para evaluar si el acto que se produce con posteridad es
homogéneo”130.
ii. Con el estado de cosas inconstitucional
“La característica esencial de la declaración de una determinada situa-
ción como un estado de cosas inconstitucional consiste en extender los
efectos de una decisión a personas que no fueron demandantes ni par-
ticiparon en el proceso que dio origen a la declaratoria respectiva, pero
que se encuentran en la misma situación que fue identificada como in-
constitucional (…).
En el supuesto que la declaratoria del estado de cosas inconstitucional
implique que las autoridades no lleven a cabo determinadas acciones,
por considerarse contrarias a los derechos fundamentales, si han deja-
do de realizarse (en cumplimiento de la sentencia) pero luego se vuel-
ven a reiterar respecto a personas que no participaron en el proceso
que dio lugar a la declaratoria del estado de cosas, estas se encuentran
habilitadas para acudir a la represión de actos lesivos homogéneos”131.
d) Presupuestos procesales
i. Sentencia previa
“Solo si existe una sentencia previa, en la que se ha establecido clara-
mente el derecho afectado y el acto lesivo, y que ha adquirido la calidad
de firme, podrá evaluarse si la acción u omisión que se produzca con
posteridad resulta homogénea. Así, si se declarara improcedente o in-
fundada una demanda de tutela de derechos fundamentales, no puede
solicitarse –con posteridad– la represión de actos lesivos homogéneos.

130 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 13 y 14.


131 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 15 y 17.

106
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

La sentencia previa mediante la cual se declara fundada la demanda


puede ser del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional”132.
ii. Cumplimiento de la sentencia
“Si el mandato de dar, hacer o no hacer establecido en una senten-
cia no se cumple, corresponde aplicar los mecanismos coercitivos pre-
vistos en el artículo 22 del Código Procesal Constitucional. Si una vez
cumplido el fallo, se reitera el acto que fue considerado como lesivo de
un derecho fundamental, recién corresponderá solicitar la represión de
actos lesivos homogéneos. Es por ello que, el cumplimiento de lo or-
denado en una sentencia previa de condena constituye un presupues-
to para dar inicio al procedimiento previsto en el artículo 60 del Código
Procesal Constitucional”133.
e) Criterios para identificar un acto lesivo homogéneo
i. Elementos subjetivos
Persona afectada
“[L]a persona que presenta un pedido de represión de actos lesivos ho-
mogéneos […] debe ser la misma que en el proceso constitucional que
dio origen a la sentencia fue considerada como la persona afectada en
sus derechos fundamentales”134.
Origen del acto lesivo
“[E]l nuevo acto lesivo debe ser llevado a cabo por la misma entidad,
autoridad, funcionario o persona que fue obligada a dar, hacer o dejar
de hacer algo a través de la sentencia de condena establecida en un
proceso constitucional.
[S]i bien en el proceso que dio lugar a la sentencia previa, la demanda
puede haber estado dirigida a un funcionario en particular, el acto le-
sivo homogéneo puede producirse por un funcionario diferente al de-
mandado, pero que forma parte de la misma institución demandada.
Por ese motivo, al momento de evaluar el origen o fuente del acto invo-
cado como homogéneo, debe tomarse en cuenta si el mandato orde-
nado en la sentencia solo podía ser cumplido por una determinada per-
sona o si se trataba de un mandato que debía ser observado por toda
una entidad en su conjunto”135.

132 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 19.


133 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 23. De este modo, se ha corregido el criterio errado según
el cual la represión de actos homogéneos debía interponerse “durante la etapa de ejecución de
sentencia” (STC Exp. Nº 00172-2007-Q/TC, f. j. 5).
134 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 28.
135 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 36 y 37.

107
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ii. Elemento objetivo


“[C]orresponde a la autoridad judicial analizar si el acto invocado como
homogéneo presenta similares características respecto de aquel que
dio lugar a la sentencia del proceso constitucional. A nivel normativo el
Código Procesal Constitucional ha hecho referencia a este criterio en
el artículo 60, en tanto señala que el acto lesivo debe ser ‘sustancial-
mente homogéneo’ al declarado lesivo.
Un aspecto importante a recalcar es que no corresponde únicamen-
te analizar las características del acto sino también las razones que lo
originaron, pues pueden ser diferentes a las invocadas en un primer
momento”136.
“[S]e deberá prestar atención a determinados presupuestos, tales
como la identidad material del acto considerado lesivo en la senten-
cia y el derecho lesionado con el acto sobreviniente. En ese sentido,
el acto sobreviniente, que puede ser una acción o una omisión, debe
tener la misma consecuencia gravosa en la esfera subjetiva de la per-
sona, es decir, ocasionar la misma situación jurídica del acto lesivo
originario”137.
iii. Manifiesta homogeneidad
“El carácter homogéneo del nuevo acto lesivo debe ser manifiesto, es
decir, no deben existir dudas sobre la homogeneidad entre el acto ante-
rior y el nuevo. En caso contrario debe declararse improcedente la soli-
citud de represión respectiva, sin perjuicio de que el demandante inicie
un nuevo proceso constitucional contra aquel nuevo acto que conside-
ra que afecta sus derechos fundamentales, pero que no ha sido consi-
derado homogéneo respecto a un acto anterior”138.
f) Aspectos procesales
i. Procesos en los que se aplica
“[L]a institución de la represión de los actos lesivos homogéneos pue-
de ser aplicada en todos los procesos constitucionales de tutela de de-
rechos fundamentales y en el proceso de cumplimiento. En el caso de
las omisiones, su procedencia dependerá del contenido del mandato
ordenado en una norma legal o acto administrativo”139.

136 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 40 y 41.


137 RTC Exp. Nº 05033-2006-AA/TC, f. j. 4.
138 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 42.
139 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 48.

108
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ii. Juez competente


“Son los jueces de ejecución de los procesos constitucionales los
competentes para conocer los pedidos de represión de actos lesivos
homogéneos”140.
iii. Trámite
“Dado que su objetivo es evaluar la homogeneidad entre el acto decla-
rado inconstitucional en una sentencia y otro producido con posteriori-
dad a ella, y no la resolución de una controversia compleja, el procedi-
miento de represión de actos lesivos homogéneos debe ser breve y no
estar sujeto a mayores etapas”141.
“[L]luego de vencido el plazo de tres días para el traslado del reclamo a
la otra parte, el juez dispone prima facie de un plazo equivalente para
expedir resolución, atendiendo a circunstancias tales como, la comple-
jidad de la materia, la determinación de la legitimidad en los supuestos
de derechos difusos y derechos colectivos, entre otras”142.
iv. Contenido de la resolución
“Siendo finalidad de la represión de actos lesivos homogéneos prote-
ger los derechos fundamentales que han vuelto a ser afectados, co-
rresponde al juez:
a) Determinar si el acto invocado es homogéneo a uno declarado
con anterioridad como violatorio de un derecho fundamental, y
b) ordenar a la otra parte que deje de llevarlo a cabo”143.
v. Efectos de la decisión
“[L]a decisión que declara que existe un acto lesivo homogéneo debe
tener efectos inmediatos, sin perjuicio de que sea apelada”144.
vi. Recursos de impugnación
“A fin de garantizar la pluralidad de instancias y en atención al conteni-
do de la decisión, que implica condenar a una persona a realizar una
prestación de dar, hacer o no hacer, debe contemplarse la posibilidad
de impugnar la resolución que declara fundada la petición de represión
de actos lesivos homogéneos. El Código Procesal Constitucional aco-
ge esta opción en su artículo 60 y establece que ‘la resolución es ape-
lable sin efecto suspensivo’”145.

140 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 51.


141 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 52.
142 STC Exp. Nº 05287-2008-AA/TC, f. j. 26.
143 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 54.
144 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 57.
145 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 58.

109
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

REPRESIóN DE ACTOS LESIVOS HOMOGéNEOS

Acto Denuncia
SENTENCIA homogéneo de Traslado SENTENCIA
ESTIMATORIA a la represión al ESTIMATORIA apelación
FIRME afectación de acto 3 días demandado 3 días DE
(Sobre “A”) “A” homogéneo REPRESIóN

notificación

SENTENCIA ACTUACIóN
NOTIFICADA
INMEDIATA
2 días

CUMPLIMIENTO
SENTENCIA

4. Preguntas de interés

‰‰¿Por qué considera el Tribunal Constitucional que la represión de ac-


tos homogéneos busca garantizar la efectividad de la sentencia eje-
cutoriada, y no la cosa juzgada?
En un primer momento, el Tribunal admitió que el sustento de la repre-
sión de actos homogéneos era “asegurar la plena eficacia de la cosa juzgada
constitucional”146. Sin embargo, y como hemos visto, ahora el Tribunal entien-
de que la finalidad de dicha institución es “garantizar la obligatoriedad de las
sentencias ejecutoriadas”147. En este punto, el Tribunal cita a Devis Echandía,
para quien “no hay cosa juzgada sin ejecutoria, pero sí esta sin aquella”148.
Este cambio jurisprudencial no es gratuito. De ello se ha encargado de dar
cuenta el profesor Castillo Córdova, para quien las sentencias finales recaídas
en los procesos constitucionales que se pronuncian sobre el fondo pueden ser
de dos tipos: a) aquellas que no transgreden la Constitución; y b) aquellas que
sí la transgreden. A decir del autor, el Tribunal Constitucional, al afirmar que
la represión de actos homogéneos no tiene por finalidad asegurar la cosa juz-
gada constitucional, sino la obligatoriedad de las sentencias ejecutoriadas,

146 STC Exp. Nº 5033-2006-PA/TC, f. j. 5.


147 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 6.
148 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 9.

110
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

solo acierta respecto del segundo tipo de sentencias (esto es, las que trans-
greden la Constitución), pues aquí la cosa juzgada constitucional no se ha-
bría configurado aún, por lo que mal se puede asegurar lo que aún no exis-
te. Pero no acierta cuando se trata de una sentencia final que no transgrede
la Constitución, porque aquí la represión de actos homogéneos sí tendrá
como finalidad asegurar los efectos de una sentencia con calidad de cosa
juzgada149.

‰‰¿Es posible solicitar la represión de actos homogéneos respecto de


una resolución de improcedencia?
No es posible. El Tribunal ha sido enfático al afirmar que “si se declara-
ra improcedente o infundada una demanda de tutela de derechos fundamen-
tales, no puede solicitarse –con posteridad– la represión de actos lesivos
homogéneos”150.
Ello no ha impedido, sin embargo, que algún sector de la doctrina afirme
que “ha habido casos en los que el Tribunal Constitucional a pesar de ha-
berse configurado una causal de improcedencia de la demanda, no dejaba
de analizar si hubo o no vulneración de algún derecho fundamental debido
a la importancia o trascendencia del tema (…). ¿debe considerarse como
resolución con ‘pronunciamiento sobre el fondo’ a fin de beneficiarle del ca-
rácter inmutable propio de la cosa juzgada? Hay razones para responder
positivamente esta pregunta, fundamentalmente porque son casos en los
que no es posible volver a plantear la demanda constitucional, como efec-
tivamente ocurre cuando se ha configurado cosa juzgada (…). Consecuen-
temente, habrá pronunciamiento sobre el fondo en aquellas sentencias en
las que en los considerandos se ha examinado si ha existido o no verda-
dera agresión de un derecho fundamental al margen del contenido del con-
creto fallo”151.

‰‰¿Es necesario que el acto sobreviniente sea “idéntico” al declarado


lesivo en la sentencia primigenia?
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional en torno a este asunto ha ido
variando con el tiempo. Así, en un primer momento, señaló que la represión
de actos homogéneos estaba prevista para aquellos “actos similares” a los
que ya habían sido objeto de pronunciamiento152; para luego afirmar que se
debía prestar atención a la “identidad material del acto considerado lesivo en

149 CASTILLO CÓRDOVA, Luis. “Análisis a la doctrina de la represión de los actos homogéneos”. En:
Gaceta Constitucional. Nº 16, abril de 2009, pp. 82-84.
150 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 19.
151 CASTILLO CÓRDOVA, Luis. Ob. cit., pp. 81-82.
152 STC Exp. Nº 04119-2005-AA/TC, f. j. 60.

111
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

la sentencia y el derecho lesionado con el acto sobreviviente”153. Finalmente,


como ya se ha mencionado, hoy el Tribunal conceptúa a esta institución como
un mecanismo frente a actos que presentan “características similares”154 al
declarado lesivo; a lo que se añade el análisis de los tres elementos, que ya
hemos revisado, para determinar la homogeneidad del acto. Veamos un caso
para ejemplificar el asunto:

En el marco de un proceso de amparo interpuesto contra una resolu-


ción del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), que sancionaba
disciplinariamente a un magistrado con la destitución, el Tribunal Cons-
titucional, mediante STC Exp. Nº 5156-2006-PA/TC, declaró fundada la
demanda por considerar que se había afectado el derecho a la motiva-
ción y, en consecuencia, ordenó emitir un nuevo pronunciamiento a di-
cha entidad, sin que ello implique la reposición del demandante en el
cargo de vocal supremo.
Sin embargo, luego de ello el recurrente interpuso una denuncia de
represión de actos homogéneos, considerando que el CNM no había
dado fiel cumplimiento a la sentencia del Tribunal Constitucional, ale-
gando que la Resolución Nº 066-2006-PCNM expedida por el Consejo
reafirmaba la vulneración de sus derechos al debido proceso y a la de-
bida motivación de las resoluciones.
Al final, tras un análisis pormenorizado del caso, el Tribunal conside-
ró155 que el recurso debía desestimarse toda vez que, a su criterio, el
CNM, por medio de la resolución impugnada, había cumplido satisfac-
toriamente la sentencia de amparo expedida, advirtiendo que las ale-
gaciones del recurrente estaban dirigidas a cuestionar nuevamente el
sentido de la resolución del CNM.

Como se puede apreciar, el Tribunal Constitucional confunde aquí las no-


ciones de “ejecución de la sentencia constitucional” con la “represión de ac-
tos homogéneos”, que son conceptos totalmente distintos. Al margen de ello,
parece correcto afirmar que el Tribunal no exigió una identidad absoluta entre
los actos comparados, ya que resulta imposible que una “resolución adminis-
trativa” pueda ser “idéntica” a otra posterior.
En realidad, es necesario advertir que no solo el acto debe ser homogé-
neo, sino también las razones que lo fundamentan. Al respecto, señala Sa-
güés, en criterio que compartimos:

153 RTC Exp. Nº 05033-2006-PA/TC, f. j. 4.


154 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 3.
155 STC Exp. Nº 0896-2008-AA/TC, f. j. 16.

112
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“Si se reitera exactamente el mismo acto lesivo, ejecutado por la mis-


ma demandada, la infracción encuentra remedio en una reiteración de
lo ordenado en el mismo fallo. No obstante, si la accionada repite su
conducta pero con otros fundamentos (v.gr., clausura nuevamente un
local, pero invocando distintas razones a las alegadas para disponer el
primer cierre), cabe entender que se está frente a un comportamiento
no captado por la sentencia firme de amparo, y que por ello, habrá que
plantear uno diferente”156.
Aunado a ello, coincidimos también con el criterio de que el acto sobreve-
nido deberá ser considerado como homogéneo “aun si trae consigo otras cir-
cunstancias fácticas no presentes en el acto declarado inconstitucional, siem-
pre que tales circunstancias sean irrelevantes para considerar configurada la
agresión constitucionales (por lo que no debe afectar a la esencia o sustan-
cia del acto)”157.

‰‰¿Puede el Tribunal Constitucional resolver una denuncia de repre-


sión de actos homogéneos cuando la sentencia no ha llegado a su
conocimiento?
No puede. Inicialmente, el Tribunal había merituado que “la sentencia pre-
via mediante la cual se declara fundada la demanda puede ser del Poder Ju-
dicial o del Tribunal Constitucional”158. Sin embargo, ahora el Tribunal ha asu-
mido que carece de competencia para conocer el pedido de represión de
actos homogéneos “cuando su contenido se relaciona con una sentencia es-
timatoria emitida por el Poder Judicial, que no llegó a conocimiento del pro-
pio Tribunal”159.
Al respecto, se ha señalado que “si bien es cierto que (…) la finalidad de la
represión de actos homogéneos también será la de garantizar la plena eficacia
de la cosa juzgada constitucional, ello ocurrirá cuando nos encontremos ante
una sentencia final del Tribunal Constitucional, ya que respecto de sentencias
finales que se pronuncien sobre el fondo emitidas por el Poder Judicial (PJ),
existirá solo una presunción de cosa juzgada constitucional”160.
Disentimos de esta opinión. A nuestro criterio, una postura verdadera-
mente comprometida con la protección de los derechos fundamentales exi-
ge reconocer que tan sentencia constitucional es la que emite el Tribunal

156 SAGÜÉS, Néstor Pedro. Acción de amparo. Astrea, Buenos Aires, 1995, p. 462.
157 CASTILLO CÓRDOVA, Luis. Comentarios al Código Procesal Constitucional. Segunda edición,
Palestra, Lima, 2007, p. 967.
158 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 19.
159 STC Exp. Nº 05287-2008-AA/TC, f. j. 31. En igual sentido, RTC Exp. Nº 0924-2010-AA/TC.
160 NAUPARI WONG, José: “Las precisiones jurisprudenciales a los alcances de la represión de ac-
tos homogéneos. A propósito de la Sentencia Exp. Nº 4878-2008-PA/TC”. En: Gaceta Constitu-
cional. Nº 16, abril de 2009, p. 99.

113
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Constitucional como la que expide el Poder Judicial. Si, como veremos más
adelante, el recurso de agravio constitucional a favor del cumplimiento de las
sentencias se encuentra habilitado para las sentencias emitidas por el Poder
Judicial (RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC), ¿por qué habría de hacerse una di-
ferencia en el caso de la represión de actos homogéneos? En este punto,
creemos, el Tribunal debería reconsiderar su línea jurisprudencial, admitien-
do la represión también respecto de las sentencias del Poder Judicial (desde
luego, no de un modo mecánico, pues llegado el caso será menester evaluar
la “constitucionalidad” de dicha sentencia), y así terminar con una diferencia-
ción que no tiene base objetiva.

‰‰¿Es lo mismo la represión de actos homogéneos que la “sentencia


ampliatoria” regulada en el artículo 59 del CPConst.?
En lo que concierne a la denominada “sentencia ampliatoria”, el artículo
59, cuarto párrafo, del CPConst., dispone lo siguiente:
“Cuando el obligado a cumplir la sentencia sea un funcionario público el
Juez puede expedir una sentencia ampliatoria que sustituya la omisión
del funcionario y regule la situación injusta conforme al decisorio de la
sentencia. Para efectos de una eventual impugnación, ambas senten-
cias se examinarán unitariamente”.
En ese sentido, la “sentencia ampliatoria” tiene por finalidad que, en vía de
ejecución, el juez constitucional pueda modular los alcances del fallo emitido,
incluyendo algunas precisiones a fin de lograr su mejor implementación. Por
ende, a nuestro juicio, a pesar de que la estimación de una denuncia sobre ac-
tos homogéneos suponga una “ampliación” de los efectos de la cosa juzgada
de una sentencia constitucional a un acto sobreviniente, no cabe confundir esta
figura con la denominada “sentencia ampliatoria”.
Y es que, tal como esta última ha sido interpretada por el Tribunal Cons-
titucional, “la segunda sentencia que tenga que expedirse, sea integrando o
complementando la decisión recaída en el proceso constitucional, correspon-
de al mismo órgano que emitió la sentencia materia de ejecución, sin distor-
sionar el sentido de la fundamentación y el fallo de la primera sentencia firme,
de modo tal que, en caso de que aquella sea impugnada, le corresponderá
resolver el recurso a la instancia jerárquicamente superior”161. De este modo,
la sentencia ampliatoria no tiene por finalidad extender los efectos de la sen-
tencia primigenia a supuestos no incluidos originalmente, sino integrarla o

161 STC Exp. Nº 04119-2005-AA/TC, f. j. 56.

114
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

complementarla de forma directa, habida cuenta de la omisión del funciona-


rio público obligado.

‰‰¿Puede el demandado atacar la resolución que declara fundada una


solicitud de represión de actos homogéneos?
En efecto, el primer mecanismo es el recurso de apelación, previsto en el
artículo 60 del CPConst. Pero, aunado a ello, el Tribunal Constitucional ha ad-
mitido que el “afectado” con una “indebida” represión de actos homogéneos
tiene habilitado el recurso de agravio constitucional a favor del cumplimiento
de la sentencia, ello con el fin de declarar la nulidad de las resoluciones que
habían estimado incorrectamente una denuncia de represión162.

‰‰¿Existe un plazo para interponer la denuncia de represión de actos


homogéneos?
En estricto, no existe un plazo determinado para presentar la solicitud
correspondiente, pues el CPConst. no lo establece y el Tribunal Constitucio-
nal no lo ha fijado en su jurisprudencia. Desde luego, esta opción se condi-
ce con la finalidad de impedir que, por el vencimiento del plazo respectivo, el
afectado tenga que dar inicio a un nuevo proceso constitucional ante un juez
distinto al de ejecución, con lo que es probable que puedan emitirse fallos
contradictorios: primero uno en el que se declaró fundada la demanda y lue-
go otro en el que –frente a un acto homogéneo– se emite un pronunciamien-
to diferente163.

‰‰¿Puede cualquier persona presentar la demanda de represión de ac-


tos homogéneos?
No. Como se vio antes, el artículo 60 del CPConst. dispone que “la par-
te interesada” es la encargada de presentar la denuncia correspondiente. A
su turno, el Tribunal Constitucional ha señalado que la represión de actos ho-
mogéneos solo puede presentarla la persona que en el proceso constitucio-
nal que dio origen a la sentencia fue considerada como “persona afectada” en
sus derechos fundamentales164. Aunque, también es cierto, el Tribunal ha en-
tendido que tratándose de la defensa de intereses difusos, derechos colecti-
vos y derechos individuales homogéneos, corresponde que la denuncia sea
interpuesta por cualquier persona, cualquier integrante del grupo afectado o

162 STC Exp. Nº 01108-2010-PA/TC. Analizaremos este expediente más adelante.


163 COMISIÓN DE DOCTRINA Y JURISPRUDENCIA. “Informe al Pleno del Tribunal Constitucional.
Actos Lesivos Homogéneos”. En: ETO CRUZ, Gerardo (coordinador). La sentencia constitucional
en el Perú. ARA, Lima, 2010, p. 463.
164 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 28.

115
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

cualquier persona que se encuentre en una situación igual a la considerada


como un estado de cosas inconstitucional, respectivamente165.
Ello, sin embargo, no enerva que a nivel de la doctrina hayan aparecido
dos tesis al respecto166: a) una tesis restrictiva, según la cual la represión de
actos homogéneos solo debe aplicarse en caso de que sobreviniera un acto
sustancialmente homogéneo al declarado lesivo en el proceso de amparo; y
b) una tesis extensiva, en virtud de la cual la referida represión puede ser so-
licitada por un tercero o terceros ajenos a la relación jurídico-procesal, pero a
los cuales les afecte el mismo acto ya declarado lesivo.
Así, algún sector de la doctrina entiende que cualquier persona que pue-
da verse afectada por un acto homogéneo al declararlo ilegítimo en un proce-
so anterior podría presentar su solicitud de represión de actos homogéneos,
aún cuando no haya sido parte de dicho proceso167. Para otro sector, en cam-
bio, el artículo 60 no podría aplicarse a terceros, dado que no se trataría de
un acto sobreviviente al declarado lesivo, el que solo se aplica entre quie-
nes fueron parte del proceso, y porque sostener que un tercero pueda in-
corporarse a un proceso ajeno contravendría el derecho de defensa del em-
plazado, sin contar con la prescripción del plazo establecido en el artículo 44
del CPConst.168.

‰‰¿Procede la represión de actos homogéneos, cuando se trata de una


“omisión” homogénea?
En efecto, dado que el acto lesivo puede consistir tanto en un acto positivo
como en una omisión, la represión también procede contra esta última. Por lo
demás, ni el Código ni la jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha hecho
ninguna distinción al respecto.

‰‰¿Basta con ser el mismo derecho afectado para que proceda la repre-
sión de actos homogéneos?
No. Al respecto, se ha señalado acertadamente que “la identidad en las le-
siones dadas (debe ser) una identidad respecto al mismo contenido específi-
co invocado del derecho (…) se puede dar el caso en que una sentencia fir-
me y que se pronuncie sobre el fondo tenga como fundamento la vulneración

165 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 34.


166 FIGUEROA BERNARDINI, Ernesto. “Represión de actos homogéneos en el proceso de amparo.
Respuestas frente al incumplimiento de las sentencias del Tribunal Constitucional”. En: Actuali-
dad Jurídica. Nº 159, febrero de 2007, p. 134.
167 Vide CASTILLO CÓRDOVA, Luis. Comentarios al Código Procesal Constitucional. Segunda edi-
ción corregida y aumentada, Palestra, Lima, 2006, p. 965.
168 FIGUEROA BERNARDINI, Ernesto. Ob. cit., p. 134.

116
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

del derecho al trabajo en forma general y de manera específica a su conteni-


do de derecho a no ser despedido sin causa justa, y que posteriormente su-
ceda una lesión en la que haya una identidad respecto al anterior caso y que
la parte afectada alegue la vulneración al derecho al trabajo pero a su conte-
nido de derecho a acceder a un puesto de trabajo, entonces en este caso de-
finitivamente no se podrá aplicar la figura de la represión de actos lesivos ho-
mogéneos pues no cumple la identidad respecto al contenido específico del
derecho invocado”169.

‰‰¿Qué pasa si el nuevo acto lesivo es cometido por un funcionario de la


misma entidad pública, pero no aquel que fue condenado en la primera
sentencia estimatoria?
Como se dijo antes, el Tribunal ha aceptado que el acto lesivo homogéneo
puede producirse por un funcionario diferente al demandado, pero que forma
parte de la misma institución demandada170. En consecuencia, en este caso
sí procederá la denuncia respectiva.
Lo mismo cabe decir cuando el nuevo acto lesivo es cometido por el repre-
sentante de una persona natural o jurídica, sea esta tanto pública como pri-
vada. Al respecto, compartimos plenamente el criterio según el cual “es nece-
sario diferenciar al representado del representante: cometida la agresión por
este en ejercicio de la representación, el acto agresor le es imputable a aquel,
de modo que se entenderá que se ha cumplido el requisito de mismo agre-
sor si el acto posterior es realizado por el representado mismo o por un nue-
vo representante”171.

‰‰¿Es posible interponer una denuncia contra una norma que es “ho-
mogénea” a una que ha sido declarada inaplicable en un proceso de
amparo?
Sí es posible. En efecto, esto es lo que sucedió en la RTC Exp. Nº 01108-
2010-PA/TC, donde se dilucidó la denuncia de una empresa en el sentido de
que ciertas normas constituían lesiones homogéneas a las declaradas como
lesivas en una sentencia anterior. Sin embargo, el Tribunal interpretó que,
para que una norma sea considerada como “norma lesiva homogénea” de
una declarada lesiva en sentencia previa, es necesario que ambas normas
compartan el mismo vicio de inconstitucionalidad, y no solo el mismo “conte-
nido”.

169 SALINAS MELCHOR, Carlos y OLIVERA TORRES, Helmut. “La represión de actos lesivos homo-
géneos en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y sus implicancias prácticas”. En: Gaceta
Constitucional. Nº 22, octubre de 2009, p. 441.
170 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 36 y 37.
171 CASTILLO CÓRDOVA, Luis. “Análisis a la doctrina…”. Ob. cit., p. 87.

117
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

El Tribunal Constitucional se ha pronunciado del mismo modo en el con-


texto de una represión de actos homogéneos planteada contra ordenanzas
municipales sobre cobros de arbitrios. En este caso, el Tribunal merituó que:
“[L]a demanda inicial del presente caso fue declarada fundada por cau-
sas muy particulares y por haberse presentado material probatorio su-
ficiente para demostrar que las ordenanzas entonces cuestionadas re-
sultaban contrarias a la Constitución. En cuando a las ordenanzas hoy
cuestionadas, cabe señalar que estas son normas independientes y que
no son manifiestamente homogéneas a la anteriores de acuerdo a lo
precisado en el considerando anterior”172.
En esa misma línea, se encuentra la STC Exp. Nº 05511-2009-PA/TC, en
la cual se analizó la siguiente controversia:

La empresa Import Export Viz Car E.I.R.L. había obtenido una senten-
cia parcialmente estimatoria de amparo, emitida por el Tribunal Consti-
tucional (STC Exp. Nº 0510-2001-AA/TC) que había declarado inaplica-
ble a su caso el Decreto de Urgencia Nº 079-2000, y algunos extremos
del Decreto Supremo Nº 045-200-MTC y la Circular Nº INTA-CR-124.
Sin embargo, luego de ello, la empresa solicitó que se declare la ho-
mogeneidad y consecuente inaplicación del Decreto Supremo Nº 017-
2005-MTC, que establecía nuevos requisitos para la importación de ve-
hículos, por considerar que se trataba de un acto homogéneo a los que
fueron materia del proceso de amparo.
Finalmente, el Tribunal Constitucional declaró infundado el recurso in-
terpuesto, al considerar que no se estaba aquí ante un acto lesivo ho-
mogéneo.

Para llegar a esta conclusión, la evaluación del Tribunal Constitucional


tomó en cuenta tanto el “elemento objetivo” así como la “manifiesta homo-
geneidad” requeridas en la STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC. Así, en cuan-
to al “elemento objetivo”, el Tribunal señaló que existía un elemento normati-
vo (el Decreto Supremo Nº 017-2005-MTC) que no estaba vigente todavía al
momento en que se expidió la primera sentencia, por lo que la nueva actua-
ción de la administración tributaria se había dado sobre la base de un elemen-
to normativo diferente173. Asimismo, advirtió que el Decreto Supremo Nº 042-
2006-MTC había introducido la protección de otros bienes constitucionales no

172 RTC Exp. Nº 02628-2009-PA/TC, f. j. 11.


173 STC Exp. Nº 05511-2009-PA/TC, f. j. 4.

118
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ponderados por el Tribunal Constitucional en la sentencia primigenia174; en-


tre otras razones.

‰‰¿Quién es el juez competente para conocer de una represión de ac-


tos homogéneos?
Como se tiene indicado, el juez competente para conocer la represión de
actos homogéneos es el juez de la demanda175. Por lógica consecuencia, el
Tribunal no es el ente competente ante el cual debe plantearse la menciona-
da denuncia176.

‰‰¿Procede la represión de actos homogéneos en el proceso de hábeas


corpus?
En efecto, el Tribunal Constitucional ha admitido que esta institución pro-
cesal resulta procedente “en todos los procesos constitucionales de tutela de
derechos fundamentales”177, entre los cuales, naturalmente, se encuentra el
proceso de hábeas corpus. Este fue, por lo demás, el sentido de lo afirmado
en la STC Exp. Nº 04909-2007-PHC/TC, en la cual, pese a declararse infun-
dada la demanda, el Tribunal señaló más específicamente que:
“[C]arece de objeto interponer una nueva acción de tutela constitucio-
nal de hábeas corpus sobre la base de actos sobrevinientes y sus-
tancialmente homogéneos a los declarados lesivos en un proceso de
hábeas corpus, por la sencilla y elemental razón de que el juez cons-
titucional competente para conocer de estos hechos es el juez de eje-
cución (el juez que conoció la demanda en primera instancia), y no un
nuevo juez constitucional por vía de acción, ello a la luz de lo dispuesto
por el artículo 34, inciso 4, del Código Procesal Constitucional que fa-
culta al juez que declara fundada la demanda disponer las medidas ne-
cesarias para evitar que el acto vuelva a repetirse (…)”178.
Si obtuve una sentencia de amparo innovativo y el demandado incurre en
un nuevo acto lesivo, ¿puedo interponer una denuncia de represión?
En efecto, el Tribunal ha admitido explícitamente esta posibilidad, al ana-
lizar las características de la represión de actos homogéneos y su distin-
ción con la sentencia constitucional dictada al amparo del artículo 1 segundo

174 STC Exp. Nº 05511-2009-PA/TC, f. j. 7.


175 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 51.
176 RTC Exp. Nº 05033-2006-PA/TC, f. j. 7. La resolución va acompañada por un voto singular del ma-
gistrado Bardelli Lartirigoyen, para quien el Tribunal debería constituirse en “juez de ejecución”, al
único efecto de conocer la represión de acto lesivo homogéneo.
177 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, f. j. 48.
178 STC Exp. Nº 04979-2007-PHC/TC, f. j. 11.

119
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

párrafo del CPConst. (esto es, cuando el acto lesivo ha cesado o devenido en
irreparable)179. En consecuencia, bien puede afirmarse que la sentencia así
dictada sirve de “título suficiente” para interdictar cualquier acto lesivo homo-
géneo que pueda presentarse en el futuro.

Modelo Nº 01:

Solicitud de represión de actos lesivos homogéneos


respecto de una sentencia del Tribunal Constitucional

Exp. Nº …
Sec.: …………..
Escrito Nº …
Sumilla: Solicitud de represión de actos homogéneos

SEÑOR JUEZ DEL ……………. JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LA


CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE LIMA
……………………………………………, identificado con DNI Nº ……….,
con domicilio procesal en la casilla Nº ……………….. del Colegio de Abogados
de Lima; en el proceso de amparo seguido contra ………………………….., a
Ud. con el debido respeto digo:
Que recurro a su despacho a fin de solicitar la represión del acto homogéneo al de-
clarado en la sentencia recaída en el Expediente Nº …………………………., a
fin de que se ordene a la emplazada que cese con tales actos y acate la mencio-
nada sentencia, en atención a los siguientes fundamentos de hecho y de derecho.
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha ………………., interpuse demanda de amparo con-


tra ……………….., debido a que…………………….. Por ello, la de-
manda fue declarada fundada por el Tribunal Constitucional en senten-
cia recaída en el Expediente Nº ………………………, publicada en su
página web el día …………………… En dicha sentencia, se ordenó que
………………………………

179 STC Exp. Nº 04878-2008-AA/TC, ff. jj. 13 y 14

120
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

2. La sentencia constitucional del Expediente Nº ……………… fue ejecuta-


da satisfactoriamente el día ……………………… No obstante ello, el día
………………….., la demandada volvió a incurrir en el mismo acto que fue
sancionado como inconstitucional en el proceso de amparo mencionado. Es
decir, el demandado volvió a afecta mi derecho a ………………….., en abier-
to desacato a la sentencia expedida por el Tribunal Constitucional en su momen-
to.

3. Por ello, solicito a Ud. se sirva hacer eficaz la sentencia emitida en el Expediente
Nº ………………….., por haberse configurado una nueva violación a mi dere-
cho a ……………………… a través de un acto lesivo homogéneo.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. El artículo 60 del Código Procesal Constitucional dispone que si se produce un


acto sustancialmente homogéneo al que ha sido declarado inconstitucional en
un proceso de amparo previo, la parte interesada podrá solicitar su represión
ante el juez de ejecución.

2. En tal sentido, al haberse configurado un acto sobrevenido constituido por el


nuevo acto lesivo consistente en ……………………….., que es sustancial-
mente similar al declarado inconstitucional en la sentencia del Expediente
Nº ……………….., solicito que se ordene su represión y se restituyan la co-
sas al estado anterior al momento del despido, y consecuentemente, se dispon-
ga que ………………………..

III. MEDIOS PROBATORIOS

En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:

El Expediente Nº …………………………… que obra en su Juzgado

Copia de la sentencia del Expediente Nº ………………………., que declaró


fundada mi demanda de amparo.

POR LO TANTO
A Ud., señor Juez, solicito admitir la presente solicitud, tramitarla confor-
me a su naturaleza y, en su oportunidad, declararla procedente, ordenando que
……………………..

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

121
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Modelo Nº 02:

Solicitud de represión de actos lesivos


homogéneos respecto de una sentencia
constitucional del Poder Judicial

Exp. Nº …
Sec.: …………..
Escrito Nº …
Sumilla: Solicito represión de actos homogéneos

SEÑOR JUEZ DEL ……………. JUZGADO ESPECIALIZADO PENAL DE CHICLAYO


……………………………………………, identificado con DNI Nº ……….,
con domicilio procesal en la casilla Nº ……………….. del Colegio de Abogados
de Chiclayo; en el proceso de amparo seguido contra el Director de la Escuela Téc-
nica Superior de la Policía de Chiclayo, a Ud. con el debido respeto digo:
Que recurro a su despacho a fin de solicitar la represión del acto homogéneo al de-
clarado en la sentencia recaída en el Expediente Nº …………………………., a
fin de que se ordene a la emplazada que me permita continuar mis estudios como
cadete en la aludida Escuela Técnica.

I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha ………………., interpuse demanda de amparo contra el Director


de la Escuela Técnica Superior de Chiclayo, debido a que……………………..
Por ello, la demanda fue declarada fundada por la Sala Especializada en Dere-
cho Constitucional de la Corte Superior de Justicia de Lambayeque en senten-
cia recaída en el Expediente Nº …………. En dicha sentencia, se ordenó a la
mencionada Escuela Técnica que me reincorpore como alumna

2. La sentencia constitucional del Expediente Nº ……………… fue ejecuta-


da satisfactoriamente el día ……………………… No obstante ello, el día
………………….., la demandada volvió a incurrir en el mismo acto que fue
sancionado como inconstitucional en el proceso de amparo mencionado. Es
decir, el demandado volvió a afectar mi derecho a la igualdad, al libre desa-
rrollo, a la vida, a la salud y a la educación, todo ello en abierto desacato a la

122
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

sentencia expedida por la Sala Especializada en Derecho Constitucional de la


Corte Superior de Justicia de Lambayeque.

3. Por ello, solicito a Ud. se sirva hacer eficaz la sentencia emitida en el Expedien-
te Nº ………………….., por haberse configurado una nueva violación a los
mencionados derechos a través de un acto lesivo homogéneo.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. El artículo 60 del Código Procesal Constitucional dispone que si se produce un


acto sustancialmente homogéneo al que ha sido declarado inconstitucional en
un proceso de amparo previo, la parte interesada podrá solicitar su represión
ante el juez de ejecución.

2. En tal sentido, al haberse configurado un acto sobrevenido constituido por el


nuevo acto lesivo consistente en ……………………….., que es sustancial-
mente similar al declarado inconstitucional en la sentencia del Expediente
Nº …………….., solicito que se ordene su represión y se restituyan la cosas
al estado anterior al momento del despido, y consecuentemente, se disponga
que la emplazada me reincorpore como alumna de su centro de estudios.

III. MEDIOS PROBATORIOS

En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:

El Expediente Nº …………………………… que obra en su Juzgado

Copia de la sentencia del Expediente Nº ………………………., que declaró


fundada mi demanda de amparo.

POR LO TANTO
A Ud., señor Juez, solicito admitir la presente solicitud, tramitarla confor-
me a su naturaleza y, en su oportunidad, declararla procedente, ordenando que
……………………..

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DE LA DEMANDANTE

123
6
El recurso de agravio
constitucional a favor del
cumplimiento de las sentencias
1. Normativa aplicable
De conformidad con el artículo 200, inciso 2 de la Cons-
titución, corresponde al Tribunal Constitucional:
“Conocer, en última y definitiva instancia, las reso-
luciones denegatorias de hábeas corpus, amparo,
hábeas data, y acción de cumplimiento”.
A su vez, el artículo 18 del CPConst. señala lo si-
guiente:
“Contra la resolución de segundo grado que decla-
ra infundada o improcedente la demanda, procede
recurso de agravio constitucional ante el Tribunal
Constitucional, dentro del plazo de diez días con-
tados desde el día siguiente de notificada la resolu-
ción. Concedido el recurso, el Presidente de la Sala
remite al Tribunal Constitucional el expediente den-
tro del plazo máximo de tres días, más el término de
la distancia, bajo responsabilidad”.

2. Marco doctrinario
El recurso de agravio constitucional (“RAC” por sus si-
glas iniciales), antes denominado “recurso extraordinario”,
constituye un mecanismo de acceso al Tribunal Constitu-
cional para que este conozca en última y definitiva instan-
cia los procesos de amparo, hábeas corpus, hábeas data
y cumplimiento, cuando en los grados inferiores el deman-
dante ha obtenido solo una “resolución denegatoria”, en los
términos en que esto viene establecido en el artículo 200,
inciso 2 de la Constitución.

125
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

En cuanto a su trámite, el recurso de agravio constitucional se interpone


ante la Sala Superior o de la Corte Suprema, según corresponda, procedien-
do contra su denegatoria la interposición del recurso de queja ante el propio
Tribunal, de conformidad con lo establecido en los artículos 19 del CPConst.,
y 54 a 56 del Reglamento Normativo del Tribunal Constitucional. En este últi-
mo caso, el Tribunal verificará si la denegatoria del recurso dispuesta por los
órganos inferiores se encuentra o no arreglada a derecho.
De este modo, y a diferencia de lo que sucede en otros países como en
España, donde el proceso de amparo se interpone directamente ante el Tri-
bunal Constitucional, en nuestro sistema jurídico dicho proceso debe transi-
tar previamente ante dos instancias del Poder Judicial, en el entendido de
que los jueces o tribunales encargados de las mismas son los primeros lla-
mados a tutelar los derechos establecidos en la Constitución (en tanto que
verdaderos jueces constitucionales) reservándose al Colegiado Constitucio-
nal la labor de corrección de los eventuales errores detectados en los nive-
les inferiores.
Así pues, esta articulación de etapas procesales le permite al Tribunal
Constitucional conocer los procesos de la libertad solo cuando la resolución
de segunda instancia declara “improcedente” o “infundada” la demanda res-
pectiva. Esto no quiere decir, por cierto, que contra las sentencias “estimato-
rias” recaídas en esta clase de procesos no exista la posibilidad de interponer
algún recurso que pueda llegar a conocimiento del Tribunal, alegando la afec-
tación de uno o más derechos fundamentales. En realidad, solo significa que,
en tal caso, el mecanismo adecuado para revertir dicha situación no es el re-
curso de agravio constitucional, sino en todo caso un nuevo proceso constitu-
cional.

3. Desarrollo jurisprudencial
El Tribunal Constitucional ha asumido el criterio según el cual el recurso
de agravio constitucional constituye un recurso extraordinario que busca re-
mediar el error de las resoluciones judiciales, y en ese sentido, pretende brin-
dar una tutela superlativa de los derechos fundamentales180.
La indicada finalidad de este recurso, sin embargo, no le ha impedido al
Tribunal ir redimensionando sus alcances, permitiendo su aplicación para
casos muy diversos, y ciertamente, distintos a aquellos que prima facie po-
drían entenderse como de “resolución denegatoria” propiamente dicha.
Así, por ejemplo, el recurso de agravio constitucional ha sido empleado,
hasta hace poco, como un mecanismo para garantizar el cumplimiento de los

180 STC Exp. Nº 02877-2005-PHC/TC, ff. jj. 11 y 12.

126
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

precedentes vinculantes emitidos por el Tribunal Constitucional181. Del mismo


modo, el Colegiado ha establecido recientemente que este recurso procede
contra sentencias estimatorias recaídas en procesos constitucionales relacio-
nados con el delito de tráfico ilícito de drogas y/o lavado de activos, en los que
se haya producido vulneración del orden constitucional y en particular del ar-
tículo 8 de la Constitución182.
Precisamente, uno de esos nuevos “supuestos” para los cuales el Tribu-
nal ha habilitado el recurso de agravio constitucional es el referido al cumpli-
miento de las sentencias constitucionales.
Así pues, en un primer pronunciamiento recaído en la RTC Exp. Nº 0168-
2007-Q/TC, el Tribunal Constitucional habilitó el llamado “recurso de agravio
constitucional a favor del cumplimiento de las sentencias del Tribunal Consti-
tucional”, para todos aquellos supuestos en los cuales la sentencia constitu-
cional haya sido incumplida o desnaturalizada en su fase de ejecución. A
tal fin, el Tribunal estableció las siguientes reglas, con calidad de jurispruden-
cia vinculante (artículo VI del Título Preliminar del CPConst.):
“Primero. El recurso de agravio a favor del cumplimiento de las senten-
cias del Tribunal Constitucional tiene como finalidad restablecer el or-
den jurídico constitucional, el mismo que ha sido preservado mediante
sentencia estimatoria del Tribunal en el trámite de un proceso consti-
tucional.
Segundo. El Tribunal resolvería así en instancia final para el restableci-
miento del orden constitucional que resultó violado con la decisión del
juez de ejecución, devolviendo lo actuado para que la instancia corres-
pondiente dé estricto cumplimiento a lo declarado por el Tribunal Cons-
titucional, en lo que se refiere al alcance y el sentido del principio de la
eficaz ejecución de sus sentencias en sus propios términos.
Tercero. El órgano judicial correspondiente se limitará a admitir el re-
curso de agravio constitucional, y corresponderá a este Colegiado den-
tro del mismo proceso constitucional, valorar el grado de incumplimien-
to de sus sentencias, cuando son desvirtuadas o alteradas de manera
manifiesta en su fase de ejecución. En cualquier caso, el Tribunal tie-
ne habilitada su competencia, ante la negativa del órgano judicial, a tra-
vés del recurso de queja a que se refiere el artículo 19 del CPConst.”183.

181 STC Exp. Nº 04853-2004-PA/TC. Como se sabe, este criterio ha sido dejado sin efecto a través
de la STC Exp. Nº 03908-2007-PA/TC, en la cual se establece que el mecanismo adecuado para
hacer cumplir los precedentes vinculantes es el amparo contra amparo.
182 STC Exp. Nº 2663-2009-PHC/TC, f. j. 9 y STC Exp. Nº 02748-2010-PHC/TC, f. j. 15.
183 RTC Exp. Nº 0168-2007-Q/TC, f. j. 8.

127
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Posteriormente, en la RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC, el Tribunal Constitu-


cional ampliaría los alcances del recurso de agravio constitucional a favor del
cumplimiento para el caso de las sentencias estimatorias de segundo grado
emitidas por el Poder Judicial. Y en ese sentido, determinó que:
“[D]e manera excepcional puede aceptarse la procedencia del RAC
cuando se trata de proteger la ejecución en sus propios términos de
sentencias estimatorias emitidas en procesos constitucionales, tanto
para quienes han obtenido una sentencia estimatoria por parte de este
Colegiado, como para quienes lo han obtenido mediante una sentencia
expedida por el Poder Judicial.
La procedencia excepcional del RAC en este supuesto tiene por finali-
dad restablecer el orden jurídico constitucional, correspondiendo al Tri-
bunal valorar el grado de incumplimiento de las sentencias estimatorias
expedidas por el Poder Judicial cuando este no cumple dicha función,
devolviendo lo actuado para que la instancia correspondiente dé estric-
to cumplimiento a lo declarado por el Tribunal. Asimismo, los órganos
jurisdiccionales correspondientes se limitarán a admitir el recurso de
agravio constitucional, teniendo habilitada su competencia este Cole-
giado, ante la negativa del órgano judicial, a través del recurso de que-
ja a que se refiere el artículo 19 del CPConst.”184.
RECURSO DE AGRAVIO COSTITUCIONAL A FAVOR DEL CUMPLIMIENTO
DE UNA SENTENCIA CONSTITUCIONAL DEL PODER JUDICIAL
Restablecer el orden jurídico constitucional,correspondiente al TC valorar el gra-
do de incumplimiento de las sentencias estimatorias expedidas por el Poder Ju-
FINALIDAD dicial cuando este no cumple dicha función, devolviendo lo actuado para que
la instancia correspondiente dé edstricto cumplimiento a lo declarado por el tri-
bunal.
Procedencia: los órganos jurisdiccionales correspondientes se limitarán a ad-
mitir el recurso de agravio constitucional.
CARACTERÍSTICAS Queja: procede contra la resolución que deniega este recurso.
Trámite: no requiere de trámite alguno.

No obstante ello, y ante la evidencia de algunas deficiencias procesa-


les advertidas por la doctrina185, un reciente fallo del Tribunal Constitucio-
nal, recaído en el Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, ha venido a precisar, esta
vez mediante una sentencia emitida por el Pleno del Tribunal, los presupues-
tos y alcances del recurso de agravio constitucional a favor del cumplimien-
to de las sentencias del Tribunal Constitucional, diseñado primigeniamente

184 RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC, f. j. 10.


185 Al respecto, puede revisarse el trabajo de RUIZ MOLLEDA, Juan Carlos. “El nuevo recurso de
agravio constitucional a favor del cumplimiento de sus sentencias”, disponible en <http://www.jus-
ticiaviva.org.pe/ notibak2008.htm> [consultado: 09/12/2010].

128
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

en la RTC Exp. Nº 0168-2007-Q/TC, modificando empero su denomina-


ción por la de “recurso de apelación por salto a favor de la ejecución de
una sentencia del Tribunal Constitucional”. A través de este recurso, se “exo-
nera” a las Salas Superiores del Poder Judicial de conocer el recurso de
apelación interpuesto contra la resolución del juez de ejecución que decla-
ra actuado, ejecutado o cumplido el mandato de la sentencia del Tribunal
Constitucional186. Los principales aportes de este pronunciamiento del Tribu-
nal son los siguientes:
a) En primer lugar, se establece que el “recurso de apelación por salto…” se
interpone contra la resolución del juez de ejecución que declara actuado,
ejecutado o cumplido el mandato de una sentencia del Tribunal Constitu-
cional, o que declara fundada la contradicción u observación propuesta
por el obligado. Igualmente, se señala que contra la resolución que denie-
ga este recurso cabe interponer el recurso de queja previsto en el artículo
401 del Código Procesal Civil. Finalmente, se agrega que tanto el recurso
de apelación por salto así como el de queja no requieren de trámite algu-
no187.
b) En segundo lugar, si bien se admite que entre el “recurso de apelación
por salto…” y el “amparo contra amparo” existe una relación de alterna-
tividad188, se opta por incluir en qué supuestos el primero de los recur-
sos mencionados debe ser declarado improcedente, a saber: a) cuando
el cumplimiento de la sentencia conlleve un debate sobre la cuantifica-
ción del monto de la pensión de cesantía o jubilación, o de los devenga-
dos, o de los reintegros, o de los intereses, o de las costas o de los cos-
tos; b) cuando el mandato de la sentencia constitucional cuya ejecución se
pretende establece en forma clara y expresa que es de cumplimiento pro-
gresivo; y c) cuando el propio recurrente decide que la correcta ejecución
del mandato de la sentencia constitucional se controle a través del ampa-
ro contra amparo189.
c) Finalmente, se añade que, de configurarse los supuestos de improceden-
cia antes descritos, el proceso de ejecución de la sentencia constitucional
deberá seguir su trámite en las dos instancias del Poder Judicial, y contra
la resolución denegatoria de segundo grado procede el recurso de agravio
constitucional interpuesto a favor de la ejecución de una sentencia del Tri-

186 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, f. j. 14. El Tribunal opta por esta solución ante la evidencia de
que el trámite del recurso en las sala superiores, en vez de contribuir con la realización efectiva
del mandato de las sentencias del Tribunal, genera dilaciones indebidas y resoluciones denega-
torias que, en la mayoría de casos, terminan siendo controladas y corregidas por el propio Cole-
giado.
187 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, punto resolutivo 3.b).
188 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, f. j. 7.
189 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, punto resolutivo 3.c).

129
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

bunal Constitucional previsto en la RTC Exp. N° 00168-2007-Q/TC, salvo


en el supuesto b), supra190.
RECURSO DE APELACIÓN POR SALTO A FAVOR DEL CUMPLIMIENTO
DE UNA SENTENCIA DEL TC
Exonerar a las Salas Superiores del Poder Judicial de conocer el recurso de ape-
FINALIDAD lación interpuesto contra la resolución del juez de ejecución que declara actua-
do, ejecutado o cumplido el mandato de la sentencia del TC.
Objeto: se interpone contra la resolución del juez de ejecución que declara ac-
tuado, ejecutado o cumplido el mandato de una sentencia del TC o que declara
fundada la oposición u observación del obligado.
Queja: procede contra la resolución que deniega este recurso.
Trámite: ni el recurso de apelación por salto ni el recurso de queja requieren
de trámite alguno.
Relación con el amparo contra amparo a favor del cumplimiento de las sen-
CARACTERÍSTICAS tencias: existe una relación de alternatividad.
Supuestos de improcedencia:
• Cuando el cumplimiento de la sentencia conlleve un debate sobre la cuantifi-
cación del monto de la pensión de cesantía o jubilación, de los devengados,
de los reintegros, de los intereses o de las costas y costos.
• Cuando el mandato de la sentencia del TC establece en forma clara y expre-
sa que es de cumplimiento progresivo.
• Cuando el propio recurrente opta por el amparo contra amparo.

La creación jurisprudencial del “recurso de apelación por salto…” no es,


sin embargo, un asunto inexplorado en la experiencia comparada, sino que
cuenta con algunos antecedentes que, a efectos de una mejor comprensión
del asunto, es menester poner de relieve.
Es el caso, por ejemplo, de la Corte Suprema de los Estados Unidos, la
cual se encuentra habilitada por ley para ejercer su jurisdicción por apelación
sin necesidad que exista una sentencia previa de la Cámara Federal respec-
tiva, lo que es posible a través del writ of certiorari, y más específicamente, el
certiorari before judgment191. Así, entre las principales características de este
recurso, se encuentran las siguientes192:
a) El certiorari before judgment se interpone directamente ante la Corte Su-
prema.

190 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, punto resolutivo 3.c).


191 LUJÁN LÓPEZ, María. “El instituto del ‘per saltum’ al interior del sistema de controles”. En: CA-
RRASCO DURÁN, Manuel et ál. Derecho Constitucional para el siglo XXI: actas del VIII Congreso
Iberoamericano de Derecho Constitucional. Tomo II, Thomson-Arazandi, Navarra, 2006, p. 3579.
Actualmente, las características de dicho recurso están contenidas en los apartados 1254 (1) y
2101 (3) título 28 del Código Judicial de los Estados Unidos, así como en las reglas números 11-
14 dictadas por la propia Corte Suprema.
192 LUJÁN LÓPEZ, María. Ob. cit., p. 3581.

130
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

b) Se requiere que exista un pronunciamiento de un juez de primera instan-


cia, el cual haya sido objeto de apelación ante la Cámara respectiva me-
diante el recurso de apelación normal.
c) Solo es aplicable dentro del fuero federal.
d) Cualquiera de las partes en litigio, sea el apelante o el apelado, puede pe-
ticionar a la Corte Suprema que intervenga antes de que la cámara se pro-
nuncie.
e) Si bien se haya reglamentado, su procedencia es excepcional.
Algo similar es lo que sucede en Argentina, país en el cual el denominado
“recurso per saltum” tiene su origen en una sentencia expedida por la Corte
Suprema en el año 1990, recaída en el asunto “Dromi”193. En esa oportunidad,
la Corte intervino directamente, dejando de lado los recursos ordinarios pre-
vistos en las disposiciones procesales, respecto de medidas judiciales adop-
tadas por jueces de primera instancia. Desde entonces, el “per saltum” cons-
tituye una forma de llegar a dicho Tribunal, a través del recurso extraordinario,
sin que sea necesario que la causa haya pasado por otras instancias inferio-
res previstas en la ley, siempre que concurran los supuestos de suma grave-
dad institucional y la necesidad de una solución urgente194.
La doctrina especializada, sin embargo, ha resaltado que el denominado
recurso de apelación “per saltum” en la experiencia argentina, a fin de resultar
compatible con la Constitución pero también por cuestiones de técnica proce-
sal, requiere cumplir una serie de requisitos o características, entre las cua-
les se cuentan las siguientes195:
a) La figura debería estar establecida en una ley expresa.
b) La cuestión debatida debe pertenecer a la competencia federal.
c) Se requiere el pronunciamiento de un tribunal inferior.
d) Debe proceder siempre a pedido de parte (y nunca de oficio).

193 No obstante, al día de hoy, esa doctrina sentada por la Corte Suprema de Argentina ha sido reco-
gida en la legislación procesal nacional de ese país, como es el artículo 195 bis del Código Pro-
cesal Civil y Comercial de la Nación, el artículo 62 bis de la Ley de organización y procedimiento de
la Justicia Nacional del Trabajo, entre otras disposiciones (SBDAR, Claudia Beatriz. “Presente y futuro
del recurso extraordinario federal. El rol de la Corte Suprema de la Nación” En: Revista Iberoameri-
cana de Derecho Procesal Constitucional. Nº 10, julio-diciembre de 2008, p. 233).
194 A pesar de ello, algunos autores coinciden en señalar que la autorización de la competencia
“per saltum” de la Corte Suprema constituye un caso de “desnaturalización constitucional” (Sa-
güés, Néstor Pedro. “Reflexiones sobre la manipulación constitucional”. En: Revista Iberoame-
ricana de Derecho Procesal Constitucional. Nº 3, enero-junio de 2005, p. 299), e incluso se afir-
ma que este mecanismo ha resultado absolutamente dañino, porque ha hecho estragos por la
cantidad de expedientes ingresados en el alto tribunal para su resolución, si bien esta situación
ha sido relativamente mitigada a través del certiorari (LUQUE, Carlos D. “Un Tribunal Cons-
titucional para la República Argentina: nociones sobre la conveniencia de su incorporación”.
En: Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano. Nº 15, 2009, p. 122).
195 HARO, Ricado. “El ‘per saltum’ en la justicia federal argentina”. En: Anuario Iberoamericano de
Justicia Constitucional. N° 5, enero-diciembre de 2001, p. 201-204.

131
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

e) Las circunstancias que rodean la causa tienen que constituir situacio-


nes límites de contundente y objetiva trascendencia institucional o interés
público, que afecte en forma extraordinaria el funcionamiento del sistema
político o las instituciones fundamentales del Estado y la sociedad.
f) Es necesario que exista urgencia de la resolución.
g) Se debe requerir el riesgo de un gravamen irreparable.
h) Debe estar sujeto a una interpretación restrictísima.
Teniendo en cuenta estas aproximaciones, y volviendo ya a nuestra expe-
riencia interna, parece evidente que el “recurso de apelación por salto…” di-
señado por el Tribunal Constitucional en la STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC
cumple a grandes rasgos las características mencionadas, teniendo como el
principal de sus cometidos el otorgar una tutela efectiva del derecho a la eje-
cución de las sentencias del propio Tribunal.
Pero, al margen de todo lo expuesto, y ciertamente a modo de síntesis, con-
viene preguntarse: ¿cuál ha sido el fundamento que ha utilizado el Tribunal
para “redimensionar” el recurso de agravio constitucional, perfilándolo como
un mecanismo idóneo para lograr el cumplimiento efectivo de las sentencias
constitucionales?
Al respecto, el Tribunal ha dejado entrever que, como quiera que “la sen-
tencia constitucional requiere (…) de una teoría material constitucional que la
fundamente, dotándola de nuevas herramientas de actuación que abandonen
la idea clásica de clasificación entre actos de declaración de derecho y actos
de ejecución”196, el recurso de agravio constitucional a favor del cumplimiento
de las sentencias permite “optimizar (…) la legislación sobre procesos cons-
titucionales y los fines que la informan”.
Asimismo, al momento de justificar el recurso de agravio constitucional a
favor del cumplimiento de las sentencias constitucionales firmes expedidas
por el Poder Judicial, el Tribunal ha estimado que, “de no ser competente el
Tribunal Constitucional para conocer dicho supuesto podría suscitarse una in-
sólita situación: [l]a protección de un derecho fundamental mediante un pro-
nunciamiento estimatorio final, expedido en segunda instancia y, en la praxis,
en la fase de ejecución, la no concreción de la restitución de los derechos in-
vocados en la demanda”197. En consonancia con ello, el Colegiado estima que
“se hace necesaria una interpretación acorde con la protección de los dere-
chos fundamentales, de acuerdo con el marco constitucional y legal vigente,
que garantice la correcta ejecución de las sentencias estimatorias recaídas
dentro de los procesos constitucionales, expedidas por el Poder Judicial”198.

196 RTC Exp. Nº 0168-2007-Q/TC, f. j. 5.


197 RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC, f. j. 8.
198 RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC, f. j. 9.

132
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Finalmente, el principal argumento para introducir el recurso de apelación


por salto a favor del cumplimiento de una sentencia del Tribunal Constitucio-
nal, ha partido de una consideración esencialmente práctica, consistente en
que “el trámite en las salas superiores, en vez de contribuir con la realización
efectiva del mandato de las sentencias del Tribunal, genera dilaciones indebi-
das y resoluciones denegatorias que, en la mayoría de casos, terminan sien-
do controladas y corregidas por [el Tribunal Constitucional]”199.
En suma, no parece arriesgado afirmar que, para el Tribunal Constitu-
cional, el recurso de agravio constitucional, diseñado originalmente para
corregir el error judicial manifestado en las instancias inferiores, se reve-
la también como un mecanismo “idóneo” a los efectos de lograr el cum-
plimiento de las sentencias constitucionales, habida cuenta de su trámite
esencialmente rápido y sencillo. Sin embargo, es preciso preguntarse: ¿re-
sulta suficiente el criterio de la “interpretación acorde con la protección de
los derechos fundamentales” para justificar la creación de un procedimiento
no previsto por el legislador? ¿Cuáles son los límites de esta actividad “in-
terpretativo-creadora” del Tribunal Constitucional en los procesos constitu-
cionales?
No es esta, desde luego, la primera vez que el Tribunal se enfrenta a
un contexto de vacío normativo como el señalado200. Es posible afirmar, sin
embargo, que en la mayoría de casos, ello no le ha impedido al Colegia-
do avanzar en el desarrollo de las posibles soluciones a los casos suscita-
dos, en lo que resulta ser una clara aplicación del artículo 139, inciso 8 de
la Constitución, que establece como un principio de la función jurisdiccio-
nal el relativo a “no dejar de administrar justicia por vacío o deficiencia de la
ley”. A nuestro criterio, esta especial tesitura del Tribunal Constitucional, le-
jos de perjudicar valores como la seguridad jurídica o la separación de po-
deres, reivindica a la jurisprudencia constitucional como un medio de tute-
la de derechos que no se encorseta bajo los moldes estrictos de la ley, por
definición coyuntural e imperfecta, reafirmando en cambio su función opti-
mizadora del “programa constitucional”, a partir del cual es posible extraer
mandatos concretos orientados a configurar una tutela diferenciada de los
derechos fundamentales, y en este caso, del derecho a la ejecución de las
sentencias constitucionales.

199 STC Exp. Nº 0004-2009-PA/TC, f. j. 14.


200 Recientemente, por ejemplo, en la STC Exp. Nº 05427-2009-PA/TC, el Tribunal Constitucional
ha “redimensionado” el proceso de cumplimiento para exigir la observancia de los tratados inter-
nacionales sobre derechos humanos.

133
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

RECURSO DE APELACIÓN POR SALTO A FAVOR DE LA SENTENCIA DEL TC

SALA
JUZGADO TC
SUPERIOR

A ejecución SENTENCIA
ESTIMATORIA

RESOLUCIÓN
JUEZ DE EJECUCIÓN

Resolución Recurso queja


denegatoria al TC
RECURSO
DE APELACIÓN Concesorio SENTENCIA
del recurso

RECURSO DE AGRAVIO CONSTITUCIONAL A FAVOR DE LA EJECUCIÓN DE UNA SENTENCIA


DEL PODER JUDICIAL

SALA
JUZGADO TC
SUPERIOR

A ejecución SENTENCIA
ESTIMATORIA

RESOLUCIÓN
JUEZ EJECUCIÓN
Recurso
Resolución queja al TC
denegatoria
RECURSO
DE AGRAVIO Concesorio RESOLUCIÓN
improcedencia SENTENCIA
CONSTITUCIONAL del recurso

134
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

4. Preguntas de interés

‰‰¿Puede la parte demandada solicitar el recurso de agravio constitu-


cional a favor del cumplimiento de las sentencias?
Sí puede hacerlo. Así ha quedado evidenciado en la RTC Exp. Nº 01108-
2010-PA/TC, cuyos hechos se relatan seguidamente a modo de resu-
men.

En un primer momento, a través de la STC Exp. Nº 01236-2005-PA/


TC, el Tribunal Constitucional resolvió declarar fundada en parte la
demanda de amparo interpuesta por Faizán Trading E.I.R.L. contra
la Sunat. En consecuencia, se ordenó la inaplicación del Decreto de Ur-
gencia Nº 079-2000 al caso de la empresa demandante, desestimán-
dose en lo restante.
En etapa de ejecución de sentencia, la empresa vencedora presentó
una denuncia de represión de actos homogéneos, solicitando la inapli-
cación de los Decretos Supremos Nºs 017-2005-MTC y 093-2005-EF,
y a través de una nueva denuncia, del Decreto Supremo Nº 042-2006-
MTC, por considerar que tales normas constituían lesiones homogé-
neas a las declaradas como lesivas en la STC Exp. Nº 01236-2005-
PA/TC.
Luego de las apelaciones interpuestas, la Sala Mixta de Tacna decla-
ró procedente la denuncia de represión e inaplicables a la empresa de-
mandante los Decretos Supremos Nºs 017-2005-MTC y 093-2005-EF.
Por su parte, la Sala Civil de Tacna, vía aclaración, declaró inaplicable
el Decreto Supremo Nº 042-2006-MTC.
Ante ello, la Sunat interpuso recurso de agravio constitucional ante el Tri-
bunal Constitucional contra la resolución de la Sala Civil. Sin embargo, al
momento de resolver, el Tribunal evaluó también la resolución de la Sala
Mixta, pese a no haber sido impugnada por la Sunat.
En cuanto al fondo, el Tribunal Constitucional declaró fundado el recur-
so de agravio constitucional interpuesto por la Sunat y, en consecuen-
cia, nulas las resoluciones expedidas por las Salas Mixta y Civil de Tac-
na, expedidas en la etapa de ejecución de la sentencia del Tribunal.
Aunado a ello, ordenó a la empresa Faizán Trading E.I.R.L. abstenerse
de presentar recursos que pretendan enervar el sentido de dicha sen-
tencia del Tribunal, y a los jueces y tribunales, de concederles trámite,
bajo apercibimiento de multa.

Cabe señalar que, para dilucidar la controversia, el Tribunal Constitucio-


nal entró a analizar si existía homogeneidad entre las normas impugnadas y
aquella otra que había sido declarada lesiva en la sentencia de amparo. Así,

135
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

recordó que el Tribunal en su sentencia había declarado inaplicable el Decre-


to de Urgencia Nº 079-2000 por una cuestión de forma (no cumplir los requi-
sitos exigidos por el artículo 118, inciso 19 de la Constitución), mas no por su
contenido. Y en ese sentido, merituó que:
“[P]ara que en la etapa de ejecución de la STC Nº 1236-2004-PA, en
aplicación del artículo 60 del CPCo., pueda ser controlada la constitu-
cionalidad de algún acto sobrevenido, este debe ser sustancialmente
análogo al Decreto de Urgencia Nº 079-2000, lo cual implica no solo
una homogeneidad entre el contenido de los actos, sino también una
incursión por parte de ellos en el mismo vicio de inconstitucionalidad
sancionado en la sentencia de fondo (…)”201.
Como se puede apreciar, el Tribunal Constitucional considera que,
para que una norma sea considerada como “norma lesiva homogénea” de
una declarada lesiva en sentencia previa, es necesario que ambas normas
compartan el mismo vicio de inconstitucionalidad, y no solo el mismo “conte-
nido”. De no observarse este criterio por parte de los jueces constitucionales,
procede interponer un recurso de agravio constitucional para corregir dicha
situación irregular.

‰‰¿Procede el recurso de agravio constitucional a favor del cumpli-


miento de las sentencias del Poder Judicial?
En efecto, sí procede. De hecho, este fue el parecer sostenido en la RTC
Exp. Nº 00100-2010-PA/TC, cuyos hechos se relatan a continuación:
Este caso trataba de una sentencia estimatoria de amparo expedida
por la Segunda Sala Civil de Arequipa, que ordenaba la reposición de
los demandantes a la empresa Sedapar.
Pues bien, en vía de ejecución, los recurrentes solicitaron al juzgado
que requiera a la demandada el estricto cumplimiento de la senten-
cia expedida, pues referían que al momento de ser cesados por su
empleador tenían la calificación de “empleados contratados”, mien-
tras que, al momento de reponerlos, Sedapar los había calificado como
“obreros contratados”.
Ante las declaraciones de improcedencia emitidas por el Juzgado y la
Sala, los recurrentes interpusieron recurso de agravio constitucional.
Finalmente, el Tribunal Constitucional declaró fundado dicho recurso, y
ordenó al Juzgado y a la Sala que ejecuten de manera inmediata y en
sus propios términos la sentencia estimatoria emitida por la Segunda
Sala Civil “conforme a los fundamentos 16 a 18” de la resolución emi-
tida por el Tribunal.

201 RTC Exp. Nº 01108-2010-PA/TC, f. j. 8.

136
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Para arribar a dicha conclusión, el Tribunal Constitucional consideró que


debía restablecer el orden jurídico constitucional, devolviendo lo actuado
para que la instancia correspondiente dé estricto cumplimiento a lo declara-
do por el Colegiado202.
Así sucedió también en otro caso de reposición laboral (RTC Exp.
Nº 03772-2009-PA/TC), cuyos hechos relevantes pueden resumirse del si-
guiente modo:

En este caso, la Sala Civil de Lambayeque había declarado fundada la


demanda de amparo interpuesta por doña Rosario Huamán Malca, or-
denando su reincorporación en la Sociedad de Beneficencia Pública
de Chiclayo, en el cargo que venía desempeñando o en otro similar de
igual categoría y remuneración.
En ejecución de sentencia, el Juzgado estableció un plazo de 3 días
hábiles para que se cumpla con la reposición ordenada. Sin embargo,
cuando se dio cumplimiento al mandato judicial, la demandante se opu-
so por considerar que no se le estaba aplicando el considerando ter-
cero de la resolución, según el cual los servicios prestados eran de na-
turaleza permanente, sujeta a un horario rígido, dependencia y control
del empleador.
Finalmente, el Tribunal Constitucional declaró fundado el recurso de
agravio constitucional, ordenando a la demandada que cumpla con eje-
cutar la sentencia constitucional en sus propios términos.

Al momento de resolver esta causa, el Tribunal estimó lo siguiente:


“[A]tendiendo a que dicha Sala, al determinar que la actividad desa-
rrollada por la demandante, más allá de lo pactado en los contratos de
prestación de servicios no personales, estuvo impregnada de los ele-
mentos típicos de un contrato de trabajo, corresponde que la Sociedad
de Beneficencia Pública de Chiclayo reincorpore a la demandante en el
mismo puesto que venía desempeñando o en otro de igual categoría,
debiendo contratarla bajo la modalidad de servicios personales (Decre-
to Legislativo N° 276), con la debida inclusión en planillas”203.
En el mismo sentido, es menester dar cuenta de la RTC Exp.
Nº 02646-2009-PA/TC (Exp. Nº 0201-2007-Q/TC), cuyos puntos principales
son los siguientes:

202 RTC Exp. Nº 00100-2010-PA/TC, f. j. 18.


203 RTC Exp. Nº 03772-2009-PA/TC, f. j. 12.

137
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

En esta oportunidad, se trataba de una sentencia estimatoria de am-


paro, expedida por la Quinta Sala Civil de la Corte Superior de Justi-
cia de Lima, que había declarado inaplicable una resolución adminis-
trativa que disponía la transferencia predial de un inmueble a favor de
la Municipalidad Provincial del Callao.
Pues bien, en vía de ejecución de sentencia, la asociación demandan-
te (Asociación Pro Vivienda Vecinos de la Urbanización Neptuno) ha-
bía solicitado que se disponga la nulidad de otras dos resoluciones, así
como de la partida registral correspondiente, por constituir esta un acto
de ejecución de la resolución que había sido declarada inaplicable. A
pesar de ello, la Superintendencia de Bienes Nacionales presentó un
escrito señalando que la sentencia era jurídicamente inejecutable, por-
que al momento de la interposición de la demanda ya se había transfe-
rido el predio e inscrito dicha transferencia en el registro de propiedad.
Igualmente, Inmobiliaria Acamu S.A.C. presentó un escrito de oposi-
ción alegando la imposibilidad de ejecución de la sentencia.
Lo cierto es que el Sexto Juzgado de Lima declaró fundada la oposición
de Inmobiliaria Acamu S.A.C. y requirió a la Superintendencia que cumpla
con la sentencia. En atención a ello, la asociación recurrente interpuso re-
curso de agravio constitucional, el mismo que fue conocido vía queja por
el Tribunal Constitucional.
Finalmente, el Tribunal Constitucional declaró fundado el recurso de
agravio constitucional y, en consecuencia, nulas las resoluciones im-
pugnadas.

Al momento de resolver, el Tribunal Constitucional merituó que la reposi-
ción de las cosas al estado anterior a la violación del derecho al debido proce-
so administrativo consistía en que: “a) el inmueble mencionado, nuevamente,
adquiera la condición de afectado al dominio público; b) el inmueble mencio-
nado regresara a la propiedad del Estado; y c) la Municipalidad Provincial del
Callao dejara de ser propietaria del inmueble referido”204.
En virtud a ello, el Tribunal consideró que la sentencia no había sido
ejecutada en sus propios términos, toda vez que el inmueble no había retor-
nado al dominio público y propiedad del Estado, y porque aún no se había
realizado el debido procedimiento de desafectación205; sin perjuicio de que

204 RTC Exp. Nº 02646-2009-PA/TC (Nº 0201-2007-Q/TC), f. j. 12.


205 RTC Exp. Nº 02646-2009-PA/TC (Nº 0201-2007-Q/TC), f. j. 13.

138
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Municipalidad le devuelva a la Inmobiliaria Acamu S.A.C. el monto abonado


por la transferencia del inmueble206.
Por último, un caso verdaderamente sui géneris, dado que se trataba
de una sentencia de amparo que había sido incumplida doce largos años, es
el analizado en la STC Exp. Nº 0592-2010-PA/TC, cuyos hechos se relatan a
continuación:
En este caso, con fecha 30 de enero de 1998, la Sala Civil del Cuzco,
confirmando la apelada, había declarado fundada la demanda de am-
paro interpuesta por doña Celedonia Galicia Salcedo de Tintaya contra
la Municipalidad Distrital de Wanchaq, ordenando que esta se absten-
ga de amenazar y vulnerar el derecho de propiedad de la actora, mien-
tras no cumpla con la expropiación y pago de indemnización justipre-
ciada de acuerdo a ley.
Sin embargo, en ejecución de sentencia, el Juzgado Civil del Cuzco de-
claró “inejecutable” la sentencia de amparo, señalando que no era posi-
ble hacer entrega del terreno solicitado “en tanto no se haga un trámite
de división y partición”. Ante ello, con fecha 3 de setiembre de 2009, el
recurrente alegó la excesiva dilación en la ejecución de la sentencia de
amparo, pues a tal fecha habían transcurrido más de 15 años sin que
se hiciera efectivo lo resuelto.
Al final, el Tribunal Constitucional declaró fundado el recurso de agra-
vio constitucional y, en consecuencia, nulas las resoluciones que dis-
ponían el archivo del proceso de amparo, ordenando a la municipali-
dad distrital emplazada que cumpla con acreditar el procedimiento de
expropiación y pago del justiprecio, bajo apercibimiento de aplicarse
los apremios del artículo 22 del CPConst. Asimismo, ordenó al juez de
ejecución que cumpla a la mayor brevedad posible lo dispuesto en la
sentencia constitucional, bajo responsabilidad. Finalmente, se remitió
copia de lo actuado al respectivo órgano de control del Poder Judicial.

Para los fines que aquí interesan, conviene destacar el razonamiento en-
sayado por el Tribunal para declarar fundada la demanda, que transcribimos:
“[E]l Tribunal Constitucional considera que debe estimarse la preten-
sión del recurrente, por haberse acreditado la vulneración de sus dere-
chos a la efectiva ejecución de lo resuelto y a la cosa juzgada, toda vez
que durante más de 12 años se ha postergado lo ordenado en la preci-
tada sentencia estimatoria de amparo y, además, se ha desnaturaliza-
do lo establecido en dicha sentencia, a tal punto de haberse dispuesto

206 RTC Exp. Nº 02646-2009-PA/TC (Nº 0201-2007-Q/TC), f. j. 14.

139
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

arbitrariamente el archivo definitivo del proceso sin cumplirse lo orde-


nado en ella. Las razones que justifican la decisión de este Colegia-
do son las siguientes: i) la sentencia estimatoria de fecha 3 de noviem-
bre de 1997 (fojas 108) estableció que la municipalidad emplazada se
encontraba construyendo la obra de parque ecológico en la propiedad
de la accionante (esposa del ahora recurrente); ii) le ordenó abstener-
se de amenazar o vulnerar el derecho de propiedad de esta, mientras
no cumpla con la expropiación y el pago de indemnización justiprecia-
da, pero, pese a dicha orden, conforme se acredita en autos, la munici-
palidad emplazada continuó la obra de parque ecológico hasta su con-
clusión; iii) en ejecución de sentencia, los respectivos jueces que se han
hecho cargo del caso a lo largo de estos 12 años, se han limitado, en
general, a verificar mediante innumerables peritajes cuál es el extremo
exacto de propiedad que debe ser repuesto a la accionante, sin verifi-
car, exigir y conminar a la municipalidad emplazada a cumplir con reali-
zar el respectivo procedimiento de expropiación y sobre todo a que esta
pague la indemnización justipreciada; iv) la responsabilidad en acreditar
el pago del respectivo justiprecio es del Estado que expropia (en este
caso la municipalidad) y no de los ciudadanos expropiados; v) pese al
tiempo transcurrido y a los efectos que este origina en la etapa de ejecu-
ción de sentencia respecto de la posibilidad de restitución de la propie-
dad de la accionante, es indiscutible el mandato judicial hacia la Munici-
palidad Distrital de Wanchaq para que esta acredite el procedimiento de
expropiación y el pago efectivo de la indemnización justipreciada a que
hubiere lugar, conforme al artículo 70 de la Constitución. En consecuen-
cia, debe ordenarse a la municipalidad emplazada el cumplimiento del
mandato judicial antes mencionado, bajo apercibimiento de aplicar to-
das las medidas previstas por el artículo 22 del Código Procesal Cons-
titucional, lo que deberá ser supervisado por el juez de ejecución, bajo
responsabilidad”207.

‰‰¿Procede interponer el recurso de agravio para solicitar cumplimien-


to de las sentencias del Tribunal Constitucional?
En efecto, eso es lo que sucedió, por ejemplo, en la RTC Exp. Nº 02090-
2008-PC/TC, cuyos hechos se relatan a continuación.

En este caso, se trataba de una sentencia emitida por el Tribunal Cons-


titucional (STC Exp. Nº 01020-2000-AC/TC) que había declarado fun-
dada la demanda de cumplimiento interpuesta por el Banco Continental
contra el Fonafe y el Ministerio de Economía, y que ordenaba el cumpli-
miento de lo establecido en el artículo 2 del Decreto Supremo Nº 007-
99-EF.

207 STC Exp. Nº 0592-2010-PA/TC, f. j. 10.

140
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

En etapa de ejecución de sentencia, sin embargo, se presentó un pro-


blema relativo a la liquidación de los intereses legales, dado que la Sala
Civil había resuelto ordenar una nueva liquidación asumiendo como ini-
cio del cálculo la fecha de expedición del Decreto Supremo Nº 044-97-
EF, esto es, el 30 de abril de 1997. En virtud a ello, el Banco Continental
interpuso recurso de agravio constitucional, que fue conocido vía queja
por el Tribunal Constitucional.
Al final, el Tribunal Constitucional declaró fundado el recurso de agra-
vio constitucional interpuesto y, en consecuencia, nula la resolución ex-
pedida por la Sala Civil, ordenando que se prosiga con la ejecución de
la sentencia de acuerdo a los considerandos expuestos en este nuevo
pronunciamiento del Tribunal.

Al momento de resolver asunto, el Tribunal Constitucional merituó que de-


bía entenderse que el nacimiento de la obligación económica se daba a par-
tir del Decreto Supremo Nº 008-92-TC, de fecha 19 de febrero de 1992, y no
desde la fecha de promulgación del Decreto Supremo Nº 004-97-EF, de fecha
29 de abril de 1997, es decir, cinco años después208.
A su vez, en cuanto al cálculo de los intereses, el Tribunal estimó que, si
bien no podía arrogarse las funciones del juez ordinario en materia de liquida-
ción de los intereses derivados de una deuda, sí era competente cuando se
comprueba una vulneración manifiesta de un derecho constitucional209, que
en el caso sublitis era el derecho del recurrente a la ejecución de las senten-
cias constitucionales en sus propios términos. En virtud a ello, conjeturó que
el derecho a cobrar intereses había nacido el 19 de febrero de 1992, no sien-
do necesaria ninguna operación ni determinación posterior.

‰‰¿Procede el recurso de agravio constitucional en fase de ejecución


de sentencia?
En reiteradas oportunidades, el Tribunal Constitucional ha señalado que, cuando
el proceso de amparo promovido por el recurrente se encuentra en la fase de ejecución
de sentencia, debe entenderse que el recurso de agravio constitucional no reúne los
requisitos previstos en el artículo 18 del CPConst, al no tratarse de una resolución de
segundo grado denegatoria de una acción de garantía210. Desde luego, ello no
debe interpretarse como una negación del recurso de agravio constitucional a fa-
vor del cumplimiento de las sentencias que aquí hemos revisado, sino en el sen-
tido de que “no cualquier vicio” en la fase de ejecución amerita su impugnación a
través de dicho recurso.

208 RTC Exp. Nº 02090-2008-PC/TC, ff. jj. 14 y 15. Cabe señalar que esta resolución cuenta con los vo-
tos singulares de los magistrados Mesía Ramírez, Calle Hayen y Eto Cruz.
209 RTC Exp. Nº 02090-2008-PC/TC, f. j. 16.
210 Entre otras, vide. RTC Exp. Nº 00130-2006-Q/TC, f. j. 4; RTC Exp. Nº 00088-2010-Q/TC, f. j. 4;
RTC Exp. Nº 00299-2009-Q/TC, f. j. 4; etc.

141
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Modelo Nº 01:

Recurso de agravio constitucional a favor de la


ejecución de una sentencia del Tribunal Constitucional

Escrito Nº …
Cuaderno principal
Sumilla: Recurso de agravio constitucional
SEÑOR PRESIDENTE DE LA PRIMERA SALA CIVIL DE LA CORTE SUPERIOR DE
JUSTICIA DE LIMA
……………………………………, identificado con DNI Nº ………………. y
debidamente representado por ……………………….., con CAL Nº ……………,
con domicilio procesal en calle …………………… Nº ………………., Lima; en
el proceso de amparo seguido contra ………………………; a Ud. atentamen-
te digo:
Que recurro a su despacho con la finalidad de interponer recurso de agra-
vio constitucional contra ………………………, con el objeto de que se eje-
cute la sentencia expedida por el Tribunal Constitucional en el proceso de am-
paro signado con el Nº …………………….., de fecha ……………….. y
notificada el día ……………….., que declara fundada la demanda interpuesta por
……………………..
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha ……………..,

2. Que con fecha ……………..,

3. La demanda fue declarada ……………….. en primera instancia por con-


siderar que ………………………. Esta resolución fue confirmada por
………………. en atención a los mismos fundamentos. En consecuencia, in-
terpuse recurso de agravio constitucional ante el Tribunal Constitucional.

4. El Tribunal Constitucional, con fecha …………………., mediante sentencia


recaída en el Exp. ……………………., publicada en su página web el día
…………………….., declaró fundada mi demanda de amparo por estimar
que ………………………………………………………….

5. Teniendo como base este pronunciamiento expedido por el Tribunal Consti-


tucional, me apersoné ante el juez de ejecución a efectos de que se dispon-
ga que …………………….. Sin embargo, el mencionado juez, asumiendo un
comportamiento del todo cuestionable y violatorio de mis derechos, no se ha

142
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

pronunciado al respecto hasta la fecha, por lo que hoy interpongo recurso de


agravio constitucional ante su despacho.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO


1. El Tribunal Constitucional en el fundamento jurídico 8 de la resolución recaída
en el Exp. Nº 0168-2007-Q/TC, ha establecido como jurisprudencia vinculante
(según lo dispuesto en el artículo VI del T.P. del CPConst.) que el recurso de
agravio constitucional también procede cuando el juez de ejecución no cum-
ple con ejecutar “en sus propios términos” una sentencia del Tribunal Consti-
tucional que declara fundada una demanda de amparo. Asimismo, el Supremo
Intérprete de la Constitución ha habilitado este recurso para aquellos casos en
que la sentencia constitucional es ejecutada de manera defectuosa.

2. Recientemente, el Colegiado Constitucional, en la sentencia recaída en el Exp.


Nº 00004-2009-PA/TC, ha variado la denominación del “recurso de agravio
constitucional a favor del cumplimiento de las sentencias del Tribunal” por el
de “recurso de apelación por salto a favor de la ejecución de una sentencia del
Tribunal Constitucional”, precisando que las Salas Superiores están exonera-
das de conocer el recurso de apelación interpuesto contra la resolución del
juez de ejecución que declara actuado, ejecutado o cumplido el mandato de la
sentencia del propio Tribunal.

3. En el presente caso, y tal como se señaló en los fundamentos de hecho, la


sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº ………………..
declaró fundada la demanda de amparo interpuesta, ordenando que
……………………………

4. Aunado a ello, debe tenerse en cuenta que, de conformidad con el artículo 22


del CPConst., las sentencias emitidas en un proceso constitucional que cau-
sen ejecutoria se actúan inmediatamente y en sus propios términos por el juez
de la demanda, teniendo prevalencia sobre las expedidas en otro tipo de pro-
cesos. Asimismo, el artículo 50 del Reglamento Normativo del Tribunal Cons-
titucional señala que en los casos que las instancias judiciales no cumplan las
sentencias emitidas por el Alto Tribunal, este pondrá en conocimiento de la
Corte Suprema dicho suceso, sin perjuicio de lo señalado precedentemente.

III. VÍA PROCEDIMENTAL


El presente recurso de agravio constitucional debe ser tramitado conforme a
lo dispuesto en el artículo 18 del CPConst. y la sentencia del Tribunal Consti-
tucional emitida en el Exp. N° 00004-2009-PA/TC.

IV. MEDIOS PROBATORIOS


En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:

143
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

1. Copia de la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp.


Nº ………………., su fecha ………………………, que declara fundada la
demanda de amparo interpuesta.

POR LO TANTO
En atención a los argumentos expuestos, solicito a su despacho se admita a
trámite el presente recurso de agravio constitucional y, asimismo, se declare
fundado en su oportunidad, sin perjuicio de las responsabilidad que pudieran
derivarse conforme al artículo 8 del CPConst.

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:

Recurso de agravio constitucional a favor de la


ejecución de una sentencia del Poder Judicial

Escrito Nº …

Cuaderno principal

Sumilla: Recurso de agravio constitucional

SEÑOR PRESIDENTE DE LA SEGUNDA SALA CIVIL DE LA CORTE SUPERIOR DE


JUSTICIA DE LIMA
…………………………………, identificado con DNI Nº …………………. y
debidamente representado por ……………………….., con CAL Nº ……………,
con domicilio procesal en calle …………………… Nº ………………., Lima; en
el proceso de amparo seguido contra ………………………; a Ud. atentamen-
te digo:

144
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Que recurro a su despacho con la finalidad de interponer recurso de agravio cons-


titucional contra ………………………, con el objeto de que se ejecute la sen-
tencia expedida por la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima
en el proceso de amparo signado con el Nº …………………….., de fecha
……………….. y notificada el día ……………….., que declaró fundada mi de-
manda de amparo.
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha ……………..,

2. Que con fecha ……………..,

3. La demanda fue declarada fundada en primera instancia por considerar que


………………………. Esta resolución fue confirmada por la Corte Superior
de Justicia de Lima, en atención a los mismos fundamentos.

4. Teniendo como base este pronunciamiento expedido por la mencionada Sala


Civil, me apersoné ante el juez de ejecución a efectos de que se disponga que
…………………….. Sin embargo, el mencionado juez, asumiendo un com-
portamiento del todo cuestionable y violatorio de mis derechos, declaró archi-
vado el proceso, argumentando que …………………………, por lo que hoy
interpongo el presente recurso de agravio constitucional a fin de que dicha
sentencia emitida por el Poder Judicial sea cumplida en sus propios términos.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. El Tribunal Constitucional, en el fundamento jurídico 8 de la resolución recaída


en el Exp. Nº 0168-2007-Q/TC, ha establecido como jurisprudencia vinculante
(según lo dispuesto en el artículo VI del T.P. del CPConst.) que el recurso de
agravio constitucional también procede cuando el juez de ejecución no cum-
ple con ejecutar “en sus propios términos” una sentencia del Tribunal Consti-
tucional que declara fundada una demanda de amparo. Asimismo, el Supremo
Intérprete de la Constitución ha habilitado este recurso para aquellos casos en
que la sentencia constitucional es ejecutada de manera defectuosa.

2. Recientemente, el Colegiado Constitucional, en la sentencia recaída en el Exp.


Nº 00004-2009-PA/TC, ha variado la denominación del “recurso de agravio
constitucional a favor del cumplimiento de las sentencias del Tribunal” por el
de “recurso de apelación por salto a favor de la ejecución de una sentencia del
Tribunal Constitucional”, precisando que las Salas Superiores están exonera-
das de conocer el recurso de apelación interpuesto contra la resolución del
juez de ejecución que declara actuado, ejecutado o cumplido el mandato de la
sentencia del propio Tribunal.

145
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

3. Aunado a ello, y a los efectos del presente caso, importa señalar que el Tri-
bunal ha interpretado que el recurso de agravio constitucional también proce-
de cuando la sentencia incumplida o cumplida defectuosamente ha sido ex-
pedida por el Poder Judicial. En efecto, en el fundamento 9 de la RTC Exp. Nº
0201-2007-Q/TC, el Tribunal Constitucional ha señalado que se hace necesa-
rio una interpretación acorde con la protección de los derechos fundamenta-
les, de acuerdo con el marco constitucional y legal vigente, que garantice la
correcta ejecución de las sentencias estimatorias recaídas dentro de los pro-
cesos constitucionales, expedidas por el Poder Judicial.

4. En el presente caso, y tal como se señaló en los fundamentos de hecho, la sen-


tencia de la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de Justicia recaída en el Exp.
Nº ……………….. declaró fundada la demanda de amparo interpuesta, orde-
nando que ……………………………

5. Aunado a ello, debe tenerse en cuenta que, de conformidad con el artículo 22


del CPConst., las sentencias emitidas en un proceso constitucional que causen
ejecutoria se actúan inmediatamente y en sus propios términos por el juez de la
demanda, teniendo prevalencia sobre las expedidas en otro tipo de procesos.

III. VÍA PROCEDIMENTAL


El presente recurso de agravio constitucional debe ser tramitado conforme a lo
dispuesto en el artículo 18 del CPConst. así como en base a la resolución del
Tribunal Constitucional recaída en el Exp. N° 0201-2007-Q/TC.

IV. MEDIOS PROBATORIOS


En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:

Copia de la sentencia emitida por la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de


Justicia de Lima, recaída en el Exp. Nº ………...........................………., su
fecha ………………………, que declara fundada la demanda de amparo in-
terpuesta.

POR LO TANTO
Solicito a Ud., señor Juez, que admita a trámite el presente recurso de agravio
constitucional y, asimismo, se declare fundado en su oportunidad, sin perjuicio
de las responsabilidad que pudieran derivarse conforme al artículo 8 del CPConst.

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

146
7
El amparo contra amparo a
favor del cumplimiento de las
sentencias
1. Normativa aplicable
El artículo 200, inciso 2 de la Constitución señala ex-
presamente que la acción de amparo no procede “contra
resoluciones judiciales emanadas de procedimiento regu-
lar”. Por su parte, el artículo 5, inciso 6 del CPConst. es-
tablece que no proceden los procesos constitucionales
cuando “se cuestione una resolución firme recaída en otro
proceso constitucional”.

2. Marco doctrinario
Los procesos constitucionales de la libertad (amparo,
hábeas corpus, hábeas data y cumplimiento) han sido di-
señados, primigeniamente, como mecanismos urgentes y
perentorios para tutelar los derechos fundamentales de las
personas, razón por la cual, cuando una determinada de-
manda constitucional es declarada fundada por el juez o
los tribunales, el mandato concreto reparador ha de con-
sistir necesariamente en la reposición de las cosas al es-
tado anterior a la violación o amenaza del derecho o dere-
chos involucrados.
No obstante ello, lo que se da por sentado en afirma-
ciones como esta, y que no por obvio deja de ser impor-
tante, es que el resultado de dicho proceso constitucio-
nal implica necesariamente la obtención de una sentencia
“constitucional”, esto es, una decisión jurisdiccional arre-
glada a derecho y al cuadro de valores materiales que la
Constitución defiende, y no solo una sentencia expedida
por un determinado órgano jurisdiccional. Dicho en otras

147
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

palabras: los procesos constitucionales derivan siempre (o deberían derivar


siempre) en sentencias firmes compatibles con la Constitución.
Es por ello que, cuando nos encontramos ante la evidencia de una senten-
cia constitucional que ha sido expedida con violación de algún derecho fun-
damental, surge la necesidad de habilitar los mecanismos necesarios para
revertir la situación inconstitucional detectada. Uno de esos mecanismos,
precisamente, viene a ser el “amparo contra amparo”, cuya finalidad consiste
en evaluar la constitucionalidad del acto lesivo manifestado en una sentencia
recaída en un proceso constitucional previo. Ello, a pesar de que, como he-
mos visto, el artículo 200, inciso 2 de la Constitución y el artículo 5, inciso 6
del CPConst., parecieran rechazar inicialmente esta posibilidad.
En realidad, ha sido el propio Tribunal Constitucional el que, a través de su
jurisprudencia, ha ido perfilando la procedencia del amparo contra amparo en
nuestro ordenamiento procesal constitucional, en el entendido de que, si bien
este mecanismo se encuentra prohibido por el mencionado artículo 5, inciso 6
del CPConst., cuenta con una fuente directa en el artículo 200, inciso 2 de la
Constitución211, artículo que no hace distinción alguna en relación a si el pro-
cedimiento “regular” debe ser un proceso constitucional o no. Sin embargo, el
Colegiado ha considerado que se trata aquel de un recurso excepcional (una
“excepción de la excepción”), dado que deben preferirse valores tales como la
seguridad jurídica, la cosa juzgada y la urgencia de los procesos constitucio-
nales, sin perjuicio de la posibilidad de acceder a los organismos internacio-
nales212. Asimismo, el amparo contra amparo, a criterio del Tribunal, requiere
de la existencia de una violación manifiesta del contenido constitucionalmente
protegido de un derecho fundamental, y no así la concurrencia de meras defi-
ciencias procesales de orden legal213.
¿En qué momento, pues, el amparo contra amparo se convierte en un me-
canismo idóneo para lograr el cumplimiento de las sentencias constitucionales?
Respondemos esta pregunta en el siguiente apartado.

3. Desarrollo jurisprudencial
Al igual que el recurso de agravio constitucional, la vía del “amparo con-
tra amparo” ha sido también materia de constantes variaciones en la ju-
risprudencia del Tribunal Constitucional. De una revisión de los criterios vi-
gentes, es posible concluir que el “amparo contra amparo” constituye un
régimen atípico y excepcional, cuya regulación principal podemos encontrarla

211 STC Exp. Nº 03846-2004-PA/TC, f. j. 4.


212 STC Exp. Nº 04853-2004-PA/TC, f. j. 7
213 STC Exp. Nº 04853-2004-PA/TC, f. j. 6

148
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

en la STC Exp. Nº 4853-2004-AA/TC, siendo sus reglas de procedencia las


siguientes:
a) Solo procede cuando la vulneración constitucional resulta evidente o ma-
nifiesta214.
b) Opera por una sola y única vez, siempre que las partes procesales del pri-
mer y segundo amparo sean las mismas. De este modo, se trata de im-
pedir que el mecanismo del contraamparo se suceda de un modo inter-
minable, con excepción de aquellos casos en los que se haya excluido a
personas que debían estar en el proceso constitucional.
c) Aplica tanto contra resoluciones judiciales desestimatorias así como
contra las estimatorias. Lo que, en buena cuenta, es una diferencia con
el recurso de agracio constitucional, que solo procede contra resolucio-
nes desestimatorias (con excepción de los supuestos recientemente ha-
bilitados).
d) Se requiere acreditar la vulneración de uno o más derechos constituciona-
les, independientemente de la naturaleza de los mismos215.
e) Procede en defensa de la doctrina jurisprudencial vinculante establecida
por el Tribunal Constitucional.
f) Procede también en defensa de los terceros que no han participado en
el proceso constitucional cuestionado y cuyos derechos han sido vulne-
rados, así como respecto del recurrente que por razones extraordinarias,
debidamente acreditadas, no pudo acceder al agravio constitucional.
g) Se encuentra habilitado como mecanismo de defensa de los prece-
dentes vinculantes establecidos por el Tribunal Constitucional (STC
Exp. Nº 03908-2007-PA/TC, f. j. 8).
h) Finalmente, no aplica en contra de las decisiones emitidas por el Tribunal
Constitucional.

214 Al respecto, es importante aclarar que el Tribunal Constitucional ha señalado que, tratándose de
amparos en materia laboral, el amparo contra amparo solo será procedente cuando se haya dado
el cumplimiento previo o efectivo de la sentencia emitida en el primer proceso de amparo (STC
Exp. Nº 04650-2007-PA/TC, f. j. 5).
215 Como se sabe, este es el criterio asumido por el Tribunal desde la STC Exp. Nº 3179-2004-PA/
TC, en materia de amparo contra resoluciones judiciales, que es el “género” del amparo contra
amparo.

149
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

REGLAS DEL AMPARO CONTRA AMPARO


RÉGIMEN GENERAL
Evaluar la constitucionalidad de una sentencia recaída en un proceso consti-
Finalidad
tucional previo. Es un tipo de amparo contra resoluciones judiciales.

Requisito esencial Vulneración constitucional evidente o manifiesta.

Opera por una sola y única vez (excepto cuando se ha excluido a personas
Oportunidad
que debían estar en el proceso constitucional).

Tipos de resoluciones
Resoluciones estimatorias y desestimatorias.
impugandas

Derechos invocables Cualquier derecho constitucional, independientemente de su naturaleza.

• Procede en defensa de la doctrina jurisprudencial del TC.


Supuestos • Procede en defensa de los precedentes vinculantes del TC.
especiales • Procede en defensa de los terceros excluidos y del recurrente que no pudo
acceder al recurso de agravio constitucional.

Improcedencia No procede en contra de las sentencias del Tribunal Constitucional.

Es precisamente en este escenario, que el Tribunal Constitucional ha op-


tado por admitir, a través de sus fallos, la procedencia del “amparo contra am-
paro” como mecanismo para solicitar el cumplimiento de las sentencias cons-
titucionales. En estos casos, como es evidente, lo que se cuestiona es el
incumplimiento o la desnaturalización de la sentencia constitucional, y no
así la inconstitucionalidad de la misma (como sucede en el régimen general).
Por ello, no le falta razón a quienes opinan que, en este específico supuesto,
antes que del amparo contra amparo, es preferible hablar del amparo a favor
del amparo216.
Originalmente, esta posición fue asumida en la STC Exp. Nº 1102-2000-
AA/TC, en la cual se resolvió un proceso de amparo contra una resolución
que desnaturalizaba la ejecución de una sentencia estimatoria de amparo
emitida por el Tribunal Constitucional, si bien el asunto fue analizado a la luz
de la derogada Ley Nº 23506. En este caso, el razonamiento del Tribunal fue
el siguiente:
“[L]a situación que se juzga violatoria de derechos constitucionales no
se refiere a una mera anomalía o irregularidad procesal, sino a un pro-
ceso específicamente convertido en irregular en la etapa de ejecución
de sentencia, lo que en consecuencia, no puede habilitar sin más, y

216 SÁENZ DÁVALOS, Luis: “El amparo contra amparo en el Perú. Estado actual de la cuestión
a la luz de los precedentes existentes (Exps. Nºs 4853-2004-PA/TC y 3908-2007-PA/TC)”. En:
VELEZMORO, Fernando (coordinador). Comentarios a los precedentes vinculantes del Tribunal
Constitucional. Grijley, Lima, 2010, p. 394.

150
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

como se ha hecho en la sede judicial, la aplicación del artículo 10 de la


Ley Nº 25398 en concordancia con el inciso 2) del artículo 6 de la Ley
Nº 23506 y el inciso 2) del artículo 200 de la Constitución Política del
Estado, sino y por el contrario, un pronunciamiento sobre el fondo del
asunto y que precisamente incida respecto de la transgresión o no del
derecho fundamental al debido proceso en algunas de sus variables.
[T]ampoco […] resulta admisible que los contenidos de una resolución
estimatoria puedan ser reinterpretados en vía de ejecución y que in-
cluso tal procedimiento se realice de forma contraria a los propios ob-
jetivos restitutorios que con su emisión se pretende. Producida una
sentencia estimatoria, y determinado un resultado a partir de sus fun-
damentos, es indiscutible que no pueden, estos últimos, ser dirigidos
contra la esencia de su petitorio, de manera tal que este termine por
desvirtuarse”217.
Posteriormente, y ya en tiempos más cercanos, el Tribunal Constitucional
ha reafirmado este criterio en la STC Exp. Nº 4063-2007-PA/TC, en el marco
de un proceso de amparo contra una resolución que había declarado inejecuta-
ble una sentencia estimatoria de amparo emitida por el Poder Judicial. En este
caso, el Colegiado sentenció que:
“[A]ún cuando las (…) reglas del amparo contra amparo han sido con-
figuradas bajo la lógica de que lo que se cuestiona en sede constitu-
cional es una sentencia emitida en un anterior proceso constitucional,
nada impide invocarlas cuando, como ocurre en el caso de autos, el
proceso se torna inconstitucional en cualquiera de sus otras fases o
etapas, incluso en la de ejecución de sentencia”218.
Finalmente, un reciente pronunciamiento del Tribunal, recaído en la STC
Exp. Nº 04657-2008-PA/TC, ha venido a consolidar esta importante línea
jurisprudencial al merituar, en el marco de un proceso de amparo interpuesto
a favor del cumplimiento total de una sentencia estimatoria de amparo emiti-
da por el Tribunal Constitucional, que cuando lo que se cuestiona no es stric-
to sensu una sentencia, sino el incumplimiento injustificado de ella:
“[C]onsidera este Tribunal, que el régimen amparo contra amparo re-
sulta igualmente aplicable, al tratarse de incidencias inconstituciona-
les acontecidas durante la tramitación de un proceso constitucional”219.
Un elemento adicional de esta última sentencia, que merece destacarse,
es el criterio asumido por el Tribunal en el sentido de que cuando el acto lesi-
vo consiste en la conducta renuente de un magistrado a ejecutar una decisión

217 STC Exp. Nº 1102-2000-AA/TC, ff. jj. 2 y 7.


218 STC Exp. Nº 04063-2007-AA/TC, f. j. 3.
219 STC Exp. Nº 04657-2008-AA/TC, f. j. 9.

151
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

jurisdiccional, debe entenderse que el plazo prescriptorio establecido en el ar-


tículo 44 del CPConst. no ha operado, en la inteligencia de que se está aquí
frente a un acto de tracto sucesivo220.
A grandes rasgos, este es el régimen del amparo contra amparo a favor
del cumplimiento de las sentencias constitucionales. A modo de resumen, po-
dríamos decir que esta modalidad de contraamparo procede tanto respec-
to de las sentencias constitucionales emitidas por Poder Judicial, como de
aquellas otras expedidas por el propio Tribunal Constitucional. El trámite, por
supuesto, es el mismo que aquel que corresponde al amparo contra ampa-
ro, que es también una modalidad de amparo contra resoluciones judiciales.
Es inevitable, sin embargo, recordar que entre la figura del amparo contra
amparo, por un lado, y el recurso de agravio constitucional a favor del cumpli-
miento de las sentencias del Poder Judicial (RTC Exp. Nº 0201-2007-Q/TC) y
el recurso de apelación por salto a favor de la ejecución de las sentencias del
Tribunal Constitucional (STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC), por el otro, existe
una relación de alternatividad221. Esto quiere decir, en buena cuenta, que se
tratan ambos de mecanismos a los cuales el justiciable puede acceder libre e
indistintamente, según lo que resulte más conveniente a sus intereses, a sa-
ber: si por la rapidez que garantiza el recurso de agravio constitucional (o más
aún, el recurso de apelación per saltum), o si por la mejor y mayor sustan-
ciación que brinda el régimen del amparo contra amparo.
Como se vio anteriormente, el Tribunal ha establecido algunos criterios
para delimitar qué supuestos de inejecución de sentencias, deben ser vistas
a través del amparo contra amparo, y no a través del recurso de agravio cons-
titucional o del per saltum. Dichas materias son las siguientes222:
a) Cuando el cumplimiento de la sentencia comporte un debate sobre la
cuantificación del monto de la pensión de cesantía o jubilación, o de los
devengados, reintegros, intereses, costas o costos; y
b) Cuando el mandato de la sentencia constitucional cuya ejecución se pre-
tenda establece en forma clara y expresa que es de cumplimiento progre-
sivo.

220 STC Exp. Nº 04657-2008-AA/TC, f. j. 6. Los denominados “actos de tracto sucesivo” son aquellos
hechos, sucesos, acontecimiento o manifestaciones de voluntad que se han generado y se segui-
rán generando sin solución de continuidad; es decir, tienen una ejecución sucesiva, y sus efectos
se producen y reproducen periódicamente (STC Exp. Nº 03283-2003-AA/TC, f. j. 4).
221 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, f. j. 7 y STC Exp. Nº 02813-2007-PA/TC, f. j. 4.
222 STC Exp. Nº 00004-2009-PA/TC, f. j. 14.

152
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

"AMPARO CONTRA AMPARO" A FAVOR DE LA EJECUCIÓN DE LAS SENTENCIAS


CONSTITUCIONALES

SALA
JUZGADO TC
SUPERIOR

PRIMER
SENTENCIA SENTENCIA AMPARO
ESTIMATORIA ESTIMATORIA

RESOLUCIÓN JUEZ
EJECUCIÓN

No existe DEMANDA de
plazo AMPARO

SALA
JUZGADO TC
SUPERIOR
SEGUNDO
AMPARO

SENTENCIA SENTENCIA

153
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

AMPARO CONTRA AMPARO A FAVOR DEL CUMPLIMIENTO


DE UNA SENTENCIA CONSTITUCIONAL
Aun cuando las reglas del amparo contra amparo han sido configuradas bajo
la lógica de que lo que se cuestiona en sede constitucional es una sentencia
Fundamento
emitida en un anterior proceso constitucional, nada impide invocarlas cuando
el proceso se torna inconstitucional en su fase de ejecución.

Objeto: procede tanto a favor de sentencias constitucionales emitidas por el


Tribunal Constitucional así como por el Poder Judicial.

Plazo: cuando el acto lesivo consiste en la conducta renuente del juez a eje-
cutar una decisión jurisdicional, no opera el plazo prescriptorio establecido
en el artículo 44 del CPConst.

Trámite: el que corresponde a un amparo contra amparo.


Características Relación con el RAC a favor del cumplimiento de las sentencias: se trata
de recursos alternativos.

Supuestos especiales de procedencia


• Cuando el cumplimiento de la sentencia conlleve un debate sobre la cuanti-
ficación del monto de la pensión de cesantía o jubilación de los devengados,
de los reintegros, de los intereses o de las costas y costos.
• Cuando el mandato de la sentencia del TC establece en forma clara y ex-
presa que es de cumplimiento progresivo.

4. Preguntas de interés

‰‰¿Procede el proceso de cumplimiento para solicitar la ejecución de


una sentencia constitucional?
No procede. En efecto, el Tribunal Constitucional ha establecido
expresamente que el proceso de cumplimiento no es la vía idónea para
demandar el cumplimiento de las resoluciones judiciales, sean estas de
cualquier tipo; lo que sin embargo no ha impedido que el Colegiado, aún
en estos casos, disponga algunas medidas a favor del demandante, ante la
evidencia de una sentencia incumplida.

Así sucedió, por ejemplo, en la STC Exp. Nº 02376-2003-AC/TC, en la


cual, pese a declararse la improcedencia de una demanda de cumpli-
miento que pretendía hacer “cumplir” una sentencia de amparo, el Tri-
bunal estimó conveniente pronunciarse sobre la inconstitucional actua-
ción del magistrado de primera instancia, disponiendo que la sentencia
de amparo sea ejecutada según sus propios términos, bajo responsabi-
lidad del juez ejecutor. Además, puso en conocimiento de la Presiden-
cia de la Corte Superior de Justicia de Ica así como del Consejo Nacio-
nal de la Magistratura, la actuación del juez encargado; remitió copias

154
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

de la sentencia al Fiscal Provincial de turno para que adopte las medi-


das legales pertinentes; dejando a salvo el derecho de la parte accio-
nante para que inicie las medidas legales que correspondan contra la
emplazada, en caso no cumpla con liquidar la pensión en los términos
dispuestos en la sentencia de amparo.

De igual modo, en la STC Exp. Nº 00710-2004-AC/TC, el Tribunal


Constitucional declaró improcedente una demanda de cumplimiento
cuya real pretensión era que se cumpla una sentencia estimatoria de
amparo que ordenaba el otorgamiento de una pensión máxima de jubi-
lación más el pago de las pensiones devengadas. No obstante ello, el
Tribunal dispuso en el fallo que la sentencia de amparo sea ejecutada
según sus propios términos, bajo responsabilidad funcional del juez eje-
cutor, poniéndose en conocimiento de la Presidencia de la Corte Supe-
rior de Justicia de Ica, así como del Consejo Nacional de la Magistratura,
la actuación del juez encargado; remitiéndose copias al Fiscal Provincial
y dejando a salvo el derecho de la parte accionante para que inicie las
acciones legales pertinentes.

No obstante, es del caso mencionar que en la STC Exp. Nº 04080-2004-


AC/TC, el Tribunal aplicó la figura de la conversión procesal223 para trasladar la
controversia planteada por el demandante, desde un proceso de cumplimien-
to hacia un proceso de amparo. Se dilucidó así, pues, no un amparo a favor
del amparo, sino un amparo a favor del cumplimiento. Los hechos del caso
en mención son los siguientes:
El recurrente había interpuesto una demanda de cumplimiento contra
la Unidad de Gestión Educativa de Chincha, para que esta cumpla con
lo dispuesto en la Ley Nº 27684 y, en consecuencia, destine el 3% de
los recursos ordinarios al pago de las sentencias que tenían la calidad
de cosa juzgada. En sus alegatos, manifestaba que en otro proceso
de cumplimiento, un juzgado había ordenado que la UGE de Chincha
cumpla a su favor con lo dispuesto en una resolución administrativa, en
virtud de lo cual dicha entidad había emitido una resolución directoral
otorgando el crédito devengado, pero sin cumplir con pagarlo hasta la
fecha.
Al resolver el caso, el Tribunal Constitucional razonó que, más que la efi-
cacia de la ley, lo que importaba era la eficacia de la primera sentencia

223 Sobre los supuestos de procedencia de la conversión procesal, véase el reciente pronunciamien-
to recaído en la STC Exp. Nº 05761-2009-PHC/TC.

155
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

constitucional, lo que sin embargo no podía dilucidarse en un proceso


de cumplimiento, dado que las sentencias se cumplen “por su propio
mérito”.
A raíz de ello, el Tribunal convirtió el proceso de cumplimiento en uno
de amparo, en aplicación del principio iura novit curia. Y así, tras verifi-
car que el concreto acto lesivo había vulnerado el derecho del recurren-
te a la ejecución de las sentencias, declaró fundada la demanda, orde-
nando que la emplazada dé efectivo cumplimiento a las resoluciones
directorales que habían sido expedidas.

De esta forma, el Tribunal Constitucional mutó la vía procesal que había


sido activada por el demandante, pero manteniendo la pretensión que este
había formulado en su demanda. Al final, el objetivo fue alcanzado plenamen-
te, ya que se ordenó a la entidad emplazada cumplir con los actos administra-
tivos que habían sido emitidos, mas no acatados.

‰‰¿Procede el amparo contra amparo a favor del cumplimiento de las


sentencias desestimatorias?
Como se vio anteriormente, la STC Exp. Nº 04853-2004-AA/TC especifi-
ca que el amparo contra amparo procede tanto contra resoluciones judiciales
estimatorias así como desestimatorias.
Siendo esto así, no creemos que exista motivo alguno para hacer una ex-
cepción cuando se trata de un amparo a favor del amparo (o incluso de otro
proceso de la libertad), en la medida en que pueden existir casos en los que
una sentencia desestimatoria pueda tener algún contenido susceptible de ser
“ejecutado”.
Este último sería el caso, precisamente, de los procesos de cumplimien-
to orientados a lograr el “cumplimiento” de una sentencia constitucional –que
acabamos de revisar– en los que el Tribunal Constitucional, pese a declarar
la improcedencia de la demanda, avanza estableciendo ciertas órdenes con-
cretas, las cuales en nuestro concepto podrían perfectamente ser materia de
“ejecución”, en el supuesto de que no se acaten voluntariamente.

‰‰¿Procede el amparo a favor del cumplimiento de una sentencia emi-


tida en un proceso constitucional de tutela de derechos distinto al
amparo?
En efecto, como ya se vio anteriormente, este fue el caso de la STC Exp.
Nº 04080-2004-AC/TC, en la cual se llegó a ese resultado a través de la figu-
ra de la conversión procesal.

156
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Pero un caso más claro y directo, y ciertamente interesante, fue el diluci-


dado en la STC Exp. Nº 01797-2010-PA/TC, que trata sobre un proceso de
amparo interpuesto a favor de la ejecución de una sentencia de cumplimien-
to emitida por el Poder Judicial.

En esta ocasión se trataba de una sentencia estimatoria de cum-


plimiento, emitida por la Primera Sala Especializada Civil de Piura,
que ordenaba el cumplimiento de la Resolución Jefatural Nº 252-
87-INAP/DNP así como la inscripción de los recurrentes en el libro
de planillas y la entrega de las boletas de pago correspondientes,
respetándose el tiempo de servicios que habían acumulado en su
entidad empleadora.
Sin embargo, tiempo después los recurrentes interpusieron una de-
manda de amparo con el fin de que la susodicha sentencia de cumpli-
miento sea cumplida en sus justos términos.
Al final, el Tribunal Constitucional declaró fundada la demanda y, en
consecuencia, nulas las resoluciones judiciales que habían declarado
el archivo definitivo del proceso de cumplimiento.

Al momento de resolver la causa, el Tribunal afirmó que se había incum-


plido la sentencia emitida en el proceso de cumplimiento, esgrimiendo que:
“[S]i bien es cierto que, después de varios requerimientos efectuados
en la etapa de ejecución (multas, remisión de los actuados al Ministerio
Público) (…) la Dirección Regional de Salud de Piura reincorporó a los
demandantes en la Planilla Única de Pagos y en fecha posterior entre-
gó las boletas de pago correspondientes, a criterio de este Colegiado,
tales actos implicaron un cumplimiento parcial del mandato establecido
en la sentencia recaída en el proceso de cumplimiento, por cuanto en
ella se precisa que la reincorporación de los recurrentes debía efectuar-
se reconociéndoles su antigüedad. Es decir, reconocer su pase a pla-
nilla desde la fecha en que ingresaron en la Dirección Regional de Sa-
lud de Piura, y no recién a partir del 1 de setiembre de 2009, tal como
se ha consignado en las boletas de pagos emitidas (…)”224.
Lo mismo cabe decir respecto al pronunciamiento del Tribunal recaído en
la STC Exp. Nº 02813-2007-PA/TC, que trata sobre un proceso de amparo in-
terpuesto contra la resolución judicial que desnaturalizaba una sentencia es-
timatoria del Tribunal Constitucional expedida en un proceso de hábeas data.
Veamos:

224 STC Exp. Nº 01797-2010-PA/TC, f. j. 19.

157
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

El caso hace alusión a una sentencia estimatoria de hábeas data pro-


nunciada por el Tribunal Constitucional (STC Exp. Nº 02579-2003-
PHD/TC), en la cual se había ordenado al CNM a que entregue a la re-
currente, entre otras cosas, el Informe de la Comisión Permanente de
Evaluación y Ratificación, referente a su conducta e idoneidad en el
cargo que ejercía como Vocal Superior de la Corte Superior de Justi-
cia de Lambayeque.
En ejecución de sentencia, el Tercer Juzgado Especializado en lo Civil de
Chiclayo emitió la Resolución Nº 22, a través de la cual declaró la nulidad
de la Resolución Nº 16 (que había ordenado al CNM cumplir con entre-
gar copia del mencionado informe). El argumento utilizado por el juzga-
do, que reproducía el esgrimido por el CNM, consistía en sostener que
no estaba obligado a entregar lo requerido debido a que “la resolución
por la cual se materializa la decisión del CNM de ratificar o no ratificar a
un magistrado no se sustenta ni hace referencia a este informe”.
Ante ello, la recurrente interpuso demanda de amparo a favor del
cumplimiento de la sentencia de hábeas data, la cual finalmente fue
estimada por el Tribunal Constitucional, declarando nula la Resolu-
ción Nº 22 y ordenando al juez ejecutor expedir nueva resolución de
acuerdo a lo expresamente ordenado en la sentencia de hábeas data,
bajo apercibimiento de aplicarse las medidas establecidas en el artículo
22 del CPConst.

El principal argumento sostenido por el Tribunal Constitucional para deci-


dir como decidió fue el siguiente:
“[S]i bien el Tribunal Constitucional condicionó la entrega del Informe
de la Comisión Permanente de Evaluación y Ratificación al hecho de
que en el acuerdo de no ratificación de la recurrente por parte del CNM
se hiciera referencia al citado Informe, la constatación fáctica de dicha
referencia quedaba bajo cargo y responsabilidad del juez ejecutor de
sentencia. Este último, sin embargo, en lugar de proceder conforme a
lo que le había encomendado este Colegiado, procedió a tomar como
cierta e indiscutible la versión asumida por el CNM a través de su recur-
so de nulidad promovido contra la Resolución Nº 16, en el sentido de
que el acuerdo de no ratificación no hace referencia al tantas veces ci-
tado informe. En otras palabras y en lugar de solicitar al CNM el acuer-
do de no ratificación y la copia del Informe correspondiente, para él
mismo verificar si existía o no la citada referencia, prefirió tomar como

158
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

indiscutibles las afirmaciones del órgano emplazado, dando como cier-


ta una situación que a dicho juzgador no le constaba”225.
En atención a ello, y merituando que este comportamiento del juez de-
notaba no solo una voluntad de incumplimiento sino un proceder manifiesta-
mente parcializado, el Tribunal consideró que se había producido una vulne-
ración de la cosa juzgada y del derecho a la ejecución de las sentencias, sin
perjuicio de las responsabilidades que puedan verificarse en la vía corres-
pondiente226.
En fin, es posible afirmar que las figuras alternas al amparo contra ampa-
ro (vale decir, en sus modalidades de amparo contra hábeas corpus227, am-
paro contra hábeas data228 y amparo contra cumplimiento229) resultan igual-
mente aplicables cuando lo que se persigue es el eficaz cumplimiento de una
sentencia constitucional emitida en otro proceso de tutela de derechos distin-
to al proceso de amparo.

‰‰¿El amparo a favor de la ejecución de una sentencia de ampa-


ro debe cumplir con las reglas de procedencia establecidas en la
STC Exp. Nº 04853-2004-AA/TC?
A pesar de que el Tribunal no lo diga expresamente, creemos que sí debe-
ría cumplirlas mutatis mutandi porque, en todo caso, el amparo a favor de la
ejecución de una sentencia de amparo constituye, técnicamente, un proceso
constitucional interpuesto contra otro proceso constitucional. De esta mane-
ra, esta interposición debe cumplir con los requisitos de procedencia estable-
cidos en la STC Exp. Nº 04853-2004-AA/TC, que hacen de él un mecanismo
realmente atípico y excepcional: vulneración manifiesta, procedencia por una
sola vez contra resoluciones estimatorias y desestimatorias (en vía de ejecu-
ción, desde luego), vulneración de uno o más derechos constitucionales (que
en este caso sería el derecho a la tutela judicial efectiva y a la cosa juzgada),
interposición a favor del respeto de la doctrina jurisprudencia y precedentes
vinculantes del Tribunal (en la medida en que ellos sean ignorados en la eta-
pa de ejecución), y a favor de terceros y de los recurrentes (en tanto no ha-
yan participado en la etapa de ejecución de la sentencia). Finalmente, el am-
paro a favor del amparo no sería procedente para impugnar una decisión del
Tribunal en vía de ejecución de sus sentencias.

225 STC Exp. Nº 02813-2007-PA/TC, f. j. 23.


226 STC Exp. Nº 02813-2007-PA/TC, f. j. 24.
227 Vide STC Exp. Nº 01761-2008-AA/TC; STC Exp. Nº 02727-2006-PA/TC.
228 Vide la antes citada STC Exp. Nº 02813-2007-PA/TC.
229 Vide STC Exp. Nº 01975-2002-AA/TC; STC Exp. Nº 0194-2005-PA/TC; STC Exp. Nº   03590-
2006-PA/TC; STC Exp. Nº 0571-2006-PA/TC.

159
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Puede el amparo contra amparo ser interpuesto por la parte deman-


dada?
Originalmente, el mecanismo del contra amparo, en tanto que medio para
lograr la ejecución de las sentencias constitucionales, ha sido diseñado pen-
sándolo como un recurso que se encuentra a disposición del demandante, a
quien la ejecución “beneficia”.
No obstante, y como señaláramos al inicio de la presente guía, el derecho
a la ejecución de las resoluciones judiciales “en sus propios términos” es tan-
to una garantía del demandante así como del demandado, sobre todo si se
tiene en cuenta que también este último podría verse afectado por una ejecu-
ción defectuosa o desnaturalizada. Todo ello nos lleva a concluir que, por ra-
zones de equidad, también el demandado debe contar con el mecanismo del
amparo contra amparo para hacer frente a este tipo de situaciones que, indu-
dablemente, afectan directamente sus intereses.

Modelo N 01:

Amparo a favor del amparo

Escrito Nº …
Cuaderno principal
Sumilla: Interpongo recurso de amparo

SEÑOR JUEZ DEL ……………. JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LA


CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE LIMA
………………………………………, identificado con DNI Nº ……………. y
debidamente representado por ……………………….., con CAL Nº ……………,
con domicilio procesal en calle …………………… Nº ………………., Lima; en
el proceso de amparo seguido contra ………………………; a Ud. atentamen-
te digo:
Que recurro a su despacho con la finalidad de interponer recurso de amparo con-
tra ………………………, con el objeto de que se ejecute “en sus propios térmi-
nos” la sentencia expedida por el Tribunal Constitucional en el proceso de amparo
signado con el Nº …………………….., de fecha ……………….. y notificada el
día …………….., que declaró fundada mi demanda de amparo.

160
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha ……………..,

2. Que con fecha ……………..,

3. La demanda fue declarada fundada en primera instancia por considerar que


………………………. Esta resolución, sin embargo, fue revocada por la
Corte Superior de Justicia de Lima, en atención a los siguientes fundamentos:
………………. Ante ello, presenté recurso de agravio constitucional, el cual
fue declarado fundado por el Tribunal Constitucional mediante sentencia recaí-
da en el Exp. Nº ………………………, de fecha ………………………., pu-
blicada en la página web del Tribunal con fecha ………………………….

4. Teniendo como base este pronunciamiento expedido por el Tribunal Cons-


titucional, me apersoné ante el juez de ejecución a efectos de que se dispon-
ga que …………………….. Sin embargo, el mencionado juez, asumien-
do un comportamiento a todas luces arbitrario y, ciertamente, violando mis
derechos fundamentales, declaró archivado el proceso, argumentando que
…………………………, por lo que hoy interpongo el presente proceso de am-
paro a fin de que dicha sentencia emitida por el Supremo Intérprete de la Consti-
tución sea cumplida en sus justos términos y de manera inmediata.
II. FUNDAMENTOS DE DERECHO
1. El Tribunal Constitucional en el fundamento jurídico 3 de la sentencia recaída en
el Exp. Nº 04063-2007-AA/TC ha establecido que, aún cuando las reglas del
amparo contra amparo han sido configuradas bajo la lógica de que lo que se
cuestiona en sede constitucional es una sentencia emitida en un anterior proce-
so constitucional, nada impide invocarlas cuando el proceso se torna inconsti-
tucional en cualquier otra de sus fases o etapas, como lo es la fase de ejecución
de sentencia. Esta línea jurisprudencial tiene como antecedente la sentencia
recaída en el Exp. Nº 1102-2000-AA/TC, y ha sido reafirmada en la STC Exp.
Nº 04657-2008-PA/TC.
2. En el presente caso, y tal como se señaló en los fundamentos de hecho, la
sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº ………………..
declaró fundada la demanda de amparo interpuesta, ordenando que
……………………………
3. Aunado a ello, debe tenerse en cuenta que, de conformidad con el artículo 22
del CPConst., las sentencias emitidas en un proceso constitucional que causen
ejecutoria se actúan inmediatamente y en sus propios términos por el juez de la
demanda, teniendo prevalencia sobre las expedidas en otro tipo de procesos.

161
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

III. VÍA PROCEDIMENTAL


El presente proceso de amparo debe ser tramitado conforme a lo dispuesto en
la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. N° 04063-2007-PA/
TC.
IV. MEDIOS PROBATORIOS
En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:
Copia de la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, recaída en el Exp.
Nº ………………., su fecha ………………………, que declara fundada la
demanda de amparo interpuesta.
POR LO TANTO
Solicito a Ud., señor Juez, que admita a trámite el presente proceso de amparo y,
asimismo, se declare fundado en su oportunidad, sin perjuicio de las responsabili-
dad que pudieran derivarse conforme al artículo 8 del CPConst.

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:

Amparo a favor de sentencia de cumplimiento

Escrito Nº …
Cuaderno principal
Sumilla: Interpongo recurso de amparo

SEÑOR JUEZ DEL ……………. JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LA


CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE LIMA

162
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

……………………………………, identificado con DNI Nº ………………. y de-


bidamente representado por …………………………..........…………., con CAL
Nº ………………, con domicilio procesal en calle ……..................………………
Nº ………………., Lima; a Ud. atentamente digo:
Que recurro a su despacho con la finalidad de interponer recurso de amparo contra
la Oficina de Normalización Previsional, con el objeto de que se ejecute “en sus pro-
pios términos” la sentencia expedida por el Tribunal Constitucional en el proceso de
cumplimiento signado con el Nº …………………….., de fecha ………………..
y notificada el día ……………….., que declaró fundada mi demanda de cumpli-
miento.

I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Que con fecha …………….., interpuse demanda de cumplimiento contra la


Oficina de Normalización Provisional, con la finalidad de que se deje sin efec-
to la Resolución Nº ………………………., y en consecuencia, se me otorgue
la pensión de jubilación establecida en el Decreto Ley Nº 19990.

2. La demanda fue declarada fundada en primera instancia por considerar


que ………………………. Esta resolución, sin embargo, fue revocada por
la Corte Superior de Justicia de Lima, en atención a los siguientes funda-
mentos: ………………………….……. Ante ello, presenté recurso de agra-
vio constitucional, el cual fue declarado fundado por el Tribunal Constitucio-
nal mediante sentencia recaída en el Exp. Nº ………………………, de fecha
………………………., publicada en la página web del Tribunal con fecha
…………………………. La orden concreta de esta sentencia fue que se me
otorgara una pensión de jubilación de conformidad con lo establecido en el
Decreto Ley Nº 19990.

3. Teniendo como base este pronunciamiento expedido por el Tribunal Constitu-


cional, me apersoné ante el juez de ejecución a efectos de que se disponga que
…………………….. No obstante ello, en esta etapa, la Oficina de Normali-
zación Previsional realizó un cumplimiento defectuoso de la ejecutoria cons-
titucional, toda vez que calculó de modo erróneo referido a los devengados y
reintegros que por ley me corresponden. Por lo que hoy interpongo el presente
proceso de amparo a fin de que dicha sentencia emitida por el Supremo Intér-
prete de la Constitución sea cumplida en sus justos términos y de manera in-
mediata.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. El Tribunal Constitucional, en el fundamento jurídico 3 de la sentencia recaída


en el Exp. Nº 04063-2007-AA/TC, ha establecido que, aun cuando las reglas

163
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

del amparo contra amparo han sido configuradas bajo la lógica de que lo que se
cuestiona en sede constitucional es una sentencia emitida en un anterior proce-
so constitucional, nada impide invocarlas cuando el proceso se torna inconsti-
tucional en cualquier otra de sus fases o etapas, como lo es la fase de ejecu-
ción de sentencia. Esta línea jurisprudencia tiene como antecedente la STC Exp.
Nº 1102-2000-AA/TC, y ha sido reafirmada en la STC Exp. Nº 04657-2008-PA/
TC.

2. En el presente caso, y tal como se señaló en los fundamentos de hecho, la sen-


tencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. Nº ……………….. declaró
fundada la demanda de cumplimiento interpuesta, ordenando que se me otor-
gue pensión de jubilación de acuerdo al régimen establecido en el Decreto Ley
Nº 19990.

3. En ese sentido, recurro a este nuevo proceso constitucional, por cuanto según
lo establecido en el fundamento 14 de la STC Exp. Nº  00004-2009-PA/TC, los
casos en los cuales el cumplimiento de la sentencia “comporte un debate sobre
la cuantificación del monto de la pensión de cesantía o jubilación, o de los de-
vengados, reintegros, intereses, costas o costos”, corresponderá interponer el
proceso de amparo a favor del cumplimiento de la sentencia constitucional (en
lugar del recurso de agravio constitucional diseñado a dicho mismo fin), por re-
querirse de una mayor sustanciación y actividad.

III. VÍA PROCEDIMENTAL

El presente proceso de amparo debe ser tramitado conforme a lo dispuesto en la


sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Exp. N° 04063-2007-PA/TC.

IV. MEDIOS PROBATORIOS


En calidad de medios probatorios, ofrezco los siguientes documentos:

Copia de la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, recaída en el Exp.


Nº ………………., su fecha ………………………, que declara fundada la
demanda de cumplimiento.

POR LO TANTO
Solicito a Ud., señor Juez, que admita a trámite el presente proceso de amparo y,
asimismo, se declare fundado en su oportunidad, sin perjuicio de las responsabili-
dad que pudieran derivarse conforme al artículo 8 del CPConst.

Lima, ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

164
8
La ejecución de las sentencias
en los procesos de control
normativo
(procesos de inconstitucionalidad, de
acción popular y conflicto competencial)
1. Normativa aplicable
De primera mano, es posible advertir que no existe en
la Constitución ni en el CPConst. disposición normativa
alguna relacionada con la “ejecución” de las sentencias
recaídas en los procesos de control abstracto (inconstitu-
cionalidad, acción popular y competencial). Más adelante
veremos cómo ha respondido la jurisprudencia del Tribu-
nal Constitucional frente a este vacío.

2. Marco doctrinario
Por definición, cuando se plantea en la doctrina y en la
jurisprudencia el problema de la ejecución de las senten-
cias constitucionales, la controversia gira siempre (o casi
siempre) en torno a las sentencias que resuelven proce-
sos de tutela de derechos y, en especial, las sentencias
de amparo. Así pues, figuras tales como la “represión de
actos lesivos homogéneos”, la “actuación inmediata de la
sentencia” o el “recurso de agravio constitucional a favor
de la ejecución”, han permitido a la justicia constitucional
brindar una respuesta adecuada y oportuna frente a la exi-
gencia de materialización que es inherente a toda sen-
tencia que reconoce un derecho fundamental a la parte
demandante.
Pero esta centralidad que ocupan las sentencias de
amparo en el debate sobre la ejecución de las sentencias
constitucionales se explica no solo por la entidad de los
derechos que aquellas decisiones protegen, sino también

165
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

por una element al razón conceptual. Esta tiene que ver con dos preguntas
esenciales: en primer lugar, qué es lo que se entiende por ejecución y, en se-
gundo lugar, qué es lo que se puede ejecutar en el marco de los procesos
constitucionales.
Así pues, si por “ejecución” entendemos aquella actividad jurisdiccional a
través de la cual se ordena al condenado el cumplimiento de lo ordenado por
una determinada sentencia230, forzoso será concluir que dicho acto solo podrá
recaer sobre mandatos que ordenen un dar, un hacer o un no hacer. Dicho
en otras palabras: solo podrán ser materia de ejecución las llamadas “senten-
cias de condena”.
Ahora bien, si aplicamos esta definición al ámbito de los procesos consti-
tucionales, advertiremos que, por regla general, las sentencias constituciona-
les recaídas en los procesos de tutela de derechos son también, en esencia,
sentencias susceptibles de ser ejecutadas231. Y es que, como lo señala el ar-
tículo 1 del CPConst., la finalidad de esta clase de procesos no es otra que
proteger los derechos constitucionales “reponiendo las cosas al estado ante-
rior” a su violación o amenaza. Siendo ello así, cuando el juez constitucional
decide estimar una demanda de amparo, hábeas corpus o hábeas data, es
su deber emitir sentencia señalando aquel “mandato concreto dispuesto” (ar-
tículo 17, inciso 5 del CPConst.) que habrá de remediar los efectos del acto
lesivo detectado.
Una cosa distinta sucede en los procesos de control normativo y, en espe-
cial, los procesos de inconstitucionalidad. Aquí, es necesario tener en cuenta
que tanto la Constitución (artículo 204) como el CPConst. (artículo 81) han dis-
puesto expresamente que la sentencia que declara la inconstitucionalidad de
una norma surte efectos desde el día siguiente a su publicación en el diario ofi-
cial El Peruano. Esto quiere decir, en buena cuenta, que la decisión del Tribunal
Constitucional que anula una norma opera directamente sobre el ordenamiento
jurídico (ope sententiae), no requiriéndose de ninguna actividad ulterior para el
surtimiento de sus efectos. Algo similar cabe decir respecto de las sentencias
fundadas recaídas en el proceso de acción popular, cuya competencia exclu-
siva corresponde al Poder Judicial, las cuales tienen efectos generales y de-
ben publicarse en el mencionado diario oficial (artículo 81 del CPConst). Final-
mente, tratándose de las sentencias expedidas por el Tribunal Constitucional
en el marco de un proceso competencial, es preciso señalar que las mismas
vinculan a los poderes públicos y tiene plenos efectos frente a todos (artículo
113 del CPConst.).

230 MORENO CATENA, Víctor. La ejecución forzosa. Palestra, Lima, 2009, pp. 29-32.
231 Decimos “en esencia” dado que el Tribunal Constitucional ha interpretado que las sentencias re-
caídas en los procesos de la libertad tienen, también, una dimensión constitutiva, la cual está
comprendida por la interpretación que de la Constitución lleva a cabo el propio Tribunal en los ca-
sos concretos (STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, ff. jj. 21 al 27).

166
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

EFECTOS DE LAS SENTENCIAS ESTIMATORIAS RECAíDAS EN PROCESOS


DE CONTROL ABSTRACTO

• Dejan sin efecto las normas sobre las cuales se pronuncian.


• Tienen alcances generales y calidad de cosa juzgada.
• Carecen de efectos retroactivos.
Proceso de • Se publican íntegramente en el diario oficial El Peruano y producen efectos
inconstitucionalidad desde el día siguiente de su publicación.
(art. 81 CPConst.) • Cuando se declare la inconstitucionalidad de normas tributarias por violación
del artículo 74 de la Constitución, el Tribunal debe determinar de manera
expresa en la sentencia los efectos de su decisión en el tiempo y resolver lo
pertinente respecto de las situaciones jurídicas producidas mientras estuvo
en vigencia.
• Tienen efectos generales y calidad de cosa juzgada.
Proceso de acción • Se publican en el Diario oficial El Peruano.
popular • Pueden determinar la nulidad, con efecto retroactivo, de las normas
(art. 81 CPConst.) impugnadas. En tal supuesto, la sentencia debe determinar sus alcances en
el tiempo.

• Vincula a los poderes públicos.


• Tiene plenos efectos frente a todos.
Proceso • Determina los poderes o entes estatales a que corresponden las
competencial competencias o atribuciones controvertidas.
(art. 113 CPConst.) • Anula las disposiciones, resoluciones o actos viciados de incompetencia.
• Resuelve sobre las situaciones jurídicas producidas sobre la base de tales
actos administrativos.

Pues bien, en todos estos casos, bien podría afirmarse que las sentencias
fundadas recaídas en los procesos de inconstitucionalidad, de acción popular y
competencial, son siempre sentencias “declarativas”, y nunca “de condena”232.
Lo cual equivale a decir, naturalmente, que ninguna sentencia de este tipo po-
dría ser materia de ejecución en los términos que hemos descrito.
Con algunos matices, este esquema teórico podría ser aplicado tratán-
dose de sentencias desestimatorias recaídas en dichos procesos233 o, en su

232 Para matizar un poco más esta afirmación, es preciso aclarar que las sentencias estimatorias re-
caídas en los procesos de control normativo son “declarativas” cuando tienen efectos retroacti-
vos, vale decir, en materia tributaria (artículo 81 del CPConst.), en materia penal cuando favorece
al reo (artículo 103 de la Constitución, interpretado por el f. j. 51 de la STC Exp. Nº 0019-2005-PI/
TC) y eventualmente en el proceso de acción popular (artículo 81 del CPConst.); y son “consti-
tutivas”, en cambio, en todos los casos restantes, en los cuales dichas sentencias no poseen los
mencionados efectos.
233 En relación con la pregunta de si las decisiones desestimatorias del Tribunal en los procesos de in-
constitucionalidad tienen algún efecto y la forma en que, de ser así, estas pueden “ejecutarse”, nos
señala el profesor Grández Castro que el artículo 82 del CPConst. pareciera darnos una respuesta
a esta interrogante, al referirse ya en términos más generales a las sentencias del Tribunal Consti-
tucional en los procesos de inconstitucionalidad “que queden firmes”, y no ya en función de si son
estimatorias o no (GRÁNDEZ CASTRO, Pedro: “La ejecución de la sentencia constitucional”. En:
ETO CRUZ, Gerardo. La sentencia constitucional en el Perú. ARA, Arequipa, 2010, p. 84).

167
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

caso, cuando se trata de sentencias de estimación parcial. En cualquier caso,


sin embargo, la respuesta sería siempre una y solo una: las sentencias recaí-
das en procesos de control normativo (y en el proceso competencial) no re-
quieren ser ejecutadas. Por lo demás, así también parece haberlo entendido
nuestro Tribunal Constitucional, cuando señala que, en el caso del proceso
de inconstitucionalidad de la ley, “la ejecución de la sentencia no ofrece ma-
yores problemas”234.
A nuestro criterio, si bien esta conclusión se deriva fácilmente de una pri-
mera aproximación al asunto, un razonamiento más detenido sobre el tema
podría llevarnos a trazar una línea conceptual entre lo que son los efectos de
una sentencia recaída en procesos de control normativo o competencial, y lo
que viene a ser el cumplimiento de la misma. A nuestro juicio, esta posición
puede fundamentarse, de modo inicial, en las siguientes consideraciones:
a) En no pocas ocasiones, las sentencias recaídas en esta clase de proce-
sos (de control normativo y competencial) toman en consideración no solo
asuntos de carácter abstracto para evaluar la constitucionalidad de la norma
cuestionada, sino que también valoran determinadas situaciones subjeti-
vas235 y, asimismo, contienen órdenes concretas destinadas a ciertos opera-
dores jurídicos a efectos de pacificar la controversia sometida a su conoci-
miento.
b) Así, por ejemplo, muchas veces las sentencias que ponen fin a los proce-
sos de inconstitucionalidad condicionan la corrección constitucional de
la norma examinada a la observancia de un determinado criterio interpre-
tativo, el cual tiene carácter obligatorio para los operadores jurídicos236.

234 STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, f. j. 16. Para ser exactos, conviene acotar que el Tribunal en-
cuentra algunos problemas referidos a los efectos vinculantes de las sentencias desestimatorias,
lo que juzga como un debate inacabado, así como respecto a la ejecución de las interpretaciones
de la Constitución que lleva a cabo el Tribunal, sobre la justicia ordinaria.
235 Así, por ejemplo, en la STC Exp. Nº 00010-2002-AI/TC, el Tribunal estableció que la limitación
del derecho a patrocinar no más de una causa en materia de terrorismo, si bien no era incompa-
tible con la Constitución, podría llegar a serlo en su aplicación concreta, especialmente en aque-
llos ámbitos territoriales donde no exista la posibilidad de elección entre diversos profesionales
del Derecho; del mismo modo, la STC Exp. Nº 0004-2004-PI/TC, adonde el Tribunal, pese a con-
firmar la constitucionalidad de una norma tributaria, no descartó que ella resulte confiscatoria en
el caso concreto; también la STC Exp. Nº 0005-2007-PI/TC, en la cual se declaró la inconstitucio-
nalidad de una norma derogada, pero en base a la cual se habían emitido varias sentencias condena-
torias; finalmente, la STC Exp. Nº 0009-2008-PI/TC, en la cual se aceptó la posibilidad de que los
hechos luctuosos producidos durante la vigencia de una ley generen en ella un vicio de inconsti-
tucionalidad material.
236 A decir del profesor Grández Castro, la “ejecución” de este tipo de decisiones opera como la pro-
mulgación de cualquier ley. Su notificación a través del diario oficial, parece suficiente medida de
“ejecución” para que los preceptos que resultan “reducidos”, “sustituidos” o “aumentados” en su
dimensión normativa y de conformidad con la Constitución, tengan plena validez respecto de la
propia ley interpretada, a partir del día siguiente, y para el caso de autos, en el momento mismo
de producirse la decisión si se trata de una decisión estimatoria. Según el autor, en este caso, el
sustento jurídico sigue siendo aquel que desde el “bloque” de constitucionalidad y contemplada
en su propia Ley Orgánica (art. 1) otorga, al Tribunal Constitucional, la condición de “supremo in-

168
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

c) Por otro lado, en los procesos competenciales, las sentencias estimato-


rias no solo determinan a qué poderes o entes estatales corresponden las
competencias o atribuciones controvertidas (anulando las disposiciones vi-
ciadas de incompetencia), sino que también resuelven las situaciones jurí-
dicas producidas sobre la base de tales actos administrativos (artículo 113
del CPConst.).
De este modo, es posible apreciar que los conceptos de “fuerza de ley”,
“cosa juzgada” y “vinculación a los poderes públicos” que caracterizan a las
sentencias estimatorias de inconstitucionalidad (y mutatis mutandi a la sen-
tencia del proceso competencial), remiten a lo que bien podríamos denomi-
nar como los “efectos” de tales sentencias, es decir, aquellas consecuencias
jurídicas que han sido previstas en nuestro ordenamiento jurídico como inhe-
rentes a toda sentencia que declara la inconstitucionalidad de una norma con
rango de ley o definen una competencia o atribución constitucional. De ahí
que, en estricto, estos efectos sean siempre una consecuencia necesaria, y
nunca contingente, en esta clase de pronunciamientos emitidos por el Tribu-
nal Constitucional (y, en su caso, el Poder Judicial).
Una visión más cuidadosa de las cosas, sin embargo, exigiría tomar en
cuenta una categoría de análisis adicional a la mencionada, de la cual nada
se dice en nuestro ordenamiento jurídico, pero cuya importancia en modo al-
guno puede desdeñarse. Para todo fin práctico, denominaremos a esta ca-
tegoría como el cumplimiento de la sentencia de inconstitucionalidad o del
proceso competencial.
El cumplimiento de la sentencia recaída en un proceso de inconstitucio-
nalidad o competencial, a diferencia de sus efectos, es una cualidad de ocu-
rrencia posible, mas no necesaria. Esto quiere decir que el cumplimiento se
puede dar o no en el plano de la realidad, si bien esto no enerva los efec-
tos jurídicos propios de la decisión emitida, que se mantienen incólumes por
mandato constitucional y legal. La cuestión, desde luego, no es baladí si te-
nemos en cuenta que “la efectividad de la justicia constitucional encuentra su
aspecto central en la capacidad de las sentencias del juez de las leyes de po-
ner remedio a las violaciones de la Constitución, restableciendo la legalidad
constitucional violada”237.
Desde luego, las hipótesis de incumplimiento en esta clase de pronun-
ciamientos pueden ser tan variadas como complejas. Así por ejemplo, uno
podría imaginarse que la norma cuya inconstitucionalidad ha sido declarada
en una sentencia, siga siendo aplicada por los operadores jurídicos (jueces,

térprete” en su rol de defensa de la constitucionalidad de todo el sistema jurídico y no solo de la


Constitución (GRÁNDEZ CASTRO, Pedro. Ob. cit., p. 87).
237 GROPPI, Tania. “Corte Constitucional y principio de efectividad”. En: Revista Iberoamericana de
Derecho Procesal Constitucional. N° 11, enero-junio de 2009, p. 201.

169
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

abogados, funcionarios de la Administración, etc.) en sus respectivos ámbi-


tos de actuación y competencia; o que dicha aplicación no respete el crite-
rio interpretativo ofrecido por el Tribunal para salvar la constitucionalidad de
la norma. Asimismo, podría darse el caso de que el legislador reproduzca, a
través de un nuevo dispositivo legal, la norma que fue expulsada del ordena-
miento jurídico por la sentencia del Tribunal, supuesto en el cual nos encon-
traríamos frente a aquello que la doctrina y la jurisprudencia han denominado
como la “rebeldía del legislador”238.
En estos supuestos, como es evidente, no son los efectos de la senten-
cia los que resultan “afectados” pues, como se dijo, estos se producen ipso
iure, es decir, desde el momento mismo de la publicación oficial de la senten-
cia en el diario oficial El Peruano. En realidad, el eventual incumplimiento de
una sentencia de inconstitucionalidad o del proceso competencial no es solo
ni principalmente un problema que concierna al carácter abstracto de dicha
decisión jurisdiccional, sino que también es una consecuencia directa que se
deriva de las órdenes concretas contenidas en su ratio decidendi (la “norma
jurídica concreta” de la decisión239), y también, creemos, de la dimensión sub-
jetiva que se encuentra presente en los procesos de control abstracto.
En efecto, el incumplimiento de una sentencia de inconstitucionalidad o
del proceso competencial puede generar (y de hecho, genera) afectaciones
directas a los derechos fundamentales de las personas a quienes la norma
en cuestión alcanza. En ese contexto, es evidente que una finalidad de la
ejecución de sentencias de este tipo es también garantizar la plena vigen-
cia de esos derechos vulnerados, cuya consideración argumentativa aparece
a modo de ratio decidendi en la sentencia correspondiente. Se evidencia
aquí la denominada “dimensión subjetiva” de los procesos de control norma-
tivo y del proceso competencial, la cual es reconocida por el Tribunal Consti-
tucional en los siguientes términos:
“[A]unque el control concentrado de las normas tiene una finalidad in-
mediata, que es defender la supremacía normativa de la Constitución,
depurando el ordenamiento de aquellas disposiciones que la contra-
vengan, tiene, como fin mediato, impedir su aplicación, es decir, impe-
dir que estas puedan generar afectaciones concretas (subjetivas) a los
derechos fundamentales de los individuos. Pudiendo, incluso, en deter-
minados casos, declarar la nulidad de aplicaciones pasadas”240.

238 Cfr. STC Exp. Nº 01605-2006-PHC/TC, f. j. 7.


239 BOCANEGRA SIERRA, Raúl. El valor de las sentencias del Tribunal Constitucional. Instituto de Es-
tudios de Administración Local, Madrid, 1982, p. 235.
240 STC Exp. Nº 0020-2005-AI/TC y 0021-2005-AI/TC (acumulados), f. j. 18. A la misma conclusión
puede arribarse tratándose de procesos competenciales por conflicto positivo, donde la contro-
versia tiene su origen en la expedición de una norma con rango de ley, de conformidad con el ar-
tículo 110 segundo párrafo del CPConst. (Cfr., entre otras, la STC Exp. Nº 00002-2008-PCC/TC,
f. j. 3).

170
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

En suma, y en orden a las consideraciones expuestas, resulta válido afir-


mar, pues, que también en las sentencias recaídas en los procesos de control
abstracto (inconstitucionalidad, acción popular y competencial) es posible en-
contrar algún contenido “de condena” susceptible de ser ejecutado.

3. Desarrollo jurisprudencial
Los casos de incumplimiento arriba reseñados ponen en evidencia que
algunas veces las sentencias de los Tribunales Constitucionales, muy a pe-
sar de su carácter definitivo e inimpugnable, no solucionan per se el específi-
co conflicto constitucional que es sometido a su conocimiento. Desde luego,
este hecho no es un asunto privativo de algún modelo de justicia constitucio-
nal, sino que es inherente a la función contramayoritaria que le toca asumir al
Tribunal Constitucional en un Estado democrático (lo que incluye ciertamen-
te a su legitimidad de ejercicio), así como a la cultura jurídica imperante en
una determinada sociedad política.
Cabe entonces preguntarse: ¿cuál o cuales deberían ser los mecanismos ins-
titucionales adecuados para garantizar la eficacia práctica de las sentencias
constitucionales recaídas en los procesos de control abstracto? ¿Podría eri-
girse el Tribunal Constitucional en instancia de ejecución de sus propias de-
cisiones? Y de ser así, ¿hasta dónde podrían llegar estas facultades? Al res-
pecto, es de interés resaltar la opinión del profesor Pedro Grández sobre este
asunto, si bien circunscrita al ámbito de la “ejecución” de las interpretaciones
del Tribunal sobre la justicia ordinaria, que transcribimos:
“No existe, sin embargo, en estos supuestos, mecanismos procesa-
les (y parece aconsejable que tampoco los haya), a efectos de que el
Tribunal actúe en defensa de sus propias interpretaciones de determi-
nado precepto enjuiciado previamente. Si bien el propio artículo VI del
Código Procesal Constitucional establece que los jueces no pueden
inaplicar una norma cuya constitucionalidad ha sido confirmada por el
Tribunal en un examen realizado sobre el fondo, también en estos su-
puestos, el juez ordinario, podría eventualmente considerar determina-
dos supuestos no examinados a la hora de hacer el control abstracto,
estableciendo que tal o cual presupuesto no ha sido enjuiciado por el
Tribunal. En estos casos, es siempre mejor, en un sistema que requie-
re una ‘armoniosa convivencia’ entre Poder Judicial y Tribunal Constitu-
cional, apelar a una cultura de un mutuo self restraint, a efectos de que
tales actuaciones sean compatibles, en el terreno práctico, con una me-
jor protección de los derechos fundamentales. Esto no supone desde
luego una regla que en abstracto hay que proclamar para no crear con-
flictos entre órganos, sino, en todo caso, de poner en práctica el prin-
cipio de mayor protección de los derechos fundamentales, mediante el

171
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

que podría incluso, en un determinado caso, romperse de algún modo


el “pacto” de no intervención”241.
Precisamente, ese principio de “mayor protección de los derechos funda-
mentales” debería ser el criterio que permita fundamentar la creación de un
“incidente” de ejecución de sentencias en los procesos de control abstracto,
sin perjuicio de que dicho mecanismo cuente con la flexibilidad necesaria para
desalentar el enfrentamiento de poderes.
En ese orden de ideas, resulta de especial interés referirnos al aporte de dos
recientes resoluciones aclaratorias emitidas por el Tribunal Constitucional (RTC
Nº 00023-2007-PI/TC y RTC Nº 0031-2008-PI/TC), en las cuales se aborda por
vez primera el asunto de la ejecución de las sentencias constitucionales recaí-
das en los procesos de inconstitucionalidad. En concreto, el razonamiento prin-
cipal esgrimido allí es el siguiente: si el proceso de inconstitucionalidad es uno
de instancia única, ello supone que el Tribunal Constitucional mantiene la com-
petencia para emitir las órdenes y mandatos (“forzosos de ser el caso”) a efec-
tos de dar eficacia a sus propias decisiones jurisdiccionales. A continuación, re-
visamos los hechos relevantes de los casos mencionados:

El primer expediente (STC Exp. Nº 0023-2007-PI/TC) tenía su origen en


una demanda de inconstitucionalidad interpuesta por la Federación Na-
cional de Docentes Universitarios del Perú (FENDUP) y más de cinco mil
ciudadanos contra los Decretos de Urgencia Nº 033-2005 y 002-2006,
normas que a juicio de los demandantes establecían una postergación o
suspensión inconstitucional de la vigencia efectiva del artículo 53 de
la Ley Universitaria (Ley Nº 23733), que establece un régimen de ho-
mologación de las remuneraciones de los docentes universitarios con las
remuneraciones de los magistrados del Poder Judicial.
Pues bien, al momento de resolver la controversia, el Tribunal Consti-
tucional consideró que dichas normas excedían las competencias del
Poder Ejecutivo establecidas en el artículo 118, inciso 19 de la Consti-
tución (relativas a la emisión de decretos de urgencia), pese a lo cual
estimó que un pronunciamiento suyo de estimación absoluta podría
resultar a la postre más perjudicial para los propios recurrentes. En
atención a ello, el Tribunal emitió una sentencia interpretativa, dejan-
do a salvo aquellos extremos de las normas impugnadas que resulta-
ban compatibles con las facultades y competencias establecidas en la
Constitución.
Tiempo después, en un segundo expediente (RTC Exp. Nº  00031-
2008-PI/TC), el Poder Ejecutivo, a través de su Ministra de Justicia,

241 GRÁNDEZ CASTRO, Pedro. Ob. cit., pp. 86-87.

172
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

interpuso una demanda de inconstitucionalidad contra la Ley Nº 29223,


que precisa la aplicación de la Ley Nº 29137, sobre los términos de
continuación del programa de homologación de los docentes de las
universidades públicas, emitida por el Congreso de la República. Re-
sumidamente, el Poder Ejecutivo alegaba que dicha norma violaba el
principio de irretroactividad de las leyes, así como el principio de pro-
gramación del presupuesto público.
No obstante, el Tribunal Constitucional declaró infundada esta deman-
da, y estimó conveniente además exhortar al Poder Ejecutivo a través de
la Presidencia del Consejo de Ministros para que actúe conforme a sus
atribuciones para llevar hasta la culminación el proceso de homologación
que ya había sido convalidado en la STC Exp. Nº 023-2007-PI/TC.

Teniendo en cuenta estos dos pronunciamientos, y con el ánimo de dar


cumplimiento a los mismos, el Ministerio de Economía y Finanzas presentó
ante el Tribunal Constitucional un escrito solicitando un pronunciamiento ex-
plícito respecto del plazo establecido para cumplir con el programa de homo-
logación.
El Tribunal dio respuesta a esta solicitud a través de una resolución acla-
ratoria (RTC Exp. Nº 0031-2008-PI/TC) que denominó “decisión jurisdiccional
en el trámite de ejecución de una sentencia del Tribunal Constitucional”242, re-
solviendo que cuando la sentencia se refería al “próximo período presupues-
tal” debía entenderse referido a la obligación del Poder Ejecutivo de incorpo-
rar los montos que correspondan al tramo final del proceso de homologación
en el Proyecto de Ley de Presupuesto para el año 2011243.

El otro pronunciamiento del Tribunal Constitucional que va en esta mis-


ma dirección (RTC Exp. Nº 00023-2007-PI/TC) tuvo su origen en un
escrito presentado por la Presidencia del Consejo de Ministros, a tra-
vés del cual solicitaba al Tribunal un pronunciamiento explícito respecto
de la necesidad de elaborar un nuevo cuadro de homologaciones con
el objeto de dar cumplimiento a lo dispuesto en la STC Exp. Nº 0023-
2007-PI/TC. Al respecto, el solicitante alegaba que la sentencia había
dispuesto que los docentes a tiempo completo debían ser homologa-
dos al 100% de la remuneración de un magistrado del Poder Judicial,

242 RTC Exp. Nº 0031-2008-PI/TC, f. j. 2.


243 RTC Exp. Nº 0031-2008-PI/TC, f. j. 10. Cabe señalar que, finalmente, esta sentencia será cum-
plida al haberse destinado una suma ascendente a S/. 229 691 352.00, distribuidos en los pre-
supuestos institucionales de los pliegos “Universidades Públicas”, destinados a financiar la cul-
minación del proceso de homologación de docentes universitarios, en la Ley de Presupuesto del
Sector Público para el Año Fiscal 2011.

173
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

con lo cual esta remuneración se equipaba la de un docente a dedica-


ción exclusiva, el cual, sin embargo, tenía un estatus superior.

Al momento de absolver la solicitud, el Tribunal procedió de modo simi-


lar a lo resuelto en la anterior resolución aclaratoria, señalando que la
homologación no estaba referida a los profesores a dedicación exclu-
siva, sino a los profesores a tiempo completo244, pese a lo cual añadió
que las universidades públicas podían establecer mecanismos de bo-
nificación para los primeros, en el marco de su autonomía económica y
administrativa y con cargo a sus ingresos propios245.
Como se puede ver, estos pronunciamientos del Tribunal Constitucional, si
bien constituyen un importante punto de partida dentro del debate que hemos
planteado, merece ser profundizado y, ciertamente, reforzado en futuros ca-
sos que lleguen a su conocimiento. A la fecha, por lo demás, existe una bue-
na cantidad de sentencias emblemáticas recaídas en procesos de control abs-
tracto y competencial que ameritan un seguimiento o supervisión por parte del
Colegiado246, para lo cual se requiere sin duda de un mecanismo del cual aho-
ra no se dispone.

244 RTC Exp. Nº 0023-2007-PI/TC, f. j. 12.


245 RTC Exp. Nº 0023-2007-PI/TC, f. j. 13.
246 En tiempos recientes, se ha planteado la necesidad de que, nuevamente, se haga respetar (se haga
“cumplir”) la jurisprudencia vinculante del Tribunal Constitucional en materia de Justicia Militar, sin
perjuicio del cuestionable “overruling” practicado por el Colegiado en la STC Exp. Nº 00001-2009-
PI/TC. En efecto, con ocasión de la dación de los Decretos Legislativos N°s 1094 (Código Penal Mi-
litar Policial), 1095 (reglas de empleo y uso de la fuerza por parte de las Fuerzas Armadas en el te-
rritorio nacional), 1096 (que modifica diversos artículos de la Ley Nº 29182) y 1097 (que regula la
aplicación de normas procesales por delitos que implican violación de derechos humanos), se ha
vuelto a plantear un escenario de “desacato” a las sentencias del Tribunal en asuntos relativos a los
“delitos de función”, uso de la fuerza, entre otros, si bien el último de los decretos legislativos men-
cionados fue finalmente derogado.

174
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Modelo Nº 01:

Solicitud de aclaración con el fin de lograr el


cumplimiento de una sentencia de inconstitucionalidad

EXP. Nº 00017-2008-PI/TC
LIMA
MÁS DE 5,000 CIUDADANOS

SEÑOR PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL


…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con do-
micilio real y procesal en la Calle ………………, Lima; y en representación de
más de 5,000 ciudadanos, respetuosamente digo que:

1. En el Expediente Nº 00017-2008-PI/TC el Tribunal Constitucional declaró fun-


dada la demanda de inconstitucionalidad interpuesta por mis representados,
contra la Ley Nº 28564, que restituye la prohibición de crear filiales de univer-
sidades fuera del departamento de su sede principal, por afectar el derecho de
acceso a la educación universitaria, a la libre iniciativa privada y a la libertad
de empresa.

2. Dicha sentencia, sin embargo, estableció una vacatio, de modo que el derecho
de las universidades a crear filiales solo podrá ser ejercido una vez cumplidos
los requisitos que serán fijados por el Estado. A tal fin, el propio Tribunal Cons-
titucional dejó sentado cuales eran los parámetros bajos los cuales debía pro-
nunciarse el legislador, estableciendo las medidas que permitirían superar el
estado de cosas inconstitucional que fuera declarado.

3. Pese a que la sentencia recaída en el Expediente Nº 00017-2008-PI/TC decla-


ró fundada la demanda de inconstitucionalidad interpuesta contra la ley im-
pugnada, lo cierto es que a la fecha de presentación de la presente solicitud
de aclaración (esto es, un año después de emitida la referida sentencia), ni el
Congreso de la República ni el Poder Ejecutivo han cumplido con emitir la re-
gulación específica que permitiría a las universidades ejercer su derecho a
crear filiales universitarias.

4. Dicha inercia del legislador viene ocasionando, en la práctica, que la senten-


cia del Tribunal Constitucional se vea burlada en sus efectos, permitiéndo-
se así que la situación inconstitucional detectada en la misma se prolongue
sine díe ocasionando perjuicios no solo a las universidades propiamente di-
chas, sino también, y lo que es más grave, a cientos de miles de estudiantes

175
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

universitarios, que se ven así impedidos de acceder a un centro de estudios


superiores en condiciones de igualdad con otras personas.

5. Por su parte, en la respuesta a nuestra solicitud cursada con fecha


……………., que adjuntamos, se puede apreciar el que Congreso de la Re-
pública alega que el Tribunal Constitucional no ha fijado un plazo para cumplir
con la emisión de la referida normativa básica, agregando que las sentencias
que declaran un estado de cosas inconstitucional no tienen efectos vinculan-
tes, sino solo declarativos o exhortativos, cuando no simplemente orientati-
vos, para dicho poder del Estado, que siempre tendrá la última palabra en ma-
teria de implementación de políticas públicas.

6. En ese contexto, habiendo sido notificados de la sentencia el día


……………….., y de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 121 del Código
Procesal Constitucional, solicito que se precise cuál es ese plazo perentorio
dentro del cual el Congreso de la República (o, en su caso, el Poder Ejecutivo)
deberá emitir la regulación normativa que habrá de poner fin al estado de co-
sas inconstitucional detectado.

7. Sobre el particular, cabe mencionar que a través de las RRTC Nºs 023-2007-
PI/TC y 031-2008-PI/TC, el Tribunal Constitucional ha admitido que su com-
petencia para responder a solicitudes como la presente, en etapa de ejecu-
ción, reposa en la necesidad de vigilar y garantizar el cumplimiento definitivo
del mandato contenido en la sentencia constitucional, debiendo entenderse
que no se está aquí ante una resolución aclaratoria, sino que más bien se trata
de una decisión jurisdiccional dictada en el trámite de ejecución de una sen-
tencia del Tribunal Constitucional, supuesto que pese a no estar regulado en
la legislación procesal constitucional, se desenvuelve bajo el principio general
de ejecutoriedad de las sentencias jurisdiccionales, según el cual, correspon-
de al órgano jurisdiccional competente la actuación de las sentencias en sus
propios términos y, llegado el caso, en forma compulsiva.

8. En ese orden de ideas, el Tribunal ha interpretado que, en el ámbito de un pro-


ceso constitucional de instancia única como es el caso del proceso de incons-
titucionalidad, ello supone que es el Tribunal a quien corresponde mantener su
competencia jurisdiccional a efectos de emitir las órdenes y mandatos, forzo-
sos de ser el caso, a efectos de no ver vaciado de contenido sus decisiones ju-
risdiccionales y, con ello, reducida la fuerza vinculante así como el carácter de
cosa juzgada de sus decisiones, en los términos del artículo 204 de la Consti-
tución, así como también del artículo 82 del Código Procesal Constitucional.

9. En cualquier caso, es preciso indicar que el punto resolutivo Nº 8 de la sentencia


materia del presente recurso, señala expresamente que, de conformidad con los ar-
tículos 81 y 82 del CPConst., dicha sentencia y las interpretaciones en ella conteni-
das son vinculantes para todos los poderes públicos y tienen alcances generales.

176
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ANEXOS

1-A. Copia del DNI de…

1-B. Copia de la sentencia recaída en el Expediente Nº …………………………..

POR LO TANTO

Solicitamos a Ud. Señor Presidente, que el Tribunal Constitucional se sirva preci-


sar en la sentencia de inconstitucionalidad materia de autos, cuál es el plazo den-
tro del cual el Congreso de la República deberá emitir la normativa sobre los re-
quisitos que deben satisfacer las universidades de nuestro país para crear filiales
fuera de su sede principal.

………….….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:

Solicitud de aclaración con el fin de


lograr el cumplimiento de una sentencia
desestimatoria de inconstitucionalidad

EXP. Nº 000210-2009-PI/TC
LIMA
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

SEÑOR PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL


…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con domi-
cilio real y procesal en la Calle ………………, Lima; y en representación del Pre-
sidente de la República, respetuosamente digo que:
1. Con fecha…………, el Tribunal Constitucional, mediante STC Exp. Nº 000210-
2009-PI/TC, ha declarado infundada la demanda de inconstitucionalidad

177
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

interpuesta por el Presidente de la República contra la Ordenanza Regional


Nº 547-2008-GRL, emitida por el Gobierno Regional de Loreto, el mismo que
crea el programa regional de educación intercultural en las escuelas públicas
que se encuentran en la referida circunscripción.

2. Es de verse, sin embargo, que dicha sentencia condicionó la constitucio-


nalidad de la norma impugnada a la coordinación que el Gobierno Regional
de Loreto debía establecer de modo obligatorio con el Gobierno Central, lo
que resultaba plenamente lógica al tratarse la educación de una competencia
compartida entre ambos niveles de gobierno.

3. Al respecto, es preciso indicar que el artículo 13, inciso 2 de la Ley de Bases


de la Descentralización, establece expresamente que una competencia com-
partida es aquella en la cual “intervienen dos o más niveles de gobierno, que
comparten fases sucesivas de los procesos implicados”. A su turno, el ar-
tículo 14, inciso 2, numeral d de la precitada ley señala que “en el ejercicio de
las competencias compartidas cada nivel de gobierno debe actuar de manera
oportuna y eficiente, cumpliendo a cabalidad las acciones que le correspon-
den y respetando el campo de atribuciones propio de los demás”.

4. Pese a ello, lo cierto es que el Gobierno Regional de Loreto hasta la fecha no


ha iniciado ningún acto orientado a coordinar con el Gobierno Central los asun-
tos propios al diseño, implementación y evaluación de la mencionada política
pública. Ello, con la consecuente afectación no solo al principio de unidad del
Estado, reconocido en el artículo 43 de la Constitución, sino también del efecto
de cosa juzgada que es inherente a toda sentencia emitida por el Tribunal Cons-
titucional.

5. En consecuencia, esta actitud de desidia mostrada por el Gobierno Regional


de Loreto, a nuestro criterio, trasunta un fraude tanto a la Constitución como a
la sentencia de inconstitucionalidad emitida por el Tribunal Constitucional, toda
vez que la compatibilidad constitucional de la norma está sujeta a la observan-
cia de una conducta concreta ordenada en la sentencia, que no es otra que co-
ordinar el programa impulsado por el Gobierno Regional de Loreto con la políti-
ca general establecida a nivel del Gobierno Nacional.

6. Debe advertirse, por otro lado, que en la respuesta al oficio cursado por el
Poder Ejecutivo al Presidente del Gobierno Regional de Loreto, con fecha
……………………., que adjuntamos, el Procurador Público de esta última
entidad alega que la sentencia del Tribunal Constitucional no es lo suficiente-
mente clara respecto de cuales serían esas “coordinaciones” que debe esta-
blecer su representada con el Gobierno Central. A su criterio, es posible con-
cluir que, como quiera que el Tribunal no ha dicho nada específico al respecto,
esa exigencia de coordinación puede verse satisfecha con la simple comunica-

178
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

ción de la política ya implementada, sin que el Gobierno Central pueda incidir de


alguna manera en sus efectos.

7. En ese contexto, habiendo sido notificados de la sentencia el día


………………….., y de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 121 del Código
Procesal Constitucional, solicitamos que se precise cuales son los parámetros
bajos los cuales dicha “coordinación” debe realizarse, con el fin de dar un de-
bido cumplimiento a la sentencia del Tribunal Constitucional.

8. Sobre el particular, cabe mencionar que a través de las RRTC N°s 023-2007-PI/
TC y 031-2008-PI/TC, el Tribunal Constitucional ha admitido que su competen-
cia para responder a solicitudes como la presente, en etapa de ejecución, re-
posa en la necesidad de vigilar y garantizar el cumplimiento definitivo del man-
dato contenido en la sentencia constitucional, debiendo entenderse que no se
está aquí ante una resolución aclaratoria, sino que más bien se trata de una de-
cisión jurisdiccional dictada en el trámite de ejecución de una sentencia del Tri-
bunal Constitucional, supuesto que, pese a no estar regulado en la legislación
procesal constitucional, se desenvuelve bajo el principio general de ejecutorie-
dad de las sentencias jurisdiccionales, según el cual corresponde al órgano ju-
risdiccional competente la actuación de las sentencias en sus propios términos
y, llegado el caso, en forma compulsiva.

9. En ese orden de ideas, el Tribunal ha interpretado que, en el ámbito de un pro-


ceso constitucional de instancia única como es el caso del proceso de incons-
titucionalidad, ello supone que es el Tribunal a quien corresponde mantener su
competencia jurisdiccional a efectos de emitir las órdenes y mandatos, forzo-
sos de ser el caso, a efectos de no ver vaciado de contenido sus decisiones ju-
risdiccionales y, con ello, reducida la fuerza vinculante así como el carácter de
cosa juzgada de sus decisiones, en los términos del artículo 204 de la Consti-
tución, así como también del artículo 82 del Código Procesal Constitucional.

10. En cualquier caso, es preciso indicar que en el punto resolutivo Nº 15 de la sen-


tencia materia del presente recurso se señala expresamente que, de conformi-
dad con los artículos 81 y 82 del CPConst, dicha sentencia y las interpretacio-
nes en ella contenidas son vinculantes para todos los poderes públicos y tienen
alcances generales.
ANEXOS
1-A. Copia del DNI de…

1-B. Copia de la sentencia recaída en el Expediente Nº …………………………..

POR LO TANTO

179
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Solicitamos a Ud. Señor Presidente, que el Tribunal Constitucional se sirva


precisar en la sentencia de inconstitucionalidad materia de autos, cuales son
los parámetros bajo los cuales debe realizarse la “coordinación” entre el Go-
bierno Regional de Loreto y el Gobierno Central en la implementación de la po-
lítica pública de educación intercultural en las escuelas públicas concernidas.

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

180
9
La ejecución de las sentencias
contra el Estado
1. Normativa aplicable
El artículo 59 del CPConst. señala, para el caso del
proceso de amparo, lo siguiente:

“Cuando la sentencia firme contenga una prestación


monetaria, el obligado que se encuentre en imposibi-
lidad material de cumplir deberá manifestarlo al juez
quien puede concederle un plazo no mayor a cuatro
meses, vencido el cual, serán de aplicación las medi-
das coercitivas señaladas en el presente artículo”.

Es importante resaltar, al respecto, que el Código no


distingue si el sujeto obligado en este artículo se trata de
un sujeto particular o si se trata del Estado como ente de-
mandado, por lo que resulta razonable suponer que se re-
fiere a ambos supuestos. Por lo demás, debe anotarse
que este artículo resulta igualmente aplicable al proceso
de cumplimiento, en virtud de lo dispuesto en el artículo
74 del CPConst.
Asimismo, cabe recalcar que, tratándose de sentencias
constitucionales que ordenan el pago de una suma de di-
nero, el artículo 22 del CPConst. dispone expresamente
que:

“[L]as sentencias dictadas por los jueces constitu-


cionales tienen prevalencia sobre las de los restan-
tes órganos jurisdiccionales y deben cumplirse bajo
responsabilidad”.

Apuntar esto es particularmente relevante, dado que


ante la concurrencia de otro tipo de sentencias (civiles, por
ejemplo) que ordenen una prestación económica a una

181
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

misma entidad del Estado, y esta no pueda honrarlas todas a la vez, la senten-
cia constitucional tendrá un orden privilegiado en el pago a cargo de los funcio-
narios responsables.
Por otro lado, y ya en el ámbito del proceso contencioso-administrativo,
el mecanismo de ejecución de obligaciones de dar suma de dinero contra
el Estado se encuentra regulado en el artículo 42 de la Ley Nº 27584 (mo-
dificada por la Ley Nº 27684), ahora recogido en el artículo 47 del Texto
Único Ordenado de dicha Ley, aprobado mediante Decreto Supremo Nº 013-
2008-JUS. El análisis de esta norma, sin embargo, nos lo reservamos para
más adelante.
En adición a ello, es preciso indicar que el artículo 22.6 del Decreto Le-
gislativo Nº 1068, que crea el Sistema de Defensa Jurídica del Estado, seña-
la lo siguiente:

“Los Procuradores Públicos deberán coordinar con los titulares de cada


entidad el cumplimiento y ejecución de las sentencias contrarias a los
intereses del Estado, debiendo elaborar anualmente un plan de cum-
plimiento que deberá ser aprobado por el Titular de la Entidad, quien
asumirá con recursos presupuestados de la Entidad correspondiente la
ejecución de lo dispuesto en las resoluciones jurisdiccionales naciona-
les, extranjeras o de la Corte Supranacional”.

En concordancia con ello, el artículo 53 del Decreto Supremo Nº  017-


2008-JUS, Reglamento del Decreto Legislativo Nº 1068, señala lo siguiente:

“Las Entidades del Estado asumirán con recursos propios el cumpli-


miento de las sentencias. Cuando sean dos o más las entidades obli-
gadas al pago, este se realizará de manera mancomunada y en partes
iguales, con conocimiento del Consejo [de Defensa Jurídica del Esta-
do]. Cuando en la sentencia no se individualice a la entidad del Esta-
do obligada al cumplimiento de la obligación o del pago, será el Con-
sejo [de Defensa Jurídica del Estado] quien lo determine, mediante el
respectivo Acuerdo”.

En suma, podemos afirmar que nuestro ordenamiento jurídico ha previsto


un “procedimiento especial” para el caso de las sentencias constitucionales
que ordenan una prestación económica a alguna entidad del Estado, estable-
ciendo que esa exigencia, por lo demás inexcusable, sea concordada o ar-
monizada con los intereses que hacen al pliego presupuestario del obligado.
En esa tarea, cumplen una función esencial los procuradores públicos del
Estado, ya que ellos asumen la obligación de coordinar las acciones estata-
les a fin de lograr la ejecución pronta y efectiva de las sentencias constitu-
cionales, dejando de esta forma atrás las usuales barreras burocráticas que

182
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

suelen obstaculizar y paralizar los mecanismos propios del aparato estatal.


Por lo demás, qué duda cabe, esta también es una labor en defensa de los
intereses jurídicos del Estado, que debe ser entendida ampliamente como el
deber de fomentar una adecuada protección de los intereses de la sociedad y
de la persona humana, que a final de cuenta son los fines esenciales que de-
finen a dicha corporación (artículo 1 de la Constitución).

ejecución de sentencias constitucionales que ordenan una


prestación monetaria al estado
(artículo 59 del CPConst.)

Sí se cumple

SENTENCIA Sí se cumple
FIRME
No se cumple Res. judicial
(imposibilidad concede plazo
material) 4 meses

No se cumple

ejecución
forzosa

2. Marco doctrinario
Es posible que uno de los escollos estructurales más importantes en ma-
teria de ejecución de sentencias constitucionales provenga, paradójicamen-
te, de la renuencia del propio Estado a cumplirlas, cuando indudablemente es
él el primer obligado a acatarlas. Este último es, por lo demás, el sentido in-
terpretativo que cabe deducir no solo del contenido del derecho a la tutela ju-
dicial efectiva reconocido en el artículo 139, inciso 3 de la Constitución; sino
también de la obligación establecida genéricamente para la Administración
Pública en su artículo 118, inciso 9, según el cual corresponde al Presiden-
te de la República “[c]umplir y hacer cumplir las sentencias y resoluciones de
los órganos jurisdiccionales”.
Lamentablemente, es posible comprobar que este impedimento se ha vis-
to continuamente avalado por la expedición de normas expresas que han in-
tentado blindar al Estado contra las sentencias judiciales que le eran desfa-
vorables, otorgándole privilegios especiales que, dado su carácter muchas
veces irrazonable o arbitrario, suelen confabular en perjuicio de los litigantes
y sus legítimas expectativas de justicia.

183
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

En ese orden de ideas, no resulta arriesgado afirmar que la paradójica si-


tuación de sentencias contra el Estado que son incumplidas “se ha visto fa-
vorecida por la persistencia de ciertas reglas y principios (plasmados en nor-
mas) que conceden una situación privilegiada a la administración y entidades
públicas, distintas a la que corresponden a las personas particulares o entes
privados para efectos de la ejecución de sentencias”247. Aunado a ello, no han
sido pocas las veces en que la ejecución de este tipo de sentencias ha sido
vista como una “injerencia inaceptable” de los jueces en materias propias del
legislador o del gobierno, los que se juzgan como los únicos poderes del Es-
tado con capacidad para programar el gasto público.
Pues bien, en el intento de revertir esta situación, por lo demás desconcer-
tante, es preciso reivindicar el informe pionero de la Defensoría del Pueblo,
publicado en el año 1998, en el cual se evidenció por vez primera el alto nivel
de incumplimiento de sentencias pecuniarias por parte del Estado y, asimis-
mo, se recomendaron algunas acciones concretas a los poderes públicos, en
el entendido de que “los privilegios con que cuenta el Estado cuando es parte
obligada a cumplir lo dispuesto por una sentencia, deben ser razonables y de
carácter excepcional. Los mismos solo se justifican en función de su misión
de velar por los intereses generales o públicos”248. Asimismo, el viejo dogma
de que la ejecución de un mandato judicial contra el Estado violaba la separa-
ción de poderes, ha sido reemplazado en el Estado constitucional y democrá-
tico de Derecho por aquella visión según la cual “[l]as consecuencias finan-
cieras de las decisiones constitucionales no están determinadas por la Corte,
sino que descienden directamente de la Constitución, a la cual todos, incluso
el legislador, están subordinados”249.
Es bien sabido, sin embargo, y como anotáramos en un capítulo prece-
dente, que el derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales no es, en
absoluto, un derecho desprovisto de límites. Bien diversamente, parece co-
rrecto afirmar que, aún cuando nos encontremos frente a la hipótesis de una
sentencia constitucional firme que ordena la cancelación de una suma de di-
nero al Estado, una visión radical de las cosas que asimile sin más la con-
dición del “Estado deudor” a la de cualquier otro sujeto particular obligado,
sería ciertamente una postura poco realista que en nada coadyuvaría a la fi-
nalidad última que persigue el procedimiento de ejecución de esta clase de
sentencias, que no es otro que proteger de un modo efectivo los derechos
fundamentales.

247 EGUIGUREN PRAELI, Francisco. “La inejecución de sentencias por incumplimiento de entidades
estatales. Algunas propuestas de solución”. En: Ius et veritas. Nº 18, Lima, 1999, p. 96.
248 DEFENSORÍA DEL PUEBLO. Informe Defensorial Nº 19. Incumplimiento de sentencias por parte
de la Administración Estatal. Lima, octubre de 1998, p. 23.
249 ZAGREBELSKY, Gustavo. “Las sentencias de la Corte Constitucional y el último apartado del ar-
tículo 81º de la Constitución”. En: ¿Derecho procesal constitucional? Prólogo de Domingo García
Belaunde, Fundap, México, 2004, p. 77.

184
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Antes bien, ello implicaría desconocer las especiales características que


distinguen al Estado cuando, de “sujeto infractor de un derecho fundamental”,
se convierte en “sujeto obligado por una sentencia constitucional”, supuesto
este último en el cual debe ponderarse el derecho a la ejecución de las re-
soluciones judiciales con los intereses propios del Estado, que no son desde
luego fines en sí mismos, sino instrumentos al servicios del interés público y
del bien común (artículo 44 de la Constitución).
En ese sentido, es posible afirmar que actualmente son dos los principa-
les intereses de ese tipo que pueden aparecer, aunque solo a primera vista,
como “impedimentos” u “obstáculos” para la ejecución de sentencias consti-
tucionales que ordenan una prestación monetaria a alguna entidad del Esta-
do. Ellos son los siguientes: a) el principio de legalidad presupuestaria; y
b) la inembargabilidad de los bienes del Estado250.
ƒƒ El principio de legalidad presupuestaria surge de la necesidad de que
los ingresos y gastos en el sector público estén debidamente programa-
dos en una Ley Anual de Presupuesto, ello con el fin de que los distintos
sectores del Estado cumplan satisfactoriamente y de un modo ordenado
con las metas que tienen establecidas como parte de su agenda. De ese
modo, se entiende que todo gasto debe estar contemplado previamente
en la ley con miras a su ejecución o realización, no pudiendo destinarse
prima facie una partida ya presupuesta a una cierta actividad o proyecto,
para gastos “extraordinarios” o “excepcionales”.
ƒƒ Por su parte, la inembargabilidad de los bienes del Estado tiene su jus-
tificación en la importancia de preservar la continuidad de los servicios pú-
blicos a los cuales tales bienes están afectos. En ese sentido, si bien se
parte de la premisa de que el “Estado deudor” nunca podrá ser un “deudor
insolvente”, se entiende también que el acreedor no puede hacerse cobro
de su acreencia con cargo a cualquier bien de dominio público, como si la
Administración fuese un acreedor privado. Desde luego, esta prerrogati-
va o privilegio especial no puede entenderse como una ventaja irrazona-
ble que perjudique desmedidamente a los litigantes, dado que la misma
busca proteger un fin superior concerniente a las finanzas públicas. De
hecho, la inembargabilidad de los bienes estatales en modo alguno equi-
vale a una suerte de “facultad de no pago”, sino que se refiere, bien dis-
tintamente, a la previsión indispensable de que el cobro de las deudas del
Estado no afecte otros bienes y valores que también merecen protección
constitucional.
Un paso importante en la reversión de la situación antes anotada de cons-
tante incumplimiento de sentencias pecuniarias por parte del Estado, fue la

250 PRIORI POSADA, Giovanni. Comentarios a la Ley del Proceso Contencioso-Administrativo. Terce-
ra edición, primera reimpresión, ARA, Lima, 2007, p. 228.

185
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

dación del Código Procesal Civil, que entró en vigencia en julio de 1993, y
cuya Sétima Disposición Final suprimió todos los privilegios que tenía el Es-
tado en materia procesal. Dos normas de este texto normativo merecen ser
rescatadas: el artículo 616, que prohíbe las medidas cautelares para futura
ejecución forzosa contra el Estado; y el artículo 648, que originalmente con-
tenía una lista de bienes que eran inembargables. Desafortunadamente, este
último artículo fue modificado por la Ley Nº 26599, a la cual nos referiremos
más adelante.

3. Desarrollo jurisprudencial
Como parte de su función de control de la Constitución, el Tribunal Cons-
titucional ha tenido ocasión de pronunciarse en más de una oportunidad so-
bre los mecanismos que existen en nuestro ordenamiento jurídico para facili-
tar la ejecución de sentencias de condena contra el Estado.
Así pues, en un primer momento, en la STC Exp. Nº 0006-96-I/TC el Tri-
bunal Constitucional evaluó la constitucionalidad de la Ley Nº 26599, que ha-
bía modificado el artículo 648 del Código Procesal Civil. En tal oportunidad el
Tribunal declaró fundada en parte la demanda, estableciendo la inconstitucio-
nalidad de la situación de inembargabilidad de los bienes estatales de domi-
nio privado, mas no así cuando eran de dominio público.
Sin embargo, no sería sino con la expedición de la STC Exp. Nº 015-2001-
AI/TC y otros (acumulados), que el Tribunal ahondaría en los supuestos pre-
vistos en la ley para la ejecución de sentencias contra el Estado, al analizar
la compatibilidad constitucional de las siguientes normas: el Decreto de Urgen-
cia Nº 055-2001, que establecía el procedimiento para el pago de sumas de di-
nero ordenadas por mandato judicial en los procesos seguidos contra el Esta-
do; así como la Ley Nº 27684, que había modificado el artículo 42 de la Ley
Nº 27583, y restablecido la vigencia de la Ley Nº 26756 y del Decreto de Ur-
gencia Nº 019-2001, que disponía la inembargabilidad de los depósitos de di-
nero existentes en las cuentas del Estado en el Sistema Financiero Nacional.
En esta sentencia, el Alto Tribunal reconoció que el derecho a la efectivi-
dad de las resoluciones judiciales no es, al igual que todos los demás, un de-
recho absoluto, y con ese temperamento afirmó:
“[E]l Tribunal Constitucional considera legítimo que, tomando en cuen-
ta al sujeto procesal vencido en juicio y, en concreto, cuando ese ven-
cido en juicio sea el Estado, el legislador pueda establecer ciertos lí-
mites o restricciones al derecho a la efectividad de las resoluciones
judiciales firmes, en la medida en que estas tengan una justificación
constitucional”251.

251 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 16.

186
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Precisamente, sobre la base de esta premisa, el Colegiado Constitucional


señaló que uno de esos límites lo constituía el mandato constitucional de que
ciertos bienes del Estado, como los de dominio público, no puedan ser afec-
tados, voluntaria o forzosamente, dado el servicio público al cual estos bienes
están destinados. En ese orden de ideas, y como fruto de su análisis norma-
tivo, el Tribunal estableció las siguientes reglas y principios en materia de
inembargabilidad de los bienes del Estado:
a) En primer lugar, declaró la inconstitucionalidad de la palabra “solo” del ar-
tículo 2 de la Ley Nº 26756. En su lugar, el Tribunal determinó que “no
debe entenderse que es la sola exclusión de un determinado bien estatal
de la ley futura lo que la hace inembargable, sino, antes bien, su condición
de bien de dominio público, lo que la ley se encargará de precisar”252.
En concordancia con ello, estableció que ante el vacío de la legislación
que precise qué bienes estatales pueden ser embargados, “el principio
general es que al juez le corresponde pronunciar el carácter embargable
de un determinado bien, analizando, en cada caso concreto, si el bien so-
bre el que se ha trabado la ejecución forzosa está o no relacionado con el
cumplimiento de las funciones del órgano público, y si está o no afecto a
un uso público”253.
b) En segundo lugar, emitió una “sentencia interpretativa correctora” en rela-
ción al artículo 1 del Decreto de Urgencia Nº 019-2001, disponiendo que
cuando esta norma establece que los depósitos de dinero existentes
son inembargables, “debe interpretarse que tales ‘depósitos de dinero’ son
solo aquellos que se encuentren afectos al servicio público”254. A juicio del
Tribunal, el ejemplo más claro de la existencia de cuentas que no tenían
la calidad de dominio público, eran aquellas que estaban específicamente
destinadas al cumplimiento de pago de las obligaciones estatales que sur-
gían a consecuencia de la expedición de sentencias judiciales.
c) En tercer lugar, si bien desestimó la inconstitucionalidad del artículo 3 del
Decreto de Urgencia Nº 019-2001, estableció que “en adelante, los órga-
nos del Estado –y con ellos, sus autoridades y funcionarios– están en la
obligación de dar cuenta, a solicitud del juez, de los fines que tienen
los depósitos de dinero existentes en el Sistema Financiero Nacional y,
en su caso, de cumplir los mandatos judiciales, respetándose el procedi-
miento señalado en la ley, conforme a los criterios que más adelante se
exponen”255.

252 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 21.


253 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 26.
254 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 32.
255 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 34.

187
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Luego de este examen, el Tribunal entraría a analizar el procedimiento


establecido en la ley para exigir el cumplimiento de las sentencias judiciales
contra el Estado, emitiendo en este punto importantes consideraciones en
torno al principio de legalidad presupuestaria del gasto público, como lí-
mite de aquel derecho. A criterio del Colegiado Constitucional, este principio
está compuesto de los siguientes dos elementos:
a) el privilegio de autotutela ejecutiva de la Administración, en virtud del cual
el cumplimiento de las sentencias condenatorias contra la Administración
debe estar sujeto a la observancia de un procedimiento administrativo se-
guido ante el órgano estatal deudor256; y
b) la posibilidad de diferir la ejecución forzada por un lapso razonable sobre
los bienes del Estado de dominio privado257.
Así pues, al compulsar el principio de legalidad presupuestaria con el de-
recho a la tutela judicial efectiva, el Tribunal llegó a emitir algunas reglas pro-
cesales en cuanto al referido procedimiento de ejecución contra el Estado, y
que señalamos seguidamente:
a) En primer lugar, declaró la inconstitucionalidad de la expresión “única y
exclusivamente” del artículo 42 de la Ley Nº 27584, por limitar irrazona-
blemente la fuente de donde pueden provenir los montos para cubrir las
deudas estatales258. En consecuencia, sentenció que los fondos para cu-
brir las deudas “no solamente pueden provenir del Pliego Presupuestal en
donde se generó la deuda, sino también de partidas presupuestales co-
munes a todos los pliegos”259, lo que desde luego no desvirtúa la posibili-
dad de que existan transferencias dinerarias de un pliego a otro con el pro-
pósito de honrar las deudas respectivas.
b) En segundo lugar, si bien declaró la conformidad constitucional del proce-
dimiento establecido en la ley para garantizar el cumplimiento de las sen-
tencias de pago de sumas de dinero contra el Estado, estableció que las
modificaciones presupuestarias a fin de cumplir las sentencias judicia-
les, no constituyen una facultad discrecional del Titular del Pliego Presu-
puestario (“podrá realizar las modificaciones”), sino una autorización para
que, de existir partidas presupuestales, el funcionario necesariamente
deba disponer de aquellas para el cumplimiento de la sentencia, pese a
que dicha partida estaba prevista para el cumplimiento de otras metas, y

256 Precisa, sin embargo, el Tribunal, que este principio debe entenderse, necesariamente, “como
una actividad de los órganos administrativos encaminada a la satisfacción de lo resuelto judicial-
mente” (STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 48).
257 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 39.
258 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 40.
259 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 41. Por co-
nexidad, el Tribunal declaró también la inconstitucionalidad del Decreto Supremo Nº 175-2002-
EF.

188
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

en la medida en que esa disposición de la partida no comprometa la con-


tinuidad en la prestación de los servicios públicos260.
c) En tercer lugar, al referirse al plazo de cumplimiento de la deuda, el Tri-
bunal precisó que “el compromiso para atender los pagos impagos surge
desde el ejercicio presupuestario inmediatamente siguiente, debiendo ser
cubierta la deuda hasta en un máximo de 5 años”261, conforme lo estable-
cía la Ley de Presupuesto para el Sector Público vigente al momento de
expedirse la sentencia materia de análisis.
d) En cuarto lugar, y ante la evidencia de muchos funcionarios que no depo-
sitaban los montos de las previsiones presupuestales establecidas en
la ley para atender las sentencias judiciales (esto es, el 3% de la asigna-
ción presupuestal correspondiente al pliego por la fuente de recursos or-
dinario), el Tribunal recordó a los titulares de los respectivos pliegos pre-
supuestales “la obligación que por imperativo legal les alcanza, siendo
plenamente factible que los jueces ejecutores hagan valer la responsa-
bilidad penal existente en dichos funcionarios públicos, en caso de que,
pretendiendo ejecutar una sentencia judicial firme, no puedan recurrir a la
cuenta bancaria a la que se ha hecho referencia, dada la inexistencia de
la misma”262.
e) En quinto lugar, el Tribunal llamó la atención sobre la importancia que, para
el cumplimiento de las sentencias judiciales, tiene el concepto de recursos
contingentes, entendido este como aquellos “recursos que debe presu-
puestar toda entidad pública, en atención a los procesos judiciales que, en-
contrándose ya iniciados, pudieran ocasionar finalmente una sentencia con-
denatoria contra el Estado”263. En ese sentido, el Tribunal dispuso que
“los órganos públicos deben habilitar cuentas no tan solo una vez que
existe una obligación cierta de pago, sino también para afrontar obliga-
ciones que, aunque aún inciertas, son potenciales obligaciones futuras
que deberá afrontar la entidad, a consecuencia de procesos judiciales en
trámite”264.
f) Finalmente, el Tribunal declaró la inconstitucionalidad del sentido interpre-
tativo del artículo 42.4 de la Ley Nº 27584 expuesto en el fundamento 63
de la sentencia objeto de análisis. En consecuencia, determinó que la eje-
cución forzosa establecida en dicho numeral resulta siempre aplicable

260 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 54.


261 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 55.
262 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 57.
263 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 58.
264 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 58. Cabe
precisar que, por afectación del principio de legalidad al que está sujeta toda disposición regla-
mentaria, el Tribunal declaró la inconstitucionalidad del artículo 2 del Decreto Supremo Nº 175-
2002-EF, por contravenir el artículo 42.3 de la Ley Nº 27584.

189
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

aún cuando, iniciado el procedimiento establecido en los numerales 42.1,


42.2 y 42.3, no se haya cumplido con la sentencia265.
Asimismo, señaló que no basta con que el Estado haya iniciado el pro-
cedimiento establecido en el artículo 42 de la citada Ley, para que el juez
deba esperar los 5 ejercicios presupuestales previstos en la Ley del Pre-
supuesto vigente por aquel entonces266. Por ello, dispuso que dicho pla-
zo máximo debe ser atendido por el juez ejecutor “siempre y cuando, ini-
ciado aquel procedimiento y durante toda su continuidad, observe signos
objetivos y razonables que evidencien que, no obstante los límites presu-
puestales, existe una verdadera y manifiesta voluntad por parte del órga-
no público de honrar la deuda respectiva”267.
Sentada esta importante línea jurisprudencial, el Tribunal ha venido a con-
solidarla a través de varios pronunciamientos, tanto en procesos de tutela de
derechos, así como en procesos de control normativo.
Así por ejemplo, es posible afirmar que constituye una doctrina
jurisprudencial reiterada y uniforme del Tribunal el criterio según el cual la
disponibilidad presupuestaria de las entidades públicas constituye una
condición irrazonable, tratándose de mandatos contenidos en leyes o actos
administrativos cuya exigencia se pretende a través del proceso de cumpli-
miento. Cabe señalar que, en tales casos, el Tribunal suele evaluar también
el plazo durante el cual la ley o el acto administrativo han permanecido incum-
plidos, tomando este dato como un factor importante a considerar para orde-
nar el cumplimiento del mandato respectivo268.
Del mismo modo, y en tiempo reciente, el Tribunal ha admitido también la
posibilidad de que, en el marco de un proceso de inconstitucionalidad, pueda
evaluarse la razonabilidad del tiempo empleado por el Estado para dar cum-
plimiento a una prestación económica exigida en una ley que se considera
constitucional. Así sucedió, por ejemplo, en la STC Exp. Nº 0031-2008-PI/TC,
en la cual se declaró la conformidad constitucional de la Ley Nº 29223 que or-
dena la homologación de los docentes universitarios, así como en su “auto de
seguimiento” recaído en la RTC Exp. Nº 0031-2008-PI/TC.
En efecto, en la referida sentencia, el Tribunal estableció, asumiendo un
criterio tan contundente como acertado, lo siguiente:

265 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 64.


266 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 65.
267 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 65.
268 Esta orientación jurisprudencial tiene su origen en los siguientes pronunciamientos: STC Exp.
Nº 01203-2005-PC/TC; STC Exp. Nº 03855-2006-PC/TC; y STC Exp. Nº 06091-2006-PC/TC.
Lo cual ha sido reiterado en múltiples sentencias posteriores, tales como la STC Exp. Nº 03771-
2007-PC/TC, f. j. 7; la STC Exp. Nº 00763-2007-PC/TC, f. j. 6; entre otras.

190
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“También en la justicia constitucional es válido decir, ‘el tiempo ha ter-


minado’. El tiempo ha terminado para el Poder Ejecutivo en el caso del
cumplimiento del proceso de homologación de los sueldos de los pro-
fesores universitarios, dado que desde la primigenia Ley Nº 23733 han
transcurrido ya 26 años y la misma no ha sido objeto de cumplimiento
por parte del Poder Ejecutivo, en los términos de su principal obligación
constitucional de hacer cumplir las leyes, contenida en el artículo 118,
inciso 1 de la Constitución. El Tribunal en tono enérgico emplaza al Po-
der Ejecutivo a través de la Presidencia del Consejo de Ministros para
que asuma sus responsabilidades conforme a los artículos 119 y 123
disponiendo lo que fuere conveniente a través de las carteras compro-
metidas, para que el proceso de homologación concluya hasta su eta-
pa final en un tiempo que no debería exceder el próximo periodo presu-
puestal. De manera especial, el Consejo de Ministros no debe autorizar
nuevos procesos por parte de cualquiera de los Ministerios, que estén
encaminados a diferir el proceso de homologación. Nuevas demandas
en el sentido que convoca el presente proceso, serán asumidas por
este Colegiado como una muestra de resistencia a los mandatos del
máximo ente jurisdiccional y serían rechazadas de plano, ordenando
las correspondientes medidas de coerción y apercibimiento, conforme
al artículo 22 del Código Procesal Constitucional”269.

4. Preguntas de interés

‰‰¿Cuál es la norma vigente hoy en materia de ejecución de obligaciones


de dar suma de dinero contra el Estado?
En la actualidad esa norma es el artículo 42 de la Ley Nº 27584, que
contiene cuatro incisos. Cabe señalar que este artículo ha sido reco-
gido en el artículo 47 del Texto Único Ordenado de la Ley Nº 27584,
aprobado mediante Decreto Supremo Nº 013-2008-JUS, y publicado el
29 de agosto de 2008. Tomaremos como referencia a este último texto,
que señala lo siguiente:

Artículo 47.- Ejecución de obligaciones de dar suma de di-


nero
Las sentencias en calidad de cosa juzgada que ordenen el pago
de suma de dinero, serán atendidas por el Pliego Presupuesta-
rio en donde se generó la deuda, bajo responsabilidad del Titular
del Pliego, y su cumplimiento se hará de acuerdo con los procedi-
mientos que a continuación se señalan:

269 STC Exp. Nº 00031-2008-AI/TC, f. j. 17.

191
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

47.1 La Oficina General de Administración o la que haga sus ve-


ces del Pliego Presupuestario requerido deberá proceder con-
forme al mandato judicial y dentro del marco de las leyes anua-
les de presupuesto.
47.2 En el caso de que para el cumplimiento de la sentencia
el financiamiento ordenado en el numeral anterior resulte insu-
ficiente, el Titular del Pliego Presupuestario, previa evaluación
y priorización de las metas presupuestarias, podrá realizar las
modificaciones presupuestarias dentro de los quince días de no-
tificada, hecho que deberá ser comunicado al órgano jurisdiccio-
nal correspondiente.
47.3 De existir requerimientos que superen las posibilidades
de financiamiento expresadas en los numerales precedentes,
los pliegos presupuestarios, bajo responsabilidad del Titular del
Pliego, mediante comunicación escrita de la Oficina General de
Administración, harán de conocimiento de la autoridad judicial
su compromiso de atender tales sentencias en el ejercicio pre-
supuestario siguiente, para lo cual se obliga a destinar hasta el
tres por ciento (3%) de la asignación presupuestal que le corres-
ponda al pliego por la fuente de recursos ordinarios.
El Ministerio de Economía y Finanzas y la Oficina de Normaliza-
ción Previsional, según sea el caso, calcularán el tres por cien-
to (3%) referido en el párrafo precedente deduciendo el valor
correspondiente a la asignación para el pago del servicio de la
deuda pública, la reserva de contingencia y las obligaciones pre-
visionales.
47.4 Transcurridos seis meses de la notificación judicial sin ha-
berse iniciado el pago u obligado al mismo de acuerdo a alguno
de los procedimientos establecidos en los numerales 47.1, 47.2
y 47.3 precedentes, se podrá dar inicio al proceso de ejecución
de resoluciones judiciales previsto en el artículo 713 y siguien-
tes del Código Procesal Civil. No podrán ser materia de ejecu-
ción los bienes de dominio público conforme al artículo 73 de la
Constitución Política del Perú.

Como se puede apreciar, la Ley del Proceso Contencioso-Administrativo


ha establecido un procedimiento que consta de cuatro etapas, las cuales
deben observarse de modo sucesivo, esto es, siempre que se haya ago-
tado todas las posibilidades de dar cumplimiento a cada una de ellas, sin
lograrse el resultado esperado.

192
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

PROCEDIMIENTO PARA LA EJECUCIóN DE SENTENCIAS PECUNIARIAS CONTRA EL ESTADO


(artículo 47 del TUO Ley N° 27584)

La Oficina General de Administración debe cumplir el mandato judicial


PASO 1
dentro del marco de las leyes anuales de presupuesto.

Si el presupuesto resulta insuficiente, el Titular del Pliego Presupuestario


PASO 2 realiza las modificaciones presupuestarias dentro de los 15 días de
notificada y comunica al juez.

Si el presupuesto y las modificaciones resultan insuficientes, los pliegos


presupuestarios, bajo responsabilidad del Titular del Pliego, comunican
PASO 3 al juez su compromiso de atender la sentencia en el ejercicio siguiente,
destinando hasta 3% de la asignación presupuestal por recursos
ordinarios.

Si pasan 6 meses de la notificación judicial sin haberse iniciado el pago


u obligado al mismo de acuerdo los procedimientos anteriores, se inicia
PASO 4 el proceso de ejecución previsto en el artículo 713 y siguientes del CPC.
No son materia de ejecución los bienes de dominio público (artículo 73
de la Constitución).

Dos aspectos de esta norma merecen ser destacados. El primero de ellos


es que el denominado “PASO 2” señala que el Titular del Pliego Presu-
puestario realiza las modificaciones presupuestales pertinentes “previa
evaluación y priorización de las metas presupuestarias”. El otro asunto es
que la redacción de esta norma pareciera dejar al arbitrio del funcionario
responsable (“podrá realizar”) la consabida modificación al Presupuesto
de su sector.
A nuestro criterio, e interpretando esta norma de acuerdo a su finalidad,
nos parece que el denominado “PASO 2” no puede ser entendido, sin des-
naturalizárselo, como un procedimiento facultativo antes bien que obligato-
rio. Muy por el contrario, el derecho a la ejecución de las resoluciones judi-
ciales exige que los funcionarios encargados de programar el cumplimiento
de las sentencias que ordenan prestaciones monetarias al Estado, asuman
como un deber ineludible la implementación de todas las medidas que sean
necesarias para honrar los mandatos judiciales y, por esa vía, reparar el
“daño” constitucional en que se ha incurrido. Debe recordarse, en este pun-
to, que el Tribunal Constitucional ha interpretado que las mencionadas mo-
dificaciones no constituyen una facultad discrecional del Titular del Pliego
Presupuestario, sino “una autorización para que, de existir partidas presu-
puestarias, el funcionario necesariamente deba disponer de aquellas para
el cumplimiento de la sentencia, pese a que dicha partida estaba prevista
para el cumplimiento de otras metas, y en la medida en que esa disposición

193
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

de la partida no comprometa la continuidad en la prestación de los servi-


cios públicos”270.
Así también, respecto a la consideración de las “metas presupuestarias”
de la entidad como un paso previo para realizar la correspondiente modi-
ficación, creemos que dicha evaluación no puede ser entendida como un
obstáculo insuperable, sino simplemente como un elemento a tener en
cuenta para determinar el ratio de la modificación propiamente dicha.

‰‰¿Debe el Estado pagar intereses por concepto del tiempo en que la


sentencia judicial se mantuvo incumplida?
En efecto, el Estado debe pagar intereses. Por lo demás, el artículo 43
de la Ley Nº 27584 señala expresamente que “[l]a entidad está obliga-
da al pago de los intereses que generen el retraso en la ejecución de la
sentencia”271.

‰‰¿Cuál es la norma específica en materia de ejecución de sentencias


constitucionales que ordenan el pago de una suma de dinero al Es-
tado: los artículos 22 y 59 del CPConst. o el artículo 42 de la Ley
Nº 27584?
La norma aplicable para los procesos constitucionales es el artículo 22 del
CPConst. (y por conexión, su artículo 59 para el caso específico del am-
paro). No obstante ello, importa precisar que el Tribunal Constitucional ha
reconocido que la regulación establecida en la Ley Nº 27584 “es bastante
más detallista y puede servir de pauta”272 en los procesos constitucionales.
Esto es necesario tenerlo en cuenta dado que, en muchas ocasiones, el
plazo máximo de los cuatro meses establecido en el Código puede resulta
insuficiente, sobre todo tratándose de sentencias constitucionales que or-
denan al Estado el pago de una suma de dinero particularmente elevada.
Es de resaltar que, precisamente, esta fue una de las preguntas que se
debatieron en el Pleno Jurisdiccional Distrital Constitucional de Lima, rea-
lizado en el año 2009, en que los jueces participantes que interrogaron si,
en la etapa de ejecución de sentencias en los procesos constitucionales
de cumplimiento que contienen una obligación de dar suma de dinero por
el Estado en calidad de demandado, debía aplicarse el procedimiento pre-
visto en el artículo 42 de la Ley Nº 27584, modificado por la Ley Nº 27684,

270 STC Exp. Nº 015-2001-AI/TC, 016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC (acumulados), f. j. 54.


271 Este artículo se encuentra regulado, ahora, en el artículo 48 del Texto Único Ordenado de la Ley
Nº 27584, Ley que Regula el Proceso Contencioso-Administrativo, aprobado mediante Decreto
Supremo Nº 013-2008-JUS, publicado el 29 de agosto de 2008.
272 STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, f. j. 46.

194
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

o el artículo 22 del CPConst. Así pues, una primera ponencia establecía


que era de aplicación el artículo 42 de la Ley Nº 27584, que establece un
plazo de seis meses para presupuestar el pago, a fin de no contravenir la
Ley de Presupuesto; la ponencia contraria, en cambio, establecía que de-
bía aplicarse únicamente el artículo 22 del CPConst, que prevé el uso de
multas fijas o acumulativas e incluso la destitución del responsable, por
ser la “norma especial” aplicable al caso. Finalmente, el Pleno adoptó por
mayoría la segunda ponencia, según la cual debía aplicarse únicamente
el artículo 22 del CPConst.

‰‰¿Quién es la autoridad responsable de cumplir las sentencias cons-


titucionales que ordenan al Estado el pago de una suma de dinero?
La respuesta a esta pregunta podemos encontrarla en el artículo 41.1 de
la Ley Nº 27584, hoy recogido en el artículo 46.1 del Texto Único Orde-
nado de esta misma Ley (aprobado mediante Decreto Supremo Nº 013-
2008-JUS). En esencia, esta norma establece que las sentencias “deben
ser cumplidas por el personal al servicio de la administración pública (…)
estando obligados a realizar todos los actos para la completa ejecución de
la resolución judicial”.
A su vez, el artículo 41.2 (hoy 46.2 del TUO) establece que “el responsa-
ble del cumplimiento del mandato judicial será la autoridad de más alta je-
rarquía de la entidad, el que podrá comunicar por escrito al juez qué fun-
cionario será encargado en forma específica de la misma, el que asumirá
las responsabilidades que señala el inciso anterior”. No obstante ello, es
potestad del juez “identificar al órgano responsable dentro de la entidad y
otorgarle un plazo razonable para la ejecución de la sentencia”.
Finalmente, el artículo 41.3 (hoy 46.3 del TUO) establece que, en la eta-
pa de ejecución de la sentencia, “los funcionarios encargados de exterio-
rizar la voluntad de las entidades mediante actuaciones son solidariamen-
te responsables con esta”.

‰‰¿Qué pasa si el funcionario encargado de cumplir la sentencia renun-


cia a su cargo?
La obligación de cumplir la sentencia se mantiene, así como las respon-
sabilidades en que se haya incurrido, a pesar de la renuncia del respon-
sable.
En efecto, el artículo 41.4 de la Ley Nº 27584 (hoy 46.4 del TUO) esta-
blece que “la renuncia, el vencimiento del periodo de la función o cual-
quier otra forma de suspensión o conclusión del vínculo contractual o la-
boral con la administración pública no eximirá al personal al servicio de
esta de las responsabilidades en las que ha incurrido por el incumpli-
miento del mandato judicial, si ello se produce después de haber sido
notificado”.

195
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Puede el funcionario público encargado de cumplir la sentencia


constitucional, “interpretarla” al momento de acatarla?
No puede. En efecto, el artículo 41.1 de la Ley Nº 27584 (hoy 46.1 del
TUO), señala que “las resoluciones judiciales deben ser cumplidas por el
personal al servicio de la administración pública, sin que estos puedan ca-
lificar su contenido o sus fundamentos, restringir sus efectos o interpretar
sus alcances, bajo responsabilidad civil, penal o administrativa”.
Desde luego, se trata este también de uno de los contenidos del derecho a
la ejecución de las resoluciones que resulta aplicable a los procesos cons-
titucionales, dado que el artículo 22 del CPConst. señala expresamente
que la sentencia constitucional debe actuarse “conforme a sus propios tér-
minos”.

‰‰¿Puede el funcionario público emitir una resolución administrati-


va para dejar sin efecto una sentencia constitucional que ordena el
pago de una suma de dinero?
No puede. Más aún, el 44 de la Ley Nº 27584 (hoy 49 del TUO), dispone ex-
presamente que “[s]on nulos de pleno derecho los actos y disposiciones con-
trarios a los pronunciamientos de las sentencias que se dicten con la finalidad
de eludir el cumplimiento de estas”.

‰‰¿Cuál es el monto máximo del presupuesto de la entidad responsa-


ble que puede afectarse para el cumplimiento de la sentencia cons-
titucional?
Como se vio, el artículo 47.3 del TUO Ley Nº 27584 dispone que, de existir
requerimientos que superen las posibilidades de financiamiento de la enti-
dad demandada, esta puede destinar hasta el 3% de la asignación presu-
puestal que le corresponda al pliego por la fuente de recursos ordinarios.
En concordancia con ello, el artículo 70.1 de la Ley Nº 28411, Ley Gene-
ral del Sistema Nacional del Presupuesto Público, dispone que “[p]ara el
pago de sumas de dinero por efecto de sentencias judiciales en calidad de
cosa juzgada, se afecta hasta el tres por ciento (3%) de los montos apro-
bados en el Presupuesto Institucional de Apertura (PIA), con excepción
de los fondos públicos correspondientes a las Fuentes de Financiamiento
Donaciones y Transferencias y Operaciones Oficiales de Crédito Interno y
Externo, la reserva de contingencia y los gastos vinculados al pago de re-
muneraciones, pensiones y servicio de tesorería y de deuda”.

‰‰¿Cómo se efectiviza esta afectación del 3% del pliego presupuestal?


A través de una cuenta bancaria en el Banco de la Nación, adonde se de-
positan los recursos destinados mensualmente. En efecto, el artículo 70.2
de la Ley Nº 28411, Ley General del Sistema Nacional del Presupuesto
Público, dispone que “[e]l Ministerio de Economía y Finanzas, a través de
la Dirección Nacional del Tesoro Público, procederá a la apertura de una

196
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

cuenta bancaria en el Banco de la Nación para cada Entidad que lo soli-


cite, en la cual la Entidad deberá depositar, mensualmente, los montos de
las afectaciones presupuestales (…) bajo responsabilidad del Director Ge-
neral de Administración o quien haga sus veces en la Entidad”.
Asimismo, el artículo 70.3 de esta misma Ley dispone que “[l]os pagos de las
sentencias judiciales, incluidas las sentencias supranacionales, deberán
ser atendidos por cada Entidad, con cargo a su respectiva cuenta banca-
ria (…) debiendo tomarse en cuenta las prelaciones legales”.

‰‰¿Quién es el funcionario responsable de depositar mensualmente


los recursos en la correspondiente cuenta bancaria?
El funcionario directamente responsable es el Director General de
Administración, o quien haga sus veces en la entidad emplazada.

‰‰¿Qué pasa si las sumas de dinero ordenadas por sentencias consti-


tucionales (o por otro tipo de sentencias) exceden, vistas en conjun-
to, el 3% del presupuesto de la entidad responsable? ¿Existe un or-
den de prelación al respecto?
El artículo 70.4 de la Ley Nº 28411, Ley General del Sistema Nacional del
Presupuesto Público, establece expresamente que “[e]n caso de que los
montos de los requerimientos de obligaciones de pago superen el porcen-
taje (…) la Entidad debe cumplir con efectuar el pago en forma proporcio-
nal a todos los requerimientos existentes de acuerdo a un estricto orden
de notificación, hasta el límite porcentual”.
Y el artículo 70.5 de esta misma Ley añade: “[l]os requerimientos de pago
que superen los fondos públicos [correspondientes al 3% del presupues-
to de la entidad responsable] se atenderán con cargo a los presupuestos
aprobados dentro de los cinco (5) años fiscales subsiguientes”.

‰‰¿El monto del 3% puede variar o es inamovible?


Puede variar. Por ejemplo, en la Trigésima Tercera Disposición Final de la
Ley Nº 29465, Ley de Presupuesto del Sector Público para el Año Fiscal
2010, se establecía lo siguiente:

“En el presente ejercicio fiscal, los pliegos presupuestarios des-


tinarán al cumplimiento de sentencias judiciales en calidad de
cosa juzgada, de los adeudos por beneficios sociales, el seis
por ciento (6%) del Presupuesto Institucional de Apertura (PIA)
con excepción de los fondos de las fuentes de financiamiento
donaciones y transferencias, operaciones oficiales de crédito in-
terno y externo, la reserva de contingencia y los gastos vincula-
dos al pago de remuneraciones, pensiones y servicio de deuda,
debiéndose priorizar el pago a cesantes y jubilados y en primer

197
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

orden aquellos que su ejecución de sentencia, hayan superado


los cinco (5) años del plazo que señala la Ley.

En las ampliaciones presupuestales que se aprueben con cargo


a recursos ordinarios durante el año 2010, se destina el cinco por
ciento (5%) para la atención de lo establecido en el primer párrafo
de la presente disposición”273.

Modelo Nº 01:

Solicitud de ejecución forzosa de una


sentencia constitucional que ordena una
prestación monetaria al Estado

Exp. Nº …
Proceso de cumplimiento
Escrito Nº ………….
Sumilla: Solicito ejecución forzosa

SEÑOR TITULAR DEL JUZGADO ESPECIALIZADO EN LO CIVIL DE LIMA

…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con do-


micilio real y procesal en la avenida ………………. Nº ……………, distrito de
………….., departamento de ………………, ante usted respetuosamente digo:
De conformidad con lo señalado en el artículo 59 del Código Procesal Constitucio-
nal solicito se proceda a la EJECUCIÓN FORZOSA de la sentencia de cumplimien-
to emitida por el Tribunal Constitucional en el Exp. Nº ………………………. y en
consecuencia, se ordene ……………………………….

273 Asimismo, a la fecha de publicación del presente trabajo, es posible apreciar que la autógrafa de
la Ley de Presupuesto del Sector Público para el Año Fiscal 2011 dispone, en su Quinta Disposi-
ción Complementaria Modificatoria, la modificación del párrafo 70.1 del artículo 70 de la Ley Nº 28411,
señalando que “[p]ara el pago de sumas de dinero por efecto de sentencias judiciales en calidad
de cosa juzgada, se afecta hasta el cinco por ciento (5%) o hasta un mínimo de tres por ciento
(3%) según sea necesario, de los montos aprobados en el Presupuesto Inicial de Apertura (PIA)
(…)”.

198
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

I. FUNDAMENTOS DE HECHO
1. Con fecha ………………………, interpuse demanda de amparo contra la Di-
rección de la Red de Salud Bagua, solicitando que se dé cumplimiento a la Re-
solución Directoral Subregional Sectorial Nº ……………………….., de fecha
……………………………, y en consecuencia, se me abone la suma ascen-
dente a S/. 25,926.60 nuevos soles, por concepto de bonificación especial es-
tablecida por el Decreto de Urgencia Nº 037-94.
2. Con fecha ………………….., y luego del recorrido del iter procesal or-
dinario, el Tribunal Constitucional declaró fundada mi demanda de cum-
plimiento, a través de la STC Exp. Nº…………………………., de fecha
………………………., publicada en la página web del Tribunal Constitucional
con fecha ………………………….
3. En vía de ejecución de sentencia, sin embargo, la entidad emplazada alegó la
imposibilidad material de cumplir con lo dispuesto en la sentencia de cumpli-
miento, por razones de orden presupuestario, razón por la cual su Despacho
le otorgó un plazo perentorio de cuatro (4) meses para cumplir lo ordenado en
dicha ejecutoria, de conformidad con el artículo 59 del CPConst.
4. Sin embargo, tal como Ud. podrá apreciar Señor Juez, resulta evidente que a
la fecha de presentación de este escrito el pago ordenado en la sentencia no
ha sido cumplido por la entidad demandada, a pesar de haber transcurrido el
plazo de los cuatro (4) meses otorgado por su Despacho.
5. En vista de ello, y en aplicación de lo dispuesto en el artículo 59 del CPConst.,
solicito a vuestro Despacho que tenga a bien aplicar a la emplazada las me-
didas coercitivas establecidas en el artículo 22 de referido cuerpo normativo,
ello con el fin de lograr el cumplimiento inmediato de la sentencia de cumpli-
miento de autos.
6. Al respecto, debe tenerse en cuenta que según el referido artículo 22 las sen-
tencias dictadas por los jueces constitucionales tienen prevalencia sobre las
de los restantes órganos jurisdiccionales y deben cumplirse bajo responsabi-
lidad; por lo que, en un contexto de concurrencia con otros mandatos judicia-
les, la entidad emplazada deberá preferir la ejecución de la sentencia de cum-
plimiento de autos.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. Artículo 59 del CPConst., el cual señala que “cuando la sentencia firme con-
tenga una prestación monetaria, el obligado que se encuentre en imposibili-
dad material de cumplir deberá manifestarlo al Juez quien puede conceder-
le un plazo no mayor a cuatro meses, vencido el cual, serán de aplicación las
medidas coercitivas señaladas en el presente artículo”.

199
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

2. Artículo 22 del CPConst., en el extremo en que se indica que las sentencias


constitucionales tienen prevalencia sobre aquellas otras emitidas en la juris-
dicción ordinaria.

III. MEDIOS PROBATORIOS

1. Mérito de la sentencia de cumplimiento expedida por el Tribunal Constitucio-


nal en el Exp. Nº …………………………….

2. Resolución Nº …………………………………, expedida por vuestro Despa-


cho, a través de la cual se le concedió a la entidad demandada un plazo de
cuatro (4) meses para cumplir con el mandato judicial de autos

POR LO TANTO

A Ud., Sr. Juez, solicito iniciar la ejecución forzosa de la sentencia de autos,


disponiendo lo que fuera pertinente de conformidad con los artículos 22 y 59
del CPConst., y tramitarla conforme a su naturaleza.
…………., ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

Modelo Nº 02:

Solicitud de ejecución forzosa de una sentencia


constitucional que ordena una prestación de dar,
hacer o no hacer con un contenido patrimonial

Exp. Nº …
Proceso de cumplimiento
Escrito Nº ………….
Sumilla: Solicito ejecución forzosa

SEÑOR TITULAR DEL VIGÉSIMO SEGUNDO JUZGADO CIVIL DE LIMA


…………………………., identificado con DNI Nº …………………., con do-
micilio real y procesal en la avenida ……………… Nº ……………, distrito de
………….., departamento de ………………, ante usted respetuosamente digo:

200
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

De conformidad con lo establecido en el artículo 59 del Código Procesal Constitu-


cional, concordado con su artículo 74, solicito se proceda a la EJECUCIÓN FOR-
ZOSA de la sentencia de cumplimiento emitida por el Tribunal Constitucional en el
Exp. Nº ………………………. y, en consecuencia, se ordene que el Ministerio de
Salud implemente un sistema de emergencia para atender la salud de las personas
contaminadas por plomo en la ciudad de La Oroya.
I. FUNDAMENTOS DE HECHO

1. Con fecha ………………………, los señores ……………………. interpusi-


mos demanda de cumplimiento contra el Ministerio de Salud y la Dirección
Regional de Salud Ambiental (DIGESA), solicitando que se diseñe e implemen-
te una “estrategia de salud pública de emergencia” para la ciudad de La Oroya,
de conformidad con lo establecido por los artículos 96, 97, 98, 99, 103, 104,
105, 106 y 123 de la Ley N° 26842 (Ley General de Salud); y que, por consi-
guiente, se adopten las medidas adecuadas y necesarias a tal efecto.

2. Con fecha ………………….., el Tribunal Constitucional, a través de su STC


Exp. Nº ……………………….., su fecha ………………………….., publi-
cada en su página web con fecha …………………………………, declaro
fundada la demanda de cumplimiento, ordenando, entre otras cosas, que el
Ministerio de Salud, en el plazo de 30 días, implemente un sistema de emer-
gencia para atender la salud de las personas contaminadas por plomo en la
ciudad de La Oroya, debiendo priorizar la atención médica especializada de ni-
ños y mujeres gestantes, a efectos de su inmediata recuperación.

3. En vía de ejecución de sentencia, sin embargo, la entidad emplazada alegó la im-


posibilidad material de cumplir con lo dispuesto en la sentencia de cumplimiento,
dado que según alegó, las partidas presupuestarias existentes en su Pliego no re-
sultaban suficientes para cubrir los costos que implicaba la materialización de di-
cha política pública, aún con las correspondientes modificaciones, razón por la cual
su Despacho, en aplicación supletoria del artículo 47 del TUO de la Ley Nº 27584,
concedió al Ministerio de Salud un plazo que no debía exceder del siguiente ejerci-
cio presupuestario, para cumplir con la sentencia de cumplimento.
4. No obstante ello, tal como puede apreciar Ud. Señor Juez, pese a que inicial-
mente el Ministerio de Salud se comprometió a reservar el 3% de sus ingresos
ordinarios a efectos de acatar la sentencia del Tribunal Constitucional dentro
del plazo establecido, lo cierto es que a la fecha de presentación del presente
escrito, dicha obligación no ha sido respetada en lo más mínimo por dicha en-
tidad, ni tampoco el Ministerio de Economía y Finanzas ha cumplido con habi-
litar la cuenta correspondiente para ello.

5. Por esta razón, y en aplicación de lo dispuesto en el artículo 59 del CPConst., soli-


cito a vuestro Despacho tenga a bien aplicar a la emplazada las medidas coercitivas

201
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

establecidas en el artículo 22 de referido cuerpo normativo, con el objeto de que se


implemente del modo inmediato la cita sentencia de cumplimiento.

6. Al respecto debe tenerse en cuenta que, según el referido artículo 22, las senten-
cias dictadas por los jueces constitucionales tienen prevalencia sobre las de los
restantes órganos jurisdiccionales y deben cumplirse bajo responsabilidad; por lo
que, en un contexto de concurrencia con otros mandatos judiciales, la entidad em-
plazada deberá preferir la ejecución de la sentencia de cumplimiento de autos.

II. FUNDAMENTOS DE DERECHO

1. El artículo 47.4 del TUO de la Ley Nº 27584 señala expresamente que, trans-
curridos seis meses de la notificación judicial sin haberse iniciado el pago u
obligado al mismo de acuerdo a alguno de los procedimientos establecidos en
los numerales 47.1, 47.2 y 47.3 precedentes, se podrá dar inicio al proceso de
ejecución de resoluciones judiciales previsto en el artículo 713 y siguientes del
Código Procesal Civil. No podrán ser materia de ejecución los bienes de domi-
nio público conforme al artículo 73 de la Constitución Política del Perú.

2. El artículo 22 del Código Procesal Constitucional prescribe expresamente que


las sentencias constitucionales tienen prevalencia sobre aquellas otras emiti-
das en la jurisdicción ordinaria.

III. MEDIOS PROBATORIOS

1. Mérito de la sentencia de cumplimiento expedida por el Tribunal Constitucio-


nal en el Exp. Nº …………………………….

2. Resolución Nº …………………………………, expedida por vuestro Despa-


cho, a través de la cual se le concedió a la entidada demandad un plazo para
cumplir con la sentencia de cumplimiento que no debía exceder el próximo
ejercicio presupuestario.

POR LO TANTO

A Ud., Sr. Juez, solicito iniciar la ejecución forzosa de la sentencia de autos,


disponiendo lo que fuera pertinente de conformidad con los artículos 22 y 59
del CPConst., así como las disposiciones pertinentes del Código Procesal Ci-
vil, y tramitarla conforme a su naturaleza.

…………., ….. de ……………… de …………………

FIRMA DEL ABOGADO FIRMA DEL DEMANDANTE

202
10
La ejecución de las sentencias
internacionales
1. Normativa aplicable
En nuestro ordenamiento jurídico, el tema relativo a la
ejecución de las sentencias internacionales (entendidas
estas como aquellas decisiones jurisdiccionales adopta-
das por los organismos internacionales de protección de
derechos humanos), se encuentra regulado en el artículo
115 del CPConst., que dispone lo siguiente:
“Las resoluciones de los organismos jurisdiccionales
a cuya competencia se haya sometido expresamen-
te el Estado peruano no requieren, para su validez
y eficacia, de reconocimiento, revisión, ni examen
previo alguno. Dichas resoluciones son comunica-
das por el Ministerio de Relaciones Exteriores al
Presidente del Poder Judicial, quien a su vez, las re-
mite al tribunal donde se agotó la jurisdicción inter-
na y dispone su ejecución por el juez competente,
de conformidad con lo previsto por la Ley Nº 27775,
que regula el procedimiento de ejecución de senten-
cias emitidas por tribunales supranacionales”.

En concordancia con ello, el artículo 2 de la Ley Nº 27775,


Ley que regula el procedimiento de ejecución de senten-
cias emitidas por Tribunales Supranacionales, establece
algunas reglas aplicables a las sentencias que ordenan
al Estado el pago de una suma de dinero, así como a las
sentencias meramente declarativas. Estas reglas son las
siguientes:
ƒƒ Competencia: la sentencia internacional debe ser
transcrita por el Ministerio de Relaciones Exteriores al
Presidente de la Corte Suprema, quien la remitirá a la
Sala en que se agotó la jurisdicción interna, disponien-
do su ejecución por el Juez Especializado o Mixto que

203
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

conoció el proceso previo. Si no existe proceso interno previo, debe dis-


ponerse que el Juez competente conozca de la ejecución de la resolución.
Cabe señalar que el artículo 4 de esta misma Ley dispone que, tratándose
de medidas no indemnizatorias, el juez competente debe ordenar a los ór-
ganos e instituciones estatales concernidas el cese de la situación que dio
origen a la sentencia referida, indicando la adopción de las medidas nece-
sarias. Si la sentencia internacional se refiere a una resolución judicial, el
juez competente debe adoptar las medidas necesarias para la restitución
de las cosas al estado en que se encontraban antes de que se produzca
la violación declarada por medio de las sentencia.
ƒƒ Procedimiento para la ejecución de resoluciones que ordenan el
pago de una determinada suma de dinero: en este caso, el juez com-
petente debe disponer que se notifique al Ministerio de Justicia para que
cumpla con el pago ordenado en la sentencia en el término de diez días.
ƒƒ Procedimiento para el pago de una suma de dinero por determinar:
en esta hipótesis, el juez competente debe correr traslado de la solicitud
del ejecutante con los medios probatorios que ofrezca, al Ministerio de
Justicia por el término de diez días.
El representante del Ministerio puede formular contradicción exclusivamen-
te sobre el monto pretendido, ofreciendo medios probatorios. Formulada
la contradicción o sin ella, el juez ordenará la actuación de los medios pro-
batorios pertinentes en audiencia de conciliación, en el plazo no mayor de
30 días y pronunciará resolución dentro de los 15 días. La apelación será
concedida con efecto suspensivo y será resuelta por la Sala de la Corte
Superior correspondiente en igual término.
ƒƒ Proceso para fijar la responsabilidad patrimonial y el monto indemni-
zatorio, en su caso: si la sentencia contiene declaración de que la parte
ha sufrido daños y perjuicios distintos al derecho conculcado o como con-
secuencia de los hechos materia de juzgamiento internacional y ha dejado
a salvo el derecho del mismo para hacerlo valer conforme a la jurisdicción
interna, la parte deberá interponer la demanda correspondiente siguiendo
el trámite del proceso abreviado previsto en el Título II de la Sección Quin-
ta del Código Procesal Civil.
Al respecto, es menester indicar que el artículo 8 de esta misma Ley permi-
te a las partes solicitar el sometimiento a un procedimiento arbitral para
determinar el monto a pagar, la responsabilidad patrimonial, así como el
monto indemnizatorio.
ƒƒ Ejecución de medidas provisionales: en los casos en que la Corte emi-
ta medidas provisionales, ya sea cuando se trate de asuntos que estén en
conocimiento de la misma, o bien, a solicitud de la Comisión Interamerica-
na ante la Corte, estas deberán ser de inmediato cumplimiento, debiendo

204
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

el Juez competente ordenar su ejecución dentro del término de 24 horas


de recibida la comunicación de la decisión respectiva.
En adición a ello, la citada Ley contiene también disposiciones expresas
en torno al derecho de repetición del Estado contra la autoridad, funciona-
rio o empleado público que resultó responsable (artículo 5), asimismo, impo-
ne el deber de la Corte Suprema de Justicia de la República de informar a
la Corte Interamericana –por intermedio del Ministerio de Relaciones Exterio-
res– y al beneficiario acerca de las medidas adoptadas en cumplimiento de la
sentencia en cuestión (artículo 6). Finalmente, la Ley dispone también que el
Ministerio de Justicia debe habilitar una partida presupuestal para atender
el pago de sumas de dinero por concepto de indemnizaciones ordenadas en
sentencias internacionales (artículo 7).

ejecución de sentencias internacionales

Comisión IDH Corte IDH

ámbito
internacional
Sentencia
internacional

Ministerio RR.EE.

Corte suprema
ámbito
Sala interno

Juez competente

Por su parte, en materia de cumplimiento de decisiones internacio-


nales de naturaleza no jurisdiccional, el Decreto Supremo Nº 014-2000-
JUS establece los procedimientos a fin de propiciar el seguimiento de las re-
comendaciones emitidas por órganos internacionales en materia de Derecho
Internacional. Así pues, el artículo 1 del citado decreto supremo señala que:
“Las decisiones, resoluciones o recomendaciones adoptadas en el
marco de los procedimientos y mecanismos internacionales de pro-
tección de derechos humanos de naturaleza no jurisdiccional, serán

205
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

procesadas por el Estado de acuerdo a los principios de buena fe, fiel


observancia de los tratados respectivos y cooperación con las instan-
cias internacionales de promoción y protección de derechos humanos”.
El organismo responsable de coordinar el seguimiento de estas reco-
mendaciones es el Consejo Nacional de Derechos Humanos (artículo 2), cu-
yas competencias son delimitadas in extenso por la norma citada274.
Por último, es preciso acotar que, mediante Resolución Administrativa
Nº 089-2010-CE-PJ, su fecha 11 de marzo de 2010, el Consejo Ejecutivo
del Poder Judicial ha dispuesto que el Cuadragésimo Octavo Juzgado Es-
pecializado Civil del Distrito Judicial de Lima, asuma competencia en los
procesos de ejecución de sentencias emitidas por Tribunales Supranacio-
nales cuyo fallo obligue al Estado al pago de una suma de dinero por con-
cepto de indemnización por daños y perjuicios. En virtud a esta norma, la
denominación de este Juzgado ha pasado a ser la de “Juzgado Especiali-
zado en Ejecución de Sentencias Supranacionales”, la que tiene competen-
cia supra provincial275.

2. Marco doctrinario
Una lectura atenta del artículo 205 de la Constitución –según el cual, ago-
tada la jurisdicción interna, quien se considere lesionado en sus derechos
puede recurrir a los tribunales internacionales– permite apreciar con meridia-
na claridad que la ejecución de las sentencias constitucionales no es solo un
problema atinente a los procesos regulados en el CPConst., sino que también
se extiende (o mejor, debería extenderse) a las sentencias internacionales
que protegen en última instancia los derechos fundamentales, los que a par-
tir de entonces pasan a denominarse “derechos humanos”.
Siendo convergentes, pues, las finalidades de ambas instancias jurisdic-
cionales, resulta válido concluir que la tutela judicial efectiva rige también en
el caso de la ejecución de las decisiones expedidas en el sistema internacio-
nal de protección de los derechos humanos, que no son sino el resultado de
lo que, bien vistas las cosas, podríamos llamar “el amparo interamericano”.
El amparo interamericano consiste en el derecho que tiene toda per-
sona humana, víctima de una violación a su derechos humanos reconoci-
dos por la Convención Americana sobre Derechos Humanos o la Declaración
Americana de Derechos y Deberes del Hombre, o cualquier otro instrumento

274 Las competencias del Consejo Nacional de Derechos Humanos se encuentran reguladas en su
Reglamento, aprobado mediante Decreto Supremo Nº 015-2001-JUS.
275 Cabe añadir, a su vez, que mediante Resolución Administrativa Nº 193-2010-CE-PJ, su fecha 2
de junio de 2010, se ha dispuesto que las sentencias emitidas por Tribunales Internacionales en
trámite ante otros órganos jurisdiccionales y las que se presenten, sean remitidas a este Juzgado
Especializado.

206
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

internacional sobre la materia, a interponer una petición ante la Comisión Inte-


ramericana de Derechos Humanos, cuando dicha violación provenga de cual-
quier de los órganos del poder público de un Estado Miembro de la OEA276.
Pero, ¿existe un deber del Estado peruano de dar cumplimiento a las sen-
tencias internacionales? ¿Cuál sería el fundamento de dicha obligación inter-
nacional? Evidentemente, el primer y más importante fundamento radica en
que el Estado peruano es un país signatario de la Convención Americana so-
bre Derechos Humanos, e igualmente, ha reconocido la competencia con-
tenciosa de la Corte Interamericana, por lo que de conformidad con el princi-
pio pacta sunt servanda se encuentra obligado a respetar las decisiones que
emanan de dicha instancia jurisdiccional. En esa lógica, si el Estado parte no
cumpliera una sentencia de la Corte Interamericana que lo declarara respon-
sable de una determinada violación a los derechos humanos, habrá incurrido
en una nueva infracción a la Convención Americana277. Pero, además, tal in-
cumplimiento lo será también de la Constitución, y particularmente de su ar-
tículo 44, que impone el deber del Estado de “garantizar la plena vigencia de
los derechos humanos”278.
Desde luego, no puede obviarse que, desde un punto de vista fáctico y
normativo, la ejecución de las decisiones recaídas en los sistemas universal
e interamericano de protección de derechos humanos obedece a varios fac-
tores cruciales, entre los cuales podemos contar los siguientes: a) la estructu-
ra institucional y legal existentes en los países (como por ejemplo, la existen-
cia de leyes, estructuras administrativas, políticas estatales o precedentes
jurisprudenciales); b) la capacidad de incidencia de las organizaciones no
gubernamentales; c) la buena voluntad de funcionarios de diversos poderes
del Estado; d) el papel de la prensa; e) el comportamiento de diversos acto-
res políticos en el Estado y en la región; entre otros279.
Por esa razón, el problema de la ejecución de las sentencias internacio-
nales por parte de los órganos locales constituye un asunto que bien puede
examinarse desde dos frentes, a saber: en el Derecho internacional y en el

276 AYALA CORAO, Carlos. Del amparo constitucional al amparo interamericano como institutos para
la protección de los derechos humanos. Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Editorial
Jurídica Venezolana, Caracas/San José C.R., 1998, p. 78.
277 FAPPIANO, Óscar L. “La ejecución de las decisiones de tribunales internacionales por parte de
los órganos locales”, en ABREGÚ, Martín y COURTIS, Christian (compiladores). La aplicación de
los tratados sobre derechos humanos por los tribunales locales. Editores del Puerto, CELS, Bue-
nos Aires, 2004.
278 LEÓN VÁSQUEZ, Jorge. “El valor jurídico de la interpretación y de las sentencias de la Corte Inte-
ramericana de Derechos Humanos”. En: ETO CRUZ, Gerardo (coordinador). La sentencia cons-
titucional en el Perú. ARA, Lima, 2010, p. 265.
279 KRSTICEVIC, Viviana. “Reflexiones sobre la ejecución de sentencias de las decisiones del sis-
tema interamericano de protección de derechos humanos”. En: KRSTICEVIC, Viviana y TOJO,
Liliana (coordinadoras): Implementación de las decisiones del Sistema Interamericano de Dere-
chos Humanos. Jurisprudencia, normativa y experiencias nacionales. CEJIL, Buenos Aires, 2007,
p. 16.

207
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Derecho interno. De este modo, se intenta estudiar qué soluciones se brindan


(o deberían brindarse) de uno y otro lado, para que la protección internacional
de los derechos y libertades fundamentales sea verdaderamente efectiva280.
Así pues, el plano interno corresponde, en lo básico, a la regulación que
debe existir en el Estado parte a efectos de “implementar” o “facilitar” el cum-
plimiento de las sentencias emitidas por los tribunales internacionales, lo que
indudablemente se torna en algo necesario dado que, en el ámbito interna-
cional (regional o universal), no existe un órgano de ejecución stricto sensu
orientado a tal cometido281.
Por su parte, en el plano internacional, surge la necesidad cada vez
más apremiante de que los instrumentos internacionales (y con ello, los
órganos encargados de su supervisión) prevean los mecanismos adecua-
dos no solo para afianzar el carácter vinculante de sus decisiones (para lo
que basta con una simple declaración normativa) sino también para vigi-
lar el cumplimiento cabal de ellas (lo que incluye necesariamente solucio-
nes creativas y articuladas). A continuación, revisaremos más detenidamente
cada uno de estas vías de solución.

2.1. La ejecución de las sentencias internacionales en el ámbito in-


ternacional

El problema de la ejecución de las sentencias internacionales no es un


problema ajeno al sistema interamericano282.
Al respecto, algunos autores han señalado que el nivel de cumplimiento
de las decisiones del sistema interamericano es significativo tratándose de
medidas reparatorias pecuniarias, reformas legislativas y procesos de solu-
ción amistosa, que son casos en los cuales el Estado suele fijarse de manera
autónoma compromisos que prevé cumplir. Sin embargo, los problemas sur-
gen con las recomendaciones de la Comisión así como con las sentencias de

280 FAPPIANO, Óscar L. Ídem.


281 Este argumento ha servido para afirmar, en otras latitudes, que las sentencias emitidas por el Tri-
bunal Europeo de Derechos Humanos son meramente declarativas, y en ese sentido, no tienen
fuerza ejecutiva (SORIA JIMÉNEZ, Alberto. “La problemática ejecución de las sentencias del Tri-
bunal Europeo de Derechos Humanos. Análisis de la STC 245/1991 (Asunto Barberà, Messegué
y Jabardo)”. En: Revista Española de Derecho Constitucional. N° 36, Año 12, setiembre-diciem-
bre de 1992).
282 De hecho, como en su momento informara el juez García Ramírez frente a la Asamblea General
de la OEA, solo se ha dispuesto el cierre del 10% de los asuntos contenciosos; además, la Comi-
sión Interamericana, en su informe anual del 2007, publicó un cuadro en el cual describió el esta-
do de cumplimiento de 115 casos, presentados y resueltos en los últimos seis años. Entre ellos,
solo 12 han sido objeto de cumplimiento total, mientras que los casos de cumplimiento parcial re-
sultan 74, es decir, la gran mayoría (CORASANITI, Vittorio. “Implementación de las sentencias y
resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: un debate necesario”. En: Re-
vista IIDH. Vol. 49, San José C.R., enero-junio de 2009, p. 20).

208
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

la Corte, en las medidas de investigación penal de crímenes de Estado, en


particular cuando los procesos internos se han cerrado y su reapertura pue-
de afectar las garantías de los acusados283.
Asimismo, se critica que en los casos en los que la Corte ha fijado reme-
dios de alcance estructural o colectivo tendientes a revisar políticas o prácti-
cas en curso, se ha puesto en evidencia la debilidad de los sistemas de super-
visión y de los mecanismos de implementación; ello, debido a que “el sistema
interamericano sigue pensando y diseñando remedios bajo el modelo elabo-
rado en el tiempo de las transiciones, poniendo más énfasis en la investiga-
ción y determinación de responsables de las violaciones, y menos en la mo-
dificación de los problemas estructurales que esas violaciones evidencian”284.
El artículo 68.2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
dispone que “la parte del fallo que disponga indemnización compensatoria se
podrá ejecutar en el respectivo país por el procedimiento interno vigente para
la ejecución de sentencias contra el Estado”.
Al respecto, es preciso señalar que si bien este artículo se refiere solo a
las sentencias de contenido indemnizatorio, debe entenderse que este re-
sulta de aplicación también a las sentencias que no revisten dicho carácter,
interpretación que resulta de la aplicación del artículo 32 de la Convención
de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que rechaza toda interpretación
que conduzca a conclusiones absurdas (en aplicación del principio del “efec-
to útil”)285.
Dicho esto, y siguiendo a la profesora Viviana Krsticevic, es posible afir-
mar que entre las decisiones del sistema interamericano que resultan plena-
mente ejecutables en sede interna, se encuentran las siguientes:
A. Las sentencias propiamente dichas. En efecto, el artículo 67 y 68 de la
Convención Americana establecen, expresamente, que tales pronuncia-
mientos son definitivos, inapelables y vinculantes.
Siguiendo a Ayala Corao en este punto, podemos convenir en que las sen-
tencias emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (esto
es, las decisiones jurisdiccionales expedidas como consecuencia de su
competencia contenciosa) despliegan los siguientes cuatro efectos286:

283 ABRAMOVICH, Víctor. “Remedios de alcance colectivo y obstáculos en la ejecución de decisio-


nes en el sistema interamericano”, ponencia presentada al Simposio sobre el Cumplimiento de
Sentencias sobre DESC, organizado por la Red-DESC, Dejusticia y el Nowergian Centre on Hu-
man Rights, con el apoyo de la Fundación Ford, los días 6 y 7 de mayo de 2010, p. 10. Disponi-
ble en: <http://www.escr-net.org/usr_doc/Morales,_Sigal_y_Rossi_-_Argentina.pdf> [consultado:
28/09/2010].
284 ABRAMOVICH, Víctor. Ob. cit., p. 10.
285 FAPPIANO, Óscar L. Ídem.
286 AYALA CORAO, Carlos. “La ejecución de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Hu-
manos”. En: Estudios Constitucionales. Año 5, Universidad de Talca, 2007, pp. 134-137.

209
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

a) Efectos entre las partes: es decir, entre el Estado demandado, las víc-
timas y la Comisión Interamericana.
b) Efectos generales: lo cual puede derivarse del artículo 69 de la Con-
vención, que ordena notificar las sentencias dictadas por la Corte Inte-
ramericana a todos los Estados parte.
c) Efectos reparadores específicos: es decir, respecto de las víctimas y
sus familiares.
d) Efectos reparadores generales: dentro de los cuales se puede distin-
guir entre una fase “ejecutiva”, relativa a la actividad judicial tendiente a
la ejecución del fallo; y otra fase “declarativa”, concerniente a la influen-
cia del fallo en ulteriores pronunciamientos jurisdiccionales.
A su vez, las sentencias de la Corte pueden también tener múltiples man-
datos en su parte resolutiva (el denominado “por tanto”). De hecho, “la par-
te resolutiva es un resumen de las violaciones que el tribunal determinó
y, en algunas ocasiones, también se mencionan las reparaciones que el
Estado debe cumplir para restituir los derechos violados o indemnizar por
los daños ocasionados por esas violaciones”287. No obstante ello, es usual
encontrar que la Corte disgregue sus pronunciamientos sobre el caso so-
metido a su conocimiento, en “sentencias de fondo” y “sentencias sobre
reparaciones y costas”. De ser este el caso, será necesario identificar los
mandatos ejecutables que se encuentran en ambos tipos de pronuncia-
mientos288.
En términos generales, la consecuencia necesaria de la constatación
de una violación a los derechos humanos, es la obligación del Estado
parte de reparar la trasgresión detectada. En ese sentido, la Corte Inte-
ramericana ha sido clara al interpretar que:
“La reparación es el término genérico que comprende las diferentes for-
mas como un Estado puede hacer frente a la responsabilidad interna-
cional en que ha incurrido. Los modos específicos de reparar varían se-
gún la lesión producida: podrá consistir en la restitutio in integrum de
los derechos afectados, en un tratamiento médico para recuperar la sa-
lud física de la persona lesionada, en la obligación del Estado de anu-
lar ciertas medidas administrativas, en la devolución de la honra o la

287 RODRÍGUEZ RESCIA, Víctor. Las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Guía para su lectura y análisis. IIDH, San José C.R., 2009, p. 26.
288 Como señala García Ramírez, si bien nada se opone a que en la sentencia de fondo se avance
sobre el tema de reparaciones –posibilidad que establece el artículo 56.1 del Reglamento de la
Corte– es razonable que en aquella solo se aborden las reparaciones cuya demora pudiera aca-
rrear la continuación de una insoportable vulneración a cierta libertad, derecho o garantía, como
sucedió en la sentencia de fondo del caso Loayza Tamayo respecto al derecho a la libertad per-
sonal (GARCÍA RAMÍREZ, Sergio. “Las reparaciones en el Sistema Interamericano de Protección
de los Derechos Humanos”. En: CORTE IDH. Memoria del Seminario “El sistema interamerica-
no de protección de los derechos humanos en el umbral del siglo XXI”. Tomo I, segunda edición,
Corte IDH, San José C.R., 2003, p. 133).

210
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

dignidad que fueron ilegítimamente quitadas, en el pago de una indem-


nización, etc. En lo que se refiere a violaciones al derecho a la vida,
como en este caso, la reparación, dada la naturaleza del bien afecta-
do, adquiere sobre todo la forma de una indemnización pecuniaria, se-
gún la práctica jurisprudencial de esta Corte (…). La reparación puede
tener también el carácter de medidas tendientes a evitar la repetición
de los hechos lesivos”289.
De este modo, y siguiendo la nomenclatura elaborada por Nash Rojas290,
es posible determinar que las formas o modalidades de reparación orde-
nadas por la Corte Interamericana son, en lo esencial, las siguientes:
i) El cese de la violación: que consiste en la adopción de las medidas
necesarias para revertir la vulneración del derecho o derechos y cum-
plir con la obligación convencional (v. gr. la demarcación de territorios
en casos sobre derecho a la propiedad indígena291, suministros de bie-
nes y servicios básicos frente a situaciones graves que amenacen el
derecho a la vida292, prestaciones de salud en casos en que se ame-
nace el derecho la vida293, entrega de información pública solicitada o
fundamentación de la negativa a entregar dicha información294, etc.).
ii) Reparaciones materiales: son aquellas que ordena la Corte cuando
no es posible el cumplimiento de la obligación violada (restitutio in inte-
grum), o este resulta insuficiente o inadecuado. La indemnización puede
cubrir los siguientes conceptos:
- El daño emergente: que es el equivalente a los gastos directos e inme-
diatos que ha debido cubrir la víctima o sus representantes con ocasión
del ilícito.
- El lucro cesante o pérdida de ingresos: que alude a las pérdidas patri-
moniales ocasionadas por una merma de ingresos, con ocasión de una
violación de derechos humanos.
- El daño inmaterial (o daño moral): que a criterio de la Corte “puede
comprender tanto los sufrimientos y las aflicciones causados a las

289 CORTE IDH. Caso Garrido y Baigorria vs. Argentina. Sentencia de reparaciones del 27 de agos-
to de 1998, párrafo 41.
290 NASH ROJAS, Claudio. Las reparaciones ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos
(1988-2007). Segunda edición corregida y actualizada, Centro de Derechos Humanos, Santiago
de Chile, 2009, pp. 40-78.
291 CORTE IDH. Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua. Sentencia de
fondo, reparaciones y costas del 31 de agosto de 2001, párrafo 164.
292 CORTE IDH. Caso Comunidad indígena Yakye Axa vs. Paraguay. Sentencia de fondo, reparacio-
nes y costas del 17 de junio de 2005, párrafo 221.
293 CORTE IDH. Caso de las Masacres de Ituango vs. Colombia. Sentencia de excepciones prelimi-
nares, fondo, reparaciones y costas del 1 de julio de 2006, párrafo 403.
294 CORTE IDH. Caso Claude Reyes y otros vs. Chile. Sentencia de fondo, reparaciones y costas del
19 de setiembre de 2006, párrafo 158.

211
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

víctimas directas y a sus allegados, así como las alteraciones, de ca-


rácter no pecuniario, en las condiciones de existencia de la víctima o su
familia”295.
- El daño al proyecto de vida: que es una noción distinta del “daño emer-
gente” y el “lucro cesante” y que, en palabras de la Corte, atiende a la
“realización integral de la persona afectada, considerando su vocación,
aptitudes, circunstancias, potencialidades y aspiraciones, que le per-
miten fijarse razonablemente determinadas expectativas y acceder a
ellas”296.
iii) Otras formas de reparación: entre las que podemos señalar las si-
guientes:
- Restitución: entre las cuales cabe incluir conceptos tales como la anu-
lación de procesos por infracción al debido proceso297, la nulidad de
leyes por incompatibilidad con la Constitución298, reformas constitu-
cionales en aquellas materias incompatibles con las obligaciones con-
vencionales del Estado299, etc.
- Satisfacción y garantías de no repetición: tales como el ofrecimiento de
disculpas públicas a las víctimas300, difusión de la petición de perdón a
través de Internet301, memoriales y actos conmemorativos302, estable-
cimiento de días nacionales, cambio de nombre de calles, plazas, cen-
tros médicos o escuelas303, exigencia de adecuación de la legislación

295 CORTE IDH. Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala. Sentencia de reparaciones y costas del 22
de febrero de 2002, párrafo 56.
296 CORTE IDH. Caso Loayza Tamayo vs. Perú. Sentencia de reparaciones y costas del 27 de no-
viembre de 1998, párrafo 147.
297 CORTE IDH. Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú. Sentencia de fondo, reparaciones y costas
del 30 de mayo de 1999, punto resolutivo Nº 13.
298 CORTE IDH. Caso Barrios Altos vs. Perú. Sentencia de reparaciones y costas del 30 de noviem-
bre de 2001, punto resolutivo Nº 5.
299 CORTE IDH. Caso “La Última Tentación de Cristo” (Olmedo Bustos y otros) vs. Chile. Sentencia
de reparaciones y costas del 5 de febrero de 2001, Punto Resolutivo Nº 4.
300 CORTE IDH. Caso “Instituto de Reeducación del Menor” vs. Paraguay. Sentencia de excepciones
preliminares, fondo, reparaciones y costas, del 2 de setiembre de 2004, párrafo 316.
301 CORTE IDH. Caso de las Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador. Sentencia de fondo, repara-
ciones y costas del 1 de marzo de 2005, párrafo 194.
302 CORTE IDH. Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri vs. Perú. Sentencia de fondo, reparacio-
nes y costas del 8 de julio de 2004, párrafo 236.
303 CORTE IDH. Caso Ximenes Lopes vs. Brasil. Sentencia de fondo, reparaciones y costas, del 4 de
julio de 2006, párrafo 242.

212
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

interna304, formación de funcionarios públicos en derechos humanos305,


mejoras de las condiciones carcelarias306, entre otras.
- Deber de actuar en el ámbito interno: que incluye el deber del Estado
de investigar los casos de violación a los derechos humanos307, dejar
sin efecto sentencias que impidan una efectiva actuación del Estado
para investigar y sancionar308, entre otros.

Daño emergente

Cese de la violación
Lucro cesante

Reparaciones materiales Daño inmaterial

FORMAS DE
REPARACIóN Daño al proyecto de vida
EN LA CIDH

Restitución

Otras formas de reparación satisfacción y garantías


de no repetición

Debe de efectuar en el
ámbito interno

304 CORTE IDH. Caso Comunidad indígena Yakye Axa vs. Paraguay. Sentencia del 17 de junio de
2005, párrafo 225.
305 CORTE IDH. Caso Ximenes Lopes vs. Brasil. Sentencia de fondo, reparaciones y costas del 8 de
julio de 2004, párrafo 250.
306 CORTE IDH. Caso Raxcacó Reyes vs. Guatemala. Sentencia de fondo, reparaciones y costas del
15 de setiembre de 2005, párrafo 134.
307 CORTE IDH. Caso Masacre Plan de Sánchez vs. Guatemala. Sentencia de reparaciones de 19
de noviembre de 2004, párrafo 98.
308 CORTE IDH. Caso Almonacid Arellano vs. Chile, Sentencia de excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas del 26 de setiembre de 2006, párrafo 147.

213
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

B. Las resoluciones interlocutorias. Al respecto, cabe indicar que la Cor-


te Interamericana ha admitido que estas resoluciones son de obligatorio
cumplimiento, en la medida en que se enmarcan dentro del procesamien-
to de casos individuales respecto de los cuales la Corte tiene competencia
para adoptar órdenes de carácter vinculante y autoejecutable309.
C. Las medidas provisionales emitidas por la Corte Interamericana de De-
rechos Humanos. Desde luego, este tipo de medidas coadyuvan decisiva-
mente a asegurar la eficacia de la sentencia internacional que será emitida
por dicho Tribunal, por lo que resulta necesario, seguidamente, ahondar
en sus requisitos y presupuestos procesales.
Las medidas provisionales se encuentran reguladas en el artículo 63 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos, según el cual, inde-
pendientemente de que se haya introducido o no una demanda ante la
Corte, esta puede adoptar este tipo de medidas; así como en el artículo 27
del Reglamento de la Corte Interamericana310, el cual indica en su inciso 1
que, en cualquier estado del procedimiento –y siempre que se trate de ca-
sos de extrema gravedad y urgencia y cuando sea necesario para evitar
daños irreparables a las personas–, la Corte, de oficio, podrá ordenar las
medidas provisionales que considere pertinentes, en los términos del ar-
tículo 63.2 de la Convención. Podemos rescatar las siguientes notas dife-
renciales de este tipo de medidas:
- Sus presupuestos son: a) la gravedad de la amenaza; b) la urgencia de
la medida requerida; y c) necesidad de evitar daños irreparables a las
personas.
- Las medidas provisionales proceden normalmente de oficio, cuando la
Corte ya conoce el caso (inciso 1), pero también pueden otorgarse a
solicitud de la Comisión, cuando la Corte aún no conoce el asunto (in-
ciso 2).
- Las víctimas o sus representantes pueden presentar directamente ante
la Corte la correspondiente solicitud, cuando el caso contencioso se
encuentre en conocimiento de la Corte (inciso 3).
- La supervisión de las medidas ordenadas se realiza a través de la pre-
sentación de informes estatales y observaciones de los beneficiarios
(inciso 7).

309 CORTE IDH. Asunto Liliana Ortega y otras. Medidas Provisionales respecto a Venezuela. Reso-
lución de la Corte del 4 de mayo de 2004, Considerando 12.
310 Conjuntamente con la Comisión, la Corte IDH ha modificado también su Reglamento en lo rela-
tivo a la solicitud de medidas provisionales. Entre las novedades, cabe resaltar las siguientes:
a) la posibilidad de pedir información adicional; b) una mejor regulación sobre el cumplimiento de
las medidas provisionales; y c) la armonización con la regulación sobre la supervisión del cum-
plimiento de las sentencias. Sobre este aspecto, puede revisarse GALVIS PATIÑO, María Clara.
“Las reformas de 2009 al Reglamento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: una re-
gulación de prácticas existentes y un ajuste al Reglamento de noviembre de 2000”. En: Derecho
PUC. Nº 63, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2009, pp. 153-172, específicamente p. 162.

214
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

La Corte puede pedir información adicional para apreciar, de mejor manera,


la gravedad y la urgencia que reviste el caso (inciso 8).
La medida provisional que puede adoptar la Corte puede ser tanto “pre-
ventiva” así como “innovativa”311. En todo caso, tratándose del dictado de
medidas restitutorias o anticipativas la Corte ha establecido en su juris-
prudencia que la realización de una audiencia es un requisito ineludible312.
Ahora bien, para afirmar la obligatoriedad de las medidas provisionales
emitidas por la Corte Interamericana, es necesario acudir al artículo 68.1
de la CADH, que establece la obligación de cumplir con las decisiones
de la Corte; así como a la interpretación realizada por esta, en el sentido
de que dicho Tribunal “tiene como facultad inherente a sus funciones, su-
pervisar el cumplimiento de las medidas provisionales de protección por
ella ordenadas y de emitir, a petición de parte o motu proprio, instruccio-
nes para el cumplimiento de las mismas (…)”313. O como señala Faún-
dez Ledesma, las medidas provisionales poseen carácter vinculante “por
cuanto su dictado es una consecuencia necesaria del procedimiento ju-
risdiccional del cual emanan”314. En adición a ello, es preciso indicar que,
como se anotó líneas más arriba, la obligatoriedad de las medidas provi-
sionales en nuestro ordenamiento encuentra su asidero en el artículo 2,
inciso e de la Ley Nº 27775, Ley que regula el procedimiento de ejecución
de sentencias emitidas por Tribunales Supranacionales.
D. Las medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de De-
rechos Humanos.
Las medidas cautelares, a diferencia de las provisionales, no tienen base
convencional, sino que están reguladas en el artículo 25 del Reglamen-
to de la Comisión Interamericana315. Precisamente, su artículo 1 señala

311 Al respecto, es importante señalar que la Corte ha interpretado que, mientras el propósito de las
medidas provisionales en los sistemas jurídicos nacionales es “[…] preservar los derechos de las
partes en controversia, asegurando que la sentencia de fondo no sea perjudicada por las accio-
nes de ellas pendente lite”, el propósito de las medidas urgentes y provisionales, en el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos, en cambio, “[…] va más allá, por cuanto, además de su
carácter esencialmente preventivo, protegen efectivamente derechos fundamentales, en la medi-
da en que buscan evitar daños irreparables a las personas” (Resolución del Presidente de la Cor-
te IDH, del 9 de octubre de 2000. Medidas provisionales solicitadas por la Corte IDH respecto de
la República de Colombia - Caso de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, consideran-
dos Nºs 9 y 10).
312 Resolución de la Corte IDH, de 28 de junio de 1996. Medidas provisionales solicitadas por la Corte
IDH respecto de la República del Ecuador - Caso Suárez Rosero, Considerando Nº 3.
313 CORTE IDH. Asunto Liliana Ortega y otras. Medidas Provisionales respecto a Venezuela. Reso-
lución de la Corte del 4 de mayo de 2004, Considerando N° 9.
314 FAÚNDEZ LEDESMA, Héctor. El sistema interamericano de protección de los Derechos Huma-
nos. Aspectos institucionales y procesales. tercera edición, revisada y puesta al día, Instituto In-
teramericano de Derechos Humanos, San José C.R., 2004, p. 586.
315 La Corte IDH ha modificado recientemente el régimen de las medidas cautelares, durante su 137º
Periodo de Sesiones, celebrado en octubre y noviembre de 2009. Estas reformas han entrado en
vigencia desde el 1 de enero de 2010.

215
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

que, en situaciones de gravedad y urgencia, la Comisión podrá, a inicia-


tiva propia o a solicitud de parte, solicitar que un Estado adopte medi-
das cautelares para prevenir daños irreparables a las personas o al ob-
jeto del proceso en conexión con una petición o caso pendiente. Entre
las principales características de este mecanismo procesal, podemos re-
saltar las siguientes:
- Sus presupuestos procesales son básicamente tres: a) la necesidad de
evitar daños irreparables a las personas; b) la gravedad y urgencia del
caso; y c) que el objeto de la medida sea evitar que se consume ese
daño.
- Las medidas pueden ser otorgadas, tanto a solicitud de parte, como
por iniciativa propia de la Comisión (inciso 1).
- Las medidas pueden otorgarse en el marco de una petición o caso pen-
diente ante la Comisión, pero también fuera de cualquier proceso (inci-
so 2).
- Las medidas pueden ser de naturaleza colectiva (inciso 3)316.
En cuanto al carácter vinculante de estas cautelares, podemos afirmar
que la obligatoriedad de las mismas se deriva del poder que tiene la Co-
misión de aplicar la Convención Americana y de preservar el objeto de liti-
gio o los derechos tutelados en el tratado317, por lo que es deber del Esta-
do parte dar cumplimiento a lo ordenado en ellas.
E. Los informes de solución amistosa. El asunto de las reparaciones está
confiado en primer lugar al acuerdo de las partes, las cuales pueden lle-
gar a una solución amistosa “fundada en el respeto a los derechos huma-
nos reconocidos en la Convención”. Pero este acuerdo inter partes queda
siempre sujeto a la homologación de la Corte. Siguiendo a Krsticevic, po-
demos afirmar que “en la medida en que la solución establezca la termina-
ción anticipada del proceso contencioso convencional, llevada a cabo con
el pleno compromiso del Estado, la aquiescencia de las víctimas y la su-
pervisión de la Comisión, la decisión de solución amistosa debe gozar del
carácter vinculante, definitivo y ejecutivo que habría tenido la resolución
de culminación del proceso318. Esto ha sido reconocido también por la pro-
pia Corte Interamericana, señalando que:

316 A modo de ejemplo, cabe señalar que la Comisión Interamericana ha otorgado medidas caute-
lares colectivas a favor de los siguientes grupos humanos: comunidades indígenas mayas y sus
miembros, en Belice; ciudadanos haitianos y dominicanos de origen haitiano en República Domi-
nicana; población del Corregimiento de La Granja, en Colombia; comunidad indígena Yaxye Axa,
de Paraguay; comunidades afrocolombianas que habitaban 49 caseríos ubicados en la Cuenca
del Río Naya, en Buenaventura, Colombia (Cfr. Informe Anual de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, correspondientes a los años 1999, 2000, 2001 y 2002, Secretaría General
de la Organización de los Estados Americanos, Washington, D. C.).
317 KRSTICEVIC, Viviana. Ob. cit., p. 21.
318 Ibídem, p. 22.

216
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“Si un Estado suscribe y ratifica un tratado internacional, especial-


mente si se trata de derechos humanos, como es el caso de la
Convención Americana, tiene la obligación de realizar sus mejo-
res esfuerzos para aplicar las recomendaciones de un órgano de
protección como la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos que es, además, uno de los órganos principales de la Orga-
nización de los Estados Americanos, que tiene como función ‘pro-
mover la observancia y la defensa de los derechos humanos’ en el
hemisferio (Carta de la OEA, artículos 52 y 111)”319.
Por lo demás, es preciso anotar que la Corte Interamericana ha dispuesto
que, una vez que el acuerdo ha sido homologado por su sentencia, cual-
quier controversia o diferencia que se suscite será dilucidada por dicho Tri-
bunal320; apreciando también que para dar cumplimiento a dicho acuerdo
es pertinente que el Estado adopte las medidas de reparación que se se-
ñalen, en los plazos y condiciones acordados, y de conformidad con lo es-
tablecido por el Tribunal en la sentencia de reparaciones321.
F. Finalmente, en cuanto a los informes definitivos o de fondo, si bien es
cierto que la Corte en una jurisprudencia que no ha sido revisada recien-
temente, no equipara su valor al de las sentencias del tribunal, lo cierto es
que tampoco desvincula al Estado de su obligación de respetar lo dispues-
to en ellos322.
Un elemento adicional que sirve decisivamente a los efectos de garantizar
la efectividad de las sentencias internacionales, siempre en el ámbito interna-
cional, lo constituye el sistema de ejecución y supervisión de tales decisio-
nes que nos ofrece el sistema interamericano323.
Es verdad que no existe en la Convención un procedimiento establecido
para la ejecución de las decisiones de la Corte. A lo más, el artículo 65 seña-
la escuetamente que dicho Tribunal “señalará los casos en que un Estado no
haya dado cumplimiento a sus fallos” con ocasión de su informe anual pre-
sentado ante la Asamblea General. Sin embargo, ello no enerva el hecho de
que las decisiones de la Corte, en la medida en que son el resultado de una

319 CORTE IDH. Caso Loayza Tamayo vs. Perú, Sentencia del 17 de setiembre de 1997, párrafo 80.
320 CORTE IDH. Caso Huilca Tesce vs. Perú, Sentencia del 3 de marzo de 2005, párrafo 122.
321 CORTE IDH. Caso Durand y Ugarte vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 3 de diciembre de
2001, párrafo 42; Caso Barrios Altos vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 30 de noviembre de
2001, párrafo 47.
322 KRSTICEVIC, Viviana. Ob. cit., p. 22.
323 Como lo demuestran las cifras, los casos contenciosos en supervisión de cumplimiento de sen-
tencias ha ido aumentando progresivamente con el paso del tiempo en el ámbito interamericano.
Así pues, según datos oficiales, el número de tales casos para el año 1990 ascendía a 2, para el
año 2000 eran 10, y para el año 2005, el número subió vertiginosamente a 59 (La Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos: Un Cuarto de Siglo: 1979-2004. Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos, San José C.R., 2005, p. 505).

217
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

función jurisdiccional, poseen la nota de executio necesaria para fundamen-


tar aquella labor de seguimiento. Con todo, no puede obviarse que este ha
sido uno de los aspectos más cuestionados por los Estados condenados a
prestaciones de hacer, de índole patrimonial o no, y cuando la sentencia hu-
biere impuesto acciones relacionadas a la reapertura de procesos judiciales
o la incompatibilidad entre leyes internas y la Convención.
Sea como fuere, el hecho de no contar con un procedimiento convencional
específico para supervisar el cumplimiento de sus sentencias, no ha sido im-
pedimento para que la Corte diseñe algunos interesantes mecanismos orien-
tados a tal fin. Sobre esta facultad supervisora de la ejecución de sus senten-
cias, la Corte ha interpretado que ella es un componente de la jurisdicción,
dado que sostener lo contrario significaría afirmar que las sentencias emiti-
das por ella sean meramente declarativas y no efectivas. En ese sentido, “el
cumplimiento de las reparaciones ordenadas por el Tribunal en su decisiones
es la materialización de la justicia para el caso concreto y, por ende, de la ju-
risdicción; en caso contrario se estaría atentando contra la raison d’être de la
operación del Tribunal”324. Como fundamento de esta afirmación, la Corte ha
señalado que:
“[L]a voluntad de los Estados, al aprobar lo estipulado en el artículo 65
de la Convención, fue otorgar a la misma Corte la facultad de supervi-
sar el cumplimiento de sus decisiones, y que fuera el Tribunal el encar-
gado de poner en conocimiento de la Asamblea General de la OEA, a
través de su Informe Anual, los casos en los cuales se diera un incum-
plimiento de las decisiones de la Corte, porque no es posible dar apli-
cación al artículo 65 de la Convención sin que el Tribunal supervise la
observancia de sus decisiones”325.
Utilizando el argumento a contrario, la Corte establece que:
“Una interpretación de la Convención Americana, en el sentido de per-
mitir que ningún órgano supervise el cumplimiento de las sentencias
por parte de los Estados responsables, iría en contra del objeto y pro-
pósito de dicho tratado, cual es la eficaz protección de los derechos hu-
manos, y privaría a todos los beneficiarios de la Convención de la ga-
rantía de protección de tales derechos por medio de la actuación de
su órgano jurisdiccional y la consecuente ejecución de lo decidido por
este. Permitir a los Estados que cumplan las reparaciones ordenadas
en las sentencias sin una adecuada supervisión equivaldría a dejar a su
libre voluntad la ejecución de lo dispuesto por el Tribunal”326.

324 CORTE IDH. Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá. Competencia. Sentencia del 28 de no-
viembre de 2003, párrafo 72.
325 Ibídem, párrafo 90.
326 Ibídem, párrafo 95.

218
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

Finalmente, también ha señalado la Corte que la supervisión del cumpli-


miento de las sentencias a su cargo, constituye una opinio juris communis, en
los siguientes términos:
“[L]a facultad de la Corte para supervisar el cumplimiento de sus sen-
tencias y el procedimiento adoptado para ello también encuentra su
fundamento en la práctica constante y uniforme de la Corte y en la re-
sultante opinio juris communis de los Estados Partes en la Conven-
ción, respecto de los cuales la Corte ha emitido diversas resoluciones
sobre cumplimiento de sentencia. La opinio juris communis significa la
manifestación de la conciencia jurídica universal a través de la obser-
vancia, por la generalidad de los miembros de la comunidad internacio-
nal, de una determinada práctica como obligatoria. La referida opinio
juris communis se ha manifestado en que dichos Estados han mostra-
do una actitud generalizada y reiterada de aceptación de la función su-
pervisora de la Corte, lo cual se ha visto clara y ampliamente demostra-
do con la presentación por parte de estos de los informes que la Corte
les ha solicitado, así como con la observancia de lo resuelto por el Tri-
bunal al impartirles instrucciones o dilucidar aspectos sobre los cuales
existía controversia entre las partes, relativos al cumplimiento de las
reparaciones”327.
En cuanto a los mecanismos propiamente dichos que componen este sis-
tema de ejecución y supervisión, y siguiendo en este punto a Krsticevic328, es
menester indicar que, hasta mediados del año 2005, la Corte Interamericana
mantuvo un método de supervisión que podemos denominar como “sistema
inicial”, el cual estaba compuesto de los siguientes tres elementos:
i) Un procedimiento contradictorio entre las partes del proceso para evaluar
el cumplimiento de sus decisiones finales.
ii) La realización de audiencias públicas329 para la supervisión de las medidas
provisionales. Como ha señalado la doctrina, se trata este de un mecanis-
mo efectivo, dado que muchas organizaciones que representan víctimas
prefieren estos mecanismos de supervisión internacional a los sistemas
de ejecución internos “pues entienden que volver al ámbito nacional impli-
ca devolver a las víctimas a una situación de desequilibrio de poder con el
Estado que solo la participación del órgano internacional puede evitar”330.

327 Ibídem, párrafo 102.


328 KRSTICEVIC, Viviana. Ob. cit., pp. 32-33.
329 A modo de referencia, puede revisarse los siguientes casos: Carpio Nicolle y otros; Pueblo Indí-
gena de Sarayaku; Penitenciarias de Mendoza, entre otros.
330 ABRAMOVICH, Víctor. Ob. cit., p. 13.

219
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

iii) La emisión de resoluciones evaluando el nivel de cumplimiento de los Es-


tados (llamadas “sentencias de cumplimiento”331). En estas resoluciones
interlocutorias se fijan además importantes deberes de información y pla-
zos para el cumplimiento de cada mandato particular332.
Sin embargo, a partir del año 2005, la Corte ha modificado de modo par-
cial este sistema, creando un “nuevo procedimiento” en virtud del cual lo que
hace es solicitar un informe al Estado, el cual remite a la Comisión y a las
víctimas para que formulen las respectivas observaciones. Luego de ello, la
Corte aprecia “si hubo cumplimiento de lo resuelto, orient[a] la acciones del
Estado para ese fin y, en su caso, cumpl[e] con la obligación de informar a la
Asamblea General, en los términos del artículo 65 de la Convención”333. Una
vez que la Corte presenta su informe anual ante la Asamblea mencionando
el incumplimiento del Estado parte, el procedimiento contradictorio culmina,
y en su lugar seguirá incluyendo esta comunicación en sus informes anuales
hasta el acatamiento de la sentencia334.
Por su parte, la Comisión Interamericana tiene también competencia para
supervisar el cumplimiento de sus decisiones, de conformidad con lo estable-
cido en el artículo 46.1 de su Reglamento, el cual señala que “[u]na vez publi-
cado un informe sobre solución amistosa o sobre el fondo en los cuales haya
formulado recomendaciones, la Comisión podrá tomar las medidas de segui-
miento que considere oportunas, tales como solicitar información a las partes
y celebrar audiencias (…)”. Sin embargo, lo cierto es que, hasta el momento,
la Comisión no ha emitido ninguna decisión de cumplimiento de este tipo, a
diferencia de lo que sucede con la Corte.

2.2. La ejecución de las sentencias internacionales en el ámbito in-


terno

La necesidad de que los ordenamientos jurídicos internos adopten las me-


didas que resulten necesarias para efectivizar el cumplimiento de las senten-
cias internacionales, constituye a no dudarlo un instrumento de primer orden
que afianza también las relaciones de “coordinación” y “cooperación” que
debe existir entre los ámbitos interno e internacional a efectos de lograr una

331 Entre las primeras, puede revisarse las “sentencias de cumplimiento” recaídas en los siguientes
casos: Caso Castillo Petruzzi y otros; Caso Loayza Tamayo, entre otros.
332 ABRAMOVICH, Víctor. Ob. cit., p. 14.
333 CORTE IDH. Resolución del 29 de junio de 2005. Supervisión de cumplimiento de sentencias
(Aplicabilidad del artículo 65 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos), párrafo 8.
334 CORTE IDH. Resolución del 29 de junio de 2005. Supervisión de cumplimiento de sentencias
(Aplicabilidad del artículo 65 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos), párrafo 9 y
Punto Resolutivo 1.

220
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

protección efectiva de los derechos humanos335. En ese sentido, la Corte In-


teramericana de Derechos Humanos ha interpretado que:
“Los Estados Partes en la Convención deben garantizar el cumplimien-
to de las disposiciones convencionales y sus efectos propios (effet uti-
le) en el plano de sus respectivos derechos internos. Este principio se
aplica no solo en relación con las normas sustantivas de los tratados
de derechos humanos (es decir, las que contienen disposiciones sobre
los derechos protegidos), sino también en relación con las normas pro-
cesales, tales como las que se refieren al cumplimiento de las decisio-
nes de la Corte (artículos 67 y 68.1 de la Convención). Las disposicio-
nes contenidas en los mencionados artículos deben ser interpretadas
y aplicadas de manera que la garantía protegida sea verdaderamente
práctica y eficaz, teniendo presentes el carácter especial de los trata-
dos de derechos humanos y su implementación colectiva”336.
Ahora bien, tal como se vio líneas arriba, en nuestro país el régimen jurí-
dico interno para el cumplimiento de las sentencias internacionales está re-
gulado en el artículo 115 del CPConst. y la Ley Nº 27775, Ley que regula el
procedimiento de ejecución de sentencias emitidas por Tribunales Suprana-
cionales; y para el caso de decisiones no jurisdiccionales, el Decreto Supre-
mo Nº 014-2000-JUS337.
Sin embargo, a pesar de los avances que esta regulación interna importa
para la vigencia efectiva de los derechos humanos en nuestro país, lo cierto
es que la doctrina ha hecho notar algunas deficiencias que, desde cualquier
punto de vista, sería deseable superar.
En efecto, se ha criticado, por ejemplo, que si bien la Ley Nº 27775 esta-
blece medidas adecuadas para lograr la ejecución de sentencias que orde-
nan el pago de indemnizaciones, no ha hecho lo mismo respecto de otros ti-
pos de decisiones del sistema interamericano, tales como la modificación de
leyes o la realización de actos públicos de desagravio, y muestra también li-
mitaciones derivadas de la práctica de control e impulso de la implementación

335 Sobre el particular, nuestro Tribunal Constitucional ha interpretado que entre los tribunales inter-
nacionales y los tribunales internos no existe una relación de jerarquización formalizada, sino una
relación de cooperación en la interpretación pro homine de los derechos fundamentales (STC Exp.
Nº 02730-2006-PA/TC, f. j. 15). Asimismo, el Tribunal ha entendido que es necesario entender al
Derecho Internacional como un Derecho de integración sobre la base de la responsabilidad inter-
nacional de los Estados. Así, en función de dicha responsabilidad no se postula la derogación au-
tomática de normas internas, en caso de conflicto con sus obligaciones en el plano internacional, ni
el desconocimiento de estas últimas en el orden nacional, sino su armonización e integración (STC
Exp. Nº 00679-2005-AA/TC, f. j. 35).
336 CORTE IDH. Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá. Competencia. Sentencia del 28 de no-
viembre de 2003, párrafo 66.
337 En su momento, y de modo más particular, se encuentra el Decreto Legislativo Nº 926, Decreto Le-
gislativo que norma las anulaciones en los procesos por delito de terrorismo seguido ante jueces y
fiscales con identidad secreta y por aplicación de la prohibición de recusación.

221
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

de las decisiones en cabeza del Poder Ejecutivo, quien responde internacio-


nalmente338.
Al respecto, Viviana Krsticevic señala que si bien no existe en la legisla-
ción comparada una figura que permita modificar la legislación local viola-
torias de las obligaciones asumidas internacionalmente, como consecuen-
cia de una decisión de un tribunal u órgano internacional de supervisión de
los derechos humanos, lo cierto es que se podrían establecer procedimien-
tos que faciliten la presentación de proyectos de ley que vayan dirigidos a ese
fin339. Más aún, incluso cabría ponerse en el supuesto de que la norma que
infringe la Convención (y que, por tanto, deba ser modificada o abrogada) no
sea una ley, sino la propia Constitución del Estado parte340. En este último
caso, es evidente que el mecanismo de reforma constitucional debiera estar
incluido en el propio texto de la Constitución.

3. Desarrollo jurisprudencial
En el devenir de su jurisprudencia, el Tribunal Constitucional ha ido afian-
zando progresivamente la protección de los derechos humanos en concor-
dancia directa con las decisiones (convencionales y jurisprudenciales) adop-
tadas en el seno del sistema interamericano.
Así pues, un primer aspecto a remarcar en ese largo iter jurisprudencial,
está constituido por el carácter vinculante que el Tribunal ha otorgado a los
tratados internacionales sobre derechos humanos, a los cuales ha otor-
gado rango constitucional. En consonancia con ello, el Colegiado Constitucio-
nal ha afirmado que:
“[E]l rango constitucional que detentan trae consigo que dichos tratados
están dotados de fuerza activa y pasiva propia de toda fuente de rango
constitucional; es decir, fuerza activa, conforme a la cual estos tratados

338 KRSTICEVIC, Viviana. Ob. cit., p. 78.


339 Ibídem, pp. 83-84. El tema, desde luego, no deja de tener relevancia para el caso peruano. Por
ejemplo, en la reciente sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, recaída en el
asunto Kenneth Ney Anzualdo Castro vs. Perú, se ha establecido la necesidad de adoptar las medi-
das necesarias para reformar, dentro de un plazo razonable, la legislación penal peruana en materia
de desaparición forzada de personas, a efectos de compatibilizarla con los estándares internacio-
nales, con especial atención a lo dispuesto en la Convención Americana y en la Convención Intera-
mericana sobre Desaparición Forzada de Personas (CORTE IDH. Caso Anzualdo Castro vs. Perú,
Sentencia de excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas, del 22 de setiembre de 2009, pun-
to resolutivo Nº 8).
340 Como se recuerda, este fue precisamente el caso de La Última Tentación de Cristo vs. Chile, en
cuya sentencia la Corte Interamericana constató la violación del artículo 13 de la Convención
Americana por el artículo 19 numeral 12 de la Constitución chilena, razón por la cual ordenó al
Estado sureño la respectiva modificación constitucional. Lo cierto es que, finalmente, el Legislati-
vo de este país modificó dicha norma constitucional, dejando sin efecto la censura previa para la
exhibición de películas. En el ámbito de las soluciones amistosas, puede darse cuenta del caso
Horacio Verbitsky vs. Argentina, en el cual como consecuencia de un acuerdo de este tipo, se de-
rogó el delito de desacato que existía en el Código Penal de ese país (Ley Nacional Nº 24198).

222
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

han innovado nuestro ordenamiento jurídico incorporando a este, en


tanto Derecho vigente, los derechos reconocidos por ellos, pero no bajo
cualquier condición, sino a título de derechos de rango constitucional.
Su fuerza pasiva trae consigo su aptitud de resistencia frente a normas
provenientes de fuentes infraconstitucionales, es decir, ellas no pueden
ser modificadas ni contradichas por normas infraconstitucionales e, in-
cluso, por una reforma de la Constitución que suprimiera un derecho re-
conocido por un tratado o que afectara su contenido protegido”341.
Desde luego, no puede haber duda que unas de las precondiciones para
la efectividad de las decisiones internacionales en el ámbito interno es, pre-
cisamente, la conciencia sobre la obligatoriedad y aplicación inmediata de
los tratados internacionales sobre derechos humanos (como, por ejemplo, la
Convención Americana) en virtud de los cuales tales decisiones son adopta-
das. Seguramente, esta es una labor que corresponde no solo al legislador
(ordinario o constituyente), sino que también corresponde satisfacer a las cor-
tes y tribunales. Es sobradamente conocido, por lo demás, que en muchos
países de la región este primer requisito no se cumple a cabalidad, o se cum-
ple con algunas dificultades. Por eso, resulta importante tener presente la ju-
risprudencia que el Tribunal Constitucional ha ido construyendo a lo largo del
tiempo sobre el particular, cuya valía podemos resumirla del siguiente modo:
ƒƒ Incorporación de los tratados internacionales sobre derechos huma-
nos en el ordenamiento jurídico interno (teoría monista)
“Los tratados internacionales sobre derechos humanos de los que el Esta-
do peruano es parte integran el ordenamiento jurídico. En efecto, confor-
me al artículo 55 de la Constitución, los ‘tratados celebrados por el Estado
y en vigor forman parte del derecho nacional’. En tal sentido, el derecho in-
ternacional de los derechos humanos forma parte de nuestro ordenamien-
to jurídico y, por tal razón, este Tribunal ha afirmado que los tratados que
lo conforman y a los que pertenece el Estado peruano, ‘son Derecho váli-
do, eficaz y, en consecuencia, inmediatamente aplicable al interior del Es-
tado’. Esto significa en un plano más concreto que los derechos humanos
enunciados en los tratados que conforman nuestro ordenamiento vinculan
a los poderes públicos y, dentro de ellos, ciertamente, al legislador”342.
ƒƒ Reconocimiento implícito del control de convencionalidad en el ám-
bito interno
“Las obligaciones, en materia de derechos humanos, no solo encuentran
un asidero claramente constitucional, sino su explicación y desarrollo en
el Derecho Internacional. El mandato imperativo derivado de la interpreta-
ción en derechos humanos implica, entonces, que toda la actividad pública

341 STC Exp. Nº 0025-2005-PI y 0026-2005-PI/TC (acumulados), f. j. 33.


342 STC Exp. Nº 0025-2005-PI y 0026-2005-PI/TC (acumulados), f. j. 25.

223
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

debe considerar la aplicación directa de normas consagradas en tratados


internacionales de derechos humanos, así como en la jurisprudencia de
las instancias internacionales a las que el Perú se encuentra suscrito”343.
ƒƒ Justificacióndel rango constitucional de los tratados sobre dere-
chos humanos
“La Constitución vigente no contiene una disposición parecida al artículo
105 de la Constitución de 1979, en la cual se reconocía jerarquía constitu-
cional a los tratados internacionales de derechos humanos; sin embargo,
a la misma conclusión puede arribarse desde una interpretación sistemá-
tica de algunas de sus disposiciones.
Por un lado, la Constitución, en el artículo 3, acoge un sistema de númerus
apertus de derechos constitucionales. En efecto, según esta disposición:
La enumeración de los derechos establecidos en este capítulo no exclu-
ye los demás que la Constitución garantiza, ni otros de naturaleza aná-
loga o que se fundan en la dignidad del hombre, o en los principios de
soberanía del pueblo, del Estado democrático de derecho y de la forma
republicana de gobierno.
Conforme a esta disposición el catálogo de derechos constitucionales no
excluye ‘otros de naturaleza análoga’ o que ‘se fundan’ en determinados
principios fundamentales del ordenamiento constitucional. Es decir, exis-
te otro conjunto de derechos constitucionales que está comprendido tanto
por ‘derechos de naturaleza análoga’ como por los que se infieren de los
principios fundamentales.
Los ‘derechos de naturaleza análoga’ pueden estar comprendidos en cual-
quier otra fuente distinta a la Constitución, pero que ya conforma el orde-
namiento jurídico. Dentro de las que pudiera identificarse como tal no cabe
duda que se encuentran los tratados internacionales sobre derechos hu-
manos de los que el Estado peruano es parte. En efecto, si en las fuentes
de nuestro ordenamiento jurídico se indaga por aquella donde se pueda
identificar derechos que ostenten ‘naturaleza análoga’ a los derechos que
la Constitución enuncia en su texto, resulta indudable que tal fuente resi-
de, por antonomasia, en los tratados internacionales sobre derechos hu-
manos que conforman nuestro ordenamiento jurídico. En consecuencia,
dichos tratados, todos ellos de consuno, enuncian derechos de naturaleza
‘constitucional’.
Por otro lado, el artículo 57, segundo párrafo, establece que ‘Cuando el
tratado afecte disposiciones constitucionales debe ser aprobado por el
mismo procedimiento que rige la reforma de la Constitución, antes de ser
ratificado por el Presidente de la República’. Esta norma regula la fuente

343 STC Exp. Nº 02798-2004-HC/TC, f. j. 8.

224
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

constitucional de producción, admisión y/o control de los tratados en la


medida que de afectar la Constitución por el fondo se establece una for-
ma agraviada de su incorporación al orden jurídico nacional, siguiendo el
proceso de la reforma constitucional. Si bien todo tratado que verse sobre
materia constitucional no significa una afectación constitucional, por cuan-
to podría solamente complementarla o desarrollarla, en cambio se deriva
de dicha norma suprema la constitucionalización de determinados trata-
dos internacionales. Dentro de ellas es fácilmente reconocible los tratados
de derechos humanos establecidos analógicamente en el artículo 3 y re-
forzados en su ejecución en la Cuarta Disposición Final y Transitoria.
En consecuencia, debe descartarse la tesis según la cual los tratados
internacionales sobre derechos humanos detentan jerarquía de ley debido
a que la Constitución, al haber enumerado las normas objeto de control a
través de la ‘acción de inconstitucionalidad’ (artículo 200, inciso 4), ha ad-
judicado jerarquía de ley a los tratados en general. Tal argumento debe ser
desestimado debido a que dicha enumeración tiene como único efecto el
enunciar las normas que constituyen objeto de control a través de la “ac-
ción” de inconstitucionalidad”344.
ƒƒ Interpretación de los derechos fundamentales a la luz de los trata-
dos internacionales sobre derechos humanos y según la jurispru-
dencia de los órganos internacionales de protección de los dere-
chos humanos
“Tal como lo dispone el artículo 55 de la Constitución, los tratados celebra-
dos por el Estado y en vigor forman parte del derecho nacional. De esta
manera, los tratados sobre derechos humanos ratificados por el Estado
peruano, por pertenecer al ordenamiento jurídico interno, son Derecho vá-
lido, eficaz y, en consecuencia, inmediatamente aplicable al interior del
Estado.
Los derechos fundamentales reconocidos por nuestra Constitución, deben
ser obligatoriamente interpretados de conformidad con los tratados y los con-
venios internacionales sobre derechos humanos ratificados por el Perú y en
concordancia con las decisiones adoptadas por los tribunales internacionales
sobre derechos humanos constituidos según tratados de los que el Perú es
parte (Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución y artículo V del
Título Preliminar del Código Procesal Constitucional).
En tal sentido, el ejercicio interpretativo que realice todo órgano jurisdic-
cional del Estado (o que desempeñe funciones materialmente jurisdiccio-
nales), para determinar el contenido constitucionalmente protegido de los
derechos fundamentales, debe estar obligatoriamente informado por las
disposiciones de los tratados internacionales de derechos humanos y por

344 STC Exp. Nº 0025-2005-PI y 0026-2005-PI/TC (acumulados), ff. jj. 27 al 32.

225
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

la interpretación de las mismas realizada por los tribunales internacionales


sobre derechos humanos a través de sus decisiones”345.
“Los tratados internacionales sobre derechos humanos no solo forman par-
te positiva del ordenamiento jurídico nacional (artículo 55 de la Constitu-
ción), sino que la Cuarta Disposición Final y Transitoria (CDFT) de la Cons-
titución –en cuanto dispone que los derechos fundamentales reconocidos
por ella se interpretan de conformidad con los tratados y acuerdos inter-
nacionales sobre derechos humanos ratificados por el Perú– exige a los po-
deres públicos nacionales que, a partir del ejercicio hermenéutico, incorpo-
ren en el contenido protegido de los derechos constitucionales los ámbitos
normativos de los derechos humanos reconocidos en los referidos tratados.
Se trata de un reconocimiento implícito de la identidad nuclear sustancial
compartida por el constitucionalismo y el sistema internacional de protec-
ción de los derechos humanos: la convicción jurídica del valor de la digni-
dad de la persona humana, a cuya protección y servicio se reconduce, en
última y definitiva instancia, el ejercicio de todo poder.
El Estado peruano no solo ha ratificado la Convención Americana de De-
rechos Humanos (12 de julio de 1978), sino que, en observancia de su ar-
tículo 62.1, mediante instrumento de aceptación de fecha 21 de enero de
1981, ha reconocido como obligatoria de pleno derecho la competencia
contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en ade-
lante, Corte IDH o ‘la Corte’), para conocer cualquier caso relativo a la in-
terpretación y aplicación de las disposiciones de la Convención America-
na (en adelante, la Convención) que le sea sometido (artículo 62.3 de la
Convención).
Sobre el particular, la Corte tiene establecido que:
La aceptación de la competencia contenciosa de la Corte constituye
una cláusula pétrea que no admite limitaciones que no estén expresa-
mente contenidas en el artículo 62.1 de la Convención (...). El artículo
29.a de la Convención Americana establece que ninguna disposición
de la misma puede ser interpretada en el sentido de permitir a alguno
de los Estados parte, grupo o persona, suprimir el goce y ejercicio de
los derechos y libertades reconocidos en la Convención o limitarlos en
mayor medida que la prevista en ella. Una interpretación de la Conven-
ción Americana en el sentido de permitir que un Estado pueda retirar
su reconocimiento de la competencia obligatoria del Tribunal (...), im-
plicaría la supresión del ejercicio de los derechos y libertades recono-
cidos por la Convención, iría en contra de su objeto y propósito como
tratado de derechos humanos, y privaría a todos los beneficiarios de la
Convención de la garantía adicional de protección de tales derechos

345 STC Exp. Nº 05854-2005-AA/TC, ff. jj. 22 y 23.

226
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

por medio de la actuación de su órgano jurisdiccional (...). Un Estado


que aceptó la jurisdicción obligatoria de la Corte Interamericana según
el artículo 62.1 de la misma, pasa a obligarse por la Convención como
un todo (...).
En dicha perspectiva, las obligaciones relativas a la interpretación de los
derechos constitucionales no solo se extiendan al contenido normativo de
la Convención stricto sensu, sino a la interpretación que de ella realiza la
Corte a través de sus decisiones. En ese sentido, el artículo V del Título
Preliminar del Código Procesal Constitucional (CPConst.), establece:
El contenido y alcances de los derechos constitucionales protegidos
por los procesos regulados en el presente Código deben interpretar-
se de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Huma-
nos, los tratados sobre derechos humanos, así como de las decisiones
adoptadas por los tribunales internacionales sobre derechos humanos
constituidos según tratados de los que el Perú es parte”346.
ƒƒ Doble carácter de la vinculación de los tratados sobre derechos hu-
manos en el ámbito interno
“La cualidad constitucional de esta vinculación derivada directamente de
la CDFT de la Constitución, tiene una doble vertiente en cada caso con-
creto: a) reparadora, pues interpretado el derecho fundamental vulnera-
do a la luz de las decisiones de la Corte, queda optimizada la posibilidad
de dispensársele una adecuada y eficaz protección; y, b) preventiva, pues
mediante su observancia se evitan las nefastas consecuencias institucio-
nales que acarrean las sentencias condenatorias de la Corte IDH, de las
que, lamentablemente, nuestro Estado conoce en demasía. Es deber de
este Tribunal y, en general, de todo poder público, evitar que este negati-
vo fenómeno se reitere.
En suma, por imperio del canon constitucional que es deber de este Co-
legiado proteger, se deriva un deber adicional para todos los poderes pú-
blicos; a saber, la obligatoria observancia tanto de los tratados sobre de-
rechos humanos ratificados por el Perú, como de la interpretación de ellos
realizada en todo proceso por los tribunales internacionales constituidos
según tratados de los que el Perú es parte”347.
ƒƒ Obligación del Estado de adoptar medidas de Derecho interno para
efectivizar los derechos reconocidos en los tratados internacionales
sobre derechos humanos
“[E]ste Tribunal encuentra que la obligación del Estado de adoptar medi-
das de derecho interno para efectivizar los derechos establecidos en un

346 STC Exp. Nº 02730-2006-AA/TC, ff. jj. 9 al 11.


347 STC Exp. Nº 02730-2006-AA/TC, ff. jj. 12 al 14.

227
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

tratado de derechos humanos, no es un deber cuya fuente tenga que bus-


carse en un artículo expreso de ese mismo tratado. En primer lugar, por-
que sería errado sostener que un tratado de derechos humanos directa-
mente aplicable y vinculante para un Estado Parte, tolera al mismo tiempo
su inoperancia fruto de la no regulación a nivel interno de los derechos
en él reconocidos. Y en segundo lugar, porque una interpretación distin-
ta implicaría desconocer que los tratados de derechos humanos deben in-
terpretarse no solo de buena fe y atendiendo a su objeto y propósito (ar-
tículo 31 de la Convención de Viena), sino también en atención al principio
pro homine, es decir, prefiriendo la interpretación que mejor favorezca a la
protección de los derechos humanos por aquel reconocidos (…)”348.
Aunado a todo ello, y a los efectos del presente trabajo, importa destacar
que el Tribunal Constitucional ha emitido pronunciamientos expresos en re-
lación al carácter vinculante de ciertas decisiones emitidas en el marco del
sistema interamericano de protección de los derechos humanos, de lo cual
puede derivarse el carácter “ejecutable” de tales pronunciamientos en sede
interna.
Así pues, en relación con las sentencias de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, el Tribunal Constitucional ha reconocido, desde un prin-
cipio, que tales decisiones son vinculantes para todos los poderes públicos349.
Ahondando en ello, ha precisado que:
“La vinculatoriedad de las sentencias de la [Corte] IDH no se agota en
su parte resolutiva (la cual, ciertamente, alcanza solo al Estado que es
parte en el proceso), sino que se extiende a su fundamentación o ratio
decidendi, con el agregado de que, por imperio de la CDFT de la Cons-
titución y el artículo V del Título Preliminar del CPConst., en dicho ám-
bito la sentencia resulta vinculante para todo poder público nacional,
incluso en aquellos casos en los que el Estado peruano no haya sido
parte en el proceso. En efecto, la capacidad interpretativa y aplicati-
va de la Convención que tiene la [Corte]IDH, reconocida en el artículo
62.3 de dicho tratado, aunada al mandato de la CDFT de la Constitu-
ción, hace que la interpretación de las disposiciones de la Convención
que se realiza en todo proceso, sea vinculante para todos los poderes
públicos internos, incluyendo, desde luego, a este Tribunal”350.
Asimismo, en relación con las recomendaciones de la Comisión Intera-
mericana de Derechos Humanos, el Tribunal Constitucional ha interpretado
que:

348 STC Exp. Nº 05427-2009-AC/TC, f. j. 35.


349 STC Exp. Nº 0007-2007-PI/TC, f. j. 36.
350 STC Exp. Nº 02730-2006-AA/TC, f. j. 12.

228
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“[C]onforme al artículo 106 de la Carta de la Organización de los Esta-


dos Americanos, la Comisión es un órgano del sistema interamericano.
Por otra parte, es también un órgano de la Convención, cuyas atribucio-
nes constan en el artículo 41 de ese instrumento. En tanto órgano de la
Convención, la Comisión se vincula con la Corte, ya que ambas tienen,
aunque con diferentes facultades, la función de examinar comunicacio-
nes individuales y estatales, de acuerdo con los artículos 44, 45, 51, 61
y siguientes de la Convención.
En este contexto, la Comisión IDH ha sido considerada por la doctrina
internacional como un órgano cuasi jurisdiccional, que posee algunos
de los atributos de un tribunal, como la Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos, pero no todos. Así, Daniel O’Donnell señala que la Co-
misión IDH comparte elementos comunes con los tribunales como son
los siguientes: (i) su competencia está definida por un tratado y/o un es-
tatuto aprobado por una organización internacional, (ii) es permanente,
autónoma y dotada de garantías de independencia y, (iii) sus decisio-
nes se basan en el derecho internacional y son fundadas. La caracte-
rística que la distingue de los tribunales es que la obligatoriedad de sus
pronunciamientos no está consagrada por un instrumento.
Así las cosas, resulta pertinente recordar que el artículo 50 de la Con-
vención determina que el Estado debe adoptar las medidas pertinen-
tes para cumplir con las recomendaciones de la Comisión. De lo con-
trario, podría ser remitido a la jurisdicción de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, con las consecuencias de poder ser condena-
do internacionalmente por violación a los derechos reconocidos por la
Convención.
De ahí que la doctrina internacional haya señalado que en las denun-
cias individuales regidas por la Convención, las decisiones que adop-
ta la Comisión IDH reúnen las condiciones para ser obligatorias, ya que
se trata de un proceso con todas las garantías, por lo que en estas si-
tuaciones la Comisión actúa como un organismo cuasi jurisdiccional,
a tal punto que sus resoluciones poseen las mismas formalidades que
un fallo.
En el caso de la solución amistosa, este Tribunal considera que la ho-
mologación de dicho acto por parte de la Comisión IDH constituye fuen-
te del derecho internacional de los derechos humanos, debido a que
cuando se realiza la homologación, la Comisión IDH actúa como un ór-
gano cuasi jurisdiccional, pues en virtud del inciso 1.f. del artículo 48
de la Convención, realiza una evaluación tanto formal como material
de la solución amistosa adoptada, a fin de que esta efectivamente ten-
ga por finalidad el respeto a los derechos humanos reconocidos en la
Convención.

229
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Por ello, en razón de la naturaleza consensual del procedimiento de so-


lución amistosa, es válido afirmar que el Estado peruano, cuando fir-
ma un acuerdo de solución amistosa, asume la responsabilidad fren-
te a la violación de un derecho alegado por el peticionante, lo cual es
avalado y comprobado por la Comisión IDH, en virtud del propio reco-
nocimiento del propio Estado peruano. De lo contrario, no habría razón
de ser para que se realice un acuerdo de esta naturaleza en el seno de
este órgano.
En buena cuenta, mediante el acuerdo de solución amistosa el Esta-
do demandado reconoce que va a adoptar, en el menor tiempo posi-
ble, todas las medidas necesarias, de orden administrativo o judicial,
para que cese la violación cometida sobre un derecho fundamental de-
terminado.
Consecuentemente el acuerdo de solución amistosa, al ser un acto
multilateral de una Organización Internacional de protección de los de-
rechos fundamentales (Comisión IDH), porque interviene un Estado
parte de la Convención (Perú) y una persona sujeta a la jurisdicción del
Estado parte (peticionante), tiene efecto vinculante.
En igual sentido, para abonar la tesis del efecto vinculante del acuerdo
de solución amistosa, debe señalarse que este como fuente del dere-
cho internacional de los derechos humanos, es incorporado de manera
automática en el ordenamiento jurídico interno del Estado sin que se re-
quiera una norma de armonización, desarrollo o transformación, como
sería el caso de una ley.
Asimismo, en virtud de que el Estado peruano es parte de la Conven-
ción, las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Huma-
nos, las resoluciones de la Comisión IDH, así como los acuerdos de
solución amistosa, tienen fuerza vinculante en el ordenamiento jurídi-
co interno, lo que conlleva, un deber correlativo de las autoridades del
Estado de hacer efectivos los deberes de respeto y protección de los
derechos fundamentales”351.
Ya en el ámbito del sistema universal de protección de derechos huma-
nos, el Tribunal Constitucional ha considerado que los pronunciamientos del
Comité de Derechos Humanos también tienen carácter vinculante en nues-
tro país, al merituar que:
“[E]l pronunciamiento emitido por el Comité de Derechos Humanos,
cuya observancia precisamente se está invocando por el demandan-
te, tiene en sí mismo, los alcances de una sentencia internacional

351 RTC Exp. Nº 01412-2007-PA/TC, ff. jj. 9, 10 y 11.

230
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

definitiva, que al Estado que suscribe un Convenio Internacional en


materia de Derechos Humanos, necesariamente corresponde cumplir
y ejecutar, conforme a lo dispuesto por el artículo 40 de la Ley Nº 23506,
en concordancia con el artículo 101 de la Constitución Política del
Estado de 1979, vigente al momento de plantearse la presente
controversia”352.
Ahora bien, a pesar de reconocer el carácter vinculante de las decisiones
emitidas en el marco del sistema interamericano, lo cierto es que el Tribunal
ha señalado que el proceso de amparo no constituye la vía idónea para hacer
cumplir las sentencia de la Corte Interamericana, “las que en cualquier caso,
prima facie, se hacen valer en el marco de lo que establece el artículo 115 del
Código Procesal Constitucional y la Ley Nº 27775, que regula el procedimien-
to de ejecución de sentencias emitidas por Tribunales supranacionales”353.
Con ese mismo temperamento, el Tribunal ha señalado enfáticamente que
los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no tienen
carácter vinculante, dado que:
“[C]onforme al artículo 28 del Estatuto de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, ‘La Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos comparecerá y será tenida como parte ante la Corte, en todos los
casos relativos a la función jurisdiccional de esta, conforme al artículo
2.1 del presente Estatuto’. Siendo así, la solicitud presentada por la Co-
misión ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos constituye
una solicitud de parte y no vincula ni a la Corte y tampoco, en principio,
a este Tribunal”354.

4. Preguntas de interés

‰‰¿Cuál es el fundamento de la obligatoriedad de las decisiones emiti-


das por la Corte Interamericana de Derechos Humanos?
Como se vio, esta conclusión se desprende de la lectura de los artículos 67 y
68 de la Convención Americana, los cuales establecen que tales pronuncia-
mientos son definitivos, inapelables y vinculantes. Más específicamente, la
propia Corte ha interpretado que:
“La obligación de cumplir con lo dispuesto en las decisiones
del Tribunal corresponde a un principio básico del derecho de
la responsabilidad internacional del Estado, respaldado por la
jurisprudencia internacional, según el cual los Estados deben

352 STC Exp. Nº 012-95-AA/TC, f. j. 2.


353 STC Exp. Nº 01993-2008-PA/TC, f. j. 14.
354 STC Exp. Nº 01993-2008-PA/TC, f. j. 24.

231
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

cumplir sus obligaciones convencionales internacionales de


buena fe (pacta sunt servanda) y, como ya ha señalado esta
Corte y como lo dispone el artículo 27 de la Convención de Vie-
na sobre el Derecho de los Tratados de 1969, no pueden, por ra-
zones de orden interno, dejar de atender la responsabilidad in-
ternacional ya establecida. En lo que atañe a la ejecución, en el
ámbito del derecho interno, de las reparaciones ordenadas por
la Corte, los Estados responsables no pueden modificarlas o in-
cumplirlas invocando para ello disposiciones de su ordenamien-
to jurídico interno”355.
Como se puede apreciar en este último punto, la Corte reconoce también
una suerte de “intangibilidad” de las sentencias por ella emitidas, de modo
tal que puede concluirse sin problemas que también las sentencias inter-
nacionales deben ser cumplidas por el Estado parte “en sus propios térmi-
nos”, esto es, sin desnaturalizarlas.

‰‰¿Qué “tipo” de sentencia es la emitida por la Corte Interamericana de


Derechos Humanos?
Como se dijo antes, las sentencias de la Corte Interamericana pueden ser
únicamente sobre el fondo, o estas más el pronunciamiento sobre las re-
paraciones. Según señala García Ramírez, en el primer caso, dado que la
sentencia declara la existencia de una violación a la Convención America-
na sobre Derechos Humanos, reviste carácter declarativo. Sin embargo,
en el segundo de los casos, estamos ante una sentencia mixta (declarati-
va y condenatoria), en la que se agotan los puntos declarativos y solo se
inician, como base para el acuerdo de las partes o la futura resolución de
la Corte, los condenatorios356.

‰‰¿Cuál es el monto máximo del presupuesto que puede afectarse para


dar cumplimiento a una sentencia internacional?
En aplicación del artículo 70.1 de la Ley Nº 28411, Ley General del Siste-
ma Nacional del Presupuesto Público, cabe señalar que este monto es el
3% de los montos aprobados en el Presupuesto Institucional de Apertura
(PIA) de la entidad responsable, para lo cual el Ministerio de Economía de-
berá abrir la correspondiente cuenta bancaria. Aunado a ello, es menester
señalar que el artículo 70.3 de esta misma Ley aclara que “[l]os pagos de
las sentencias judiciales, incluidas las sentencias supranacionales, debe-
rán ser atendidos por cada Entidad, con cargo a su respectiva cuenta ban-
caria (…) debiendo tomarse en cuenta las prelaciones legales”.

355 CORTE IDH. Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá. Competencia. Sentencia del 28 de no-
viembre de 2003, párrafo 61.
356 GARCÍA RAMÍREZ, Sergio. Ob. cit., p. 132.

232
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

‰‰¿Existen casos actuales de supervisión de sentencias internacio-


nales respecto del Estado peruano en el sistema interamericano?
Según el Informe Anual de la Corte Interamericana de Derechos Huma-
nos, correspondiente al año 2009, las sentencias que involucran al Estado
peruano como Estado responsable y que actualmente están en etapa de
supervisión de cumplimiento, son las siguientes:
• Caso Cinco Pensionistas vs. Perú. El 19 de octubre de 2009, la
Corte realizó una audiencia privada con el propósito de obtener
información por parte del Estado peruano sobre el cumplimiento de
la Sentencia de fondo, reparaciones y costas dictadas en este caso
y escuchar las observaciones de la Comisión y de los representan-
tes al respecto.
• Caso Trabajadores Cesados del Congreso vs. Perú. El 8 de julio de
2009 la Corte realizó una audiencia privada con el propósito de obtener
información por parte del Estado peruano sobre el cumplimiento de la
Sentencia de excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas
dictada en este caso, así como escuchar las observaciones de la Co-
misión y de los representantes al respecto.
• Caso Ivcher Bronstein vs. Perú. El 31 de marzo de 2009 la Corte
realizó una audiencia privada con el propósito de obtener informa-
ción por parte del Estado peruano sobre el cumplimiento de la Sen-
tencia de fondo, reparaciones y costas dictadas en este caso y es-
cuchar las observaciones de la Comisión y de los representantes
sobre el particular.
Asimismo, la Corte ha emitido resoluciones sobre la supervisión del cum-
plimiento de las sentencias emitidas en los siguientes casos:
- Caso La Cantuta vs. Perú.
- Caso Cantoral Benavides vs. Perú.
- Caso Neira Alegría vs. Perú.
- Caso Gómez Palomino vs. Perú.
- Caso Cantoral Huamaní y García Santa Cruz vs. Perú.
- Caso Baldeón García vs. Perú.
- Caso Castillo Páez vs. Perú.
- Caso Centro Penal Miguel Castro Castro vs. Perú.
- Caso Cinco Pensionistas vs. Perú.
- Caso Trabajadores Cesados del Congreso . Perú.
Finalmente, es preciso indicar que la Corte ha emitido resoluciones sobre
supervisión de la implementación de medidas provisionales en el Caso de
los Hermanos Gómez Paquiyauri vs. Perú.

233
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

‰‰¿Es el mecanismo de supervisión del cumplimiento de sentencias di-


señado por la Corte, un procedimiento de oficio o a pedido de parte?
La Corte Interamericana ha admitido expresamente ambas posibilidades,
al merituar que dicho Tribunal:
“[T]iene el poder inherente a sus atribuciones de emitir, a peti-
ción de parte o motu propio, instrucciones para el cumplimien-
to e implementación de las medidas de reparación por ella orde-
nadas, con el propósito de cumplir efectivamente con la función
de velar por el fiel cumplimiento de sus decisiones. Las decisio-
nes emitidas por la Corte en el procedimiento de supervisión de
cumplimiento atañen directamente a las reparaciones ordena-
das por el Tribunal, de manera que no modifican sus fallos, sino
que aclaran su alcance a la luz de la conducta del Estado y tra-
tan de que el cumplimiento e implementación de las reparacio-
nes se haga de la forma indicada en la referida decisión y de la
forma que mejor proteja los derechos humanos”357.
Por lo tanto, las denominadas “resoluciones de cumplimiento” no tienen
por finalidad ni disminuir ni aumentar parte del fallo, sino solo supervisar
su cabal cumplimiento.

‰‰¿Cuál es el plazo para que el Estado parte cumpla con una senten-
cia internacional?
La Corte ha adoptado plazos distintos. Así pues, tratándose de indemni-
zaciones (esto es, aquellas que cubren el daño material, el daño inmate-
rial y los gastos y costas), la Corte Interamericana ha señalado usualmen-
te que el pago debe realizarse dentro del plazo de un año, contado a partir
de la notificación de la sentencia358, y otras veces en el plazo de seis me-
ses359. Es preciso indicar que este Tribunal ha interpretado que dicho pago
no puede estar afecto, reducido o condicionado por motivos fiscales ac-

357 CORTE IDH. Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá. Competencia. Sentencia del 28 de no-
viembre de 2003, párrafo 132.
358 CORTE IDH. Caso Yatama vs. Nicaragua, Sentencia de 23 de junio de 2005, párrafo 266; Caso
de las Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador, Sentencia de 1 de marzo de 2005, párrafo 208;
Caso Masacre Plan de Sánchez vs. Guatemala, Sentencia de reparaciones del 19 de noviembre
de 2004, párrafo 117; Caso De la Cruz Flores vs. Perú, Sentencia del 18 de noviembre de 2004,
párrafo 179; Caso “Cinco Pensionistas” vs. Perú, Sentencia del 28 de febrero de 2003, párrafo
184; entre otros.
359 Caso Bulacio vs. Argentina, Sentencia del 18 de setiembre de 2003, párrafo 157; Caso Báma-
ca Velásquez vs. Guatemala, Sentencia de reparaciones del 22 de febrero de 2002, párrafo 96;
Caso Cantoral Benavides vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 3 de diciembre de 2001, párra-
fo 91; Caso Cesti Hurtado vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 31 de mayo de 2001, párrafo
74; Caso Blake vs. Guatemala, Sentencia de reparaciones del 22 de enero de 1999, párrafo 71;
Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, Sentencia de reparaciones del 20 de enero de 1999, párrafo
104; Caso Castillo Páez vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 27 de noviembre de 1998, párra-
fo 114; Caso Loayza Tamayo vs. Perú, Sentencia de reparaciones del 27 de noviembre de 1998,
párrafo 185, entre otros.

234
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

tuales o futuros, por lo que deberán ser entregados a los beneficiarios


en forma íntegra conforma a lo establecido en la propia sentencia360. En
todo caso, si el Estado incurriera en mora, deberá pagar un interés so-
bre la cantidad adeudada, correspondiente al interés bancario moratorio
del Estado parte361.
Sin embargo, tratándose de otras formas de reparación distintas a las in-
demnizaciones, la Corte ha otorgado usualmente un “plazo razonable”, lo
que sucedió cuando la Corte ordena el deber de investigación362, la devo-
lución de restos mortales, el cambio en la legislación363, el cambio en el
sistema de información genética, la realización de un nuevo proceso con
los cánones de la Convención364.

‰‰¿Es necesario agotar las medidas coercitivas establecidas en el ar-


tículo 22 del CPConst. para acudir a la jurisdicción internacional?
El artículo 205 de la Constitución señala que “[a]gotada la jurisdicción in-
terna, quien se considere lesionado en los derechos que la Constitución
reconoce puede recurrir a los tribunales u organismos internacionales
constituidos según tratados o convenios de los que el Perú es parte”. En
concordancia con ello, el artículo 114 del CPConst. dispone que tales or-
ganismos internacionales son: el Comité de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de
la Organización de Estados Americanos y aquellos otros que se constitu-
yan en el futuro y que sean aprobados por tratados que obliguen al Perú.
Surge, sin embargo, la interrogante de si para acudir a la jurisdicción de
la Comisión Interamericana resulta necesario agotar los mecanismos es-
tablecidos en el artículo 22 del CPConst. con el fin de hacer cumplir una
sentencia constitucional. Ello, teniendo en cuenta que el artículo 46.1 a)
de la Convención Americana es sumamente claro al disponer que, para
que sea admisible una denuncia presentada ante la Comisión Intera-
mericana de conformidad con el artículo 44 de la Convención, es ne-
cesario “[q]ue se hayan intentado y agotado los recursos de jurisdicción

360 CORTE IDH. Caso Acosta Calderón vs. Ecuador, Sentencia de fondo, reparaciones y costas del
24 de junio de 2005, párrafo 172; Caso Yatama vs. Nicaragua, Sentencia del 23 de junio de 2005,
párrafo 271.
361 CORTE IDH. Caso Acosta Calderón vs. Ecuador, Sentencia de fondo, reparaciones y costas del
24 de junio de 2005, párrafo 173; Caso Yatama vs. Nicaragua, Sentencia del 23 de junio de 2005,
párrafo 273.
362 CORTE IDH. Caso Molina Theissen vs. Guatemala, Sentencia de reparaciones del 3 de julio de
2004, párrafo 98.
363 CORTE IDH. Caso Yatama vs. Nicaragua, Sentencia del 23 de junio de 2005, párrafo 267; Caso
Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Sentencia del 2 de julio de 2004, párrafo 204; Caso “La Última Ten-
tación de Cristo” (Olmedo Bustos y otros) vs. Chile, Sentencia del 5 de febrero de 2001, párrafos
97 y 98 y punto resolutivo Nº 4.
364 CORTE IDH. Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú, Sentencia del 30 de mayo de 1999, párrafos
221 y 222 y punto resolutivo Nº 13.

235
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

interna, conforme a los principios del Derecho Internacional generalmente


reconocidos”. Desde luego, este requisito tiene como objeto permitir que
las autoridades nacionales conozcan sobre la supuesta vulneración de un
derecho protegido y, de ser apropiado, tengan la oportunidad de solucio-
narla antes de que sea conocida por una instancia internacional.
Pues bien, es preciso anotar que la Comisión ha interpretado que las me-
didas conminatorias establecidas en el artículo 22 del CPConst. no consti-
tuyen un requisito de ineludible cumplimiento para acceder a la jurisdicción
internacional, cuando se observa un retardo injustificado por parte del Es-
tado. Este pronunciamiento tuvo como escenario la denuncia presentada
por varias ONG’s a favor de un grupo de personas de la ciudad de La Oro-
ya por la violación por parte del Estado peruano de los derechos a la vida,
integridad personal, entre otros, ocasionada por la contaminación ambien-
tal originada a consecuencia del complejo metalúrgico que allí funciona.
Como se sabe, el Tribunal Constitucional declaró fundada una demanda
de cumplimiento interpuesta por los recurrentes, y que ordenaba a las en-
tidades competentes la adopción de ciertas medidas para revertir la situa-
ción inconstitucional advertida. No obstante, lo que ahora alegaban los re-
currentes en sede interamericana era que dicha sentencia estimatoria de
cumplimiento no había sido cumplida, esto es, continuaba pendiente de
ejecución. En razón a ello, presentaron una denuncia ante la Comisión In-
teramericana.

En el trámite de dicha denuncia, el Estado peruano había presenta-


do una excepción de falta de agotamiento de los recursos internos,
en atención a tres argumentos: a) que el proceso de verificación del
cumplimiento de la sentencia aún continuaba abierto y por ende no
se encontraba agotado; b) que las partes demandantes no habían
interpuesto los mecanismos de apercibimientos conminatorios es-
tablecidos en el artículo 22 del CPConst.; y c) que los demandan-
tes no habían interpuesto un recurso de amparo para hacer cumplir
la sentencia de cumplimiento.

Por su parte, los peticionarios argumentaban que no era necesario


esperar de manera indefinida el cumplimiento de la sentencia, aña-
diendo que los apercibimientos conminatorios mencionados por el
Estado podían ser utilizados de manera facultativa por los jueces,
pero que requerir su agotamiento equivaldría a desnaturalizar el ca-
rácter inmediato de los procesos constitucionales.

Pues bien, al momento de resolver la controversia, la Comisión reconoció


que este caso tenía una particularidad, consistente en que el recurso ago-
tado por los peticionarios había sido decidido en su favor. A pesar de ello,

236
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

merituó que, a la fecha de aprobación del informe (esto es, pasados más
de tres años desde la decisión del Tribunal Constitucional), el proceso de
ejecución de sentencia permanecía abierto sin que se hubiera verificado
el cumplimiento de la decisión, a pesar de tratarse de una situación que
reviste especial gravedad y urgencia ya verificada por la Comisión en el
marco de las medidas cautelares. También constató que el Tribunal Cons-
titucional había otorgado un plazo de un mes, lo que juzgó como una opor-
tunidad razonable para dar cumplimiento a la decisión adoptada. Por todo
ello, la Comisión determinó que:
“[E]l Estado ha incurrido en un retardo injustificado y, por lo tan-
to, los peticionarios se encuentran eximidos de esperar la culmi-
nación del proceso de ejecución de sentencia, en virtud del ar-
tículo 46.2 c) de la Convención Americana”365.

‰‰¿Quién es el beneficiario de la reparación establecida en las senten-


cias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos?
El beneficiario de la reparación es la propia víctima, esto es, la persona
respecto de la cual se ha cometido la violación en sus derechos. No obs-
tante ello, también existen las denominadas “víctimas indirectas”, las cua-
les pueden ser de dos tipos: a) aquellas que reciben la indemnización a
modo de sucesión; b) aquellas otras que reciben la indemnización a título
propio. Las primeras corresponden a aquellos supuestos en los cuales la
víctima directa fallece a consecuencia de la vulneración de sus derechos,
por lo que la indemnización correspondiente pasará a sus familiares. Las
segundas, en cambio, generan un derecho propio, convirtiéndose así en
“parte lesionada”, que es lo que sucede cuando la muerte de la víctima
provoca daños a sus familiares o a terceros, los mismos que pueden ser
reclamados a título propio.

‰‰¿Está obligado el Estado a pagar las costas generadas en el proce-


so internacional?
En efecto, la condena en costas abarca las causadas en los procedi-
mientos nacional e internacional, y dentro de este, los seguidos ante la
Comisión y ante la Corte, con salvedad de los gastos hechos por otras
personas, sin cargo para la víctima por parte de esta, de obligaciones pa-
trimoniales frente a terceros.
Cabe señalar que la Corte no hace condena por costas si no lo solicita
el acreedor a esta prestación. De ahí que el peticionante deba probar los
gastos “efectivamente realizados o causados a cargo de la víctima o sus

365 COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Informe de Admisibilidad Nº 79/09,


del 5 de agosto de 2009, fundamento 68.

237
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

representantes”. Como señala García Ramírez366, es necesario tener en


cuenta dos conceptos para acotar las costas admisibles: a) gastos nece-
sarios y razonales (según las particularidades del caso); y b) característi-
cas del sistema procesal tutelar de los derechos humanos (que aleja o re-
duce la idea de lucro, frecuente en otros órdenes del enjuiciamiento).

‰‰¿En qué consiste específicamente el denominado “daño al proyec-


to de vida” en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos?
Como se señaló antes, este concepto alude a la “realización integral de
la persona afectada”, siendo ello algo sustancialmente distinto del “daño
emergente” y el “lucro cesante”.
Como señala García Ramírez, el proyecto de vida no se traduce en un re-
sultado seguro, de carácter necesario, sino que solo implica una “situación
probable” dentro del natural y previsible desenvolvimiento del sujeto, que
resulta interrumpido y contrariado por hechos violatorios de sus derechos
humanos367. Dicho proyecto, desde luego, tiene un límite, cual es la racio-
nalidad o razonabilidad de esas expectativas.

‰‰¿Puede la Corte Interamericana ordenar la constitución de fideico-


misos?
En efecto, esta es una medida que tiene por finalidad una adecuada admi-
nistración de los fondos destinados a la reparación, de modo tal que la in-
demnización logre un efecto verdaderamente reparador.
Así sucedió, por ejemplo, en el caso Institución de Reeducación del Me-
nor, en el cual la Corte estableció que:
“En el caso de la indemnización ordenada a favor de los bene-
ficiarios menores de edad, el Estado deberá aplicar su monto a
una inversión bancaria a nombre de estos en una institución pa-
raguaya solvente, en dólares estadounidenses. La inversión se
hará dentro del plazo de un año, en las condiciones financieras
más favorables que permitan la legislación y la práctica banca-
ria mientras sean menores de edad. Podrá ser retirado por los
beneficiarios cuando alcancen la mayoría de edad o cuando, de
acuerdo al interés superior del niño y por determinación de una
autoridad judicial competente, así se disponga. Si transcurridos
diez años contados a partir de la adquisición de la mayoría de

366 GARCÍA RAMÍREZ, Sergio. Ob. cit., p. 150.


367 Ibídem, p. 151.

238
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

edad no es reclamada dicha indemnización, la suma será de-


vuelta al Estado con los intereses devengados”368.
Del mismo modo, en el caso Niños de la Calle, la Corte determinó lo si-
guiente:
“En lo que respecta a la indemnización en favor del beneficia-
rio menor de edad, el Estado constituirá una cuenta o certificado
de depósito en una institución bancaria guatemalteca solvente,
en dólares estadounidenses o su equivalente en moneda guate-
malteca, dentro de un plazo de seis meses y en las condiciones
más favorables que permitan la legislación y la práctica banca-
rias. Los beneficios derivados de intereses incrementarán el pa-
trimonio, el cual será entregado al menor Osman Ravid Agreda
Contreras, en su totalidad cuando cumpla la mayoría de edad o
cuando contraiga matrimonio. En caso de fallecimiento, el dere-
cho se transmitirá a los herederos”369.

Finalmente, en el denominado caso Suárez Rosero, la Corte Interameri-


cana estableció que:
“En el caso de la indemnización ordenada en favor de la menor
[…], el Estado constituirá, dentro de un plazo de seis meses a
partir de la notificación de esta sentencia, un fideicomiso en una
institución financiera ecuatoriana solvente y segura en las con-
diciones más favorables que permitan la legislación y la práctica
bancarias. Los beneficios derivados de intereses incrementarán
el patrimonio, el cual será entregado a [aquella] en su totalidad
cuando cumpla la mayoría de edad. En caso de fallecimiento, el
derecho se transmitirá a los herederos”370.

368 CORTE IDH. Caso Instituto de Reeducación del Menor vs. Paraguay. Sentencia del 2 de setiembre
de 2004, párrafo 336.
369 CORTE IDH. Caso de los Niños de la Calle vs. Guatemala. Sentencia de reparaciones del 26 de
mayo de 2001, párrafo 118.
370 CORTE IDH. Caso Suárez Rosero vs. Ecuador. Sentencia de reparaciones del 20 de enero de
1999, párrafo 107.

239
11
La ejecución de “sentencias
dialógicas”
1. Normativa aplicable
El artículo 59 del CPConst. dispone, para el caso del
proceso de amparo, que:
“[…] el juez establecerá los demás efectos del fa-
llo para el caso concreto, y mantendrá su compe-
tencia hasta que esté completamente restablecido
el derecho”.
A su vez, este mismo artículo establece, en su cuarto
párrafo, la definición de “sentencia ampliatoria”, en los si-
guientes términos:

“Cuando el obligado a cumplir la sentencia sea un


funcionario público el juez puede expedir una sen-
tencia ampliatoria que sustituya la omisión del fun-
cionario y regule la situación injusta conforme al de-
cisorio de la sentencia. Para efectos de una eventual
impugnación, ambas sentencias se examinarán uni-
tariamente”.

Finalmente, tratándose de la aclaración de las sen-


tencias del Tribunal Constitucional, el artículo 121 del
CPConst. señala expresamente lo siguiente:

“Contra las sentencias del Tribunal Constitucional no


cabe impugnación alguna. En el plazo de dos días a
contar desde su notificación o publicación tratándo-
se de las resoluciones recaídas en los procesos de
inconstitucionalidad, el Tribunal, de oficio o a instan-
cia de parte, puede aclarar algún concepto o subsa-
nar cualquier error material u omisión en que hubie-
se incurrido.

241
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Estas resoluciones deben expedirse, sin más trámite, al segun-


do día de formulada la petición.

Sobre el particular, el Tribunal Constitucional ha interpretado que en nin-


gún caso es admisible la utilización de la aclaración con el objeto de modificar
o cambiar el sentido de la decisión emitida. Y en tal sentido, afirma que “sólo
procederán los pedidos de aclaración que contribuyan al mejor cumplimien-
to de las sentencias expedidas por dicho Tribunal”371; y también que “el Tribu-
nal Constitucional sólo puede aclarar sus resoluciones cuando advierta que
de los fundamentos que sustentan el sentido de su decisión puedan despren-
derse dudas o confusiones (objetivas y razonables) que incidan en su ejecu-
ción o cumplimiento cabal”372.

2. Marco doctrinario
Tal como se adelantara al inicio del presente trabajo, difícilmente podría afir-
marse que la justicia constitucional cumple a cabalidad su rol en el Estado Cons-
titucional de Derecho si ella se limitara a la mera expedición de la sentencia cons-
titucional favorable al demandante. En realidad, este es solo el punto de partida,
a partir del cual es necesario atribuir al juez de ejecución todas aquellas medi-
das que resulten pertinentes para “reponer las cosas al estado anterior” o “hacer
cumplir la sentencia del proceso de control abstracto”, según sea el caso, de una
manera tangible, efectiva y oportuna. En esta labor de efectivización, la continua
labor fiscalizadora de las partes, pero también de otros agentes como la socie-
dad civil o la opinión pública, resulta a todas luces imprescindible.
El quid del asunto, sin embargo, radica en que no pocas veces el juez de
primera instancia resulta en los hechos un juez “disminuido” en sus atribucio-
nes, a pesar de que el artículo 22 del CPConst. le reconozca formalmente su
calidad de juez de ejecución. Al respecto, no puede olvidarse que, con relati-
va frecuencia, el juez constitucional está llamado a resolver problemas verda-
deramente estructurales, que llegan a su conocimiento como consecuencia
del fracaso operado a nivel de los poderes públicos. Piénsese, por ejemplo,
en la hipótesis de la ejecución de una sentencia que haya declarado un esta-
do de cosas inconstitucional o, más modestamente, en aquella que suponga
una labor persistente del juez con miras a conseguir la partida presupuesta-
ria con qué costear la sentencia expedida.
De ahí que, al igual que en la etapa de fundamentación de la senten-
cia, se requiera también de un juez activista en la fase de ejecución de

371 RTC Exp. Nº 03259-2006-PC/TC, f. j. 2. Sobre una aclaración respecto de qué debía entenderse
por “reposición de las cosas al estado anterior” en una sentencia del Tribunal Constitucional, pue-
de revisarse la RTC Exp. Nº 05328-2006-PHC/TC.
372 RTC Exp. Nº 01386-2007-PHC/TC, f. j. 2.

242
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

esta, de modo tal que su actividad no se limite solo a verificar el cumplimien-


to meramente formal de los mandatos en ella contenidos, sino que avance
también hacia su cumplimiento material o tangible, o lo que es lo mismo, de
un juez que esté dispuesto a liderar el cambio ideal ordenado en la sentencia.
Y es que, como ha apuntado el propio Tribunal Constitucional, en opinión que
compartimos, “quien decide con tal fuerza y deja en manos de quien no tiene
tal poder la ejecución de lo decidido, corre el riesgo de perder en esta fase lo
logrado con la sentencia”373.
Esta innegable situación de “desequilibrio de poderes” en la etapa de eje-
cución de las sentencias constitucionales, ha propiciado que surja en la doc-
trina una corriente favorable a redimensionar el papel que le toca asumir al
juez constitucional cuando, de “juez de la demanda”, se convierte en “juez de
la ejecución de los derechos”, y en particular, cuando ello implica afrontar un
problema esencialmente estructural cuya solución involucra la participación
de varios actores sociales. Se trata, este, del estudio sobre la “implementa-
ción” de las sentencias constitucionales.

2.1. El “nuevo” papel del juez constitucional en la etapa de “imple-


mentación” de las sentencias constitucionales

El estudio sobre la implementación de las sentencias constitucionales


es, también, un asunto distinto al problema de sus efectos jurídicos, o al de
la validez o construcción de la sentencia propiamente dicha. De hecho, lo que
es objeto de preocupación para aquella materia no son los impactos direc-
tos que las sentencias constitucionales operan en el plano de la realidad so-
cial (teoría realista), sino más bien aquellos efectos simbólicos que tienen
por virtud empoderar a la parte demandante, cuyo derecho fundamental ha
sido reconocido en el fallo (teoría constructivista). Así pues:

“De un lado, algunos autores centran su atención en los efectos di-


rectos y palpables de los fallos judiciales. Desde una perspectiva
neorrealista que ve el derecho como un conjunto de normas que mol-
dea la conducta humana, aplican un ‘test’ estricto de causalidad para
medir el impacto de una intervención judicial: una sentencia es eficaz
si ha generado un cambio constatable en la conducta de sus destina-
tarios inmediatos, es decir, los individuos, los grupos o las instituciones
que los litigantes y los jueces buscan influir con sus estrategias y deci-
siones (…)
De otro lado, autores inspirados en una visión constructivista de la
relación entre derecho y sociedad han criticado a (…) los neorrealistas

373 STC Exp. Nº 04119-2005-PA/TC, f. j. 35.

243
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

por centrarse solo en los efectos instrumentales y directos de los fallos,


y el litigio de derechos humanos. De acuerdo con la crítica, el derecho
y las decisiones judiciales generan transformaciones sociales no solo
cuando inducen cambios en la conducta de individuos y grupos directa-
mente involucrados en el caso, sino también cuando provocan transfor-
maciones indirectas en las relaciones sociales o cuando modifican las
percepciones de los actores sociales y legitiman las visiones del mun-
do que promueven los activistas y litigantes que acuden a las cortes”374.

En ese contexto, la apuesta decidida por una visión constructivista so-


bre la implementación de las sentencias constitucionales, permite apreciar
que su dictado no solo persigue un fin cortoplacista o inmediato (y en esa
medida, irremediablemente quimérico), sino que también denota una llama-
da de atención sobre las cuestiones que merecen un posicionamiento distin-
to en la escena del debate público, aunque ello implique muchas veces una
merma en la legitimidad de la justicia constitucional, que se juzga “ambicio-
sa” e “inoperante”.
Para que ello no ocurra, es preciso que los jueces y tribunales activistas
se mantengan siempre conscientes de la delicada función que les toca asu-
mir cuando diseñan los remedios que, a modo de fallo o decisum, habrán de
reparar el orden constitucional vulnerado. En este punto, el juez constitucio-
nal debe recordar que el paradigma positivista (y su versión radical, el forma-
lismo) tampoco tiene cabida en la etapa de implementación de las sentencias
que dicta, por lo que sería un despropósito pensar que, cual si fuera una ley,
una sentencia tiene por virtud cambiar un estado de cosas en la realidad por
su propio mérito. No es el Derecho el que moldea la realidad fáctica, sino la
realidad fáctica la que moldea al Derecho.

2.2. Teorías sobre el incumplimiento de las sentencias

Por esa razón, se hace cada vez más necesario introducir el “elemento
multidisciplinario” en la ejecución de las sentencias constitucionales, permi-
tiendo así conocer en toda su amplitud y complejidad las características pro-
pias del estado de violación o vulneración de los derechos fundamentales (o
en su caso, del desconocimiento de la supremacía normativa de la Constitu-
ción), así como las razones que impiden la corrección de la situación incons-
titucional detectada.
En ese afán, es importante tener en cuenta que el incumplimiento de
las sentencias constitucionales obedece muchas veces a muy diversas y

374 RODRÍGUEZ GARAVITO, César y RODRÍGUEZ FRANCO, Diana. Cortes y cambio social. Cómo
la Corte Constitucional transformó el desplazamiento forzado en Colombia. Dejusticia, Bogotá,
2010, pp. 21-23 (énfasis agregado).

244
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

complejas razones que, vistas desde un punto de vista sociológico, podrían


clasificarse de acuerdo a los siguientes criterios375:
a) Enfoque de las decisiones estratégicas: de acuerdo con esta perspec-
tiva, que tiene su origen en el Análisis Económico del Derecho, los obli-
gados a cumplir las sentencias toman decisiones a partir de un análisis
de los costos y beneficios que ello les conlleva en la práctica. A raíz de
ello, esta teoría recomienda aumentar los costos de incumplir, particular-
mente mediante incrementos en las sanciones, y advierten que los agen-
tes toman en cuenta los siguientes factores para decidir si cumplen o no
los mandatos judiciales: la cantidad y complejidad de los cambios en las
políticas del obligado que conlleva el cumplimiento, el apoyo social al juez
que emite la sentencia, la importancia que atribuyen los obligados al caso,
etc.376.
b) Enfoque del contexto político e institucional: para esta postura, los
factores que resultan determinantes son: la autoridad de la decisión en sí
misma, la cultura política, los balances de poder, la existencia de volun-
tad política, la capacidad financiera y administrativa de los obligados para
cumplir, entre otros.
c) Enfoque del lenguaje y características de las normas aplicadas: en
este punto, la crítica es que algunos incumplimientos se deben a confusio-
nes de tipo semántico que se desprende de la redacción de la parte reso-
lutiva de las sentencias y que tienen lugar por la multiplicidad de significa-
dos implícitos del lenguaje. Otros estudios, sin embargo, resaltan que, a
mayor posibilidad de interpretación, existe menor probabilidad de cumpli-
miento.
Desde luego, el estudio pormenorizado sobre estas razones de tipo “ex-
trajurídico” no enerva el hecho de que una sentencia dictada por un juez
constitucional es, por mandato expreso de la Constitución, de obligatorio

375 LONDOÑO TORO, Beatriz; CORTÉS-NIETO, Johanna et ál. “Eficacia del incidente de desacato. Estu-
dio de caso, Bogotá, Colombia (2007)”. En: Vniversitas. Nº 118, Bogotá, enero-junio de 2009, pp.
164-167.
376 Un dato adicional a tomar en cuenta es el contexto de alta rotación de funcionarios obligados a
cumplir con las sentencias expedidas. Así, se afirma que la verificación de un mayor cumplimien-
to puede estar relacionado con dos factores: a) por un lado, la existencia de un actor que sosten-
ga el litigio insistiendo en la responsabilidad del Estado en el cumplimiento de las medidas ten-
dientes a la resolución del caso, presiona sobre las agencias del Estado identificadas y por tanto
el incumplimiento puede generar un costo político importante; y b) por otro, las agencias estata-
les pueden ser más proclives a cumplir cuando la solución puede ser implementada dentro de
su propio mandato, por lo que es plausible sostener que la posibilidad de capitalizar políticamen-
te su esfuerzo sea un incentivo favorable en comparación con las decisiones que requieren muchos
años para ser implementadas, durante los que el gobierno debe efectuar esfuerzos que capitaliza-
rán gobiernos futuros (SIGAL, Martín; MORALES, Diego y ROSSI, Julieta: “Algunas consideracio-
nes iniciales sobre la implementación de sentencias de derechos sociales en Argentina”. ponen-
cia presentada en el Simposio sobre el Cumplimiento de Sentencias sobre DESC, organizado por
la Red-DESC, Dejusticia y el Nowergian Centre on Human Rights, con el apoyo de la Fundación
Ford, los días 6 y 7 de mayo de 2010. Disponible en: <http://www.escr-net.org/usr_doc/Morales,_
Sigal_y_Rossi_-_Argentina.pdf> [consultado: 28/09/2010].

245
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

cumplimiento, al margen de los condicionamientos sociales que pudieran


ofrecer algún tipo de resistencia (y diríamos nosotros, precisamente la sen-
tencia busca doblegar esas resistencias).
Sin embargo, un juez verdaderamente inserto en su comunidad, que se
considere respetuoso del equilibrio de poderes, y ciertamente que se rija por
el principio de la autorrestricción, tiene el deber irrecusable de estudiar pre-
viamente la realidad social a la cual va a dirigir el remedio contenido en su
sentencia. Esa lógica es, precisamente, la de las llamadas “sentencias dia-
lógicas”.

2.3. Hacia el diseño institucional de las sentencias constituciona-


les “dialógicas”

Como se dijo antes, un modelo de justicia constitucional verdaderamente le-


gítimo y efectivo, necesita no solo de la autorictas necesaria para hacer cumplir
sus decisiones, sino que también debe tratar de ser convincente mediante una ar-
gumentación consistente y transparente, intentando convencer con pericia, con
severidad de conocimiento y precisión argumentativa377. En ese concreto sentido,
es posible afirmar que la efectividad de la justicia constitucional significa algo más
que “efectividad de las sentencias de la Corte Constitucional: significa la capaci-
dad de un sistema de justicia constitucional de perseguir las funciones a las
cuales está predispuesta”378.
De lo que se trata, ahora, es de entender que esta competencia del juez
constitucional para ordenar la implementación de sus propias decisiones es
también, y como no podría ser de otro modo, una competencia limitada, lo
que equivale a decir que el juez y el Tribunal Constitucional tienen el deber de
emitir sentencias realmente “implementables”, es decir, fallos coherentes con
el específico conflicto detectado y con la realidad social involucrada.
No se puede desdeñar, en este punto, que la activación de un incidente de
ejecución en los procesos constitucionales no solo comporta la preocupación
de los jueces por hacer cumplir sus pronunciamientos finales (lo que cons-
tituye un fin loable), sino que también podría revelar una crisis institucional,
a cuyo avivamiento esta ejecución podría contribuir contraproducentemente.
Desde luego, esto es particularmente cierto tratándose de las sentencias emi-
tidas por el Tribunal Constitucional, cuyo respeto no es (no debería ser) un
respeto unilateral, es decir, que se deriva del solo hecho de provenir de aquel,
sino que el Tribunal Constitucional lo debe obtener a través de la legitimidad

377 MELLINGHOFF, Rudolf. “60 años de Ley Fundamental. Incidencia del Tribunal Federal Constitu-
cional en la realidad constitucional”. En: Anuario de Derecho constitucional Latinoamericano. Año
XVI, Montevideo, 2010, p. 145.
378 GROPPI, Tania. “Corte Constitucional y principio de efectividad”. En: Revista Iberoamericana de
Derecho Procesal Constitucional. N° 11, enero-junio de 2009, p. 191.

246
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

de sus resoluciones. En ese sentido, bien podría afirmarse que “la legitimidad
del Tribunal Constitucional y de sus decisiones es el elemento principal que
posee para hacer que sus fallos no sean cuestionados o controvertidos”379.
Por eso, resulta imprescindible tener en cuenta que, para hablar de la eje-
cución en el ámbito de los procesos constitucionales, es necesario partir de
la premisa de la producción de sentencias realmente “dialógicas”, que permi-
tan en su fase de ejecución la coordinación institucional entre los actores ins-
titucionales involucrados; antes que su imposición vertical y desarticulada. Al
respecto, se entiende por sentencias dialógicas:
“[A] aquellas que tienden a dictar órdenes más abiertas que las del ac-
tivismo clásico, al abrir un proceso de seguimiento que alienta la discu-
sión de alternativas de políticas públicas para solucionar el problema
estructural detectado en el fallo. Asimismo, es propio de estas decisio-
nes que su implementación se logre a través de mecanismos de segui-
miento periódicos y públicos, así como a involucrar a un espectro más
amplio de actores sociales en ese proceso de seguimiento”380.
A la necesidad de construir “sentencias dialógicas” parece referirse preci-
samente Gerardo Pisarello, cuando manifiesta que:
“[M]uchas decisiones jurisdiccionales favorables a la protección de de-
rechos sociales pierden efectividad o son privadas de su sentido origi-
nario en la fase de ejecución de las sentencias. De ahí que, junto a las
garantías de participación en el acceso a la justicia, deban estipularse
garantías de participación en la ejecución y seguimiento de las senten-
cias. El derecho a ser informado y a ser oído durante esta fase, tanto
de manera individual como colectiva, adquiere así una función primor-
dial en la satisfacción real del derecho en disputa, que no se agota con
el dictado de un fallo”381.
Es bueno recalcar que este tipo de sentencias constituyen un tertium ge-
nus entre los extremos correspondientes a las sentencias declarativas y las
sentencias que contienen órdenes concretas. En efecto, mientras que las
“sentencias declarativas” se caracterizan por no contener ninguna orden con-
creta, para respetar de ese modo el principio de separación de poderes y la
capacidad técnica del Gobierno; las “sentencias que contienen órdenes con-

379 LANDA ARROYO, César y DÍAZ REVORIO, Francisco Javier. “La eficacia en la ejecución de las
sentencias del Tribunal Constitucional ¿qué hace falta?”. En: Palestra del Tribunal Constitucional.
Año 3, Nº 10, octubre de 2008, p. 13.
380 RODRÍGUEZ GARAVITO, César y RODRÍGUEZ FRANCO, Diana. Ob. cit., p. 54.
381 PISARELLO, Gerardo. “Los derechos sociales y sus garantías: notas para una mirada desde aba-
jo”. En: COURTIS, Christian y ÁVILA S., Ramiro (Editores). La protección judicial de los derechos
sociales. Serie Justicia y Derechos Humanos, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Quito,
2009, p. 49.

247
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

cretas”, por el contrario, fijan de un modo detallista la conducta que deben se-
guir las autoridades para reparar el derecho constitucional involucrado.
En ese contexto, la imperiosa necesidad de optar por la emisión de sen-
tencias “dialógicas” en el marco de los procesos constitucionales, así como
la conveniencia de diseñar mecanismos creativos para la ejecución de ellas,
implican menos un relajamiento del carácter definitivo de tales decisiones,
que el intento de lograr una mejor implementación de los fallos emitidos y,
por derivación, una mejor y más eficaz tutela de los derechos fundamentales,
lo que constituye una finalidad común a todos los procesos constitucionales.

2.4. La experiencia comparada: los aportes de la Corte Constitu-


cional de Colombia, la Corte Suprema de Argentina y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos

El esfuerzo por construir un modelo de implementación “dialógica” de las


sentencias constitucionales, por lo general, ha venido acompañado de la pre-
sencia de cortes y tribunales activistas que han ido reconfigurando el papel
del “juez de ejecución” en un auténtico interlocutor entre la sociedad civil y el
Estado, cuando no en un actor estratégico en la configuración de las políti-
cas públicas. En este aspecto, es necesario reconocer los avances pioneros
mostrados por tribunales como la Corte Constitucional de Colombia, la Cor-
te Suprema de Argentina y, ya en el ámbito regional, la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. La importante evolución jurisprudencial de estos ór-
ganos jurisdiccionales, principalmente preocupados por la vigencia efectiva
de los derechos sociales, ha ido demostrando que con algo de creatividad y
un poco de imaginación es posible dotar a las sentencias constitucionales de
las herramientas necesarias para su efectiva implementación, sin que ello su-
ponga una intervención desmedida en las decisiones que competen a otras
esferas del poder.
Así, por ejemplo, es rescatable el caso de la Corte Constitucional de
Colombia, la que ha creado una serie de reglas con el fin de establecer los
eventos en los cuales el juez de tutela, conservando la competencia para dic-
tar órdenes que aseguren que el derecho sea protegido, puede hacer modi-
ficaciones a la sentencia siempre y cuando lo haga dentro de los límites de
la cosa juzgada382. Esa potestad de variación del fallo se rige por las siguien-
tes pautas:

382 LÓPEZ DAZA, Germán Alfonso. “El incidente de desacato en Colombia: dispositivo efectiviza-
dor de la protección judicial de los derechos fundamentales”. ponencia presentada al X Congreso
Iberoamericano de Derecho Constitucional, realizado en Lima del 16 al 19 de setiembre de 2009.
Disponible en: <http://www.pucp.edu.pe/congreso/derecho_constitucional/ponencias.html> [con-
sultado: 10/12/2010].

248
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

“1) La facultad puede ejercerse cuando debido a las condiciones de he-


cho es necesario modificar la orden, en sus aspectos accidentales,
bien porque:
a) la orden original nunca garantizó el goce efectivo del derecho
fundamental tutelado, o lo hizo en un comienzo pero luego devi-
no inane;
b) porque implica afectar de forma grave, directa, cierta, manifies-
ta e inminente el interés público o
c) porque es evidente que lo ordenado siempre será imposible de
cumplir.
2) La facultad debe ejercerse de acuerdo a la siguiente finalidad: las
medidas deben estar encaminadas a lograr el cumplimiento de la
decisión y el sentido original y esencial de la orden impartida en el
fallo con el objeto de asegurar el goce efectivo del derecho funda-
mental tutelado.
3) Al juez le es dado alterar la orden en sus aspectos accidentales,
esto es, en cuanto a las condiciones de tiempo, modo y lugar, siem-
pre y cuando ello sea necesario para alcanzar dicha finalidad.
4) La nueva orden que se profiera, debe buscar la menor reducción
posible de la protección concedida y compensar dicha reducción de
manera inmediata y eficaz”383.
La posibilidad abierta de que el juez constitucional pueda “modular” o “mo-
dificar” los mandatos contenidos en una sentencia, en su etapa de ejecución,
reviste una singular importancia si tenemos en cuenta que, en no pocas oca-
siones, las órdenes judiciales impartidas pueden resultar infructuosas debi-
do a factores externos que la corte o tribunal no pudo advertir su momento a
la hora de dictar el fallo. Desde luego, esta es una falencia que no puede ve-
rificarse sino en la etapa misma de la ejecución, y cuyo remedio constituye
un imperativo impostergable si se quiere ser consecuente con el ideal de una
protección efectiva, y ciertamente “contextualizada”, de los derechos funda-
mentales.
De ahí que nos parezca del todo acertada la distinción, ensayada por
la Corte colombiana, entre “la decisión de tutelar un derecho” y “la orden

383 Sentencia de la Corte Constitucional de Colombia T-086/2003, M. P. Manuel José Cepeda Espi-
nosa. Este caso trataba sobre una tutela interpuesta contra un incidente de desacato en el que se
había constatado el incumplimiento de una orden de tutela que había prescrito el cierre de un ba-
surero por atentar contra el derecho al medio ambiente. El tribunal juzgó que el cumplimiento de la
orden en el plazo fijado era materialmente imposible, por lo que desestimó el desacato, y varian-
do la parte resolutiva del fallo, amplió el plazo para cumplir la orden. Finalmente, la Corte Cons-
titucional conoció esta tutela incoada por la accionante, para quien la “ampliación del plazo” des-
conocía el debido proceso al haber alterado un fallo que tenía la calidad de cosa juzgada.

249
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

impartida” para el efecto. La primera es la determinación de si se concede o


no el amparo solicitado, y la segunda, es el remedio o medida que se utili-
za para garantizar el goce efectivo del derecho tutelado. Mientras la primera
decisión hace tránsito absoluto hacia la cosa juzgada, la segunda puede va-
riarse en procura del “cabal cumplimiento del fallo”, el cual compete al juez
de primera instancia, durante tiempo indefinido, atendiendo a las circunstan-
cias del caso y su evolución384. De este modo, no es arriesgado afirmar que
la ejecución de la sentencia constitucional se asemeja al tratamiento médico
de un paciente, al cual no solo basta con recetar el remedio correspondiente,
sino que corresponde evaluar periódicamente para verificar su grado de evo-
lución, las mejoras alcanzadas y los cambios que sean necesarios.
En lo que se refiere al problema de la inejecución de las sentencias cons-
titucionales, son igualmente rescatables algunos parámetros fijados por la
Corte Constitucional de Colombia en torno a las facultades y obligaciones
que asume el juez constitucional en aras de lograr el cumplimiento de sus fa-
llos, en lo que viene a ser un ejemplo palpable de que la etapa de ejecución
requiere también dejar atrás el positivismo y el formalismo jurídicos. Tales fa-
cultades son, en lo básico, las siguientes:
ƒƒ Solicitar pruebas para verificar el grado de cumplimiento de las senten-
cias, así como para adoptar la solución que sea la más acertada. A consi-
deración de la Corte, este mecanismo constituye un deber del juez consti-
tucional, y no una potestad discrecional (Auto A-114 de 2005).
ƒƒ Informalidad de la solicitud de cumplimiento: el juez ha sido investido de
un conjunto de facultades-deberes para garantizar los derechos funda-
mentales que le permiten sortear las contingencias procesales y adoptar
las medidas urgentes para la inmediata protección de aquellos (Auto de
cumplimiento de la sentencia T-744/03 del 23 de agosto de 2004; y Auto
de cumplimiento de la sentencia T-014/99 de 13 de abril de 2005).
ƒƒ Dictar órdenes y requerimientos complementarios sin modificación de la
decisión (Auto A-141B del 2004).
ƒƒ Proferir sentencias de reemplazo en el caso de tutelas contra providencias ju-
diciales que no se cumplen (Sentencias SU-1185/2001 y SU-1158/2003).
ƒƒ Adicionar a la decisión inicial para vincular a quienes no quedaron expresa-
mente incursos en las consecuencias que acarrea el incumplimiento, a través
de los llamados autos o sentencias complementarias (Auto A-141B de 2004).
ƒƒ Celebración de audiencias para hacer públicas las actuaciones de las autori-
dades encargadas de cumplir con el fallo expedido (Sentencia T-025/2004).

384 LÓPEZ CUELLAR, Nelcy y OLARTE OLARTE, María. “Incumplimiento de sentencias de la Cor-
te Constitucional colombiana: aparentes garantías, silenciosos incumplimientos”. En: Vniversitas.
Nº 113, Bogotá, enero-junio de 2007, pp. 99-100.

250
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

En esa misma dirección, los aportes de la Corte Suprema de Argentina


son también merecedores de una consideración especial. De hecho, no es
para nadie desconocido que dicho tribunal se ha destacado en los últimos tiem-
pos por mostrar una línea jurisprudencial bastante consolidada en la protección
efectiva de los derechos sociales, lo que ha pasado necesariamente por refor-
zar su capacidad para controlar o fiscalizar las políticas públicas. Sin embargo,
es evidente que las sentencias proferidas en esa lógica hubieran quedado iner-
tes si no fuera por los mecanismos de ejecución diseñados para estos supues-
tos específicos. Como se verá, ese objetivo ha sido logrado, en buena medida,
a través de la definición de estándares, el control posterior de la adecuación de
las políticas, la fiscalización del cumplimiento de las órdenes impartidas y, final-
mente, la habilitación de mecanismos que procuran la participación en la adop-
ción de decisiones sobre políticas públicas385.
Un caso emblemático que se inserta (si no inaugura) esta modalidad de eje-
cución de sentencias, es el denominado “Caso Viceconte”, que tuvo su origen
en una acción de amparo interpuesta ante la justicia federal por una vecina de
la localidad bonaerense de Azul, a través de la cual se denunciaba la insuficien-
cia del stock de vacunas Candid 1 compradas a una farmacéutica estadouni-
dense para hacer frente a una enfermedad llamada “fiebre hemorrágica argen-
tina” (o “mal de los rastrojos”). Acontecía que el Estado había evaluado que la
única medida sanitaria idónea para enfrentar la epidemia era la fabricación lo-
cal de la vacuna, y a pesar de que se habían habilitado las partidas presupues-
tarias necesarias para las obras de equipamiento y construcción de un labora-
torio, lo cierto es que ese proyecto no se estaba cumpliendo.
La demanda fue rechazada en primera instancia con el argumento de que,
existiendo ya las partidas presupuestarias, no se podía exigir nada más al
gobierno. Sin embargo, en vía de apelación, la Sala IV de la Cámara Nacio-
nal en lo Contencioso Administrativo Federal, luego de que una inspección
ocular al instituto revelara importantes retrasos en las obras, ordenó al Mi-
nisterio de Salud y al de Economía cumplir estrictamente y sin demoras con
el cronograma para la construcción del laboratorio que fabricara la vacuna.
Luego de absolverse los recursos interpuestos, la sentencia quedó firme,
con lo cual se abrió paso a la etapa de ejecución. En ese estadio, la Cámara
tomó las siguientes medidas:
ƒƒ Se celebraron audiencias entre las partes.
ƒƒ Se citó al Ministro de Salud, quien debió informar los motivos por los cua-
les, a más de tres años de dictada la sentencia, la vacuna aún no se es-
taba produciendo.

385 CENTRO DE ESTUDIOS LEGALES Y SOCIALES. La lucha por el derecho. Litigio estratégico y
derechos humanos. Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2008, p. 46.

251
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ƒƒ Se ordenó una auditoría sobre el control de la gestión del cronograma.


ƒƒ Se requirió al Poder Ejecutivo información sobre la inclusión de fondos des-
tinados a la producción de la vacuna en el Proyecto de Ley de Presupuesto.
ƒƒ Se dispuso que el Defensor del Pueblo de la Nación controlara los avan-
ces en la implementación de la sentencia.
Como consecuencia de todo ello, para el año 2006 la vacuna ya contaba
con la debida autorización y registro por parte de la autoridad sanitaria para
ser aplicada a la población y, por consiguiente, se pudo comenzar la campa-
ña de vacunación.
Finalmente, y como ya lo hemos adelantado en otra parte de esta guía, es
también destacable la práctica jurisprudencial desplegada por la Corte Inte-
ramericana de Derechos Humanos para supervisar el cumplimiento de sus
sentencias. Estas dinámicas incluyen mecanismos tan variados como las lla-
madas “resoluciones de cumplimiento”, la celebración de audiencias públi-
cas, la inserción de un procedimiento contradictorio, la solicitud de informes al
Estado parte, etc., todas las cuales se orientan a convertir a la etapa de eje-
cución de sentencia en un espacio de diálogo entre las partes con miras a ob-
tener el cumplimiento “más óptimo” de la decisión adoptada.

2.5. Propuestas y recomendaciones

Afortunadamente, nuestro Tribunal Constitucional no ha sido ajeno (o por lo me-


nos no totalmente ajeno) a esta nueva corriente doctrinaria sobre la implementación
de las sentencias constitucionales. Ahora bien, a pesar de que en nuestro ordena-
miento jurídico no existe una norma explícita que otorgue competencias “ejecutivas”
al Tribunal Constitucional, a diferencia de lo que sucede en países como Alemania386
o España387; lo cierto es que dicho colegiado ha entendido que dicha atribución le
viene dada por el principio general de ejecutoriedad de las sentencias jurisdicciona-
les, según el cual corresponde al órgano jurisdiccional competente la actuación de
las sentencias en sus propios términos y, llegado el caso, en forma compulsiva388.

386 La Ley sobre el Tribunal Constitucional Federal alemán, de 12 de marzo de 1951, establece en su ar-
tículo 35 lo siguiente: “El Tribunal Constitucional Federal puede determinar en su resolución quién la
ejecuta. También puede regular en el caso concreto la forma de ejecución”.
387 La Ley Orgánica del Tribunal Constitucional 2/1979, de 3 de octubre, dispone en su artículo 92 lo
siguiente: “El Tribunal podrá disponer en la sentencia, o en la resolución, o en actos posteriores,
quién ha de ejecutarla y, en su caso, resolver las incidencias de ejecución. Podrá también decla-
rar la nulidad de cualesquiera resoluciones que contravengan las dictadas en el ejercicio de su
jurisdicción, con ocasión de la ejecución de estas, previa audiencia del Ministerio Fiscal y del ór-
gano que las dictó”. Un interesante artículo sobre la aplicación práctica de este artículo puede en-
contrarse en GARCÍA DE ENTERRÍA, Eduardo.“Problemas de ejecución de las sentencias que
declaran la inconstitucionalidad de una ley en España, ¿responsabilidad patrimonial del Estado?”.
En: PALOMINO MANCHEGO, José (Coordinador). El Derecho Procesal Constitucional peruano.
Estudios en Homenaje a Domingo García Belaunde. Tomo II, Grijley, Lima, 2006, pp. 1273-1282.
388 RTC Exp. Nº 00023-2007-PI/TC, f. j. 3.

252
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

En todo caso, conviene aclarar que, sin llegar a decirlo expresamente, el


Tribunal ya ha tenido la oportunidad de ir asimilando progresivamente su pa-
pel de instancia de ejecución de sus propias decisiones, lo que ha tenido lu-
gar primordialmente en procesos de tutela de derechos.
Así sucedió, por ejemplo, cuando en el marco de un proceso de hábeas
corpus instructivo, señaló que el juez de ejecución debía dar cuenta al Tribu-
nal, cada seis meses, sobre el estado de las investigaciones judiciales ini-
ciadas389. Del mismo modo, cuando dispuso que el Ministerio de Salud, en el
plazo de tres días, debía implementar un sistema de emergencia para aten-
der la salud de las personas contaminadas por plomo en la ciudad de La Oro-
ya390. O también cuando, en el contexto de la declaratoria de un estado de co-
sas inconstitucional, encargó a la Defensoría del Pueblo, en el marco de sus
competencias, realizar el seguimiento de una sentencia en materia de salud
mental, informando al Tribunal en el término de noventa días y emitiendo, de
considerarlo pertinente, un informe al respecto391.
En definitiva, y a modo de colofón, creemos conveniente arribar a algu-
nas conclusiones que sirvan a manera de recomendaciones de lege ferenda
para la ejecución de las sentencias en los procesos constitucionales, particu-
larmente cuando su implementación requiere de la coordinación de varios ac-
tores sociales, privados o estatales. Esas propuestas serían las siguientes:
ƒƒ En primer lugar, sería recomendable otorgar a las partes procesales un ma-
yor protagonismo en la fase de ejecución de las sentencias constitucionales,
en el entendido que la decisión expedida, si bien cierra un conflicto, abre otra
etapa que exige una igual dosis de intervención de ellas. Ese reforzamiento
pasa necesariamente por habilitar mecanismos tales como audiencias públi-
cas, presentación de informes, solicitud de pruebas, y en algunas ocasiones,
la posibilidad de citar a los responsables de la ejecución. En ese sentido, con-
cordamos plenamente con el criterio según el cual se debe “permitir que el fa-
vorecido con la sentencia estimatoria en los procesos de tutela de derechos,
se encuentre legitimado no solo para intervenir en el proceso de ejecución,
sino también dotarlo de las acciones y los recursos necesarios para garantizar
la plena reparación de sus derechos fundamentales conculcados”392.

389 STC Exp. Nº 02488-2002-HC/TC, tercer punto resolutivo.


390 STC Exp. Nº 02002-2006-PC/TC, primer punto resolutivo. Lo lamentable del caso es que esta
sentencia del Tribunal ha merecido un Informe de Admisibilidad de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (Informe Nº 76/09), en la cual los peticionarios han alegado el incumplimien-
to de este fallo por parte del Estado peruano, con lo cual parece haberse perdido una oportunidad
inmejorable para que el Tribunal Constitucional desarrolle algunos mecanismos de implementa-
ción de una sentencia dialógica, en los términos que venimos exponiendo hasta aquí.
391 STC Exp. Nº 03426-2008-PHC/TC, cuarto punto resolutivo.
392 CANALES CAMA, Carolina. “Eficacia y cumplimiento de las sentencias del Tribunal Constitucio-
nal”. En: Gaceta Constitucional. Nº 4, abril de 2008, p. 61.

253
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

ƒƒ En segundo lugar, sería de gran utilidad que el Tribunal Constitucional de-


finiera mejor los alcances de la denominada “sentencia ampliatoria” es-
tablecida en el artículo 59 cuarto párrafo del CPConst. Estimamos que,
bien implementado, este mecanismo podría utilizarse para lograr una me-
jor ejecución de las sentencias constitucionales a través de la “modula-
ción” o “modificación” de sus fallos en vía de ejecución, en lo que ven-
dría a ser un esquema análogo al de la Corte Constitucional de Colombia,
que hemos reseñado líneas arriba393. Sin embargo, resulta evidente que
esta figura procesal no debería limitarse a aquellos supuestos en los cua-
les el demandado sea un funcionario público (tal como lo hace la redac-
ción actual de la norma), sino que también debería abarcar aquellos ca-
sos en los cuales el emplazado sea cualquier persona o sujeto particular.
ƒƒ En tercer lugar, parece conveniente también que la solicitud de aclaración, re-
gulada en el artículo 121 del CPConst., sirva como un mecanismo ex ante
para lograr un cabal cumplimiento de las sentencias del Tribunal Constitucio-
nal. En efecto, si bien hasta el momento la jurisprudencia del Tribunal ha ad-
mitido la procedencia de la aclaración para asuntos estrictamente formales,
lo deseable sería que se habilite también para integrar la sentencia y para
precisar los alcances del fallo. Esto es particularmente cierto, si tenemos en
cuenta que, como se dijo antes, una de los razones del incumplimiento de las
sentencias constitucionales radica en confusiones de tipo semántico que se
desprende de la redacción de la parte resolutiva de las sentencias y que tienen
lugar por la multiplicidad de significados implícitos del lenguaje.
ƒƒ Finalmente, es innegable que para evaluar el nivel de cumplimiento de
las sentencias constitucionales (y por ende, de los mecanismos diseña-
dos a tal efecto), resulta necesario potenciar los estudios de campo sobre
el impacto de tales decisiones (y principalmente, las del Tribunal Consti-
tucional) en los sectores político, social, económico, etc., así como sobre
el cambio de percepción que la sentencia opera en la sociedad como con-
junto394. Ello, a su vez, tiene que ir acompañado necesariamente de un
mayor protagonismo de la sociedad civil en el patrocinio de casos emble-
máticos que puedan llegar a la jurisdicción constitucional, posibilitando así
la visibilidad del problema detectado en la esfera pública.

393 En esa misma dirección, algunos autores han propuesto que, tratándose de supuestos de incum-
plimiento excusable, podría instaurarse un procedimiento de cumplimiento sustituto, lo que podría
suceder también cuando la ejecución afecte gravemente a la sociedad o a terceros en mayor pro-
porción que los beneficios económicos que pudiera obtener el demandante (CANALES CAMA,
Carolina. Ob. cit., p. 61).
394 Un estudio que, en su momento, se insertó en dicha lógica, fue el trabajo de investigación titula-
do “Impacto de las sentencias laborales del Tribunal Constitucional sobre el Mercado de Trabajo
(2002-2004)”, y que fuera presentado por los investigadores Jorge Toyama Miyagusuku, Héctor
Agui Reynoso y Luis Arellano Mori.

254
índice general

Prólogo................................................................................................ 5
Nota introductoria................................................................................ 9

1 Cuestiones preliminares
1. La sentencia constitucional: definición, naturaleza jurídica y ti-
pología........................................................................................ 11
2. La ejecución de las sentencias en los procesos constituciona-
les: una cuestión de derechos.................................................... 18
3. Supuestos de incumplimiento de las sentencias constitucio-
nales............................................................................................ 22
4. Preguntas de interés................................................................... 26
• ¿Una sentencia constitucional que tiene calidad de cosa
juzgada puede devenir en “inejecutable”?............................ 26
• ¿Puede limitarse válidamente el contenido del derecho a la
ejecución de las resoluciones judiciales?............................. 27

255
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

2 Las medidas coercitivas del artículo 22 del


Código Procesal Constitucional
1. Normativa aplicable...................................................................................................... 29
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 33
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 38
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 42
• ¿Existe un plazo para solicitar las medidas coercitivas?...................................... 42
• ¿Qué pasa cuando la sentencia constitucional no puede ejecutarse “por cierto
tiempo” debido a una imposibilidad material no imputable al demandado? ¿Pro-
ceden las medidas coercitivas?............................................................................ 42
• ¿Cuáles son los mecanismos coercitivos para hacer cumplir una sentencia de
hábeas corpus?..................................................................................................... 43
• ¿Establece el artículo 8 del CPConst. otro tipo de medida coercitiva frente al
incumplimiento de las sentencias constitucionales?............................................. 43

3 La actuación inmediata de la sentencia


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 45
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 45
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 49
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 53
• ¿Cuál es la diferencia entre la actuación inmediata de la sentencia y la medida
cautelar?............................................................................................................... 53
• ¿Qué implica la “no irreversibilidad” de la medida en la actuación inmediata de
la sentencia?......................................................................................................... 55
• ¿Qué conlleva la “proporcionalidad” en la actuación inmediata de la sentencia?. 55
• ¿Se requiere prestar “contracautela” para solicitar la actuación inmediata de la
sentencia?............................................................................................................. 56
• ¿Procede la actuación inmediata “de oficio” o siempre debe ser “a solicitud de
parte”?................................................................................................................... 58

256
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

• ¿Por qué, entonces, la sentencia exige atender al riesgo de irreparabilidad? Es


decir, si el riesgo de irreparabilidad no está previsto como un requisito para la
actuación inmediata a pedido de parte, ¿por qué ha de estarlo cuando el juez
actúa de oficio? . .................................................................................................. 59
• ¿En qué consiste la “ejecución anticipada” en el hábeas data, reconocida en el
artículo 63 del CPConst.?..................................................................................... 59

4 Las medidas cautelares


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 65
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 69
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 72
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 83
• ¿Qué tipo de medidas cautelares pueden solicitarse (y concederse) en los pro-
cesos constitucionales?........................................................................................ 83
• ¿Qué implica la adecuación o razonabilidad de la medida cautelar en los proce-
sos constitucionales?............................................................................................ 84
• ¿Qué implica la irreversibilidad de la medida cautelar en los procesos constitu-
cionales?............................................................................................................... 85
• ¿Cómo funciona la medida cautelar en procesos constitucionales interpuestos
contra actos basados en normas autoaplicativas?............................................... 86
• ¿Qué normas del Código Procesal Civil no deben aplicarse supletoriamente a
las medidas cautelares en los procesos constitucionales?................................... 86
• ¿Es posible la variación de la medida cautelar en los procesos constitucio-
nales?................................................................................................................... 88
• ¿Proceden las medidas cautelares en los procesos de control normativo?......... 88
• ¿La denegatoria de una medida cautelar constituye “resolución denegatoria”
que pueda recurrirse a través del recurso de agravio constitucional?.................. 89
• ¿Procede la solicitud de medida cautelar antes de iniciado el proceso constitu-
cional?................................................................................................................... 89
• ¿Se requiere otorgar contracautela para solicitar una medida cautelar en los
procesos constitucionales?................................................................................... 90

257
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

• ¿Ante qué instancia judicial debe solicitarse la medida cautelar? ¿Es posible
solicitarla en sede del Tribunal Constitucional?.................................................... 90
• ¿Cuál es el contenido constitucionalmente protegido del “derecho a la tutela
cautelar”?.............................................................................................................. 91
• ¿Proceden las medidas cautelares en los procesos de cumplimiento?............... 91
• ¿Existe un plazo para que el juez constitucional dicte medida cautelar en los
procesos constitucionales?................................................................................... 92
• ¿Cuáles son los remedios frente al uso abusivo de las medidas cautelares? .... 92
• ¿Se requiere que la resolución judicial que otorga una medida cautelar sea
“firme” para que proceda contra ella un proceso de amparo?.............................. 93

5 La represión de actos lesivos homogéneos


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 103
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 104
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 105
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 110
• ¿Por qué considera el Tribunal Constitucional que la represión de actos ho-
mogéneos busca garantizar la efectividad de la sentencia ejecutoriada, y no la
cosa juzgada?....................................................................................................... 110
• ¿Es posible solicitar la represión de actos homogéneos respecto de una resolu-
ción de improcedencia?........................................................................................ 111
• ¿Es necesario que el acto sobreviniente sea “idéntico” al declarado lesivo en la
sentencia primigenia?........................................................................................... 111
• ¿Puede el Tribunal Constitucional resolver una denuncia de represión de actos
homogéneos cuando la sentencia no ha llegado a su conocimiento?.................. 113
• ¿Es lo mismo la represión de actos homogéneos que la “sentencia ampliatoria”
regulada en el artículo 59 del CPConst.?............................................................. 114
• ¿Puede el demandado atacar la resolución que declara fundada una solicitud
de represión de actos homogéneos?.................................................................... 115
• ¿Existe un plazo para interponer la denuncia de represión de actos homogé-
neos?.................................................................................................................... 115

258
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

• ¿Puede cualquier persona presentar la demanda de represión de actos homo-


géneos?................................................................................................................ 115
• ¿Procede la represión de actos homogéneos, cuando se trata de una “omisión”
homogénea?......................................................................................................... 116
• ¿Basta con ser el mismo derecho afectado para que proceda la represión de
actos homogéneos?.............................................................................................. 116
• ¿Qué pasa si el nuevo acto lesivo es cometido por un funcionario de la misma
entidad pública, pero no aquel que fue condenado en la primera sentencia esti-
matoria?................................................................................................................ 117
• ¿Es posible interponer una denuncia contra una norma que es “homogénea” a
una que ha sido declarada inaplicable en un proceso de amparo?...................... 117
• ¿Quién es el juez competente para conocer de una represión de actos homogé-
neos?.................................................................................................................... 119
• ¿Procede la represión de actos homogéneos en el proceso de hábeas corpus?. 119

6 El recurso de agravio constitucional a favor del


cumplimiento de las sentencias
1. Normativa aplicable...................................................................................................... 125
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 125
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 126
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 135
• ¿Puede la parte demandada solicitar el recurso de agravio constitucional a fa-
vor del cumplimiento de las sentencias?.............................................................. 135
• ¿Procede el recurso de agravio constitucional a favor del cumplimiento de las
sentencias del Poder Judicial?.............................................................................. 136
• ¿Procede interponer el recurso de agravio para solicitar cumplimiento de las
sentencias del Tribunal Constitucional?................................................................ 140
• ¿Procede el recurso de agravio constitucional en fase de ejecución de
sentencia?............................................................................................................ 141

259
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

7 El amparo contra amparo a favor del


cumplimiento de las sentencias
1. Normativa aplicable...................................................................................................... 147
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 147
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 148
4. Preguntas de interés.................................................................................................... 154
• ¿Procede el proceso de cumplimiento para solicitar la ejecución de una senten-
cia constitucional?................................................................................................. 154
• ¿Procede el amparo contra amparo a favor del cumplimiento de las sentencias
desestimatorias?................................................................................................... 156
• ¿Procede el amparo a favor del cumplimiento de una sentencia emitida en un
proceso constitucional de tutela de derechos distinto al amparo?........................ 156
• ¿El amparo a favor de la ejecución de una sentencia de amparo debe cumplir
con las reglas de procedencia establecidas en la STC Exp. Nº 04853-2004-AA/
TC? ...................................................................................................................... 159
• ¿Puede el amparo contra amparo ser interpuesto por la parte demandada? ..... 160

8 La ejecución de las sentencias en los procesos


de control normativo
(procesos de inconstitucionalidad, de acción
popular y conflicto competencial)
1. Normativa aplicable...................................................................................................... 165
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 165
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 171

9 La ejecución de las sentencias contra el Estado


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 181
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 183

260
JOSE MIGUEL ROJAS BERNAL

3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 186


4. Preguntas de interés.................................................................................................... 191
• ¿Cuál es la norma vigente hoy en materia de ejecución de obligaciones de dar
suma de dinero contra el Estado?........................................................................ 191
• ¿Debe el Estado pagar intereses por concepto del tiempo en que la sentencia
judicial se mantuvo incumplida?........................................................................... 194
• ¿Cuál es la norma específica en materia de ejecución de sentencias constitu-
cionales que ordenan el pago de una suma de dinero al Estado: los artículos 22
y 59 del CPConst. o el artículo 42 de la Ley Nº 27584? ...................................... 194
• ¿Quién es la autoridad responsable de cumplir las sentencias constitucionales
que ordenan al Estado el pago de una suma de dinero?..................................... 195
• ¿Qué pasa si el funcionario encargado de cumplir la sentencia renuncia a su
cargo?................................................................................................................... 195
• ¿Puede el funcionario público encargado de cumplir la sentencia constitucional,
“interpretarla” al momento de acatarla?................................................................ 196
• ¿Puede el funcionario público emitir una resolución administrativa para dejar
sin efecto una sentencia constitucional que ordena el pago de una suma de
dinero?.................................................................................................................. 196
• ¿Cuál es el monto máximo del presupuesto de la entidad responsable que pue-
de afectarse para el cumplimiento de la sentencia constitucional?...................... 196
• ¿Cómo se efectiviza esta afectación del 3% del pliego presupuestal?................ 196
• ¿Quién es el funcionario responsable de depositar mensualmente los recursos
en la correspondiente cuenta bancaria?............................................................... 197
• ¿Qué pasa si las sumas de dinero ordenadas por sentencias constitucionales (o
por otro tipo de sentencias) exceden, vistas en conjunto, el 3% del presupuesto
de la entidad responsable? ¿Existe un orden de prelación al respecto?.............. 197
• ¿El monto del 3% puede variar o es inamovible?................................................. 197

10 La ejecución de las sentencias internacionales


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 203
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 206
3. Desarrollo jurisprudencial............................................................................................. 222

261
GUÍA PARA LA EJECUCIÓN DE SENTENCIAS EN LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

4. Preguntasde interés..................................................................................................... 231


• ¿Cuál es el fundamento de la obligatoriedad de las decisiones emitidas por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos?..................................................... 231
• ¿Qué “tipo” de sentencia es la emitida por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos?............................................................................................................. 232
• ¿Cuál es el monto máximo del presupuesto que puede afectarse para dar cum-
plimiento a una sentencia internacional?.............................................................. 232
• ¿Existen casos actuales de supervisión de sentencias internacionales respecto
del Estado peruano en el sistema interamericano?.............................................. 233
• ¿Es el mecanismo de supervisión del cumplimiento de sentencias diseñado por
la Corte, un procedimiento de oficio o a pedido de parte?.................................... 234
• ¿Cuál es el plazo para que el Estado parte cumpla con una sentencia interna-
cional?................................................................................................................... 234
• ¿Es necesario agotar las medidas coercitivas establecidas en el artículo 22 del
CPConst. para acudir a la jurisdicción internacional?........................................... 235
• ¿Quién es el beneficiario de la reparación establecida en las sentencias de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos?..................................................... 237
• ¿Está obligado el Estado a pagar las costas generadas en el proceso interna-
cional?................................................................................................................... 237
• ¿En qué consiste específicamente el denominado “daño al proyecto de vida” en
la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos?................. 238
• ¿Puede la Corte Interamericana ordenar la constitución de fideicomisos?.......... 238

11 La ejecución de “sentencias dialógicas”


1. Normativa aplicable...................................................................................................... 241
2. Marco doctrinario......................................................................................................... 242

índice General ..................................................................................................................... 255

262