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EL TRABAJO SOCIAL COMO MECANISMO DE INTERVENCIÓN EN LA

TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD

El hablar acerca del sentido en torno a las profesiones, nos trae consigo

reflexiones en la manera en que estas disciplinas, logran influenciar en las

poblaciones, aun más si hace parte de las ciencias sociales, como es el caso

del trabajo social; por esta misma razón es necesario mirar el trasfondo que un

profesional del trabajo social conlleva, para así poder establecer su papel en la

sociedad.

El trabajo social entendido como instrumento de transformación y vehículo de

acciones concretas en la búsqueda de soluciones para problemas inéditos, de

esta manera se traduce a la profesión entorno a un ser y hacer, que reúne bajo

metodologías, objetivos y técnicas, las estrategias necesarias para ayudar a la

sociedad a encontrar la respuesta a las vicisitudes del diario vivir.

Jean Paul Sartre (1975) opina que el hombre es irremisiblemente culpable,

siempre culpable, nadie puede descargar sobre otros su total responsabilidad,

con lo cual el autor busca mostrar que la humanidad que a todos nos

pertenece, nos hace capaces de ir mejorando y avanzando de acuerdo a

nuestras decisiones y con ella nos compromete a cumplir las tareas o roles que

se asignan, porque no se puede ceder al otro las fallas o culpas de una

responsabilidad no llevada a cabo en el término requerido.

La esperanza es preservar lo que poseen, es ver con ilusiones el nuevo

amanecer, porque el presente debe ser superado para que la verdadera

naturaleza de lo que sea, suceda, para que esas vagas ideas sin concretar

puedan realizarse, es la esperanza la entrada del futuro incierto que


imaginamos sea fructífero, de esta manera las sociedades se aferran a

esperar, cuando sus circunstancias actuales marchan lentamente, cuando sus

necesidades se tornan cada vez mayores y sin intenciones de satisfacerse.

Refiere el autor Kan lenkersdorf: “la esperanza surge porque las condiciones

vigentes son sin esperanza, porque el hombre no puede morir queriendo

comer”; de esta manera las sociedades más necesitada, donde a diario deben

ver morir a sus familiares por problemas asociados a la desnutrición, buscan

depositar su ilusión de un futuro mejor, a través de la esperanza, porque nadie

deseara jamás, seguir viviendo en la pobreza y el subdesarrollo, todos

buscaran mejores sociedades y creerán en ello.

En este orden de idea, surge la aparición de la disciplina del trabajo social, el

cual junto a términos que anteriormente fueron considerados tabú como la

promoción humana, el desarrollo integral del hombre, concientización, guardan

una relación en torno a la proyección del ser social, así el trabajo social se

convierte en el instrumento utilizado para la realización del ser, que despierta y

se cuestiona a través de la aparición de los términos antes mencionados.

De esta manera el trabajo social como profesión, refiere el auto Ezequiel Ander

que quedó convertido a una técnica aséptica, en la cual se pierde el fin del

trabajo social, el trasfondo y la profundidad de su sentido porque es usada

simplemente para ayudar en la lucha por suplir necesidades básicas, que el

mismo problema socioeconómico de la sociedad en la cual están inmersos no

ha logrado hacer.

Así como lo refiere el autor Ander, el trabajo social debe pasar de la etapa de

asistencia social, de caridad, para ir hacia sus objetivos, para llegar a encontrar
el camino que como profesión tiene, enmarcada realmente en los problemas

del Ser, que son necesarios desarrollar y analizar para la búsqueda de la

excelencia en los profesionales del trabajo social; bajo estas condiciones como

profesionales, nos compete tener siempre claros, los fundamentos y las bases

que sostienen la pirámide de la estructuración social.

En la medida en que como trabajadores sociales, vayamos desmintiendo mitos,

quitando percepciones equivocadas en torno al fin, a la estructura del trabajo

social, podremos ir dándole el sentido que la disciplina tiene, porque el valor

empieza en casa y somos los directamente involucrados, los encargados de

mostrar los cambios en torno a ella, las trasformaciones sociales que han

venido ocurriendo y que deben darse si deseamos establecer su verdadera

reestructuración.

Refiere el profesor Paulo Freire, que la estructura social, establecida en la

profesión como parte de su quehacer la condicionan a contribuir al logro del

pleno estado de bienestar para todos los hombres, a través de acciones de

transformación para hacer frente a los factores que dificulten o impiden el logro

de las posibilidades humanas.

Se debe hacer siempre énfasis en que el trabajo social es una disciplina de

intervención a nivel de estructuras sociales, para que a partir de ese punto, se

puedan lograr suplir los obstáculos que a todos les impide tener al menos las

necesidades básicas satisfechas; para que se convierta la profesión en ese

vuelo de cambios y den resultados provechosos en torno al mejoramiento de la

calidad de vida de la sociedad.


En este orden de ideas el investigar, el formular, crear y proponer una

metodología técnica de transformación social, que contribuya a través de las

ciencias sociales la comprensión del hombre y el mundo, para descubrir los

obstáculos que impiden su desarrollo a plenitud, de ser cada vez mejor, de

buscar diferentes motivaciones que los impulse a superar el nivel básico o

quizás subdesarrollado en que se encuentren y sean capaces de avanzar, de

encontrar el camino hacia un nivel de vida satisfactorio.

En definitiva con lo anterior el profesional de trabajo social no debe encargarse

de asistir o suplir necesidades insatisfecha, porque ya se logró que encontraran

en su ser, la manera de superar todo lo que no les permitía crecer; porque ya

se prestaron las herramientas necesarias para que la sociedad lograse avanzar

y superar poco a poco los flagelos que los mantienen en situaciones de

indefensión y pobreza.

Refiere el profesor Paulo Freire que todo profesional del trabajo social, no pude

ser neutro frente a la humanización, para nada, porque las sociedades

necesitan profesionales con determinación y enfoque, que sepan el rumbo

correcto de sus acciones y con ello garanticen el fomento del ejercicio social.

De esta manera se necesita estar activo a los cambios, porque absolutamente,

todo, las acciones, los objetivos, van teniendo retoques con las circunstancia y

un trabajador social, será quizás el primero que esté dispuesto a llevarlos a

cabo, siempre y cuando este sea el camino de nuevos conocimientos en torno

a lo humano, a las herramientas para ser mejor y lograr que quienes nos

rodean lo sean.
Finalmente siempre se debe enfocar al trabajador social a ser el transformador,

a crear, a convertir las sociedades en instrumentos de progreso, de desarrollo,

a que cada persona logre ir más allá de sus potencialidades, encontrando la

esencia de su ser, que lo impulse a avanzar, a superar los obstáculos que el

entorno le brinde, a dejar atrás la pobreza, las necesidades insatisfechas y que

la esperanza de la que tanto han confiado y creído sean convertida en realidad,

pero no por el azar o las casualidades, sino por la excelente labor del

trabajador social.