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La guerra fría Franklin D.

Roosevelt y la Gran Alianza, 1933-1945 53

el plano diplomático, aunque no en el comercial. Sin embargo, la sensación vo sea el derrocamiento del orden político o social de... Estados Unidos».2 La
de seguridad de Estados Unidos empezó a disminuir a principios de los declaración no mencionaba específicamente el Comintern porque el departa-
años treinta. En 1931 el ejército japonés reactivó su plan de conquistar Chi- mento de Estado temía que los soviéticos pudieran eludir el acuerdo por el
na. En el plazo de dos años logró expulsar a los chinos de sus provincias sencillo procedimiento de cambiar el nombre de la organización.
manchurianas. En 1933 Adolf Hitler subió al poder en Alemania. Su pro- Las dos partes no lograron ponerse de acuerdo sobre las condiciones para
mesa de destruir el sistema creado por el Tratado de Versalles y restaurar la cancelar la deuda rusa. Lo máximo que pudieron hacer fue llegar a un enten-
supremacía militar alemana en Europa amenazaba con perturbar el equili- dimiento, creado personalmente por Roosevelt y Litvinov, que haría posible
brio de poder en el continente europeo. que Estados Unidos reconociera a la Unión Soviética. Acordaron que el go-
Al igual que su primo lejano Theodore Roosevelt, Franklin Roosevelt in- bierno soviético pagaría no menos de 75 millones de dólares y no más de 150
sistió en que Estados Unidos debía desempeñar un papel importante en el millones de dólares de la deuda total, que el departamento del Tesoro de Es-
mantenimiento no sólo del equilibrio de poder en Europa, sino también en tados Unidos calculaba que ascendía a 636 millones de dólares. Se celebrarían
el mundo. Además era uno de los pocos norteamericanos que se daban cuen- nuevas negociaciones para la liquidación de la cantidad final por medio de
ta del papel crítico que podía interpretar la Unión Soviética en la contención intereses extraordinarios sobre un empréstito concedido por Washington o
de los designios agresivos tanto de Alemania como de Japón. Con todo, Ro- por fuentes privadas. Todas las demás reclamaciones oficiales y privadas serían
osevelt no podía olvidar la humillación que había sufrido Woodrow Wilson eliminadas. Basándose en estas condiciones poco precisas, el 17 de noviembre
cuando el Senado se negó a ratificar el Tratado de Versalles, lo cual hizo que de 1933 se firmó el acuerdo que establecía relaciones diplomáticas entre los
Estados Unidos no ingresara en la Sociedad de Naciones. En vista de ello, el dos países. William C. Bullitt, que había abogado inútilmente por el recono-
nuevo presidente era reacio a adelantarse demasiado a la opinión pública nor- cimiento durante el gobierno de Wilson, fue nombrado primer embajador de
teamericana; de hecho, incluso le daba miedo tal perspectiva. Es natural, pues, Estados Unidos en la Unión Soviética.
que su acercamiento a la Unión Soviética fuese cauteloso.
Los soviéticos, por su parte, también apreciaban la importancia estratégi-
ca potencial de Estados Unidos. Poco después de que Roosevelt entrase en la DESILUSIÓN
Casa Blanca, los soviéticos abandonaron la política aislacionista que venían si-
guiendo desde principios del decenio de 1920. Se embarcaron en una campa- Pese a que pareció que las relaciones diplomáticas oficiales entre la Unión So-
ña encaminada a crear un eficaz sistema de seguridad colectiva, un sistema viética y Estados Unidos empezaban bien, ambas partes no tardaron en sen-
que ayudara a contener tanto a Alemania como a Japón. En 1934 la Unión tirse desilusionadas. Obviamente, los dos gobiernos habían entendido mal lo
Soviética ingresó en la Sociedad de Naciones y durante el año siguiente fir- que ofrecía el otro al firmar los acuerdos entre Roosevelt y Litvinov. Los so-
mó alianzas con Francia y Checoslovaquia. No obstante, a ojos de los soviéti- viéticos pensaron que el reconocimiento les proporcionaría el apoyo de Esta-
cos, sólo Estados Unidos tenía el potencial necesario para frenar las ambicio- dos Unidos contra Japón. Pero Roosevelt había dicho a Litvinov que, si bien
nes de Japón en Extremo Oriente, qvie, hasta que Hitler mostró sus designios Estados Unidos prestaría a la Unión Soviética «el máximo apoyo moral y di-
agresivos a mediados de los años treinta, fueron lo que más preocupaba a los plomático» en su esfuerzo por frenar las ambiciones japonesas en Extremo
soviéticos. No es extraño, por tanto, que los soviéticos aceptaran con entu- Oriente, el pueblo norteamericano no quería correr el riesgo de una guerra
siasmo la invitación que hizo el presidente, el 10 de octubre de 1933, a poner con Japón.3 Roosevelt había insinuado que lo máximo que podía hacer era su-
fin a «las actuales relaciones anormales» entre sus dos países.1 Maksim Litvi- gerir la posibilidad de un pacto tripartito de no agresión entre Estados Uni-
nov, el comisario soviético de Asuntos Exteriores, viajó a Estados Unidos para dos, la Unión Soviética y Japón. Litvinov creía —incorrectamente— que, si
negociar personalmente el reconocimiento. Japón se negaba a firmar tal pacto, Estados Unidos lo firmaría sólo con los so-
Pese a que ambas partes ansiaban empezar las negociaciones, dos obstá- viéticos.
culos importantes impedían el reconocimiento. Uno era el Comintern; el otro En realidad, en 1933 Roosevelt no estaba dispuesto ni siquiera a recorrer
era la deuda que los rusos no habían liquidado. Para eliminar el primer obs- esta distancia mínima para cooperar con la Unión Soviética. Los sentimien-
táculo, Litvinov firmó una declaración, redactada por el departamento de Es- tos aislacionistas del Congreso y la nación obligaron a Roosevelt a tranquili-
tado, en la que prometía que la Unión Soviética no «permitiría la formación zar al pueblo norteamericano asegurándole que Estados Unidos «quiere y es-
o la residencia en su territorio de ninguna organización o grupo cuyo objeti- pera estar en paz con el mundo».4 Litvinov analizó sagaz y acertadamente la