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54 La guerra fría Franklin D, Roosevelt y la Gran Alianza, 1933-1945 55

actitud del presidente: «Roosevelt, temiendo toda obligación bilateral ... pre- del Comintern constituía una violación del entendimiento al que habían lle-
fiere hacer declaraciones unilaterales» a cooperar con otras naciones para im- gado Roosevelt y Litvinov durante las negociaciones sobre el reconocimiento.
pedir la agresión.5 Los soviéticos, sin embargo, hicieron caso omiso de la advertencia, y en la reu-
Al darse cuenta los soviéticos de que el «apoyo moral» era todo lo que po- nión del Comintern participaron comunistas norteamericanos. El departa-
dían esperar de Estados Unidos, el avance hacia la resolución del problema de mento de Estado reaccionó mandando otra nota que amenazaba con las «con-
la guerra se detuvo. Los soviéticos argüyeron que el único obstáculo para la li- secuencias más graves» si la Unión Soviética continuaba violando el acuerdo
quidación de la deuda era la negativa del gobierno de Roosevelt a conceder a Roosevelt-Litvinov.7
la Unión Soviética un crédito de 100 millones de dólares que ellos insistían El incidente del Comintern contribuyó en gran medida a reafirmar la
en que era necesario para impedir que otras naciones pusieran condiciones creencia del departamento de Estado de que los soviéticos no cumplirían los
irrazonables para el pago de las deudas de la Unión Soviética. Roosevelt, por acuerdos que habían firmado. «Está muy claro —escribió el embajador Bullitt
su parte, opinaba que los soviéticos habían contraído el «compromiso» de re- en julio de 1935— que hablar de "relaciones normales" entre la Unión Sovié-
solver rápidamente el asunto de la deuda y que debían cumplirlo, y se negó a tica y cualquier otro país es hablar de algo que no existe ni puede existir.»8 Los
cambiar de actitud porque estaba convencido de que los soviéticos necesita- soviéticos, por su parte, habían sacado más o menos la misma conclusión.
ban a Estados Unidos más de lo que Estados Unidos los necesitaba a ellos, y Dado que Estados Unidos quería «permanecer distanciado de todo interés ac-
temía que si hacía más concesiones perdería el apoyo del Congreso, que apro- tivo en los asuntos internacionales —dijo Litvinov—, las relaciones amistosas
bó una ley (la Ley Johnson de 1934) que prohibía conceder empréstitos a na- con Estados Unidos no eran de gran importancia para la Unión Soviética».9
ciones que estuvieran atrasadas en el pago de sus deudas.6 En enero de 1935 También contribuyeron a la hostilidad antisoviética del departamento de
Estados Unidos cerró su consulado general en Moscú y redujo el personal de Estado los informes del personal de la embajada de Estados Unidos en Mos-
su embajada en señal de protesta por la intransigencia soviética en el asunto cú, en particular de dos de sus miembros, George F. Kennan y Loy Hender-
de la deuda. son, que desempeñarían un papel significativo en la formulación de la políti-
A pesar del fracaso en el intento de resolver el problema de la deuda, el ca norteamericana para con la Unión Soviética después de la segunda guerra
gobierno de Roosevelt tenía la esperanza de aumentar el comercio entre los mundial. Lo esencial de sus informes tuvo su epítome en una declaración pos-
dos países. Sin embargo, el esperado aumento no se produjo, sobre todo por- terior de Kennan: «Nunca —ni entonces ni más adelante— consideré que la
que la solvencia soviética prácticamente había desaparecido a causa del em- Unión Soviética fuera un aliado o asociado, real o potencial, que conviniese a
brollo de la deuda. Así pues, a partir de 1935 el comercio entre los soviéticos este país».10 Mientras que Kennan opinaba que para los soviéticos la ideolo-
y los norteamericanos fue incluso menor que en los años veinte. gía comunista era sencillamente un medio para alcanzar un fin, esto es, su
La imposibilidad de resolver el asunto de la deuda parecía ser el único propio engrandecimiento, Henderson consideraba que la ideología era el mo-
obstáculo para mejorar las relaciones entre los dos países. Sin embargo, había tor principal de la política exterior soviética. Escribió que «la instauración de
un impedimento más grave: su incompatibilidad ideológica. Se manifestó, de una unión mundial de repúblicas socialistas soviéticas sigue siendo el objetivo
una manera, en la reacción norteamericana al anunciar los soviéticos que en último de la política exterior soviética».11
1935 se celebraría una reunión del Comintern. Este organismo no se había Obviamente, Stalin se presentaba como un líder revolucionario muy ver-
reunido desde 1928, en parte porque Stalin había decidido qvútar importan- sado en la teoría marxista-leninista. Pero Kennan creía que en general utili-
cia a los intentos soviéticos de promover la revolución mundial con el fin de zaba la ideología como medio de promover los intereses nacionales de la
concentrarse en edificar primero el socialismo en la Unión Soviética. Pero de- Unión Soviética, así como de aumentar su propio poder, en lugar de conside-
bido a los escasos avances de sus planes para crear con las naciones capialistas rarlo un fin en sí mismo. Con todo, Stalin disimulaba hábilmente sus ambi-
un sistema contra las agresiones, Stalin decidió reactivar el Comintern. Veía ciones realistas debajo de una capa ideológica, con lo cual fomentaba los desa-
en él un instrumento para fomentar la creación en el extranjero de coaliciones cuerdos entre los analistas norteamericanos sobre cuáles eran sus objetivos
de las izquierdas con los liberales que estuvieran dispuestas a cooperar con la últimos. Además, la política soviética tenía una ambigüedad que era muy
Unión Soviética en la formación de un sistema colectivo de segundad anti- suya. Pese a apoyar la seguridad colectiva, en los años treinta la Unión Sovié-
fascista. tica, al igual que las potencias occidentales, estaba mucho más interesada en
La respuesta del departamento de Estado fue advertir a Moscú que con- evitar la guerra que en derrocar a Hitler o expulsar a los japoneses de China.
sideraría que la participación de comunistas norteamericanos en la reunión Los portavoces soviéticos clamaban en público contra los designios agresivos