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La guerra fría Franklln D.

Roosevelt y la Gran Alianza, 1933-1945

de Francia. Así pues, el presidente ordenó que se hicieran los preparativos guíente sería necesario reducir de 4,1 a 2,5 millones de toneladas los envíos
para invadir el norte de África (la operación Antorcha), que en un principio se que se hacían a la Unión Soviética de acuerdo con la Ley de Préstamos y
previo que tendría lugar en mayo de 1942. Arriendos. Molotov contestó con sarcasmo que «el segundo frente sería más
No cabe duda de que Stalin, si le hubiesen invitado a participar en las con- fuerte si el primer frente todavía se aguantaba». Luego preguntó qué pasaría
versaciones entre Churchill y Roosevelt, hubiera apoyado el argumento de los si los soviéticos aceptaban las citadas reducciones «y luego no se materializa-
jefes militares estadounidenses en el sentido de que una invasión de Francia era ba el segundo frente». Para tranquilizarle, Roosevelt accedió a la sugerencia de
la forma más eficaz de ayudar a los soviéticos. Y se hubiera puesto furioso de Molotov de que el comunicado que se hiciera público después de la entrevis-
haber sabido (como sabría más adelante) que no podía esperar que una inva- ta incluyese una referencia específica «a la tarea urgente de crear un segundo
sión de Francia tuviera lugar antes de comienzos de 1943. Pero después de que frente en Europa en 1942».21
el avance alemán se viera detenido a las puertas de Moscú, a principios de di- Los ingleses, sin embargo, no estaban dispuestos a permitir que Roosevelt
ciembre de 1941, la necesidad de un segundo frente se hizo menos apremian- les comprometiera a llevar a cabo una operación prematura en la otra orilla
te a ojos de Stalin. Debido a ello, en las conversaciones con sus aliados británi- del Canal. Churchill informó personalmente a Molotov de que Gran Breta-
cos volvió a dar prioridad a la firma de un acuerdo satisfactorio en la posguerra. ña no podía comprometerse a señalar una fecha concreta para la invasión, pero
Aquel mismo mes, Stalin dijo al ministro de Exteriores británico, Anthony los soviéticos hicieron caso omiso de la reserva del primer ministro británico
Edén, que la firma de un tratado oficial de alianza entre sus dos países depen- e hicieron hincapié en la promesa de Roosevelt. Esto indujo al embajador es-
día de que los ingleses estuvieran dispuestos a reconocer las conquistas territo- tadounidense en Moscú, William H. Standley, a advertir «que si tal frente no
riales que había hecho la Unión Soviética desde 1939, a saber: la anexión de los se materializa rápidamente y a gran escala, esta gente [los soviéticos] se sen-
estados del Báltico y de partes de Finlandia, Polonia y Rumania. tirá tan desilusionada con respecto a la sinceridad de nuestro propósito que el
Los ingleses albergaban el temor de que si reconocían tales conquistas, se asunto causará un daño incalculable».22 ^^
indispondrían con los norteamericanos y, por tanto, al principio se resistieron Pronto resultó evidente que una operación en la otra orilla del Canal no
a la amenaza soviética. Sin embargo, después de que Stalin insinuara, en un podía emprenderse en 1942. El fracaso del ataque anglocanadiense contra el
discurso del 23 de febrero de 1942, la posibilidad de firmar la paz por sepa- puerto francés de Dieppe en agosto de 1942, en el que los aliados sufrieron
rado con los alemanes, los ingleses se mostraron más favorables a la idea de muchas bajas, convenció a los ingleses de que los aliados tardarían en estar
reconocer todas las conquistas soviéticas posteriores a 1939, exceptuando la preparados para una masiva invasión de Francia. Además, en junio Rommel
anexión del este de Polonia. El 7 de marzo Churchill pidió a Roosevelt que obtuvo una gran victoria en Libia al tomar Tobruk con una fuerza inferior en
le diese «carta blanca para firmar el tratado que desea Stalin lo antes posible», número a los defensores británicos. Ante el peligro de que Egipto fuese inva-
para evitar que los soviéticos dejaran de luchar.20 Roosevelt se mostró incli- dido, Roosevelt se vio obligado a dar la razón a Churchill en lo que se refería
nado a aceptar la petición de Churchill siempre y cuando los soviéticos per- a la necesidad de retrasar la invasión de Francia.
mitieran a los pueblos bálticos abandonar sus países ocupados. Pero cuando Al recibir esta noticia, Stalin se quejó de que la Unión Soviética era víc-
Hull, el secretario de Estado, se negó a reconocer cualquier conquista soviéti- tima de la traición de sus aliados. Esta opinión se vio reforzada cuando en ju-
ca, e incluso advirtió a los ingleses que no las reconocieran, Roosevelt se echó lio los ingleses decidieron suspender los convoyes al norte de Rusia durante el
atrás y apoyó la postura de Hull. resto del verano. El desastre que sufrió un convoy británico (el PQ17) —los
Ante la oposición de Hull a hacer concesiones territoriales a los soviéti- alemanes hundieron veintitrés de los treinta y cuatro barcos mercantes que lo
cos, el presidente, en lugar de ello, ofreció a Molotov, en una entrevista celebra- integraban— convenció a los ingleses de que era peligroso enviar convoyes al
da en la Casa Blanca el 29 de mayo de 1942, la perspectiva de «un segundo norte de Rusia durante los largos días de verano. El ejército alemán volvía a
frente este año». El general Marshail se sintió molesto por un compromiso avanzar rápidamente por las llanuras del sur de Rusia y, debido a ello, el apla-
tan concreto e instó al presidente a eliminar toda referencia a una fecha espe- zamiento de la invasión de Francia y la suspensión de los convoyes al norte de
cífica para la invasión. Roosevelt se negó. Creía que un compromiso concre- Rusia fueron dos pildoras amargas para Stalin. Tampoco se tragó el argu-
to era la única manera de asegurarse de que los soviéticos continuaran parti- mento de Roosevelt en el sentido de que la victoriosa invasión del norte de
cipando en la guerra y de evitar las concesiones territoriales que exigía Stalin. África por los aliados en noviembre de 1942 cumplía la promesa del presi-
Roosevelt pasó un mal rato cuando tuvo que decirle a Molotov que, con el fin dente de abrir un segundo frente aquel año. El líder soviético no olvidaría la
de disponer de barcos para la invasión del norte de África, durante el año si- doblez de que dio muestra Roosevelt en 1942.