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FIGURAS LITERARIAS O RETÓRICAS

Llamamos figuras retóricas o literarias a distintos tipos de construcciones verbales


que, con fines expresivos o pragmáticos, se distinguen de los modos de hablar o
escribir habituales. Las figuras retóricas aparecen en la conversación cotidiana, en
los discursos políticos y textos argumentativos en general y, también, en la poesía y
otros géneros literarios.

Estas construcciones verbales tienen una larga e interesante historia. En la Grecia


antigua, en el siglo V a.C., con el surgimiento de la democracia (sistema político que
daba lugar a las discusiones entre ciudadanos en el ágora de la Polis), muchos
hombres libres tuvieron la necesidad de aprender a hablar en público para poder
defender sus ideas. Así nació la Retórica, disciplina que brindaba al orador
herramientas teóricas y prácticas para que pudiera persuadir a su auditorio.

La Retórica de la Antigua Grecia constaba de cinco partes: inventio (enseña a


buscar y encontrar qué decir); elocutio (enseña a buscar las palabras adecuadas
para decirlo); dispositio (enseña a ordenar lo que se ha encontrado en las dos
secciones anteriores), actio y memoria (enseña la memorización del discurso y su
puesta en escena, lo que hoy llamaríamos oratoria). Dentro de la elocutio —la
búsqueda más formal, la más ligada a las palabras—, los filósofos griegos
distinguieron las figuras retóricas.

Cuando pensamos en metáforas, anáforas o hipérboles pensamos sobre todo en


poesía, pero es interesante señalar que la Retórica hoy se considera más cercana
a una teoría de la argumentación que a un tratado de literatura.

Las definiciones de las figuras retóricas o literarias suelen dividir su vasto campo en
tres:
Tropos: En los tropos se emplean las palabras con un sentido figurado, distinto del
sentido propio, usual, lógico, habitual. El tropo comprende la sinécdoque, la
metonimia y la metáfora en todas sus variedades.

Figuras de dicción: Estas figuras se caracterizan por operar con la sonoridad de


las palabras: anáfora, aliteración, asíndeton, hipérbaton, entre otras.

Figuras de sentido: También se llaman figuras de pensamiento y afectan


principalmente al significado de las palabras: ironía, comparación, hipérbole, entre
otras.
Oxímoron
Figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con
otra que tiene un significado contradictorio u opuesto.
Un oxímoron es la combinación, en una misma palabra o expresión, de dos
términos de significado contradictorio.

Así, la expresión

sol de medianoche
es un oxímoron, puesto que sol y medianoche son conceptos opuestos.
También es un oxímoron la expresión

calma tensa

Hipérbole
Figura retórica de pensamiento que consiste en aumentar o disminuir de forma
exagerada lo que se dice.
La Hipérbole no busca ser tomada literalmente, ya que resultaría poco probable o
imposible, sino que su finalidad es captar la atención, enfatizar una idea que se
quiere transmitir y conseguir una mayor fuerza expresiva:

 "Tengo tanta hambre que me comería un caballo" → Realmente no se lo


comería. Lo que pretende es enfatizar que tiene un hambre enorme.

Hipérbaton
Figura retórica de construcción que consiste en la alteración del orden sintáctico
que se considera habitual y lógico de las palabras de una oración.
El Hipérbaton, Inversión o Transposición es una figura retórica que consiste
en alterar el orden lógico de las palabras de una oración:

 Volverán las golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar → Lo lógico sería:


"Las golondrinas volverán a colgar sus nidos en tu balcón".
El Hipérbaton se puede emplear para:
 dotar a la expresión de una mayor belleza y elegancia
 producir énfasis en una palabra o idea que se quiere destacar
 adaptar el verso a una determinada rima

Metáfora
Figura retórica de pensamiento por medio de la cual una realidad o concepto se
expresan por medio de una realidad o concepto diferentes con los que lo
representado guarda cierta relación de semejanza.
La Metáfora es una figura retórica que consiste en identificar un término
real (R) con otro imaginario (I) existiendo entre ambos una relación de
semejanza:

 Tus cabellos de oro → el término real "cabellos" se asemeja al imaginario


"oro" por su color dorado (rubio).

Metonimia
Figura retórica de pensamiento que consiste en designar una cosa con el nombre
de otra con la que existe una relación de contigüidad espacial, temporal o lógica
por la que se designa el efecto con el nombre de la causa (o viceversa), el signo
con el nombre de la cosa significada, el contenido con el nombre del continente, el
instrumento con el nombre del agente, el producto con el nombre de su lugar de
procedencia, el objeto con la materia de que está hecho o lo específico con el
nombre genérico.

La Metonimia es una figura retórica que consiste en designar una cosa o idea
con el nombre de otra con la cual existe una relación de dependencia o
causalidad (causa-efecto, contenedor-contenido, autor-obra, símbolo-significado,
etc.)

La Metonimia pertenece al grupo de figuras de los Tropos. Etimológicamente


procede del griego "μετ-ονομαζειν" (recibir un nuevo nombre). Es una figura
relacionada con la Sinécdoque (ver diferencias).
Tipos y Ejemplos de Metonimia:
 Causa por efecto
o Le hizo daño el sol → el calor del sol
 Efecto por la causa
o Carecer de pan → carecer de trabajo
 Contenedor por contenido
o Tomar una copa → tomarse el contenido de una copa
o Se comió dos platos → comerse el contenido de dos platos
TUTORES DEL MOVIMIENTO LITERARIO DE LA
GENERACIÓN DEL 27

Con el término Generación del 27 se denomina a una constelación de escritores y


poetas españoles (a las mujeres de esta generación también se les conoce
como Las Sinsombrero) del siglo XX que se dio a conocer en el panorama cultural
alrededor de 1927,1 con motivo del homenaje a Luis de Góngora organizado en ese
año por José María Romero Martínez en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer
centenario de su muerte, en el que participaron muchos de sus miembros más
conocidos, dentro de la "Edad de Plata" de la literatura española, época en que
coincidieron en plena producción durante la Segunda República esta brillante
promoción junto a otras dos no menos brillantes: Generación del
98 y Novecentismo.
Hay, por parte de los expertos, cierta polémica sobre si debe considerar o no
como generación a este grupo de autores, puesto que según uno de sus
miembros, Pedro Salinas, los integrantes del mismo no cumplen los criterios
que Julius Petersen asigna al concepto historiográfico de "Generación":
 Nacimiento en años poco distantes.
 Formación intelectual semejante.
 Relaciones personales.
 Participación en actos colectivos propios.
 Existencia de un “acontecimiento generacional” que aglutine sus voluntades.
 Presencia de un “guía”.
 Rasgos comunes de estilo (“lenguaje generacional”).
 Anquilosamiento de la generación anterior.
Es difícil ver un patrón tan claro en el heterogéneo grupo de autores que podrían
encuadrarse en la denominada "Generación del 27". Si bien es cierto que el
nacimiento de la mayoría se sitúa en un lapso que no rebasa los 15 años, no todos
los autores nacidos entonces se han considerado miembros del grupo. La mayoría
posee una sólida formación universitaria; pero no hubo un guía claro, aunque al
principio se dejaran ayudar por Juan Ramón Jiménez, ni tampoco un lenguaje
generacional, ya que, si bien todos ejercieron estéticas de la Vanguardia artística,
no renunciaron a la tradición literaria culta del Siglo de Oro o la popular
(neopopularismo); además atravesaron por distintas etapas, por más que una
bastante común y muy definitoria fuese la surrealista.
Aunque se podría considerar "acontecimiento generacional" el acto de
reivindicación en el Ateneo de Sevilla de la segunda época de Luis de Góngora, la
llamada culterana, rechazada por la crítica literaria oficial, no se levantaron con
firmeza contra generaciones anteriores, ni estas se hallaban en un estado de
anquilosamiento; muy por el contrario constituyen una generación "cumulativa" que
asume los logros de las anteriores, y todas estas generaciones del 98, del 14 y del
27, las que forman la llamada Edad de Plata de la literatura española, reaccionaban
en el fondo contra una sola: la decimonónica, identificada con la falsía del turnismo
de partidos y de la Restauración monárquica, contra las que se levantó también
el Krausismo, la Institución Libre de Enseñanza y el Regeneracionismo, corrientes
de las que se sienten herederos. En cuanto a si existieron relaciones personales
entre ellos, las hubo, incluso de profunda amistad al menos entre los que residieron
en la misma zona y frecuentaron lugares como la Residencia de Estudiantes, donde
entraron en contacto con las vanguardias artísticas y científicas, y el Centro de
Estudios Históricos, donde asimilaron las tradiciones culturales hispánicas, así
como en las redacciones de revistas como La Gaceta Literaria, Cruz y
Raya, Revista de Occidente, Litoral, Caballo Verde para la Poesía y Octubre entre
otras, lo cual les hace tener una conciencia colectiva unida por experiencias
comunes y propias definidas al cabo por la positiva de la República y las negativas
de la Guerra Civil y los exilios exterior e interior.
En consecuencia la crítica afirma que se trata de un "grupo generacional", una
"constelación" o "promoción" de autores, pese a lo cual ha terminado admitiéndose
la designación de Generación del 27, pese a existir otras propuestas
como: Generación Guillén-Lorca; Generación de 1925 (media aritmética de la fecha
de publicación del primer libro de cada autor); Generación de las
Vanguardias; Generación de la amistad; Generación de la Dictadura; Generación
de la República, etc.
Al grupo literario anterior, que sucedió a los modernistas y a la Generación del 98,
se le caracterizaba por su clara orientación europeísta y su concepción del arte
como un área separada de lo social y lo político; se lo
denominó Novecentismo o Generación del 14. Y todos esos grupos anteriores
vinieron a coincidir temporalmente con los movimientos artísticos
llamados Vanguardias que se desarrollaron en Europa desde 1909 y que rompen
tanto con la temática como con las técnicas expresivas
del Romanticismo y Realismo. Los vanguardistas se sienten atraídos por los
adelantos tecnológicos y sus posibilidades, dando lugar a la corriente del futurismo,
otros exploran la realidad llevándola a su descomposición, como los cubistas; otros
sustituyen la realidad por el mundo onírico, como los surrealistas… Esta
coincidencia temporal, y las características del movimiento vanguardista, hizo que
los integrantes del grupo novecentista, vean en ellos la apuesta por un arte producto
de un acto lúdico y libre, fruto de la capacidad intelectual y expresiva del artista, que
tanto les atrae.
Los rasgos fundamentales de este movimiento literario son dos: la expresión de lo
subjetivo, por lo que se caracterizan por el uso de la metáfora; y la precisión
conceptual, que pone de manifiesto la sólida formación intelectual de los integrantes
de este grupo. Dados sus rasgos fundamentales, no puede extrañar que los géneros
literarios más representativos de estos literatos sean la lírica y el ensayo, que se
divulga fundamentalmente a través de periódicos y revistas especializadas (un
ejemplo lo constituye la revista sevillana Grecia —fundada por Isaac del Vando-
Villar y Adriano del Valle, que funcionó entre 1918-1920—, que en 1919 recibe las
colaboraciones de los poetas ultraístas.3). A pesar de ello hay algún que otro
representante de la novela dentro del novecentismo, que opta por el subjetivismo y
la renovación iniciada por la Generación del 98, manipulando las situaciones para
poder expresar su opinión sobre los más diversos temas.
En esta situación de continua renovación y cambios sociales y políticos, empiezan
a aparecer jóvenes escritores, poetas en su mayoría, con características propias
difíciles de encuadrar en los grupos existentes, pero se van uniendo en algunos
lugares clave: entran en contacto con la tradición literaria española a través
del Centro de Estudios Históricos y con las vanguardias artísticas y culturales a
través de las actividades de la Residencia de estudiantes.
Así mismo asisten a las redacciones de algunas publicaciones comunes como
la Revista de Occidente dirigida por José Ortega y Gasset o La Gaceta
Literaria (dirigida por Ernesto Giménez Caballero), pero también en otras más
como: Litoral (Málaga, 1926, impresa por Manuel Altolaguirre y Emilio
Prados); Verso y Prosa (que viene del Suplemento Literario del diario murciano La
Verdad -1923 a 1925-, que mantenían el redactor José Ballester Nicolás y Juan
Guerrero Ruiz. Murcia, 1927, dirigida por Juan Guerrero Ruiz y Jorge
Guillén); Mediodía (Sevilla); Meseta (de Valladolid); Cruz y Raya (dirigida por José
Bergamín, Madrid, 1933); Carmen(creada por Gerardo Diego en Santander en el
año 1927, que tenía un suplemento festivo llamado Lola); Octubre (revista dirigida
por Rafael Alberti) y Caballo Verde para la poesía (Madrid, 1935. Dirigida por Pablo
Neruda).
Pese a todo, este grupo se caracteriza porque cada uno de sus miembros posee
una personalidad tan acusada que es capaz de transformar las influencias o
lecciones de cualquier modelo en propia sustancia personalizada totalmente
diferente a la de los demás integrantes del mismo. Por ello no se puede hablar ni de
comunidad de estilo ni de escuela entre ellos. Por eso hay muchos autores que
prefieren referirse a ellos como "grupo del 27".
Dentro de este grupo de literatos podemos destacar a los siguientes poetas: Jorge
Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Dámaso
Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel
Altolaguirre, Juan José Domenchina y Emilio Prados; este grupo es tan cerrado y
estrecho que el crítico José-Carlos Mainer se burló adjetivándolos como
"generación SL" (sociedad limitada) para insistir precisamente en la inmovilidad
canónica de este grupo de poetas.5 Por eso se ha ampliado sin cesar y hay autores
que también incluyen a Miguel Hernández en la lista, como un epígono más bien
perteneciente a la Primera generación de posguerra2 o se agrupó con ellos a
miembros de otras generaciones con los que tenían afinidad, como diversos
novelistas, ensayistas y dramaturgos (Max Aub, Fernando Villalón, José Moreno
Villa o León Felipe).
Por demás, habría que tener en cuenta a los autores olvidados por la crítica, como
ocurre con la mayoría de las doce mujeres de este grupo, diez de ellas compañeras
de la Generación del 27 en el Lyceum Club Femenino y conocidas generalmente
como "Las sinsombrero": Concha Méndez-Cuesta, poeta y escritora de
teatro; María Teresa León, escritora; Ernestina de Champourcín, poeta; Rosa
Chacel, poeta, novelista, ensayista, traductora…; Josefina de la Torre, poeta,
novelista, cantante lírica y actriz; María Zambrano, filósofa y ensayista; Luisa
Carnés, narradora social y feminista, y las artistas Margarita Gil Roësset, Margarita
Manso, Maruja Mallo y Ángeles Santos, a las que hay que añadir a Remedios Varo6
. Algo semejante cabe afirmar del Lyceum Club de Barcelona.
Por otra parte, hay que incluir también a otros artistas cuya trayectoria es más o
menos afín o muy relacionada con la de los autores del 27, aunque por diversas
circunstancias no estaban tan unidos al grupo: Juan Larrea, Mauricio
Bacarisse, Juan José Domenchina, José María Hinojosa, José Bergamín (que más
bien pertenece al Novecentismo o Generación del 14), Alejandro Casona o Juan
Gil-Albert.
También podemos tener presente a la llamada, por parte de uno de sus integrantes
(José López Rubio), como ‘’Otra generación del 27’’, que está formada por los
humoristas discípulos del vanguardista Ramón Gómez de la Serna, entre los que
podemos destacar: Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Miguel Mihura y Antonio
de Lara, «Tono», que se convirtieron tras la contienda nacional en integrantes de la
redacción de La Codorniz.
Pero además hay que tener en cuenta que no toda la producción literaria del 27 está
escrita en castellano; hubo autores que perteneciendo a esta generación escribieron
en otros idiomas, como Salvador Dalí u Óscar Domínguez, que escribieron en
francés, o en inglés como Felipe Alfau, y algunos escritores y artistas extranjeros
que fueron importantes en este movimiento, como Pablo Neruda, Vicente
Huidobro, Jorge Luis Borges o Francis Picabia.
Por todas esas razones no tiene mucha consistencia la idea de considerar la
Generación del 27 como un fenómeno estrictamente madrileño. De hecho se puede
ver la existencia de otros núcleos creativos que se encontraban dispersos por todo
el territorio nacional, aunque con una estrecha relación entre ellos.
Así, los principales núcleos se localizaron en Sevilla (en torno a la
revista Mediodía), Canarias (en torno a la Gaceta de Arte) y en Málaga (en torno a
la revista Litoral); sin que esto suponga que no hubiera también una importante
actividad en Cantabria, Galicia, Cataluña y Valladolid
La Generación del 27 en otras manifestaciones artísticas.
Tampoco se puede perder de vista que algunos miembros del grupo se centraron
en actividades artísticas diferentes de las estrictamente literarias, como Luis Buñuel,
cineasta; K-Hito, caricaturista y animador; pintores surrealistas como Salvador
Dalí o Remedios Varo; Maruja Mallo, pintora y escultora; Ángeles Santos Torroella,
pintora y artista gráfica; Benjamín Palencia, Gregorio Prieto, Manuel Ángeles
Ortiz, Ramón Gaya y Gabriel García Maroto todos ellos pintores, a las que hay que
añadir además a las "Sinsombrero" Margarita Gil Roësset, Margarita
Manso y Ángeles Santos; o Rodolfo Halffter y Jesús Bal y Gay, compositores y el
último también musicólogo, los cuales pertenecieron al llamado Grupo de los Ocho,
nombre con el que se suele denominar en música el correlato de la literaria
Generación del 27 y estaba integrado por: el mentado Bal y Gay, los Halffter, que
eran Ernesto y Rodolfo, Juan José Mantecón, Julián Bautista, Fernando
Remacha, Rosa García Ascot, Salvador Bacarisse y Gustavo Pittaluga, no
pudiendo dejar de nombrar a músicos más o menos marginales como Gustavo
Durán.4
En Cataluña está el llamado grupo catalán, que hizo su presentación en 1931 bajo
el nombre de Grupo de Artistas Catalanes Independientes integrado por Roberto
Gerhard, Baltasar Samper, Manuel Blancafort, Ricardo Lamote de
Grignon, Eduardo Toldrá y Federico Mompou. 4

En otros ámbitos, como la arquitectura, cabe mencionar la llamada Generación del


25 de arquitectos. Aunque algunos autores han propuesto llamarla también
generación del 27, para unirla a esta, se trata de dos grupos con claras diferencias
entre sí. Según uno de los estudios más completos sobre estos arquitectos hasta la
fecha (Carlos Arniches y Martín Domínguez, arquitectos de la Generación del 25.
Madrid: Mairea), formaban parte de ella Fernando García Mercadal, Juan de
Zavala, Manuel Sánchez Arcas, Luis Lacasa, Rafael Bergamín (hermano del
ensayista y poeta José Bergamín), Luis Blanco Soler, Miguel de los Santos, Agustín
Aguirre, Casto Fernández Shaw, Eduardo Figueroa, Carlos Arniches Moltó y Martín
Domínguez Esteban. Según dicho estudio Teodoro de Anasagasti es uno de los
maestros de esa generación, clave para entender la esencia del grupo y lo que lo
hace distinto, y Luis Gutiérrez Soto, más joven que el resto, no cumple los valores
que dicha generación se impuso. Otros, como José de Aspiroz, José
Borobio, Manuel Muñoz Casayús, Fernando Salvador, Vicente Eced, Bernardo
Giner de los Ríos o Raimundo Durán Reynals son considerados periféricos.
LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

(Córdoba, España, 1561-id., 1627) Poeta español. Nacido en el seno de una familia
acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero en la
catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la posibilidad de
viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas le valieron pronto
una amonestación del obispo (1588).

Luis de Góngora
En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid, buscando
con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época escribió algunas
de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y
se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo.
Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617, fue nombrado capellán
de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia, no alivió sus dificultades
económicas, que lo acosarían hasta la muerte.
Aunque en su testamento hace referencia a su «obra en prosa y en verso», no se
ha hallado ningún escrito en prosa, salvo las 124 cartas que conforman su
epistolario, testimonio valiosísimo de su tiempo. A pesar de que no publicó en vida
casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy
leídas y comentadas.
En sus primeras composiciones (hacia 1580) se adivina ya la implacable vena
satírica que caracterizará buena parte de su obra posterior. Pero al estilo ligero y
humorístico de esta época se le unirá otro, elegante y culto, que aparece en los
poemas dedicados al sepulcro de El Greco o a la muerte de Rodrigo Calderón.
En la Fábula de Píramo y Tisbe (1617) se producirá la unión perfecta de ambos
registros, que hasta entonces se habían mantenido separados.
Entre 1612 y 1613 compuso los poemas extensos Soledades y la Fábula de
Polifemo y Galatea, ambos de extraordinaria originalidad, tanto temática como
formal. Las críticas llovieron sobre estas dos obras, en parte dirigidas contra las
metáforas extremadamente recargadas, y a veces incluso «indecorosas» para el
gusto de la época. En un rasgo típico del Barroco, pero que también suscitó
polémica, Góngora rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros lírico,
épico e incluso satírico. Juan de Jáuregui compuso su Antídoto contra las
Soledades y Quevedo lo atacó con su malicioso poema Quien quisiere ser culto en
sólo un día... Sin embargo, Góngora se felicitaba de la incomprensión con que eran
recibidos sus intrincados poemas extensos: «Honra me ha causado hacerme oscuro
a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos».
El estilo gongorino es sin duda muy personal, lo cual no es óbice para que sea
considerado como una magnífica muestra del culteranismo barroco. Su lenguaje
destaca por el uso reiterado del cultismo, sea del tipo léxico, sea sintáctico
(acusativo griego o imitación del ablativo absoluto latino). La dificultad que entraña
su lectura se ve acentuada por la profusión de inusitadas hipérboles barrocas,
hiperbatones y desarrollos paralelos, así como por la extraordinaria musicalidad de
las aliteraciones y el léxico colorista y rebuscado.
Su peculiar uso de recursos estilísticos, que tanto se le criticó, ahonda de hecho en
una vasta tradición lírica que se remonta a Petrarca, Juan de Mena o Fernando de
Herrera. A la manera del primero, gusta Góngora de las correlaciones y
plurimembraciones, no ya en la línea del equilibrio renacentista sino en la del
retorcimiento barroco. Sus perífrasis y la vocación arquitectónica de toda su poesía
le dan un aspecto oscuro y original, extremado si cabe por todas las aportaciones
simbólicas y mitológicas de procedencia grecolatina.

Su fama fue enorme durante el Barroco, aunque su prestigio y el conocimiento de


su obra decayeron luego hasta bien entrado el siglo XX, cuando la celebración del
tercer centenario de su muerte (en 1927) congregó a los mejores poetas y literatos
españoles de la época (conocidos desde entonces como la Generación del 27:
Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Pedro
Salinas, Luis Cernuda y Miguel Hernández, entre otros) y supuso su definitiva
revalorización crítica.
RAFAEL ALBERTI
(Puerto de Santa María, 1902 - 1999) Poeta español, miembro de la Generación del
27. Sus padres pertenecían a familias de origen italiano asentadas en la región y
dedicadas al negocio vinícola. Las frecuentes ausencias del padre por razones de
trabajo le permitieron crecer libre de toda tutela, correteando por las dunas y las
salinas a orillas del mar en compañía de su fiel perra Centella.

Rafael Alberti
Aquella infancia despreocupada, abierta al sol y a la luz, comenzó a ensombrecerse
cuando hubo de ingresar en el colegio San Luis Gonzaga de El Puerto, dirigido por
los jesuitas de una forma estrictamente tradicional. Alberti se asfixiaba en las aulas
de aquel establecimiento donde la enseñanza no era algo vivo y estimulante sino
un conjunto de rígidas y monótonas normas a las que había que someterse. Se
interesaba por la historia y el dibujo, pero parecía totalmente negado para las demás
materias y era incapaz de soportar la disciplina del centro.
A las faltas de asistencia siguieron las reprimendas por parte de los profesores y de
su propia familia. Quien muchos años después recibiría el Premio Cervantes de
Literatura no acabó el cuarto año de bachillerato y en 1916 fue expulsado por mala
conducta. En 1917 la familia Alberti se trasladó a Madrid, donde el padre veía la
posibilidad de acrecentar sus negocios. Rafael había decidido seguir su vocación
de pintor, y el descubrimiento del Museo del Prado fue para él decisivo. Los dibujos
que hace en esta época el adolescente Alberti demuestran ya su talento para captar
la estética del vanguardismo más avanzado, hasta el punto de que no tardará en
conseguir que algunas de sus obras sean expuestas, primero en el Salón de Otoño
y luego en el Ateneo de Madrid.
No obstante, cuando la carrera del nuevo artista empieza a despuntar, un
acontecimiento triste le abrirá las puertas de otra forma de creación. Una noche de
1920, ante el cadáver de su padre, Alberti escribió sus primeros versos. El poeta
había despertado y ya nada detendría el torrente de su voz. Una afección pulmonar
le llevó a guardar obligado reposo en un pequeño hotel de la sierra de Guadarrama.
Allí, entre los pinos y los límpidos montes, comenzará a trabajar en lo que luego
será su primer libro, Marinero en tierra, muy influido por los cancioneros musicales
españoles de los siglos XV y XVI. Comprende entonces que los versos le llenan
más que la pintura, y en adelante ya nunca volverá a dudar sobre su auténtica
vocación, aunque muchos años después, ya en el exilio, dedicaría algunos de sus
poemarios a la pintura y a Picasso.
Al descubrimiento de la poesía sigue el encuentro con los poetas. De regreso a
Madrid se rodeará de sus nuevos amigos de la Residencia de Estudiantes. Conoce
a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo
Diego, Miguel Hernández y otros jóvenes autores que van a constituir el más
brillante grupo poético del siglo. Cuando en 1925 su Marinero en tierra reciba el
Premio Nacional de Literatura, el que algunos conocidos llamaban "delgado
pintorcillo medio tuberculoso que distrae sus horas haciendo versos" se convierte
en una figura descollante de la lírica.
De aquel grupo de poetas hechizados por el surrealismo, que escribían entre risas
juveniles versos intencionadamente disparatados o sublimes, surgió en 1927 la idea
de rendir homenaje, con ocasión del tricentenario de su muerte, al maestro del
barroco español Luis de Góngora, olvidado por la cultura oficial. Con el entusiasmo
que les caracterizaba organizaron un sinfín de actos que culminaron en el Ateneo
de Sevilla, donde Salinas, Lorca y el propio Alberti, entre otros, recitaron sus
poemas en honor del insigne cordobés. Aquella hermosa iniciativa reforzó sus lazos
de amistad y supuso la definitiva consolidación de la llamada Generación del 27,
protagonista de la segunda edad de oro de la poesía española.
En los años siguientes Rafael Alberti atraviesa una profunda crisis existencial. A
su precaria salud se unirá la falta de recursos económicos y la pérdida de la fe. La
evolución de este conflicto interior puede rastrearse en sus libros, desde los
versos futuristas e innovadores de Cal y canto hasta las insondables tinieblas
de Sobre los ángeles. El poeta muestra de pronto su rostro más pesimista y
asegura encontrarse "sin luz para siempre". Su alegría desbordante y su
ilusionada visión del mundo quedan atrás, dejando paso a un espíritu torturado y
doliente que se interroga sobre su misión y su lugar en el mundo. Se trata de una
prueba de fuego de la que renacerá con más fuerza, provisto de nuevas
convicciones y nuevos ideales.
PEDRO SALINAS
(Madrid, 1891 - Boston, 1951) Poeta español, miembro de la Generación del 27, en
la que destacó como poeta del amor. Profundo intelectual y humanista, Pedro
Salinas estudió las carreras de derecho y de filosofía y letras. Fue lector de español
en la Universidad de París entre 1914 y 1917, año en que se doctoró en letras.

Pedro Salinas
En la década de 1920 comenzó una asidua colaboración con la Revista de
Occidente y fue catedrático de lengua y literatura españolas en las universidades
de Sevilla y Murcia. Trabajó como lector de español en Cambridge. Junto
a Guillermo de Torre dirigió la revista Índice literario (1932-1936). En este último
año emigró a Estados Unidos, donde se desempeñó como profesor en distintas
universidades, y allí vivió hasta su muerte, salvo algunos períodos en que dictó
clases en la Universidad de San Juan de Puerto Rico.
Poeta subjetivo, heredero de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y
de Gustavo Adolfo Bécquer, el gran tema de su poesía fue el amor, a través del cual
matizó y recreó la realidad y los objetos. En su producción se pueden distinguir tres
etapas. La primera se inscribe en la corriente de la «poesía pura», influida por Juan
Ramón Jiménez, que caracterizó también los comienzos de muchos de sus
compañeros de generación, como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso
Alonso, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Abarca desde sus primeros versos
hasta 1931, e incluye los poemarios Presagios (1924), Seguro azar (1929) y Fábula
y signo (1931).
La segunda alcanza hasta 1939 y fue la de la poesía genuinamente amorosa, fruto
de su apasionada relación con la profesora norteamericana Katherine Whitmore. En
ella celebra el amor que da sentido al mundo; la amada es una criatura concreta, en
un espacio cotidiano, con la que el poeta mantiene un coloquio continuo. El amor
de su lírica no es atormentado y sufrido; es una fuerza prodigiosa que da sentido a
la vida (La voz a ti debida, 1933; Razón de amor, 1936; y Largo lamento, 1939).
Las obras de esta etapa se nutren de una lírica en segunda persona, vocativa,
dirigida a la imagen de la amada, envuelta en las circunstancias externas de la vida
actual: relojes, teléfonos, playas, calles, publicidad, automóviles y calendarios
aparecen en tal poesía cambiados y transfigurados. La mujer es vista en una
perspectiva de proximidad, como una amiga que se convierte en amada al
contemplarse reflejada en el "espejo ardiente" que el amor le ofrece. Tal actividad
poética, en la que se utilizan elementos métricos muy tenues y leves (metros cortos,
con asonancias de una gran flexibilidad, que subrayan el ritmo interno de las
metáforas, las ideas y la fluida elocución), halla su mejor representación en La voz
a ti debida, obra que ha influido profundamente en la poesía española.
La tercera etapa va de 1939 hasta su muerte. La poesía de estos años reflejó sus
inquietudes filosóficas, y una preocupación por la función del poeta y del arte, ya
que su espíritu humanista se rebeló ante el mundo moderno; pero no fue la suya
una poesía meramente intelectualista, sino que se apoyó también en lo sensual, en
una visión cósmica pero fuertemente emotiva. Tres libros componen la producción
de este período: El contemplado (1946), Todo más claro y otros poemas (1949)
y Confianza 1942-1944 (1955), recopilación de poemas sueltos publicada
póstumamente.
Pedro Salinas fue también autor numerosos ensayos críticos, entre los que
destacan Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947) y La poesía de Rubén
Darío (1947), dedicados respectivamente al poeta medieval español Jorge
Manrique y al nicaragüense Rubén Darío, iniciador del Modernismo. Escribió
además los ensayos El defensor (1948) y Ensayos de literatura hispánica (1958),
así como relatos (El desnudo impecable y otras narraciones, 1951) y varias obras
de teatro, la mayor parte todavía inéditas. En 2002 aparecieron finalmente
las Cartas a Katherine Whitmore, un resumen de la copiosa correspondencia que
intercambió con su amada, sobre todo entre 1932 y 1939.
FEDERICO GARCÍA LORCA
(Fuente Vaqueros, España, 1898 - Víznar, id., 1936) Poeta y dramaturgo español.
En el transcurso de la «Edad de Plata» (1900-1936), la literatura española
recuperó aquel dinamismo innovador que parecía perdido desde su Siglo de Oro;
tal periodo tuvo su culminación en la obra poética de la Generación del 27, así
llamada por el rebelde homenaje que sus miembros rindieron a Luis de
Góngoracon motivo de su tercer centenario. Sin embargo, pese a la inmensa talla
de figuras como Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo
Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda o el premio Nobel Vicente Aleixandre,
ningún miembro del grupo alcanzaría tanta proyección internacional como
Federico García Lorca.

Federico García Lorca


Los primeros años de la infancia del poeta transcurrieron en el ambiente rural de
su pequeño pueblo granadino. Delicado, angelical incluso, fue criado entre
algodones por una madre hospitalaria, la maestra Vicenta Lorca, y un padre
comprensivo, el hacendado Federico García. Su primitiva vocación fue la música y
estudió guitarra y piano. Cursó el bachillerato primero en Almería y luego, tras una
enfermedad, en Granada. Continuó sus estudios superiores en la Universidad de
Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo
amistad con el prestigioso compositor Manuel de Falla, quien ejerció una gran
influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular. Por entonces
era ya el contertulio más brillante de El Rinconcillo, el café de la Alameda de la
ciudad. En febrero de 1917 apareció su primera composición literaria en el Boletín
del Centro Artístico de Granada; se titulaba Fantasía simbólica.
En 1919 se instaló en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conoció a
autores ya consagrados como Juan Ramón Jiménez, y trabó amistad con poetas
de su generación y artistas como el pintor catalán Salvador Dalí y el futuro
cineasta Luis Buñuel. Con el primero compartía una singular habilidad para el
dibujo, y con el segundo una afición al cine que lo llevó a escribir algunas escenas
imaginarias teniendo como protagonista a Buster Keaton, cómico que en España
era conocido como Pamplinas. En este ambiente de ebullición cultural brillaría
pronto el magnetismo de la arrolladora personalidad de Federico García Lorca,
cuya perenne simpatía y vitalidad encubría un íntimo malestar que sólo su obra
dejaría entrever.
En su formación influyó un excepcional profesor de historia del arte, Martín
Domínguez Berrueta, que organizaba con sus alumnos viajes de estudios. En el
curso de una de estas excursiones, García Lorca conoció en Baeza al poeta más
notorio de la generación anterior a la suya, Antonio Machado, que acudía
cotidianamente a su humilde trabajo de profesor de francés en el instituto de
aquella localidad andaluza. De estos viajes, y de otros que organizó él mismo con
sus compañeros a imitación de los de su maestro, salió su primer
libro, Impresiones y paisajes (1918), en el que se encuentran ecos machadianos.
Sus polifacéticos intereses lo llevaron a dedicarse con pasión no sólo a la poesía,
sino también a la música y al dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. En 1920
estrenó en el Teatro Eslava de Madrid su drama El maleficio de la mariposa, una
caprichosa dramatización de los trastornos que produce el amor en una pacífica
comunidad de insectos; aunque el estreno fue un fracaso, su producción teatral
acabaría siendo tan aclamada como su poesía.
De la poesía pura al surrealismo
En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar
de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención.
El reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la
publicación, en 1927, del poemario Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y
continuadas representaciones en Madrid del drama patriótico Mariana Pineda,
basado en un suceso ocurrido casi cien años antes: bajo el exacerbado
absolutismo de Fernando VII, Mariana Pineda había sido condenada a muerte por
bordar en una bandera una inscripción liberal.
JORGE GUILLÉN
(Valladolid, 1893 - Málaga, 1984) Poeta español cuya obra expresó, especialmente
en su fase inicial, una insólita visión positiva del mundo a través de una continuada
celebración de la existencia. Perteneciente a la Generación del 27, su producción
es un paradigma de la denominada «poesía pura», corriente en la que también se
inscriben los primeros libros de muchos de sus compañeros de generación,
desde Pedro Salinas, Vicente Aleixandre o Dámaso Alonso hasta Federico García
Lorca y Rafael Alberti.

Jorge Guillén
En 1917 sucedió a Pedro Salinas como lector de español en la Sorbona, puesto en
el que permaneció hasta 1923. Posteriormente fue catedrático de literatura en las
universidades de Murcia y Sevilla, y entre 1929 y 1931 ejerció como lector en
Oxford. Exiliado en Estados Unidos (1938), trabajó como profesor en el Wellesley
College. Una vez jubilado residió en Italia antes de instalarse en Málaga tras la
muerte en 1975 del dictador Francisco Franco.
Desde sus inicios, la poesía de Jorge Guillen quedó totalmente exenta de la
ornamentación del agonizante modernismo para centrarse únicamente en la palabra
depurada y ceñida al contenido con la máxima precisión. Esta búsqueda del rigor
verbal hizo que tardase varios años en escribir su primer libro, Cántico, cuya primera
edición, de 1928, fue ampliada sucesivamente hasta 1950.
El subtítulo de esta obra, Fe de vida, ofrece una idea exacta de su concepción
poética, caracterizada por la actitud apasionada ante el maravilloso espectáculo de
la existencia. El entusiasmo de Guillén se expresa de una manera estructurada y
clasicista, rigurosa en la expresión intelectual, lo que ha llevado a relacionarlo
con Paul Valéry a pesar de que su radical optimismo contrasta con el enfoque
negativo del autor francés. La armonía del universo y la afirmación vital del hombre
que lo contempla y celebra hasta en sus aspectos más vulgares es el principio
esencial del poeta, que se muestra ajeno a toda imperfección.
Las fuerzas contrarias a esta plenitud, representadas por los conflictos políticos,
comparecieron en una segunda etapa, constituida por las tres partes de Clamor,
tituladas Maremagnum (1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las
circunstancias (1963). La conciencia de las realidades dolorosas implica un tono
más grave y elegíaco, a la vez que las formas concisas de la primera época dejan
paso a un discurso pausado en el que tienen cabida las construcciones largas y los
poemas en prosa. A pesar de que el autor no renuncia a su emocionada postura
inicial, la nostalgia del pasado, el paso del tiempo y la reflexión sobre la vejez
contribuyen a que su voz se tiña de melancolía.
Por el contrario, Homenaje (1967) supone un retorno al enfoque de Cántico y
recupera su impulso primordial de comunicación, con versos consagrados a la
cultura, el amor y la amistad, aunque también al presentimiento de la muerte. Sus
últimas obras fueron Y otros poemas (1973), con una parte dedicada a la tarea
poética, y Final (1982), que según dijo el autor aclaraba o introducía variantes a sus
creaciones anteriores. Premio Cervantes en 1976, desarrolló una sustanciosa labor
crítica entre la que cabe destacar el libro Lenguaje y poesía (1962).