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Resumen de los libros TTA, 192-216 y APPSD, 285-298

II Ministerio y muerte de Jesús.

Jesús mismo dijo que estaba consiente para la tarea a la cual se le había comisionado.
Como parte de su misión, el Verbo, que en naturaleza era Dios mismo (Fil 2:6), tomó la
misma naturaleza de un siervo (v. 7) con el fin de que la vida divina fuese manifestada a los
humanos en forma de siervo (vs. 5-7). Jesús consideraba la presencia de la enfermedad
como un resultado de la caída. Puesto que su misión era destruir las obras del diablo, se
esforzó grandemente por sanar a los enfermos y dolientes. Tal como lo indica (Mat. 8:17)
“El mismo tomo nuestras enfermedades, y llevo nuestras dolencias.” Su conducta y su
enseñanza hacían que el pecado fuese sobremanera pecaminoso. Cuando hablamos de la
expiación estamos diciendo que Jesucristo en su muerte resolvió plenamente el problema
que el pecado había creado.
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis se supone en todo lugar que Dios y los seres
humanos debieran estar en una relación armoniosa. Sin embargo, Los pecadores son
totalmente incapaces de hacer algo para salvarse/liberarse de su condición pecaminosa. De
ahí que la expiación, para lograr en favor de los pecadores lo que debía hacerse, era
necesario que lo hiciera otra persona a favor de ellos. Para Pablo, la prueba mas grande del
amor de Dios hacia los pecadores fue la cruz. Sin embargo, el apóstol no hace diferencia
entre el amor de Dios y el amor de Cristo.
La ofrenda que ofreció Cristo con su muerte por el pecador, no estaba relacionada con
ninguna transgresión particular, tal como debía ser según lo indica (Lev. 1:3; Deut. 15:21),
Las víctimas debían ser sin
Defecto. Pero la muerte de Cristo se consideraba como el medio apropiado para que un
pueblo pecador se acercase a un Dios santo. Pablo en 2 Corintios 5:14: “Uno murió por
todos, luego todos murieron”. La muerte del representante cuenta como la muerte de
quienes él representa. El significado de “llevar los pecados” es hecho claro mediante varios
pasajes del AT donde el contexto muestra que llevar los pecados significa llevar la
penalidad de ellos. También debemos recalcar que la santidad de Dios hizo ineludible la
penalidad por el pecado. Dios tomó sobre sí su propia penalidad la que él había decretado.
Su amor la soportó en nuestro lugar, haciendo posible el perdón y superando la separación
divino humana. En la cruz se revela para siempre la santidad del amor de Dios y se
manifiesta plenamente el amor de Dios santo. Allí se besan la justicia y la misericordia. En
esencia, el apóstol arguye que Dios es justo al condenar y castigar el pecado,
misericordioso al perdonar y aceptar a los pecadores, y soberano al ejercer ambos atributos
armoniosamente juntos a través de Cristo Jesús justo”.

La ley de Dios no fue alterada o suspendida para nuestra justificación, sino cumplida por
Cristo, el segundo
Adán, actuando en nuestro nombre. Justificación es esencialmente una cuestión de relación
restaurada, lo cual es precisamente, el significado de la palabra “expiación”.
Nos hemos referido a aspectos como: redención, sustitución, expiación-propiciación,
justificación y reconciliación. Todos puntos importantes; no debe descuidarse ninguno. Sin
embargo, ninguno de ellos es suficiente para cubrir todos los diversos aspectos del
significado de la cruz. Ella abraca mucho
más. Para los primeros creyentes la resurrección era el origen, no el fin, de la historia; en un
sentido, la piedra angular de la fe cristiana (1 Cor. 15:14, 17). El hecho de que los
discípulos, derrotados y desanimados en el momento de la crucifixión y desanimados en el
momento de la crucifixión, unas pocas semanas más tarde confrontaron audazmente a los
que habían condenado a Jesús, y proclamaron su resurrección y señorío, es la verdadera
evidencia de la resurrección como un hecho histórico, tal como lo registra las escrituras. No
hay salvación para aquellos que no confiesen que Jesús es el salvador y creen en su corazón
que Dios se levantó de los muertos.
Es importante también mencionar que, como muestran las escrituras el ministerio de Cristo
en el cielo es tan esencial para la salvación de los pecadores como su muerte en la cruz.
Además, el mismo cristo se levantó de los muertos con carne y huesos, llevando las
evidencias de la crucifixión. Ascendió al cielo como nuestro Sumo Sacerdote.
Por eso como cristianos debemos caminar en sus pasos no solo contentarse con
contemplarlo o admirarlo, si no llegar a ser imitadores reales de él.
PREGUNTAS SOBRE CRISTO Y SU MINISTERIO EN EL SANTUARIO.
El significado básico de «expiación», tal como se emplea el término en el Antiguo Testamento, es
cubrir el pecado. En círculos teológicos el término 'expiación' ha adoptado un significado técnico y
se emplea por lo general para describir el efecto redentor de la encarnación, los sufrimientos y la
muerte de Cristo. Los sacrificios matu~ino y vespertino, así como las ofrendas individuales por el
pecado, señalaban al futuro sacrificio del Salvador en la cruz del Calvario. El ministerio del
sacerdote en estas ceremonias señalaba al ministerio sumo sacerdotal de Cristo en el santuario
celestial, donde aplica los beneficios del sacrificio expiatorio al pecador individual. Al pueblo de
Israel se le enseñaba este aspecto del plan de Dios en los ritos del santuario cuando cada año
llegaba el Día de la Expiación. El acto final en aquel gran día era la expulsión del macho cabrío para
Azazel, que representaba al instigador del mal. Este macho cabrío era sacado del campamento de
Israel y quedaba expulsado para siempre. Así será también en la obra final de Dios. Entonces, el
último acto en el gran plan de Dios para limpiar de pecado el universo será eliminar §347§ al
mayor ofensor de todos, aquel que fue mentiroso desde el principio, aquel antiguo enemigo, el
diablo y Satanás.

Algunos de nuestros primeros autores adventistas del séptimo día; creían plenamente en la
eficacia del sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres, y, desde luego, creían que este
sacrificio se hizo una vez y para siempre, pero preferían no usar la palabra 'expiación' como si se
limitase únicamente la obra sacrificial de Cristo en el Calvario. la expiación conlleva no solo el acto
trascendente de la cruz, sino también los beneficios del sacrificio de Cristo" que se están aplicando
continuamente al hombre menesteroso. Y esto continuará hasta el fin del tiempo de gracia para el
ser humano. Cristo, entonces, es en sí mismo la ofrenda sacrificial, el sacerdote oficiante y el rey
que viene. Eso abarca el pasado, el presente y el futuro. y esto, según creemos, acabará en la
erradicación final para siempre del pecado y sus efectos, así como de su maligno originador, del
universo. Este, según entendemos, es el efecto final de la expiación obrada en el Calvario.

Lo que él hizo en §354§ la cruz fue para todos los hombres (1 Juan 2: 2). Lo que hace en el
santuario es para quienes aceptan su gran salvación. Uno proporciona la ofrenda sacrificial; el otro
proporciona la aplicación del sacrificio al alma arrepentida. Uno fue hecho por Cristo como
víctima; el otro, por Cristo como sacerdote.
Por lo tanto, cuando alguien oye a un adventista decir, o lee en libros adventistas -aun en los
escritos de Elena G. de White- que Cristo está haciendo expiación ahora, §355§ debería
entenderse que lo que queremos decir es sencillamente que ahora Cristo está aplicando los
beneficios de la expiación sacrificial que hizo en la cruz; que la está haciendo eficaz para cada uno
de nosotros individualmente, según nuestras necesidades y peticiones.