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Resumen del libro “El sábado en las escrituras” Pag.

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El sábado y el domingo en la historia de la iglesia cristiana

El punto de vista aceptado de manera generalizada de que «el suceso de la resurrección


determinó la elección del domingo como día de culto»5 descansa más sobre la especulación que
sobre hechos. Un claro ejemplo tenemos la cena del señor realizado solo en domingo, sin
embargo, el Nuevo Testamento sugiere que se celebraba en momentos indeterminados y en días
diversos (cf. 1 Cor. 11: 18, 20, 33, 34). Tanto Bernabé como Justino Mártir, que aportan la
documentación más antigua de la observancia del domingo, mencionan la resurrección como
razón secundaria o adicional de su observancia. (Hech. 3:1). Hay muchas indicaciones de que los
seguidores de Cristo siguieron acudiendo al templo y a la sinagoga, aunque también se realizaban
encuentros privados complementarios. Según Hechos 8:1, «todos, salvo los apóstoles, fueron
esparcidos». Que se permitiera que los apóstoles permaneciesen en la ciudad sugiere que no
compartían las ideas radicales de los helenistas, sino que mantenían su lealtad a las tradiciones
básicas judías. En tal clima de profundo apego a las observancias religiosas judías, ¿es concebible
que una costumbre inmemorial y apreciada, como la observancia del sábado, hubiese sido
abrogada y que un nuevo día de culto hubiese sido introducido en su lugar.

El hecho de que los nazarenos, que representan a «los descendientes directísimos de la


comunidad primitiva» de Jerusalén, retuvieran la observancia del sábado como una de sus marcas
distintivas durante siglos después de la destrucción de Jerusalén muestra de forma persuasiva que
ese era el día original de adoración de la iglesia de Jerusalén y que entre los cristianos judíos de
Palestina no ocurrió ningún cambio del sábado al domingo después de la destrucción de la ciudad
en 70 d. C.

Solo a partir del año 135 d. C. tuvo lugar un cambio radical en la iglesia de Jerusalén. En esa época
el emperador Adriano destruyó la ciudad, expulsó tanto a los judíos como a los cristianos judíos y
prohibió categóricamente la práctica de la religión judía, en especial la observancia del sábado y la
circuncisión.

Dado que la adopción de nuevos días de fiesta religiosa y su imposición al resto de la cristiandad
solo podrían ser logradas presumiblemente por una iglesia que cortase pronto sus vínculos con el
judaísmo y que gozase de amplio reconocimiento, la iglesia de la capital del imperio parece ser el
lugar de origen más probable de la observancia del domingo. La antigua iglesia cristiana de Roma,
a diferencia de la mayoría de las iglesias orientales, estaba compuesta fundamentalmente de una
mayoría cristiana gentil (Romanos 11 y 13) y de una minoría judeocristiana (Romanos 14).

Nerón, para que se librara de la acusación de haber provocado el incendio de la ciudad echando la
culpa a los cristianos. Según Tácito, Nerón «echó la culpa [del incendio provocado] e infligió las
más exquisitas torturas a [...] los cristianos».

La posibilidad de que el abandono del sábado y la adopción del domingo como nuevo día de culto
pudieron haber ocurrido primero en Roma. Políticamente, con Vespasiano (69-79 d. C.) quedaron
abolidos tanto el Sanedrín como el sumo sacerdocio; y con Adriano, según señalamos antes, la
práctica de la religión judía y, en particular, la observancia del sábado quedaron legalizadas.
Justino Mártir, escribiendo desde Roma hacia mediados del siglo II. Vacía al sábado de toda su
significación teológica, reduciéndolo a una norma temporal derivada de Moisés, que I ) los impuso
exclusivamente a los judíos como «marca para señalarlos para el castigo que tanto merecen por
sus infidelidades».

Luego implementaron lo que era el ayuno semanal. Según documentaron varios Padres, se hizo
del sábado en Roma no solo un día de ayuno, 'ano también un día en el que no se permitían
ninguna celebración eucaristía a ni ninguna reunión religiosa.48 La transformación del sábado,
pasando de ser un día de fiesta, gozo y celebraciones religiosas a convertirse en un día de ayuno,
luto y sin reuniones religiosas representa medidas concretas emprendidas por la iglesia de Roma
para obligar a los cristianos a apartarse de la veneración del sábado. Por otra parte, esta práctica
realzó el domingo, un día de gozo y de fiesta cuando terminaba el ayuno del sábado. El ayuno
anual del sábado pascual, como el semanal, estaba concebido para expresar no solo el dolor por la
muerte de Cristo, sino también desprecio hacia los perpetradores de su muerte, o sea, los judíos.

Existe la posibilidad de que los primeros conversos cristianos de origen gentil, afrontando la
necesidad de adorar en un día que fuera diferente del sábado judío, se vieran orientados hacia el
día del sol. Eusebio (r. 260-340 d. C.) Para justificar el culto en domingo: «En este día de la luz,
primer día y verdadero día del sol\ cuando nos reunimos después del intervalo de seis días,
celebramos los sábados santos y espirituales [...]. De hecho, precisamente en este día de la
creación del mundo dijo Dios: “'Sea la luz) y fue la luz”. También en este día el Sol de Justicia se ha
levantado para nuestras almas».

La elección del día del sol no estuvo motivada por el deseo de venerar al dios sol en su día, sino
más bien por el hecho de que tal día proporcionaba una simbología adecuada que podría
conmemorar eficazmente y explicar; al mundo pagano dos acontecimientos fundamentales de la
historia de la salvación: la creación y la resurrección. Jerónimo. «Si es llamado día del sol por los
paganos, lo reconocemos como tal con mucho gusto, dado que precisamente este día apareció la
luz del mundo y en este día se levantó el Sol de Justicia». Agustín. «El día del Señor no fue
declarado a los judíos, sino a los cristianos por la resurrección del Señor, y en ese acontecimiento
tuvo su origen y su festividad». Atanasio (c. 296-373 d. C.) «El sábado fue el fin de la primera
creación; el día del Señor fue el comienzo de la segunda, en la que renovó y restauró la antigua. De
la misma manera que ordenó que anteriormente debían observar el sábado como un recuerdo del
fin de las primeras cosas, así honramos el día del Señor por ser el recordatorio de la nueva
creación. De hecho, no creó otra, sino que renovó la antigua y completó lo que había empezado a
hacer». Esta noción del sábado como heraldo del fin de la primera creación y del comienzo de la
segunda creación es totalmente ajena a las Escrituras y, según parece, fue ideada para refutar la
reivindicación de superioridad del sábado como recordatorio de la creación.

La adopción de la observancia del domingo en lugar del sábado no ocurrió en la iglesia de


Jerusalén en virtud de la autoridad de Cristo o de los apóstoles, sino que, por el contrario, tuvo
lugar varias décadas después, evidentemente en la iglesia de Roma durante el siglo II. Fue
solicitada por circunstancias externas.

El sábado en el Nuevo Mundo

Los primeros en observar el sábado, séptimo día de la semana, en el Nuevo Mundo fueron judíos
que habían sido obligados por la Inquisición del Viejo Mundo a convertirse al cristianismo. Estos
“cristianos nuevos” que seguían siendo judíos de corazón y que seguían practicando su antigua
religión en secreto, navegaron con Colón y otros exploradores en sus viajes de descubrimiento al
Nuevo Mundo más de un siglo antes de que llegaran los primeros cristianos observadores del
sábado. En 1502.

El 23 de diciembre de 1671—, se constituyeron mediante un pacto solemne en la Primera Iglesia


Bautista del Séptimo Día de Newport. William Hiscox, uno de los primeros conversos de Mumford,
fue su primer pastor. Como en Inglaterra, los bautistas del séptimo día del Nuevo Mundo sufrieron
la desaprobación de la mayoría de los demás cristianos a causa del sábado, y se les impusieron
multas y penas de cárcel por su fe.

Realizando el servicio de comunión un domingo por la mañana a comienzos de 1844, Frederick


Wheeler, el pastor metodista adventista de la Iglesia Cristiana de Washington, Nuevo Hampshire,
subrayó la importancia de obedecer los mandamientos de Dios y en marzo, él guardó su primer
sábado y predicó un sermón sobre el asunto. Solo en 1849 empezó a surgir un grupito identificable
de adventistas observadores del sábado. El segundo pastor millerita que adoptó el sábado,
séptimo día de la semana, fue Thomas M. Preble, en el verano de 1844.

En su visita al hogar de Frederick Wheeler, Bates contestó: «La novedad es que el séptimo día es el
día de reposo del Señor nuestro Dios». Bates dedicó el resto de su vida a proclamar esa noticia. Y
fue el quien en el verano de 1846 le trasmitió a Elena Harmon la necesidad de guardar el sábado,
pero en ese momento ella no vio su importancia, pensado que erraba al dar más importancia al
cuarto mandamiento que a los demás.

Jaime y Elena G. de White y Joseph Bates fueron los principales oradores, sus temas principales
fueron el sábado, el mensaje del tercer ángel (Apoc. 14: 9-12) en relación con el sábado y los
acontecimientos de los últimos días en la profecía. Jaime White escribió en 1853 que los
adventistas observadores del sábado provenían de diversas denominaciones que «sostenían
diferentes puntos de vista sobre algunos temas; no obstante, gracias al Cielo, el sábado es una
base firme sobre la que todos podemos estar de pie unidos. Y mientras estamos aquí [...] se pierde
todo sentimiento partisano».

A finales de 1849 se había convertido en la norma aceptada entre los adventistas que más tarde
adoptaron el nombre adventista del séptimo día.42 En 1851 Elena G. de W hite escribió: «El
pueblo de Dios está llegando a la unidad de la fe. Los que guardan el día de reposo de la Biblia
están unidos en sus opiniones con respecto a la verdad bíblica. Pero los que se oponen al sábado
entre el pueblo adventista están desunidos». Pero, al aceptar el sábado de los bautistas del
séptimo día, la mayoría de los adventistas, evidentemente, no entendió la definición de «tarde»
como “puesta de sol”. Así había ocurrido con Joseph Bates, a través del cual llegó el sábado a la
mayoría de los adventistas, que iniciaba el sábado a las seis en punto de la tarde del viernes. Otros
adventistas lo iniciaban a la puesta de sol, y otros a medianoche o al amanecer del sábado por la
mañana. En agosto de 1855 Jaime W hite pidió a J. N. Andrews que realizase una investigación
exhaustiva del asunto y preparara un artículo sobre el tema para la Review. Andrews ya era
reconocido como un erudito bíblico meticuloso. En una nota adjunta Andrews anunció que, para
él, «el resultado de la investigación es la firme convicción de que el inicio y el fin de cada día [y,
por ende, del sábado] están marcados por la puesta del sol».
Los adventistas observadores del sábado surgieron como un grupo diferenciado identificable en
1849. Los adventistas milleritas que no aceptaron el sábado después de 1844 acabaron
fusionándose en tres grupos existentes en 1980: La Iglesia Cristiana Adventista, con
aproximadamente 30.000 miembros; la Iglesia de Dios (Fe abrahámica), con aproximadamente
6.500; y la Iglesia Cristiana Adventista Primitiva, con 600 o así; un total de aproximadamente
37.000 miembros. La diferencia teológica significativa entre los adventistas del séptimo día y los
bautistas del séptimo día es, naturalmente, el énfasis en la inminencia del advenimiento.

Uríah Smith escribió: «El santuario y el sábado están inseparablemente unidos. Quienquiera
admita la verdad del primero debe admitirla también del segundo: el santuario contiene el arca, el
arca contiene la ley y la ley contiene el cuarto mandamiento, no abolido y no alterado». Durante el
verano de 1844 con el homólogo histórico del mensaje del segundo ángel. El primer ángel emplaza
a todos los hombres de todas partes a adorar al Creador, cuya obra creadora evoca el sábado, y el
segundo advierte contra el rechazo popular de ese mensaje. Pero había un tercer ángel con una
advertencia contra la marca de la bestia, que entendían que era el equivalente satánico del sello
de Dios. Identificando el sello de Dios con el sábado, llegaron a la conclusión de que la marca de la
bestia tenía que ser el falso día de reposo de Satanás.