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CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIOPOLÍTICO DE

NIETZSCHE
El fracaso de la Revolución Francesa provocó el resurgir del Antiguo Régimen en la primera mitad del s.
XIX. Pero la Revolución Industrial condujo a movimientos sociales, como el socialismo o el sindicalismo,
que lograron obtener mejoras laborales y derechos políticos. Ante esta situación la burguesía procedió a
defenderse de la clase obrera sacrificando la libertad y la igualdad para salvaguardar la seguridad y la
propiedad. Fue a finales del s. XIX cuando se pusieron en marcha los mecanismos de control social que hoy
damos por supuesto: la escuela obligatoria (la disciplina de los cuerpos y el horario rígido marcado por la
sirena eran un adiestramiento para la fábrica), el manicomio (la invención de las enfermedades mentales), la
prisión (el panóptico de Bentham), el ejército y la policía. A pesar de todo, a finales del s. XIX en muchos
Estados europeos se habían desarrollado cambios políticos democráticos.

El desarrollo científico y tecnológico conduce a la segunda revolución industrial relacionada con la


expansión del ferrocarril, las industrias siderúrgicas y el protagonismo del capital financiero, de la banca.
Cabe mencionar el cambio en las condiciones de la vida cotidiana con la iluminación de las calles, la
invención del teléfono, el telégrafo y la radio. Esto provocó el entusiasmo por la ciencia que desembocó en
el positivismo.

La corriente filosófica preponderante es, por tanto, el positivismo. Según Comte, su fundador, la humanidad
se encuentra en su grado máximo de esplendor gracias a la superación de la religión y la metafísica, y la
consolidación de la ciencia. El positivismo tiene como consecuencias, por un lado, la anulación del
individuo bajo el lema “Orden y Progreso” y, por otro, la imposibilidad de que la ciencia responda a las
preguntas fundamentales de la filosofía, como el sentido de la vida. Frente al positivismo el vitalismo
de Nietzsche reivindica la vida, el individuo, las pasiones, los instintos y el ahora.

A finales del s. XIX surge también el evolucionismo de Darwin. La selección natural establece que unas
especies evolucionan a partir de otras gracias a dos principios: a) la variabilidad de los individuos y b) la
lucha por la existencia. Este último aspecto que Darwin tomó de Malthus es fundamental en el darwinismo
social de H. Spencer. Según este las desigualdades sociales del capitalismo son el reflejo social de la lucha
por la existencia que existe en la naturaleza. Si queremos que la sociedad progrese del mismo modo que lo
hace la naturaleza debemos seguir la doctrina liberal capitalista. La desigualdad natural del ser humano y la
lucha por la existencia son aspectos que sí están presentes en la obra de Nietzsche. Sin embargo, al contrario
que Darwin, Nietzsche considera que el objetivo del hombre no es la supervivencia sino dar paso a algo
nuevo, al superhombre. Esta afinidad de Nietzsche con Darwin lo aleja del marxismo y el anarquismoque
defienden la igualdad de todos los hombres.

El auge de la ciencia se contagia también a la literatura. La corriente predominante es el realismoque intenta


reflejar con veracidad la sociedad burguesa de la época. Así, por ejemplo, Dickens, Galdós o Zola. Tiene
una importancia especial el novelista ruso Dostoievski, muy admirado por Nietzsche y que retrató como nadie
el nihilismo: “Si Dios ha muerto, todo está permitido”, decía en Los hermanos Karamazov.

En 1870 tras la victoria en la guerra franco-prusiana, se produce la unificación alemana. De este modo,
Alemania se convierte en la gran potencia continental. El nuevo Estado mezcla liberalismo económico y
centralismo político. Un Estado rígido y organizado que se funda en una burguesía extremadamente
conservadora y antisemita. Wagner y el cuñado de Nietzsche representan bien este tipo de sociedad alemana
que Nietzsche despreciaba. Un Estado formado por funcionarios, eficientes y
honestos, pero enfermizamente gregarios. Ese Estado alemán que se alimentaba del idealismo racionalista
de Kant y Hegel fue muy criticado por Nietzsche que reivindicaba la libertad, la autonomía y el desorden de
las pasiones. Criticaba de Kant el dualismo cristiano, el sometimiento del cuerpo al deber, y de Hegel, el
sometimiento del individuo al Todo, al Estado