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FAMILIA Y TRABAJO ¿SON COMPATIBLES?

Por Jaclin Campos

Èl trabaja seis días por semana. Ella también. Ambos salen cansados de sus respectivos
trabajos y les espera su pequeño hijo que pasa la mañana en la escuela y la tarde con una
niñera como un paciente. Semejante a éste es el estilo de vida que, debido a las presiones
económicas, muchas parejas llevan. Cada cónyuge dedica la mayor parte de su energía y su
tiempo al trabajo; poco queda, pues, para los hijos (si los hay) y la pareja.

Este fenómeno, acentuado por el consumismo, “por la presión social que viene de los
medios de comunicación, está causando la destrucción de la familia”, asegura Ángel
Enrique Pacheco, psicólogo y terapeuta familiar y marital. Según Pacheco, en nuestro país
aproximadamente el 50 por ciento de los matrimonios terminan en divorcio, en gran parte
por la presión socioeconómica. Esta última genera gran estrés y, como consecuencia, la
actitud del individuo ante la toma de decisiones en el hogar es altamente negativa. El
hombre y la mujer de hoy se encuentran, pues, ante una gran disyuntiva: cómo combinar
eficazmente el trabajo y la familia.

“Un problema que no se reconoce y entiende, no se puede resolver”, dice Pacheco, y el


conflicto familiar-laboral es uno cuya solución es vital. Las consecuencias más graves de
este problema de la vida moderna son la deficiente educación de los hijos y la indiferencia
afectiva entre el hombre y la mujer. Refutando el ya famoso argumento esgrimido por
muchos de que en la crianza de los hijos lo importante es la calidad y no la cantidad, el
psicólogo expresa: “Lo importante es cantidad con calidad”. Sacrificar esos elementos
puede ocasionar conductas desviadas en los hijos y, por tanto, malestar para los esposos.
Malestar que se suma al ya existente y que mengua la calidad de la relación amorosa. “Una
de las razones por las que muchos matrimonios dejan de tener relaciones sexuales,
afectuosas, bonitas y románticas”, explica el terapeuta, “es porque están cansadas a la hora
de acostarse”.
Propone lo que para él es la solución más sencilla: hacer el amor por la mañana. Colocando
el “acto supremo de entrega” antes que el resto de las actividades del día, así la pareja se da
a sí misma la prioridad. No hay datos precisos sobre en cuál de los cónyuges disminuye
más el rendimiento hogareño como consecuencia de la carga laboral. “Varía mucho de
persona a persona”, expresa Pacheco. Sólo puede señalarse que el papel que ha
desempeñado la mujer en la crianza de los hijos la obliga, por ejemplo, a levantarse de
madrugada a cambiar pañales, lo que le ha dado una resistencia especial.

Con la inserción de la mujer en el mundo laboral, ésta ha adquirido mayor participación en


la administración del hogar, y el derecho de hacer determinadas exigencias a su compañero.
“Hay que hacer negociaciones”, esa es la respuesta a un problema al que no se le ve una
solución simple. “Si los dos no pueden ponerse de acuerdo, se rompe el matrimonio”,
sentenció. Pero la mayor preocupación de este psicólogo es que dos personas puedan
compartir “hasta el cepillo de dientes si fuere necesario” y no compartan sus salarios. El
amor al dinero ha engendrado desconfianza en los matrimonios y está destruyendo la unión
de la familia.

Así las cosas, sólo el compromiso mutuo puede asegurar la supervivencia de la unión. En
ese sentido, la mejor propuesta es recuperar la confianza mutua y trabajar con un
presupuesto de gastos mensuales que cuente con la participación de ambos compañeros.
“Eso solamente puede significar el triunfo o el fracaso de un matrimonio”. Por otro lado, se
debe establecer claramente la necesidad de colaboración de ambos esposos en la educación
de los hijos, y se deben definir los mecanismos de diálogo y de toma de decisiones justas
para los dos. Estas pautas generales aportadas por el sicólogo Pacheco están basadas en el
supuesto de que la pareja esté dispuesta a hablar y a cuidarse mutuamente. Quienes no
puedan asumir compromisos, simplemente, “no merecen estar juntos”.