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¿PUEDE PENSAR UNA MAQUINA?

La inteligencia artificial es la disciplina científica que trabaja para lograr que las máquinas
imiten los procesos cognitivos de los seres humanos. Este reto, nada sencillo, surgió de la
mente del brillante matemático británico Alan Turing (1912-1954). En su artículo Computing
machinery and intelligence Turing se preguntaba si las máquinas pueden llegar a pensar.
Según Turing, si una maquina interactúa con un ser humano y es capaz de engañarlo sobre
su naturaleza mecánica haciéndolo creer que es una persona, entonces habrá pasado la
prueba.
La inteligencia no es algo infundido en unas criaturas desde fuera, sino algo que se
desarrolla dentro de un cerebro basado en las conexiones neuronales. El número de
neuronas de los cerebros humanos está fijado casi desde el nacimiento, e incluso ese
número disminuye con la edad. Pero las neuronas en sí no son más que los biberones de las
conexiones interneurales; son estas conexiones las que, con la energía que proporciona el
cuerpo neuronal, representan la memoria y con ella el conocimiento. Y las conexiones
pueden aumentar sin límite hasta el momento de la muerte.
La idea era recrear esto mediante circuitos electrónicos. Los circuitos en sí no representan
mucho problema, más aún hoy cuando los chips están trabajando en el rango de los 7
nanómetros (en un metro hay mil millones de nanómetros, y en un litro, un cuadrillón
(billón de billones españoles) de nanómetros cúbicos.
El problema de la IA es el software que debe hacer funcionar a los chips. Hoy los robots
inteligentes ganan a los humanos en las tareas repetitivas y deterministas (ajedrez, Go) pero
les cuesta aún mucho simular otros aspectos de la inteligencia humana. El software más
potente juega al ajedrez mejor que nadie y los seres humanos hace tiempo que no pueden
hacer nada al respecto. Por eso no hay torneos de hombres y máquinas, porque ganarían
prácticamente siempre las máquinas. Pero este software no sabe hacer otra cosa que jugar
al ajedrez, nosotros no somos los mejores en todo pero sabemos hacer de todo.
Una enorme parte de nuestra inteligencia se basa en saltos mentales no deterministas. El
lenguaje es una estructura con dos contenidos aleatorios: El lenguaje de cada persona es
distinto del de las demás, y de ello surge una buena cantidad de los problemas sociales y
personales. Además de que cada persona tiene un lenguaje propio que deriva de su
contexto personal, los humanos somos capaces de llegar a conclusiones correctas partiendo
de premisas muy borrosas, incluso contradictorias, por un mecanismo de imágenes
retroalimentadas y autocorregidas.
Los enfoques tradicionales de la IA se basan en esquemas generales y deterministas, y no
puede ser de otra manera, pues no se quieren crear máquinas locas. Pero es la posibilidad
de locura lo que es la característica de la inteligencia humana. Es dudoso que los animales
lleguen en algún momento a volverse locos: Funcionan según reglas relativamente fijas y
deterministas. Lo más probable es que en los animales, las conexiones neuronales queden
fijas en un momento de sus vidas y no puedan romper algunas de esas conexiones para
formar otras.
La inteligencia humana debe originarse en un cambio genético que permite a los humanos
recombinar constantemente, hasta el momento de la muerte, las conexiones neuronales.
Podemos unir la imagen de un torso humano con el cuerpo sin cuello ni cabeza de un caballo
y crear un centauro en nuestras mentes, o con la cola de un pez y crear una sirena. Los
avances de la ciencia se deben siempre a recombinaciones de memorias, de circuitos
neuronales que se abren y se recombinan de manera diferente entre sí.
Esto falta en el software de la IA: La posibilidad de rehacer constantemente las reglas de
funcionamiento, la capacidad de recombinar los circuitos para obtener lo nuevo a partir de
lo ya conocido y memorizado.
La IA es posible, pero si la desarrollamos tendremos exactamente los mismos problemas
que tenemos con los humanos: La libertad de acción que lleva a las obras geniales y a los
crímenes más abyectos.
Un robot fiel, un robot que siga a rajatabla y sin violarla nunca la primera regla de Asimov:
''Una máquina inteligente no puede nunca actuar contra los humanos'', es una máquina
capada, y que no desarrolla la inteligencia humana.
La inteligencia humana solo es posible en unas mentes que tienen la libertad de generar
constantemente conexiones neuronales nuevas. Y la libertad solo es posible en esquemas
aleatorios, no deterministas, no lineales. La IA es posible, si aceptamos diseñar el software
con posibilidades aleatorias. Pero como en la saga de "Dune" de Frank Herbert, si se hace
así, esa inteligencia debería ser destruida, si fuera posible, pues los robots contendrían
genios como Galileo y Einstein, pero también monstruos como Hitler y Stalin, pero con un
poder enormemente superior al de éstos últimos, lo que nos lleva a pensar; es
remotamente posible crear una inteligencia artificial q pueda simular a la humana, pero la
verdadera pregunta es ¿queremos hacerlo?
Por lo tanto la inteligencia humana no tiene límites es casi infinito nuestro potencial,
diferentes textos y expositores plantean el poder que tiene la visión, los sueños, las ganas
de hacer las cosas, la actitud mental positiva.
Podríamos decir que el ser humano está dotado de habilidades para expresar ideas con
claridad, perspectivas, pensamientos, expresar sentimientos, para formar modelos
mentales y podemos maniobrar, teniendo una gran capacidad de razonamiento abstracto
y matemático, habilidad con el cuerpo, entender, motivar y ayudar a los otros, capacidad
de darse cuenta y poder diferenciar entre los individuos sus estados de ánimo, intensiones,
motivaciones, temperamento, emociones, experiencias, poder formar una visión verídica
de uno mismo y ser capaz de utilizarla para enfrentar la vida; estos y muchos más son
características del ser humano; aspectos claramente identificados de la diferencia del
cerebro biológico y la inteligencia artificial.
Aunque el hombre a hecho todo lo posible por crear un ordenador o robot capaz de realizar
tareas similares a las del ser humano, este no ha llegado a tal punto de que haya un
aprendizaje, un razonamiento, una percepción, un lenguaje, que exprese emociones (reír,
llorar, enojarse etc.), las cuales se consideran esenciales para la inteligencia.
Hasta ahora se ha logrado construir maquinas especializadas en tareas específicas, las
cuales en algunas oportunidades las realizan mejor que el hombre, entre ellas está el
sistema de Mycin aplicado al campo de la medicina, que ha obtenido un porcentaje de
aciertos en el diagnóstico de enfermedades infecciosas superior al de un médico; los
programas de ajedrez que han vencido a campeones como Gary Kasparov; el ordenador
que simula la personalidad de una persona paranoide; los ordenadores músicos que crean
composiciones musicales; e incluso un pianista que ha tocado en las mejores orquestas en
Japón. Esto nos demuestra que hay una gran similitud entre los ordenadores y la mente
humana, pero la diferencia es clara la mente del ser humano va más allá, los ordenadores
como su palabra lo indica reciben órdenes o bien realizan esas tareas porque están
programados.
Otra diferencia de los operadores y la inteligencia humana son las redes neuronales que
interconectan la información almacenada, los mecanismos de asociación que dispara la
activación de circuitos neuronales con funciones específicas ante estímulos externos e
internos.
Se puede decir que a medida que pasa el tiempo la inteligencia humana desarrolla mejoras
en las máquinas, tratando de construir una inteligencia artificial parecida a la humana, sin
reflexionar con más profundidad acerca de los distintos aspectos de su existencia individual
y colectiva, ni concediéndole más importancia al entendimiento entre el hombre y hombre
que al que se produce hombre y máquina.
El deseo humano es trascender las limitaciones estar profundamente entrelazado con la
fascinación de lo tecnológico, lo cual puede ser tan inspirador como aterrador. La forma
como se está utilizando podría cambiar profundamente el carácter de nuestra sociedad, e
irrevocablemente alterar concepciones de nosotros mismo, reconociendo
fundamentalmente que tan importante como crear es no destruir hay que avanzar con
inteligencia teniendo claro que se construye para mejorar, convirtiendo los sistemas
expertos en una herramienta eficaz utilizándola al servicio del hombre, pero en un campo
de posibilidades que sobrepasen lo convencional.