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MÓDULO 4:

LA CONEXIÓN INTERIOR
La conexión interior

ÍNDICE

1 CONECTANDO CON MI INTERIOR: .......................................................... 3

2 EL NIÑO INTERIOR .................................................................................... 7

3 CONCIENCIA PLENA: .............................................................................. 12

4 MI PAZ INTERIOR: ................................................................................... 15

5 QUERER EL CAMBIO: ............................................................................. 18

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La conexión interior

1 CONECTANDO CON MI INTERIOR:

Cuando hablamos de conectar con nuestro interior, hablamos de conectar con


ese espacio en el que realmente nos sentimos de verdad. Donde sentimos
nuestro sí mismo, nuestro ser. Es un espacio donde no hay dudas, ni miedos,
ni apegos, no hay nada más que nosotros mismos.

Eso conlleva que en ese espacio donde solo estamos nosotros, solo haya
amor, amor hacia nosotros mismo y en consecuencia hacia los demás, esa es
la verdadera conexión.

Eso que seríamos nosotros todos, puro amor hacia nosotros y hacia los demás,
o vamos perdiendo a medida que vamos creciendo.

Todos cuando nacemos, nacemos conectados. Nacemos como seres


amorosos, nacemos llenos de luz, de amor, de bondad, nacemos blanditos,
conectados a nuestra madre en fusión emocional con ella, ella soy yo y yo soy
ella, ella (si estuviera conectada) siente lo que yo siento, y yo siento lo que ella
siente, y esto es así por diseño humano.

Lo que pasa es que nos vamos desconectando desde el mimo día que
nacemos. Ahí es cuando se inicia esa desconexión que luego tendremos que
buscarlas de adultos, en el mejor de los casos.

Nos desconectamos de nuestras necesidades más internas y fisiológicas,


cuando nuestra madre nos pone en la cuna y nos deja llorar, cuando nos
imponen horarios eternos de adultos, horarios para comidas, horarios para salir
a jugar, horarios para ver y estar con lo más importante de nuestras vidas que
es el amor materno. Pues para nosotros cuando somos bebés, el amor
materno es lo mismo que el amor hacia nosotros mismo, debido a la fusión
emocional.

Lo que pasa es que esa fusión emocional es inexistente ya que nuestra madre
también esta desconectada de su sí mismo, por lo cual no puede fusionar. Y
esto es debido a que su madre también estaba desconectada y no fusionó con
ella y así podemos ir al transgeneracional y ver como la desconexión interior ha
estado presente desde nuestros ancestros.

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La conexión interior

Debido a la educación y al sistema del patriarcado existente actualmente y


desde siglos atrás, perdemos la conexión hacia nosotros mismos desde el
mismo momento que nacemos, y vamos creciendo extirpando todos aquellos
vestigios de conexión que podamos tener.

Ya que no solo viene de casa, de la ausencia de fusión emocional con nuestra


madre, sino también de la escuela, donde nos dictan cuando tenemos que
aprender, cuando y cuanto memorizar, nos dictan qué nos ha de interesar,
cuando podemos hablar y cuando callar, cuando ir al baño, cuando jugar, gritar,
llorar, reír, abrazar, besar, etc.

Así se hace imposible que un niño no pierda esa conexión hacia si mismo,
pues le hemos enseñado a seguir las indicaciones que los demás le dan, no lo
que el siente y cree que está bien para él, o lo que quiere o necesita. Le hemos
enseñado en definitiva sometimiento.

Y la pregunta que nos viene ahora es:

¿Y qué hacer ante esto?

Ante lo que ya paso no podemos hacer anda, podemos hacer algo aquí y ahora
en la medida que cada uno pueda.

Lo primero despertar de este sometimiento o sueño fuera de nosotros


mismos.

En ocasiones, al ir por la calle paseando, nos sorprendemos esbozando una


sonrisa al ver un bonito árbol, o un niño jugando con su perro, y como no, ante
una preciosa puesta de sol.

Estos momentos son verdaderas ocasiones para experimentar como brota


libremente nuestro ser interior, sin que la mente intervenga, ya que esos
momentos de belleza, amor y naturaleza resuenan en nuestro interior de
manera muy potente. Esas cualidades forman parte de lo que realmente
somos.

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La conexión interior

Es importante conectarnos con nosotros mismos para poder


escucharnos y nutrirnos de lo que realmente necesitamos.

Tendemos a llenar nuestra vida, nuestro tiempo, de muchas cosas que en


realidad no nos sirven de nada, tanto a nivel material como a nivel
pensamientos, sentimientos y emociones. Si establecemos esa conexión con
nuestro interior nuestra vida va a empezar a cambiar de manera muy positiva,
ya que ésta será un reflejo de nuestro interior.

¿Cómo podemos saber si realmente estamos en el camino adecuado, si


realmente fluimos con la vida?

Es muy sencillo, preguntémonos simplemente

¿Soy feliz?

La respuesta a esta pregunta se debe hacer de la manera más honesta


posible. Si mi respuesta es no, entonces es que estoy viviendo una vida que no
me corresponde.

La conexión con nuestro ser superior nos va a permitir poder trabajar aspectos
de ella que debemos transformar o soltar para llegar a vivirla en plenitud.
Conectar con mi interior me va a dar las herramientas y el poder necesarios
para llevar a cabo los cambios y llegar a conseguirlo, me va a permitir
conectar con mi propósito de vida y traer a ella amor, abundancia, alegría, etc.

Llevar una vida plena es vivir fuera como me siento dentro.

Al principio puede que sea doloroso y extraño conectar con nuestro ser interior,
debido a que conectaremos con sentimientos y emociones que llevan ahí
mucho tiempo escondidos. El hecho de poder sacarlos y darles luz nos va a
ayudar a sanarlos.

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La conexión interior

Es muy importante fomentar el diálogo interno con nuestro ser superior, con
nosotros mismos. Así percibiremos la vida como una gran oportunidad para
nuestro ser para experimentar y crecer a nivel espiritual, además de fluir con la
energía de la creación y experimentar la grandeza de lo que realmente somos.

Algunos consejos prácticos de como fomentar el diálogo con nuestro ser


interior son:

1. Practicar la meditación diariamente.


2. Practicar la introversión mientras estamos en la acción (en el bus,
esperando el metro, etc.)
3. La repetición de alguna frase o palabra elevada, de manera clara y
precisa.
Por ejemplo:
Yo soy paz. La repetición de esta palabra nos llevará a introducirnos
lentamente en el significado de la expresión, llegando a su profundidad.
4. Recordarnos, cuantas más veces mejor, que somos seres espirituales
teniendo una experiencia humana.

Cuando comienzo a descubrir, a través de la interioridad, todo el maravilloso


mundo y el poder que poseo en mi interior, se produce en mí un cambio de
manera natural que influye en todos los aspectos de mi vida: “Si yo cambio, el
mundo cambia”.

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La conexión interior

2 EL NIÑO INTERIOR

Todos tenemos un niño interior que duerme en nuestro inconsciente la mayoría


de las veces. Un niño que hemos olvidado, porque pensamos que es necesario
deshacernos de él, para poder crecer y vivir como adulto.

En realidad, todos hemos pasado por momentos difíciles cuando éramos niños,
momentos que han herido nuestra sensibilidad y nos han provocado
sufrimiento.

De niños éramos muy vulnerables y resultábamos heridos con mucha facilidad,


una palabra más subida de tono de nuestros padres, los castigos, los limites
restringiendo nuestro saber interno, etc., podían causarnos una herida profunda
de la que no éramos conscientes, ya que nuestra máxima prioridad era
sentirnos amados y protegidos, cosas que muchos niños no consiguen en su
infancia, pero que tampoco son conscientes.

Todo esto se guarda en nuestro


inconsciente, que hace que cuando
algo doloroso pasa, o hay
sufrimiento y dolor en la vida adulta,
salten las alarmas y sintamos el
sufrimiento del pasado, de cuando
éramos niños, sin saber ni tan
siquiera de donde nos viene. A
veces puede pasar que con esa
emoción nos venga imágenes de
nuestra infancia como si fuera una
película.

Es importante para ser adultos conectados con nosotros mismos, sanar nuestra
relación con nuestro niño interior, muchas veces herido y olvidado.

El niño interior está realmente conectado a nuestra parte derecha del cerebro,
a la parte emotiva, analógica, creativa. Es nuestro lado blando, sensible y
vulnerable de nosotros mismos, desde el cual desarrollamos nuestra intuición,

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La conexión interior

cosa que cuando somos adultos y vivimos ignorando nuestro niño interior,
vivimos desconectados de nuestra parte más emotiva y de nuestra intuición, de
nuestra esencia más pura.

El niño interior tiene la capacidad de sentir y expresar los sentimientos


abiertamente y sin temor, y responde positivamente a las caricias, a la ternura,
al amor.

Cuando vivimos desconectados de nuestro niño interior, vivimos una vida


adulta en el plano mental, enfocada en la acción, en hacer y en actuar. Una
vida muy enfocada en la parte racional y analítica, y poco conectada con la
intuición, con lo que uno es y con lo que uno quiere.

Esto muchas veces nos lleva a procesos de incoherencia, pues creemos que
somos coherentes y que nuestra razón nos muestra la verdad y el camino a
seguir, pero no es así, ya que estamos completamente desconectados de
nosotros mismos.

No prestamos ninguna atención a nuestro interior, a nuestro sabiduría interna y


solo hacemos caso a lo que nuestra mente y nuestros pensamientos nos dicta,
haciendo caso omiso a nuestra intuición.

Y esto se debe porque hemos desterrado a nuestro niño interior, muchas veces
herido e ignorado. Pero aunque lo ignoremos no significa que no esté, que no
forma parte de nosotros, de hecho siempre está con nosotros intentado captar
nuestra atención, lo que pasa es que como adultos, intentamos escapar del
sufrimiento y de nuestras heridas, ignorándolo.

Escapar no acaba con el sufrimiento sino que lo prolonga.

La verdadera esencia de todo ser, sea niño o adulto, es amorosa, tierna,


abierta, afectiva y cordial. Abierta a recibir y dar cariño según los aconteceres
de la vida. Cariño que necesita inevitablemente para tener una buena salud y
ser feliz. Necesidad de que le expresen sus sentimientos y a la vez ser
expresados.

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Un adulto incapaz de expresar su amor, su dulzura, su ternura; un adulto que


se cierra y niega su parte afectiva, actúa de forma contraria a su verdadero Ser
más esencial

El niño interior, el niño herido, realmente vive en cada célula de nuestro cuerpo,
no hace falta volver al pasado para sentirlo, solo hace falta ir hacia nuestro
interior y contactar con él.

Una forma de contactar con nuestro interior más esencial, es contactar con el
amor.

Expresar abiertamente amor produce estabilidad emocional.

El amor de otras personas nos puede ayudar mucho en nuestro proceso de


desarrollo interior, aunque solo llegamos a un profundo desarrollo y sanación
interior, a través del amor a nuestro niño interior.

Cuando el adulto ama, cuida y protege al niño interior, entonces


automáticamente, el adulto, reconecta con su propia esencia, con su propio
ser, con el amor que es, y es capaz de desarrollar una vida más plena, feliz y
en coherencia con lo que es, piensa, siente y hace.

Ya que estar desconectados de nuestro niño interior implica estar


desconectados del amor, del mundo exterior que nos rodea y del mundo
interior de los demás. La elección que nos lleva al cambio, produce una
sensación de bienestar, ya que amplía la capacidad de tratarnos a nosotros
mismos con amor y respeto y permite tratar de igual forma a los demás.

Cada vez que reímos, el mundo ríe con nosotros, pero cuando lloramos,
normalmente lo hacemos solos. La alegría se contagia y la amargura repele. Y
es ahí cuando muchas veces nosotros repelemos a nuestro niño herido:

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Si un niño vive criticado,

aprende a criticar.

Si un niño vive con hostilidad,

aprende a pelear.

Si un niño vive avergonzado,

aprende a sentirse culpable.

Si un niño vive maltratado,

aprende a ser violento.

Si un niño vive con tolerancia,

aprende a ser tolerante.

Si un niño vive con estímulos,

aprende a confiar.

Si un niño vive apreciado,

aprende a apreciar.

Si un niño vive con seguridad,

aprende a tener fe.

Si un niño vive con equidad,

aprende a ser justo.

Si un niño vive con aprobación,

aprende a quererse.

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La conexión interior

La relación que tenemos con nuestro niño interior puede ser consciente e
inconsciente:

RELACIÓN CONSCIENTE RELACIÓN INCONSCIENTE


Benevolencia Hostilidad
Compasión Severa
Amabilidad Déspota
Tolerancia Temerosa
Amor Agresiva

En una relación inconsciente con nuestro niño interior, nos sentimos


fragmentados, heridos, incompletos, con nuestra autoestima dañada. Una
relación en la que el niño interior no ha sido reconocido, aceptado y
comprendido, que por el contrario se le rechaza y abandona, es un verdadero
obstáculo para uno mismo y para su propio crecimiento personal.

Y en una relación consciente con el niño interior, que lo ha integrado en su


totalidad, en su verdadero ser, tiene comportamientos tranquilos y reflexivos,
ejercen una apropiada gestión sobre sus propias emociones, están conectados
y vive en coherencia.

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3 CONCIENCIA PLENA:

Cuando hablamos de conciencia plena, queremos referirnos a vivir con


conciencia, a crear conciencia en todo lo que hacemos. Es como un despertar
de nosotros mismos. Este despertar es un viaje lleno de descubrimientos sobre
nosotros mismos, descubrimientos asombrosos, lleno de emociones que a
veces nos engrandecen, y otras, al principio, nos perturbar, pero que cuando
vamos transcendiéndolas se van liberando.

Es un viaje que una vez que inicia, difícilmente tiene retorno al punto
de partida.

Además en este viaje el que dirige el timón de la vida, el que conduce somos
nosotros mismos y no otros, ni otros aconteceres.

La mayoría de las personas vivimos dormidas: nacemos, vivimos, trabajamos,


formamos una familia y morimos sin enterarnos que pasamos por la vida
dormidos, sumidos en un sueño inconsciente o una pesadilla absurda, que nos
aleja de la razón de nuestra verdadera existencia, viendo pasar la vida por un
lado, mientras nos esmeramos en hacer cosas aparentemente importantes.

Jamás tenemos tiempo de detenernos para observar todo lo que pasa a


nuestro alrededor, y para observarnos a nosotros mismos e incluso para
escucharnos o escuchar nuestro dialogo interno. Vamos rápidos, centrados en
el hacer y no nos paramos en preguntarnos en el “Cómo” o “Para qué”.

Tomar conciencia no es más que llegar a ser alguien diferente al que


ahora somos, pero siendo nosotros mismo.

Parece complicado, ¿no? No es más que liberarse de aquellas creencias que


hemos ido acumulando desde pequeños y desde generaciones anteriores, de
aquellas creencias que nos limitan y son generadoras de miedos que nos
impiden avanzar.

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Es un desaprender de nosotros mismo para volver a aprender.

Muchas veces, este despertar se produce porque sentimos que hay algo más
de lo que conocemos, que lo que conocemos no es todo lo que existe. Nuestra
intuición o nuestro ser más profundo nos dice que hay más cosas que lo que
realmente podemos ver, oler o tocar.

Muchas veces esta búsqueda se inicia desde bien joven, otras ya de adulto. Da
igual el momento, lo importante es estar en el camino de introspección y
crecimiento de uno mismo, para llegar a ese estado de conciencia plena que
tiene todo el saber y que está dentro de nosotros.

La conciencia es como la bella durmiente, está dormida todo el tiempo,


mientras nuestra personalidad vive esta separación y va a prendiendo a base
de cometer errores.

El camino hacia una conciencia plena se inicia a través de las


preguntas que nos planteamos sobre nosotros y sobre la vida.

Y las respuestas las vamos recibiendo según el nivel de compresión e


integración que vamos adquiriendo.

Cuando vamos tomando conciencia, es como si subiéramos un escalón de una


escalera, y así poco a poco, vamos subiendo
escalones. Puede pasar y suele pasar, que
muchas veces subamos un escalón y
después bajemos dos, no pasa nada, pues al
tomar conciencia, sabremos en dónde
estamos y no nos dejaremos ir de arriba
abajo según nos venga la vida.

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Para llegar a esta conciencia plena solo hay un camino, vivir el presente, estar
atento a lo que pensamos y a lo que sentimos, tener momentos de silencio
interior y conectar con nosotros mismos. La meditación ayuda y allana el
camino. No es difícil, solo es dedicación.

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4 MI PAZ INTERIOR:

Como se apuntaba anteriormente, el ritmo de vida que llevamos y la excesiva


extroversión en la que vivimos, nos hacen estar más expuestos a experimentar
sufrimiento cuando se presenta alguna situación en nuestra vida que
percibimos como negativa.

Al mismo tiempo, tendemos a crearnos expectativas sobre personas,


situaciones, proyectos, etc, y cuando éstas no se cumplen nos desesperamos,
nos enfadamos. Sentimos que hemos perdido el control sobre la persona o la
situación porque no ha ocurrido lo que nosotros esperábamos.

Otro aspecto de nuestra manera de actuar tiene que ver con el funcionamiento
de nuestra mente. Ésta posee una gran habilidad para viajar rápidamente del
pasado al futuro y viceversa.

Por ejemplo:

Solemos viajar al pasado para recordar un momento, un instante, que nos


genera emociones y sentimientos. Lo traemos al presente y lo proyectamos al
futuro para vivir una situación a nivel mental (ya que en nuestro presente no
existe tal situación), que nos provoca un gran pesar.

Mi mente me identifica con esa situación, y las emociones y sentimientos que


ésta me genera, y así empieza el sufrimiento, por algo que ni siquiera existe.
Éste es el gran poder del ego: mi mente hace que me identifique con algo que
yo no soy.

La conexión interior me permite acceder a un espacio de silencio y


calma, un espacio de paz.

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Es en ese espacio desde donde yo voy a comenzar a gestionar mi vida. Ahora


es cuando yo debo hacerme esta pregunta:

¿A qué regalo mi paz interior?

Si nos observamos muy detenidamente nos daremos cuenta que fácilmente


perdemos nuestra calma, nuestra paz. Imaginemos que vamos a ducharnos y
no sale agua caliente, o que el semáforo está tardando demasiado en ponerse
verde. Estas dos situaciones tan sencillas hacen que perdamos los nervios
rápidamente. Entonces:

¿A qué he regalado mi paz interior? ¿A un grifo, a un semáforo?

Realmente, vista de esta manera, suena ridícula nuestra manera de actuar.


Lógicamente, es molesto que si vas a ducharte no salga agua caliente, pero
que pierdas los nervios no va a hacer que eso se solucione. Lo único que
consigues es empezar el día de muy mala manera.

Regalar mi paz es como si entregara a determinadas personas y situaciones el


mando a distancia para dirigir y controlar mis emociones y sentimientos. Es
estar completamente desprotegidos frente a ellos, su manera de actuar y
pensar, y frente a lo que pueda pasar.

Estos ejemplos son una pequeña muestra de la cantidad de veces que, durante
el día, regalo mi paz interior.

¿Qué puedo hacer para que eso no ocurra?

Trabajar la interioridad. Eso me va a permitir gestionar mi vida desde un


espacio interior de calma y paz.

Cuando conecto con lo que realmente soy, emana de manera natural


esa sensación de paz y tranquilidad.

Lo cual provoca una nueva manera de ver y vivir la vida, una perspectiva
diferente. Voy adquiriendo poder interior que me permite aumentar mi tiempo

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de reacción frente un estímulo que se me presente, para así poder discernir la


mejor solución.

Debemos introducir cambios en nuestra manera de pensar y actuar. Para ello,


nos pueden ser útiles las siguientes prácticas, que se sugiere que realicéis:

1. Dedicar un tiempo al no-hacer”, para aprender a calmar el cuerpo y la


mente.
2. Aceptar a las personas tal y como son, sin pretender cambiarlas.
Nosotros podemos cambiar simplemente nuestra manera de
relacionarnos con ellas, pero no moldearlas a nuestro antojo.
3. Amar las circunstancias de mi vida, sean las que sean. Solo así podré
gestionarlas positivamente, desde la calma y el amor, e introducir los
cambios oportunos para transformarlas o soltarlas.
4. Ser honestos con nosotros mismos. Lo cual nos provoca mucha
tranquilidad y nos aleja del miedo.
5. Centrar nuestra atención en lo positivo de las personas, y no en sus
defectos, y ver que cosas puedo compartir con ellas.
6. Recordar el mayor tiempo posible, lo que realmente soy; un ser de amor.

Los beneficios de proteger mi paz interior son incalculables, pero se pueden


resumir en uno: plenitud. La persona que vive su vida desde la paz interior
consigue vivirla en plenitud.

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5 QUERER EL CAMBIO:

Todos nosotros queremos un cambio en nuestra vida. Muchas veces, no


estamos contentos con el trabajo o con la relación que tenemos con nuestra
pareja, o la casa que vivimos, o el coche que tenemos, viejo y pasado de
moda, etc., Buscamos cambios en nuestra vida y queremos que con cambiar
algo externo nuestra vida cambiara, seremos más felices y más pleno. Pero
luego, hacemos ese cambio: nos cambiamos de trabajo, dejamos nuestra
pareja, compramos un coche nuevo, etc., y resulta que nos sentimos igual de
infelices y vacíos que antes.

La felicidad y la plenitud no la hemos de buscar en lo exterior, sino en


nosotros mismos.

En la medida que nosotros cambiamos, iremos sintiéndonos más pleno y nada


de lo exterior nos hará sentir infelices, pues nosotros tendremos la llave de
nuestra propia felicidad.

Querer el cambio es entrar en un mundo diferente al que hemos vivido hasta


ahora, ya que el mundo se transforma cuando nos transformamos por dentro.
El verdadero cambio se produce cuando perdemos interés por el mundo
exterior de las formas y lo dirigimos al mundo interior, que es el lugar de la
transformación, donde se pueden producir los milagros.

El ser humano tiene la capacidad de transformación, con solo hecho de que


haga cambios sencillos y elementales puede llevar una vida bastante diferente,
mucho más fácil, plena y sosegada.

El proceso de cambio y de crecimiento personal, requiere adquirir las


herramientas necesarias e involucrar a las cuatros áreas esenciales del ser
humano:

El físico: Cambios en la alimentación, realizar un deporte, hábitos de


sueño, la meditación, horarios, ayudan a mejorar y a sentirnos mucho mejor
con nosotros mismos.

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El emocional: Empezamos a percibir las cosas de acuerdo a como los


adultos que nos rodeaba nos enseñaron.
Si crecimos con padres agresivos, creemos que esto es normal y copiamos
los modelos. Lo mismo si crecimos con padres miedosos, es probable que
hayamos adquirido esos miedos y formen parte de nosotros, aunque sea a
nivel inconsciente.
Querer el cambio, es ser conscientes de nuestras emociones y aprender a
comprenderlas y gestionarlas, saber para qué están ahí y cuál es la razón
de su existir.
En el momento en que les demos luz y las comprendamos
transcenderemos ese estado emocional que nos ha acompañado a lo largo
de nuestra vida.
El mental: Cuanto más tranquila esta la mente, más capacidad tenemos de
percibir el lazo de unión entre los pensamientos y el modo entre sentir y
actuar, adquiriendo la capacidad de acallar nuestro dialogo interno y de
escuchar en cambio nuestra sabiduría interior de la intuición.
Espiritual: La verdadera por saber quiénes somos y de dónde venimos. Por
espiritual podemos entender el camino hacia la interioridad, hacia nosotros
mismo, es allí donde podemos encontrar todas las respuestas.

`
El ser humano tiene la capacidad de transformación.

Como hemos dicho antes, muchas veces, con cambiar pequeñas cosas en
nuestras vida, existen cambios notorios, por ejemplo, el introducir la meditación
en nuestras vidas, la atención a nuestros pensamientos, la forma de hablar:
utilizar palabras o expresiones positivas, los gestos corporales: cuidando el
lenguaje no verbal, el tono de voz suave, etc., pueden producir
transformaciones evidentes, que muchas veces, en el transcurso de un tiempo
puede llegar a una completa modificación de vida, produciendo resultados muy
satisfactorios para uno mismo.

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Muchas veces, encontramos resistencias al cambio, creamos argumentos,


razones y motivos para continuar aferrados a la vida que conocemos, a
nuestras creencias y manera de pensar, este es el ego, que se alimenta y vive
en nosotros en la medida que siga existiendo nuestros miedos, sufrimiento, ira,
etc.

La vida es una escuela y las experiencias que vivimos son nuestros


mejores maestros, nuestros profesores.

Solo tenemos que querer para poder cambiar, no consiste en cambiar de


personalidad, sino de perspectiva, es un cambio en la nuestra mirada, en forma
de ver las cosas, el mundo, y de vernos a nosotros mismos.

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