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Estado del arte.

La presente investigación acerca del libro álbum como herramienta pedagógica para el
fomento lector se subdivide en cuatro grandes temas: el libro álbum y sus características,
lectura de imágenes, el estado de la lectura en Chile y, por último, el plan fomento lector.

Libro álbum
La revolución tecnológica y de las artes visuales del siglo XIX implicó el desarrollo de
nuevas tecnologías que dieron apertura a nuevas formas expresivas de la imagen -como la
fotografía, el cómic, el cine- cobrando un papel relevante en la actual era digital y de cultura
mediática. El libro álbum como reflejo cultural no escapa a lo anterior y ha involucrado una
nueva forma de concebir la lectura entre texto, imágenes y soporte gráfico.

Sus orígenes datan a mediados del siglo XVII cuando Comenius publicó un libro llamado
Orbis sensualium pictus donde utilizó la imagen como una herramienta para atraer a los niños
a la lectura. Ya en la primera mitad del siglo XIX, los libros que estaban destinados al
segmento juvenil predominaban el libro ilustrado. Con el surgimiento de las vanguardias y
las nuevas técnicas de impresión surge lo que conocemos como álbum moderno, libro donde
la imagen se libera del texto convirtiéndose en el actor principal de la narración.

A partir de los años 60, el libro álbum se desarrolló explosivamente, especialmente

en Europa. Eso ha permitido que el género se mantenga, hasta hoy en día, en un estado

de permanente innovación, donde las experimentaciones son estimuladas por

editoriales que han descubierto sorprendidas que el libro álbum no sólo atrae a los

más jóvenes, sino que también a un público adulto. (Mineduc, 2009)

En Latinoamérica hay países como Brasil, México y Venezuela donde el libro álbum ha
logrado una mayor producción, en el caso de Chile, el libro álbum se constituye como una
novedad, aunque lentamente ha tenido mayor protagonismo motivando a las editoriales a
interesarse por este nuevo género. Para Hanan (2007) el concepto de libro álbum en la
actualidad se define como un libro donde intervienen imágenes, textos y pautas de diseño
gráfico ya que la propuesta es el resultado de una cadena de decisiones importantes que,
definitivamente, acomodan o disponen una serie de significantes para que un lector pueda
construir significados.

Es necesario hacer la diferencia entre un libro de imágenes o libro ilustrado que libro álbum.
La diferencia puede parecer mínima, pero para efectos de la presenta investigación y en
consideración de las particularidades que ofrece cada tipo libro es necesario precisar. Los
libros de imágenes no cuentan con ningún texto que los acompañe. En los libros ilustrados,
el texto escrito es lo esencial y las imágenes son un complemento de lo que se va diciendo.
El libro álbum une tanto el texto como la imagen y se complementan.

Hanán (2007) nos da la clave para identificar al auténtico libro álbum sin que se confunda
con un libro ilustrado:

El libro álbum se reconoce porque las imágenes ocupan un espacio importante en la

superficie de la página; ellas dominan el espacio visual. También se reconocen porque

existe un diálogo entre el texto y las ilustraciones o lo que puede llamarse una

interconexión de códigos. Sin embargo, esta interconexión no es suficiente para que

podamos considerar a un libro como álbum […] Las imágenes ciertamente aportan

una lectura que desborda la interpretación que el texto nos ofrece (p.96)

El texto y la imagen están en una interdependencia pues las imágenes no se pueden entender
sin los textos y estos pierden sentido si se leen independientemente. “Desde esta perspectiva,
se reclama un rol constructivo del lector, quien debe ser capaz de completar esos eslabones
que aseguran una participación en el proceso de decodificación e interpretación” (Orozco,
2009, p.3). En el libro álbum la imagen no está supeditada al texto ni el texto lo está a la
imagen. Así como se lee el texto, también debemos leer las imágenes, y para aprehender la
particularidad del libro álbum es necesario leer el texto y la imagen como un conjunto.
En cuanto a las percepciones sobre contenidos que son adecuados o apropiados para niños o
adolescentes, estas han cambiado considerablemente con los años. También varían en gran
medida según la cultura. Los libros álbum abordan temáticas variadas, pero en su gran
mayoría aluden a un “subtexto”, por ejemplo, Anthony Browne, un reconocido autor de este
género por la calidad de símbolos que tienen sus ilustraciones, en “El libro de los Cerdos”
nos narra la historia de una familia en la que la madre-esposa cansada de hacer las labores
del hogar se marcha, el esposo y los hijos se transforman en cerdos porque no saben hacer
nada, al cabo de un tiempo la mujer vuelve, pero las labores son compartidas y se le ve en la
última imagen arreglando el auto. Este libro destinado a un público infantil trata una temática
contemporánea: la igualdad de roles. Y ya en la portada se nos da un indicio del tema, pues
aparece la mujer con el esposo y los dos niños subidos a su espalda. Lo mismo con su libro
“Voces en el parque” que a través de distintas voces de los personajes nos muestra cómo los
adultos se perciben distintos a otros según la clase social, mientras que los niños no.

El libro álbum es concebido como la propuesta de lectura actual, acorde con los intereses y
diferentes capacidades de los nuevos lectores. Una muestra de la cultura global y de masas
en donde confluyen distintos lenguajes, referentes y contextos.

Un buen libro álbum no subestima al lector, los signos están allí y exigen un nivel de

competencia y de información bastante alto, es decir, “aborda temas que suponen un

desafío a las convenciones sobre lo que los niños y niñas son capaces de interpretar a

causa de la riqueza de mensajes implícitos que se han incorporado e, incluso, de su

apelación a una experiencia adulta” (Colomer, 1999: 27).

Lectura de imágenes
Barthes afirma que “lo que distingue al hombre del animal no es la comunicación, sino la
simbolización, es decir la invención de sistemas de signos no analógicos” (2002: 92). En
este aspecto el receptor del libro álbum debe completar eslabones en el proceso de
descodificación. Las imágenes aportan su propia lectura y construyen capas de significación
a través de los códigos visuales (de perspectiva, encuadre, color, relieve, etc.) que nos
plantean.

Según Joly (1999) analizar la imagen desde un enfoque semiótico permitiría ir más allá de
las categorías funcionales de ella. Bajo el aspecto semiótico podríamos considerarla desde el
modo de producción de sentido, es decir, desde la manera en que provoca significaciones,
por ende, interpretaciones.

Consideramos la imagen como un texto donde los conjuntos de signos interactúan entre sí y
que permite ser leída. Se asume que es una composición intencional en la cual entran en juego
una serie de decisiones donde el creador de la imagen elige algunos signos sobre otros
configurando un mensaje determinado y, al igual que las palabras, puede llegar a decir algo
más de lo que aparenta, tal como lo explica Barthes:

como signo, la imagen conlleva una debilidad, digamos en una dificultad muy grande,

que reside en su carácter polisémico. Una imagen irradia sentidos diferentes y no

siempre sabemos cómo dominar esos sentidos. […] Así, lo que la imagen gana en

impresividad, lo pierde en claridad (2002:90).

En el caso del libro álbum, la forma de narrar rompe con los parámetros tradicionales, con
las secuencias lineales del texto escrito lo que se contrapone con las ilustraciones ya que
exigen una lectura espacial, sin poder determinar qué es lo que llama la atención o privilegia
el ojo a la hora de observar y jerarquizar los detalles de las figuras lo que nos pondría en una
constante tensión según Hanán (2007) pues por un lado, el texto obliga a seguir adelante, por
el otro, las ilustraciones invitan a detenerse, a mirar cuidadosamente, a fijarse en los detalles,
a descubrir signos.
Estado de la lectura en Chile
Comportamiento lector de los chilenos

La importancia de la lectura durante la etapa escolar es fundamental para la adquisición de


conocimientos, sin embargo, el verdadero valor radica en las posibilidades de entender las
complejidades del mundo, nos permite mantenernos informados con el mundo exterior, abre
las puertas a realidades totalmente diferentes tanto reales como ficticias, despierta nuestra
imaginación, lo que nos puede permitir inspirarnos y hacer que surjan nuevas ideas.

Así, por ejemplo, de acuerdo con el estudio Literacy scores, human capital and growth across
fourteen OECD countries (2004)3, realizado en 14 países4 de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), aquellos con resultados de comprensión
lectora 1% más alto que el promedio internacional tienen también niveles de productividad
laboral y de PIB per cápita entre 2,5% y 1,5% mayores, respectivamente, que los demás
países. Esto repercute no solo en la economía nacional, sino que también a escala individual,
al traducirse en mejores empleos o sueldos y, en definitiva, en la posibilidad de acceso a una
mejor calidad de vida. En este escenario, pese a que Chile ha aumentado sostenidamente el
gasto público en educación y alcanzado una alfabetización del 96%6, los estudios realizados
–tanto nacionales como internacionales– señalan que los hábitos y niveles lectores no son
suficientes. De esta manera, posee un nivel bajo de alfabetización funcional y en términos
relativos tiene una frecuencia promedio de lectura de libros (por parte de aquellos que se
declaran lectores) por debajo de lo que se esperaría, dado su nivel de desarrollo económico.

Los hábitos lectores de los chilenos han cambiado a lo largo de los años, el Centro Regional
para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) en su estudio de
Hábitos de lectura y consumo de libros en Iberoamérica (2006), señala que, de acuerdo a un
análisis comparado, la población lectora en Chile se encuentra bajo el promedio de la región,
sin embargo los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2016 que se realiza en
colaboración con CERLALC, Chile encabeza la lista con un porcentaje de 5,4 libros leídos
al año en promedio por ciudadano, dejando atrás a naciones como Argentina que tiene un
índice de 4,6. En el segundo lugar, se posiciona México con un índice anual por ciudadano
de 5,3 libros leídos al año, tanto por gusto como por obligación. La diferencia con el resto de
los países es que Chile no lee por gusto sino por razones académicas o laborales. Según la
Encuesta de Comportamiento Lector 2014, las tres actividades más mencionadas sobre el uso
del tiempo libre son: ver televisión, escuchar radio y navegar en internet. La lectura de libros
se encuentra en el séptimo lugar de menciones. En la misma encuesta mencionan que un 48%
declara leer diariamente durante 15 a 20 minutos, bajando levemente para la población de 9
a 17 años a un 44%. Respecto a las horas destinadas a la lectura por motivos de trabajo y/o
estudio, un 51% de los encuestados menciona no leer por esos motivos, porcentaje que
disminuye radicalmente en la población de 9 a 17 años a un 9%. Por motivos de gusto y ocio,
es mayor la proporción de encuestados que declara leer por esta razón, independiente del
formato. Un 27% menciona no leer por motivos de gusto y/u ocio, porcentaje que aumenta
para el tramo de 9 a 17 años a un 47%.

Otros datos interesantes respecto a la lectura de libros son:


- Un 44% declara haber leído al menos un libro impreso en los últimos 12 meses por
motivos de estudio y/o trabajo. Ese porcentaje aumenta de manera importante para la
población de 9 a 17 años a un 88%.
- Respecto al porcentaje total de lectura de al menos un libro o más en los últimos 12
meses por motivos de estudio y/o trabajo (44%):
– Aumenta a un 94% en la población de 9 a 14 años:
– Coincidentemente aumenta en los encuestados que se encuentran estudiando
(85%).
– También es mayor el porcentaje para quienes viven en hogares donde su jefe de
hogar posee educación superior incompleta o más (62%).
- Cuando se observa la misma pregunta, pero ahora desglosando en cantidad de libros
leídos, éstos se concentran en menos de 10 libros al año.
- Un 51% declara haber leído al menos un libro impreso en los últimos 12 meses por
motivos de entretención y/u ocio. • Este porcentaje disminuye levemente para la
población de 9 a 17 años a un 45% (al 52 51 55 45 48 49 contrario de lo que sucede
por motivos de estudio y/o trabajo)
- Respecto al porcentaje total de lectura de al menos un libro o más en los últimos 12
meses por motivos de entretención y/u ocio (51%):
- Destaca el aumento a un 66% en los encuestados que viven en hogares donde el jefe
de hogar posee educación superior incompleta o más.
- Cuando se observa la misma pregunta, pero ahora desglosando en cantidad de libros
leídos, éstos se concentran hasta los 5 libros al año (menor a lo observado por motivos
de estudio y/o trabajo).
- entre quienes dicen haber leído libros en los últimos 12 meses, la novela tiene un 51%
de preferencia. La literatura infantil y juvenil (incluyendo libros ilustrados) alcanza
un 29%

En conclusión, el segmento infanto-juvenil es quién más desencanto tiene con la lectura ya


sea por motivos de estudio o de ocio lo que repercute directamente en la comprensión lectora.
Según el MINEDUC (2011) cuando se alude a la comprensión lectora, se está haciendo
referencia a la destreza para reflexionar e interactuar con el texto y a la capacidad de utilizar
la lectura como herramienta para obtener metas individuales y sociales. Leer es una actividad
cognitiva compleja que implica un considerable “movimiento intelectual”, en el que se
seleccionan, utilizan y modifican los conocimientos.

Plan Fomento Lector


Considerando la lectura una herramienta para el desarrollo del aprendizaje y el pensamiento
crítico es necesario que en la escuela tanto pública como privada se fomente a través de sus
diversas manifestaciones.

La lectura es un acto privado, pero puede ser también una experiencia a compartir

(lectura en voz alta, recitación, comentarios, etc). De este modo, puede ser una vía

para la construcción de mundos internos, a la vez que representa una condición para

pensar y transformar la realidad en que vivimos (MINEDUC, 2009)

En la actualidad las formas en que podemos acceder a la práctica lectora ha variado


considerablemente, ya no es necesario acceder al texto impreso. La convivencia con las
nuevas tecnologías ha ampliado la forma de leer a través de nuevos códigos visuales y
digitales. En ese sentido, el lector debe dominar múltiples habilidades en el ejercicio de su
lectura. Algunas de ellas y que son mencionadas por el MINEDUC son: decodificación de
los textos y flexibilidad en la interpretación de las informaciones visuales y auditivas; maneja
de la comunicación oral, conocimiento para navegar por enlaces o interactuar con la
tecnología de manera crítica y significativa.

Por lo tanto, el Plan Nacional de Fomento de la lectura (PNFL) LEE CHILE LEE debe
integrar las múltiples variables acerca de lo que significa leer y que se dirija a todos los
habitantes del país comprendiendo que el ejercicio de la lectura en su gran mayoría se
desarrollará individualmente condicionada por los intereses, conocimientos, motivaciones y
contextos sociales y culturales.

Debido a las manifestaciones y protestas estudiantes en años anteriores, el Estado chileno


está implementando una Reforma educacional donde pretende poner a las escuelas en el
centro del cambio social que permitirá construir un país desde la inclusión, la solidaridad, la
democracia y la formación integral de la comunidad ( MINEDUC, 2016).

En consecuencia, el nuevo Plan apoyará en la formación educativa de una sociedad


informada, reflexiva y crítica, creativa y participativa. Es un proyecto que releva la lectura
como un derecho de todos y todas.

El objetivo general del PNFL será favorecer el ejercicio del derecho a la lectura, en todos
los formatos y soportes, propiciando y visibilizando la participación ciudadana en la
implementación del Plan Nacional de la Lectura y en los Planes Regionales de la Lectura.

Los objetivos específicos son:

• Vincular a los distintos sectores del ámbito de la lectura para trabajar articuladamente en
iniciativas de fomento, aprendizaje y socialización de la lectura, integrando las experiencias
y los conocimientos relevantes en este ámbito.

• Propiciar la participación constante de la comunidad en las acciones y los programas del


Plan, las cuales posibiliten un acceso equitativo de las personas a materiales, espacios y
encuentros de lectura.
• Incorporar y fortalecer la diversidad cultural en la implementación del Plan Nacional de la
Lectura.

• Apoyar y visibilizar la participación ciudadana en la planificación y elaboración de Planes


Regionales de la Lectura, con la finalidad de incorporar las diversas realidades regionales y
dar respuesta a las necesidades locales.

El equipo de Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile publicó el


manual “Ver para leer, acercándonos al libro álbum” que busca dar a conocer los álbumes
ilustrados en profundidad, incluye entrevistas, trabajos teóricos y propone actividades para
utilizar el libro álbum como una herramienta de fomento lector.

Este manual dice que el libro álbum es una guía motivacional, los niños y jóvenes se sienten
motivados a seguir leyendo y al hacerlo con mayor frecuencia mejorarán estas habilidades,
por el efecto de un círculo virtuoso (Ver para leer, pág.30).

Se menciona además que un hay un tránsito interrumpido en la lectura, este quiebre se


presentaría desde el segundo ciclo, por lo tanto, “es necesario presentar distintas alternativas
a los docentes, para que cada uno vaya probando las que resulten más apropiadas para su
realidad” (pág. 27).

Manuel Peña Muñoz, chileno, profesor de castellano, experto en filología, escritor y


especialista en literatura infanto-juvenil, menciona que el libro álbum es una de las más
recientes tendencias, y que ha hecho un significativo aporte a la literatura universal, puesto
que sus creadores –un escritor, un ilustrador, un editor y un diseñador gráfico- han creado un
texto capaz de contar un texto con recursos diferentes a los convencionales, en el que es la
imagen “la que porta el significado de la historia, crea un clima emocional por sí misma y a
menudo entrega contenidos importantes que ni siquiera están en el texto” (Noticias UCM.
Encantando a los niños con la lectura, 1 de octubre del 2015)

Para el escritor, el mundo en que vivimos se encuentra bombardeado por imágenes y material
audiovisual, esta realidad es aparentemente contraria al libro, sin embargo, el libro álbum “la
recoge y la devuelve en un objeto cultural artístico”. Menciona, además, que hoy en día se
han revalorizado los “géneros referenciales” o textos para estudiar y entender el pasado, en
este sentido la literatura infantil y juvenil, tiene la misma responsabilidad:

“la literatura infantil recoge los grandes temas que preocupan a los adultos. No los
evade. Muchos autores contemporáneos escriben sobre temas que están presentes en
la sociedad contemporánea, entre ellos la migración, el realismo social, la ecología,
el mestizaje y también la memoria histórica” (Araucanía Noticias. Manuel Peña
Muñoz: La literatura infantil recoge los grandes temas que preocupan a los adultos,
26 de octubre, 2016).