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REBATIENDO CINCO MITOS SOBRE EL SERVICIO CRISTIANO

INTRODUCCIÓN
Con el pasar del tiempo muchas iglesias han sumido las
prácticas cristianas en el formalismo, el legalismo, el
misticismo y la superstición. En su formalismo son
inflexibles a los cambios lícitos de formas, por ejemplo,
pasar de los cantos a capela al uso de instrumentos
musicales. En su legalismo, por ejemplo, se separan y
condenan a otras iglesias porque durante la oración las
mujeres no llevan puesto un velo. En su misticismo le
atribuyen facultades casi mágicas al bautismo, la cena del
Señor y al culto en sí mismos. Y en su superstición creen que
por no hacer un devocional en la mañana les va ir mal el
resto del día. Uno entiende que en la mayoría de los casos
las intenciones son buenas, muchas veces es para que los
cristianos se concentren en la adoración con temor, y
comprendan que las prácticas de la fe son más que rituales
sin significancia en sí mismos. Sin embargo, las buenas
intenciones no deben guiarme a los extremos, porque en todo
debe haber un equilibrio, marcado no por nuestras opiniones,
sino por el consejo de Dios en las Escrituras. Ahora, el
servicio cristiano no se ha quedado fuera de estas tendencias
extremistas. También se ha sumido en el formalismo, el
legalismo, el misticismo y la superstición, y con el pasar
del tiempo han surgido algunos mitos respecto al servicio
cristiano que se han convertido en obstáculos para que la
iglesia lleve a cabo la importante labor de servir. Es por
ello que me he propuesto a responder a algunos mitos sobre el
servicio cristiano.

SUMARIO
Tema: Los mitos que rodean al servicio cristiano
Título: REBATIENDO CINCO MITOS SOBRE EL SERVICIO CRISTIANO

REBATIENDO CINCO MITOS SOBRE EL SERVICIO CRISTIANO

PRIMER MITO: “El servicio cristiano requiere de un tiempo de


espera luego de haber nacido de nuevo.”

Yo creo que éste es el principal de los mitos respecto al


servicio cristiano. Y creo que este pensamiento está muy
generalizado en todas las iglesias. Afirman, que después de
tú hacerte cristiano, debes esperar un tiempo prudente, y
aprender ciertas cosas antes de embarcarte en el mundo del
servicio cristiano. Uno ve que normalmente las personas que
sirven en la iglesia son las que tiene más antigüedad. Ahora,
hay que reconocer que hay ciertas áreas del servicio que
ameritan esa espera. Por ejemplo, para un cristiano ser
predicador, debe esperar un tiempo, pero no es un tiempo de
espera pasivo, sino activo. Es decir, durante el tiempo que
no ejerce este tipo de servicio, debe estarse preparando
bíblicamente. Sin contar, que también se requiere un tiempo
prudente para que la persona madure espiritualmente y
evidencie esa madurez. Así todas las funciones de liderazgo,
porque los líderes se convierten en ejemplos a seguir. La
biblia es clara en no dejar funciones de liderazgo a recién
convertidos. Pero, que algunas áreas del servicio requieran
espera, no significa que un cristiano no pueda servir desde
el preciso instante de su conversión.

¿Cómo lo rebatimos? Acompáñenme a Hch. 2.38  Pedro les


dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el
nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis
el don del Espíritu Santo. La semana pasada y la antepasada
insistimos en que todos los cristianos tienen un don del
Espíritu Santo para ponerlo al servicio de Dios. La pregunta
sería ¿Cuándo el cristiano recibe esa facultad espiritual
para servir a Cristo? Bueno, éste pasaje nos deja claro que
el don del Espíritu Santo se recibe en la conversión. Ahora,
quiero aclarar que el don del Espíritu Santo aquí es todo un
paquete, que incluye todas las gracias salvadoras del
creyente. Eso incluye, entre otras cosas, los dones que el
Espíritu Santo soberanamente haya decidido dar a ese
cristiano. Tal vez muchos de ellos no sean evidenciados
inmediatamente, pero en el momento en el que sea necesario,
este don se hará manifiesto. Pero el punto es, si un
cristiano recibe los dones del Espíritu Santo en el momento
de su conversión ¿Por qué tendría que posponer el embarcarse
al servicio cristiano? Si nos ponemos a pensar en lo que
estudiábamos la semana antepasada, nuestro trabajo como
maestros de la Palabra es formar a los santos para servir, si
creemos que deben posponer su servicio, también ellos
pospondrán su formación.

La verdad es que el cristiano debe servir a Cristo


inmediatamente luego de su conversión. Y esto lo puede hacer
en diferentes formas. Con su testimonio cristiano sirven a
Cristo, compartiendo con otros su experiencia cristiana.
Mostrándose útil para todo lo que tenga que ver con el
funcionamiento de la iglesia, en la medida de lo que se pueda
por su estado aún inmaduro. Pero el cristiano debe tener una
mentalidad de siervo desde el momento de su conversión. El
apóstol Pablo dice en Ro. 6.18  Y libertados del pecado,
vinisteis a ser siervos de la justicia.
No puede separarse la vida cristiana del servicio cristiano,
porque fuimos salvados para ser siervos. Estábamos en un
estado de esclavitud, con un rey maligno, un tirano que nos
ofrecía maldición y muerte como paga, y Cristo, cual potente
guerrero rompió las cadenas de nuestra esclavitud, y nos
trajo para ser sus siervos. Y lo glorioso es que no somos
tratados como esclavos de guerra, sino traídos a su casa y
hechos sus siervos amados y de confianza.

No es concebible una vida cristiana sin servicio. Es triste


ver a muchos cristianos sentados en las iglesias, y disculpen
la expresión, inútiles, puesto que no ponen en práctica las
facultades que Dios les ha otorgado a través de su vida y
espiritualmente el Espíritu Santo para la edificación de la
iglesia. Muchos se sienten cómodos mientras ven que otros
hacen esto, o hacen aquello. Pero no debería ser así. La vida
cristiana y el servicio están íntimamente conectados.

Le hemos hecho un gran daño a la iglesia al formar cristianos


no servidores. Y eso no es culpa de los cristianos que no
sirven, la responsabilidad recae sobre todos aquellos que el
Señor ha dotado con la facultad para enseñar a otros. Nuestro
deber es instar y animar a los cristianos a emprender una
vida de servicio a Cristo. Que sirvan en todas las esferas de
su vida: en lo personal, viviendo según la voluntad de
Cristo. En lo familiar, procurando cumplir su papel para la
del Señor Jesucristo. En lo social, sirviendo a la sociedad
siendo un buen ciudadano guardando la moral y la ética
cristiana. En lo laboral, siendo excelentes en nuestros
trabajos, haciendo las cosas como para el Señor. Y en lo
eclesial, sirviendo en la iglesia para la edificación de los
santos y la salvación de los pecadores.
Para hacer esto no necesitas ser un cristiano experimentado y
antiguo en el evangelio, puedes empezar de inmediato. Y es
nuestro deber animarlos a todos a que busquen algo que hacer
en la viña del Señor.

Anhelo trabajar por el Señor

SEGUNDO MITO: “El servicio cristiano es místico, y está


reservado sólo para unos cuantos elegidos.”

Este mito consiste en que hay un grupo elite en las iglesias


que han sido llamados por Dios al servicio. Estos se dedican
a actividades meramente espirituales sin ninguna repercusión
práctica, o los asuntos prácticos no alcanzan a los demás
miembros de la iglesia. Sin embargo, la biblia rebate ambas
perspectivas.

¿Cómo la rebatimos? Vamos primero a Stg. 2.14-17  14


Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene
fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un
hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice:
Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas
que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así
también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Lo
contrario de místico implica lo práctico. Y en este pasaje de
Santiago podemos ver cómo el servicio cristiano va más allá
de lo contemplativo, y debe llevarse al plano práctico. ¿De
qué sirve decir que yo tengo un llamado al servicio cristiano
si cuando un hermano requiere mi ayuda no se la presto?
Muchos creen que el servicio consiste en la mera actividad
que desarrollan en la iglesia. Recuerdo que en la iglesia en
la que estaba había personas que decían que tenían el
ministerio de la intercesión, entonces su llamado consistía
en orar. Pero uno no los veía preocupados por ayudar en las
cosas que hacían falta a aquellos por quienes intercedían.
¿De qué sirve llamar a algo ministerio si esto al final no
beneficia a la iglesia? Podríamos decir, que este pasaje nos
da a entender que el servicio cristiano exige resultados y
esos resultados dependen profundamente de nuestros esfuerzos.
Así que el servicio cristiano no es algo místico, o
contemplativo, sino que está en la esfera de lo práctico y de
lo que beneficia a los demás. Es decir, el servicio cristiano
es activo.

Ahora, hay que tener cuidado de no confundir el exceso de


actividad cristiana con espiritualidad. Hay muchas iglesias
activas, hacen de todo. Tienen reuniones de damas, de
caballeros, de jóvenes, de niños, de la tercera edad, equipo
de futbol, grupo de evangelismo, de oración, eventos
misioneros, programas de ayudas para los pobres y viudas, y
múltiples cultos de adoración. Y no está mal, todo lo
contrario. El problema está cuando confundimos ser muy
activos con ser espirituales. Una persona puede evangelizar
los siete días de la semana, y lograr que una gran cantidad
de personas lleguen a la iglesia. Pero eso no significa que
esa persona sea espiritual. Cash Luna tiene una anécdota de
cuando comenzó su carrera cristiana cómo la gente atendía a
su mensaje en grandes cantidades. Lo mismo ve uno en Benny
Hinn, en Marcos Witt y otros evangelistas y predicadores de
la prosperidad que al principio no estaban tan desviados.
Pero los vemos ahora y no son espirituales, y es preferible
decir que se hizo evidente lo que había en su corazón y no
tanto que dejaron de ser espirituales con el pasar del
tiempo. Así que, aunque el servicio cristiano debe ser algo
activo, el activismo no es lo mismo que la espiritualidad,
aunque ser activos no tiene nada de malo.

Ahora vamos a I Co. 12.12-14 12 Porque así como el cuerpo


es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del
cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también
Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos
bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos
o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
Todos los cristianos somos llamados a ser siervos de Cristo.
Y hay que ser reiterativos en esto. No recae sobre un pequeño
grupo de personas la responsabilidad de que la iglesia
funcione, ni sobre una sola persona. Y una de las
ilustraciones más maravillosas de la iglesia es el cuerpo.
Porque al ver un cuerpo y ver su funcionamiento podemos
constatar que cada parte del cuerpo tiene alguna función.
Noten que el apóstol es claro en afirmar que TODOS somos
miembros, porque TODOS fuimos unidos a este cuerpo por el
Espíritu Santo. Este bautismo del Espíritu Santo es un tanto
distinto al descrito en otros pasajes. Aquí hace referencia a
la unión espiritual entre Cristo y nosotros y entre nosotros
mismos perteneciendo todos a un mismo cuerpo. Imagínense un
cuerpo en el que funcione el cerebro, pero no el corazón. O
que funcione un brazo pero no el otro. Para que el cuerpo sea
funcional todas sus partes deben aportar. Hace años veía un
programa de televisión para niños acerca del cuerpo humano,
era sobre los organismos que viven en nuestro cuerpo. Cada
célula era un personaje y cada órgano y sistema como una
parte de una gran ciudad o un departamento que fungía para
que el cuerpo funcionara. Era bastante interesante, y es más
o menos lo que sucede en la iglesia. Hay cristianos que
trabajan en ciertas áreas para que la iglesia funcione, y
otros en otra. Pero no es que haya un grupo particular que
sirve, y que es superior a los demás. Ahora, esto no
significa tampoco que no haya un grupo que dirija, que sea
más visible y cumpla unas evidentes funciones de liderazgo.
El liderazgo no es lo mismo que el servicio. Todos los
cristianos son llamados al servicio, pero algunos al
liderazgo. Así que no hay una elite que sirve, sino toda una
comunidad que sirve en pro del beneficio del cuerpo de
Cristo. Y aunque algunos han sido llamados al liderazgo,
todos son llamados a servir.

TERCER MITO: “El servicio cristiano es sólo para Dios, y no


para los hombres.”

Este es uno de los más populares, y no me detendré demasiado


en él. Hay cristianos que dicen: “Mi servicio es para el
Señor, y no para los hombres”. Esto surge de una mala
interpretación de Ef. 6.7 que dice  … sirviendo de buena
voluntad, como al Señor y no a los hombres,…
Pero la biblia también rebate esto.

¿Cómo lo rebatimos? Veamos I Co. 9.19  Por lo cual, siendo


libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a
mayor número. Queda por sentado que el apóstol era un
servidor de Dios, en esto insiste en todas sus cartas. Pero
aquí lo vemos diciendo que es servidor de todos los
corintios. El servicio es para Dios y para las personas.
Somos siervos los unos de los otros, y aunque todo debemos
hacerlo como para el Señor y no como para los hombres, esto
en el sentido de la excelencia con la que servimos, nuestro
servicio debe tener el propósito de beneficiar a los
hermanos. Alguien que hace un aseo, limpia una silla, no está
pensando en que Dios va a venir corporalmente al salón para
encontrarlo limpio, o que la silla está limpia para sentarse.
Más bien lo hacemos para la comodidad de los hermanos. Eso me
hace recordar cuando la iglesia católica hacía las misas en
latín, sólo los que hablaran el latín entenderían, pero el
resto del pueblo quedaría sin beneficio. La predicación debe
realizarse delante de Dios, Dios escuchando, y debe
realizarse con excelencia, pero debe servir para el beneficio
de la iglesia. Para que la iglesia sea formada y pueda servir
mejor a Cristo. Así el servicio que ejercemos con los niños
es para que sean salvos y mejoren su sociedad guiados por
principios y valores cristianos. De la misma manera que a sus
madres. El beneficiario es aquel que recibe el servicio.

Vivimos en medio de personas, por lo tanto, nuestro servicio


a Dios se materializa a través de nuestro servicio a las
personas. Es como el amor fraternal. El Apóstol Juan nos dice
que la evidencia de que amamos a Dios es que amamos a
nuestros hermanos, pero he aquí el detalle, la evidencia de
que amamos a nuestros hermanos es que amamos a Dios. Si
amamos a Dios y a los hermanos, también debemos servir a Dios
sirviendo a los hermanos.

Cuidado con aquella expresión que dice: “yo sirvo a Dios, y


no me importa lo que piensen los hermanos”. Debe preocuparnos
hacer las cosas de tal manera que los hermanos se sientan
agradados. Pero no con la intención de recibir las gracias, o
algún reconocimiento por ello, sino por el mero placer de que
los demás se sientan agradados, porque queremos agradar a
Dios y eso sucede si hacemos las cosas de modo que beneficien
a los demás.

Y debe importarte, ya que por tu servicio a ellos serás


recompensado o juzgado. No esperamos nada de los hermanos, lo
hacemos abnegadamente. Ni esperamos nada de Dios, ya nos ha
dado demasiado. Pero debe ser importante para nosotros servir
con excelencia de tal manera que la iglesia sea beneficiada
porque esto será tenido en cuenta en el juicio. En la
Parábola del juicio a las naciones el Señor nos dice que
juzgará nuestro servicio a los pequeños y seremos
recompensados o tendremos pérdidas. Eso debe motivarnos a
servir con mayor entrega e integridad.

CUARTO MITO: “El servicio cristiano consiste en sólo saber


las cosas de la fe.”

Hay personas que creen que el servicio cristiano es algo


contemplativo, pero también es activo. Otros creen que es
algo meramente de actividades, cuando también es algo
espiritual. Pero hay otros que creen que se reduce a
aprender. La biblia nos deja claro que debemos crecer en el
conocimiento del Señor Jesucristo, y el objetivo del trabajo
de la iglesia es llegar a creer una misma cosa. Pero el
servicio a Dios no se reduce a un mero saber

¿Cómo lo rebatimos? Veamos Stg. 3.13  ¿Quién es sabio y


entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus
obras en sabia mansedumbre. Ya hemos visto que la fe sin
obras está muerta, y que el cristiano debe ser activo. Debe
suplir las necesidades de los demás, por dar un ejemplo. Pero
el crecer en el conocimiento también es importante, pero el
crecer en el conocimiento no es el servicio a Dios, es el
crecimiento en el conocimiento y la aplicación del
conocimiento. La sabiduría consiste en poner en práctica lo
que se aprende acerca de la vida. Una persona puede saber
hacer algo bien, pero si no lo hace es igualmente un pecado.
Satanás conoce todo el consejo de Dios y seguramente
comprende muchas cosas que otros no, pero eso no lo hace
piadoso. Los demonios creen, y ese creer se deriva del
conocimiento de Dios y hasta tiemblan, pero eso no los hace
piadosos. El conocimiento sin práctica es fe muerta. Además,
la sabiduría no consiste en saber muchas cosas, sino que se
trata de cómo aplicas lo que sabes.

QUINTO MITO: “El servicio cristiano es un asunto personal y


privado.”

Y entre todos los mitos, aunque todos perjudican severamente


la forma en la que debemos concebir el servicio, este es uno
de los peores. La cultura en la que vivimos es profundamente
individualista. Con el surgimiento del romanticismo el
individuo y sus sentimientos se ubicaron en un punto central
en el panorama socio cultural del mundo. Esto ha llevado al
mundo a pensar más en sí mismos dentro de la sociedad, que
ellos dentro de un grupo que sirve a la sociedad. Y esto ha
permeado a la iglesia y muchos creen que todo lo que hace
tiene fines personales y no colectivos. O que es de uso
privado y no común. Esto también lo rebate la Escritura.

¿Cómo lo rebatimos? Veamos 1 Co. 14:12  Así también


vosotros; pues que anheláis los dones espirituales, procurad
abundar en ellos para edificación de la iglesia. La iglesia
en Corinto tuvo una etapa individualista. Cada uno tenía su
propia identidad según el predicador del cual fueran fan.
Cada uno buscaba su propia opinión sin importar los
conflictos y divisiones. Incluso en la participación de la
Santa Cena se reunían a comer sin esperar a los demás. Y en
cuanto a los dones espirituales los usaban para su propio
beneficio aun cuando los demás no se beneficiaran. No les
interesaba que los demás participaran en el servicio, siempre
y cuando ellos lo hicieran. Recuerdo cuando estuve en el
grupo de alabanza de la iglesia en la que estaba, uno
introducía cantos nuevos con frecuencia, muchos de la iglesia
no los conocían. Y en vez de prepararse, como para darles la
letra o algo así para que la siguieran, cantábamos igual
aunque nadie más lo hiciera. El servicio cristiano no es algo
personal, es algo colectivo. Este asunto del individualismo
le ha hecho gran daño a la iglesia. Cada quien se preocupa
por lo suyo propio. Frases como “yo cumplí”, “la salvación es
individual”, “cada quien es responsable de sus cosas” marcan
ese individualismo que consume la iglesia. La palabra iglesia
indica una colectividad, no podemos dejar a un lado nuestras
funciones colectivas pretendiendo que el servicio es algo que
desarrollamos personalmente. Pero tampoco es algo privado. El
ministerio NO te pertenece; le pertenece a la iglesia, que lo
delega en ti. Yo no tengo el ministerio de la enseñanza, no
me pertenecen los derechos de autor de dicho ministerio, le
pertenece a la iglesia, y es la iglesia quién me da la
oportunidad de servir al Señor y a la iglesia por este medio.
Debemos darle más importancia al servicio colectivo que al
servicio privado. Es cierto que el cristiano tiene espacios
para servir de manera privada, como cuando evangeliza a sus
compañeros y familiares. Pero es más importante lo que la
iglesia hace en su conjunto que lo que cada miembro hace por
su cuenta. En la guerra se necesita un ejército organizado
que trabaje unido, la iglesia debe hacerlo igual.

RESUMEN
Así que, el servicio cristiano es deber de todos, incluso de
los recién convertidos, aunque estos últimos no lo hagan en
posiciones de liderazgo. El servicio cristiano es algo
activo, y busca suplir las necesidades, aunque no como un
activismo vacío sin espiritualidad. El servicio cristiano es
para Dios y para los hombres, y debe hacerse con excelencia
sin esperar nada a cambio. El servicio cristiano implica
crecer en el conocimiento pero también aplicarlo. Y el
servicio cristiano es algo colectivo y de la iglesia, y no
algo personal y privado, aunque haya espacios en los que
sirvamos a Dios de manera personal y privada.

CONCLUSIÓN
Siempre habrá mitos en torno a prácticas cristianas, entre
ellas acerca del servicio. Pero nunca debemos olvidar que la
Palabra de Dios es la que tiene el dictamen final. Por lo que
aprendimos hoy podemos concluir diciendo: Que todos estamos
llamados a servir a Cristo, y el Espíritu Santo nos ha
capacitado para tal fin. Es nuestro deber ser diligentes,
creciendo en la fe y en el conocimiento del Señor Jesucristo,
procurando que nuestro servicio beneficie a la iglesia, y que
se haga con la excelencia con la que haríamos algo para Dios
si él estuviera corporalmente en medio de nosotros. Que
optemos por servir como grupo, aunque tengamos espacios para
hacerlo solo. Y que no debemos dejarnos llevar por las
corrientes del mundo y de las ideas de otras iglesias,
debemos servir a Dios como él nos lo ha ordenado, con
integridad de corazón, con diligencia, con amor, humildad y
para la gloria de su nombre y el bienestar de su pueblo.

El Señor te ha puesto en la iglesia para cumplir con una


tarea, cúmplela y él te recompensará y beneficiarás mucho a
esta iglesia con tu trabajo. ¿Quieres servir pero no sabes
cómo empezar o por dónde empezar? Acércate a algún hermano
que ya es activo sirviendo y ponte al servicio con compromiso
y diligencia. Alejemos de nosotros la idea de que el servir
es para un grupo selecto, cuando todos debemos aportar
nuestro granito de arena para la edificación de los santos y
la salvación de los pecadores. Que el Señor nos ayude. Amén.