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Unidad 3: Xenofobia contra hospitalidad

Objetivo específico:
Reconocer el impacto que provoca la xenofobia en la población migrante para promover prácticas
de hospitalidad y solidaridad, a través de un modelo basado en el respeto de los derechos humanos.

3.1 La nacionalidad como estigma, la ciudadanía como privilegio

Aunque en la actualidad se han definido diferentes formas de pertenencia, identidades y lealtades,


se siguen preservando algunos elementos que mantienen y refuerzan el estigma contra las personas
extranjeras por el simple hecho de haber nacido en un país diferente al que visitan o en el que
radican. El problema ocurre cuando la condición de foráneo se vuelve motivo de discriminación,
porque esto vulnera los derechos y la dignidad de los seres humanos.

La condición de las personas extranjeras representa un grado de vulnerabilidad, sin importar su


clase o condición social, por el hecho de ser vistos como personas foráneas o extrañas, con diferente
cultura. Por lo que se requiere de una observación cautelosa del tratamiento que la sociedad da a
las personas provenientes de otra patria, sobre todo cuando tienen una condición desventajosa en
términos socioeconómicos al instalarse en un país distinto al de su origen.

El concepto migración-pobreza representa a los grupos que tienen menos recursos e intentan
minimizar la situación que ya vivían exponiéndose en un país distinto al suyo. Las posibilidades de
que las personas migrantes o extranjeras sean blanco de ataques o de señalamientos
discriminatorios aumenta al ser su situación social más precaria. Los Estados son directamente
responsables de generar políticas públicas que limitan actitudes inaceptables, más allá de las fobias
y filias personales, hacia las personas extrajeras.

Si bien el Estado es capaz de generar procesos de protección, no hay forma de que un grupo de
personas extranjeras o migrantes puedan minimizar del todo las actitudes hostiles cuando se les
estigmatiza por ser personas extranjeras.

 Por ejemplo, no basta que un grupo de personas extranjeras sea consciente de su condición
discriminatoria si no hay mecanismos, a través de políticas públicas, para matizar dicha
situación e incluso revertirla.

Derivado de lo anterior, existen diferentes estrategias grupales que buscan proteger a las personas
migrantes de la vulnerabilidad, frente a la incapacidad del Estado, pero no abarcan la totalidad del
problema, dado que no es posible ni deseable sustituir al Estado como mediador de la vida social.

Pese a lo dicho, cabe preguntarse: ¿las personas ciudadanas también sufren las mismas condiciones
de vulnerabilidad que las personas extranjeras? La ciudadanía es una figura que no protege del todo
a sus integrantes. Al igual que con las personas extranjeras, la condición económica precaria agudiza
las posibilidades de enfrentar situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, el simple hecho de tener
el estatus de ciudadano otorga protección y derechos que permiten gozar de servicios sociales como
salud y educación.
Es así que carecer de ciudadanía implica no tener acceso a estos servicios, ni contar con derechos
básicos, como el derecho a la identidad, es decir, poder tramitar los documentos que acrediten la
personalidad jurídica de una persona y que sirven para acceder a los servicios sociales: servicios
médicos, escuela, vivienda, pasaporte, etcétera. Incluso los grupos de mayor desventaja económica,
si cuentan con ciudadanía, tienen una mayor cantidad de servicios a su disposición que las personas
extranjeras o migrantes.

Asimismo, si agregamos el hecho de que entre las y los extranjeros un porcentaje se compone de
población sin documentos, hacemos referencia a que este grupo vive una doble desventaja, ya que
además de no tener acceso a servicios en general, también están permanentemente en riesgo de
ser deportados e incluso detenidos por la autoridad migratoria, dependiendo de las leyes del país
donde radican.

En suma, las personas que cuentan con la ciudadanía no valoran las desventajas que puede acarrear
no contar con ella, pues no toman en cuenta todos los derechos que ésta representa (derechos
económicos, sociales y políticos). Esta situación la experimentan de primera mano las personas
extranjeras y la viven como una carencia importante.

Última modificación: martes, 8 de diciembre de 2015, 18:35

3.2 Síndrome de Ulises: el duelo del que cambia su casa a otro país

La carencia de un estatus jurídico que siente las bases mínimas de acceso a derechos y
reconocimiento es un problema común para las personas migrantes y, además, es uno de los
elementos que al migrar pueden impactar en un nivel emocional y relacional a las personas. A este
impacto se le denomina síndrome de Ulises (este personaje literario también es llamado Odiseo), el
cual se define como estrés crónico derivado del proceso de migración (Achotegui, 2009).

Debido a la diversidad de situaciones que provoca la migración, las personas pueden estresarse de
manera intensa, dificultando su capacidad de incluirse en el nuevo contexto. Esto puede superarse
permanentemente o parcialmente con el tiempo. Así como Ulises, el héroe de la epopeya griega
que padeció innumerables adversidades y peligros durante su odisea; quien migra, puede atravesar
un duelo natural, ya sea por la nostalgia de la familia, las y los amigos y el territorio que dejan.
Ciertamente, la migración también puede obedecer a circunstancias donde un encuentro feliz y
memorable justifica toda travesía y entonces el duelo emocional es menor.

En las migraciones contemporáneas, sobre todo las que se imponen como una salida obligada ante
el peligro, la violencia o la precariedad económica, las personas suelen experimentar soledad, miedo
y desesperanza. Como en los viejos textos de Homero, muchos migrantes contemporáneos pueden
acabar como Ulises “[…] sentado en la orilla, lloraba donde muchas veces, desgarrando su ánimo
con lágrimas, gemidos y pesares, solía contemplar el estéril mar [...]” (Homero, Odisea, p. 109). Si a
este duelo emocional, que podría ser pasajero, se suma la reacción de desagrado, descalificación o
ataque directo de grupos xenofóbicos o personas intolerantes, genera una situación social que
afecta también a las sociedades receptoras.

En conclusión, diversas partes de una sociedad generan un ambiente hostil contra algunas personas
migrantes, que en ocasiones se revierte contra quienes lo provocan. En ese sentido, en lugar de
aprovechar el potencial que la migración trae consigo a toda sociedad, se inicia un espiral de
violencia que sólo un marco jurídico basado en principios universales puede frenar, limitar e incluso
revertir de manera exitosa.

Última modificación: martes, 8 de diciembre de 2015, 18:40

3.3 Derechos humanos como base de respeto

Los derechos humanos representan a todas las personas merecedoras de respeto absoluto a su
condición como persona y poseedora de los valores que mantienen a la humanidad unidos. Lo
relevante de este concepto es que legitima los reclamos de los derechos e identidades de las
personas más allá de los límites que impone la nación, lo que implica que los derechos de los
individuos se ubican por encima de las consideraciones que delimitan a un país. Es así que, más allá
de su condición migratoria, toda persona puede gozar de estos derechos, sin que deban atenerse a
una nacionalidad o un territorio, nos referimos a la desterritorialización de los derechos.

En este marco se plantea que los derechos humanos de las personas inmigrantes deben otorgarse
por el hecho de ser ciudadanos de un país, ya sea por nacimiento o por derecho de sangre, pues la
dimensión de dichos derechos está por encima de la figura del Estado-nación. De esta manera,
podemos decir que vivimos una contradicción, ya que el establecimiento de la democracia y los
derechos humanos plantean que la ciudadanía puede existir más allá del Estado-nación, mientras
que éste se concentra en el control de las fronteras y la regulación de la migración. Como diría Marco
Martinello, sería mejor pensar en la ciudadanía no sólo considerando el lugar de nacimiento
correspondiente a cada sujeto, sino sumando la diversidad cultural que trae consigo y la integración
de colectivos de personas extranjeras que hay en toda sociedad contemporánea (Martinello,1994).

Un punto importante en este debate es considerar que, en el caso de las personas migrantes, los
derechos humanos no se limitan a defender valores esenciales (salud, paz, justicia, entre otros) o,
en su caso, a pugnar tan sólo por acceso a bienes y servicios elementales (asistencia médica, acceso
a la justicia, educación, etcétera). En realidad, el debate está en plantear si la ciudadanía (asociada
a un Estado-nación por nacimiento o por descendencia) es suficiente para prevenir condiciones de
injusticia y combatir actos como la xenofobia y el racismo, o es necesario pasar a la etapa de lo que
se denomina ciudadanía universal, que es un tipo de condición que no está ligado exclusivamente a
un Estado, sino que avanza en el marco de los derechos humanos, sin las restricciones que hoy se
imponen a la mayoría de las y los trabajadores migrantes.

Si bien ya hay zonas que han roto con la idea de que los Estados controlan sus propias fronteras (por
ejemplo, al interior de la Unión Europea o los países de América del Sur donde hay una libre
circulación de las personas), esto no se ha generalizado en regiones donde se ubican los grandes
corredores migratorios del mundo, como en el caso de México-Estados Unidos. En estos espacios
de gran movilidad las fronteras se han vuelto aún más rígidas y restrictivas, lo que genera una fuere
contradicción entre los discursos a favor de la democracia y la realidad; así como los ideales de
defensa de los derechos y las prácticas políticas concretas.

Última modificación: martes, 8 de diciembre de 2015, 18:44

3.4 Hospitalidad, interculturalidad e integración: aprendiendo a vivir juntos


Hasta el momento se ha dicho que la xenofobia es una conducta deplorable, que manifiesta los
prejuicios y estereotipos que unas personas tienen hacia otras, basados por su nacionalidad de
origen. Si bien esta conducta suele ocurrir de manera individual, la realidad es que ésta siempre se
encuentra en la esfera colectiva y tiene consecuencias negativas para la sociedad en su conjunto;
aunque también puede generar respuestas positivas como la hospitalidad. Es así que la noción de
hospitalidad abre un debate muy amplio, que desde el siglo XVII, el filósofo alemán Immanuel Kant
ya consideraba como un principio básico para la convivencia.

Un primer elemento es el hecho de que la hospitalidad no debe entenderse como un acto de


filantropía, sino de derecho:

[…] la hospitalidad no debe entenderse como una virtud de sociabilidad, como la bondad y
generosidad que uno puede mostrar a forasteros que llegan a la tierra de una persona o que se
vuelven dependientes de los actos de bondad de una persona a través de circunstancias naturales
o de historia; la hospitalidad es un “derecho” que pertenece a todos los seres humanos en la medida
en que los veamos como participantes potenciales de una república mundial. (Benhabib, 2005: p.
30)

Lo anterior se resume en el derecho que tiene todo extranjero de no recibir un trato hostil ni de ser
rechazado. Tampoco se trata de obligar a recibir a un desconocido en casa, sino de tratar al extraño
humanitariamente. “Negar la residencia a una víctima de guerra, de piratería o hundimiento de
naves, cuando tal negativa llevaría a su muerte, es insostenible”, escribió Kant hace casi tres siglos.

La hospitalidad no es sólo un principio moral, sino que actualmente es fundamento de un marco


legal a escala internacional, que reconoce la interculturalidad de los pueblos (en este caso con
énfasis en la migración) y entendida como el proceso de interacción de las personas en el marco de
un contexto social acotado por un Estado-nación, en el cual se fomenta la inclusión y la convivencia
multicultural y se evita, en la medida de lo posible y a partir de un marco legal, que un grupo se
sobreponga a otro, más allá de su condición de nacional o de extranjero.

De acuerdo con lo anterior, podemos señalar la red de ciudades interculturales creadas por el
Consejo de Europa que buscan generar mecanismos de vigilancia, recomendación e implementación
para lograr una mejor convivencia entre las personas y las comunidades en contextos de
intercambio cultural, principalmente originados por la migración. No se trata sólo de cuestiones de
interacción amistosa, sino que este marco legal incluye el acceso a derechos, bienes materiales y
servicios, partiendo del más elemental: el derecho a la identidad de las personas. Por tanto, hay un
reconocimiento de ellas como portadoras de un documento que les permite acreditar su
personalidad jurídica, independientemente de su condición migratoria.

La Ciudad de México es la única en latinoamericana que ostenta un título de ciudad intercultural


bajo el amparo de esta red de ciudades del mismo perfil. La propia ley señala: “La ley de
interculturalidad y movilidad humana es la primera en reconocer un derecho de movilidad universal
y claramente establece la responsabilidad de las autoridades públicas de colocar las políticas de
integración bajo una perspectiva de derechos humanos” (Prefacio a la ley de interculturalidad y
movilidad humana de la ciudad de México, 2012, p. 13). De esta manera, podemos ver que frente a
actitudes grotescas como la xenofobia hay una contraparte que se puede desarrollar; que no es sólo
una cuestión de actitud amable, sino que es la generación de un marco legal que establece
obligaciones que cumplir.
Es indispensable saber que la ley no garantiza un cambio de actitud inmediato, pero sí establece
principios y sienta las bases de la conducta aceptable para una sociedad. Después de todo, la ley no
es una abstracción, sino la cristalización de los acuerdos, deseos, pugnas y compromisos que se
generan en cada sociedad. La ley es el mejor espejo de la sociedad, pero su aplicación es la manera
más adecuada para evaluarla.

Por otra parte, Alain Touraine, en su libro titulado ¿Podremos vivir juntos? Iguales y
diferentes,desafía al lector al afirmar desde el inicio que “[…] ya vivimos juntos, por lo que negarlo,
intentar preservar el marco social como funcionó hace tres siglos, es ingenuo, porque ni siquiera
subsiste en su forma original […]”. En ese mismo sentido, frente a las acciones que fomentan que
una nación es mejor que otra, hay que entender los motivos que propician el apego a ideas
tradicionales que por sí mismas han perdido fuerza.

 Por ejemplo, los alaridos xenofóbicos que lanzan los políticos de derecha, no sólo en los
países desarrollados que reciben al mayor contingente de estos migrantes internacionales,
sino incluso en países como México, eminentemente país de emigración.

Última modificación: martes, 15 de diciembre de 2015, 12:29

3.5 Antídotos contra la xenofobia: leyes, normas, acuerdos y pactos nacionales e internacionales

La lucha en defensa contra la xenofobia tiene en las leyes un aliado importante para su aplicación,
pero no basta, aunque éstas sean un escalón para evitarla. Si esto fuera suficiente, sería
relativamente fácil resolver nuestras controversias y desencuentros. Algunas leyes son más
significativas que otras para contrarrestar la xenofobia, como las leyes que postulan los derechos
de los migrantes, pero no todas son conocidas por este colectivo; por ello entre más sean capaces
de conocerlos, tendrán mayor capacidad para defenderlos en la sociedad en la que viven.

Es importante ubicar la experiencia en México para tener referentes que nos permitan evaluar el
tema desde nuestro marco de referencia conocido. México es uno de los países que tiene un mayor
porcentaje de su población (10 %) viviendo en el extranjero (de este porcentaje, el 98 % radica en
Estados Unidos) (Escobar, Diálogo, 2014). Luego de un largo periodo de más de medio siglo, en la
primera década del siglo XXI, el país empezó a renovar sus leyes respecto a la migración y dado lo
amplio de este proceso (sobre todo para México, que es un país de origen, destino, tránsito y
retorno migratorio); se desarrollaron varias leyes que pretenden cubrir a diferentes grupos en su
especificidad migratoria.

Fue entonces que se promulgó la Ley sobre refugiados y protección complementaria (27 de enero
2011), que es un avance sustancial a la ley precedente en el ramo del refugio internacional. La
legislación predecesora es la Ley contra la trata de personas(migración forzada), que debe verse a
su vez como parte del contexto de la aprobación general de la Reforma Constitucional en materia
de Derechos (9 de junio 2011). Para muchos, estas modificaciones son las aprobaciones más
importantes de los últimos tiempos en materia de humanos en México.

Finalmente, en mayo de 2011, se promulgó la Ley de migración que planteó un nuevo marco legal
para las personas extranjeras residentes en el país (temporales y los que van de tránsito). Sin
embargo, el reglamento que da forma a esta ley se promulgó hasta noviembre de 2012 con
cuestionamientos sobre la necesidad de hacer ajustes a temas centrales (acceso a la justicia y debido
proceso). Igualmente se ha propuesto modificar los procedimientos de detección y procesamiento
administrativo de la migración, las cuales tienen inconsistencias para el trato basado en derechos
humanos, situación claramente identificada por organizaciones de la sociedad civil que trabajan con
personas migrantes en México (grupo de trabajo sobre legislación y política migratoria).

Un punto que resulta revelador del lugar que se da a las personas extranjeras en México tiene que
ver con su reconocimiento como sujeto de derechos políticos, a través de su opinión y activismo
político. Aunque México es uno de los principales firmantes de la Convención Internacional sobre
los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familias de 1990, que claramente señala
entre sus objetivos garantizar la libertad de expresión, participación y ejercicio de derechos políticos
de los extranjeros en las naciones firmantes de dicho convenio, el gobierno mexicano mantuvo
celosamente resguardado el atributo de decidir sobre este punto.

A través del Artículo 33, el Estado mexicano ha mantenido la prerrogativa de limitar la participación
política de las personas extranjeras bajo amenaza de expulsión del país. Con las nuevas disposiciones
legales, en materia migratoria, se modificó el Artículo 33 para ajustar la norma al debate político
global que ubica los derechos políticos de las y los extranjeros como una parte sustancial de los
derechos humanos, que incluyen entre lo más elemental, el derecho a reunirse, manifestar
opiniones, disentir, oponerse, entre otros.

Aun así, la nueva redacción del Artículo 33 mantuvo limitaciones para el libre ejercicio de actividades
políticas; es decir, en apariencia, hubo un progreso en este punto, pero después se congeló la
posibilidad de modificar este artículo.

Si te interesa conocer acerca de la Ley de migración, visita la sección ¿Tienes alguna duda?, en la
que encontrarás una liga que te permitirá consultar dicha ley.

Tal como hemos visto a lo largo del contenido del curso, la condición de las personas extranjeras es
una situación que ocurre cuando se mudan de su país de origen por diversas razones, sean
voluntarias o forzadas. Este proceso trae consigo una serie de experiencias; algunas son dolorosas
y complicadas. Sin embargo, lo que es absolutamente inapropiado e incluso cruel es que se les
condene por su condición (ser personas extranjeras) con base en prejuicios, lo que se denomina
xenofobia.

A lo largo de los siglos se han desarrollado diferentes posturas filosóficas, políticas y jurídicas para
tratar de aminorar esta condición de migrante, al cuestionar la forma clásica de ciudadanía, que se
ha definido históricamente para quienes nacen en un lugar, excluyendo a los que llegan de fuera.
Además, se ha propuesto que todos deben tener derechos universales, que vayan más allá de ser
miembros de un colectivo nacional, es decir, ciudadanía universal o ser ciudadanos del mundo. Lo
fundamental es que todos somos potencialmente migrantes, por lo que es importante considerar
que todas las personas extranjeras, migrantes o turistas, así como las personas ciudadanas, tienen
los mismos derechos, sin importar el lugar en el que estén.

Última modificación: jueves, 10 de diciembre de 2015, 09:58