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Valor agregado del café

Lunes, 21 de julio de 2014

Guillermo Trujillo Estra

Una de las mayores ambiciones de los productores y de la academia es la de


generar valor agregado a un producto como el café transformándolo para los
consumidores del mundo.

Sin embargo, siempre lo hemos exportado la mayor parte verde para que el
tostador en cada país lo procese al gusto del consumidor, muchas veces
mezclándolo con otros orígenes hasta obtener la tasa que esté a su gusto.

La industrialización es un camino que sólo beneficia al productor cuando tiene


propiedad sobre el siguiente eslabón de la cadena, de lo contrario al agricultor le
da lo mismo venderlo a un tostador nacional o a un comerciante exportador de
café verde. Históricamente así ha sucedido como es lo natural en una relación de
cliente proveedor.

Lo que sí produce una sucesión de quiebras económicas es cuando agricultores


entusiasmados desafían el mercado e incursionan en aventuras industriales, más
con ganas que conocimiento, en un mercado de grandes jugadores y altas escalas
de producción.
Una solución para capturar utilidades del siguiente eslabón de la cadena del café,
es hacer accionista de las empresas que transforman el producto a los
productores en sociedades anónimas abiertas, inscritas en la bolsa, con gobierno
corporativo y con un socio estratégico con amplio conocimiento del negocio que
les de garantía de buen manejo y de éxito económico. Así viven felices los
innumerables accionistas de Nutresa, hoy ejemplo como mayor procesador de
café en Colombia en su filial Colcafé y ahora incursionando en el negocio de
tiendas de café como socio de Starbucks.

Ese ejemplo lo puede seguir la Federación Nacional de Cafeteros como


administradora del Fondo Nacional del Café, con la fábrica Buencafé en la que se
produce café soluble liofilizado, con más de 40 años experiencia y con capacidad
de procesar más de 400.000 sacos al año.

Si de los 425.000 cédulas dos cafeteros reciben como parte del precio o inclusive
del actual subsidio acciones sería una de las más grandes empresas por número
de accionistas, tantos como Ecopetrol y permitiría disfrutar vía dividendos de la
industrialización del café y si es un caso de éxito seguramente el mayor valor de
mercado de las acciones incrementara el patrimonio del productor y una fuente de
capital líquido en caso de necesidad.

Ya Procafecol, con 17.000 cafeteros accionistas que permanecen, es un éxito


económico, con presencia en tres continentes, más de 250 tiendas y utilidades
comprobadas con un crecimiento vertiginoso.

Al mismo tiempo el Fondo Nacional del Café con la venta de la fábrica liquida una
inversión para constituir el fondo de estabilización que tanto desean los cafeteros.
Con estos recursos sumados a la reserva que existe de la venta de la Agrícola de
Seguros y de la que se puede hacer de bodegas, que ya no se necesitan, por todo
el país en la mejor ubicación, conseguiría más de $1 billón.

Sería una contrapartida para que con la ayuda del gobierno y de los productores
se pueda lograr crear ese fondo de estabilización para ayudar al productor en lo
ciclos bajos de precio y estabilizar el ingreso en coyunturas críticas.

Nunca debemos olvidar que el mercado termina ganando y recoge en el precio


todo lo que sucede en el mundo de productores y consumidores. No podemos
detestarlo cuando la producción es buena, gracias al esfuerzo de los productores y
los precios bajan, y defenderlo a muerte cuando convierte en mayor precio la
escasez, y nos reporta una bonanza de ingresos en la que todos queremos vivir.
Esa mano invisible que lo mueve, y que nosotros como actores que no
representamos siquiera el 10% no podemos manipular, nos ha reportado siempre
más beneficios que perjuicios. Los fondos especulativos son precisamente
quienes nos benefician en estos casos aumentando el precio, jugando a una
helada o a una sequía. Porque la oferta y la demanda real en el mercado han
estado prácticamente en equilibrio en los últimos 10 años.