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Explorando el territorio del desarrollo adulto: la clave de la


generatividadExploring the territory of adult development:
The key to generativity

Article  in  Cultura y Educación · March 2011


DOI: 10.1174/113564011794728533

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Juan José Zacarés González Emilia Serra


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05. ZACARES-SERRA 9/2/11 11:53 Página 75

Explorando el territorio del desarrollo adulto:


la clave de la generatividad
JUAN-JOSÉ ZACARÉS Y EMILIA SERRA
Universitat de València

Resumen
Este artículo presenta una revisión teórica, integradora y actualizada del constructo de generatividad como tarea psi-
cosocial genuina del período adulto. Descrita inicialmente por E. Erikson como cuidado activo de aquellos a quienes uno
ha dado origen o de los que uno se siente responsable, ha sido reformulada en los años noventa desde dos potentes modelos
explicativos, los de McAdams y Bradley. En el primero se incorporan varias facetas que convergen desde el ámbito de lo
sociocultural hacia una construcción narrativa individual “en clave generativa”. En el segundo se conjugan las dimensio-
nes “uno mismo/los otros” y las de “implicación/inclusividad”, dando lugar a una tipología de estilos generativos. Se dis-
cute igualmente el panorama de la investigación más reciente centrada en el curso evolutivo de la generatividad y en las
relaciones entre generatividad, bienestar psicológico y desempeño de roles adultos. Las conclusiones finales se estructuran en
tres ejes: a) la teoría de la generatividad; b) la significación cultural del constructo en el actual momento histórico y c) la
generatividad “aplicada” en diversos ámbitos.
Palabras clave: Generatividad, estancamiento, E. Erikson, D. P. McAdams, C. L.Bradley, cuidado, desarro-
llo adulto, bienestar psicológico, madurez psicológica.

Exploring the territory of adult development:


The key to generativity
Abstract
The paper offers an integrated and updated theoretical review of the construct of generativity as a genuine psychosocial
task of adulthood. Initially described by E. Erikson as the active care of those originating from us or those we feel
responsible for, it was reformulated in the Nineties from the perspective of two powerful explanatory models: McAdams’
and Bradley’s. The former model incorporates some aspects which converge from sociocultural settings towards an
individual narrative construction “in generative code”. The latter model combines the dimensions of “oneself/the others”
and “implication/inclusivity”, leading to a typology of generative styles. The outlook of the most recent research work
focusing on the developmental course of generativity is also discussed, as well as the relationships between generativity,
psychological well-being and carrying out adult roles. The final conclusions are structured in three axes: a) generativity
theory; b) the cultural significance of the construct at the current historic time; and c) generativity “applied” to different
settings.
Keywords: Generativity, stagnation, E. Erikson, D. P. McAdams, C. L.Bradley, care, adult development,
psychological well-being, psychological maturity.

Correspondencia con los autores: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. Avda.
Blasco Ibáñez, 21, 3º. 46010 Valencia. E-mails: Juan.J.Zacares@uv.es - Emilia.Serra@uv.es

© 2011 Fundación Infancia y Aprendizaje, ISSN: 1135-6405 Cultura y Educación, 2011, 23 (1), 75-88
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76 Cultura y Educación, 2011, 23 (1), pp. 75-88

Introducción
Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante
(A. de Saint-Exupéry, “El principito”)

El punto medio del ciclo vital humano lo ocupan aquellos años que siguen a la ado-
lescencia y preceden a la vejez y a los que llamamos genéricamente “adultez”. Hoy no se
puede decir ya que la Psicología del Desarrollo minusvalore este período como área de
estudio. Bien al contrario, el interés por la adultez ha ido en aumento desde los años 70
del pasado siglo. Las tareas de “amor y trabajo” siguen teniendo un carácter “universal”
pero sus desarrollos son ahora más variados y particulares (Serra, 2008). Incluso el pro-
pio comienzo resulta difuso, lo que ha llevado a asumir la existencia de una “adultez
emergente” (Arnett, 2004). Nos preguntamos, sin embargo, hasta qué punto se ha
avanzado en la búsqueda de un cierto consenso sobre la naturaleza específica y genuina
de lo que constituye el “desarrollo adulto”. La metáfora de Smelser (1982) sigue sirvien-
do en nuestra opinión para describir el panorama de la investigación sobre el cambio
evolutivo en la adultez:
En cierto aspecto, el reciente desarrollo del estudio sistemático de la edad adulta se asemeja al relleno de
las partes que quedan en blanco en un mapa, cuando todas las demás han sido conquistadas o colonizadas. (la cursi-
va es nuestra) (p. 13)

Un camino posible para avanzar en la “conquista de los años intermedios” es el


estudio de lo que McAdams y Pals (2006) denominan el segundo nivel del análisis
de la personalidad, el de las “adaptaciones características”, situado entre el nivel gené-
rico de los rasgos de personalidad y el más subjetivo de las narrativas personales.
Abarca todos aquellos planes, metas, tareas evolutivas, representaciones mentales
de uno mismo y de los demás y estrategias que configuran la dinámica de la con-
ducta cotidiana de los sujetos en contextos y roles particulares y en fases específicas
del ciclo vital. Este nivel intermedio lo constituyen “particularidades contextuali-
zadas” de las vidas humanas que pueden cambiar a lo largo del tiempo tanto de
modo previsible como imprevisible. Más que elaborar una taxonomía, creemos más
plausible mostrar cómo un conjunto de estas adaptaciones, en forma de “tareas evo-
lutivas psicosociales”, activan, definen o delimitan a otras adaptaciones en los diferen-
tes momentos del ciclo vital. Este objetivo ya se reconoce en torno a la tarea de
construcción de la identidad para la adolescencia (Ferrer-Wreder, Montgomery y
Lorente, 2003), pero todavía no se ha reunido la misma evidencia ni logrado simi-
lar acuerdo en relación a los años adultos intermedios.
Los retos específicos de la edad adulta se sintetizan en la crisis que Erikson
(1970) denominó “generatividad frente a estancamiento”. La tesis que defendemos en
el presente trabajo es precisamente que el logro de la generatividad en la adultez
puede ocupar el lugar conceptual central que en la adolescencia tiene la consolida-
ción de identidad y que su consideración como “constructo-paraguas” facilita la
integración de los datos obtenidos sobre el desarrollo adulto. En nuestra opinión,
muchas de las otras adaptaciones características que muestran los adultos (p.ej.
metas, estrategias de afrontamiento o autopercepciones) evocan y se conectan, de
una u otra manera, con la generatividad y el relativo éxito o fracaso en su logro.
Nos proponemos por ello ahondar en la comprensión de la tarea evolutiva de la
generatividad. Señalaremos, en primer lugar, los elementos originales de la formu-
lación eriksoniana. Posteriormente, revisaremos las elaboraciones teóricas más
recientes y nos detendremos en dos cuestiones abordadas empíricamente: el posible
curso evolutivo de la generatividad y la relación entre generatividad, bienestar y
desempeño en los principales roles adultos. Apuntaremos finalmente las implica-
ciones de nuestro análisis para la investigación sobre el desarrollo adulto, subrayan-
do también la relevancia cultural del reto generativo.
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Explorando el territorio del desarrollo adulto / J.-J. Zacarés y E. Serra 77


La formulación original de Erikson de la crisis de “generatividad frente a
estancamiento”
Erikson, inspirándose en los principios biológicos de la epigénesis, articula un marco
de etapas secuenciales del desarrollo del Yo en la que cada periodo de crecimiento está
sistemáticamente relacionado con todos los demás (Erikson, 2000; Zacarés y Serra,
1998). La experiencia y expresión de la generatividad junto a su fortaleza asociada del
“cuidado”, representaría la señal de madurez psicosocial de los años adultos. El núcleo de la
generatividad es la “preocupación por establecer y guiar a la nueva generación” (Erik-
son, 1970, p. 240) traducida en “actos de cuidado”. La adultez se abre entonces a una
ética generativa, cuya Regla de Oro vendría a ser “haz a otro lo que promoverá su desa-
rrollo tal como promueve el tuyo propio” (Erikson, 2000, p. 99). Como ocurre en cada
sucesivo estadio psicosocial, la generatividad se construye sobre las resoluciones de las etapas
precedentes, especialmente las correspondientes a los estadios de identidad e intimidad.
Al mismo tiempo, la resolución de la crisis de la generatividad prepara el camino para la
resolución de las cuestiones psicosociales de la última etapa de la vida y en concreto, para el desa-
rrollo de un sentido de integridad. Si el adulto no es capaz de significativos logros gene-
rativos en el particular contexto histórico en el que le ha tocado vivir, difícilmente podrá
derivar un sentimiento de “haber hecho lo que tenía que hacer” en la fase final de su
vida.
La generatividad abarca la procreatividad, la productividad y la creatividad, si bien Erik-
son parece otorgar cierta preeminencia a la paternidad/maternidad como principal
encuentro generativo para muchos adultos. Sin embargo, más allá de las prototípicas
actividades de generatividad de procrear y criar a los hijos existen otras muchas en las
que se puede expresar el interés generativo: actividades profesionales, participación en
organizaciones sociales, políticas o religiosas, otras tareas de cuidado intergeneracional,
voluntariado, relaciones de amistad e incluso en las actividades individuales de ocio. En
estas últimas se podría alcanzar “un tipo de autogeneración que tiene que ver con un
mayor desarrollo de la identidad” (Erikson, 2000, p. 72). La generatividad, por tanto,
resulta clave en prácticamente toda situación en la que uno está llamado a ser responsable de otros,
directa o indirectamente. Algunas profesiones son inherentemente generativas, como la
enseñanza, el trabajo social y la medicina. Sin embargo, cualquier esfuerzo productivo
puede ser generativo, en la medida en que el individuo se halla involucrado en la pro-
moción directa del desarrollo de otros, estableciendo contextos de crecimiento para “los
otros futuros o posibles” o atendiendo cuidadosamente los frutos de sus tareas producti-
vas. Hay otros elementos a destacar en la descripción eriksoniana:
– La interdependencia entre lo que se está cuidando y el cuidador caracteriza las relaciones
adultas generativas. El adulto transmite los valores a la nueva generación, actúa como
un mentor y modelo y prepara el escenario para la permanencia de símbolos culturales y
tradiciones. Sin embargo, los beneficios evolutivos son para ambas generaciones: “el
hombre maduro necesita sentirse necesitado, y la madurez necesita la guía y el aliento
de aquello que ha producido y que debe cuidar” (Erikson, 1970, p. 240).
– La dificultad en lograr un sentido de generatividad puede llevar al predominio del
polo opuesto de la crisis expresado en las patologías básicas potenciales de “estancamien-
to” y “autoabsorción”. El estancamiento sugiere una especie de “barbecho” en determina-
dos momentos de la adultez, que si continúa durante demasiado tiempo deviene en
auténtica esterilidad. En el caso de la autoabsorción, el adulto se muestra incapaz de cui-
dar de otros y demanda constantemente cuidado de los demás, empezando a tratarse a sí
mismo “como si fuera su propio y único hijo” (ibíd.).
– Como en toda crisis psicosocial, puede emerger, según su modo de resolverse, una
fuerza o virtud del Yo, el “cuidado” o una patología del estancamiento que Erikson deno-
mina el “rechazo”. El cuidado “es la preocupación concreta por aquello que se ha genera-
do o a lo que se ha dado vida por amor, necesidad o accidente” (Erikson, 1986, p. 53). El
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rechazo, en cambio, es la “no disposición a incluir a personas o grupos específicos en la


preocupación generativa de uno” (Erikson, 2000, p. 73), o dicho de otro modo, el recha-
zo se produce cuando “a uno no le preocupa el hecho de no preocuparse de los demás”.
Lógicamente, algún grado de discriminación y selección es inevitable, pues para cuidar
algunas cosas, otras deben eliminarse necesariamente de la propia esfera de preocupa-
ción. Erikson subraya aquí las consecuencias colectivas del rechazo al hablar de la ten-
dencia universal de la “pseudoespeciación”, es decir, de la convicción prejuiciosa de que
personas o grupos diferentes a los de uno constituyen una especie distinta a la propia e
incluso una peligrosa amenaza.
– Finalmente, como en todas las etapas de desarrollo psicosocial, la resolución exitosa
trae consigo el logro de una síntesis entre los dos polos. Marcia (1998) indica que, a partir de
la adolescencia, más allá de un mero balance de cualidades, la resolución positiva de los
estadios adopta la naturaleza de verdadera integración dialéctica de opuestos. Un aspec-
to importante de dicha integración en la etapa de generatividad es la posible negocia-
ción de un equilibrio personal entre generación y regeneración, entre productividad y
descanso. Circunstancialmente se podrían producir sentimientos de estancamiento,
derivados de situaciones de enfermedad, pérdida del trabajo o muerte de un ser querido.
En general, los periodos de abandono de las inquietudes generativas parecerían necesa-
rios para el crecimiento continuado incluso del adulto más generativo como tiempo
para la regeneración personal y la incorporación de lo que se ha recibido de aquellos a los
que se ha cuidado.

Ampliaciones teóricas actuales en torno a la generatividad


A pesar de los sugerentes análisis que Erikson realizó sobre generatividad en sus
exposiciones teóricas y en sus estudios de casos y del incremento del interés por el desa-
rrollo adulto, la investigación y la teorización sobre generatividad ha sido dispersa, esca-
sa y poco sistemática (McAdams y de St. Aubin, 1992). Podemos situar el inicio de los
años 80 del pasado siglo como el primer momento de contribuciones dignas de men-
ción.
Destacaremos en primer lugar, las aportaciones de John Kotre (Kotre, 1984; Kotre y
Kotre, 1998). Kotre define la generatividad ante todo como “el deseo de invertir la pro-
pia esencia de uno mismo en formas de vida y trabajo que sobrevivirán al Yo” (Kotre,
1984, p. 10) y distingue cuatro tipos de generatividad: la biológica, la parental, la téc-
nica (enseñanza de habilidades y técnicas) y la cultural (conservación, renovación o crea-
ción de sistemas colectivos de significado)
Cada uno de estos tipos pueden existir con dos posibles formas de expresión, la
comunal y la “agéntica” o autoexpansiva. Por ejemplo, si un varón desea ser padre de un
hijo para demostrar su virilidad o para legar su apellido, su generatividad biológica es
agéntica. Si lo desea para cuidar de él, a costa de sacrificar su propio bienestar por el bien
del hijo, es de tipo comunal. Por otra parte, Kotre considera que la generatividad mos-
traba las facetas humanas más perversas, puesto que lo que uno puede legar puede ser
dañino o perjudicial para las siguientes generaciones. Este autor ha distinguido otra
forma de resultado generativo consistente paradójicamente en no transmitir algo a otros.
Son situaciones en las que algunos adultos deciden ser “amortiguadores intergeneracionales”
de un claro daño que ellos mismos han experimentado. Este es el caso, por ejemplo, de
padres que sufrieron abuso cuando eran niños y que insisten en que “lo que les ocurrió a
ellos nunca les ocurrirá a sus hijos” (Kotre y Kotre, 1998).
Existen otros dos modelos teórico-empíricos de conceptualización y evaluación de la
generatividad con capacidad demostrada para guiar la elaboración de hipótesis signifi-
cativas y la interpretación de los datos obtenidos: el modelo multifacético de McAdams
y el modelo de estatus de generatividad de Bradley. El modelo multifacético de McAdams se
muestra en la figura 1. Para este autor, la construcción psicosocial de la identidad sería
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el modo fundamental de desarrollo de la personalidad adulta, al que la generatividad se
incorporaría como uno de sus importantes aspectos. Concibe la generatividad como “un
constructo multifacético que existe de diferentes formas, que conecta diferentes activi-
dades y resultados y que manifiesta características tanto individuales como sociales”
(McAdams, Hart y Maruna, 1998, p. 8). Describiremos brevemente las dimensiones
que aparecen en la constelación psicosocial de la figura 1.
FIGURA 1
El modelo multifacético de generatividad (McAdams y de St. Aubin, 1992, p. 1005)
FUENTE S
MOTIVACIONALES PLANES, PENSAMIENTOS CONDUCTA SIGNIFICADO

1.
DEM ANDA
CULTURAL
- expec tativas de
4.
desarrollo
CREENCIA 6.
- oportunidades 7.
sociales NARRACIÓN
en la bondad de la
especie humana ACC IÓN

- creando El “Guión
3. - manteniendo gene rativo” en
INTERÉS 5. la propia
- ofreciendo
COMPROMISO historia de
Por la siguiente vida
- metas
gene ración
- decisiones

2.
DESEO INTERNO

- inm ortalidad simbólica


(agencia)

- "necesidad de ser nec esitado"


(comu nión)

1) Demanda cultural: la sociedad espera de los adultos que tomen responsabilidades


respecto a la próxima generación en sus roles de padres, maestros, mentores, líderes,
organizadores, ritualizadores creativos y sostenedores de significados culturales valiosos.
Esta demanda asociada a la edad convierte a aquellos que no asumen roles generativos
en el momento oportuno en adultos “inmaduros”.
2) Deseo interno: es el impulso interior que hunde sus raíces en dos motivaciones com-
plementarias: a) el anhelo de una inmortalidad simbólica a través de la obra dejada en
herencia mediante la cual se supera parcialmente la propia finitud y se alcanza cierta
trascendencia, y b) la necesidad de sentirse necesitado por otros, expresión de la tenden-
cia a relacionarse a través de la creación de profundos vínculos afectivos.
3) El deseo interno y la demanda cultural se combinan para promover en el adulto un
interés o preocupación consciente por la próxima generación, en el sentido ya definido por
Erikson. Este interés generativo se mide a través de un instrumento de autoinforme, la
Escala Loyola de Generatividad (LGS en inglés), que con el tiempo se ha llegado a con-
vertir en el más utilizado en la investigación sobre generatividad (Grossbaum y Bates,
2002; McAdams y de St. Aubin, 1992; Zacarés, Ruiz y Amer, 2002).
4) Esta preocupación podría fortalecerse si se acompaña de una creencia en la bondad,
valor y progreso del ser humano. Creer en la especie humana es tener esperanza en la mejora
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de la humanidad en las generaciones futuras, incluso frente a la evidencia de realidades


que amenazan dicho futuro.
5) El interés puede acabar traduciéndose en un compromiso generativo, adoptando res-
ponsabilidades hacia la siguiente generación, tomando decisiones y estableciendo metas
para la conducta generativa.
6) Acción generativa: idealmente, la acción generativa proviene directamente del com-
promiso e incluye tres categorías generales de conductas: de creación y producción, de cui-
dado y mantenimiento de lo considerado valioso para la siguiente generación y de ofreci-
miento desinteresado de lo creado o conservado. McAdams y de St. Aubin (1992) diseña-
ron el Listado de Conductas Generativas (GBC en inglés) para evaluar acciones
generativas tales como “enseñar a alguien una habilidad” o “elaborar algún producto
artístico”. Es importante constatar que el mero registro aislado de algunas de estas con-
ductas no indicaría necesariamente una elevada generatividad.
7) Narración. Desde la perspectiva de la teoría narrativa sobre la identidad
(McAdams, 2001), la generatividad aparecería como un tema central en las histo-
rias que los adultos construyen para dotar de significado a sus vidas. Este compo-
nente narrativo tiene dos facetas, una interna y otra externa (McAdams y Logan,
2004). La interna se refiere al modo en que los esfuerzos generativos se incorporan e
integran en la historia de vida, conformando así un “guión generativo”. La faceta
externa es la comparación de las historias de vida de adultos con distinto grado de
desarrollo generativo. La investigación ha mostrado que en las historias de los adul-
tos más generativos destacan cinco características (McAdams, Diamond, de St
Aubin y Mansfield, 1997): a) la conciencia de disfrutar de una suerte de ventaja o
“bendición” temprana; b) la sensibilidad también temprana hacia el sufrimiento de
los otros; c) la presencia de una ideología clara y una firmeza moral a partir de la
adolescencia; d) la articulación de un mayor número de “secuencias de redención”,
es decir, de episodios vitales donde el dolor y las dificultades se han transformado
en resultados positivos y e) la presencia de metas futuras prosociales que van a
repercutir en el ámbito comunitario.
No hay duda de que el modelo de McAdams ha servido como catalizador de la inves-
tigación en este campo durante los últimos veinte años al articular una serie de distin-
ciones conceptuales muy útiles para la comprensión de la estructura, funciones, signifi-
cados y manifestaciones de la generatividad en el desarrollo adulto. La aportación de
procedimientos específicos para evaluar varios de sus componentes ha reforzado su difu-
sión y aplicación. Más aún, su validez transcultural se ha visto inicialmente confirmada
(Hofer, Busch, Chasiotis, Kärtner y Campos, 2008).
El modelo de estatus de generatividad de Bradley propone, a partir de la codificación de
una entrevista semiestructurada, cinco estilos prototípicos de generatividad sobre la
base de dos criterios que expresan la relación del Yo con los demás: implicación vital e
inclusividad (Bradley, 1997; Bradley y Marcia, 1998). La implicación refleja el grado de
preocupación activa y responsable por el crecimiento de sí mismo y de los otros y la
habilidad para llevarlo a cabo a través de compromisos específicos. La implicación es
principalmente un indicador conductual de generatividad, de modo que una baja
implicación supone una escasa o ausente acción generativa. La dimensión de inclusividad
anticipa que, aún cuando la implicación sea alta, se pueden establecer distinciones sobre
la calidad de la acción generativa en función de su alcance, expresado como amplitud de
personas o proyectos que serán incluidos o excluidos del cuidado.
Las combinaciones de criterios producen los perfiles de generatividad que se
muestran en la tabla I. Los individuos generativos están caracterizados por una alta
implicación en su propio desarrollo y en el apoyo al desarrollo de los más jóvenes,
desplegando además un interés por temas sociales más amplios. El individuo gene-
rativo es consciente de ser un guía para otros y siente la necesidad de compartir sus
conocimientos y experiencia, aún con aquellos que no coincidan con su propio sis-
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tema de creencias. Aquellos caracterizados como “logradores” destacarían por su
orientación autoexpansiva al estar altamente implicados en cuestiones referidas a sí
mismos. Absorbidos por su propio trabajo o intereses personales, tienden a excluir
de su preocupación a aquellas personas que no están relacionadas con ellos en un
proyecto común. Por contraste, aquellos con un estilo comunal o vinculativo mues-
tran una alta implicación en el cuidado de los demás, con lo que hasta los propios
deseos y metas personales parecen secundarios. Sin embargo, su necesidad de ser
indispensable para otros podría dar lugar al establecimiento de relaciones de depen-
dencia y a una conducta de ayuda intrusiva.
TABLA I
El modelo de estilos prototípicos o estatus de generatividad de Bradley (1997)

DIMENSIONES

Implicación Inclusividad
(preocupación activa) (ámbito o alcance de lo que se cuida)

ESTILOS Uno mismo Los demás Uno mismo Los demás

Generativo Alto Alto Alto Alto

Logrador Alto Bajo Alto Bajo

Comunal o vinculativo Bajo Alto Bajo Alto

Convencional Alta Alta Baja Baja


(o moderada) (o moderada) (o moderada) (o moderada)

Estancado Baja Baja Baja Baja


(o de “laissez- (o de “laissez-
faire”) faire”)

Los sujetos convencionales, aunque son altos en implicación, muestran bajos niveles de
inclusividad para ellos mismos y los demás. Sienten que los más jóvenes necesitan de
guía y desean ejercerla, pero con una mirada restrictiva de las ideas que pretenden trans-
mitir por tolerar peor a aquellos que difieren de los propios valores. Por último, el esta-
tus de estancado, representa la resolución psicosocialmente más pobre de esta etapa: lo
encontraríamos en adultos centrados en sí mismos y poco comprometidos en la realiza-
ción de proyectos personales significativos.
Este modelo ha sido menos empleado en la investigación que el de McAdams,
pero posee dos claras virtudes: la de integrar la debilidad asociada con esta etapa, el
rechazo, y la de operacionalizar esta tarea psicosocial reflejando la tensión dialéctica
propuesta por Erikson. El trabajo empírico sobre el rechazo, aunque escaso, avala
los vínculos entre actitudes no autoritarias y el funcionamiento generativo óptimo
en diferentes roles (Peterson y Duncan, 2007). Por otra parte, se ha abierto una pro-
metedora vía de elaboración de la interacción entre estancamiento y generatividad.
El trabajo de Van Hiel, Mervielde y De Fruyt (2006) apunta a que estancamiento y
generatividad representarían dos dimensiones relacionadas más que extremos
opuestos de una única dimensión, cada una de ellas asociada a diferentes patrones
de personalidad. Sus datos muestran que no es adecuado reducir el estancamiento a
mera ausencia de generatividad. Igualmente corroboran la tesis de Bradley y Mar-
cia (1998) de que el adulto estancado es sobre todo el que aparece apático y desinte-
resado respecto a su propio desarrollo personal antes que como narcisista o autoen-
grandecido.
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La investigación sobre la generatividad: aportaciones empíricas para el debate


sobre el desarrollo adulto
Si algo llama la atención del estudio empírico sobre la generatividad es la gran varie-
dad de ámbitos del desarrollo adulto en los que aparece como dimensión relevante de
diferencias individuales. Esta diversidad de temas es, en sí misma, una primera prueba
de la capacidad explicativa del constructo: desde su lógica aplicación a roles familiares
(p.ej. Peterson, 2002) hasta su inclusión en el análisis del crecimiento psicológico tras la
enfermedad (Bellizzi, 2004), la generatividad reclama una posición integradora de otras
variables y fenómenos psicológicos propios de la adultez. Esta “transversalidad” no
podrá asumirse hasta que no se verifiquen empíricamente dos hechos: a) la identifica-
ción de las trayectorias evolutivas de los distintos componentes de la generatividad a lo
largo de todos los años adultos; b) su relevancia en la explicación de la adaptación psico-
social alcanzada en el desempeño de los principales roles adultos.

El curso evolutivo de la generatividad en la adultez


¿Constituye la generatividad un desafío evolutivo específico y propio de la mediana
edad, tal y como sugirió Erikson? Aunque parte de la investigación sugiere que la preo-
cupación, el compromiso y las conductas generativas son más elevadas en la mediana
edad que en la adultez temprana (p.ej. McAdams, de St Aubin y Logan, 1993), los datos
no son concluyentes. Tampoco se ha observado que se produzca un rápido declive gene-
rativo en la vejez (McAdams et al., 1998). Estos resultados tienen que ver con la propia
naturaleza de la generatividad: se define tanto por la procreatividad y parentalidad, en la
adultez temprana, como por la generatividad social (compromiso cívico y cuidado inter-
personal más allá de la propia familia) y la creatividad/productividad que se extienden
para la mayoría de sujetos a lo largo de toda la adultez. Dado que el “ser adulto” abarca
un período temporal muy amplio, parece plausible esperar que diversos énfasis genera-
tivos fueran caracterizando las fases adultas, aunque en la mediana edad alcanzasen un
particular “punto crítico”. Stewart y Wandewater (1998) han hipotetizado tres aspectos
generativos con trayectorias evolutivas diferenciadas, tal y como se refleja en la figura 2.
FIGURA 2
Trayectoria evolutiva hipotetizada de la generatividad en la adultez (Stewart y Wandewater, 1998, p. 95)
Deseo generativo

Capacidad percibida para la


generatividad Logro generativo

Adultez Mediana edad Vejez


temprana

Estos autores apuntan a la existencia de unos deseos o metas generativos que se formularí-
an en la adultez temprana y declinarían a partir de la mediana edad; de una capacidad
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percibida para la generatividad, que se iría incrementando desde la adultez temprana hasta
la mediana edad para luego descender; y de un sentido de logro o realización generativa que
iría aumentando a lo largo de todos los años adultos y predominaría en la adultez tardía
y vejez. La experiencia de generatividad de la mediana edad incluiría así, tanto un senti-
do de eficacia personal tras la consecución de iniciales logros generativos, como la con-
ciencia de una capacidad para influir en el entorno social más amplio.
Más allá de la los años adultos intermedios, ¿qué ocurre con el desarrollo generativo
en la vejez? Por un lado, es de esperar que la realización generativa prepare especialmen-
te el camino de la integridad como forma particular de desarrollo de la personalidad con
el envejecimiento. La investigación avala esta hipótesis al identificar la generatividad
como potente predictor de la integridad (Torges, Stewart y Duncan, 2008). Por otra
parte, hay que reconocer que la generatividad específica de la vejez está ocupando un
lugar destacado en la sociedad contemporánea. Esta “generatividad del mayor” incluye
elementos propios como el autocuidado (“no resultar una carga para otros”) y la respon-
sabilidad de promover sentimientos de generatividad en los cuidadores más jóvenes.
También es posible que la generatividad en la vejez sea especialmente sensible a la retro-
alimentación que los mayores reciben de sus esfuerzos generativos, de tal manera que
decaigan si perciben poca receptividad en las nuevas generaciones (Cheng, 2009). Las
actitudes de los más jóvenes serían pues determinantes para continuar con la preocupa-
ción generativa en la vejez, subrayando la necesidad de extender los programas interge-
neracionales entre la población mayor. El interés por la aportación de la generatividad a
un envejecimiento satisfactorio será creciente sin duda en los próximos años (Amorós,
Bartolomé, Sabariego y de Santos, 2006; Kleiber y Nimrod, 2008).

Generatividad, bienestar psicológico y roles adultos


El vínculo general entre generatividad, madurez personal y adaptación psicológica
hipotetizado por Erikson se halla avalado por numerosos estudios, de tal manera que
todo lo que fomente el desarrollo generativo en los adultos repercute en su integración
psicosocial saludable (An y Cooney, 2006; McAdams y Logan, 2004). La satisfacción del
deseo interno de “inmortalidad simbólica” aparece como importante mediador entre
generatividad y bienestar, conexión particularmente intensa en la mediana edad (Huta y
Zuroff, 2007). No obstante, los adultos, a través de los roles sociales que asumen, dispo-
nen de una gran variedad de posibilidades para desarrollar y expresar su generatividad,
condicionadas a su vez por factores sociodemográficos como el nivel educativo, el sexo o
la generación de pertenencia. ¿Todas ellas poseen igual capacidad para promover el bie-
nestar? La investigación sobre generatividad, cuando se vincula de modo más diferen-
ciado al estudio de los roles sociales adultos, va mostrando algunas conclusiones tentati-
vas sobre esta cuestión:
1. Todas las variedades de expresión generativa contribuyen al bienestar psicológico, con cierta
preeminencia de la“generatividad social” en la mediana edad. En términos generales se identi-
fican cuatro variedades generativas: la procreatividad/parentalidad, la generatividad
social, la creatividad/productividad y el liderazgo. No existe una variedad generativa
que de modo exclusivo promueva el bienestar psicológico entre los adultos. Es cierto
que la experiencia de la paternidad supone un auténtico estímulo para promover el inte-
rés generativo, especialmente en los varones, tal y como corroboran nuestros datos lon-
gitudinales (Zacarés, Pérez-Brotons, Pérez-Blasco y Serra, 2004). Sin embargo, los adul-
tos sin hijos también parecen encontrar suficientes oportunidades para un desarrollo
generativo que contribuye a su bienestar (Rothrauff y Cooney, 2008). Además, de modo
llamativo, las experiencias de generatividad social parecen tener más peso en el bienes-
tar y satisfacción laboral en la mediana edad, tanto en padres como en adultos sin hijos
(An y Cooney, 2006; Clark y Arnold, 2008). La conexión de la productividad y el lide-
razgo con el bienestar ha sido menos estudiada, si bien Clark y Arnold (2008) verifican
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que en la mediana edad esta relación es débil en los varones. Estos autores explican este
hecho por tratarse de variedades generativas más ligadas a “obligaciones de rol”, justo
en un momento de su trayectoria laboral en el que los sujetos están menos interesados
en el reconocimiento formal y buscan otras motivaciones más personales.
2. Dentro de roles sociales particulares, la relación entre bienestar psicológico y generatividad
varía en función del componente generativo analizado. Dado que el interés, el compromiso y
la acción son componentes de la generatividad relacionados pero no equivalentes, sus
relaciones con otras variables deberían diferir. Se ha comprobado así una asociación más
intensa entre bienestar e interés que la hallada con los otros dos elementos generativos
(Grossbaum y Bates, 2002; Zacarés et al., 2002). Consideramos clarificadora la hipótesis
de Clark y Arnold (2008) cuando plantean que el bienestar asociado a la generatividad
tiene que ver más con la posibilidad efectiva de traducir valores y planes generativos en
conductas concretas, que con los componentes tomados por separado. Este acoplamien-
to sería más fácil de conseguirse en ciertas variedades generativas o en ciertos contextos
de rol más que en otros. Estos autores concluyen en su estudio que la generatividad
social fue el ámbito donde se produjo la mayor armonía entre la contribución generativa
deseada y la conseguida realmente.
3. La generatividad constituye un potente factor explicativo del ajuste alcanzado en diferentes
roles. La generatividad, cuando se incluye en el entramado del análisis de roles específi-
cos, aporta un antecedente evolutivo causal del grado de adaptación que el adulto mues-
tra en dichos roles. Lo que se entiende por “adaptación al rol” varía lógicamente de
acuerdo a las peculiaridades del mismo, pero diversas líneas de investigación apoyan
esta afirmación general:
– Los adultos más generativos son más efectivos como padres. Se caracterizan por
usar en mayor medida estilos parentales democráticos y estimular metas de crecimien-
to y autonomía en sus hijos adolescentes (Pratt, Danso, Arnold, Norris y Filyer, 2001;
Van Hiel et al., 2006). Los padres más generativos se implican más activamente en
diversas actividades de cuidado de los hijos (McAdams et al., 1998) pero asimismo una
mayor implicación en la crianza revierte en mayor desarrollo generativo (Palkovitz,
2002).
– Los adultos más generativos son más conscientes de su papel como modelos trans-
misores de valores a sus hijos y son más sensibles hacia otros aspectos intergeneraciona-
les familiares (Pratt, Norris, Arnold y Filyer, 1999). Este hecho hace que en la mediana
edad se anticipen y preparen para el cuidado de sus padres mayores más eficazamente.
Peterson (2002) constató una menor sobrecarga “subjetiva” como cuidadoras y una
mayor importancia de los roles de madre e hija en una muestra de mujeres de mediana
edad con alta generatividad. También el desarrollo generativo alcanzado se asoció con la
satisfacción en el rol de abuelo (Thiele y Whelan, 2008).
– El ajuste en roles laborales se vincula con dimensiones generativas. La generativi-
dad social se relacionaría con la satisfacción laboral y el éxito subjetivo en la carrera
(Clark y Arnold, 2008). El desarrollo generativo podría tener más peso en la predicción
del bienestar laboral de los profesores que aspectos del rol tradicionalmente estudiados
por la psicología organizacional (Zacarés et al., 2002). La generatividad se convertiría así
en un factor preventivo del “síndrome de burnout” al posibilitar que el profesor inter-
prete sus motivaciones, metas y acciones en un marco más amplio que resulta congruen-
te con su propio desarrollo personal (Evans, 2009).
En definitiva, las tres conclusiones anteriores apuntan hacia una mayor atención
futura a la relación entre bienestar, roles adultos y generatividad. Si la generatividad
explica una parte sustancial de la adaptación a roles concretos resta por indagar con
mayor profundidad a través de qué medios llega a expresarse la generatividad en los
diferentes roles y bajo qué circunstancias es probable que se realicen las oportunidades
de expresión generativa inherentes a algunos de ellos (p.ej. en “profesiones generativas”
como las del ámbito educativo). Sería también de interés conocer qué expresiones gene-
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rativas acontecen en situaciones particularmente difíciles para ello y si existen algunos
niveles mínimos de expresión generativa global en el sistema de roles como requisito
para el desarrollo óptimo, tal y como sugieren MacDermid, Franz y De Reus (1998).

Conclusiones
El camino recorrido en esta revisión avala nuestra tesis inicial de proponer el cons-
tructo de la generatividad como uno de los candidatos más idóneos para la integración
conceptual de los estudios sobre desarrollo adulto. La investigación sobre la generativi-
dad de estos últimos veinte años ha contribuido a rellenar lentamente algunas partes de
ese “mapa en blanco” que mencionábamos en nuestra introducción. Aunque la genera-
tividad pueda actuar como uno de los centros del vasto territorio del desarrollo adulto,
sus conexiones con otros núcleos principales y secundarios han de ser todavía especifica-
das. Más aún, las influencias normativas históricas exigen una readaptación continuada
de este mapa. Señalaremos por ello tres direcciones en las que el trabajo sobre la genera-
tividad ha de seguir avanzando: la profundización teórico-empírica, el análisis de su sig-
nificado en el actual momento sociocultural y su inclusión en la práctica profesional.

La profundización en la teoría e investigación sobre la generatividad


En nuestra opinión, tres aspectos se han de priorizar en este terreno. En primer lugar,
se ha de retomar la perspectiva genuinamente psicosocial de Erikson. La generatividad
no reside sólo en el individuo como un atributo de personalidad. Erikson también la
consideraba como el “adhesivo cultural por el cual las tradiciones y creencias apreciadas
se crean, mantienen y revitalizan a través de la transmisión intergeneracional” (de St.
Aubin, McAdams y Kim, 2004, p. 266). Desde este punto de vista la generatividad
puede existir en diversos niveles del contexto, en todos aquellos en los que la transmi-
sión intergeneracional de aquello considerado valioso esté en juego (instituciones como
la familia o la escuela, políticas sociales, leyes, etcétera). La investigación futura debería
ser capaz de articular esta interrelación entre dinámica cultural, instituciones sociales y
vidas individuales y arbitrar procedimientos para evaluar la generatividad en los ámbi-
tos más colectivos. Un fructífero punto de partida sería el análisis de la generatividad
individual en un marco relacional familiar teniendo en cuenta las aportaciones de los
modelos transgeneracionales de Terapia Familiar (Ochoa de Alda, 2004).
En segundo lugar, se ha de continuar delimitando conceptualmente la generatividad
tanto en sus fronteras “externas” como “internas”. Por un lado, se ha de distinguir de
nociones relacionadas como las de “altruismo”, “orientación de futuro” o “creatividad”.
Igualmente se habría de conectar con conceptos sistémico-evolutivos como los de “ciclo
vital familiar” y “salud familiar” (Ríos-González, 2005). Por otro, la teoría e investiga-
ción ha de ser sensible a cómo las facetas de la generatividad (especialmente el interés, el
compromiso y la acción) se expresan diferencialmente en al menos cuatro tipos de gene-
ratividad (la productividad, el liderazgo, el cuidado comunitario e interpersonal no
familiar y el cuidado familiar) y de modo altamente contextualizado en los roles princi-
pales de un adulto (p.ej. hay roles laborales que posibilitan varios tipos de generatividad
y otros que no). Es esperable que cada una de esas variedades particulares presente dife-
rentes trayectorias evolutivas y correlatos a lo largo de toda la etapa adulta. Diferentes
formas de generatividad, por lo tanto, requerirán estudios independientes, empleando
medidas más específicas acordes a cada una de ellas. Instrumentos supuestamente gené-
ricos como las escalas LGS y GBC podrían ser más relevantes para ciertas variedades de
generatividad (Clark y Arnold, 2008) o para ciertas fases adultas más que para otras
(Cheng, 2009).
Por último, existe una tercera área, la de los aspectos “menos positivos” de la genera-
tividad. Éstos son, de mayor a menor “negatividad”, la creación de un “legado destructi-
vo”, las formas de generatividad que benefician a un grupo a costa de otro mediante ide-
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ologías de “pseudoespeciación” y los “perfiles de estancamiento”. Este último aspecto


hace referencia a la posible identificación de variedades de “estancamiento” ¿Hay un
único estilo “estancado” durante la adultez? Hipotetizamos que al menos se habría de
explorar la existencia de un “estilo de estancamiento transitorio-madurativo” y otro de “estan-
camiento apático”. El primero se produciría en adultos que en pleno conflicto entre ambos
polos adoptarían formas de autorrepliegue (restricción de actividades y relaciones, más
acciones de autocuidado físico y mental, etcétera) como única vía para reconducir el pro-
pio potencial generativo ante intensas dificultades en sus metas iniciales. Aunque
podría ir acompañado de indicadores de salud mental más baja (ansiedad, depresión,
etcétera) y prolongarse en el tiempo, este estancamiento tendría un carácter transitorio
porque acabaría desembocando en un desarrollo generativo más maduro. El segundo
estilo, más resistente al cambio, reflejaría las resoluciones inmaduras de las crisis ante-
riores (p.ej. en continuidad con una identidad difusa adolescente) y estaría definido
sobre todo por ese desinterés hacia el propio crecimiento personal, bien descrito en los
trabajos de Bradley y Marcia (1998) y de Van Hiel et al. (2006).

El significado cultural de la generatividad en el presente momento histórico


Culturalmente hablando, la generatividad supone tanto tradición como innovación,
tanto conservar lo que parece valioso como transformar lo que precisa mejorarse con la
meta común de fomentar el desarrollo y el bienestar de las futuras generaciones ¿No
intuimos acaso que estamos viviendo hoy un ocaso cultural de la transmisión intergene-
racional? ¿Cómo hacerlo en un contexto de rápidos cambios sociales? Nos gustaría ilus-
trar, al menos someramente, cómo algunas de estas transformaciones históricas inciden
en la comprensión del desafío generativo:
– Se producen “desajustes generativos” más agudos, puesto que muchos contenidos
“tradicionales” que ofrecen las generaciones mayores no son valorados por las nuevas
generaciones y seguramente no van a ser los que necesitarán en un futuro. ¿Qué trans-
mitir entonces? Como K. Erikson (2004) señala, es más adaptativa una nueva forma de
generatividad centrada en educar sobre “cómo pensar” y en otras disposiciones generales
que en trasvasar contenidos concretos sobre los “qué pensar”.
– Las prioridades de valor afectan inevitablemente al modo en que la generatividad se
representa culturalmente y se dirige hacia uno u otro objetivo. La generatividad social,
muchas veces focalizada en el cuidado de otros lejanos y distintos a uno mismo (p.ej. en
otros países a través de ONG´s) o en un cuidado de amplio espectro (p.ej. el cambio climá-
tico), se destaca hoy frente a otras variedades generativas. Este fenómeno se ve reforzado
porque la potencia de los medios tecnológicos ha extendido las posibilidades de inclusivi-
dad –que no de implicación– en el cuidado de “los otros lejanos”. ¿Cómo afecta ello a las
metas generativas que se plantean los jóvenes adultos, muchos de los cuales tienden a pos-
tergar la generatividad parental o incluso a relegarla a un segundo plano? ¿Qué repercusio-
nes futuras tiene esta menor demanda cultural de formas “próximas” de generatividad?
– En la misma línea de la observación anterior, la insistencia actual en el cuidado pro-
pio, en el cuidado de uno mismo en los diferentes ámbitos de disfrute hedónico (físico,
ocio, etcétera) puede dificultar la necesaria autotrascendencia asociada a la generativi-
dad. Bradley y Marcia (1998) se sorprendieron del escaso número de adultos verdadera-
mente generativos que encontraron en su muestra. ¿Tiene que ver este hecho con expec-
tativas culturales que fomentan estilos “pseudogenerativos” o “estancados” entre la
población adulta?

La generatividad aplicada
Aquellos profesionales e investigadores interesados en la optimización evolutiva
podrían incluir en sus acciones y aportaciones la “dimensión generativa”. Creemos que
más que de un área independiente de “intervención en generatividad” será más útil refe-
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rirse a una generatividad aplicada “como infusión intencional de modos generativos en
las propias prácticas y en la evaluación de tales acciones” (de St. Aubin et al., 2004, p.
270). Efectivamente, ésta será una extensión lógica de la investigación básica sobre la
generatividad, consistente en el diseño, puesta en marcha y evaluación de programas y
políticas que apliquen la generatividad como una dimensión crítica de los mismos. Ya
hay ejemplos de ello: los programas intergeneracionales han considerado ese cuidado
recíproco que dos generaciones se proporcionan entre sí y tienen en la generatividad uno
de sus fundamentos evolutivos (Sánchez y Díaz, 2005). Otros ámbitos podrían también
beneficiarse: programas de rehabilitación, psicoterapia de adultos, sistemas de apoyo a
padres y docentes, políticas sociales, etcétera. Sin este trabajo aplicado difícilmente se
avanzará hacia una verdadera “sociedad generativa”.
En definitiva, la generatividad es un “tema transversal” que atraviesa muchas de las
cuestiones que interesan a los investigadores del desarrollo adulto, pero también a los
propios adultos en desarrollo y a nuestra sociedad en su conjunto. Deseamos por ello
que la reflexión en torno a las ideas planteadas en este artículo sirva al menos para esti-
mular la preocupación generativa de los lectores. A todos, a los ya llegados y a los por
venir, nos va mucho en este empeño.

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