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Democracia representativa

El gobierno representativo es aquel en que el titular del poder político no lo


ejerce por sí mismo sino por medio de representantes, quienes a su turno
formulan las normas jurídicas, las hacen cumplir, deciden los problemas
públicos y desempeñan las más importantes funciones de la soberanía.
Cuando el pueblo, como titular del poder político, designa representantes suyos
para la integración de los órganos que ejercen los diversos atributos del
mando, existe la democracia representativa.

En este sistema el poder legislativo, encargado de hacer o cambiar las leyes,


es ejercido por una o varias asambleas o cámaras de representantes, los
cuales reciben distintos nombres dependiendo de la tradición de cada país y de
la cámara en que desarrollen su trabajo, ya sea el de parlamentarios,
diputados, senadores o congresistas. Los representantes normalmente están
organizados en partidos políticos, y son elegidos por la ciudadanía de forma
directa mediante listas abiertas o bien mediante listas cerradas preparadas por
las direcciones de cada partido, en lo que se conoce como elecciones
legislativas.

El poder ejecutivo recae en un gobierno compuesto por una serie de ministros,


cada uno de ellos encargado de una parcela de gobierno o ministerio, y es
encabezado por un jefe de estado, presidente o primer ministro, dependiendo
de cada país concreto.

En algunos países como Argentina, Chile, Colombia, Perú, o México, (y en


general en la mayoría de países americanos con regímenes democráticos) el
jefe de gobierno es elegido directamente por la ciudadanía mediante un
proceso electoral independiente del legislativo, es decir, mediante elecciones
presidenciales. En otros países como España, Cuba, Reino Unido, Italia o
Japón, es elegido de manera indirecta por los representantes de la asamblea,
normalmente como culminación de las correspondientes elecciones
legislativas.

Actualmente la mayor parte de la humanidad vive bajo este tipo de sistema


democrático, ya sea bajo el formato de monarquía parlamentaria o bien bajo el
de república, siendo ambos formatos muy similares en lo esencial. Se trata del
sistema de gobierno más exitoso y con mayor implantación desde los tiempos
de la monarquía absoluta.

Existe un amplio acuerdo, prácticamente a nivel mundial, de que la democracia


representativa es el mejor sistema de gobierno posible. O por lo menos de que
es el menos malo, expresión bastante popular que indica que a pesar de sus
defectos las posibles alternativas son menos eficientes

No obstante, existen algunos colectivos repartidos por diferentes países con


sistema de democracia representativa, que critican esta forma de democracia
por considerarla en realidad poco democrática. Estos colectivos abogan por
una profundización en la democracia hacia formas de democracia participativa
y democracia directa, y en menor medida de democracia deliberativa.

Función de los partidos políticos

Algunos críticos de la democracia representativa argumentan que la existencia


de los partidos políticos hace que los representantes sean forzados a seguir las
líneas ideológicas, así como intereses específicos de su partido, en lugar de
actuar según su propia voluntad o la de los electores. Aunque por otra parte se
puede pensar, y suele argumentarse que los electores han expresado ya su
voluntad en las elecciones, votando por un programa electoral que después se
espera que los representantes cumplan, si bien dicha voluntad puede verse a
su vez limitada por la escasez o existencia limitada de partidos políticos con
presencia electoral, por una capacidad desigual de difusión y financiación de
sus respectivas campañas electorales, por la presencia de listas cerradas, o
por la escasez de diferencias entre sus respectivos programas políticos (algo
particularmente frecuente en el caso de modelos fundamentalmente
bipartidistas).

Otro problema importante de las democracias representativas es la corrupción,


esto es, el abuso de poder resultante de aprovechar un puesto de
representante para obtener beneficios personales lo que llevado al extremo
puede llevar a la cleptocracia. Otro problema es el creciente coste de las
campañas electorales, que puede hacer que los candidatos y partidos
establezcan acuerdos con quienes han financiado su campaña, en el sentido
de legislar a su favor una vez que el candidato ha sido elegido, promoviendo
una plutocracia.

Otra crítica es el bipartidismo en el que desembocan muchos sistemas de


partidos. Esta situación suele conllevar que dos partidos acaparen casi en
exclusiva la atención de los medios y de la opinión pública, pasando el resto de
partidos más o menos desapercibidos de cara al grueso de la población.

A pesar de todas estas críticas, mucha gente arguye que la democracia


representativa es el mejor sistema de gobierno posible, o al menos el más
viable de todos los conocidos o practicados. Por ejemplo Les Marshall, un
experto en la expansión de la democracia hacia naciones que tradicionalmente
no han sido democráticas, sostiene que "globalmente, no hay una alternativa a
la democracia representativa basada en los partidos". La realidad es que la
democracia representativa es el sistema de gobierno predominante en los
países generalmente considerados por ella misma como democráticos, en los
que tienden a predominar modelos económicos basados en la economía
capitalista nacional de libre mercado (comúnmente asociada al liberalismo,
particularmente político y económico). Otros constitucionalistas como los
argentinos German J. Bidart Campos, Jorge Reinaldo Vanossi y desde otra
óptica Roberto Lopresti, sostienen que incluir formas directas de democracia,
como la revocatoria de mandatos o la iniciativa popular mejoran y depuran el
funcionamiento institucional preponderantemente indirecto. Aun así existen
unos pocos países con tradición de democracia directa de manera pura como
es el caso de las landgemeinde en Suiza principalmente y en todo el mundo.

Averíguate los nombres de quienes nos


representan políticamente osea los
principales (poder legislativo, ejecutivo, y
judicial): presidente, vice presidente y
ministros. Y haces mención de los
congresistas no sus nombres, son
demasiados (Ricardo Juárez)
Pluralismo en el Perú

Tal como se reconoce en el artículo 149º de la Constitución Política del Perú,


en la vida interna de las comunidades campesinas existe una organización
jurídica que, desde sus tiempos originales, envuelve todas las relaciones en las
que se halla inmersa la comunidad. Incluye desde la individualidad de cada
comunero hasta la comunidad como un ente colectivo, interrelacionando en el
medio, las relaciones familiares, culturales, económicas, sociales y políticas de
todos sus miembros. Esto hace suponer, la existencia un ordenamiento jurídico
que responde a la identidad cultural de las comunidades, que regula todos los
aspectos en los que éstas se hallan inmersas, adecuándose a su propia
racionalidad y rango de valores y que puede, perfectamente, ser considerado
como derecho comunal consuetudinario.

Este derecho comunal consuetudinario conceptualizado como el “conjunto de


normas jurídicas de observancia general, originadas en la costumbre y la
tradición, que tiene por objeto la regulación de las interrelaciones familiares,
sociales, económicas y culturales en que se halla inmersa la comunidad
campesina atendiendo a su propia racionalidad y cosmovisión”. En el término
“regulación de interrelaciones culturales” queremos insertar la comunicación
existente entre el derecho de la comunidad campesina y el derecho “ordinario”.
No se puede negar, que normas publicadas en el diario oficial El Peruano han
sido comprendidas en el derecho comunal, pero más que como una asimilación
o reconocimiento de la autoridad de las mismas, se incorporan como un
mecanismo de preservación de la comunidad frente a ellas.
De lo dicho, ¿podríamos afirmar que en el Perú existe un pluralismo jurídico?.
Pareciera que existen dos ordenamientos jurídicos distintos: uno positivo
emanado del Estado, quien se arroga la potestad legislativa de forma exclusiva
y, otro, que responde a una estructura racional distinta de la anterior y que
tiene en la costumbre su principal fuente y en el que se insertan normas no
necesariamente jurídicas sino también reglas éticas, religiosas y hasta
“irracionales”, desde nuestra perspectiva cultural. Antes de dilucidar esta
disyuntiva, es necesario determinar qué entendemos por “pluralismo jurídico”.
De modo genérico, se entiende por tal a “una situación en la que dos o más
sistemas jurídicos coexisten en el mismo espacio social”[2]. Yrigoyen define el
concepto con más detalle y afirma que el pluralismo jurídico es “la existencia
simultánea –dentro del mismo espacio de un Estado– de diversos sistemas de
regulación social y resolución de conflictos, basados en cuestiones culturales,
étnicas, raciales, ocupacionales, históricas, económicas, geográficas, políticas
o por la diversa ubicación en la conformación de la estructura social que
ocupan los actores sociales”.

Con un concepto así planteado, desde la perspectiva iuspositivista, no


podríamos negar que hay dos ordenamientos jurídicos que responden a
parámetros culturales diferentes, con su propia prelación de fuentes, con
distintos agentes productores, con diversas formas de procedimiento y hasta
con sujetos de derecho diferentes; sin embargo, no es suficiente. El derecho,
[
más que una expresión formal, es un producto social creado por el hombre
para satisfacer sus necesidades de convivencia social en la que la ley o la
costumbre son sólo medios por los que discurre y se expresa el derecho. Como
afirma Coterrell “La vida social tiene su propia dinámica; el derecho (...) no
posee existencia independiente, sino que refleja dicha dinámica social. Está
profundamente enraizado en los procesos de desarrollo social, siendo
virtualmente impotente para alterarlos” [4]. Así el derecho es expresión de las
reglas del mutuo intercambio en la competitividad social. Para las
consideraciones conceptuales, no importa el modo o medio utilizado, sino el
origen y la finalidad: la sociedad y la resolución de sus conflictos, y así, al
derecho consuetudinario poco le importa tener que recurrir al derecho emanado
del poder legislativo si con ello sabe que resuelve las situaciones difíciles al
interior de las comunidades, o el derecho emanado de los órganos estatales
recoge instituciones consuetudinarias, si con ellas interpreta el sentir de parte
de la sociedad nacional, contribuyendo de ese modo al orden, unidad y
cohesión social. Por lo tanto, no puede afirmarse que entre el derecho ordinario
y el derecho comunal existan posiciones paralelas u opuestas; por el contrario,
el derecho comunal, en la medida en que se enriquece con las experiencias
vividas a través del tiempo, va incorporando patrones propios de la cultura
urbana; así, en la resolución de conflictos se ha introducido la escritura y el
idioma castellano. No basta la decisión de la asamblea comunal, sino que, a
efectos de darle solemnidad al acto y exigir el cumplimiento de lo mandado, se
levanta actas de los acuerdos, una formalidad que no existía en los ayllus
prehispánicos y que, probablemente, se ha introducido bien entrada la
República. A nuestro entender, y dada la práctica previa a la dación de la actual
Constitución, la escritura y el castellano se “reciben” con el objeto de que
dichas actas sean reconocidas como tales por el derecho ordinario o para no
distinguirse de éste.
La recurrencia, por parte de las comunidades campesinas, al derecho estatal
sólo se efectúa en caso de “extrema necesidad”; cuando el conflicto se agrava.
Esto no significa la negación del derecho "ordinario", por el contrario, se acepta
de forma íntegra, aunque sólo cuando sus propios mecanismos de control
social ya no dan resultado, del mismo modo que, el derecho "ordinario" ha
hecho expreso reconocimiento de las formas propias comunales de posesión y
propiedad de la tierra. Esta interacción socio-cultural no permite distinguir con
claridad los límites de uno u otro “ordenamiento”, por lo que antes de hablarse
de “ordenamientos jurídicos aislados” debería hablarse de “campos sociales
semi-autónomos”, los que se caracterizan por dos elementos principales: su
capacidad de crear normas y la suficiencia para inducir o forzar la conducta de
sus miembros en base a dichas normas, sin importar si dichas normas
responden directamente al orden jurídico estatal o si operan de manera semi-
autónoma con respecto al derecho del Estado. Finalmente, ¿podría hablarse de
pluralismo jurídico en el Perú, cuando, justamente el art. 149º de la
Constitución reconoce como parte del ordenamiento nacional al derecho
consuetudinario de las comunidades campesinas? Precisamente es por este
artículo que se niega que exista un derecho "oficial" y un derecho paralelo e
“informal”. Existe un único orden jurídico nacional en el que se integra el
derecho consuetudinario, de peculiares características, que regula la vida
social de las comunidades campesinas, las cuales actúan como “campos
[
sociales semi-autónomos”. En todo caso, parafraseando a Griffiths, podría
decirse que el Perú es un Estado con un sistema jurídico “plural”, en el sentido
que “el soberano” dirige distintos cuerpos jurídicos a diferentes grupos de la
población, variando según la región, etnia, religión, etc., y cuando estos
“regímenes legales paralelos” son todos dependientes del sistema jurídico
nacional. La unidad de nuestro sistema jurídico nacional no se funda en las
diferencias culturales ni en la semejanza de las fuentes materiales que
producen ambos derechos –el positivo-legalista y el consuetudinario– sino en la
derivación de una misma norma fundamental que los reconoce y en la realidad
nacional que lo permite.

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PRINCIPIO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

1. Antecedentes Históricos

1.1. Origen del Principio de Presunción de Inocencia


Si bien podemos encontrar antecedentes del principio de presunción de
inocencia en el Derecho Romano, especialmente influido por el Cristianismo,
este se vio invertido por las prácticas inquisitivas de la baja Edad Media. Así, es
solo en la Edad Moderna que autores como Hobbes, Montesquieu y Beccaria,
por nombrar algunos, reafirman este principio.
De esta manera, Beccaria, en su obra capital De los Delitos y de las Penas
establece que la presunción de inocencia es un principio necesario,
manifestando que: “un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia
del juez, ni la sociedad puede quitarle la pública protección sino cuando esté
decidido que ha violado los pactos bajo los que fue concedida”.

2. Conceptos y Significados de la Presunción de Inocencia


Luzón Cuesta, citado por Raúl Cárdenas Rioseco señala que: “la presunción de
inocencia es un derecho subjetivo público, que se ha elevado a la categoría de
derecho humano fundamental que posee su eficacia en un doble plano: por una
parte, opera en las situaciones extraprocesales y constituye el derecho a recibir
la consideración y el trato de no autor o no partícipe en hechos de carácter
delictivo o análogos a éstos; por otro lado, el referido derecho opera
fundamentalmente en el campo procesal, con influjo decisivo en el régimen
jurídico de la prueba”.

Es necesario señalar que la presunción de inocencia representa una condición


inherente a la persona que, en tanto sujeto de derecho, puede ser objeto de
persecución penal por existir probabilísticamente la posibilidad infinitesimal de
ser culpado de un delito, consecuencia que únicamente se alcanzaría si y solo
si se logra el grado de incertidumbre suficiente, exigido en un ordenamiento
jurídico dado, para adquirir la convicción de que la probabilidad infinitesimal
que se tenía al inicio del proceso penal se ha incrementado de tal modo que,
por elementos empíricos se ha transformado en la verdad procesal que se
refleja en una sentencia definitiva condenatoria, verdad que aunque relativa,
pues ella deviene de un razonamiento inductivo, es la única que se puede
alcanzar y que como miembros de un Estado de Derecho se acepta
tácitamente, ya que es el medio que se ha dado para proteger valores que se
estiman esenciales.
Con lo anteriormente establecido, se tiene el fundamento de muchas
instituciones procesales, como el in dubio pro reo o el onus probandi, entre
otras, dado que si los órganos del Estado, encargados de llevar adelante la
acción penal y la investigación de ella, no logran, por medio de elementos de
convicción empíricos, acrecentar la probabilidad infinitesimal, que tiene una
persona, de ser culpado de un crimen, se debe optar por considerar como
verdad procesal la inocencia de aquella, pues es esta la condición la que goza
de mayor grado de certeza.

3. Naturaleza de la Presunción de Inocencia


La presunción de inocencia sienta sus bases en postulados que denotan su
naturaleza. Es así que siguiendo la doctrina descrita por Miguel Ángel
Montañés
Pardo se tiene lo siguiente:
3.1. La Presunción de Inocencia como Garantía Básica del Proceso Penal

La presunción de inocencia es, en primer lugar, el concepto fundamental en


torno al cual se construye el modelo de proceso penal, concretamente el
proceso penal de corte liberal, en el que se establecen garantías para el
imputado.
Desde esta perspectiva, la presunción de inocencia constituye, en el ámbito
legislativo, un límite al legislador frente a la configuración de normas penales
que implican una presunción de culpabilidad y conllevan para el acusado la
carga de probar su inocencia.

3.2. La Presunción de Inocencia como Regla de Tratamiento del


Imputado
La presunción de inocencia también puede entenderse como un postulado
directamente referido al tratamiento del imputado durante el proceso penal,
conforme el cual habría de partirse de la idea de que el imputado es inocente y,
en consecuencia, reducir al mínimo las medidas restrictivas de derechos del
imputado durante el proceso.

3.3. La Presunción de Inocencia como Regla de Juicio del Proceso


La principal vertiente del derecho a la presunción de inocencia es su significado
como regla probatoria del proceso penal. La presunción de inocencia, en este
sentido, puede considerarse como una regla directamente referida al juicio de
hecho de la sentencia penal, con incidencia en el ámbito probatorio, conforme a
la cual la prueba completa de la culpabilidad del imputado debe ser
suministrada por la acusación, imponiéndose la absolución del inculpado si la
culpabilidad no queda suficientemente demostrada.

3.4. La Presunción de Inocencia como Presunción “Iuris Tantum”

En cuanto presunción “iuris tantum”, la presunción de inocencia “determina la


exclusión de la presunción inversa de culpabilidad criminal de cualquier
persona durante el desarrollo del proceso, por estimarse que no es culpable
hasta que así se declare en Sentencia condenatoria, al gozar, entre tanto, de
una presunción
“Iuris Tantum” de ausencia de culpabilidad, hasta que su conducta sea
reprochada por la condena penal, apoyada en la acusación pública o privada,
que aportando pruebas procesales logre su aceptación por el Juez o Tribunal,
en relación a la presencia de hechos subsumibles en el tipo delictivo, haciendo
responsable al sujeto pasivo del proceso”.
Leydi Córdoba envíale tus Diapositivas a
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4. Principio de Presunción de Inocencia


El principio de inocencia es un derecho fundamental para la adecuada práctica
del Derecho Penal y su ejecución; es decir, el Derecho Procesal Penal, no
obstante, el objetivo de este análisis es el de determinar cuán importante puede
resultar en su adecuada aplicación.
Es así, que en su aplicación la presunción de inocencia como figura procesal y
aun un poco más importante, es decir, constitucional, configura la libertad del
sujeto (sin olvidar los derechos fundamentales consagrados en toda
Constitución) que le permite ser libre en cuanto por actitudes comprobadas no
merezca perder su libertad, como ocurre cuando una persona recibe algún tipo
de sanción penal a consecuencia de una conducta adecuada a la tipificación
penal, además de haber sido comprobada según el procedimiento vigente para
el juicio. La calidad de “ser inocente” es una figura que sólo le interesa al
derecho en su aplicación.

5. Alcances de la Presunción de Inocencia


La presunción de inocencia constituye para unos un derecho y para otros una
garantía. Siguiendo al español Jaime Vegas Torres, citado por César San
Martín Castro presenta tres alcances:
1) Como concepto fundamental en torno al cual se construye todo un modelo
de proceso penal, en el que se mira fundamentalmente a establecer garantías
para el imputado frente a la actuación punitiva estatal.
2) Como postulado directamente referido al tratamiento del imputado durante el
proceso penal, conforme al cual habría de partirse de la idea de que el
inculpado es inocente y, por tanto, reducir al mínimo las medidas restrictivas de
derechos en el tratamiento del imputado durante el proceso.
3) Como una regla directamente referida al juicio de hecho de la sentencia
penal, con incidencia en el ámbito probatorio, conforme a la cual, la prueba
completa de la culpabilidad del imputado debe ser suministrada por la
acusación, imponiéndose la absolución del inculpado si la culpabilidad no
queda suficientemente demostrada”.

6. La Presunción de Inocencia como un Derecho Fundamental


La presunción de inocencia forma parte del bloque constitucional de derechos,
porque está asegurado y garantizado tanto en la Convención Americana de
Derechos Humanos como en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos.
El artículo 11.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada
por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948,
dispone que: “toda persona acusada de un delito tiene derecho a que se
presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley
y en juicio público en el que se hayan asegurado todas las garantías
necesarias para su defensa”.

7. La Presunción de Inocencia en la Constitución Política del Estado


A lo largo del trabajo se denota que la presunción de inocencia es un postulado
básico de todo ordenamiento jurídico procesal, instituido generalmente como
garantía constitucional en diversos países16. El principio está dirigido a
conservar el estado de inocencia de la persona durante todo el trámite
procesal. La vigencia del principio determina que un procesado no puede ser
considerado ni tratado como culpable, menos como delincuente, mientras no
exista una sentencia condenatoria que adquiera la calidad de cosa juzgada
formal y material. Esto implica que únicamente la sentencia condenatoria firme
es el instrumento idóneo capaz de vencer el estado de presunción de inocencia
del procesado.
8. El Estado Jurídico de Inocencia en los Tratados Internacionales sobre
Derechos Humanos
A partir del término de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo
moderno se han visto en la necesidad de consagrar en textos internacionales
los derechos inherentes a la persona humana, convenciones que obliguen a los
Estados en forma universal. Acaso esta toma de conciencia se debe a las
atrocidades de la guerra cometidas por todos los países que tuvieron
participación activa en ella.

9. Desarrollo de la Jurisprudencia Constitucional


Alcance
 del Principio de Presunción de Inocencia
Sobre este instituto, en la SC 0012/2006-R, de 4 de enero, se dijo:
“Este es un postulado básico de todo ordenamiento jurídico procesal, instituido
generalmente como garantía constitucional en diversos países. El principio está
dirigido a conservar el estado de inocencia de la persona durante todo el
trámite procesal. La vigencia del principio determina que un procesado no
puede ser considerado ni tratado como culpable, menos como delincuente,
mientras no exista una sentencia condenatoria que adquiera la calidad de cosa
juzgada formal y material. Esto implica que únicamente la sentencia
condenatoria firme es el instrumento idóneo capaz de vencer el estado de
presunción de inocencia del procesado.”

CONCLUSIONES
La Constitución Política del Estado (art. 16.I) reconoce el principio de
presunción de inocencia, que representa una insoslayable garantía a efectos
de determinar la exclusión de la presunción inversa de culpabilidad hasta que
la conducta sea reprochada por condena penal.
Lo que este principio fundamental de presunción de inocencia determina es
que no se puede presumir a nadie autor de hechos o conductas tipificadas
como delito, mientras la autoría y la prueba de la concurrencia de los
elementos del tipo delictivo no sea acreditada por quienes, en el respectivo
proceso penal, asumen la condición de parte acusadora.
La presunción de inocencia garantiza, también, que en los procesos en que
se enjuician acciones delictivas exista una prueba de cargo suficiente, realizada
a través de medios de prueba constitucionalmente legítimos.
La presunción de inocencia está presente a lo largo de todas las fases del
proceso penal y de todas sus instancias.
La presunción de inocencia, deja de ser tal, en el instante en que la
sentencia condenatoria cobra autoridad de cosa juzgada formal y material.
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Principio de competencia
1.- Competencia y jurisdicción.-
Como se ha visto anteriormente la jurisdicción se considera como el poder
genérico de administrar justicia, dentro de los poderes y atribuciones de la
soberanía del Estado; competencia es precisamente el modo o manera como
se ejerce esa jurisdicción por circunstancia concretas de materia, cuantía,
grado, turno, territorio imponiéndose por tanto una competencia, por
necesidades de orden práctico. Se considera, entonces, tanto como facultad
del juez para conocer en un asunto dado, como también el conflicto que puede
existir por razón de competencia, como es el caso de conflicto o cuestiones que
pueden darse al respecto.
La jurisdicción es el género, mientras que la competencia viene a ser la especie
todos los jueces tienen jurisdicción, pues tienen el poder de administrar justicia,
pero cada juez tiene competencia para determinados asuntos.
2.- División de clases de competencia.-
Se consideraba antiguamente dividida la competencia por razón de la materia,
de calidadde las personas, y su capacidad y finalmente por el territorio. Sin
embargo, la clasificación mas aceptada es la considerada como la competencia
objetiva en cuanto al valor y la naturaleza de la causa; competencia territorial.
Otras clasificaciones aunque tienen valor doctrinario, no se ajustan a la
realidad, a una sistemática clasificación como la anteriormente mencionada.
3.- Competencia objetiva, funcional y territorial.-
La competencia objetiva es la que se encuentra determinada por la materia o el
asunto, como la cuantía, elementos determinantes. Así tenemos que para los
asuntos civiles y comerciales en el país, son competentes los jueces
especializados en lo civil así como para los asuntos penales lo serán los
especializados en lo penal y para los asuntos laborales los que conocen de
esta especialidad, ahora incorporadas por tal razón dentro del Poder Judicial
totalmente unificado.
En nuestro país, se acepta como norma general que el domicilio del
demandado es el componente para que se tramite legalmente un proceso civil
o mercantil con atingencias en cuanto al domicilio señalado en el Código Civil
en sus artículos 33 y siguientes, salvo la excepciones que pueden darse en los
nuevos cuerpos legales normativos.
Para los casos del fuero instrumental, o sea para la prestación de la obligación
contractual o cuasi contractual, se sigue la misma norma de ser competente el
juez del domicilio de la persona a la cual se demanda (domicilio del
demandado), pero en nuestro país puede a elección demandar ante el juez del
lugar señalado para el cumplimiento de la obligación; o ante el juez donde
desempeña la administración, en las demandas sobre rendición y aprobación
de cuentas.

4.- Criterios para fijar la competencia.-


Siendo el principio de legalidad el determinante de la competencia; en los Arts.
6 y 7 del Código Procesal Civil vigente los que señalan la irrenunciabilidad y la
indelegabilidad de las mismas salvo casos expresamente previstos en la ley o
en sus convenios internacionales respectivos.
Los criterios para fijar competencia según el C.P.C son:
Materia
Territorio
Cuantía
Grado
Conexión entre los procesos.
Competencia por razón de materia.-
Este factor se determina por la naturaleza de la pretensión procesal y por las
disposiciones legales que la regulan, resto es, se toma en cuenta la naturaleza
del derecho subjetivo hecho valer con la demanda y que constituyen la
pretensión y norma aplicable al caso concreto.
Competencia por razón de territorio.-
La razón de ser de este tipo de competencia es la circunscripción territorial del
juez recogiendo el vigente CPC el criterio subjetivo y objetivo; en primer caso
tiene en consideración el domicilio de la persona o litigante demandado o por
excepción demandante, como por ejemplo en procesos sobre prestaciones
alimenticias. En el segundo prima el organismo jurisdiccional de la sala o
tribunal como por ejemplo las salas de la corte suprema tienen competencia en
toda la republica, en tanto que una sala superior solo en el distrito judicial
correspondiente y un juzgado correspondiente y un juzgado de provincia tan
solo ella.
Competencia por razón de cuantía.-
El criterio de la cuantificación del asunto o conflicto de intereses para fijar la
competencia, abarca de un lado de la cuantía propiamente dicha y de otro
procedimiento en que se debe sustanciar el caso en concreto.
5.- Cuestionamiento de la competencia.-
Superando los dos métodos de cuestionar la competencia civil que existe que
extensamente fue analizado con el Código de Procedimientos Civiles de 1912
derogado, a través de la contienda de competencia y declinatoria de
jurisdicción , en el nuevo código de 1993, se distingue con nitidez que los
factores y criterios del tema anterior por razón de materia, cuantía, y grado son
de carácter inflexible y absoluto dada su naturaleza imperativa pero ello no
ocurre en relación al territorio, por establecerse en función de las partes y en
exclusivo interés de las mismas.
6.- Prevención y competencia.-
Es el principio de nuestro derecho procesal el de la prevención en relación a la
competencia, especialmente funcional.
El juez que conoce primero, previene y le reconoce competencia por haber
anticipado en el conocimiento de la causa.
7.-El principio de legalidad y la competencia civil en el CPC vigente.-
Resulta pertinente en estos estudios de Derecho Procesal volver a referirnos al
principio de legalidad y la competencia civil.
La ley puede dar solución a problemas que tienen que ver con la competencia
a la vez, que con las leyes recientes como por ejemplo la del notariado que
entre en otras atribuciones típicamente notariales extendía labores que
tradicionalmente desempeñaban los juzgados en relación a la legislación de
libros de contabilidad y que por tanto atribuir a los notarios, dejaba a los
juzgados civiles sin esta antigua función en el Derecho Peruano.
En julio de 1995, por ley 26501 se establece que tanto los notarios como los
jueces de paz letrados son "competentes" para legalizar la apertura de libros
contables, así como otros libros que señala la ley según elección de usuario.
Indudablemente que si los usuarios optan por la competencia judicial en cuanto
a la legalización de tan importante documentación contable, deberá abonar
tazas judiciales respectivas.

Arenas esta es tu parte envíame al final


las diapos que arregles y ahí adjunto lo
mío y lo exponemos el martes ok