Вы находитесь на странице: 1из 11

Los notables peruanos relegados a Chile durante la ocupación de Lima. 1881-1883.

Una propuesta metodológica para el estudio de los prisioneros políticos en la


Guerra del Pacífico1

Tiery Amigo López2

Resumen:

El presente trabajo analiza las medidas que toma el Estado chileno en contra de la clase
política, económica e intelectual de Lima, durante la ocupación de la ciudad, una vez que esta
decide no ceder el territorio peruano de Tarapacá, Tacna y Arica a Chile como parte de la
indemnización del conflicto. Es así, que la clase política decimonónica decide relegar a diversas
ciudades del sur chileno a un selecto grupo de notables (“la flor y nata del Perú”3), para realizar
las negociones de paz y de esta manera extender la frontera para el Estado. Además, este trabajo
busca develar por medio del precedente de los relegados políticos una propuesta metodológica
para el estudio de estos “prisioneros” que se escapan de la jurisprudencia internacional que regía
las guerras modernas.

1
Este trabajo fue presentado en el “XIV Encuentro Bolivia-Chile de historiadores, intelectuales y cientistas sociales”
realizado en la USACH en agosto de 2015. Para efectos del seminario Metodología de la Investigación
correspondiente al programa de magister en Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, y
dirigido por el Dr. Hugo Contreras, se actualizó en función de un ejercicio metodológico propio del curso, primer
semestre de 2018.
2
Licenciado en Historia. Estudiante de magister en Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
3
De esta manera la prensa chilena se refería a los relegados del Rimac.
1. Propuesta metodológica

Durante los tres últimos lustros, hemos presenciado una serie de nuevos trabajos en torno
al conflicto bélico que marcó, significativamente, a las naciones del Perú, Bolivia y Chile en las
postrimerías del siglo XIX. En este marco, se han presentado innumerables monografías,
investigaciones, tesis de licenciatura, magíster y doctorado que de alguna manera han intentado
explicar un proceso que da cuenta el control económico por parte de Chile del fertilizante natural:
el salitre.

En algunos casos se ha intentado restablecer explicaciones y nuevos enfoques a lo que


respecta el tratamiento de temas “sensibles” para la sociedad chilena, como es el traslado de
material científico del Perú a Chile. Conocido es el tema del encajonamiento de libros de
invaluable valor histórico acaparados por la elite santiaguina, y también “traídos” desde el Perú;
la ornamentación y bienes suntuosos llevados a diversas ciudades de Chile, un ejemplo de esto es
el emplazamiento de La Victoria en la plaza principal de Talca4.

Otros sucesos, poco estudiados, que siguen este orden de incomodidad en el estudio de la
guerra del Pacífico o Salitre, serían “los hijos de la guerra” y las relaciones íntimas entre oficiales
chilenos y mujeres peruanas5 en este caso, dentro de la historia social de la guerra resulta
novedoso pensando que la ocupación chilena en la ciudad de Lima perduró por cuatro años y el
contingente de soldados eran de gran cuantía.

Este tipo de enfoques también podemos contractar con una forma de hacer historia más
tradicional, donde la historia que se escribe como una justificación del proceso, sustentado por
regulaciones internacionales sobre la guerra; la jurisprudencia. En este sentido, el Centro de
Investigación de la Universidad Bernardo O´Higgins presenta trabajos en torno a la guerra del
Pacífico, dejando de lado el análisis en profundidad y remitiéndose a una historia unidireccional6
y descriptiva, con abundancia de datos pero carentes de análisis interpretativos, en este sentido el
orden cronológico y las fuentes parecieran que el problema histórico desaparece dentro de una
narración plana y sin matices.

4
Milton Godoy, “Destinado a perpetuar el recuerdo de La Victoria. Guerra y memoria en torno al monumento del 2
de mayo. Perú y Chile, 1866-1881” en Universum 32 N° 1 (2017); ““Ha traído hasta nosotros desde territorio
enemigo, el alud de la guerra”: confiscación de maquinaria y apropiación de bienes culturales durante la ocupación
de Lima, 1881-1883”, en Historia 44 vol. 2 (Santiago 2011).
5
Cfr. Milton Godoy. “Hijos de padres al servicio de nuestra república. El Estado de Chile y los hijos de funcionarios
chilenos nacidos durante la ocupación de Lima, 1881-1883”. Santiago de Chile [inédito]. 2017; María Lucía Valle
Vera, “Los hijos de la guerra: niños peruano-chilenos durante la ocupación de Lima (1881-1883)” en Histórica 41 nº
1 (Lima, 2017).
6
Patricio Ibarra y Germán Morong (editores), Relecturas de la Guerra del Pacífico. Avances y perspectivas, UBO
Ediciones, Santiago, 2018.

1
Despertar un interés por la historia social del conflicto y también una historia política del
proceso de la guerra se hace pertinente para dar nuevas perspectivas y re-abrir el debate, y así,
salir de los contenedores nacionales que se presentan en este tipo de temas que trastoquen la
filigrana chovinista. Pensar el proceso de la guerra dentro de una historia conectada7 es dable
para este caso sobre todo con temas como: los desertores8, prisioneros de guerra, relegados
políticos e incluso desde las artes escénicas9 del periodo.

Es así, que el inicio de esta guerra trastoca la dinámica de las naciones en conflictos, es
decir, son ambientes complejos y también los discursos que se desprenden evocan en un
momento los nacionalismos patrios10. Pero también hay que comprender que las guerras
modernas (teniendo como precedente el conflicto de Crimea 1853-1856 que marca un hito en las
guerras y también la guerra de Secesión de Estados Unidos11) que se rigen por el Código Lieber,
son replicados en Chile bajo el tratado retratados bajo El derecho de la guerra según los últimos
progresos de la civilización. Sin embargo, desde un punto de vista metodológico, es necesario
también replicar estos tratados que rigen las guerras, Malinowski atribuye al concepto de guerra
como un acto inherente al ser humano y que por lo mismo, las guerras tienen un ordenamiento
originario12.

Si bien los estudios realizados hasta ahora en Chile sobre la guerra del Pacífico no habían
reparado en los prisioneros de guerra, salvo el trabajo de Patricio Ibarra recientemente
publicado13, y las relegaciones durante la ocupación de Lima, como tampoco considerado las
repercusiones de dichas decisiones. Si bien este es un aspecto reconocido al interior del campo
intelectual chileno, resulta pertinente expandir analíticamente sus distintas aristas. La prensa de la
época informó sobre los traslados, como también lo hicieron los documentos de Estado
(Memorias de guerra, Ministerio del Interior, sesiones del Congreso). Por lo tanto, develar el
proceso de los desterrados a manos de sus homólogos chilenos, es rebatir las lógicas desplegadas
por el Estado durante la ocupación, a la vez que permite romper con las justificaciones históricas

7
Sebastian Conrad, Historia Global. Una nueva visión para el mundo actual. Critica, Barcelona, 2017.
8
Cfr. Alejandra Salazar, “Guerra y Nacionalismo durante las campañas de 1879-1884: El contradiscurso de los
desertores chilenos” (Tesis para optar al grado de licenciado en Historia, Universidad Academia de Humanismo
Cristiano, 2011);
9
Carlos Donoso y María Gabriela Huidobro. “La patria en escena. El teatro chileno durante la guerra del Pacífico”.
en Historia 48 Vol.1 (Santiago 2015)
10
Ídem.
11
John Keegan. Historia de la guerra, Editorial Turner, Madrid, 2014; Secesión: la guerra civil americana. Editorial
Turner, Madrid, 2011.
12
Bronislaw Malinowski, “Un análisis antropológico de la guerra”, en Revista Mexicana de Sociología vol. 3, Nº 4,
Ciudad de México, 1941
13 Patricio Ibarra Cifuentes, La guerra en cautiverio. Prisioneros de la Guerra del Pacífico (1879-1884), Legatum

Editores, Santiago, 2017; Fernando González, Donde triunfó el sentido humanitario. Depósitos de prisioneros en la
Guerra: El caso de San Bernardo, 2013.

2
que pretenden buscar o desviar la atención con un acto patriótico frente a un que resulta relevante
de trabajar, saliendo desde la lógica del vencedor/vencido14.

Teun A. Van Dijk propuso para analizar un discurso social que corresponde a un
fenómeno; práctico, social y cultural, puesto que los discursos, relatados generalmente en actos
oficiales, encuentros sociales, o desde la prensa, son contenidos (pensados) y ordenados para
convencer o persuadir a los receptores de la información15, que en este caso sería el público lector
de un periódico que se interesa por los acontecimientos de la guerra o discursos oficiales de las
autoridades del momento.

Pensado en este análisis desde el discurso, se puede evidenciar las interacciones que
tienen los documentos de los organismos públicos, como leer la prensa que, corresponde a una
opinión privada que representa a un sector que toma parte del vencedor, por tanto, el discurso que
se presente en esos medios de información será en función a diseminar una “noticia” (rumores)
que alarmen y estén en concordancia con los hechos.

Es así, que la configuración del discurso en la ocupación del Lima, pensado que los dos
periódicos más importantes en la ocupación eran administrados por el Estado Chileno, como lo
eran La Situación y La Actualidad. Entonces, cuando Chile toma la determinación de relegar a
los ciudadanos peruanos, los discursos que se presentarán serán en función de denostar al otro,
como así también se presentó en la prensa en las diversas campañas militares realizadas por el
ejército de Chile16. Estos discursos, también parecieran que dialogasen en solitario, por la
persistencia invalidación del otro y utilizando términos como de bárbaros.

Como hemos señalado, a los prisioneros de guerra durante el conflicto bélico, las
naciones “civilizadas” como la chilena, según la documentación oficial, optó por regirse bajo la
aplicación de la jurisprudencia internacional por medio del código Lieber, este manual indicaba
quienes eran o no prisioneros de guerra en alguna movilización. Para este caso, se debían cumplir
algunas condiciones básicas; como llevar uniforme de guerra, armas de servicio y estar al mando
de oficiales superiores.

Estas categorías, debían cumplir para ser un prisionero de guerra oficial. Evidentemente,
quedan fuera de esta descripción los hombres de Estado, diplomáticos, intelectuales, puesto que

14
Cfr. Gonzalo Bulnes, La Guerra del Pacífico III (Valparaíso: Imprenta Universo, 1919).
15
Teun A. van Dijk, El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II Una introducción. Gedisa
editorial, Madrid, 2009, 21.
16
William Sater, Tragedia Andina. La lucha en la Guerra del Pacífico 1879-1883, Centro de Investigación Barros
Arana, vol. 60, Santiago de Chile, 2016.

3
dentro de la oficialidad difícilmente se podían justificar la detención de estos sujetos, salvo si se
les acusara como espías que al parecer tenían otro tipo de trato.

No obstante, cuando nos referimos al traslado, relegamiento, confinamiento, de la clase


política y acomodada del Perú a Chile, no se puede clasificar dentro de esta normativa, puesto
que estos políticos e intelectuales no pertenecían al ejército regular, ni tampoco cargaban armas o
utilizaban uniforme de guerra. Para estos efectos, se hace necesario una relectura de las fuentes
históricas y también de la literatura: cartas, periódicos, documentos oficiales del Estado;
Ministerio de Guerra, Informes de la ocupación, y posicionar el trabajo desde una historia política
que explique los traslados dentro del contexto de la guerra y la situación forzosa que se fraguó
este hecho que decantaría con un nuevo territorio para el Estado de Chile, y también, el
fertilizante natural: el salitre.

Un concepto que puede referirse para este procedimiento que escapa de las normas
internacionales que regulan la guerra, sumados a las misiones de paz proveniente de la
diplomacia de Estados Unidos que, como árbitro, fracasó en las negociaciones de paz. Haciendo
un paragón los exilios latinoamericanos causadas por las dictaduras cívico-militares de la
segunda mitad siglo XX, y planteadas por los formalistas rusos, el extrañamiento es decir: “la
acción y efecto extrañar y apartar lejos de sí alguna cosa o destierro a país extranjero”17, se podría
clasificar el hecho de los relegados, dada su condición política y posición social que se distancia
de las campañas militares, el destierro como medida (que incluso fueron sacados del Perú junto a
sus familias).

Hay varios elementos a considerar como parte del hecho de los destierros, las condiciones
de vida de los sujetos, quienes eran, quienes costearon los traslados, la manutención. Sin
embargo, más allá de considerar estos hechos poco relevantes, más que contextualizar la vida
cotidiana de los principales actores en este conflicto, el trasfondo de este hecho particular, es que
por medio de esta acción por parte del Estado chileno, que se valió de los subterfugios legales
para elucubrar políticamente la salida al conflicto, obtenido el mejor de los tratos con la elite
peruana en tierras chilenas.

Es así, que la revisión de las fuentes documentales, no solos las chilenas, se hace
necesario y más allá de identificar a los sujetos de carne y hueso, es también atingente tomar
atención en nuevas metodologías de análisis para que en el caso de los desterrados peruanos a
Chile, no solo sean estudiados desde la óptica del derecho internacional o la diplomacia, sino
también desde prácticas que se utilizan los Estados modernos, para resolver conflictos relegando
a las elites para obtener los beneficios de la guerra.

2. El problema de los relegados

Para febrero 1879 la guerra había comenzado a través de la prensa, donde el imaginario
nacional se empapaba de un sentimiento nacionalista y, siguiendo a Benedic Anderson, se iba

17
Real Academia de la Lengua Española, Undécima Edición, Madrid, Imprenta Don Manuel Rivadeneyra, 1869.

4
construyendo un artefacto cultural a través de la pluma de la guerra18, organizando la
conflagración e induciendo a un orden pristino que solo Chile poseía frente a los “enemigos”

El articulista del periódico El Independiente y coronel del Ejército, José Antonio


Bustamante, expresaba que la guerra debía “ser dirijida con método i bajos los principios de la
Ciencia”,19 rectores de una guerra moderna. En esa lógica, La Situación y La Actualidad, dos
periódicos administrados por el Estado chileno que comenzaron su circulación durante la
ocupación, informaban al país sobre los procedimientos militares y cómo se esculpía la victoria
chilena en el territorio enemigo. Ese discurso civilizador20 de la prensa evidenciaba que “la
presencia chilena se entendía como una forma sui generis de contribución al progreso peruano”,
destacando el “implantar en suelo extraño y rebelde los bienes del orden i la moralidad, la obra
que en nuestro país nos ha hecho fuertes y felices”21. Este discurso, ya sea moralista o triunfalista,
si se piensa desde la Historia Militar demostraría que “una vez que el conflicto estalla la idea de
ganar es lo único importante para la opinión pública”22. Por ello, influir a una población lectora
con respecto a las “atrocidades” que ocurrían en el Norte, era parte de una estrategia para incitar a
la población contra un otro “corrompido”, “inmoral”, abyecto (punto discutible). Un ejemplo de
esto es el alistamiento voluntario de profesionales para la guerra, como es el caso del abogado
José Miguel Varela (Un veterano de tres guerras), quien motivado por el discurso de la prensa y
la prédica dominical, sintió el llamado a defender la patria en contra de “los horripilantes abusos,
vejámenes y torturas a los esforzados y sufridos chilenos que trabajaban el salitre y el guano en
Antofagasta y Cobija”23, haciéndose parte de la aventura del norte.

Ahora bien, este discurso que impuso el Estado a través de los periódicos de la ocupación,
se irá acentuando con la relegación de los notables, pues la propuesta de civilizar al Perú buscará
aleccionar a esta clase política, cobrando el rol histórico que tuvo aquella elite por lo que
significó el Virreinato. Por otro lado, Chile adopta la legislación de la guerra según el Convenio
Internacional de Bruselas, en ocho de sus artículos, que debidamente habían sido aceptados por
Perú y Bolivia al inicio de la conflagración. Estos apartados estaban a disposición de los oficiales
en el documento El derecho de la guerra según los últimos progresos de la civilización (1879)
que resumía ese convenio internacional24. Esto es interesante de señalar, puesto que la
18
Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo
(México: FCE, 2007), 17-25.
19
José Antonio Bustamante, La guerra con Bolivia y lo que debemos hacer para salir triunfantes (Santiago:
Imprenta de la República, 1880), 18.
20
Milton Godoy, ““Ha traído hasta nosotros desde territorio enemigo, el alud de la guerra”: confiscación de
maquinaria y apropiación de bienes culturales durante la ocupación de Lima, 1881-1883”, en Historia 44 vol. 2
(Santiago 2011), 294.).
21
Ídem
22
Víctor Davis Hanson, Guerra. El origen de todo (Madrid: Turner Noema, 2011), 44.
23
Guillermo Parvex, Un veterano de tres guerras. Recuerdos de José Miguel Varela (Santiago: Academia de
Historia Militar, 4° reim. 2015), 21.
24
Godoy, 295.

5
clasificación general que definía a un prisionero de guerra no calificaba con el perfil de la elite
limeña prisionera a fines del primer año de la ocupación.

Una vez consumada las batallas en la capital peruana, su clase política vivía el momento
más álgido desde el comienzo de la guerra: Chile ingresaba a la ciudad apoderándose de los
principales centros administrativos, como acción estratégica para el desarrollo de su empresa.

El 12 marzo de 1881, con la ayuda de la nueva autoridad residente, se constituye el


gobierno provisorio de Francisco García Calderón en la localidad de La Magdalena, inmediata a
Lima, donde se desocupó las armas chilenas para que este ejerciera el gobierno. Dos eran sus
objetivos: (1) “hacer desaparecer toda resistencia interior, invitando a la unión de los partidos
políticos; y (2) buscar la mediación eficaz de alguna potencia amiga que diera por resultado la
celebración de un tratado de paz sin desmembración del territorio peruano”25.

El primer objetivo se ve truncado puesto que existía la desconfianza de los partidos


políticos con el gobierno de La Magdalena, pues este había sido constituido acorde a las
instrucciones de Chile. El segundo objetivo tampoco tiene una buena acogida, ya que la
diplomacia internacional no reconoció la autoridad de García Calderón, pues aún se consideraba
vigente a Nicolás de Piérola,26 quien se había replegado en la sierra. Junto con esto, la autoridad
política de ocupación determina un impuesto de guerra a la elite residente de Lima: el cupo. Este
consistía en el pago mensual de 1 millón pesos repartidos entre 50 notables. Posteriormente esta
medida sería la justificación para detener y deportar a ciertos notables que se negaron a
cancelarlo.

Dada la fragilidad del gobierno provisorio y los conflictos internos de la política chilena
en el Perú, el 5 de septiembre de 1881 se ordena desmantelar el gobierno de García Calderón para
mantener la seguridad de las negociaciones27 por el territorio. Así, el presidente Domingo Santa
María exigía la desmembración y la pronta deportación de:

“[Francisco] García Calderón [pues] se ha hecho imposible para nosotros como poder
público, porque ha violado deslealmente la palabra empeñada cuando se organizó su
gobierno; y porque ha contraído deslealmente compromisos para no acceder a la cesión
territorial, cesión que no podemos prescindir. Y si García Calderón ha sido un estorbo
para la paz en Lima, fuera de Lima sería un caudillo prestigioso en nombre de la
resistencia”.

25
Francisco García Calderón, Memorias del cautiverio (Lima: Librería internacional del Perú, 1949), 114.
26
Ibid, 115.
27
Patricio Lynch, Memoria que el contra-almirante D. Patricio Lynch Jeneral en Jefe del Ejército de operaciones
en el norte del Perú presenta al Supremo Gobierno de Chile. (Lima: Imprenta Calle Primera, 1882), 4.

6
Con franca rudeza, el Presidente de Chile toma la decisión de iniciar las deportaciones
(extrañamiento) de los notables de Lima, comenzado con el jurista Francisco García Calderón. Es
así como el 7 de noviembre de 1881, García Calderón partía desde la Bahía del Callao al
destierro junto a su mujer, madre política, su cuñado José Santiago Rey y Basadre y el Ministro
de Relaciones Exteriores, José María Gálvez 28. Al año siguiente, en agosto de 1882, se imponía
la misma política de relegación a un selecto grupo de personalidades que serían conducidos a
Concepción, Talcahuano, Angol, Quillota y Chillán. El periódico La Patria consideraba que con
esta medida: “el Perú se encuentra[ba] en la obligación de cubrir los gastos de Chile [...] y sobre
todo [quienes debían pagarlas eran] las personas pudientes”29, atribuyendo que los ciudadanos
peruanos relegados se habían negado a pagar la cuota del cupo. Entonces, en el buque Chile a:

“Disposición del supremo Gobierno [relegamos] a los señores Don Carlos Elías, Don
Ramón Ribeyro, Don Pedro Correa y Santiago, Manuel Candamo”, y a la vez, a los
miembros de la junta de del partido civilista en Lima al “General La Cotera, Don Isidoro
Elías, vecino muy influyente en Ica, Don Aureliano García i García que ha sido ministro
de Estado en varias ocasiones, Don Ignacio García León, secretario del Contraalmirante
Lizardo Montero, i Don Francisco García León, Coronel y ayudante en el campo del
mismo señor”.30

Un segundo grupo de notables relegados del mismo mes serían los señores “José María
Químper, Emilio Forero, ex Ministro de Estado en el Perú, Don Zoilo Flores, ex Ministro
Plenipotenciario de Bolivia en Lima, Don Juan Ignacio Elguera, Jerente del Banco Nacional i
Don Manuel Zevallos, jefe de una de las Divisiones que formaban el Ejército enemigo en las
batallas de Chorrillos i de Miraflores”31.

En octubre del mismo año se decide trasladar a otros ciudadanos influyentes como “Don
José Antonio Lavalle, Mariano Álvarez, Ismael Muro, Don Fernando O’Phelan i Avelino
Aramburu”32. Posteriormente, se deportó a un grupo que se negaba a pagar el cupo, como
Viviano Gómez Silva, Pedro Bernales, Juan Corrales Melgar, Gregorio N. Del Real y Dionisio
Derteano quienes, a pesar de tener sobrados recursos, deciden no cancelarlo, quizás en un gesto
de solidaridad con su clase política.

En total, veintiséis notables fueron prisioneros y forzados a viajar para resolver un


problema no menor, la desarticulación del territorio peruano. Estos hombres, pertenecientes a una

28
García Calderón, 104.
29
La Patria. Valparaíso, 9 de septiembre de 1882.
30
Lynch, cit., 68
31
Ibid., 102.
32
Ibid., 122.

7
selecta tradición intelectual, política y económica, se enfrentaron a sus homólogos chilenos en un
debate retórico sin salida. De los veintiséis, dos murieron en Chillán durante su relegación.
Gregorio Del Real, falleció en marzo de 1883 a los 72 años a causa de una pulmonía; y Viviano
Gómez Silva muere dos meses después a los 75 años33, dejando una sensación de amargura entre
los notables en el destierro.

3. Quienes eran estos notables y cómo vivían en el cautiverio

Un articulista del New York Herald sostenía que “por la palabra ‘prisionero’ no debe
entenderse que los caballeros peruanos están presos en cárceles, llevando esposas, grillos y
cadenas34, aclarando a la opinión pública internacional que se trataba de personalidades
distinguidas, hombres de fortuna, influencias y reconocimiento social. Los notables, como los
denominó la prensa, podían desplazarse con total normalidad a través de los límites de la ciudad a
la que eran relegados, siendo esencial solicitar permiso al Cuartel General para salir de ella.

Algunos notables, como Manuel Candamo, arribaron con tan solo una maleta de viajes a
la ciudad asignada. Así, en correspondencia con su mujer, Teresa Álvarez, Candamo comunicaba
su llegada a Angol con ánimo inusitado, como si estuviese de vacaciones, seguramente para no
alarmar a sus familiares, manifestando que “este lugar es mucho mejor de que lo creíamos y
estamos en él más cómodamente de lo que esperábamos […] El clima es muy sano y creo que a
todos nos hará provecho […] almorzamos en el hotel por cuenta y costo del gobierno”35. Esta
comunicación íntima permite visualizar el proceso de destierro desde una perspectiva
profundamente personal, muy distinta a la que la opinión pública regional expone, describiendo
cómo vivían los señores del Rimac:

“Tiene, pues, usted aquí en estos 16 notables, a la flor y nata del Perú, en lo que toca a
dinero y también en gran parte a influjo, porque ambas cosas suelen andar juntas.

Viven todos reunidos exactamente [sic] como los colegiales, en casa de don Gregorio
Bisquert; ocupan con sus dormitorios cuatro regulares piezas y otro cuarto un poco
inferior; se han distribuido en grupos de a 3 a o de 4, según sus simpatías y necesidades.
Tienen también su pieza de tertulias con media docena de sillas, dos sofás y un par de
mesas.

33
Ídem.
34
García Calderón, Op. Cit., 33.
35
Carta de Manuel Candamo a Teresa Álvarez, Angol, 23 de agosto de 1882. en J. de La Puente Candamo y J. de La
Puente Brunke, (eds.) El Perú desde la Intimidad. Epistolario de Manuel Candamo 1873-1904 (Lima: Ediciones
Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008), 168.

8
Cuando llegaron, el gobierno les presentó la casa con solo las sillas y las mesas y algunos
catres ordinarios. Ellos se han proporcionado colchones, los dos sofás u alguno que otro
mueblecillo; pero nada de alfombras, de lujo ni de cortinas; están todos a ladrillo i suelo
pelado.

Los ricos y opulentos señores del Rimac viven hoi mui modestamente a orillas del
Malleco. La comida se les da, de cuenta de ellos mismo, por un señor Guzmán que vive al
frente de su casa”.

Durante el día pasean i andan por donde quieren o reciben visitas, pues siempre hai
curiosos o almas compasivas que desean hablar con esos personajes, que por cierto no se
hacen de rogar muchos para entrar en conversación.
Son servidos por tres o cuatro soldados que les sirven de ordenanzas y también de
centinelas”36.

En el extenso artículo de la Libertad Católica se retrata la factura de los personajes


recluidos, deslizando que no se trata, necesariamente, de prisioneros de guerra según lo referían
los tratados internacionales de la época y abriendo un vacío jurídico en este proceso de
relegaciones, donde la justificación quedaba a priori establecida por la ocupación.

4. Reflexión general

El proceso de deportaciones que llevó a cabo Chile durante la ocupación de Lima fue
parte de una política efectiva, hasta cierto punto, para obtener la anexión territorial de Tarapacá.
Sin embargo, es necesario considerar que esta estrategia soslaya un proceso anverso en las
discusiones en torno a la Guerra del Pacífico. En este sentido, la historiografía chilena
decimonónica ha configurado su historia en función de los símbolos patrios que se desprenden de
la guerra, justificando sus acciones, como es el caso de los prisioneros políticos peruanos, para
salvaguardar, entre otras cosas, el prestigio ganado en el Perú.

Por esto, se vuelve relevante hacer manifiestas las acciones del Estado Chileno durante el
período investigado, poniendo especial cuidado en la construcción ideológica de él. El tema en
cuestión no es demostrar la existencia de prisioneros de guerra pues, en efecto los hubo, sino al
carácter de las relegaciones, que correspondían a ciudadanos peruanos específicos, personas
conocidas internacionalmente y con el poder de tomar decisiones políticas serias. Entonces, el
cuestionamiento se centra primeramente en la imposición de una visión homogénea de la historia
de la guerra, ritualizada año tras año mediante los procesos que devienen de la ocupación chilena.
Y, por otro lado, evidenciando el secuestro de la elite peruana por parte de otra elite que busca
aleccionar no al sujeto popular peruano, sino a su propia clase política, develando con esto que

36
La Libertad Católica. Concepción, 9 de septiembre de 1882.

9
los estudios relacionados al proceso ofrecen nuevas perspectivas de análisis interesantes de
desarrollar.

10

Похожие интересы