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La cánula de Traqueotomía, puede generar riesgos y complicaciones debido a que el mecanismo

obstaculiza el flujo aéreo a través de la glotis, afectando la función fonatoria y directamente la


comunicación, permitiendo que ésta no sea efectiva e interfiriendo en la calidad de vida del paciente.
De igual forma, la TQT disminuye la sensibilidad glótica, impide el aumento de la presión subglótica
y limita el ascenso laríngeo durante la deglución. (Andrés Alvo V., 2013)

También pueden presentar incoordinación o reducción en el reflejo deglutorio, ausencia del reflejo
tusígeno, atrofia muscular por desuso, efectos residuales de los narcóticos, alteraciones anatómicas
por lesiones laríngeas, granulomas o edemas por inflamación. “Un 77% de los pacientes intubados
por más de cuatro días presentan ulceraciones y edema de mucosa laríngea o edema de cuerdas
vocales” (libro deglución e la a la z 153-154)

Por lo mencionado anteriormente es necesario realizar la decanulación, procedimiento que inicia


desde el momento en que es posible desinflar el balón o cuff, el cambio de la cánula de plástico a la
de metal, hasta finalmente retirar la cánula de TQT y situar un sello oclusivo en el orificio llamado
traqueostoma. http://www.medigraphic.com/pdfs/anaotomex/aom-2014/aom144f.pdf (255)

Este proceso no es sencillo de realizar ni de decidir, incluso, no todos los pacientes son aptos para
ser decanulados, ya que deben presentar requisitos para proceder a la decanulación, por esta razón
se ejecuta mediante un protocolo. http://www.medigraphic.com/pdfs/anaotomex/aom-
2014/aom144f.pdf (255)

Existen diversos protocolos, no hay uno en específico, si no que la elección depende de cada
institución; no obstante, para obtener una decanulación exitosa se deben tomar en cuenta los
siguientes puntos independientemente del protocolo seleccionado.
http://www.medigraphic.com/pdfs/anaotomex/aom-2014/aom144f.pdf (255)

En primera instancia, debe estar resuelta la causa que provocó la instalación de la traqueostomia,
debe presentar integridad y funcionalidad de la vía respiratoria superior e inferior, revelar integridad
neurológica y ausencia de enfermedades psiquiátricas, hemodinámicamente el paciente debe estar
estable, no presentar infección activa o septis, descartar la coexistencia de estenosis o lesiones que
comprometa la permeabilidad de la vía aérea, que el paciente no necesite ventilación mecánica (VM)
a corto plazo, presentar un adecuado manejo de secreciones, integridad del reflejo deglutorio y
nauseoso, reflejo tusígeno eficaz, descartar fístula traqueo esofágica, aspiración y penetración,
finalmente que el usuario tolere la oclusión durante 72 horas.
http://www.medigraphic.com/pdfs/anaotomex/aom-2014/aom144f.pdf (257)

Generalmente la evaluación comienza determinando la condición general del usuario, sus


comorbilidades y estado de alerta. Posteriormente se procede a la prueba de oclusión, que consta
en desinflar el balón y tapar la cánula con un dedo, si el paciente consigue respirar y fonar sin
desaturar, se puede considerar que presenta un alto nivel de seguridad para la decanulación. Se
prosigue con la evaluación de la vía aérea superior con nasofaringolaringoscopio flexible, que
permite evidenciar lesiones obstructivas, erosiones o secreciones. Seguidamente por vía nasal, se
evalúa la faringe y laringe, para demostrar si presenta secreciones, aspiraciones, lesiones laríngeas
y movilidad cordal. (Andrés Alvo V., 2013)